¿Quién no recuerda Juan 3:16? Por si hubiera alguien: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Además de este Juan 3: 16, la palabra original que se traduce como perecer también aparece en Lucas 13, 15, y 21.
Pero en estos tres pasajes, esta palabra se usa de una manera muy diferente. En el capítulo trece el Señor recibe el informe de que Pilato había matado un buen número de personas y había mezclado su sangre con los sacrificios de ellos.
El Señor dijo a los presentes que no debían considerar a esos galileos más pecaminosos que lo que eran ellos mismos. A menos de que se arrepintieran, todos ellos perecerían igualmente. Aquí perecer se refiere a la muerte del cuerpo; no tiene nada que ver con el alma del hombre.
El Señor dijo que había dieciocho muertos cuando cayó la torre de Siloé. A menos de que ellos se arrepintieran, perecerían igualmente. Esto se refiere a matar el cuerpo exterior. En la parábola del hijo pródigo en Lucas 15, el hijo pródigo dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”
Aquí perecer no se refiere a que el alma perece. Por lo tanto, esta palabra no se refiere solamente a la muerte eterna, sino a la muerte del cuerpo y a la inanición. Uno puede ser considerado como muerto cuando es asesinado. También puede ser considerado como muerto cuando está hambriento y a punto de morir.
En Lucas 21 el Señor dice que el cabello de nuestra cabeza de ninguna manera perecería. Ni siquiera nuestro cabello puede perecer. Ahora bien, es imposible que esto indique la muerte eterna. Con estos tres pasajes podemos inmediatamente captar aquello a lo que Pablo se refería.
Él se refería a algo que podría causar que pereciera la conciencia de un hermano débil. Por causa de esto ya no podría orar en la reunión y pensaría que estaba terminado, que había adorado de nuevo ídolos y que había comido de nuevo lo ofrecido a los ídolos en el templo de los ídolos.
También pensaría que había dejado de nuevo al Dios viviente, y su conciencia sería destruida debido a eso. Si leemos cuidadosamente la porción de la Escritura en 1 Corintios 8, desde el versículo 7 en adelante, veremos por qué Pablo dijo: Pero no en todos hay este conocimiento; algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina. Notemos que esto se refiere a aquellos cuya conciencia, siendo débil, se contamina.
Pero la comida no nos hace recomendables ante Dios; pues ni porque no comamos, seremos menos, ni porque comamos, seremos más. Esta es nuestra norma: si comemos no hay mérito, y si no comemos no hay pérdida. Sin embargo, aquellos que no tienen conocimiento encuentran un problema con esto.
Más mirad que este derecho vuestro no venga a ser tropezadero para los débiles. Aquí la debilidad no se refiere a debilidad moral o a una falta en cuanto a la doctrina. Más bien, se refiere a la debilidad de la conciencia. Si significara una debilidad moral o una falta en cuanto a la doctrina, este versículo perdería su significado.
Se refiere más bien a la debilidad de la conciencia. “Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, reclinado a la mesa en un templo de ídolos, ¿No será estimulada su conciencia, si él es débil, a comer de lo sacrificado a los ídolos?”
Aquellos con conciencia débil piensan que ya que otros pueden comer, también ellos pueden. Sin embargo, si tales comen, su conciencia se contaminará. Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió”, dice la versión Reina-Valera 1960. Por lo tanto, aquí, perderse, o perecer, no se refiere a la perdición eterna de un hermano, un salvo. Aquí se refiere al tropiezo espiritual de un hermano debido a la debilidad.
Si 1 Corintios 8 dice que el conocimiento de un hermano puede causar la muerte eterna de otro, entonces se puede decir que la salvación o perdición de un hermano depende del conocimiento de otro. Si ése fuera el caso, yo podría enviar a cada uno de ustedes al infierno por medio de mi conocimiento.
Si así fuera, la muerte de los hombres no sería determinada mediante ellos mismos, sino por otros. Sabemos que no es así. La Biblia dice que todo el que cree en el Señor Jesús tendrá vida eterna. Que un hombre perezca o no delante de Dios depende de si cree en el Señor Jesús.
¿Cómo pueden otros llevarme al infierno? Esto de ninguna manera concuerda con la Biblia. Con respecto al uso de la palabra perecer, podemos decir que aquí no se refiere a la vida eterna ni a la muerte eterna. Al contrario, se refiere al daño hecho a la conciencia y a llevar a una persona bajo ese daño.
