Hoy, cuando comienzo a superar las etapas de los años, y como lo escribiría un poeta melancólico, mientras contemplo la luz del atardecer filtrarse por la ventana, siento la necesidad de poner en palabras aquello que, durante toda una vida de caminar con Dios, he aprendido sobre lo que dejamos atrás. Quizás mis fuerzas ya no son las de antes, pero mi espíritu arde con una claridad que sólo la edad y la Gracia pueden otorgar. Y nota que escribo edad con minúscula, porque es mía, pero Gracia con mayúscula, porque es Suya.
Si me has acompañado en este espacio durante todo este tiempo, ya sabes que he dedicado mis últimos años esencialmente a trabajar en las reflexiones sobre el Reino de los Cielos, que acompaño junto a este trabajo que hoy te entrego. Esto nació como un simple acto de obediencia y también de amor: el deseo profundo de ofrecer algo valioso para quienes vendrán después de mí. Porque de eso se trata nuestra vida, aunque a veces nuestro egoísmo lo obstaculice: preparar sendero apto.
Y precisamente en este tiempo tan singular de mi peregrinar terrenal, he comprendido que la vida de un ser humano puede resumirse en tres tipos de marcas indelebles: la herencia, el legado y la huella. Aunque a veces usamos esas palabras como sinónimos, no lo son. Desde una mirada espiritual cristiana, no condicionada por estructuras confesionales, sino guiada por la Palabra y por el Espíritu, he aprendido que cada una de esas palabras, expresa dimensiones distintas de lo que dejamos en este mundo.
Y hoy quiero compartir esta comprensión, porque creo que lo que verdaderamente transforma generaciones no es lo que se recibe en las manos, sino lo que se aloja en el corazón. No lo que se cuenta desde la numerología aritmética llevada a lo material, sino lo que anida en un espíritu quizás huérfano, que deambula por distintos sitios supuestamente favorables, pero sin desarrollarse, sin crecer y, esencialmente, sin algo que mi biblia destaca a fuego; madurar.
Cuando era más joven, pensaba que dejar una herencia implicaba asegurar bienes materiales: una casa, algún ahorro, tal vez un terreno o un vehículo. Con el tiempo entendí que la herencia es aquello que pasa de una generación a otra por obligación legal o por tradición familiar. Es algo concreto, que puede verse, tocarse, dividirse, incluso discutirse y, en muchísimos casos, lamentablemente hasta ser motivo de diferencias agresivas que harían avergonzar al más osado.
Pero mucho cuidado con algo puntual: la herencia no es mala. De hecho, en la Escritura se habla de ella muchas veces como una bendición. Los patriarcas transmitían propiedades, tierras y nombres. Pero la herencia, por más necesaria que sea, es la forma más frágil de permanencia. Todo lo material se desgasta, se pierde, se vende, se olvida. Nada de ello puede atravesar el tiempo por sí solo. Es muy difícil que tú recuerdes a alguien que ya no está por las posesiones que tenía.
En mi caminar espiritual he visto familias enteras, numerosas o incluso muy reducidas, dividirse por herencias y, a otras, perder innecesariamente la paz persiguiendo bienes que, en el fondo, todos sabemos que no llenan el alma, aunque engrosen cuentas bancarias o simplemente billeteras, bolsillos. Por eso he aprendido que la herencia es sólo el nivel más básico de lo que dejamos. No define quiénes fuimos, sólo qué cosas tuvimos. No creo que nadie llegue a recordarte demasiado por eso.
También con los años descubrí que, más importante que dejar bienes, es dejar un legado. Porque un legado no se deposita en una cuenta bancaria, sino en la memoria de quienes nos rodean. Para los que puedan no estar demasiado familiarizados con el término, un legado es un conjunto de enseñanzas, valores, convicciones y aprendizajes que alguien atesora durante toda su vida terrenal. No se firma ante un escribano; se escribe con nuestras decisiones de cada día.
Un legado puede ser, por ejemplo, una forma de ver la vida, o una cierta disciplina espiritual, o sencillamente una ética de trabajo, o tal vez una manera de conducirse con integridad. Puede ser también un determinado oficio, un especial conocimiento, o una ferviente pasión que sembramos en otros. Yo, en lo personal, he intentado construir mi legado a través de mi servicio, de mi estudio de la Palabra, de mis audios, escritos y enseñanzas.
Pero el legado, aunque sea mucho más profundo que la herencia, sigue viviendo principalmente en la mente de cada uno de los que lo recibe. O sea que depende de la memoria humana, y ya sabemos que la memoria es tan frágil como una pequeña ave que sobrevuela nuestra historia. Las enseñanzas pueden reinterpretarse, olvidarse o transformarse con el paso de las generaciones. El legado es valioso, pero no siempre suficiente para tocar el espíritu.
La huella, en cambio, es algo distinto. No se deja en las manos como sucede con la herencia, ni tampoco en la mente como ocurre con el legado. La huella se deja en el espíritu en primera instancia, luego en el alma y hasta alojarse en el cuerpo. Es la marca espiritual que imprimimos en otros mediante nuestra manera de amar, de obedecer a Dios, de caminar en la luz, de perseverar en la fe, incluso en la adversidad. No es un sello de excepción ni una luz en el horizonte, es apenas un GPS espiritual.
Porque lo cierto y puntual es que la huella no puede medirse, no se borra con el tiempo, no depende tampoco de la memoria humana. La huella es aquello que el Espíritu de Dios utiliza para tocar a otros a través de nuestra vida, sin que nosotros debamos hacer mucho más que vivir nuestras vidas conforme al diseño divino. Es el testimonio silencioso que permanece cuando ya no estamos. Por decirlo de modo literario, la huella es la vida misma, convertida en mensaje.
A esta edad, a la que gracias a Dios he llegado, comprendo que la huella es lo único verdaderamente eterno que podemos dejar. Cuando nuestro cuerpo descienda al polvo y nuestros humildes bienes materiales pasen a otras manos, cuando nuestros escritos y audios quizá se desgasten por los tiempos y hasta por las modas urbanas, lo único que seguirá obrando es la huella espiritual que Dios haya querido sembrar a través de nosotros.
Hay un modelo visible, aunque invisible a nuestros ojos naturales para seguir e imitar. Jesús no dejó una herencia material. Ni siquiera dejó textos escritos de su puño y letra. Pero dejó una huella espiritual tan profunda que transformó toda la historia del mundo. Su huella fue una vida de amor perfecto y de obediencia absoluta al Padre. Esa huella sigue viva hoy, moviendo corazones. Así fue que entendí que lo que perdura no es lo que se entrega, sino lo que se encarna.
A mis años, puedo afirmar que muchos de nosotros gastamos gran parte de nuestras vidas preocupados, a veces hasta el grado del exceso de ambición o sencillamente avaricia, por dejar herencias y legados, pero nos olvidamos, o sencillamente no consideramos, tener en cuenta lo más importante: la huella espiritual. Porque la herencia se recibe. El legado se aprende. Pero la huella se vive. La herencia beneficia el cuerpo. El legado alimenta la mente. La huella ilumina el espíritu.
Todos sabemos, por poca o mucha experiencia de vida que tengamos, que lo material y lo intelectual tienen límites visibles y palpables; pero la huella espiritual no. Porque casi de modo increíble ella se propaga de persona en persona. A veces, sin siquiera depender de palabras, porque brota del carácter transformado, de la fe vivida con autenticidad. Las huellas espirituales son como ríos subterráneos que, sin hacer ruido, abastecen de agua a generaciones enteras.
Cuando un hombre vive según los principios del Reino de los Cielos, esos mismos principios que he procurado plasmar en esto que hoy te entrego, su vida misma se convierte en semilla. Quizás no vea sus frutos, porque el hombre no es dueño de sus tiempos y mucho menos de su futuro, pero Dios sí los verá. Porque, en definitiva, la huella espiritual es obra de Él, no del inflado ego humano. El día que el hombre genérico entienda eso, ese día comenzará una nueva era en lo espiritual.
Escribo estas palabras sabiendo que mi tiempo en este mundo ya no puede ser tan largo como solía serlo cuando andaba por los treinta o los cuarenta años de edad. Pero no lo digo con tristeza, de ninguna manera. Lo digo con la paz de quien sabe algo que lamentablemente una enorme mayoría no llega a conocer: que su vida tuvo propósito, incluso hasta en los silencios, o en las caídas y principalmente en las dudas. Cada paso acertado o erróneo, fue parte del camino que el Señor trazó para mí.
Nadie en esta tierra sabe qué ocurrirá con sus bienes, menores o mayores, cuando abandone esta tierra. En mi caso serán sencillamente los bienes de un hombre que trabajó toda su vida, nada más. Nadie se enriquecerá con ellos. Pero como conozco a mi familia, eso no me preocupa en absoluto. Tampoco sé cuánto de mi legado espiritual e intelectual sobrevivirá. Pero lo que realmente anhelo es que mi huella, ese rastro de fe imperfecta pero sincera, pueda animar a otros a buscar el Reino de los Cielos con todo su corazón.
Si mis palabras, mis oraciones, mis errores reconocidos y mis pequeños actos de amor inspiran a alguien a acercarse más a Dios, entonces mi vida habrá tenido sentido. No busco ser recordado; busco que Cristo sea reconocido. De algo estoy absolutamente en certeza: la huella que dejo no es mía, es Suya. Yo sólo he sido un instrumento. A veces útil y moldeable, en otras ocasiones duro de cerviz y complicado de utilizar para algo valioso. Y no es falsa humildad, es confesión de parte.
En los textos subsiguientes, que he preparado con esfuerzo y esperanza, no quise transmitir conocimiento, sino espíritu. No es un tratado académico; viniendo de mi autoría, no puede serlo; es un testimonio. Es el fruto de años de escucha, de búsqueda y de encuentros íntimos con el Señor. De gratificaciones dulces y hermosas al comprobar el cambio rotundo en la vida supuestamente perdida de alguien y de los otros momentos, rumiando errores. subestimación, agravios, discriminaciones.
Mi deseo es que, al leer o escuchar todo esto, las generaciones futuras no sólo aprendan algo nuevo, sino que sientan algo nuevo: un llamado, una inquietud, un despertamiento del espíritu y del alma. Que cada palabra actúe como un pequeño faro hacia la verdad del Reino, que no es de ninguna manera una teoría teológica, sino auténtica y genuina Vida. Abundante en lo espiritual hoy, Eterna en un futuro próximo. Dos factores que, aunque parezca raro, muchos ignoran o, sencillamente, no tienen en cuenta. O, lo peor de todo, evaden.
Si esto que hoy lees, logra encender al menos una chispa de fe en el corazón de alguien, entonces habré dejado la huella que más anhelo. A mis más de ochenta años puedo decirlo sin reserva: La herencia es algo bueno, legal y conveniente. El legado es valioso, necesario y apto para proseguir. Pero la huella espiritual es sagrada. Porque te traslada, te eleva y te lleva casi sin pedirte permiso, porque tiene muy en cuenta que un día, cara a cara con Jesús, ya se lo otorgaste.
No temas si tus bienes son pocos. Así son los míos y eso me tiene sin cuidado, lejos de quitarme el sueño ni a mí ni a mis descendientes, gracias a Dios. Tampoco te angusties si tus conocimientos parecen humildes. Yo he sobrevivido en este ambiente plagados de “luminarias estelares” con perseverancia y, esencialmente, con garra, lucha, deseos de crecer y servir para madurar a los santos. Lo que verdaderamente transforma el mundo es la vida vivida en obediencia y amor al Señor.
Por eso te invito, a ti que lees esto, a dejar una huella que no lleve tu nombre, sino el Nombre que está por sobre todo nombre, el del Señor. Una huella que no apunte a tus logros personales o privados, sino a Su Gracia. Para que cada palabra, cada decisión y cada gesto de tu vida signifique y pueda resultar en un pequeño reflejo de lo que verdaderamente es el Reino de los Cielos. Algo de lo que sólo sabemos por lo dicho, pero que todavía estamos en deuda con el conocimiento directo. Para llegar a eso es todo esto.
Y así, cuando tu tiempo de reflexión, de evaluación y de auditoría espiritual también llegue, porque eso inexorablemente en algún momento te llega, podrás descansar con la certeza de que tu paso por esta tierra no fue en vano. Que tu existencia fue semilla. Que dejaste una huella eterna en los corazones. Esa es mi oración. Y también mi objetivo desde aquí hasta que mi Padre diga que el ciclo en esta colonia Suya ha concluido y que es tiempo de retornar a la Patria Celestial de donde un día tocó salir.
1.- ¿Cómo es un Día de Trabajo…
…de este lado del monitor, del micrófono, del teclado, de todo lo que un ministerio como este representa? Simple. Tan sencillo como tu día o el de cualquiera que, por la gracia de Dios, hoy tenga un trabajo que ame realizar y que le imprima todo lo que hay en su ser interior. Sólo una identidad a modo de reiterada identificación: tiene que ser un trabajo que te agrade, que ames y que quieras hacerlo todos los días de tus días. Porque si ministerialmente no amas lo que haces o te cuesta enorme esfuerzo realizarlo, entonces no fuiste llamado a eso.
No te deprimas, no te frustres; sólo dile al Espíritu Santo que te muestre qué es lo que viniste a hacer a esta tierra. Nadie que diga ser hijo de Dios está aquí para respirar, comer, trabajar, dormir y entretenerse en algo. Hemos sido creados con un propósito y ese propósito debe manifestarse en el marco de tu existencia. Pero pide guía y revelación. Porque justamente es cuando estás metido en la más profusa de las sombras, que aparece en tu vida esa luz que no te deja dudas y te empuja a salir y vencer.
Vivimos en una era en que la información tal vez abunda, pero el entendimiento pleno y concreto, es escaso. Fíjate que en un mundo tan conectado como este, todavía persisten muchas formas de ignorancia. Algunas de ellas, tal vez heredadas, otras, probablemente impuestas, aunque la mayoría, para mi gusto, simplemente cultivadas por la inercia del desconocimiento. Un día, y al instante siguiente de no estar estudiando nada ni pensando en nada puntual, de esa nada misma, que en realidad siempre es “alguien”, sale todo esto.
Un esto que nace desde la necesidad casi imperativa de llevarle al pueblo de Dios auténtico, una palabra clave que le permita reacomodarse en sus vidas y reacomodar también su relación con el Señor. Y si dije pueblo de Dios “auténtico”, es porque no te descubro ningún secreto si te digo que hay un enorme caudal de gente viviendo externamente como pueblo de Dios que, en su sentir íntimo, todavía no lo es. En parte por esa ignorancia de la que hablaba recién, pero en parte también por la ingenuidad cómoda de decidir depender de otras personas en lo que han sido llamados a hacer de manera personal.
Si te digo como lo he visto casi desde siempre a todo esto, es como si mi trabajo se tratara de andar por la vida con una especie de paleta cazamoscas, dándole de bofetadas santas en mejillas santas a todos los que, ya sea por alguna forma de ignorancia o por comodidad y pereza, están espiritualmente dormidos. Y no es maldad ni crueldad, es hidalguía. Porque a mí en lo personal no me molesta en absoluto que alguien duerma todo lo que se le ocurra dormir. No soy “anti-sueño”. Pero si me preocupa y mucho que alguien se tire a dormir alegremente debajo de un árbol o una pared a punto de derrumbarse.
Aun sabiendo que es muy probable que cuando lo sacuda para despertarlo, me mire con ojos fieros y deseos de estrangularme por haberle interrumpido tal vez algún hermoso sueño, pero supongo que lo tomará muy distinto cuando le muestre que ese árbol o esa pared debajo del cual se había echado a dormir aprovechando el frescor de sus sombra, ha estado siendo aserrado o demolido del otro lado y, ahora, como factor consecuente, está a punto de caer sobre este lado, exactamente encima de donde este feliz bello durmiente colocó su esqueleto andante.
Esto, en grandes y profusos rasgos, es una especie de parábola o metáfora relacionada con tantos y tantos cristianos que duermen su ignorancia sin caer en cuenta que el sistema religioso al cual han adherido, está a punto de derrumbarse. ¿Entonces esto puede tomarse como un llamado a salirse de esos lugares? ¡No! ¡En absoluto! El hombre que pretenda dictar lo que otros hombres deben o no deben hacer con su espiritualidad, está en liso y llano pecado de manipulación, que es hechicería. No sé ni puedo saber porque no me corresponde hacerlo, qué es lo que hará el Padre con todos los cristianos del mundo.
No sé cuál será la estrategia que utilice porque siendo el Rey de reyes que es, su decisión deberá ser acatada sin cuestionamientos. Lo que sí sé, porque ha sido escrito, y yo lo creo fielmente, es que lo que haya de hacerse, si se sigue el diseño o modelo Jesús, no será con grandes multitudes, sino con algo de menor volumen. Eso tiene un nombre que no he inventado yo, sino que ya está escrito desde hace siglos en nuestras biblias: Remanente. Esta palabra significa una serie de cosas que luego constituyen un todo. En la síntesis global, un remanente sería lo que queda o sobra de algo.
