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La Importancia de No Hacer Nada.

APRENDE-A-NO-HACER-NADA

     Hace pocos días escuché a un pastor que lidera una importante congregación. Él decía que estaba un poco acongojado por causa de la incomprensión de muchos de sus pastoreados. Y todo porque desde hace un tiempo, eligió convertir a su iglesia en una iglesia de Reino y no de la denominación a la que pertenece. Y eso, claro está, lo ha llevado a dejar de lado muchas de las tradiciones que dicha denominación posee. Pero no te creas que él hizo eso por autoritarismo o prepotencia. No, simplemente le dijo a su gente que, a partir de ese momento, solamente haría lo que el Espíritu Santo le ordenara, nada más.

     Allí, comentaba con cierto humor, fue donde algunos de los hermanos de su iglesia le preguntaron qué harían si el Espíritu Santo se quedaba en silencio y no les ordenaba nada. Se sorprendieron mucho cuando él les respondió que si el Espíritu Santo no les bajaba ninguna orden, lo que él iba a hacer era exactamente eso: nada. Claro está que la gente siempre prefiere hacer algo por tradición o costumbre, a no hacer nada por orden del Espíritu Santo. Lo que vemos hoy como iglesia, es el resultado de esa costumbre.

     Se supone que la misión de la iglesia, que es asamblea, es complacer al corazón del Padre, no al de la gente. Y ni quieras negarte, porque el infierno mismo se desata en tu contra en modo-planeta-tierra. Y todo porque un hombre dijo que no iba a hacer nada hasta que Dios no lo diga. ¡Qué peso tiene la cultura! Y cómo somos gente que de la boca para afuera decimos que vamos a hacer lo que Dios nos diga, pero que en el fondo, ya hemos decidido lo que queremos y lo que no queremos hacer.

     Lo he visto centenares de veces. Lo hemos visto centenares de veces. Es mucho más fácil decir: “Señor, bendice lo que vamos a hacer”, que decir: “Señor, ¿Quieres tú que hagamos?” Porque, créeme, ¡Es muy difícil no hacer nada! ¡Claro! ¡No somos unos vagos! De hecho que no son vagos, pero: ¿No deben esperar en silencio que Dios hable, y mientras tanto no hacer nada? Ah, sí, veremos…

     (Salmo 1: 2) = Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.

     La ley de la que se habla aquí, traída al hoy, es Su Palabra. Me pregunto cuántos de nosotros consideramos a la Palabra de Dios como nuestra delicia. Y más, todavía: cuantos de nosotros meditamos en ella de día y de noche. ¿Sabes lo que es meditar, verdad? Es sencillamente poner nuestra mente en ella, sin hacer nada más. El orientalismo lo sabe mucho mejor que el occidentalismo a esto, sólo que ellos dedican esa meditación justo y exactamente a la vereda de enfrente, al área que comanda nuestro enemigo. Aunque, claro está y en honor a sus sinceridades, por engaño, sin saberlo. Algunos, no todos…

     Lo que ocurre es que por años y años, la iglesia ha hecho un verdadero culto superior del activismo. ¿Y sabes lo que dice la Palabra? que nosotros somos fuertes, si meditamos en Él. Y meditar, hasta donde yo sé, es escuchar quieta y atentamente. Y que no te quepan dudas, la gente, al menos en su gran mayoría, ama más a la iglesia, que a Dios mismo. Pero, a ver: ¿Es una ofensa hacer algo en homenaje a la iglesia? No. No lo es. Pero lo que sí puede ser una ofensa, es hacer una fiesta en una casa, sin pedirle permiso o preguntarle si está de acuerdo, al dueño de la casa. ¿Está claro?

     Así lo hacemos permanentemente como iglesia. Lo hacemos todo en su casa, pero no le pedimos permiso. Decimos que todo lo que hacemos es para Él, pero ni siquiera le preguntamos si le gusta o no lo que estamos haciendo. Decimos que dependemos de Él, pero normalmente ya tenemos nuestros propios planes. Así lo hacemos permanentemente como iglesia. De allí que no es ni aventurado ni mucho menos malintencionado decir que hoy no se depende de la voluntad de Dios, sino de las costumbres y las tradiciones. Pregunto: ¿Habrá un novio que esté feliz de casarse con una novia que piensa así? No lo sé, todos nosotros seguimos pensando que sí…

     Hay gente que ha sido expulsada de una iglesia, sólo porque se atrevió a ir y decirle al pastor que Dios le había hablado y le había dicho algo opuesto a lo que el pastor pensaba. ¿Sabes qué? El mayor enfrentamiento, hoy, que tienen los auténticos creyentes de Reino, es contra una cultura enraizada en la iglesia. Una cultura que habla y sigue hablando de Dios, pero que lo ha sacado de sus agendas diarias hace mucho tiempo. Ese es el cambio más violento: ¿Vamos a seguir haciendo lo que ya sabemos que no está bien? Aquí hay uno que decidió no hacerlo, y ni por asomo presumo de ser el único, Dios me libre de serlo. Una iglesia, por exitosa que sea, jamás puede parecerse a su líder; tiene que parecerse al Señor. 

     (Sofonías 2: 1) = Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, 

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septiembre 25, 2018 Néstor Martínez