Es indudable que estos son tiempos muy difíciles y complicados en todas las áreas de la sociedad que habitamos. Y si bien los hijos de Dios no pertenecemos ni a las naciones, ni a las provincias ni a las comunas o municipios en los que residimos, lo cierto es que estamos allí y, nos agrade o no, estemos de acuerdo o en desacuerdo, disfrutamos de los mismos beneficios o, como parecería hoy ser mayoría, padecemos los mismos problemas. Cuando en oración recibes como palabra el salmo 10, entonces lo mínimo que te queda es estudiarlo y ver qué es lo que el Padre está queriendo decirte.
Debido a que este salmo no tiene título (en medio de varios salmos que sí lo tienen), y debido a que comparte algunos temas similares con el salmo 9, algunos han pensado que originalmente era la segunda mitad del salmo 9. Hay más razones para dudar de esto que para creerlo; este salmo se sostiene por sí solo como un salmo de lamento por la aparente prosperidad de los inicuos, pero la máxima confianza en los juicios de Dios. Hablando de él, una figura legendaria dentro del evangelio, como lo fue Martín Lutero, supo decir al respecto: “No hay, a mi juicio, un Salmo que describa la mente, los modales, las obras, las palabras, los sentimientos y el destino de los impíos con tanta propiedad, plenitud y luz, como este Salmo”. Te lo voy a compartir en sus 18 versículos de manera completa, aunque dividida entre los puntos más importantes que se deben recoger como información y también como elementos de batalla en oración.
Salmo 10: 1 = ¿Por qué estás lejos, oh Jehová, Y te escondes en el tiempo de la tribulación? (2) Con arrogancia el malo persigue al pobre; Será atrapado en los artificios que ha ideado. (3) Porque el malo se jacta del deseo de su alma, Bendice al codicioso, y desprecia a Jehová. (4) El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; No hay Dios en ninguno de sus pensamientos. (5) Sus caminos son torcidos en todo tiempo; Tus juicios los tiene muy lejos de su vista; A todos sus adversarios desprecia. (6) Dice en su corazón: No seré movido jamás; Nunca me alcanzará el infortunio. (7) Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; Debajo de su lengua hay vejación y maldad. (8) Se sienta en acecho cerca de las aldeas; En escondrijos mata al inocente. Sus ojos están acechando al desvalido; (9) Acecha en oculto, como el león desde su cueva; Acecha para arrebatar al pobre; Arrebata al pobre trayéndolo a su red.(10) Se encoge, se agacha, Y caen en sus fuertes garras muchos desdichados. (11) Dice en su corazón: Dios ha olvidado; Ha encubierto su rostro; nunca lo verá.
Si lo tomamos desde la óptica del salmista, vemos que tiene un real y genuino desconcierto, por lo que considera o estima como indiferencia de Dios para con todo lo que relata y denuncia. Y hasta se atreve a dejar traslucir, a modo de conjetura, que el impío, que te recuerdo es la persona “no pía”, esto es, no espiritual, actúa en su soberbia egocéntrica con alta arrogancia, oprime al pobre de status, dinero y condición social con absoluta tranquilidad, como fruto de lo que, en su propia evaluación, estima como un grado total de impunidad que lo deja por fuera de cualquier juicio, ya que supone que Dios ni lo está viendo y mucho menos juzgando.
Ahora bien: si lo observamos desde la mirada espiritual que todo hijo de Dios debería tener para evaluar este tipo de situaciones, entonces podemos sentir en algún momento de nuestras vidas, la sensación de que Dios está muy lejos, cuando nos toca enfrentarnos con injusticias o sufrimiento. No sé como son las cosas en tu lugar de residencia. En mi país, hay muchas personas que día a día tienen todos los elementos concretos para experimentar algo así. Y, lo más curioso, que muchos de ellos son creyentes que, dejando a un lado sus padecimientos reales, optan por no hacer ni decir nada, ni siquiera a Dios, por obediencia a lo que se les demanda desde la autoridad terrenal a la que están sujetos.
