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La Valiosa Llave de Autoridad

Seguramente alguien te habló respecto a lo que normalmente se denomina como el factor obediencia. Ese factor es un tema transversal que ha ocupado muchas páginas en la Biblia. Y es imposible entender la manera en que el Reino de Dios funciona si no se entiende lo que es la obediencia.

Parece muy básico, pero créeme que no lo es tanto cuando te acercas y lo examinas. Partamos de la base que no será la primera visita extranjera que llega y convive unos días con nuestro pueblo, que nos asegure de inmediato que si bien los niños suelen tener períodos de desobediencia, como en Argentina no hay demasiado. El niño promedio argentino es altamente desobediente, lo que no habla mal de ellos, precisamente, sino de sus padres, responsables directos de sus conductas.

No te olvides que todo desobediente hará sistemáticamente todo lo que se le permita hacer. La obediencia como ingrediente de comportamiento tiene una dinámica que se va transmitiendo de generación en generación. Y cuando se trata de hijos desobedientes, podemos comprobar que la gran mayoría de los padres son incapaces de entender qué cosa es, realmente, la obediencia.

De hecho, esto que parecería pertenecer sólo al área de las conductas sociales, amenaza a corto o mediano plazo a toda una generación, que si no entra en las verdaderas rutinas de la conducta cristiana real, está en condiciones de perderse a sí misma por causa de su desobediencia.

¿Perderse qué cosa? Su salvación. ¡Eh! ¿No estamos exagerando un poco? No creo, porque sin obediencia es muy complicado acceder a la salvación, tú lo sabes muy bien. ¿Nunca leíste en tu Biblia donde dice: hijos, obedeced a vuestros padres? ¿Y qué crees que significa eso? Que la obediencia de los hijos a los padres es algo que agrada de sobremanera a Dios.

Y esto nos compete muy de cerca, porque entiendo que la iglesia en su conjunto, y no hablo de congregaciones sueltas, todavía no ha logrado entender del todo lo que la obediencia significa para Dios. Escucha: cuando Dios crea al hombre, establece dos poderes. Sólo dos poderes para controlar toda la creación.

El primer poder que Él establece, es el poder de Dios. Él es Dios, es el soberano de la tierra, Él es el creador de todo y toda la creación depende de su palabra. Ese es el primer poder que se establece en el Génesis. El segundo poder, es el poder del alma.

(1 Corintios 15: 45) = Así también está escrito: fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

Se describe al hombre como alma viviente. El segundo poder que Dios pone, es el alma. El primero, es Dios; el segundo, es el alma. ¿Por qué? Porque Dios sujeta todo a Adán. ¿Y qué dice que era Adán? ¡Alma viviente! Entonces, de hecho, Dios sujeta todo al alma. Todo. Toda la creación.

Eso quiere decir que lo que volaba, lo que nadaba, lo que caminaba, lo que se arrastraba, lo que operaba, todo, queda sujeto al alma. Mira cuanto poder tenía el alma. Si tú lees Génesis en su inicio, verás que Dios le da potestad a Adán para señorear, sojuzgar y reinar. No es necesario leerlo, tú lo conoces y sabes que dice eso.

Lo que te estoy diciendo es que Dios le da a Adán la administración de toda la creación, y él era alma viviente. O sea que Dios le concede a un alma, el poder para gobernar todo lo que Dios creó. Pero esta, claro, era una jugada maestra de Dios, porque, pregunto: ¿Por qué no le concedió eso al espíritu de Adán?

Porque Lucero, el ángel caído, ya era un espíritu, también. Y entre espíritus se podían entender. Por eso Dios le da esta autoridad al alma. Y el alma era algo que Lucero todavía no entendía. Imagínate; el diablo todavía no sabía qué cosa era eso que llamaba alma.

Nunca lo vio antes, nunca tuvo una, no conocía su ingeniería, era algo blindado a su conocimiento. Para Satanás el alma era una caja cerrada. Era una ingeniería extraña a sus conocimientos. Era un poco celestial, otro poco humana, tenía doble capacidad de entendimiento, diferentes dimensiones, tenía un corazón, tenía una mente, tenía una voluntad, en fin, tú sabes.

