Estudios » Crecimiento

Madurez: Una Materia Básica

Por allí andan distintos hombres y mujeres de Dios, más de uno, asegurando que la carta a los Hebreos, será indiscutiblemente el texto a recurrir en este y los próximos tiempos. Y esto tiene que ver con algo que ya hemos mencionado en muchas ocasiones, pero que a medida que transcurren los tiempos, va cobrando más vigor: la restauración por parte de Dios mismo, del llamado Sacerdocio de Melquisedec.

Eso está expuesto, con una claridad notable, precisamente en esa carta mencionada. Que fue escrita por un autor que todavía no ha sido definido, aunque muchos apuesten por Pablo, (Yo no soy uno de ellos, yo creo que no fue Pablo), y que tampoco se ha logrado establecer a quien, a quienes, o a qué comunidad fue dirigido.

Lo curioso de esta carta, es que está dirigida a los hebreos, no a los judíos. Ahora; ¿Por qué dice a los hebreos, y la carta fue enviada a Roma? Además, dice que va a los hebreos, pero está escrita en un griego que muchos determinan como elegante, y no está escrita en hebreo.

Es como si yo les escribo a los judíos un libro, en griego, y se los mando a Roma. De hecho, entonces, algo queda más que claro: no es una carta para los judíos, es una carta para los hebreos. Ajá, ¿Y quiénes son los hebreos? Mira; la palabra hebreo significa “El que cruza ríos”.

O sea que esta es una carta, a la que algunos llaman libro, para los que cruzan ríos. Y claro, leyéndola, entendiéndola, dejando que el Espíritu te revele lo que en esa carta verdaderamente hay, es como que comenzamos a cruzar un río, ¿No crees?

De hecho, el día que yo acepté a Jesucristo como mi Señor, crucé un río. Ahora bien: si una persona aceptó a Cristo y en estos tiempos sigue pecando como si no hubiera sucedido nada en su vida, en realidad esa persona jamás cruzó un río. Igual que aquel pueblo que salió de Egipto, que hoy sabemos que es el mundo, para ir a Canaán. ¿Qué lo separaba? Un río.

Lo que determinó que ese pueblo llegara a la tierra prometida, fue que decidieran cruzar el río. Los que decidieron no hacerlo, porque hubo judíos que se volvieron, todo el juicio que quedó sobre Egipto, también quedó sobre ellos. El que cruza el río, es libre del juicio.

Lo que estoy tratando de decirte es que, sólo cuando el pueblo de Israel cruza el río, es que se convierte en el pueblo hebreo. Sólo es hebreo aquel que cruza el río. En nuestras vidas, vamos a cruzar diferentes ríos. Si tú no te animas a cruzarlo, dejas de ser hebreo.

Porque, te recuerdo, Dios es el Dios de los hebreos, no es el Dios de los judíos. No todos los judíos son hebreos. Pablo fue un hombre de origen judío, que se volvió hebreo. O sea: cruzó ríos. Siguió al Señor. Esta es una carta, entonces, para los que cruzan ríos.

(Hebreos 5: 12) = Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.

(13) Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; (14) pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

(Hebreos 16: 1) = Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, (2) de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.

(3) Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite.

Probablemente, el mayor problema que tiene la iglesia, esto es: los cristianos en su vida con Dios, es su carácter. Con esto te quiero decir que no es atinado suponer que los males son culpa del diablo, porque Jesús ya lo venció. Tampoco parecería ser el pecado el responsable de todos los males, porque Jesús lo venció. De allí que se pueda decir sin temor a equivocarte, que el principal problema del cristiano, es el carácter. O la falta de carácter, que vendría a ser lo mismo pero a la inversa.

Aquí hay una exhortación muy valiosa que hace el autor de esta carta, cuando nos recomienda que tenemos sí o sí que ser maduros. Añade que si somos niños, solamente podremos beber leche. Porque el alimento sólido, -concluye- es para los maduros.

Y bien vale la aclaración que, esta palabra original que algunas versiones traducen como maduros y otras como adultos, en realidad es perfectos. O sea que, la palabra sólida, es para los perfectos. Y luego te va a aclarar quiénes son los perfectos.

De hecho, los perfectos no son los que no se equivocan. Así es como lo dice el primer verso del capítulo 6: vamos adelante a la perfección. La palabra maduros, en el griego, es teleios. Que significa perfectos, pero para darte una idea más visual: completo. Maduro en Dios, significa completo.

Nota que esto no tiene absolutamente nada que ver con no equivocarse. Nota que tampoco tiene nada que ver con no tener una debilidad. En Dios, maduros, significa completos. ¿Y qué cosa es completo? Simple: que no le falta nada. Completo, en Dios, significa que no falta nada.

Y es muy interesante esto, porque en la carta a los Efesios, Pablo se esfuerza muchísimo para demostrarnos que en Cristo estamos completos. Ese es su corazón, y va a usar una cantidad de recursos para que nosotros podamos tener una visión; en Cristo estamos completos.

Cuando nosotros venimos a Cristo, pasamos por un proceso. Vendría a ser algo así como el proceso del cristiano. La primera etapa de ese proceso, es aprender a ser oyentes. Estamos hablando de ser completos. Jesús tuvo muchos oyentes, fue mucha la gente que lo escuchó.

Ahora bien; nosotros, hemos sido educados en una cultura que no se caracteriza, precisamente, por prestar buena atención al oír. La cultura latinoamericana es muy despistada. Es muy visual. A nosotros nos atraen las imágenes, nos atraen los letreros, cosa que no es así en todas partes.

Si tú viajas a ciertos países asiáticos o árabes, algunas de esas culturas no giran en torno a lo visual, sino en torno al oír. Por eso no es raro que un niño de ocho años de edad, judío, se sepa de memoria todo lo que nosotros llamamos el Antiguo Testamento. Eso es algo normal, allá.

Aquí, mientras tanto, y dejemos a los niños de lado, la mayor parte de los hombres y mujeres que asisten a las iglesias supuestamente cristianas, ni siquiera aciertan a memorizar el orden de los libros de la Biblia, y si el predicador sale de los evangelios o las cartas de Pablo, encontrar el texto, es una utopía.

La cultura latinoamericana, entonces, es muy floja en interpretación de audiencia porque no ha sido formada en escuchar. Yo solía decir cuando tenía mi programa de radio, (Y aún me ocurre hoy día con los audios de mi página), que la gente a veces parece escuchar lo que desea escuchar y no lo que se le dice.

Y fíjate que ese es nuestro primer gran problema en el evangelio, porque Jesús dijo: mis ovejas oyen mi voz. Eso nos califica, nos guste o no, de oyentes. Y es un paso indispensable, porque sólo siéndolo, es que podrás seguir adelante a la segunda etapa, de donde ser oyente deberás pasar a ser creyente.

