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¡Con Una Sola Palabra!

(Mateo 7: 6)= No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Hay una palabra que aplicamos mal con relación al evangelio: Discriminación. Porque si bien toda discriminación parece ser mala, (racial, social, de piel), Jesús nos está señalando aquí con mucha contundencia, que, al predicar el evangelio, inexorablemente deberemos discriminar. Porque predicar el evangelio a aquellos que en principio muestran una actitud abiertamente blasfema, no sólo es disminuirlo, sino también exponerse uno mismo al peligro. Los dos símiles que aquí se dan (Perros y cerdos), son indudablemente de origen judío y se refieren a invitar a paganos completamente indiferentes a unirse a prácticas de la religión hebrea. Si a esto no lo hemos cumplimentado debidamente, hasta ahora, ha sido sencillamente y solamente por causa de nuestra falsa humildad, esa que nos hace pensar que es despectivo llamar cerdos y perros a personas. Nos olvidamos que si Él fue quien lo hizo, su regio motivo habrá tenido y nosotros no podemos menos que tenerlo en cuenta.

El Proverbio 9: 7-8 expresa lo siguiente: El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; el que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor para que no te aborrezca; corrige al sabio y te amará. ¿Has oído u alguna vez hablar de necedad? Muy bien; a esto es a lo que se refiere aquí. La necedad de oír una corrección de nuestra conducta que sabemos perfectamente que es lícita y legítima, y elegir desoírla sencillamente porque se nos ocurre no aceptar nada de nadie, en el convencimiento de que nadie puede decirnos lo que tenemos que hacer. Eso es soberbia. Y si se da en el ámbito espiritual, mucho peor.

Esto es parte de una sabiduría que deberá acompañar sistemática y matemáticamente al creyente durante todo su derrotero terreno. En el Libro de los Hechos, hay un relato que también tiene que ver con esto. Está en 13:44-45 y dice: El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios. Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Observa lo siguiente: cuando el evangelio genuino es dado a los perros o cerdos (paganos, religiosos fariseos), la reacción es exactamente la que aquí se trasluce. Por eso es el consejo de mi Dios No Conocido, es absolutamente clara, aunque se dé de narices con lo que nos han enseñado por años: No llevarle la Palabra de Dios a quien no quiere oírla.

(Mateo 7: 7) = Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Este texto tiene varios correlatos que convendrá revisar para tener la noción exacta y el panorama mucho más abierto y claro sobre su significación, ya que no son pocos los sitios en los que se ha interpretado con demasiado simplismo y, en lo profundo, sólo ha traído más decepción y frustración al pueblo. Marcos 11:24 lo pinta así: Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Una sola pregunta: ¿Qué quiere decir cuando dice todo? Pues precisa y exactamente eso: TODO. Aquí el texto está emparentado con la maldición de la higuera, y la lección positiva que se puede extraer de esa maldición es el poder de la oración con fe.

Un monte, en ese caso, es el símbolo de un obstáculo, impedimento o problema insalvable. La fe es la llave que libera los recursos del cielo para enfrentar cualquier situación. ¿Pero será así de simple, sin condicionamiento alguno? Aquí no lo muestra, pero parecería ser que en Juan 15:7 es otra cosa, ¿verdad? Allí leemos: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Aquí está el punto. TODO nos será concedido si orando lo pedimos, siempre y cuando: 1) Permanezcamos en Él y no en nuestras carnalidades humanas.  2) Permanezcamos en su Palabra y no en consejos prácticos de la sabiduría popular.

Porque un poco más adelante, en 16:23-24, según Juan Jesús dice: En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplidoAquí está la otra clave importante: ¿Cuántas veces te has arrodillado, y levantando tus ojos al cielo has clamado: ¡Dios! ¡Ayúdame! ¡Dame tal o cual cosa! Dios es bueno y seguramente ha respondido en más de una ocasión favorablemente a ese desesperado pedido. Sin embargo, tú no lo has hecho como Él lo ordenara, ya que no lo has hecho EN SU nombre.  Porque, ¿Sabes qué? El Suyo es el nombre delante del cual se dobla toda rodilla y se cumplimenta toda palabra. ¿Te parecerá todavía un simple formulismo? No te equivoques, no lo es. Porque mira como lo enfoca Santiago:

Santiago 4:3: Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. ¿Te das cuenta cómo se va reacomodando y al mismo tiempo acotando ese todo inicial que parecía una puerta abierta hacia cualquier tipo de pedido? Entiende esto: Dios jamás va a responder favorablemente a una oración que solicita algo que se encuentra fuera de su propósito y de su voluntad. Porque el hombre tendrá todo el libre albedrío que a ti se te ocurra para hacer lo que le venga en gana, pero de allí a que pretenda que Dios le ayude, está listo. Hacer que Dios envíe por oración algo que está en contra de sus leyes, es intentar manipular a Dios. Y eso, donde quiera que se haga y con los métodos con que se quiera realizar, es lisa y llanamente hechicería.  Juan, en su primera carta 3:22 confirma esto: …y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.

