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Sin Compromiso No Hay Victoria

Tengo una duda en forma de pregunta: ¿Por qué la iglesia todavía no consigue esa victoria que según todas las profecías va a lograr? Hay varias respuestas. Una de ellas, es por su tibieza. La mayoría de los cristianos parece haber olvidado que Dios mismo les dice que a los tibios los vomita de su boca. Y no es un simbolismo. Toma cualquier infusión bien caliente o bien fría, y podrás degustarla. Trata de beberla tibia y, sino te produce nauseas, es porque tienes un estómago bien fuerte. La tibieza es como la arena, un poquito de roca triturada mezclada con tierra, que es como decir algunos retacitos minúsculos de Cristo, entremezclados con la carnalidad de Adán.

También hay un problema de egocentrismo, que no permite que el cristiano haga autocrítica positiva tendiente a cambiar y a mejorar. Si es frío para con las cosas de Dios, le vuela la piel a jirones dentro de los templos porque es criticado y aplastado por esa su manera de ser y sentir el evangelio. Si, por el contrario, es caliente al punto de salirle fuego por la boca cuando habla del Dios que ama y desea servir, es tildado de fanático, aun por los que dicen ser sus hermanitos en la fe. Entonces, como método práctico más conveniente para permanecer y pertenecer, adopta la vieja hipocresía farisea y se convierte en alguien que no dice nada, no hace nada, no piensa nada ni se juega por nada. Tibieza.

¿Sabes lo que es el vómito? Linealmente, arrojar violentamente por la boca algo que el estómago expulsa a modo de defensa. Esto me dice a mí y también a ti que, cuando Dios vomita a los tibios, se saca de encima de manera violenta algo que le está dañando su esencia misma, su sustancia. Y no lo hace por maldad, crueldad o despotismo, lo hace a modo de defensa del diseño creado. La Biblia nos cuenta que, en una época, la tierra vomitó a sus moradores por causa de su contaminación. O que, al hablar del necio, lo compara nada menos que con un perro que vuelve a lamer su vómito. Si encuentras algo más repugnante o asqueroso que esto, muéstramelo. Yo sigo pensando que no lo hay.

En otros textos, el vómito es asociado directamente con la borrachera, lo cual no es ni simbólico ni metafórico. Quien haya tenido ocasión, de ver a gente ebria de toda ebriedad alguna vez, sabe que entre otras tantas asquerosidades que producen, la del vómito es quizás la más visible y determinante. Por esa razón es que Dios mismo deja más que en claro que los borrachos no tendrán parte con Él. No habla de prohibir el vino, por ejemplo, porque de hecho Jesús mismo lo consumió durante su ministerio, así está escrito. Habla de hacer prevalecer la santidad y el dominio propio, que en este caso impediría que una copa de vino se convierta en varias y termine en borrachera.

Frío o caliente, se nos recomienda. Con los fríos, el Señor tiene manera de conectarse. Ya buscará Él la forma para llegarle al fondo de los tuétanos y sacudirlo de modo tal que no le quede otro recurso que levantar sus ojos al cielo. La mayoría de nosotros encontró a Jesucristo cuando andaba en esa temperatura espiritual. Con los iluminados por el fuego santo seguramente encarará toda batalla que se le presente, porque tendrá plena confianza en esa clase de soldado. Pero con el tibio, le será muy complicado encontrar la forma de llegarle, ya que, para esa clase de personas, todo parece ser bueno, lindo y conveniente, pero nunca terminan de comprometerse con nada. Y como terminan por ser obstáculo de los que buscan avanzar, no le queda otra solución que expulsarlos. Vomitarlos de su boca. Quitarles la palabra.

Y punto. De ese vomitar de su boca no hablaré más. No me gusta esa palabra y me produce exactamente la misma repugnancia y hasta rechazo que seguramente le ocasiona a muchos de ustedes. Pero, lamentablemente para nuestra fina cultura, es esa la palabra que está en mi Biblia y, si quiero hablar con la palabra que Dios está hablando, la tendré que utilizar, analizar, explicar y advertir. Un buen soldado no toma su arma y se lanza al ataque porque le agrada. Lo hace porque tiene una orden y, como buen soldado que es, tiene que obedecerla. Porque por obediencia se pelean las buenas batallas. Ser justo significa ser obediente. Y son los justos los que ganan las guerras espirituales.