Soy consciente cuando grabo estos trabajos que del otro lado hay una heterogénea suma de hombres y mujeres de todos las condiciones, estabilidades y motivaciones. Sin embargo, dentro de ese andamiaje hay gente a la cual le gusta escuchar esto. Lo entretiene, lo informa, lo alimenta y lo motiva.

Claro que luego, cuando concluye de oír estos trabajos, vuelve a su vida rutinaria. Se ha convertido, quizás va a una iglesia, pero en la mayor parte del tiempo su vida no ha cambiado demasiado. Mantiene los mismos amigos, las mismas salidas con, obviamente, los mismos ingredientes. Es claro oyente, pero; ¿Es creyente?

No lo puedo decir, negar ni asegurar yo, sólo Dios lo sabe. Lo que sí puedo decirte es que, por el momento, si  bien gusta de oír todas estas cosas, es evidente que lo que oye no alanza para llevarlo a cambiar su vida. Es sólo oyente. Es como la gente que va a misa. Pregúntale a la salida si recuerda lo que dijo el cura en la homilía. Oyentes.

Pero no te rías de los amigos católicos por eso; pregúntale a la salida de alguna de las reuniones de una iglesia evangélica cualquiera, de qué habló el pastor ese día y vas a ver y comprobar cuantos oyentes y cuantos creyentes tiene esa iglesia. Repetidores de rutinas hay miles. Levantar las manos, levantan las manos. Cantar coritos, cantan coritos. Hablar en lenguas, hablan en lenguas.

Pero la gente sale igual apesadumbrada, porque es como que oye, pero no oye. Ese es el nivel más básico de una persona. De hecho, tengo que advertirte que no podrías ser un creyente profético si no has superado esta etapa de simple oyente.

Lo que ocurre es que Dios es muy específico en lo que habla. Él nunca habla con generalidades, Él es específico. Pero, muchas veces, si te ha pasado que no tienes respuesta en una oración y le sigues preguntando, es porque Él ya te respondió.

Pero resulta ser que tú no escuchaste, y Él no lo repite. Es decir: Él quiere desarrollar gente que tenga atención en lo que oye. Es bastante particular que Jesús haya dicho tantas veces: El que tiene oídos para oír, oiga. Llevado al hoy: A ver, escúchame con atención, deja el celular ya mismo.

Ahora bien; la cultura en la que nos formamos, y específicamente nosotros, los latinoamericanos, con nuestra cultura griega en la educación, lo que nosotros hacemos en el momento de oír, inmediatamente, es pensar. ¿Qué significa esto? Que lo que Dios quiere que hagamos, inmediatamente, es creer.

Esto es: oigo y creo. No, oigo y pienso. Cuidado: sí podemos pensar, eso en la Biblia se llama meditar. Podemos meditar en su palabra, pero no es el camino inmediato. Cuando Dios habla, tú no puedes tomarte un tiempo libre para entender, ese es un error bastante grave.

Primero, porque no va a haber ese tiempo libre, y segundo porque Dios no te está pidiendo que entiendas. Cuando él habla, lo que él espera es que le creas. Eso es todo. Entonces, la siguiente etapa de ser oyentes, es ser creyentes. Una persona creyente, es alguien distinto. Veamos como lo muestra Hechos 2.

(Hechos 2: 41) = Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Dice que los que recibieron su palabra fueron bautizados. ¿Qué eran? Los que escucharon su palabra: Oyentes. Y mis disculpas a ciertas denominaciones, pero los bautizaron ese mismo día. No les pidieron que hicieran un cursillo pre-bautismo. En todo caso, en este acto simbólico, el bautismo los hizo pasar de ser oyentes a ser creyentes.

Resulta muy interesante comprobar que toda la gente que siguió y rodeó a Jesús, pasó de ser oyente a ser creyente en el día. Y dejando al instante sus redes, lo siguieron, ¿Recuerdas eso? Y levantándose de la mesa de los impuestos, lo siguió. ¿A este también, verdad? Lo siguieron, pasaron de oyentes a creyentes.

(Hechos 4: 4) = Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.

Muchos de los que habían oído, creyeron. ¿Qué hace que una persona sea creyente? Que pone en práctica lo que oyó. La persona que no pone en práctica lo que oyó, es un oyente. No es un creyente. Entonces es muy bueno, antes de perder el tiempo en una consejería, saber si estás frente a un oyente o a un creyente.

Esto es muy importante, porque tiene que ver con desarrollar el carácter de Cristo en nuestras vidas. LA obediencia inmediata, es un rasgo de los que aman al Señor. Y ahí están; los que oyeron la palabra, ese día, creyeron. Se van a dar cuenta que mucha gente que escuchó las enseñanzas de Jesús, eran oyentes. No eran creyentes.

Tal es así que luego desaparecían como el viento. Con milagros, sin milagros, con panes, sin panes, se iban y no volvían. Oyentes. De hecho, la iglesia pierde muchísimo cuando se prepara solamente para hacer oyentes. Ese es el gran problema de la iglesia sin compromiso. ¡Lo importante es que escuchen! Dicen. No, Lo importante no es que escuchen, porque si escuchan y no obedecen, caen bajo juicio.

No es gratis. Nunca el oír es algo gratuito. Lo que tú estás escuchando, si no lo pones por obra, se te va a cobrar. Obviamente, entones, una iglesia profética no tiene oyentes. En ella no tienen cabida los que andan de aquí para allá buscando quien predica más lindo, quien canta más bonito o quien es más permisivo.

Hoy, en la iglesia, no hay demasiada gente formada o decidida a formarse como parte de una iglesia profética. Podemos ver a miles de personas entrando a fastuosos auditorios casi como para pasar un rato entretenido. Luego, al salir, seguirán con sus vidas de siempre, ni tan santas ni tan profanas. Pero, nadie los censura porque de última, se congregan. Peor esos que no asisten a ninguna parte…

Voy a decirte algo que no inventé yo. Algo que le he oído a gente que anda en un camino bastante más avanzado y pesado que yo: el hecho de que alguien se congregue, no significa que ese alguien sea un creyente. Lo más probable en muchos casos, es que sólo sea un oyente.

A la iglesia lo puede afectar eso, pero mucho más lo va a afectar a él o a ella misma. ¿Por qué? Porque se está haciendo deudor frente a Dios. Está comiendo en un resto bar sin pagar. Y eso no es lícito. No funciona así. Cuando el creyente se compromete con el Señor, se convierte en discípulo. Y esa es la tercera etapa.

(Hechos 6: 1) = En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria.

