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El Divino Mecanismo de tu Conciencia

Hace veintidós años hoy, ¡Sí, veintidós años, nada menos! Me tocó enseñar este tema que hoy voy a reiterar. ¿Acaso no tengo algo nuevo? Sí que lo tengo, pero soy un ministro que me muevo a las órdenes de mi jefe. Y mi jefe, el Espíritu Santo, me ha ordenado que vuelva a hablar de esto.

¿Y sabes qué? Hace ya mucho tiempo que dejé de preocuparme por la lógica o ilógica de esas órdenes. Aprendí en el campo de batalla que lo mejor que puede hacer un hijo que ama a su Padre, cuando éste le da una orden, es obedecerlo sin chistar. Y eso hago, tú quizás luego me digas algo que me lleve a entender las causas que ahora desconozco.

Y esto comienza en el capítulo 9 de la carta a los Hebreos. Cuando se sirve la Santa Cena en las congregaciones, generalmente se habla de algo que se hace en memoria de aquel que partió su cuerpo por nosotros, entregó su vida. Y que su sangre era la copa de un nuevo pacto.

Muchas veces, cuando leemos las escrituras, las vemos como parte de un libro que, a pesar de que tiene vida, su expresión y terminología, permanecen en un estamento histórico. En el pasado. La palabra pacto, no es una palabra común en este siglo veintiuno en el que estamos viviendo.

Quizás tú me permitas usar como explicación un sinónimo para este tiempo. La palabra Pacto, entonces, hoy vendría a ser la palabra Contrato, Testamento legal. O la voluntad de un hombre, escrita y delegada como herencia a otro. Es algo que una vez que está firmado, se ejecuta.

Y nuestro Señor, no solamente tenía la voluntad de dejarnos una herencia, sino que vive para ejecutarla en nuestras vidas. Sentado a la diestra del trono, reinando sobre todos los reyes, sobre todo principado, sobre todo poder, esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies, y que nosotros, sus embajadores, colaboradores de Cristo, lleguemos a un entendimiento y conocimiento de un varón perfecto, edificándonos en amor, haciendo la obra del ministerio.

Estamos en un tiempo en el que, no es necesario poseer demasiados sistemas de comunicación para comprobar que se están produciendo cambios muy rigurosos y notables en el plano natural. Vemos que hay una distancia por correr como iglesia de Dios.

Pero yo tengo buenas noticias: la distancia no es relativa al tiempo. La distancia que tú tienes que correr, es relativa a tu obediencia. La distancia que tú vas a correr para llegar a cumplir la parte que a ti te corresponde, no depende de un reloj, sino que depende de tu propia obediencia.

En tus manos está aquello que determina el día de su cumplimiento delante de Dios. En la carta a los Hebreos, el autor que todavía está en discusión sin conclusión respecto a su identidad, nos habla de un nuevo pacto. Nos habla de algo que Cristo nos ha dejado. El trasfondo histórico de esta carta nos dice que el escritor, el cual no la firma, es contemporáneo en sus días, cuando estaba escribiendo esta carta.

Todavía, todos los ritos y servicios; todas las reuniones según un antiguo pacto, basada en unas leyes, las cuales había dado Moisés, se estaban ejecutando en su ciudad. Imagínense a un hombre viviendo en medio de un pueblo judío, donde todavía se están llevando a cabo los servicios y los ritos del Antiguo Testamento, y donde todo el mundo depende y cree de este tipo de funcionamiento, él nos escribe que ya eso no funciona y que hay un nuevo método de acercarnos a Dios.

Me imagino a este individuo escondido en algún sótano, a la luz de alguna vela, escribiendo esta carta de alguna manera, donde sólo aquel que tiene sed y hambre por la verdad, puede descubrir su revelación. Tú no sabes lo que es un demonio hasta que se te altera la religión.

Recuerda que la carta se está escribiendo más o menos para el sesenta después de Cristo; diez años antes que Jerusalén sea atropellada por el rey Tito. Y él está escribiendo, y Cristo ya había venido, había vivido, había muerto, había resucitado, y este hombre presenció este evento histórico.