Y tú ya sabes que, en el capítulo siguiente, Adán peca. En el capítulo 3 y verso 11, cuando la serpiente habla con Adán, él cuestiona lo que Dios habló. Y se establece un diálogo que todos conocemos. Muy bien; a consecuencia de eso, él termina cediendo y cae en el pecado. Porque Dios le había dicho que no comería de ese fruto. No comerás.

No nos engañemos, le había dado una orden, le había dado una instrucción: no comerás. Y es una instrucción, porque implica una explicación. Porque si de ese árbol tú comes, morirás. Ciertamente morirás. Esa palabra no es un mandamiento, es una instrucción.

Cuando Adán no obedece la instrucción, automáticamente pierde el poder que tenía en el alma, de gobernar. O sea que, el poder del alma, está en función de su capacidad de obedecer. Lo voy a repetir porque es clave: el poder de tu alma, sólo está en función de tu capacidad de obediencia.

Si el alma obedece, esa alma es poderosa. Si esa alma desobedece, esa alma es débil. Y te voy a decir más: aún en el Nuevo Testamento, Dios quiere que sea nuestra alma la que gobierne. Detrás de alguien derrotado, tienes a alguien desobediente. Detrás de alguien débil, tienes a alguien desobediente.

Detrás de alguien de doble ánimo, tienes a alguien desobediente. Porque el poder del alma, está en su obediencia. Depende de eso. Entonces no es algo pequeño como nos quieren hacer pensar. Te estoy diciendo que es que algo que mantiene la vida de una persona es su capacidad de obedecer.

Tan tremendo es esto, que dice la Biblia que aún Jesús tuvo que aprender obediencia. Pero, ¿Cómo? ¿Acaso Jesús no vino ya dispuesto a obedecer? Sí, pero también dicen que vino perfecto, pero la palabra dice que tuvo que ser perfeccionado. Y por lo que padeció.

El tema es este, creyentes inteligentes que buscan y encuentran todo lo que Dios quiere revelar. Jesús no tenía alma, hasta que nace de María. Pregunto: ¿Tú espíritu, necesita aprender a obedecer? No. Tu alma lo necesita. Entonces Jesús, que recibe alma cuando nace, esa alma, que es una naturaleza que no tenía antes, es la que tiene que aprender obediencia.

Si Adán y Cristo tuvieron que aprender obediencia, ¿Tú crees que tú o yo podemos ser una excepción? Jesús, no sólo obedeció a Dios en el espíritu, sino que también lo obedeció en su carne, que es como decir en su alma, que era la parte más difícil.

La palabra obediencia, en el griego es upakoe, en el hebreo es shamá. En el griego, upakoe significa obediente, sujeto, uno que se rinde en sumisión, que observa los requerimientos para cumplirlos, uno que sabe escuchar. De todas estas definiciones, quédate con esto: obediencia es uno que sabe escuchar. Es imposible obedecer si uno no escucha atentamente.

Detrás de un hijo que no obedece, tienes uno que no sabe escuchar, porque es medio descuidado o simplemente alocado, o tienes un rebelde. El rebelde es el que escucha, pero no quiere obedecer. Lo primero, específicamente se trabaja, mientras que lo segundo, directamente se disciplina.

Lo primero no requiere castigo, requiere trato, conversación, pero lo segundo requiere vara. La rebeldía no se trata con palabras, se trata con disciplina. Vara. Castiga a tu hijo con vara, ¿Recuerdas? La palabra shamá, por su parte, significa: que escucha, que oye con atención, que obedece. Todo bien, parecería, ¿No?

No, porque le añade un pequeño factor: complacencia en cumplir una orden. Se complace en cumplir una orden. Y es lo que Jesús dice. Señor, me agrada hacer tu voluntad, dice Jesús. Está hablando del shama. Y no es servilismo, es sumisión. Hay una enorme diferencia entre lo uno y lo otro.

