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La Incertidumbre de lo Desconocido

Muchas veces me he preguntado cómo debemos llamar, rotular o describir al suceso que, comenzando en los ámbitos espirituales, concluye en los naturales, y que es la simple acción de parte de Dios de traer vino nuevo, revelación, unción fresca. Para mi gusto mitad creyente y mitad antiguo periodista, su título sería: Transición. Ya hemos mencionado muchas veces esta palabra. Creo que es tiempo de examinarla con mayor profundidad.

Vivimos en una sociedad que está cambiando muy rápidamente en toda la tierra. La sociedad política, los gobiernos, la economía global ha sufrido cambios. En realidad, hemos visto cambios por todas partes hacia donde miremos. Y cuando hay mucho cambio en la sociedad, se pierde la valorización de incidentes individuales.

Es muy fácil olvidar la importancia de un hecho, cuando éste es superado por otro de manera inmediata. La informática y la  telefonía celular son, de alguna manera, el modelo más palpable de lo que digo. No terminas de aprender a operar con un sistema o aplicación y ya es obsoleta, ha sido reemplazada por una nueva con mayores posibilidades.

Es como si eso se convirtiera en un espíritu y todo el mundo quiere superar el hoy con el mañana. Y eso, de hecho, sin darle mayor importancia a lo que aconteció hoy. Ojo porque es un espíritu. Estará bueno en Rocky o Rambo, pero no en Congresos, conferencias, clínicas o seminarios cristianos.

Es un espíritu que te dice: vamos a mejorar ahora con el mañana. Hay cambios en gobiernos, cambios en la economía, cambios en poderes, en naciones, grandes cambios en el mundo natural. Así es que, como el mundo natural y el mundo espiritual son un paralelo, podemos esperar entonces grandes cambios en el mundo espiritual.

Y es por eso que nos sentimos como nos sentimos, porque están aconteciendo cambios. Dios está removiendo todo lo que es fariseo, está destruyendo todo lo que es política religiosa, estructuras que no son de Él y cambiando, incluso, generaciones de líderes obsoletos por otros alineados con nuevos moveres.

Es notorio que en los últimos años, los epicentros de las oraciones de los santos tuvieron alta calidad de respuesta. Hemos visto caer sistemas que parecían omnipotentes y derrumbarse muros que parecían eternos. Y todo por una oración sistemática, precisa y puntual, sin palabrerío religioso innecesario.

Es indiscutible que las naciones más poderosas han debido mutar en cuanto a sus hipótesis de conflictos. Enemigos antiguos han desaparecido y, por contrapartida, han urgido nuevos. Cambios. Es como estar viviendo lo que yo estimo que estamos viviendo: un período de transición. Cambiando de lo viejo a lo nuevo. ¿Tiempo? Sólo Dios lo sabe.

De manera que, por causa de todas estas cosas, la iglesia se encuentra en un estado de parto. Todo estado de parto, conlleva dolor. Poco o mucho, sigue siendo un tiempo de dolencias personales. Cambian las anatomías de los cuerpos y sus metabolismos cuando una mujer está en estado de parto.

El cuerpo completo de la mujer es afectado por muchos cambios en su tiempo de estado. Las hormonas parecen volverse locas. Por momentos la mujer ríe alegremente y al instante siguiente parecería querer asesinar a alguien. Su tamaño corporal cambia, su cuerpo es estrechado. Comienzan a crecer partes que antes no eran tan grandes y a achicarse otras que eran mayores. Estoy hablando del cuerpo de Cristo, no del de tu esposa.

Las emociones se vuelven locas; se llora, se ríe. Los gustos comienzan a cambiar en el cuerpo que está por dar a luz. Repito: estoy hablando de la iglesia, no de tu mujer. Hay cambios químicos. Y luego comienzan los verdaderos dolores de parto. Comienzan las contracciones. Comienzan, y van incrementando.

De hecho, te estoy ilustrando con ejemplos naturales, lo que ocurre en los ámbitos espirituales. Si puedes entender lo que sucede con una mujer preñada en lo natural, vas a poder entender también lo que está sucediendo hoy, ahora, en este tiempo con la iglesia.