Otra respuesta a la pregunta inicial, tiene un nombre que podemos dividir en dos interpretaciones. Para el idioma vulgar de la calle, la palabra es Comodidad. La iglesia no pelea la guerra implementada por el reino de las tinieblas y lo vence, por comodidad. Ha elegido convencerse a sí misma mediante discursos semanales disfrazados de predicaciones, que, con asistir a cada culto o reunión de su congregación, participar en todas las actividades formales que se dispongan, estar en obediencia y sujeción irrestricta a un líder y diezmar y ofrendar puntualmente con generosidad, ya está. Luego toma asiento cómodamente en su banca y su mayor esfuerzo será no bostezar ni dispersarse cuando oye el sermón nuestro de cada semana. Luego sale, se va a su casa y no se ve a sí misma como iglesia hasta el culto de la semana que viene.

Ahora bien; ser una iglesia cómoda, en el idioma vulgar, al menos en mi país, Argentina, reemplaza a otra palabra que sí es bíblica y que naturalmente todos ustedes conocen, tienen identificada y hasta pueden orar pidiendo al cielo que no los toque: la Pereza. Cualquier mediano diccionario de la lengua española que te va a explicar que la pereza es, en primera instancia, la negligencia, falta de ganas o disposición para hacer las cosas. También es el descuido o la tardanza en las acciones. Sin embargo, los que llevamos algún tiempo en los caminos del Señor, sabemos que la pereza es un infatigable espíritu maligno que, si se lo permites con tu pasividad cómoda, hará estragos en el andar de cualquier grupo que se denomine a sí mismo como cristiano. No es invento ni exageración, es realidad vista por todos.

La Biblia nos cuenta que ya en el principio de nuestra historia el pueblo de Israel fue reprendido por causa de su pereza. No se decidían nunca a salir nada menos que en búsqueda de la tierra prometida. ¿Estás viendo al espíritu demoníaco en esa actitud? Salomón, en sus escritos mitad poéticos y mitad proféticos o de dirección, nos invita a observar el trabajo incansable de la hormiga, como contraposición a la pereza humana. También reprende al que duerme por pereza o placer y no por sueño normal. Y dice que es como el vinagre a los dientes y como el humo a los ojos. El perezoso. El vinagre en los dientes produce altísima incomodidad y dolor. El humo en los ojos, lo mismo. Dolor y molestia. Según Salomón, es a Dios a quien la pereza del hombre le produce eso. Si no es guerra…

Luego compara al diligente, que es la contra partida, y de él dice que será prosperado, en tanto que al perezoso su alma lo tendrá asfixiado porque sólo es capaz de desearlo todo y no alcanzar nada. Luego habla del camino de quien vive en pereza, y lo comprar con un seto de espinos. ¿Qué está queriendo decir? Que ese camino será dificultoso en primera instancia, y doloroso en el final. Aquí la contraparte salomónica son los rectos, quienes verán todo su andar allanado. Suena exagerado cuando añade que un perezoso mete su mano en el plato, porque obviamente tiene hambre, pero le cuesta llevar esa comida a su boca. Además, no trabaja su tierra durante el invierno, porque le da pereza pasar frío, y cuando llega la época de la siega sale a pedirle fruto a los que en su momento trabajaron duro. No me digas que no conoces gente así, salvando las comparaciones y los ejemplos agrícolas.

Incluso te da un ejemplo. Te dice que el perezoso tiene deseos que lo matan de ansiedad, pero que por rara paradoja, sus manos no quieren trabajar. O sea: Cantamos canciones de victoria, pero no nos decidimos a pelearle a Satanás cada milímetro de su usurpadora conquista. También lo rotula como pesimista, porque dice que, al ver un león en la calle, el perezoso directamente se da por muerto sin luchar por su vida. Con el que anda como león rugiente, le sucede lo mismo. Y lo remata mostrando al perezoso en una faceta que creo que conocemos demasiado bien, lamentablemente. Porque dice que en su propia opinión, él cree ser más sabio que siete hombres que sepan aconsejar. ¡Pavada de Ego tiene, además de pereza!

