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La Verdad Está en el Verso 22

Una de las preguntas más reiteradas que recibo en promedio de tres o cuatro por semana, es referente a cómo se puede hacer para entrar a dimensiones más profundas con el Espíritu Santo. Hay muchísima gene que está consciente de estar caminando demasiado en la carne y quiere saber casi con desesperación que rutinas poner en práctica para, finalmente, poder cumplir con la palabra que demanda andar en el espíritu. Cómo hacer para entrar en un nivel mayor de fertilidad, de fruto, de desempeño, de efectividad, de resultados concretos con el Espíritu Santo.

La verdad siendo dicha en toda su expresión es que, todos nosotros y al pasar los años, cuando venimos al Señor la primera vez, estamos muy llenos de entusiasmo, anhelantes de lo que el Señor va a hacer. Sin embargo, al pasar los años, te decía, es como que tu vida se te cansa, te das cuenta que ya no tienes la misma fuerza que tenías al principio, que ya no haces ninguno de esos tremendos esfuerzos y sacrificios que antes hacías casi habitualmente para ir donde quiera que te dijeran que iba a haber palabra o ministración con poder.

Es así, entonces, que a nadie podría extrañarle que tu vida comience a caer en una rutina. Y que conste que hoy, nosotros, en este tiempo, la llamamos rutina. En los tiempos de Jesús seguramente la llamaban religiosidad. Y es eso, sea rutina, sea religiosidad, lo que de uno u otro modo comienza a ahogar a la verdadera vida espiritual de las personas. Es como que de pronto vas y te sientas a escuchar a un tremendo predicador y te das cuenta que, si bien estás allí, en realidad, espiritualmente, estás muy lejos de estar allí.

Así es que constantemente, los creyentes, tienen que volver a la fuente para ver si están manteniendo cómo deben el espíritu con el cual comenzaron esa carrera. Y será muy bueno que dejes de lado a las personas a las cuales quisieras ayudar y pienses por un momento y relacionado contigo y nadie más, lo que estoy diciendo. Porque no es importante que llegues como llegues, lo realmente importante es que llegues bien. Lo voy a aclarar para que no se te enrede. No es importante sólo llegar, sino cómo llegar.

Entones, cuando la gente se te acerca y te pregunta por qué razón es que el Señor no les habla o no los utiliza, o porque no llegan a poder ver siquiera una vez alguna manifestación poderosa de Su Espíritu. Es gente que quisiera meterse en las aguas profundas y entender verdaderamente los misterios de Dios, o poder provocar cambios en la vida de la gente, y entonces te pregunta qué tiene que hacer, qué necesita para poder lograr eso que desean tan fervientemente.

Hay una respuesta, pero no sé si es la que la gran mayoría espera o supone. Porque la verdad es que, si fuera algo tan difícil, muy poca gente llegaría a la estatura a la que Dios quiere que todos lleguemos. La verdad es que si se llama Gracia el camino que has empezado, es porque es una senda de Gracia, es una senda de Regalo, de Favor, donde Dios te pide muy pocas cosas, aunque ciertamente habrá que decir que son cosas muy importantes.

Pregunto: ¿Cuántos de ustedes quisieran ser gente como Daniel? No sé cuántos dijeron ¡Yo!, pero me sumo, porque. ¿Quién no quisiera ser como ese extraordinario varón del cual no se registra ninguna caída? Por eso creo que será oportuno tomar a la vida de Daniel, dos o tres ejemplos de su vida, para ver si por obediencia el Señor nos lleva a partir de esa palabra, exacta y puntualmente donde Él desea llevarnos a todos en este día.