El discípulo, es diferente del creyente. Y presta atención porque aquí no estamos hablando de los doce discípulos históricos de Jesús, únicamente. Dice que como creciera el número de los discípulos. Eso quiere decir que lo que Jesús les había dicho a sus propios discípulos antes de irse.

Él les dijo que fueran e hicieran discípulos. No creyentes; no oyentes. Vayan y hagan discípulos, les dijo. Y esto que leímos nos dice que evidentemente lo estaban cumpliendo. . Y en este lugar había un problema de índole cultural, que si bien no es el epicentro del tema que estamos viendo, trae un aspecto que sí será interesante que veamos.

El discípulo tiene derechos, ya puede exigir. Dice: ¿Por qué nuestras viudas no son atendidas? Porque vemos que se les da primero la comida a las viudas hebreas o judías, y recién al final y si sobra, se les da a las griegas. ¿Hay algún problema aquí que ocurre esto?

Y esto es importante, porque una persona que sólo es creyente, no se animará a decir nada. Es como un viajero que anda por el agua pero fuera del bote. De hecho, escuchó algunas cosas, modificó algunas conductas, pero todavía no tiene ningún compromiso con el equipo para el cual ahora está jugando.

¿Qué quiero decir? Cuando tú no hablas de lo que te molesta o no expresas tu posición, tú mismo estás decidiendo tener una posición de sólo creyente. No de discípulo, aunque estés en discipulado. Si ustedes revisan al discípulo y al discipulado de Jesús, los discípulos eran demandantes.

Señor; ¿Por qué esto? Señor, yo quiero esto. Y observa que Jesús jamás se molestó con ellos por eso. ¿Por qué? Porque por el nivel de compromiso que tenían, ellos estaban habilitados para poder ser sinceros. Maestro; ¿Puedo hablar con libertad? Claro, permiso concedido. ¿Por qué yo no fui a ese lugar que los demás fueron?

Había eso, auténtica libertad para exigir sus derechos. Claro que a eso no lo podía hacer de ninguna manera ese que estaba allí solamente comiendo un pancito con un pececito. Entonces, discípulo no es el que está en un grupo de discipulado, es el que ya tiene lazos de compromiso con el equipo.

Es alguien que tiene una característica: sigue. Es un seguidor, es una persona que va a estar detrás constantemente de lo que ha encontrado. Pero no se queda atrás, va a estar siempre peleando. Y puedes ver a los doce discípulos peleando por ubicación, quién estaba más cerca del Señor.

Y fíjate que te estoy hablando de algo que, a primera vista, parece muy carnal. Porque pensamos: ¿Cómo van a salir con esas pretensiones carnales delante del Señor? Sin embargo, no es que eran carnales, eran honestos. No se guardaban en su interior su malestar. Hablaban.

Aún a riesgo de que lo que dijeran, fuera totalmente desubicado. “Yo sugiero para que oremos para que baje fuego del cielo y los cocine a esos que dicen que son”… ¿Te acuerdas? Jesús los miró como para tragárselos. ¿Qué les pasa a ustedes? Qué se supone que están haciendo conmigo?

La pregunta que tengo, es: ¿Por qué se recopila este texto? Allí te das cuenta de algo muy valioso: ellos eran honestos con Jesús. Le decían lo que pensaban, aun cuando no fuera muy espiritual, o muy adecuado. Ellos no querían estar socialmente correctos. Ellos querían ser honestos con su maestro.

Ese tipo de carnalidad creo que es hermosa. Porque la carnalidad peligrosa es la de esa persona que no está a gusto, pero que nunca habla. Esa que cuando te la encuentras y le preguntas como andan las cosas, siempre te dice que todo bien, cuando tú no necesitas pedirle discernimiento al cielo para darte cuenta que nada le está funcionando bien.

Esas son las personas que nunca expresan nada, pero en su corazón te das cuenta que hay mucho juicio. El problema de una lastimadura infectada no es la pus que ha fabricado. A la pus la pinchas, drena y terminado el problema. Pero si no la drenas, ahí sí que estás en problemas serios.

Cuando nos encontramos con personas así, nuestro peor error es pensar que no va a traer ninguna consecuencia su comportamiento, porque estimamos que sólo es defensivo. El tema está en saber en qué momento va a dejar de lado la actitud defensiva para pasar a una ofensiva.

Un maestro se da cuenta que verdaderamente tiene discípulos, cuando ellos son honestos con él. Porque lo ayuda a aterrizar y a darse cuenta que esa persona no sólo es creyente, sino que también es discípulo comprometido, que tiene y quiere la libertad de hablar.

Lo que ocurre es que culturalmente, se nos ha enseñado que tener buena educación es no hablar, decir siempre que todo está bien y, aunque te mueras de ganas de comer más torta, decir que no, que gracias, que ya estás bien, no sea cosa que parezca que eres un muerto de hambre.

Se nos enseña que culturalmente, para ser buenas personas debemos ser mentirosos e hipócritas. Ese, en mayor o menor medida, es el sistema en el que hemos crecido todos. Y es una tremenda vergüenza, porque el día que nos metemos en una iglesia, eso es precisamente lo que traemos a ella. Súmale lo que ya había…

Podemos ver en los evangelios a personas que se expusieron delante de los hombres y delante de Jesús de una forma tan abierta, tan honesta que no puede menos que impresionarnos. Pregunto: ¿Cuántas veces en congregaciones de las autodenominadas como proféticas, que alguien diga que está enfermo casi es equivalente a caer en pecado?

Allí es cuando llegas con una pierna menos, te preguntan cómo andas y dibujas una enorme sonrisa evangélica, aseguras que estás de diez y bendecido y sigues buscando a ver si encuentras la pierna que se te perdió. Ni modo de hacer otra cosa, si te enseñaron que el débil diga fuerte soy.

Y ahí va a salir alguno a decir que esa persona anda así porque su fe es demasiado pobre. Ya hemos visto los enormes daños que esa presunción produce en la gente. Ha habido gente que se arruinó la salud por no hacerse atender a tiempo porque no quería hablar ni reconocer que estaba enfermo. Creo en la sanidad sobrenatural sin dudarlo, pero si alguien tiene dudas, mejor vaya al médico mientras se arma de más fe.

La palabra es muy clara cuando te enseña que el que tenga necesidad, lo diga. No puede andar muriendo de inanición esperando que Dios le ponga en el corazón a alguien darle un plato de comida. Ser profético no tiene nada que ver con ser adivino.

Y eso, aunque no lo creas, tiene que ver con humillarnos, con tratar nuestro carácter. No es vergonzoso que el hombre o la mujer que administran el mayor ministerio profético de la región, un día esté enfermo. O sea: eso no es un juicio de Dios. Entiende: lo profético no nos convierte en ángeles.