De manera que está escribiendo una carta, para introducir algo nuevo, en medio de un pueblo que no quiere nada nuevo. Acaban de rechazar al hijo de Dios, y él quiere escribir y predicar una nueva forma de acercarse a Dios. Muy parecido a los profetas, que siempre están en contra de la fibra.

Todo Hebreos es una sola carta. Y hay algo que se ha descubierto que tiene mucha importancia y mucho valor. Algo que ha cambiado muchas vidas y que, estoy orando ahora por ello, espero que hoy pueda cambiar la tuya también. Tú, hoy, eres un resultado de lo que sabías y pensabas ayer, así que todo lo que recibas hoy, puede cambiar tu futuro.

(Hebreos 9: 1) = Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.

(2) Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.

(3) Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, (4) el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto; (5) y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle. (Noten cómo oculta ciertas cosas)

(6) Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; (7) pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo;

Déjame hacer una pausa. La ley no proveía ningún perdón para ningún pecado, fuera de los pecados de ignorancia. Todo el perdón existía para pecados ejecutados en ignorancia. Y esto es importante, porque hay personas que pecan en ignorancia, porque son ignorantes. De manera que la misericordia te cubre.

Pero hay personas que saben que sus actuaciones están mal delante de Dios; personas que entienden que lo que hacen está mal, pero son ignorantes respecto a cómo dejar de actuar así. Eso también es ignorancia. De manera que tú tienes perdón en este día. Oramos para que se levante una generación que no señale los malos frutos de un creyente, sino que nos ayude a entender cómo producir buenos frutos.

Hay quien no sabe que está pecando, y hay quien no sabe cómo dejar de hacerlo. No ha encontrado la forma, el método, el funcionamiento o el principio espiritual que lo saque de ese ciclo que lo mantiene cautivo. Se siente mal, pero lo vuelve a hacer. Se redarguye el corazón, pide perdón genuino, con lágrimas, y vuelve y cae. Dios quiere levantar una generación que sepa ministrar a ese tipo de pecado también.

(8) Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.

Es imposible poner en funcionamiento las nuevas leyes de nuestro nuevo contrato, en tanto las leyes del antiguo contrato están operando en ti. Mientras tu vida esté regida por el testamento, contrato, leyes, principios, ritos ejecutados en el pacto que fue quitado, para introducir aquel que fue sellado con la copa de la Santa Cena, es imposible disfrutar de los beneficios, bendición y toda la riqueza, que Dios nos ha dejado como herencia.

En este trabajo quiero mostrarte cómo activar el Nuevo Pacto en tu vida, para que cuando celebres la Santa Cena, juntamente con ella no venga un lamento, sino un clamor de victoria, porque hay entendimiento de cómo participar de la herencia que viene juntamente con el Nuevo Pacto.

(9) Lo cual es símbolo (Símbolo. Te está diciendo que todo lo que aconteció es un símbolo) para el tiempo presente, (¿Para cuándo? Para el tiempo presente.) Según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, (10) ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, (De la carne. En los originales dice: ordenanzas externas. Por eso usa la palabra carne, porque la carne es la cubierta externa de todos nosotros. Ordenanzas externas.) impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.

(11) Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, (De los bienes venideros. Hay bienes en la herencia. Hay bienes en el Nuevo pacto, hay bienes en el contrato de hoy. El pan y la copa de la Santa Cena te dan el privilegio de poseer unos bienes.) por el más amplio y perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, (12) y no por la sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Noten que él está hablando del Antiguo Pacto y del Nuevo Pacto, y está tratando de predicar a un pueblo que aún observa un método de vida de acuerdo al Antiguo Pacto, cuando ya el Nuevo Pacto está vigente. Recuerda; él está predicando a este lado de la resurrección.

Menciona que hay un atrio en el tabernáculo. El atrio era la corte exterior, era donde estaba el sacrificio del cordero. Menciona que cualquiera podía presenciar los ritos que se llevaban a cabo en el atrio. A los gentiles los dividían unas paredes, no podían entrar.

Sin embargo, todo el mundo podía ver lo que se llevaba a cabo en el atrio. El atrio, en nuestra vida, es simplemente donde el sacrificio del cordero es inmolado para que tú tengas entrada en el Reino de Dios. Pero allí participa todo el mundo. Los gentiles pueden ver, cualquier tribu podía participar en esa corte. No había acepción de personas.

