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El Desierto es Para Cruzarlo

(1 Corintios 2: 10) = Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. 

(11) Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 

(12) Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, (13) lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 

(14) Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 

(15) En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 

(16) Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

Esta palabra que aquí se traduce como instruirá, es una palabra griega que significa, literalmente, ser llevada para unirse, ensamblarse junto, ponerse junto, unirse, hacer un solo punto, con, hacer a una persona unirse con otra. ¿Y qué es lo que esto en realidad quiere decir? Veamos. Dice: ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá?

Específicamente, instruir a alguien, es que tú te conectes, te unas con la mente que Él tiene. Por eso es que la siguiente parte, Pablo está haciendo un juego de palabras. Dice: ¿Quién ha conocido la mente del Señor, para que se una, para que esté enganchada con Él? Nosotros tenemos la mente de Cristo, estamos unidos a Él.

Esta palabra podría ejemplificarse, más o menos y a grandes rasgos, como cuando un catedrático está exponiendo un tema con tanta claridad, que los estudiantes casi pueden ver las palabras, pueden imaginarse sin esfuerzo lo que se les está relatando, describiendo. Están siendo instruidos, están conectados, están uniéndose; están viendo las palabras. Cobran forma y color ante estas personas.

Eso, concretamente, es lo que quiere decir instruirse. Ahora bien; en este pasaje, yo quiero que tú entiendas que instruir es mucho más que revivir información, es unirse a alguien, ese es el concepto. Alguna vez hemos hablado de ciertas mentalidades que se mencionan en el Nuevo Testamento. Yo quiero quedarme con una, y con una buena, la que podríamos denominar como mente-luz, es decir, entendimiento.

Por esta razón, antes de continuar, quisiera hacer una pequeña diferencia entre inteligencia y sabiduría. Hay en este tiempo, en el mundo en el que vivimos, gente que es muy inteligente, pero que no necesariamente es sabia. Y pese a que se parecen mucho la inteligencia y la sabiduría, la diferencia que existe entre ellas se puede comprobar a partir de los canales que utilizan cada una para llegar al hombre.

Veamos: la inteligencia se adquiere a través de la instrucción, el conocimiento, de la transmisión de información. La sabiduría, en cambio y por su parte, utiliza otro canal, que es el de la iluminación. La palabra iluminación, es una palabra que utiliza Pablo. Él dice que hemos recibido la iluminación del Padre, lo que te deja en evidencia que en modo alguno es una palabra que podamos usar ligeramente.

Pero volvamos por un momento a la inteligencia. Una universidad, un instituto, te transmite conocimiento, pero es un conocimiento que está ligado al diseño del mundo-cosmos, que es cómo vamos a definir al mundo natural. Una institución de educación formal, está influida por el espíritu de este mundo. Eso se llama Cosmos. Para mundo, hay varias palabras que la identifican, y todas tienen distintos significados.

Pero este mundo, Cosmos, afecta la educación. Por ejemplo: si la sociedad se está haciendo cada vez más secular, tú vas a ver eso, seguramente, también en la educación. Van a pedir que los niños no sean sometidos a ver o escuchar símbolos o conceptos religiosos, que no se mencione para nada la Biblia y todo eso que tan bien conocemos. ¿Por qué? Porque se está secularizando la educación. Y eso está pasando con todo el mundo.

Entonces, se aprueba el matrimonio homosexual y la educación también aquí es afectada, porque ya tú no puedes hablar de que un hombre sólo se debe casar con una mujer, sino que de aquí en más, conforme a la educación secular, eso pasaría a ser bastante relativo, ¿Se entiende? Eso va a demostrarte una vez más que la educación está seriamente afectada por el espíritu de este mundo.

Y la inteligencia, fíjate, viene precisamente desde ese lugar. La gente profesional, la gente que es analítica, que razona, ¡Incluso los ateos! Escúchame, yo no he conocido jamás un ateo tonto. Y te lo digo de verdad, los ateos que yo he conocido, eran todas personas muy pero muy inteligentes. Es gente que ha estudiado muchísimo, es gente muy preparada. Gente que con su discurso puede envolver o desenvolver tranquilamente a otra.

Ahora fíjate el detalle: que el hecho de que sean inteligentes, no significa que sean sabios. Porque el gran secreto de la sabiduría, en todo caso, es saber cómo usar la inteligencia. Y, cómo te dije antes, la sabiduría viene por iluminación de Dios, viene por conectarte con el Espíritu de Dios.

¿Sabes qué dice Pablo? Dice que el Espíritu de Dios, lo escudriña todo, aún lo profundo de Dios. Luego, Jesús les dijo, que es como si nos lo hubiera dicho a todos, que el Espíritu Santo vendría para conducirnos, para guiarnos a toda verdad, esto es: para instruirnos. Es decir que Pablo nos dijo que el Espíritu iba a venir para conectarse con nosotros, reformar nuestras mentes y atraernos hacia Él.

Esto significa que, si el Espíritu conoce hasta lo profundo de Dios, y ha sido enviado a nosotros como nuestro instructor, no es ni descabellado ni fantasioso que yo piense que tranquilamente puedo conocer lo profundo de Dios. Ya en el Antiguo Testamento se nos enseña eso, cuando Dios mismo dice: Clama a mí y yo te responderé, y ten enseñaré cosas grandes y profundas que tú no conoces todavía.

Y te diré más. Y hasta podrá sonarte a herejía lo que ahora te diga, pero créeme que es así. El Espíritu de Dios podrá aún ir más allá de donde termina la Palabra de Dios. Sólo que tiene un grave problema, que no es suyo sino de la iglesia. Porque si Él observa que la iglesia todavía no ha terminado de conocer profundamente la Palabra, ¿Cómo se supone que podría revelarle lo que está más allá de la Palabra? ¡Los volvería locos!

Es como si a un niño que todavía no ha egresado de su nivel inicial de pre-escolar, pretendes enseñarle física nuclear. Él tiene un cerebro creado que es capaz de asimilar ese conocimiento, ¡Pero eso será dentro de un tiempo, no ahora! Ese es el problema. La sabiduría es impartida por Dios, a través de su Espíritu Santo en la iglesia, y sirve para ser instruidos en entender el Reino.

Si tú analizas las parábolas de Jesús, podrías hasta llegar a pensar que parecen cuentos para niños, ¿Verdad? Te doy un ejemplo: El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que busca buenas perlas. Ahora pregunto: ¿Qué es el Reino? ¿Es el hombre? ¿Es la perla? ¿Es la actitud de buscar? ¿Qué es el Reino?