Ahora bien; cuando Dios habla por primera vez, eso se llama instrucción. Proverbios trae en muchos de sus textos comentarios referidos a que tal o cual cosa allí dicha es instrucción del Señor. Pero, en otros lugares dice: esto es mandamiento del Señor. Y hay una buena diferencia entre instrucción y mandamiento.

La instrucción, es cuando Dios habla algo por primera vez. El mandamiento, es cuando se repite lo que él ya habló. Es algo que alguien escribe y dice: este es el mandamiento para Israel. Eso significa que no es la primera vez que lo está diciendo. Quiere decir que Dios ya habló de eso, y ahora se está repitiendo. Porque el mandamiento siempre involucra repetición.

El mandamiento, posteriormente, que es esa instrucción que Dios ya dio, se convierte en una ley. Y así como ciertas leyes contienen en sí mismas un espíritu de protección, los mandamientos de Dios poseen exactamente el mismo espíritu, aunque en este caso es de bendición.

Es como si el mandamiento estuviera representado por una enorme caja, cuyo contenido es la bendición. O sea: todo mandamiento trae una bendición. Entonces, cuando Dios te prohíbe algo por mandamiento, no te está restringiendo ni coartándote tu libertad. Lo que él quiere es que tú seas bendecido con esa prohibición.

(Deuteronomio 28: 1) = acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra.

(2) Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.

(3) Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo.

(4) Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas.

(5) Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar.

(6) Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.

(7) Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.

Fíjate el detalle. En nada más que siete versículos, puedes contar nada menos que quince bendiciones. Reitero: la bendición viene dentro de una caja llamada mandamiento. Si tú obedeces el mandamiento, vas a poseer la bendición. ¿Por qué? Porque Dios diseñó que sea tu alma la que gobierne. Entonces, al obedecer el mandamiento, tú recuperas la capacidad de gobernar.

Todo mandamiento de Dios, tiene su bendición. Cuando él habla, bendice. Sin ir más lejos, puedes verlo en la creación. Al final de cada día de la creación, él dice vio que todo lo creado era bueno. Decir eso, es bendecir. Y en algunos casos se añade que lo bendijo Dios. En cada obra de la creación, de inmediato, él suelta una palabra de bendición.

Eso es para que, cuando tú te conectes con esa palabra, recibas la bendición si es que la obedeces. Sintetizando esto, podemos asegurarte que la llave de cualquier bendición de Dios, se llama obediencia. Cada vez que Dios habla, teniendo en cuenta que para él el tiempo no existe, lo que habla, es atemporal.

Lo importante es que todos nosotros, todavía tenemos acceso a las bendiciones de la ley, aunque esta ley ya esté anulada, si es que nosotros nos conectamos con el mandamiento, para tener la bendición. Escucha: discutimos si debemos guardar el sabath o no. Y ahí andamos, hasta enemistados por ello. Resolución simple: No lo guardas y estás con la gracia, amén. Resuelves guardarlo y, si lo haces, alguna bendición vas a recibir por hacerlo.

No tenemos límites y no necesitamos ser rígidos en nada que no sea el respeto irrestricto por la santidad, el no pecado y lo central el evangelio, la fe en Jesucristo. Pero eso sólo es posible si sabes escuchar atentamente. Cuando Dios habla, repito, él siempre habla fuera del tiempo.

Por eso es tan difícil saber a qué período se refiere esto. Lo de la bestia, la gran ramera y todo eso. No entendemos que cuando Dios habla dice qué, pero jamás nos dice cuándo. Y si no, ahí tienes el asunto de la Pascua. Dios habla de la Pascua por primera vez, en el tiempo en que el pueblo de Israel todavía estaba cautivo en Egipto, ¿Recuerdas?

Les dice cómo ser libres de la cautividad de Egipto. No sólo ser libres; salir victoriosos. Él soltó esa palabra. Hoy, en este tiempo, estamos muy lejos de esa figura. Estamos en otro momento, estamos en otro tiempo. Sin embargo, si alguien decide celebrar esa pascua, cruza un espacio-tiempo y se conecta con el tiempo en que Dios habló eso.

