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¿Qué Voces Escuchan tus Oídos?

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      (Joel 2: 28-29) =  Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. 

     ¿Verdad que esta es una tremenda y hermosa palabra profética? ¿Verdad que por años hemos estado esperando el momento de su cumplimiento? ¿Y no es menos cierto que, con la finalidad de llevar al cumplimiento esta palabra, fue equipada la iglesia con ocho funciones claves para la extensión del Reino? Si tú lees con mucho detenimiento Hechos 2, Hechos 3 y hasta Hechos 7, vas a notar lo siguiente: que estas ocho funciones ministeriales allí detalladas, estaban presentes en esa iglesia. Lo primero que Jesús llama, cuando empieza su ministerio, es a los apóstoles; y ya quedaron claras las motivaciones y razones para las que son útiles los apóstoles. Cuando viene el Espíritu Santo, te vas a dar cuenta que se activa lo profético, cosa que todavía no estaba activada. ¿Y cómo sé yo que no estaba activada? ¡Fácil! ¿Qué fue lo primero que hicieron los discípulos para ocupar el espacio de Judas, antes de que el Espíritu Santo descendiera en Pentecostés? Echan suertes. Pregunto: ¿Tú crees que sería necesario echar suertes cuando hay un profeta? ¡No! Entonces, el ministerio profético se activó justo y junto con el envío del Espíritu Santo. Entonces, sobre ese diseño, que son apóstoles y profetas, se inicia la iglesia.

     Luego dice que los hermanos perseveraban en la doctrina de los apóstoles. Vamos a ver: ¿Qué es lo tercero que se activa para perseverar en la doctrina de los apóstoles? ¡Los maestros! Había que enseñarles a estas personas que acababan de recibir a Cristo. Así fue como la gente comenzó a ser instruida. A veces en las casas, a veces en el templo y en las casas, y al final sólo en las casas. Dice que allí revisaban la doctrina de los apóstoles, partían el pan con sencillez de corazón y estaban unánimes juntos. Lo que sucede a continuación, es que los apóstoles siguen haciendo milagros. Ellos habían sido entrenados en esto durante la compañía de Jesús. Y es interesante como arranca esto con Pedro y Juan con el cojo, con el inválido que estaba en la puerta del templo, pero dice que luego los milagros eran cada vez más tremendos. Dicen que eran maravillosos. Tanto que ya ni siquiera tenían que traerles los enfermos, porque dice que sólo la sombra de los apóstoles sanaba la gente.

     Los milagros no eran atributo sólo de un ministerio. Muchos hermanos hacían milagros. Por eso es que no entra ni puede entrar como título. No existe tal cosa como especialista en milagros. Porque, en realidad, a esa función Dios se la ha distribuido a todos los que creen en Su nombre. Y hubo diferentes calidades de milagros. Sin ir muy lejos, yo estimo como un milagro tremendo el hecho de que la gente vendiera todas sus cosas y les trajera lo recaudado a los pies de los apóstoles. ¡Nadie procede así por conciencia humana! Milagros inexplicables. Felipe anda casi como paseando y de pronto se esfuma y aparece junto a un robusto moreno en un carro, le predica un mini-evangelio sintético, detienen el carro, se bajan los dos, lo sumerge en el río bautizándolo y luego se volatiliza en el aire otra vez. ¿No es eso un milagro casi inigualable? Pero, también estaban los que sanan y los que ayudan. Y ahí es donde ellos, empiezan a atender a la gente pobre. Y allí también es donde ellos eligen a siete ayudadores, diáconos, servidores, para que ayuden en la alimentación de la gente.

     Lo que sucede es que el Espíritu Santo estaba soplando una sola cosa, que es lo absolutamente lógico. No hay forma ni manera de que haya dos o tres versiones de lo mismo. Si a alguien Dios lo envió a sembrar una palabra de esperanza a un lugar, no puede haber llamado a otro para que vaya a ese mismo lugar con una idea totalmente opuesta. ¿Usted me está queriendo decir que todos deberíamos oír una misma voz? Estoy absolutamente convencido que sí. Reitero: el Espíritu Santo es uno. ¡Pero puede enviar a muchos a un mismo lugar con misiones diferentes! Sí, pero en unidad con un solo objetivo, no unos en oposición con los otros. ¡Eso no es Dios! Yo creo que el Espíritu Santo es el que conduce esta nave en la que todos estamos navegando.

     Y también creo que es el que ha sido enviado a guiarnos a toda verdad. Y la verdad es una sola, no pueden existir diez verdades distintas y opuestas entre sí. Ninguna casa dividida prevalece. Toda la formación teológica y doctrinal que tenemos en acceso, ayuda y mucho. Pero de ninguna manera alguien podrá suponer que eso reemplaza al Espíritu Santo. Por eso, lo primero que deberíamos hacer para retornar al diseño correcto y salirnos fuera del sistema religioso imperante, es ver si estamos escuchando al Espíritu Santo. Ahora vamos a lo crucial. Si yo pregunto de manera masiva a todos los que me están leyendo, si se guían por lo que oyen del Espíritu Santo, seguramente de manera casi mayoritaria me dirán que sí, que seguramente, que sin dudas. Entonces déjame que te formule la pregunta clave: ¿Qué mecanismos pones en marcha para escuchar la voz del Espíritu Santo? ¿Cómo te aseguras que es el Espíritu Santo quien te está hablando? Te lo digo de otro modo: ¿Qué herramientas tienes para escuchar las voces del Espíritu? Si no sabes, no puedes o no quieres responder estas tres preguntas, tú corres el riesgo de estar escuchando demasiadas voces.

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octubre 26, 2018 Néstor Martínez