Examina las parábolas y verás que Jesús trató de mostrarle el Reino a la gente. El Reino de los Cielos es semejante, el Reino de los Cielos es como… Así es que la obsesión de Jesús, si es que podemos denominarla así, era que tú entendieras qué era el Reino de los Cielos. Claro está que, para tener esa visión, tú necesitas cambiar tu mente y entender lo que estamos hablando.

La sabiduría de Dios viene para darle luz a tu destino. La sabiduría de Dios viene para darte identidad. Y ahora anota esto porque es clave: la inteligencia sin sabiduría, lo único que logra, es que el hombre se vuelva orgulloso. De hecho, alguien dijo con cierto humor pero no exento de alta verdad, que es mucho más fácil intentar conversar con un perro, que con un intelectual que no está dispuesto a reconocer sus limitaciones. La sabiduría de Dios nos ayuda a poder canalizar la inteligencia que hemos recibido, y nos lleva a desear ser conformados a la imagen de Dios, a la imagen de Cristo.

(Efesios 4: 23) = y renovaos en el espíritu de vuestra mente,  (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Lo que Pablo te está diciendo es que te debes renovar en el espíritu de tus propios pensamientos. Cuando una persona habla, las palabras que salen de él, no solamente son palabras, son espíritu. Existen casos de líderes terrenales que, con sus capacidades tremendas de oratoria, pudieron convencer a sus gobernados, a sus pueblos, de embarcarse en aventuras terribles de final incierto. ¿Un caso? Adolf Hitler. Él convenció a la mayoría de los alemanes, que realmente eran una raza superior. Espíritu. Jesús lo dijo hace muchos años: Las palabras que os he hablado, son espíritu.

De allí que dicen los neutrales que de alguna manera fueron testigos auditivos y oculares de sus memorables discursos de tres o cuatro horas de duración, que cuando Hitler hablaba, los oyentes, cualquiera fueran ellos, comenzaban a ser cautivados. Es que de su boca no solamente salían palabras, sino que salían espíritus. Y esos espíritus eran los que sometían a las personas.

Yo no sé si te habrá pasado a ti alguna vez, pero a mí me ha ocurrido en alguna ocasión, que me he puesto a conversar con alguien que es evidente que tiene un mal espíritu, y al rato me he sentido con deseos de estrangular a alguien, cuando yo soy definitivamente calmo. ¿Transferencia de espíritus? Si no te sabes cubrir, ni lo dudes. Grave error es prestarles nuestros oídos a las personas equivocadas. De esas es que se nos habla cuando se nos dice que ni siquiera les demos nuestro saludo. No le digas bienvenido, se nos advierte.

Hemos hablado ya en otros trabajos, pero es indudable que todavía hay muchísima gente cristiana que no ha terminado de darse cuenta del poder que tienen las palabras. Las palabras no sólo son emisiones de sonidos, frecuencias; son espíritu. Técnicamente, ¿Qué es un espíritu? Pneuma en griego, nefehs en hebreo. Es aire, aliento, viento, soplo. ¿Y qué es lo que produce el sonido en tus cuerdas vocales? Aire. ¿Qué está saliendo de ti, como sonido? Aire. ¿Y qué es el espíritu? ¡Aire!  Entonces recapitulemos; cuando hablas, ¿Qué es lo que sale de ti? Espíritu.

Entonces, cuando escuchas a una persona de fe, te llenas de fe. Escuchas a un derrotado y sales a buscar un autobús para arrojarte debajo. Por eso es que con ciertas y determinadas personas podríamos pasar horas y con otras ni cinco minutos. Es una cuestión espiritual, no anímica. Por eso te digo que tienes que buscar la sabiduría de Dios, para añadirla a tu inteligencia. Si sólo te manejas con tu inteligencia, podrás hacer algunas cosas, pero todas dentro del sistema mundano en el cual te estás moviendo, nunca en el espiritual.

Y voy a decirte más, todavía; y algo que seguramente no te sonará desconocido porque lo habrás visto. Si te conduces sólo con tu inteligencia, aprenderás rápidamente a moverte plenamente en apariencias. La inteligencia de este mundo, hoy, es una inteligencia de apariencias. O sea: tú ves grandes físicos, grandes economistas, grandes abogados, con sus vidas familiares destruidas. ¡Y es gente inteligente!

Y no recalemos en el ambiente artístico, o incluso en el deportivo. Gente que ha sido lo suficientemente inteligente como para manejar sus respectivas carreras con alto éxito y, obviamente, una fortuna en ganancias. Tienen dinero para tirar para arriba, pero muchos de ellos tienen vidas tan desdichadas que no es de extrañar que en algún momento hasta intenten auto eliminarse.

Y lo más curioso de todo, lo más llamativo y hasta incoherente, si se quiere, es que la mayoría de la gente del común, los ovaciona cuando los va a ver. Los aplaude a rabiar y ninguno de los que lo hace podría aceptarte de ninguna manera que está aplaudiendo a perdedores. Y no te vayas tan lejos ni armes novelas difíciles de probar. Vete a la realeza europea. Toma como ejemplo a la casa real británica o española y observa cómo viven sus vidas privadas, esta gente que sigue siendo admirada por una gran parte del planeta.

Por eso es que te estoy diciendo que, como cristianos, debemos y podemos ser inteligentes, pero mucho más importante y valioso es que seamos sabios. Porque acceder a la sabiduría de Dios, entre otras cosas valiosas, nos va a hacer conocer la voluntad de Dios. Dice Proverbios 8:14: Conmigo está el consejo y el buen juicio; Yo soy la inteligencia; mío es el poder. ¿Te das cuenta? La inteligencia es muy buena, pero Proverbios también nos dice que busquemos la sabiduría y que no la soltemos.

Ahora bien; cuando hemos entendido el concepto de instrucción, y yo te digo que necesitas ser instruido por el Espíritu, estoy yendo más allá de transmitir información. Estoy hablando de ser conformados a un modelo. Porque Dios tiene un modelo de lo que Él espera de nosotros. Así que, a medida que nos conformemos a ese modelo, podremos entrar a la dimensión a la cual él nos quiere introducir.

Yo, para poder explicarte con claridad, porque esto es bien importante, necesito darte algunos datos. Tú has pasado un entrenamiento. Durante todos estos años, quizás sin siquiera darte cuenta, has estado siendo entrenado. Y te daré un ejemplo de eso, empecemos con el primero. Vamos al libro de los Hechos, capítulo 7 y verso 22. Y aquí vamos a tomar a un personaje al que la mayoría de nosotros indudablemente ama: Moisés.

(Hechos 7: 22) = Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. 

