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Áreas de Oscuridad

(Salmo 82: 1) = Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga.

(2) ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos?

(3) Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso.

(4) Librad al afligido y al necesitado; liberadlo de mano de los impíos.

(5) No saben, no entienden, andan en tinieblas; tiemblan todos los cimientos de la tierra.

(6) Yo dije: vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; (7) pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis.

(8) Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú heredarás todas las naciones.

Quiero ahora leer los mismos ocho versículos, pero en otra versión bíblica de reconocimiento global.

Dios ocupa su lugar en su congregación; él juzga en medio de los jueces.

¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente y favoreceréis a los impíos?

Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso.

Rescatad al débil y al necesitado; libradlo de la mano de los impíos.

No saben ni entienden, caminan en tinieblas; son sacudidos todos los cimientos de la tierra.

Yo dije: vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo; sin embargo, como hombres moriréis, y caeréis como uno de los príncipes.

Levántate, oh Dios, juzga la tierra, porque tú posees todas las naciones.

Este salmo tiene varias partes. No vamos a revisar una por una, porque sería una enseñanza por sí misma y aparte de esta. Pero sí vamos a mencionar algunas que nos van a ayudar a conectarnos con lo que hoy nos ocupa.

En principio, y por eso lo hice, van a notar que hay una diferencia entre la versión clásica y tradicional Reina Valera, que fue la primera que leí, y la otra versión, que obedece a la denominada “Biblia de las Américas”.

Y esa diferencia está puntualmente en el versículo 1. En una dice que Dios está en la reunión de los dioses, y la otra dice que ocupa su lugar en su congregación y juzga en medio de los jueces. En una versión, la palabra que se usa es dioses, y en la otra, es jueces.

Ambas funcionan muy bien. Ambas van de acuerdo con lo que Dios quiere proyectar en este salmo. La segunda cosa, es que en este salmo se muestra lo que Dios quiso para el hombre. Dice acá que Dios hizo al hombre como hijo del Altísimo, lo creó para que él gobernara, para que él sea juez, para que él sea representante de Dios.

Dios está en la reunión de los dioses, aquí no está hablando del Olimpo. Está hablando de los hijos que Él tiene. La prueba de esto, está en Juan 10. Jesús hace referencia a este pasaje. Hablando un día, en un muy interesante episodio, Él menciona este pasaje.

(Juan 10: 31) = Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.

(32) Jesús les respondió: muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿Por cuál de ellas me apedreáis?

(33) Le respondieron los judíos, diciendo: por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios. (Él había dicho: El Padre y yo, uno somos. Eso había dicho. O sea: Él es Dios, yo también lo soy. Entonces, la reacción de la gente es de indignación; toman piedras, lo quieren apedrear, y le dicen: Tú estás blasfemando, porque tú siendo hombre, te haces Dios)

(34) Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: yo dije: dioses sois? (¿Dónde estaba escrito eso? En el salmo que acabamos de leer. Salmo 82)

(35) Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (Y la Escritura no puede ser quebrantada), (36) ¿Al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? (Interesante. Aquí está diciendo: “Ya en la ley que ustedes creen, dice que los hijos de Dios son dioses”. Ahora; la generación que recibió esa palabra, era una generación mucho más pequeña que nosotros, en posición. Porque dice: A quien el Padre envió y santificó, hablando de sí mismo, de Jesús, dice: ¿Blasfemas? Aquí pone en un conflicto a los judíos, ¿Entiendes? Los pone contra la palabra.)

La segunda cosa que tiene este salmo, es precisamente esa: muestra lo que Dios quería en su corazón para el hombre. ¿Qué es lo que Él quería? Que ellos sean dioses. Que el hombre gobernara con Él.  La tercera cosa, es: ¿Cuál es el concepto de gobierno que Él espera?

Aquí habla de congregación. Y la palabra congregación, aparece muy pocas veces en la Biblia. Este es un pasaje donde aparece. Dice que Él está en la congregación de los dioses, o la congregación de los jueces. Esto que nosotros vemos en este día, y que nosotros llamamos “iglesia”, o lo que llamamos reunión, esto es: ese momento, juntos, si lo vemos bajo los lentes del Espíritu, es una reunión de dioses.

Es una reunión de jueces.  Y me temo que la iglesia no ha entendido eso. Y a consecuencia de eso, se produce lo que tenemos en el versículo 6. Yo dije: vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo. Sin embargo, dice luego, como hombres moriréis.

Aunque Dios quiso que ellos sean dioses, como hombres morirán. Y añade que como hijos de príncipe caerán. El corazón de Dios era que sus hijos, sean como Él. La iglesia de Dios, la genuina, inserta en todas partes del mundo, ha sido llamada para lo que está en los versos 3, 4 y 5.

¿Qué es eso? Legislar. O sea que no tiene mucho sentido que cantemos solamente de los ángeles que vemos. La congregación es una congregación de jueces, cuando en medio de ella, empiezan a sacarse veredictos.

Empezamos a declarar, a decretar, a establecer qué es justo y qué es injusto. Mira lo que dice el verso 2: ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente? Dios se lo está preguntando a la congregación. Verso 3: Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos.

Eso es lo que Dios espera de la congregación de los jueces. No que le digamos “aleluya” y “gloria a Dios” solamente, porque esa adoración Él ya la tiene en su trono. Lo que Él quiere es que seamos sensibles a las injusticias de nuestro alrededor, y que como congregación, las juzguemos.

No es posible que la iglesia de Dios sea indiferente al sufrimiento de la gente. Aquí está hablando de eso. ¡Defiendan al débil!, dice. ¡Hagan algo por el huérfano! Pero a causa de no haber creído, ¿Qué cosa? Que en inicio, son jueces. Que en inicio, son hijos de Dios. A causa de eso, lo que dice en el verso 7.

Ustedes, como hombres morirán. Y en el verso 8, dice: Levántate, oh Dios, tú juzga. ¿Por qué? Porque la congregación que tú has levantado, no quiere juzgar. Es un tremendo salmo, este. Está escrito en la época de David, pero ya habla de lo que la iglesia tiene que hacer hoy.

Por ejemplo: dice la palabra que cuando dos o tres se reúne en el nombre de Jesucristo, Él va a hacer todo lo que le pidamos. Ahora, claro; ¿Qué es lo que vamos a pedirle? ¿Vamos a seguir pidiéndole las cosas pequeñitas que a veces le pedimos?

Por ejemplo, por las necesidades de cada persona. La palabra dice que Él sabe de qué cosas tenemos necesidad, antes de que se lo pidamos. ¿Por qué debimos pedir, entonces, por cosas que son necesarias? ¿Acaso Él no las conoce?

Entonces, ¿Por qué cosas debe pedirle la iglesia cuando se reúne? Respuesta: versículos 2, 3 y 4. Por esas cosas. Por eso es inevitable que nosotros estemos atentos a lo que está pasando afuera. Porque la única alternativa que tiene este mundo de ver algo mejor, es que los que son hijos de Dios, los jueces, juzguen con justicia.