¿Cuántos de ustedes creen que estamos viviendo tiempos babilónicos? Estamos viviendo tiempos realmente muy confusos. La palabra Babilonia deriva de confusión. Y no sólo eso, la palabra está ligada específicamente a confusión religiosa. Ustedes se darán cuenta que Babilonia aparece en el libro de Génesis capítulo 10, y ya en el 11 se habla de una confusión de lenguas que provoca que ellos se dispersen. Babel es sinónimo de confusión. No sólo eso, si ustedes hablan de Babilonia, Babilonia fue la cuna del ocultismo, fue la cuna de la astrología, de los poderes de la noche, los mágicos, es la cuna del erotismo. O sea: Babilonia no fue simplemente una nación que tuvo una época de oro, sino que también es un espíritu de una era.

Hoy día, entones, aunque estamos en el siglo veintiuno, caminamos todavía por las calles de Babilonia. Es la verdad. Y vamos a ver cumplidos muchos elementos que están profetizados en el libro de Daniel. La clave para los próximos años en el nivel profético, es el libro de Daniel. Daniel habló, precisamente, de lo que vamos a vivir y de lo que ya estamos viviendo. Esto es mucho más profundo que lo que muestro aquí, pero como de lo quiero hablar es de otra cosa, baste con decir que ya estamos viviendo el tiempo de Daniel. Daniel nos habla de etapas muy importantes de la vida de la iglesia, y dice al finalizar casi Daniel, que Los entendidos son como las estrellas que brillan a perpetua eternidad. Y luego dice: Los que enseñan justicia a la multitud.

Yo estoy seguro que la mayor parte de los que nos juntamos en este rincón del aire cibernético, no sólo queremos ser como Daniel, sino que también queremos ser llamados Justos. Queremos ser llamados Entendidos. Vamos a ver: ¿Por qué crees que hay tanto auge hoy día de los que acuden al Tarot, de los que consultan el horóscopo? ¿Por qué razón, cuando aparece alguien que aparenta poder predecir el futuro se llena de dinero? Simple: porque la gente quiere saber qué hacer y cómo hacerlo, para no equivocarse.

Y ahí llegan a todas las consejerías que se conocen, las clásicas y tradicionales preguntas de los hermanos: ¿Por dónde voy? ¿Qué hago? Mira; Daniel se levanta en un momento de la historia tan oscuro, pero tan oscuro. El templo había sido arrasado, él fue tomado preso por el rey babilónico con unos pocos muchachos, estaban lejos de su ciudad, lejos de su fe, lejos de su gente, pero no lejos de Dios.

Y Dios le da la misión a este muchacho, de establecer el gobierno de Dios en una circunstancia que de ninguna manera podría ser más complicada, más difícil. Y dice en el capítulo 4 del libro de Daniel, que es cuando aparece el famoso sueño de Nabucodonosor, y que por sus consecuencias de alguna manera le da la entrada oficial al ministerio de Daniel. Mira como dice.

(Daniel 4: 7) = Y vinieron magos, astrólogos, caldeos y adivinos, (¡Mira qué gente vino a ayudar al rey! Magos, astrólogos, caldeos y adivinos. Cada uno es una tipología diferente de una autoridad espiritual) y les dije el sueño, pero no me pudieron mostrar su interpretación, (Aquí está hablando un rey, desesperado porque sabe que tiene un sueño, él no conoce al Dios verdadero, pero sabe que ese sueño es vital para los futuros años, y nadie de los que tiene a su alcance lo puede ayudar) (8) hasta que entró delante de mí Daniel, cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios, y en quien mora el espíritu de los dioses santos. Conté delante de él el sueño, diciendo: 

Yo quiero que notes como fue introducido Daniel en este gran escenario. Mira quién es el que describe a Daniel. Es el propio rey. Y mira lo que dice él de Daniel. Entró delante de mí Daniel cuyo nombre es Beltsasar, como el nombre de mi dios. Él le cambió el nombre a Daniel, no te olvides. Cuando él es tomado preso, le cambian el nombre de Daniel por el de Beltsasar. Como el nombre de mi dios, el dios que él supuestamente tenía, y quien mora el espíritu de los dioses santos.

