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Triunfo

¿Alguna vez leíste con cuidado los salmos? Me causa mucha gracia cuando todavía escucho a algún antiguo profe de teología decir que los salmos son “una hermosa expresión de la poesía hebrea”. ¿Poesía hebrea? ¿En qué Biblia leyeron que a la revelación se la denomina poesía? ¡Esto es David! Y como quiera que tú veas, entiendas o no entiendas la relación entre Dios y David, algo es más que evidente: ¡David es revelación!  Mira el salmo 19. Pero míralo sin acartonamiento religioso y sin dejarte influenciar por cualquiera sea la doctrina que te hayan metido en la cabeza cuando eras nuevo o demasiado joven como para cuestionar a quienes te enseñaban.

 Voy a leer solamente sus primeras cuatro frases, mira. Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos. ¿Cuáles son los cielos que cuentan esa gloria? Todos los cielos que existen. ¿Y cuantos son esos cielos? No lo sé, porque no ha sido dicho, pero ten presente que, si se habla en un momento determinado de un tercer cielo, es porque seguramente hay tres o más de tres, ¿No te parece? Lo cierto es que, en todos esos cielos, sean la suma o la cantidad que sean, la gloria, el esplendor, la presencia y la majestuosidad de Dios se cuentan en ellos.

Y el firmamento que anuncia la obra de sus manos, ¿Es lo mismo? No, porque el firmamento es la obra consumada, lo que ahora han comenzado a llamar la raquía. Allí ya no hablamos de Gloria, aunque la haya. Allí nos encontramos con la obra de sus manos, con lo creado, con el todo de todo. Un día emite palabra a otro día, Y una noche a otra noche declara sabiduría. Dice que día tras día vierte su mensaje y que noche tras noche da a conocer su sabiduría. Entiende bien leyendo bien y asumiendo lo que lees. No dice que es por un momento, o por varios momentos, dice que es noche tras noche, todas ¿Quién es el que puede hacer esto, acaso Dios?

Tendría que decirte que no, pero sería un contrasentido porque sabemos que Él está en todo lo hecho y por hacer. Sin embargo, lo que sí puedo decirte que a esto no lo hace directamente. Porque al comienzo te dijo que LOS CIELOS cuentan la gloria y que EL FIRMAMENTO muestra. Siguiendo sujeto y predicado, que es como hablamos nuestro idioma español, a esa palabra y a esa sabiduría, las pronuncian los cielos y el firmamento. El universo y la raquía. ¿Y cómo lo hacen, acaso con voz audible? ¿Con sonidos que puedan ser registrados por nuestros oídos terrenales?

Vamos a verlo, porque es buena la pregunta, no son pocos los cristianos que se la formulan. Aquí dice que No hay lenguaje, ni palabras, Ni es oída su voz. Esto, lo que te está consignando, es que no existe un lenguaje ni un idioma en el que la voz de ellos (Los cielos y la raquia) no sean oídas. Es decir que cuando hablamos de la voz de Dios, la voz de Cristo el Hijo o la voz del Espíritu Santo, nos estamos refiriendo a un mensaje, a un decreto, a una declaración que no tiene idioma ni lenguaje terrenal. No hay modo que el hombre carnal pueda tomar conciencia de un universo o un firmamento que habla, y mucho menos sobre qué es lo que le está diciendo.

Esto da por tierra con tanta porquería infiltrada en la iglesia como doctrina o supuesta revelación. A mí quisieron hacerme creer hace muchos años, que un candidato político a presidente de mi país, que había prometido muchas cosas a los líderes de la iglesia evangélica, era un profeta contemporáneo. ¿Un no creyente portador de la voz de Dios? Es verdad que Dios en su momento hizo hablar a una mula, la de Balaam, pero el contexto de eso era otro. Los cielos y el firmamento tienen su propio lenguaje. Y el nombre natural no lo conoce ni lo entiende. Prosigue: Por toda la tierra salió su voz, Y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; El tabernáculo, aquí, te habla de una cabaña, de una tienda que sirva para paliar el efecto de los rayos del sol.

Entonces coincidimos en que, en verdad, esto es la nube, aquella nube a la que había que seguir y no abandonarla. Quien así lo hacía, daba lugar a que se dijera: Y éste, como esposo que sale de su tálamo, Se alegra cual gigante para correr el camino. Este es el hombre. El esposo que sale de su alcoba lleno de felicidad y se alegra cual gigante, (en realidad en otra versión dice atleta corriendo la carrera y en los originales la justa: hombre fuerte.

Esta es la clave de la victoria, del triunfo que aguardamos. Primero, saber oír la voz de Dios, aunque esta venga de los cielos y el firmamento, y en un idioma que no es el nuestro. Cuando nos es revelada, eso quiere decir. Y luego, encarar la carrera con autoridad, certeza, seguridad y alegría, sabiendo que el final nos hará convertir en hombre fuerte. ¿Sabes lo que es un hombre fuerte santo? Un soldado de Dios, nada menos. Y eso da razón y argumento fuerte para que sigamos creyendo y enseñando que el Reino de Dios no es para débiles ni cobardes. Recuerda siempre: escuchar la voz de Dios sigue siendo una REALIDAD vista como fantasía. Dios no es responsable de eso.

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septiembre 22, 2023 Néstor Martínez