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¡Toma tus Llaves y Entra!

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     He recibido instrucciones precisas que determinan la formación de una conducta y una cultura necesarias para ingresar al Reino. No es tiempo de entretenimiento, es tiempo de acción. Y comienzo por lo principal: creo en la sanidad física divina. Creo en los dones de sanidades, (Así, en plural, por sanidades físicas, emocionales y espirituales), así que, cuando hablamos de enfermedades, tengo muy presente que mi Señor, en un abrir y cerrar de tus ojos, puede eliminarte al instante, tanto una inflamación de un diente, como una infección con alta temperatura o un mismísimo cáncer. Creo en la sanidad divina, es bíblica y funciona.

     En lo que no creo, en cambio, es en la organización de Campañas de Sanidad y Milagros. Porque he interpretado que, si yo tengo otorgado por mi Padre un don de sanidad, éste se hará efectivo y producirá tremendos resultados, en el momento en que sea necesario y, esencialmente, en el momento que a mi Señor le plazca en su santa Soberanía, y por las razones que a Él le competan, que así sea. Pero de allí a montar un espectáculo casi circense donde Dios, ¡Nada menos que el Dios de todo poder y Majestad!, está presente allí nada más que para obedecer todas las ocurrencias del ministro a cargo, perdón, pero no. A eso no lo creo y ni siquiera lo justifico. Porque no es bíblico y no funciona así.

     Sin embargo, el asunto principal me dice que tendré que recalar en los motivos, o el motivo esencial por los cuales ese tipo de shows todavía tienen éxito en cuanto a público asistente y hasta masivo apoyo eclesiástico: hay mucha enfermedad en la gente. Y si en la gente hay enfermedad, quizás pueda ser por sus desarreglos y hasta sus vidas pecaminosas, de acuerdo. Pero resulta ser que también hay enfermedad en lo que llamamos la iglesia, y también mucha, demasiada. ¿Y seguiremos pensando que se tratan, siempre, de ataques del diablo, aunque el enfermo sea alguien que asiste a un culto una vez al mes? ¿Se preocupará el infierno por alguien que no lo molesta para nada?

     (Éxodo 15: 26) = Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador. 

     Es la ley, de acuerdo, y hoy vivimos en la era de la Gracia, pero pregunto: ¿Ha quedado caducado este concepto? ¿De verdad creemos que sí? ¿Ya no tendremos, entonces, como gente de Reino, la obligación de ser personas Rectas? ¿Podremos vivir como nos dé la gana y esperar, que por simple hecho de pertenecer a una determinada religión cristiana, Dios tenga la obligación de seguir siendo nuestro sanador? Sé que puede haber hermanos que lo estén viendo así, pero permítanme decirles que, por favor y en el nombre del Señor, repasen sus doctrinas.

     Porque cuando acudimos a un diccionario en búsqueda del significado de Rectitud, nos encontramos con que es muy escueto en ello. Apenas si vemos un sinónimo: Integridad. ¿Qué hará un buen estudiante, entonces? Ir corriendo a ver el significado de Integridad. ¿Y sabes qué encontrará? Que la única acepción para esa palabra, es precisamente: Rectitud. Así es que prescindiremos del diccionario y lo veremos desde el ángulo más concreto y simple: Recto es algo o alguien que no se dobla ante nada. Integro es algo o alguien que no se desarma ante nada.

     Y cuando digo “ante nada”, estoy cubriendo una amplia gama de posibilidades en modo-tentación, provenientes de las oficinas promocionales del infierno: dinero, fama, prestigio, sexo, etc. Cualquiera de estas cosas, sumadas a otras que no he escrito son capaces, si nos dejamos vencer por nuestras debilidades carnales, de hacernos perder nuestra rectitud y nuestra integridad. Y ya leímos lo que sucede cuando eso acontece. Y podemos seguir leyendo para ver qué ocurre cuando lo cumplimos.

     (Deuteronomio 6: 18) = Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres; (Poseer la buena tierra es, puntualmente, acceder a la herencia prometida para los hijos del Reino)

     (Salmo 11: 7) = Porque Jehová es justo, y ama la justicia; El hombre recto mirará su rostro. (Cuando el hombre busca el rostro de Dios y no lo halla; cuando ora y sus oraciones no parecen ser oídas y mucho menos respondidas, tendrá que examinarse, para ver si está caminando en rectitud)

     (Proverbios 2: 7) = El provee de sana sabiduría a los rectos;  Es escudo a los que caminan rectamente. (Esto te enseña dos cosas: que si andas en rectitud accederás a mayor sabiduría divina, y que si andas de ese modo, Dios mismo será tu escudo protector. 

     (Lucas 8: 15) = Más la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. (Y por si te quedaba la duda de si todo tenía que ver solamente con el Antiguo Testamento, aquí lo tienes de boca de Jesús. El fruto sólo será resultado de un camino de bondad de corazón y rectitud.)

     Al igual que lo preguntaba con el tema de la mentira, ¿Era necesario recordarle esto al pueblo santo? Si me dejo influir por las noticias que recibo de ustedes, es probable que no, que con ustedes, los que me acompañan a diario aquí, no sea necesario. Pero si pienso que ustedes, a su vez, están guiando a otros, demasiado culturalizados todavía, por la religión cristiana tradicional, a procurar ingresar al Reino de Dios, entonces me temo que sí, que era necesario recordar que solo los Rectos e Íntegros entraran en ese nivel, en esa dimensión divina. Ese es uno de los juegos de llaves que abre la puerta de ingreso. ¿Te atreverás a tomarlo?

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septiembre 21, 2018 Néstor Martínez