Fíjate: tú puedes ir a todas esas clases especiales que dictan para las que van a dar a luz, y están muy buenas. Pero eso sólo va a eliminar el temor. Al dolor no lo va a eliminar nada ni nadie. ¡Tiene que doler! ¡Es bíblico que duela! Yo puedo revelarte con estas clases algo que te quitará el temor a lo que viene, pero al dolor no te lo puedo evitar. ¡Va a dolerte!

Y así continúa la situación hasta que el fruto y la madre se unen en un momento de transición. Delicado y muy doloroso, al mismo tiempo. Y siempre involucra riesgo, porque se puede perder el fruto y se puede perder la madre. Momento de confusión y de gran transición.

Esto significa que Dios está por dar a luz algo. Tanto en lo personal, en tu vida, como en el núcleo corporal de Cristo. Y cuando todo está en el dolor máximo, y la mujer, que es la iglesia, mira la cara de su marido buscando apoyo, y se aferra fuertemente de su mano.

Y cuando llega el Gran Médico, ella quisiera oír las palabras: “descansa, muchacha, que voy a eliminarte el dolor”, pero la realidad es que en lugar de eso, él dice: ¡Empuja! ¡Empuja! Ahí es donde algunas mujeres miran a sus maridos como diciéndoles: ¡Te odio, tú me hiciste esto! Involucra muchas emociones y dolores, pero cuando viene el fruto, todo ese dolor se olvida. ¡Empuja! ¡Empuja! ¡Empuja! Dios está soplando sobre Sión.

(Hebreos 11: 8) = Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y Salió sin saber a dónde iba. (Noten que en transición, nadie sabe para dónde va. Es normal. ¡Es que estoy confundido! Es normal. ¡Es que no te entiendo! Es normal. Hay un sube y baja de emociones. Es normal. ¡Es que duele tomar la decisión! Es normal. Y ahí estás exactamente donde quiero traerte con este trabajo: en la cama de la sala de parto. Ahora empuja.)

(9) Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac (No Ismael) y Jacob, coherederos de la misma promesa; (10) porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

La iglesia. Fue llamado de un lugar para ir a un lugar que no conocía. ¿Sabes qué? Nadie lo conoce, porque hasta que no lleguemos, no sabemos qué es. Muchos de nosotros han recibido la revelación de que hay una transición, pero no estamos allá todavía, estamos aquí, contigo.

¡Pero explícame como será! No lo sé, el justo camina por fe. ¿Pero, para dónde vas? No sé, estoy siguiendo la nube. Moisés tampoco sabía para dónde iba, pero el pueblo lo seguía. Es difícil dirigir o guiar cuando el guía también está transicionando junto con el pueblo.

Hay riesgo en ese involucramiento. Es normal. ¡Es que a mí me gustaría que fuera de otra manera! No le hace, eso no cambia la verdad. Es normal. Es de temer cuando no se conoce el camino. Somos gente que nos gusta mucho tener el control personal sobre todo.

Seguridad, nos gusta viajar por rutas familiares. Tú probablemente te levantas, y si eres tradicional, es probable que tomes todos los días la misma ruta para tu trabajo. Porque prefieres ir por donde conoces, que aventurarte en lo desconocido. El ser humano, en esencia, es así. También es normal.

Pero, cuando hay un suceso nuevo, hay incertidumbre. Y es aquí donde muchos optan por retornar a lo acostumbrado. Y dejan de empujar. Y si no hay pujo, no hay parto natural, sólo cirugía realizada por terceros. Porque sólo el que empuja da fruto.

 Isaías 43:18 dice: He aquí que hago cosa nueva. Es un cambio espiritual, transicional. Recuerda que el peor enemigo del futuro, es el pasado. El peor enemigo del progreso, es la costumbre. Escucha: si tú quieres algo que nunca has tenido, vas a tener que hacer algo que nunca has hecho. Si quieres poseer algo que nunca has tenido, tienes que hacer algo que nunca has hecho. Haciendo lo mismo todos los momentos de todos los días, no se consigue nada nuevo.

(Isaías 43:18) = No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas.