Avancemos. El versículo 12 dice: De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Aquí, el pecado en contra de los hermanos se refiere a hacer que el hermano débil perezca mediante el conocimiento mencionado en el versículo 11.
El pecado en el versículo 12 se refiere a hacer perecer en el versículo 11. El versículo 12 dice que cuando tú causas que tu hermano perezca debido a tu conocimiento, tú estás hiriendo su conciencia débil. Por lo tanto, perecer, lo cual se menciona en el versículo previo se refiere a herir la conciencia.
Esto no se refiere a la vida eterna o a la muerte y perdición eterna. El versículo 13 desarrolla el tema relatando lo que significa herir las conciencias de ellos. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.
Si se ponen estos tres versículos juntos, se puede ver lo que aquí significa perecer. Perecer significa que la conciencia del hermano débil está herida, y herir la conciencia débil del hermano es hacer que el hermano tropiece. Por lo tanto, los versículos 11, 12, y 13 son tres eslabones unidos.
Nos muestran lo que significa perecer. Lo que aquí se trata no es en lo absoluto perecer en relación con la salvación. Si uno insiste en explicarlo de esa manera, diciendo que una persona salva perecerá, encontrará que su argumento es difícil de sostener. Será difícil explicarlo de esa manera.
Santiago 5: 19-20 dice: Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte el alma de éste, y cubrirá multitud de pecados.
Algunas personas también infieren de estos dos versículos que una persona salva puede perecer. Para ellos, en el versículo 19 tenemos un hermano. Luego, en el versículo 20, tenemos un pecador. Para ellos, el versículo 19 habla de hacer volver a un hermano, y en el versículo 20 dice que al hacer volver a un hermano, el alma se salva de la muerte.
Esto significaría que algunos hermanos necesitan hacer volver a otros, y algunos necesitan que sus almas sean salvas de la muerte. ¿No diría esto sencillamente que un hermano puede perder su salvación? Para poder entender estos dos versículos, hay unas pocas cosas a las que tenemos que prestar atención.
Primero, Santiago 5: 19 y 20 son como un monte aislado. No están conectados con los versículos anteriores, y no tienen continuación. Todas las demás epístolas de la Biblia tienen salutaciones y bendiciones. Santiago es el único libro que termina de esta manera. Los versículos 17 y 18 hablan de la oración. Parece que estas palabras de repente surgen de la nada. Esto es algo muy peculiar.
Segundo, desde el capítulo uno hasta el final, el libro de Santiago habla del amor práctico entre los hermanos. Debido al amor, tenemos la misericordia, el cuidado, y la preocupación por los hermanos. Esto es lo que nos muestra el libro de Santiago.
Desde 1: 1 hasta 5: 18, hay un hilo continuo, un tema y una meta definida. Sin embargo, los versículos 19 y 20, parecen surgir de la nada. Uno puede decir que el pasaje que abarca desde 1: 1 hasta 5: 18 está muy organizado. Pero no sabemos de dónde salen estos dos versículos finales.
Tercero, en principio, ya que los capítulos del 1 al 5 de Santiago hablan del amor expresado en la conducta de uno, los versículos 19 y 20 no deben desviarse de éste punto. Ellos también deben decirnos lo que debemos hacer o no hacer cuando amamos a los hermanos.
Si un pecador sigue en el error de su camino, y tú lo salvas en amor, tú estás salvando a un alma de la muerte. Además, tú cubrirás multitud de pecados. Todos los lectores de la Biblia saben que cubrir multitud de pecados es amor. Los muchos pecados mencionados aquí no se refieren a pecados delante de Dios, sino a los pecados delante del hombre.
Si tú vuelves a un pecador de las faltas en que éste ha incurrido, Dios ya no recordará sus pecados y los arrojará a lo profundo del mar. Todos sus pecados estarán bajo la sangre. Ahora bien, ¿y qué de nosotros? Supongamos que un hermano era un hombre muy malvado antes de llegar a ser cristiano.
Su historia pasada es muy negra y desagradable. Yo conozco su historia pasada y las situaciones de su pasado y puedo exponerlas. Pero si expongo los pecados de su vida anterior, actuaré en contra de la voluntad de Dios. Dios los ha arrojado a lo profundo del mar. Después de que somos salvos, Dios nunca menciona más nuestros pecados pasados. Cuando veo a un hermano, tengo que cubrir su pasado debido a que entre nosotros Dios ha cubierto nuestros pecados pasados.
