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Entendiendo la Verdadera Guerra

 

Es normal que cuando escuchamos hablar de Guerra Espiritual no podamos evitar relacionarlo inevitablemente con gritos, excesos, gente pataleando por el suelo, gente babeando espuma, ataduras inmorales, inmadurez y todas esas cosas que, seguramente, más de uno de ustedes habrá visto alguna como parte de ese envase de Guerra.

Sin embargo, si me lo permites, yo quisiera hoy, aquí y ahora, esbozar algunos conceptos que muestren lo que yo interpreto como aspectos mucho más interesantes respecto a este tema, que aquellos que puedas haber visto antes o de los que puedas haber sido testigo.

Es muy cierto que algunos sectores de la iglesia en el pasado, (Y a lo mejor todavía hoy, no lo dudo), han hecho un uso abusivo de la liberación, como se lo ha hecho de tantas otra cosas. Sin embargo, creo que de ninguna manera podemos excluir o ignorar por ello aspectos de la palabra de Dios, simplemente porque en algún lugar, momento y tiempo hubo un exceso en cierta práctica.

Esto, si puede entenderse bien, estaría directamente relacionado en su esencia principal con aquello que Pablo supo describir tan bien cuando puntualizó que en todo lo relacionado al evangelio, debíamos rigurosamente examinarlo todo y solamente retener lo bueno. Aquí cabe y es adecuado ciento por ciento.

Y fíjate que uno de los problemas que tenemos que resolver para encarar correctamente este problema, de alguna manera, es lo que yo llamaría la cosmovisión que hemos adquirido. Todos sabemos que los conceptos se encargan de modelar nuestras conductas y percepción de las cosas y, en cierta forma, incluso llegan a determinar la manera, la forma en que reaccionaremos ante las circunstancias de la vida.

Muy probablemente, la mayoría de nosotros no tenemos demasiadas dificultades con las teorías o con la teología de la Guerra Espiritual, pero sí tenemos dificultades, (Enormes dificultades podría decirte), cuando tenemos que comenzar a aplicarlas.

Yo creo que la razón de esa dificultad es que tenemos un simple y no tan simple problema de concepto. Porque podemos hablar teológicamente sobre el mundo espiritual sin ningún problema, pero que cuando intentamos traer a ese mundo espiritual al sistema de explicación de los fenómenos en nuestras vidas, entonces tenemos grandes problemas.

Quiero ponerlo en palabras más simples para que a nadie le queden dudas. Lo que quiero decir es que el mundo espiritual no siempre es demasiado real para nosotros, para una gran mayoría que decimos ser cristianos practicantes y miembros de iglesias cristianas.

En muchos aspectos somos demasiado materialistas, por lo menos, mucho más de lo que nos gustaría admitir. Y para nosotros, las personas son siempre más importantes que los seres espirituales. Desafortunadamente, esto se aplica muchas veces de igual forma al Espíritu Santo como a los seres demoníacos. Por eso es que es tan repetido y frecuente el dilema ese de: “¿Será de Dios?” que tantos hermanos repiten a diario.

Tendremos que intentar resolver este problema de la manera más sencilla posible. Todos, (O casi todos), los cristianos estamos de acuerdo que existe Satanás, ¿Verdad? Y que también existe un demonio o muchos, que directamente se oponen a la obra de Dios. Ese demonio central es un ángel caído y Cristo lo venció.

A eso lo sabemos muy bien y hasta lo hemos enseñado cuando nos pusieron de maestros. Sin embargo, el problema radica en ponernos de acuerdo en el papel, el rol, la influencia y la manera en que ese ángel caído opera hoy. Y a eso, si quieres, puedes sumarle la calidad de la actitud que la iglesia muestra, como tal, ante el enemigo.

Hay diferentes tipos de actitudes y también de personas imbuidas en todo esto. Están, por ejemplo, los racionalistas compulsivos. Se ha podido comprobar fehacientemente que existen tres tipos de respuesta hacia el tema de la Guerra Espiritual. El primer grupo de esas personas, se describe muy nítidamente en un testimonio de un traductor de Wycliffe que cuenta lo siguiente:

“Fui a la selva del Amazonas, -dice-, en el año 1963, para comenzar un ministerio entre el pueblo Apurina. Hasta donde yo sé, yo fui el primer en desafiar el dominio de Satanás sobre este pueblo, un dominio completo a través de los siglos.

Mi principal propósito, -añade-, al estar allí era ver si podía sacar a las personas de la casa de Satanás y llevarlos a la casa de Jesús, es decir; ver si podía transferirlos del reino de las tinieblas al reino de la luz. Pero, desafortunadamente, a pesar de mi título de Maestría en Teología y de haber leído toda la Biblia varias veces, no terminaba de estar consciente de estas verdades sobre Guerra Espiritual.

