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Una Verdad Que no ha Sido Cancelada

En cualquier lugar del mundo, se muere un anciano que durante toda su vida no hizo otra cosa que beber alcohol, jugarse el dinero que tenía y el que no tenía, golpear a su mujer y a sus hijos y hacerlos pasar las mil y unas necesidades, independientemente de ser adúltero con cada mujer de cualquier condición que se le cruzó por el camino y, ante la congoja del nietito menor que no sabe ni entiende nada de estas cosas, su mamá le dice que no llore, que el abuelito ahora está en el cielo.

Antes de ser creyente yo me solía preguntar cómo haría Dios para dejar entrar al cielo a personas que, a todas luces y sin necesidad de unciones proféticas ni investigaciones detectivescas, no sólo no habían hecho mérito alguno para estar allí, sino que incluso, lo que habían vivido, los destinaba exactamente al lado opuesto. Cuando conocí la Palabra, pude tener algunas respuestas a esas preguntas. Hay muchas otras que todavía están en la oscuridad del misterio sin revelar. Mientras tanto, muy bueno será que compartamos este material, armado con las bases de muchos hombres y mujeres de Dios, y con la intención de que ningún creyente pierda de vista lo esencial: su verdadero futuro de eternidad.

Hoy creo tener algo muy básico en claro: no todos entrarán en el cielo. Convengamos en que casi todo el mundo cree en Dios, hay muy pocos que se nieguen a aceptar este hecho tan evidente al observar las maravillas de la naturaleza. Muchos creen en la Biblia, creen que Jesucristo es el Hijo de Dios que vino a la tierra, que obró milagros, que curó a los enfermos, que dio vista a los ciegos, que limpió leprosos y resucitó muertos.

Creen también que fue crucificado, que se levantó de entre los muertos, que subió a los cielos y que está ahora sentado a la diestra de Dios. Mucha gente que cree todo esto, espera que algún día entrarán en el cielo, sea como sea que hayan vivido sobre la tierra. Sin embargo, podemos asegurar con total absoluto que esa clase de personas jamás entrarán al cielo por una simple razón: su fe era simplemente intelectual. Nunca nacieron de nuevo, es decir que nunca cambiaron de corazón.

Es muy cierto que la mayoría de las personas esperan ir al cielo cuando mueran. Si dudas de esto que te digo, pregúntale a quien quiera que te encuentres en el camino y vas a quedar sorprendido de descubrir la universalidad de esta fe. De ahí que muchos sermones fúnebres (Y hablo de la iglesia protestante, ahora), sean lisa y llanamente flagrantes mentiras; porque se habla de la entrada en el cielo de personas que jamás estuvieron preparadas para entrar en el cielo. Pienso: ¡Cómo debe reírse Satanás de esa clase de sermones! No, lo cierto es que no todo el mundo entrará en el cielo. Nuestro amado Señor fue sumamente claro con referencia a esto.

(Mateo 7: 13-14) = Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Indudablemente es mucha la gente que está andando por el camino ancho que lleva a la destrucción; a la eterna separación de Dios y de los redimidos. Si necesitas una sugerencia clara en este momento, esa sería que te asegures de estar en el camino estrecho que lleva a la vida. Recuerda que cada persona irá, después de la muerte, al lugar que le corresponde. La Palabra de Dios lo deja bien claro hablando del fin de Judas Iscariote.

(Hechos 1: 25) = Para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.

Judas, al traicionar a Jesús, eligió su propio lugar. ¿Sabes qué? Tú también estás eligiendo el tuyo. Dios no lo hará por nosotros. Él quiere que entren al Cielo y ha hecho todo lo necesario para que así sea. El no quiere que nadie se pierda, miren cuán grande es su amor.

(2 Pedro 3: 9) = El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Algo es claro y visible: Dios nos ha dado una voluntad para obrar y cada uno de nosotros tenemos el poder y la capacidad libre de elegir. Nosotros y nada más que nosotros elegimos dónde iremos. El Cielo es un lugar santo y nada que pudiera mancharlo entrará allí. A todos los que están viviendo su pequeño infierno en la tierra por causa de sus pecados, si se los admitiera en el Cielo, llevarían todo ese infierno allí.

No a Los Blasfemos: Si tú eres un blasfemo, deberás saber que al ser alguien que profana el bendito nombre del Señor con las conversaciones sucias y sus vidas pecaminosas, no entrarán al Cielo, así está dicho. Como excusa, dicen no hacer eso con malicia cuando profanan con palabras feas el nombre de Jesús o de Dios. Pero, aunque así fuera, están tomando el nombre de Dios en vano, y esto es lo que Dios dice al respecto.

(Éxodo 20: 7) = No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Mi pregunta, es: ¿Qué podrías hacer tú, que hoy eres blasfemo, en el cielo, si Dios supuestamente te admitiera allí? Todos los que entran en el cielo deben ser aptos para ese lugar, y esto sólo se realiza cuando el Espíritu Santo vive en nosotros. ¿Qué ocurriría si fueran admitidos en el Cielo en sus presentes estados de pecadores, puestos en medio de una multitud de redimidos cantando las alabanzas a Aquel cuyo nombre han estado blasfemando? No digas nada, sólo piensa.

Es notorio que se sentirían como peces fuera del agua; como sordo en concierto, como un enfermo de úlcera estomacal en un soberbio banquete. Quiero evidenciar que se sentirían total y absolutamente fuera de lugar. Y no buscarían cambiar ellos, sino procurar que el lugar se adapte a ellos. ¡Imposible! Ciertamente, un cambio de carácter es indispensable como preparación para ir al Cielo, y la presencia del Espíritu Santo en nosotros es la que nos lo proporciona. Solamente los puros de corazón verán a Dios. Y ustedes, los que pueden ser todavía blasfemos, tienen un corazón impuro. Y no lo digo yo, de hecho.

(Jeremías 17: 9) = Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿Quién lo conocerá?

(Mateo 15: 19-20) = Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.

Pueden creerme con total confianza cuando les digo que ningún blasfemo entrará al Cielo. Si conoces a alguien que está profanando el nombre de Dios a la más ligera contrariedad, dile que se arrepienta ya mismo de ese pecado. Dile que el Espíritu Santo puede limpiar su corazón y lo hará, pero deben poner sus vidas enteramente bajo su control. De otro modo, que ni se les ocurra pensar que en este estado serán admitidos en ese Cielo al que aspiran llegar cuando mueran. Dios es bueno, pero también es Justo. Y jamás transgrede sus propias leyes. Y cuando dice lo que dice, no se desdice ni miente.

No a Los Calumniadores: El calumniador es una persona que se deleita en esparcir maliciosas murmuraciones. ¿Conoces a alguien así? En ese caso, permíteme que te diga que esa clase de personas nunca entrarán al Cielo, a menos que se arrepientan y cambien. ¿Por qué? Porque nada que contenga ponzoña entrará allí; y la murmuración y la calumnia son hábitos ponzoñosos y dañinos. Irán al lugar que les corresponde; al lugar de los maliciosos y perversos. Piensen en las casas que han sido destruidas, en las vidas que han sido arruinadas, en las lágrimas que han sido vertidas por culpa de murmuraciones maliciosas. Noten lo que dice la Palabra de Dios acerca de la lengua calumniosa.

