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El Sermón del Monte

¿Cuántos de nosotros podríamos decir con seguridad la razón o la causa por la cual vino Cristo a la tierra? No lo sé, pero lo cierto es que Cristo vino a proclamar el Reino de Dios, en el cual Él es el Rey y Señor. Todos sabemos que después de ser bautizado y tentado, Jesús comienza su ministerio público y, con su autoridad de Señor, fue llamando e incorporando a cada uno de sus discípulos.

Luego, mientras enseñaba y predicaba el evangelio del Reino, (Porque el del Reino fue el único evangelio predicado por Jesús, cualquier otra versión o interpretación correrá por cuenta de teólogos y demás religiosos) sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. La consecuencia directa fue que la gente de los alrededores empezó a ir en pos de Él.

Asimismo, es muy interesante notar que las dos primeras frases de Cristo, registradas en el evangelio de Mateo, al comenzar su ministerio, hablan del Reino. Mateo 4:17: Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Mateo 5:3: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Y en la frase de Mateo 4:19, no habla directamente de ello, pero lo manifiesta en forma implícita, cuando dice: Y les dijo: venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

Y fíjate que entre todas estas escrituras, he mencionado a una que constituye lo que a mi juicio, es una especie de constitución del Reino de Dios. Estoy hablando de lo que vulgarmente llamamos “El Sermón del Monte”. Porque en él se encuentran las leyes básicas que deben regir en la vida de cada ciudadano de dicho Reino, o sea, de cada cristiano. Y hay una sola manera de vivirlo: ¡En Cristo!

(Gálatas 2: 20) = Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Quiero comenzar repasando lo que conocemos como las Bienaventuranzas. Allí vamos a empezar a ver que las características de los ciudadanos del Reino están descriptas en la sucesión lógica de las ocho bienaventuranzas. Es lo que yo entiendo casi poéticamente como la escalera hacia la felicidad.

(Mateo 5: 3) = Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Se ha hablado y enseñado mucho respecto a este pasaje, pero no siempre se acierta a descubrir de lo que realmente se está hablando. A mi entender, se habla directamente de la Humildad. Los pobres en espíritu son conscientes de que están sin Dios y lo reconocen.

Ellos tendrán el Reino, die aquí. Este es el primer paso para la salvación: ver la necesidad espiritual de Dios de una manera humilde, sin ninguna clase de orgullo ni vanidades basadas en minucias, reconociendo la miseria propia para recién, entonces sí, pretender ocuparse de la ajena.

(Verso 4) = Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

El segundo paso para la salvación, es cambiar de vida y hacer uso, (Aunque no abuso), del Arrepentimiento. Cambiando de vida y de dirección, serán consolados con el perdón de sus pecados. Son bie4naventurados, entonces, los que lloran por la situación de los demás. ¡Dios responderá su clamor!

(Verso 5) = Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Está de más aclarar que estamos hablando de Mansedumbre, ¿Verdad? Este es el tercer paso vital para la salvación. Son los que someten y se sujetan a la autoridad de Cristo. Lo aceptan no solamente como Salvador, sino también como Señor y Amo absoluto de sus vidas.

Aceptan la voluntad Suya y viven de acuerdo con ella. Mansedumbre, aún en contra de lo que el machismo exacerbado suele decir, no es para nada síntoma de debilidad, sino símbolo de poder y valor. ¡Hay que ser muy valiente para ser manso!

(Verso 6) = Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Vamos a ver; el hambre y la sed, son los apetitos vitales del ser humano. Sólo lo experimentan espiritualmente aquellos que han dado los pasos previos. Es desear ardientemente el gobierno justo y equitativo de Dios por encima de cualquier forma de gobierno terrenal.

Esta es, a todas luces, la única justicia posible. Fuera de esta justicia no hay otra. Todo lo demás que se llama justicia, es una simple imitación, a vece muy burda, que ha llegado incluso hasta hacer que la gente del común desconfíe de Dios mismo. Hambre y sed de él son, entonces Apetitos Benéficos.

(Verso 7) = Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Quiero resumir, en pocas líneas, lo que verdaderamente es Misericordia. No te confundas, no es lástima, sino bondad, simpatía, comprensión y servicio al prójimo. Aquí encontramos una ley recíproca: sólo los que usan de misericordia con su prójimo, (Como por ejemplo lo hiciera el buen samaritano), alcanzarán misericordia para ellos mismos. Y esto también te está dejando en evidencia que la misericordia no es algo que está allí, latente y a tu lado, sino algo que necesariamente deberás alcanzar.

(Verso 8) = Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Este texto te habla, preponderantemente, de Pureza. Tú sabes que el hombre está constituido por espíritu, alma y cuerpo. Pero, a su vez, el alma también se subdivide en varias fracciones entre las que encontramos a los sentimientos, las emociones, los pensamientos o razonamientos y la voluntad.