Pero, ¿Qué pasa cuando dentro de la misma iglesia hay injusticia? ¿Qué pasa cuando los mismos hijos de Dios son injustos? Su capacidad de dar veredicto, queda anulada. Si tan sólo entendemos este salmo 82, yo les puedo asegurar que gran parte de las dudas que tenemos respecto a nuestra posición en Cristo, se aclaran.

Donde quiera que tú te encuentres, si tú tienes claro que eres un hijo de Dios y así es como vives y actúas, tú serás una persona que va a provocar cambios en su medio ambiente en cuanto a la injusticia. No necesitamos hacer una manifestación, ni una huelga.

Esa es la manera en que el mundo expresa su repudio a la injusticia. Hay otras maneras que Dios nos ha permitido experimentar. Cuando como congregación nos reunimos, y damos veredictos, y hablamos, es que de verdad nosotros estamos cumpliendo con lo que hay en el corazón de Dios.

La tercera cosa. Dice que dios está en la congregación de los jueces. ¿Y qué hacen concretamente los jueces? Pensemos un momento en jueces. ¿Cómo resuelve las cosas un juez? Vamos a ver, supongamos que estamos en un juicio.

En un tribunal. Yo no soy abogado, pero estoy seguro que todos tenemos, más o menos, una idea aproximada de cómo funciona. Hay una cantidad de personas que van a encargarse de determinar el grado de culpabilidad o no de una situación determinada.

Pero, a partir de eso, aparece otro elemento más. El juez tiene que dar un veredicto. Entonces, en un momento dado él dice: “El acusado póngase de pie” Se pone de pie una persona, y el juez dice: “Ha sido hallado culpable, o inocente, y da una sentencia”.

De allí en más, él se desentiende. El juez no es el encargado de llevar a esa persona a la cárcel, abrir las rejas, ponerle el seguro y todo lo que se hace en una cárcel como método de seguridad. Él solamente hace una cosa: da una orden.

Da una palabra, da un veredicto. Habla. No tiene que hacer cumplir ese veredicto, él sólo lo da. Y así es: “Di la palabra, y será hecho”. ¿Se acuerdan de eso, verdad? “Señor, yo no tengo necesidad de que entres en mi casa”, le dice el centurión.

“Pero soy un hombre bajo autoridad, y cuando digo ve, alguien va.” Tú también estás bajo autoridad; sólo di la palabra, y será hecho. El centurión entendió mucho antes que los propios discípulos, el rol que Jesús tenía como juez.

Analicen un poco: Génesis 1. Y creó Dios los cielos y la tierra. ¿Y cómo los creó? Hablando. Dios no hizo pequeñas nubes con sus manos y luego las sopló, n o. ¡Él habló! Cuando Dios crea a Adán y Eva, (Y estoy hablando de Génesis 2:16-17) Él les da una palabra.

Él les dice: “Mira, no hagas esto. Puedes comer de este, pero no puedes comer de esto.” ¿Qué es, entonces, lo que le da Dios a Adán? Una palabra, una instrucción. Cuando la serpiente viene, ¿Viene con un arma? ¿Viene con una lanza? ¿Con qué viene a atacar la serpiente?

¡Con una palabra! “¿Conque Dios te dijo? ¡No, no! Tú no has entendido. El, en realidad, no te dijo esto, te dijo esto. ¡Porque Él sabe que el día que tu hagas esto, ciertamente, serás como Él! El ataque del enemigo, va dirigido al medio por el cual Dios dio su instrucción.

Cuando ellos pecan, Dios se acerca a ellos, (Estoy hablando de Génesis 3:15-17) Dios le dice a Adán: “Maldita será la tierra por tu causa. Espinos y cardos te producirá”. ¿Cómo se produjo ese gran daño? ¿Qué pasó? ¿Cuál fue el pecado de Adán, acaso comerse ese fruto?

No. ¿Saben cuál fue el pecado de Adán? Dudar de la palabra que Dios le dio. ¿Ahora entienden por qué siempre decimos que es importante escuchar lo que Él nos dijo? De eso depende nuestra vida. De eso depende nuestro bienestar, mañana. De eso depende que estemos en un lugar mejor o en un lugar peor.

Depende de escuchar atentamente lo que el Espíritu le está hablando a la iglesia, hoy. Escribe a la iglesia y dile. De eso depende. Yo puedo seguir haciendo iglesia, congregándome, ofrendando, siendo muy buena persona con los hermanos, pero hacerlo sin escuchar a Dios.

Sin escuchar lo que el Espíritu dice a la iglesia. ¿Y saben qué? No significa absolutamente nada. Voy a darte un ejemplo de cómo pesan las palabras, con un personaje bíblico que seguramente todos conocemos. Y quizás lo que más conocemos de este personaje, son las desventuras.

Vamos a hablar de Job. ¿Se han preguntado algunos de ustedes, alguna vez, por qué sufrió Job lo que sufrió? Yo creo que casi todos nos hemos preguntado eso alguna vez. Es el episodio donde menos entendemos a Dios, créemelo.

Y así hemos escuchado muchas teorías, y hasta nos hemos atrevido a enseñar algunas otras. Pero sólo cuando el Espíritu te trae claridad suma es que tus ojos pueden abrirse a todo el abanico espiritual que te rodea y compone de manera invisible parte importante de tu vida.

Ten la bondad de acompañarme al Libro de Job, capítulo 1. El tema de Job, es bastante complicado para poder asegurar respecto a cuál es el tema principal de ese libro. Porque en verdad, tendremos que decir que hay muchos temas dentro del libro de Job.

Sin embargo, vamos a correr el riesgo a partir de la utilidad que pueda tener para lo que estamos compartiendo. En gran parte, el tema central de Job, es este: ¿Por qué sufre el justo? Eso es, más o menos, lo que trata de responder este libro. ¿Por qué sufren las personas buenas?

¿Cuál es el problema, cuál es la situación? Capítulo 1 de Job. No voy a leer todo el libro de Job. Ustedes lo conocen bien. No voy a leer ni siquiera todo el capítulo 1. Porque parto del hecho de que hemos escuchado tanto de Job, que sabemos lo que le pasó. Sólo quiero hacerte ver algunos detalles más que interesantes. No te pierdas, por favor; no te distraigas.

(Job 1: 1) = Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. (A ver; era un hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Escúchame; si a este hombre con esas cuatro características le pasó lo que le pasó, ¿Qué quedará para cualquiera de nosotros? Perfecto. La Biblia Textual dice: Perfecto, honrado, temeroso de Dios, apartado del mal)

El primer punto que quiero que medites, es el siguiente: ¿Dónde vivía este hombre? Uz. No lo confundas con Ur, que es de donde sale Abraham. El nombre Uz, significa palabras. Entonces, yo podría leer más o menos así este versículo

Hubo un hombre, en la tierra de palabras, llamado Job. Y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Ustedes saben que muchos nombres en la Biblia, significan algo. Belén significa casa del pan, Jerusalén, ciudad de paz. ¿Qué significaba Uz? Palabras.

