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¿Cuál es el Deseo de Dios?

(Génesis 1: 11) = Después dijo Dios: produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que de fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.

Estamos leyendo el primer capítulo del libro de Génesis, el libro de los orígenes, el libro donde se detalla el principio de todas las cosas. Quiero que prestes suma atención a una palabra en particular; la palabra es Género.

La palabra Género, viene del hebreo nin. Esta palabra hebrea es muy interesante, porque habla acerca de un grupo de organismos del mismo tipo. Género, también es raíz de Gen, de Genes. De allí viene Genes.

Entonces, cuando hablamos de un mismo Género, estamos hablando de un mismo Gen. Creo que todos tenemos más o menos alguna clase de idea respecto a lo que son los genes. Eso no es nuevo. Aquí está diciendo: produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto, según sus Genes, según su Género.

Que su semilla esté en él sobre la tierra. Y fue así. La segunda cosa que quiero que notes, está en Génesis 2: 4. Dice: Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos.

La palabra que aquí es importante mencionar, es justamente la palabra Orígenes. Orígenes viene del hebreo toledah, que literalmente significa Patria. Muy interesante. Entonces, dice acá: Estas son las patrias, -en un sentido-, de la tierra y de los cielos.

Ahora bien; ¿Por qué utiliza la palabra Patrias, por qué menciona Orígenes? Básicamente, aquí nos está introduciendo a un concepto que hemos leído muy rápidamente. Como decía alguien, son versos que los leemos de noche, porque no tenemos luz para entenderlos.

Aquí dice: Estos son los orígenes de la tierra y de los cielos, cuando fueron creados. Y no te olvides que la palabra Origen, significa Patria. Estas son las Patrias de la tierra y de los cielos. Aquí, el escritor de Génesis empieza a introducir a la visión que, tanto en la tierra como en los cielos, hay diferentes linajes.

Hay diferentes razas. Así como en el género humano, (Y estoy utilizando el término Género), nosotros podemos hablar de gente de raza negra, de raza blanca y de raza amarilla. Que creo que son las tres razas oficialmente reconocidas, también en los cielos hay razas.

Hay Géneros diferentes. Y aunque todo viene de un solo Gen creativo, que es Dios, no todas las razas son iguales. Hay diferentes características de cada una de ellas. En algunos lugares de la Biblia, estas se llaman Genealogías. Y hay Genealogías terrenales, como hay Genealogías celestiales.

Nosotros sabemos, por la misma palabra de Dios, que existen Serafines, Querubines, Ángeles, aparecen los Gigantes en Génesis 6, y entonces la pregunta, es: ¿Qué son ellos? Los Querubines, los Serafines, los Arcángeles. Son, precisamente, diferentes familias.

Son razas celestiales diferentes. Cuando uno ve el libro de Apocalipsis, va a darse cuenta que hay una diversidad de seres celestiales extraordinarios. Los ancianos, los Seres Vivientes, multitudes de ángeles. Y no todos son iguales.

Cada uno de ellos se diferencia, no solamente por rasgos físicos, porque gracias a Dios se describen a estos seres, como Ezequiel describe los maravillosos seres que vio, sino que también se diferencian por sus funciones.

Ellos tienen funciones diferentes. Esto, en líneas generales es para que nos demos cuenta que entender el mundo espiritual, no tiene que ver simplemente con el hecho de decir que tenemos al Espíritu Santo, sino que es una dimensión maravillosa de variedad, de diversidad, en las que dios ha mostrado su poder creativo en una forma extraordinaria.

Cuando Dios crea al hombre, lo que hace Él, es darle un cuerpo. Noten que de todos los seres que Dios creó, los seres humanos son los depositarios o los que reciben un cuerpo. Estoy hablando de cuerpo, en el término Soma. En el término de cuerpo material.

Porque ya Pablo, más adelante, nos habla de que hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales. Cuando el Señor le da un cuerpo a Adán, lo que Él le está dando, es lo que él necesita para vivir en el plano terrestre. Tal es así, que cuando hablamos del género humano, la palabra humano viene de humus. Humus-man.

Eso quiere decir: hombre ligado a la tierra. Y no sólo eso, porque la palabra Adán, es una palabra hebrea que es plural; está hablando de hombres. Pero, el concepto mismo del nombre de Adán, significa “de la tierra”. O terrenal.

A esto lo sabemos, y la descripción tan maravillosa que se hace en el capítulo 1 de Génesis, de cómo Dios crea al hombre, y habla de la tierra y habla del agua, no es para nada extraña, considerándose que el hombre, químicamente, tiene más del 70 por ciento de su cuerpo formado por agua, y más de 14 componentes que también encontramos en el polvo de la tierra.

Tal es así que, si luego de veinte años de que un cuerpo humano haya sido enterrado, y salvo muy honrosas excepciones, si se abre ese lugar, lo que se va a encontrar es polvo, tierra. De ahí que la descripción que hace Génesis del hombre, como polvo y agua, esto es barro básicamente, no está tan alejada de la realidad.

Vamos más adelante. Dios ha establecido su creación, bajo ciertos límites. Por ejemplo; el entorno terrestre o natural, es un entorno limitado, en el cual el hombre puede moverse. Hace un momento decíamos que Dios creó también las patrias celestiales, haciendo referencia a Génesis 2.

Y allí dijimos claramente que, cuando se habla de generaciones, se está hablando de razas celestiales según el original, y también de razas terrenales. Nosotros podemos saber que, de Sem, Cam y Jafet, los tres hijos de Noé, se formaron todos los grupos humanos que hoy día se conocen.

Tanto es así que la antropología determinó (Por lo menos las escuelas más difundidas), que existen tres razas, básicamente, en la humanidad. Pero también en el mundo celestial existen razas, como las que he mencionado antes, de querubines, serafines y todo aquello.

Ahora bien; para que la creación de Dios sea armónica, Dios dice: “El hombre va a vivir en el plano terrestre, y los seres celestiales van a vivir en el plano espiritual”. Y determina, asimismo, que esos seres tienen su presencia limitada a ciertas fronteras.

A la luz de eso, por ejemplo, para que un ser viva en la tierra, necesita algo elemental: un cuerpo. Un cuerpo terrenal. Para que un ser viva en una esfera celestial, necesita un cuerpo celestial. Este es un principio muy sencillo.

El punto es este: los demonios, y no estoy explicando en este concepto el origen de ellos, andan desesperados por conseguir un cuerpo, porque para poder permanecer en el plano natural, ellos necesitan un cuerpo, y no lo tienen.

De tal forma es esto, que ellos deben prestarse un cuerpo físico para tener derecho de permanecer en el plano terrestre. Tan tremendo es este concepto, que aún Dios para poder introducirse en la humanidad, tuvo que conseguir un cuerpo para Jesús.