Personalmente no me agrada demasiado verlo así, como una sobra de algo, pero si examino con cuidado los senderos por los cuales tránsito a diario, más la propia experiencia de lo vivido durante años, tal vez tenga que aceptarlo como acepción válida. En lo más común y cotidiano, podría añadirte que es la parte menor que permanece después de haberse consumido o retirado la parte mayor. Un ejemplo muy doméstico, aunque un tanto rústico, sería decir que quedó un remanente de comida después de la fiesta. En este caso entraría aquello de sobrantes, o sobras.
De todos modos, en lo que tiene que ver con nuestra vida espiritual, decir remanente es hablar de algo muy diferente. En muchos casos puede aludir a un grupo pequeño que haya permanecido fiel en un determinado lugar luego de una profunda crisis. Si me permites llevarlo a un hoy muy caro a nuestros anhelos espirituales, sería casi correcto decir que el pueblo cristiano cree fielmente en Jesucristo, su salvación por fe y en una vida eterna en lugares celestiales, pero que sólo un remanente cree y difunde el Reino de Dios de un modo similar al que lo hacían Juan el Bautista primero y el propio Jesús posteriormente.
De allí que uno de los ingredientes principales que motivaron este trabajo que hoy te estoy entregando, fue el de establecer el modo no sé si ideal, pero si factible de llevarle luz a un pueblo hermano en tinieblas. Hace mucho tiempo escuché un proverbio que decía que es “Mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.” Y allí mismo supe que, con todas las reservas del caso, y desde la más humilde de las estaturas que puedas encontrar, yo había nacido para eso. Fue la gloria de Dios sobre mi vida, porque me sentí y me siento, conjuntamente con tantos otros en igual situación, un privilegiado del cielo.
No tienes idea de la cantidad de seres humanos que nunca se enteraron ni se enterarán del motivo por el cual nacieron. De allí en más, comencé a escribir todas estas cosas sueltas, sin otro ánimo que sacarlas de mi adentro. En parte, desde la centralidad misma de mi estructura espiritual, humana y mental. En otra parte, de lo que muchos hombres y mujeres han dejado escrito o dicho para que la posteridad los supere y trasciendan los tiempos. Jamás osaría cometer el pecado de llevar a juicio a alguien que decida repetir textualmente algo que yo he publicado en mis redes o mi Web.
Tengo certeza total que, si lo que decimos los hombres que estamos ocupando espacios con ministerios como éste, llega a conmover el espíritu de alguien o sencillamente a sacudir y bendecir su vida, habrá sido por la obra del Espíritu Santo, que sigue siendo quien añade a este Camino a los que van a ser salvos. Eso y decir que entre nosotros no existe ni puede existir el famoso Copy Right, o sea, en español, el Derecho de Autor, es lo mismo. Sólo un detalle que siempre comparto a modo de advertencia. Si vas a repetir algo que yo dije o escribí, primero deberás aceptarlo como verdad, luego creerlo y, finalmente ponerlo por obra. De no ser así, espera. El infierno también tiene sus reglas.
Sé que nuestras leyes terrenales no avalan mayormente esta posición, y lo entiendo como aceptable en todo lo que tiene que ver con la literatura secular. Pero en lo espiritual, no, de ninguna manera. Si tu ministerio es mandato del Señor, Él suplirá todas tus necesidades, tal fue y sigue siendo su promesa. No necesitas hacer comercio ni manipulación alguna para obtener sostén económico. Mi vida es el mejor testigo de eso: jamás pedí absolutamente nada a nadie. En mis redes no encontrarás jamás un número de cuenta o algo similar para “dar ofrendas de amor”.
Quienes lo han hecho es porque fueron movidos por el Espíritu para hacerlo, nunca obligados a ello por algo o alguien. ¿Y sabes qué? En casi treinta años de ministerio, mi Padre siempre suplió mis necesidades. Que tiene que ver con el sostén técnico e informático de lo que utilizo. Nada que ver con edificios monumentales, aviones privados ni automóviles de última generación. Creo que cuando un hijo de Dios lleva a cabo alguna forma de ostentación, está dándole una bofetada ofensiva al santo rostro del Padre. Y no porque el Padre no los quiera bendecir, sino porque se lo está mostrando a cristianos que, en una de esas, ni siquiera tienen para comer.
A partir de todo este andamiaje, la aventura de escribir, es como una escalada a un monte empinado y de complicado acceso. Sólo celebrarás cuando hagas cúspide. Y para eso, no puedes prometer respuestas fáciles, sino mínimas preguntas necesarias. Más adelante profundizaremos en forma de encuentros que tengamos y será un paso hacia adelante para diluir una ignorancia reconocida, colocarle un marco para comprenderla y una conclusión a modo de despertar. Porque es de eso que vamos a hablar desde todos los ángulos que nos sean posibles y el Espíritu desee incursionar.
A esto también lo veremos en el final, que no necesariamente pretenda cerrar todo esto, sino que increíblemente lo abra a otros panoramas ignorados. La gramática nos enseña que cuando colocamos un punto y seguido, es porque seguiremos hablando del mismo tema. Pero luego nos añade que cuando lo que ponemos es un punto y aparte, es porque cambiaremos de tema. Eso no existe aquí. El tema es uno solo. Y el máximo protagonista de todo eres tú, quien quiera que seas. Te agradezco estar aquí con tu mente abierta y tu espíritu despierto. No pretendo convertirte en sabio, apenas en algo menos ignorante. No es poca cosa, eso.
No será la única vez que leas esto, porque lo que ahora transcribiré, fue lo que me impactó mucho y fuerte y me llevó a buscar donde fuera y como fuera más de la mitad de lo que hoy te estoy compartiendo. Jesús, hablándole a sus paisanos, según lo relata Juan 8:31-32 = Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
No sé cuántas veces habrás leído esto. Yo, muchísimas, te lo aseguro. Pero créeme que no hace tanto tiempo que recién pude entender que, lo que realmente nos hace libres, pero libres de verdad, no es la verdad propiamente dicha, sino el conocimiento de esa Verdad. ¿Sabes por qué la escribí con la “V” mayúscula? Porque esa Verdad, al igual que el Camino y la Vida, es Cristo. Y conocerlo, no es atosigarte de información acerca de Él, sino tener toda la intimidad que sea posible entre el Hijo unigénito del Dios Padre y sus hijos arribados EN Él. Eso es lo que te hará libre de toda libertad, no de cuestiones parciales.
Sucede que vivimos tiempos en los que la fe se menciona con frecuencia en muchas conversaciones o diálogos, pero al mismo tiempo y por rara paradoja, se comprende con dificultad. Se habla desde una posición espiritual en donde el nombre de Dios es conocido, pero Su rostro muchas veces permanece oculto tras las sombras de la confusión, la tradición mal entendida, o el simple desconocimiento. Este trabajo, si el Señor nos da su respaldo para lograrlo, está apuntado precisamente a eso. Y muy especialmente para referirme a dos hechos que son visibles y notables: la ausencia de conocimiento del Reino de los Cielos y lo que parece ser la declinación y futura extinción de lo que conocemos como religión organizada.
La idea principal y central de todo este andamiaje puesto a tu disposición, es disipar ignorancias con la misma dimensión y medida con la que fueron sembradas. Porque allí donde hay ignorancia, no puede haber plenitud de vida. Y porque el mismo Señor Jesucristo nos prometió lo dicho en el texto de Juan que compartimos. Estas enseñanzas, obviamente, no pretenden sustituir el misterio, ni agotar el poder del Espíritu Santo, pero sí quieren hacer su parte: iluminar la mente y el corazón con la Palabra, con la razón, y con la fe.
El objetivo central quizás suene fuerte o duro, pero es una verdad a gritos que será de bendición recordarla: dilucidar, aclarar o simplemente desenmascarar errores comunes sobre la fe cristiana, distribuido por años, en muchas ocasiones, desde sus propias iglesias. Reconocer las limitaciones del conocimiento humano y abrazar la sabiduría que viene de lo alto. Fortalecer nuestra vida espiritual mediante una comprensión más clara de las verdades del evangelio y, esencialmente, avanzar en humildad, dejando atrás ignorancias que nos estancan o, lo peor, nos dividen.
La idea es que cada letra aborde una ignorancia concreta. Algunas podrían ser doctrinales, otras humanas y otras directamente espirituales. No deberemos descartar las emocionales ni las relacionadas con tradiciones o costumbres, depende el lugar y la cultura de esa zona. Oseas dijo que el pueblo perece por falta de conocimiento. Y además de vincularse con la intimidad con el Señor que nos falta, también tiene relación con ese conocimiento formal que todos deberíamos poseer. Si no se tiene, quedamos absolutamente vulnerables a cualquier forma de engaño.
De hecho, el conocimiento que te salva no es el meramente informativo. Ni se te ocurra pensar o creerte que te vas a ir al cielo por toda una eternidad sólo porque memorizaste el nombre de los jerarcas del Sanedrín, de los doce discípulos de Jesús o de las distintas zonas geográficas por donde anduvieron. Vas a irte al cielo desde otra dimensión tomada por decisión. Pero, sin embargo, no podrás ni deberás despreciar ninguna clase de sabiduría ungida por el Espíritu, que es la que está enraizada en el amor y la guía de la cruz.
¿Qué harás con esto? ¿No lo sabes, todavía? Te sugiero algo. Léelo con humildad. Si tienes preguntas por dudas, hazlas con sinceridad. Aprende a partir de toda la fe de la que seas portador. Y; finalmente, si en la conclusión de todo esto, cuando llegues al final, sientes que te ha bendecido, enriquecido y liberado de antiguas ignorancias llamadas ataduras, comparte todo lo aprendido con amor. ¿Destinatarios? Los que el Espíritu Santo te traiga con interés para ello. No arrojes perlas a los cerdos, pero tampoco te guardes para ti solo el alimento.
Desde la posición de instrumento de autoría, oro para que estas especies de caricias para un corazón que recién hoy está despierto, de ninguna manera me muestre como alguien superior. Que, por lo contrario, coloque mi nombre o mi figura, en el mismo sitial en la que alguna vez estuvieron los más grandes: desde el servicio, la humildad sincera y el absoluto bajo perfil. No será mi interés jamás aparecer como sabio ante tus ojos, sino como disponible para todo servicio ante los hijos de mi Padre celestial, es decir, mis hermanos. Que el Espíritu Santo nos guíe a ambos a hacer realidad algo: Cada ignorancia vencida, es una victoria para el Reino.
2.- No Sé si Tú, que Vives…
…en cualquier parte del mundo que no sea mi país, sabes que la capital de la República Argentina, es la ciudad de Buenos Aires. Pero tengo la necesidad de aclararte que Argentina NO ES sólo Buenos Aires, es mucho más que eso. Argentina tiene un territorio que está entre los ocho más grandes del mundo. Desde la pintoresca ciudad ultra sureña de Ushuaia, en la provincia de Tierra del Fuego, en nuestro hermoso extremo sur, hasta la híper norteña La Quiaca, en la provincia de Jujuy, en el cálido extremo norte del país, hay más de cinco mil kilómetros de recorrido.
Y los habitantes, tanto los de esos extremos como los que se encuentran en las estaciones intermedias entre uno y otro, también son argentinos que, en muchos casos, se diferencian bastante entre sí. Veinticuatro son las provincias que componen la República, y si bien el idioma natural es el español, (Lo cual es un decir, ya que en la realidad es un conglomerado de palabras muy singulares que conforman un argentinismo que no tiene nada que ver con lo que se habla en Madrid, por dar un ejemplo), en cada una de esas provincias hay modismos, palabras, tonadas y hasta dialectos de procedencia indígena, que las hacen distintas y autónomas.
Pero esa autonomía solamente se evidencia en eso. Porque en todo lo demás, y dando razón a un viejo adagio nacional que dice que Dios está en todas partes, pero sólo atiende en Buenos Aires, esa es la realidad. Mi Argentina está muy lejos de ser un país federal o una confederación de provincias unidas como lo fue en su nacimiento. Es absolutamente unitaria en todos sus rudimentos y la capital es la que dicta todos los condimentos que luego el resto tiene que adoptar sí o sí si es que no desea verse marginado.
Para muestra, es suficiente un botón, solía decir mi abuela materna. Ella quería dejar en evidencia que, si se observaba con cuidado un mínimo botón de una prenda, se podía evaluar la calidad y hasta la fortaleza y belleza de esa prenda. El botón en este caso, es el fútbol, bien llamado deporte nacional por excelencia. Salvo excepciones muy centralizadas en ciudades como Rosario, Córdoba, Santa Fe y La Plata, un porcentaje amplio del país simpatiza con el River Plate, mientras que la otra porción lo hace por el Boca Juniors. La discusión sobre quiénes son los más y los menos, es legendaria. Creo que no es necesario que te aclare que ambos clubes pertenecen a la ciudad de Buenos Aires.
¿Cómo podría ser posible que un jujeño, (Gentilicio del habitante de la norteña provincia de Jujuy), que habita en medio de un desierto árido, cuidando cabras u otras especies del lugar, que jamás visitó ni conoce la ciudad de Buenos Aires, podría ser hincha (Argentinismo de Simpatizante) de Boca? ¿Cómo entender lo mismo para un habitante de la sureña Tierra del Fuego, tal vez cuidando ovejas, y que como el norteño, se halla a casi tres mil kilómetros de Buenos Aires, a la que tampoco visitó ni tal vez visite jamás en su vida, podría ser hincha de River?
La única respuesta posible, probable y al mismo tiempo genuina, es: por la influencia de los medios de comunicación de Buenos Aires con llegada a todo el país. Si bien en cada provincia y, esencialmente, en cada ciudad grande o mediana de cada provincia, hoy hay grandes medios radiales y televisivos, (Los de contenido gráfico van desapareciendo progresivamente) la información mayoritaria que el país consume es la que emana de los grandes medios de comunicación nacionales.
Así les llaman porque llegan a todo el país. Pero lo cierto es que, en la realidad, son medios de la ciudad de Buenos Aires, que llenan sus espacios con información política, social y deportiva de Buenos Aires y con muy poca y a veces inexistente mención de noticias provenientes del “interior” del país. ¿Interior? Sí, así es como los medios de comunicación de Buenos Aires, (Se les dice “porteños”, aunque es incorrecto porque Buenos Aires no es la única ciudad argentina que posee un puerto), califican a cualquier sitio del país que no sea la ciudad de Buenos Aires.
Alguien dijo alguna vez con mucha ironía no exenta de crítica y humor, que, si la gente de Buenos Aires considera al resto del país como “del interior”, no se sabe muy bien de qué “exterior” vendrían a ser ellos, entonces. Obviamente, fue una pregunta abstracta que jamás tuvo ni tendrá respuesta convincente. O sí, si la examinamos desde concepciones ideológicas o políticas respecto a su relación con el resto del planeta.
Lo cierto es que, tal como te dije, hay millones de hinchas de River y Boca, (Los dos más grandes del país) y en menor medida de Racing, Independiente y San Lorenzo, distribuidos en miles de kilómetros, que nunca podrán llegar a saber por qué razón aman esos colores futboleros si los que los lucen están tan lejos de sus modestísimas viviendas. Y si bien yo resido en una ciudad de aproximadamente dos millones de habitantes que de ninguna manera sigue esa rutina, estoy en condiciones de asegurarte que debe ser una de las muy pocas sino la única.
Aquí son Newell’s Old Boys y Rosario Central los dueños de la pasión rosarina y queda muy poco espacio para las remeras riverplatenses o boquenses. En eso, como también en algunas otras cuestiones que no producen precisamente orgullo, Rosario es una ciudad muy especial. Pero mi padre, por ejemplo, es un caso típico de lo otro que te contaba. El nació y vivió hasta adulto en una pequeña población del sur de la provincia de Santa Fe, cuyo nombre es Rueda.
No por las que usan los vehículos, sino por ser el apellido del propietario de los campos donde se levantaron las pocas casas que todavía hoy conforman ese pueblo, que, en este tiempo, si los cálculos no me traicionan, debe andar por los setecientos u ochocientos habitantes. Allí nací yo, también, pero en mi caso fue diferente porque me fui del pueblito cuando era muy pequeño. En cambio, mi padre creció en el pequeño Rueda.
De adulto conoció a mi madre, también nativa de ese lugar, (En realidad se debe haber atrevido a hablarle, porque como conocer, en una población tan pequeña, seguramente se conocían todos), con el tiempo se pusieron de novios y, como correspondía en esos tiempos, (1930 al 1940), contrajeron matrimonio. Ante los hombres, nada más, porque mi padre tenía mucha aversión para con la Iglesia Católica y accedió a toda la pompa clásica de la época, menos la concerniente a vestidos blancos, iglesia, sacerdote y etc.