Lo cierto es que este salmo valida esa emoción, pero también nos recuerda que la percepción no es la realidad. ES más que notorio, por todas las razones que todos nosotros conocemos muy bien, que Dios de ninguna manera se encuentra ausente de todo eso que se detalla, y que sólo está esperando el momento justo para actuar. Quizás no como quienes se quejan lo desean, porque en muchos casos eso se parecería mucho a una venganza humana o a un ojo por ojo y diente por diente, pero si de una manera que le lleve, a esa o esas personas impías, la certeza de que, si bien en Dios siempre hay una oportunidad para arrepentirse y cambiar, también hay otra no menos contundente. Si no hay arrepentimiento, no hay perdón, y si no hay perdón habrá sentencia y ejecución de esa sentencia. Recuerda que cuando Dios parece ausente, en realidad eso no significa que esté inactivo. En vez de abandonar la fe cuando Dios guarda silencio, aférrate más a Él con confianza y oración
Verso 12 = Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; No te olvides de los pobres. (13) ¿Por qué desprecia el malo a Dios? En su corazón ha dicho: Tú no lo inquirirás. (14) Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; A ti se acoge el desvalido; Tú eres el amparo del huérfano. (15) Quebranta tú el brazo del inicuo, Y persigue la maldad del malo hasta que no halles ninguna.
Hay un hombre de carne y hueso que está detallando sufrimientos por injusticias visibles, que le pide a Dios que se levante en potencia y que procure no olvidar al afligido. Es un verdadero clamor en el que se implora justicia, pero que también se le pide a Dios que examine los actos de esas personas malvadas. El verso 12 lo consigna con claridad cuando expresa: Levántate, oh Jehová Dios, alza tu mano; No te olvides de los pobres. Si tú quieres sacar esto por fuera de toda cuestión política o social, hazlo. Di que habla de los pobres en espíritu y quedarás bien con tus receptores. Pero lo cierto, aquí, es que de la pobreza que se habla, es la material, concretamente de gene carenciada. Por eso es que el salmista no se resigna a que no suceda nada y clama, suplica y también protesta con un dejo de amargura. Su, oración, aquí, es un acto de fe, pero también de resistencia hacia el mal. ¿Qué deberíamos hacer cada uno de nosotros ante una situación similar, sea en el plano o nivel que sea? Orar con honestidad. Dios no se ofende con tus preguntas o tu angustia. Al contrario, Él quiere una relación real contigo.
Además, no es necesario ser demasiado estudioso o inteligente para caer en cuenta que Dios siempre ve todo aquello que los demás no están viendo. Por eso lo que dice el verso 14: Tú lo has visto; porque miras el trabajo y la vejación, para dar la recompensa con tu mano; A ti se acoge el desvalido; Tú eres el amparo del huérfano. Aunque el impío, ya sea por propia suposición o por lo que escucha o ve en sus círculos sociales cotidianos, actúan como actúan porque están convencidos que nadie habrá de acusarlos por eso. Generalmente suelen ser personas que tienen buenos contactos y casi siempre pueden eludir las consecuencias de su accionar. Pero olvidan que ese Dios en el que dicen no creer, no sólo existe, sino que además está observando cada injusticia cometida en esta tierra. No hay ni una mínima lágrima, injusticia o sufrimiento que pase desapercibido en la dimensión cielo. Si estás siendo tratado injustamente o si ves maldad prosperar, recuerda que Dios no ignora el dolor ni olvida a los humildes. Y cuando digo humildes, me refiero exactamente a eso: humildes, no pobres, carenciados o faltos de dinero. Eso tiene otro nombre.
Verso 16 = Jehová es Rey eternamente y para siempre; De su tierra han perecido las naciones. (17) El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, (18) Para juzgar al huérfano y al oprimido, A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra.
Aquí, indudablemente, hay una expresión y un sentimiento de confianza en lo que puede ser el juicio divino. Es como no dejarse deprimir ni decaer por lo que los hombres malos hagan en esta tierra, porque habrá un juicio divino que pondrá las cosas en su lugar. Espiritualmente, los que creen con sinceridad y gran fe, saben perfectamente que Dios reina eternamente. Y reinar, siempre es tener en claro todo lo que sucede. Eso, más la seguridad de que Dios escucha el clamor del más humilde de sus hijos y luego hace Justicia hasta con los huérfanos y oprimidos, es como decir que asume y ejecuta justicia incluso con aquellos que no creen en Él, de la misma forma que con los cautivos del reino de las tinieblas.