Él no podía venir simplemente como un ser espiritual, y hacer lo que tenía que hacer acá. Necesitó un cuerpo. Luego voy a leerte algunos versos para traerte mayor luz sobre esto. Sigo en Génesis 2. En el verso 7, dice:

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Lo que hace al hombre, hombre, son dos componentes básicos: número uno, el polvo de la tierra; y número dos, el aliento de vida que él recibe. El hombre es un ser creado con un diseño tan perfecto, que tiene el derecho, (Mira la palabra que estoy utilizando), tiene el derecho de moverse en el plano terrestre porque tiene cuerpo, y en el ámbito celestial o espiritual, porque dentro de él habita un espíritu eterno.

Mientras que Satanás y todos sus demonios, y todos los seres espirituales, querubines, serafines, etc., están limitados por su naturaleza, a no moverse de la esfera en la que están, porque Dios, claramente, ha limitado su creación.

A la luz de esto, permíteme que te diga que es ilegal la presencia de un demonio en una familia. Porque él está en una esfera que no le corresponde. Él debe estar en la esfera espiritual. Él no puede estar en la esfera terrenal.

Si él está en la esfera terrenal, es porque tiene algún derecho que le permite estar, aun sin tener cuerpo, presente en el plano natural. Si tú te fijas con atención en Génesis, vas a ver qué Satanás no pudo hablar directamente y cara a cara con Eva, tuvo que usar un cuerpo.

Usó el cuerpo de una serpiente para hablarle a Eva. Noten que no fue Satanás el que se apareció y comenzó a hablarle a Eva, no podía. No tenía derecho para estar en ese lugar porque carecía de un cuerpo terrenal, un cuerpo natural.

Entonces utilizó una serpiente, y así satanás pudo hablarle a Eva a través de esa serpiente. De tal forma que Dios, al final de todo el proceso del pecado, lo que hace es también maldecir a la serpiente. A eso seguramente lo han leído en la palabra.

¿Por qué? Por haber dejado que su cuerpo sea usado. Y Dios maldice a la serpiente. Y allí se puede ver algo muy interesante. Mira otro ejemplo. En otra ocasión, unos demonios salen de un hombre y van y se meten en un hato de cerdos.

¿Pero saben qué hacen los cerdos? No admiten ser usados como casa de los demonios, y se arrojan al mar. Y se mataron todos. Pero no así la serpiente, la serpiente toleró que el diablo utilizara su cuerpo. Y por eso es que Dios la maldijo.

Hay un  pasaje en Génesis 6, donde también se ve que se cometió un acto de ilegalidad, porque seres espirituales, adquirieron de forma ilegítima cuerpos naturales. Y Dios maldijo a esa generación con tanta severidad, que mandó el diluvio.

Eso nos hace ver, que el deseo de Dios es que en las fronteras en las cuales Dios creó su creación, se conserven. Y los únicos que tenemos derecho para movernos del plano natural o terrenal, al plano espiritual, somos aquellos que hemos nacido dos veces.

Hemos nacido primero en el plano natural y luego, al conocer al Señor, hemos nacido en el plano espiritual. Entonces, tenemos doble nacionalidad. Tenemos el doble derecho. Yo me muevo en el plano natural, y la creación debe responder a mi voz.

Y también tengo derecho de entrar por las puertas del hades porque soy un ser espiritual y tengo el pasaporte que es mi ser espiritual para penetrar los ámbitos espirituales. Vamos a buscar 1 Corintios capítulo 6. Esta parte es importantísima de entender.

¿Por qué? Porque la sanidad interior y la liberación, es un asunto de derechos. Es un asunto de legalidad. Los demonios no salen de donde están porque venga alguien y vocifere cuatro gritos, o venga otro y le ponga la Biblia en la cabeza al endemoniado.

Si ellos están en una persona, es porque tienen derecho de estar. Y lo que nosotros tenemos que hacer, como ministros de Dios, es operar como abogados, saber qué derechos tienen y con qué derechos nosotros mismos podemos sacarlos de allí. Básicamente, de eso se trata.

(1 Corintios 6: 17) = Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.

(Verso 19) = ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Escucha: voy a decirte algo que te va a sacudir. Tan tremendo es este ordenamiento de Dios, que el Espíritu Santo necesita de cuerpos humanos para habitar en el plano terrestre. Es por eso que cuando ustedes ven el Antiguo Testamento, notan que es muy diferente al Nuevo Testamento, en un elemento.

El Espíritu Santo no permanecía entre los hombres, sino que todos los profetas eran bautizados por el Espíritu Santo. Y ahí está Isaías que dice: “Y vino el Espíritu del Señor sobre mí.” Y cada profeta que ustedes ven en los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento, fueron visitados por el Espíritu Santo.

Pero luego, el Espíritu Santo se iba de ellos, y quedaban como habían estado. El Espíritu Santo no andaba solamente por allí moviéndose, sino que para que el Espíritu Santo pueda permanecer en el plano natural, al igual que los demonios, (Perdón por la fea comparación), tiene que tener un derecho.

Debe tener un cuerpo. Y nosotros somos los que le damos el cuerpo, para que el Espíritu Santo permanezca en esta creación, en esta dimensión. Pero ya en el Nuevo Testamento se produce algo nuevo. Justamente en Hechos 2, el Espíritu Santo desciende sobre la primera iglesia, y la iglesia se constituye, justamente, en la morada de ese Espíritu eterno que antes, por la economía de Dios, no podía permanecer en la tierra plenamente.

El siguiente verso que vamos a leer en la carta a los Hebreos, te va a hacer pensar. Hebreos capítulo 10. Este verso es maravilloso, es muy profundo. Está hablando de Jesucristo. Tú sabes que una de las cartas más maravillosa del Nuevo Testamento es esta, la dirigida a los Hebreos, porque da una comprensión de todo el plan de Dios.

(Hebreos 10: 5) = Por lo cual, entrando en el mundo dice: sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo.

Jesús está hablando, y le dice al Padre; me preparaste cuerpo. Jesús, para poder venir a salvarnos, necesitaba tener un cuerpo humano. Porque si no, no tenía derecho de moverse en el plano terrenal. Entonces dice: me preparaste cuerpo.

De ahí la importancia de saber que Jesús nació de una mujer. Por eso es que Juan luego escribe y dice: si alguno dice que Jesús no vino en la carne, el tal sea anatema. Porque si tú dices que Él no vino de mujer, quiere decir que no tenía derecho de moverse entre nosotros.

Hoy día, hay movimientos esotéricos que hablan de Cristo como ser espiritual que viene, ilumina y se va. Entonces, Jesús es uno más; como Buda, como Mahoma, como todos esos seres místicos. Nada que ver. Jesucristo tenía dos naturalezas; igual que tú.

