Maestro, Hay Solamente Uno

Ha sido dicho en varias oportunidades, que allá donde se encuentra el corazón del hombre, allí cimentará él sus mayores razones de vida. El dinero y las posesiones materiales son, indudablemente, una parte gravitante de ese sentir.

De allí que el hombre se resista, por todos los medios que encuentre, a ser pagador, a esgrimir generosidad. Lo pone de manifiesto en una clara oposición, tanto al tributo impositivo secular al gobierno de turno, que para cumplimentar con lo que Dios desea que cumpla para su propia bendición y prosperidad.

(Mateo 22: 15)= Entonces se fueron los fariseos y consultaron como sorprenderle en alguna palabra.

Esto tiene que ver con el tremendo fastidio que le producía a la clase religiosa la creciente popularidad de Jesús. Debido a ello, las autoridades religiosas tenían que tenderle una trampa y desacreditarlo entre la gente a fin de, – entre otras cosas – justificar su futura muerte.

(16) Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres.

Los herodianos eran un partido político judío que favorecía la continuación de la dinastía de Herodes. Aunque ellos y los fariseos eran enemigos naturales, las dos facciones se unieron en oposición común a Jesús.

(17) Dinos, pues, que te parece, ¿Es lícito dar tributo a César, o no?

Piense lo siguiente: si Jesús contestaba que sí, perdía el favor del pueblo, ya que éste odiaba la dominación de Roma. Pero si contestaba que no, entonces sus enemigos lo acusarían de traidor ante las autoridades romanas.

(18) Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, (Esto se llama discernimiento, señores, no adivinación), les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?

(19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.

(20) Entonces les dijo: ¿De quien es esta imagen, y la inscripción?

 Hay un leve y casi minúsculo detalle que deberá ser tenido en cuenta si es que se desea comprender algunas de las cosa sucedidas en este episodio. La sola y mera posesión de una moneda romana evidenciaba su sometimiento al dominio de Roma.

(21) Le dijeron: de César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

Cuando Jesús dice DAD, aquí, está pronunciando el vocablo griego APODIDOMI, que traducido, es: cumplir uno su deber, hacia el otro, dar lo que es debido, devolver, recompensar, restaurar.

Un estado de este mundo provee el bienestar de sus ciudadanos, quienes se ven así obligados a apoyar al gobierno. Los ciudadanos del Reino de Dios también le deben obediencia al Reino. Teóricamente no debería haber conflicto alguno entre los dos reinos, pero allí donde no existe la armonía, la lealtad a Dios tiene precedencia.

(22) Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole se fueron.

Habría que detenerse un momento en un somero pero oportuno análisis de la palabra “maravillaron”. Porque los hombres no suelen maravillarse así como así, y mucho menos los hombres de aquellos tiempos y sitios, acostumbrados a hazañas épicas y valentías sobredimensionadas. Aquí se trataba de una actitud desacostumbrada lo que los impactó.

Si usted es verdaderamente un genuino hijo de Dios, el mundo secular que vive en sus contornos, debería maravillarse alguna vez con su testimonio cotidiano de vida. De todos modos, sobresale en este texto el Mandamiento Nº 70: Dadle a los hombres lo que es de los hombres, pero a Dios lo que es de Dios.

(Mateo 22: 23)= Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, (24) diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano.

Este caso hipotético presentado por los saduceos, no es ni ocurrente ni inventado para la ocasión. Muy por el contrario, ellos lo rescatan de lo que podemos leer en el libro de Deuteronomio 25:5-10, pero suena ridículo a la luz de su propio rechazo a la resurrección. El texto mencionado, dice:

…Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco.

Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel.

Y si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces su cuñada a la puerta, a los ancianos, y dirá: mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel a su hermano; no quiere emparentar conmigo.

Entonces los ancianos de aquella ciudad lo harán venir, y hablarán con él; y si él se levantare y dijere: no quiero tomarla, se acercará entonces su cuñada a él delante de los ancianos, y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en el rostro, y hablará y dirá: así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano.

