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¿Hay Necesidad de Hablar de Esto?

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     Cuando tenía las clases de escuela bíblica en la que fuera mi última congregación convencional, solía decirles a mis alumnos a modo de ilustración práctica, que si yo le decía un día a mi hijo menor, que por entonces era muy pequeño, que por el aire de nuestra casa estaba pasando un elefante volando, él iba a salir rápidamente a la calle. Pero no para comprobar si eso era cierto o no, sino directamente para ver a qué altura volaba. Eso se llama credibilidad. ¿Tienes una idea del valor que tiene esta palabra, sobre todo en tus hijos?

     Independientemente de lo personal, que era utilizado simplemente como ejemplo, pero que por rebote natural tenía un alto compromiso de exposición, ya que me obligaba a no fallar, es indudable que ya en aquellos tiempos, la mentira en todas sus facetas ya era un problema altamente visible en el ambiente eclesiástico. Y no se trataba sencillamente de la mentira con envase mundano, algo que en todo caso deberíamos esperar como recurso casi clásico y tradicional de la raza humana en su conjunto, sino de la otra mentira mucho más triste y grave: la mentira interna.

     Porque, veamos: si yo te doy una verdad genuina, pero con un añadido enfático sumamente exagerado y no del todo cierto, ¿Cómo le llamaríamos a esa fracción del tema que no es auténtica verdad? No hay otra definición que la opuesta a verdad: mentira. ¿Y sabes qué? He escuchado, (Y supongo que también lo habrás oído tú), desde los mismísimos púlpitos, exagerar sobre asuntos determinados al grado de la fantasía. Y todo quizás con una buena intención, evangelizar, pero a partir de verdades exageradas. Eso, amado hermano, es un engaño satánico infiltrado notoriamente en la iglesia.

     Satanás no es creador, todos lo sabemos. Él tiene, como mejor estrategia de combate contra el pueblo de Dios, tomar una verdad divina y desplegarla de tal modo que, en el momento en que infiltre en esa verdad una serie de mentiras ideadas para confundir, esas mentiras ingresen en la mente de los cristianos con el mismo valor que una verdad. ¿Cómo rotulamos eso sin utilizar eufemismos clásicos y tradicionales, que casi siempre vienen cargados de permisividad jerárquica? No tengo otra palabra que la que ya conozco: mentira. Y Jesús, por medio de Juan, es demasiado claro al respecto.

     (Juan 8: 44) =  Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. 

     Está claro y va mucho más allá de actitudes estrictamente legalistas o decididamente permisivas. Si Satanás es padre de mentira, todo aquel que no ha podido abandonar la costumbre, el hábito o la adicción a la mentira, sigue siendo más hijo de Satanás que de Dios, aunque así lo exprese. Y la distancia visible entre una cosa y la otra, es mínima. Puedo enseñarles a mis hijos a no mentir, y eso estará perfecto. Pero si cuando llega un cobrador a mi puerta, les digo a mis hijos que le digan a ese hombre que no estoy y que vuelva luego, ya caí en la trampa. Porque no caí en mentira por debilidad o ignorancia, pensé y elaboré una mentira.

     Entonces, algunas religiones muy infiltradas de paganismo y hasta de esoterismo, acuñaron una expresión que, por conveniente, ganó mucho espacio, aún en nuestros venerables ambientes eclesiásticos puros y doctrinariamente correctos: La Mentira Piadosa. ¿Cuál sería una mentira piadosa? Y te dan los ejemplos más frecuentes. Casos de enfermedades terminales, fallecimiento de seres queridos, infidelidades de cónyuges, etc. Mi pregunta, es: ¿Eso es piadoso, que en términos bíblicos significa nada menos que espiritual? O, en el terreno humano, ¿Eso es un símbolo de compasión o lástima por el prójimo?

     (Apocalipsis 21: 8) = Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

     Supongo que este texto no puede dejarte duda alguna. Si al menos en la última parte dijera: algunos mentirosos que no sean piadosos, o algo por el estilo, muchos se sentirían más seguros. Pero no dice eso; dice que todos, lee bien por favor, TODOS los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre. Y sería una enorme mentira de mi parte procurar que creas que ese lago forma parte de ese cielo prometido por Dios para todos sus hijos herederos de la promesa.

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septiembre 19, 2018 Néstor Martínez