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Tiempo de Comer la Miel

Confío en que el Espíritu Santo, hoy, quiere traerte una palabra que indudablemente va a subirte a otro nivel de vida. Sé que los días parecen todos iguales, y que escuchar estos audios o leer estos trabajos, en muchos casos puede no ir más allá de un entretenimiento llevado a cabo con la esperanza de recibir algo más. Sin embargo, si por fin te atreves a creeré en esto que oyes y recibes, y ponerlo por obra con decisión, esto inexorablemente va a cambiar tu vida.

Para que eso sea posible, lo único que se necesita, es que tú, allí donde te encuentras, ahora, abras tus sentidos espirituales, y que haciendo algo que nunca hacemos porque no es mi estilo, hoy se me demanda pedirte, y es que ores conmigo diciendo así: Espíritu Santo, hoy profetizo sobre mí; vengo a declarar que yo soy todo lo que la Palabra dice que soy. Y yo acepto todo diseño dado por el cielo, para mi vida. Yo creo, yo recibo, lo que Dios tiene para mí. Llevo cautivo todo pensamiento, a la presencia de Jesús. Amén.

Busca el Libro de Apocalipsis, capítulo 4. ¿Cuántos de ustedes no anhelan escuchar la voz de Dios audiblemente? Allí donde estás, levanta aunque más no sea de manera imperceptible tu mano, no para que la vea yo, sino para que sea vista en los cielos y también en el infierno. Me pregunto cuántos de ustedes quisieran tener la experiencia que Pablo tuvo un día, de ser llevado al paraíso, estando vivo todavía.

O la experiencia de Ezequiel, y ser transportados y ver. Ahora vamos a buscar revelación en una Palabra que nos muestre que esto es posible. Y te voy a mostrar cómo es que tú puedes empezar a caminar en esa dirección. Así que, convengamos, esta no es una palabra que puedas meter dentro de un biberón. Tienes que comerla con tu espíritu y con todos los dientes que tenga tu espíritu. En el capítulo 4 de Apocalipsis, encontramos un diseño muy particular. Está hablando Juan, y dice:

(Apocalipsis 4: 1) = Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.

Siempre hemos tomado este pasaje como algo profético, algo futuro. Sin embargo, este pasaje está mostrando algo más que un evento futuro. El que tiene oídos, oiga. Está mostrando un diseño de revelación. Los misterios de Dios, no descienden al hombre. El que quiera entender los misterios de Dios, tiene que elevarse a la dimensión de Dios y tomarlos allí.

Por eso fue necesario que Pablo sea levantado. ¿Por qué no vino el Espíritu y le enseñó ahí, donde él estaba? Porque hay cosas que se aprenden en este plano natural. A veces, reunidos en algún lugar y simplemente cantando o adorando, estás aprendiendo cosas. Pero hay cosas que no se pueden aprender por medio de una prédica o una enseñanza.

El Espíritu Santo viene, nos llena de toda verdad, nos conduce. Pero hay revelaciones y revelaciones. No toda revelación tiene el mismo nivel espiritual. Hay revelaciones que son trascendentales. Por ejemplo: cuando Daniel ve una visión y le pide al Señor la explicación de esa visión, esa oración lo lleva a ayunar por veintiún días, pidiendo una respuesta, una explicación que no venía.

Ahora bien; luego, Daniel puede entender qué estaba pasando. No era que Dios no le había respondido, sino como dice la Palabra, Desde el primer día que dispusiste tu corazón, yo respondí. El tema era que esa respuesta, estaba ya encontrando oposición. ¿Qué palabra tan tremenda era, la que estaba enviándole Dios a Daniel, que un príncipe territorial tuvo que salir al encuentro de este ángel, para evitar que el mensaje llegue?

O sea que, como ya te dije, hay revelaciones y revelaciones. No todas son iguales, aunque todas son preciosas, valiosas, hermosas y maravillosas para los que la reciben, algunas van a costarte un precio. Hay revelaciones por las que vas a tener que pagar algo, y a veces alto. Hay gente que pretende que todo le sea revelado gratis, y déjame decirte que no es así como funciona esto.

