Mucha gente confía en el azar, o en la suerte. Incluso algunos cristianos participan en juegos de azar, comprando loterías y cupones, poniendo en ellos su esperanza de una vida mejor. ¿Es correcto esto? ¿Debemos los cristianos participar en juegos de azar? ¿Debemos poner nuestra fe y confianza en la suerte? Aunque te parezca increíble, algunos han creído hallar sustento en la Biblia para tales prácticas.
(Hechos 1: 26) = Y les echaron suertes. Y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
Es evidente que los apóstoles usaron el método de “echar suerte” para escoger entre dos candidatos a ser el sucesor de Judas entre los doce. La gran pregunta, es: ¿Por qué lo hicieron? La razón está en que la suerte, se utilizaba en aquella época para adoptar decisiones en ciertos casos, que no estaban claros en la Palabra de Dios.
Y te podrá parecer más raro, todavía: se usaba como un medio de consulta a Dios. Cuando había varias posibilidades, se hacía uso del azar, entendiendo que éste era dirigido por Dios. La escritura de Proverbios 16.33 parece confirmar esto: La suerte se echa en el regazo, más de Jehová es la decisión de ella. Y otra en el mismo sentido está en Proverbios 18.18: La suerte pone fin a los pleitos, y decide entre los poderosos.
La Biblia no especifica la manera en que se echaba a suerte, pero la tradición judía y algunos documentos de Mesopotamia, hablan de la utilización de trozos de madera o piedras pequeñas, que eran echados o arrojados al suelo y, depende como cayeran, determinaban resultados. También hay textos que hablan del uso de una cuerda, Salmo 16.6; Isaías 34.17.
Según Levítico 16.8, se usó en la elección de los machos cabríos para el sacrificio. En Josué 18.6 leemos que se la usó para el reparto de la tierra prometida. En 1Samuel 14.36-46 y Jonás 1.7, también para determinar al culpable de alguna transgresión. Ya en el Nuevo Testamento, en Lucas 1.9 vemos que los turnos del sacerdocio eran decididos por suerte. Y, finalmente, en Mateo 27.35 vemos que también es conocido el hecho de que los soldados que crucificaron a Jesús echaron suertes para repartirse sus vestidos.
Así, pues, existen evidencias bíblicas del uso de la suerte a la hora de tomar ciertas decisiones. Ahora bien, ¿Quiere esto decir que el cristiano depende de la suerte para tomar sus decisiones? ¿O que debemos participar de los juegos de azar? No, no, y no. Esto no tiene nada que ver con los juegos de azar que fueron inspirados en la Diosa Fortuna. La Diosa Fortuna, aclaro, es un ídolo de la mitología romana. Su alegoría solía ser la rueda de la fortuna, una especie de ruleta que significaba el azar o lo aleatorio de la buena o mala suerte.
Desde esta perspectiva, la suerte, es una serie de creencias espirituales y sobrenaturales que tienen más que ver con la superstición y el pensamiento ilusorio, que con la razón o la verdad, y mucho menos con la Biblia. Además de ser utilizada esa superstición de manera muy sutil e inteligente por los personeros del infierno. El cristiano no depende de los juegos de azar para tener suerte, sino de Dios. Y como David en el Salmo 16.5, decimos: Dios es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte.
El pasaje de Hechos 1.26 es el último en que vemos su uso en el Nuevo Testamento. Personalmente, considero que tanto la ocasión como la decisión fueron un error de los apóstoles. Pues, se adelantaron a la decisión de Cristo mismo, quien ya había decidido levantar a Pablo para ocupar dicho lugar.
Por otro lado, tenemos la clara advertencia contra el depositar nuestra confianza en la suerte, en vez de en Dios, para que las cosas nos vaya bien. Isaías 65.11-12: Pero vosotros los que dejáis a Jehová, que olvidáis mi santo monte, que ponéis mesa para la Fortuna, y suministráis libaciones para el Destino; yo también os destinaré a la espada y todos vosotros os arrodillaréis al degolladero, por cuanto llamé, y no respondisteis; hablé, y no oísteis, sino que hicisteis lo malo delante de mis ojos, y escogisteis lo que me desagrada.
En este pasaje, Dios se queja que su pueblo le dejó por las prácticas de azar, y anuncia castigo para quienes actúen así. El cristiano cree en la voluntad de Dios, y que ésta, dirige el universo, más que en sucesos aleatorios y supersticiones. También creemos que ya contamos con la Palabra de Dios que responde a casi todas las cuestiones importantes de la vida cristiana. Y es por ella que el cristiano debe dirigir sus pasos, no por la suerte.
Entonces vendrá la pregunta: ¿Y si somos invitados a comprar una rifa o sorteo como colaboración para una buena obra? Eso es otra cosa. Podemos colaborar sin comprar la rifa o, si la adquirimos, no depositar ninguna confianza en resultar vencedores. Es el corazón el que Dios mira para ver cuáles son sus intenciones. Tú puedes engañar a otros o, incluso, engañarte a ti mismo, pero a Dios no vas a engañarlo. Y eso se llama: Justicia. Que es inapelable, infalible y no depende de ninguna suerte.