En otro orden y nivel de comprensión, está el tema del tiempo. La justicia de Dios es segura, de eso no hay un solo creyente que tenga dudas. Lo único que los deja pensando un buen tiempo, es que por momentos parece un tanto tardía. Pero el verso 17 es claro al respecto cuando expresa: El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, Y punto, no hay demasiado para discutir después de esto. Por eso este salmo, en su estrofa final, concluye con una afirmación de confianza: Dios reinará y defenderá al débil. Sólo resta asegurarse cuál de verdad es el débil en cada historia. Aunque el mal parezca ganar, que es lo que una enorme mayoría suele ver, eso quizás está sucediendo hoy, pero la inamovible Justicia de Dios, habrá de imponerse en el final. Debemos hacer un cultivo con nuestra paciencia espiritual. Y confiar en que Dios no solamente está viendo todo, sino que cuando llegue su momento actuará en tiempo y razón perfectos.
Este salmo tiene la particularidad de mostrarse nítidamente en las dos dimensiones conocidas: la literal y terrena y la espiritual. Dentro de lo primero, nos queda más que claro que se trata de dejar en evidencia que habrá una justicia divina imponiéndose por sobre la injusticia humana. Que, asimismo, habrá una dura confrontación entre la arrogancia d como recurso favorito de la impiedad en contra de la fe, que es el arma letal del justo. Todo eso en medio de la tensión que produce la observancia de una realidad visible llamada impunidad y la fe en la acción de Dios cuando sea que está llegue. Aunque Dios parezca distante, Él está viendo, escuchando y luego actuando a su tiempo para defender a los humildes, (Que no siempre son los carenciados o faltos de dinero), y al mismo tiempo juzgando al impío. Si hay algo que este salmo deja más que en claro, ese algo es que el mal jamás tendrá la última palabra.
Ahora mira a tu alrededor, donde quiera que habites o tengas residencia. ¿Que puedes ver, así, a primera vista y casi como si fuera desde las alas de un pájaro? Que hay lugares, momentos e individuos que colaboran y mucho para que el mal parezca prevalecer. Es el exacto momento en que muchos cristianos sienten que la tierra se mueve y se abre bajo sus pies y no encuentran salida porque tienen la sensación que Dios parecería estar en silencio total respecto a lo que están viviendo. Si tú no estás así, ¡Gloria a Dios por tu tierra! Pero si te sientes así, para ti es que el Espíritu Santo me trajo hoy a este salmo. Creo que a cada lector y creyente, de cualquier formación o nivel espiritual, este salmo le brinda conclusiones distintas. Algunos, como el prestigioso Matthew Henry, pueden expresarlo. Otros, tal vez deban conformarse con consensuar o no con su definición.
Matthew dice respecto a los primeros once versos, que los retiros de Dios son muy penosos para su pueblo, especialmente en tiempos de problemas. Nos mantenemos lejos de Dios por nuestra incredulidad, y luego nos quejamos de que Dios está lejos de nosotros. Las palabras apasionadas contra los hombres malos hacen más daño que bien; si hablamos de su maldad, que sea para el Señor en oración; Él puede mejorarlos. El pecador se gloría con orgullo en su poder y éxito. Las personas malvadas no buscarán a Dios, es decir, no lo invocarán. Viven sin oración, y eso es vivir sin Dios. Tienen muchos pensamientos, muchos objetos y dispositivos, pero no piensan en el Señor en ninguno de ellos; no tienen sumisión a su voluntad, ni aspiran a su gloria. La causa de esto es el orgullo. Los hombres piensan que debajo de ellos son religiosos. No podrían romper todas las leyes de justicia y bondad hacia el hombre, si no hubieran sacudido primero todo sentido de espiritualidad.
Y luego concluye en los últimos versos que el salmista habla con asombro, de la maldad de los impíos, y de la paciencia y la tolerancia de Dios. Dios prepara el corazón para la oración, encendiendo los santos deseos y fortaleciendo nuestra fe más santa, arreglando los pensamientos y elevando los afectos, y luego acepta la oración con gracia. La preparación del corazón es del Señor, y debemos buscarlo por él. Que el creyente pobre, afligido, perseguido o tentado recuerde que Satanás es el príncipe de este mundo y que él es el padre de todos los impíos. Los hijos de Dios no pueden esperar bondad, verdad o justicia de personas como crucificado al Señor de la gloria. Pero este que una vez sufrió a Jesús, ahora reina como Rey sobre toda la tierra, y de su dominio no habrá fin. Comprometámonos con él, confiando humildemente en su misericordia. Él rescatará al creyente de toda tentación, y romperá el brazo de cada opresor malvado, y golpeará a Satanás bajo nuestros pies en breve. Pero solo en el cielo se cerrará todo pecado y tentación, aunque en esta vida el creyente tiene un anticipo de liberación. Hasta aquí Matthew Henry.