Todo el mundo podía entrar en el atrio, y los que no podían entrar, podían ver lo que acontecía. Ese es el comienzo de tu camino. Pero si tú quieres vida en abundancia; si tú quieres ir un poco más allá de la ley; si tú quieres participar de bienes venideros, la vida en el atrio no es suficiente para consumar su soberana vocación.

La segunda parte, era el Lugar Santo. Se va reduciendo el camino. Aquí, sólo la tribu de levitas podía entrar. Once tribus se quedaban afuera. La Biblia dice que angosto es el camino. Y no es el camino del cielo, es el camino de la abundancia. Todos podemos ir al cielo, pero no todos viven en abundancia.

Ten cuidado: le estoy hablando a tu corazón. El cielo no es la pregunta. La pregunta, es: poder reinar en vida, hoy. Hay que ser levita para entrar al lugar santo. Allí se encontraba la lámpara. Ciento cinco libras de oro según candelabro, y allí ministraban todos los que eran de la tribu de Leví.

Pero, entonces, detrás de eso, había otro velo, y ya cualquier levita tampoco podría entrar. Los gentiles se quedaron bien atrás, los de salvación se quedaron en el atrio, los que tienen consagración ya se quedaron en el Lugar Santo, pero al Lugar Santísimo entra sólo el Sumo Sacerdote, o el sacerdocio de Sadoc.

Entra al Lugar Santísimo. Aquí, en el Lugar Santísimo, está el arca de Dios. Dentro de esta arca está el maná, que es recordatorio de la murmuración de los hijos de Dios, cuando se cansaron de aquello que Dios proveía. Estaba también la vara de Aarón que reverdeció, que era sólo memorial de la rebelión a la autoridad escogida por Dios.

Estaban las tablas quebradas, que era sólo memorial de un pueblo que quebrantaba la ley. Frente a la presencia de Dios, hay tres memorias: Murmuración, Falta de sumisión y Un pueblo que no obedece la ley. Pero, encima de toda esa falsedad, encima de toda esa desobediencia, se encontraba la mesa de misericordia, la mesa de propiciatorio, el arca de Dios cubierta por misericordia, aún en el Antiguo Testamento.

Dios es un Dios de gracia, de amor, de paz, de justicia, que quiere bendecir a su pueblo que hoy es tu pueblo. Todo esto es un símbolo, porque las ordenanzas y los ritos del Antiguo Pacto. Y cuando digo Pacto, no quiero que dividas tu Biblia en dos. No estamos hablando de Éxodo, Deuteronomio o Levítico, sino de contratos de parte de Dios con el hombre.

No sé si lo puedes separar en tu mente. La Biblia es una. El Nuevo Testamento es el cumplimiento del Antiguo, pero Dios jugaba un juego con el hombre, con ciertas reglas, toda una historia hasta que Cristo vino. Y cuando vio que en ese juego, el hombre nunca podría ganar, cambió las reglas del juego para que el hombre sí pudiera ganar.

Dios mira hacia abajo en el Antiguo Testamento, y todo lo que en ese marco sucede, se podría resumir en una sola frase: ¿Cuál es tu problema? Te liberto, te resucito, te bendigo, te doy milagros, te perdono, y luego te re-perdono, te doy misericordia, te prospero, gano las batallas por ti, ¿Y sigues en la misma? ¿Cuál es el problema contigo?

Es como si nos imagináramos a Dios como un científico loco, con todos los pelos parados, diciendo: ¿Qué te pasa? ¡No entiendo! Fíjate: Dios creó al hombre, pero Él no es hombre. Decía un antiguo predicador al hablar de esto mismo, que Henry Ford fue el creador de los automóviles Ford, pero Henry no era un automóvil.

Entonces Dios dice: No sé lo que pasa con este juego. No entiendo, ¡Se supone que ganen! ¡Pero no están ganando! ¿Qué les pasa? Ah, ya sé lo que voy a hacer; me voy a convertir en uno de ellos y voy a jugar yo mismo, a ver si es verdad que se puede o no.

Entonces Él se convierte en hombre, Él juega el juego, y se da cuenta que sólo su perfección cumple su propia ley. Y cumple la ley y cambia las reglas, para que el hombre pueda ganar el juego. No vivimos tratando de ser perfeccionados, de la manera en que se vivía antes de la copa del Nuevo Pacto.

