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Siete Pasos de Protección

 

Dentro de lo que conocemos como la iglesia, se ha hablado mucho y se sigue hablando, todavía, del tema de la sanidad física. Yo no creo que tú hayas entendido todo a este respecto y, es más, creo que yo tampoco lo he terminado de entender. No obstante, me gustaría reflexionar en algunos puntos para, por lo menos, arrimar algo más de claridad en todos.

Se han escrito libros y presentado cientos de trabajos dentro de nuestros ambientes, respecto a la sanidad física sobrenatural. De todos modos, estoy en certeza que nadie, pero absolutamente nadie, hoy, podría titular un trabajo al respecto con un molde que dijera, por ejemplo: “Así sana Dios”.

Lo que sí se ha podido observar, es que la sanidad física tiene tres factores, que quizás no sean los únicos, pero que son notorios y puntuales. Quiero que me acompañes el libro del Éxodo 3. Cuando Moisés tiene un encuentro con Dios, recuerdan ustedes él estaba en el desierto, y ve una zarza ardiendo, un matorral. Se acerca, hay un diálogo, y en el versículo 14, Dios se revela.  Es la primera vez que Él da su nombre tal cual es.

(Éxodo 3: 14) = Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: así dirás a los hijos de Israel. YO SOY me envió a vosotros.

El nombre de Dios, entonces, es YO SOY. Realmente, cuando hablamos de Jehová, es un término muy poco adecuado, es un error. Deberíamos, mínimamente, utilizar el término Yahveh, que sería el término más correcto. Esa es otra historia que también deberemos enseñar, pero no es el punto de ahora.

Aquí está la esencia del nombre de Dios. Y mira que nombre más extraño: YO SOY. De hecho, tiene que haber sido sumamente confuso para Moisés tratar de entender con qué se comía ese nombre tan raro. Porque si tú te fijas en el verso 13, porque allí Moisés dice: si ellos me pregunta cuál es tu nombre, ¿Qué diré?

Y la respuesta es esta: les dirás que YO SOY me envió. ¿Extraño, verdad? Sin embargo, muchos hemos tratado de entender y que de alguna manera resplandezca la revelación en cuanto a por qué el Señor usó el nombre de YO SOY.

Dos elementos: es la primera persona del singular. Segundo, están conjugados en tiempo presente. Aún en Apocalipsis, cuando se manifiesta el Hijo, dice: El que ES, el que ERA y el que HA DE VENIR. A veces hay canciones que toman ese pasaje y dicen el que es, el que era, y el que ha de venir.

Porque nosotros hemos aprendido a conjugar pasado, presente y futuro. Pero, técnicamente, bíblicamente, exegéticamente, lo correcto es YO SOY, primero. Ahora bien, ese YO SOY aparece varias veces. Una noche, los discípulos estaban atravesando el mar, había olas tremendas, inmensas, y en medio de ese panorama ven caminar sobre las aguas a uno que parece un fantasma, y esa figura les dice: ¡No temáis, YO SOY!

Y les está dando el mismo nombre que Moisés antes había escuchado, tantos y tantos años atrás. O sea: cada vez que él quiere manifestarse, subraya su nombre. YO SOY. Entonces, a diferencia de nosotros, mira; tú tienes un nombre para que te distingan de los demás.

Pero Dios, en cambio, tiene un nombre no para distinguirse de alguien, porque él no se confunde con nadie. Tu nombre si hace que te distingan de otros, y así y todo tenemos problemas cuando hay más de un Néstor en un grupo. Ahí es donde me veo obligado a utilizar el nombre que tuve que santificar y liberar de toda iniquidad de idolatría cuando conocí al Señor: Antonio.

Claro, así y todo puede pasar que existan dos personas que tienen el mismo nombre. Entonces allí es donde aparecen los apellidos, que cumplen su rol de diferenciación bastante bien, pero que tampoco son determinantes, sobre todo cuando tienes uno tan vulgar y masivo en el habla hispana como el mío.