Sólo la salvación es por gracia. Lo demás, te cuesta todo. Pero, aun así, hay revelaciones que Dios no las baja al plano del hombre. Entonces, el que quiera tomar esa revelación, tiene que aprender a escalar posiciones, para llegar al lugar donde la revelación desciende, y es factible traerla al plano natural. Necesito que te quedes pensando en eso. Voy a llevarte a otro lugar.

Hay lugares, físicamente hablando, donde es muy fácil orar. Pero también hay lugares, en donde es tremendamente difícil orar. Hay lugares donde tú simplemente levantas una mano, y los demonios salen. Pero también hay lugares en donde tú gritas, pataleas y los demonios se quedan mirándote. La persona es la misma, la unción es la misma. ¿Cuál es la diferencia?

Todo esto nos hace entender que, tal como está escrito en el versículo 1, que leímos: Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta (¿Abierta dónde?) en el cielo; (Una puerta abierta en el cielo. Y mira lo que dice acá.) y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.

¿Has notado que el Espíritu no desciende donde se encuentra Juan? No baja y le dice todo lo que va a suceder, no. Lo primero que hace es decirle: ¡Sube! Sube, y yo te haré entender. Este es otro nivel, de eso ya no tengo ninguna clase de dudas. Esto no tiene nada que ver con un culto dominguero, esto no se enseña en ningún seminario, esto no se comparte en una prédica de veinte minutos.

De lo que estamos hablando, es de una revelación sobrenatural del Altísimo. Que puede transformar una nación, que puede transformar tu vida. En mi Biblia yo tengo sesenta y seis libros escritos en un período de dos mil años por más de cuarenta personas.

Y en este libro, sin importar el trasfondo de las personas que escriben esta Biblia, podemos darnos cuenta que lo que aquí se comparte, es sobrenatural. Hay gente que te habla de ángeles como quien habla de las sillas o las butacas del templo. Con la misma claridad que tú puedes ver esas sillas o esas butacas que hay en tu templo, así esa gente que anda en ese nivel puede ver a los ángeles. Y también a los demonios, claro…

Y entonces, cuando uno de ellos se planta en el frente de tu congregación, no echa mano a su Biblia y te invita a leer tal o cual versículo, directamente comienza diciéndote que vino un ángel y le dijo que te dijera lo que te va a decir ahora. ¿Qué harás? ¿Le creerás o lo harás expulsar por loco? Y si lo hicieras, ¿Qué responderás cuando te pregunte cual fue la última vez que un ángel del cielo vino y te dio un mensaje?

¿Qué es lo que nos hace diferentes a nosotros, de los individuos de los que narra sus historias ese libro? ¿Dónde está la diferencia? La iglesia ha perdido su herencia espiritual. Ha conseguido que la iglesia, como institución, se convierta en algo estrictamente terrenal. ¿Sabes qué? Para que Jesús diera a luz la iglesia, se la pasó en ayuno, oración, quebranto, lágrimas, humillación, cruz. ¡Para que diera a luz la iglesia, tuvo que haber muerte!

Lamentablemente, nuestros sentidos hablan mucho. Tu oído, grita. Tus ojos, gritan. Entonces, mira; una iglesia que ha perdido su herencia espiritual, y por el otro lado, sentidos que nos agarran por todas partes. ¿Qué posibilidad tiene el reino del espíritu, para afectarnos, con tana distracción? Nuestros sentidos, son muy poderosos.

El primer recurso que tú necesitas para poder entrar a la dimensión del espíritu, es el siguiente: tienes que perderle el miedo al error. Yo quiero que tú me hables, pero si el diablo me habla antes de ti, ¿Qué hago? Mira; lo primero que debemos perder, es el miedo al error. ¡Yo quiero que haya palabra profética en mi iglesia, -dice el pastor-, pero me da miedo que venga alguien y diga cualquier cosa!

¿Sabes qué, hermano? ¡No funciona así!  El temor no es compatible con la fe. La primera cosa: ¿Tú quieres desandar el camino andado? Muy bien; ¡Somos una iglesia muy terrenal! Eso es muy triste. Se ha perdido la herencia espiritual. Eso es tremendo. ¿Y entonces, qué hacemos ahora?