(19) He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, (Estamos pasando por un desierto espiritual) y ríos en la soledad. (Tiene que ser espiritual lo que Dios está haciendo)

(Salmo 55: 19) = Dios oirá, y los quebrantará luego, el que permanece desde la antigüedad; por cuanto no cambian, ni temen a Dios.

Temer a Dios tiene que ver con ser flexible, porque ser flexible con Dios, significa que confías en su dirección, aunque no sepas para dónde vas. No cambiar, es falta de reverencia, falta de temor a Dios. Será quebrantado el que permanece igual desde el tiempo antiguo.

Rehusar a cambios, es admitir que no tenemos a Dios. Habla de ritualismo en cualquier forma, corporal o individual. Siempre orando de la misma manera. Siempre intentando sanar a la gente con el mismo método. Tu ministración nunca cambia. Todos los años eres igual.

Pero, cuando abrazas lo desconocido, entonces tenemos que clamar: ¡Dios mío! ¡Ayúdame! Y Dios dice: Eso es precisamente lo que quería oír. Porque cuando tú reconoces y aceptas que eres débil, allí es donde se manifiesta mi fuerza.

Dios quiere llevarnos a un nivel de dependencia en Él. Sacar el pie fuera del bote, donde sólo Dios puede cubrirte. Caminar en fe, es caminar más allá del área que tú puedes administrar con tus propias habilidades, es moverse fuera de todo control humano.

Muchos nacen, viven y mueren, y nunca caminaron en fe. La fe siempre te impulsa más allá del control que tú puedas tener sobre la situación. Pero no nos gusta vivir de ese modo. Sin embargo, es el único probado que nos lleva a Su presencia.

Marcos 2:22 nos dice que somos odres. El odre puede ser individual, puede ser la iglesia en general, puede ser un ministerio, una simple congregación. Porque un odre no es otra cosa que la bolsa o la vasija en la cual se añejaba o se preparaba o se guardaba el vino.

(Marcos 2:22) = Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

Cuando el vino nuevo viene, que es una revelación fresca de Dios, la estructura que añejaba la revelación antigua, se rompe. No se puede evitar. Es normal. Sólo mira la historia de la iglesia. No va a cambiar su patrón. Es el mismo de ayer que sigue operando hoy. Y seguirá operando mañana.

Claro, nuestro problema es que, como no sabemos para dónde vamos, siempre que llegamos a un lugar, nos creemos que esa es la última etapa. Entonces, cuando alguien abre la boca, enseguida sale uno a decir que es hereje. Porque están convencidos que ya llegaron.

Los que estaban antes que nosotros, también pensaron que ya habían llegado, y también lo pensaron los que habían llegado antes que ellos, y así sucesivamente por todos los tiempos. Sin embargo, mientras ellos se sentaban y discutían sus formas aprendidas, Dios seguía revelando más y más de cada porción de su plan eterno.

Lo que a ti te obstaculizaron para no permitirte llegar donde finalmente estás hoy, es algo que deberás tener muy en cuenta para no hacer lo mismo con la generación que viene detrás de ti. Pasa la estafeta y luego córrete de lugar, hazte a un lado, no molestes.

Los odres, entonces, pueden ser individuales o pueden ser grupales, corporales. Pero el odre, cuando el vino se echa, tiene que tomar la forma del vino. El odre siempre rodea la forma del vino. Cuando el vino es echado en el odre, produce gases. Inoportuno y feo, ¿Verdad? Pero también es normal.

El vino añejo, es suave. Una vez que lo pruebas, seguramente dirás que ese es el mejor, el único, el verdadero. De hecho, en el ámbito natural, cuando quieres tomar buen vino, mientras más añejo sea, mejor. No le descubro nada a nadie si hablo de los altos valores que tienen en el mercado los vinos reserva, añejos.

El vino nuevo, en cambio, corta. Es difícil al gusto. No tiene buen sabor al principio, te diría que hasta resulta incómodo. No me gusta esa palabra, es muy ruda, no tiene amor. Puede ser, pero es la verdad sin anestesias, edulcorantes ni almíbares oportunistas.