El corazón, en la Biblia y para los hebreos, tal como lo deja entrever el Salmo 24 en los versos 2 y 3, significa el alma. Sólo los puros, limpios, santos, (que no son estatuas, sino hombres y mujeres apartados y dedicados al Señor), tienen comunión con Dios y lo verán.

Porque los de limpio corazón son aquellos que aman lo bueno, sus móviles siempre son rectos y justos; sus aspiraciones son eminentemente sanas; y anhelan ardientemente lo que Dios manda. Entonces… ¡Lo verán! Y si crees que esto no es posible porque hay un texto que dice que nadie ha visto a Dios, debo señalarte que ese texto habla de tiempo pasado, hasta hoy. Mañana, conforme a lo que aquí has leído como lo que se añade en otros textos, las cosas serán diferentes.

(Verso 9) = Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Este versículo tiene total y absoluta conciliación con toda clase de Pacificación. Los pacificadores son aquellos que hacen la paz entre el hombre y Dios, entre el hombre y otros hombres, ente una nación y otra. Ellos mismos deben tener paz, que es nada menos que una vida reconciliada con el Señor, ya que de otro modo jamás podrá haber paz en un corazón humano.

De hecho, el hombre sin Dios podrá tener posesiones, éxitos, fama, prestigio y hasta mucho poder. Pero lo que jamás podrá poseer, ya que para esto no puede utilizar nada de lo que aparentemente le sobra, es paz. Sólo Dios proporciona una paz que no es como el mundo la da.

(Verso 10) = Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

(11) Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

(12) Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron  antes de vosotros.

Ha sido enseñado, dicho y predicado que la salvación es por gracia, que es como decir por un favor especial de Dios; que no puede accederse a ella por medio de ningún esfuerzo o mérito humano alguno; que no puede comprarse ni rentarse, y que no se necesita hacer ningún sacrificio para obtenerla. Dios desea salvarte, tú aceptas ese su deseo y punto; eres salvo.

Claro está que eso no es el final de la historia, sino el principio. Porque así como no somos salvos por causa de o por mérito en, así también debo aclarar que sí somos salvos para. Y ese para tiene muchas acepciones, pero la principal es: para ingresar al Reino de los Cielos.

Porque al Reino de Dios no se accede ni por decreto ni por gracia, sino por el pago de un precio que no es material y que, en muchos casos, incluye vituperios, persecuciones, mentiras y maldades por causa de la justicia y del Señor. Cuidado: no por causa de ser o pertenecer a una organización religiosa o eclesiástica, no te confundas: por ser y pertenecer a Jesucristo, que si bien debería ser la misma cosa, todos sabemos que lamentablemente no siempre lo es.

La actitud ante cualquiera de estas vertientes de Sufrimiento, es el gozo y la alegría, que es una prueba evidente de la presencia de Cristo. Sufrir por la causa es la más alta satisfacción del ser humano, pues está compartiendo la experiencia de Cristo y los apóstoles.

Claro está que eso no significa que debamos andar por la vida buscando sufrir. Lo que significa es que, en medio de una vida tranquila y en paz, si en algún momento llega la tribulación que conlleva sufrimiento, allí es donde se abren las ventanillas para recibir el pago por el ingreso al Reino.

Estas son, de alguna manera, las condiciones básicas requeridas para ser gente de Reino. No obstante, esto no termina aquí, ya que pertenecer al Reino va mucho más allá de ser una buena persona, también tiene que ver con la influencia que como tales podamos ejercer en el marco del medio ambiente en el cual vivimos. De eso vamos a hablar en los próximos textos.

(Verso 13) = Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿Con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

No voy a cometer la torpeza de pretender ser original o añadir algo nuevo a lo mucho que ya se ha dicho, enseñado y predicado respecto a la sal. Lo cierto es que la sal preserva y da sabor a la comida; también simboliza la pureza; asimismo sirve para limpiar, sanar, mantener el calor y producir sed.

La sal de alguna manera es, a la comida, exactamente lo mismo que nosotros somos a la vida. ¿O debería decir que deberíamos ser a la vida? Tanto la sal como la luz, a la que veremos a continuación, simplemente salvan por contacto. Pierden su integridad al integrarse.

(Verso 14) = Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

(15) Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

(16) Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Hay, indudablemente, dos reinos muy manifiestos en la tierra. El reino de la luz, que es al que nosotros pertenecemos, o al menos deberíamos pertenecer, y el reino de las tinieblas. Cuando tú vives conforme al propósito y la voluntad de Dios, vives en el reino de la luz y nadie puede tocarte. Cuando haces algo indebido, pasas automáticamente al reino de las tinieblas y, allí sí, quedas expuesto a cualquier ataque diabólico.

