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Reconciliados

Es notable como, en un momento dado de esos textos que seguramente alguna vez hemos leído, Pablo dirige un comentario muy singular a los falsos apóstoles que trataban de ganarse el favor de los creyentes corintios. Esos impostores tenían como particularidad principal la de juzgar a todos según sus normas humanas. Por eso es que, de acuerdo con sus evaluaciones, Pablo no tenía ni la menor importancia para ellos. Es un espíritu que todavía sigue operando de igual manera. A los auténticos hombres de Dios de este tiempo, la religión organizada no los considera en lo más mínimo, aunque los odia, los espía, los persigue y los injuria.

Sin embargo, Pablo les dijo a los corintios que había aprendido cabalmente a no usar las opiniones de otros hombres para juzgar a la gente. En otra época, había considerado a Jesús desde un punto de vista humano, como el líder de una nueva secta que quería derrocar al judaísmo, pero todo eso había cambiado muchísimo cuando fue convertido en el camino a Damasco. Fue entonces que reconoció a Jesús como el Hijo de Dios resucitado. Cuando los cristianos están motivados por un temor reverencial a Dios y aman a Cristo, su servicio cristiano no será en absoluto algo mecánico. Compartir el evangelio con los que aún no creen será un privilegio y no una obligación monótona.

Se preocuparán de agradar a Dios sin importarles el qué dirán. Esto no sugiere que deben ser tan indiferentes a los sentimientos de otros que se alegren de ofenderlos, sino que cuando se trata de agradar a Dios antes que, al prójimo, querrán obedecer a Él sin darle importancia a las consecuencias. Ese y no otro es el servicio que te propongo. Porque el servicio habitual eclesiástico no te trae inconvenientes si te limitas a hacer todo lo que al pastor se le ocurra. Con que no le falles a él, lo demás no cuenta.

Sin embargo, tanto en la experiencia de Pablo que te estamos delineando, como en lo que él mismo se encarga de preanunciarte, el servicio que te aguarda fuera de los templos tiene que tener como centro a Cristo. Y si te quieren criticar, agredir, injuriar, burlarse, expulsarte y hasta denunciarte ante la ley, que lo hagan. Hay alguien que está peleando tu batalla junto a ti. Eso, claro está, si estás haciendo lo que Dios dice que hagas y no lo que a ti se te ocurre que es bueno. Porque si llegas a hacer lo que a ti te parece sin consultar con el Padre, mucho me temo que verás unas hermosas rejas pero del lado de adentro…

“En Cristo”, es una expresión que Pablo usa a menudo en sus epístolas y reitera que la salvación es una transformación que une al creyente en un maravilloso compañerismo con su Creador y Redentor. También muestra que la salvación no es un rito ni un deseo de cambiar. La salvación, cuando se toma desde la óptica de Dios mismo y no desde la que utiliza la religión global y específica, es una vida nueva, no meramente “dar vuelta la hoja”, ni una serie de buenos propósitos que tarde o temprano se rompen.

Y no se equivoca Pablo cuando dice que todo eso proviene de Dios, porque todo cambio milagroso en la vida de un pecador arrepentido, comienza en Dios, no en el hombre. Es Dios quien ha tomado la iniciativa de redimir al hombre. Él es quien envió a su Hijo para morir por la humanidad y a su Espíritu Santo para redargüir a los hombres de sus pecados para que vengan a Él. Por eso es que absolutamente nada más podría describir con más exactitud la misión que Dios le dio a Pablo que esa frase que hemos leído del Ministerio de la Reconciliación. Reconciliar a dos personas es reunirlas, (re-unirlas, volver a unir algo que estaba unido y se desunió), después que han estado separadas por ciertos conflictos.

Oye: el hombre fue creado a imagen de Dios, pero cayó por causa de su propia desobediencia. Dios no le dio la espalda al hombre; el hombre dejó a Dios. Dios nunca quiso estar separado de su creación, pero la separación sucedió debido a la rebelión de las criaturas. Cierta vez alguien me preguntó cómo podía ser que nosotros fuéramos imagen de Dios, siendo que la misma Biblia dice que a Dios nadie le vio jamás, que es Espíritu y que por lo tanto no puede tener imagen. Se olvidó de Jesucristo: Él es la imagen de Dios, mientras que nosotros somos su semejanza.