Antes se ministraba mejor. El odre no es el que le dice al vino qué tipo de vino debe ser. Es el vino el que le da la forma al odre. Todo lo que tiene vida, cambia. Las flores, los árboles, todo. Los animales, sus hijos. Lo que no cambia, es porque ha muerto. El cambio, es clara evidencia de vida. Lo que no tiene vida, no cambia, pero lo que tiene el soplo divino, cambia constantemente.

(Jeremías 48: 10) = Maldito el que hiciere indolentemente la obra de Jehová, (Indolencia significa mediocridad. Maldito es el que hace las cosas a medias para Dios. Excelencia. ¡Es que yo quiero cantar una canción para el Señor! ¿Sabes cantar? ¡No, pero con la unción! Siéntate. Practica en tu casa, afina, ensaya, luego ven y haz una prueba. Si tienes excelencia, cantarás. Si no la tienes, te quedarás sentado oyendo a los que sí la tienen. Dios quiere lo mejor. Y si él te quiere cantando, tiene que haberte dado como talento primero y convertido a dones después, una voz de excelencia). Y maldito el que detuviere de la sangre su espada. (Si tu espada no tiene sangre, tú eres maldito. ¡Es que no me gusta la guerra! No le hace, maldito. Maldito el que tiene la espada limpia)

(11) Quieto estuvo Moab desde su juventud, (Desde que nació se quedó igual. Así hay muchos creyentes. Nacen y se quedan en estado de feto. Y no es uno nuevo, lleva años sentado en un banco que ya tomó la forma suya.) y sobre su sedimento ha estado reposado. (Ha estado tan quieto que el sedimento del vino se ha ido al fondo y ahora está muy pesado. Ahora ya no se mueve. Se le fue todo el sedimento al fondo) y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado.

Apesta a carne, ya. Huele a ti, dice. El que no cambia, termina oliendo a él. Fíjate: Moab es un espíritu que se rehúsa a cambiar. Oye: si el vino no se cambia de vasija en vasija, se convierte en vinagre. Apesta. Tienes que ser cambiante.

Y la idea de cambiar el vino, dicen los mejores enólogos, es para que al final sea transparente. Para que no te veas tú, sólo Dios. Pero, el que no hace eso, huele a él. Su fragancia no cambia. Es Ismael. Rehúso a cambio. 2 Corintios siempre nos habla que cambiamos progresivamente.

(2 Corintios 3: 17) = Porque el Señor es el Espíritu; (Noten que el Señor, en el Nuevo Testamento, es el Espíritu) y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (No cautiverio)

(18) Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados…

Nosotros nos miramos en el espejo de la palabra, y tenemos que transformarnos, según lo que vamos viendo. Cada día el espejo nos revela más la imagen de Dios. La verdad siempre está presente, pero su iluminación, su revelación, es progresiva.

Y cada vez que pones la cara en el espejo, la idea es que no hagas como dice Santiago, que te miras y después se te olvida lo que viste, sino que cambies y vayas modificándote, según lo que has visto. El necio se ve en el espejo, se da cuenta que no tiene la misma imagen, pero va y se pone un traje. El sabio se baña, primero. Se quita todo lo sucio, primero, y luego se viste.

Dios quiere que lo revelemos, que seamos como Él, que pensemos como él, que tengamos el mismo propósito que Él. Por eso está hablando de los niveles que está hablando.. ¿Cómo romper el yugo de la transición? ¿Cómo permanecer flexible? ¿Cómo podemos asegurar cada paso que damos? Te voy a dar tres ejemplos bíblicos y luego algo que saldrá de un corazón.

(Apocalipsis 6: 17) = Porque el gran día de su ira ha llegado, ¿Quién podrá sostenerse en pie? (Vemos que en el cielo hay un momento de silencio, de transición)

(Apocalipsis 8: 1) = Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.

(2) Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas.

(3) Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.

(4) Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.

(5) Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto.