Eso dice uno de los diccionarios. Y este hombre tenía una familia muy linda; por lo menos así parece. Versículo 5. Después que ellos hacían sus fiestas, porque parece que celebraban los cumpleaños todos los hermanos juntos.

(Verso 5) = Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba (A sus hijos), y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: quizás habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días.

¿Cuál era la preocupación de Job? Que sus hijos hubiesen pecado. Pero, ¿Por qué tipo de pecado en particular tenía preocupación Job? Ahí lo dice. Que ellos hubieran maldecido. Ahí aparece en escena el diablo. Ustedes saben que en el capítulo 1, aparece el diablo. Se presenta delante de Dios y le hace un desafío a Dios.

(Verso 11) = Pero extiende ahora tu mano (Contra Job), y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema (Maldice) contra ti en tu misma presencia. (Vayan uniendo palabras.)

(12) Dijo Jehová a Satanás: he aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.

Y ustedes ya saben todo lo que le hizo. Pero a pesar de todo lo que él hizo, Job se mantuvo como en el versículo 1. Entonces vuelve a aparecer en escena Satanás ante el trono de Dios y retoma su ataque en forma de provocación.

(Job 2: 5) = Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. (Ahí empiezan las enfermedades de Job.)

(Verso 9) = Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete.

(Verso 13) = Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, (Sus amigos), y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.

(Job 3: 1) = Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día. (El día de su nacimiento)

Si ustedes leen del versículo 1 del capítulo 3, hasta el último versículo de ese capítulo, el 26, verán que en esos veintiséis versículos, Job maldice diecisiete veces. Que era lo que el diablo quería que Job hiciera. En el tercer capítulo, Job se quiebra.

Ahora bien; ¿Dónde se podría pensar que comienza a aparecer la perla, aquí? Una persona puede ser intachable, y recta, y justa. Dios es bueno. De hecho, debemos buscar vivir así. Pero el área más fácil de pecado de una persona, son las palabras.

La gran mayoría de los seres humanos, no vamos a cometer homicidios, no vamos a robar bancos, ni vamos a hacer grandes males. La gran mayoría de personas va a pecar siempre en un mismo tema. ¿Pueden notar ustedes que hay una unión entre lo que Satanás quería provocar en él, en el hecho donde él vivía, en lo que pasa con los amigos de Job que no dejan de hablar, tratando de explicar el dolor que él estaba pasando?

Un poco el tema que los amigos discuten, es este: si algo tan malo le está pasando a este hombre, tiene que ser porque este es un hombre injusto. Ellos se estaban apoyando en una declaración que era parte en algo que los judíos conocían desde siempre como ley inexorable.

¿Qué era? Que la maldición no viene sin causa. Entonces, su lógica era sencilla. Nosotros vemos solamente la apariencia de una persona, pero seguramente que él no es como aparenta ser. Por eso debe estar sufriendo lo que está sufriendo.

Y ellos, hablando, hablando y hablando, provocan un daño tan fuerte en la vida de Job, que no se puede explicar. Incluso su mujer, a la que no le pasa nada, pero que quizás era la que más lo merecía, porque si ustedes leen lo que esta mujer provocaba en Job, era sencillamente terrible.

Lo mejor que puede hacer una mujer cuando ve a su marido quebrarse, es callar. Consideren ustedes que fueron justamente las palabras de Eva las que le prepararon el camino en el corazón de Adán a la serpiente. Y es por eso que Pablo, luego, dice: a la mujer no le es dado hablar en la congregación.

¿Por qué? Porque hay un tema muy central en la mujer: la mujer habla de lo que siente. Y engañoso más que cualquier cosa, es el corazón. No es que la mujer sea más pecadora que el hombre; no es que la mujer debe callar; sólo es un ser más emocional que el hombre.

Y el tema es que, en la medida en que una persona habla de lo que siente, nada más, pierde la perspectiva de la realidad. Estos tres hombres, eran iguales. A mí me parece que tú has hecho esto, a mí me parece que tú has mirado a las vírgenes, a mí me parece que…

¡Job no había hecho nada de eso! El capítulo 3 es horrible, es el peor capítulo del libro de Job. Dice el versículo 3: perezca el día en que yo nací. Y la noche en que se dijo: un varón es concebido. Sea aquel día sombrío, y no cuide de él Dios desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca.

Versículo 8, mira lo que dice Job aquí. Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan para despertar a Leviatán. Leviatán es despertado por la maldición de la gente. Por eso es que él afecta las comunicaciones. Por eso es que él está metido con las aguas. Y dentro de ti también operan las aguas.

Somos seres, biológicamente hablando, con gran cantidad de agua. Es nuestro componente más grande. O sea que las aguas que están dentro de ti, reaccionan a lo que ocurre afuera. La manera en que hablas, provoca que Leviatán despierte. O no.

Y en el verso 11, dice: ¿Por qué no morí yo en la matriz, o expiré al salir del vientre? ¡Mira cómo se maldice solo! Y el diablo muerto de risa, sencillamente porque ese es su principal objetivo. Al diablo no le interesaban los hijos de Job. Tampoco le interesaban sus vacas, ni sus ovejas.

A él no le interesaba nada de lo que Job tenía, ni siquiera su salud. En el momento en que él maldice, pierde la capacidad de gobernar. Ya no sirve de nada su justicia, su rectitud, su intachabilidad, ya no sirven de nada. Lo perdió todo.

¿Qué pasó con Job? Quiero compartirte un secreto. Yo no sé por qué no hemos visto en la palabra, esto. El diablo siempre utiliza una misma estrategia para atacar a los hijos de Dios. La utilizó en el pasado con Job, la va a utilizar mañana con cualquiera, incluso contigo si cabe.

Si tú eres entendido, como dice Pablo en Corintios, y conocemos las maquinaciones del enemigo para que él no saque ventaja alguna, puedes ser una de las personas que no va a caer. Eso, si sabes prever lo que él va a hacer. ¿Cuál es la estrategia del diablo? Vamos a Juan, capítulo 10.

(Juan 10: 10) = El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

Dice que el ladrón viene para robar, para matar y para destruir. Fíjate que cada una de estas palabras, no es sinónimo de la anterior. No está hablando de una sola cosa adornada con tres adjetivos, sino que está hablando de tres cosas.

El diablo siempre tiene un ataque escalonado en tres etapas. Cuando él propina el primer golpe, él no va a parar hasta que pueda dar el tercer golpe. Te lo estoy anunciando hoy para que sepas a qué atenerte y como protegerte.

El ataca siempre en tres etapas. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo. Por eso Jesús lo descubrió. No te olvides que en este mismo capítulo, el aludió al salmo 82, ¿Recuerdas? ¡Ustedes son dioses! Está haciendo referencia a eso.