Quiero que tomes nota de lo se está diciendo aquí, que es bien preciso. Dice que él fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios, y que era poderoso tanto en sus palabras como en sus obras. Ahora vete un poco más adelante, y mira lo que dice el verso siguiente.

(23) Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. 

(24) Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. 

¿Qué es lo que hizo Moisés? Él hizo, a mí entender, algo elemental: actuó según el entrenamiento que había recibido. Él había sido entrenado en todas las artes en las que eran entrenados los príncipes egipcios. Ellos eran guerreros. Egipto había conquistado la tierra en la que ellos vivían, en base a guerras, en ocupaciones.

Ahora bien; Dios quería usar a Moisés; él había sido sellado desde antes de nacer. El asunto es que, para poder usarlo, él tiene que entrenarlo, también. Pero, para poder entrenarlo, tiene de alguna manera que desintoxicarlo, descontaminarlo, de toda su formación egipcia. O sea, tiene que sacarles del corazón y de la mente, cuarenta años de Egipto. Porque él fue instruido en toda la sabiduría de Egipto.

(Verso 29) = Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.

(30) Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza. 

¿Por qué pasaron cuarenta años? ¡Porque eso fue lo que se tomó Dios en desintoxicarlo y entrenarlo! Y fíjate que el terreno en el cual Dios entrenó a Moisés, es el terreno favorito de Dios para entrenar a la gente que Él ama: el desierto. Tú conoces esto, ¿Verdad? ¿Has estado en ese desierto, no?

Ahora bien; ¿En qué fue entrenado? Hablemos de cosas básicas. Por ejemplo, Moisés tuvo que darse cuenta que en el desierto él no era el líder, porque en el desierto no hay líder, no hay rumbo a seguir. Tuvo que aprender a subsistir. Tuvo que aprender a cuidarse de las tormentas de arena, del poder del sol, de la falta de higiene, del hambre. Incluso, hasta tuvo que aprender a caminar nuevamente en el desierto. Porque si tú caminas en la arena como caminas en la calle, vas a tener problemas y no vas a llegar muy lejos. Es todo un proceso, eso.

Esa mentalidad que Moisés va recibiendo en esos años, es porque Dios le está cambiando la mente. Le van a servir a Moisés para ser el libertador de un pueblo. ¿Alguna vez te has puesto a pensar por qué Dios no permitió que Moisés entrara a Canaán? Porque él fue entrenado para vivir en el desierto, no en Canaán.

Dios ya tenía a uno que estaba entrenando para entrar a Canaán. Ahora bien: ¿Por qué será que la iglesia no impacta nuestra comodidad? ¿Por qué será que no terminamos de afectar a nuestras ciudades, a nuestros pueblos o aldeas, inclusive? En una palabra: ¿Por qué no logramos cambios estructurales? Simple: porque la iglesia ha sido entrenada con una mentalidad de desierto, que es subsistir, no poseer ni conquistar.

Date cuenta que Moisés fue preparado, entrenado por Dios para ser un libertador. O sea: la meta, el destino de Moisés, apuntaba a esto: sacar a Israel de Egipto, hacerlos libres. ¡Y eso es lo que hoy pasa en la iglesia! Se ha predicado un evangelio que ha sacado a la gente del mundo, del pecado, y estoy hablando de los que verdaderamente han salido de eso y no de los que cambiaron club por templo pero siguen viviendo igual. Claro está que, una cosa es que te saquen, y tú salgas escapando del mundo, y otra cosa muy distinta es que poseas, que conquistes, es otra dimensión.  2454

(Deuteronomio 34: 1) = Subió Moisés de los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga, que está enfrente de Jericó; y le mostró Jehová toda la tierra de Galaad hasta Dan, (Dios le dijo: Mira, es la tierra. Vete ahora al verso 4)

(Verso 4) =  Y le dijo Jehová: Esta es la tierra de que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. 

Si hay algo que es hermoso en Dios, es que es absolutamente sincero. ¿Delicadeza y diplomacia?, Cero. Al menos en este verso. Pero no es para entristecerse, porque el corazón de Moisés no estaba en Canaán, estaba en obedecer a Dios. Si tú crees que Moisés hizo un berrinche cuando se enteró que no iba a entrar, estás equivocado, él estaba absolutamente feliz y satisfecho, porque había cumplido su destino. Su destino era sacar a Israel de Egipto, y lo sacó. Es algo que nadie más podía hacer. Es decir que él había sido entrenado para sacar al pueblo, para ser un libertador.

(5) Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. 

(6) Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy. (Quiero que descubras algo, hoy, si es que no lo habías visto antes: ¡Fue Dios el que enterró a Moisés, no hombres! ¿Te das cuenta el honor?)

(7) Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor. 

¿Nunca te preguntaste qué habrá querido decir esta escritura de la forma en que está escrita? En primer lugar, hacerte saber que Moisés no se murió de viejito, sino que simplemente se murió porque acabó su tarea. Dice que sus ojos nunca se oscurecieron. ¡Moisés jamás usó lentes, hermano! Es falsa esa enseñanza que nos cuenta que Moisés no entró a Canaán porque estaba demasiado viejo. ¡Acá te dice que no fue así! Y si lo pones en duda, tú, hombre machista y sexista, fíjate lo que le añade al final. Jamás perdió su vigor.

¿Estás entendiendo lo que te intenta decir con eso, verdad? ¡Todo hombre, varón, sexo masculino, hasta el final! ¿Cuántos venerables ancianos de la religión quisieran vivir de la misma manera? Lo cierto es que Moisés se murió porque había terminado su tarea. Y, aprende; ¡Dios no te quiere ni un minuto más en la tierra luego que acabes la tarea que Él te ha enviado a realizar! ¡Él sabe lo que es bueno, no como tú que te aferras a esta cosa que llamas vida carnal y física!

Es lo mismo que cuando trabajas en una empresa que por allí te envía una semana a hacer un trabajo fuera de tu ciudad, fuera de tu ámbito y, obviamente, fuera de tu casa. Te alojas en los mejores hoteles y te comes los mejores manjares que allí te preparan, pero… ¡Anhelas retornar a tu casa! ¡Y es por la sencilla razón que de allí es de dónde has salido y es el lugar en el que te pertenece estar! Así es aquí también: el enviado de Dios nace, crece, hace el trabajo para el cual fue enviado y luego retorna a su casa, de donde salió…

Conforme a lo que leímos, es notorio que él pudo, muy bien, haber seguido un tiempo más peleando, ¿No crees? Sin embargo, Moisés tenía un problema que lo obstaculizaba: no tenía mentalidad de conquistador; tenía mentalidad de libertador. Y el problema, entonces, radica en que tú no puedes hacer algo para lo cual tu mentalidad no se entrenó. Es un asunto de mentalidad con la que venimos equipados de parte de Dios.