Hay nuevas reglas para ti. Dice que acá el juego no podía perfeccionar la conciencia. Y todos lo hemos leído y hemos pensado y hasta dicho, y hasta predicado incluso, que no podemos perfeccionar la conciencia. Ajá, ¿Eh? ¿Y se puede saber qué cosa es la conciencia?

Mira; los científicos tratan de ponerle un título y qué sé yo cuantos vericuetos más. Y a partir de ello, todos podemos tener nuestra propia opinión al respecto, pero lo cierto es, y aquí hay toda una revelación sólo apta para los verdaderos y genuinos hijos de Dios, que la conciencia es el proceso de pensamiento, a través de los cuales tú puedes juzgar o discernir entre el bien y el mal.

Repito: tu conciencia es el mecanismo creado por Dios en ti, -parafraseando-, que te ayuda a discernir y tomar decisiones entre lo que está bien, y aquello que está mal. Él dijo: la ministración del Antiguo Testamento, era externa, pero la conciencia es interna. Yo puedo decirle a mi esposa: ¡Pero qué lindos ojos tienes! Pero no puedo decirle: ¡Qué hermosa conciencia tienes! No le veo la conciencia.

La conciencia es interna. Yo puedo decirte a ti qué hacer, qué no hacer, cómo vestir, cómo no vestir, cómo comportarse, qué fumar y qué no fumar. Y con todo mi esfuerzo, para que tú te parezcas a mí no puedo, de ninguna manera, en absoluto, perfeccionar un gramo ni un milímetro tu conciencia. La ministración es externa.

Puedo tratar de justificarme con Dios ayunando, portándome bien, no hablando nada malo, no bebiendo alcohol. No fumando cigarros ni marihuana, y todo mi esfuerzo, todavía no perfecciona mi propia conciencia. Tenemos incrustados en nosotros por la naturaleza adámica, el deseo de agradar a Dios.

Y en medio de la gracia tratamos de agradarle, pero mientras lo primero y los ritos antiguos operan en tu vida, anulas las reglas que fueron dadas para ganar el juego y perfeccionar tu conciencia. Hebreos dice: vengo para hacer la voluntad que está escrita de mí en el libro; quita lo primero, y establece lo último.

Quita lo primero, y establece lo último. Dice que él, El sumo sacerdote, entró en el Lugar Santísimo no creado por manos, no con sangre de becerros, sino con su propia sangre. Vale la pena mencionar que el sacerdote tenía que matar un becerro para sus propios pecados y un cordero para la nación.

De todos los animales, el becerro es el que más sangre tiene. La implicación es la siguiente: si tú puedes sacar el poste de luz de tu ojo, puedes ministrar el mondadientes del vecino. Necesitas más sangre para el pecado tuyo que para el resto de la nación.

Cristo entra al Lugar Santísimo. ¿Recuerdan ustedes los apóstoles cuando Cristo resucita? Ellos tenían encomendaciones de Dios, pero todavía andaban un poco confundidos. Muy parecidos a mucha gente por allí. Y no estaban presentes cuando Cristo sale de la tumba.

María, aparentemente, era un poco más creyente. Ella sí se encontraba. Pero los discípulos no estaban. Sale Cristo de la tumba, está parado afuera, y está camino al Lugar Santísimo. María reconoce a Jesús, se acerca a Él y quiere abrazarlo y besarlo. Cristo le dice: ¡No me toques! ¡Porque todavía no he subido al Padre!

En el Antiguo Testamento, el sumo sacerdote entraba, se quitaba sus vestimentas de gloria, entraba al Lugar Santísimo, ministraba la sangre por el pecado del pueblo. Cuando Dios confirmaba con su gloria que aquel derramamiento de sangre sólo iba a perdonar pecados por un año, aunque no los quitaba, sino que los olvidaba por un año, era como que te daba una visa temporaria.

No fue creada para quitar pecados, fue creada para mantenerte en memoria de que hay pecados que tú no puedes perfeccionar. Cuando volvía, se ponía su vestimenta de gloria, y salía cruzando la cortina hacia el atrio. A ese evento, en hebreo, se le llama parusía.