(Santiago 3: 5) = Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡Cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

(6) Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.

(7) Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; (8) pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

(9) Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.

(10) De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

(11) ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?

(12) Hermanos míos, ¿Puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.

(13) ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.

Es indudable: un verdadero cristiano nunca puede ser culpable de calumniar o murmurar maliciosamente; por el contrario, debe vivir una vida tan limpia y transparente que la gente vea siempre en él el espíritu de Cristo. Puedes estar seguro que las lenguas calumniadoras no entrarán al Cielo.

No a Los Borrachos: Mira; si por alguna razón explícita o inexplicable eres una persona inclinada a la bebida de cualquier porcentaje, o sencillamente un alcohólico como se les suele llamar vulgarmente, deberás considerar atentamente estas palabras. Quizás esperes entrar en el Cielo no dando gran importancia a lo que, estimas, es un vició “no de los más graves”, tal como la sociedad se empeña todavía en hacernos creer, sino algo que tiene como causa alguna “pequeña” debilidad. En ese caso, será importante que sepas lo que la Palabra de Dios dice al respecto, para que no te dejes llevar por trascendidos no siempre bien interpretados y, en casos, hasta mal intencionados.

(1 Corintios 6: 9-10) = ¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

Dejamos para otro momento y otro estudio el tratamiento de la forma en que aquí se denomina reino de Dios a lo que en realidad sería futuro eterno, o Cielo. Sólo un detalle: si Jesús predicaba que el Reino de los Cielos se había acercado, y que eso era lo que nosotros deberíamos predicar cuando Él ya no estuviera, no podríamos estar hablando de Cielo. Porque el Cielo según la Biblia no se acerca, sino que cada uno de nosotros irá o no a él luego de su vida. El Reino es otra cosa y creo que ya lo hemos enseñado con bastante claridad.

El caso es que un alcohólico o bebedor (Aunque se denomine a sí mismo como “social”), no tiene posibilidad en esas condiciones de entrar al Cielo. Ningún vil entrará allí, y nada envilece tanto a la persona de manera vertiginosa, como la bebida. Esta adicción, (Porque no es un vicio, es una adicción), normalmente va asociado con la impiedad, (Que es la falta de piedad, que es como se denomina en términos bíblicos a la espiritualidad) a la conversación sucia, a la concupiscencia y a las drogas. Las mezclas de fármacos con alcohol son moneda corriente y causa base de infinidad de muertes tempranas.

Y no creas que me las estoy agarrando con una adicción que, nos guste o no, es de las más abundantes, como el tabaco, simplemente porque soy una especie de converso que ahora quiere hacer buena letra, no. Me la estoy tomando con el alcoholismo por una simple razón. Primero, porque ya está escrito que no formará parte del cielo ningún borracho, y en segundo término porque, cuando cada hombre o mujer alcohólicos entran en la nebulosa mental que produce una borrachera, centenares de demonios encuentran en ellos una habitación confortable que los estaba esperando. Y no me da la gana ver a ningún hombre o mujer poseídos por esos ángeles caídos con futuro de abismo e infierno eterno.

Y no me vengan con el débil argumento del bebedor social, que sólo toma algunas copas en las fiestas o celebraciones. Aunque eso fuera cierto, puedo asegurarte que a corto plazo ese hombre o esa mujer andarán por la vida inventando fiestas y celebraciones para todos los gustos, con tal de hacer lo que realmente desean hacer, que es beber hasta emborracharse. Puede ser válido en un principio lo de la evasión por problema emocional, esto es: alguien que bebe y se emborracha para no pensar o evadir un problema serio.

Las letras de los tangos argentinos, (Una música con origen directamente de ambientes prostibularios), están plagadas de infidelidades y adulterios. Y no es raro que, en cada una de esas historias oscuras y tristes relatadas con ritmo de dos por cuatro, aparezca la bebida (Mayoritariamente el vino o el champagne) como factor de olvido y evasión. De hecho, estoy recordando el título de un tema de mucho éxito en la época de los años cincuenta, que es un indicador claro de lo que digo: “Esta Noche me Emborracho”. No pongo en duda la existencia de este tipo de reacciones o traumas, pero creo que el verdadero origen, tangos más, tangos menos, es otro y de carácter espiritual.

Lo cierto es que para todos los que hoy pelean una brava batalla contra la dependencia al alcohol, hay un mensaje de esperanza. Pueden ser liberados de la maldición de la bebida. No necesitan continuar ni un día más viviendo la vida de un borracho. Hombres y mujeres de todas las clases han sido librados del terrible flagelo del alcohol. Milagrosamente y por pleno poder de Dios, su deseo de beber les ha sido quitado enteramente. ¿Y eso es sencillo? Para Dios seguramente que lo es, pero necesita de un paso previo que no es responsabilidad de Dios, sino del hombre. Cada bebedor deberá reconocerse a sí mismo como un pecador. Aunque no es el beberlo que los hace pecadores, sino el hecho de que todos somos nacidos con una tendencia al pecado. Corremos al pecado como el pato corre al agua; y esta tendencia culmina en pecado efectivo. Todos hemos pecado y la propia Palabra divina lo consigna claramente.

(Romanos 3: 10) = Como está escrito: no hay justo, ni aun uno; (11) no hay quien entienda. No hay quien busque a dios.

(12) Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

(13) Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; (14) su boca está llena de maldición y de amargura.

(15) Sus pies se apresuran para derramar sangre; (16) quebranto y desventura hay en sus caminos; (17) y no conocieron camino de paz.

(18) No hay temor de Dios delante de sus ojos.

(19) Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; (20) ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

(21) Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; (22) la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, (23) por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.

Continuando con el tema central, la pasión por la bebida es solamente una manifestación del pecado que está en el hombre. Éramos ya pecadores antes de comenzar algunos a beber y, para que puedan ser librados de la adicción, tienen que reconocer que no hay poder en ellos mismos para hacerlo. Que son esclavos del pecado y que si van a ser snados y liberados, el poder tendrá que venir de una fuerza ajena a ellos, de afuera. A menos que reconozcan que son unos pobres pecadores, totalmente impotentes para librarse del pecado, el Señor no puede hacer nada por ellos.

Deben creer que Jesús es poderoso para suplir esta gran necesidad en sus vidas. Él pidió cierta vez a un hombre que tenía un brazo seco, que extendiera su brazo; el hombre hizo el esfuerzo, y al hacerlo quedó completamente curado. Otro ejemplo nos muestra que un hombre cojo era sentado cada día en la puerta del templo. Cuando pedro y Juan le ordenaron levantarse y andar en el nombre de Jesús, saltó sobre sus pies y empezó a alabar a Dios. ¿Cómo fue curado?