Pablo no podía escribir sus cartas porque estaba más ciego que un murciélago. Lucas le escribía y él le dictaba. ¡No veía! ¿Por causa de pecado? LO curioso es que él escribe y dice: He orado tres veces y le he pedido a Dios que me ayude con esto. Y me ha dicho que no, que no lo va a hacer.

Que me lo tengo que aguantar. Que me deberá bastar su gracia. Porque mi poder, -dice Dios- se fortalece en la debilidad. ¿Por qué lo escribe? ¿Por qué no lo guarda? Con tantos enemigos que tenía, imagínate. ¿Sabes cuántas burlas le habrán hecho por eso?

¡Mira el poderoso apóstol, no puede ver una vaca en un árbol! ¡Mira, el que sanaba con su sombra, igual que Pedro! Pero vemos a un Pablo honesto, que reconoce que ha querido ir a ver a esos hermanos, pero que el diablo se le opuso. Y no pudo ir. ¡Les pido que oren para que pueda ir! Pablo.

Impresiona esa clase, cualidad y calidad de honestidad. La honestidad de David. De cada hombre de Dios. Eso no quiere decir que el discípulo no es perfecto ni completo. Eso quiere decir que vamos a tener áreas de debilidad. Y eso no significa que somos imperfectos.

Toma como modelo a un niño pequeño. ¿Qué se espera de un niño pequeño? Que camine, que hable un poco, que aprenda a comer solo. Nadie espera que corra y gane una maratón. Es decir que ese niño pequeño, para su edad, es completo.

Pero, claro; si lo que ese niño pequeño hace ahora, lo siguiera haciendo dentro de diez años, sin modificar nada, ese ya sería otro asunto, ¿Entiendes? El ser completo, tiene que ver con ser completo en la etapa en la cual estamos. Hoy, a su edad, está completo, pero dentro de diez años, va a estar haciendo cosas que hoy no puede hacer.

Pero en ese momento, también va a estar completo. Esa es nuestra vida en Dios. Si tú estás rodeado de profetas y no ves nada, está sucediendo algo raro. ¿Por qué? Porque en el momento y en el lugar que estás, ser completo significaría participar de ese don corporativo.

Te lo digo así. Si estás en un lugar donde en un momento dado se percibe un tremendo espíritu de adoración, lo lógico es que todos los que están allí estén en ese mismo espíritu. Pero si en medio de ese clima hay uno masticando chicle y perdido en las nubes de Úbeda, todos pensaremos que es alguien que recién llegó y que todavía no se integró al grupo.

Porque es anormal que alguien que forma parte de una atmósfera espiritual de adoración quede al margen porque sí, sin causa aparente. Ahora, si esa persona está acostumbrada a convivir con un marco de adoración mediocre, entonces eso sucederá con regularidad y nadie le llamará la atención.

El discípulo es una persona con la que Dios puede contar. Ha pasado de oyente a creyente, sin dejar de ser oyente, porque sigue oyendo todo lo que lo nutre. Ha pasado de ser creyente a discípulo, pero sin dejar de ser creyente, porque cree. Y entonces llega al cuarto nivel: siervo.

(Juan 15: 15) = Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi padre os las he dado a conocer.

Aquí, además de confirmar este cuarto nivel, el paso de discípulo a siervo, ya te está adelantando el próximo nivel. Pero veamos: el discípulo es demandante. Pide y sigue, busca hacer lo que su maestro hace, es un imitador. El siervo, es una persona que siendo discípulo, tiene un trato en el carácter.

Y ese trato es tan intenso, que pasa de ser demandante, a ser un servidor sin condiciones, esto es: incondicional. Dice cosas tales como: Lo que tú me pidas, Señor, lo haré. En cambio el discípulo puede decir lo mismo así: Sí Señor, yo voy donde tú quieras, pero…

Los discípulos, cuando empiezan a caminar con Jesús, se ponen demandantes, pero en algún momento, Jesús, antes de partir, establece niveles en los cuales ellos podían asentarse. Y uno de ellos era, no sé si recuerdas, que el mayor de ellos era el que servía a los demás.

El comienza a trabajar mucho y, de hecho, Él era un ejemplo. Él vino como el siervo de Dios. Isaías lo llama al Siervo Sufriente de Dios. Él no vino para ser servido, y lo dice; Él vino para servir. Entonces, tú vas a conocer que hay muchos discípulos, pero es complicado cuando el discípulo no llega a ser siervo, porque se convierte en tirano.

Se convierte en una persona demandante, en una persona que exige, una persona que reclama, una persona que pide posición. Yo me sentaré a tu derecha y el otro a tu izquierda; es esa persona. El siervo, en cambio, es un discípulo, pero con el carácter tratado.

Y es muy particular, porque el Señor dice: ya no les llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que su señor hace. Y Jesús no los trata como siervos en el último año. Desde el principio Él enseña, con su propio ejemplo, y con palabras, que Él vino a servir.

No vino a recibir, vino a dar. Te digo todo esto porque es muy fácil caer en la actitud de la demanda. Y si bien se puede aplaudir por el hecho de que es mejor que salga a que se quede guardado en el corazón, esa etapa debe pasar pronto. Porque nadie quiere caminar con discípulos, solamente.

Porque se sabe que son demandantes y que sólo piensan en sí mismos. En su lugar, en sus dones. Son competitivos, son celosos. Son buenos discípulos, pero… Entonces, gradualmente tiene que generarse esta dinámica que permita que el discipulado dé a luz siervos.

Uno no puede ser siervo si primero no fue discípulo. Su deleite debe ser hacer la voluntad de Dios y no recibir lo que él quiere recibir. Entonces, partamos de esta realidad: todos somos egoístas, todos venimos de un sistema en el que somos competitivos, todos queremos ser los mejores.

Y esa es de alguna manera la esencia clásica de la vida. ¿Quiénes aparecían en el cuadro de honor del colegio? ¡Los mejores! Todo el sistema que nosotros tenemos hoy día, le da premio al que sobresale. ¿Acaso está mal sobresalir? El punto es este: la cultura del Reino de Dios no genera competencia, genera cooperación.

Sin embargo, van a ver a los discípulos compitiendo, pero no a los siervos compitiendo. ¡Pero es que yo los he visto competir a muchos siervos! No son siervos, entonces, siguen siendo discípulos. Qué bueno si ya no eres un creyente y ya eres un discípulo, pero debes trabajar tu carácter, eso es importante.

Porque es allí donde nos damos la cabeza contra la pared, es allí donde hay que cruzar ríos otra vez, es allí donde tenemos que aprender humildad. Yo creo que el discípulo nunca es soberbio frente a Dios. Si Dios le dice que no toque, no toca. Si le dice que no cante, no canta. Que no ore, no ora. Que no predique, no predica.