Tenía una naturaleza terrenal, con la que el Padre lo formó, y eso lo recibió en el vientre de María. Pero también tenía una naturaleza celestial, con la cual Él vino y pudo completar su obra. Entonces, aun Jesús tuvo que sujetarse a estas leyes.

Necesitó cuerpo para salvar a los hombres. Y allí vino, dice el profeta hablando de Jesús: Me preparaste cuerpo. De tal forma, podemos llegar a una conclusión en este momento: que la base de la sanidad interior, es comprender que nos movemos en función de derechos.

¿Qué derechos tienen los seres espirituales de atormentar a una persona? ¿Qué derecho tienen de robar tu economía? ¿Qué derecho tiene un demonio de enfermarte? ¿Por qué? Porque, después de lo que termino de explicarte, ellos han sido limitados a una esfera de la creación, que son las regiones celestiales.

Por eso Pablo habla de esto. Él dice que no tenemos lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad, que habitan en las regiones celestes.

Ahora pregunto: cuando se hace liberación de alguna persona, ¿Alguien se mete en las regiones celestes? ¡No! Ese demonio está allí, dentro de esa persona. Ahí está el demonio arrojándola al piso. Sin embargo, Pablo dice que nuestra lucha es arriba.

Es en regiones celestiales. ¿Por qué? Porque Dios puso límites. Y dijo: no pasarán. Y esos límites se los puso a los querubines, a los serafines, a todos, y por norma también a los demonios. De tal forma que, cuando un demonio es sorprendido en este terreno, en primer lugar, está haciendo algo ilegal porque se está moviendo en un lugar que no le corresponde; es un inmigrante ilegal.

Pero por el otro lado, él no es tonto. Él está ahí porque tiene un derecho. Alguien le está haciendo casa. Y así como el Espíritu Santo recibe casa de nosotros, también los demonios reciben casa de otras personas. Por eso es importante comprender este punto.

Porque de otro modo, la llamada sanidad interior se convierte en un mero asunto de gritos, de tratar de sacar a una persona de una situación determinada sin entender qué fue lo que provocó que esa persona esté en esa condición.

(Juan 14: 30) = No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.

O sea: lo que Jesús está diciendo, pasado a argentino básico, es: Él no me puede tocar. Él no tiene ningún derecho sobre mí. Por eso es que Jesús, más adelante, va a hablar de esto, y dice: nadie me quita mi vida, sino que yo la pongo y la puedo volver a tomar.

Él se entregó voluntariamente. A Jesús no lo mataron en una cruz; ¡El decidió ir a la cruz por ti y por mí! Ahora bien; puestas estas bases, lo que viene ahora es empezar a entender cuáles son los derechos que se conceden a las tinieblas para que ellas puedan tocar vidas humanas.

Como primer paso, podríamos repasar a la estructura anatómica en general que se ha hecho del hombre. Nosotros conocemos, por la palabra, que el hombre es un ser que tiene un espíritu, que también tiene un alma, y también es un ser que tiene un cuerpo.

Esto es lo que se ha enseñado por años y es lo que, en líneas generales, la iglesia más conoce. No voy a profundizar sobre esto, pero soy consciente que decir que un hombre es espíritu, alma y cuerpo, es como decir que un cuerpo es cabeza, tronco y extremidades.

Tengo la certeza total que, independientemente de la capacitación, conocimiento y entendimiento que tenga un cristiano, tiene muy en claro que es mucho más que cabeza, tronco y extremidades. Por el contrario, somos seres maravillosamente creados por Dios, que tienen muchísimos elementos internos.

Pero vamos a quedarnos con esta definición clásica. En este momento, nos sirve suficientemente entender esto. Se dice que el espíritu es la morada de la conciencia, de la intuición y de la comunión. De la misma forma, el alma es la morada de las emociones, de la voluntad y de la mente.

Y también podemos decir que nuestro cuerpo está formado por órganos, sistemas y sentidos. ¿Qué pasa cuando una persona viene a Jesucristo? Entendiendo que somos seres tripartitos, la pregunta, es: ¿Qué pasa con cada una de nuestras áreas descriptas?

Nuestro espíritu, recibe vida de forma instantánea. La palabra nos explica esto en Juan 3:36, Isaías 57:15 y muchos otros pasajes más, que nos dicen que hemos pasado de muerte a vida. Eso fue, claro, cuando conocimos al Señor.

Obviamente, no está hablando simplemente de una experiencia en el plano natural. Cuando uno conoce al Señor, ya sea en una iglesia, en una campaña multitudinaria o en una experiencia personal, quizás hizo solamente una pequeña oración, no sintió gran cosa, ni un fuego abrasador ni mucho menos. Otros sí y otros más o menos.

Pero, más allá de eso, ¿Qué sucede internamente? Cuando tú te conectas con Dios por medio de la cruz, lo primero que pasa es que tu espíritu que estaba dormido por causa del pecado en el que vivías, en ese momento es resucitado, revivido, reanimado.

Y la vida de Dios, entonces, se deposita en ese espíritu en un instante. Eso es algo automático. Desde ese momento, y creo que cada uno de nosotros debe haberlo experimentado en su momento, puedes ponerte a leer la Biblia y la entiendes.

Pero si antes de la ir a la cruz tú leías la Biblia, tú podías entender mil cosas, pero menos el mensaje correcto. Tienes deseos de orar, tienes deseos de cantar al Señor. ¿Por qué no lo sentiste antes? Lo que pasaba es que tu espíritu, que es el elemento que Dios ha creado para conectarse con la dimensión del Espíritu Santo, estaba dormido.

No había forma de que tú te engancharas con Dios, porque el espíritu humano estaba en una posición de inactividad. Entonces, cuando conociste al Señor, te conectaste con el Espíritu Santo, y allí empieza a fluir la vida de Dios sobre ti de un modo abundante, aunque física o emocionalmente no sientas nada.

Allí es donde nuestra alma empieza un proceso de limpieza. ¿Por qué? No te olvides que dijimos que en nuestra alma está la voluntad, las emociones y está nuestra mente. Si ustedes se dan cuenta, la parte consciente de nosotros, está ligada al alma.

Ahí está nuestra tenacidad para salir adelante, para hundirnos, está nuestra mente, de donde nacen todos los pecados, y también está el corazón que nos lleva a situaciones de alegría y también de tristeza. Por eso es fácil entender que el alma se constituye en el elemento más complicado de trabajo.

Es nuestra alma el problema, y esa lucha está explicada en Romanos 7, cuando Pablo dice: Mira, en mi espíritu yo quiero hacer esto, pero en mi cuerpo encuentro una ley que me rompe con la ley de mi espíritu, porque hago lo que no quiero y lo que quiero hacer, no hago.

Él está explicando, justamente, esta dicotomía entre el cuerpo y el alma, de personas que han conocido a Cristo. O sea: el Espíritu Santo entró al espíritu del hombre, y entonces tu espíritu está dispuesto, más la carne es débil.