Pero dios, en cambio, no muestra su nombre para distinguirse de alguien, sino para mostrar su naturaleza. Eso es sumamente importante que se entienda con claridad, porque es clave. Vamos a ir al Libro de Ezequiel, capítulo 48.

Hay siete rasgos en Dios. Y dije rasgos, no estoy hablando en absoluto, en este caso, de los siete espíritus de Dios, de los que en algún momento hemos compartido alguna enseñanza. Esto es otra cosa, son siete también pero rasgos, no espíritus. Y si quieres ser más delineador, siete rasgos redentores.

Y quiero mencionarlos para que los conozcas, aunque no lo haré por orden porque después de todo nadie dijo que tengan un orden, sólo están allí. Del primero que voy a referirme, vamos a leer algo donde te envié, el Libro de Ezequiel, capítulo 48 y verso 35.

(Ezequiel 48: 35) = En derredor tendrá dieciocho mil cañas. Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová sama.

Si somos técnicos en la traducción del hebreo, ahí estaría diciendo: Y el nombre de la ciudad desde aquel día será YO SOY sama. Reemplaza a Jehová por el nombre correcto que Él mismo da: YO SOY. Entonces sería, YO SOY sama. Eso explica un poco el contexto del verso 35, no vamos a leer todo.

Aquí está hablando de la restauración de Jerusalén, y en particular está hablando de la restauración de las doce puertas de Jerusalén. Es una palabra profética de lo que Dios un día va a hacer. Ahora bien; este término, Jehová sama, se traduce como “El Señor está allí”.

Sin embargo, esa no es una muy buena traducción. Porque realmente, este pasaje está hablando de la restauración de Jerusalén. El nombre correcto, sería: “Yo Soy tu restaurador”. O, en todo caso, “Yo soy el que te restaura”. Por eso dice que alrededor tendrá dieciocho mil cañas.

Y si tú lees más arriba, te hablas de cañas y cañas. Y las cañas son unas pequeñas plantas que crecen en lugares con mucha agua. Porque te habla de vida, te habla de fertilidad, te habla de que la ciudad fue restaurada a vida. Entonces, el primer rasgo redentivo que tenemos de Dios, es que Él Es Nuestro restaurador.

Por eso hace un momento te dije que hemos entendido tres cosas que tienen que ver con la sanidad. La primera cosa, es la oración. Esto es lo que más conoce la gente del común. No voy a entrar en más detalles, pero en Santiago dice que si alguno está enfermo, deberán llamar a los ancianos de la iglesia, ungirlo con aceite, y si hubiera pecado, etc. .etc. y la oración de fe, sanará al enfermo.

Ahora pregunto: ¿Por qué a veces la oración de fe no sana? ¿O por qué la oración de fe se parece a un analgésico, y el enfermo se siente bien por un rato pero luego vuelve a decaer? Todo esto ha sido pensado y re-pensado por muchos de nosotros en muchas ocasiones. Quizás te ha pasado a ti mismo.

Quizás algún día oraron por ti, te sanaste por unos días y luego volviste a caer enfermo de lo mismo. Allí es donde uno empieza a condenarse, empieza a cuestionarse y pasamos al terreno de la autocrítica. ¿Será que no tengo fe? ¿Será que Dios me está castigando por algo que he hecho mal?

Pero, en la mayoría de los casos, no es un asunto solamente de fe. Lo quiero explicar. El primer elemento, entonces, es la oración de fe. Y está bueno, ¡Tiene que haber oración de fe! El segundo elemento, tan importante como el primero, es que tiene que haber una base escritural sobre la cual tu fe pueda ser edificada.

Y allí es donde la mayor parte de los hermanos están mal, porque la mayoría de ellos no conocen de memoria versículos que hablen de sanidad divina. Y esto es importante, mira esto. Un día, Jesús está hablando con Satanás, es uno de los muy pocos diálogos registrados en la Biblia que tienen los dos.