Noten con cuidado como fue. En el libro de los Hechos, capítulo 3 y versículo 16, leemos: Por la fe en su nombre, este hombre que vosotros veis y conocéis ha recibido esta perfecta curación en presencia de todos vosotros. ¿Lo estás viendo, hombre o mujer esclavizados por la bebida? Jesús puede y quiere curarlos a ustedes también. Si es tu problema, te pido que ahora mismo, mientras estás escuchando esto, por un acto de voluntad y en ese mismo lugar y momento, hagas una decisión definitiva, acepta a Jesús como tú Salvador, reconoce que eres un pecador y como tal determina que Jesús pasa a ser el Señor de tu vida y declara, ya mismo, que nunca más tocarás una gota de alcohol.

Si eres sincero al hacer esta decisión, el Espíritu Santo entrará a tu vida. El Espíritu Santo es una persona, del mismo modo en que el Señor Jesús lo es. Se encuentra aquí, donde te encuentres escuchándome a mí. Posiblemente Él ha estado hablándote. Cuando hagas esta decisión, Él te aplicará la sangre salvadora de nuestro amado Señor. Piensa en la paz y el gozo que te traerá saber, sobre la autoridad de la propia palabra, que todos los pecados que has cometido durante toda tu vida han sido borrados completamente. Y no te lo estoy diciendo yo, t lo está diciendo Él.

(1 Juan 1: 7) = La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

El Espíritu Santo se unirá a tu propio espíritu. Esto hará efectivo en tu vida el gran poder de Dios. Antes de que ustedes hicieran la decisión de darle control de sus vidas, tenían una naturaleza pecaminosa; pero ahora tienen dos naturalezas, porque han sido hechos participantes de la misma naturaleza de Dios. Así lo dice la Palabra, tú sólo debes aceptarla, creerla y ponerla por obra.

(2 Pedro 1: 4) = Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia.

Esta divina naturaleza es el Espíritu Santo que vive en ustedes. Él hará por ustedes lo que ustedes no podían hacer por ustedes mismos a causa de su débil y depravada condición. Una victoria completa sobre la adicción al alcohol, es posible, al dar al Espíritu Santo que vive en ustedes, completo control de sus vidas.

¿No creen que el Espíritu Santo tiene suficiente poder para librarlos de esas adicciones u otras? Si tuvo poder para levantar a Jesús de entre los muertos, ¿No lo tendrá para darles la victoria sobre una adicción, cualquiera ella sea? Está escrito, no es invento ni fantasía.

(Romanos 8: 11) = Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

¿Lo pueden entender, ahora? Tendrán un poder ilimitado que nunca habían tenido antes. Quizás han tratado una y otra vez de vencer esa adicción con sus propias fuerzas y no pudieron. Pero ahora, al aceptar genuinamente a Cristo, sus flaquezas son transformadas en fortalezas por la presencia del Espíritu Santo que habita en ustedes. Ya lo saben, ningún borracho entrará al Cielo, así que la bebida los estará privando de esa inmensa gloria. ¿No es motivo más que suficiente para aceptar a Cristo de verdad, ahora mismo?

No a Los Temerosos: Vamos a ver: ¿Qué cosa es un temeroso? En principio, son los que sienten timidez o temor de confesar al Señor abiertamente en público. Se avergüenzan de decir que lo conocen. Esas personas, -dice la Biblia, no yo-, no entrarán en el Cielo. La Palabra de Dios lo dice de este modo:

(Mateo 10: 33) = Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Dice que Jesús lo negará delante del Padre. Todos los que creen en el Señor Jesucristo no se avergüenzan de Él, sino que por el contrario, consideran como un privilegio confesarlo en todo momento y en todo lugar y delante de quien sea. Porque una cosa es confesar a Jesús delante de un desconocido y otra muy distinta, por ejemplo, delante de tu jefe o patrón de tu empleo. O, si eres joven, delante de esa jovencita que te tiene deslumbrado y no sabes si es creyente o no.

(Romanos 10: 11) = Pues la Escritura dice: todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

Cuidado que esto no tiene nada que ver con lo que vemos o no vemos, ya que hay casos muy puntuales y probados en donde gente que no cree en nada habla hasta por los codos de su supuesta fe en Jesús y gente que realmente tiene esa fe no se atreve por la causa que sea a decirlo en voz alta, todavía. ¿Sabes qué? En este caso, la ley no será modificada, pero el atenuante o no atenuante estará en que Dios conoce el corazón de cada uno. De allí que, después de todo, podrías encontrarte en el Cielo con alguien que no se atrevía a decirlo en voz alta y públicamente, y buscarás sin hallarlo a ese que oías hablar de Cristo a cada momento y en cualquier lugar, llegando incluso a avergonzarte por su desubicación y falta de consideración para con su prójimo. No te olvides que todo esto tiene un elemento clave y fundamental: Dios es justo.

Asimismo, son temerosos también aquellos que, por cualquier motivo que sea, no se atreven a creer en la obra completa y terminada de nuestro Señor. Respecto a esta clase de temerosos, también tiene algo específico y puntual la Palabra.

(Hebreos 11: 6) = Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Fíjate; esta clase de temerosos suelen pone toda su confianza en sí mismos. Temen estar equivocados si ponen toda su confianza en la obra salvadora de Jesucristo. Confían más en su propia bondad y, esencialmente, en sus buenas obras. ¿Alguno de ustedes es de esta clase de temerosos? Sepan que si continúan rechazando a nuestro Señor porque eligieron confiar en su propia justicia, o porque tiene miedo de lo que puedan opinar otras personas, morirán sin salvación, y nunca entrarán en el Cielo.

No a los Incrédulos: Creo que si te detienes un momento a pensar en los tantos y tantos incrédulos que ves a diario a tu alrededor, incluidos todos aquellos que por diversos motivos son más cercanos, que por serlo tendrán el peor fin imaginado, no puedes evitar estremecerte. Porque hay mucha gente que cree en Jesús como una personalidad de renombre. Es más; creen que nació, vivió sobre la tierra, fue crucificado y enterrado, pero esto no es una fe salvadora. Es tan sólo una fe de su mente. Una fe intelectual no salva a nadie. No te olvides que aún los demonios creen de ese modo en el Señor y tiemblan. Está escrito, noes fantasía.

(Santiago 2: 18-19) = Pero alguno dirá: tú tienes fe, y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces, también los demonios creen, y tiemblan.

Por favor, detente un momento a pensar en esta expresión: “Ya es condenado”. Escucha: el incrédulo ya está sentenciado. Nosotros andamos, hablamos, trabajamos y vivimos, con gente que ya está condenada. Con gente moral, respetable, bien educada. Sin embargo, esta gente nunca verá el Cielo ni entrará en él. Algunos de tus familiares más queridos podrían estar en este número. Y no se encuentran excluidos del Cielo porque Dios no los ame, sino porque no puede salvarlos por causa de su incredulidad. Una vez más es necesario que te lo diga: la incredulidad, es el más grande pecado del mundo, aunque otros que son producto de la incredulidad, parezcan mayores.

¿Puedo preguntar si alguno de ustedes está en esta condición, aunque por ahí alguno se me ofenda mal y feo por escucharme decirlo? Mira; no me interesa caerte simpático o antipático, no es ese mi trabajo principal en esta tierra hoy. Lo que me interesa de verdad, es hacer todo lo que tenga que hacer para que no te pierdas. Y si debo darle una tremenda bofetada en el rostro a alguien que está dormido, lo haré. Siempre será más fácil que tratar de resucitarlo si está muerto.