En el libro de Daniel, cinco veces se hace referencia a Daniel como aquel en quien mora el espíritu de los dioses santos. No dice el Espíritu del Dios santo, dice el espíritu de los dioses santos. Yo quiero que por un momento trates de imaginar lo que te estoy diciendo, porque esto es muy poderoso. ¿Cómo puede un rey pagano, que adora al sol y a las estrellas, que tiene un séquito de astrólogos, magos y adivinos, reconocer a un muchacho y describirlo de esta forma? En él mora el espíritu de los dioses santos.

Lo primero que habrá que notar, es que Nabucodonosor no ve un espíritu, ve varios espíritus en él. Dice: El, (Singular) espíritu de Los (Plural) dioses santos. Él ve a Elohim, dioses. Él no recibió una clase de Torá, de Ley Judía, sin embargo ya tiene la capacidad de ver a este hombre, y ve en él el Espíritu de Dios. Ahora; ¿qué rasgo de Dios ve en él? ¿Su poder? ¿Su magnificencia? ¿Su autoridad? ¿Qué es lo que él ve? Su santidad. Lo que distingue a Daniel de su generación, es eso: su santidad.

¿Sabes por qué no se cuenta ni in solo error de Daniel? Porque no lo tuvo. ¿Y saben por qué no lo tuvo? Porque el Espíritu de Dios habitaba en él. Ahora te pregunto: ¿Acaso ese mismo espíritu no habitó, por decirte algo, en Elías? Sí habitó, pero Elías pecó. ¿No habitó ese mismo espíritu en David, el amado? Sí. ¿Y David, pecó o no pecó? Si vas revisando los personajes que Dios nos permite conocer en la Escritura, muy pocos, (Hasta donde yo recuerdo, dos), registran su vida sin que haya abierto en sus vidas una clara actitud de pecado.

Entones es aquí donde te preguntas por qué el señor te lleva a compartir esto. Mira; estimo que lo que tú necesitas para crecer en el Señor, no es conocer más; lo que necesitas desesperadamente, es Santidad. La palabra clave, después de cuatro mil años de Biblia, sigue siendo esta: Santidad. Sin santidad, nadie verá al Señor. Cuando hablo con algunos hermanos muy honestos y fieles, deseosos de servir mejor al Señor, descubro que muy pocos de ellos quieren pagar el precio de vivir en santidad. En el mismo libro de Daniel, si tu ves en el verso 9, vuelve a repetirse.

(9) Beltsasar, jefe de los magos, ya que he entendido que hay en ti espíritu de los dioses santos, (Aquí se lo dice otra vez) y que ningún misterio se te esconde, declárame las visiones de mi sueño que he visto, y su interpretación. (Noten como él, a su modo y con sus raras palabras, de alguna manera está reverenciando al que considera como Dios de Daniel. Más adelante, en el verso 18, miren lo que dice el rey)

(Verso 18) = Yo el rey Nabucodonosor he visto este sueño. Tú, pues, Beltsasar, dirás la interpretación de él, porque todos los sabios de mi reino no han podido mostrarme su interpretación; mas tú puedes, porque mora en ti el espíritu de los dioses santos. (¡Otra vez! Nadie puede, ¡Pero tú si puedes! Porque mora en ti, el espíritu de los dioses santos)

No hay cosa que muestre más, que refleje más a Dios a los demás, que Su Santidad en nuestra vida. No hay poder más grande que va a afectar el corazón de la gente, que la santidad de Dios en nuestras vidas. A la luz de eso, lo que más o menos sucede, para que puedas darte cuenta, es que cuando venimos al Señor, estamos delante de una escalera, pero llega un momento en que llegamos a un techo. Y no subimos más, ahí como que nos quedamos estancados.

Y pueden pasar muchos años, y el hermano no retrocede, pero tampoco crece. Y su vida comienza a convertirse en una rutina, en una religiosidad repetitiva. El Señor no nos ha llamado a que nosotros nos estanquemos. Él nos ha llamado a que en este tiempo seamos más llenos de Él que ayer, y que mañana estemos más llenos de Él que hoy. El punto es que hemos confundido ese ser más llenos, con conocer más.