Literalmente, se movería del año en curso, hoy, al 1453 antes de Cristo, momento en que él habló. El vínculo, el paso, es la obediencia. La obediencia hace que alguien pueda ir exactamente al momento en que Dios habló algo. Y si ese alguien cumple lo que él dijo allí, agarra la bendición.

¿Y qué cosa entiendes por bendición? Literalmente, es decir bien. Sin embargo, la bendición, cuando tú la tomas, se convierte en tu unción. Y tú unción, es lo que te trae autoridad. Y cuando una persona tiene unción propia, la puede impartir a otros.

En el Reino de Dios, tú sólo puedes dar lo que posees. Por eso es tan importante que seamos gente obediente. Hay gente que es poderosa para moverse en el espíritu, porque ve o porque no ve, pero tienen almas tan débiles que no tienen el ejercicio de la obediencia en sus vidas.

Entonces, todo lo que ellos ven, no lo pueden aplicar como una unción propia. Siempre administran lo que no es de ellos, pero nada pueden impartir porque no lo poseen. Tengo otro ejemplo para compartirte, y también está en el libro de Deuteronomio, aunque en este caso en el capítulo 30.

(Deuteronomio 30: 10) = Cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

(11) Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

(12) No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo  traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos?

(13) Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?

(14) Porque muy cera de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.

(15) Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; (16) porque yo te mando que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. (Obediencia al mandamiento, trae bendición. En la tierra que vas a entrar para poseerla.)

Cuando tú obedeces, cruzas y rompes límites. Cuando desobedeces, en cambio, limitas a Dios. Él no te puede bendecir aunque quiera, porque tu desobediencia limita a Dios. La única cosa que limita a Dios, es nuestra desobediencia. Esto impresiona, porque generalmente estamos muy seguros que Dios no tiene límites.

¿Y entonces por qué no puede bendecir a una persona? ¡Sí que puede! ¡En un sentido, podría! Pero el hombre le ha puesto un límite a Dios que él no lo puede pasar. Dios no lo puede pasar. Dice en Hebreos 11:6 que sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios, crea que él existe y que es recompensador de los que le buscan.

Otra cosa que limita a Dios, es nuestra manera de pensar. Nuestro Dios no tiene límites como persona, pero sí en su acción, por tu desobediencia y por tu manera de pensar. Un ejemplo que escuché alguna vez. Dios te ordena que saltes, pero tu sentido común te dice que no lo hagas, que si lo haces vas a caerte y a darte un buen golpe.

¿Y entonces qué sucede? Tienes una palabra de Dios, “salta”, pero tu mente te dice que no, que si lo haces estás loco. Entonces indudablemente tú necesitas usar de la fe. La fe está diseñada para romper con tus limitaciones mentales. Lleva esto a otra palabra que Dios te haya dado. Examina cuántas veces la diste vueltas en tu cabeza. No. Mi sugerencia es que apagues de inmediato tu cerebrito analítico y te entregues a la fe.

¿Tú crees de verdad que Dios te dijo que saltaras? ¡Sí que lo creo! Entonces ni lo dudes, arrójate. ¡Pero es que no lo entiendo! No te preocupes, puede pasar un siglo sin que entiendas a Dios, lo que no significa que lo que él te ha dicho no sea lo que debía decirte y lo que tú debías hacer.

La fe es el diseño de Dios para reeducar nuestra manera de pensar. Es interesante ese hermoso versículo de Isaías 54, que nos pide que extendamos el lugar de nuestra tienda. Ahí dice que debemos romper las cortinas de nuestras tiendas, lo que equivale a decir que debemos romper con nuestras estructuras mentales.

¡Es que no me gusta viajar en avión! ¿Y si te envía Dios al extremo sur de mi país, a Ushuaia? ¡Voy en bus! – ¡Es que tardas tres días, llegas con todos viajando al infierno! ¿Y si te envía a China? ¿También vas a ir en bus? Esas son limitaciones producto de temores. ¿Sabes qué? Ningún temor a nada proviene de Dios.