Porque el mayor problema es que, cuando hablamos de incredulidad, aunque de inmediato pensemos en el mundo secular, deberé aclararte que no es necesariamente así. La Biblia está escrita para los creyentes y tiene páginas y páginas dedicadas a la incredulidad. ¿Tú crees de verdad que la Biblia perdería su tiempo tratando de que el incrédulo mundano le crea? Para el mundano, la Biblia es un libro inútil que no existe. Así que nos queda la evidencia que, cuando la Biblia habla de incredulidad, se refiere a la que está dentro de lo que llamamos la iglesia.

Porque, veamos: tú puedes creer que Jesús fue el Hijo de Dios que vino a la tierra, que obró milagros; puedes incluso creer que murió en la cruz para salvar a los hombres, pero tu fe será sólo una creencia intelectual, hasta que vengas a reconocer que eres un pecador perdido, que te arrepientes realmente de todos tus pecados y llegues a aceptarlo como tú Salvador personal, independientemente de si lo es también para toda la humanidad o no. Si haces esto, entonces tu fe ya no será de tu mente, sino de tu corazón. Y es la fe del corazón que culmina en la acción que salva. Entones podrás decir cómo Tomás: “Señor mío y Dios mío”. ¿Puedes hacerlo?

(1 Corintios 12: 3) = Nadie puede llamar a Jesús señor sino por el Espíritu Santo.

Creer o no creer en el Señor Jesús es un asunto de la voluntad. Algunos piensan que es un asunto de convicción intelectual, pero yo digo que hay muy pocas personas que no tengan suficiente evidencia de que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios y el Salvador de los hombres. Lo que necesitan es aceptar esa evidencia y obrar de acuerdo con ella. La principal razón por la que muchos no creen en Jesús es porque prefieren vivir en el pecado. Si alguno de ustedes todavía es pecador no arrepentido, tendrá que recordar esto: que cualquier cosa que les impida creer en Jesucristo significa el precio de sus almas. ¿Creen que vale la pena? ¿Es tan importante lo que se los impide? Piensen por favor que ningún incrédulo entrará en el Cielo.

No a los Abominables: ¡Qué término este, el de abominable! ¿No es cierto? Lo leemos en el contexto global de la Biblia en muchas ocasiones, lo definimos como algo malo o pecaminoso, pero no nos detenemos a lo elemental que el tema nos propone, que es el de preguntarnos quién o quiénes son los abominables? Como siempre, será la palabra misma la que nos entregue la respuesta. Toma nota.

(Job 15: 16) = ¿Cuánto menos el hombre abominable y vil, que bebe la iniquidad como agua?

(Salmo 14. 1) = Dijo el necio en su corazón: no hay Dios. Corrompiéronme, hicieron obras abominables; no hay quien haga bien.

(Tito 1: 15-16) = Todas las cosas son puras para los puros, más para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.

(Apocalipsis 21: 8) = Más a los temerosas e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Cuatro escrituras bien diferentes, tanto en sus conceptos fundamentales como en los tiempos, formas y personajes intervinientes. Así que será muy interesante tomarlas como base de sustento para considerarlas de manera individual e independiente a la luz de la Palabra. No valen de nada nuestras opiniones, por mejor intencionadas que ellas sean; lo que vale es lo que la Palabra nos dice.

Los Hipócritas: La Palabra de Dios, (Y podría añadirte que nuestras propias experiencias también), dice que hay muchos que profesan ser cristianos, y hasta han hecho algunas cosas buenas en el nombre del Señor, pero que en la realidad, son abominables a su vista.

(Mateo 7: 22-23) =Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.

Los hipócritas tienen sólo una profesión de religión; no poseen la vida espiritual. El hipócrita es generalmente un miembro de la iglesia que confía en el bautismo y en su membresía, en lugar de poner su fe en la obra consumada del Señor Jesús. El hipócrita es una persona mundana, que vive en este mundo como la gente del mundo; para gratificar los deseos de la carne. Esta clase de vida es abominación al Señor, y los que así viven nunca entrarán en el Cielo.

Yo les sugeriría a muchos de mis hermanos, quizás trabajadores, fieles y bien intencionados, que nunca se sientan satisfechos meramente de ser miembros de una iglesia. No tengo nada contra ellas porque son muchos los hermanos que necesitan estar contenidos e incorporados a distintos grupos, pero deberían preguntarse si todas las cosas casi rituales que se practican en las diferentes congregaciones son, realmente, un reaseguro sólido de salvación, y si no será necesario que verdaderamente nazcan de nuevo.

Los Moralistas: Es como si te dijera que los que confían en su moralidad son abominables, verdad? ¿Te extraña esa afirmación? Es posible que digas: “Si estoy viviendo una vida moral, soy honrado y justo, no miento ni robo, no fornico, soy buen ciudadano de mi país, sostengo la iglesia, me porto como persona respetable, ¿Por qué seré abominable para Dios?

De hecho, puede ser que todo sea como dices, nadie podría poner en duda tu sinceridad y, sin embargo, ser abominable a la vista de Dios. Y te diré la razón. Es porque tu confianza está puesta en tu moralidad, en lo que haces, en lugar de ponerla en lo que Jesús el Señor ha hecho por ustedes y en lo que Él es para todos nosotros.

Es probable que algunos de los que escuchan estos trabajos sean quizás ya ancianos, con menos años por vivir que los más jóvenes en esta tierra, y creen que sus vidas morales los salvarán y los llevarán derechito al Cielo; pero la verdad no es esa, en realidad, están perdidos. En contra partida, cualquiera de ustedes podrán haber sido pecadores perdidos y abominables a los ojos de Dios si han tenido en poco el sacrificio de Jesús y sin confían en su propia moralidad, en su propia justicia, en lugar de confiar en la justicia de Cristo. Y antes que te enojes conmigo, déjame decirte que a esto no lo digo yo, precisamente.

(Isaías 64: 6) = Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapos de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como el viento.

¡Trapos de inmundicia! Piénsalo, toda nuestra justicia es como trapos sucios, solamente aptos para ser quemados. No estoy inventando nada ni siendo inútilmente poético. ¿Qué se hace en cualquier casa de familia medianamente ordenada con los trapos sucios totales que quedan luego de una limpieza a fondo de algo que no se puede sacar con lavado? ¡Se queman! ¡Se arrojan al cesto de la basura! Esto quiere decir, ni más ni menos, que a menos que tú aceptes a nuestro precioso Señor Jesús como Salvador personal y confíes solamente en Su justicia, nunca entrarás al Cielo.

Los Fornicarios: ¡Qué decir de esto! ¿Cuánta gente vivirá en el mundo, solamente para darle satisfacción a su cuerpo? Así como a lo largo de la historia la humanidad ha ido atravesando distintas eras, a la actual, aunque compartido con otros ítems, tranquilamente podríamos denominarla como la era del sexo. Además de las antiguas librerías y los kioscos ya en proceso de extinción, se le han sumado las aplicaciones visuales y toda la oferta que Internet ofrece en este tenor. En todo ello se incentiva el puro instinto sexual y la vida corrompida en todas sus facetas posibles.