Si ustedes prestan atención y se fijan con detalle, se darán cuenta que Jesús jamás tuvo la intención de que sus discípulos se convirtieran en gente súper entendida. Es más: muchas cosas Él ni siquiera se las explicó. Y te digo más; cuando ellos un día le pidieron que les siguiera hablando, Él les respondió que no, que ahora a eso no lo iban a poder soportar.

Pero sí puso una línea clara delante de ellos, de lo que significa estar de este lado o estar del otro lado. Se dio el trabajo de enseñar detenidamente Mateo 5, Mateo 6, Mateo 7 por darte un ejemplo, respecto a los principios que rigen una vida de santidad. Él no vino a dar mandamientos, los mandamientos estaban escritos. Seiscientos setenta mandamientos, dados por Dios a través de Moisés. ¿Hizo eso a Israel santo? No.

¿Cuál es el mandamiento más importante? Amaras al Señor con todo tu corazón. ¿Qué era lo que tenía escrito en la frente el Sumo Sacerdote? Santidad a Jehová. ¿El pueblo de Israel era santo? ¡No! Podemos tener una Biblia santa, y no vivir santamente. Podemos tener un Dios santo, y no vivir santamente. Alguna vez hemos tocado el tema de la conciencia. La santidad está muy ligada a la conciencia. Baste decirte que la conciencia es un reflejo de la Justicia de Dios en nosotros. Cómo puede afectar en el espíritu, y a la vez afectar en el alma. Lo explicamos. Ahora bien; en la carta a los Hebreos. Hebreos capítulo 10.

(Hebreos 10: 19) = Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, (20) por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne (21) y teniendo un gran Sacerdote sobre la Casa de Dios (22) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Todos entendemos que, cuando Cristo murió en la cruz, el velo del templo se rasgó. ¿Y qué significaba que el velo del templo se haya rasgado? Lo que die acá, que tenemos un camino nuevo para poder llegar hasta la presencia misma del Señor. El Lugar Santísimo, era el lugar en donde moraba la dulce Presencia del Señor. Entonces, cuando el velo se rasga, es la señal visible, no subjetiva, visible, de que ya no hay nada que nos pueda separar de una comunión íntima y directa con Dios. Vamos a repasar lo que dice.

Así que, hermanos, teniendo libertad. (Escucha: ¡Tienes libertad! Hoy tienes libertad. El pueblo de Israel no tenía libertad para hacer esto.) para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, (¿Tienes la sangre de Jesucristo a tu disposición? La tenemos.) por el camino nuevo y vivo (El camino nuevo y vivo, ¿Sigue expedito hasta el día de hoy? Sí, sigue) que él nos abrió (Él lo abrió, no lo abriste tú. El abrió ese velo. Ese camino, ¿Sigue abierto, hoy? Sí, sigue abierto.) a través del velo, esto es, de su carne (21) y teniendo un gran Sacerdote sobre la Casa de Dios. (Pregunto: ¿Tenemos ese sacerdote, hoy día?)

Hermano, hasta este momento, de todos los puntos que se mencionan, todo está a nuestro favor. No hay nada de lo que hemos leído, que ponga un freno para que nosotros no podamos llegar más profundamente con Dios. Y fíjate que no estoy hablando de cosas menores, ¿No?

(22) acerquémonos En este caso Dios no se va a acercar, eres tú el que deberá hacerlo. En primer término) con corazón sincero, (En segundo lugar) en plena certidumbre de fe, (Tercero) purificados los corazones de mala conciencia, (Y en cuarto) y lavados los cuerpos con agua pura.

Los versos anteriores, son recursos que Dios ya ha provisto. Es decir: no hay nada que tú puedas haber hecho para abrir el velo. No hay forma en que tú pudieras haber conseguido la sangre de Jesús, si él no te la otorga. No hay manera de que tú te hagas un camino nuevo para llegar a Dios. Yo soy el camino, la verdad y la vida, fue lo que se dijo. Nadie viene al Padre sino por mí. Hay un solo camino. Y ese camino está administrado por el Hijo. Él es el centro de peaje y de control. Tú no pasas si Él no dice que pases.