Y Satanás se acerca y dice: ¡Tírate! Y Jesús le responde: Escrito está, al Señor tu Dios no tentarás. Luego le dice: Mira los reinos que te puedo dar. La respuesta vuelve a ser: escrito está, sólo al señor tu Dios adorarás. ¿Recuerdas ese episodio, verdad?

Bueno, yo allí estoy viendo una dinámica: las tres veces que Satanás le dice algo, las tres veces Jesús lo aparta, pero no con sus opiniones, sino con palabra. Palabra que estaba escrita, literalmente, pero que él la conocía de memoria.

Lo que se aplica a un cuadro de sanidad física, se aplica a un drogadicto que no puede dejar las drogas, o a un alcohólico que no puede dejar de beber, a un adicto al sexo que no puede dejar de buscarlo en fornicación o en adulterio. ¡Necesitas palabra sobre la que tu fe pueda edificarse! Porque si no tienes una palabra, tu fe está en el terreno de la presunción.

Por ejemplo, t digo: ¿Qué derecho tienes tú de pedirle a Dios que te sane? ¿Por qué tú estás allí, ahora, pidiendo una sanidad? Cuando la enfermedad toca tu cuerpo, ¿Qué le dices? ¿Ocupado, váyase, no hay nadie? ¿No sería mejor decirle: enfermedad, escrito está, y luego darle lo que está escrito para cada caso?

Entonces nos damos cuenta que lo que falla, no es la oración de fe. La gente oró con fe. Lo que falla es que esa oración no tiene algo concreto y contundente para agarrarse dentro de la persona. Y la persona siente que se sanó, por allí, porque dentro de esa persona hay una carga emocional o psicológica fuerte.

Pero, cuando mañana o pasado, su vida comience a desarrollarse otra vez de manera rutinaria, no tiene nada sobre la cual pueda edificarse y decir: yo tengo derecho a estar sano por esto, por esto y por esto. La segunda cosa que se nota, entonces, es que hay una carencia muy grande de palabra, de promesas relacionadas con el tema.

La tercera fase o elemento es la que te dice que el cuerpo se ha acostumbrado a vivir enfermo. Lo que te estoy diciendo, lo habrás visto al pasar los años. El cuerpo se ha acostumbrado a auto-medicarse, se ha acostumbrado a que cada día le duela algo.

Además, existe un paradigma no escrito pero sí bastante asumido, que por diversas causas la gente tiene que morirse joven, cuando lo que Dios dice lo contradice abiertamente. Y lo otro, es que como seres sociales, nos hemos acostumbrado a una sana e insana dependencia al médico.

Y la sociedad se ha acostumbrado a que, por ejemplo, cuando vayas al dentista, una carie por lo menos vas a tener. Hay una costumbre casi tradicional a que una farmacia no sea un lugar de circunstancia, sino un sitio de compra regular del mismo nivel que una panadería o carnicería.

Ahora bien: la oración de fe, con todo su valor e importancia, no puede cambiarte esta manera de pensar. Aquí eres tú el que debe trabajar muy fuerte para modificarla. Fíjate; detrás de cada drogadicto o alcohólico, hay un problema espiritual que con la oración seguramente habrá de resolverse, pero también una manera de pensar que no tiene nada que ver con la oración. Si tú no la cambias, recaes en el problema.

Porque lo que espiritualmente podemos hacer, no es magia, sino un simple proceso de restauración. Cierto es que el pecado ha afectado el espíritu, pero también ha afectado tu alma y tu cuerpo. La enfermedad afecta el cuerpo, pero también afecta el alma. El alma se queja por el dolor del cuerpo.

Es una dinámica compleja. Pero de todos modos, para poder pensar en una sanidad completa y a largo plazo, se deberán tener muy precisos estos tres puntos: 1) Una oración de fe sincera y auténtica. 2) Un conocimiento de la palabra respecto al tema. 3) Y un cambio en la manera de pensar sobre asuntos en los que se ha estado cometiendo errores.

