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Saber Dónde Estás Parado

Yo sé, mitad por análisis estadístico y mitad por discernimiento, que quienes entran en este blog y leen estos comentarios, son creyentes maduros, que abandonaron hace buen tiempo aquellos antiguos rudimentos casi ritualistas que gobernaban las iglesias llamadas cristianas. Y porque sé eso, siempre o casi siempre pongo, en estos trabajos, como se dice en mi país muy afecto al vacuno asado, “toda la carne sobre la parrilla”, que significa algo así como dar lo máximo que se posee, lo más profundo que se tenga conocimiento y lo de mayor alimento espiritual que sea posible y factible. Y es en ese tenor, conociendo tu interés y tu deseo de navegar en aguas profundas y no quedarte en superficies que pueden parecer entretenidas, pero que no te llevan a ninguna clase de pesca nutritiva, tocar aunque más no sea de paso, un tema que no siempre se trata. Y no porque no tenga importancia, sino porque se supone, (Y esto en muchas ocasiones ha sido un error, suponer), que ya es conocido y no necesita mayor aclaración o enseñanza.

Quiero hacerte una pregunta sumamente puntual, pero que precisamente por ser puntual y concreta, no da lugar a dobles interpretaciones o a respuestas ambiguas: ¿Sabías tú, si eres todo lo creyente que dices ser, que estás en guerra? De hecho, tú  podrás decirme y argumentarme lo que quieras bajo el barniz de la enseñanza doctrinal denominacional que te parezca mejor o que hayas recibido, pero déjame aclararte que cuando tú entregaste tu vida a Jesucristo, te uniste, te incorporaste, te sumaste a una guerra que ya había comenzado desde el mismo principio de todos los principios. Y no interesa que me digas que personalmente, no tienes nada contra nadie y que, tal como quizás te hayan enseñado, si tú no te metes con diablos, ellos no se meterán contigo. Tú y yo sabemos, aunque de pronto no queramos reconocerlo, que eso es solamente un argumento y que, como tal, no tiene solidez alguna.

Veamos un ejemplo práctico: si tú eres paisano mío, eres ciudadano de la República Argentina, ¿No es así? Y como ciudadano de nuestro país, si eventualmente y por las razones que se te antojen, las autoridades de nuestro país le declaran la guerra a otro país (¡Dios no lo permita jamás!), ya no importará demasiado si tú  eres un pacifista, alguien que se opone a toda clase de violencia o, incluso, a si eres un creyente en Jesucristo para el que matar a otra persona no figura en su manual de vida. Tu país está en guerra y, si tú eres un ciudadano de ese país, lo cierto es que, te agrade o no, estés de acuerdo o no, tú también lo estás. Si crees que este ejemplo es o puede ser válido, ahora déjame decirte que, como ciudadano del Reino de Dios, tú estás en guerra con el infierno y sus personeros, sean diablos, demonios, hombres o regiones diabólicas. Tu posición espiritual es la de ser ciudadano en el Reino de Dios, pero tu función espiritual es servir como soldado en esa guerra entre la luz y las tinieblas.  

Pero esto no se termina allí, porque ahora vamos a escarbar más profundo: ¿Sabías tú que como soldado de un ejército que eres, se te podría pedir que entregues tu propia vida por tu nación? Pregunto: ¿Por qué debería ser diferente el tratamiento en el ejército de Dios? – ¡No, hermano! ¡A mí lo único que se me pide, es que sea testigo, que de testimonio, que testifique! ¿Ah, sí, eh? Lamento decirte que la palabra griega que se traduce como testigo es la misma palabra que significa mártir. Un testigo, entonces, es decir: un mártir, es alguien que está dispuesto a dar su vida por lo que cree y por lo que representa. Pero antes que un creyente muera por lo que cree, debe estar dispuesto a morir a sí mismo: al yo, a la ley, a la ambición, a su carrera secular, a sus ambiciones humanas. Un buen soldado siempre subordina sus necesidades a una autoridad superior. Estoy hablando en términos espirituales, obviamente. Es como decirte que estoy hablando de Dios, no de hombres. Por las dudas te confundas con las medianías y mediocridades terrenales, ¿Entiendes? Porque, aunque Jesús triunfó sobre Satanás, Él espera que el pueblo de Dios que es Su Cuerpo, haga cumplir en la práctica esa victoria. Después de levantarse de la tumba, recuerda, Jesús les dijo a sus discípulos lo que vamos a leer ahora:

(Mateo 28: 16-20)= Pero los once discípulos (Ya no estaba Judas Iscariote), se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Esto es más que claro: cuando Jesús venció a los poderes de la muerte y del infierno, ganó de una vez y para siempre, autoridad sobre Satanás. Observemos que dice: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Jesús tiene toda la autoridad. La siguiente frase, sigue observando, comienza con un: Por tanto… ¿Tienes idea del porqué de esa expresión? Por tanto, puede interpretarse como por consiguiente o también como ·teniendo esto en cuenta. Jesús estaba diciendo a sus discípulos que él tenía toda la autoridad; teniendo esto en cuenta, es que tú debe< hacer discípulos. La autoridad de Jesús tiene mucho que ver con la forma en que hacemos discípulos. Es decisión nuestra ejercer o no la autoridad que Jesús obtuvo sobre Satanás. La autoridad de Jesús no nos sirve de nada a menos que nos apropiemos de ella. Estamos EN Cristo. Cristo está EN nosotros. Poseemos la misma esencia de SU autoridad. Por ende, esa autoridad suya, hoy es NUESTRA.

¿Verdad que esto de hoy, tanto sea por enseñado como por muy conocido, parece no ser de la misma profundidad de lo que venimos enseñando en otras áreas del ministerio? No te confundas. Si eso es lo que te pasó por la mente, déjame decirte que la mayor cantidad de bajas, (Que es como decir muerte, aunque en este caso sea más espiritual que física, aunque en casos lo incluya), que declara nuestro ejército, es por causa de la ignorancia de esto, aunque rebose de conocimiento de todo lo otro. Decir Guerra Espiritual no es hablar de un ministerio especializado, de un libro escrito, ni de una o dos personas determinadas. Es hablar del día a día de nuestra vida de creyentes. Si todavía no asumes, crees o tienes en cuenta eso, todavía eres soldado desguarnecido y vulnerable. Y yo te quiero y te necesito demasiado como camarada de armas, como para permitir que caigas en combate, cuando tengo las posibilidades de advertírtelo y evitar que eso suceda.

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enero 9, 2021 Néstor Martínez