Y luego tenemos nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es el que menos sufre el impacto de la conversión, del nuevo nacimiento. Si se pudiera hacer una escala porcentual, diríamos que tú espíritu es el que más recibe; luego está tu alma, que cada día tiene que ir cambiando tu manera de pensar para que cada vez más tu voluntad se rinda al Señor.

Porque tú te conviertes un día cualquiera en una situación cualquiera. Sea en un templo, en un grupo, en un lugar al aire libre, en un mano a mano con otra persona, como sea. Te conviertes, aceptas al Señor y sales contento a disfrutar de tu nueva vida de cristiano.

Ahí viene cuando al subir a tu auto cierras la puerta con escaso cuidado y te aprietas y machucas un dedo. Se te saltan las lágrimas del dolor. ¿Cuál va a ser tu reacción? ¿Vas a decir gloria a Dios me machuqué este dedo para su gloria?

¡No! ¡Vas a lanzar toda esa palabrería que hasta hoy tenías a mano para casos como este! ¿Pero cómo puedo decir estas palabrotas si recién acabo de aceptar a Cristo? Bienvenido a la reprogramación de tu alma, hermano.

Tu alma tiene que pasar por un proceso de re-entrenamiento, y ahí están todos los consejos que Pablo nos da: que hablemos conforme a la verdad, que renovemos el espíritu de nuestra mente, etc. Y nuestra mente, nuestra voluntad y nuestro corazón va a llevar su tiempo ser tratados por Dios.

Hasta que un día, al fin, podamos decir lo que Pablo dice: Ya no vivo yo, más Cristo vive en mí. Pero hasta ese día, tú vas a encontrar que todavía que a tu alrededor, supuestamente cristiano, todavía nacen niños fuera del matrimonio, que hay gente que cae en adulterio, jóvenes atados a la pornografía y una serie de cosas más con Espíritu Santo, Biblia y todo. ¿Por qué?

Porque el alma sigue siendo, todavía, el campo de batalla en el que tanto la luz y la vida de Dios está peleando contra la oscuridad y las bajas pasiones del infierno. Pero nuestro cuerpo, entonces, ¿Qué va a recibir como fruto de la salvación?

Simple: un día, vamos a resucitar. Nuestro cuerpo va a ser glorificado. Si el Señor no viene antes que cada uno tenga que partir, ahí se cumple la palabra de que el Señor descenderá con voz de mando, con voz de arcángel, con voz de trompeta de Dios, y nuestro cuerpo será glorificado.

Si el Señor viene antes, igualmente nuestro cuerpo será glorificado. ¿Por qué? Porque si no es imposible que alguien pueda contemplar al Creador. Ahora bien; a la luz de todo esto, podemos ver que el hombre enfrenta diferentes luchas.

El tema es importantísimo para que no pensemos que todo lo que nos pasa necesariamente es demoníaco. El primer campo de batalla que nosotros tenemos es con nuestra propia carne. Si tú vienes conmigo a la carta a los Romanos, capítulo 8, podrás ver algo que incluso está en muchos otros versos.

(Romanos 8: 7) = Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

La carne no puede sujetarse a la ley de Dios. Dicho de otro modo: no puede un odre viejo, recibir un vino nuevo. Tu carne no puede regenerarse, no puede cambiar, no puede entrar a un centro de rehabilitación.

Ahora bien; la religión sí quiere rehabilitar a la carne. Pero resulta ser que nosotros no hemos recibido un espíritu de religiosidad, sino un espíritu de vida. ¿Qué es lo que la carne puede hacer? La carne es toda nuestra tendencia natural. A veces nosotros manejamos términos y no terminamos de entender de qué estamos hablando, La carne es nuestra tendencia natural.

Luego tenemos el mundo como nuestro siguiente elemento de confrontación. La Biblia nos enseña que nosotros tenemos una batalla contra el mundo, también. Es una batalla que la libraron todos los hombres de Dios, y nosotros también deberemos librarla.

(Santiago 4: 4) = ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Y por último, nosotros también tenemos al diablo como enemigo. Y ahí está el famoso texto que todos conocen, en la carta a los Efesios, que dice que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados y potestades, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.

Es decir que el diablo viene también para pelear contra nosotros. Dice Efesios 6:11: Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. O sea, entonces, que el hombre tiene una regia batalla contra tres enemigos formidables: la carne, el diablo y el mundo.

No es poca todavía la gente que anda buscando a un ministro para que lo libere de algunos problemas, cuando en realidad lo que necesitan no es liberación, sino a alguien que les enseñe como vencer su propia carne.

Existen los demonios, el mundo espiritual y las tinieblas, pero no todo es demonios, no todo es espiritual y no todo es tinieblas. Hay muchísimas cosas en nuestras vidas que se vencen con voluntad. Es un punto a tener muy en cuenta, tanto para lo propio como para lo ajeno.

Cuando hablamos de carne, estamos utilizando una palabra que Pablo la utiliza en el Nuevo Testamento, que es sarks. ¿Qué es la carne? Vamos a ver tres elementos que nos van a ayudar. En primer lugar, es la parte más baja del hombre.

Cuando se habla de baja, se habla de la parte más impura del hombre. No está hablando de nuestro cuerpo, sino de una notoria tendencia en el hombre para hacer las cosas malas. Tu cuerpo es una maravillosa obra creada por Dios.

En segundo lugar, la carne es también la propia incitación que alguien tiene hacia el pecado. Lo que te nace dentro para ir hacia el pecado. Por ejemplo: si tú eres una persona a la cual el alcohol no te atrae, es demasiado tonto suponer que el diablo te va a tentar con una botella.

Lo que sucede es que la mayoría de las personas ya tienen dentro de sus genes, una tendencia específica para hacer lo que está equivocado. Otro ejemplo. Vete a una cárcel y hazle a los presos, a los internos, a los reclusos, esta pregunta:

¿Cuántos de ustedes han tenido padres que han estado también en la cárcel? Está probado que entre el setenta a setenta y cinco por ciento de los reclusos, provienen de familias cuyos jefes o padres también estuvieron afrontando condenas carcelarias. Eso me hace ver algo: que la gente ya nace con una tendencia a ciertos problemas. Eso es lo que se llama Iniquidad.

En tercer lugar, la herencia de nuestra naturaleza de pecado. Nosotros hemos heredado de Adán esa capacidad de inclinarnos más a hacer lo que no debemos hacer, que a lo que sí debemos hacer. A la luz de esto, Pablo nos habla de que el hombre tiene una mente carnal, pero también nos habla de que hay un cuerpo carnal.

(Romanos 8: 7) = Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden.

Los designios. Habla de los pensamientos, habla de la mente carnal. Dicho de otro modo, la mente carnal piensa en las cosas que son de la carne.