Vemos que en un tiempo de transición, cuando Dios está por hacer algo en la tierra, hay algo que siempre ocurre entre la meditación y la acción. Aquí vemos que hubo incienso y oración. Incienso y oración. Siempre subió oración. Antes de que Él se girara en los cielos, y trajera un nuevo mover en la tierra. Vamos a ver otro ejemplo, vayan al libro de los hechos, capítulo 10. Aquí vemos a Pedro y Cornelio.

Hechos 10: 1) = Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada La Italiana, (2) piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.

(3) Este vio claramente una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio.

(4) Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.

Aquí vemos otra transición. En aquel tiempo, la iglesia era judía, todo el mundo era judío, los gentiles no tenían acceso. Estaban solos en la sinagoga, los judíos. Pero era un tiempo de transición. La pared intermedia ha sido quebrantada, pero no le ha sido revelado a nadie. Pablo nos dice que la iglesia se componía de judíos y griegos por igual, pero a este hombre le corresponde iniciar una transición.

¿Se imaginan ustedes? La iglesia era sectaria, era sólo de judíos. Esto era un cambio muy grande, nunca se había escuchado en la historia bíblica, que el gentil pudiera entrar, que el gentil también fuera iglesia, pero a este hombre le corresponde traer un nuevo mensaje.

Pero vemos que, nuevamente, las oraciones estaban subiendo a Dios. Las oraciones siempre preceden a una transición. Si hay algo que tú deberías estar haciendo ahora, es orar. No por tu abuelito, no por tu nietito, no por tus hijitos, no por tus finanzas, sino que debes orar por la revelación de Dios. Y decirle a Dios que quieres estar presente en esta transición.

Pedro está atribulado, se mueve en obediencia, aunque en su mente es como hacerles un favor a los perros, porque él y los gentiles no se llevan en absoluto. Pero marca el emerger de una nueva iglesia. Gentiles y judíos por igual. Una transición es precedida por oración, y es la oración la que trae revelación. Vemos que este hombre oraba y daba. No te retractes, empuja. Hechos 16 es otro hermoso ejemplo, vemos a Pablo tratando de conseguir la dirección del Señor.

(Hechos 16: 5) = Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día.

(6) Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia. (Me pregunto yo cuantos ministros pasarán por un determinado lugar y tendrán suficiente discernimiento y revelación para saber si Dios quiere que hablen en esos lugares o no. Está buscando la dirección, pero algo pasa, que en Asia no le es permitido.

(7) Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.

(8) Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas.

(9) Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: pasa a Macedonia y ayúdanos.

Rogándole, rogándole. Había una iglesia orando. Porque había un hombre rogando, y la iglesia ante los ojos de Dios, es un hombre, un cuerpo. Había un cuerpo orando, por entendimiento. Había un cuerpo que quería la palabra y estaba orando. En Asia no había oración, en Bitinia no había incienso, pero en Macedonia sí había oración. Y ahí fue donde Dios llevó la palabra.

Ora, ora y ora, y que Dios visite tu ciudad, tu región, tu provincia, tu estado, tu nación. Tienes que permanecer flexible en oración y dádiva. ¡Empuja! ¿Qué no debemos hacer? Primero: nunca introduzcas cambios drásticos. Toda transición conlleva tiempo.

En toda transición, se pierden odres. Es inevitable. Segundo: nunca defiendas la verdad. La verdad, siempre prevalece. Si es de Dios, no se cae. Nunca defiendas un mensaje, porque esto no es un mensaje, es una mentalidad. Tampoco defiendas tu forma de ver a Dios, sólo vívelo.

Nadie que no posea la autoridad como para introducir cambios en un sector definido, debe intentarlo. Nunca te identifiques con una verdad. Tú no eres de la fe, tú no eres de la prosperidad, tú no eres pentecostal, tú no eres de la santidad, tú no eres del Reino; tú eres de Cristo.

Nunca te identifiques con una sola verdad, porque una sola verdad es una verdad parcial. Y eso no es evangelio. Nunca se debate la verdad, porque la verdad no se trata de un debate, se trata de cambiar tu forma de pensar. No es una doctrina, no es un movimiento, no es un campamento. Tampoco una denominación, no lo defiendas. Repito: vívelo.

