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Ataduras

Hay veces que alguien, en su afán por servir más y mejor, intenta hacerlo de todas las maneras que su propia inventiva le propone. Hay otras veces, en cambio, que se deja guiar por quien tiene que hacerlo y las cosas no sólo le salen mejor, sino que, además, le salen completas. Porque el Espíritu Santo, de improviso, puede hacernos ver que, si bien el propósito de Dios no se altera en lo más mínimo y la visión de una misión sigue intacta, vigente y obligada, será muy poco y muy pobre lo que se intente hacer en su nombre para inyectar madurez, revelación y conciencia de victoria, si una gran franja de los que son sus hijos, todavía están esclavos de Satanás dándole permiso, consciente o inconscientemente, para manejar sus mentes y sus vidas. De allí que debamos revisar, aquí, el significado real y concreto de lo que pueden ser Las Ataduras del Miedo.

Y lo hacemos por obediencia. Porque en esto, reitero, el único error verdaderamente grave del hombre, sería desobedecer. Todo lo demás es para la gloria y honor de Dios, que es el que manda. Tengo una primera pregunta, entonces: ¿Cómo podemos andar con Dios de manera aceitada y con grandes bendiciones, si a nuestras vidas, en algún sector o en muchos, las está controlando alguna especie de miedo? Imposible. Porque el miedo es un espíritu que, cuando se le da entrada por alguna puerta de pecado abierta, tiene un control poderosísimo. Tanto que por allí nos obliga a actuar con irresponsabilidad o nos impide vivir con responsabilidad. A esto no lo evade nadie; ni siquiera el más encumbrado de los ministros. Cambian los factores, pero el temor es el mismo: miedo al fracaso. No sé cómo será la sociedad de tu país de residencia, pero puedo asegurarte que en el mío, fracasar en algo es casi sinónimo de suicidio social.

 Alguien dijo, y lo suscribo, que el Miedo es la avenida por la cual Satanás puede fluir con tanta potencia como lo hace Dios en la avenida de la Fe. Tal cual. Se puede afirmar, asimismo, y como fruto de relevamientos muy simples, que el miedo es la razón número uno por la que los cristianos no hablan de su fe. La agorafobia, que es el temor a estar en público, es uno de los trastornos psicológicos más extendidos. Vivimos, y eso se ve claramente, en una sociedad plagada por el temor al fracaso, el de los problemas económicos, a las enfermedades, a la inseguridad pública, a las pestes, a la droga, al abandono, la soledad y a la muerte. Pero estamos, como iglesia, plantados en este mundo para darle luz, no para vivir en la tiniebla del miedo al diablo, miedo al hombre y, – en fin -, miedo al miedo. ¿Tú sabías que el mandamiento más frecuente de Jesús en los evangelios, es: “No temáis”?

Antes que el pueblo entrara a la tierra prometida, Dios les dice cuatro veces la misma expresión: Esfuérzate y sé valiente. Esto, se complementa con lo que Salomón escribe en Proverbios 28:1: Huye el impío sin que nadie lo persiga; más el justo está confiado como un león. De aquí sacamos un principio básico para empezar a desatar estas ataduras: La Valentía. Ser valiente es una característica de una vida llena del Espíritu Santo. Cuidado, Satanás tiene una muy pulida imitación a eso también, así que no es raro ver a gente que aparentemente tiene valentía, aunque en realidad esto sea inconsciencia, pero que la utiliza para delinquir y pecar en todas sus expresiones. Se impone el discernimiento, sin el cual nadie sabrá si lo que le llega viene de Dios, del diablo o de su carne. (Hechos 4: 31) = Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Dentro de las significaciones que presenta la palabra Denuedo, está la que tiene que ver precisamente con lo anteriormente dicho: Valentía. La otra, y tú lo sabes porque lo he enseñado mucho, es tanto o más importante que esta: Sin Adulteraciones. La iglesia primitiva, convengamos, no oraba en absoluto para que la gente fuera sanada, para que profetizara, para que orara en lenguas o para que cayera tocada por el Espíritu Santo, todas cosas estas que provienen de Dios, que son tremendamente hermosas y que nadie discute. Esa iglesia, en cambio, oraba por valentía, pidiendo Valentía. Al Reino de Dios sólo lo pueden establecer las personas fieles y las personas valientes. Hay algo que nos tiene que quedar definitivamente en claro: Dios no se complace ni con los incrédulos ni con los cobardes.

Por lo tanto, y sin la menor pretensión de dar una clase de guerra espiritual, y sólo siendo obediente a ese sentir profundo tan conocido, te sugiero que cuando el miedo a lo que sea parezca dominarte, pídele disculpas a la psicología y a todos los teólogos serios que tienes cerca, pero si eres creyente, quédate con lo que tu Biblia y la mía dicen: que el miedo es un espíritu, un demonio para ser más claro, y que viene de parte del que ostenta ser el dueño del imperio de la muerte y del miedo, y ese no es nuestro Dios. Nuestro Dios es el que te regala el poder para que en SU nombre que está por sobre todo nombre, todo demonio por bravo que parezca, salga volando de donde un hijo de Dios lo eche fuera. Allí llegarás al final del camino teórico y los hechos concretos pasarán a ser los protagonistas principales. ¿Debo echar fuera un demonio cuando me perturba? Sin ninguna duda, debes hacerlo. Es mandamiento.

Al Miedo No se lo Sufre: SE LO VENCE

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diciembre 1, 2023 Néstor Martínez