El gran problema, no es lo que Dios le diga; el gran problema es lo que le dicen los demás. El gran problema no es tu relación con Dios, es tu relación con los demás. Es allí donde puedes llegar a ser una persona nociva. Un discípulo, pero un discípulo tóxico. Una persona que cambie el ambiente negativamente. Es desagradable trabajar con una persona competitiva. La prioridad no será hacer, sino ver quien lo hace.

Eso era frecuente en los evangelios. Vana  ver que Juan y Pedro se daban duro. Juan era muy reflexivo, mientras que Pedro era todo atropellado. ¿Se puede caminar sobre las aguas? ¡Ahí vamos! Juan estaba en el barco reflexionando sobre esa posibilidad.

Durante toda su existencia y en cualquier lugar que fuera entonces, y que sea hoy mismo, la iglesia ha tenido choques culturales entre sus miembros. Y ese es el problema siervo. Dios nos llamó a ser siervos. ¿El Espíritu te hace siervo? No. Es tu propia voluntad.

El concepto de yugo es cuando a unos se los necesita frenar y a otros empujarlos. Ese es el diseño de Dios, es Elías y Eliseo. Alguien inexperto con alguien experimentado. Este no es un invento de Pablo, es el diseño de Dios en toda la palabra. Siervo. ¿Es difícil ser siervo? Es muy difícil.

Especialmente cuando has descubierto tus dones. Especialmente cuando Dios te ha usado. Especialmente cuando sabes quién eres. Si tú no tienes quién eres, ser siervo es pan comido. Dios no nos llamó para ser profetas, nos llamó para ser hijos. Pero nadie llega a ser hijo de la noche a la mañana.

Tiene que pasar un proceso. Necesita tener una revelación del cuerpo, para que deje de molestarle que otros tengan ministerios de impacto y a ti te toque algo mucho más anónimo y de perfil muy bajo. Continuamente me piden que ponga fotos mías en mi página. ¡Pero es que a mí no me interesa que me veas, me interesa que me escuches, o que me leas!

Si viéramos el cuerpo desde Sion, se nos acabarían muchos problemas. Como por ejemplo tener a mucha gente que no tiene ni la menor idea para qué puede servirle el dedo gordo del pie, hasta que por causa de algún accidente o enfermedad, lo pierde. Dice, en el mismo pasaje: ya no los llamaré siervos, sino amigos.

(Juan 15: 13) = Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

(14) Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

(15) Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os la he dado a conocer.

(16) No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

(17) Esto os mando: que os améis unos a otros.

(18) Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.

Noten: él murió por sus amigos. No dice que viene a morir por sus discípulos. No dice  que viene a morir por sus siervos. Dice que viene a morir por sus amigos. Nadie tiene mayor amor que este: que uno de su vida por sus amigos. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre siervo y amigo?

El siervo se guía por obediencia. Hace todo lo que se le ordena sin cuestionar nada ni preguntar nada más allá de lo que le han ordenado. El amigo, mientras tanto, puede hacer similares cosas, pero él sabe por qué las hace.

(1 Corintios 11: 15) = Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

(16) Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

(17) Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor.

(18) Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo.

(19) Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre nosotros los que son aprobados.

Dice que es necesario que haya divisiones entre ustedes, para que así se vea quiénes son los aprobados. El siervo no conoce los deseos del señor. El amigo, sí. El amigo sabe lo que le gusta. El amigo conoce no sólo la voluntad, sino también los deseos. Y los cumple por amor. El siervo, en cambio, los cumple por obediencia. Ahí está la gran diferencia.

Ahora bien; es muy difícil que tú puedas amar a alguien a quien primero no obedeces. Oyentes, Creyentes, Discípulos, Siervos, Amigos. Dentro de la vida cristiana, pasamos también por tres etapas: la primera, hijos, que en griego es teknion.  Luego jóvenes, y luego padres.

(1 Juan 2: 12) = ) Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.

(13) Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.

Noten aquí que Juan abarca tres tipos de creyentes. Es posible que cuando dice hijitos, (En otras versiones dice niños); tanto Pablo como Juan no usen ese término, hijitos, con relación a la edad, sino más bien en una posición de crecimiento espiritual.

Entonces, ¿Quiénes serían los hijitos? Los recién plantados, los que ya son creyentes. Pero luego habla de los jóvenes. ¿Quiénes son los jóvenes? ¿Qué hace que una persona en un momento determinado pase, de niño, a ser un joven en Dios? En el momento en que empieza a dar frutos.

Lo que hace que una persona deje de ser niño y se convierta en joven, es que empieza a dar frutos. NO es cuánto tiempo tiene en el evangelio, mucho menos cuánto tiempo tiene en la iglesia, no es si tiene el don del Espíritu Santo o cualquiera de sus frutos. Básicamente, es cuando una persona empieza a dar frutos.

Y es muy curioso esto, porque en la vida diaria, una persona pasa de niño a joven cuando empieza a contar con todos los elementos necesarios para ser fértil y dar frutos en forma de hijos, si así se lo propusiera. Pero luego habla de los padres.

Y los padres son esos creyentes que ya están transmitiendo y están formando enseñanza en otros por su ejemplo, por su conducta, o por su vida. Esto no tiene nada que ver con tener hijos naturales o biológicos. Tiene que ver con que tú hayas tomado la responsabilidad de poder guiar a otras personas.

En un sentido, estas son como las etapas de madurez de un hijo de Dios. Todos empezamos siendo hijitos, porque necesitamos ser cuidados. Pero cuando ya empezamos a dar frutos, nuestra vida ya no es tan dependiente. Nadie puede esperar las autoridades del grupo o iglesia al que frecuentan, les resuelvan todas las cosas.

Entonces, cuando tú ya estás dando de tu vida a otros, si se quiere, ya estás en una posición de padre. Y eso no significa que seas líder, no necesariamente es así. De hecho, en la Biblia el término líder no existe. Ese es un título que los hombres usan para referenciar a alguien, pero es un título ciento por ciento humano.

La iglesia no es una empresa para que tenga líderes, ni tampoco posicionamientos gerenciales. Lo que sí tiene son hijos, jóvenes y también padres. Vamos a ver algunas características de todo esto, con la finalidad de observar qué cosa tenemos y qué cosa nos falta.

Por eso el texto de Hebreos con el que iniciamos este trabajo es tan claro cuando explica que, debiendo ser ya maestros, todavía andamos bebiendo leche. Eso te deja en claro que en Dios, todos debemos enseñar, todos debemos evangelizar, todos debemos hacer milagros, todos debemos liberar endemoniados, todos.

¿Les parece a ustedes que los hijos deben parecerse a sus padres? Es obvio que sí, entonces te pregunto: si tu Padre enseña, si tu Padre hace milagros, si tu Padre discipula, si tu Padre abre los cielos, ¿No crees tú que lo mínimo sería hacer lo mismo?