Y por si no fuera suficiente, en esta misma carta, pero en 5:14 y 15, se lee: Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. La palabra pedid que se utiliza en este versículo, es la palabra griega aiteo, y significa Ruego, Petición. Se dice que la palabra describe usualmente a alguien que le hace un pedido a otro que está ocupando una posición más elevada o alta, a semejanza de un individuo que pide alguna cosa a Dios, es decir, como un súbdito a su rey o el niño a uno de sus padres. También se compara con el pedido de un pordiosero a una persona con suficientes medios económicos. Asimismo, la palabra denota pedir algo con insistencia, sin pena. De ninguna manera “exigiéndole” algo a Dios como hemos visto muchas veces hacer, pero sí presentando una sólida demanda de bendiciones.

(8) Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Este texto reproduce, de alguna manera, lo que podemos leer en el libro del profeta Isaías, cuando en 29:12 y 13, vemos: Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis con todo vuestro corazón. La respuesta a la pregunta sobre si tú quieres, verdaderamente, encontrar a Dios, es: búscalo con todo tu corazón, no con fórmulas, métodos, ritos o cualquier otra actitud externa.

(9) ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

(10) ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

(11) Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Entiende por favor. “Buenas Cosas”, no “cosas interesantes”, “cosas de moda”, o “cosas que se nos antojan”. Sólo habrá que tener muy en cuenta cuales son las “buenas” cosas según la mente de Dios.

(12) Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos, porque esto es la ley y los profetas.

Los imperativos griegos que vamos a encontrar en el resto de este texto, (Pedid, buscad y llamad), están en tiempo presente, lo que sugiere una petición continua. La relación de padre a hijo evoca la humano-divina, y da pie para seguir elevando nuestras peticiones en una actitud de confianza filial. Además, como una expresión de la ley del amor, la nueva versión de Jesús de la “regla de oro” judía, resume todo lo que mi Dios No Conocido requiere de nosotros en relación con los demás. Haz con los hombres todo aquello que deseas que los hombres hagan contigo.

(13) Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; (14) porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

A mí me produce mucha preocupación y pena, que por momentos hasta se convierte en angustia, que se hayan interpretado tan torcido algunos de los principios básicos del evangelio. Este, por ejemplo, cuando se nos enseña casi dando brincos que el evangelio es todo festejo, toda celebración, todo gozo de andar caminando por las nubes en el mejor de los cinco cielos y disfrutando con todo lo que significa vivir una vida de plenitud espiritual. No pongo en duda que eso es posible, que está a nuestra disposición y que es algo que en cualquier momento podremos disfrutar de verdad, pero también tengo que ser sobrio y preciso a la hora de entender la Escritura, y ver que la vida que vivieron mis antecesores de punta, comenzando desde el propio Jesús, no fue precisamente una vida de celebración, fiesta o alegría desatada. Digamos que, en muchos casos muy puntuales, esas vidas fueron precisamente lo opuesto. Si tomas la de Jesús partiendo de la base social con la que solemos medir la otra, podrás ver con nitidez lo que trato de decirte.

Lo que sí sobresale notoriamente de este texto, es lo que mi Dios No Conocido pone delante de nuestros ojos, y que nos tiene que servir para analizarnos profundamente en nuestras proverbiales debilidades y casi naturales falencias. La puerta estrecha de la que se está hablando aquí, es la que conduce a un estado de consagración y santidad, que determinan cambios notables. Aunque nadie te está diciendo que debas convertirte en un monje de clausura, ya que todos los grandes monasterios construidos para facilitar un aislamiento que trajera separación y santidad, en realidad lo único que llegaron a producir y en lamentable abundancia, fue alcoholismo, homosexualidad y pedofilia. Cuando al enemigo le das servido el sacrificio carnal no demandado, él te lo convierte al instante en pecado, y entonces terminas entrando por la puerta ancha, que es la más visible, la aparentemente más divertida y la que el mundo y una parte de la iglesia te ofrece a cada paso.

(15) Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.

Esto es total y absolutamente actual. Hay muchos “falsos” que pretenden ser guías cristianos, pero cuyo propósito real y es egoísta y destructivo. ¿Cómo probarlos? ¿Cómo estar seguros de no equivocarnos? Prosigue esta lectura. Es sabiduría completa. Hay una manera. Pero ahora preguntemos: ¿Son solamente falsos los profetas de este tiempo? En absoluto. El diablo ha metido imitaciones más o menos pasables en cada uno de los cinco ministerios. Por lo tanto, lo que aquí hallamos como “falso profeta”, es lícito no sólo para este ministerio, sino también para el apostólico, (Que no te quepan dudas que en este tiempo sobreabundan), para el profético, que es el del texto, y que se ve invadido por mucha gente con espíritus de adivinación.

 Para el pastoral, Con la cuestión de que, para liderar una iglesia, la organización religiosa y no la Biblia ha determinado que un hombre deba ser ordenado como pastor, cada día aparecen más asalariados ocupando esos espacios. Y, obviamente, también para el magisterial y el evangelístico. Y no son confrontados ni desenmascarados simplemente porque nadie o casi nadie se atreve a predicar o enseñar sobre el asalariado o sobre los falsos hermanos, pese a que ambas cosas son absolutamente bíblicas. Para el evangelístico, hay hombres que predican la salvación de Jesucristo, consiguen almas y luego se las apropian para su servicio personal.