De todos modos, creo que hay una plataforma sobre la cual nos podemos parar para comenzar a solucionar esto. Todos nosotros hemos orado por la sanidad de alguien. En algunos casos, la sanidad ha sido inmediata y definitiva, pero en otros ha sido temporal y, en casos, postergada en el tiempo.

De hecho, yo soy uno de los que entiende que el problema no está en la persona que ora por sanidad, sino en la que recibe esa oración. Tiene que haber un ejercicio en el espíritu y también en la mente. Entones, cuando aquí die: YO SOY tu restaurador, tengo que preguntarte por qué crees que Dios se manifiesta con ese título.

¿Sabes por qué? Porque mira como llegaste al Señor tú. Él te restauró. Todos aquellos que han pasado por la salvación, después de haber sido golpeados por este mundo, nuestro Señor ha sido un Dios restaurador. Los ha restaurado.

Y esto nos hace ver que Él puede restaurar cualquier cosa. No importa la situación tan desesperada que hayas vivido, Él puede restaurarla. Él puede restaurar el matrimonio más destruido que puedas imaginarte. Puede hacer volver al hijo que se fue de la casa hace años. Él es un Dios de restauración.

Cuando tú oras para que Dios restaure tu matrimonio, tú estás diciendo que crees que Él es un Dios restaurador. ¡Y tú tienes el derecho a reclamarlo, porque Él se manifiesta como restaurador! Y no solamente eso, sino cualquier área de tu vida que necesite ser restaurada, él lo hará.

(Jueces 6: 23) = Pero Jehová le dijo: paz a ti; no tengas temor, no morirás.

(24) Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.

El segundo rasgo de Dios es Paz. Ahora bien; Jesús, ¿Habló de esto? Sí. Mi paz os dejo, mi paz os doy, dijo. ¿Sabes? Luego de haber conocido y aceptado a Jesús, iglesia, tú tienes derecho a vivir en paz. No es algo fuera de serie para gritar aleluya y gloria a Dios. Grítalo, si quieres, está bien, pero esto es un derecho.

Así como siendo habitante de tu país, tienes derechos a ciertas y determinadas cosas que tu país ofrece a sus habitantes, así también como hijo de Dios y miembro de su Reino, tú tienes derecho a la paz. Entones la pregunta que se cae de madura, es: ¿Por qué no hay paz en el mundo? Respuesta simple: porque el mundo ha elegido vivir lejos de Dios. Ah, y una parte de lo que se auto denomina como iglesia, también.

Porque paz, no tiene nada que ver con un estado contrario a la guerra. Esta paz de la que estamos hablando, es un estado de quietud, de reposo, de descanso, de refrigerio. Puedes ver que todo se está cayendo a tu lado, y tú permanecer como si nada. Paz. Sobrepasa todo entendimiento humano.

Ahora, si tú te consideras un creyente fiel y eres alguien que cuando el piso comienza a moverse te das cuenta que no tienes toda la paz que deberías tener, entonces reclámala a Dios. Él sabe que tú eres fiel y Él es un Dios de paz, no va a negártela.

¿Y esto también es redentivo? ¡Claro que sí! ¡El mundo no tiene esto! La supuesta paz del mundo es condicional. Condicional a si tienes dinero, si tienes seguridad, si todo anda bien, allí sí hay paz. Pero, ¿Qué dicen los salmos? Aunque la tierra tiemble, yo en ti confiaré.

¿Cómo podrías estar en paz cuando la tierra tiembla? Es que he conocido al Dios de paz, Jehová salom. Paz. Que no es serena tranquilidad te tener todo bajo control, sino la paz genuina de saber que alguien está velando por ti y que nada va a salirte mal. Este es el segundo rasgo redentivo. El tercero.

(Salmo 23: 1) = Jehová es mi pastor; nada me faltará.

Jehová raah. Eso significa: “El Señor es mi pastor”. Qué tremendo poder descubrir al Señor como pastor. Porque si tú lees la continuación de este salmo, podrás ver que todos los versos que siguen, son la continuación de este verso 1 que hemos leído.

