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Revestidos de Toda Justicia

Todos sabemos muy bien que hay una gran diferencia entre la dimensión del espíritu y las tres dimensiones de la tierra. Ya hemos dicho que Dios es luz y su Reino tiene muchas dimensiones. La tierra tiene solamente tres dimensiones. Nuestros pensamientos están adecuados para pensar en tres dimensiones. Para pensar conforme al tiempo. Pero el cielo no es tridimensional ni está sujeto a eso. La Biblia fue escrita desde la revelación del cielo hacia la tierra. Y hay cosas que Dios quiere que entendamos, y que solamente nuestro espíritu las puede entender. Y aquí es donde los misterios de Cristo se revelan.

Es tremendamente complicado pretender que el común denominador de las personas entiendan esto. Es más; no deja de ser muy complicado, incluso, lograr que lo entienda la que se llama a sí misma: La Iglesia. Estamos demasiado familiarizados por programación familiar, secular y mayoritaria, con la dimensión de las cosas materiales y visibles, con lo que se puede tocar y palpar, con lo que resiste un racionalismo heredado de Grecia e infiltrado en el cristianismo con alta potencia. Todo ese conglomerado, produce en el pueblo de Dios un grado de confusión e inseguridad que inevitablemente lleva al miedo y a la duda, dos factores que son diametralmente opuestos al simple hecho puro de vivir por fe.

(Gálatas 3: 27) = porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

(28) Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Y acabamos de leer que si hemos sido bautizados en Cristo, estamos revestidos de Cristo. Ahora mira esto. El autor de esta carta a los Gálatas, es el mismo que escribió la carta a los Romanos. Y en Romanos 13:14, dice: sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. Muy bien, pero ahora la pregunta, es: ¿Cómo es posible que estemos revestidos de Cristo en el bautismo, y ahora Pablo nos diga que nos vistamos de Cristo? Y si Cristo ha hecho su morada en nosotros, ¿Por qué tenemos que revestirnos de Cristo? Si en Él me muevo, estoy y soy, ¿Por qué me tengo que revestir otra vez de Él?

Y esto es muy importante de ver, porque entonces podremos darnos cuenta que nos movemos en varias dimensiones. Dice que cuando tu espíritu se une al Espíritu de Cristo, eres hecho una nueva criatura. Pero Pablo dice que debemos revestirnos del nuevo hombre. Entonces la pregunta es: ¿Por qué Pablo está haciendo una diferencia entre la sustancia que nos habita y el vestido? Yo creo que bien vale la pena esmerarnos para entender esto, que llamaríamos vestidos dimensionales.

Pablo está hablando de que cuando somos bautizados, somos revestidos de Cristo, y él termina diciendo: Porque sois uno en Cristo Jesús. Este revestimiento tiene que ver con la identidad. Todos en Cristo perdemos la identidad en cuanto a nuestro género, y también nuestra nacionalidad, porque no es mejor un judío que un griego. Tampoco es mejor un hombre que una mujer. No es mejor el libre que el esclavo. Cuando entramos en las aguas, en el bautismo de Cristo Jesús, (Y mira esto con la profundidad dimensional que tiene, y no en lo histórica y tradicionalmente literal) somos absorbidos en la identidad de Cristo. Dejo de ser yo, con una identidad individual, para ser parte del Gran Uno, que es la ciudad celestial.

Nuestra identidad es transformada en la totalidad de esta vestidura de Cristo. Estas vestiduras van a tener tres distintos tipos de forma. Primero esta, que absorbe nuestra identidad y nos hace uno. Aquí se da lo que decía Pablo: Ya no vivo yo, más Cristo vive en mí. La segunda forma en que nos revestimos, tiene que ver con la sustancia. Y esto es lo interno que va absorbiendo lo externo para transformar lo externo. Y aquí también es lo que decía Pablo, en 1 Corintios 15: esto corruptible tiene que vestirse de incorruptible. Esto, mortal, tiene que vestirse de inmortalidad. No te olvides que cuando Dios dice que somos imagen y semejanza de Él, nos dice que somos imagen, (que es icono) por Jesús, única figura humana visible de la deidad, y que somos semejanza porque somos un Espíritu igual a Él. Y por ende, necesitamos un cuerpo para manifestarnos en esta tierra.