 Y para el del maestro, enseñando doctrinas falsificadas por la sabiduría humana, esto es: ligadas a lo humanístico, a lo filosófico, a lo dogmático, lo teológico académico o a lo psicológico, con disfraz de palabra que Dios jamás pronunciara. Hay un texto que tiene relación con lo que aquí se expresa, que no sólo le otorga las bases, ya que pertenece al Antiguo Testamento, sino que además descubre que cierto pecado no tiene nacimiento en el seno del mundo pagano sino en la propia iglesia. Se trata del que está en el libro del profeta Jeremías 23:15-16 donde leemos: Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: he aquí que yo les hago comer ajenjos, y les daré a beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra…

Basta. No digas más que el mundo hipócrita no honra a Dios, porque ahora ya sabes por boca de Dios mismo, que la hipocresía nació en la iglesia, y no en el mundo incrédulo, impío, pagano y pecador…Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; (Esto en idioma actual, se llama: Voluntarismo) hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. (Y a esto se le suele llamar: declaración victoriosa) Mateo, en su evangelio y en varias páginas más adelante, lo expresa de dos modos diferentes pero coherentes, que nos tienen que hacer reflexionar muy seriamente y pensar en el futuro.

Dice en 24:11: …Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. Stop. Piensa. Sólo piensa. ¿En qué sitio del planeta se podría levantar un profeta? Acertaste. En el único lugar en que puede ocurrir ese hecho, es en la iglesia.) Agrega el verso 24: Porque se levantarán falsos cristos, (Mesías), y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuese posible, aún a los escogidos. (Piensa nuevamente: ¿En qué lugar podría levantarse alguien que, con mentiras y alguna que otra señal sobrenatural, podría engañar a los escogidos de Dios? Acertaste de nuevo. En la iglesia, ya que fuera de ella, nadie jamás creería ni una palabra por ungida que le pareciera ni una señal por milagrosa que fuera).

 Pedro lo explica desde otro ángulo, desde otra perspectiva, desde otro plano. Toma para ello la amplitud de esta palabra y la resume en una suerte de consejo práctico para creyentes. Para que sean, en efecto, creyentes y no sencillamente crédulos aptos para cualquier engaño. Dice en su primera carta 2:1-2: Desechando, pues, toda malicia, (Que es hablar de algo aparentemente inocente, pero con un contenido real mucho más osado o mal intencionado) todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. (La única leche no adulterada es la que emana del pecho materno.)

 La madre espiritual es indefectiblemente La Iglesia, es decir: la asamblea constituida por los genuinos hijos de Dios. De ninguna manera esa madre puede ser reemplazada por: denominaciones, organizaciones, tesis teológicas o decisiones congregacionales. Los niños sólo crecen con la leche no adulterada. De otro modo son indefinidamente inmaduros. Y lo aclararé porque después siempre saldrá alguno a decir cualquier cosa. Cuando hablo de Madre, hablo de iglesia genuina, no de congre cualunque, de una Babilonia o, peor, de doña Maria…) Juan establece sus propios fundamentos alrededor de este asunto, que como puede verse, no es ni menor ni de poca monta.

En su primera carta 4:1, expresa textualmente: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. (Esto nos deja en evidencia que los creyentes no pueden ser tan ingenuos como para aceptar indiscriminadamente los pronunciamientos de todos los profetas, los postulados de todos los apóstoles, las decisiones de todos los pastores, las enseñanzas de todos los maestros o los métodos de todos los evangelistas que pretenden ser de Dios, esto es, que hablan con autoridad e inspiración divinas. Ciertamente, detrás de cada ministro hay un espíritu, pero puede que sea un falso espíritu, descrito aquí como el espíritu del anticristo”, y “el espíritu del error”, no como “el Espíritu de Dios”, el cual es “el Espíritu de la Verdad”.

Por lo que, teniendo en cuenta que hay muchos maestros de cultos heréticos que afirman ser mensajeros de Dios, debemos probar los espíritus que los poseen para determinar su origen. En su carta a los Tesalonicenses, Pablo da las mismas instrucciones.) También desde la simbología profética del libro del Apocalipsis se toca este tema, aunque, reconozcamos, desde un ángulo más contundente en su conclusión. Conviene leer el texto de tres versos completo porque contienen, en su contexto, una serie de aspectos íntimamente ligados con lo estructural. Apocalipsis 16:12-14 dice: El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente.

Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, (Esta es la trinidad satánica: Satanás, su diablo y su ministro) tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales… (¿Qué significan las señales? La palabra usada aquí es la palabra griega semeion, a la que podemos comparativamente colocar conjuntamente con: “semiología”, “semiótico”, “semáforo”. Es una señal, una marca, una prueba. Se utiliza para distinguir entre personas u objetos, para denotar una advertencia o admonición, como un presagio que pronostica acontecimientos futuros, para describir milagros y maravillas, que son alteraciones del orden natural, sea atribuido a la autoridad divina o a falsos maestros o demonios.