Tengo que confesar, -expresa-, que no sólo fui avergonzado en mis prestigios ministeriales, sino que directamente los demonios me dieron una descomunal paliza. Confieso que la recibí sin misericordia, hasta el punto en que no podía más. Satanás, sencillamente, llegó a trapear el suelo conmigo.

No sabía cómo defenderme, -sigue relatando este hombre-, porque en realidad, lo que sucedía, era que no comprendía lo que estaba pasando. Era un verdadero escéptico con respecto a la actividad de los demonios. ¡Claro1 Yo sabía que existía Satanás y los demonios, ya que la Biblia es clara y enfática en ese aspecto, pero sabía muy poco sobre su manera de operar y virtualmente nada sobre el uso de nuestras armas, ya fuera para defenderme o para atacar.

Mi trasfondo teológico, -sigue contando-, tanto el formal como el informal, era estrictamente tradicional. Mis profesores me transmitieron la idea de que un siervo de Cristo era intocable o que estaba exento del ataque demoníaco. Esa clase de cosas, -aseguraban muy sueltamente-, no serían ningún problema para nosotros, concluyó.”

Quizás no necesitamos ser misioneros en un lejano pueblito de un no menos remoto país ignoto para pasar por las desafortunadas experiencias del testimonio anterior, pero estoy convencido que muchas veces podemos llegar a sentir emociones muy parecidas a las descriptas por ese sincero hermano.

El primer grupo de personas son aquellos que quieren tener una actitud esencialmente racional al fenómeno espiritual, algo que no critico porque no soy quien para hacerlo, pero que considero poco sabio por la sencilla razón que el mundo espiritual no responde a patrones que humanamente podemos entender.

Lo curioso de este grupo es que fueron capaces de admitir la obra de la salvación por gracia (una experiencia espiritual y profunda) con naturalidad y fe, pero les significa muy dificultoso poder abrir su entendimiento al mundo espiritual. Tengo una novedad: el Espíritu Santo no vino de Grecia.

Después tenemos a los extremistas del delirio. Definitivamente lo conforman un grupo grande de hermanos que han tomado una actitud radical en cuanto al mundo espiritual, incluyéndolo casi de manera obligada en todo lo que ven y hacen.

Como es lógico suponer esto implica un desequilibrio que muchas veces provoca aversión (por la alergia que nos produce). El “ver demonios en todas partes” es un comentario común y en muchos casos, con ciertas bases. De todos modos, yo solía enseñar que la diferencia entre un ortodoxo y un progresista era que uno veía demonios por todas partes, mientras que el otro no los veía por ningún lado. Extremos perniciosos.

Y luego están los sabios equilibrados. Ciertamente, yo creo que este es el grupo con más ventajas para poder expresar la verdad de Dios sin adulteraciones. Lamentablemente debo decir que es el grupo menos numeroso. Tienen la gracia de buscar la opinión de Dios antes de expresar sus conclusiones, aún en temas que son muy nuevos o “delicados”.

Estos hermanos han aprendido que muchas veces Dios está por encima de sus conclusiones ¿…Camino de Dios?… Ezequiel 18:25, dice: Y si dijereis: no es recto el camino del Señor; oíd ahora, casa de Israel: ¿No es recto mi camino? ¿No son vuestros caminos torcidos? Es muy bueno estar abierto al Espíritu de Dios al momento de enfrentar cosas que no entendemos o nos cuesta aceptar.

Aunque a la mayoría no nos guste admitirlo, existen declaraciones en la Palabra que muestran sin lugar a dudas la relación entre la condición espiritual de la Iglesia (o los hijos de Dios) y la condición de la tierra. Concretamente, de una tierra que puede estar bajo maldición. Veamos algunos ejemplos:

(Génesis 3: 17) = Y al hombre dijo: por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: no comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. (Esto nos está mostrando que el pecado conjunto de Adán y Eva, trae maldición sobre toda la creación)

(Génesis 4: 10) = Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.

(11) Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.

(12) Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. (El crimen de Caín en perjuicio de Abel clama venganza y, por consecuencia, contamina la tierra)

(Josué 7: 20) = Y Acán respondió a Josué diciendo: verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho.

(21) Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.

(Verso 25) = Y le dijo Josué: ¿Por qué nos has turbado? Túrbete Jehová en este día. Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos.

(26) Y levantaron sobre él un gran montón de piedras, que permanecen hasta hoy. Y Jehová se volvió del ardor de su ira. Y por esto aquel lugar se llama el Valle de Acor, hasta hoy. (Aquí una vez más vemos que se contamina la tierra del pueblo de Dios).

Estos son algunos ejemplos de lo que puede significar una maldición lisa y llana sobre la tierra, pero en algunas mentalidades quizás no sea suficiente para que se entienda. Por lo tanto, y para poder mostrar algunos ejemplos más contundentes, quisiera transcribir un par de versículos más.