Entonces, cuando Cristo viene a vivir en nuestro espíritu; cuando los dos espíritus se unen en uno. El que se ha unido con Cristo, un espíritu es con Él. Aquí va a empezar un proceso del Espíritu que va a comenzar a iluminar el alma. Y esto tiene que ver con la sustancia de Cristo. La sustancia de Cristo, es su naturaleza. Y esto ya tiene que ver con nuestro yo en la tierra, nuestro funcionamiento en la tierra. Porque esto que está en mí, que es la vida de Cristo, va a ir afectando todo mi ser interior, para que lo externo reciba el reflejo de esa luz.

Es como lo que sucede en la transfiguración. Dice que Jesús empezó a irradiar la gloria de Dios. El autor del evangelio pudo haberse quedado allí, era un resplandor de altísimo fulgor Él transfigurándose así. Pero se dio cuenta que aún sus vestiduras habían recibido una gloria diferente. Fíjate como aun sus vestimentas comenzaron a brillar. Aquí vemos como lo interior empieza a afectar lo exterior. Porque no era que Cristo estaba brillando y sus ropas permanecían naturales, como si nada ocurriera. Eso quiere decir que lo que está dentro de nosotros, afecta lo externo.

De todos modos, esta debe ser la escena bíblica que más contradictoria parece con el resto de la enseñanza clásica y tradicional. Porque en el marco de esa transfiguración, se aparecen personajes que ya estaban fallecidos, y esto choca con aquello que se nos ha enseñado por años, respecto a que los muertos no tienen ni pueden tener contacto con los vivos. Incluso se enseña en guerra espiritual que, cuando eso aparentemente sucede, (Casi sesiones espiritistas), en realidad son demonios los que simulan ser espíritus de parientes fallecidos. ¿Cómo interpretarlo, entonces? Como un hecho tre-dimensional. Yo sé que no entra en tu mente ni puedes entenderlo aunque te lo explique, así que te sugiero aguardar lo mismo que debí aguardar yo, que el Espíritu Santo me lo muestre un día con tanta claridad que alcance para convencer a un duro de cerviz como era yo.

Primero es llenado el espíritu de toda la plenitud de Dios, dice la Palabra. Entonces, esa luz va a empezar a iluminar mi entendimiento. Y esa luz va a empezar a iluminar todas mis células. Dijimos en algún momento algo que quizás ya, alguno de ustedes pueda haber experimentado y comprobado, que todo nuestro cuerpo se vuelve luminoso cuando es necesario que así sea. Cuando nuestros ojos están llenos de luz, viendo lo que Dios ve. Entonces, en el absoluto celestial, estamos vestidos de Cristo, y eso tiene que ver con nuestra sustancia. Y lo otro tiene que ver con el reflejo de Cristo en la tierra, a través de nuestras vidas.

Me tocó cambiar de empleo ya siendo adulto mayor. La empresa estatal donde trabajaba fue privatizada y se desprendió de más de la mitad de sus empleados. Se nos despidió correctamente, pero quedó sin trabajo mucha gente grande que ya no podía reinsertarse. A mí el Señor me cuidó y me dio un trabajo nuevo aún mejor que el que había perdido. El primer día que ocupé mi nueva oficina, me senté en mi escritorio para hacerme cargo de una tarea muy importante en el área de prensa, A los quince minutos se acercó una de mis nuevas compañeras, una señora que tenía serios problemas en su familia y me preguntó si yo tenía algo para decirle.