Entonces, el mensaje que en este tiempo tiene la iglesia, es un mensaje de escape. Vámonos, el mundo es pecaminoso, salgamos ya, Cristo viene ya, no hagas nada, ni duermas ni comas, Cristo viene ya. Hemos vivido toda nuestra vida cristiana, los mayorcitos, con las maletas listas. Si te vas de vacaciones al Caribe, lo pasarás muy bien porque aquello es hermoso, pero no te comprarás ninguna propiedad allí, por una simple razón: cuando terminen tus vacaciones, retornarás a tu país.

Por esa razón es que los cristianos no hemos podido transformar a ninguna de nuestras naciones latinoamericanas y somos considerados ciudadanos de tercera. Jamás nos vimos cómo herederos del todo. Apenas como pobres siervos de hombres importantes. Mira la mente que tiene el pueblo de Dios, vete a Éxodo capítulo 5. Y no te enojes conmigo, enójate con tu Biblia, que supongo dice lo mismo que la mía.

(Éxodo 5: 1) = Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. 

¿Sabes cómo viene la iglesia en este tiempo? De fiesta en fiesta. El país se cae de a pedazos, hay gente que no come y quiere pelearse a morir contra otra gente y la iglesia de fiesta en fiesta, como si Jesucristo estuviera reinando sobre las naciones. En algunos países hay verdaderos congresos monumentales de brujería, los chamanes son más abundantes que los árboles y la iglesia sigue de fiesta, haciendo como que todo está más que bien. O sea: ¡Vivimos Éxodo 5:1 al pie de la letra! Estamos haciendo fiesta en el desierto.

(Éxodo 7: 16) = y dile: Jehová el Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oír. 

Dios le dice: déjalo salir para que me sirva en el desierto. Ahora, pregunto: ¿Dios sabía que esta generación no iba a entrar a Canaán? ¡Él lo sabía! Entonces, lo único que espera de esta generación es que salga y lo sirva en el desierto. ¡Es lo único que espera! Él sabía que recién la siguiente generación iba a entrar a Canaán. Él nunca le pide peras al olmo.

Así que lo único que él esperaba era que ese pueblo saliera al desierto y lo sirviera entre pachanga y pachanga. Pero no entrarán. Así que hoy, tú puedes elegir de qué generación eres. Hay gente a la que tú le puedes enseñar lo más profundo de guerra espiritual y por más que vaya a cien seminarios, no va a entrar a eso. ¿Sabes por qué? Porque él fue llamado para ser evangelista, para sacar gente al desierto y listo, no le pidas nada más. ¡No le pidas que haga otra cosa, Dios lo quiere allí!

Volvamos al desierto. El primer enemigo que ellos vencen, y digo vencen casi entre comillas, porque Israel no hizo nada más que correr, es Egipto. ¿Te acuerdas de la canción que se hizo muy popular? “Echó a la mar, a quien los perseguía”… ¡Los perseguían! ¿Te das cuenta? ¡Ellos no agarraron una espada, sólo salieron corriendo! Y pese a eso, luego dijeron: ¡Hemos vencido a Faraón! Y los ángeles se rascaban la nuca y se decían entre ellos: ¿Y nosotros de qué jugamos, aquí?

¡Ellos no pelearon! Es decir que no pelearon contra los egipcios, pero en realidad sí pelearon con un fiero enemigo que tenían en el desierto, que era ¡Ellos mismos! Había tantos problemas entre ellos, que Moisés se pasaba todo el día, literalmente, escuchando y solucionando problemas. No fueron los únicos. A través de la historia, Israel se convierte en la iglesia de hoy, y sigue con el mismo problema. Iglesias con mentalidad de desierto, peleando fiera batalla contra ellos mismos.

No tenían ambiciones, tampoco tenían promesas, estaban ahí. Cada vez que hablaban, era para quejarse o para reclamar. Y esa es la iglesia con mentalidad de desierto. Quejarse, reclamar y, llegado el momento de poner las papas al horno, borrarse y sentarse a ver cómo lo hacen los demás. Pero ahora te voy a mostrar la otra mentalidad. Vamos a Deuteronomio 1:35.

(Deuteronomio 1: 35) = No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres, 

Las palabras mala generación, es rahá en el hebreo. Rahá es mala, y ¿Sabes qué significa? De pensamientos malos, de viciosa disposición, de malas acciones, acostumbrados a la miseria, descontentos y dé poca motivación. Creo que aquí cualquier pastor de cualquier congregación mediana y tradicional, podría interrumpirme y decirme que acabo de describir a su congregación entera.

Porque, mira lo que dice: viciosos en la disposición y de pensamientos malos. Esto no quiere decir que tengan pensamientos sucios, dice de pensamientos malos. O sea que no piensan lo bueno, piensan lo negativo. Acostumbrados a la miseria, descontentos, de poca motivación. Hay gente que se la pasa de iglesia en iglesia buscando alguien que le resuelva su problema. Y no se da cuenta que el problema es él o ella. Y cuando te cuentan lo que les pasa, tú te quedas preguntándote cómo puede ser que le pasen esas cosas. ¡Son ellos!

El punto es este: tiene una mentalidad de desierto. No está entrenado en solucionar problemas, anda repitiendo la prueba que Dios le pone, todo el tiempo. Y lo peor de todo, es que la reprueba, una y otra vez. Es un círculo. Se presenta el problema, no lo resuelve, se queja, se escapa, se vuelve a presentar el problema, se queja, no lo resuelve, se vuelve a escapar, y así sucesiva e indefinidamente.

Tú sabes porque has leído suficiente historia bíblica, que Israel pasó por doce desiertos, nada menos. Y que en cada uno de ellos, tocó aprender algo. Me pregunto por cuantos más deberás pasar tú para terminar de aprender lo que es necesario aprendas en este tiempo. 1 Corintios 10:2 dice que en Moisés, todos fueron bautizados en la nube y en el mar. ¿Qué quiere decir esto? Que por poco o por mucho, todos traemos algo de mente de desierto.

Ahora bien; la generación que va a entrar a conquistar, es una generación diferente. ¿Recuerdas lo que dice en el evangelio de Mateo 18? En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entrarás en el Reino de Dios. Los que en el tiempo de Moisés eran niños, y por consecuencia no tomaban decisiones, simplemente miraban eran, sin embargo, los que Dios estaba preparando para que entraran.