Veamos, primer paso: perdamos el temor al error. ¡Pero es que podemos equivocarnos! Sí, pero podemos no equivocarnos, también. Y ahora te voy a decir por qué esto no es compatible con la fe. Busca Mateo capítulo 7. Creo que hoy el Señor te va a iluminar algo en tu entendimiento que hasta hoy, estaba a oscuras.

(Mateo 7: 10) = ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

(11) Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Hermano…Dios quiere que le pidas. ¿Seguro? ¿No se fastidia si le pido? Si se fastidiara no le hubiera hecho decir a Jesús esto que dice aquí. ¡Pídele! ¿Y qué le puedo pedir? ¡Pídele cosas sobrenaturales! Hay gente que gasta sus oraciones en cosas tontas. Que el trabajo, que el dinero, que la salud. Yo no censuro eso, son necesidades reales, pero…`pregunto: ¿Cuánto hace que tú le has dicho al Señor algo así como: ¡Señor! ¡Dame una visita celestial!

¡Señor, yo quiero visitas angelicales, quiero moverme en el plano del espíritu! Ahora piensa: ¿Qué padre podría darle una piedra a un hijo si este le está pidiendo pan? ¿Tú crees que si tú le pides a tu Padre celestial que te dé una visión, Él te va a mandar a Satanás para que te la responda? Escucha algo que a lo mejor hace mucho que no escuchas: Sin fe, es im-po-si-ble agradar a Dios.

¡Es que: vaya a saber si Él quiere darnos eso! Quita el temor. Si se ponen de acuerdo unos cuantos, confiando y creyendo, Él va a responder. Ese es el primer paso, quita el temor. Busca conmigo la Primera carta a los Corintios, capítulo 2.

(1 Corintios 2: 6) = Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.

(7) Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, (8) la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

(9) Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

(10) Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios.

(11) Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

(12) Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,

¿Sabes cuál es el mejor regalo que puedas tener durante tu vida? Poder escuchar la voz de Dios. Nada se compara con eso. Y cuidado; no estoy hablando de una emoción en el corazón, tampoco hablo de una impresión, algo así como: yo siento que eso…No. Todos tenemos eso. Mucho menos me refiero a una palabra profética que salga al cantar, eso es el jardín de infantes, es la guardería. Yo estoy hablando de mensajeros celestiales; hablo de palabra audible de parte del Espíritu de Dios. ¿Y cómo es que opera eso, hermano? Vete al libro del profeta Joel.

(Joel 2: 28) = Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

Escucha lo que te digo, hoy: el Espíritu Santo va a abrir este verso como nunca antes. Hay una serie de asuntos que hemos visto y leído muchísimas veces en este libro, pero puedo asegurarte que nunca jamás va a tornarse tan cierto, tan genuino, tan real y verdadero como en el tiempo que llega. Deja marcado este texto y ven conmigo a Génesis 15. Aquí Dios le había prometido algo a Abraham, ¿Recuerdas? Le había prometido un hijo. Él tenía más de setenta años cuando le promete esto.

(Génesis 15: 5) = Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.

¿Te das cuenta lo que Dios está haciendo con Abraham, aquí? Lo está suspendiendo en los aires, lo está introduciendo en el mundo del espíritu. ¡Cuentas las estrellas, Abraham! ¡Si tú lo ordenas, yo lo hago, Dios mío, pero no creo que pueda! Así será tu descendencia, Abraham. Le está hablando de algo que va a ser espíritu y verdad, en base a lo que es verdad.

Escucha esto: lo primero que Dios activa en alguien a quien Dios va a levantar, es el área de los sueños. ¿Sabes por qué? Porque nuestros sueños, y no estoy hablando de esos que vives cuando duermes, sino de los que tienes cuando estás bien despierto, son la extensión de nuestra fe. ¿Verdad que ahora entiendes mejor a Joel? Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

Esencialmente, dice que nuestros ancianos soñarán sueños. Noten que estos sueños son un fruto del derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne en los postreros días. Ahora bien; ¿Cuántos de ustedes pueden creer que ya estamos en los postreros días? Y Él dice: yo, en los postreros días, derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y dice algo muy claro: vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos, soñarán sueños.

Tener sueños respecto a cosas que necesitas para verdaderamente servir más y mejor al Señor, no es un sinónimo de inmadurez o irresponsabilidad, los sueños son la verdadera plataforma sobre la que luego se deslizará la fe auténtica. Los sueños no son para los tontos, son para los que tienen visión. Por eso, si tú te guardas tus sueños en tu corazón, te vas a ir a la tumba y no vas a ver ninguno realizado.