Y esto es importante, porque el segundo advenimiento del Señor, en griego también se llama parusía. Nuestro sumo sacerdote entró al Lugar Santísimo, cumpliendo la tipología de aquellos hombres en el Antiguo. Cuando el sacerdote salía, dos millones y medio de judíos hacían oír un clamor de júbilo al cielo, saltaban y brincaban, cantando y glorificando a Dios, porque tenían doce meses bajo la misericordia de Dios.

Pero tú y yo, mi amado hermano, tenemos una parusía mayor, y tenemos un júbilo mayor, y tienes derecho, no a dos millones, sino a billones y billones de creyentes, que han de observar cuando se rasguen los cielos y la parusía del Señor regrese en gloria, expiando pecado por vida eterna. Pero muchas personas quieren ministrar su propia vida por medio del Antiguo Testamento. Mira esto.

(Hebreos 10: 12) = Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, (13) de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puesto por estrado de sus pies; (14) porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

Y en los originales dice: para siempre, los que están siendo santificados. Atiéndeme: tú jamás serás más perfecto que el día que naciste de nuevo. Lo que está ocurriendo en tu vida, es que Dios te santifica cada día más. Cuando Dios llega a tu vida, es como si Él arrojara un manto de sangre sobre ella.

Ahora, cuando Dios te mira, no ve tu imperfección, no ve tu falta de obediencia, no ve tus murmuraciones; sólo ve la perfección de Cristo. Pero, debajo de esa perfección, está el Espíritu de Dios trabajando en tu vida. El Espíritu está trabajando debajo de la sangre. Y quizás tú mires al hermano, y no lo veas muy perfecto. O quizás tú mismo no te sientas digno. O quizás tú creas que no vale la pena seguir, porque las cosas se han puesto feas y malas. Pero dios te ve perfecto, y el Espíritu está trabajando.

Muchos creyentes se quitan de la vía, descarrilan, y no pueden seguir adelante. Y me parece que ahí va el Espíritu, diciendo: dame una oportunidad, estoy trabajando contigo, yo puedo hacer la obra; yo soy fiel, yo comencé y yo terminaré; sigue adelante, te estoy santificando.

Tratamos de corregir los errores de nuestra vida, tratamos de discernir entre el bien y el mal. Siempre la arruinamos, nos dan deseos de tirar los guantes y decir ¡Basta! Pero el Espíritu dice: no me contristes. Si no te corresponde a ti hacerlo, ahora el juego lo juego yo. ¡Tú eres perfecto delante de Dios! ¡Dame una oportunidad, yo trabajaré contigo!

Esto es como mirarte al espejo y verte bien feo, y para solucionarlo, comprarte un saco nuevo muy caro. El hombre inteligente, se baña primero. La ministración externa, no puede purificar el proceso que te ayuda a decidir lo que está bien y lo que está mal para ti.

Pongan una pausa en la computadora; búscate un nuevo registro, y vamos a ir al pasado, que no es otra cosa que el futuro. Vamos a ir a Génesis. Y recuerdan ustedes que en Génesis, Dios creó al hombre, le dio dominio, y le dijo; multiplícate. Adán y Eva: llenad la tierra. Seres humanos, tengan dominio, sean mayordomos.

Sojuzgad la tierra, sean pioneros, guardad el huerto, cuidad el lugar de mi presencia, cuidad el lugar de mi encuentro, pero restaurad el resto. Sojuzgad, conquistad, y haced que el resto del planeta se parezca al huerto. Domina, sé mayordomo. Los viste de su gloria, pero…

Dios le dice: Adán, me viene algo a la memoria; hay un árbol en el huerto. Es el árbol del conocimiento, de la ciencia del conocimiento del bien y del mal. ¡Adán! Te estoy dando dominio sobre todo. Quiero que seas señor del planeta, de los animales, de las aves, del ámbito terrenal.

Tienes poder, eres dueño inquilino bajo mi autoridad. Tú señorea la tierra, haz con ella como he dicho; sojuzgadla, llenadla de mi gloria, pero: ¡No me toques el árbol! Tienes dominio sobre todo, menos del árbol de la ciencia del conocimiento del bien y del mal.