A lo de Pablo te lo voy a citar textualmente porque no tiene letra que no signifique algo. Dice en Romanos 12:11: En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; Crucial para una época de conquista, de guerra y de reforma. No estamos hablando de activismo religioso, estamos hablando de cumplir o no con la misión encomendada por el Espíritu Santo para cada uno de nosotros, como hijos del Dios de amor, pero también como soldados de Jehová de los ejércitos. Y, finalmente, respecto a este pecado, (Uno de los siete pecados capitales, enseñan en algún lugar), hay algo escrito en la carta a los Hebreos. Capítulo 6 y verso 12, se lee: a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

Esto es lo que corrobora que la pereza, más allá de ser una condición negativa, perjudicial y gravosa para la iglesia en su conjunto, y un pecado desde la óptica de la desobediencia, también es la resultante de la actividad de un espíritu demoníaco que aprovecha puertas abiertas en las personas y los lleva a ese estado donde no son ni útiles ni buenos para nada. Un pueblo lleno de pereza le dijo Moisés que subiera al monte, hablar con Dios y luego regresara a contarles que le había dicho. Una iglesia llena de pereza envía a un hombre a hablar supuestamente con ese mismo Dios y, al retornar, plantarse un domingo en el púlpito de la iglesia a predicarles un mensaje con todo lo que Dios le dijo. ¿Y ellos, qué? Pereza.

El tercer elemento que vemos como propiciador de derrota abundante dentro del pueblo santo, es la Soberbia. Pecado notorio y notable si los hay es, sin embargo, habitante permanente en el ambiente cristiano. De hecho, no recala precisamente en la masa que ocupa bancos. Preponderantemente está enquistado en sitios de poder. Alguien me dijo alguna vez que, si la soberbia es mala por donde se la mire en cualquier actividad de todas las conocidas, la que podríamos denominar como soberbia cristiana, es la peor de todas. Porque está sujeta a los mismos vaivenes que la secular, pero con un ingrediente en su contra que la otra no tiene: está bajo maldición. El hombre del mundo no conoce la palabra de Dios, así que la serie de pecados que pueda cometer contra ella, no lo preocupa, pero por ignorancia. El cristiano soberbio si conoce la palabra, y si no se preocupa, hace trasladar al pecado a prevaricación.

Hay una sutil confusión, (Y si digo “sutil”, ya puedes imaginarte de dónde proviene), que ha llevado al error a mucha gente que no se tomó el trabajo, ya sea por carencia de tiempo o simple comodidad, de                           escudriñarlo debidamente en la palabra de Dios. Alguien me dice con llamativa seguridad y una pizca de arrogancia que ha elegido trabajar para el bien y combatir el mal. Monta un tremendo ministerio encausado en esa dirección y espera, con no poca presuntuosidad que Dios se sienta obligado a respaldarlo, porque está trabajando para el lado del bien y no del mal. Eso se llama yoísmo, egocentrismo y soberbia. Se olvidó de un detalle: el que comió del árbol que le permitió definir el ben y el mal, fue Adán. Así que lo que está haciendo, aunque parezca muy bueno y sano, lo está haciendo en Adán, esto es, en su carne. Tú no trabajas para el bien y en contra del mal. Tú trabajas para, con y EN Cristo, y en Él no habita el mal, todo es bien.

En el libro de los Números, está escrito que la persona que hiciere algo con soberbia, ya sea el nativo del lugar como el extranjero, ultraja a Dios con esa posición. Y por esa causa, se añade, tendrá que ser cortado de en medio de su pueblo. Al término “cortado” utilizado allí, tú tómalo como mejor lo entiendas. Pero ya no será parte de esa comunidad, eso es más que claro. El salmista, en tanto, le pide a Dios que lo preserve de las soberbias. Que ellas no se enseñoreen de él. Porque dice que sólo de esa manera será íntegro y estará limpio de gran rebelión. Eso me dice a mí y te dice a ti que sentir soberbia, es lisa y llanamente estar en rebelión con Dios. Y tú ya sabes cual es la paga de la rebelión en ese nivel. Hay sobrada escritura al respecto como para no equivocarse o simular que no nos dimos cuenta.

Otro salmista dice los que militan en la soberbia serán presos en ella, así como por la maldición y la mentira que profieren. Cuidado, estamos hilando espiritualmente muy fino, lo que no quita que sea verdad. Ser soberbio es sinónimo de maldecir, esto es, decir mal de lo que Dios nos demanda que digamos bien. Y también mentir, porque al entrar en soberbia estamos vendiendo un personaje que no somos. En política, en economía, en religión, todo por igual. Babilonia. Y cuando mientes, automáticamente te sometes al padre de mentira. Sabes quién es, ¿Verdad? Salomón le pone condimento profético y futurista, cuando dice que al llega la soberbia, trae consigo a la deshonra. Y añade que solamente con los humildes de verdad, no de simulación externa, está la verdadera sabiduría.

