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Edificando La Iglesia Apostólica

Es indudable que, como quiera que sea tu identidad espiritual, tiene que haber una nueva cultura frente a todo lo que haces. Es válido para todos los creyentes. Si alguien dice que desea casarse, hacer un viaje o tomar un nuevo trabajo, cualquiera que se encuentre cerca deberá hacerle la pregunta clave y básica: ¿Qué te ha dicho el Señor al respecto? De todos modos, él o ella harán lo que hayan decidido. Algo he aprendido en estos años de militancia espiritual: cuando el hombre ha tomado una decisión en lo más profundo de su corazón, ni Dios le hará cambiar de idea. Va a hacer lo que quiera. Puedes ir con toda tu autoridad apostólica y profética que el infierno va a detenerse, pero ese hombre o esa mujer, no.

Si tú no sabes los dones que tienes, muy difícilmente vas a poder pedir lo que te falta. Dicen los que han estudiado esto a fondo, que hay veintitrés dones ministeriales, ¿Cuál es supone que es el que te falta? Sólo puedes pedirle a Dios lo que necesitas, una vez que sabes lo que ya tienes. ¿Y a qué te ayudan esos veintitrés dones? Además de perfeccionar a los santos, como dice la palabra, me ayudan a escuchar la voz del Espíritu Santo. Ahora; si tú no estás usando los dones, muy probablemente tampoco estás escuchando claramente. Si sueltas los dones, pero no hay quien administre los dones correctamente y en orden, vas a generar un caos.

Se puede considerar una iglesia apostólica, cuando allí operan aquellas ocho funciones de las cuales hablamos. Y si falta una o dos, también. Porque, veamos: ¿Qué es lo que hace a una iglesia apostólica? Que tenga gente que escucha a Dios y, en razón de eso, pueda ejercer la autoridad de Jesucristo en un territorio. Porque, ¿Qué pasa si alguien escucha y no ejerce autoridad? Simple, no es parte de una iglesia apostólica. ¿Y por qué lo apostólico siempre está relacionado con un terreno? Porque los apóstoles lo están. Una de las grandes obligaciones de los apóstoles, es tomar absoluta autoridad territorial donde están ubicados.

¿Y qué se supone que ocurrirá si no están presentes esas funciones necesarias? Habrá que activarlas. ¿Y cómo las activo? Como Dios activó Su Creación: hablando. Es tu palabra la que mueve el mundo espiritual, nunca lo olvides. De pronto te das cuenta que en tu grupo nadie tiene inclinación por ayudar. Nadie ayuda a la gente necesitada. ¿Qué podré hacer? Lo primero, cambiar el mensaje. Empezar a predicar sobre la importancia en Dios de ayudar al que lo necesita. Explicando el significado de Justicia, en hebreo, se adelanta mucho. Porque Justicia en hebreo está asociado con dar al que no tiene.

Luego, al finalizar cada una de estas predicaciones, suelta simplemente un llamado dirigido a la gente a la que Dios ha puesto en su corazón allí y ahora, el deseo firme de ayudar. Y no te engañes. Si alguien tiene la idea de ir mañana a un poblado muy pobre a llevar comida y otras cosas que son de necesidad allí, el grupo completo se va anotar y asistirá de buen grado. Pero si a eso se lo debe hacer semana tras semana y a cualquier hora del día, entonces sí que ya se necesita contar con gente que tenga un llamado puntual para hacer eso. El error más grave que se ha cometido en las congregaciones, es darle algo a alguien en quien todavía el Espíritu Santo no se lo puso primero. Y eso se produce hablando. Cuando yo hablo, comienzo a crear.

Adán fue un co-creador con Dios. Porque Dios lo estaba haciendo solo, hasta que Adán empezó a ponerles nombres a todos los animales. Cuando se plantó frente a ese bicho feo, alto y de cogote inmenso, y declaró en voz alta: ¡Tú eres Jirafa!”, Adán habló. Y por consecuencia, creó un nombre que todavía hoy está vigente y activo. Dios los creó, Adán los identificó. Si el hombre entendiera que cuando habla, lo que en realidad está haciendo es arrojar semilla, otro sería su idioma. Y a la hora de ponerse en marcha, asume una función, jamás busques un título. Porque los títulos, a corto o mediano plazo, suelen torcer al corazón.

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febrero 18, 2023 Néstor Martínez