(Levítico 19: 29) = No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad.

(Levítico 18: 24) = En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, (25) y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores.

Creo que no se necesita demasiado añadido. Creo que muy fácilmente podemos deducir la relación a la que hago referencia al respecto. Sólo que aparecerá la duda: Si el pecado produce maldición y contamina la tierra ¿Qué sucede con la obediencia? Dejemos que hable la Biblia.

(Levítico 26: 4) = Yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto. (A esto lo podríamos rotular como: Salud Ecológica.)

(Levítico 26: 5) = Vuestra trilla alcanzará la vendimia, y la vendimia alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros en vuestra tierra. (A este ítem deberíamos relacionarlo con la Salud Económica.)

(Levítico 26: 6) = Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante; y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro país. (Aquí estamos hablando de algo muy importante en estos tiempos: Seguridad Personal y Seguridad Civil.)

(Levítico 26: 7) = Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de vosotros.

(8) cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros. (Importante a nivel de nación en lucha por Soberanía: Supremacía Sobre los Enemigos.)

(Levítico 26: 9) = Porque yo me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con vosotros. (Esto tiene que ver con lo personal e individual y con lo grupal y corporal: Crecimiento.)

(Levítico 26: 10) = Comeréis lo añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar lo nuevo. (Y esto tiene que ver con las artes o las formas de crecimiento por talento: Innovación y Creatividad.)

Es indudable que a través de todos estos textos, se puede concluir que nuestra actitud tiene un papel redentor o condenador sobre la creación material de Dios. Esta relación se puede expresar muy bien en algunas de las siguientes consideraciones.

Por ejemplo; cuando menciono el hecho de que la Iglesia tiene un papel redentor sobre la creación estoy parafraseando lo que Pablo lo dijo con tanta claridad hace ya tanto tiempo; Ro. 8:19 Pues la creación aguarda con ardiente anhelo la manifestación de los hijos de Dios.

Esto implica una responsabilidad muy grande, porque quiere decir ni más ni menos que depende de nosotros como Iglesia y depositarios de la autoridad de Dios el saber bendecir con nuestra obediencia y nuestra palabra la maravillosa creación de Dios.

Ahora bien; veamos: ¿Cuál es el papel del enemigo con la creación? Fíjate que también a esta pregunta la Biblia es enfática, porque en ella podemos leer algunas respuestas que se nos dan y que, no dudo, conforman una especie de manual que todos deberíamos estudiar y conocer:

(2 Corintios 4: 3) = Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; (4) en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

¿Alguna vez te has preguntado, al leer estos textos, qué cosa es ser el dios de este siglo? De ninguna manera está hablando de un período de cien años, que es lo que nosotros conocemos como siglo, sino de su traducción a partir de la palabra usada en los originales: sistema. Ahora sí; ¿A ti te cabe alguna duda que Satanás es el indiscutible dios de este sistema en el cual vive el mundo secular?

(Juan 12: 31) = Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

Aquí Juan lo está llamando a Satanás, “príncipe de este mundo” Y parece que le estuviera otorgando un título nobiliario, ¿Verdad? Ni lo sueñes. En primer lugar, no está hablando de mundo como planeta, sino con la misma palabra usada por Pablo para siglo: sistema. Y ser príncipe de ese sistema, o principado, es sinónimo de hablar de diseño. ¿O tienes alguna duda que el mundo secular está diseñado por satanás y sus demonios?

(Efesios 2: 1) = Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros deleites y pecados, (2) en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.

Es el mismo concepto que vimos en Juan 12. Es el diseñador del sistema mundano, y eso lo transforma en una autoridad para ese sistema, (Eso significa ser una potestad) que no es ni física ni geográfica, sino espiritual. El que diga que no cree en Dios porque quiere ser libre de toda religión, no entiende que al tomar esa decisión, automáticamente decide ser esclavo de Satanás. O recoges, o desparramas.

(1 Juan 5: 19) = Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

Aquí Juan lo rotula como “el maligno”. Hay otros textos donde se lo alude como “el malo”. Lo importante, sin embargo, es que Juan reafirma lo ducho anteriormente respecto a los diseños, pero lo cierto es que el mundo entero está sometido a ellos.

Tal vez muchos pastores y teólogos no comparten esta relación pero es evidente por la Palabra (y no lo pueden negar) que Jesús tuvo que enfrentarse con el enemigo; o dicho de otra forma, el Diablo no se hizo ningún problema a la hora de tratar de poner en aprietos a Jesús (cosa que no logro).