Y por favor, por un momento deja a un lado el ministerio, porque enseñarle a una persona cuestiones relacionadas con un ministerio, cuando no tiene carácter, es pérdida de tiempo, porque sólo persigue un ministerio para acceder a una mejor posición.

¡Debemos imitar a Papá! Yo recuerdo cuando era pequeño y veía a mi padre afeitarse con esa enjabonada antigua de brocha tipo pincel y navaja afilada, iba corriendo a buscar un palito que se pareciera a la navaja y jugaba a afeitarme, aunque todavía no tenía un miserable pelito en la cara. ¡Es normal imitar a nuestro Padre! ¿Y entonces por qué no imitamos al celestial?

Si Dios sana, limpia y libera, ¿Por qué nosotros enviamos a la gente al médico o al psicólogo? Si nuestro Padre es misericordioso, ¿Por qué nosotros asesinamos hermanos al amanecer usando una Biblia como arma? Y esencialmente: si Él ha sido capaz de perdonarme todas mis mugres, ¿Por qué nosotros somos tan afectos a disciplinar y sancionar cosas mucho menores en los demás?

Este es un tiempo que nos impone a todos nosotros ser, cada día, más maduros. Los niños espirituales, tienen muchas limitaciones. Dice la Biblia que la llave para el crecimiento y la madurez, es la palabra. Te vas a dar cuenta de algo muy interesante: los inmaduros, no conocen la palabra.

Rasgos del inmaduro: (1 Corintios 3: 3) = porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿No sois carnales y andáis como hombres?

(Romanos 10: 2) = Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.

De aquí surge la primera característica: Celos. Los celos, son una manifestación de la carnalidad. Pablo está escribiéndoles a creyentes, no a no creyentes. Dice: entre ustedes hay celos. Lo que leemos en Romanos, mientras tanto, es muy frecuente. Hay algo que se llama El celo de Dios.

Hay gente en las iglesias que son partidarias del orden de Dios. Y eso está muy bien, pero no al extremo de no permitir que alguien ore en lenguas porque, -según ellos- se pervierte el orden. Están ejerciendo celo de Dios, pero sin conocimiento. Porque si lo tuvieran, hubieran buscado quien interprete esas lenguas.

Está muy bueno tener celo de Dios, pero indefectiblemente ese celo tiene que estar acompañado por el conocimiento. Sin conocimiento se puede caer en cualquier tropelía. ¡Pablo tenía celo de Dios, y mataba los cristianos cuando todavía era Saulo de Tarso!

Cómo será ese asunto del celo santo que, está comprobado y probado en la historia de la iglesia, que los mismos que fueron artífices de un determinado avivamiento, fueron los que se encargaron de apagar el fuego del siguiente avivamiento. Pasó con las lenguas en la vieja calle Azuza. No te olvides que muchos de los fariseos que se levantaron contra Jesús, era gente que creía en la palabra.

No pueden ser las reglas más importantes que el gerente de la empresa que dicta las reglas. Sí tenemos patrones, tenemos estándares, pero la última palabra siempre la tiene el Espíritu Santo. Primera característica de los inmaduros, entonces, es el Celo. La segunda, Contienda. (1 Corintios 3: 3) = porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿No sois carnales y andáis como hombres?

¿Cuándo hay contienda? Cuando dos personas piensan que tienen la razón. Pero resulta ser que el gran problema no es tener la razón, sino el pensar que la razón necesita ser defendida. La base de cualquier contienda, es esa. Yo sé que tengo la razón.

¿Por qué Jesús no contendía? ¿Te das cuenta que Él no necesitaba demostrar que todos estaban equivocados, y que sólo Él era el oráculo viviente que sabía todo como debía saberse? ¡No! Él no se esforzaba. Y hay un tema, aquí, que es muy interesante, que viene con la madurez.

Te vas a dar cuenta que el Espíritu Santo es capaz de decir lo que para ti es mejor callar. O sea: lo que el Espíritu Santo no pudo poner como convicción en alguien, es muy difícil que tú lo pongas. Y eso nos pasa cuando tratamos de llevar a la fuerza, a alguien, a convertirse a Cristo.

No es así. Generalmente sabemos cómo terminan esos intentos. Que podrán ser muy bien intencionados, pero que generalmente concluyen con alguien más lejos de Dios que lo que estaba antes de decirle algo. Y lo peor es que esa persona, que está profundamente equivocada, cree estar en lo correcto.

Es muy difícil llevar a Cristo a alguien con  la dinámica de reconocer que está equivocado. En ninguna parte dice que el que crea que está equivocado venga y será salvo. Lo que ocurre es que, cuando descubrimos la verdad, queremos que esa sea la verdad de todos. Pero ya sabemos que eso no funciona así.

De todos modos, yo sigo pensando y creyendo fielmente que, todos esos familiares que no pudieron ser ganados por las palabras, sean por lo menos conmovidos por el ejemplo, por el amor, por la misericordia, por la sinceridad. Y te das cuenta, no quieren saber nada con Dios, pero tienen un problema y es a ti a quien llaman.

¿Y sabes para qué te llaman? Para que ores. A mí me ha pedido oración gente que en mi vida pensé que lo haría. ¡El mundo te mira vivir, hermano! Y si tratas de vivir imitándolos a ellos, serás uno más. Pero si vives conforme al propósito y la voluntad de Dios, en algún momento ellos se acercarán a ver qué pasa.

Es cuestión de vivir tu vida en la paz de estar en Cristo. Algo así como: estoy aquí para obedecer, no para tener la razón. Y punto. Porque esto es más grande que yo tener la razón. Además, entendamos que el Espíritu Santo nunca va a venir para provocar una división en el cuerpo. Y tú y yo sabemos que, cualquier casa dividida, no prevalece, y es pasible de ser derrotada.

En algún momento se puso en duda si era realmente conveniente y hasta espiritualmente correcto que una persona que entraba al evangelio, cambiara casi dramáticamente sus costumbres y conductas. ¡Claro que lo era! Si se toman de la mano de un Dios dinámico que cambia permanentemente, ¿Cómo alguien que dice ser su hijo se va a mantener por años estático y sin moverse?

Otra. Una persona llega casi arrastrándose a los pies del Señor, clama por perdón, por limpieza y por redención. Y como no podría ser de otra manera, experimenta en primera persona las delicias del perdón de Dios. Luego se cruzará con alguien que le dirá: ¿Se siente bueno haber sido perdonado por Dios de todos tus pecados? ¡Claro que se siente bueno! Bien; entonces cuídate, porque la iglesia no hará lo mismo contigo.