Y tenemos lo que es el cuerpo carnal. Colosenses 2: 11 dice: En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo.

Esto quiere decir que la carne está presente en todos los seres humanos, porque es parte de su naturaleza, pero también está el viejo hombre. Y es diferente el viejo hombre a la carne. Y a este tema, aun los hijos de Dios lo confunden.

(Gálatas 5: 17) = Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, (Eso se llama confrontación) y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Aquí es donde entiendes Romanos 7, se oponen. Existe sobradamente esta lucha en el pueblo. Gente buena que quiere servir sinceramente al Señor, y no puede. Y cae, y cae, y cae. Y tú que deseas ayudarlo piensas: ¿Qué tengo que hacer para que mi hermano ya no caiga en esto?

A lo largo de un año, muchos, muchísimos hombres de Dios caen, por ejemplo, en adulterio. La gran pregunta, es: ¿Cómo puede ser que el Espíritu de Dios no pueda hacer algo más radical, más contundente y cambiar eso que está afectando a tantas vidas?

Yo te voy a pedir, una vez más, que trates de entender que hay una diferencia entre la carne y el viejo hombre. ¿Y cuál es la ventaja de conocer bien esto? Mucha, porque allí, teniendo en claro esto, vas a identificar con precisión al enemigo que tienes cerca.

(Romanos 6: 6) = Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Punto primero: cuando hablamos de esto, para poder entender, tenemos que saber algo: el viejo hombre es el conjunto de tendencias pecaminosas que estaban ancladas en el pecado de Adán, que provocaban que nosotros pecáramos.

Es imposible que una persona, sin ayuda de Dios, pueda vivir sin pecar. No se puede. Lo dice Pablo, estamos vendidos al pecado. No hay forma. Entonces, Dios hace algo extraordinario. Cristo en la cruz, se encargó del viejo hombre, pero no de la carne. De la carne, te encargas tú.

La diferencia entre una cosa y la otra, es esta: el viejo hombre, es la suma de tendencias que usa la carne para hacerte pecar. Esa tendencia, esta naturaleza que tenías dentro antes de conocer al Señor, te impedía que fueras una persona que pudiera vivir sin pecar.

De tal forma, que cuando Cristo va a la cruz, lo que hace es tomar al viejo hombre, es decir: toda la tendencia heredada, todo aquello, y lo pone en la cruz de tal forma que, si ahora pecamos, es porque queremos, no porque alguna fuerza misteriosa u oculta nos obligue.

Porque ahora podemos elegir, mientras que antes no podíamos elegir, pecábamos mucho antes de darnos cuenta que estábamos pecando. Porque estabas vendido al pecado, eras esclavo del pecado. Pero Cristo viene y nos quita al hombrecillo que nos hace pecar y lo clava en la cruz con Él.

El viejo hombre, fue crucificado. Entonces ahora tú te rascas la cabeza, me miras de manera imaginaria y me dices: ¿Y entonces por qué todavía peco? Simple, porque tu carne todavía no se lo cree, no ha entendido que ahora tiene la capacidad de vivir sin pecar.

Como dice Jesús en Mateo 5:48: Sed perfectos, como vuestro Padre en los cielos, es perfecto. Piensa por un momento: ¿Cómo Jesús te va a pedir que seas perfecto, si Él sabe que no puedes serlo? Cambia el chip. Si él te está diciendo que seas perfecto, es porque tú puedes ser perfecto.

Es simple, pero el problema radica en que tu fe no ha desarrollado a la estatura de poder creer esta palabra de Dios. Entonces tú mismo te vendes al pecado vez tras vez, asumiendo que nunca vas a poder dejar de pecar. Una endeble mentira convertida en una inconmovible verdad interna. Engaño.

La Biblia habla de esto. Él dice que ha destruido el objeto del pecado. Y nosotros, como cristianos, debemos creer que efectivamente fue así, que Jesucristo trató con este asunto y lo resolvió. Pero resulta ser que la iglesia se quedó aquí abajo, con el estigma y el paradigma de que no puede.

Y cada vez que menciono en alguno de mis trabajos la palabra paradigma, siempre llega algún correo preguntándome qué cosa puntualmente es un paradigma. Puedo dar un pequeño ejemplo. Tú sabes que los latinoamericanos tenemos una forma de pensar, los europeos tienen otra y los norteamericanos otra más.

Tan efectivo es esto, que en base a eso, todos nosotros ya actuamos en función de ciertos conceptos. Entonces, cuando entramos a un lugar que es un espacio cerrado, inmediatamente vamos a pensar que allí está faltando el aire. ¡Y al cabo de unos minutos te estarás ahogando, aunque el oxígeno sea el mismo que del lado de afuera!

Tenemos tendencia a creernos cosas que de ninguna manera son ciertas, pero están allí desde hace años y nadie las ha discutido. Hemos abierto nuestros oídos a supuestas verdades que jamás se han comprobado cómo ciertas, pero que las hemos asumidos como ciertas sin examinarlas.

¿Qué es un paradigma, entonces? Una estructura limitante de pensamiento, que genera una conducta condicionada. Entonces debes establecerte en esta verdad. Jesucristo nos ha dado, no solamente un espíritu maravilloso que es el Espíritu Santo, sino que mi propio cuerpo tiene la capacidad creada por Dios para funcionar en cualquier nivel.

Entiende esto: Dios creó las montañas, y tú puedes subir a las montañas. Dios creó el mar, y tú puedes nadar en el mar. Dios ha hecho un desierto, y tú puedes caminar por ese desierto. De hecho, en la antigüedad fueron muchos los hombres de Dios que vivieron en el desierto.

Nuestros cuerpos son tan maravillosos que están diseñados para ambientarse y dominar por sobre la creación. ¿Y entonces por qué no lo hacemos y nos limitamos en muchos lugares pensando que no podemos ir a ellos? Por causa de los paradigmas que tenemos.

De la misma forma, se ha aceptado como iglesia, que es imposible vivir sin pecar. Pero resulta ser que la Biblia dice que nosotros podemos vivir sin pecar. El asunto es que resulta más fácil que creas que Dios es tu sanador, por ejemplo, a que Dios es tu santificador.

Parece una barbaridad lo que digo, pero si haces una encuesta donde quieras, tendrás tu respuesta. Hay más gente que cree que Dios puede hacer un milagro de sanidad, prosperidad o lo que sea, que gente que cree que puede vivir sin pecar.

Jamás se detuvieron un momento a pensar qué podría ser más importante para Dios, si darte un trabajo o sanarte una dolencia, o que tú vivas sin pecar. El viejo hombre fue destruido, ¿Lo crees? Esto quiere decir que, si el viejo hombre fue destruido, la carne ya no tiene al que le generaba el problema.

Pero esas cosas pasan el día que tú vienes a Cristo. Has sido un mal hablado durante tantos años, por ejemplo, o has tenido pensamientos feos durante tantos años, que hoy te cuesta trabajo pensar que puedes vivir una vida santificada.