Recuerda: nuestra enorme “hambre” de milagros, puede llevarnos a aceptarlos hasta de los propios demonios. No todo lo sobrenatural proviene de Dios. Satanás también es sobrenatural.) Como cierre, muy bien podemos utilizar el texto donde Pablo advierte y exhorta sobre esto. Allí, en el capítulo 20 y desde el verso 25 al 31, el apóstol expresa: Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verás más mi rostro. Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos, porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos (Del seno de nuestras propias organizaciones, no desde el mundo exterior) se levantarán hombres que hablen cosas perversas (Torcidas) para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que, por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Este texto, observa con suma atención, no está dirigido de ninguna manera a aquellos que no tienen responsabilidades ni incidencia en el seno de las congregaciones.

Está directamente apuntado a lo que llamamos “liderazgo”. Mejor dicho: al falso liderazgo, que es aquel que deja en evidencia estar más interesados en ellos mismos, en su estabilidad financiera, en su prestigio personal o denominacional, que en cuidar su rebaño. De los que tratan de que la gente los siga, en lugar de enseñarles que sigan a Cristo. De aquellos que buscan resultados rápidos que no requieran demasiados sacrificios. ¿Conoces tú a personas así? MI Dios No Conocido e dice: ten cuidado. Oye, acepta, cree y pon por obra lo que en definitiva es el  No creerle a toda palabra “ministerial”.

Dentro de lo que podríamos denominar como mandamientos que Jesús les dejó a la naciente iglesia, hay uno que se transformó en lo que nosotros llamaríamos un verdadero “clásico”. Porque encierra en su profundidad conceptual una fuerza propia que lo identifica con todos los demás y con todo el contexto global del evangelio. Y es a partir de él que se construyen pasajes y aspectos que nuestro Dios No Conocido siempre estuvo expresando y no siempre fue escuchado. El texto que sigue, contiene a ese principio básico que, por ser mal entendido, mal interpretado y mal evaluado, ha producido obviamente mala enseñanza y confusión dentro del pueblo de Dios.

(16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

(17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.

(19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.

En primer término, creo que debo puntualizarte lo más importante que se resume en esta enseñanza: de ninguna manera habrá que considerar como buen o mal fruto, la cantidad de personas a las cuales tú les hayas predicado el evangelio o, en su peor expresión, la cantidad de personas nuevas que tú hayas llevado a la que sea tu congregación. Eso es de un facilismo y un simplismo tan bastardo que ha terminado por limitar nuestra calidad y estilo de vida de creyentes, a un simple número de miembros más o menos en cierta y determinada iglesia local de cualquier punto del planeta. Un dislate total. Una verdadera falta de respeto a la Palabra de Dios. Casi una herejía. El apóstol Santiago, en su carta, hace un recordatorio concreto y específico de este lineamiento, utilizando para ello las figuras de la vid y la higuera, con relación a su enseñanza advirtiendo sobre los peligros de nuestra lengua, ya que en el capítulo 3 y verso 12 podemos leer: Hermanos míos, ¿Puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y agua dulce.

Es menester que comprendamos que los frutos de la vida y el trabajo de un individuo son un mejor indicador de las motivaciones personales que las apariencias o las declaraciones. Porque, en primer término, nuestro comportamiento, implica directa y sencillamente cuál es nuestra verdadera relación con Jesús. No hablo de cómo te comportas tú durante los cultos en el templo de tu iglesia, hablo de tu conducta fuera de todo el ambiente evangélico, allí donde aparentemente, nadie te observa ni se entera de tus actos. Entonces, ¿Cuáles son esos frutos de los que se está hablando aquí? No alcanzarían mil estudios para mencionarlos. Pero me voy a quedar como ejemplo básico, con una parte del carácter de Jesús, otra parte de la conducta de Jesús y una parte final para el poder de Jesús.

¡Pero hermano! ¡Él era el Hijo de Dios! ¡¡Basta!! ¡No seas religioso misticista! Jesús era Dios, – en efecto -, pero encarnado en un hombre, un hombre como tú o como yo, o como tú, mujer en Cristo, porque aquí no se trata de género humano sino de globalidad genérica. Y como hombre, tenía las mismas obligaciones y derechos que tenemos nosotros, como auténticos hijos de Dios por aceptación de Él, según lo expresa sabiamente Juan. Pero también tenía el mismo hígado, los mismos riñones, el mismo estómago, las mismas arterias y, esencialmente, las mismas hormonas. ¿Soy claro? ¿Entonces? Entonces Él nos está diciendo que sí se puede, que cuando decimos que Él era una cosa y nosotros otra muy distinta, solamente estamos dándole toda la gloria a Satanás, ya que le decimos que está haciendo lo suyo muy bien y que nos tiene derrotados y sin salida.

Nos está diciendo que tú no puedes ser una clase de persona en el templo de tu iglesia y otra diametralmente opuesta durante la semana, en tu casa, con tu familia o en tu trabajo o la escuela. Tú eres un hijo de Dios en todo momento de todos sus momentos. Hasta cuando estás teniendo relaciones sexuales con tu esposa tú no dejas de ser un hijo de Dios, ¿Lo entiendes? ¿Cómo dices? ¿Qué te parece inoportuno mezclar el sexo con las cosas santas? ¿Y qué crees tú que es la sexualidad? ¿Algo sucio, puesto como por obligación en nuestros cuerpos? No mi amigo; sucio es lo que el diablo ha logrado pervirtiéndolo, y después metiéndote en la cabeza a ti y a muchos religiosos más lo que vemos y oímos.