¡Sin conocerme me dijo que había visto alrededor de mi una luz y “algo” le dijo que yo tenía algunas palabras que la ayudarían! Lo único que se me ocurrió fue presentarle a Cristo y acompañarla a hacer una decisión de fe por Él. Ni vale la pena que te cuente el cambio rotundo que dio su vida, el de su matrimonio, sus hijos y su familia toda. Más tarde, con plena confianza con ella, su esposo y su casa, no pudo nunca explicarme coherentemente qué fue lo que vio en mí que la hizo venir a preguntarme eso cuando ni siquiera me conocía ni sabía que yo era creyente. Misterios que ahora sabemos que son muy poco misteriosos para los hijos genuinos del Dios de todo poder.

Entonces, en la primera manifestación del vestido, no tengo que hacer nada más que bautizarme en Él. Y recuerda que no siempre esto tiene que ver con una pileta llena de agua, vestidos blancos y gente dándose un chapuzón hacia atrás. Bautizarse es sumergirse, y debemos sumergirnos en Cristo sin necesidad de utilizar el agua literal. Es el Agua de Vida y alcanza y sobra. Como segunda manifestación, tengo que dejar que la sustancia de Cristo me invada. Y aquí es donde el entendimiento va a tener una importancia tremenda. En nuestro entendimiento, esto puede ser el bloqueo más grande para que todo esto suceda.

(Efesios 4: 17) = Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,

Los “otros” gentiles, les dice Pablo. Eso significa que esta carta va dirigida a creyentes gentiles que, en otros tiempos, vivían como nuestro propio mundo secular vive actualmente, en sus vanidades y sus gratificaciones para la carne o la mente. Y la peor de todas las vanidades, Pablo sabe muy bien, (Quizás por propia experiencia), que es la vanidad de la mente, porque es la que te produce pensamientos que de ninguna manera tienen que ver con realidades. Esta palabra, Vanidad, en el griego, es la palabra mapahiotes. Esto significa Sin propósito, una gente ineficaz, con los ojos puestos en aquello que no es real. Entonces, cuando la mente anda en la vanidad, es porque nuestros propósitos no son eternos y estamos afanados por nuestros propósitos terrenales. Estamos buscando el éxito de este mundo, estamos buscando ser vistos, tener un gran título, estamos buscando cosas materiales.

Hay personas que dedican su vida a perseguir una herencia terrenal, y se pasan la vida peleándose con toda su familia porque tienen que tener eso. Pero no saben que tienen muchísimo más de esa herencia celestial. Perdieron años y años de sus vidas peleando por estas cosas, que como todos sabemos y muy bien, son absolutamente perecederas. Entonces, Pablo, aquí, les está diciendo que no quiere que ellos anden así, que son cosas terrenales. Y de alguna manera, tú lo has visto, son muchísimas personas las que, dentro de la iglesia, todavía siguen persiguiendo cosas terrenales.

Entonces dice que: no quiero que anden en la vanidad de sus mentes. ¿A nadie se le ocurrió pensar que si Pablo invierte tiempo y esfuerzo en enviarle esta carta a los Efesios es porque lo que les estaba sucediendo a ellos podía repetirse más adelante y en otros lugares? Evidentemente, no, porque si lo hubieran hecho, se hubieran dado cuenta que hoy mismo, a tantos y tantos años de escribir esto, él, esas mismas cosas sigue sucediendo como si nada hubiera pasado en medio. ¡Y resulta ser que en medio vino Cristo, murió por nosotros, resucitó y ascendió! Nada menos.

(18) teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;

Estamos viendo cómo, la tercera forma de esta vestimenta, es el reflejo de Cristo en la tierra. Cristo tiene que ser visto a través de nuestras vidas. Eso y no otra cosa menor es manifestar el Reino de Dios en la tierra, hoy y ahora. Cristo tiene que ser escuchado a través de nuestras bocas. No como predicadores, sino de lo que sale de nuestras bocas en nuestra vida cotidiana. Lo que viene, despues de todo esto que estamos viendo, no es una iglesia evangelista o predicadora de lindos mensajes. Lo que viene, si es que de verdad queremos manifestar el Reino de Dios en la tierra, es vivir al evangelio en cada paso y acto de nuestras vidas. No vale de nada un gran predicador o maestro de la Palabra con una vida que deja un enorme caudal de dudas.