Yo declaro, y hazlo tú también, que la voluntad de Dios es nuestra santificación. Jesús lo dijo. La palabra lo establece. Y si la cruz no tiene la capacidad de hacernos vivir en victoria y en santidad, entonces déjame decirte que la victoria que nos dio la cruz es demasiado pobre.

Ahora pregunto: ¿Cómo es posible que el pecado de Adán, (¿Cuál fue el pecado de Adán? El comerse un fruto, ¿No es así? Imagínate el fruto que tú quieras, por tradición la tenemos con la pobre manzana), afecte tanto al hombre de hoy?

Él se comió ese fruto y, en el momento en que sea lo que sea que haya comido, pasó de su garganta a su estómago, él pecó. Ahí cayó, se acabó su destino eterno en ese momento. Yo te pregunto ahora: ¿Cuánto se supone que tardó Adán en comerse ese fruto?

¿Un minuto? ¿Dos? ¿Cuánto tiempo necesita el Hijo de Dios para reparar lo que Adán destruyó? Si el fracaso de Adán fue tan tremendo, yo establezco por la palabra, que la victoria de Jesús fue mucho mayor. Y de que así como en Adán fuimos atados al pecado, en Cristo fuimos libertados por completo.

De tal forma que hoy día, el que quiere pecar, peca por elección, no por condicionamiento. O sea: antes no podíamos vivir sin pecar, pero ahora sí podemos. De tal forma que si tú estás pecando, es porque tú quieres pecar. Y eso, Dios lo sabe.

Ahora vamos a entrar a otro grupo. El grupo de gente que conoció al Señor, que el viejo hombre fue destruido, pero aún no tiene la capacidad de no pecar. Y eso es porque hay demonios ligados al pecado. Pero esa es otra historia que ya vamos a entender.

La Biblia nos habla acerca de lo que son las obras de la carne. En Gálatas capítulo 5 y versos 19 al 21, dice: Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y osas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Ahora bien; entendiendo esto,  Vamos a verlo más profundo. Habíamos dicho que el alma es el depósito, el centro de las emociones, de la voluntad y de la mente. Ustedes van a descubrir que, justamente este grupo de elementos que se generan en el hombre, a causa del pecado, han producido un efecto en cada uno de estos centros de gobierno que el hombre tiene.

Me explico: la inmoralidad, o la impureza, la sensibilidad, va a atacar a cierta parte del alma. De la misma forma la idolatría, la hechicería, atacan a cierta parte del alma, más o menos así: las emociones que están ubicadas en el alma, normalmente son atacadas por el rechazo, por los celos, por la perversión y por la rebeldía.

Por otro lado, la voluntad es el blanco de ataque del ocultismo, de la falta de perdón, de la amargura, del alcoholismo. Si tú hablas con un alcohólico, vas a darte cuenta que él es consciente que con su adicción está destruyendo su familia.

Está destruyendo su vida, su economía. Lo sabe. ¿Lo sabe? ¿Y entonces por qué no sale de allí? No puede. ¿Sabes por qué no puede? Mira dónde está ligado el alcoholismo con relación al alma. ¿En qué parte? Con la voluntad.

La voluntad ha caído bajo gobierno de esta adicción, y no puede liberarse a sí misma. Necesita la ayuda de alguien. Necesita que un hijo de Dios sane esta parte del alma, y pueda quitar al alcoholismo de la voluntad del hombre.

Y, automáticamente, porque él no es tonto, su cerebro funciona. Se está quemando las neuronas, pero sigue pensando bien. Sabe que está perdiendo todo por causa de esa adicción, pero no puede dejarla. Porque este problema está atacando, justamente, su voluntad.

Tenemos la mente. El abuso, la ira, la lujuria, el temor. Porque una persona, cuando pasa por una situación de abuso, su mente queda afectada por años. Quizás fue un abuso físico. ¡No le tocaron la mente, sólo le tocaron el cuerpo!

Pero la mente, que está muy ligada al cuerpo, queda afectada por años, y en sueños va a seguir viendo cosas de manera que, cuando esa persona quiera entablar una relación emocional o sentimental con alguien, no se anima.

Tiene pensamientos de auto acusación, siente que lo que le pasó, fue por su culpa. Y mucho peor todavía; siente que quizás se merecía eso que le pasó. ¿De dónde sacará esas conclusiones? Pues ahí está: las obras de la carne que Gálatas nos menciona en esos tres versículos, también son afectadas por diferentes esferas.

De rechazo, de abuso, etc. Y ahí va. Las tinieblas utilizan estas armas para atar a la gente. O sea que, cuando las tinieblas vienen y tocan tu puerta, será para atacar un área específica. Sea tu mente, sea tu voluntad o sea tus emociones. Las ata de tal forma que la persona queda inactiva y no puede desarrollarse.

La pregunta inmediata, es: ¿Cómo podemos darle victoria a una persona sobre la carne? Nos da la respuesta, Pablo. Te voy a pedir que vengas conmigo a Romanos 6 y verso 12. : No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias, (13) ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.

En pocas palabras: ¿Cuál es el remedio para la carne? El remedio para la carne, es la cruz. Te voy a pedir que tengas especial cuidado en lo que dice el verso 12: No reine el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias.

Si yo elijo dejarme seducir por mi carne, y no estoy hablando de diablo, no estoy hablando de tinieblas, estoy hablando en este momento, de la tendencia que tenemos hacia el pecado. Dice: Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado.

¿Eso quiere decir que tú puedes presentar tus miembros al pecado? Exacto. Sino, presentaos vosotros mismos a Dios, como vivos entre los muertos, como instrumentos de justicia. Ahora bien; ¿Cómo se produce el pecado?

Vamos a entender la dinámica del pecado. Para que haya pecado, se necesitan dos componentes: una naturaleza humana, ahí está lo que es la carne, y una naturaleza espiritual. Ahí están las tinieblas y todo el poder que ellas tienen para afectar a los hijos de Dios.

Dice la palabra en Proverbios capítulo 14, verso 12, dice: Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte. Mi naturaleza humana, a la hora de elegir, se equivoca. Parece que lo que elegí no es tan malo y sin embargo resulta que era muy malo.

Por el otro lado, la naturaleza espiritual, y no está hablando de nuestra naturaleza espiritual, sino de las tinieblas, de los elementos de lucha contra los que nosotros tenemos. 1 Corintios 10, verso 13, dice: No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

Dicho entonces, claramente: para que haya un pecado tiene que haber, número uno, una mala decisión, (Hay caminos que parecen derechos). Dos: hay una fuerza demoníaca que quiere hacerme pecar, pero que no puede obligarme a hacerlo.