Claro, no tienes que arrojarte de la cima de la montaña al precipicio porque total Dios te va a cuidar. ¿Te pidió Dios que te arrojaras? Si no te lo pidió, vas a estamparte como tortilla allá abajo y no vendrá ni un ángel a salvarte porque estás tentando a Dios, ¿Entiendes? ¡Funciona cuando Él te manda!

¡Es que yo he visto gente que no es creyente hacer cosas tremendas venciendo sus limitaciones! Yo también, pero ellos están usando sus almas, que independientemente de ser creyentes o no, fueron creadas con alto poder y lo tienen. El asunto no es el desarrollo, el asunto es el final de la historia. Y cuidado, porque nadie puede obligar a nadie a ser obediente. La obediencia siempre es una elección: a escuchar o a no escuchar.

(Hebreos 5: 8) = Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; (9) y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;

Cuando la persona cruzó, tomó la bendición y la aplicó como su unción, ahí se convierte en una fuente, esto es: puede dar de lo que tiene, a otros. Lo que te estoy queriendo mostrar, entonces, y ya en la vida cotidiana, es que detrás de un hijo desobediente, seguramente va a haber un padre desobediente.

Ahora; si el padre es obediente y el hijo es desobediente, lo que está operando allí es una raíz de rebeldía, que está tratando de invadir por algún lado. ¿Por qué? Porque la obediencia siempre se convierte en una fuente, en aquellos que la practican. Por lo tanto, la pueden impartir a otros.

Cuando tú logras producir la unción con tu obediencia, esa unción se convierte en gracia, en ti, por eso es que la puedes dar. La gracia es la unción que opera en ti. Yo tengo la gracia para enseñar, por eso tú me escuchas y aprendes. No porque yo sea un fuera de serie, de hecho estoy muy lejos de serlo. Sólo porque yo tengo esa gracia y esa gracia me constituye en una fuente.

Entonces, reciba de donde reciba lo que digo, (Y algunas cosas de las que digo es probable que las hayas escuchado o leído decenas de veces sin entenderla), cuando yo te la digo tú me entiendes y aprendes. Es simplemente una unción, una gracia específica.

Ahora bien; el punto más gravitante de todo esto es que, toda gracia, con el tiempo, se convertirá en autoridad. Y la autoridad aparece aquí y desarrolla algo que se llama dominio. Al pasar los años, entonces, tú llegas a tener dominio en el terreno en el cual te ha sido concedida la gracia, que te llegó por obediencia.

Y eso conlleva un riesgo importante. Si tú me escuchas desde hace mucho tiempo, y consideras que tengo una gracia especial para enseñar, tú me has reconocido autoridad y, por consecuencia, me has otorgado dominio. A partir de allí, yo puedo enseñar cualquier cosa y tú habrás de recibirla sin dudarlo, porque me has concedido autoridad. Eso me determina un grado de responsabilidad altísimo delante del Señor.

Sin embargo, si tú observas con atención la vida y el ministerio de Jesús, vas a poder comprobar que él siguió linealmente esos tres pasos: fue obediente, eso le trajo unción, eso le proporcionó gracia, y esa gracia le trajo autoridad y, como consecuencia, dominio.

Cuando Dios le dice a alguien que lo ha levantado para que domine sobre algo, es porque sabe que esa persona ya trabajó ese proceso. Por esa razón es que, cuando Jesús aparece, le dice a cada uno de sus discípulos que la única cosa que él aspira a que hagan, es obedecer.

De hecho, esto había sucedido igualmente mucho tiempo antes. Cuando Dios lo llama a Josué y le dice que se esfuerce y sea valiente, Josué salió corriendo a afilar la hoja de su espada y salir luego a llevarse por delante a quien fuera. Sin embargo, a renglón seguido Dios le dice que lo único que necesita de él, es que sea obediente. ¡Ese es el mayor esfuerzo!

Entonces, cuando nos juntamos con otros que, supuestamente, creen en lo mismo que creemos nosotros, ¿Cuál sería el ánimo que deberíamos darnos unos a otros? Obedezcamos al Señor. Porque cuando obedeces, rompes el concepto del tiempo.