La luz es la que ilumina, o quita las tinieblas, es la que guía, o indica el camino a seguir, descubre y también advierte los peligros. Es un verdadero signo de vida. Dios es luz y nosotros somos luz y sal; no nuestras ideas, nuestras opiniones y mucho menos nuestras doctrinas. Hay sólo dos reinos en este mundo y nosotros representamos al de la luz.

La luz, entonces, de ninguna manera debe esconderse, ni tampoco apagarse, ni mucho menos encandilar. Esto quiere decir que no debe haber secreto en nuestro discipulado, porque el uno excluye al otro. Andar en luz implica olvidar toda hipocresía, simulación o fingimiento. Ser transparente y genuino. Por eso, a renglón seguido, Él da a conocer lo que hoy llamaríamos como las Leyes del Reino.

(Mateo 5: 17) = No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.

(18) Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.

(19) De manea que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; más cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

(20) Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Cristo aclara a quien quiera oírlo que él no vino a anular la ley, sino a darle su cabal y completo cumplimiento. También estableció que la ley es inmutable, perfecta y se cumplirá. ¡Todo lo que Dios dice se cumplirá! La justicia del Reino muestra la importancia de vivir y de ese modo enseñar los mandatos del Señor. La justicia del Reino es superior a la de la religión. Sólo viviendo dentro de ella se cumple en plenitud la ley del Señor.

Ahora bien; teniendo en cuenta todas estas cosas, ahora vamos a tocar otro punto que tiene que ver no ya con la solidez espiritual de los miembros del Reino sino de sus conductas personales. Su Actitud ante la vida y los problemas serán las que los harán diferentes al resto y aptos para acompañar a otros a su ingreso. En primer lugar, vamos a referirnos a algo muy cotidiano en muchísima gente: El Enojo.

(Verso 21) = Oísteis que fue dicho a los antiguos: no matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.

(22) Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga necio a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

(23) Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, (24) deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

(25) Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil.

(26) De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

Aquí comienza una serie de seis comparaciones entre la justicia legal, la que vemos todos los días en nuestra tierra, donde qui9era que la habitemos, y la Justicia del Reino. Oísteis que fue dicho, pero yo os digo. La ley condena el homicidio, pero Cristo enseña que en el Reino, el enojo y el desprecio al hermano (Hermano genuino, auténtico, verdadero, no a un señor que concurre a la misma iglesia que asistes tú. Porque a veces eso es la misma cosa, pero a veces no), también es homicidio.

Cristo juzga al interior, las intenciones, pues de allí surgen los malos actos. Pero no queda allí, sino que profundiza aún más usando un acto de culto, dice que si el hermano (Otra vez el genuino, tenga o no tenga razón), tiene algo en contra de uno, debemos arreglar primero la relación con él y luego dar culto al Señor. Y termina con un ejemplo de la época: problemas entre judíos y romanos.

La cruz nos está enseñando algo vital. La relación del cristiano debe ser perfecta, tanto vertical, (Esto es, con Dios), como horizontalmente, (Con todos los que tenemos la misma fe aquí). Porque no se puede estar bien con el Señor y mal con los que creen en Él de la misma manera en que creemos nosotros. Y lo especifiqué así para evitar confusiones. No todo el que nombra a Dios, cree en tu mismo Dios, seguro. El odio en el corazón destruye la adoración. El enojo no debe existir y menos durar, lo cual lo convertiría en rencor.

(Efesios 4: 26) = Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, (27) ni deis lugar al diablo.

Y aquí vamos a caer en un asunto que no se circunscribe, (Aunque muchos todavía deseen y hasta logren hacerlo), al mundo incrédulo, secular y pecador: el adulterio. ¿Nadie reconocerá que uno de los cánceres que socavan iglesias casi monolíticas a partir de tremendas caídas de sus prominentes líderes, ha sido este pecado?

(Verso 27) = Oíste que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

(29) Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti, pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

(30) Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

Veamos: la justicia legal requiere que no haya relaciones fuera del matrimonio. Esa es la justicia de los hombres, apta y válida para entablar juicios o demandas. Pero Cristo enseña que desear simplemente a una mujer, (O viceversa, claro está, aunque nunca se diga), y dar rienda suelta al pensamiento erótico, ya es adulterio.

Aquí vemos algo asombroso para nuestros días; la justicia que corta. Porque según una interpretación, para Dios vale más la integridad espiritual que la física. Esta es la verdadera escala divina de valores. El pensamiento impuro conduce a la vida inmoral.

La otra interpretación, a la cual por principios y certeza interior adhiero, es que cuando el ojo, (Esto es la visión) adultera, debe ser sacado, porque para Dios es preferible separar a una sola persona que tener que descartar a todo un grupo por causa de una visión adulterada. Y lo mismo para las manos, que siempre simbolizan autoridad.