El versículo 20 se trata del principio, y el versículo 19 se trata del ejemplo. En otras palabras, el versículo 20 es la fórmula, la ley, y el principio de acción, mientras que el versículo 19 es el caso específico y el incidente particular. El versículo 20 dice que si alguien hace volver a una persona, ésta no morirá y sus pecados estarán cubiertos delante de Dios y delante de los hombres.
El versículo 19 nos muestra lo que sucede cuando un hermano entre nosotros es desviado de la verdad o ha errado. Tenemos que hacerlo volver. La exhortación del versículo 19 se basa en el principio del versículo 20. Si ves a un hermano de la iglesia que se desvía de la verdad, tienes que recobrarlo.
Cuando un pecador se ha vuelto, su alma no morirá, y sus muchos pecados estarán cubiertos. Si es así, ¿Cuánto más debemos hacer por causa de un hermano? Santiago nos dice aquí que debemos tratar a los hermanos de la misma manera que tratamos a los pecadores. Nos dice que un cristiano debe tratar a sus hermanos y hermanas con amor y debe recobrarlos. Esta porción no habla de la perdición de un hermano.
Ahora tenemos que considerar Hebreos 6: 1-8. Este pasaje presenta el problema más grande de la Biblia. Casi todos los que dudan de que la salvación sea eterna toman Hebreos 6 como su ciudad de refugio. Todos ellos extraen de este versículo el material que los respalda.
Argumentan que si un hombre fue salvo y ahora ha caído, será imposible que sea otra vez renovado para arrepentimiento. ¿No significaría que tal persona está terminada y está destinada a morir? Debido a que muchos no entienden claramente este pasaje, lo toman como la razón por la cual el hombre puede perecer.
Sin embargo, tenemos que comprender que el tema de Hebreos 6 no es la salvación. No tiene nada que ver con la salvación. Si uno quiere entender este pasaje, debe empezar con el final del capítulo cinco donde dice que muchos que deberían comer alimento sólido todavía toman leche.
Conforme a la edad de este grupo de creyentes, todos ya debían ser maestros. Sin embargo, eran como niños y no progresaban, o sea, permanecían en el mismo lugar. Por lo tanto, el capítulo seis comienza diciendo: Por tanto, dejando ya la palabra de los comienzos de Cristo, vayamos adelante a la madurez.
Así que, el tema de Hebreos 6: 1 es el progreso, y no la salvación. Si uno trata de interponer el tema de la salvación, es cierto que encontrará dificultades. El propósito de este capítulo es decirles a otros cómo progresar y no decirnos cómo ser salvos. Lo primero que debemos notar aquí es que el tema habla de cómo progresar hasta alcanzar la madurez, y no el regreso a la perdición.
El apóstol hablaba aquí con respecto a adelantarse a la madurez. Los versículos del 1 al 8 pueden dividirse en tres secciones. Podemos usar tres palabras para representar estas tres secciones. La primera sección se trata de no tener necesidad; la segunda, de no tener posibilidad; y la tercera, de no tener derecho.
Esta porción les dice a los creyentes hebreos, desde estos tres puntos de vista, que ellos tienen que progresar. Primero, tienen que dejar la palabra de los comienzos de Cristo y no deben echar otra vez un fundamento. La palabra de los comienzos de Cristo es como la piedra angular de un edificio.
Al edificar una pared, uno no necesita dos cimientos. El apóstol dijo que ellos hablaban de cosas fundamentales. Pero el fundamento ya había sido echado, no había necesidad de echarlo otra vez. La palabra de los comienzos de Cristo son enseñanzas tales como el arrepentimiento de obras muertas, la fe en Dios, los bautismos, la imposición de manos, y la resurrección de los muertos, y el juicio eterno.
Todas estas enseñanzas son las palabras de los comienzos de Cristo. El apóstol dijo que eso necesitaba hacerse solamente una vez. No había necesidad de hacerlo de nuevo. Los exhortaba a seguir adelante y ser perfeccionados.
La segunda sección requiere una introducción. Antes de que leamos el versículo 4, permíteme primero decirte algo con respecto a esta introducción. Antes de que el apóstol escribiera el versículo 4, previo que los que dudaban de que la salvación sea eterna le preguntarían: “Si usted dice que no debemos echar otra vez el fundamento, ¿qué debemos hacer si pecamos de nuevo?