Pero quedémonos con el primero: Jehová es mi pastor, nada me faltará. En realidad, según los originales, todo esto está en tiempo presente, no futuro. Nada me falta. Hoy, ahora, ya mismo, no mañana o un día de estos. Y ese nada me falta, quiero contarte, no está ligado solamente a asuntos materiales.

No. Dice que conforta nuestra alma, que nos hace descansar. ¿Qué tiene que ver eso con lo material? ¿Qué tiene que ver con  lo material esto de aderezas mesa delante de mis angustiadores? Escucha, humano, carne andante. Déjale la vendetta a él. Él va a hacer que tus enemigos miren desde la primera fila, cuando la bendición sea dispersada sobre ti.

Porque eso es lo que está diciendo, que él te llena de bendición en presencia de los que te odian. Entonces, el Señor tiene que manifestarse como Jehová raah, el Señor es mi pastor. Si tú sientes que estás en la orfandad espiritual, que te falta ese consuelo de parte de Dios, reclámalo. Di: “Yo quiero ver al Señor como mi pastor, porque no lo estoy viendo”. Tercer vínculo redentivo. Cuarto.

(Génesis 22: 13) = Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en lugar de su hijo; (14) y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: en el monte de Jehová será provisto.

El término tú lo conoces: Jehová jireh, “el Señor proveerá”. Quisiera remarcar esto. Die que en el monte de Jehová será provisto. Nosotros tomamos solamente la primera parte del verso, el Señor es proveedor. Pero tú tienes hermanos que se están muriendo de hambre. ¿Qué es lo que pasa?

Pero nota lo que dice a continuación: en el monte de Jehová será provisto. No dice Jerusalén. Si dijera Jerusalén, estaría hablando de la iglesia. Dice: en el monte de Jehová. ¿Y qué es el monte de Jehová? Es el lugar donde él habita. Eso significa que, si en tu casa no habita el Señor, no esperes provisión.

Aunque pongas veinte cuatros desparramados por toda tu casa con ese versículo, no esperes resultados. Sólo si subes al monte de Jehová tendrás provisión. El monte de Jehová no es la iglesia, es el lugar donde tú habitas. Porque tú construyes un monte para el Señor.

O sea: Él va a proveer en un lugar en donde Él, es el que mora. Pero si tu asa es una jungla donde se cumple la ley de Darwin, la ley del más fuerte, va a ser muy complicado que el Señor pueda proveerte. La voluntad de Dios es que no te falte nada, pero a veces Él provee y los provistos se llenan de orgullo vanidoso.

Días atrás hablaba con alguien respecto a la actitud de un joven creyente respecto a una familia que no lo es y que se empeña en hacer una peor que la otra. Dios dice una sola palabra: ¡Sal de allí, pueblo mío! ¡No puedes tener alianzas contrarias al propósito y la voluntad de Dios! ¡Así no podrás recibir bendición!

Esto no se lo puedes decir a cualquier persona, pero si tú no puedes edificar un monte para Dios en el lugar donde estás, ¿Sabes qué? Estás en un formidable problema. Parece muy duro, ¿Cierto? Pero es absoluta verdad y, como tal, no se puede ni se debe silenciarla. Así se ministra al Rey de reyes y Señor de señores. Otra cosa distinta es ministrar conveniencias.

Hay gente de avanzada en la iglesia, hoy, que quizás serían acusadas de herejías u otras bellezas por el estilo cuando dicen que hay muchos que deberían haber dejado sus casas por estar atados a derrota por su entorno. Y eso, incluye matrimonios. ¡Huau!

Algo es claro: si tú estás siendo levantado por el Señor, para lo que sea que Él haya dispuesto para tu vida, no podrás darle a otra cosa tus prioridades. Y no podrás permitir, si deseas seguirle, que nada ni nadie estorbe tu destino. Hay momentos en que debemos pagar los precios que debemos pagar.