Y esto es definitivamente cierto. Y también es muy malo, porque anula casi totalmente esa capacidad de cambio que nosotros mismos predicamos con entusiasmo. ¿Cómo van a creer que en Dios hay cambio si todavía seguimos criticando a la hoy buena anciana, que tuvo la mala fortuna de llegar al Señor ejerciendo la prostitución?

El mayor problema que tenemos como seres humanos racionales, es que nos encanta formarnos estereotipos de la gente, y eso decididamente no está bueno para nada, porque la gente cambia. Y déjame decirte que ¡Gloria a Dios que cambie! Y aunque no cambiara, nosotros debemos tener la esperanza que va a cambiar. Creo que eso es tener una buena conciencia con la gente. Creo en un Dios que da oportunidades.

¡Claro que da oportunidades! Se la dio a Pedro, después que él lo negó. Ese pasaje les ha cambiado la vida a varios, porque son precisamente varios, o muchos, los que también alguna vez le han fallado al Señor. Cuando leemos de un Jesús resucitado yendo a buscar a Pedro casi se nos explota el corazón. Tantas cosas había para hablar y él va a buscar a Pedro para preguntarle algo que ya sabe.

(1 Corintios 1: 12) = Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.

Desmenucemos esto. Cada uno de vosotros dice: yo soy de Pablo. ¿Quiénes son los de Pablo? Esa parte de la iglesia que siempre quiere algo nuevo. Dónde anda dando vueltas una novedad, una modificación de fondo, un cambio profundo, ahí están los de Pablo. Pero no sólo están ellos, claro.

Luego dice: y yo de Apolos. ¿Y quiénes son los de Apolos? Si tú lees Hechos 18:24, los de Apolos con los que dicen: “Ah, a mí me gusta la palabra predicada perfectamente.” Apolos era conocido por ser un excelente predicador. Era un deleite escucharlo, era un maestro de la enseñanza. Y es interesante, porque sabemos muy poco de él, y algunos hasta dicen que fue él quien escribió la carta a los Hebreos.

Pero él tenía una fama. Mira lo que dice Hechos 18:24: Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Entonces, cuando tú te dejas llevar por la temperatura pulpística y le añades algún ángel donde no lo está, sale alguien que te dice que no, que lo perdones, pero que la Biblia no dice eso que acabas de decir. Esos son los de Apolos.

Luego dice: yo de Cefas. ¿Quiénes son los de Cefas? Los fundadores. Esos venerables ancianos que suelen frenarte todo porque ellos son, dicen, los que empezaron la obra. Toscos, rudos. ¡Cefas era Pedro! Uno de los que cortó las cintas de la inauguración.

Y ahí está la iglesia, ahí la tienes clarita. Dividida por tres tipos de personas que tal vez no son malas, pero son diametralmente opuestas entre sí. Están los que quieren lo fresco, los del espíritu de Pablo. Los que quieren la pura palabra, los de Apolos y los que quieren la tradición de siempre, mantener la línea original de la denominación, los de Cefas.

Y fíjate que el propio Pablo dice en Corintios: ¿No son acaso carnales, todos? Y concluye este texto diciendo: y yo de Cristo. Y ahí saltan algunos a decir: ¡Ah! ¡Pero este sí que es interesante! ¡No! ¡Nosotros estamos en la reforma y los cinco ministerios!

(Verso 13) = ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?

(14) Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, (15) para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre.

(16) También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro.

(17) Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.

Es muy importante recapacitar en que la iglesia que hoy día estamos viendo, es la que Pablo vio. Estos problemas, no son nuevos. Cuando se producen cambios importantes en la vida de la iglesia conjunta, ésta inmediatamente se divide en dos: los que aman ese cambio, y los que lo detestan, con sus predicadores incluidos.

Y no se trata de gente mala que no quiera ver a Cristo vencedor, no. Es gente muy fiel, muy honesta, pero fiel y honestamente equivocados. Algo así como lo que les sucedía a los fariseos. Cuando ellos se le acercaban a Jesús, él les decía: oísteis que fue dicho. Más ahora les digo.

Veamos: ¿Cuál era el problema de un fariseo? Que conocían mucho la palabra. Yo estoy seguro que ninguno de los que hoy, cualquiera sea el hoy, que está escuchando esto allí, del otro lado de la Web, conoce la palabra como un fariseo promedio de aquellos tiempos la conocía.

Entonces, claro; el día que Jesús dice que deben beber su sangre, casi se infartan tres o cuatro de los más viejos. ¿Cómo podían manejar eso si la ley decía que la sangre ni siquiera se podía tocar? Y Jesús ni siquiera se dignó a aclararles nada. ¿Cómo podía entender un judío que estaba acostumbrado a escurrir hasta la última gota de la sangre del cordero inmolado, antes de cocerlo, que bebiera su sangre?

Ellos interpretaron que eso era del diablo. ¡No podía ser de Dios! Los fariseos se apartaron de él. Cierto es que los había hipócritas y mal intencionados, pero la gran mayoría eran hombres sinceros que sólo tuvieron un problema: sus oídos se quedaron escuchando lo que Dios habló, pero no lo que Dios estaba hablando.

La palabra viva había venido, pero ellos preferían escuchar la palabra escrita. Y Jesús lo supo. Es muy reveladora la conversación de Jesús con Nicodemo, esa noche. Porque Nicodemo le dijo: sabemos que vienes de Dios, porque nadie puede hacer las obras que tú haces.

Este Nicodemo llega un paso más lejos, y le dice: ¿Cómo puedo entrar al Reino? Porque ese era el único mensaje de Jesús, el Reino. El Reino de los Cielos se ha acercado. La ley no llegó a eso. Ellos esperaban un reino, pero un reino en la tierra. Un reino con un rey que los libere de la opresión romana.

¡Ese era el rey que querían! Por eso es que Jesús no los condenó. Sí condenó a los hipócritas, que decían una cosa y hacían otra. Pero nunca a aquellos que, de corazón sincero, estaban comprometidos con Dios. Que alguien vea las cosas de un modo y otros de otro modo, no quiere decir que deba convertirse eso en una guerra. Claro que todo se resolvería mucho más fácil con un carácter tratado.

Estas divisiones de las cuales habla aquí Pablo, no son patrimonio de hace dos mil años. El mismo espíritu de división sigue haciendo estragos actualmente. ¿Y a favor de qué? Simple: de la inmadurez de la gente. ¡Es inmadurez! ¿Quieres un término más específico? Carnalidad. Estamos dando características del inmaduro, recuerda.

(Colosenses 3: 11) = Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos.

Interesante de verdad, esto. Griegos y judíos. Está hablando de que ya no hay diferencias por el lugar de nacimiento. Y no nos engañemos, nuestras iglesias formales operan bajo esos rudimentos. En una iglesia del centro de la ciudad, con membresía mayoritariamente de clase media, ¿Tú crees que va a congregarse allí un campesino? ¿O un descendiente de aborígenes?