Es el capítulo en el que Él dice: Yo soy Dios. Es el único lugar de todo el evangelio donde Él dice eso, y provoca que todos se levanten en su contra. Es el capítulo en el que Él desenmascara la estrategia del diablo.

¿Qué cosa hace él? La primera cosa que hace, es robar. La palabra robar, en griego, es la palabra clepto. De allí viene cleptomanía. Un desorden en la conducta, que hace que una persona no pueda dejar de robar. ¿Y qué significa clepto? Hurtar, robar, tal cual.

La segunda palabra, es matar. La palabra matar es la palabra dsuo. Y tiene un significado muy interesante, significa respirar fuertemente. Soplar, humear. Vuelvo a la historia de Job. El primer ataque del diablo contra Job, es contra lo que él tenía.

Dice la palabra que estaban sus animales pastando, y de repente vinieron enemigos, y se llevaron todo lo que él tenía. Se llevaron sus camellos, sus vacas, sus ovejas, todo lo que él tenía. Dice que apenas sólo uno de sus siervos logró alcanzar a escapar.

Y va a la casa de Job y le dice: Mira, ha pasado esto. Toda tu riqueza, que eran los animales, se fue. Y dice: mientras aun hablaba, llegó otro siervo y le dijo: Señor, la casa donde estaban todos tus hijos, vino un viento… ¿Qué significaba matar? Soplar fuertemente.

Vino un tremendo viento del desierto y derrumbó la casa. Murieron todos, sólo yo alcancé a escapar. El diablo mató a la familia de Job, con un viento. La palabra matar, es tsuo. Significa respirar fuertemente, soplar, humear, sacrificar, matar por cualquier propósito.

La tercera palabra es destruir, ¿Recuerdas? La palabra destruir es la palabra apolumi, de allí viene Apolión, el destructor. ¿Y qué significa apolumi? Destruir. No tiene otro significado. El ataque contra Job, tiene tres etapas.

El primer ataque es contra sus finanzas. El diablo viene a robar. El segundo ataque es contra su familia. El diablo viene a robar y a matar. Mató su casa. Y el tercer ataque es contra su salud. Destruir. El diablo atacó a Job con un ataque en tres etapas: robar, matar y destruir.

Ahora escucha y entiende bien, para que no se te olvide jamás. Él, siempre hace eso. Ejemplo: una persona se convierte. Lo primero que suele perder, es su trabajo y su dinero. ¡Paf! Y gracias a eso algunos inventaron teologías bien tontas. “¡Ah, es que Dios te está probando a ver si eres sincero!”

Yo quiero hacerte una pregunta muy sencilla. ¿Tú crees que Dios necesita saber en qué punto o medida tú te quiebras? ¿De verdad crees que el que te hizo no sabe hasta dónde puedes o no soportar algo? El que te ha dado un nombre desde antes de que tu madre te tuviera en su vientre, ¿No tendrá la capacidad de saber hasta qué punto tú puedes soportar algo o no?

¿De verdad te has creído que Él va a caerle con un palo, con un garrote, a una persona que acaba de dejar su vida de pecado, y le va a quitar todo lo que tiene? ¡Por favor! ¿En qué Dios te han enseñado a creer? Dios no tuvo nada que ver en la pérdida económica de esa persona.

Ese es un ataque del diablo. El siguiente ataque que viene, es contra tu familia. Vas a tener problemas con tu familia hasta el punto de llegar a romper algunas relaciones. Porque lo que el diablo quiere, es que la persona vuelva atrás.

Que maldiga. ¿Cómo es esto? ¿Cómo se convirtió alguien? Bendiciendo, hablando. ¿Y cómo anulas tú, tu conversión? Maldiciendo, hablando. O sea: el objetivo de él, va por allí. No tiene que ver con quitarte nada. A él no le interesa ni tu auto, ni tu casa, ni nada material.

¡Es que el diablo robó mi auto! ¡Al diablo no le interesa tu auto! ¿Tú crees que el que cabalga en carros de fuego se interesará por tu auto modelo 2001? Esas cosas que te sucedieron, sí vinieron del diablo, pero no es porque a él le interese lo que tienes.

Hay un solo objetivo en él: que tú maldigas, que tú dejes de estar en la posición que estás por tu bendición a Dios. Cierto es que hay días que las cosas están bien malas, ¿Verdad? Son esos días que, cuando pones un pie en el suelo para levantarte, ya quisieras estar acostándote de nuevo para dormirte y evadir. Cuídate de tener la boca cerrada ese día.

Jesús lo dijo: “en el mundo tendréis aflicción”. Pablo dice: “cuando venga el día malo”. ¿Y saben por qué lo dice? ¡Pues porque va a venir! Él nos está anticipando que va a venir un día malo. Cuando se muere alguien, y todos hablan casi al mismo tiempo, tratando de explicar o explicarse por qué murió.

¿Sabes qué es lo mejor que puedes hacer, por respeto al que está sufriendo? ¡Callarte! Se muere la madre de una niña pequeña y va un hermanito y le dice: “¿Sabes qué? Tu mami era una hermosa estrella y Dios decidió llevársela con Él”

¿Qué? ¿Cómo? “¡Sí! ¡Ella cantaba tan bonito, tan como los ángeles, que Dios se la llevó para su coro personal!” – ¿Dios se llevó a mi mamá? ¿¿¿Dios me dejó sin mami??? ¿Qué Dios es ese? Cuando alguien sufre, lo mejor que se puede hacer es ponerse a su lado y llorar con él o, en todo caso, quedarte en sabio silencio.

Eso sería llevar la carga de otro. No ponerte a dar una explicación teológica sobre cuál es la razón por la cual quebró su negocio, o por qué se destruyó su matrimonio. ¡No tiene sentido! ¡Y mucho menos tienes derechos, ya que Dios es el único que conoce todas las causas!

Entonces, ¿Qué era lo que el diablo quería cuando destruyó tu familia? Quería que maldigas. La misma razón por la que Job perdió todos sus hijos. Entonces, esa persona soporta y supera el primer ataque, que fue el financiero.

El segundo vendrá contra su familia, que inmediatamente de él haber aceptado a Cristo, empezará a rechazarlo como si estuviera infectado de ébola. Si es ella, el marido la quiere echar de la casa. Si es él, ella quiere irse a vivir nuevamente con su madre. Y si es hijo, los padres lo echan de la casa.

¿Pero por qué me pasa esto, si yo lo único que quería era encontrar y encontrarme con Dios para ser mejor? ¡No estoy haciendo nada malo! ¿Por qué, entonces, es que yo no tengo aceptación ni en mi propia casa? Es el diablo que anda detrás de esto, destruyendo o matando las relaciones.

El tercer paso, es la enfermedad. Se manifiesta un cuadro de enfermedad. El diablo organiza su ataque en tres etapas. Robar, matar y destruir. Dicen los que saben que así fue también el ataque de las Torres Gemelas en Estados Unidos. Primer ataque: el área financiera. Segundo avión, la Casa Blanca, modelo de familia norteamericana. Tercer avión, el Pentágono, centro de la defensa.