Muy bien; y si el tema del adulterio es espinoso y de permanente controversia eclesiástica, ni quieras imaginarte lo que representa el que le sigue: el divorcio. ¿Conoces algún lugar en donde a mucha gente que por diversas causas de las cuales, en casos, ni por asomo es ni responsable ni culpable, se haya divorciado, que haya sido tan presionada, injuriada y hasta agredida? ¡En la iglesia! Y todo a favor de escrituras que no siempre dijeron lo que dijeron que dijeron.

(Verso 31) = También fue dicho: cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.

(32) Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comerte adulterio.

La justicia legal permite divorciarse por causas ínfimas. Pero Cristo enseña que el divorcio forma adulterios. Allí comienza la nefasta rueda de separaciones y uniones ilegales que tanto dañan al hombre y hacen venir al mundo a tantos niños desgraciados.

Sin embargo, esta es una parte, un costado, una campana que suena en un sonido singular y particular. Pero también está la otra, la que muestra que los hijos de matrimonios desavenidos o sacudidos violentamente por adulterios o fornicaciones, son tan o más desgraciados que los otros.

Y el caso es que en este mandato de Jesús, hay una sola excepción que él se preocupa de dejar en evidencia, y que de alguna manera sí estaría permitiendo el divorcio, y es cuando uno de los dos cónyuges, (O ambos) han fornicado, lo que significa adulterio.

El texto clásico y tradicional de que “lo que Dios unió no lo separe el hombre” fue y sigue siendo válido, pero sólo para los creyentes auténticos, hijos de Dios genuinos, miembros del Reino de Dios. Porque cuando dos integrantes de este sector de la población se unen, allí sí está Dios respaldando esa unión.

Pero no podemos seguir cometiendo el tremendo error de suponer que, por el simple hecho de haber pasado por una oficina y firmado un documento, dos personas que en muchos casos ni siquiera son creyentes, han sido unidas por Dios. En muchos ambientes nuestros se ha interpretado así y lo respeto, pero no me pidan que lo comparta; los hechos en todo caso me dan la razón.

Los hijos de Dios genuinos no necesitan la palabra escrita en la Biblia para no divorciarse. No lo harán porque, si actuaron como Dios manda, habrán orado antes y durante el noviazgo, de modo que cuando llegan al matrimonio, tienen la certeza que Dios está respaldando esa unión. Y allí sí, lo que Dios une, no lo separará el hombre.

Y en cuanto al nuevo matrimonio, consecuente a un divorcio, quiero recordarte que Dios estaba desposado con Israel, a la cual amaba. Pero un día ella fornicó con dioses extraños, entonces Dios la repudió, que traducido significa divorció. Hoy, la iglesia espera el día en que se producirán las bodas del Cordero, cuando Cristo esperará a la novia sin mancha y sin arruga, que es la iglesia, para volver a casarse. Esto, claro está, no avala absolutamente nada, pero tampoco condena nada porque sí.

(Verso 33) = Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: no perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.

(34) Pero yo os digo: no juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; (35) ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

(36) Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.

(37) Pero sea vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Aquí llegamos un terreno que, sin tener los vaivenes de lo recién mencionado, no resulta menos espinoso: los juramentos. Aquí también la justicia legal requiere no jurar (Meno repetir el juramento), pero cristo requiere que todo ciudadano de su Reino cumpla su palabra; que sea veraz. Por tanto, no debe jurar. Su hablar debe ser verdadero, no exagerado y de una sola palabra.

Claro está que el verdadero cristiano no necesita jurar para que se confíe en su palabra. Los juramentos brotan del pecado y señalan la desconfianza e inseguridad. En ellos hay condenación dice Santiago. De hecho, en Argentina las autoridades máximas, cuando asumen sus mandatos, suelen efectuar juramentos de estilo.

Si bien ahora las cosas han cambiado mucho, y existen por lo menos tres fórmulas que se aplican a funcionarios creyentes, no creyentes o judíos, cuando los que dicen ser cristianos juran, lo hacen colocando su mano derecha sobre una Biblia, y declaran que si no cumplen sus compromisos, “Que Dios y la Patria se lo demanden”. La Patria, como tal, suele demandar bastante poco a los corruptos, pero no sabemos cómo les irá con ese Dios por el cual han jurado. No quisiera estar en sus pellejos.

(Verso 38) = Oísteis que fue dicho: ojo por ojo, y diente por diente.

(39) Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; (40) y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; (41) y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.

(42) Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

No podemos decir que la justicia humana autoriza la venganza, pero por lo menos, sí la reconoce, la entiende y, llegado el caso, hasta la comprende. Y esto, en muchos casos se ha utilizado como atenuante para delitos graves. Sin embargo, Cristo no sólo la condena, sino que enseña a no resistir al malo. Con cinco ejemplos muy claros, nos muestra cuales deben ser nuestras reacciones.