Lo que no te contaron todavía, es que los sueños que tienes, no son predicciones del futuro, sino imágenes del pasado. Porque eso, ¡Ya estaba en el corazón de Dios! Antes de la fundación del mundo, estaba. Porque los sueños no es soñar lo que va a pasar, es ver lo que Dios ya hizo.

Un ejemplo claro es el asunto de la sanidad física. Me pregunto quién o quiénes de ustedes no habrán sido testigos, al menos una vez en  sus vidas, de una tremenda y milagrosa sanidad de una enfermedad aparentemente sin remedio. Eso es posible, eso es real, yo lo he visto.

Sin embargo, si la sanidad física es algo tan probable y legítimo de esperar dentro del ambiente cristiano sincero, pregunto: ¿Por qué hay gente que no se sana? Quiero que entiendas algo; la sanidad no es un asunto que nace en la mente, pero la mente afecta. ¿Sobre qué derechos nosotros le podemos reclamar sanidad al Señor? Por la sangre de Jesucristo. ¿La muerte de Jesús nos da derecho de reclamar sanidad?

Ahora; ¿Cuándo ocurrió la muerte de Jesús, o va a ocurrir? ¡No! ¡Ya ocurrió! Entones, nosotros vamos a la cruz y tomamos la obra de la cruz para aplicarla sobre nuestra vida. Ahora; ¿Es lógico decir que por Él tú eres sano? ¡No, no es lógico! ¿Qué necesitas para hacer eso? ¡Creer! ¡Fe!

Supongamos que una persona tiene un problema en los huesos. Osteoporosis, reumatismo, lo que sea. Lo que hacemos es llevar la esfera de la fe, a la mente. ¡Es que yo sé que Cristo murió por mis enfermedades! No me interesa que lo sepas, ¡Lo que necesito es que lo creas!

A ver; empieza a imaginarte: ¿Cuándo serías sano? Vete sano de tus huesos. Fíjate cómo tus huesos empiezan a rellenarse de calcio. ¿Qué estás haciendo? Estás entrando al terreno del espíritu. Estás soñando con tu sanidad y declarando que tu sueño es real. Y no es el poder de tu mente, porque tu mente sólo es una plancha, ¿Entiendes? Son tus sueños, que son la extensión de tu fe. No es un asunto mental.

Yo no sé cuántos de ustedes, que están allí del otro lado compartiendo esto, necesitan verdaderamente de alguna clase de milagro de parte de Dios. No lo sé, pero lo que sí sé es que, si no son capaces de soñar como realizado ese milagro, jamás lo van a ver manifestado. Pero si son capaces de soñarlo, seguramente ese milagro los sorprenderá en cualquier momento de cualquier día de los próximos.

¿Pero entonces no tengo que orar? ¡Claro que tienes que orar! ¿Cómo supones que Dios sepa lo que quieres, si no se lo pides? ¡Óralo! Pero, al mismo tiempo, también atrévete a soñarlo como hecho. La palabra dice que los ancianos soñarán sueños. O sea que esos sueños, no son consuelo de tontos, son movidos por el Espíritu Santo, para expresar nuestra fe.

A ver; casi que te estoy viendo ese rostro de cierta incredulidad que no puedes evitar. Supones –con mucha lógica griega-, que esto no puede ser suficiente. Vamos a verlo desde otra óptica. Ven conmigo al Salmo 139. Es un salmo que te habla de la omnisciencia y omnipresencia de Dios.

(Salmo 139: 17) = ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!

(18) Si los enumero, se multiplican más que la arena; Despierto, y aún estoy contigo.

Hermano: los deseos y los sueños de Dios son sueños de paz, de bendición; no hay nada malo en el corazón de Dios, para ti. Él no te ha planificado ninguna enfermedad para enseñarte lo que es bueno; Él tiene pensamientos de paz, de bendición, de prosperidad y de grandeza. Él quiere verte dar fruto en todo.