Los profetas también aportaron los suyo. Si los vemos como autores de predicciones futuras, lo que digan nos sonará de un modo. Pero si los vemos como lo que sus rangos nos dicen, Voceros, entonces entenderemos que lo que dicen ellos, es exactamente lo que Dios les ha ordenado que digan. Eso es un Vocero del Rey. Isaías, dice que la altivez de los ojos del hombre será abatida. (¡Wow!) y luego añade que la soberbia e esos mismos hombres, será humillada. (Dos veces ¡Wow!) Y por si todo esto no fuera suficiente, añade que solamente Dios será exaltado. ¿Alguien lo habrá olvidado a esto, hoy? Jeremías, por su parte, dice que su alma llorará por causa de la soberbia de su gente. Y que ese llanto se derramará porque verá al amado pueblo de Dios, entrando en cautiverio por soberbia e ingratitud.

Ezequiel. Le dice Dios que, por causa de haberse auto proclamados como ídolos a lomos de su soberbia, levantando esculturas o afiches con sus rostros para adoración popular, los convirtió en cosa repugnante. ¡Tremendo! Eso hace nuestro Dios “de amor” cuando aplica justicia. Suelta la religión, abraza la Palabra. Vive EN Cristo y permite que el Espíritu guíe tu vida. Daniel cuenta que Nabucodonosor reconoció la obra de Dios y su decisión de humillar a los soberbios. Con él incluido. Oseas, por su parte, hablando de Israel dice que volvieron, pero no al Altísimo, sino que fueron como arco engañoso, terminaron cayendo por la soberbia de sus lenguas. Entiende. La lengua es pasible a dar el primer paso hacia la soberbia. Refrénala. Está para servirte en tu tarea, no para cortarse sola y proclamar vanidades.

Y el último de los cuatro elementos que, conforme a relevos efectuados en distintos espacios, producen en la iglesia un dejarse estar que amenaza con ser eterno, es el que no podía estar ausente, porque es la suma de todos los restantes: El Pecado. Armatía es la palabra griega que se traduce como pecado, y tiene implicancia con el disparo de una flecha por parte de un arquero que no da en el blanco. De lo que se interpretó que, pecado es, en suma, no dar en el blanco con algo correcto según la visión del Rey y terminar haciendo lo contrario en clara oposición hacia él. Fuera del llamado original, por estar inserto en nuestra naturaleza desde el momento mismo de nuestro nacimiento, y que deriva de la caída de la primera pareja humana en el Edén, hay una serie de hechos que son considerados como tal y que el hombre no siempre respeta o cumple.

Uno de ellos, es el maltrato hacia las personas. Génesis nos cuenta la historia de José y sus hermanos, los que habían pecado por maltratarlo a él, debiendo arrepentirse y pedir perdón por ello, hecho que hizo llorar a José. Éxodo nos muestra un estatuto perfecto para Aarón y a toda su descendencia después de él, al determinar que en su calidad de sacerdotes, cuando se acercaran al altar para servir en el santuario, se cuidaran muy bien de no llevar pecado, ya que si eso sucedía, directamente morirían allí mismo. Deuteronomio nos relata que Moisés declaró que se postró delante de Dios cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua, a causa de todo el pecado del pueblo, entre otras cosas, fabricándose un becerro de oro para adorar como ídolo simplemente porque no quisieron aguardar a que Moisés descendiera del monte con las tablas de la ley.

Josué no le va en zaga cuando cuenta que Dios le habló claramente y le hizo saber que Israel había pecado y, de ese modo, quebrantado su pacto con Él. Pero luego le añade que han tomado del anatema, y que por si eso no fuera suficiente, han robado, han mentido y han guardado entre sus enseres lo que robaron al anatema. Tú abres grandes tus ojos y preguntas: ¿Israel, que conocía casi de cerca al Dios Todopoderoso, fue capaz de hacer eso? Sí; del mismo mod en que hoy mismo, alguien que un día pareció convertirse a Cristo en un mar de lágrima y sonidos de quebrantamiento, anda robando, estafando, abusando y hasta fornicando tranquilamente en la congregación que le abrió sus brazos para recibirlo. Por eso Isaías no es suave cuando los trata de gente pecadora, de pueblo cargado de maldad, de ¡Generación de malignos!, les dice. Porque abandonaron. a Dios y provocaron su ira.