Y hay algo que se puede compartir a colación de esto, y eso bueno es encontrarnos con Josué. Lo bueno de Josué, es que él empieza justo en el exacto lugar en el que Moisés termina. Porque, veamos, ¿Cuál sería tu meta, por ejemplo? Una, que tus hijos no tengan que aprender lo que tú aprendiste, sino que ellos puedan avanzar, desde donde tú termines.

Un discípulo no tiene que sufrir lo que sufrió su maestro para llegar donde llegó; debe comenzar en donde su maestro haya terminado, sea por la razón que sea. Eso es lo que dice Pablo, cuando señala que él puso el fundamento, y los que lo sigan sobre edificarán sobre ese fundamento. Es decir que un verdadero hombre de Dios, siempre tendrá como meta que sus ovejas a cargo temporal, puedan llegar mucho más lejos de donde él llegó. Que ninguno tenga que pasar por lo que él pasó para llegar donde él llegó.

(Deuteronomio 34: 9) = Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, (Por eso es tan importante la sabiduría. Él pudo entender su destino, pudo entender su llamado; porque tuvo un espíritu de sabiduría) porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés. 

Dice que Josué era hijo de Nun. La palabra Nun, significa “pez”, y el pez fue el primer símbolo del cristianismo. ¿Y cómo se supone que fue entrenado Josué? Si te das cuenta, muchas de las experiencias que Moisés vivió, Josué las vivió detrás de él, o sea que él las vio. En un sentido práctico, podría decirse que él aprendió aún de los errores de Moisés.

Yo me pregunto, a esta altura de este trabajo, cuántos de los que están allí, del otro lado, simplemente escuchándome, quieren ser conquistadores. ¡Gloria a Dios por los que dijeron, sea en voz alta o en silencio: ¡Yo! Tienes que tener algunos elementos en tu mente, que dejen entrar para que tú seas conquistador. ¿Sabes qué es lo que distingue a un conquistador? Su mentalidad.

(Josué 1: 2) = Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. 

¿Qué está diciendo Dios, aquí? Está diciendo algo así, como: Josué: el entrenamiento en el desierto, ha terminado. Aquí hay dos etapas. ¿Sabes dónde habitó Juan el Bautista? En el desierto. Cuando vino Jesús, Juan el Bautista debería haber cerrado su negocio. ¿Por qué? Simple: porque había llegado con Jesús, el tiempo que él venía anunciando y ya no tenía caso seguir hablando de algo que ya había ocurrido.

La mentalidad de Reino, es una mentalidad de conquistador. El Reino de Dios, no es para los que tienen mentalidad de desierto, sino para los que tienen mentalidad de conquistadores. Es muy interesante cómo empieza este verso que hemos leído: Mi siervo Moisés ha muerto; Punto, aparte y vamos hacia adelante. ¡Señor! ¿Dónde enterraste a Moisés? – ¿Y para qué quieres saberlo? – Porque quisiéramos ir a presentarle honores. – Yo la lo hice, le di el honor más grande que un ser humano pueda tener: yo mismo me encargué de todo. – ¡Pero es que igualmente nosotros quisiéramos hacer duelo! – ¡No! Repito: ¡El duelo, acaba ahora!

Yo soy uno de los que anhela la reforma, que anhela un tiempo nuevo en la iglesia, o en todo caso, el florecimiento de la iglesia genuina por sobre Babilonia, la Gran Ramera, la imitadora falsa y pecadora. Sin embargo, debo entender que, para muchos ministros, líderes, meterse de lleno en la reforma, va a significar destruir su iglesia. Porque hay cosas que no se pueden cambiar-

Quiero que escuches lo que te estoy diciendo, aunque te suene muy duro. Jesús no vino a colocar parches sobre lo viejo, vino a hacer cosas nuevas. No tienes idea respecto a la cantidad de personas que se han convertido y, durante mucho tiempo, siguen repartiéndose entre las misas del catolicismo romano y los cultos evangélicos. Pasará mucho tiempo hasta que un día el Señor les muestre que el problema del catolicismo no es un problema de formas, sino un problema de fondo.

Si tú quieres cambiar el catolicismo, no puedes introducirle elementos evangélicos, tal como veo que se hace ahora en muchas catedrales. Si tú quieres cambiar el catolicismo, deberás destruirlo y armarlo de nuevo. Pero entonces ya no sería catolicismo, y ese es el punto. Aunque deberé decirte que eso se aplica en muchas iglesias evangélicas. Pedirles que entren a algo nuevo, es como pedirles que se suiciden teológicamente.

Escucha: tú tienes gente en tu iglesia que, sabes perfectamente, jamás va a cambiar nada, porque cree que si llega a dar un paso en una dirección que no es la tradicional, se perderá de la fe. Entienden que hacer algo nuevo, hoy, es apostatar de su fe. Y es muy triste, eso: porque tú amas a esas personas y porque también Dios las ama. Y aunque con formas muy diferentes, en el fondo, ellos aman a Dios, también. Por eso es que, cuando alguien pretende traer a una iglesia una reforma, se siente apuntado con una espada.

Entonces la duda es esta: si la reforma que tú quieres traer costara la unidad de la iglesia, ¿La traerías igual? ¿Darías ese paso? Es difícil, no te lo voy a negar. Yo no podría juzgar a nadie que me diga que no se anima. No soy quien para juzgarlo. Porque él y sólo él está viviendo esa situación y es el que sabe muy bien lo que significa ese paso. Se van a dar cuenta ustedes en  este verso, que Dios le da un libreto nuevo a Josué. Le dice: Mira, yo he estado con Moisés y ahora voy a estar contigo, pero es necesario que hagas esto.

(Verso 5) = Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. 

Yo te daré la tierra para que conquistes, y te digo algo más; hasta te pondré algunos gigantes por ahí para decorar un poco el panorama, y tú te vas a entrenar, domando gigantes. Me pregunto qué le costaba a dios darle la tierra vacía. Nada, pero parte del entrenamiento por el que Israel debía pasar, era el pelear por aquello que ellos querían.

(Josué 12: 1) = Estos son los reyes de la tierra que los hijos de Israel derrotaron y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordán hacia donde nace el sol, desde el arroyo de Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá al oriente:

Y no te quiero cansar leyéndote todo el detalle que viene después y que tú puedes ver si continúas leyendo el capítulo, aunque el verso 24 de alguna manera nos da la información que necesitamos, dice: el rey de Tirsa, otro; treinta y un reyes por todos. ¡Treinta y un reyes! ¡Uno para cada día del mes, si quieres verlo con algo de humor! Pero mejor me vuelvo al verso 1, mira lo que dice: Estos son los reyes de la tierra que los hijos de Israel derrotaron y cuya tierra poseyeron al otro lado del Jordán hacia donde nace el sol, desde el arroyo de Arnón hasta el monte Hermón, y todo el Arabá al oriente: 

De esto podemos sacar en claro algo en principio: tú no vas a poder poseer la tierra, si no derrotas antes a tu enemigo. Ellos poseyeron, la tierra que conquistaron. O sea que ellos pudieron disfrutar de la tierra que ganaron peleando. ¿Qué es tener la mente de conquistador? Lo que tú llegas a dominar es lo que te hace conquistador. Tú no vas a ser conquistador porque a alguien se le ocurra hacerte repetir cien veces: “Soy conquistador”.