Una vida consagrada y de santidad probada, será lo único que le demostrará al mundo incrédulo que eso es mejor que esa vida de disipación y promiscuidad que, con la excusa de la libertad y el amor esconden sus comportamientos sucios y pecaminosos. Y esto no es ser retrógrada ni represor, esto es sostener lo que Dios dijo desde un principio: Él aborrece toda forma de pecado. Y así sigue siendo. Es Dios y no cambia, es inmutable. Por eso aquí dice que la vanidad de la mente, está relacionada con tener el entendimiento entenebrecido. Y dice: porque sois ignorantes. Y esto nos vuelve al punto que hemos estado viendo: ¿Dónde están puestos nuestros ojos? Porque hasta donde yo sé, hoy, y ya fuera de todo ese andamiaje de insulto mundano que tanto daña y marca nuestra vida, ser ignorante no es ser ofendido ni menoscabado, ser ignorante de algo es exactamente lo que la palabra nos muestra: desconocer algo, no saberlo, no haberlo visto, que no nos ha sido revelado. Eso es ignorar. Y es malo, siempre.

Entonces, y casi por inercia de vida, cuando estoy desenfocado del cielo, voy a poner mi mirada en las cosas terrenales. Yo no puedo ser ignorante de lo que Dios quiere hacer sobre mi vida. Esta tercera forma del vestido, es mi diseño en Cristo. El Verbo de Vida, es el libro de la Vida de los cielos. Es decir: el Verbo Viviente. Y el libro de la vida, está escrito con todos nosotros. En el diseño de Dios, cada uno de nosotros somos una parte de ese libro de vida. El Verbo de Vida se manifiesta en nosotros, como un alfabeto viviente. O una carta viviente diferente en cada uno de nosotros. Por eso es que el entendimiento, nos quita y nos saca de la ignorancia, y ahí empezamos a ser conocedores de los propósitos eternos de Dios. Claro está que para nosotros, los que formamos parte de una generación que ya está pasando por esta vida y dejando espacio para las siguientes, decir Libro de la Vida es sencillo y entendible. Para las generaciones actuales, yo debería convertir eso en Archivos de Vida, o APP, o algo actual y apto para ser entendido como una manera de llevar un estricto y al mismo tiempo amoroso control de todo. Eso también es Dios. Una faceta que no siempre nos tomamos el tiempo de ver y tener en cuenta.

Y cuando empiezo a entender esos conceptos, es porque mi corazón se rindió. Y esto no es ninguna tontería. Creo que todavía no tenemos ni la menor idea de lo que significa un corazón rendido de verdad. Lo que pasa es que el yo-ego de mi corazón, siempre anda buscando la que sea mi manera, no la divina. Y mi manera establece su propia justicia, y esa justicia es trapo de inmundicia, dice el Señor. Este es uno de los errores más frecuentes en la vida de los creyentes, así sean sinceros, sólidos y maduros. Pero resulta ser que, a pesar de todo lo que termino de decirte, estos trapos sucios de inmundicia son de todos modos una vestimenta.

O estamos vestidos de la justicia de Dios, o estamos vestidos de nuestra propia justicia. Dios quiere llevar, al menos a un remanente, a un entendimiento de gloria y de luz. Y que la iglesia no siga diciendo que como Jesús vive dentro de mí, ya todo está perfecto. Porque a eso lo viene repitiendo como papagayo desde hace decenas de años, y las cosas nunca han sido distintas a como son hoy. Y tú tienes ojos, naturales y espirituales, y además tiene algo de calle y conocimiento del mundo para saber más o menos con certeza como es que andan las cosas hoy. ¿Con qué ropa estamos vestidos? Los frutos que se ven de tu vida, son la mejor y única respuesta. Todo lo otro que hacemos girar en derredor de esta verdad, es discurso. A veces, sólido y genuino; pero a veces también puede ser teológico, religioso y falso. Tú y yo lo sabemos. No podemos decir que nadie nos advirtió sobre esto.