Adán: ¡Te estoy dando dominio! Hombre, mujer; quiero que señorees todo, menos la habilidad de decidir lo que está bien y lo que está mal. Ese es mi señorío. Lo he dicho antes. Lo he enseñado antes. Dios dice: ¡Yo quiero ser Señor de tu conciencia! Yo quiero decidir por ti y a través de ti, lo que está bien y lo que está mal. ¡Tú señorea la tierra, yo señoreo tu vida! No me toques mi señorío.

El árbol de la ciencia del conocimiento entre el bien y el mal. Yo quiero señorear y decidir por ti, qué está bien y qué no está bien. Tú reina en la tierra, yo quiero reinar en tu vida. El hombre, cuando cae en desobediencia, lo que hizo fue quitarle la única área que Dios había dejado para sí, para Él ser Rey. La conciencia del hombre.

Desde entonces, los hombres a lo bueno, le llaman malo; a lo que es fuerza, le llaman flojera. Y esto funciona seas tú salvo, o no. a lo que es gozo, dicen que es aburrido. Escucha: si el señorío de tu conciencia aún está en tus propias manos, tú serás un fracaso para Dios.

Tienes que entregarle el dominio de decisiones en tu vida a Dios, ese es el Nuevo Pacto. Yo juego el juego por ti. Claro; tú me dirás que tú tomas tus propias decisiones. ¡Te equivocaste! O las decide Dios, o eres influenciado por Satanás. Sólo Dios sabe decidir lo que es bien y lo que es mal para el hombre. El trono de Dios es la conciencia del hombre, deja que Dios pilotee tu vida. Él quiere ser sumo sacerdote de tu conciencia.

Si tú eres señor de tus propias decisiones, a lo que es religión le vas a llamar que es Dios. A tu propia prosperidad le vas a llamar restauración. Al liberalismo y humanismo le vas a llamar jubileo. Estás equivocado, no sabes discernir. A la independencia le llamas autoridad del creyente.

A la política religiosa le vas a llamar apostolado. Encuentras que en los números de las congregaciones le llaman  influencia espiritual. Sólo Dios sabe discernir lo que está bien y lo que está mal. El Nuevo Pacto funciona cuando Cristo es Rey del proceso de pensamiento que discierne lo que está bien o mal para cada uno.

Muchos todavía no me entienden, lo sé. A lo que tú llamas un congreso exitoso, sólo es fama en el mundo sin existencia en el ámbito del espíritu. Confundes a la verdadera gloria de Dios con un shock de emociones y le llamas adoración a lo que sólo es talento musical.

Si tú permites que el Señor también sea Señor de tu conciencia, hay varias cosas que has dado por sentadas que se te modificarán en un abrir y cerrar de ojos. ¡Eso es el Nuevo Pacto! ¿Crees que un creyente necesita que le digan que no fume, o que no beba alcohol?

Tengo la certeza que no lo necesita. Sin embargo, son cosas que han ocurrido y todavía ocurren. ¿Por qué? Porque Cristo no es Señor verdadero de esa vida. Porque yo puedo cuando termine mi trabajo del día fumarme unos cigarros y beberme unas copas de alcohol y nadie me dirá nada. Sin embargo, algo dentro de mí no permitirá que lo haga. ¿Sabes por qué? ¡Porque Cristo es Señor de mi conciencia!

Es más; si Cristo no se convierte pronto en Señor de tu con ciencia, vas a fracasar. Porque sólo Dios sabe discernir por ti, lo que a ti te conviene. Mucha gente vive en confusión, ¿Sabes por qué? Porque tergiversan y alteran la verdad; no quieren la verdad. Porque la verdad te liberta. Sólo tienes que ir a ella una vez y eres liberado para siempre.

El Reino opera en obediencia. Pero hemos confundido nuestra obediencia con carácter interno, con santidad interna. Tú no puedes hacer eso, esa es obra del Espíritu Santo. La obediencia que te corresponde a ti, son los frutos. ¿Cuántos han visto que los frutos nacen dentro del tallo? Los frutos siempre son externos, y ministran a las naciones.

La obediencia de la iglesia, es la ministración en la sociedad. Es avanzar el Reino. Y si Dios fuera Señor de todas sus conciencias, ¿Qué no podría hacer el ejército de la ciudad, aldea, pueblo, provincia, estado o nación dónde vives? Imagínate a Cristo piloteando a un grupo ordenado y disciplinado de miles de personas que no piensan en sí mismos, sino en el Reino.