Por ejemplo: si tú controlas al dinero, aprendes a dominar al dinero. Has conquistado este territorio, y ahora el dinero te pertenece. Ahora, el dinero va a hacer lo que tú quieres que haga, mientras que hasta hoy, tú hacías lo que el dinero te demandaba que hicieras. Si has conquistado tu carácter, ahora tu carácter va a ser tu territorio, tu tierra. Si tú has conquistado el sexo, ahora el sexo es tu territorio y tú lo gobiernas a él y no él a ti como era antes. 1,00.00

(Josué 23: 1) = Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, (2) llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. 

(3) Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros. 

(4) He aquí os he repartido por suerte, en herencia para vuestras tribus, estas naciones, así las destruidas como las que quedan, desde el Jordán hasta el Mar Grande, hacia donde se pone el sol. 

¿Qué está diciendo? Hasta este punto, Josué ha conquistado treinta y un reyes, pero ¿Sabes qué? Todavía hay reyes qué conquistar. Y fíjate lo que hace. Les dice a sus hombres que ya está viejo y luego, de alguna manera, efectúa un sorteo para ver qué territorio les va a tocar a cada uno de ellos. Sin embargo, en algunos territorios todavía quedan gigantes por conquistar, pero les añade que esos gigantes también son propiedad de ellos. Ahora; ellos entendieron que para que eso sea, de facto, propiedad de ellos, tendrán que ir y pelearla.

Entonces de pronto un día, tú que estás al frente de una congregación, te encuentras con un hermano de los más antiguos que viene y te cuenta que, después de haber pasado por ese seminario de guerra espiritual que se animó a tomar, se dio cuenta que su abuelo era masón. ¿Qué habrá que decirle al hermano? Que ese es un gigante que ha heredado y que deberá conquistar. Esa es su tierra, su familia, y él es quien tiene que pelear por eso y conquistarla. Y se dan los mismos casos con ancestros que efectuaron pactos con el ocultismo, curanderismo, y etc.

Ahora, a medida que tú progresas como conquistador, lo que tú vas tomando, se convierte en tu heredad. ¿Cuál es la credencial que tú presentas en el Reino? Tus victorias. ¿Quién eres tú? Fulano de Tal, señor de tal y tal territorio. ¡Un guerrero! Gente que sabe recuperar lo que el diablo le robó. Sólo un problema, cuando el diablo te roba, lo hace porque quizás tenga derechos para hacerlo. Porque, aunque todos sabemos que es un ladrón, es un ladrón que nunca toma lo que no tiene derecho de tomar.

(Josué 13: 1) = Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer. 

Tú ya eres viejo, le dice Dios a Josué, pero me temo que todavía tendrás que pelear un poco más. Y cómo se lo habrá tomado en serio Josué a esto que le dice en el capítulo 13, que en el capítulo 23 todavía anda a los golpes con los enemigos y sigue bien vigente. Una mentalidad de conquista jamás se sienta en sus victorias. Consolida su territorio, y dice: Ahora quisiera ir por aquel territorio. ¡Oye! ¿No te cansas? ¡No! ¡Yo quiero más!

Ahora, veamos: ¿Qué es lo que hace a un conquistador? Su mentalidad. El pueblo de Israel, tenía una mentalidad de esclavo. Dios sacó a Israel de Egipto, en un día, pero tardó cuarenta años en sacar a Egipto del corazón de Israel. La mayor parte de nosotros, y me incluyo, hemos crecido en iglesias con mentalidad de desierto. En lugar del grupo de: “Ya viene Cristo y nos vamos”, a mí me tocó el de: “¡Y vaya saber si alguna vez viene!” Es lo mismo.

Sin embargo, pese a ese modelo que quieras o no te deja sus huellas, yo sabía, que sabía, que sabía que había algo más que yo no sabía. Un día llegó el momento de la decisión. Es como si Dios te dijera: ¿De verdad quieres algo nuevo? Ven. Y te lleva a la orilla de un río, te planta allí y te pregunta: ¿Cruzas o no? No es nuevo, esto. Cada vez que Dios quería probar a su pueblo, lo llevaba a la orilla de un río. Pregúntale a Moisés. Pregúntale a José. Pregúntale a Elías. Pregúntale a Eliseo. Pregúntale a Jesús en el Jordán.

Ahora bien; cuando tú eres capaz de cruzar ese río contra la corriente, muy probablemente ese río se lleve todo lo que traías, lo que eran tus pertenencias, tu equipaje. Me ha tocado irme a nadar a ríos caudalosos que, si te descuidas, pierdes hasta la ropa por la fuerza de sus aguas. Y muchos cruzan al otro lado, y no tienen nada que hayan logrado traer del otro lado.

¿Y sabes qué? Eso es por voluntad de Dios, porque Él quiere que estas personas empiecen de cero desde ese lugar. En la práctica, esto es, lo que tú o yo podamos haber aprendido de Dios en la iglesia donde nos haya tocado comenzar, no se te borra. No es un archivo en tu PC o un mensaje inútil en tu teléfono. ¡No se te borra de una! No te preocupes porque Dios ya sabe eso, y lo que Él quiere, es que coloques todo eso en el lugar que le corresponde, que no es el primero.

(Gálatas 5: 1) =  Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. 

Una vez que tú has salido de Egipto, Dios te establece la libertad, y tú tienes la posibilidad de poder permanecer libre, o caer en yugo otra vez. Por ejemplo: hay una gran cantidad de pueblo de Dios preso, por temor a hombre. “¡Pastor! ¿Por qué no enseñas eso que tú ya conoces y sabes qué es la verdad? – “…Porque si enseño eso, se me va a ir media iglesia…” Eso también es cautividad. Él vino a liberar a los cautivos, ¿Recuerdas

El Señor te ha sacado, de la mano de Moisés, de Egipto, pero ahora ha puesto un libertador a tu lado, para que puedas entrar a poseer la tierra que Él tiene para darte. En Josué 1, leímos hace un momento, que el Señor le dijo: “Mi siervo Moisés, ha muerto”, ¿No es así? Muy bien, ahora mira esto: para poder entrar a esta nueva tierra, Dios hace un par de cosas muy interesantes.