Quiero que veas algo: si es cierto que eso está en el corazón de Dios, la pregunta, es: ¿Por qué no te llega? ¿Hablamos con la verdad? ¡Porque ni tú te lo crees! No me vengas a decir que el diablo te roba todo, porque el diablo está vencido. Él juega tenis con una raqueta agujereada. ¿Pero por qué mi marido no cambia? ¿Tú crees que tu marido pueda cambiar? ¡Qué sé yo, es tan agresivo! Listo; no lo crees, no sucede.

Es que soñar con eso ya no sería un sueño, sería una utopía. Basta; Dios le dio sueños a José, le dio sueños a David antes de ver el templo construido, que no lo vio; él lo vio por dentro de él. Lo que más tardó el Señor de cambiar a los esclavos que salieron de Egipto, fue su capacidad de soñar. Ellos habían perdido su capacidad de soñar porque estuvieron siendo esclavos por cuatrocientos treinta años.

La gente de Reino se maneja soñando con lo que desea ver cumplido y pidiéndole al Señor que se lo baje al mundo natural ya mismo. La iglesia, desde hace mucho tiempo, ha descendido a lo terrenal y, desde allí, pretende gobernar un mundo que lleva kilómetros de ventaja en todo. No podemos adorar o servir al Señor a partir de nuestros cinco sentidos.

Porque, te digo más, estos cinco sentidos, en realidad, no valen demasiado en el ámbito del espíritu. Los sentidos más poderosos, no están precisamente en la esfera de tu cuerpo. La Biblia nos muestra que la gente fue usada por Dios para ver cosas asombrosas. Quiero volver otra vez a Apocalipsis 4.

¿Sabes cuánto odia el diablo esta palabra? Él no se hace mucho problema porque tú vengas a escuchar que Dios te ama. De hecho, tú ya sabes que Dios te ama. Y tampoco el diablo se hace mucho drama por causa de que nosotros vayamos a escuchar todas esas cosas que hemos escuchado siempre. No deben mentir, hermanos. Tampoco adulterar, ni fornicar, ni tener empleados en negro. Ese no es ningún problema para el diablo.

Pero, cuando tú le empiezas a hablar a los espíritus de las personas; cuando tú vas a desencadenar sobre ellos algo que puede cambiar su historia, mira; ¡Hasta la luz se va! Quiero que percibas con tus sentidos espirituales lo que te estoy diciendo.

(Apocalipsis 4: 1) =  Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo;

Paréntesis. ¿Cuántos de ustedes que me están escuchando, quisieran que allí donde ustedes viven, Dios haga cosas tremendas? Bien; entonces te cuento que decir Avivamiento, es lo mismo que decir: Puerta abierta en el cielo, donde viene Dios y te dice: ¡Sube! Entonces, no se me ocurre algo más coherente y lógico que advertirles que ustedes, todos ustedes, tienen que aprender a abrir esa puerta. Porque a esa puerta, no la abre Dios, la abres tú.

Puedes cantar con las mejores voces de este planeta, los mejores músicos, y ni la cortina del cielo se va a abrir. El objetivo de un adorador, es que la puerta del cielo se abra. Que la ventana aparezca, que las gradas desciendan. En otras palabras: que el Reino de Dios, se conecte con el reino en el que nos movemos. Si puedes lograr eso, ya eres un adorador. Si no logras eso, sólo eres un cantante. Eres músico, pero no eres adorador. ¿Lo estás entendiendo? Mira; acompáñame por un momento, un poco más adelante en este libro de Apocalipsis. Vamos al capítulo 19.

(Apocalipsis 19: 11) = Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Juan dice: Entonces vi el cielo abierto. Dice vi, del verbo ver. Yo veo, tú ves, Juan vio. No se lo contaron, no lo soñó; ¡Lo vio! Yo creo en mi corazón, que la puerta que se abrió frente a Juan, aquí, jamás volvió a cerrarse. Y te doy un ejemplo que probablemente te sacuda.

Dicen que hay un lugar en los Estados Unidos, concretamente en Carolina del Norte, llamado Moravian Falls, que es el lugar exacto en donde un autor llamado Rick Joyner, tuvo la visión que lo llevó a escribir su libro “La Búsqueda Final”, que si no lo has leído, te recomiendo aquí y ahora.