Por causa de ello y de ellos, aquí me tienes todavía escribiendo divagaciones cuando el tiempo me lo permite. Dios me dio esta vida, pero ellos se encargaron de fabricar el envase. Pero, lo que quería contarte, es que mi padre, cuando andaba por los quince o dieciséis años de edad, (Año 1932 o 33), empezó a ir a la cancha de fútbol del Club Rueda, el único que había en el pueblo, a despuntar una de sus pasiones, practicar fútbol, que es la palabra española en su fonética, que deriva del football de origen británico. Jugar a la pelota, así se le decía en referencia a lo que en español básico se denomina como balón.
Obviamente, estaba muy lejos de ser un Maradona o un Messi, pero para el material humano que había en el pueblo, se las compuso para integrar el primer equipo del lugar que participaba en torneos lugareños. Su casaca era a bastones verticales. Dos anchos de color rojo y blanco, y una línea más delgada intermedia, también vertical, de color negro. Esa era SU camiseta y por ella dejaba lo mejor de su físico y esfuerzo en cada juego. Era SU club y lo amaba. Un día, llegó a sus manos una revista deportiva de la ciudad de Buenos Aires, de gran tirada en todo el país, llamada “El Gráfico”.
En su tapa, en su portada, la foto en color (Que se utilizaba sólo en las portadas, ya que todas las páginas internas todavía eran en blanco y negro), un jugador de fútbol luciendo una casaca similar a la que él usaba en su club de Rueda. Ignorante de todo lo que había fuera de su pueblo, se impactó por la coincidencia y quiso saber de qué club era esa camiseta que aparentemente tanta fama tenía como para estar en la tapa de una revista como esa.
Le dijeron que era la camiseta del club River Plate, de Buenos Aires. Hoy ese club tiene una casaca de distinto diseño, generalmente y como clásica y tradicional, es blanca con una banda roja diagonal cruzada. Pero la antigua y primaria, era la que mi padre vio en esa revista. De allí en más, aunque luego abandonó el pueblo en búsqueda de mejores horizontes para su familia, fue hincha fanático, (Al punto de amargarse y mucho cuando perdía), del River Plate de Buenos Aires.
Si eso no es manipulación emocional, social y hasta humana, no sé de qué te hablo. Y también ignorancia de su parte, en este caso, del área deportiva del país del cual se decía que era habitante con los mismos derechos y obligaciones que los que residían en otros lugares. Debería señalar que mi padre era un hombre que, dentro de sus limitadas capacidades intelectuales, era lo suficientemente inteligente como para subsistir en una época en la que era bastante complicado desde lo social y material.
Sin embargo, en muchas cuestiones, incluyendo esta deportiva, era ignorante. Y no es peyorativo lo que digo. Simplemente desconocía verdades sobre muchos temas. Eso era, es y seguirá siendo ignorancia. En toda su vida posterior de la que fui testigo hasta sus últimos tiempos, creo que fue de paseo a Buenos Aires dos o tres veces y, como no podía ser de otro modo, fue a ver a su River Plate, ya que hacía coincidir esos viajes con juegos que se disputaban en esos fines de semana.
3.- Y No es El Único Caso…
…pero te lo conté como testigo de lo que miles o millones de hombres y mujeres recibieron en distintas partes del país. El señor que hoy me vende la carne vacuna que consumo, es un hombre de unos cuarenta años de edad. Es nativo de la provincia de Corrientes, al norte del país y es fanático del mismo club de Buenos Aires. Le pregunté la razón y me dijo que su padre, (Imagínate la edad) era muy fanático de River y se lo había transmitido.
Ese hombre, el padre, jamás salió de su provincia y nunca vio un juego de su amado club. Era hincha porque las únicas emisoras de radio que se podían escuchar allá en el campo, en su provincia, eran las de Buenos Aires, y transmitían los juegos de River y Boca, nada más. Así que te hacías simpatizante de uno o del otro. Invasión cultural porteña hacia el interior. Ignorancia entremezclada con emociones. Casualmente los dos ejemplos son del mismo equipo, pero es válido también para el otro, que no sé si no tiene mayor cantidad de simpatizantes en todo el territorio.
Te estarás preguntando por qué, en un trabajo que aspira a ser serio y profundo, me descolgué con estos relatos casi prehistóricos y de alguna manera pintorescos que pueden sonar hasta frívolos. Simple. Porque fue la mejor manera que encontré de mostrarte lo que es una manipulación cultural a distancia, ejercitada por los llamados medios de comunicación que, salvando honrosas excepciones que las hay, porque las conocí, mayoritariamente son elementos al servicio de intereses grupales.
Los mismos que por diversos motivos les conviene que la gente del común, que es la mayoría, piense, crea, sienta y razone conforme a los rudimentos que ellos le ponen a disposición. Esto sucedió y sucede en mi Argentina, pero no tengo dudas que no es el único lugar del mundo en donde ocurre. El hombre de la ciudad de Buenos Aires vive a un ritmo que, para cualquier habitante del resto del país, sería factor de derrumbe en el corto plazo.
Imagínate; para llegar a su trabajo, en muchos casos, debe abordar dos o tres autobuses y luego el metro. (Aquí a eso se le llama Colectivo y Subterráneo) Opera y funciona a toda velocidad y el stress es parte de su día. Ahora imagínate a un hombre de la misma edad, pero viviendo en una pequeña ciudad o población de alguna de las veinticuatro provincias. Si no tiene algún negocio en su propia casa, su trabajo seguramente no quedará mucho más lejos que a cuatro o cinco calles. (Aquí las llamamos Cuadras). La pregunta que surge, entonces, es: ¿Es posible que tenga un ritmo de vida similar al apodado “porteño”? No.
Y está bien que así sea, es lo lógico. Lo que de ninguna manera es tan lógico es que, por imperio de la suma de intereses materiales, sociales, políticos e ideológicos, la prensa capitalina siga firme en su trabajo psicológico de presionar para que todos los que vivimos en otros sectores del país, tengamos las mismas ideas, pensamientos, gustos, desagrados y hasta simpatías políticas y deportivas que tienen los habitantes de la capital del país. Y lo más llamativo y preocupante, es que todavía lo están logrando. Por eso Argentina es lo que tú ya tienes abundantes noticias que es.
Ahora lleva todo esto que te relaté, al ámbito espiritual. Hay una iglesia estructural que te dice que es la dueña del evangelio. Hoy todavía se llama Iglesia Evangélica. Hasta hace algunos años, no demasiados, se llamaba Iglesia Católica. Tienen a su favor, ambas, haberles hablado de un Dios en el cielo a mucha gente que, de no haber sido por ellos, jamás lo hubieran escuchado nombrar. Tienen en su contra, haber permitido que el diablo les torciera el cerebro y los indujera a pensar que son los dueños de la salvación y la perdición eterna, y que, si no acudimos a ellos, estamos al horno, dicho de modo literal y figurativo.
Amados amigos, hermanos, no es así, de ninguna manera es así. Yo era un niño de no más de seis años de edad cuando un sacerdote católico me dijo que si el próximo domingo no asistía a misa, me iba a ir al infierno. Puedes imaginarte con muy poco esfuerzo cuál habrá sido mi rostro cuando regresé a casa luego de esa clase de catecismo propia de la preparación para lo que se denominaba como “primera comunión”. Padres y abuelos me tranquilizaron y, de alguna manera, respaldaron al sacerdote, porque me dijeron que, si él no decía eso, a misa no iba nadie y que entonces, Dios se enojaba muchísimo.
No hace tanto tiempo que escuché con mis mismos oídos, aunque ya más adultos, a un circunspecto pastor evangélico decir exactamente lo mismo con respecto al culto del domingo por la tarde. En lo personal no me afectó, pero pude observar que a muchos de los que lo oyeron, sí que los preocupó y mucho. Los más cercanos al pastor se encargaron de tranquilizar a la gente explicándoles que si él no decía eso, la gente era muy vaga y perezosa y prefería quedarse a mirar fútbol por televisión que ir a la reunión, al servicio, al culto.
Lo mismo, aunque con distinta prenda. Uno con una larga sotana negra y el otro con un moderno atuendo de muy buena tienda de shopping. Lo que estoy tratando de mostrarte es que tanto la Iglesia Católica primero, como la Evangélica después, actuaron como lo hace nuestra ciudad capital de Buenos Aires. Manipulando emocional o religiosamente a la gente y presionándola para que piense como ellos piensan.
De ninguna manera aquel sacerdote ni aquel pastor se detuvieron un instante a reflexionar sobre el motivo verdadero por el cual esa gente eludía ir a la misa y a al servicio del domingo. ¿Ninguno se puso a pensar si lo que se les estaba entregando, tanto desde aquel altar plagado de imágenes, como desde este púlpito con una hermosa Biblia, no sólo no alimentaba espiritualmente a nadie, sino que tampoco lograba encender en sus espíritus esa llama espiritual que tú y yo conocemos?
Entonces, y aquí viene la bomba de una mínima pero impactante revelación, los cristianos que por años hemos estado sujetos y sumisos a los mandamientos de las estructuras, tanto las eclesiásticas como las capitalinas, nos vimos en la obligación implícita de convertirnos en hinchas fanáticos de River o de Boca, porque otra cosa no había. Que es como decir que nos indujeron y manipularon a hacernos pensar que solamente se podía ser salvo si pertenecías a la Iglesia Católica primero, o a la Evangélica después.
Pregunto: ¿Nadie se preocupó por buscar en su Biblia si eso que le decían en realidad era verdad? A ver; pongamos las cosas en su debido sitio. Ningún soldado gana ninguna guerra peleando solo. Podrá a lo sumo tener algún acto heroico que ayude a su ejército a obtener una victoria, pero en soledad no irá mucho más allá. El pueblo de Dios es un ejército, y como tal funcionará aceitadamente en equipo, o no funcionará.
Y lo hará conducido firmemente por sargentos, capitanes y coroneles, pero todos siguiendo las instrucciones que el máximo General dispone para cada acción bélica. Ese General es Cristo, y todos los demás sus subordinados. Por tanto, seguir pensando que congregarse es ir a sentarte a un salón a cantar cuatro canciones, dar una ofrenda y escuchar un sermón, es estar, -reitero-, más que al horno. Congregarse es estar como parte de un ejército que se mueve en unidad por una orden que baja del General y es respetada y cumplida por cada subordinado.
Instalarse en el lugar que sea para escuchar las nuevas directivas y estrategias que el General ha dispuesto para la nada sencilla tarea de recuperar un Reino usurpado. Ser hinchas de Boca o de River no te hace victorioso. Cada torneo que ellos ganen, sólo tendrá incidencia en esta tierra, pero en el cielo no habrá noticias de eso. Cuando el cielo pronuncia la palabra iglesia, no está hablando del River y Boca Católico o Evangélico, está hablando de una asamblea, nada menos, de un cuerpo de representantes de Dios en la tierra, desde el primero hasta el último.
De gente que decidió entregar su vida a Cristo para que Cristo se glorifique en ella. De gente que crucificó su carne con Cristo en la cruz, cosa que de ninguna manera podría permitir que se pelee con otros cristianos porque son de otra denominación o de otro credo. Y lo que es la frutilla del postre: está hablando de Reino, una palabra que hoy por hoy, para muchos cristianos buenos y fieles, todavía sigue siendo una incógnita a resolver. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de esto? Estamos hablando de Ignorancias Antiguas que, por rara paradoja, tiene las mismas iniciales que Inteligencia Artificial.
Pero, lamentablemente, no de esas ignorancias que inspiran a aprender cosas nuevas, sino de la otra, de la que está convencida que no hay nada más allá de lo que les enseñaron. Ya lo vimos cuando hablábamos de los filósofos. Una cosa es ser ignorante, pero con la humildad de asumirlo y buscar conocer, crecer, madurar y saber más cada día, y otra cosa muy distinta es ser ignorante y rodearse de un muro de arrogancia, soberbia, desprecio y estupidez humana en todas las líneas. ¿Primera ignorancia derrotada? La de pensar que la salvación está en una estructura o en un templo. La salvación está en Cristo, donde quiera que lo adores.
4.- Dije Alguna Vez…
…y desde ya, de esto pasó mucho tiempo, que mi mandato más fiel y claro, fue el que recibí a través de la lectura de un pasaje del Salmo 22. Concretamente, el verso 22 de ese salmo, luego confirmado, a mi escepticismo y cierta incredulidad, con el verso 12 de Hebreos 2, decía contundentemente, como para que no me quedaran dudas: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. Por tanto, una cosa me ha quedado más que clara: he sido enviado a anunciar Su Nombre a mis hermanos.
No al mundo incrédulo, como les toca a los llamados al evangelismo, aunque por supuesto, nadie le prohíbe ni impide a ningún incrédulo, ateo o lo que sea, escucharme. Tampoco impedirá a los jeques de la religión armar entretenidos debates, en los que jamás entré, entro, ni entraré; a mis hermanos, dice allí, que es como decir, a los que son realmente hijos de mí mismo Padre. Porque tenemos una costumbre, lindando con cierta tradición, de llamar hermano a todo lo que se mueve o respira dentro de nuestro mismo templo. Obvio que eso no me margina de, si se dan las condiciones, hablarle de Cristo al más incrédulo de los incrédulos. Pero a eso sí que sólo lo haré con dirección precisa y puntual del Espíritu Santo.
Y eso, con todo lo que hemos visto, sabemos que es ignorancia pura, aunque en este caso, bien intencionada y hasta ingenua. Porque hay demonios de todos los colores y formatos que se te ocurran, que les encanta que los llamemos hermanos. Se sienten tan a gusto en esas congregaciones, que se quedan a vivir en ellas indefinidamente y, con el correr del tiempo, cuando algún ungido los descubre, el zafarrancho que se arma es monumental, al punto de producir divisiones y rupturas de todos los tonos y en todos los niveles.
Si alguien se hubiera ocupado, más que preocupado, por buscar en sus biblias recursos de la palabra de Dios tendientes a esclarecer todos estos errores, hubieran descubierto rápidamente que, si está escrito que el trigo y la cizaña, (Que es una semilla que se le parece, pero que es tóxica y puede enfermarte), habitan juntos, no tendrían que hacer a un lado sus capacidades de discernir para detectar a los falsos entremezclados y disimulados entre los genuinos. Ese sería, entiendo, un primer paso.
El siguiente, comenzar a trabajar en función del mandato que se haya recibido. En lo personal, el mío fue exactamente ese: anunciar Su Nombre a mis hermanos. En el marco de ese panorama comienza la senda de cumplir fielmente con el mandato. Así es que, la pregunta básica que se impone por sencilla ignorancia, es: ¿Qué nombre es el que debo anunciar? Obvio que, si es para mis hermanos, el Nombre en el cual hemos sido salvos. Jesús de Nazaret. Más conocido con el amor y afecto que sentimos por Él, como Jesucristo.
Que es nada menos que el mismo que murió en la cruz por nuestros pecados. O, dicho ya en idioma un poco más teológico, Jesús el Cristo, que vendría a ser una traducción muy simple de lo que sería Jesús, el unigénito de Dios, el Mesías, que es como decir el Ungido de Dios. Y en el momento de poner en marcha este proceso de anunciar Su Nombre con una periodicidad mayor a la que traía, me encuentro con un ingrediente supuesta y aparentemente moderno: Mi Jesús, para muchos hermanos genuinos, ha pasado a ser Jeshúa.
¡Pero es que así es como lo llaman los judíos! Eso escuché decir y, en mi ignorancia y cierta prisa, me sumé velozmente a ese pensamiento. ¡Es que hay una invasión de movimientos judaizantes! Esa fue la otra versión que escuché y a la que también le di lugar porque, en verdad, eso era lo que en muchos ámbitos estaba sucediendo. ¿Y entonces? Entonces decidí hacer lo que se me ordena hacer en la palabra de manera permanente: escudriñar las escrituras y, conforme a mi antigua formación, investigar todo hasta lo más recóndito, pero sin llegar a tomar posición hasta tener total claridad.
Es que forma parte de mi forma de vida diaria, tener conciencia de que quiero saber que estoy haciendo lo correcto. Sin embargo, aquí hay una historia y yo no soy quién para evitarla. Y esa historia, justamente, me muestra que judíos y cristianos no han alcanzado nunca a llevarse bien. Se dice con todo criterio que los unos provienen de los otros, pero es como si existiera una silenciosa batalla que tendría como premio, llevarse la mayor cantidad de adeptos y el consiguiente respeto de un mundo que, hoy por hoy, a fueros de ser sinceros, ya no respeta a ninguno de los dos.