Sé que muchos no logran entender o aceptar esto, pero sólo te diré algo. ¿Sabes a qué has venido a este mundo? Dios te ha puesto aquí para que hagas su voluntad, no para que seas felicísimo y tengas un hogar maravilloso, hijos tremendos y nietos de primera. Eso es muy bueno para añadirlo al propósito divino, pero nunca para reemplazarlo. ¿Duro de entender y aceptar? Durísimo, lo que no significa que no sea cierto.

Porque la razón más importante por la cual Jesús murió en una cruz, fue para que nosotros cumpliéramos una tarea, un propósito. Y por encima de todo aspecto personal, por encima de todo vínculo., esto debería estar definitivamente claro en tu corazón.

Debes cumplir el propósito. Debes ejecutar tu destino. Y si hubiera algo o alguien que no te permite cumplir tu propósito o ejecutar tu destino, deberías decirle que hasta aquí llegaste y que para hacer lo que tienes que hacer, necesitas abrir espacios entre eso o esa persona y tu vida. ¿Tanto? No lo sé, dios lo sabe; Él es quien fija el precio a pagar.

Está más que claro: Dios quiere proveerte, pero va a proveerte en el correcto contexto de tu misión. Escuché decir una vez y me pegó fuerte que, si un cristiano trabaja en un casino y no está en blanco con su salario, a ese casino le va a ir muy mal aunque el juego rinde mucho.

Pero, si ese mismo cristiano trabaja en un casino y está en blanco con su salario y legal en el contrato, Dios va a bendecir ese lugar aunque no sea el juego algo que viene de Dios, precisamente. Lo dejo a tu criterio, yo me formé el mío, pero no tiene valor de cosa absoluta ni mucho menos.

En el monte de Jehová hay provisión. Si tú puedes, dentro de tu familia, sean todos creyentes o no, levantar un monte para Dios, Dios bendecirá y proveerá a tu casa, tal como lo ha prometido. Te quiero volver a presentar a un Dios proveedor. Jehová jireh. Él quiere proveerte en todo.

Y un elemento más que va muy ligado a este texto. Cuando aparece el carnero enredado en la zarza, pregunto: ¿Abraham está haciendo la voluntad de Dios o está desobedeciendo? ¡Está en la voluntad, él está obedeciendo! Dios le había pedido una prueba más que difícil, darle a su hijo.

Y cuando él está ahí, a punto de entregarle a su hijo sin dudarlo, ahí es donde aparece el carnero. Es en esas condiciones en las que Dios provee. O sea: no provee desobediencia, no provee ilegalidad. Cuando tú estás obedeciendo al Señor, tú tienes derecho a exigir provisión.

Es la misma responsabilidad que le cabe al padre de familia. ¿Sabes? Dice la Biblia que aquel que no provee para su casa, es peor que el incrédulo. Y en el marco de la iglesia hay personas así. ¿Y se tendrá que seguir llamando hermano a alguien que la Biblia condena por no proveer? De hecho, no me refiero a gente imposibilitada o enferma.

Hay algo que no siempre se ha terminado de entender dentro del pueblo: Dios te va a dar lo que tú no puedas conseguir. Lo que tú puedas conseguir, Dios permitirá que tú lo obtengas. Así es como funciona porque es un principio que, si quieres, nace desde una especie de maldición, pero está vigente: con el sudor de tu frente ganarás tu pan. ¿Maldición? ¡Sí! ¿Con esfuerzo? También, pero efectivo.

Y es el hombre el que ha sido diseñado por Dios para esa responsabilidad, no la mujer. Gloria a Dios por cada una de las mujeres que han tenido que calzarse los pantalones para sostener sus casas y su familia, pero ellas no fueron diseñadas para trabajar como locas y dejar sus hijos con otros. Fueron diseñadas para darles a sus hijos la mejor educación, esa que nunca recibirán en la escuela ni en la iglesia.