Si una persona ha caído, resbalado, y pecado, ¿no tiene que echar de nuevo el fundamento”? Aquí el apóstol dijo algo previendo sus preguntas. Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial…
Si tú tienes un Nuevo Testamento en griego, verás que, según la gramática del idioma original, la palabra una vez no se refiere solamente al primer asunto de la lista, sino a cada asunto en ella. Debe decir: …los que una vez fueron iluminados y una vez gustaron del don celestial, y una vez fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero…
Esto es muy claro en el texto original. Aquí está un hombre que ha sido iluminado, que ha gustado del don celestial, y ha llegado a ser partícipe del Espíritu Santo, y ha gustado de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero. El siglo venidero es el milenio.
Este hombre ha gustado de los poderes del milenio. En otras palabras, ha visto y gustado de los milagros, las maravillas, las sanidades, y ha echado fuera demonios. Si tal hombre cae, es imposible que él sea otra vez renovado para arrepentimiento.
“Y recayeron…” Un hermano inglés que estudió el griego y que se especializó en el libro de Hebreos por toda su vida dijo que aquí, alejarse significa resbalarse. Cuando dice que es imposible que ellos mismos sean otra vez renovados para arrepentimiento, muchos piensan que eso significa perdición. Pero esta explicación no es válida.
Si hay un hombre que fue iluminado, que ha gustado del don celestial, que ha llegado a ser partícipe del Espíritu Santo, que ha gustado de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, ¿es posible que tal hombre no pueda arrepentirse de nuevo una vez que resbale? ¿Existen casos de cristianos caídos que se han levantado de nuevo?
La Palabra de Dios nos dice que sí ha habido muchos, y la historia de la iglesia también nos dice que sí ha habido muchos. Muchos cristianos que alguna vez han resbalado finalmente llegaron a ser los mejores corredores de la carrera del reino celestial.
Comenzando con Pedro, ha habido innumerables cristianos que han caído y se han levantado de nuevo. Si no hubiera posibilidad de que ellos se levantaran de nuevo, entonces Pedro habría sido el primero en no haberse levantado. El se resbaló terriblemente. Podemos decir que él tuvo un fracaso total.
Pedro no fue el único. A lo largo de los dos mil años desde que nació la iglesia, innumerables cristianos han caído. Pero con el tiempo ellos llegaron a ser los mejores testimonios. Puedo enumerar un sin número de ejemplos de esto. Si lo que se dijo anteriormente fue correcto, entonces no debe haber ni siquiera uno; si hubiera alguno, la Biblia estaría equivocada.
En este pasaje hay una palabra en el texto original, palin, que significa de nuevo. Inmediatamente después de esta palabra también hay otra palabra, anakainizo, que significa renovar. Por consiguiente, según el texto original, esta parte debe ser traducida: “una vez que ha resbalado, es imposible ser otra vez renovado para arrepentimiento”.
Aquí el apóstol dijo a los creyentes hebreos que el arrepentimiento de obras muertas, la fe en Dios, la enseñanza de bautismos y la imposición de manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno, son palabras de los comienzos de Cristo.
Si ellos una vez habían sido iluminados, si una vez habían gustado del don celestial, participado del Espíritu Santo, gustado de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y después resbalaron, no podían echar otra vez un fundamento y no podían ser otra vez renovados para arrepentimiento.
Por favor, recordemos que aquí el arrepentimiento es el fundamento mencionado en la primera sección. Aquí el arrepentimiento no significa arrepentimiento en general, porque en los versículos anteriores hay seis puntos de las palabras de los comienzos de Cristo. La primera es el arrepentimiento de obras muertas. Por lo tanto, no debemos considerar equivalentes el arrepentimiento que tenemos en nuestro concepto y el arrepentimiento de que se habla aquí.
Debemos considerar el contexto de la Escritura y interpretarlo conforme al pensamiento del apóstol Pedro. El arrepentimiento que el apóstol menciona es el de obras muertas mencionadas en el versículo 1. Aquí significa que después de que un hombre cree en Dios y es bautizado, y después de que entiende el juicio venidero y la verdad de la resurrección, y se arrepiente de obras muertas, no puede arrepentirse de nuevo de lo que ya se ha arrepentido.