Aseguran los que han estado allí, que Moravian Falls es un lugar en el que tú entras, y puedes tener la visión de un topo espiritual, pero igualmente empiezas a ver ángeles. Todos los profetas de Dios, al menos los que sí saben de qué se trata, realmente, la cualidad de ese ministerio, han acudido o acuden hoy mismo a ese lugar, simplemente a entrenarse.

Y fíjate que ese lugar es un pequeño pueblito, al cual algunos reconocidos profetas aseguran que no pueden acudir, o no se deciden o se atreven a hacerlo, porque aseguran que es demasiada la saturación profética la que existe allí. Se dice que un joven profeta fue allí por primera vez y cayó en trance por espacio de tres días. Entonces, la pregunta es: ¿Qué pasó en Moravian Falls? Moravian Falls, debe su nombre, a los hermanos moravos.

En ese lugar, la iglesia oró por espacio de cien años. A tal punto oró, que quedaron los cielos tan abiertos, que no interesa que el que llega sea un castrado espiritual, igualmente se le abre todo y puede ver lo que jamás habría soñado ver. ¿Por qué supones que pasa eso? Simple: ¡Porque es un pueblo con los cielos abiertos! Porque existieron hermanos, los moravos, que por cien años oraron en ese lugar. Me pregunto ¿Cuántos de ustedes quisieran ir hoy mismo a Moravian Falls?

Estoy seguro que la mayor parte de ustedes, los que me están escuchando, todavía acostumbrados a las rutinas de los templos babilónicos, habrán levantado su mano en señal de asentimiento a la pregunta. A los que lo hicieron, créanme que los entiendo. En otra época, y no hace tanto tiempo de eso, yo hubiera hecho lo mismo. Hoy tengo la obligación de preguntarles, casi con severidad magisterial, ¿Por qué no crean o levantan un Moravian Falls en ese lugar en el que viven?

Díganme la verdad: ¿Qué es lo que impide que cualquiera de nosotros pueda hacer eso mismo donde está viviendo ahora? Hace muchos años, viajé muchos kilómetros, y me mojé hasta los huesos porque era un día de tremenda lluvia, arriesgué a una pulmonía a mi esposa y a mi hijo menor, que en ese tiempo era muy pequeño, simplemente por ir a un estadio de fútbol a ver si recibía algo de la unción que, -aseguraban- traía ese visitante ilustre.

¿Y sabes qué? Me vine como fui, sólo empapado de agua y con un resfrío en ciernes. Porque a la tremenda unción de esa tremenda figura, no la vi ni en panfletos de promoción. Una unción que, sin embargo, y porque Dios es fiel, es paciente, es misericordioso y, esencialmente, porque conoce a fondo nuestros corazones, tuvo la gracia de hacerme llegar algunos meses después, en un lugar común, sin pompa, sin brillos y sin figuras, sólo por la oración de otro hombre de Dios como yo. Los cielos no se abren por las estrellas del evangelio, se abren por los corazones nobles y llenos de integridad.

Lo que trato de mostrarte, es que es imposible entrar a la dimensión del espíritu, sin oración. No importa dónde vayas y qué ungido profeta ponga sus manos sobre ti. En el mejor de los casos, eso te podrá durar algunos días. Pero si quieres ese ingreso de modo fluido, deberás esperar que se abran los cielos. Y los cielos, por mal que les pese a muchos famosos con poco tiempo en sus agendas, sólo se abren con oración sincera, genuina y desprovista de espectacularidades.

Y entiende esto: en la medida que los cielos se abran y la gloria de Dios comience a descender, y todos los presentes comiencen a recibir todo aquello por lo cual están clamando, al mismo tiempo, todos los que allí se encuentren, asimismo serán levantados. Si vamos a implantar de una vez por todas el Reino usurpado, será con una gran cantidad de personas recibiendo lo que deben recibir de manera directa desde esos cielos abiertos.

Que puedan ver el Reino de Dios en la dimensión del Espíritu, que puedan ver sus problemas resueltos, y no porque venta alguien y le ore, no porque vaya a venir un profeta y le profetice, sino porque Dios mismo los estará ministrando a través de los cielos abiertos. Cuando los cielos se abren, los milagros acontecen, la gente es sanada, los muertos son levantados.

