La ciencia secular dice que el hombre es un ente bio-psico-social. Los hijos de Dios sostienen que no, que el hombre en verdad es un ente bio-psico-socio-trascendental. Muy probablemente se pasen cada uno de ellos los próximos cincuenta años tratando de probar sus respectivas tesis. No habrá caso, el justo por la fe vivirá. El hombre está compuesto por cuerpo y alma, aunque la misma Biblia en ciertos pasajes añade espíritu, Tanto el alma como el espíritu se ponen en contraste con el cuerpo, significando el componente incorpóreo del hombre. Sin embargo, hay una distinción entre alma y espíritu. Con frecuencia, se emplea el término alma para expresar la parte inmortal del ser humano, y en ocasiones se usa para denotar la persona. La Biblia dice que todas las personas (NEPHESH-ALMA) que vinieron con Jacob a Egipto, etc.etc. El alma, cuando es distinguida del espíritu, lo es como el asiento de los apetitos y deseos. El rico dijo: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, bebe, regocíjate. (Lucas 12: 19). Aquella noche fue pedida su alma. La salvación del alma no puede ser distinguida de la salvación de la persona.
El espíritu es, característicamente, la parte más elevada del hombre, marca la individualidad consciente, y así distingue al hombre de la creación. Dios sopló en la nariz del hombre el aliento de la vida, y por ello el hombre fue puesto en relación con Dios, y no puede ser realmente feliz separado de Él, ni en su existencia presente ni en la eternidad. Si el mundo pudiera entender esto, ¡Qué distinto sería todo! ¿No te parece? La palabra de Dios es cortante y penetra hasta partir el alma y el espíritu del hombre, aunque pueda no ser fácil para el hombre ver esta división. El apóstol oraba por los tesalonicenses para que el espíritu (Que probablemente es contemplado como el asiento de la obra de Dios), así como el alma y cuerpo, fueran santificados. En la carta a los Hebreos leemos de los “espíritus” de los justos como hechos perfectos, y que su puesto es con Dios por medio de la redención. Aquí es evidente que “espíritus” significa las personas fuera de su cuerpo material y físico.
Al haber sido dado el Espíritu Santo al cristiano, como la energía en él de la vida en Cristo, es exhortado a orar con el espíritu, cantar con el espíritu, andar en el espíritu, de forma que en algunos casos es difícil distinguir en estos pasajes entre el Espíritu de Dios y el espíritu del cristiano. Es la tercera persona de la Trinidad, aunque esta palabra no figure en nuestras Biblias. Se le llama, además de Espíritu Santo, también: Espíritu de Jehová, Espíritu del Señor, Espíritu del Padre, Espíritu de Jesús, y es también el Espíritu de verdad, de vida, de fe, de amor, de poder, de sabiduría, de gracia y de gloria. El Espíritu no es un mero poder ni una expresión figurada de la energía divina, como lo pretenden, por ejemplo, los antitrinitarios. Porque ya lo sabes, hay gente que se auto titula como cristiana que no cree en la Trinidad. ¿Será que por eso no tienen acceso a toda verdad? La Escritura le atribuye una personalidad distintiva, como también sucede con el Padre y con el Hijo.
Siempre se emplea en relación con el pronombre personal masculino a pesar de que en griego el término “Espíritu” sea neutro. El Espíritu piensa, conoce el lenguaje, tiene voluntad. Se le puede tratar como una persona, se le puede mentir, se le puede probar, se le puede resistir, se le puede contristar, se le puede afrentar. Por otra parte, también enseña, testifica, convence, conduce, entiende, habla y anuncia. Cuando decimos que unidad es estar en un mismo Espíritu, estamos hablando de esto. ¿Lo entiendes? Los textos que hablan de la personalidad del Espíritu afirman también generalmente su divinidad. Posee los atributos divinos, esto es: Omnisciencia, Omnipresencia, Omnipotencia, Eternidad. Es identificado con Dios o con el señor. Es la blasfemia contra el Espíritu Santo la que no tiene perdón. Es Él quien da aliento al hombre y a los animales, está en medio del pueblo de Dios, capacita a ciertos hombres de cara a una tarea especial, pero nos es dado y también nos puede ser retirado.
Así se explica la oración de David, cuando en Salmos 51:11 dice: No quites de mí tu santo Espíritu. Los profetas ya anunciaban muy claramente cuál iba a ser Su obra en el Nuevo Pacto. El Señor fue asistido por el Espíritu a lo largo de toda su carrera aquí en la tierra. Por el Espíritu, fue concebido, ungido, sellado, llenado, revestido de poder, conducido, ofrecido en sacrificio, y resucitado. Si el Hijo del Dios viviente no pudo pasar ni un solo día sin la asistencia del Espíritu, ¿Cuánto más lo necesitaremos nosotros? Según Jesús, la primera obra del Espíritu en el hombre es la de convencerle de pecado. Sin esta convicción, nadie puede sentir la necesidad de un Salvador, y el pecado que el Espíritu destaca es precisamente el de no haber creído todavía en Cristo. En efecto, los hombres están perdidos no por ser pecadores, sino porque siendo pecadores no deciden recibir al Salvador. La blasfemia contra el Espíritu Santo es la atribución de las obras y testimonio del Espíritu Santo a Satanás con contumacia, cuando es innegable y totalmente evidente que la obra de testimonio es de Dios.