Yo quiero que mi Señor sea Señor de mi conciencia. El Señor es Señor y Rey, todo en el mismo paquete. Cristo donde entra, reina. Y hasta que Él no reine, tú tienes una batalla interna que no hay quien te la resuelva. El problema con la consejería cristiana es que, de cada diez casos, nueve encuentras que Cristo no es número uno en esas vidas. Porque si Cristo es número uno en tu vida, Él sabe conducirla.

(Hebreos 5: 4) = Y nadie toma para sí esta honra, (Estamos hablando del Señor. Porque el problema es el siguiente, varón y varona. Es difícil delegarle a otro el ámbito, o el lugar de control que decide lo que tú haces en tu vida. Es dificilísimo dejar que otra persona corra su vida por ti. Es muy complicado ir y decirle a alguien que tu vida le pertenece y que todo lo que se te diga, tú lo harás. ¿Por qué? Porque eso implica fe y confianza. Para yo poderle delegar a otra persona que tome todas las decisiones por mí, tengo que confiar en ella de una manera tremenda) sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.

(5) Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.

(6) Como también dice en otro lugar: tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

Compara el sacerdocio de Melquisedec, con el sacerdocio de Aarón, y nos dice: ¡No te preocupes! Cristo no es tras la orden de Aarón, puedes confiar en Él. Cristo viene tras otra orden. Es la orden de Melquisedec. ¿Qué pasa? Aarón era el sacerdote que ministraba junto a Moisés, ¿Recuerdan?

 Moisés sube al monte a hablar con Dios; Aarón se pone a escuchar las palabras del pueblo. Aarón, entonces, tomó todo el oro del pueblo, lo echó en el fuego, y produjo un becerro. Moisés baja del monte, y le dice: Aarón, ¿Qué has hecho? – ¿Quién, yo? ¿Por qué? – Aarón, ¡Estoy hablando contigo! – ¿Yo? – Sí, tú. – ¡Fue el pueblo! No asume su responsabilidad y le echa la culpa al pueblo.

Y Moisés le dice: ¿Cómo que el pueblo? – Y…ellos querían un dios, y me dieron el oro, y yo sólo lo arrojé al fuego y mira, ¡Salió este becerro! – ¿Cómo que salió el becerro? Ese es el milagro de la Biblia que nadie tiene en cuenta. – ¿Cómo vas a echar oro en el fuego y va a salir un becerro? ¿Y al molde, dónde lo dejaste, Aarón?

¿Qué molde? ¡Yo no hice ningún molde! ¡Sólo tiré oro en el fuego y salió este becerro! Era un mentiroso. Y entonces él le dice: ¿Ah, sí, eh? ¡Bébete el oro! Y dos millones y medio de israelitas se bebieron el oro. El escritor dice: ¡No te preocupes! ¡Puedes delegar el timón de tu vida a Cristo!

¡Él no es como Aarón! Él es fiel y sumo sacerdote. Puedes confiar en el liderazgo y el reinado de Cristo, nunca te fallará. Y nunca te dejará hasta los confines de la tierra. Va más allá de la fe. Yo puedo tener fe en una persona, pero al mismo tiempo no confiar en ella.

Tú me puedes entregar un pasaje de avión para que yo vaya a predicar a China. Y yo voy a saltar de gozo un poquito, pero hasta que no vaya a las oficinas de la compañía aérea del pasaje y verifique todos sus números para comprobar que es legítimo, yo no voy a estar seguro. Porque no te conozco y no confío en ti. Pero si tú mi hermano que hace tanto tiempo me conoces y me acompañas, eres quien me entrega ese pasaje, yo no voy a comprobar nada; armo mi maleta y me voy de viaje con plena confianza.

Entonces pregunto: si así sucede en la vida cotidiana con algo tan común y corriente como un boleto de avión, ¿Cuánto más la herencia delegada por el Rey de Reyes y señor de Señores, nos hará saltar de júbilo en el mismo instante, sin siquiera ver el avión en el que nuestro Rey nos asegura que viajaremos?

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noviembre 13, 2018 Néstor Martínez