De hecho, posicionados así, para cualquiera de nosotros, todavía es vigente toda la Biblia, no una pequeña porción de moda. Vivimos bajo el sacerdocio de Melquisedec, cierto es, pero: ¿Para qué entonces Dios nos dejó treinta y nueve libros? Ellos tienen alguna importancia, de otro modo no lo hubiera hecho.

De hecho, cuando entendemos que Adán tiene poder para gobernar sobre el agua, sobre la tierra, sobre el campo, y sólo la perdió cuando desobedeció, ¿Por qué van a decirme que yo no puedo tener esa misma autoridad si es que obedezco lo que Dios me ordena hacer?

Ahora bien; esta sociedad en la que vivimos es, indudablemente, una sociedad desobediente, ¿Verdad? ¿Y qué pasa cuando nosotros nacemos en un marco social así? Un marco social donde todo se cuestiona, donde todo se juzga. Sin ir muy lejos, vemos a muchos jóvenes juzgando a sus padres y viviendo con la certeza de que son ellos los que están equivocados, los padres.

Esto es parte del modelo educativo. El modelo educativo actual que tienen las naciones, gira en torno a la desobediencia; gira en torno al árbol del conocimiento; el árbol del conocimiento nos conecta con la desobediencia. Porque el árbol del conocimiento le da exactamente eso, conocimiento. Mucho conocimiento, pero genera en ti un alma desobediente.

¿Y qué es un alma desobediente? Es un alma débil, un alma que puede ser manipulada. Entonces hoy día, a través de una película, a través de una noticia, a través de una amenaza, las tinieblas gobiernan sobre el alma de la gente. ¿Por qué? Porque ellos no tienen almas fuertes.

¿Y cómo se recupera la obediencia? Hay dos maneras. A través de forma teórica. Forma teórica quiere decir a través de la educación. No puedes caer en la inocencia de esperar que en la escuela les enseñen obediencia a los niños. Esa es una tarea de la familia.

En todo caso, lo que les enseñan en el colegio, es restricción. Digo, aunque creo que eso que hace un tiempo se ejercía, ahora ya no se lo ejerce tanto. De todos modos, a lo que me refiero es a esas actitudes de supuesto respeto y obediencia que no eran otra cosa que el juego castigo-obediencia que imperó durante años en esas áreas.

La obediencia es otra cosa. Yo soy obediente si me comporto de forma correcta en un espacio donde ni siquiera hay una ley al respecto. Entones, cuando digo que la forma teórica de aprender la obediencia es la educación, no estoy hablando del colegio ni de la docencia. Estoy hablando de la familia. La familia tiene que saber formar un alma obediente, no ofrecer garrote al que desobedezca. Eso no es enseñanza, pese a que curiosamente, todavía tiene muchos defensores.

La segunda manera, es la más efectiva, pero es la menos recomendada. Se llama, experimentar sufrimiento. Obedeces o te mueres. Punto. Y si no, fíjate Pablo. Pablo, cuando todavía era Saulo, estaba convencido que dios lo había enviado a cortar cabezas de cristianos.

Y cuando se enfrenta con él, camino a Damasco, su respuesta es inmediata: ¿Señor, ¿Qué quieres tú que yo haga? Pero, inmediatamente, él lo introduce en un proceso de sufrimiento. Y esto impresiona, porque aunque él reacciona de inmediato en obediencia, igualmente entra en un proceso de sufrimiento.

De hecho, cuando todavía estaba en el suelo, oye la voz que le dice: Yo soy Jesús, a quien tú persigues, y vas a sufrir por mi causa. Te voy a enseñar lo que es sufrir. Eso impacta. No sé cómo era el corazón de Pablo. Tiene el perfil de muy obediente, pero ¿Por qué Dios lo introduce directo al sufrimiento?

Parecería ser que Dios estaba apurado por algo puntual, porque lo introduce en la escuela de sufrimiento de manera intensiva, y eso no deja de asombrarnos, porque es evidente que él era muy tenaz, muy perseverante, firme en sus decisiones y convicciones.