Porque Dios lo hizo limpio, lo hizo sano y lo hizo bueno en gran manera. “Claro…para la procreación…” Por favor; no creas más esa mentira romana. Si el sexo fuera solamente para procrear y no para disfrutarlo, dentro del matrimonio, como bueno en gran manera: ¿Me puedes explicar por qué el Dios Todopoderoso, Creador, Majestuoso y Justo por sobre toda Justicia, hizo a la mujer con un solo día fértil, con un solo día en el que ovula y está apta para la fecundación? ¿Me dirás entonces que eso significa que un matrimonio sólo debería tener relaciones sexuales una vez al mes, sólo en ese día? ¡Por favor…!  ¿Se equivocó Dios y armó todo este lío? No. Dios no se equivocó y este no es ningún lío. Sólo hay que evaluarlo y adoptarlo conforme a como Él lo pensó y no como a nuestras carnalidades pecaminosas les parece.

Fruto bueno es también la calidad de tu conducta pública. No estoy hablando de cómo te llevas con tu pastor o con tus hermanos, estoy hablando de cómo es tu relación cotidiana con tus compañeros de trabajo, con tus vecinos de barrio o zona de residencia, con tus compañeros de estudios o con quien quiera que tome contacto contigo. No son pocos los que parecen absolutamente confiables en sus congregaciones, hasta el punto de ser elegidos ministros de finanzas, y luego nos enteramos que tienen un récord de fraudes y estafas en el ámbito comercial o empresarial en el que se mueven. Frutos. Y finalmente, poder ser canales manifiestos del poder de Dios. Porque Dios protege su gloria, y a pesar de muchas imitaciones satánicas que andan dando vueltas por allí, ten la certeza de que Dios jamás daría a alguien que no le honra, la posibilidad de ser portador de una parte, aunque sea pequeña de su gloria. Por lo tanto, esto es parte de lo que mi Dios No Conocido te dice a este respecto en este día: Muestra fruto bueno para glorificar al árbol del cual provenimos.

 (21) No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

(22) Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

(23) Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Jesús, si tú te fijas con cuidado, está alertándonos en contra del autoengaño. Contra una mera profesión verbal de fe, pero sin obediencia a la voluntad de Dios. La duda que me queda, es: ¿Es que acaso hay cristianos así? Si que los hay. Y no te imaginas cuantos, lamentablemente. Y lo peor del caso, es que es muy posible que una persona que se engaña a sí misma, pueda estar ejerciendo un ministerio espectacular, usando la indudable autoridad de las escrituras y el imbatible nombre de Jesús, sin caminar por la senda de un discipulado obediente. Sé que me vas a decir que esto es mucho menos probable que exista, pero te equivocas. Y no es ninguna novedad para Pablo, por ejemplo, que hace mucho tiempo que escribió que temía que habiendo sido heraldo para los demás, él mismo fuera eliminado.

Si tienes memoria recordarás el intento, (En este caso fracasado), que hicieron aquellos judíos, exorcistas ambulantes, que intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: …Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo… La autoridad de invocar el nombre del Señor Jesús, ha sido concedida únicamente a los creyentes. El nombre de Jesús, de ninguna manera puede utilizarse como una cosa mágica para lograr buenos o malos resultados. No existe ninguna garantía de poder cuando se pronuncia por capricho, particularmente en una situación en que se realiza alguna actividad religiosa formal. Sin embargo, cuando se invoca con fe en el poder del Espíritu Santo, puede esperarse que se manifieste su potencia y su gloria. Inherente al nombre de Jesús no está solamente su autoridad, sino la plenitud de su naturaleza y carácter. Así, cualquier oración ofrecida, o ministerio iniciado en el nombre de Jesús, debe estar de acuerdo con su ser y propósitos.

En la carta a los Romanos, a propósito de estos conceptos declamatorios, Pablo escribe en 2:13: …porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados… Es decir que, el repetir varias veces el nombre de Jesús, no nos asegura absolutamente nada. Hay gente que, al orar, cada tres palabras dicen “señor”, pero no es como reconocimiento a la autoridad y al poder de su nombre, son una simple manía verbal adquirida por el evangélico ejercicio de orar en público. Además, lo que Pablo da a entender debidamente aquí, es que tanto los judíos como los gentiles están bajo el juicio de Dios. Pero se diferencian unos de los otros en que los judíos poseen la Ley, mientras los gentiles no, aunque por naturaleza cumplen con algunas cosas estipuladas por la ley.