Si vamos a establecer una nueva cultura, una cultura de Reino, que en realidad es la cultura que imperó al principio de toda esta historia, los cristianos tendrán que aceptar que, más importante que la existencia de dos salarios en una casa, es que la madre eduque a sus hijos con todos los valores que Dios propone.

Después de todo, la primera y más grande bendición que el hombre ha recibido en su conjunto, sin diferenciar creyentes e incrédulos, es ese kilo y cuarto de cerebro. Luego, será cuestión que empiece a darle el mejor uso. De las tres mil ideas que pasan por una mente en un día, una por lo menos tiene que ser buena. Es un don redentivo de Dios, es proveedor. Punto cinco.

(Éxodo 17: 12) = Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

(13) Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

(14) Y Jehová dijo a Moisés: escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

(15) Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová nisi:

Esto es: “El Señor es nuestro estandarte”. Estandarte. Hemos nacido en una época en la que ya no estamos bajo tribus, pero si lo estuviéramos, el estandarte nos identificaría como grupos. Los antiguos navegantes, cuando veían una bandera negra con una calavera y dos huesos, trataban de huir a toda máquina. ¿Se entiende, verdad?

Esa bandera significa: ¿Bajo quién estás? Todos los países tienen su bandera que es, de alguna manera, su estandarte identificatorio. Si ves venir a alguien con un estandarte con dos franjas celestes laterales y una blanca al centro, sabes que quien viene pertenece al grupo de los argentinos.

Muy bien: Dios dice: Yo Soy tu estandarte. Y fíjate el contexto de todo esto, porque el contexto es bueno. Si no, sólo es un pretexto. ¿Sabes eso, no? Un texto sin contexto, sólo es un buen pretexto. ¡Qué dupla ganadora la de Josué y Moisés! La victoria de Josué era posible en tanto y en cuanto Moisés estuviera con sus brazos levantados.

Ese era un trabajo de equipo. Y cuando ellos ya no pueden más, el Señor es revelado como estandarte. Ellos pelearon y pelearon hasta, -dice-, que se puso el sol. Y es en ese lugar donde Dios dice: yo soy nisi. Yo soy estandarte. Al Señor no le gusta tener que hacerlo todo, le agrada mucho ser socio nuestro. Otra vez estamos viendo una revelación redentora de Dios para con hijos que están en su voluntad. Sexta.

(Jeremías 23: 6) = En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra.

Jehová justicia nuestra. Jehová tsidkenu. Justicia nuestra. Te puedo asegurar que él no pierde causas. No lo van a sobornar, no hay manera que algún código penal te afecte si él te defiende. Porque conforme está escrito: Jehová es mi justicia. Séptima.

(Éxodo 15: 26) = Y dijo: si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.

Muy bien; aquí llegamos al eje central de todo este tema. Aquí tenemos con suma claridad una importante promesa. Pero esta promesa está ligada, necesariamente, al cumplimiento de algo por nuestra parte. Con gritar ¡Jehová es mi sanador! Todas las veces que quieras, no alcanza.

En el hebreo, es Jehová rapha. Tu sanador. Mira nuevamente este verso 26. Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios… ¿Has aprendido a escuchar la voz de Dios? ¿La estás oyendo, hoy? E hicieres lo recto delante de sus ojos… ¿Lo estás haciendo? Cosas justas. Hay gente que está enferma porque hace impiedad.

Y dieres oído a sus mandamientos… Hay gente que es desobediente. Y guardares sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti. Porque yo soy Jehová tu sanador. Esto te está dejando algo más que en evidencia: que la voluntad de Dios es que todos nosotros estemos sanos.

¿Tú puedes creer eso? ¿De verdad lo crees? Ven conmigo al Salmo 105. Si estás enfermo o enferma en este día, esta palabra es para ti. Está hablando de lo que Dios hizo cuando sacó a su pueblo de Egipto. Voy a leerte los versos 36 y 37.

(Salmo 105: 36) = Hirió de muerte a todos los primogénitos en su tierra, las primicias de toda su fuerza.