Las Injurias Personales: dice que debemos poner la otra mejilla en lugar de devolver mal por mal. ¿Eso quiere decir que podemos ser pisoteados por cualquiera? No, porque si tú te cubres y haces guerra espiritual como sabes y con las armas que tienes, sólo serás herido en esa mejilla cuando Dios lo permita por las razones que Él seguramente juzgará como válidas.

Los Casos ante Los Tribunales: Él consigna que no solamente no debemos ir a juicio, sino que tenemos que dar más de lo que se nos demanda. Ahora bien; ¿Cuándo se nos demandará algo? Cuando debemos algo, de otro modo nadie nos va a demandar por lo que no debemos.

Las Demandas Civiles o Militares: No solamente no debemos replicar a esa demandas, o protestar ácidamente en contra de ellas, sino que, una vez que hemos comprobado que lo que se nos demanda es correcto, aunque no nos agrade, deberemos entregarlo, y aún más si nos fuera posible. Eso jamás será entendido en este sistema, pero hará tesoros en el cielo.

Las Súplicas y Peticiones: Dice que debemos darle a quien nos pida, sin pedir informes ni demorarlo exprofeso. Esto es válido si te cubres debidamente en oración. Cada mañana al levantarte, ora declarando que sólo tocarán a tu puerta aquellos que verdaderamente necesitan ayuda. Y así será. Luego, será tu responsabilidad cumplir con este mandato con esa gente a la cual Dios les ha permitido que lleguen a tu casa.

De todos modos, y como parte activa y hasta con cierto grado de humor con el que debes moverte con el fin de no ser esquilmado por los que construyen organizaciones de mendicidad, llévate por ese viejo refrán popular que dice: “Al que te pide un pescado, dáselo, pero luego enséñale a pescar”.

Los Préstamos: En cuanto a dar algo en préstamo, tu actitud deberá ser la misma que con la mendicidad. Orar cada día declarando que sólo vendrá a pedirte algo prestado aquel que verdaderamente lo necesita y no el que pretenda usar tu bondad para su beneficio personal.

En cuanto al pedido de préstamos, hay toda una onda que enseña que los cristianos no deben pedir préstamos. Y aunque personalmente la comparta, eso es privado y no cabe como enseñanza global. Un cristiano sólo tomará préstamos, (Bancarios, de financieras o privados), si necesita ese préstamo para algo vital: vivienda, salud, alimentación, educación). No es recomendable pedir prestado para placeres.

(Verso 43) = Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

(44) Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

(45) Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

(46) Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

(47) Y si aludáis a vuestros hermanos solamente, ¿Qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

(48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

La justicia legal o humana requiere formalmente Amor al prójimo y desinterés por el enemigo, que es como decir tenerlo en menos. Pero Cristo dice que debemos amar a nuestros enemigos, bendecir a quienes nos maldicen, hacer bien a quienes nos aborrecen, y orar por los que nos ultrajan y persiguen.

No es un amor que espera ser retribuido, sino que es desinteresado, y cuando es rechazado… ¡Sigue amando! Esta es la prueba de que somos hijos de Dios. Nuestra justicia debe sobrepasar la de los hombres. Cristo establece la ley positiva del amor y del perdón. Y es este amor triunfante que conduce a la madurez espiritual.

El señor concluye mandando que seamos perfectos como Dios. Esto es, estar completos e íntegros en Él. Es sólo el amor de Cristo manifestado por nosotros a todos que llegamos a este estado. Ser perfectos, recuerda, es ser maduros. ¿Cómo Dios? Sí, lo que no significa igual, sino en su misma esencia. Y a todo esto lo podremos ver puesto por obra en las Prácticas.

(Mateo 6: 1) = Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos  de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

Aquí pasamos a considerar los motivos del ciudadano del Reino en su vida espiritual. Sucede muchas veces que hay Hipocresía en la vida de relación con el Señor, haciendo algo bueno con motivos erróneos. Para esto, el señor nos introduce con el primer versículo mandando que nos guardemos de los actos o expresiones externas de la relación con Dios. Estas deben ser sinceras, pues de otra manera no tienen valor alguno en la presencia de Dios. Si hacemos lo bueno para ser vistos, el premio lo tendremos del hombre, y no de Dios.

Uno de los dilemas que preocupan en muchas ocasiones a los creyentes, es el que tiene que ver con dar, con su generosidad o desprendimiento. Es tanto lo que se ha hablado, predicado y hasta manipulado al respecto, que nadie acierta demasiado bien a definir qué es diezmo, qué es ofrenda y qué es Limosna. Hay textos claros al respecto. El siguiente es uno de ellos.