Jeremías no es más suave al respecto, precisamente. Se limita a repetir lo que Dios le dice con referencia a alguien que está en pecado. Aunque te laves con mil kilos de jabones de gran potencia limpiadora, la mancha de tu pecado permanecerá de igual modo delante de mí. Eso les dijo. Entiende, acepta y cree, que el único elemento capaz de limpiar tu pecado y para siempre, es la sangre que Jesús derramó en la cruz. Si aceptas, crees y declaras con fe eso, así será hecho. Ezequiel prefiere caerle a los legalistas críticos de congregaciones que todos conocemos, cuando dice que cuando juzgas a tus hermanos, llevas la vergüenza de tus propios pecados, que ante sus ojos son más abominables que los de ellos, que en definitiva han sido más justos que tú. Te manda avergonzarte por haber justificado a otros que pecaban sin darte cuenta que, al hacerlo, te involucrabas de lleno en su pecado.

Daniel, en cambio, es más amplio, abarcativo y global. Le pide a Dios que se aparte de su ira y su furor sobre toda su ciudad, Jerusalén, su santo monte, porque por causa de los pecados de la gente y la maldad de sus padres, tanto Jerusalén como el propio pueblo son el oprobio de todos en derredor. ¿Sabes como lo entendemos a Daniel? ¿Sabes cuantos, de nosotros, que batallamos cada día para no salirnos del camino de integridad, justicia, honestidad, fidelidad y obediencia, sentimos vergüenza ajena de tantos pseudo cristianos que cometen toda clase y forma de fechorías, para colmo, invocando a Dos en ellas? Menos mal que Mateo pone las cosas en orden cuando repite lo dicho por Jesús en cuanto que debemos saber que Él tiene toda la potestad en la tierra para perdonar pecados, claro está, cuando estos son confesados y puestos a consideración del Padre para su perdón y redención.

Marcos amplía este concepto de Jesús con más palabras esclarecedoras con una sola excepción y condición que jamás deberá ser transgredida si es que se desea una eternidad junto a Él: De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Por si no te queda claro qué cosa es blasfemar contra el Espíritu Santo, te tiro un par: ignorarlo en su guía a toda verdad que siempre hace para con todos los que dicen ser creyentes y adjudicar a demonios algo que proviene de Él. Ni se te ocurra. Hechos, lo concluye con otra sentencia donde se nos asegura que con el perdón de nuestros pecados y sumergidos en Cristo, es como nos hacemos acreedores al don del Espíritu Santo como fuente de poder y libertad.

Fin. Hice una pregunta el inicio: ¿Por qué la iglesia todavía no consigue esa victoria que según todas las profecías va a lograr? No tengo la respuesta total ni completa, obviamente, pero sí pude hallar cuatro elementos que contribuyen y contribuyeron bastante para que eso todavía no se haya producido. Tibieza, Comodidad o Pereza, Soberbia y Pecado. Pero… ¿Es lo único? ¡No! Ni por asomo. Estoy absolutamente seguro que, al escuchar esto, el Espíritu Santo te estuvo mostrando otros elementos, otras razones, otras causas para el mismo problema. Sin embargo, coincidirás conmigo que, cualesquiera fueran esas otras causas, habría que incorporarlas a estas cuatro. Por una sencilla razón: estas cuatro que he mencionado, tienen un común denominador que las une a todas. O, mejor dicho, que une a las primeras tres, con la última. Tanto ser tibio, como holgazán, como soberbio, es pecado.

Y voy a dejar para el cierre, una condición que me ha tocado ver en enorme mayoría en casi todas las congregaciones en las que he estado e, incluso, en las que en algún momento me congregué a la manera tradicional: falta de compromiso. Algo así como decirle al líder que suba al monte, que hable cara a cara con Dios y luego descienda y te convierta todo lo que recibió en un mensajito para el domingo. ¿Y nosotros, en tanto? Esperando a ver qué rostro tiene el becerro que algún Aarón arrojó al fuego de oro. Está muy bueno leer tu biblia todos los días, orar una o dos veces por día, ver videos o escuchar audios de buenas predicaciones y asistir puntualmente a todas las reuniones o cultos. Pero para acceder a esa victoria profetizada, tengo la sensación hecha certeza que necesitamos mucho, pero muchísimo más compromiso.

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mayo 10, 2025 Néstor Martínez