Mi Dios No Conocido ha dado a todas las personas desde la creación del género humano, el instinto moral, aunque el continuo reincidir en el pecado o una cultura que lo tolera, puede distorsionarlo. El caso es que esta gente será juzgada de acuerdo con la revelación que haya recibido. La norma para el juicio de los judíos será la Ley escrita; en el caso de los paganos, lo será la ley no escrita de la conciencia y la naturaleza. La salvación es la que induce al servicio. Es engañoso creer que el interés de Dios en que la gente asista a la iglesia es meramente que escuchen la Palabra, en lugar de experimentar una transformación de sus vidas que luego se traduzca en sus ministerios. Yo tengo certeza que Él determina que lo que debemos hacer sí o sí, es: más que repetir el nombre de Jesús, creer en su poder.

(24) = Cualquiera, pues, que oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.

(25) Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.

(26) Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; (27) y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

(28) Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; (29) porque le enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

Esta parábola de los constructores prudentes e insensatos, sirve como conclusión al mal llamado Sermón del Monte, e ilustra la absoluta necesidad de cumplir la voluntad de Dios; esto es, con lo que Dios nos ha dicho que hagamos. El texto da un ejemplo de construcción directamente emparentado con un símbolo claro y preciso en la figura de Jesucristo. Él es la Roca, así lo dice la Palabra, y solamente una vida fundamentada en Él puede soportar cualquier inclemencia que no es precisamente climática, sino relacionada con alguna crisis.

Sólo una duda: ¿Qué con la Arena? ¿Por qué el modelo de la Arena, pese a que en otro texto se habla de la Tierra? Porque en el caso de la Tierra, lo que nos está diciendo, es que no podemos fundamentar nuestra casa, que es nuestra vida, en nuestra carnalidad, eso es el polvo de la Tierra. Mientras que la Arena, que químicamente es una mezcla de pequeñas partículas de roca mezcladas con Tierra, implican la manía de tantos supuestos cristianos que intentan vivir una vida espiritual tomando una pequeña porción de Cristo y mezclándola con su carnalidad. No funciona. Porque Jesús, que estructuralmente no era nadie, tenía una autoridad que emanaba de su vida misma, no de los cargos eclesiásticos que tuviera. Por eso es que se maravillaban de su doctrina y no les parecía en absoluto similar a los clásicos religiosos de la época llamados escribas. Mi Dios No Conocido sigue diciendo y sostiene que: si nuestro fundamento no es Cristo, lo nuestro no es cristianismo.

(Mateo 8: 1) = Cuando Jesús bajó de la ladera de la montaña, lo siguieron grandes multitudes.

(2) Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló delante de él. –Señor, si quieres, puedes limpiarme –le dijo.

(3) Jesús extendió la mano y tocó al hombre. –Sí quiero –le dijo–. ¡Queda limpio! Y al instante quedó sano de la lepra.

(4) Mira, no se lo digas a nadie –le dijo Jesús–; sólo ve, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que sirva de testimonio.

Este es el modelo-Jesús. Este es el único modelo válido a imitar cuando queremos ministrar evangelio puro. Jesús caminaba y la gente lo seguía porque esperaba de él grandes cosas que ni siquiera imaginaba. Jesús jamás promocionó o hizo promocionar su tarea. Lo más parecido a eso fue lo que le dijo a los discípulos de Juan el Bautista, pero fue para que se cumpliese lo que estaba escrito en el Antiguo Pacto y no para hacer alarde de sus poderes. El leproso aquí es el protagonista central de un milagro de sanidad, pero también es un símbolo. Porque es como si le estuviera diciendo: Señor…soy tremendo pecador, pero si quieres, puedes limpiarme de mi pecado.

 A lo que él sin dudar le responde: Si, quiero, sé limpio. ¿Exagero demasiado si te digo que eso fue exactamente lo que Jesús ha hecho con cada uno de nosotros? ¿Y cuánto tiempo dice que tardó en sanarse? Un instante. Eso es lo mismo que tarda el Señor en aceptar tu confesión de pecado, asumir tu arrepentimiento, ejercer su perdón y proceder a tu restauración y limpieza total. Ese es mi Dios No Conocido. El que no niega su sanidad a nadie que se la pida con humildad y arrepentimiento. Y el que, además, no sale a publicitar ese milagro como eje central que garantice mucho público en la campaña que viene.

(5) Al entrar Jesús en Capernaum, se le acercó un centurión pidiendo ayuda.

(6) Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente.

Observa el detalle. Un centurión no era un militar cualquiera, era un alto rango y persona de valía e importancia suma. Eso hacía que una gran mayoría de ellos, mirara casi por sobre su hombro a las personas, ya que el grado de poder y cierta omnipotencia que el imperio les otorgaba, los hacía sentirse poco menos que dueños de la vida y la muerte de todos los que dependieran de su vigilancia y guardia. Un hombre de estas características, se encuentra con un joven no mal vestido, pero tampoco con imagen de poderoso, y lo que discierne en Él, lo lleva a llamarlo nada menos que Señor. El señorío que el centurión vio en Jesús, estaba muy por encima de armas y organizaciones bélicas, tenía que ver con un poder que estaba por fuera y por encima de todo poder conocido.

(7) Iré a sanarlo –respondió Jesús.

(8) Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano.

(9) Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: ‘Ve’, y va, y al otro: ‘Ven’, y viene. Le digo a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace.

(10) Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: –Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe.

(11) Les digo que muchos vendrán del oriente y del occidente, y participarán en el banquete con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.