Los apóstoles que siguieron la obra del maestro tampoco fueron libres de esta relación de enfrentamiento. Muchos de ellos sufrieron y vencieron durante su vida. ¿Qué habrá sucedido con la iglesia (Bueno, al menos con algunos sectores de ella) que ha llegado a pensar que no va a tener problemas con él si todos los que vinieron antes de nosotros si lo tuvieron?

No pretendo convencer a ninguna persona que empiece a buscar problemas ni a ver demonios debajo del plato de sopa, pero una cosa es evidente: al haber sido hechos hijos de Dios, hemos sido constituidos enemigos del Diablo.

Pablo dice, en el Libro de los Hechos, capítulo 26 y verso 18,  que ha sido llamado para abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios, para que reciban perdón de pecados y una herencia entre los santificados por la fe en mí.

Entonces, y a la luz de todas estas cosas mencionadas; ¿Cuál debería ser nuestro papel como hijos de Dios frente al enemigo y en relación a la creación? Yo creo fiel y firmemente que hay dos palabras que lo dicen todo: autoridad y redención.

Autoridad. Cristo ha depositado su autoridad sobre la Iglesia, para que esta se constituya en “Columna y baluarte de la verdad” Como Pablo le dice a Timoteo en su primera carta, 3:15 Existe una relación directa entre el pecado del pueblo y la pobreza de la tierra y su economía (Aunque algunos “intelectuales” se agotan tratando de negarlo).

Dicho de otra forma, mientras más idolatría, pecado y corrupción hay en una nación, mayor es la pobreza y la carencia económica. El opuesto lógico nos permite ver que mientras el pueblo busca el perdón de Dios y abandona su conducta pecaminosa, Dios mueve su corazón para prosperarnos económicamente como nación.

(2 Crónicas 7: 13) = Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; (14) si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado y oraren, y buscaron mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

La Iglesia es la única que tiene la autoridad para proclamar el señorío de Cristo a una nación y a los lugares celestiales. Debo convenir que existe un enorme desconocimiento de esta clase de tmas, así que será bastante oportuno, pienso, ir preparando algo al respecto y desarrollarlo del mismo modo conque hoy lo hacemos con este.

Redención. Podemos como iglesia ponernos entre el mundo y el enemigo a fin de interceder por la salvación de ellos. A veces tenemos la extraña tendencia a espiritualizar demasiado algunas cosas y olvidamos que aunque nuestra ciudadanía está en los cielos, vivimos en un mundo material que nos afecta e influye sobre nosotros de manera positiva o negativa.

Permíteme demostrarte que a veces nos vamos hasta “el tercer cielo” y nos olvidamos de las necesidades de los que nos rodean. Eso, de hecho, con todas las lógicas precauciones que deberemos tener al respecto, porque interceder es colocarse entre el ataque y el atacado, así es que tendremos que comprobar y asegurarnos que cualquier atacado no esté dejando no ya puertas, sino portones espirituales abiertos por donde esos ataques puedan filtrarse.

¿Recuerdas haber orado alguna vez porque se haga realidad todo aquello que beneficie a nuestro país, cualquiera sea el que cada uno de nosotros habita, y dejar de lado esa antigua postura que de la política sólo deben ocuparse los políticos? Cierto es que el ámbito de la política no es el ámbito natural de un cristiano, pero no menos cierto es que cada uno de nosotros, hijos de Dios por adopción, tenemos la obligación de velar por los intereses de todas las personas con las que compartimos residencia.

¿Cuándo fue la última vez que en tu iglesia o a solas, oraste por las nuevas leyes y códigos que tu gobierno nacional piensa aprobar en un futuro próximo? O es que debemos enterarnos que “algo” se esté maquinando contra la iglesia para recién reaccionar. En mi país ya sucedió: aprobaron leyes que no tienen absolutamente nada que ver con el propósito y la voluntad de Dios y como iglesia nos enteramos cuando las publicaron ya aprobadas y avaladas.

¿Cuándo fue la última vez que oraste sobre un mapa de tu país e intercediste para que sus fronteras no sean lugares desolados, para que dejen de una vez de hollarlos como nación, para que se pueda recuperar la dignidad de sentirse parte activa y dinámica de ese país, y para que el narcotráfico, o la violencia no encuentren refugio en cualquiera que sea tu nación?

Entonces, cuando hablo de redención, no me refiero a que seamos nosotros quienes dispongamos quienes son salvos y quienes no lo son, estoy refiriéndome a que tenemos la autoridad de legislar la creación desde los lugares celestiales, con oración, con intercesión, con súplica y misericordia.

Creo que el grueso almidón de la teología, sumado a los clásicos y tradicionales modismos de la religión organizada, nos ha cauterizado un poco nuestra sensibilidad y pido que el Señor nos ayude a entender la gran responsabilidad que el Hijo de Dios nos ha dado.

 

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julio 2, 2016 Néstor Martínez