Ahora bien; es momento de darte una buena noticia: todos los obstáculos e impedimentos que había para que tú transites por ese camino, fueron quitados. Lo único que debes hacer es ponerte en una vía, en una carretera, y apretar el acelerador hasta que te canses. No hay nada que pueda detener tu acercamiento al Señor. Entonces, cuando alguien te pregunta si hay algo o alguien que pueda impedirle tener más de Dios, respóndele que no, que no hay nada.

De parte del cielo, nada. Todo está liberado, todo está libre, todo está abierto. Tú puedes ser, mañana, el próximo Elías de esta nación. El punto es el verso 22. Porque es allí donde nosotros fundimos motores. Lee bien y presta atención. No dice que el Señor se acercará. Tampoco dice que oremos para que Dios se acerque. Dice acerquémonos. Si alguien te pide que te le acerques, está en ti acercarte o no, obedecer a esa persona, o no. Si esa persona es un desconocido y tú eres una mujer, tal vez no te acerques. Pero si es tu marido o tu novio o un amigo conocido, no dudarás en acercarte a ver qué quiere decirte. Dios te dice que te acerques.

Lo que nadie puede hacer, y Dios tampoco, es llegarte donde tú estás y decirte: ¡Ven para acá, ahora mismo! No, eso era lo que hacía la Ley. La palabra es: acerquémonos. Ahora bien; de estas tres o cuatro cosas que acabo de decirte, depende tu futuro. Porque de esto depende lo que mañana ustedes van a poder o no van a poder hacer. Yo no sé cuáles son tus deseos, tus proyectos, tus ilusiones, pero sea cuales fueren, todo depende de ese verso que estamos examinando.

Porque todo lo que el cielo podía hacer, ya lo ha hecho. Ya no hay más nada que el cielo pueda hacer por ti, ya lo hizo Jesús en su momento. Por eso es que Él dijo en un momento dado: Todo está consumado. Todo ha sido hecho. ¿Sabes qué es lo que tú necesitas para desarrollar tu ministerio, o sencillamente para encarrilar convenientemente tu vida? El verso 22.

¿Sabes qué necesitas tú hoy, para mañana ser un profeta a las naciones? El verso 22. ¿Sabes qué necesitas tú, nuevo cantautor cristiano, para que tu música llegue finalmente a todas las naciones? El verso 22. ¿Sabes qué necesitan todas aquellas hermanas que pretenden y están dispuestas por capacidades y conocimientos técnicos valederos, para cambiar la moda en el mundo entero? ¡El verso 22!

Yo creo que muchos de ustedes ya se han dado cuenta, y me sumo como testigo y como ejemplo viviente, si quieres, que Dios no elige necesariamente gente capaz. Cristo se regocija y le dice: ¡Padre, me regocijo en ver que tú has guardado todas estas cosas para los más niños, para los más pequeños! Y te puedo asegurar que de este lado del aparato desde el cual estás oyendo mi voz, ahora, yo puedo saber casi con certeza al menos una parte de tus pensamientos: ¡Yo quiero eso! ¡Yo quiero más!

Yo no sé cuántos de ustedes tienen hijos o nietos que en este momento están cursando los últimos años de la escuela secundaria, que es como llamamos aquí al paso previo a una universidad. O tal vez algunos de los que están escuchándome, pese a que aseguran que los jóvenes no quieren perder tiempo oyendo audios, sean jóvenes en ese nivel escolar. ¿Tienen alguna remota idea de lo que deberían hacer si es que desean, como no dudo que sea, cambiar el país donde habitan y convertirlo en algo mejor y digno de ser vivido? ¿Qué creen que necesitan para lograrlo? ¡El verso 22!