Puede persuadirme, puede tentarme, pero no puede obligarme a pecar. A causa de nuestras decisiones equivocadas y a causa de la tentación, se produce algo: una decisión. Eso quiere decir que nadie peca solamente porque fue tentado.

Sino que, para que pecara, también él decidió pecar. ¿Estás de acuerdo con eso, verdad? O sea que tiene el cincuenta por ciento de responsabilidad el diablo, y el otro cincuenta por ciento es tu responsabilidad.

Si el diablo sólo tienta pero tú no cedes, ¿Hay pecado o no hay pecado? No hay pecado. De eso está hablando Corintios. Puedes ser tentado, pero si tú resistes la tentación, no por eso has pecado. Son los espíritus demoníacos, las tinieblas, quienes instrumentan la tentación.

La muerte provoca separación de Dios. ¿Qué es lo que los espíritus demoníacos pueden hacer? Solamente pueden tentarte. Lo demás, entiende, es tu decisión. El pasaje más claro que tenemos está en la carta de Santiago, capítulo 1.

(Santiago 1: 14) = sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia, (¿Sabes qué significa concupiscencia? Apetito. Cuando de su propio apetito), es atraído y seducido.

(15) Entonces, la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Eso me lleva a una conclusión: detrás de cada pecado, hay un espíritu inmundo. ¿Por qué? Porque es el espíritu inmundo el que instiga la tentación. Míralo así: cada vez que el infierno quiere hacerte pecar, necesita saber cómo hacerlo.

¿Cómo puede lograr alguien que una persona aparentemente sobria, caiga en un pecado? Va a una base de datos. Esa base de datos, se llama la carne. Y examina esa base y dice: Vamos a ver a qué le tiene concupiscencia esta persona.

Comienza a ver toda esa información y dice: ¿Ah, sí, eh? Su debilidad es Tal cosa. Entonces, envía un emisario del infierno con una agenda. La concupiscencia, la debilidad, el apetito, el punto débil, el punto flaco de tal persona, es este.

Por eso dice Santiago que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Cada vez que un hijo de Dios cae en pecado, hay un culpable que es demoníaco, hay un demonio que lo instigó. Pero también estuvo su propia decisión de ceder a ese pecado.

A la luz de eso, Pablo nos habló del pecado y de este problema. Tenemos por un lado el cuerpo, el alma y el espíritu; cada parte maravillosa con las que Dios nos ha creado. Y Pablo dice: Hermanos, les ruego, no deis lugar al diablo.

Es muy interesante ese verso. No deis lugar al diablo. ¿Qué significa eso? Efesios 4:27. Nuestro amado apóstol y hermano Pablo, nos está revelando que, para que nosotros caigamos en pecado, hemos tenido que ceder un espacio de gobierno en nuestras vidas, a las tinieblas.

(Efesios 4: 26) = Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, (27) ni deis lugar al diablo.

Ahora bien; ¿Cómo es que no le doy lugar al diablo? Respuesta simple y bíblica, mira el verso siguiente. El que hurtaba, no hurte más. Fíjate que no dice que debes reprender a un espíritu de hurto. Dice que el que hurtaba, no hurte más.

Sino trabaje, haciendo con sus manos, lo que es bueno. ¡Qué tremendo! ¿No? Al entender que tú eres quien le da lugar al diablo, también eres tú quien puede negarle ese lugar al diablo en tu vida. Puedes decirle como le dijo Jesús: Tú no tienes parte conmigo.

Una parte del trabajo, lo hace el Espíritu Santo. Pero la otra parte, la hace tu propia voluntad. Hay gente que está tan atada que no puede liberarse a sí misma. Y esa gente es a la que todos los que escuchan esto y lo aprenden, algún día podrán ir a ayudar.

El segundo enemigo que tenemos y lo he mencionado hace un momento, es el mundo. El mundo es nuestro adversario, y déjame decirte que es un adversario formidable. En la Primera Carta de Juan 2:15, dice que no debemos amar al mundo.

También en 1 Juan 5:19, nos dice el apóstol que el mundo es el sistema sobre el cual gobierna Satanás. También Jesús en el evangelio de Lucas, nos advierte del mundo; dice que el mundo nos tienta a avergonzarnos del Señor Jesucristo.

Pablo nos habla en 1 Corintios 1:18 y dice que el mundo exalta su propio sistema, intelectual, y rechaza la verdad de Dios. Porque para el mundo, nuestro evangelio es locura. El mundo tienta a los creyentes a ajustarse a las normas establecidas por la sociedad.

Y a eso lo puedes comprobar fácilmente con la moda. ¿O no ha estado obligando la moda a que las jóvenes de las iglesias se vistan de cierta forma que no siempre es correcta? Porque no es novedad que las modas y otras costumbres del mundo, han entrado a la iglesia.

Porque es muy cierto que la iglesia, como tal, está resistiendo los embates del diablo, pero tan cierto es que progresivamente, con lentitud pero con firmeza, todas sus estratagemas se están metiendo dentro de las congregaciones y produciendo descalabros en ellas.

Y esto nos lleva a una clara conclusión: el mundo es un sistema espiritual de elementos que se oponen a Dios. La palabra usada para ese mundo que es nuestro enemigo, es kosmos. Hay varias palabras para mundo. Está ekumeno y está kosmos.

Pero resulta que Dios creó al mundo, y no extraña por ello que en Juan 3:16 se diga que de tal manera amó Dios al mundo. Pero está más que claro que aquí no se está hablando del mundo como sistema que se opone a Dios específicamente.

Ahora pregunto: Nosotros, ¿Tenemos una respuesta frente al mundo? ¿Podemos tener victoria frente al mundo? Sí; la Biblia nos dice que nosotros podemos tener victoria. Y esa victoria es nuestra fe. La palabra nos habla claramente en 1 Juan capítulo 5, que la victoria que ha vencido al mundo, es nuestra fe.

Recuerda que estamos hablando, en líneas muy globales, de lo que son los enemigos de Dios y del creyente. Hemos hablado de la carne. Porque no importa cuántas sanidades espirituales tú le hagas a alguien. Si alguien no quiere cambiar sus hábitos, no importa quién le ore. Esto no va a ser permanente.

La persona tiene que cambiar. El que hurtaba, no hurte más. Y allá vamos, el que mentía, no mienta más, el que fornicaba, no fornique más. ¿Qué le dice Jesús a la mujer sorprendida en adulterio? Vete y no peques más.

A la otra persona con la que Jesús se encontró, le dijo: vete y no peques más, no sea que te venga algo peor. No basta lo que el Espíritu Santo pueda hacer contigo. Tú mismo deberás modificar tu conducta. Por otro lado está el mundo, con todo el arsenal con el que bombardea a la iglesia. Pero es sencillo, porque dice que la victoria que ha vencido al mundo, es nuestra fe.