Claro está que hay un algo que no siempre se ve del lado de los consumistas, y es que toda esa oferta hot y sexualmente explícita no tiene intención de educación, ciencia o información adulta. Es lisa y llanamente perversión y promiscuidad llevada a una dudosa expresión artística sin otra idea e intención de la de vender y ganar dinero con ello. A nadie le interesa estimular las pasiones carnales de los que consumen todas esas cosas, sólo les interesa la ganancia material que ello les otorga. Hay bastante escritura al respecto.

(Jeremías 17: 9) = Engañoso es e corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá?

(Proverbios 23: 7) = Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; más su corazón no está contigo.

(Marcos 7: 20-23) = Más decía Jesús que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre. Porque de dentro del corazón, de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las injurias, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

Quiero ser claro en esto; sobre todo para los más jóvenes. Sé lo que es la curiosidad, sé lo que tus hormonas te demandan. Sé lo que necesitas ver o saber para sentirse más seguro o segura. Sin embargo déjame decirte que nada de lo que mires, leas o escuches sobre estas actividades, te dejará sin afectarte de alguna manera. Las personas nacidas de nuevo no deben tener nada que ver con esa clase de material. Si repasas aquella época del avivamiento que Pablo trajo a la ciudad de Éfeso, fíjate que concluyó con una monumental quema de libros y materiales diabólicos. Hoy quizás no exista esa clase de cosas en una casa de un cristiano, pero sí puede haber links de ingreso a sitios no recomendables y de la misma procedencia que aquello de Éfeso.

La televisión, medio de comunicación de altísima receptividad en el mayoritario porcentaje del caudal global de las sociedades del mundo, se encarga de mostrar cada día a mujeres casi con sus cuerpos desnudos con diferentes excusas, tales como el arte, el baile y los legendarios y dudosos concursos de belleza. ¿Te has dado cuenta la cantidad de reinas que existen en los distintos ítems. De la agricultura, de la industria, del deporte, etc. ¿Sabes qué? Esos reinados no sirven absolutamente para más nada que para servir de excusa para mostrar cuerpos trabajados en gimnasio y, obviamente, dotados con formas que elevan la lascivia de la mayoría del público masculino. ¿Esperaremos que alguien decida prohibirlos? No es necesario. Si tú mi hermano varón, eres un creyente íntegro y bien hombre, aunque parezca mundanamente un contrasentido, simplemente cambia de canal y pon un documental, si es que tienes que ver televisión sí o sí. Te recuerdo que tienes una Biblia por allí en alguna parte de tu casa, que quizás está esperando ser leída con mayor frecuencia.

Algunos de los programas “modernos” de la televisión, se conforman de supuestas entrevistas periodísticas, donde ciertos personajes conocidos, dan cuenta de sus romances y aventuras, que no son otra cosa que relaciones ilícitas de índole sexual. ¡Y lo llaman conquistas! Fueron, son y seguirán siendo, mientras haya ojos dispuestos y voluntades débiles, argucias del infierno para colocar trampas a muchos que sin dudarlo entran y caen lánguidamente en ellas.

(Proverbios 5: 3-5) = Porque los labios de la mujer extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite; más su fin es amargo como el ajenjo, agudo como espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte.

(Proverbios 6: 25-29)= No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos; porque a causa de la mujer ramera es reducido el hombre a un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón. ¿Tomará el hombre fuego en su seno, sin que sus vestidos se quemen? ¿Andará el hombre sobre las brasas, sin que sus pies se abrasen? Así el que entrare a la mujer de su prójimo; no será sin culpa, cualquiera que la tocare.

(Proverbios 7: 6) = Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía, (7) vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, a un joven falto de entendimiento, (8) el cual pasaba por la calle, junto a la esquina, e iba camino a la casa de ella, (9) a la tarde del día, cuando ya oscurecía, en la oscuridad y tinieblas de la noche.

(10) Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, con atavío de ramera y astuta de corazón.

(11) Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa; (12) unas veces está en la calle, otras veces en las plazas, acechando por todas las esquinas.

(13) Se asió de él, y le besó. Con semblante descarado le dijo: (14) sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos; (15) por tanto, he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado.

(16) He adornado mi cama con colchas recamadas con cordoncillo de Egipto; (17) he perfumado mi cámara con mirra, áloes y canela.

(18) Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; alegrémonos en amores.

(19) Porque el marido no está en casa; se ha ido a un largo viaje.

(20) La bolsa de dinero llevó en su mano; el día señalado volverá a su casa.

(21) Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios.

(22) Al punto se marchó tras ella, cómo va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado; (23) como el ave que se apresura a la red, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón.

(24) Ahora, pues, hijos, oídme, y estad atentos a las razones de mi boca.

(25) No se aparte tu corazón a sus caminos; no yerres en sus veredas.

(26) Porque a muchos ha hecho caer heridos, y aun los más fuertes han sido muertos por ella.

(27) Camino al Seol es su casa, que conduce a las cámaras de la muerte.

(Proverbios 9: 17-18) = Las riquezas del rico son su ciudad fortificada; y el desmayo de los pobres es su pobreza. La obra del justo es para vida; más el fruto del impío es para pecado.

¿Habrá alguien entre ustedes, o conocerán a alguien a quien estiman, que se encuentre culpable del pecado del sexo? ¡Es tan fácil caer en esa trampa! Es suficiente con darle rienda suelta a la carne. Tengo la certeza absoluta que nadie está libre de esa tentación, nadie. Hay un antiguo proverbio persa no cristiano, que dice: “No puedes impedir que los pájaros vuelen alrededor de tu cabeza, pero puedes guardarte de que no construyan su nido en tu cabello”. Esto significa que un mal pensamiento puede tenerlo cualquiera y en cualquier momento, y eso no le será contado como pecado, con tal que sepas resistirlo. Pero si alguien está envuelto en un asunto sexual, me temo que deberá atender y entender las severas advertencias que la Palabra de Dios formula al respecto. Deténganse ya, arrepiéntanse de sus pecados, cobíjense bajo la sangre redentora, y el Espíritu Santo les dará completa victoria sobre la carne si le dan el completo control de sus vidas. Recuerden, por si hiciera falta mencionarlo una vez más, que ningún fornicario entrará al Cielo.

Los Homicidas: Y bueno, el noventa y ocho por ciento de las personas que van a una iglesia, seguramente podrán decir que nunca han matado a nadie, así que están libres de ese pecado. Obvio a los que, habiéndolo hecho en su anterior vida, se arrepintieron, fueron perdonados por Dios y, luego de cumplir su condena correspondiente, fueron restaurados por completo. Sin embargo, no estoy hablando de eso. Porque lo cierto es que muchos de estos cristianos profesantes, miembros de iglesias, son culpables de haber quitado o acortado alguna vida humana. ¡Y ningún homicida entrará al Cielo!