Yo no sé dónde estás tú, hoy. Es probable que te estés congregando en la iglesia más obtusa del planeta, en una que todavía no ha podido creer en nada de lo que la Biblia dice que debemos creer. Y, sin embargo, si logras poner por obra y hacer rhema en tu vida al verso 22, tú puedes sacar a esa iglesia de ese ostracismo mortal en el que anda. Y te lo digo con absoluta autoridad testimonial. No depende del medio ambiente, ¡Depende de ti! Yo sé dónde estaba, cómo estaba, de dónde salí y como estoy hoy. No me lo contaron ni lo leí en ningún librito raro.

La carga que tú tienes en tu corazón, para cambiar un pequeño pueblito, se pone en macha y estalla simplemente poniendo en marcha el verso 22. ¿Qué cosas dice el verso 22? Dice: acerquémonos. Oye; no es importante sólo que te acerques. Aquí hay requisitos y, ¿Sabes qué? El cielo no va a cambiar esto por tu buena cara. Hay principios de Dios.

Mira; si yo estuviera allí, personalmente, delante de ti y no a través de un audio, y preguntara cuántos quieren servir a Dios que levanten su mano, ¿Tú crees que quedaría alguien con su mano sin levantar? Entonces Dios les dice: miren, aquí está este galardón, acérquense. Cuando tú te quieres acercar, hay una barrera invisible que impide que tú llegues. Y esta barrera es, justamente, lo que dice en el verso 22. Esos cuatro requisitos que ya estuvimos repasando. Y sólo llega a tomar el trofeo, el que cubre los cuatro.

Entonces no es que Dios no te quiere. Hay mucha gente que yo he oído decir que Dios lo está desechando, que no lo quiere cerca. ¿Sabes qué? ¡No! ¡Eres tú el que se está desechando! Hay otros que aseguran que no califican para trabajar para el Reino. ¿Sabes qué? Acerquémonos. ¿Cómo? Lo dicho: con un corazón sincero.

A mí me gustaría mucho que todos ustedes, hoy, cuando terminen de escucharme a mí, mediten todo lo más que puedan en este verso. La Biblia dice que no hay nada más engañoso que el corazón. La sinceridad del hombre, no es profunda. La única sinceridad que nace de la verdad, es la que nace del Espíritu de Dios. Escucha: llevo mucho tiempo en el ministerio. Y si bien no es lo mío, me ha tocado lidiar con matrimonios que en algún momento de sus vidas se casaron amándose, y hoy no se pueden ni ver uno al otro. ¿Cómo puede alguien llegar a tener esa actitud? El corazón cambia, y cambia mucho.

Si tú te guías por el corazón, estás en un problema, porque mañana o a más tardar pasado mañana, te vas a dar cuenta que estás a la deriva. Ahí dice: acerquémonos con corazón sincero. A mí me gustaría mucho escuchar de parte de alguien una definición lo más clara posible de lo que es sinceridad. ¡Dímelo! Sinceridad significa esto, esto otro y aquello. ¿Lo hiciste? Ahora voy a leerte algunas otras versiones, para que puedas apreciar esta palabra con mayor amplitud y riqueza.

Está bastante buena la traducción de la Biblia King James, en inglés, respecto a la palabra sincero. Allí dice: Acerquémonos con un corazón verdadero. La palabra en el lenguaje griego, para sincero, es aletinos. ¿Sabes qué significa eso? Verdad. ¿Sabes, entonces, qué es sinceridad? Un corazón en donde hay verdad. No es un sentimiento. Cuando dice: acerquémonos con corazón sincero, te está diciendo: acerquémonos con un corazón lleno de verdad.

Entonces, mucho me temo que es tiempo, hora y momento para hacerte una pregunta con tanto filo como una espada doble: ¿Tú estás viendo verdad en tu corazón? ¿Cuántas veces, de nuestro corazón sólo salen excusas? ¿Cuántas veces, y a partir de los argumentos más raros y hasta pintorescos, les decimos a las personas cosas que no son verdad? Y cuidado; no es que queramos mentir, es que somos muy ligeros para hablar. Y a la larga, esas palabras pesan.

