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Identidad

Tengo una buena pregunta para formularte: ¿Tú sabes quién eres? ¿Entiendes o es muy complicada? – ¡Es muy fácil, hermano! – ¿Ah, ¿sí? ¡No me digas! Hagamos la prueba, entonces. Aunque yo desde mi ordenador, con mis ojos en el monitor y mis manos en el teclado no pueda oírte, tú respóndeme igualmente. Yo te voy a dar respuestas tipo, modelos. Ahí va la primera: ¿Quién es usted? – Yo soy Juan Pérez. – No, ese es su nombre. Yo le estoy preguntando quién es usted. – ¡Ah!, Está bien; soy un maestro de enseñanza bíblica… – Tampoco; eso es lo que usted hace, pero no quien es. ¡Ah! De acuerdo. Entonces yo soy un argentino más, un rosarino más. – No. Tampoco me sirve eso. Porque eso me indica adonde vive, pero no me dice quién es usted. – Ehhh…soy de las Asambleas de Dios… – Sigue equivocándose. En todo caso, esa es su preferencia denominacional.

Mira; no pierdas más el tiempo. No es tan simple como te parece. Incluso, a todo esto, me podrías agregar: cuanto mides, cuanto pesas y mil datos más y tampoco me dirían quién eres, apenas me estarías suministrando tus dimensiones físicas que, pese a ser importantes, no conforman tu verdadero yo. Míralo de este modo: si a ti te cortan tus brazos y tus piernas, ¿Dejas de ser tú? ¿No, ¿Verdad? Si te sometes a un trasplante de corazón, hígado o riñón, por tener un órgano ajeno, tú ¿Dejas de ser tú? Tampoco. Y así sucesivamente. Claro está: si continuáramos cortándote en pequeños trozos, en algún momento, encontraríamos al verdadero tú porque, allí dentro, en alguna parte, estás tú. Eso sí; Quien eres tú, es mucho, muchísimo más importante de lo que pueda verse en el exterior. Mira lo que dice Pablo:

(2 Corintios 5: 16) = De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aún si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. Fíjate que cosa curiosa, porque todos tenemos la tendencia a identificarnos con el resto de las personas por distintos y diversos motivos: desde lo físico (Altos, bajos, obesos, delgados), por la actividad que tenemos (Hay profesiones que hacen de sus reuniones verdaderas cofradías casi sectarias); en lo intelectual, (Hay sectores que se agrupan y comparten, incluso, cierto desprecio por los ignorantes y otros, que por el contrario, sienten un muy particular rechazo por todo aquel que evidencia algún tipo de conocimiento superior. Muy bien; los creyentes no somos la excepción. Nuestras identificaciones más cotidianas son, notoriamente, las que tienen que ver con posiciones doctrinales; es decir: denominacional. Nos guste regular o mucho la unidad en el Espíritu, creamos verdaderamente en ella y hasta la prediquemos, en lo íntimo, siempre tendremos algún pensamiento que divide a “nosotros de ellos”.

Otras de las identificaciones más visibles son las que tienen que ver con el tipo de actividad o cargo que ocupamos en la congregación. Ujieres con ujieres, diáconos con diáconos, ministros con ministros, el coro con el coro y los músicos con los músicos. Está bien, hay razones interesantes y lógicas para que así sea, pero a veces… Entonces, es aquí donde te pregunto lo que tiene que ver con la encuesta inicial: ¿Puedes determinar quién eres tú, entonces, por lo que haces? ¿O se determina lo que haces por ser quién eres? Fíjate que esa es una pregunta importante, especialmente con relación a la madurez cristiana. Yo, particularmente, creo que se determina lo que uno hace por quien es uno. Creo de todo corazón que la esperanza de crecimiento, significado y satisfacción como cristiano está basada en comprender quien es uno específicamente, la identidad de Cristo como hijo de Dios. El entendimiento de quién eres tú es el fundamento crítico para la estructura de tus creencias y los patrones de tu comportamiento como cristiano.

En suma: Voy a repetir la primera pregunta y la que debería ser mi respuesta correcta. ¿Sabes quién eres? Sí, soy un hijo de Dios por la fe en Jesucristo, parte de su cuerpo en la tierra y miembro del Reino de Dios por decisión. Cualquier otra cosa que veas en mí, no tiene valor porque es carne, alma, espíritu humano. Lo que me lleva a la victoria es esto, porque esto es Espíritu Santo en acción obrando en mí, único modo que conozco para llegar a toda Verdad. Cristo es la Verdad, por eso estoy en Su Camino, es el único para tener Vida y no una imitación terrenal barata, que es la que vive una mayoría de seres.

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febrero 16, 2024 Néstor Martínez