(12) Pero a los súbditos del reino se les echará afuera, a la oscuridad, donde habrá llanto y rechinar de dientes.

(13) Luego Jesús le dijo al centurión: –¡Ve! Todo se hará tal como creíste. Y en esa misma hora aquel siervo quedó sanó.

Aquí queda claro un principio que luego será una constante en todo el ritmo del evangelio. No interesa el tiempo que lleves practicándolo, formando parte de sus mejores estructuras o, incluso, proclamándolo, enseñándolo, predicándolo. Tú eres parte activa de los que ya estaban incorporados, pero eso no te garantiza nada. Un día vendrá gente de los cuatro puntos cardinales del país, del mundo, entrarán al evangelio con la potencia con que ingresan todos los novatos y, al poco tiempo, yo te aseguro que, si no te esmeras, ellos levantarán altura como las águilas y tú te quedarás especulando lo que tantos veteranos especulan: cuanto permiso te puede dar Dios para coquetear con el mundo. Ni lo sueñes. Aquí Jesús lo explica con toda claridad.

(14) Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.

(15) Le tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a servirle.

(16) Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y con una sola palabra expulsó a los espíritus, y sanó a todos los enfermos.

(17) Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: ‘Él tomó sobre sí nuestras enfermedades y cargó con nuestras dolencias.

Este relato, que no por breve no resulta muy explicativo, nos muestra que Jesús prácticamente fue a pasar el día a la casa de Pedro. De lo que rescatamos algunos pormenores que luego no serán ampliados. Pedro era casado, tenía una esposa y muy probablemente también hijos, además de esta suegra que vivía con él en su casa. La Biblia no hace mención a todo esto en lo sucesivo. Algunos historiadores han determinado en base a sus investigaciones, que la esposa de Pedro acompañaba al grupo de Jesús predicando el evangelio junto con ellos, cosa que no puedo conformar ni corroborar, aunque no tengo por qué no creer que así haya sido.

 Lo cierto es que lo que aquí siempre se consignó, fue la sanidad de la suegra de Pedro, pero casi no se hace mención de la liberación con una sola palabra, de todos esos endemoniados y de lo que serían, más adelante, nuestras propias dolencias. Además, también nos deja la información no menor respecto a que la fiebre no siempre es un síntoma de una infección, sino que en casos puede ser ocasionada por demonios. Esto hace que mi Dios No Conocido me haga saber que para sanar o liberar, no necesitamos horas de batalla, sino que, con la potencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, con una sola palabra es suficiente.

(18) = Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.

(19) Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.

(20) Jesús le dijo: Las zorras tienen guarida, y las aves del cielo nidos; más el Hijo del Hombre no tiene donde recostar su cabeza.

(21) Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.

(22) Jesús le dijo: Sígueme, deja que los muertos entierren a sus muertos.

Lo primero que habrá que tener en cuenta aquí, es que quien se acerca ofreciéndose para seguirle, es un escriba, esto es: un religioso. Un hombre acostumbrado a obedecer a líderes preestablecidos sin más costo que el de su obsecuencia. Jesús, en dos palabras, le deja en clara evidencia que su óptica para las cosas de Dios, tiene un derrotero totalmente diferente al de los sacerdotes, fariseos, conductores de la única iglesia organizada de ese tiempo. La otra cosa para tener en cuenta es que, como toda persona acostumbrada a sacar ventajas de los estamentos considerados importantes, este escriba llegó a la presencia de Jesús váyase a saber mediante qué estratagema, ya que en el primer verso se nos dice que, al verse rodeado de mucha gente, (Quizás demasiada para el gusto por el perfil bajo que tenía Jesús) Él mandó pasar al otro lado. Y es a ese otro lado, no se sabe ni se dice mediante qué estrategia, que llega este religioso a ofrecer sus servicios.

Lo que Mateo está haciendo aquí, es relatar dos severas enseñanzas que ilustran la verdadera exigencia del también verdadero y genuino discipulado, que no es como muchos han pretendido enseñarnos, una simple cuestión de sujeción pastoral. Ese principio, en todo caso, era el que traía en sus alforjas el escriba, pero Jesús le dejó bien en claro que la cosa iba mucho más allá. Porque es notorio que Jesús no tiene en cuenta en absoluto el fervor momentáneo, que casi siempre es mero producto de alguna clase de impacto emocional. ¿Nunca te ocurrió que, en el marco de una buena reunión, con el fervor altamente desatado, el pastor hace un llamado, – por ejemplo -, para ir a trabajar con los enfermos de patologías riesgosas, en un hospital, y tú levantas la mano sin pensarlo dos veces y luego, cuando ya todo está consumado, empiezas a sentir que se te fue la mano con tu amor al servicio, y que en realidad no estabas preparado para realizar eso?