(Verso 2) = Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(3) Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, (4) para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Respecto a la limosna, que no tiene absolutamente nada que ver con el diezmo y la ofrenda, salvo en lo concerniente a la generosidad y al desprendimiento de lo material, el verdadero motivo es ayudar al necesitado y no engrandecer en modo alguno al dador, como lo hacen los falsos, que aquí llaman hipócritas. La justicia del reino pide humanamente un imposible, y esto es que, al ayudar, no sepa una mano lo que hace la otra.

Y llegamos a uno de los puntos más neurálgicos de este texto que nos introduce al Reino: La Oración. Si no fuera lo importante que es, indudablemente sería aparentemente, y sólo aparentemente, una expresión menor. Sin embargo, y ahora lo comprobarás, la oración es clave para ser y considerarse gente de Reino.

(Verso 5) = Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(6) Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

(7) Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

(8) No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

(9) Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

(10) Venta tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

(11) El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

(12) Y Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

(13) Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

(14) Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; (15) más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Escucha: el verdadero motivo de la oración es acercarse a Dios y no aparentar ser súper espirituales, lo que equivale a decir hipócritas. La oración debe ser sincera. Sin condenar la oración en público, aquí se aconseja la oración, que es una charla, un diálogo, y de ninguna manera un monólogo, debería tener lugar en privado.

Al orar, debe evitarse la palabrería y las vanas repeticiones, (Esto tiene que ver con la tradición judaica, pero es vigente todavía para aquellos que entre palabra y palabra, repiten un monótono “señor” que llega a quedar sin fuerza precisamente por eso, la repetición), pues es comunión con Cristo y no esfuerzo humano.

Cristo dice algo fundamental: ¡Dios sabe lo que necesitamos mucho antes de que se lo pidamos! ¿Y entonces para qué debo orar y si Dios ya sabe lo que necesito? Porque es un mandato, nos ayuda, al Padre le agrada escuchar la voz de sus hijos y, esencialmente, porque al hablar desatamos el pode4r de Dios mediante la palabra dicha.

Y luego pasa, como ya se debe haber dicho y enseñado miles de veces, lo que todavía denominamos como “oración modelo”. Y si bien es hermoso y proporciona bendición recitarla, Él desea que captemos el espíritu de la oración y que nuestra fe esté puesta en Dios y no casi cabalísticamente en la oración. Sucede algo similar con el paso siguiente, que es El Ayuno.

(Verso 16) = Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

(17) Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, (18) para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

El verdadero motivo del ayuno es la comunión más íntima con Dios y no la apariencia de un mero acto superficial. La justicia del Reino nos pide aún más: que nos arreglemos y no mostremos por el aspecto físico que ayunamos. Es un asunto privado entre tú y Dios, no tiene injerencia la gente.

Algunos motivos de ayuno son: para la salud, disciplina, evitar esclavitud de costumbres, ayudar a apreciar lo que Dios nos da, etc. De ninguna manera podemos establecer un ayuno para “presionar” a Dios a que haga lo que deseamos que haga. Eso jamás funcionará simplemente porque toda manipulación, siempre será hechicería.

Muy bien; ahora le toca el turno a las cosas aparentemente materiales. ¿Quién no recuerda las antiguas películas de piratas del Caribe? Sin ser demasiado adultos, creo que en mayor o menor medida todos tienen alguna idea respecto a la idiosincrasia de aquellos bandidos que se movían en barcos y arrasaban con cuanta riqueza encontraban como método de vida. Sin embargo, si algo nos quedó a todos como una irresuelta fantasía vinculada con aquellos románticos piratas, ese algo que lo relativo a los tesoros que ellos enterraban en paradisíacas islas para luego venir a buscarlos o, simplemente, dejar un mapa para que otros se pelearan por ellos. De allí surge la pregunta: ¿Qué tesoro debería esperar encontrar un cristiano de Reino?

(Verso 19) = No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; (20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

(21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Cristo manda a que hagamos tesoros en el cielo. Los tesoros terrenales tienen tres peligros: la polilla, que en realidad significa la ruina, el orín, que en verdad es la corrupción y los ladrones, que tal como su nombre lo indica significa el robo. Hacemos tesoros en el cielo cuando usamos nuestros recursos materiales para bien de nuestros semejantes.

Cristo da varias razones de por qué debemos hacer tesoros en el cielo. En primer lugar, porque los tesoros terrenales, incluidos los monumentales de aquellos viejos piratas, son pasajeros. En segundo término, porque los tesoros terminan por robar los corazones a los hombres, en tercer término, porque nublan la visión y en último, porque es imposible servir a Dios y al dinero al mismo tiempo.

(Verso 22) = La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; (23) pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas, Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?

Escuché en una ocasión a un viejo pastor decir algo con mucho humor pero con bastante verdad también. Él dijo que por una cuestión casi automática, donde se mezclan la cultura, el machismo, la idiosincrasia masculina y la natural atracción heterosexual, cuando pasa por la calle una mujer bonita, mirarla es casi un acto reflejo en cualquier hombre, creyente o no.