Cuando los cielos se abren, la palabra de sabiduría abunda, todos tienen algo nuevo porque Dios les está hablando. Cuando los cielos se abren, la alabanza no puede detenerse, la adoración es sobrenatural. Cuando los cielos se abren, no tienes que hacer campañas de evangelismo, porque la gente vendrá a ti, y vendrá, y vendrá, y vendrá. ¿Por qué? Porque todos quieren ver a Dios, y ellos saben que tú lo tienes.

Entonces, ¿Cuál es tu parte? Abrir los cielos. La tarea que tenemos, es abrir los cielos de cada una de las ciudades, pueblos o aldeas en las que hoy estemos viviendo. Va a ser difícil, claro, pero si lo pudieron hacer los moravos, con la poca luz que tuvieron, ¿Cuánto más nosotros, que hemos entendido los diseños de Dios podremos hacerlo?

Es tiempo de plantar las rodillas y empezar a orar. ¿Por cuánto tiempo? ¡Por todo el que sea necesario para que los cielos se abran! Porque cuando los cielos se abran, llegarán en cada país, en cada nación, en cada cultura, los rudimentos divinos que permitirán ganar esa batalla e implantar el Reino de los Cielos en lugares donde reinaba Satanás. Porque Dios dice que no es con espada ni con ejército, sino que es con su Santo Espíritu. ¡Y yo lo creo! ¿Y tú?

Y en ese proceso, vas a poder ver a la gente por la cual has estado orando, venir corriendo y caer de rodillas ante nuestro Señor. La gente va a venir buscando sanidad, y va a salir sano, salvo, santo y lleno del Espíritu. Cielos abiertos. Hay centenares de ministerios que hoy se autodenominan con este título: Cielos Abiertos. Está muy bueno que así sea, pero… ¿Tienen sus cielos personales abiertos o sólo es marketing? Todos los avivamientos de la historia, fueron precedidos de adoración y oración.

(Apocalipsis 4: 6) = Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.

Esto parece un enigma, ¿Verdad? Ese mar de cristal, existe. Hay gente confiable que asegura haber sido llevado por Dios a ese mar de cristal y haberse mojado en él. Sin embargo, ese mar de cristal, es un mar de revelación. Tú te introduces en él, y puedes ver todas las cosas.

Vamos a ver: ¿Dónde tiraban los pecados en el Antiguo Testamento? A lo profundo del mar. ¿Sabías tú que el fondo del mar es el lugar más oscuro de la tierra? Pasados los veinte o veinticinco metros de profundidad, oscuridad. Y mientras más vas descendiendo, mayor oscuridad. Hasta llegar a un lugar en el que la oscuridad, es absoluta. ¡Lo contrario del mar de cristal! Ahí no hay oscuridad.

El mar terrenal, esconde; el mar celestial, revela. Ahora; junto al mar, cerca del trono, hay cuatro seres vivientes. Y la descripción que les da Juan es asombrosamente exacta. Dice, y quiero que tomes nota: llenos de ojos, delante y detrás. Si tú vas a Ezequiel 10, vas a entender que esos ojos, son los espíritus de Dios.

Los querubines, son los seres más elevados en el Reino espiritual. Porque ellos son los que están más pegados a Dios. Ellos tienen ojos por todas partes. En Ezequiel 10, y tendría que leer ahora todo el capítulo, pero no puedo hacerlo por razones de tiempo, luego léelo tú, dice que cuando Dios se movía, estos seres con ojos, lo seguían, lo seguían y lo seguían.

En Ezequiel dice, que la gloria de Dios era la que se movía. Entonces, estos querubines lo que perseguían, era la gloria de Dios. La gente que ve, que tiene visitas angelicales, que ve visiones, es gente que está detrás de la gloria de Dios. Hay gente que quisiera tener una visita angelical, para entender algo, pero Dios no te responde esos caprichos.

Él te va a mandar a un ángel, para que te revele a Jesucristo. Él te va a dar una visión, para revelar parte de Jesucristo. Todo lo que viene del reino del espíritu, está dirigido a que Jesucristo sea exaltado. Así como la iglesia se hizo tan terrenal por mirar, por natural, necesitamos despertar en ellos un hambre por la gloria de Dios. La gloria de Dios debe ser la que dirija nuestra vista.