Me imagino tu rostro lleno de asombro. Me explico: hay quienes quitan la vida de un niño no nacido para evitar tener hijos. Te sorprendería saber con cuanta frecuencia se habla de aborto dentro de las paredes de esos lugares aparentemente tan santos. Y una vida es una vida a los ojos de Dios, tanto si ha llegado a nacer como si no. Si se practica esa clase de pecado, nunca entrarás al Cielo, a menos que te arrepientas de él y lo pongas bajo la sangre que limpia los pecados.

(1 Juan 1: 7-9) = Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Si furas culpable de esta clase de pecado, te exhorto a que lo consideres con mayor seriedad y no con ligereza como lo puedes haber hecho hasta hoy. Te puede costar la entrada al Cielo. Piénsalo y procede en consecuencia antes que sea demasiado tarde. Pero eso no es todo, la Palabra de Dios dice mucho más acerca del homicidio y lo dice de modo tajante. Por eso es que te digo que conviene examinar nuestros corazones.

(1 Juan 3: 15) = Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

El odio es la semilla, el homicidio el fruto. ¿Estás alimentando en tu corazón alguna enemistad contra otra persona? Ni te imaginas cuántos bien vestidos y altamente respetados miembros de iglesias son culpables de este pecado. ¿No lo estás siendo tú? ¡Cuántos cristianos fieles y sinceros no se hablan con otro hermano y se sientan tan lejos como pueden de él cuando están dentro del templo! Si eres culpable de este pecado y no te arrepientes reconciliándote con aquellos a los cuales estás odiando, desatarás la ira de Dios. El rencor procede de un corazón corrompido.

(Jeremías 17: 9) = Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá?

(Mateo 15: 19) = Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias.

(Gálatas 5: 19-21) = Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

(Apocalipsis 21: 8) = Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

(Apocalipsis 22: 15) = Más los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.

A mí me parece que la Palabra de Dios no puede ser más clara sobre esta cuestión. Si el odio a otra persona es la semilla y el asesinato es su fruto, entonces, la raíz del homicidio está arraigada dentro del corazón humano. No continúes alimentando ningún rencor, sino haz tuya la oración de David:

(Salmo 139: 23-24) = Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.

De hecho, podría ser que alguien haya matado a otra persona en un momento de exaltación, deliberadamente o por accidente. A lo mejor tú, después de tanto tiempo, eres uno de ellos y te estás preguntando: ¿Qué me ocurrirá? ¿He de verme excluido para siempre del Cielo? ¿No hay esperanza para mí?

Mira; aun cuando fueras culpable del pecado de asesinato, puedes ser perdonado y entrar al Cielo. El homicidio puede ser perdonado como cualquier otro pecado. El pecado es pecado a los ojos de Dios, y Dios lo aborrece con todo su ser. Jesús murió en la cruz y resucitó para que los pecados fueran perdonados. Las manos de Pablo estuvieron alguna vez teñidas de sangre, antes que fuera salvado. Si Saulo, el perseguidor, pudo ser salvo y convertido en Pablo, el poderoso heraldo de la cruz, ¿Te atreverás a dudar que Dios también pueda perdonarte a ti? Otra vez David:

(Salmo 51: 10) = Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Los Hechiceros: En estudios antiguos, esta área estaba reservada para referirse al espiritismo y sus consecuencias. Se hacía en clara alusión a la tradicional adoración a hombres muertos que proponía el Catolicismo Romano en la figura de sus legendarios santos. Eso era enrolado bajo el rótulo de hechicería. Hoy no debe existir un cristiano, por poco informado que se encuentre, que ignore lo relacionado al espiritismo, así que ni siquiera será necesario mencionarlo en este ítem. Para creyentes maduros, esta práctica no representa peligro. No obstante, te dejo el texto con el que esta advertencia se propalaba.

(Isaías 19: 3) = Y el Espíritu de Egipto se desvanecerá en medio de él, y destruiré su consejo; y preguntarán a sus imágenes, a sus hechiceros, a sus evocadores y a sus adivinos.

Sin embargo, en pleno siglo veintiuno, creo que deberé referirme a otra clase de hechicería que, aquí sí, todavía hay muchísimos hermanos que la ignoran. Bastará ir a un diccionario de la lengua española para leer que hechicería se relaciona con ritos y encantamientos llevados a cabo por el ocultismo, y es correcta esta acepción, pero no la única. Porque, veamos: ¿Para qué se llevan a cabo estos ritos y encantamientos de la hechicería ocultista? Para lograr que alguien haga algo que no estaba decidido en su voluntad.

Por lo tanto, si debo definir el término hechicería en su significado más aséptico y objetivo, te diría que se trata de la acción llevada a cabo, sea por el medio que sea, para conseguir que otra persona haga lo que nosotros deseamos que haga, aunque ello no sea voluntad de la persona en cuestión. Así que, si ese es el espíritu de la palabra, mucho me temo que cualquier clase de manipulación emocional, (Aunque no existan ritos ocultistas), tendientes a que las personas se comporten de modo que nosotros deseamos, también es hechicería.

Si tú no quieres dar una ofrenda y yo te hablo durante una hora creando en ti culpabilidad por no hacerlo, o temor a un castigo divino por tu negativa, eso es manipulación emocional, eso es tratar de imponer mi voluntad por sobre la tuya. Y no te voy a citar los textos bíblicos respectivos porque, si así lo deseas, los relacionarás sólo con la brujería, pero el concepto y la esencia de ellos es global e incluye también cualquier clase de manipulación. Y seguirá siendo irrestricta verdad que ningún hechicero (Ocultista o no ocultista), entrará al Cielo. De hecho, si media un arrepentimiento genuino, una solicitud de perdón y un reconocimiento sincero de pecado, ese perdón se hará efectivo y la persona hechicera, ocultista o no ocultista, será restaurada e incorporada a la familia de Dios.

Los Idólatras: ¿Qué cosa es un idólatra? Normalmente, se pensaba en la antigüedad que eran los paganos, que adoraban imágenes groseras de dioses falsos; pero a la luz de otros pasajes de la Escritura, ustedes podrán ver que idólatra podría ser tú mismo, ya que es una persona que sustituye y pone alguna cosa en el lugar que debería ocupar nuestro Señor. Sé perfectamente que la absoluta mayoría de ustedes que hoy me escuchan, no adoran ídolos, pero consideren el modo de vida que llevan y podrán ver si son idólatras o no. Un ídolo es una cosa que en su esencia básica es perfectamente legítima, pero que ocupa un lugar falso.

Algunos hombres que he conocido habían hecho un ídolo de sus negocios. De hecho, sus negocios eran total y absolutamente legítimos, pero en lugar de glorificar y honrar a Dios con ellos, lo colocaban por delante y de manera prioritaria antes que Dios mismo. En otros casos, esa posición de liderazgo y prioridad ha sido el dinero, y aunque en sí mismo el dinero no sea malo, conforme al sistema monetario en el que vivimos, sí es que se lo coloque por delante de Dios. Es como decir: ¡Ah, no! ¡No voy a orar nada por un milagro! ¡Lo voy a comprar que es mucho más fácil!