Según los teólogos más expertos, la gente que entra con Josué, tenía un promedio de edad de veinte años. Obviamente, según cálculos, porque nadie puede tener la exactitud total. Pero era gente libre. La gente del desierto, era gente libre. Habían salido del yugo de la esclavitud. Por eso creo que resultaría muy interesante que mencionáramos algunas diferencias entre Moisés y Josué.

Moisés fue designado para liberar a Israel de la opresión física. Josué fue asignado para liderar, (No liberar, sino liderar, de liderazgo), a toda esa gente dentro de la tierra prometida, y darles posesión sobre ella. Con Moisés, Dios les envía maná del cielo. Con Josué, Dios los obliga a sembrar, a trabajar. ¿Has notado eso? El día que ellos cruzan el río, es el día en que el maná cesa de caer. Dios dice: ¡Bueno! ¡Basta de subsidios! ¡Ahora a trabajar para comer!

Con Moisés, Dios le da agua de la roca, pero; ¿Sabes lo que le dice a Josué? Tienes que cavar pozos. Cada vez que tú te metas a conquistar, vas a tener que trabajar. Claro, aquí entramos a un factor bien débil, pero necesario: el factor de responsabilidad del pueblo. Aquí tienes una persona que está hablando con autoridad profética, y algunas son activadas en su mente, y entran a otra dimensión. Otras tantas escuchan, aplauden y se van como vinieron.

La pregunta, entonces, es: ¿Por qué la gente reacciona diferente, si la unción es la misma para todos? Por la respuesta de la gente. La responsabilidad está intrínseca. La responsabilidad hace que una persona sea confiable, segura. Cuando tú eres responsable, automáticamente eres alguien confiable. La responsabilidad está muy ligada a la capacidad de dar respuestas. Para poder ser libre, hay que ser responsable.

En el proceso de educación, hay tres etapas. Está el niño, al cual tú le debes decir hasta dónde seguir y cuando detenerse en lo que sea que quiera hacer. Eso se llama límites. Y créeme, un niño no puede funcionar si no tiene a alguien que le diga stop. La segunda etapa, en constituyendo reglas visibles. Tú ya no les dices lo que deben o no deben hacer, ellos ya tienen señales visuales que se los recuerda. La tercera y última etapa, es cuando tú quitas todas las señales y tampoco dices nada. Ellos ya tienen la instrucción dentro.

Ese es el top de todo. Ahí es donde el Señor nos quiere llevar. Jeremías lo die: En aquellos días, escribiré mis leyes en su corazón. Y nadie dirá conoce a Dios, porque ya todos lo conocerán. ¡Esa es la meta de Dios! Dios quiere llevarnos a esa tercera etapa. De hecho, para poder llegar a esa etapa, tú debes ser confiable. ¿Y qué significa ser responsable? Que tú eres capaz de responder a lo que Dios te pide.

Yo he oído a muchos hermanos buenos, fieles, sinceros y bien intencionados, asegurar que van a liberar a las naciones. Sólo un problema: ninguno de ellos se ha preocupado siquiera de aprender inglés. Tú llámalo una tontería, si quieres. Tú acúsame de no confiar en Dios. Yo creo que el evangelio tiene un tremendo y sobrenatural poder, pero de ninguna manera es magia. ¿Qué quiero significar con esto? Que la iglesia está llena de gente que quiere hacer grandes cosas, pero que no es en absoluto responsable como para tomar la carga genuina.

Si el domingo te entusiasmas con los coritos en la iglesia y te pones a cantar, a danzar y golpear tus manos diciendo a toda voz que eres parte del ejército de Dios, gloria a Dios por ello, pero si cuando regresas a tu casa ni siquiera sabes cómo orar por un hijo tuyo que tiene fiebre, entonces mucho me temo que en ese ejército todavía no te han reclutado, hermano.

Lo cierto es que Dios quiere introducirlos a una tierra de posesión, de herencia, ese es el Reino. Pero, para entrar en esa tierra, tu mente tiene que ser una mente de conquistador, ¿Estamos? Sin embargo, para tener mente de conquistador, tú debes ser confiable. Y para ser confiable, mucho me temo que tú debes ser responsable. He visto a muchos hermanos tomarse compromisos para determinadas tareas y, un par de días después, ya se cansaron. No son confiables. Dios te quiere dar más, pero no confía en ti.

Entonces, cuando Dios le dice a Josué que va a estar con él como estuvo con Moisés, y Josué sabía que Dios había estado con Moisés todo el tiempo y en todo lugar, Josué le responde dando un brinco de alegría y le dice: ¡Sí Señor! ¡Amén, Señor! Pero Dios lo mira y le responde: De acuerdo, pero lo único que requiero de ti para hacerlo, Josué, es que te esfuerces y seas valiente. Que no te apartes ni a izquierda ni a derecha, que medites en mi ley día y noche. Y no temas, yo estaré contigo, pero tú deberás ser responsable en lo que te pida.

Porque la mentalidad de conquistador, ciertamente se desarrolla, pero lo que más desarrolla el conquistador, es su capacidad de ser confiable a Dios. ¿Y qué dice Jesús respecto a esto? Simple: En lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré, ¿Recuerdas? Listo. Eso significa que para Él, ahora eres confiable. Y porque eres confiable, ahora te dará algo mucho más grande.

Aprende algo: Dios te va a llevar sí o sí a otro nivel, pero recién cuando tú hayas cumplido la tarea que te había dado en este nivel. Eso es lo que la mayor parte de la gente no entiende. ¡Es que yo soy profeta, no soy evangelista! Perdóname, pero aquí estamos todos para predicar el evangelio. El profeta que no es capaz de evangelizar, creo que ni siquiera ha conocido al Señor. ¡Esa es la razón central de la iglesia! ¡Extender el Reino! ¿Y cómo lo hará si no proclama el evangelio a diestra y a siniestra?

A mí no me terminará nunca de entrar en la cabeza, cómo puede ser que exista un pastor, (Ojala fuera solamente uno), que esté al frente de una congregación por espacio de quince, veinte, treinta años, y no entienda que Dios lo puso allí para afectar a la comunidad a la que pertenece. ¡No lo entiendo! ¿Cree que solamente fue puesto para armar lindos cultos, hacer bullicio de gente que parece gozosa y recibir los diezmos por ello? ¿Eso es la iglesia del Señor, para ese hombre?