Ora, escudriña y que Dios te dé nueva luz en todo el compendio bíblico. Tengo gran interés de que comiences a leer la Biblia de nuevo, pero con nuevos ojos. No te muevas de ningún lugar, no te vayas de ninguna iglesia. Espera en Dios, Él te dirá qué hacer y cómo hacerlo.

No trates de restaurar denominaciones, porque esa no es la intención de Dios. Tú no puedes, sólo Dios puede separar a Ismael. Y no todas son Ismael. Recuerda que dentro de cada denominación hay Ismael y hay Isaac. No toques el grano.

No te familiarices con la unción de un hombre conocido. Hay mucho espíritu de familiaridad en lo que hoy llamamos la iglesia. Eso neutraliza el poder de Dios. Cristo no pudo hacer milagros en su tierra, porque estaban familiarizados con él.

¡Este es el hijo de Fulano, viste y calza igual que yo! ¡Qué ore el abuelito! No hay ningún abuelito, sólo hijos de Dios auténticos o simples desconocidos. A esa clase de gente las podemos llamar neutralizadores. ¿Eso es un demonio? No, es una mente renovada.

Son gente que procura que cualquier persona que los impacta con poder de Dios manifestado o, en todo caso, los impresiona vivamente por su autoridad divina, se convierta en uno igual a ellos. No ganan nada, pero el ministro lo pierde todo. Por espíritu de familiaridad.

Esto puede sonar incongruente, pero lo cierto es que no podemos recibir nada espiritual fuerte de alguien a quien consideramos co-igual o colega. Y si nos tratan de corregir, mucho menos. Y no se trata de imponer nada, se trata de dejar fluir autoridad divina. Los discípulos caminaban, comían, bebían y dormían junto con Jesús, pero no invadían su privacidad ni Él lo hacía con las suyas. Hoy eso no existe.

Cuando tu autoridad es vista como la proveniente de un colega o un amigo, cuando se corrige algo, siempre eso se recibe como una ofensa personal. Esto es un balance del evangelio completo, que es el ideal del creyente, no una denominación aislada.

Cuando tú miras a tu referente como un amigo del alma, el día que te corrige en algo, tú te ofendes. Y sales a decir que tu amigo te ofendió. ¡No era tu amigo, era la persona que Dios puso allí en tu beneficio! ¡Y no lo supiste o no lo pudiste ver!

Mientras menos conoces de un ministro, en lo personal, más recibes de su ministerio. Y no porque él tenga algo que ocultar, sino porque simplemente no es eso para lo cual llegó a tu vida. Por eso yo no dejo que me conozcan demasiado. No tengo nada que ocultar, tengo mis vestiduras blancas, pero quiero ser efectivo.

Cuando tú tienes algo importante que decir, tu vida será solitaria. ¿Lo quieres? Paga el precio. Y no es orgullo, créeme; yo no quiero ser ídolo de nadie. Pero para que tú recibas bendición, dirección y unción fuerte y fresca en tu camino, alguien por allí tendrá que haber pagado el precio.

Resumiendo el plan de Dios de Génesis a Apocalipsis. Dios quiere manifestarse; crea un hombre, vive dentro del hombre. El hombre fue destituido de su presencia, porque no quiso que Dios fuera Sumo Sacerdote de su conciencia. Entonces, el hombre vive sin Dios. Espíritu humanístico.

Satanás consigue el título de la tierra y de operar en ella ilegalmente a través de la caída de un hombre. Dios, entonces, tiene que restaurar esa autoridad. Para hacerlo, tiene que entregarla a Satanás, un hombre igual al que perdió. Así es que, él mismo se convierte en hombre.

Viene a la tierra y cambia su vida, por el título de la propiedad. Toma el título de la propiedad, pero como no se queda muerto, resucita e intercede, para ver que sus embajadores echen fuera al inquilino ilegal. Estamos aquí para avanzar el Reino de Dios.

Cuando el orden de Dios, dentro de su Reino, opere como es debido, y podamos ser un ejemplo que juzgue las naciones, porque somos mejores que ellas en todas las áreas de la vida, entonces Dios dirá: este es mi siervo, en quien tengo complacencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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noviembre 9, 2017 Néstor Martínez