Muy bien. Tengo que ser honesto y confesarte que, si me preguntas el motivo que yo entiendo por el cual el Espíritu Santo me dio este salmo para compartirte, debo decirte que no lo sé. Y no me pone mal no saberlo, porque dentro del movimiento natural del Reino de Dios, hay temas o asuntos que no les es dado a los hombres conocerlos. No, al menos, antes que un vocero del Reino, al cual también deberíamos llamar profeta, lo exponga a todos por mandato de Él. Yo, desde mi humilde posición de maestro de la palabra, me he limitado a cumplir con mi rol. No sé qué hará mi Padre con todo esto en cada uno de ustedes, aunque presumo que lo haga, será para bendición, sanidad, liberación y paz. Eso, si me dejo guiar por lo que he podido observar a lo largo de mi trayectoria en esta área del evangelio.
Cuando lo recibí, mi primera reacción, supongo que fue la que cada uno de ustedes habría experimentado: ¡Es para mí! ¡No lo entiendo! ¿Qué debo hacer? Luego de haber orado buscando dirección, en mi espíritu hubo una certeza absoluta que esto no tenía que ver con mi vida personal, sino con la ministerial. Eso significaba que esta palabra no era para mi vida diaria o cotidiana, sino para trasladarla a quienes hoy son mis receptores. Aún con los riesgos habituales que este ministerio siempre tuvo consigo: el de ser confundido con uno más de los tantos que a diario y por las redes, defienden o denuestan a determinadas figuras políticas operando, obviamente, para su opuesta. No te descubro ninguna novedad si te aseguro que ese no es mi caso. No milité, no milito ni militaré jamás en ninguna fuerza política o ideológica terrenal por una simple razón: Si Jesús no lo hizo, (Aunque a muchos sin entendimiento les haya parecido que sí), yo tampoco debo hacerlo.
Además, (Y a esto también lo he enseñado), la iglesia no puede ni debe estar adherida a ningún gobierno terrenal, porque la iglesia, por diseño divino, ES gobierno, aunque desde sus rodillas y su guerra contra el reino de las tinieblas, no formando parte de roscas y triquiñuelas llamadas pomposamente “negociaciones” políticas. Si esta misma idea o posición está instalada en tu mente, tendrás revelación respecto a este salmo. Si tienes otra idea u otra posición, cosa absolutamente legítima dentro de las leyes terrenales, no te será revelado nada y el salmo no pasará de ser uno más de los tantos que habrás leído o te hayan predicado en todos tus años de creyente. No tengo mucho más mensaje que entregarte, creo que el salmista escribió todo lo que le fue enviado y lo dejó para nuestra reflexión, revelación y crecimiento. Te lo voy a volver a leer, aunque en este caso en la más popular versión de la Nueva Traducción Viviente.
Salmo 10: 1 = Oh Señor, ¿por qué permaneces tan distante? ¿Por qué te escondes cuando estoy en apuros? (2) Con arrogancia los malvados persiguen a los pobres; ¡que sean atrapados en el mal que traman para otros! (3) Pues hacen alarde de sus malos deseos; elogian al codicioso y maldicen al Señor. (4) Los malvados son demasiado orgullosos para buscar a Dios; parece que piensan que Dios está muerto. (5) Sin embargo, prosperan en todo lo que hacen. No ven que les espera tu castigo; miran con desdén a todos sus enemigos. (6) Piensan: «¡Jamás nos sucederá algo malo! ¡Estaremos para siempre sin problemas!». (7) Su boca está llena de maldiciones, mentiras y amenazas; tienen maldad y violencia en la punta de la lengua. (8) Se esconden en emboscada en las aldeas, a la espera para matar a gente inocente; siempre buscan víctimas indefensas. (9) Como leones agazapados en sus escondites, esperan para lanzarse sobre los débiles. Como cazadores capturan a los indefensos y los arrastran envueltos en redes.