Mira lo que dice el verso 1 de Mateo 22: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; Y después nos cuenta, con todo detalle, que ese rey  invitó a muchos a ese banquete, pero la gente que invitó a asistir rechazó la invitación. ¿Motivos? Todos los que se te ocurran, muy variados. Pero hoy algunos podrían ser: trabajo, redes sociales, distracciones, artes orientales, etc. Y fíjate lo que dice el verso 8: Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.

Dice que no eran dignos. ¿Tú sabes lo que significa ser digno de algo o para algo? Dignidad es cualidad de digno, es alguien que se comporta con decoro y se hace acreedor a un alto respeto. Es también ser portador de realce y de suma excelencia, no sólo en lo que hace, que siempre es importante porque es lo visible, sino mucho más en lo que es, que ya es patrimonio de Dios y de los que estamos más cerca. La dignidad está muy emparentada con la seriedad, que de ninguna manera es esa actitud circunspecta y casi solemne que hemos visto en tanta gente, sino en otra palabra que la resume con mayor precisión: integridad.++++++++

Yo creo que queda más que en claro que aquí estamos hablando del Reino de los Cielos. Y nos dice que hay gente que no es digna del Reino de los Cielos. Entonces Jesús, (Porque Él es el Rey), se enoja con ellos y dice que mandará a traer de los caminos, a cuanta gente encuentra dispuesta a venir. Si fuera en nuestra versión siglo veintiuno antes de la pandemia, ¡Llenó las iglesias! Las llenó de gente. Había muchísima gente. Y dice el verso 11: Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Quiero ser claro con la interpretación de esto. Un hombre que está en una boda y no está vestido como para boda, es alguien que no tiene sus ropas limpias. No podemos hablar de vestimenta humilde ni de llena de oropeles, hablamos de ropa sucia, que es lo único que no haría apto a alguien para estar en una celebración. ¿Sabes lo que es no tener las vestiduras limpias, verdad? De eso habla. Por eso la reacción (12) Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Más él enmudeció.

Si alguien quisiera entrar al Reino con sus ropas espirituales o morales sucias, ¿Lo trataríamos de la misma manera? En principio, cometeríamos el error más antiguo que en el plano espiritual ha cometido y comete la iglesia: lo trataríamos de “hermano”, porque estamos convencidos por la tradición que todo lo que se mueve y respira dentro de un templo, se le llama “hermano”. ¿Sabes qué? Si se te mete un demonio y tú l tratas de maravillas y encima lo rotulas como “hermano”, ese demonio no se va más de allí, será bueno que lo sepas. Y, en segundo lugar, trata de saber cómo fue que se las compuso para estar allí sin pertenecer allí. Por eso no obtiene respuesta. Los demonios saben muy bien que cuando no tienen algo fuerte para decir, lo mejor que pueden hacer es no decir nada.

(13) Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

(14) Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

Un demonio no se puede atar, a eso lo han dejado muy en claro hombres y mujeres de Dios que de esto conocen mucho más que yo. Pero lo que sí se puede y se debe atar, es a quienes porten esos demonios y pretendan trasladarlos hacia adentro. Y finaliza con una sentencia que todavía hoy le sigue doliendo a todos los religiosos que suponen que por el simple hecho de estar todos juntos en un mismo lugar haciendo las mismas cosas, luego todos irán al mismo lugar celestial compartiendo la misma salvación. Eso, por lo menos, es desconocer la real obra de Dios, su más alto sentido de misericordia y, fundamentalmente, su estricto sentido de Justicia. Si pecas y te arrepientes, eres perdonado, restaurado y entras. Si pecas y no te arrepientes, ninguno de los pasos siguientes son posibles y, por consecuencia, no entras.

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septiembre 24, 2021 Néstor Martínez