Por ejemplo y sin irnos muy lejos, la palabra Iglesia, como todos sabemos, le cae muy mal al judío tradicional. ¿Por qué? Porque la relaciona con lo que, como pueblo, le ha tocado vivir con el catolicismo romano en la antigüedad, muy especialmente en la etapa de la inquisición. Ese, fíjate, ha sido uno de los motivos principales por los que el pueblo protestante, concretamente el evangélico, prefiere referirse a congregaciones en lugar de iglesias. Y mucho cuidado que esto es historia, no teología.
Se podría añadir que los términos hebreo, judío e Israel, son intercambiables, pero esto no es necesariamente correcto. En todo caso, es culturalmente intercambiable. Pero la verdad nos muestra que cada uno es algo distinto al otro. No estoy en la política internacional y tampoco me interesa estar. Pero puedo decirte que amo a Israel porque desde allí venimos. Somos algo así como un Israel espiritual. Pero no tengo nada que ver con el físico y mucho menos con el político, que es algo que es exclusivamente patrimonio de ellos como sociedad.
Lo que pretendo decir, concretamente, es que siento un profundo respeto por el pueblo judío, hebreo, israelita, pero eso no me hace sionista. Puedes conocer y respetar a Argentina, quizás por ser la tierra natal de Lionel Messi, por ejemplo, pero eso no te hace ni peronista ni antiperonista. Creo que vale como ejemplo, si es que conoces algo de nuestros entuertos domésticos. Es que hay algo que no siempre entendimos. Bíblicamente, el primer hebreo es Abraham. Porque la palabra original para hebreo, es Ibri, que fonéticamente suena algo así como debri.
Hebreo significa “que cruza el río”. Lo mismo sucede con Israel. El primer Israel fue Jacob, que como todos saben, cambió su nombre luego de batallar con el propio Jehová. Y el primer judío, es alguien que provino de la tribu de Judá, casi que no necesito ampliarlo. Es decir que comenzamos con Abraham, luego la historia sigue con Isaac y con Jacob, ya que de eso siempre se habla como LA base. Pero ¿Y qué sucede con Ismael? Todos sabemos hoy que desde su descendencia nace el pueblo árabe, ¿Verdad?
¡Que rara paradoja! Porque Ismael, al ser hijo de Abraham, genéticamente era hebreo. ¿O no? Suena más que fuerte, sin dudas. ¿Cómo va a ser hebreo Ismael si de alguna manera es fundador de los que hoy los combaten a muerte en diversos frentes? De acuerdo. Mientras Isaac era hijo del espíritu, Ismael fue hijo de la carne, eso tal vez explica el rencor y hasta el odio. Pero tengo certeza que el asunto no termina allí. Creo que otra vez la política invade lo espiritual y todo se desmorona.
Tú puedes amar Argentina, pero eso no significa que ames a quien fuera presidente ayer, o a quien lo sea hoy, o quien lo será mañana. Eso es asunto nada más que nuestro. Eso es, exactamente, lo que nos ocurre a muchos cristianos con Israel. Y recuerda que estoy peleando una batalla contra la ignorancia, no operando en favor de tal o cual. Porque, de todos modos, tú sigues amando Argentina y yo sigo amando a Israel. Pero nadie pudo, ni parece que pueda, todavía, evitar que nazca un fiero odio.
¿Nadie va a entender que donde nace el odio hay demonios trabajando duro para conseguirlo? Sí, no son pocos los que lo entienden a la perfección, pero igualmente cuesta mucho, muchísimo que aquellos que han sido heridos y hasta muertos por ese odio, entiendan los vericuetos de la historia y la participación satánica en la división de los creyentes, sean cuales fueren. Obviamente que esto es mucho más amplio y profundo, pero no es el tema central de este trabajo, que es el de destruir ignorancias antiguas, darle una tierna caricia a un corazón que está despertando, dejar una herencia, un legado o una huella y convertir todo en conocimiento presente.
Pero cuidado, no con verborrágicas exposiciones discursivas, sino basados en hechos concretos, visibles y reales. Que como podrás suponer y comprobar, no tienen nada que ver con lo que difunden los distintos medios de comunicación del mundo que, como todos sabemos, o al menos deberíamos saberlo, siempre van a operar en dirección a los intereses que financiera o ideológicamente los sostienen. Un periodista de vocación, puede llegar a trabajar gratis para difundir algo importante. Pero los medios que los contratan, nunca. De hecho, los Ceos de esas empresas jamás fueron periodistas, sino empresarios.
5.- Fui Periodista…
…en una época en donde todavía los que amábamos esa profesión, podíamos ejercerla con cierta libertad. Hoy ya no. No existe tal cosa como un periodismo independiente. Todos dependen de distintos sectores que, nos guste o no, son los que ponen el dinero para sostener las empresas. Y nadie quiere quedarse desempleado. Y ni hablar de la mentira del periodismo objetivo. Eso no existe. El hombre siempre es subjetivo. Como mucho podrá esforzarse por ser medianamente imparcial.
Esa es mi rutina, aunque soy consciente que no siempre lo logro. ¿Sabes por qué Jacob cambió su nombre por el de Israel? Porque dice la Biblia que fue alguien que peleó con Dios y venció. En realidad, significa que perseveró contra todo. Y estaba escrito que quien venciera en eso, obtendría un premio. Apocalipsis 2:7, dice que El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
En el verso 11, añade que no sufrirá daño de la segunda muerte. En el 17, que se le dará a comer del maná escondido. En el 26, que se le dará autoridad sobre las naciones. En 3:5, será vestido de vestiduras blancas. En el 12, lo hará columna del templo. En el 21, ¡Que se siente con Él en su trono! Y, en 21:7, El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Entonces, ¿Quién es Israel? El que persevera y gana. No los perdedores, no los cómodos, no los holgazanes.
Y tú, sin haber nacido en Israel, si eres creyente del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que es Israel, eres injertado por el propio Dios a lo que sería el árbol de Israel. Ni lo dudes. Eres el Israel espiritual. Claro está que eso no te da ningún derecho a reemplazar al Israel genético, pero te iguala. ¿Hay promesas hoy para el pueblo judío? Sí, claro que las hay, y son muy claras. Tan claras como las promesas que hay para el Israel espiritual. ¿Entonces eres de la familia de Dios? Sí.
Porque al creer en el Dios de Abraham, Isaac e Israel, (No me gusta decir Jacob, porque Jacob significa traicionero), pregunto: ¿Quién es tu Padre? Dios, me dices. Entonces, ¿A qué familia perteneces? A la de Abraham, Isaac ¿Y? ¡Israel! Isra-El. Recuerda que todo lo que termina con El, es de Dios. Dani-el, el juicio de Dios, Isma-el, el que escucha a Dios, y el más conocido de todos, Emanu-el, Dios con nosotros. Entonces, si tú eres hijo de Dios, y por lo tanto eres adoptado a la casa de Dios, tú deberás seguir todas las reglas de la casa que te ha adoptado, esto es: la de Dios.
¿Qué libro seguimos? El de Dios. Si tú vienes a vivir a mi casa y yo te adopto como familia, ¿Qué comida vas a comer? ¡La que comemos nosotros! La misma. ¿Y entonces por qué hay tanta división entre judíos y cristianos? ¡No debería haber ninguna! Si uno es el Israel genético y el otro es el Israel espiritual. ¿A quién escogió Dios? Escucha: cuando tú tienes un hijo, tú no escoges a ese hijo. ¡Tu hijo nació! Pero al adoptado sí lo escogiste. ¿Estás entendiendo, ahora? A esto, desde hoy, ya no lo ignoras; lo sabes.
Esto te cambia la mentalidad, conjuntamente con la de todo el pueblo al que llaman gentiles, que definitivamente no son gentiles. Ya no eres gentil, eres Israel. Y no eres ni hebreo ni judío, ¡Eres el Israel de Dios! Has vencido. Tienes el premio. Ahora bien; al ser adoptado como hijo, ¿Reemplazas al otro hijo? ¡No! De ninguna manera es uno u otro, o tú o yo. O sea que no es “o”, es “y”. Tú tienes una promesa. Pregúntate: ¿Qué hubiera pasado, si el pueblo judío, el pueblo de Israel físico, el pueblo escogido de Dios, hubiera aceptado al Mesías?
Nosotros no hubiéramos tenido el conocimiento del Hijo de Dios como Salvador, porque se hubiera quedado sólo en Israel. Ahora bien; si Dios es el Dios de todos, y escogió a un pueblo pequeño y además desobediente y hasta necio, ¿Será improcedente preguntarle por qué lo hizo? Israel es un pueblo de aproximadamente 13 millones de personas, pero a eso hay que sumarle todos los que, como bien sabemos, andan desparramados por el planeta, además de los que llaman cripto-judíos, que son todos aquellos que nacieron como judíos, pero luego se convirtieron en cristianos por imposición de la inquisición.
¿Y por qué los escogió a ellos si eran desobedientes y hasta necios? Pablo, que era cristiano, pero venía de los judíos, les da esa respuesta a los Corintios, en su Primera Carta, en el primer capítulo y verso 27: sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; Es como decirles que los escogió a ellos para que ni se les pasara por la cabeza que ese era su plan, sino el plan de Dios. Isaías 6:8-10 lo dice:
Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved, por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.
Eso, aunque todavía haya millones que no lo entienden, significa que Dios hizo lo debido para que ese pueblo rechazara la salvación de su Cristo, y de ese modo Él pudiera cumplir la misión principal que era la de salvar a todo el mundo. Ese es el más grandioso plan de salvación conocido. Dios no sólo sacrificó a su Hijo en favor de toda la humanidad, también sacrificó al que era su pueblo. De allí que, tanto el católico romano como incluso muchos cristianos no católicos, odiaron y persiguieron a los judíos por haber matado a Cristo.
Escúchame, por favor. Si Jesús no hubiera muerto, no hubiera resucitado. Y si no hubiera resucitado, no hubiera existido salvación. El plan perfecto era que tenía que ser rechazado, muerto, sepultado, ir al infierno por tres días y resucitar allí para darnos vida eterna. Ese fue el plan. Y no había plan “B”. ¿Correcto? Entonces; ¿A quién escogió como pueblo elegido? A los más desobedientes, imperfectos y pequeños. No los eligió por buenos, sino por pequeños, necios, desobedientes y cuanta falta de virtud quieras añadirle.
Única forma de que fuera Dios el glorificado, y no esos hombres. Pero lo cierto es que Jesús, el Nombre que deberá ser anunciado porque está por sobre todo nombre, era judío. Fue llevado por sus padres, a los doce años a la sinagoga, a esa especie de ceremonia de iniciación que ellos ejecutaban cuando los niños varones cumplían sus doce. Hoy, y esto es muy interesante, esa misma ceremonia los judíos la realizan a los trece años, por la simple razón de que no quieren tener nada que ver con Jesús.
Porque para ellos Jesús es una palabra nefasta, ya que en su nombre decapitaron, mataron, quemaron y asesinaron a millones de personas. Y todo en el nombre de Jesús. De hecho, no fue Jesús de ninguna manera quien hizo esto, pero sí hombres que decían ser seguidores suyos, que jamás entendieron que la salvación vino por los judíos. Ojo que todavía hay cada “seguidores” que…bueh. A esto lo dice claramente Juan, hay que leerlo con atención. Por otra parte, hay algo en las tres religiones formales, que coinciden casi de modo increíble.
Tanto los judíos de verdadera fe, como los católicos pensantes y buscando ser espirituales y los evangélicos sinceros, no sólo desconfían de sus rabinos, sacerdotes y pastores, sino que, en muchos casos, los tienen directamente por mentirosos, aunque se cuiden muy bien de decirlo en voz alta. Dicen muchos judíos serios y responsables, que la religión judía de este tiempo, no la del tiempo de Jesús, sino esta de hoy, es una religión inventada que no está correcta.
Hay mucha vigencia de las llamadas leyes orales, que no son leyes de Dios, sino unas inventadas por los rabinos. Curiosamente, las mayores críticas de muchos católicos para con su iglesia, es la misma. Y ni hablar de la cantidad de cristianos que descreen de más de la mitad de las predicaciones de sus propios liderazgos. Eso me dice a mí y te dice a ti que, pese a todo el marketing que se ha armado en derredor de los principales jerarcas de dichas religiones, la palabra de Dios genuina todavía sigue siendo guía para mucha gente que realmente ama a Dios y detesta ser engañada. Pero, claro, si no eres de River o de Boca, no sabes nada…
Es muy particular la existencia de los llamados judíos mesiánicos. Hay muchos, pero son muchos más que los que se conocen, porque lo esconden. Porque siguen prisioneros de lo que les enseñaron de pequeños, en razón de que, si llegas a creer que Jesús es el Mesías, automáticamente dejas de ser judío. Y no es así. Pero cuidado, porque a esto también lo creen muchos cristianos. Sin embargo, para muchos judíos que desean creer en nuestro Mesías, es toda una revelación impactante el día que se enteran de que el nombre que está por sobre todo nombre.
Que en realidad es el de Jeshúa, mientras que el de su madre, comúnmente conocida en ambientes cristianos como María, en realidad es Miriam. El evangelio de Mateo fue escrito para los judíos que deseaban creer y aceptar a Jesús como Mesías. El mejor modo de guiar a un judío tradicional a nuestra fe, es decirle que no se les guarda ningún rencor por haber matado a Jesús, que es de lo que se los acusa en el cristianismo tradicional.
6.- Por el Contrario, es Una Bendición…
…que así haya sido, ya que esa fue la única manera de acceder a la salvación. El mayor problema que existe es que Jesús causa mucho ruido. Uno de los más grandes teólogos e iniciadores del protestantismo, fue Martín Lutero. De hecho, como cristiano o creyente en Jesús, Martín Lutero fue un gran teólogo, o un gran reformador, sin duda. Si ellos no lo hubieran hecho, él y Calvino, no tendríamos hoy las Biblias en nuestro idioma.
Sin embargo, de todos modos, los dos eran bastante antisemitas, porque en el fondo de sus corazones, pese a todo, no habían dejado de sentirse católicos romanos. Tú tomas un cristiano y te dice que cree y ama a Jesús porque Jesús le ha dado la vida. Pero luego te encuentras con un judío y te dice que no puede creer y mucho menos amar a Jesús porque en su nombre le mataron parte de su familia. ¡Fíjate el horrible mal que pueden producir los falsos!
Y mucho más terrible ha sido el llamado movimiento judaizante, supongo que, promulgado por sectores políticos ideológicos muy fuertes en Israel, que lo único que ha logrado es dividirnos aún más. Ni siquiera son judíos genuinos los que encabezan esos movimientos. Puedes amar a Israel como pueblo elegido por Dios y, en lo espiritual, como símbolo de nuestra fe. Pero eso no te obliga a avalar crímenes ni excesos de poder que se hagan supuestamente en defensa de esa tierra.
Una tierra que, si bien es verdad absoluta que está amenazada de manera permanente, también lo es que debería contar con el respaldo de la defensa del Dios en el que creen. Pero eso, claro está y es más que obvio, si es verdad que realmente lo creen. De la única manera que habrá paz entre Israel y Palestina, es si ambos deciden creer en Jesús. De otro modo, lo disfracen como lo disfracen, no habrá paz. De los dos lados hay líderes religiosos que engañan a su gente y las empujan a la muerte y la destrucción. Y que conste en actas, que dije religiosos, no creyentes.
Eso no es Dios, como quiera que le llames. Es tan simple que estremece. Si tú eres un cristiano que sólo lees y crees el Nuevo Testamento, pero no aceptas leer ni creer en el Antiguo, es como si ves solamente el final de una película, sin saber cómo fue su principio. Podrás entretenerte y hasta disfrutar ese final, pero el contexto total, el argumento total de esa película, nunca se te va a mostrar y lo ignorarás para siempre. No podrás nunca evaluarla con objetividad. Ahora, si tú eres un judío que solo acepta leer la Torá y descree del Nuevo Testamento, repites la misma historia, pero a la inversa.
Comienzas a ver la película, te emocionas y te encanta lo que es ella, pero lamentablemente te quedas sin ver el final porque decides irte antes del final de la sala. ¿A eso le podrán llamar inteligencia? Que lo llamen, yo no lo veo así. más bien lo veo como ignorancia, y muy antigua. Porque podemos disentir en muchas cosas prácticas, esto es con las formas, las metodologías, las palabras utilizadas y todo lo que tenga que ver con rituales. Pero con las bases centrales de la palabra de Dios, nunca. Si disentimos en eso, algo no funciona.
Muy bien. Hasta aquí, la información histórica que he investigado, y que seguramente te habrá mostrado algunos elementos que, estoy seguro, ya habías observado, pero que para no meterte en camisa de once varas preferiste no preguntar ni cuestionar a nadie ni a nada. Con eso en mente, quiero cerrar este punto de todo esto, con el epicentro de lo que significa para mí este trabajo. Quiero referirme al nombre Jesús. Quiero recalar en la historia para dejar eso en claro, sin fanatismos de ignorancia de uno u otro lado.
