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Sentencias

Dios es Amor. Nadie ignora esto, pero al pensar en el significado del verbo Amar, es inevitable recordar la alegría que nos causa el bienestar de los seres a quienes amamos. Sentimos a sus alegrías como si fueran nuestras, a sus desafíos como si fueran nuestros, a sus problemas como conflictos propios y a sus tristezas que nos duelen y nos acongojan como si fueran nuestras. Pero resulta ser que en algún momento llegamos a descubrir que esas personas a las que amamos son decididamente muy pocas. Incluso, nos demoramos bastante en contar cuantas son. No las encontramos con rapidez. Porque amar nos compromete, nos involucra, nos obliga a entregar, a dar sin restricciones, a servir, a dedicar tiempo, esfuerzo, vida, entregarnos y darnos. Así como la dicha comienza donde termina el miedo, así el amar empieza donde termina la indiferencia.

Esto, sin ninguna duda, no es para nada fácil, pues implica renuncia, despojo, sacrificio. Ahora el otro es más importante que yo, sus necesidades son más importantes que las mías, y su bienestar, a partir de este momento, es mucho más importante que mi propio bienestar. Quizás sea un costo demasiado elevado, es cierto. Quizás hasta resulte también demasiado caro para algunos, y hasta con exigencias que pueden considerarse como desmedidas. Y no faltará quien diga que esto es algo que solamente es apto para locos. Tal vez pueda ser así para ciertos y determinados locos que quieran arriesgarse, que se atrevan a aventurarse en esta tarea de amar. Locos que estén dispuestos a encontrarse con sorpresas, a disfrutar de un vivir centrado en el otro y no en uno mismo.

Centrados en otros locos como nosotros, quizás, dispuestos a descubrir lo más hermoso de la vida, personas locas, comunes y corrientes que se aprestan para amar sin condicionamientos, personas semejantes a ellos, locos que ni siquiera alcanzan a dimensionar lo enriquecedor que resulta amar. ¿Por qué digo todo esto? Porque pese a que quizás no lo encuentres escrito en ningún manual de comportamiento cristiano, ni tampoco forme parte de los lineamientos del currículum requerido para servir en el Reino de Dios, la verdad es que quien es incapaz de amar como hemos descripto, indefectiblemente también será incapaz de servir. Eso, sencillamente porque todo el proceder de nuestra vida de amor real, genuino y no fingido, es un servicio sagrado que se desarrolla día y noche. De allí que esa clase de servicio no solamente ocupa una parte de nuestras vidas, sino el todo.

Porque no estará limitado a una sola actividad específica, ni tampoco a cierto número de actividades determinadas, sino que deberá abarcar todos los aspectos de nuestro diario vivir. Se podría resumir diciendo: debemos seguir haciendo todo como para el Señor, sea quien sea el destinatario real. De allí que Pablo les haya escrito a los creyentes de Roma lo que leemos en el verso 1 del capítulo 12 de su carta: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Así es que, a la luz del gran plan de salvación bosquejado en otras áreas de la Biblia, y particularmente de todas las misericordias, o beneficios, que éste trae a los cristianos, respondamos como corresponde.

Dice que será en sacrificio vivo. Obviamente, no hablamos de flagelaciones ni esfuerzos sobrehumanos para conmover a Dios. Como los cristianos, tanto judíos como gentiles, son el nuevo pueblo de Dios, el nuevo Israel, ¿No deberemos ofrecer sacrificios a Dios como lo hacían los judíos del Antiguo Testamento? Sí, claro que debemos, pero no meros sacrificios de animales en el templo de Jerusalén, tal como ellos acostumbraban, sino que debemos ofrecer nuestros cuerpos, esto es: todo lo que somos, como sacrificio vivo cada día a Dios. Aquí es donde incluimos al servicio. La palabra griega que se traduce como culto, aquí, se usa para referirse a las ceremonias del templo judío, mientras que la palabra racional, puede significar “perteneciente a la razón”. Como tal sugiere que una respuesta racional a las misericordias de Dios sería entregarnos también en un acto de adoración.

La palabra también puede ser entendida como “espiritual”. De esa manera, nuestro acto de consagración constituye una forma suprema de servicio, si quieres denominarlo de una manera conocida y popular, religioso: física, porque nuestros cuerpos están presentes en el acto de adoración, racional, en la medida que nuestra mente es receptiva a su verdad; emocional, cuando sus misericordias son percibidas y despiertan nuestra sensibilidad a la amabilidad de su amor; y espiritual, al ser todo esto el fruto de su Espíritu, que nos revive y renueva. De todos modos, no interesa tanto lo que se vea que haces o expresas, sino lo que Dios mismo está viendo en tu corazón en el momento de adorar o servir. Allí está la clave. Si el Rey dice que está bien, está bien. Pero si el Rey no lo aprueba…Inapelable Sentencia: SIN AMOR NO HAY SERVICIO

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agosto 29, 2024 Néstor Martínez