Si el Señor, tal como se lo dijo a Josué, te dice hoy mismo que Él va a estar contigo y que te va a respaldar, así que no tengas temor de nada, es porque Dios sabe que puedes hacerte encima un día cualquiera si el enemigo te ataca con fiereza. ¡Por eso te pide que te esfuerces y seas valiente! ¿Por qué gastaría palabras inútiles si eso no fuera a ocurrir nunca? Si Dios te dice: No temas, es porque Él sabe que en algún momento te pueden llegar a temblar las rodillas.

Ahora reflexiona: ¿Qué clase de vida supones que tuvo Josué? ¡Agitada, hermano! Más que agitada. Si tú le hubieras visto sus manos, ya de viejo, llenas de callosidades por causa de vivir la mayor parte del tiempo empuñando la espada. ¡Vivió peleando, Josué! ¡Por eso Dios le dijo que no tuviera temor, que Él iba a estar a su lado! ¡Y lo estuvo, pero Josué debió poner su parte de responsabilidad y valentía!

Y si no terminas de creerlo, míralo a David. ¡David se pasó años peleando! Y la única vez que deja de pelear y se toma vacaciones, va y se fija en Betsabé y ahí nomás mete la pata. Conclusión y moraleja: si Dios te llamó a pelear, pelea. Y no dejes de pelear, hasta que Él te diga: basta. Cuando dejas de hacer aquello para lo cual Dios te llamó, ahí es donde te pierdes. Yo no dejo de estudiar, aprender, escribir, grabar y enseñar ni un solo día. Un trabajo que saldrá en audios al estilo audio-libro, lo concluí en la noche de Año Nuevo. ¿Loco? Puede que sí, pero esta locura no me molesta, al contrario.

Cuando eres enviado para hacer un trabajo para el Reino, no puedes mirar para los costados esperando que venga otro a ayudarte. ¡A ti te mandaron! ¡Trabaja! Ah, y tampoco te pongas a mirar para arriba, a ver si desciende un ángel o el mismísimo Espíritu Santo a ejecutarlo. ¡A ti te han enviado! Dios estará dispuesto a hacer algo en el momento en que tú te encuentres con impedimentos y no te puedas mover. Pero, mientras haya algo que para ti sea posible hacer, ¡Tendrás que hacerlo tú! Oye: ¿Qué crees que ocurrirá contigo en los próximos veinte años? ¡Ah, no lo sé! ¡Dios lo sabe! Sí, claro que Dios lo sabe, y que bueno que lo sepa, pero… ¿Y tú? ¿Cómo vas a esforzarte para caminar si no sabes adónde vas?

(Josué 1: 6) = Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. 

¡Esta es un promesa para nosotros, hermano! ¡No se quedó allá lejos en la historia! ¡Así leen la Biblia los incrédulos intelectuales! ¡El pueblo de Dios la lee con la guía del Espíritu Santo! Y el Espíritu Santo nos dice que hoy esta promesa sigue vigente. ¡Tú repartirás al pueblo la tierra que tiene adjudicada por heredad, conforme Dios mismo se los juró a nuestros padres!

(7) Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. 

Quiero aclarar algo que seguramente alguna vez ya te habrán explicado, pero que siempre vale la pena repetirlo. Ser valiente, no significa que haya ausencia de temor. Ser valiente significa afrontar las situaciones difíciles, con responsabilidad. Vas a tener miedo más de una vez. Se le pide a Josué, que circuncide a la gente. El problema es que Dios es realmente quien pelea. ¡Pero Josué peleó, hermano! Sí, Josué peleó, pero fue Dios quien lo respaldó y lo catapultó a la victoria.

El verdadero poder de Israel, era este: su santidad a Dios. El poder que había en ellos, era la luz que había en ellos. Eso disipaba las tinieblas. ¿Sabes qué dice? Que las tinieblas no prevalecen. Los pueblos a conquistar eran pueblos de tinieblas, pero Israel entra como una espada de luz. Cuando la luz entra, las tinieblas se apartan. El requisito para poder ser un conquistador, es tener un corazón circuncidado.

Mira; voy a decirte algo: tú tienes que aprender a circuncidarte. ¿Y qué cosa entendemos por circuncidarse? Es cortar de nosotros todas esas áreas con las que las tinieblas se asocian a nosotros. ¡Qué malo es cuando tú vas a una batalla y el enemigo te saluda y te da un abrazo de bienvenida. ¿Por qué haría eso? Porque hay algo en ti que se asocia con él.

Por eso es que necesitamos ser gente limpia. Por eso te lo quiero describir con sencillez. Circuncidarse a sí mismo, es doloroso, es complicado. ¡Es mejor que alguien lo haga por ti! Sin embargo, mucho me temo que Dios te va a pedir que tú seas quien lo hagas. En la medida que nosotros podamos responder bien a esto, vamos a demostrar eso que vengo diciéndote: responsabilidad.

El mundo no necesita una iglesia inmensa para convertirse a Dios, necesita un Elías, un Josué, un Juan el Bautista. El problema es que eso implica costo y sacrificio. Significa dominar tus propios deseos personales, sobre todo aquellos que tienen que ver con lo que llamamos éxito. Pregunto: Si el Señor te demandara que nunca te cases para servir mejor al Reino, ¿Lo harías?

¡Es un derecho, casarse! ¡Claro que es un derecho! ¡Y nadie puede obligarte! Pero, la cuestión de fondo, es: ¿Tú serías capaz de renunciar a eso? Entrar al Reino no es un asunto místico, es un asunto muy sencillo, pero implica ciertos elementos que tú tienes que tener muy en cuenta a la hora de tomar la decisión. Tú lo vas a tener muy claro, no lo dudo, pero primero deberás dar algunos pasos.

Así es, entonces, que la gran tarea que tienes ahora a partir de este trabajo, es examinarte y preguntarte: ¿Tengo una mente de desierto o tengo una mente de conquistador? Estará bueno que lo investigues y lo descubras. Está bien, hermano…pero… ¿Y qué pasa si descubro que tengo una mente de desierto? ¿Es posible cambiarla por una de conquistador? ¡Por supuesto que es posible! ¡Dios lo hizo conmigo! Y no fui el único de los que andan por allí enseñando estas cosas.

Yo enseñaba estas cosas a una congregación que, en su gran mayoría, no quería saber nada con aprenderlas. Si en lugar de salir como fue el mandato que obedecimos, yo hubiera insistido en quedarme allí, procurando enseñarles a nadar a esta gente q la que ni siquiera le gustaba el agua, muy probablemente yo me hubiera ahogado con ellos. Es un testimonio para nada exclusivo. ¡Miles han vivido lo mismo!

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enero 2, 2020 Néstor Martínez