Y se le dará este nombre en Israel: la casa del descalzado… Sabido esto, los saduceos prosiguieron con su ejemplo…

(25) Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.

(26) De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo.

(27) Y después de todos murió también la mujer.

(28) En la resurrección, pues, ¿De cual de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron?

Además de ridícula y como se suele decir normalmente: “traída de los cabellos” esta ejemplificación demasiado antojadiza, la de los saduceos fue una anécdota relatada sin el menor conocimiento, cuestión que Jesús pondrá sobre la mesa inmediatamente al responder.

(29) Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.

(30) Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.

¿Cómo se supone que son los ángeles de Dios en el cielo? ¿Acaso pequeños niños desnudos provistos de alas volando por encima de las personas con sus cabellos rubios rizados al viento? Esa es la pintura que ha hecho el mundo secular de ellos. Lo cierto en consecuencia con este relato es que lo que se nos dice aquí, es que los ángeles son asexuados.

(31) Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿No habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: (32) Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es dios de muertos, sino de vivos.

(33) Oyendo esto la gente, se admiraba de su doctrina.

Aquí hay algo muy concreto. Es enteramente erróneo pensar en el cielo utilizando los conceptos terrenales. La vida en el cielo no será una extensión de la presente existencia humana. El poder de Dios proveerá nuevas y mejores relaciones que las de orden material existentes en este mundo.

Por su parte, los saduceos aceptaban como sagrados sólo los cinco primeros libros del Antiguo Testamento, y rechazaban la resurrección porque no encontraban nada en ellos que apoyara esa doctrina.

Jesús, entonces, llamó la atención sobre el hecho de que cuando Dios pronunció las palabras de Éxodo 3:6, Abraham, Isaac y Jacob estaban físicamente muertos hacía muchos años. Por lo que evidentemente había vida después de la muerte.

No obstante, lo que nos debe quedar en limpio, es que además de plasmar las tres generaciones pertinentes para la salvación global, Jesús nos deja aquí el que consideraríamos como el Mandamiento Nº 71: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Con lo que el “culto a los muertos” que propone cierto autodenominado “cristianismo”, es decididamente no bíblico.

(Mateo 22: 34)= Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una.

(35) Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: (36) Maestro, ¿Cual es el gran mandamiento de la ley?

Quiero hacer un pequeño paréntesis casi sonando a irreverencia, dado a que estamos hablando de trampas de los fariseos para hacer caer a Jesús en algún error que le significara el descrédito entre su gente.

¿Qué supone usted que sucede con cada hermano o hermano que ha recibido genuina Palabra del Señor y, sin aguardar autorizaciones denominacionales, convencionales o pastorales, hace exactamente lo que Dios le ha ordenado, que es trasladarla al pueblo?

 Pues si usted ha sido uno de ellos, lo sabe tan bien como yo: exactamente lo mismo que ellos: buscar el modo de hacerlo equivocar con el fin de desacreditarlo. ¿Se da cuenta que el diablo no es creativo y que, mientras le rinda beneficios una forma de actuar, él no la va a alterar por más años que pasen?

(37) Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

(38) Este es el primer y más grande mandamiento.

Breve interrupción para una acotación que consideramos vital: si este de amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, es el mayor mandamiento, obviamente, no hacerlo, lo convierte en el mayor pecado.

(39 Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.

(40) De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Está tan resumido y sintetizado que no se necesitan demasiadas aclaraciones. El que podríamos considerar como Mandamiento Nº 72: Amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente.

(Mateo 23: 1)= Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: (2) en la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.

Algo importante: los fariseos eran los más reconocidos maestros de la ley de Moisés, aunque fallaban a la hora de observar sus propios preceptos. Muchas de sus enseñanzas eran profundas, pero Jesús examinó aquellos aspectos en los cuales su hipocresía anulaba la validez de sus doctrinas.

(3) Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.