¿Siempre trabaja el diablo así? Sí. Entonces viene la gran pregunta. ¿Cómo podemos ser inmunes al ataque del diablo? Porque, si Dios nos anticipa lo que él va a hacer. O sea: si Él dice: hoy va a llover, tú vas y sacas el paraguas.

Esa es la idea. Si el diablo tiene una estrategia contra ti, Dios también tiene que tener una estrategia de defensa. ¿No te parece coherente? Aquí está el punto. Que el Espíritu de Dios hable con cada uno. Porque una sola cosa necesita el diablo para que su ataque tenga efecto en ti. Una sola cosa.

Y si él encuentra eso en ti, su ataque va a producir resultado. ¿Y qué es lo que él necesita para que su ataque surta efecto? Desorden. Si tienes desorden en tus finanzas, vas a terminar con deudas; si tienes desorden en tus relaciones familiares, van a presentarse crisis. Tu matrimonio se va a deteriorar y vas a perder a tus hijos.

Si tienes desorden en tu manera de comer o de descansar, vas a tener enfermedad. ¿Pero entonces eso significa que el diablo está atacándonos todo el tiempo? No, en realidad, no. Pero, cuando él empieza a atacar, no significa que ese ataque ya te va a doler.

Tú puedes caminar con absoluta confianza. Puedes caminar en medio del horno de fuego, y no va a haber ningún efecto contra ti. A no ser…que haya un nivel de desorden. Si hay desorden en el área en la que él está atacando, su anzuelo va a pescarte.

Por eso es que él sigue arrojando la caña de pescar en el mismo lugar, porque los peces siguen picando. ¿Por qué no cambia de estrategia? ¡Porque la que tiene le funciona muy bien! Vuelvo a Génesis. No para leer un texto, sino para hacer referencia.

Si ustedes leen en Génesis 1 y versículo 2, dice que la tierra estaba desordenada. Todo empieza con desorden en nuestras vidas, que antes de venir a Cristo, estaban desordenadas. Eso es algo que es propio de la naturaleza humana.

Cuando hay desorden, se produce algo muy interesante. Dice en ese mismo pasaje, que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz del abismo. Al igual que la paloma de Noé, que no puede posarse y debe volver al arca, el Espíritu no puede posarse, porque necesita que aparezca superficie seca para Él poder poner sus pies.

Dice que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. La palabra se movía, en el hebreo, es empollar. De ahí que es muy interesante que Jesús, en el huerto de Getsemaní, diga: “Jerusalén, cuántas veces traté de reunirte, como la gallina junta a sus pollitos.”

Está diciendo: “Yo estaba haciendo lo mismo que en Génesis 1:2”. Pero en Génesis 1.2 se produce el orden, en cambio en la época de Jesús, no. “De cierto no me verás, hasta que digas”…no hasta que hagas. Hasta que digas: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Cuando una persona no conoce a Dios, el Espíritu Santo, ¿Qué hace? Suponte que tú estás orando por la conversión de alguien. Tal cual es en Génesis 1:2, el Espíritu Santo está sobre esa persona. No puede meterse dentro de la habitación que es el ser de esta persona, hasta que esta persona, voluntariamente, abra su ser.

El primer fruto del Espíritu Santo en un no creyente, es este. Él convencerá al mundo de pecado, justicia y juicio. Toda tu oración respecto a una persona, no puede ser: “Señor, tráelo a la iglesia”, no. Porque puede venir y se va igual.

¿Cuántos cristianos han pensado que la meta de Dios es que la gente venga a la iglesia los domingos? Pero resulta que a veces alguien viene y se va como vino, diciendo: yo ya conozco esto, es una tontería, una pérdida de tiempo, no pasa nada…

Nuestra oración correcta debería ser que se produzca ese fruto: pecado, justicia y juicio. ¿Por qué? Porque si una persona no sabe que está en pecado, nunca va a poder buscar la justicia de Dios. Es como cuando tú le cuentas a tu abuelita cómo fue conocer a Cristo y ella te responde: ¿Y yo que mal estoy haciendo, eh? ¿Qué mal hago, yo, para ir a pedirle a Dios que me perdone?

Esa persona no tiene al Espíritu Santo. Ni siquiera le sobrevuela diez metros arriba. Porque cuando alguien está siendo empollado por el Espíritu Santo, ¿Sabes qué es lo que siente? Se siente miserable. Es como que a cada momento le preguntas al Señor qué has hecho, cómo pudiste hacerlo…

Ahora; si tú puedes pecar y no te pesa ni un poquito, el Espíritu Santo no anda por allí. Quizás pueda estar volando en algún lugar de la estratósfera, pero dentro tuyo no está. El primer fruto que el Espíritu Santo necesita para trabajar con alguien, es que tú te sientas tal como Dios te está viendo.

Y vas a darte cuenta que la verdadera conversión nace de eso. No se trata de si eres buena persona o mala persona; si has amado a tus hijos o no has amado a tus hijos, o qué daño hayas hecho. No es eso. Delante de la cruz, todos somos injustos.

Lo que es nacido de carne, carne es. En tanto que el pecado, la justicia y el juicio no se manifiesten en una persona, el Espíritu Santo sólo está encima. Entonces, la oración adecuada, es: “Señor, que se produzca este fruto en tal o cual persona”.

Porque si va a dar el paso trascendental de vida a muerte, en algún momento esa persona tendrá que pasar por el proceso de decir: “¡He pecado, Señor!” Todos los que estamos aquí, reunidos vía cibernética, alguna vez hemos pasado por ese lugar.

Es difícil que haya un nuevo nacimiento, si antes no se genera eso. Estamos hablando del desorden. En el versículo 3 de Génesis 1, Dios empieza a resolver el tema del desorden. Y para resolver el tema del desorden, él sigue un proceso más que interesante.

Utiliza tres niveles de separación. Muy particulares. La primera cosa que Él hace, es establecer la luz. Y dijo Dios: sea la luz. La luz trae orden. Porque el desorden siempre se mueve en oscuridad. ¿Qué dice Juan 3? Esta es la condenación: que vino la luz, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz.

¿Por qué? Porque sus obras eran malas. O sea que la condenación no se trata solamente de que rechazaron a Jesús; no es que no quisieron reconocerle; es que ellos estaban en tinieblas, y cuando vino la luz, no la aceptaron. Juan 1. La luz venía a este mundo. ¿Recuerdas?

¿Cómo Dios resuelve el desorden del género humano? Dios envía al Verbo, la palabra, y lo primero que la palabra trae, es luz. Por eso la gran diferencia entre la ley y el Espíritu. La ley de dice tal, tal y tal, todo lo que debes hacer. Vivir por el Espíritu es modificar sobre la marcha si Él te lo ordena.