El evangelio y Dios mismo son demasiado grandes como para que pequeños hombrecillos de pies pegados al piso pretendamos presuntuosamente adueñarnos de él. El idioma que se hablaba en la época que estaba Jesús, era el griego, ¿Estamos de acuerdo? Entonces, su verdadero nombre es Jeshúa. Te guste o no te guste, te quede cómodo o incómodo, así se llamaba nuestro Jesús: Jeshúa. Así lo llamaba su mamá, la famosa Miriam.
Imagínala en su casa, cuando él era pequeño, pidiéndole que hiciera esto o aquello, siempre llamándolo Jeshúa, no Jesús. Cuando el evangelio pasa al griego, traducen Jeshúa en Iesu. Y le dicen Iesu, ¿Por qué? En primer lugar, porque los griegos no usan la “sh”. Y luego, porque los judíos tienen un acrónimo, que es una palabra formada por las iniciales, y a veces por más letras, de otras palabras. Mediante ese acrónimo, los judíos opositores le dicen a Jesús, Ieshu. Y ese nombre, Ieshu, significa “que su nombre sea borrado de la eternidad”.
Es un acrónimo bien feo. Que su nombre sea borrado. Que sea desechado. Y entonces oyes que los rabinos no le dicen Jeshúa, le dicen Ieshu. Por ser el nombre por el cual sufrieron demasiadas lastimaduras, luchas y muchas revueltas. Míralo desde esta óptica. Lo que ocurre, es que ellos pensaban que era un falso Mesías. Y fíjate que el mismo Gamaliel profetizó que si era quien decía ser, su nombre jamás iba a ser olvidado. ¡Y Gamaliel era fariseo!
Así es que, de Ieshu, que significa que su nombre sea borrado, viene el griego Iesu, y de ese Iesu, viene el español Jesús. Entonces, la pregunta que se impone, es: ¿Podemos seguir llamándolo Jesús? ¡Pero claro que sí! ¿Acaso puedes pensar que Él no conoce las intenciones de tu corazón y que no sabe que lo dices con amor, con fidelidad, con respeto y hasta con unción? Ahora; Jesús, ¿Viene o no de un acrónimo que significa que su nombre sea borrado?
Históricamente, la respuesta es sí. Pero no hay ningún drama con esto. ¡No podemos fabricar de un hecho histórico, que es cierto, una doctrina de discriminación o, lo peor, de sectarismo! Yo he escuchado a judíos mesiánicos predicar y llamarlo Jesús o Jeshúa por igual. Lo único que te hacen saber, aseguran ellos, es que, si bien cuando nombras a Jesús queda claro que es el nombre sobre todo nombre, en el ámbito espiritual, pero cuando nombras Jeshúa se siente algo en el aire que es diferente.
Eso dicen ellos y no soy quién para enfatizarlo ni soslayarlo. Reitero: el que quiera seguir llamándolo Jesús que lo haga sin culpas ni dudas. Él te ama y, lo llames como lo llames, Él sabe que tu corazón es conforme al suyo. Y eso es lo que vale. Pero, histórica y puntualmente, su verdadero nombre era Jeshúa. ¿Sabes qué? Es el momento ideal para, cuando esta noche te pongas a orar dando gracias por el día vivido y entregando el de mañana, aprovecha para pedirle al Espíritu Santo que te guíe a no caer en banalidades sectoriales y hasta sectarias y a dirigirte a Él como a Él le agrada que lo hagas.
No interesa cómo lo hayas hecho hasta hoy. Y mucho menos si eso te ha funcionado y más que bien. Lo que sí importa, es seguir aprendiendo, confirmando y reafirmando lo que está correcto y, llegado el caso, si el Espíritu Santo así te lo hace saber, cambiar lo que haya que cambiar, por más que sea algo que hace cincuenta años que lo vienes haciendo de otro modo. Porque de otro modo, tus proverbiales y comprensibles Ignorancias Antiguas, (Me encanta denominarlo así, porque le da las mismas iniciales que la Inteligencia Artificial), pasarán a convertirse en terquedades modernas.
Y ningún terco entra al Reino… Y, atención con esto. No te lo está diciendo un jovencito impertinente que todavía no aprendió a atarse los cordones de las zapatillas. Te lo está diciendo alguien que, dentro del sistema tradicional eclesiástico en el que crecimos y todavía vivimos, tiene años suficientes como para ser nominado como anciano. Cuidado. No te estoy hablando de modas, ni de cambios de costumbres y mucho menos de tradiciones.
Es muy claro el Señor cuando nos habla de no vivir por tradiciones, sino por Su Palabra. Eso me deja al margen de aquel River y Boca. Esto no sale de un católico, ni de un evangélico ni de un judío. Esto sale de un hijo de Dios por Cristo. Te estoy hablando de estar alerta, vigilante y aguardando que, desde la eternidad celestial, la voz del amado Espíritu Santo de Dios, te de una dirección que sea la correcta para tu vida.
El nombre que está por sobre todo nombre, y ante el cual se dobla toda rodilla en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, que es como decir el infierno, es el nombre al cual le debemos nuestra condición de hijos de Dios, parte integrante y activa de Su Reino y en viaje sideral en el espíritu hacia una Vida Eterna prometida y seguramente cumplimentada cuando llegue el momento de cada uno de los que hoy está compartiendo todo esto.
Como yo lo llame en mi vida privada, es un asunto entre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo conmigo, con Néstor. Seguramente que lo que haga lo haré con su guía, o no haré nada. Pero no te lo diré, porque no acepto que nadie me imite a mí, sino que al que debe imitar es a Cristo. Si tú haces lo mismo que yo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tendrán morada y comunión contigo y, en cada ocasión que sea necesario, harás prevalecer el poder y la gloria del nombre que está por sobre todo nombre.
Listo. Hoy, desde esta óptica, ha sido anunciado su nombre, tal como es mi mandato. Y si has dejado de ser ignorante de algo o en algo, dale toda la gloria a Dios, que hoy pudo usarme pese a no ser más que un humilde vaso de barro. En mi opinión, creo haberte sacado de los hombros una carga antigua que te confrontaba respecto al trato a tener con los judíos. Allá ellos, si en su ignorancia todavía sienten rencores antiguos. Tú eres un hijo de Dios, y así como no estás obligados a aceptarles cualquier desaguisado, así también albergas la misma calidad de misericordia de quién eres imagen y semejanza.
7.- En la Década de los Años 50 al 60…
…en Argentina se vivió el máximo pico de una música popular llamada Tango que, de alguna manera, llegó a ser representación oficial de todo el país, aunque, como en todo lo demás, y tal lo hablábamos anteriormente, realmente fuera representación de la Capital de la República, Buenos Aires. En ese tenor, conjuntamente con el tango, sonaban otros ritmos que se incorporaron al gusto mayoritario de la gente. Entre ellos, el vals. Y uno de ellos, justamente, el que tenía un título muy sugestivo, «Desde el Alma», comenzaba con esta letra:
Alma, si tanto te han herido, / ¿por qué te niegas al olvido? / ¿Por qué prefieres llorar lo que has perdido, / buscar lo que has querido, /llamar lo que murió? / Vives inútilmente triste / y sé que nunca mereciste /pagar con penas / la culpa de ser buena, / tan buena como fuiste por amor. Romántico, tanto que se convirtió en el tema elegido para que los recién casados bailaran en sus fiestas de bodas. Pero me quiero quedar con el conocimiento que los autores de la letra, Homero Manzi y Víctor Piuma Vélez, dejaron en evidencia sobre el funcionamiento del alma humana.
Hace muchos años, publiqué en mi web una enseñanza profunda, muy poco convencional y decididamente crítica, sobre la diferencia entre el espíritu, el alma y el cuerpo en el ser humano, haciendo hincapié en la relevancia del alma y en cómo su poder ha sido mal comprendido, manipulado o incluso suprimido tanto dentro como fuera de la Iglesia. En tiempos donde la lectura ha mermado por carencia de tiempo o de posibilidades de concentración, creo necesario compartir una síntesis de aquel trabajo tan valioso, en momentos en que se ha vuelto estrictamente necesario. Por ignorancia, esencialmente. Y antigua, también.
La diferencia entre el espíritu, el alma y el cuerpo es conocida por la mayor parte de los creyentes. El espíritu humano, es el que nos conecta con Dios, a partir de lo que llamaríamos conciencia divina. El alma nos da la auto conciencia, que es como decir la identidad, la voluntad y las emociones. El cuerpo, en tanto, nos conecta con el mundo físico a través de los cinco sentidos. Salvo las excepciones determinadas por patologías inherentes a cada uno de esos cinco sentidos, la vista, el olfato, el gusto, el tacto y el oído son los elementos básicos para la vida normal de cualquier ser humano.
El problema mayor que afronta la iglesia de este siglo veintiuno, es la tremenda confusión en la que muchos de sus miembros han caído. No son pocos, puedo asegurarte, los cristianos que no terminan de distinguir entre lo que es el alma y el espíritu. Eso, obviamente, ha permitido y sigue facultando diversos engaños espirituales, falsificaciones de la figura del Espíritu Santo y distintas manifestaciones sobrenaturales que, en realidad, provienen del alma o, incluso, como sucede en la mayoría de los casos, de fuerzas malignas que siempre están atentas para aprovechar estas ignorancias. Mira este texto:
Apocalipsis 18: 2-3 = Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites.
Versos 11 al 13 = Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres.
Lo que aquí la visión de Juan nos muestra es que las almas de los hombres han llegado a ser mercancía comprada o vendida al mejor postor. De hecho, esto tiene parentesco directo con lo que en muchas congregaciones se realiza hoy, donde se comercia con las almas de sus miembros ignorando el verdadero propósito espiritual. Ante la proverbial pregunta de cómo salirse de todo este andamiaje satánico, bien vale reproducirte el verso 4 de este mismo capítulo 18 e este libro, que dice: Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;
Sabemos, porque así ha sido escrito, que Adán fue creado con capacidades extraordinarias, tanto en lo intelectual, como en lo espiritual y físico. Basten dos ejemplos para confirmarlo. Se le ordenó darle nombre a cada uno de los animales creados y así lo hizo. Obviamente, no eran dos o tres, eran miles y miles. Luego, él podría recordarlos a uno por uno sin errores. Memoria sobrenatural. Se le ordeno labrar la tierra del Edén, a él solo. Si el Edén estaba conformado por esos cuatro ríos mencionados, el Edén no era un pequeño parque ni una placita de pueblo, eran miles de hectáreas. Lo hizo.
Enorme capacidad física y mental. Todo esto estaba en su alma. Al producirse su caída, toda esta capacidad quedó congelada, confinada. Pero ese poder no desapareció, sino que quedó latente en toda la humanidad posterior. Aquí es donde caemos necesariamente en la realidad de lo que el alma humana significa. Porque, indefectiblemente, esa alma humana contiene un poder tremendo que proviene de Adán. Un poder que, si bien es de corte original, sin embargo, no es necesariamente divino, pero si “sobrenaturalmente natural”.
¿Qué hace Satanás al respecto? Busca liberar ese poder para respaldar sus fines, utilizando imitaciones espirituales y emociones muy intensas, desviando de ese modo a los creyentes y llevándolos a depender de todas estas sensaciones anímicas y corporales, abandonando de manera automática lo espiritual, que es la base de lo que Dios nos dejó para manejarnos en esta tierra con la guía de su Espíritu Santo. Tremendo. La advertencia es más que clara.
Muchas de las manifestaciones aparentemente espirituales que se experimentan en las modernas congregaciones evangélicas, podrían tranquilamente provenir del alma, mediante el manejo consciente o inconsciente de las emociones, la sugestión y aún de ciertas manipulaciones que todos hemos podido observar. A veces, con la sana intención de motivar a creer más y mejor, pero no en dependencia a la guía del Espíritu Santo.
Esto, obviamente, eleva al carácter de urgencia utilizar el discernimiento que nos ha sido entregado, para determinar el verdadero origen del poder manifestado. Por eso es que casi de manera permanente, en la mayoría de nuestros ambientes cristianos, se llama a todos los creyentes a no vivir conforme a sus emociones, a sus razonamientos intelectuales, (De sobremanera si se trata de sitios conformados por profesionales) o voluntad propia.
Se les enseña o advierte de procurar vivir conforme al espíritu, en permanente comunión, (Que es comunicación directa) con Dios y recuperando el diseño original que tenía Adán antes de la caída. La gran pregunta que surge de inmediato y que me ha tocado escuchar y responder muy a menudo, es: ¿Es factible fácilmente eso? La respuesta, es que no, que no es fácil ni sencillo porque forma parte de una guerra espiritual, pero que es posible, ya que de otro modo Dios no nos hubiera ordenado hacerlo.
Todo esto es un llamado a reevaluar profundamente la teología cristiana tradicional sobre la naturaleza humana. Plantear que en el alma reside un poder inmenso que, si no está sometido al espíritu y el espíritu no está sometido al Espíritu de Dios, puede ser sin dudas una terrible fuente de engaño espiritual, especialmente en estos tiempos finales. La restauración del hombre pasa por entender esta dinámica y caminar en el espíritu, no en la carne ni en lo meramente almático.
¿Te cabe alguna duda que esto, que de ninguna manera es moderno, que ya fue pensado y escrito hace muchísimos años es, exacta y puntualmente lo que hoy se vive en la mayor parte de lo que denominamos como iglesias cristianas? Lo cierto y evidente es que existe un poder latente en el alma humana, heredado desde Adán, que quedó confinado tras la caída. Muchas religiones y prácticas espirituales (Por ejemplo, el budismo, hinduismo, taoísmo, algunas técnicas de la psicología, parapsicología, etc.) buscan liberar este poder a través de medios ascéticos o mentales.
Sin embargo, este poder no proviene de Dios, y su activación puede llevar a manifestaciones sobrenaturales engañosas que son instrumentos de Satanás. El tema central de todas las religiones del mundo, (Y es mi deber de honestidad incluir algunas estructuras evangélicas sencillamente sectarias), buscan subyugar el cuerpo para liberar el alma y su poder. Reitero: no es exclusivo del cristianismo, pero en ciertos y puntuales casos, lo incluye.
Lo que ocurre, hay que decirlo con franqueza, es que las multitudes se impactan cuando ven manifestaciones de poder genuinas y no armadas tipo comedia dramática. Porque, -también a esto hay que decirlo-, el poder que esas multitudes ven, es real, pero ignoran que es engañoso. Las manifestaciones tales como milagros, sanidades, predicciones, pueden ser reales, no lo dudo, pero no provienen del Espíritu Santo, como se nos dice, sino de almas humanas influenciadas por espíritus malignos, eso que conocemos vulgarmente como demonios.
Son muchos los cristianos, (Me resisto a decir creyentes), que confunden estos poderes con dones espirituales genuinos. La falta de discernimiento permite el engaño y, la infiltración de prácticas ocultistas, además de psíquicas en las iglesias teóricamente cristianas. La ciencia, a través de la psicología, propone estudiar la psique, que es el alma, pero su enfoque es natural, no espiritual, y pueden tranquilamente abrir la puerta al uso indebido del alma.
8.- Y ni Hablar de Terrenos Espinosos…
…como el de la propia parapsicología. Lo cierto es que Jesús, desde su vida misma, y no tanto en lo que dijo, no vino a potenciar el alma caída, sino a reemplazarla con vida espiritual nueva a través del Espíritu Santo. Mateo 10:28 es, de alguna manera, una muestra de eso cuando dice: Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
Jesús vivía hablando del Espíritu. Si aquí es capaz de separar al alma del cuerpo físico, entonces el respaldo a esta enseñanza es notorio y válido. Si te detienes a observar con absoluto criterio bíblico y despojado de toda antinomia que puedas guardar, vas a comprobar que una enorme mayoría de congregaciones evangélicas, hoy, están operando con directa vinculación con el alma y no con el espíritu. Los temas que se hablan, mayoritariamente tienen que ver con las distintas necesidades que cada hombre o mujer puedan estar padeciendo.
Cosa que no estaría mal, sino fuera que desde hace ya mucho tiempo ha reemplazado a lo que la iglesia del Señor debería ser: una propagadora del evangelio del Reino y de sus bases escriturales para vivirlo. Esto, pone a todas esas congregaciones en estado de vulnerabilidad al engaño y, por tal motivo, sencillamente se han apartado del diseño divino. A todas luces, quien quiera que se esmere un poco podrá ver cómo Satanás se las ha ingeniado para promover el uso de este poder con la simple idea de suplantar el evangelio. ¿Qué crees que viene? Nadie lo sabe, pero yo te digo lo que yo pienso: Un Remanente.