¿Y qué es nuestra fe? Yo sé quién soy. Yo sé dónde estoy. Yo sé lo que tengo. El mundo no me atrae porque yo sé en quién he creído.  Nuestra fe. Entonces, el mundo viene con toda su seducción, pero si tú estás plantado, no simplemente en la percepción de que estás en Dios, sino que tú conoces a Dios, conoces el mundo espiritual, conoces el espíritu que está detrás del mundo, tú no caes.

Viendo todo esto, la conclusión primaria que podemos extraer, es que somos puertas. Puertas por las que el Espíritu Santo puede entrar y bendecir nuestras vidas, pero también puertas por las que el enemigo puede filtrarse y arruinarlas.

De ahí el hermoso salmo que dice: alzad vosotros, puertas eternas, vuestras cabezas. Le estaba hablando a la iglesia, allí; nos estaba hablando a todos nosotros. Y entrará el rey de gloria. Precisamente, el rey de gloria puede entrar por nosotros, pero también la oscuridad puede entrar por nosotros.

A la luz de esto, es importante hacer dos aclaraciones. La primera, es que por muchos años ha habido un brazo de la iglesia cristiana que se ha opuesto enfáticamente a la premisa de que un cristiano pueda tener demonios en su propia vida.

Entonces tenemos a una gran cantidad de la iglesia que dice que es imposible que un hijo de Dios pueda tener demonios. Por el otro lado, otra gran parte de la iglesia dice que sí, que eso es posible. Un cristiano sí puede tener demonios.

Yo, particularmente, pienso que sí, que un cristiano puede tener demonios. He ministrado a gente con demonios que era cristiana. He visto en las formidables campañas de Carlos Anacondia, manifestarse a gente que luego debe ser llevada a la carpa de liberación y, en todos los casos, eran gente que iba a una iglesia.

Sin embargo, hay que decir que en la práctica, las dos posiciones son absolutamente correctas, y te explico por qué. Se puede creer, como dicen los primeros, que una persona que ha nacido de nuevo, no puede tener demonios.

El conflicto, aquí, es este: ¿Qué se entiende por nacer de nuevo? Estamos acostumbrados a conversiones masivas de decenas de miles de personas que, por una oración, creen que ellos ya están con todo resuelto, cuando en la práctica, Jesús, nunca habló de que simplemente fuera una oración la que puede cambiarnos.

O sea: lee lo que dice Romanos, que si crees con tu corazón y lo confiesas con tu boca, serás salvo. Pero también creo en lo que Jesús dice: el que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.

Yo no puedo desconectar el mensaje del evangelio y separarlo de estos dos puntos tan importantes. Por un lado, sí debes creer y confesar. Ese es el instrumento que Dios utiliza para decir: “Sí, él es mío”. Pero por el otro lado, está el hecho de que yo debo decidir, voluntariamente, tener una vida íntegra, y renunciar a toda forma de pecado con la que haya vivido antes.

No es posible que tú pienses que porque has hecho una oración de un par de minutos con los ojos cerrados, ya todo está bien y ya eres un hijo de Dios. Pero sigues mintiendo, sigues fornicando, sigues siendo murmurador o sigues siendo una persona que juzga.

La palabra dice que ninguno que es fornicario, idólatra, o aquello y lo otro, heredará el Reino de Dios. Entonces, tenemos que encontrar un punto de equilibrio. ¿Y cuál es el punto de equilibrio? Ciertamente somos salvos por creer en nuestro corazón y confesar con nuestra boca.

Pero Dios nos exige que nos apartemos del pecado. Dice la palabra que Dios conoce quienes son suyos, y apártese de iniquidad todo aquel que invoque el nombre del Señor. No se puede concebir que sea normal que un cristiano viva atado al pecado.

O es cristiano, o no lo es. Ahora bien; el conflicto por el cual estos dos grupos de la iglesia no coinciden, es porque ellos tienen una dificultad. El hombre es un ser tripartito. Una parte de él es cuerpo, otra parte es espíritu y otra parte es alma.

Las tinieblas y los demonios operan en la esfera del alma, no en la del espíritu. Si tú hablas con un defensor de la posición teológica que dice que no es posible que un cristiano tenga demonios, te va a decir que no es posible que el Espíritu Santo que mora en los cristianos pueda convivir con un espíritu inmundo.

Y eso es absolutamente cierto, es verdad. Sin embargo, lo que este grupo no está viendo con claridad, es que el Espíritu Santo habita en el espíritu del hombre, mientras que los seres inmundos habitan en el alma del hombre.

Y son dos lugares que, aunque están conectados, tienen autonomía. Y a esa autonomía Pablo la explica en Romanos 7, cuando dice: ¿Por qué no hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero? Porque mi espíritu está dispuesto, pero mi carne es débil.

Ahí te puedes dar cuenta con total claridad que, mientas tu espíritu busca y anhela agradar a Dios y vivir conforme a su propósito y su voluntad, hay una parte de ti que se resiste a dejarse conducir por el Espíritu Santo de Dios.

Esa es una lucha diaria. Y en la medida que muramos a nuestro yo, el poder de Dios podrá cada día levantarse más, y pecaremos menos, y seremos personas que viven en una dimensión de Reino que verdaderamente el Padre quiere introducirnos.

Por eso es que podemos permitirnos decir que estos dos grupos de hermanos tienen la razón. Por un lado, un cristiano que realmente ha pasado por la cruz, que ha negado su vida, que cada día esa persona se sumerge en las aguas del Espíritu, que busca vivir agradando al Señor, podemos garantizarle que no tiene demonios.

Pero si se habla de esa gran cantidad de personas que se van convirtiendo de a poco; que le han entregado quizás su corazón al Señor, pero no todavía su billetera, o sus cigarrillos, o sus copas de alcohol, que siguen con el mismo carácter violento de antes, tú podrás sacar tus propias conclusiones.

¿Cuál es el deseo de Dios? Tesalonicenses lo explica: dice que todo nuestro ser, espíritu alma y cuerpo, sea santificado por completo. Ese es el deseo de Dios. Que todo nuestro ser sea santificado. ¿Pero sabes qué? Aunque la voluntad de Dios sea esa, nunca se producirá de facto.

Es el hombre quien debe ceder voluntariamente al trabajo del Espíritu. Por un lado tú tienes a una persona que tiene el Espíritu Santo; el Espíritu Santo habita en él, mora en él, pero su alma no se rinde a Dios, y él decide, (Ya entendimos como pecamos, ¿Verdad?) él decide ceder al pecado y, por tal razón, lo que esa persona podría hacer, no lo hace.

Y lo que no debería hacer, termina haciéndolo. De tal forma que su vida es un círculo constante de posibles victorias y permanentes fracasos, en el que no llega a haber en ningún momento, una verdadera manifestación de lo que Dios quiere hacer en su vida.

 

 

 

 

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septiembre 9, 2015 Néstor Martínez