Por eso tiene tanta importancia la legalidad. ¿Pacto entre hombre y mujer delante de Dios es suficiente para considerarlos unidos? Sí, pero el matrimonio es una imposición legal que permite que fluya la bendición de Dios. Comprar con factura, no caer en fraudes ni trampas.

Sin embargo, tampoco se trata de decir “hago esto” o no hago aquello”; se trata de estar vigilante a la voz del Espíritu y moverse en la dirección que Él determina, en el momento en que Él lo dispone. Y teniendo en cuenta que la gente está dispuesta a jugar con las reglas de Dios, pero no todo el tiempo.

Y eso es desorden. Cuando el Espíritu Santo se manifiesta en Hechos, (Estoy hablándote de Hechos 2), la primera expresión visible, fue la explosión. Porque esa explosión que se produjo allí ese día, sólo fue experimentada por los ciento veinte que se encontraban en ese lugar.

El resto de la gente vino rápidamente pero atraída por el ruido, pero lo único que pudo ver fue algo que a primera vista, les parecía que era simplemente borrachera. ¡Por eso se preguntaban cómo podía ser que esos hombres estuvieran ebrios a las nueve de la mañana!

Sin embargo, la primera manifestación de lo que allí había sucedido, fue que ellos trajeron todo lo que poseían y lo pusieron a los pies de los apóstoles. O sea que ellos habían sido liberados de sus ataduras financieras.

Porque cuando tú eres libre de toda atadura con las finanzas, entonces es cuando para ti, dar, no es un sacrificio, es un privilegio. ¡Y voluntario, no manipulado por discursos sutiles! Dicen los que saben mejor que yo de todo esto, que en la vida del Reino, dar, es la mejor muestra de amor.

Dios trae luz. Y con relación a esto, debo decir ahora algo muy importante: nuestro hablar puede traer luz o tinieblas a nuestro alrededor. Tú puedes hablar, y como consecuencia de tu forma de hablar, se produce orden alrededor de ti.

Todos están pasando esos exámenes sin problemas, pero seguro que llego yo y me rebotan. ¡Y te rebotan! ¿Sabes por qué? Porque lo declaraste y además creíste tu declaración. Y como todo lo que digas, creyendo te será hecho.  Ese es el problema. El primer lugar en donde necesitas luz, es en tu hablar.

Tú debes hablar luz. Si vas a hace algo riesgoso, vas a declarar palabra optimista, de victoria. No voy a poder llegar a fin de mes, no me va a alcanzar el dinero, no tengo. ¿Y todo eso nos afecta? ¡Claro que sí! Porque estás hablando oscuridad.

Por eso la palabra dice: el que no tenga, diga: ¡Tengo! Y el débil diga: ¡Fuerte soy! Y el pobre diga: rico soy. Y eso no es declaración positiva; estoy hablando. ¿Y de qué estoy hablando, de lo que veo a Dios hacer o de lo que sé que hay en mi billetera?

O, en todo caso, la tercera opción, que es hablar lo que el diablo te susurra que hables. ¡Pero hermano! ¡Es que no tengo dinero! ¿Usted quiere que yo crea que sólo hablando, el dinero va a aparecer? Ehhh; yo creo que sí, fíjate.

Porque la Biblia nos muestra que mayoritariamente así se han producido los grandes milagros: hablando. Decretando y activando la palabra. Diciendo la palabra de poder, tal como el centurión le dijo a Jesús que él sabía, podía hacer para sanar a su criado.

Ahora; si en lugar de hablar y decretar victoria, tus andas por la vida repitiendo: “No puedo, no puedo y no puedo”, ¿Sabes qué es lo que va a ocurrir? Exacto: no puedes. No va a suceder nada. Cuando te peleas con tu novio y en un mar de lágrimas repites a cada momento: “¡No lo podré olvidar!, lo más probable es que no puedas olvidarlo y seas infeliz toda tu vida.

Job era recto, apartado del pecado. Bajo la óptica del Nuevo Testamento, Job era un hombre justo. ¿Cómo pecan los justos? ¿Se acuerdan de Santiago cuando habla de la lengua? ¿Cuándo alude al pequeño timón, que mueve toda la rueda de la creación e inflama de fuego, todo?

La lengua. La primera condición para tener orden, es tener luz. La segunda condición, es soltar palabras. La tercera condición, es separación. Estas tres cosas: luz, palabras, separación, son las que ordenan todos nuestros desórdenes.

Piensa, por ejemplo, en un tema de salud. Tú comes mal; tú necesitas luz, porque te das cuenta que estás comiendo mal, y eso es terrible. Segundo paso: necesitas palabras, no vas a seguir haciendo esto. Te lo propones.

La tercera, es: te separas de eso, no vas a seguir comprando eso. Porque si lo sigues comprando, puedes seguir confesando todo lo que quieras, y vas a seguir comiendo y con condenación, porque ya sabes que eso te hace mal.

Leí un trabajo muy serio que asegura que una conocida bebida gaseosa cola norteamericana, (Que no es la más famosa, sino la que la sigue), utiliza fetos humanos para fabricar azúcar artificial. La propia empresa lo ha reconocido. ¿Qué deberías hacer tú, entonces? Pues nada, sólo no comprar nunca más esa bebida, aunque te sepa rica.  Eso si, como creo, no estás de acuerdo con los abortos.

Esas no son decisiones pastorales, eclesiásticas, ni masivas, esas son decisiones personales. Eso es de alguna manera comenzar el tercer paso de la separación.

La luz trae separación de luz y tinieblas, ¿No es cierto? Si ustedes se dan cuenta, luego, se separan las aguas de las aguas. Las aguas superiores, van a formar las nubes. Las aguas inferiores, van a llenar los ríos, los mares, los lagos. Y entre las aguas superiores e inferiores, aparece el cielo.

Y eso se llama: expansión. Las aguas deben separarse de las aguas. ¿Y qué provoca eso en tu vida, cuando ya eres creyente? Te das cuenta que ya no puedes seguir en cercanía, alianza o pacto con algunas personas. Si él o ella están en tinieblas y yo estoy en luz, ¿Cómo me uno?

Y no se trata de afectos o de malas o buenas personas. Sólo se trata de que nuestro nivel de luz nos permite verlos tal como son. Y decides que ya no quieres saber más nada con ellos. Si me he convertido de verdad, mis palabras empiezan a cambiar. Y no pierdas de vista a Job, porque seguimos hablando de Job. Él no es un impío.

Estoy hablando de separación. Es como con el creyente. Cuando uno empieza a entender lo que es el Reino de Dios y el Espíritu, empieza a juzgar las cosas que son celestiales y las que son terrenales. Antes era todo amén, aleluya, gloria a Dios y a comerse todo lo que venía en envase cristiano.

Pero cuando el Espíritu santo manifiesta su presencia en nuestras vidas, tú ya no compras todo lo que quieren venderte como cristiano. Ciertas músicas, por ejemplo. O ciertos libros demasiado científicos bajo el barniz de la sanidad interior.