En el registro “administrativo” celestial de todos los que han nacido, (Con excepción de Jesús, claro está, ya que Él fue gestado por el Espíritu Santo), hay una deuda que no se puede pagar: la deuda del pecado. Jesús pagó la deuda, pero la transacción no se termina de cumplir totalmente hasta que cada pecador pone su nombre y su firma de aceptación, se aparta del pecado y decide que Jesucristo es, de allí en más, su Salvador personal y Señor de su vida. Eso es conversión, no comenzar a ir a sentarse en un banco de un templo todos los domingos a dormir el aburrimiento.

Esto es lo que verdaderamente permite que Dios quite esa deuda de tu cuenta, para que no tengas que pagar las consecuencias eternas de tu rebelión. La deuda se ha transferido a Jesús, y Él la ha pagado en su totalidad. ¿Te decidirás, definitivamente, a aceptarlo y hacerlo tuyo a ese acto, o no? El máximo servicio que prestó Pablo fue que, después de su dramática conversión, se pasó la vida hablándole a otros de las buenas nuevas, donde quiera que fuera. Era el embajador que representaba al Rey de reyes en la tierra.

Jesús había regresado al cielo, es cierto, pero Pablo estaba de pie en el nombre de Cristo, para llamar al mundo perdido y decirle: ¡Reconciliaos con Dios! La misión, hoy, no ha cambiado. Hay que llevar el mensaje de reconciliación al mundo perdido, lo cual es la esencia viva del servicio. No necesitas ninguna organización estructurada y mucho menos “técnicas” humanoides para hacerlo. Entiende bien esto, por favor: servir a Dios y a otros, no es una carga si el motivo es el amor. Pero mucha atención y cuidado con la sutileza de esto. Estoy diciendo “servir a Dios y a otros”, que no es lo mismo que lo usual de servir a algunos que dicen servir a Dios.

Por eso es que absolutamente nada disuadió a Pablo de modificar su conducta. Ni siquiera la más feroz oposición ni las más duras dificultades. Él amó tanto a Cristo que todo problema que padecía era insignificante en comparación con la fortaleza que recibía de su relación con Jesús. Escucha esto: tú puedes, hoy mismo, experimentar la misma clase de amor porque ese amor es único e indeleble. Ya sé que te lo pueden haber marchitado en tu última congregación eclesiástica, pero ahora ya sabes que no la necesitas para llevar adelante tu misión.

¡Pero hermano! ¿Y si yo le hablo a mucha gente y esa gente se convierte, adonde la llevo después? Primero: ¿Quién te dijo que tú has convertido a esa gente? Segundo: ¿No crees que quien la ha añadido al rebaño sabrá muy bien qué hacer con ellos sin que tú te entrometas? Es mucho, tremendamente mucho lo que Dios ha hecho por el hombre. Te pregunto y me pregunto: ¿Qué cosa ha hecho ese hombre a modo de devolución de amor a Dios? Pelearse entre sí para acceder a cargos eclesiásticos y religiosos que le permitan pavonearse delante de sus “hermanos” y también delante del mundo secular, ganar dinero mal habido, corromperse con los gobiernos humanos de turno, eso es lo que mayoritariamente ese hombre ha hecho como “obsequio” para el Dios de amor que le regaló todo.

Aunque es una gran satisfacción reconciliar a dos personas que se han enemistado, eso no puede compararse con lo que experimenta interiormente una persona que se reconcilia con Dios. ¿Sabes qué? Hemos estado subestimando ese hecho y lo hemos reducido a diez manos levantadas más o diez manos levantadas menos para medir numerológicamente el éxito de una campaña evangelística. ¡Ilusos! El hombre está separado de Dios por mucho más que un simple malentendido o diferencia de opiniones. Es la corrupción del hombre y su desacato a los santos decretos de Dios lo que se levanta entre Dios y el hombre. La única manera de reconciliarlo era por medio de Cristo Jesús y así se hizo.

A esta calidad y cualidad de servicio es a la que el hombre que aspira ser participante de la tarea del Reino de Dios en la tierra, debe acceder. Aquí no caben, (No te ofendas) el ministerio del teatro, de la danza, del deporte o de la colección de monedas. Aquí sólo cabe el servicio conforme a la mente de Dios y no a la del mejor intencionado de los hombres. Para Todo Creyente: ES RECONCILIACIÓN, NO MARGINACIÓN

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octubre 25, 2024 Néstor Martínez