El problema está en la segunda mirada, la que se produce luego que el Espíritu Santo le dio el alerta correspondiente a ese hermano. Porque una primera mirada, quizás se produzca antes que la persona tome conciencia, pero la segunda ya está pensada, imaginada y decidida. De eso se habla cuando se menciona a La Pureza de la Mirada.

(Verso 24) = Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Leyendo esto caemos en la cuenta que, en algún momento, en alguna instancia, debemos definir claramente cuáles son los valores supremos en nuestra vida. ¿Son materiales o son espirituales? Está más que claro: no podemos tener ambos. No se puede servir a dos señores.

Es más, ¡No se puede ser esclavos de dos amos! Dios no desea tener como parte de Su esposa, la Iglesia, adúlteros espirituales. Debemos servir al Señor, quien es Señor también del dinero. Y recién cuando lo hagamos, todo lo demás nos será añadido. Esto tiene mucho que ver, asimismo, con La Pureza en el Servicio.

(Verso 25) = Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

(27) ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

(28) Y por el vestido, ¿Por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; (29) pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

(30) Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

(31) No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

(33) Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

(34) Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Convengamos algo: la vida es dada y sostenida por Dios. Por tanto, no debemos preocuparnos por la comida, la bebida o el vestido. La vida requiere trabajo y no ansiedad. Jesús pone un ejemplo muy claro: las aves, (En su ambiente natural nunca se mueren de hambre). ¡Y nosotros valemos mucho más que ellas!

La Ansiedad es decidida y definitivamente inútil. Nadie puede crecer por afanarse. El amor de Dios a la creación se multiplica para con nosotros. No debemos, por tanto, preocuparnos por el vestido. Aquí pone otro ejemplo claro: los lirios del campo con su belleza inigualable.

La ansiedad es falta de fe. No debemos desconfiar en lo que respecta a nuestras necesidades. La ansiedad es propia de los paganos. El Padre sabe qué cosa necesitamos. ¡Qué ridícula es, con esta luz, la ansiedad! Es un arma diabólica, tal como el propio Pedro lo dice en 1 Pedro 5:7.

La solución del problema es buscar primero el reino de Dios y su justicia, luego Dios agregará lo que necesitemos. Como se suele decir en las zonas rurales, no crucemos el puente antes de llegar al río y confiemos en Cristo día tras día, pues cada día tiene su propio afán, que es como decir su propio mal. Luego, lo que viene, son palabras que tienen que ver con  lo que yo denominaría como la Evidencia del Reino.

(Mateo 7: 1) = No juzguéis, para que no seáis juzgados.

(2) Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

(3) ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?

(4) ¿O cómo dirás a tu hermano: déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?

(5) ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Te hablé de la evidencia, porque aquí encontramos una ley muy importante en el Reino. ¡Y también recíproca! Si juzgamos, seremos juzgados. Cristo manda enfáticamente a no juzgar. No condena el juicio de opinión, sino el juicio crítico y condenatorio. Tal como juzguemos seremos juzgados. Esta es una medida inescapable de cada ciudadano del Reino.

Debemos confesar y pedir al Señor que nos libre del “ojo crítico”. En una hoja grande y blanca, donde hay un pequeño punto negro, siempre estamos a ver precisamente ese pequeño punto, en lugar de mirar la amplitud y la inmaculada blancura del resto de la hoja, ¿Se entiende?

(Verso 6) = No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Es indudable que este pequeño pero al mismo tiempo tremendo texto, nos está hablando de La Sabiduría. Cristo nos manda a ser sabios en nuestros testimonios y a compartir de lo de Dios con otros. No debemos juzga r si alguien sea digno o no de escuchar, eso es pecado.

Todos deben oír el mensaje de salvación, pero no debemos compartir lo santo, (Esas son las perlas, las cosas más santas del Señor), con quienes las pisoteen. Hay revelaciones del Señor que no son para compartir con cualquiera. Necesitamos la sabiduría y la guía del Espíritu en discernimiento para comunicarlas a los que son genuinos y espirituales y han alcanzado madurez.

(Verso 7) = Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

(8) Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

(9) ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

(10) ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

(11) Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que se las pidan?

Aquí el Señor nos enseña una nueva ley recíproca en su Reino: Pedir, Buscar y Llamar. Esto es diferente. Tanto la actitud humana como la respuesta divina son positivas. Todo el ser está involucrado y la promesa del Señor es maravillosa. El ejemplo humano de fidelidad acrecienta nuestra seguridad y fe en Él. Y esto, lo entiendas o no, lo termines de aceptar o no, da lugar a lo que yo llamaría La Regla de Oro.