Una vez que él es bautizado, no puede ser bautizado de nuevo. Una vez que ha creído en la enseñanza del juicio, no puede tratar de creer de nuevo. Una vez que ha creído en la enseñanza de la resurrección, no puede tratar de creer de nuevo.
Aquí la palabra arrepentimiento incluye todos los seis puntos mencionados anteriormente. El apóstol no repitió las palabras “otra vez renovado” tantas veces como lo hice yo: otra vez renovar el arrepentimiento de obras muertas, otra vez renovar la fe en Dios, otra vez renovar esto y aquello.
El solamente necesitó usar una sola vez las palabras otra vez renovar. Si nunca hubiera habido nada, usaríamos la palabra comenzar. Pero, si ya había algo, debemos usar las palabras otra vez renovados. El apóstol temía que no entendiéramos el significado de la palabra “renovar”, anakainizo. Por lo tanto, agregó una palabra adicional, “nuevo”, palin. Así que, el arrepentimiento del que se habla en el versículo 6 debe de referirse al arrepentimiento mencionado en el versículo 1.
Si el arrepentimiento mencionado en el versículo 1 fuera mencionado como el segundo punto, tal vez no estaríamos muy claros al respecto. Pero, gracias al Señor, sí es el primer punto. Ya que es el primer punto, sabemos que todos los otros puntos son como éste.
El apóstol dijo que la palabra de los comienzos de Cristo puede ser comparada con el fundamento. Para que uno sea cristiano, primero necesita arrepentirse de obras muertas, o sea, necesita juzgar sus pecados. Después, necesita tener fe en Dios, creer en la resurrección de los muertos y el juicio eterno.
Todos estos son asuntos fundamentales. Una vez que el fundamento ha sido echado, ya no hay necesidad de echarlo de nuevo. Mientras uno esté edificando sobre este fundamento, incluso si resbala, no hay necesidad de echar de nuevo el fundamento.
Aún si uno quiere echarlo de nuevo, es imposible hacerlo. El apóstol decía que una vez que una persona ha sido iluminada y ha gustado del don celestial, si resbala, no puede arrepentirse de nuevo de obras muertas, creer de nuevo en Dios, y creer de nuevo en la resurrección y el juicio eterno.
En otras palabras, el apóstol no tenía la intención de decir que un hombre puede perecer de nuevo después de ser salvo. Lo que quiso decir es que después de que un cristiano es regenerado, no puede ser regenerado de nuevo. Cuando mucho podemos ser regenerados una sola vez. El apóstol no dijo que no es permitido arrepentirse de nuevo, sino que es imposible arrepentirse volviendo a empezar de nuevo.
La siguiente parte del versículo 6 dice: Crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a la ignominia. Algunos han dicho que caer es crucificar de nuevo al Hijo de Dios. ¿Quién puede crucificar de nuevo al Señor? La obra del Señor Jesús fue lograda de una vez por todas.
Él no era como los toros y los machos cabríos, que debían ser inmolados cuando se necesitaba. Por el lado de nosotros, no podemos renovar nuestro arrepentimiento. Por el lado del Señor, Él no puede renovar la crucifixión. Si tenemos que renovar nuestro arrepentimiento, esto significa que el Señor Jesús tiene que renovar Su crucifixión.
Si ése fuera el caso, entonces expondríamos al Señor a la ignominia. Estaríamos diciendo que la crucifixión que el Señor Jesús sufrió una vez por todas no fue suficiente, que tiene que haber más crucifixiones. Por lo tanto, aquí no se trata de la salvación ni de la perdición.
La salvación eterna es un hecho que no puede ser anulado. Si hay un cristiano entre nosotros que ha caído y resbalado, quien fue una vez claramente salvo y estuvo claro con respecto a la salvación de Dios, éste no necesita tener un nuevo comienzo para levantarse de nuevo.
Todo lo que necesita hacer es levantarse. No hay posibilidad de crucificar de nuevo al Señor Jesús y exponerlo a la ignominia. En la última sección, la de los versículos 7 y 8, el apóstol no solamente dijo que no había necesidad y que no había posibilidad, sino que incluso dijo, de una manera más seria, que no tenemos derecho de hacerlo.
¿Por qué no tenemos derecho? Es debido a que echar otra vez el fundamento sería crucificar de nuevo al Señor. Si un hombre hiciera eso, habría un peligro serio delante de él; sufriría un gran castigo. “Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, participa de la bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”.