¿O a alguien le caben dudas que muchas de las cosas que se están vendiendo como cristianas, no vienen de Dios? Y tú terminas por apartarte de eso, y esa separación es necesaria. Nosotros somos hijos de luz. Mira lo que dice Génesis 1: 4.

Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó a la luz, día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la mañana, un día. Fíjate que interesante cómo Dios comienza a contar los días desde la noche hacia el día. Si lees todo el Génesis, siempre es así.

El sabath empieza a la seis de la tarde del viernes. O sea: el día empieza a la noche. Y es interesante, porque cuando tú te conviertes, es lo mismo. Fíjate, para el creyente recién convertido, el todo más todo de su vida, es la congregación.

Pero, ¿Cuánto dura su contacto con la congregación? Como mucho, dos o tres horas por semana: ¿Y luego, qué? Pero a medida que vas creciendo en Dios, ya no dependes de la congregación como una estructura de supervivencia.

Empiezas a conocer al Señor y puedes tener una vida hermosa en tu casa, sin salirte de ella. El congregarte sigue siendo tu opción de mandato, pero ya no tu adicción. Escucha: tú sabes que los jóvenes duermen más que los más ancianos, ¿Verdad?

Los jóvenes son capaces de dormir horas y horas, ¿Por qué? Es igual a la vida de Dios. Cuando empezamos a caminar con Él, nuestras horas de oscuridad, todavía son muchas. Muchas cosas no sabemos, y a otras que sí sabemos, todavía no las entendemos. Es un caminar sólo en fe.

Pero, a medida que vamos madurando en Dios, nuestras horas de oscuridad son menos. Una persona anciana puede dormir seis horas y está perfecto. A medida que vamos creciendo en Dios, nuestras horas de oscuridad se van acortando. Debemos ser creyentes con noches cada vez más cortas.

¿Sabes qué dice Apocalipsis 21? La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brille en ella, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Pues allí no habrá noche. A medida que creces en Dios, tus horas de noche serán menores.

(1 Tesalonicenses 5: 5) = Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

(6) Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

(7) Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

(8) Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Está claro: hemos sido predestinados para vivir sin noche. Ahora volvamos a nuestro amigo Job. En el versículo 5 de Job 1, hemos leído que  Job, cada mañana, cuando sus hijos hacían esas fiestas, él se despertaba temprano y hacía sacrificios, ¿Verdad?

Decía: No sea que hayan pecado y hayan blasfemado a Dios. Ahora, fíjate qué interesante es lo que el diablo hizo. Cuando él destruye todos los animales de Job, (algunos son robados, otros caen muertos), ¿Qué ofrenda puede presentar ahora por sus hijos?

¿Qué ofrenda puede presentar por sus pecados? Sin derramamiento de sangre, no hay remisión de pecados. El diablo ataca aquello que era redentivo en él. Y anula la capacidad de poder resolver su situación. Consideren todo esto y traten de ponerse en la mente de Job.

O sea: él no descubrió la fe. Él sabía que arreglar las cosas con Dios, tenía que ver con sacrificar un animal, recuerden eso. Lo había aprendido Adán, fue el primero. Él vistió con cueros de ovejas a sus hijos, recuerden. Él entendió lo que está en Hebreos, que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado.

Entonces, ¿Cómo podía resolver sus pecados, Job, si ya no tenía ganado? La palabra dice que el que no tenga, dé. ¡Eh! ¡Escuche! ¡Alguien se equivocó aquí! ¿Si no tengo, cómo hago para dar? A la hora que el diablo ataca tus finanzas, él está anulando algo que puede redimir.

Y a esto hay que decirlo con mucho cuidado, pero no dejar de decirlo: el dinero puede ser redentivo. El dinero puede redimir naciones. Cuando tú decides dar una ofrenda a una persona sin que nadie te obligue ni esa persona te lo sugiera, tú estás haciendo algo muy grande con esa persona.

No es cosa pequeña. Pero cuando tú no tienes trabajo y has perdido todo tu dinero, ¿Qué puede dar? Entonces, el primer ataque del diablo que es robar, está asociado a que tú no puedas resolver tus siguientes problemas. Es un ataque muy certero.

Sigue asombrando a muchos que tanta gente atribulada todavía no haya caído en cuenta lo que el diablo está haciendo en sus vidas. Y no estoy hablando de incrédulos, obviamente. Y entran en una queja a Dios, en un reclamo permanente, y se preguntan por qué les pasa eso.

Escucha: la restauración de Job, que va a producirse en el capítulo 42, tiene que ver con devolverle a él lo que él perdió. Quiero leerles algo. Job 42: 7: Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz temanita: (Que era uno de los tres, ¿Recuerdas?) mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros, porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job.

(8) Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job.

Es muy interesante ver cómo durante los treinta y tantos capítulos de Job, Dios no aparta de él a estos tres amigos. ¿Sabes por qué? Porque en el final, ellos van a ser los que proveen los corderos para que él empiece la restitución.

¡Lleven esto a Job! Siete habla de perfecto. ¡Llévenselos! Si no lo hacen, se les vendrá algo peor. Ahora; ¿Dónde está el motivo del enojo de Dios contra Elifaz? Porque, por ejemplo, le dice, y esto se repite dos veces, lo que acabo de leer: ¡Ustedes han hablado cosas de mí, que no son verdad!

Mira; empezamos hablando de palabras, y terminamos con palabras. De hecho, la declaración más tremenda de Job, es justamente eso: de oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven. Él confiesa, declara, abre su boca a esta realidad: hoy puedo ver quién eres.

Todas las palabras que él había escuchado, giraban en torno a argumentos que jugaban con la imagen de Dios asegurando que Él era así. Él es injusto, Él tiene preferencias, Él hace esto, Él no hace aquello. Y eso es lo que tanto molesta a Dios, y por eso le dice a Elifaz: ustedes han hablado de mí, lo que no es recto.

Ahora, entonces, lleven esto para que Job ore por ustedes. Interesante. No se olviden de que lo veían a Job como un injusto, encubierto. Como alguien que había hecho lo malo, pero que no lo quería confesar. Esa era la mentalidad de estos tres hombres. Job ha pecado, y no lo quiere admitir. Pero luego, Dios les dice: él va a orar por ustedes, y yo voy a escuchar.

(Verso 9) = Fueron, pues, Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y Jehová aceptó la oración de Job.

Él no podía cambiar su situación sin ofrecer sacrificio. Y como él no tenía ni una sola oveja, Dios usa a estas tres personas para que lleven las ovejas y para que empiece la restauración de Job. ¿Verdad que estás cambiando tu perfil respecto a lo que pasó con Job?

Vamos a lo que nos sirve hoy. Te dije que lo único que el infierno necesita para que su ataque prospere en nosotros, es desorden. Si tú eres sensato, lo que viene al momento, es preguntarle al Señor, qué áreas de desorden hay en tu vida.

Por eso es tan importante la oración que David hacía: Señor, examíname, pruébame, conóceme. Claro, si yo te pregunto aquí y ahora si tú tienes áreas de desorden, me dirás que no, que no crees, que supones que no, que no te parece.