Porque esa es la gran diferencia de todas las diferencias. ¿Qué vieron los que creyeron? ¡La gloria! ¿Y los que no creyeron? ¡No vieron nada! Eso distingue a los que conocen a Jesús, y a la gente que no conoce a Jesús. Y eso, además, es lo que ha determinado que existan tantos errores en la teología que se enseña. Depende el profesor y su relación con el mundo espiritual, será lo que pretenda enseñarte como verdad.

Un día, Jesús preguntó: ¿Quién soy yo? ¿Quién dice la gente que soy yo? Bueno, unos dicen que eres Elías, otros, Juan el Bautista que recuperó la cabeza. Ajá, ¿Y para ustedes, quién soy yo? Dudaron, porque hasta ese día, Jesús no había dicho en ninguna parte, Yo Soy. El Hijo de Dios, o yo soy el mesías, no. Si alguien lo decía, Jesús decía así es, o así sea, pero Él nunca lo había dicho.

Entonces Pedro, es tomado por el Espíritu Santo y dice: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús dice: bienaventurado eres tú, porque esto no te fue revelado por carne ni sangre, sino por mi Padre. Nota que, de los doce discípulos, uno recibe la revelación sobrenatural estando presente Jesús. ¡Uno solo recibe la revelación! La revelación, que para nosotros, hoy, aunque nos impacte, no nos resulta algo desconocido, para ellos era todo un misterio. ¿Quién era ese hombre, que hasta el mar se le sujeta?

¿Será Elías? Decían algunos. ¿Y por qué creían que podía ser Elías? Porque Elías no murió, sino que fue tomado por el Señor. Y estaba profetizado que regresaría. Por eso algunos creían que Él era Elías. Pero, es el Espíritu Santo el que desciende sobre Pedro, sin que sea Pentecostés, y le trae la respuesta.

(1 Samuel 14: 24) =  Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había juramentado al pueblo, diciendo: Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había probado pan.

¿Quién va a una guerra en ayuno? Fíjate; Saúl es una tipología exacta de tanto liderazgo ciego que todavía anda por allí queriendo hacerse dueño de la iglesia del Señor. Él había oído que el ayuno era bueno y lo impuso allí, totalmente fuera de contexto. ¿Quién podrá ir a una guerra con el estómago vacío? Y eso no significa estar en contra del ayuno, significa establecerlo en el momento adecuado y guiado por el Espíritu.

(25) Y todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo.

(26Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien hiciera llegar su mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento.

Hermano: ¿Tú conoces alguna clase de abejas que hagan sus panales para la miel a ras de tierra? ¿No, verdad? Entonces coincidirás conmigo que a esto lo puso Dios para que ellos pudieran comer algo antes de entrar en combate. ¡Se parece tanto a esos líderes actuales que, por simple ocurrencia personal, no comen ni permiten comer de esa miel divina a todos los que andan con el hambre afilado en medio de la guerra!

(Verso 28) = Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que tome hoy alimento. Y el pueblo desfallecía.

(29) Respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel.

(30) ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado de sus enemigos? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago entre los filisteos?

(31) E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; pero el pueblo estaba muy cansado.

(32) Y se lanzó el pueblo sobre el botín, y tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con sangre.

Noten: Dios les puso miel, y ellos matan animales y se los comen con sangre. ¡Y había maldición por hacer eso! Ustedes lo saben. ¿Pero dónde nació todo? De la ceguera del rey Saúl. Hermanos que han sido capturados por sectas, por el esoterismo, por el cientifismo, por el humanismo, por la psicología secular, por las filosofías griegas, y todo porque en sus iglesias no se les dio pan ni se les dio miel.

Por causa de aquella ceguera de Saúl, que hoy está representada por el espíritu religioso, los hermanos se ven en la necesidad de matar animales, o sea: comerse la basura, la basura que el mundo te da y que la iglesia, lamentablemente, en muchas ocasiones copia al detalle. Si a un joven nadie le muestra un demonio tal cual es, lo está dejando a su merced. Y la miel, como dice Jonatán más abajo, está puesta para que nuestros ojos se aclaren. Y tengo dos buenas noticias para ti: Dios quiere dártelo, sólo necesitas creerlo.

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junio 29, 2019 Néstor Martínez