Acerquémonos con un corazón lleno de verdad, un corazón sincero. ¿Qué significa sinceridad? ¡Verdad! Die: acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe. Dicho de otra forma: en absoluta convicción de lo que creemos. Les leo otra versión: Por eso, acerquémonos a Dios con corazón sincero y con una fe completamente segura. Leo otra versión, las estoy comparando. Acerquémonos con corazón sincero, con fe plena.  Mantengamos una amistad sincera con Dios, teniendo la plena seguridad de que podemos confiar en Él.

En plena certidumbre. La palabra certidumbre, se deriva de certeza. Certeza quiere decir que no cambia. Es decir que nuestra fe no puede creer hoy día, y mañana no creer. La fe verdadera, (y ese es el problema, no toda la gente tiene fe real). La fe verdadera no nace de la mente, nace del espíritu. No nace de nuestro corazón. Nuestro corazón un día cree y al otro día no cree. Nuestra mente cree, pero sólo si lo entiende.

La fe de Dios, (Y aquí Pablo nos habla de la fe de Dios en muchas partes de la Palabra), nace del espíritu. Así con minúscula, porque es de nuestro espíritu de donde nace, no del Espíritu Santo. La fe es el idioma que nos permite entendernos con Dios. La fe. Y mucho cuidado; si en algún momento piensas que Dios no te escucha, porque no te respondió a un pedido como querías, o que te ha abandonado, eso no es fe, eso es creencia. La fe es inamovible, te responda Dios, o no te responda, tú crees igual.

La fe no es que hoy crees y mañana no crees. La fe es una roca y te lleva a creer en aquel en el que un día creíste. Y conlleva una seguridad y una certeza que no puedes explicar. Es como decir: yo sé, que sé, que sé y no pienso cambiar mi forma de creer porque esa es la fe que ha vencido al mundo. Cuando el mundo ve a una persona así, convencida de lo que cree pase lo que pase, ¿sabes qué es lo que hace el mundo? Retrocede. Esta es la fe que ha vencido al mundo.

Y tu corazón no tiene nada que ver con esta clase de fe. Tu corazón, en todo caso, hace mucho tiempo que te incentivó para que pusieras un kiosco y vendieras cigarros. Tu mente tampoco tiene nada para aportar, porque no hay manera que ella pueda entender lo que está pasando. Pero tu fe, que nace de tu espíritu, dice: ¡Yo no me muevo! He decidido creer y voy a permanecer creyendo. En el proceso, muchas veces estamos rodeados de creyentes incrédulos.

¡No le creen a Dios! Si el Señor dice que tiene cuidado de ti, descansa, hermano. O no lo crees. Si el Señor dice que lo va a hacer, déjate de buscar caminos alternativos o un plan “B”. ¡Lo va a hacer! El consejo más sabio que puedo darles a los que me escriben con algún problema importante, es: primero, preguntarles si creen que Dios verdaderamente está en control de sus vidas. Si obtengo un sí como respuesta, entonces de inmediato les digo: Ok. Entonces… ¡Relájate!

¿En qué clase o forma de Dios has creído? Las pruebas, lo único que hacen, es determinar el tamaño de tu Dios. Tú respondes a las pruebas, desde el punto de vista del tamaño que tu Dios tenga. Acerquémonos con corazón lleno de verdad. Acerquémonos absolutamente convencidos de lo que creemos, en plena certidumbre de fe. ¿Sabes por qué? Porque sin fe, es imposible agradar a Dios.

En este proceso, generalmente los cristianos están esperando que Dios los use, pero no siempre le creen. Ni lo dudes, hay momentos en que Dios va a probar tu fe. Que para algunos es fácil, pero para otros les cuesta todo. Además, todos lo saben pero nadie lo recuerda, luego. La fe debe ser probada. Fe que no se prueba, es de cartón. ¿Crees en un Dios de imposibles? Lo vas a tener que demostrar.

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enero 2, 2020 Néstor Martínez