(Verso 12) = Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

Creo que no vale la pena reiterar un concepto que es más que claro. Cristo enseña la que es una nueva ley recíproca hasta allí no conocida: que debemos hacer con los demás absolutamente todo lo que queremos recibir de ellos. En esto consiste el Antiguo Testamento en lo que respecta a la relación con el prójimo. Un prójimo que forma parte o no de ese Reino en el cual hemos sido llamados a militar, y que como toda jurisdicción, tendrá Una Puerta y Un Camino a seguir.

(Verso 13) = Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; (14) porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo hallan.

Lo que sucede aquí es que el Señor nos manda andar en el camino angosto, difícil y afligido: el camino de la cruz. Contrariamente a lo que por años  se ha creído y enseñado, el camino de la cruz no es una especie de auto flagelación o un buscar el sufrimiento a toda cosa, no; eso se llama masoquismo y nada tiene que ver con el Reino de Dios. El camino de la cruz es por donde van los menos, donde no hay aplausos, ni fama ni tampoco es fácil la vida. Sin embargo, algo tiene de positivo: ¡Allí está Cristo!

(Verso 15) = Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

(16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

(17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

(19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.

Está hablando de Los Falsos Profetas, que es como decir que también esto puede incluir a los apóstoles, evangelistas, pastores y maestros. Un falso ministro es cualquiera que dice mentiras y no habla de parte de Dios, sino que no vive la Palabra.

No podemos dejarnos guiar por las apariencias, sino que debemos discernir los espíritus de las personas. Tales personas son generalmente árboles malos, por lo cual sus frutos también serán malos. El fruto de un genuino no es muchedumbres, éxitos o aplausos, sino discipulado viviente, carácter de Cristo manifestado y obras en consecuencia.

(Verso 21) = No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

(22) Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

(23) Y entonces les declararé: nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Y aquí llegamos a una instancia clave dentro del evangelio. Tan clave como que es la diferencia entre la vida y la muerte a nivel espiritual o la salvación y la perdición, que es La No Simulación. Aquí Cristo llega a la piedra de toque del cristiano. Si la sujeción a Él es sólo de palabra, esa persona es un religioso y su fin es el infierno.

Si Cristo es el Señor de tu vida, debes hacer su voluntad. Muchos usando el nombre del Señor, pero sin hacer su voluntad, profetizan, echan fuera demonios y hacen milagros, tú los has visto. En ellos Dios está respaldando su Palabra y no sus vidas. Por eso, no interesa tanto si Dios te usa, lo que importa realmente es si Dios te aprueba.

No nos confundamos. Podemos hacer cosas en el nombre del Señor, pero si no vivimos como Él quiere, aunque haya buenos resultados, seremos condenados. Para Dios es más importante lo que somos que lo hacemos o tenemos.

(Verso 24) = Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

(25) Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

Aquí se nos está mostrando lo que es básico en cualquier construcción que se merezca ser llamada así: Un Cimiento Firme. La evidencia final de un evangelio de demandas es la vida eterna. Quien oye la palabra y la pone en práctica es comparado a un hombre prudente que edificó sobre la roca. ¿Cuántos saben que Cristo es la Roca? Y cuántos entienden que edificados sobre esa roca es el único modo de no caer jamás?

(Verso 26) = Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; (27) y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa, y cayó, y fue grande su ruina.

Aquí tenemos la contrapartida a lo anterior, El Cimiento Endeble. Primera visión: la arena es todo lo que no es Cristo: moralidad, obras de caridad, buena filosofía, religión, etc. Al venir pruebas y dificultades diversas, esa vida no afirmada en Cristo cayó y fue grande su ruina.

Segunda visión: Edificar sobre la Roca, es hacerlo sobre los fundamentos de Cristo, que es la Roca. Si llegaras a edificar sobre la tierra, estarías sustentándote en la carne, en el humanismo. Y si edificas sobre arena, debes tener en cuenta que la arena son pequeñas partículas de roca mezcladas con tierra. Es decir: un poquito de Cristo y un poquito de carne.

Todos los hombres están edificando. Todos tienen el privilegio de elegir los cimientos. Todos los cimientos serán probados por las tempestades de la vida. Todas las palabras de Cristo proporcionan el único cimiento seguro para el tiempo y la eternidad.

(Verso 28) = Cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; (29) porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

La palabra es inigualable e insuperable y causa admiración. Es Cristo que causa admiración. Su doctrina no sólo habla del conocimiento y la opinión, sino de vida. Dice que la gente se admiraba de su autoridad, porque esta provenía de Dios. Vivamos de tal manera que causemos impacto, para que el mundo glorifique a Cristo en nosotros y para que día a día sea realidad en cada uno lo que podemos entender en su conjunto como El Sermón del Monte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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mayo 17, 2017 Néstor Martínez