(1 Timoteo 6: 10) = El amor al dinero es la raíz de todos los males.

Repito: el dinero es un excelente medio de cambio. No es pecado trabajar para ganar dinero; el pecado es que el dinero te posea a ti. Si pones al dinero como primer objetivo en tu vida, lo conviertes en tu ídolo. Te haces adorador de un ídolo, y ningún idólatra entrará al Cielo. Y no es lo único, puedes hacerte un ídolo de cualquier cosa: de tu empresa, de tu granja de tu esposa, de tu hogar, de tus padres o, incluso, de tus hijos. Y te diré más, todavía. Muchos cristianos profesantes honestos y sinceros, pueden llegar a hacer un ídolo de su iglesia, de sus pastores, o hasta de un familiar que haya partido para estar con el Señor, si es que te desesperas por su partida en lugar de acatar la voluntad de Dios. Cualquier cosa que toma el primer lugar en nuestras vidas, el lugar le pertenece sólo a nuestro Señor Jesús, es un ídolo, por legítimo que parezca ser.

Entonces la pregunta de este momento, tiene que ser: ¿Ocupa el Señor el lugar que le pertenece en tu vida? ¿Recibe Él tu pleno y total homenaje y adoración, muy por encima de las cuestiones materiales o circunstanciales? ¡Gloria a Dios si has podido responder que sí!

Los Mentirosos: La Palabra de Dios dice, en Apocalipsis 21: 27: No entrará en ella ninguna osa sucia, o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero. En el mismo tenor y en el mismo capítulo del mismo libro, pero con anterioridad en el verso 8, consigna: Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre que es la muerte segunda.

¿Qué es una mentira? Algunos diccionarios dicen que mentir es cualquier cosa destinada a producir una falsa impresión. La primera mentira que fue oída por oídos humanos fue dicha por el diablo a Eva en el jardín del Edén. Dios le había declarado a Adán y Eva lo que expresa Génesis 2:16-17: Y mandó Jehová Dios al hombre diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

El diablo vino a Eva con la primea mentira diciéndole: Eva; no morirás si comes del fruto prohibido. Lo que pasa es que Dios sabe que si lo comes, serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses, ya que conoceréis la diferencia entre lo bueno y lo malo. Y todos ustedes ya saben lo que ocurrió como consecuencia de esa mentira. Eva fue puesta en la encrucijada, tuvo que decidirse entre Dios y el diablo, ya que Dios había dicho una cosa y el diablo otra. Eva tenía que elegir, del mismo modo que nosotros tenemos que elegir cada día entre el bien y el mal.

Todos somos agentes morales. Dios nos creó de esa forma. Tenemos la capacidad para escoger entre lo justo y lo injusto. Es innecesario decir que hay dos fuerzas que obran en este mundo en favor de ambos principios: Dios y Satanás. La batalla está empezada. Comenzó el día en que Adán y Eva desobedecieron a Dios y creyeron la mentira del diablo. Es el conflicto entre las fuerzas del bien y del mal; entre el pecado y la justicia, entre el cielo y el infierno. Es la lucha de nuestras complejas vidas. La vemos por todas partes, en la vida práctica así como en los programas de la televisión y, obviamente, en el amplio abanico cibernético. Es la batalla entre el héroe y el villano que se encuentran dentro de una misma persona. Cada día tenemos que hacer decisiones entre el bien y el mal. Hablando a los hipócritas fariseos, Jesús dijo:

(Juan 8: 44) = Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Sí, el diablo es mentiroso y padre de mentira, fue mentiroso desde el principio; es el autor del pecado, de la maldad, de la tristeza, de las lágrimas y de la muerte en el mundo. Y todo empezó por creerle las mentiras al diablo. Me pregunto cuántos, hoy, todavía, lo están haciendo del mismo modo y, como no podría ser de otro modo, cosechando las mismas consecuencias.

Creo que sería innecesario recordarte que la mentira es uno de los pecados más frecuentes que cometen los hombres. Millones lo practican cada día. Gente que ha sido bautizada, que son miembros respetables de iglesias respetables, cometen ese pecado. Y no quiero mencionar a ministros porque globalizar o generalizar me llevaría a mí a cometer pecado de injuria para el inocente. De hecho, mentir puede hacerse no sólo de palabra, sino hasta con un gesto. De cualquier manera que se produzca una falsa impresión en otras personas. Porque mentir sea una práctica tan común no quiere decir que no sea un terrible pecado. Dios aborrece la mentira con toda la fuerza de su ser. Lo aborrece más que cualquier otro pecado, aunque en determinados lugares y por específicos intereses se nos pueda haber enseñado otra cosa. Pero Dios aborrece la mentira de un modo muy singular porque fue el origen de todo el pecado que se transmitiría de padres a hijos. Adán y Eva creyeron la mentira del diablo y su hijo se hizo un mentiroso.

(Génesis 4: 9) = Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé, ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? (Todos sabemos que Caín si sabía dónde estaba Abel, ya que él lo había asesinado).

(Génesis 12: 18-19) = Entonces Faraón llamó a Abraham y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer, tómala y vete. (Una mentira producida por miedo a tener problemas por causa de una mujer bonita)

(Génesis 18: 15) = Entonces Sara negó, diciendo: no me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: no es así, sino que te has reído. (Sara se había reído de Dios porque no creía que podría ser cierto que iba a ser madre. A Dios no le gustó que se riera y le mandó sus ángeles; ella se asustó y mintió, negándolo. ¿Cuántos saben que nadie puede mentirle a Dios? Y también le mintió Sara a Abimelec, el rey de Gerar, negando que fuera la esposa de Abraham, y afirmando que era su hermana. Abraham cayó en la misma mentira pues confirmó lo que había dicho Sara)

(Génesis 20: 5) = ¿No me dijo él: mi hermana es; y ella también dijo: es mi hermano? Con sencillez de mi corazón, y con limpieza de mis manos he hecho esto.

Isaac mintió, a semejanza de su padre, a los hombres de Gerar, negando que Rebeca fuese su esposa y declarando que era su hermana. Lo vemos en Génesis 26: 7: Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.

Rebeca, a su vez, también le mintió más tarde a su esposo Isaac, al planear con su hijo Jacob, usurpar la bendición que pertenecía a Esaú, su hermano mayor. De eso da cuenta el Libro de Génesis, en el capítulo 27 y versos 8, 15 y 24 en conjunto, cuando dice: Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú, su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: yo soy.

Y no termina aquí: los hijos de Jacob les mintieron a los hombres de Sichem haciéndoles creer que intercambiarían matrimonios con ellos si se sometían al rito de la circuncisión. Cuando ellos cumplieron con la demanda y se hallaban físicamente incapacitados, fueron asesinados. Los hermanos de José mintieron a su padre Jacob diciéndole que José había sido devorado por alguna bestia feroz, cuando la verdad era que lo habían vendido a los mercaderes de Egipto. Lo describe Génesis 37 versos 3 y 32: Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre; y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.