Para eso, estos personajes te presentan una falsa espiritualidad por fuera de la cruz, sin tener en cuenta a la sangre y, esencialmente, sin dependencia al Espíritu Santo. ¿Y sabes qué? Hasta ahora les está dando buenos resultados. Si instalo una carpa donde alguien va a enseñar el significado del evangelio del Reino, y a su lado otra donde un solo hombre orará y tal vez en algunos casos sanará a los enfermos, es muy probable que la primera esté casi vacía y la segunda sobrecargada de gente. De hecho, la sanidad tiene algunos vericuetos que veremos con mayor amplitud en estudios siguientes.
Y, como puedes suponer, no estoy hablando de gente incrédula, esto dicho desde una óptica eclesiástica, aunque en el fondo, tengo mis dudas que no lo sean, aunque ocupen bancos en un templo. Creo que no te descubro nada nuevo si te digo que estamos en una guerra espiritual entre la fuerza del alma, también denominada psiquis, y la del espíritu, al que ahora conocemos como pneuma. La única defensa es una unión real y vivencial con Cristo, no un conocimiento superficial como dejan en evidencia poseer una innumerable cantidad de cristianos.
Es indudable que debemos hacer un urgente llamado al discernimiento, a renunciar al uso del poder del alma y a vivir guiados por el Espíritu Santo. Solamente así la iglesia genuina podrá resistir la gran apostasía que ya se ha puesto en marcha y el engaño que prepara el camino para la manifestación del anticristo. Lo quieras creer o no, lo hayas podido ver o no, ya comenzamos a caminar en esa dirección equivocada. Y no hablo de ti o de mí, que muy probablemente estamos viendo la realidad de la verdad, me estoy refiriendo a Babilonia, que hoy por hoy tiene más miembros que la iglesia genuina.
Una vez más, te recuerdo que esas capacidades extraordinarias que le fueron dadas a Adán, no se perdieron tras la caída, sino que quedaron latentes y aprisionadas en su carne. Este poder psíquico, si me dejas llamarlo así, porque psiquis es alma, te recuerdo, ha sido ocasionalmente manifestado a lo largo de la historia, incluso por gente no creyente, y ha sido objeto de estudio por esa dudosa ciencia denominada parapsicología. Es obvio que Satanás, absolutamente consciente de ese poder en el alma humana, desea fervientemente controlarlo para sus propios fines.
Piensa en magias, hechicerías y brujerías varias y dime si no lo ha estado logrando. La caída del hombre fue su intento inicial de lograrlo, pero ese poder quedó inactivo bajo el dominio de la carne, frustrando su plan. Desde entonces, Satanás ha estado trabajando para liberar ese poder latente, especialmente al final de los tiempos, usándolo para engañar, confundir milagros, y oponerse al plan de Dios. Convengamos en que el Espíritu Santo obra a través del espíritu regenerado del hombre, tras el nuevo nacimiento en Cristo.
Satanás, en cambio, obra a través del alma no regenerada o del poder psíquico, que aún pertenece a la vieja creación. Es vital discernir entre lo espiritual y lo psíquico, pues muchos fenómenos religiosos aparentemente «milagrosos» pueden proceder del alma y no del Espíritu Santo. Las oraciones psíquicas (Enviadas no a Dios, sino a otras personas) pueden tener efectos reales, pero no son de Dios, y se asemejan más a hechicería o manipulación.
Muchos cristianos bien intencionados, pero ignorantes de todo esto, podrían estar usando este poder sin saberlo, influenciando, oprimiendo o dañando a otros creyendo que están “ministrando”. Ejemplos incluyen: orar con un deseo egoísta, predicar usando técnicas emocionales repetidas, o hacer campañas evangelísticas buscando resultados numéricos como métrica de éxito. ¿Habrás visto algo así en tus cercanías, últimamente? ¿Sugerencias prácticas? No le pidas oración a quien no conoces. No ores por quien no conoces si no tienes dirección clara del Espíritu para hacerlo. No impongas tus manos con ligereza, fue dicho.
El verdadero poder del Espíritu Santo, entiéndeme, regenera al creyente, re – genera, esto es: vuelve a generar algo que estaba degenerado. Todo a partir del nuevo nacimiento sin el cual no puede haber regeneración. Además, habita en el espíritu del hombre para producir fruto espiritual y viene sobre él para darle el poder del testimonio, de ninguna manera para manipularlo. Este poder, quiero que lo sepas, es incontrolable, mientras que el poder del alma sí puede ser manipulado, que es lo que lo hace espiritualmente peligroso si se lo confunde con lo espiritual.
Por todo lo expuesto, existe una línea muy sutil, pero al mismo tiempo crucial entre el uso del alma y el uso del espíritu. El alma caída puede ser fuente de milagros, señales y emociones falsas, que desvían al creyente de la obra verdadera de Dios. El mensaje llama a los creyentes a examinarse con honestidad, discernir con claridad y no ser engañados por lo “espectacular”, lo “emocional” o lo “milagroso” si no procede del Espíritu de Dios. Cuidado: no sea que por buscar lo espectacular te pierdas lo divino.
Quien haya pasado por alguna experiencia personal de sentirse espiritualmente débil, ha entendido que el verdadero poder espiritual no se siente ni se basa en emociones. Obedecer a Dios sin sentir nada especial, es más importante que buscar sensaciones o poderes invisibles. Conocí a muchos “hermanos” que, en el final de cada culto, servicio o reunión, las evaluaban conforme a lo que les hubiera hecho sentir.
No sé si te puede servir mi testimonio, pero puedo asegurarte que cuando más me ha tocado recibir del Señor, ha sido cuando menos he sentido en lo corporal o emocional. Asimismo, he conocido gente que en un culto experimentaba ataques de risa, temblores, caídas al suelo donde permanecían largo tiempo en éxtasis que, en la semana siguiente, estaban exactamente igual que en la anterior a todo eso. Dios nos creó con emociones, pero nos ordenó no vivir conforme a ellas, sino a su Espíritu.
Y, precisamente, es a partir de eso que muchos predicadores utilizan recursos psicológicos o emocionales, tales como gritos, cánticos o historias conmovedoras, para manipular a sus oyentes. Tengo una experiencia personal que quiero compartirte. Cuando me ha tocado dar una tremenda revelación que el Espíritu Santo me trajo en el momento en que estaba hablando en público, generalmente no ha sucedido nada en lo visible.
Aquellos que tuvieron oídos espirituales para oír y la recibieron, apenas quedaron en silencio, conmovidos por lo que estaban viendo por primera vez. Cuando he utilizado algún recurso de oratoria, tal como hacer énfasis en determinadas palabras, generalmente he recibido aplausos y aclamaciones de mis receptores. Muy bonito, pero mi calidad de vocero de Dios estuvo en lo primero, mientras que en lo segundo sólo se movió mi carnalidad al ritmo de mi alma con influencia adámica.
De ninguna manera se deberá confundir el poder del Espíritu Santo con el poder del alma o el poder psíquico. Porque esto es muy similar al poder de la sugestión o, lo peor, al del hipnotismo. Me conmueve mucho más una multitud en silencio, abrumada por el peso de la gloria de Dios descendiendo sobre ellos, que otra que grita, aclama y se convierte en un desorden tal como el que podría suceder en las gradas del estadio de Boca o River, ante una anotación, un “gol”, del equipo local.
Eso es emocionalismo. No es censurable, Dios nos creó con eso. Pero eso no es sinónimo de presencia de Dios en un lugar, que se entienda. Y esto de ninguna manera niega que existan milagros verdaderos, pero sí se cuestiona el origen de muchos fenómenos que se presentan como divinos. Todos sabemos que hay prácticas dentro de ciertas iglesias que, aunque generen resultados tales como sanidad, emociones fuertes o incluso lenguas, no provienen de Dios sino del poder humano mal canalizado.
Para que te queden claras las enormes diferencias entre una auténtica fe cristiana y ciertas prácticas psicológicas. Meditar largo rato, pero sin referencia bíblica, así como buscar sentirse bien o experimentar fenómenos corporales, no garantiza de ninguna manera una verdadera experiencia con Dios. Y ni hablar de obedecer algún mandato de “no pensar en nada o dejar tu mente en blanco”. ¡Ni se te ocurra hacerlo! Estarás invitando cordialmente a una legión de demonios para que entre en tu mente y te destruya.
Un cristianismo auténtico se basa en la fe, en la Palabra de Dios y en una vida interior dada por el Espíritu Santo. De ninguna manera en sentimientos o manifestaciones externas. Y mucho menos en la calidad o no del templo al que asistas cada semana. ¡Por favor! ¡No me confundas ser creyente con ser miembro de una religión cristiana! Es que, si se cae en estos usos tan singulares de orden psíquico, el cristianismo tradicional que conocemos no se diferenciará en nada con otras religiones que lo practican, tales como el Islam, el hinduismo o diversas sectas tales como la llamada Ciencia Cristiana.
Estas similitudes alertan sobre la posibilidad de que algunos cristianos estén operando bajo fuerzas que no vienen de Dios, aunque ellos crean lo contrario. Lo que sucede es que hay tantos cristianos necesitados de milagros y sensaciones que aceptan cualquier experiencia espiritual sin discernir su fuente. Se insiste en que el verdadero sentir de un creyente radica en perder el ego y unirse a Dios, no en buscar experiencias o señales externas.
El mensaje central de todo esto es una llamada de carácter urgente al discernimiento espiritual, advirtiendo que no todo lo que parece milagroso o poderoso viene de Dios. Se enfatiza la necesidad de vivir por fe, obediencia y comunión con Dios, y no dejarse llevar por emociones o manifestaciones superficiales. Los puntos considerados como claves en todo este trabajo son: Ataques espirituales y opresión psíquica. Muchos creyentes experimentan opresión espiritual durante reuniones, oraciones o lecturas bíblicas.
Esta opresión, según el texto estudiado, proviene de Satanás y no debe confundirse con la presencia de Dios. Luego viene el discernimiento entre lo espiritual y lo psíquico. Existe la necesidad de diferenciar entre el poder que proviene del Espíritu Santo y el que proviene del alma humana, especialmente en ambientes religiosos donde se manipula la emoción o la multitud para generar una experiencia supuestamente espiritual. A eso se le suman los milagros y señales falsas.
Hay suficiente en nuestra Biblia respecto a advertencias sobre prodigios mentirosos realizados por el anticristo y sus agentes. Estos milagros son reales, pero su origen es satánico y buscan engañar. Contar con una multitud no es sinónimo de tener victoria espiritual. Hay grandísimas congregaciones en donde no sucede absolutamente nada desde lo espiritual y, por contrapartida, vemos que tanto el propio Jesús como luego también Pablo, trabajaban con grupos muy reducidos en momentos claves.
De todos modos, me parece muy atinado compartirte algunos ejemplos prácticos de lo que es el poder psíquico disfrazado de espiritual. En primer término, en lo que tiene que ver con el evangelismo personal. Es muy frecuente que, cuando se usan estos rudimentos, alguien pueda directamente leer los pensamientos de otra persona o usar intuiciones naturales en lugar de depender del Espíritu Santo de Dios. Otro tanto ocurre en las llamadas reuniones de avivamiento.
9.- Allí Solemos Encontrar Ambientes…
…cargados de emoción colectiva, que suelen confundirse muy fácilmente con poder del Espíritu Santo. Se suma a todo esto algunos cánticos y músicas especiales. Hay que convenir que el excesivo uso de la música para inducir el fervor emocional, produce resultados aparentemente muy bulliciosos, pero absolutamente carentes de un verdadero impacto espiritual. Los frutos de toda esa gente nos permite reconocerlos.
No hay que perder de vista a los estudios bíblicos basados en interpretaciones de la palabra sustentadas en el intelecto o, en otros casos, en diversas necesidades humanas, pero sin fruto alguno de carácter espiritual. Y finalmente, también es clave la alegría forzada. Un ejemplo, la conocida risa santa. Son manifestaciones emocionales sobre enfatizadas y exageradas que, muy fácilmente, se confunden con la obra del Espíritu Santo. El Señor nos llama a la sobriedad y al discernimiento espiritual.
Los creyentes deben buscar equilibrio en su crecimiento: conocer la Biblia, avanzar espiritualmente, evangelizar y confiar en Dios con fe viva. No se condena lo sobrenatural, sino su falsificación a través del alma humana manipulada por Satanás. En resumen, lo que se condena y se sugiere tener mucha precaución, es ese anhelo de vivir sobrenaturalmente, cuando sabemos más que largamente que eso está en el plan divino solamente cuando es necesario, tal como lo vivió el propio Jesús.
Todo esto es una advertencia contra el engaño espiritual moderno, que mezcla emociones, manipulaciones humanas y aparentes milagros, sin verdadera obra del Espíritu Santo. Llama a los cristianos a vivir en dependencia de Dios y discernimiento espiritual profundo. Te deja en evidencia pequeñas desviaciones que luego traerán grandes consecuencias. Comienza citando una metáfora: dos líneas apenas separadas al principio, pueden estar a kilómetros de distancia si se prolongan.
Esto ilustra como un error pequeño en el inicio espiritual puede terminar en un gran desvío con el tiempo. Sería muy extraño que no hayas visto algo así en tu vida de creyente. De hecho, el problema no es la emoción, sino el enfoque equivocado del corazón al buscar sensaciones y no al Espíritu Santo en sí mismo. Muchos han confundido liberación emocional del alma con una obra del Espíritu. Y no lo fue. Hay además muy serias advertencias para con distintos sueños o visiones.
Está probado que muchas de estas experiencias no vienen de Dios, sino de una mente debilitada y una voluntad pasiva. Se diferencia entre una visión espiritual, que las hay y existen, con una creada por la imaginación o el alma. Conozco matrimonios entre cristianos formalizados en base a estas últimas formas. Fracasaron rotundamente hasta el grado de divorcio. Habría que preguntar, tanto a un hombre como especialmente a una mujer, por serlo, cuando dicen “ver” a Jesús, ¿Qué rostro están viendo?
En lo personal, he tenido respuestas que, si no representaran el riesgo que tienen, habrían sonado hasta graciosas. Recuerden que el alma puede estar viva, tener emociones y también fortaleza, pero no puede dar vida. El Espíritu, en cambio, sí que transmite y vivifica la vida verdadera de Dios. Muchas son las obras de la iglesia que están basadas en el alma. Emocionan, conmueven, pero no transforman. El quebrantamiento de espíritu, tan necesario para nacer de nuevo, no tiene nada que ver con una fuerte emoción del alma, aunque externamente se parezcan.
En cuanto a las técnicas evangélicas para sus reuniones, algunas suelen estar llenas de estrategias humanas. Atmósfera emotiva, coritos, historias conmovedoras, de esas que hacen llorar a los más sensibles, o sea: manipulación emocional apta para asumir e involucrarse con todo lo que se les dé. Pero atención, estos métodos producen efectos pasajeros, pero de ninguna manera generan vida espiritual verdadera. Es como una especie de morfina espiritual, alivia temporalmente, pero no sana.
Porque la verdadera vida espiritual nace de la resurrección de Cristo, no sólo de su nacimiento. La regeneración es recibir la vida que no muere, o sea, la vida que vence a la muerte. Vendría a ser algo así como un roble que rompe un sepulcro de mármol, porque tiene vida. Recuerda que Jesús dijo que quien aborrece su vida, (Que es como decir su alma), la guardará para vida eterna. Usar nuestras propias habilidades humanas, nuestros talentos o nuestras emociones, no sólo que no aporta nada de bendición, sino que en casos puede llegar a bloquear la acción de Dios.
Para que haya fruto espiritual, acuérdate, el grano de trigo, que es justamente el alma, debe caer y morir. El que dice que es obrero de Dios debe renunciar a su propia fuerza y depender completamente del Espíritu. Es mucho más valioso morir al Yo, que usar elocuencia, carisma o conocimiento humanos como herramientas espirituales. Sólo se consigue hacer gente religiosa. Todo este antiguo trabajo es una fuerte advertencia contra el engaño espiritual que proviene de operar desde el alma en lugar del espíritu.
Exhorta a buscar a Dios con un corazón puro, sin buscar experiencias emocionales, discernir el origen de los fenómenos espirituales, morir a uno mismo para que el Espíritu Santo pueda obrar y rechazar cualquier método humano y depender totalmente de Dios. El poder debe ser obtenido en base a la resurrección. Resurrección es vivir más allá de la muerte. Lo que necesitamos no es de mayor poder sino de muerte más profunda.
Necesitamos resistir a todo poder natural. Aquel que no pierde su vida del alma, no conoce nada de poder. Sin embargo, aquel que pasó por esa forma de muerte, se halla en poder de la vida. Cualquiera que pierde su vida del alma, a semejanza del grano de trigo que cae en tierra y muere, crecerá en la vida de Dios y producirá mucho fruto. Creo que muchas personas son tan ricas y fuertes que no dan oportunidad para que Dios obre. Frecuentemente recuerdo las palabras “desamparado y desesperanzado”.