Nadie puede mirar para otro lado, dentro de nuestros ambientes se sigue haciendo esas diferencias de manera ostensible. ¿Sabes por qué? Porque el inmaduro le otorga muy especial significación al lugar social de nacimiento de la gente. Un policía saludará gentilmente a un ladrón de traje y corbata, y quizás le pida documentos o se lleve detenido por averiguación de antecedentes a un ministro que salió de jean y zapatillas. Griegos o judíos.

Y no termina allí, claro. Circuncisión o incircuncisión. Aquí es donde entra todo lo que es denominacionalismo. Existen discusiones denominacionales por temas que no tienen el menor sentido. Respetar el sabath como día del Señor. ¿Ah, sí? ¿Y qué hago con la escritura que dice que todos los días son del Señor? Inmadurez.

Entiende esto: ninguna revelación viene para que tú puedas vencer en un debate, una polémica o una discusión. Porque la revelación no otorga poder, da servicio. En Grecia el conocimiento conlleva poder, pero en la iglesia el conocimiento trae consigo servicio.

Luego dice que no hay bárbaro ni escita. Eso tiene que ver con discriminación intelectual. El bárbaro, en la época de Pablo, era una persona que no tenía formación, que no tenía cultura, que no tenía educación. Escita, por su parte, era una persona muy bien preparada.

Todos queremos tener ministerios donde haya personas idóneas. Sin embargo, que alguien tenga un doctorado en algo no significa que sea una persona idónea. O sea: el término competente, es en Dios. Que tenga preparación formal o que no tenga preparación formal, no debería ser un motivo de exclusión o de preferencia, sino que Dios está apartando a esa persona.

Y luego dice esclavo o libre. Y eso tiene mucho que ver con el tema económico. Es bastante corriente que en iglesias que funcionan por células, a la gente con mayor capacidad económica o poderío en dinero, las toma el pastor en persona para su célula. A esa gente la quiere discipular él. ¿Hasta qué punto eso es correcto, es honesto?

Y después hay quejas y, como defensa, se nos dice que los que se quejan es porque son inmaduros, que los espirituales no prestan atención a esas diferencias. ¡Claro! ¡Que vayan entonces a decirle al pastor todo eso, ya que fue él en primera instancia el que estableció esas diferencias. En una congregación no puede haber ni empresarios, ni empleados públicos ni obreros de changas. Hay hermanos.

El gran problema de los inmaduros es que les cuesta mucho ser constantes. Así se lo puede comprobar en Efesios 4:14 cuando leemos: Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.

Rasgos de una persona madura: Hebreos 5:13 = Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño. Palabra de justicia. Dice que el maduro, está acostumbrado a la palabra de justicia. Te lo dejo como tarea personal, investiga qué cosa es la palabra de justicia.

Algo vital que hace al maduro, maduro, es que busca todos los días caminar en justicia. Justicia. El sello del hijo es justicia. Has amado la justicia, por tanto el Dios tuyo te ha ungido. Compréndelo: este tema de la justicia es vital para poder ser gente madura. El maduro tiene ejercitada la palabra de justicia.

Ahora, ten cuidado al ejecutar la palabra de justicia, porque hasta donde yo sé, la palabra de justicia siempre empieza juzgándote a ti, primero. No para los otros. Porque toda palabra que sale para otro, primeramente hace escala en nosotros. Es muy fácil decirles a otros lo que deben hacerlo, pero no tanto hacer eso mismo que sugerimos, nosotros.

(Hebreos 5: 14) = Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Los maduros tienen los sentidos ejercitados para discernir entre el bien y el mal. Los sentidos se dan cuenta que esto está mal. Eso es madurez.

(1 Corintios 2: 14) = Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

(15) En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie.

Uno de los rasgos importantes es que, los instrumentos que vienen de parte de Dios, (Esa revelación, esa palabra clave en el maduro), hacen que él pueda ver más. Y que, al mismo tiempo, cada vez pueda ser más libre. De hecho, una persona adulta tiene posibilidades de tomar decisiones que un niño no tiene.

Es hermoso ser niño, pero un niño es de alguna manera esclavo, ya que depende total y absolutamente de sus padres. El adulto, -recuerda- toma decisiones. ¿Estás de acuerdo con que el adulto toma decisiones, verdad? Y no me digas que no se puede, porque todo lo que te hace decir que no puedes, te convierte en esclavo.

Hay algo que un maduro ya no tiene, y son limitaciones. La hermana viene a la iglesia que dice ser profética y cree en un rapto futuro donde millones de cristianos van a ser arrebatados en un abrir y cerrar de ojos, cree en la resurrección de los muertos, pero no puede creer que su marido pueda aceptar a Jesucristo un día cualquiera en un lugar cualquiera. Limitaciones.

El texto que leímos dice que el espiritual juzga todas las cosas, pero atención con esto: no las juzga para condenar. Cuando dice juzga, está diciendo que las pesa, para ver qué es lo que falta para completar, no para encontrar el error. Acusadores ya tenemos de sobra.

(Filipenses 1: 15) = Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad.

(16) Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones;

Esto nos quiere decir que jamás hagamos la obra de Dios por competencia, por rivalidad; hagámosla por amor. El maduro la hace por amor.

(1 Corintios 3: 6) = Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.

Presten debida atención a la visión del cuerpo.

(Hebreos 6: 1) = Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios,

La persona madura, ya ha avanzado de los rudimentos que constituyen la base. Estamos enseñando todavía la consistencia de la fe, la fe, la fe.  

(1 Corintios 11: 16) = Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

Este versículo consigna algo que yo he manifestado muchísimas veces, y en una gran mayoría de ellas me ha proporcionado la calidad de soberbio por parte de humildes hermanitos. Yo no discuto ni discutiré jamás con nadie por doctrina. Y ni hablar de debatir sobre teología.

Si estamos en una avanzada profética, no necesitamos defender esto. En todo caso, que sea el Espíritu Santo el que diga lo que tiene que decir a quienes tiene que decírselo, para que lo entiendan de una vez por todas, si es que tienen tiempo para detenerse a oír al Espíritu Santo.

(1 Corintios 8: 7) = Pero no en todos hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos, y su conciencia, siendo débil, se contamina.

(8) Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos.

(9) Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.

Simple: hay cosas que yo, como maduro, dejo de hacerlas simplemente para que otros no tropiecen con esto. Podríamos hablar mucho más de los rasgos que tienen los maduros y los inmaduros, pero en esencia creo que hemos desarrollado lo fundamental.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

noviembre 13, 2018 Néstor Martínez