Algunos sostienen con algo de irreverencia que Pablo tenía cierto aire de caprichoso, también. Y lo argumentan en que cuando él había recibido palabra de que no fuera a Jerusalén, a él se le da la gana de ir a Jerusalén igualmente, y nadie lo hace cambiar de opinión.

Eso podría ser parte del motivo, aparentemente, por el cual Dios lo envía a hacer una especie de post-grado de sufrimiento de varios niveles, en los que dicho sea de paso, nunca terminó de graduarse. De hecho, no creo que haya sido la voluntad de Dios que fuera a Jerusalén donde luego iba a ser apresado, y terminar en Italia y morir dos años después.

Esto no quiere decir que tengamos un Dios torturador, pero si nos deja ver que, detrás de un espíritu sumiso, hay menos necesidad de parte de Dios de permitir que pasemos por hornos de alto sufrimiento. En otras palabras, padres y madres de hijos pequeños que me escuchan: si ustedes les enseñan a ellos el camino de la obediencia, lo que estarán haciendo es determinar que ellos tengan que sufrir menos.

(1 Samuel 15: 22) = Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que las grosuras de los carneros.

(23) Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.

En este último verso, donde leemos ídolos, en otras versiones dice iniquidad. ¿Te imaginas cuanta gente inicua hay dentro del pueblo que dice ser cristiano? Porque aunque no tienen ídolos, y no paree que estuvieran en nada torcido, su desobediencia los pone en ese nivel.

Y luego dice que por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. Está hablando con Saúl. Él era rey, quiere decir que tenía dominio. Él era rey de Israel, ¿Cuál era su dominio? ¡Israel! O sea que, lo que le está diciendo es que, por cuanto ha desobedecido, dios le quita el dominio.

(24) Entonces Saúl dijo a Samuel: yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado.

Ese fue el mayor problema de Saúl, allí: escuchó más la voz del pueblo que la voz de Dios. David era al revés. David escuchaba más a Dios que al pueblo. A uno, eso lo convirtió en desobediente, mientras que al otro, lo mismo lo convirtió en obediente. Y esto lo conectó con las máximas bendiciones de Dios, al punto tal de ser antepasado de Jesús.

A medida que nosotros obedecemos al Señor, te das cuenta que no es algo que pasa en un momento. Porque una obediencia nos lleva a otra obediencia, y nos lleva a otra obediencia y esta a otra obediencia, y así sucesivamente. Nunca la capacidad mental, la inteligencia o la fuerza, va a reemplazar lo que la obediencia produce.

Puede haber gente muy preparada, con altísima riqueza intelectual, pero que todo lo que hace resulta estéril por una simple razón: son desobedientes. Eso los constituye en una fuente con muy poco poder, porque no puede gobernar mucho más allá porque no tiene dominio.

(Mateo 8: 27) = Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aún los vientos y el mar le obedecen? (¿Quién logra eso? Una persona obediente hace que el mar y los vientos le obedezcan.)

(Marcos 1: 27) = Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aún a los espíritus inmundos, y le obedecen?

Indudablemente esta gente tenía una autoridad extraordinaria. Jesús podía hacer eso. Vas a darte cuenta que el curso de demonología que Jesús les da a los discípulos, está contenido en dos versículos. Cuando él los reúne, les dice: muchachos, les doy autoridad para sacar todo espíritu inmundo, sanar toda enfermedad, y listo, vayan nomás, y suerte.

Y eso fue todo, más allá de la humorística dramatización. El que es obediente, es fuente. Les dijo: les doy autoridad, que fue como decir: les doy de lo que tengo. Un curso exprés de autoridad. Les impartió la capacidad de hacerlo. Ellos dijeron: “vamos en tu nombre, léase así. Cómo tú has vencido por ser obediente, nosotros tomamos esa autoridad para ejercerla afuera.” Y eso, aunque ellos todavía estaban desarrollando sus propios niveles de obediencia.