Debo decirle a Dios: “Todo lo que tengo eres Tú; yo mismo nada tengo. Fuera de Ti estoy verdaderamente desamparado y desesperanzado”. Debemos tener una actitud de dependencia para con el Señor, como si no pudiésemos inhalar y exhalar sin Él. Cualquier cosa que tenemos viene de Él. ¡Cómo se deleita Dios viéndonos llegar a Él desamparados y desesperanzados! Y no porque Dios sea cruel y necesite eso para regodearse, sino porque se derrite de ternura y amor cuando nos ve desvalidos.
Hace pocos días un hermano me preguntó: “¿Cuál es la condición para que obre el Espíritu Santo?” A lo que le respondí: “El Espíritu Santo nunca se enreda en ayudar el poder del alma. El Espíritu Santo necesita llevarnos primero al lugar donde no podemos hacer nada por nosotros mismos”. Aprendamos a rehusar todo aquello que viene de nuestros egos naturales. Sea milagroso o común, debemos rehusar todo aquello que no viene de Dios. Él entonces demostrará Su poder para realizar aquello que pretendió hacer.
Habrás oído y visto, al igual que yo, decenas de reuniones multitudinarias donde se hace énfasis en el poder del Espíritu Santo manifestado allí. Mientras, se le rinden honores, aplausos, glorias y aleluyas al predicador que ha desatado todo eso. Lamento decepcionarte. Allí no está, ni estuvo, ni muy probablemente estará presente el Espíritu Santo de Dios, sino un poder que se resume en todo esto que hemos estado compartiendo. De haber estado presente el Espíritu, ese predicador jamás hubiera permitido que se lo aclame o se le rinda homenajes.
Porque el Espíritu Santo se manifiesta, solamente, para glorificar a Cristo, y no a hombre alguno. ¡Es que yo los dejo que me adulen porque ellos lo necesitan!, me han argumentado. Puede ser, pero se olvidan de algo clave: si somos ministros estamos aquí para obedecer la voluntad de Dios, no las emociones de las personas. El Ejemplo del Señor: Juan 5:19: Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. El Hijo no puede hacer nada por Sí mismo. En otras palabras, de todas las cosas que el Señor realizó, ninguna de ellas Él hizo por Sí mismo.
Esta era la actitud continua del Señor. Él nada hacía por Su propio poder o según Su propia idea. Él rehusaba cualquier cosa que pudiera venir de Él mismo. Sin embargo, ¿Existía algo errado con Su alma? ¿Su poder del alma no era bastante utilizable? Siendo que Él no tenía el menor indicio de pecado, para Él no sería pecaminoso, entonces, usar Su poder del alma. Aun así, Él afirma que el Hijo nada puede hacer por Sí mismo. Si un Señor tan santo y perfecto como Él se rehúsa a usar Su propio poder, ¿Qué otra cosa en cuanto a nosotros?
El Señor es tan perfecto, y aun así en toda Su vida Él demostró ser desamparado y desesperanzado en Sí mismo, dependiendo sólo de Dios Padre. Él vino al mundo para hacer la voluntad del Padre en todas las cosas. Nosotros, que somos apenas una partícula de polvo, en verdad no somos nada. Debemos poner a un lado la fuerza psíquica y rehusar cualquier cosa que venga del poder del alma, antes que podamos trabajar con fuerza espiritual y producir mucho fruto. Que Dios nos bendiga en todo eso y nos muestre el camino a seguir con claridad.
Muy bien; ahora seguramente has quedado desparramado por la validez y contundencia de esta enseñanza. Eres libre de tomarla, aceptarla, creerla y ponerla por obra, o de dejarla a un costado y ser, uno más, de los que consideran decir estas cosas, como una herejía. No es mi intención alterar tu doctrina ni mucho menos, crear alguna nueva. Lo que sí quiero, es que tengas suficiente serenidad de discernimiento para cumplir con el consejo paulino: examinarlo todo y rescatar lo bueno.
Eso es válido para este trabajo. Sólo una cosa puedo añadirle después que lo leas: Ahora ya lo sabes. Ahora ya no puedes hacerte el distraído/a y decir que lo ignorabas. He contribuido modestamente con mi parte para sacarte de una de las tantas ignorancias que cada uno de nosotros tiene en su vida de fe. Que te sirva y te sea útil para, al menos, no caer en fieros engaños que seguramente jamás te iban a llevar a ninguna victoria espiritual, aunque te sirvieran para entretenerte un buen rato y suponer que habías disfrutado de la gloria de Dios. Ahora vamos por otra cercana a esta.
10.- La Actividad más Mal Entendida…
…en la iglesia, es la oración. Queremos comprender el propósito, el poder de la oración. Y concentrarnos en el principio de la súplica. Para comprender la oración, es necesario comprender el Reino. Si tomas el concepto de la oración fuera del contexto del Reino, el resultado será una actividad religiosa. Pero resulta ser que la oración no es una actividad religiosa. Y te lo puedo probar.
Comencemos con algunas afirmaciones que quiero que recuerdes. La oración es el concepto del Reino más mal entendido. La mayoría de las personas que oran, no saben cómo orar. Supongo que tú eras parte de ese grupo. No te avergüences, yo también lo era. En segundo lugar, la oración es la actividad del Reino más importante en la tierra. Por rara paradoja, es la peor comprendida.
Porque la oración es la responsabilidad número uno de un embajador. Te lo voy a explicar. Alguien dio alguna vez una declaración notable. Lo hizo con un grado de comprensión por la oración que muy pocos habían notado. Cuando entiendes eso, tu vida entera va a cambiar. Esto es lo que fue dicho: “Parece que, sin Dios, el hombre no puede. Y sin el hombre, Dios no hará”.
¿Qué se habrá querido decir con eso? Es una declaración fundamental. Parece que, sin Dios, el hombre no puede, y sin el hombre, Dios no hace. Lo que quiere decir, es lo siguiente. Parece que, en la tierra, el hombre no puede hacer nada sin Dios. Pero también hay otra realidad, y es que Dios no hará nada en la tierra sin el hombre. El principio es que tiene que haber una sociedad entre el cielo y la tierra. Si no la hay o se demora, el infierno te gana la carrera. Al menos por un tiempo.
Eso es para que las cosas sucedan en la tierra. En consecuencia, lo que sucede en la tierra depende de ti. Esto es literalmente verdad. Para entender la oración, hay una definición muy simple. Alguien escribió alguna vez una frase muy simple que le llevó gran parte de su vida acuñar. “La oración es la licencia terrenal para una intervención celestial.” ¿Qué significa esto?
La oración no es una opción para el creyente. La oración es una necesidad. Quiero repetir que la oración no es una actividad religiosa, es una actividad legal. Sin embargo, no puedes comprender esto, si no entiendes el concepto de Reino. Esto podría llegar a llamarse “El poder del ser humano”. La criatura más poderosa en la tierra, eres tú, el ser humano. ¿Cómo es eso?
En primer lugar, Dios dio la autoridad legal sobre la tierra, solamente a los seres humanos. La autoridad legal, ¿Pertenece a los seres humanos? ¿Qué es un ser humano? Lo que voy a explicarte, tal vez signifique un enorme descubrimiento para tu vida, si lo ignorabas. En principio, debo recordarte que no tienes un espíritu, sino que eres un espíritu. Puedes decírtelo a ti mismo, ahora: ¡Soy un espíritu!
Esto es fundamental. No es que lo tengas, eres un espíritu que vive en un cuerpo de tierra. Dios formó tu cuerpo del polvo de la tierra. Por lo tanto, está compuesto en alto porcentaje por tierra y agua, para solidificarla. Si fuera sólo tierra, al primer viento desaparece. Por eso, cuando dejas tu cuerpo, éste se devuelve al polvo. Ahora, que tu tierra sea oscura o clara; amarilla, roja o marrón no hace ninguna diferencia, no es más que tierra. Nunca midas tu valor por el color de tu tierra.
Un ser humano es un ser espiritual en un cuerpo de tierra. Se puede explicar cómo es que funciona esto. La palabra tierra, es la palabra humus, Es una sustancia orgánica oscura y rica en nutrientes que se forma en el suelo a partir de la descomposición de restos vegetales y animales (como hojas, ramas, raíces, insectos, etc.). Es el resultado final de la descomposición biológica realizada por microorganismos.
Entonces, el humus es tierra, el hombre es diferente. El hombre es un ser espiritual. La palabra hebrea para hombre es la palabra Ish. En Génesis 1:26, cuando Dios dice Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, la palabra utilizada allí es Ish. Hagamos ish. Ese es el ser espiritual. Por lo tanto, tú eres un espíritu. El hombre es un espíritu. Su cuerpo es de humus, de tierra.
Luego, Dios tomó al hombre y lo puso en la tierra. En el humus. De esa manera te convertiste en un hombre de humus– Humus man, en inglés. No se escriben dos palabras, son dos palabras unidas. El hombre humus, o humus man. La sílaba del medio fue omitida. Y así humus man, se convirtió en human en inglés. Humano en español. Y allí te salta la pregunta: ¿Qué es un ser humano?
El ser humano es un misterio. Es un ser espiritual en un cuerpo de tierra. Cuando usas el término humano, no es un término simple. Es una combinación entre un espíritu y un cuerpo de tierra. Todo esto es decisivo para la oración. Así es que, cuando Dios creó la raza humana, puso al ser espiritual en un cuerpo de tierra. Después, ordenó al ser humano que dominara sobre la tierra. Que ellos dominen sobre la tierra. (Gen.1:26)
¿Quiénes son ellos? Los seres humanos. ¿Y qué es un ser humano? Un espíritu en un cuerpo de tierra. Esto es fundamental. El único ser que tiene derechos legales dados por Dios para operar y dominar sobre la tierra, es un espíritu que está en un cuerpo de tierra. La palabra de Dios no cambia. Aquí está el misterio. Todo espíritu sin cuerpo de tierra, es ilegal en la tierra. Esa es la razón por la cual no entiendes bien la Biblia.
Si no captas este último concepto, la Biblia no tendrá sentido para ti, incluyendo la encarnación de Jesucristo. Porque Encarnación viene de la palabra carnal, que significa tierra. Encarnación indica que un espíritu y una tierra se convirtieron en un ser humano. Todo espíritu que no tiene cuerpo de tierra, es ilegal en la tierra. Ahora sabes por qué los demonios están en situación irregular sobre la tierra.
El arma más poderosa que posees, no es tu espíritu. El arma más poderosa que posees en la tierra, es tu cuerpo. Es por esta razón por la que cuando pierdes tu cuerpo, tú también te vuelves un indocumentado y tienes que irte. A eso lo llamamos la muerte. Los espíritus nunca mueren. Tú nunca morirás. Es tu cuerpo el que muere. Cuando lo pierdes, tienes que partir. Ya no estás en el cuerpo y te vas.
En consecuencia, el arma más poderosa que tienes en la tierra, es el cuerpo. Porque es lo que te mantiene en situación legal en la tierra. Por eso es que los demonios intentan entrar en tu cuerpo. Ellos tratan de volverse legales. De ese modo, la posesión demoníaca es simplemente un espíritu demoníaco que intenta usar tu cuerpo para volverse legal y poder operar en la tierra.
Por eso puedes expulsarlos, porque no tienen ninguna autoridad legal. Como tú tienes un cuerpo, tú puedes echar fuera los demonios por causa de tu autoridad. Dios mismo eligió hacerse clandestino en la tierra. Trato de explicarte esto para que sepas como es que funciona. Dios ordenó que ellos dominen sobre la tierra. ¿Quiénes son esos ellos? ¿Qué dijo Dios?
Dijo que ellos dominen, no que nosotros dominemos. Él no se incluyó a sí mismo. Dios no tenía un cuerpo de tierra. Él te lo dio a ti. Luego creó una ley. La ley decía: que ellos dominen sobre la tierra. Cuando Dios habla, cada palabra se convierte en una ley. El mismo Dios jamás violará su propia ley. Si lo hiciera, ya no podrías confiar en Él. Dios necesita a los seres humanos en la tierra a fin de no violar su propia ley.
Por lo tanto, nada en la tierra puede suceder sin la cooperación de un ser humano. Así de poderosos son los hijos de Dios en la tierra. El mismo Dios no puede interferir en este planeta sin la licencia, el permiso que Él te dio. Sé que esto parece increíble. Esa es la razón por la cual tus oraciones no son contestadas. Has orado durante mucho tiempo y sin embargo sigues estando en la pobreza, enfermo y sin poder pagar tus cuentas. Has confesado versículos que no se han cumplido porque estás esperando que Dios lo haga.
11.- Respira Profundamente y Entiende…
…que tienes esa importancia. Hay una serie de principios que tienen relación con la oración. Quizás sean más que los que te comparto, o tú mismo con ayuda del Espíritu Santo encuentres más, pero yo voy a compartirte seis. Toma nota de esto porque tiene calidad e importancia suma. Reitero. Dios no hará nada en la tierra sin pedir la licencia al hombre y esa licencia se llama oración. Seis principios.
Número Uno: la autoridad legal para dominar en la tierra, fue dada a los seres humanos. Ese es un principio. Número Dos: Dios no se incluyó a sí mismo en la estructura de la autoridad legal en la tierra. Él declaró: que ellos dominen. Se retiró de la ecuación y por esa razón hay una palabra central que es Soberanía. Ustedes, seres humanos, son soberanos en la tierra, no Dios.
No porque Dios sea débil. No se trata de que Dios sea o no Soberano. Se trata de que Dios siempre respeta su propia palabra. Número Tres: El hombre se convirtió en el administrador legal del mundo terrenal. Ustedes que me están leyendo, son los regentes legales en la tierra. ¿Qué es el hombre? Un ser humano, un espíritu en un cuerpo de tierra.
Número Cuatro: Sólo los espíritus en un cuerpo físico están en situación legal en la tierra. Número Cinco: Todo espíritu sin cuerpo de tierra, es ilegal en la tierra. Esto incluye al mismo Dios. Sé que es difícil de concebir, Dios siempre respeta su palabra. Número Seis: Toda influencia sobrenatural en la tierra sólo es legal a través de un hombre de humus. Un ser humano.
Déjame ahora hacerte una pregunta de algo que probablemente nunca has pensado. Cuando Eva estaba a punto de tomar el fruto, ¿Por qué Dios no la detuvo? ¿Alguna vez has pensado en esto? Dios podría habernos ahorrado un montón de problemas, si sólo hubiera impedido que esa mujer delgada tomara ese fruto absurdo. Podría haber salvado a toda la raza humana. Examina esto con esta lógica.
Él escuchó su conversación con el diablo, lo estaba viendo todo. Él siempre ve todo. La pregunta que planteo, es: ¿Por qué no intervino? Esa es una pregunta crucial. Me dirás que un Dios Todopoderoso, Omnipotente como Él, ¿No podía impedir que una mujer frágil tomara ese fruto? Pues bien, ahora conoces la razón. Si Dios hubiera intervenido y hubiera interferido en esa operación, habría violado su palabra.
Entonces nos habría sido imposible confiar en Él después de eso. Ahora expliquemos a Satanás, por un momento. En primer término, es un ser espiritual, por lo que es un extranjero en situación irregular en nuestro territorio. ¿Qué hace? Quiere hacer negocios en la tierra. Pero para lograrlo necesita un cuerpo. Entonces se acerca a la serpiente y negocia con ella. La serpiente, cien por ciento tierra.
“Préstame tu cuerpo por unos minutos”, le dice. “Para que yo esté temporalmente en situación legal en la tierra y pueda tratar con esta mujer”. La Biblia declara que el Señor maldijo a la serpiente, porque permitió que el diablo entrara en su cuerpo. La serpiente, antes de esto, caminaba erguida sobre sus patas. Pero Dios la maldijo y le anunció que se arrastraría en el polvo el resto de su vida.
Lo que quiero decir es que Satanás necesitaba un cuerpo de tierra. El hace negocios con esa mujer a través de ese cuerpo de tierra. Y toda la raza humana está a punto de caer. Dios, en cambio, no puede involucrarse. No porque sea débil o no sea poderoso, omnipotente, omnisciente, omnipresente, Jehová de los ejércitos, sino porque es estrictamente fiel a su palabra.
Podría decirse que la caída del hombre fue a causa de su fidelidad. Creo que eso es demasiado profundo. El diablo lo sabía perfectamente. Recuerda que Satanás vivió con Dios y lo conoce muy bien. Lucifer sabe muy bien que Dios siempre respetará su palabra. Por eso Satanás se alegró cuando Dios ordenó que ellos dominen, ya que sabía que Él no intervendría.