¿Crees que termina allí la iniquidad familiar en forma de un espíritu de mentira? No, porque luego el propio José les mentiría a sus hermanos acusándolos de ser espías, cuando él sabía más que perfectamente que no lo eran. Leemos en Génesis capítulo 42 y verso 14: Y José les dijo: eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías.

Muy bien; hasta aquí le hemos seguido el rastro a la mentira en el libro de Génesis. Podemos encontrarlo en otros libros de la biblia, mostrándonos la flaqueza humana con la imparcialidad propia del Espíritu Santo. Es tan fácil para el hombre mentir como para el agua correr río abajo. Por esto la Palabra de Dios, dice, primero, en el Salmo 116:11: Y dije en mi apresuramiento, todo hombre es mentiroso. Y luego vemos algo del mismo tenor en la carta de Pablo a los Romanos, capítulo 3 y verso 4: Sea Dios verdadero, pero todo hombre mentiroso.

Es Satanás quien te tienta a mentir; y cuando lo haces, por lo general tendrás que decir otra y otra mentira para cubrir la primera y las subsiguientes. Cierto es que hay diversas clases de mentiras. Las hay denominadas “mentiras blancas”, “mentiras negras”, mentiras de negocio y mentiras políticas. Pero que nadie te engañe con eufemismos, para Dios, todas las mentiras son iguales y el pago por ella ya ha sido descripto. Aunque algunos supuestos cristianos han logrado implantar la enorme mentira diabólica de la “mentira piadosa”.

¿Qué es una Mentira Blanca? Es una mentira parcial, compuesta de mentira y verdad por partes más o menos similares. Pero alguien dijo alguna vez que: Una mentira que es verdad en parte, es la más negra de las mentiras. Mucha es la gente que dice estas pequeñas mentiras y piensan casi en grado de certeza total que no hay nada malo en ellas. Como observarás, el engaño fluye de manera potente e imparable.

¿Qué es una Mentira Negra? Es un embuste deliberado, dicho exprofeso, con toda malicia. Algunas personas están tan acostumbradas a falsear la verdad que casi no pueden hacer otra cosa, y como si esto no fuera suficiente, es tan permanente y continuo su inventiva falsa que terminan lastimosamente creyendo sus propias mentiras.

¿Qué es una Mentira de Negocio? Es, por ejemplo, cuando presentas un producto haciéndole creer al comprador que es algo diferente de lo que es. La gente del común le llama a esto tener “chispa” para hacer negocios, pero lo cierto es que se está mintiendo y grueso. Otros dirán que no, que sólo es astucia para vender, pero puedo asegurarte que para Dios, es simplemente mentir. No debes olvidarte que en algún momento estas mentiras de negocios se volverán contra ustedes mismos y, en casos, con gravísimos perjuicios. Ningún mentiroso, sea por la causa que sea, entrará al Cielo, dice la Biblia.

¿Qué es una Mentira Política? Se utilizan para derrotar al oponente. Ustedes saben más que bien que, cuando dos o más personas buscan el mismo empleo político se socavan el terreno el uno al otro y se arrojan todo el barro que pueden. Si la mitad de las mentiras políticas que se dicen fueran verdad, todos los que ocupan empleos públicos deberían estar entre rejas.

¿Qué es una Mentira Social? Es una exageración o falsedad que se emplean con los amigos con el propósito de exaltar su posición en la escala social. Hay infinidad de personas que fabrican toda clase de falsedades para hacerse importante y conseguir ser admitidos en lugares exclusivos. Puede salir bien la estrategia, pero como Dios siempre es justo, a corto o mediano plazo, las mentiras se descubrirán y los responsables serán humillados en lugar de engrandecidos.

¿Qué es una Mentira Religiosa? He sido testigo presencial de algunas de ellas. Un ministro extranjero es invitado a mi país a dar una serie de conferencias en una importante congregación. Independientemente de una jugosa ofrenda, recibirá agasajos y homenajes por doquier. Cuando hable, dará un detallado informe de todas las cosas sobrenaturales, maravillosas y tremendas que están sucediendo allá, en su iglesia. Tiempo después y a modo de retribución, el ministro de la iglesia de mi país que fuera anfitrión, será invitado a dar una serie de conferencias en el país del que fuera su visitante. Recibirá una jugosa ofrenda por ello y cuando hable, detallará la serie de señales y maravillas que ocurren aquí, en su iglesia. Puedo dar fe que todo esto no es verdad ni allá ni acá, sólo es discurso mentiroso para sustentar sus predicaciones. Y no es el único ejemplo. Hay decenas relacionados con auto promociones propias y descalificaciones ajenas. Pero, aquí sí te entra la gran duda: ¿Ellos también estarán sujetos a la ley de Dios respecto a la mentira? La respuesta es sí, ellos también. Porque una mentira es una mentira, ya sea dicha en jeans, musculosa y zapatillas, como en traje, corbata y zapatos y detrás de un púlpito.

Estoy más que seguro que si los que, ya sea por descuido o en forma deliberada, dicen mentiras comprendieran el terrible fin del mentiroso, darían más atención a los pecados de la lengua. Si tienes una lengua mentirosa y continúas por ese camino, pronto perderás el respeto de tus amigos y en poco tiempo te quedarás definitivamente solo. Y esto no es todo, sino que también perderás el respeto a ti mismo, te despreciarás por la vida pecaminosa que estás llevando y llegarás a no saber decir la verdad, creyendo tus propias mentiras. En una palabra, te perderás a ti mismo, pues la Palabra de Dios dice:

(Salmo 63: 11) = Pero el rey se alegrará en Dios; será alabado cualquiera que jura por él; porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.

(Salmo 101: 5) = Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré; no sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso.

Claro, pero… ¿Y después qué? Después de la muerte se les cerrarán las puertas del Cielo, pues no entrará en el Cielo ninguna cosa sucia. Lo viene diciendo la palabra desde siempre.

(Mateo 12; 27) = Por tus palabras serás condenado.

El infierno es el fin de la vida del mentiroso, pues como dice la palabra de Dios una vez más:

(Apocalipsis 21: 8) =Todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, esta es la muerte segunda.

¿Tienes una lengua mentirosa? ¿Conoces a alguien que la tiene? Si es así, ¡Que Dios lo ayude a comprender el triste fin que le espera! Pero hay esperanza para ellos. Si dan al espíritu Santo de Dios el completo control de sus vidas, no sentirás más deseos de mentir. De nuevo tengo que decir: ningún mentiroso entrará en el Cielo.

Yo no sé si crees en un Cielo y un Infierno o todo te suena a historieta infantil para asustar a niños y viejos y presionarlos para que se comporten bien. Es un problema tuyo lo que creas. Lo que sí voy a decirte es que, si estás allí, ahora, escuchándome, es porque en algo o alguien has creído, así que hazme un favor y háztelo a ti mismo: pide urgente en oración al Padre, o al Hijo, o al Espíritu Santo, como te salga, que te revele si todo esto que acabo de compartir contigo es solamente una predicación más o contiene una verdad que el Cielo ha hecho llegar a tu vida hoy para que, de una vez por todas, lo tomes con seriedad y dejes de jugar a la religión hueca e incrédula.

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noviembre 13, 2018 Néstor Martínez