Pero claro, es otra cosa muy distinta cuando el Espíritu Santo empieza a hablarte y empieza a mostrarte lo que en verdad hay. La primera área que deberás iluminar a “giorno”, y si es posible con  una lupa bien grande, es sobre las finanzas.

Esa es la primera área. ¿Por qué? Porque es la primera que el diablo va a atacar. Ahora ya lo sabes. Háblale luz a tus finanzas. Haz salir a la luz todo lo que no es correcto en esa área. La forma en que no estás usando correctamente las finanzas.

La segunda área, tiene que ver con tus relaciones familiares. Esto es algo más subjetivo. Debe haber muchos padres que están pensando que son los mejores padres, pero resulta ser que sus hijos de ninguna manera piensan eso.

Este segundo punto, tiene que ver con dos caminos. Hay una ida y hay una vuelta. Tal vez tú pienses que eres una persona que no está rindiendo como debería, pero resulta que Dios piensa que sí lo estás haciendo correctamente.

Entonces, este punto tiene que ver con varias cosas que habrá que poner bien en claro. Aquí, el factor tiempo es importante. Probablemente, la mayor muestra de desorden en nuestras relaciones, es que no se está gastando el tiempo adecuado y correcto con las respectivas familias.

No se trata de que no se las ame. No me entra en la cabeza que exista un padre que no ame a su hijo.  Obvio, estoy hablando de un padre creyente y que ame al Señor. No lo creo. Sin embargo, cualquiera podría ver desde lejos que su matrimonio se está destruyendo.

O que su familia se está resquebrajando. La primera cosa que debemos pensar, entonces, es que efectivamente, ese puede estar siendo un ataque del diablo, porque eso no puede venir de Dios. Ninguna familia quiere destruirse a sí misma.

Pero cuidado, hay un nivel de responsabilidad en cada familia. Porque el ataque del diablo está surtiendo efecto, y nuestra primera conclusión, es que hay niveles de desorden. Y te doy un ejemplo más que práctico y sencillo.

Hoy es casi normal y corriente comprarles celulares a niños de once o doce años. Y cuando se les pregunta a sus padres el motivo o la razón de esas compras, es que lo hacen porque necesitan saber dónde están ellos a cada momento. La gran pregunta, entonces, sería: ¿Cómo puede ser que un padre o una madre no sepa dónde anda un hijo suyo de once o doce años?

¿Me equivoco un poco o eso es algo de desorden? Porque no estamos hablando de jóvenes de dieciocho o veinte años que asisten a la universidad, estamos hablando de niños que concurren a escuelas del primer nivel. Eso es desorden, y por allí va a entrar el diablo, ni lo dudes.

¿La contrapartida? El diablo no puede hacer nada contra una familia, si hay orden en ella. Es que…yo no comparto demasiado con mis padres porque no son creyentes. ¡Claro! Pero te olvidas que Dios los usó a ellos para traerte a ti hasta aquí. ¡Hónralos igual!

Orden en la salud. Tres cosas básicas para resaltar. Cuidado con lo que comes. Pídele sabiduría a Dios para comer lo que debes y no todo lo que parece rico. Luego, presta atención al descanso. Porque el descanso es parte de la ley de Dios, aún en contra de una sociedad que, por cultura, te rotula de vago si no trabajas todos los días de todos los meses de todos los años. Una sociedad sin Dios quiere marcar tu ruta. ¿Vas a seguirla a ella o al Señor? Descansa al menos 52 días por año.

Y la tercera cosa tiene que ver con la salud, con relación a nuestras formas de hablar. Creo que todos los hijos de Dios creen que pueden vivir en una salud de Reino, pero una gran mayoría todavía depende de los medicamentos. Sin embargo, una salud divina comienza hablando.

No te sirve de nada tomar la Santa Cena día por medio, si tu hablar siempre anda declarando enfermedad. Hay gente que se especializa en esto, que entiende que detrás de cada enfermedad, hay un pecado. Que cuando un cuerpo sufre una enfermedad, es sólo una consecuencia de algo que en el ámbito espiritual, ese cuerpo ha hecho.

Si tú has entendido lo que es el Reino de Dios, ya sabes que todo nace y termina en el espíritu. Y una enfermedad, también. Entonces, muy probablemente no puedas ni debas tratar con una aspirina, lo que tal vez debas tratar con arrepentimiento.

De acuerdo, con la aspirina es mucho más fácil, pero resulta que haciéndolo así no aprendes nunca. Debes manejar esto de otra manera, sin dudas. Es mucho lo que todavía falta aprender para luego enseñar sobre todas estas cosas, pero de todos modos, yo creo que hoy alcanza para que todos quienes escuchan esto, puedan comenzar a traer luz sobre sus finanzas, sus familias y su salud.

¿Se puede, entonces, ser libres del ataque del diablo? ¡Claro que se puede! De otro modo, el Señor nunca nos hubiera advertido esto. ¿Sabemos lo que él va a hacer? ¡Claro! Ya sabes por dónde va. ¿Y qué necesitas tener preparado? Orden. Orden, y él no podrá tocarte.

Pregunto: ¿Habrá áreas de desorden en tu vida? Se supone que luego de haber oído esto, ya tengas en claro algunas cosas. Pero hay otras áreas que son más peligrosas que esas, y son las áreas que no vemos que tengan oscuridad.

Áreas donde se supone que todo está bien. No hay demasiado para decir respecto a esto, sólo una sugerencia, advertencia o consejo, como quieras llamarlo. ¿Por qué no declaras luz sobre todas tus áreas? Y, si quieres, dale al Señor un lapso.

Dile, por ejemplo, que en el lapso de los próximos quince días,  haga que su Espíritu Santo saque a luz las áreas donde la oscuridad todavía gobierna tu vida. No es fácil y se necesita valentía, pero es la única forma en que puedes poner orden en tu vida, al menos hasta el lugar en que tú puedes hacerlo.

Debes aprender a hablar desde el punto de vista de Dios, y no desde el punto de vista de tu experiencia. No hagas lo que Job hizo, tendrás lo que Job tuvo, es un principio inalterable. Hay una perspectiva que nunca se equivoca, y es la que nace en el cielo.

¿Qué hizo a Jesús tan poderoso? Conciencia de Reino: “Lo que veo hacer a mi padre, eso hago. Lo que oigo a mi Padre decir, eso digo.” ¿Por qué gente justa sufre dolores, enfermedades, pobreza, ruptura de familia? No son malas personas. Como tampoco Job era malo.

Se nos dice que era un hombre temeroso de Dios. Sencillamente porque hay un poder en el desorden. Tendrá que ser tu oración la oración de alguien que anhela que todo nivel de desorden salga a la luz. Dile al Señor, simplemente: ¡Señor saca de mí toda área de oscuridad y llénala de tu luz!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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septiembre 9, 2015 Néstor Martínez