Lo de los muertos, mientras tanto, tiene que ver con una de las excusas más frecuentes en los hombres que de alguna manera intentan sacarle el cuerpo al servicio: sus obligaciones familiares. Por un lado, Jesús le está diciendo a este hombre con toda claridad que así tuviera que asistir al sepelio de su padre, ese no sería obstáculo para dejar de cumplir con la voluntad de Dios. Pero con la profundidad que siempre manifiesta el evangelio en todo su contexto, está en paralelo la otra visión, la que habla de que es menester que los creyentes se ocupen de las cosas espiritualmente vivas, y posterguen a un segundo plano todo aquello que provenga del sitio donde viven los espiritualmente muertos. En algo es más que claro mi Dios No Conocido: La hermandad genuina no es una cuestión de afectos o membresías, es un tema de unidad en espíritu.

(23) Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron.

(24) Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.

(25) Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!

(26) El les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.

(27) Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

¿Qué hombre es este que tiene esta tremenda página web que tanto impacto ha producido en nosotros?, y si… Lo he escuchado a eso, ¿Sabes? Me ha tocado leerlo en más de un correo, también. He podido incluso escucharlo en alguna conversación telefónica, ¿Sabes qué? El mismo espíritu. El mismo espíritu que Jesús reprendió allí, recién despertado de su tranquilo sueño por ese grupo de hombres que lo único importante que pensaban, era en seguirlo, porque con él se estaba bien y se tenía cierto prestigio por extensión. Así es que…

Hermanitos y hermanitas mías de mi corazón, los amo. ¡Ustedes no tienen una idea de cómo los amo y todo lo que hago para darles de lo mejor que pueda! Pero… ¿Puedo pedirles un favor? No me miren a mí¡¡¡Miren a Cristoooo!!! Es un espíritu, no es la gente. Es el mismo Satanás, que tanto puede lograr que alguien que te escucha un día salga a decir que eres una voz diabólica, como al principio algunos decían de mí, o que, pasado el tiempo, los mismos salgan a decir con toda tranquilidad que eres el Moisés de este tiempo, sacando a su pueblo de la cautividad religiosa. Compro esto último, pero para que sea para la gloria de Dios, jamás para la mía personal.

(28) Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.

(29) Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?

(30)  Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos.

(31) Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos.

(32) El les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.

(33) Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.

(34) Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.

Aquí hay un detalle muy importante para todos esos hombres y mujeres que gustan tanto de andar en los terrenos de la guerra espiritual. Yo sé que eso es necesario incluso dentro de la iglesia, lo sé y he sido testigo de algún ministerio impresionante en mi país en esa área, pero también sé que hay muchos que lo cultivan y lo estudian porque creen que eso les da más valor, más importancia dentro de la iglesia o más “chapa”, como decimos en mi patria cuando alguien quiere obtener credenciales de persona VIP. Lo que aquí se te está mostrando con claridad, que no existe tal cosa como cristianos saliendo a cazar demonios al amanecer. Los cristianos no buscan a los endemoniados para liberarlos, son estos los que se acercan a nosotros buscando ayuda.

Esa actitud, es la que te deja bien en claro que sienten que están poseídos o perturbados, y saben que nosotros podemos darle ayuda y salida, que es muy distinto a que, aun sabiendo que están tomados por espíritus pervertidos, no solo se acostumbran a convivir con ellos, sino que incluso llegan a necesitarlos. Eso ya es grave y los deja afuera de cualquier solución. Nadie puede ser obligado a hacer lo que no quiere hacer, porque hacerlo, sería manipulación. Y tú ya sabes que cualquier forma de manipulación, es Hechicería. Y no puedes liberar a nadie de ningún demonio a partir de un acto de hechicería. Está más que claro, dice que vinieron a su encuentro dos endemoniados. O sea que ya lo sabes: Jesús nunca fue a los cementerios a buscar demonios. Nuestro Dios No Conocido, en este punto, es claro cuando nos dice: Hijos; nunca hagan buscando servirme, algo que yo no hice ni les mandé que hagan.

El primero y el último. Reflexiona muy seriamente en esto que has leído. Viene a tu ciudad, pueblo o aldea, un hombre que se encuentra con un par de endemoniados y los libera, permite que los demonios se metan en un montón de alegres cerditos y estos se hacen pomada contra las rocas, allá abajo, porque les agarra un ataque de locura y se suicidan. Está bien, los cerdos eran el patrimonio económico más importantes que tenían los gadarenos para su subsistencia diaria, pero… ¿Eso tenía que justificar la reacción de la mayor parte de la gente que, en lugar de ponerse feliz por la recuperación de esos dos jóvenes endemoniados o enfermos, y por lo tanto perdidos, eligen expulsar de su región al que los liberó porque se metió con sus intereses particulares?

Obvio que no lo justifica, sin embargo, hoy sigue siendo más que vigente. ¿O no has escuchado que en algunos lugares “santos” a nuestra Web se la denuncia como doctrina satánica y se alerta a la gente para que no la escuche ni la lea, porque seguramente si lo hace eso los llevará al infierno? Creo que una vez más, la única defensa que podamos adoptar, será la que es posible. Primero, recordar que a Jesús mismo lo llamaron Belzebú, cosa que ya nos debería dejar más que tranquilos, y segundo, que nuestro Dios No Conocido sigue proponiéndonos que, ante cualquier duda, miremos los frutos y sigamos la guía del Espíritu Santo. Él no se equivoca.

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marzo 28, 2025 Néstor Martínez