Es este estado en el que el hombre se cierra ante toda la luz posible, ante la misma manifestación plena del poder de Dios en gracia, la Palabra se manifiesta de un modo inexorable. Este pecado involucra un corazón lleno de odio hacia la verdad y hacia la luz de Dios, y lleva a la perdición, por cuanto encierra al hombre en una actitud totalmente aberrante en contra de Dios y de su testimonio. Esto ha sucedido en nuestras congregaciones, y mucho más de lo que supones. Se hace así absolutamente incapaz e indispuesto a creer. Entonces se hace imposible el arrepentimiento y el perdón. Es un estado irreversible, en el que se da un endurecimiento judicial (El caso de Faraón, endurecido por Dios). Por otra parte, el caso de la persona que anhele ir a Jesús, pero que está atormentada por la idea de que ha cometido el pecado imperdonable, es totalmente distinto.
Su angustia y deseo de ir a Jesús para recibir su perdón constituyen evidencia clara de que no lo han cometido. Las personas encerradas en el castillo de la angustia tienen a su disposición la llave de la promesa. El texto bíblico recibe su plena fuerza cuando señala y puntualiza que: Al que a mí viene, de ningún modo le echaré fuera. La regeneración o nuevo nacimiento es la resurrección espiritual que opera el Espíritu Santo en el corazón del pecador en el momento de la conversión. Luego será vivificado y le brindará una nueva vida, dejándole vivir el bautismo del Espíritu prometido por Juan el Bautista y por Jesús. Todo eso conforma una serie de actos que constituyen lo que Dios hace, a partir de entonces, miembros del cuerpo de Cristo. El Espíritu toma al pecador arrepentido, y lo sumerge en Cristo; une, a partir de entonces, la cabeza con los otros miembros del cuerpo.
Este bautismo lo reciben todos los creyentes, salvo que se nieguen a creer su veracidad. Pablo afirma que ya es un hecho cumplido para el creyente, cuando dice que por un mismo Espíritu hemos sido todos bautizados en un cuerpo. Esto es cierto incluso para aquellos en Corinto que eran aún carnales. En el libro de los Hechos, la expresión de “bautizar con el Espíritu Santo”, aparece solamente dos veces: con ocasión de Pentecostés, cuando los ciento veinte discípulos fueron hechos miembros del cuerpo de Cristo, que el Espíritu formó a partir de aquel momento, y con respecto a la experiencia de los gentiles en casa de Cornelio, que fueron también unidos al cuerpo de Cristo en el momento de su conversión. Otros pasajes presentan al bautismo como siendo la operación por la cual Dios nos sumerge en la muerte de Cristo para resucitarnos con Él, quedando “revestidos de Cristo”. El bautismo en cuestión es evidentemente el bautismo del Espíritu Santo, del que el bautismo de agua es sólo símbolo y testimonio. Idiosincrasia del Maestro Es: ENSEÑANZA SIN DOCTRINA
Aquí hay dos temas interesantes, el Maestro y el espíritu. Personalmente he tardado muchos años en poder saber “dónde esta mi espíritu”, es decir identificarlo claramente como parte de mi ser. En esto doy gracias a Dios por la obra de W. Nee que por lo que se, ha sido el único a poder guiar a los creyentes en ese camino. Cuando alcanzamos ese estado que efectivamente ocurre por separación del alma con el espíritu, entonces somos capaces de distinguir lo que procede de uno o del otro. Eso es fundamental para seguir avanzando en ser Ayuda en el Reino.
Digo ayuda, con mayúscula, porque allí viene el segundo asunto: no me considero Maestro. Primero solo hay uno. Como solo hay un Padre, dixit Jesús de Nazareth.
Pero Ayuda podemos ser. Si también consideramos que tenemos que llegar a ser idénticos al Maestro, tendremos que entender que Aquel desempeñaba todos los “ministerios”.
Arriesgando la crucifixión por la opinión cristiana, me situó en la posición según la cual, exactamente como lo hizo Jesús, los conceptos dogmáticos actuales han caducado. Esto no significa que eran falsos, sino que eran temporales.
Los dogmas no son Palabra, sino aplicación de ella a un tiempo concreto. No un tiempo natural (kronos) sino espiritual. Intuyo ademas que los tiempos de Dios, pueden no ser los mismos en todos los lugares de la creación, esto es otro tema.
Así que me doy cuenta que la “Iglesia” de los nuevos tiempos toma una forma totalmente distinta a la conocida anteriormente.
Para definir su principal característica, el concepto es que “nadie tendrá que enseñar a su hermano sino que todos conocerán a Dios desde el más pequeño de ellos hasta el más grande”
Esa posición de conocimiento deshace los conceptos ministeriales compartimentados, sino que los une en una persona como ha sido en Jesús de Nazareth.
La tarea de los nuevos guías sera de ayudar a los Hijos del Reino a llegar al entendimiento de sus nuevas aplicaciones a los tiempos kronos en los cuales vivimos.
La Reforma es continua, hasta la fusión completa de las dos dimensiones principales de la creación: eso el la finalización del retorno de Cristo.