(10) Sus pobres víctimas quedan aplastadas; caen bajo la fuerza de los malvados. (11) Los malvados piensan: «¡Dios no nos mira! ¡Ha cerrado los ojos y ni siquiera ve lo que hacemos!».(12)¡Levántate, oh Señor! ¡Castiga a los malvados, oh Dios! ¡No te olvides de los indefensos! (13) ¿Por qué los malvados desprecian a Dios y quedan impunes? Piensan: «Dios nunca nos pedirá cuentas». (14) Pero tú ves los problemas y el dolor que causan; lo tomas en cuenta y los castigas. Los indefensos depositan su confianza en ti; tú defiendes a los huérfanos. (15)¡Quiébrale los brazos a esta gente malvada y perversa! Persíguelos hasta destruir al último de ellos. (16)¡El Señor es rey por siempre y para siempre! Las naciones paganas desaparecerán de la tierra. (17) Señor, tú conoces las esperanzas de los indefensos; ciertamente escucharás sus clamores y los consolarás. (18) Harás justicia a los huérfanos y a los oprimidos, para que ya no los aterre un simple mortal.
En conclusión, este salmo nos enseña que la fe verdadera de ninguna manera niega el dolor ni la injusticia, pero sí insiste en creer que Dios está presente, que escucha y sabe todo lo que ocurre y que, esencialmente, hará Justicia. Pero Justicia con una jota mayúscula, la divina, no con una minúscula que por años ha trabajado de un modo que ha llevado a mucha gente a sentirse defraudada. En tiempos de oscuridad como muy bien podría ser estos de hoy, este salmo nos anima a no rendirnos y a seguir confiando. Siempre recuerdo que en mi pequeño pueblo natal, había un hombre anciano, ya, de esos que todavía pueden considerarse como criollos o gauchos argentinos. En su sabiduría tosca y carente de formación educacional sistemática, él solía decir esto: “Los pobres no me preocupan porque a ellos los ayuda la iglesia. Los ricos tampoco me preocupan, porque a ellos los ayudan los gobiernos. Me preocupa ser yo sin copiarme de ninguno de ellos”. No será de índole espiritual, pero no me negarás que sigue siendo sabiduría, ¿Verdad?
Finalmente, si algo de todo esto te ha tocado hondo, ya sea directamente por tu vida, o de modo indirecto por la vida de gente que amas, te quiero dejar a la mejor manera del Padrenuestro que plantó Jesús, como modelo y no como verso a recitar, una oración que puedes realizar con relación a todo esto.
Señor,
a veces siento que estás lejos,
que el mal prospera y el justo sufre.
Mi corazón se duele al ver tanta injusticia,
y me pregunto por qué callas.
Pero hoy decido creer que Tú ves,
que nada escapa a tus ojos ni a tu corazón.
Tú conoces el dolor del humilde,
Tú escuchas el clamor del afligido.
Levántate, oh Dios, y haz justicia.
Fortalece a los que han sido heridos,
y quebranta la soberbia del impío.
Reina Tú sobre mi vida y sobre el mundo.
Te entrego mi temor y mi confusión,
y descanso en tu promesa:
que Tú no olvidas,
Tú no fallas,
Tú eres justo y bueno para siempre.
Amén.
Nuevamente te aseguro que no sé por qué causa, motivo o razón el Espíritu me ordenó hoy compartirte esto. Es muy probable que tú, quien quiera que seas y donde quiera que residas, si debes saberlo y todavía debes estar llorando con esas lágrimas que sólo brotan cuando Dios te dice casi a los gritos que sí, que no sólo se ha olvidado de ti, sino que te tiene muy en cuenta., así como tiene en cuenta todas las cosas que te suceden. Si tienes algo para agradecer, agradécele a Él. Yo no hice nada más que ser obediente, al menos por esta vez. Vaya una por las tantas en que me equivoqué y pretendí arreglar las cosas o predicar sabiduría personal de mi carne. Si te fijas en algún cesto de basura cercano, allí va a encontrar seguramente todos consejos míos. Los del Padre, a través de la cruz del Hijo y por gestión del Espíritu Santo, es lo que en este momento te hace sentir bendecido.