A mí, particularmente, y como método de persuasión, exhortación y doctrina íntima, y no por alguna otra causa más de tipo personal, me gustaría mucho colocar una copia, en tamaño gigante, de este versículo, en las plataformas de los templos, a espaldas de cada púlpito, a la vista detrás de cada predicador, de cada líder, de cada pastor.

(4) Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.

Jesús se refiere, como es dable imaginar, a las innumerables disposiciones y regulaciones que reducían la religión a un sistema pesado y confuso de observancias rituales que mantenían a la gente en una servidumbre permanente.

Hoy ya no existen estas disposiciones y regulaciones de la ley antigua, es verdad, pero sí otras que tienen que ver con reglamentos, ordenanzas y disposiciones denominacionales. Que aunque parezca una paradoja, también le ocasionan a la gente cargas pesadas de llevar. Cargas que, hoy también, los líderes, si pueden, evaden elegantemente.

(5) Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; (6) y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, (7) y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.

Los fariseos, dice la historia, exhibían su espiritualidad en público para recibir la alabanza de la gente. Hay fariseos del siglo veintiuno, que también hacen gala de alta espiritualidad delante de miles de personas, con el fin de recibir de ellas alabanzas, adulaciones, felicitaciones y alguna ofrenda de otra naturaleza.

Las filacterias eran pequeñas bolsas de cuero que contenían ciertos textos de la Escritura, que los judíos llevaban en sus brazos o sobre sus frentes. Los flecos, mientras tanto, eran los adornos con que los judíos decoraban los bordes de sus mantos.

(8) Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.

Este texto lo tengo como cabecera personal con el fin de solicitarle a todos mis amados hermanos, – citándolo textualmente -, que no me llamen “maestro”, cuando lo que estoy haciendo es administrar con la mayor fidelidad que pueda, un ministerio que es del Señor.

Pero además, lo hago también porque es más que evidente y claro que el de Maestro, no es un título que le quepa a hombre alguno, sino una función de origen divino. ¿Quieres saber algo? Con el pastor, sucede exactamente lo mismo. Por eso no trato a nadie con el título de Pastor. Es una función que, si se ejerce, gloria a Dios por el pastoreado, pero que si no se ejerce, Dios bendiga al hermanito…

(9) Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.

En el momento en que esto fue dicho por Jesús, en su faz contemporánea, se debió a ciertos costumbrismos de la época. Pero en el plano profético, es indudable que hoy es más que vigente si es que deseamos compartirlo con cristianos del catolicismo romano.

(10) Ni seas llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.

¿Jesús sería un obsesivo que gustaba de repetir y repetir las cosas a modo de lavado de cerebro, tanto como para hacerle saber a sus seguidores cuales eran sus directivas o cuales las cosas que le agradaban y cuales no? En absoluto. Jesús era bien coherente. Por eso es que llama poderosamente la atención que sea precisamente esto, algo que Él se tome el trabajo de repetir.

(11) El que es mayor de vosotros, sea vuestro siervo.

No es el único lugar en el que Jesús dice esto. Por lo que vemos en estos tiempos, hubiera sido necesario que lo hubieran escrito en cien Biblias más. Así, a lo mejor, los creyentes con jerarquías eclesiásticas lo entendían y, lo que es más valioso: lo ponían por obra.

(12) Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Jesús esta advirtiendo sobre la orgullosa búsqueda de alabanza pública, como sucede cuando se aspira a posiciones prominentes, y a títulos que confieren cierta superioridad. A veces los títulos se usan como emblemas de respetabilidad, o para indicar determinados deberes o cargos de responsabilidad.

Pero es la actitud que inspira la búsqueda de tales reconocimientos la que Jesús condena. Como creyentes, todos somos iguales y debemos reverenciar solamente a Cristo. Aquí es donde encontramos, entonces, el Mandamiento Nº 73: No permitan que nadie los llame Maestros, Padres o pastores.

Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar

enero 1, 2015 Néstor Martínez