¿El resultado? Los demonios salen por allá y por acá. Apenas un solo caso de un muchacho al que no pudieron liberar. Entonces lo traen, y el Señor les dice simplemente: ¡Hombres de poca fe! Ahí está la relación entre fe y obediencia. Tú le obedeces a alguien en quien crees.

Pero el caso es que los demonios salían- ¿Por qué? Porque los demonios no pueden oponerse a alguien que es obediente. Si tú sientes en tu corazón que debes orar por alguien, pues ora. Porque detrás de eso habrá autoridad. No pienses que puede no sanarse y si eso pasa se va a desanimar.

Ese es uno de los errores más frecuentes, el pensar que nosotros estamos puestos para sanar. No, mira; nosotros estamos puestos para orar. Sanar ya es un asunto de Dios, no nuestro. ¿Sientes que debes orar por sanidad a favor de alguien? ¡Ora! Si se sana o no se sana, ya no es tu problema. Tu responsabilidad en obediencia, era orar. Punto. La obediencia siempre va a traer una recompensa. Es un ejercicio de autoridad.

(Romanos 5: 19) = Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.

Y te recuerdo que en algún lugar dice que la oración del justo es eficaz. Entonces, ellos oraban y la gente se sanaba. Porque estaban tomando prestado de la obediencia de ese uno. Cuando tú desobedeces, pierdes la autoridad sobre tu vida. Pierdes la autoridad en el lugar en donde tú debes ejercerla.

Pierdes autoridad en tu casa, y pierdes autoridad en el mundo espiritual. Ni demonios, ni ángeles, ni potestades van a obedecerte. Tú pierdes cuatro niveles de autoridad cuando desobedeces. Tu vida, el lugar donde estás, tu casa y aún el entorno espiritual donde te mueves.

Para ir cerrando todo esto, quiero dejarte algunos conceptos. Creo haberte dicho lo más importante. Sin embargo déjame decirte que, la oportunidad para que tú peses tu vida, y veas si estás moviéndote en límites de obediencia, está a tu alcance.

No soy yo el que deberá decirte si tú puedes o no puedes. Eso es algo que tú deberás examinar, sopesar y luego evaluar con la mayor de las claridades, y despojado de toda vanidad o ambición eclesiástica doméstica. No importa el tiempo que llevas en la iglesia. Es igual si tienes treinta años calentando bancos o llegaste la semana pasada y todavía no te sentaste.

Ten siempre presente esto: lo que Dios quiere, es hijos. Hijos e hijas. Y el hijo tiene un rasgo, es obediente. No tiene que ver con antigüedad, no tiene ver ni siquiera con cuanto conoces la Biblia. Tiene que ver simplemente con obedecer.

Dios necesita gente obediente. Es más: Dios necesita iglesias llenas de gente obediente. Porque a través de ellos es que él podrá ejercer un nivel de autoridad sobre la ciudad donde vives, sobre la región a la que perteneces y sobre el país en el cual él te ha permitido nacer.

¿Los demonios se sujetan? ¡Claro que sí! ¿La nación está dispuesta a escucharte? Sí. Por eso solamente producen hechos notables y notorios sólo aquellos grupos o personas que están manejándose con obediencia, humildad y sin apetencias personales.

Es mi oración en el final de este trabajo, que todos aquellos que hace ya muchos años conocen al Señor, recuperen cualquier área de desobediencia que hayan visto sobresalir en sus vidas. Y que luego, con la misma humildad y facilidad con que la descubrieron, la conviertan en obediencia plena.

Si Dios, hace algún tiempo, te llamó a hacer algo, algo así como orar en algún horario especial o específico, por personas que ni siquiera conoces, o por personas que crees que jamás podrían entregarse a Cristo, hazlo. Si Dios te llamó a leer ciertos libros, escuchar a cierta gente o simplemente a leer la Biblia en toda su extensión, a lo que fuera, hazlo. Y si antes no lo habías hecho, aun sabiendo que eso era lo que Dios te ordenaba hacer, pídele perdón por tu desobediencia anterior y, a partir de este momento, hazlo todo.

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noviembre 13, 2018 Néstor Martínez