(37) Los sacó con plata y oro, y no hubo en sus tribus enfermo.

¿Quieres que hagamos algo al estilo iglesita de domingo? Repite conmigo: no hubo en sus tribus enfermo. ¡No hubo en sus tribus enfermo! Ahora dime lo que se te ocurra, tráeme a todos los médicos habidos y por haber, incluso cristianos fieles y sinceros ellos. ¡No es la voluntad de Dios la enfermedad! ¡No la es!

Escucha; si tenemos a Jehová rafa; si tenemos promesas de sanidad; él es quien sana tus dolencias. Bendice alma mía a Jehová. ¿Recuerdas? Si dice acá que no hubo enfermos entre los que salieron de Egipto, y que conste que vivieron cuarenta años por allí, en el desierto, caminando, ¿Cuánto más nosotros tenemos derecho?
Ahora, cuando él se manifiesta como Jehová sanador, ¿Qué dice? Si tú escuchas, si tú crees, si tú obedeces, si tú haces lo recto, ¿Sabes? Ninguna de las plagas que mandé a los egipcios, te tocará. Tú puedes decir dos cosas: “Padre, quiero que me examines. ¿Estoy en injusticia?

Tal vez no te oigo. No quiero decirte sí, sí, a todo; quiero meditar y ver qué pasa”. Durante mucho tiempo, muchos de nosotros, hemos venido creyendo, enseñando y aprendiendo que la enfermedad puede venir del diablo, o que Dios puede utilizarla como método disciplinario.

Sin embargo, a medida que han pasado los años, hemos tenido que ir excluyendo esas cosas. Ni una hoja de un árbol se cae sin que Dios lo permita. No hay nada que el infierno pueda hacer que no tenga derecho de hacer. Cuando te das cuenta que te viene una enfermedad del infierno, el punto no es pelearse contra el infierno, sino darte cuenta por qué el infierno tuvo derecho de tocarte.

¡El infierno no puede tocarte! Jesús nunca se enfermó de nada. ¿Dónde lees en la Biblia un pasaje que te diga que Jesús estaba enfermo? ¿Recuerdas lo que Él dijo? Viene el príncipe de este mundo, pero él nada tiene en mí. El diablo no puede hacer casi nada en esta área. Si puede hacer algo, es porque tiene derecho.

En segundo lugar, tú tienes un Padre, no un juez. Y tu padre no te va a mandar una enfermedad para que tú aprendas algo. Normalmente tú te agarras las enfermedades del reino de la oscuridad, porque allí habitan las oscuridades, por cosas que nosotros mismos hacemos.

Porque no escuchas la voz del Señor, porque no obedeces, por eres gente injusta. Y esto no debería ser para que tú empieces a mirarte para adentro. Nadie quiere eso. Yo, personalmente, quiero provocar otra cosa. Quiero que veas tu fe expresada en el deseo de Dios.

Dios quiere que seas sano, esa es su expresión. Es necesario que escuches al Señor. Es necesario que le obedezcas. Y no se trata ni por asomo que Él te castigue por no obedecer, ¡No! ¡Él no anda anotando errores tuyos! Lo que pasa es que las enfermedades se te pegan a ti cuando tienes abierta esa protección que tú tienes.

Míralo desde la medicina, si quieres. ¿Por qué diez niños se resfrían y uno no? Porque ese se había tomado un complejo de vitamina “C” y estaba resguardado. ¡El Señor es nuestra vitamina mayor! Nadie se enferma porque le venga un virus especial que lo odia. ¡Sólo tienen bajas sus defensas por cuestiones espirituales!

Aprende esto: lo único que te defiende del infierno, es estar en el centro de la voluntad de Dios. Si estás obedeciendo al Señor, el infierno no sólo no tiene derecho a tocar tu cuerpo, sino que tampoco puede hacerlo con tu dinero, por ejemplo. Pero si andas en impiedad, no tienes protección y quedas expuesto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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mayo 16, 2017 Néstor Martínez