¿Qué sucedió? La raza humana entera se derrumbó. Declaramos nuestra independencia del Reino de los Cielos y nos convertimos en una colonia sin reino. Perdimos a nuestro Padre, a nuestro gobierno. La Biblia revela que, incluso el Espíritu Santo tuvo que irse. ¿Recuerdas ese versículo? Mi Espíritu no contenderá para siempre con el hombre. Génesis, capítulo 6, versículo 3.
¿Por qué? Por la razón de que el Espíritu Santo es un espíritu. Él también necesitaba un cuerpo. Tuvo que marcharse. Si estudias el Antiguo Testamento, en ningún momento está escrito que el Espíritu Santo viviera dentro de un ser humano. ¿Por qué? ¡Porque era ilegal! Cuando los profetas profetizaban, por ejemplo, nunca poseían al Espíritu Santo. La Biblia explica que él venía sobre ellos, los hacía profetizar y luego se iba.
¿Por qué? Porque no podía habitar en ellos, dado que el cuerpo estaba contaminado. No podía quedarse en la tierra. Aquí estamos, en el capítulo 3 de Génesis. Todo se había derrumbado. Dios ya no podía entrar. Sólo que Satanás se olvidó que Dios aun podía hablar. En Génesis capítulo 3, versículo 15, Dios comienza a hablarle a Satanás. No a Adán.
Le dice al diablo, y te lo parafraseo, “Satanás; lo que hiciste es muy astuto, sabes que yo no puedo entrar. Tienes razón, no puedo venir en calidad de espíritu porque violaría mi propia ley. Sin embargo, te hago una promesa, diablo: te prometo que voy a usar a la misma mujer que tú usaste para arruinarlo todo, para que me dé un cuerpo. Voy a entrar en él legalmente y voy a aplastarte la cabeza.”
Esa fue la promesa. Ahora ya sabes por qué Dios tuvo que convertirse en hombre. Todo el Antiguo Testamento no es más que la repetición de la promesa de Dios. Vengo, estoy llegando. De eso se trata. Cuando llegamos al profeta Isaías, encontramos algunos detalles. Él revela. Veo más que una simple venida. La joven quedará embarazada, dará a luz un hijo, y le pondrá, -escucha bien- el nombre Emanuel.
Em, que significa En, dentro. Man, que significa hombre, humano. El, de Elohim. Dios dentro del cuerpo de un hombre. Dios con nosotros, se traduce habitualmente. En Isaías capítulo 9 y versículo 6, está escrito: Porque un niño nos es nacido. No dice el hijo, porque el hijo nunca nace. Un niño nos es nacido. No me confundan al niño con el hijo. María no fue la madre del Hijo, fue la madre del niño. ¿Entiendes? Y lo enfatizo por algunas cosas que tú ya te imaginas.
El niño es el cuerpo, porque un niño nos es nacido. El Hijo no nacerá. Porque Dios declara: Yo voy a dar ese Hijo, lo pondré dentro del niño. El niño será el cuerpo de tierra. El Hijo es Elohim, Jehová. El niño hará legal al Hijo. Cuatro mil años más tarde, está escrito, cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer. Gálatas 4:4. El ángel le anunció a María: quedarás embarazada y darás a luz un hijo.
Y le pondrás por nombre. Las palabras del ángel son muy precisas: llamarás al niño, Jesús. Lucas, capítulo 1, verso 31. Jeshúa, que significa Salvador. Pero le darás un nombre a ese niño, no al Hijo, porque el Hijo ya tiene uno. Él es Cristo. Jesús legalizó a Cristo. Jesús era cien por ciento hombre. Cristo es cien por ciento Dios. Satanás ya no sabía qué hacer. Dios había entrado en la raza humana legalmente.
Ahora podía operar sin violar su propia ley. Ese es el significado de la encarnación. Y esa es también la razón por la cual Dios no pudo intervenir cuando Eva estaba a punto de tomar el fruto. Él estaba protegiendo su integridad. Esa es también la razón por la cual Dios te necesita a ti para hacer cualquier cosa en la tierra. Por la sencilla razón de que tienes un cuerpo. Lee una y otra vez tu Biblia, pero con esta comprensión.
Eso creo que hará que cambie delante de tus ojos. Comprenderás que para todo lo que Dios hizo, siempre necesitaba de un ser humano apto y dispuesto para cooperar con Él. El ser humano tenía la autoridad legal, ¿Sabes por qué? En el caso de Sodoma y Gomorra, Dios no podía simplemente juzgarlos. Él es Dios. Él es Soberano. Todopoderoso. Pero estaba en la ilegalidad.
Entonces fue a ver a un hombre llamado Abraham, y le dijo: “Abraham, mira; tengo un problema con Sodoma y Gomorra, quiero juzgarlos. Sólo que no puedo hacerlo, de lo contrario sería ilegal. Necesito que tú me des el permiso para juzgarlos.” Cuando Abraham entendió esto, respondió: Espera un momento, Señor. ¿Me estás diciendo que necesitas de mí para juzgar esta ciudad? Empecemos con una negociación.
Abraham hizo una demanda. Si tengo influencia, dijo, hagamos un trato. Si encontramos cincuenta hombres justos, no los tocaré. ¿Y cuarenta? Tú mandas. ¿Treinta? Dios replica: sigue negociando. ¿Veinte? Dios le recuerda: tú decides, yo tengo el poder, tú la autoridad. Abraham pregunta: Si encontrara un solo hombre justo en esta ciudad, ¿No la destruirías? Dios certifica: te lo garantizo, no puedo tocarla a menos que tú me des el permiso.
12.- Abraham Responde…
…Vuelvo enseguida. Y va a Sodoma, allí encuentra a su sobrino e implora: Lot, ¡Salgamos de aquí! Estoy a punto de darle permiso a Dios para destruir todo esto. Todos ustedes que me escuchan o me leen pueden decir sin mentir ni exagerar: tengo toda la autoridad, porque es el ser humano el que le da permiso a Dios para interferir en los asuntos de la tierra. Cuando Lot salió el ángel preguntó si podía hacerlo ya mismo.
Abraham afirmó: Adelante, hermano, ya estoy fuera. Dios replicó y dijo: Muchas gracias. Y quemó la ciudad. Si pasas las páginas de tu Biblia, encontrarás a otro hombre. Dios dice: He oído los gritos de los israelitas a quienes los egipcios hacen sufrir. Quiero bajar a liberarlos. Sin embargo, no puedo hacerlo, ya que soy un Espíritu. Necesito a un ser humano que me de permiso.
Dios va hacia Moisés y le anuncia: Quiero hacer algo. Sin embargo, no puedo ir sin tu permiso. Quiero liberar a los israelitas. ¿Quieres aliarte conmigo? Moisés comenzó a argumentar ya que, igual a ti, él venía de lo más sencillo de la calle. Comienza a decirle a Dios que no es nadie para ser elevado a tamaño nivel. Dios le responde: ¡Cállate, muchacho! Tengo que usar a alguien. Puedo usar a cualquiera, sólo necesito a un ser humano para hacerlo.
Creo que ninguno de nosotros ha tomado concreta conciencia de nuestro poder. ¿Por qué Dios no fue solo a liberarlos? Porque eso era ilegal. ¿Te has preguntado por qué Dios te tolera? Tienes el poder y la autoridad, esa es la razón por la cual todavía Dios trabaja contigo. A pesar de todas tus tonterías. Entonces le ruega a Moisés que se alíe con Él rápidamente.
Moisés, finalmente, responde en Éxodo, capítulo 4: De acuerdo, Señor. Hagámoslo. Dios respondió: Muchas gracias, vamos. Si sigues la historia atentamente, Dios no hizo nada sin que Moisés lo anunciara. ¿Has leído como se abrió el mar? Están allí, en el desierto. El ejército de Faraón llega detrás de ellos. Tienen el Mar Rojo, los juncos delante de ellos. Un millón de personas está a punto de morir.
Moisés arenga al pueblo pidiéndoles que no tengan miedo y les promete que antes del atardecer, todos esos egipcios que están viendo que vienen a matarlos, morirán. Después de eso, Moisés corrió detrás del arbusto y le preguntó a Dios: ¿Oíste lo que les dije? ¡Está en la Biblia! Dios le afirmó: He oído exactamente todo lo que les dijiste. Ahora ve y haz todo lo que les anunciaste.
En otras palabras, es como decirte que tú eres el ser humano y Él es Dios. Si tú les dices que los mate, Dios los matará. Entonces Moisés se para sobre una roca con un pedazo de madera como vara. Dios no puede abrir el agua sin el permiso de un ser humano. Le da la orden a Moisés. ¡Levanta tu vara! Moisés responde y Dios continúa y le dice que le diga a las aguas que se abran.
Dios agradece y sopla hacia el Mar para abrirlo. La gente cruzó el Mar en tierra seca. Lee tu Biblia con mucha atención. Allí nos relata que, cuando estaban todos del otro lado, el agua todavía estaba abierta y Faraón los perseguía para matarlos. Moisés exclamó: ¿Por qué no se cierran las aguas? Dios le replicó: No puedo cerrarlas sin tu permiso. ¡Está en la Biblia! Se dice que Moisés se dio la vuelta, levantó su vara y ordenó: Ciérrate.
Dios le agradeció otra vez y ¡Paf!, todos aniquilados. Él te necesita, siempre. Aquí están las leyes de la oración. La primera es que la autoridad legal en la tierra, está en manos del hombre humus. Sí, la tienes, Él te la dio. La segunda, es que Dios nunca violará la ley de su palabra. La tercera es que nada sucederá ni puede suceder en la tierra, sin la cooperación del hombre, de bueno y de malo. Por eso Dios necesita que ores.
Cuando dejas de orar, los cielos se detienen. Jesús suplicó diciendo que siempre hay que orar, porque si te detienes, los cielos se detienen. Aquí tengo un versículo que muy pocos han entendido. Si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, les será concedida por mi Padre que está en los cielos. Mateo 18:19.
Si ustedes dejan de orar a Dios, Dios dejará de actuar en la tierra. Por eso deben orar sin cesar. ¿Qué es la oración? Darle a Dios permiso para interferir en los asuntos de la tierra. Cuarta ley: Dios no puede interferir en la tierra sin la cooperación de un ser humano. Quinta ley: El hombre tiene el poder de licencia sobre la tierra. Tú tienes la autoridad, Dios tiene el poder.
Tendrás una tarea para cuando dejes de escucharme. Es la de leer Juan capítulo 5. Léanlo todas las veces que puedan. En este capítulo, Jesús explica todo este escenario. ¿Recuerdan que los fariseos y los escribas se acercaron a Jesús, porque acababa de hacer tantos milagros? Sanó a los enfermos, resucitó a los muertos, expulsó a los demonios, purificó a los leprosos y resucitó a una niña. No hizo más que milagros durante todo el día.
Trabajó muy duro, Él, y ellos estaban realmente conmocionados. Y le preguntaron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? Marcos 11:28. ¿Qué palabra usaron? Autoridad. No, poder; autoridad. Jesús responde: El Hijo no hace más que lo que ve hacer al Padre. Juan 5:19. ¿Quién es Jesús? Un ser humano con Dios dentro. Por lo tanto, es legal. Él revela: yo no hago más que lo que veo hacer a mi Padre.
Él actúa, yo actúo. Él piensa algo, yo lo manifiesto. Aún no han visto nada. El tiempo se acerca, cuando verán al Hijo del Hombre en toda su gloria. El Hijo del hombre, es una declaración capital. Jesús usó dos términos para describirse: Hijo de Dios e Hijo del hombre. Son dos términos diferentes. Hijo de Dios, significa que es el lado divino de su persona. Hijo del hombre, su lado terrenal.
El lado terrenal, hace que el lado divino sea legal. Ahora le preguntan sobre la autoridad. La autoridad es del lado humano. Les dijo: La razón por la que puedo hacer milagros, no es el hecho de que soy el Hijo de Dios. ¿Por qué? Porque el Hijo de Dios, es clandestino. Él anunció. Hago estos milagros porque soy el Hijo del hombre. Tengo un cuerpo, tengo la autoridad para hacerlo. Tengo la licencia para hacerlo.
Es hora de que alabes a nuestro Dios por la autoridad que tiene tu cuerpo. Jesús legalizó a Cristo. Caminó sobre la tierra durante treinta y tres años y seis meses. Era legal. Dios era legal ya que tenía un cuerpo. Sin embargo, sabía que debía abandonar ese cuerpo. Cristo sabía que debía liberar a Jesús. Jesús llevó a Cristo a la cruz. Jesús fue quien murió, no Cristo.
Antes de morir, Jesús habló con Cristo y le imploró que no lo abandonara. Prometiste que, si daba mi vida, volverías a buscarme, le dijo. Podemos oír a Cristo decirle a Jesús: Volveré a buscarte en tres días. Porque, aunque vayas a morir, mi trabajo aún no está terminado. Todavía necesito que me mantengas en la legalidad, ya que debo volver para crear la iglesia.
La Biblia certifica que fue Jesús quien murió, no Cristo. Cristo abandonó el cuerpo de Jesús. Bajó al infierno, al Gehena, al Seol, a las profundidades del infierno. Camina hacia el diablo, lo agarra por el cinturón, le arranca las tres llaves colgadas de ese cinturón: la muerte, el infierno y el sepulcro. Le dice al diablo que volverá más tarde para ajustar cuentas con él. Sólo vine por las llaves, concluye. Lo que te hace peligroso es tu cuerpo.
¿Algunos se han preguntado alguna vez, por qué Dios no quiere que pierdan su cuerpo? Él necesita tu cuerpo. ¿Por qué Dios concedió la curación? No para ustedes, sino para Él mismo. ¿Por qué Dios lo resucitaría de entre los muertos y curaría sus huesos y músculos? ¿Por qué Dios quitaría el cáncer de sus intestinos y sanaría su hígado? No es para ustedes, y esto explica por qué muchos enfermos no son sanados.
Quieren ser sanados para ellos mismos. Cuando tengan problemas, levanten sus manos y pídanle a Dios que los sane, pero por Él, para Él, porque Él necesita sus cuerpos. Por esa razón oran por sanidad. No se trata de ustedes, se trata de Dios. Él los necesita. Por eso, Él ordenó orar siempre. Si dejan de orar, cierran los cielos. Él dijo: todo lo que aten o desaten en la tierra, será atado o desatado en el cielo.
Si has leído con atención esto, hoy, ya sabes que has recuperado tu poder, eres esencial para Dios. Eres su arma secreta. Su hacha de guerra. Su autoridad en la tierra. Eres el arma secreta de Dios. Oren sin cesar. Hagan todo tipo de oraciones y súplicas. Él necesita que oren. Libérense en el nombre de Jesús. Porque tu cuerpo en esta tierra, es importante. Tan importante como es el Espíritu que mora en tu espíritu.
13.- Para Poder Compartirte Esto…
…que sigue con el grado de autoridad espiritual que se necesita para que quien lo recibe tenga la convicción absoluta que es verdad revelada o divina, necesito primero que sepas algo de mi historia personal como hijo de Dios. Acepté al Señor esa noche llena de estrellas, tal como ya te lo he contado, y comencé a reunirme con un pequeño grupo de jóvenes, del que formaba parte el que me habló del Señor y me acompañó a tomar mi decisión.
Si bien me sentía bien con ellos, ya que en ningún momento me discriminaron por mi calidad de novato, como si solía suceder en las congregaciones evangélicas convencionales, yo igualmente notaba algunas diferencias que me colocaban en un plano de inferioridad. El conocimiento bíblico, sus estilos de vida, un algo que de algunos se irradiaba sin ser visible y, naturalmente, el don de lenguas, que no todos, pero si algunos de ellos poseían.
Lejos de sentir envidia, como sí suele suceder en grupos más grandes, yo quería tener todo eso para poder manifestarlo y ser parte de lo que sabía que tenía que ser parte, aunque nadie me lo hubiera explicado todavía. Luchaba contra todas las tentaciones que un joven de treinta años puede tener y fumaba. No mucho, pero fumaba. El periodismo, el café y el cigarrillo, en mi país, constituían un combo que se podía observar en todas las redacciones o estudios de radio de mi tierra. Era casi un ícono de la profesión.
Pero, una noche los jóvenes me invitaron a ir al templo donde ellos eran miembros. Querían que yo sintiera lo que ellos sentían allí y no tuve inconvenientes en aceptar. El pastor, un hombre mayor, pero dueño de una bondad y una unción como pocas veces pude ver en otros consiervos suyos, esa noche predicó sobre los dones del Espíritu Santo, aclarando que, para poseerlos, era necesario primeramente ser llenos del Espíritu, plenos. Y que, si no lo sentíamos así, que debíamos pedirlo y Dios nos lo concedería.
Podrás imaginarte que, en mi primera experiencia eclesiástica evangélica, yo estaba con mis sentimientos entremezclados. Temor, desconfianza, culpa por lo que, según algunos de mi familia opinaban, era un “cambio de religión” y todo lo que alguien que haya pisado por primera vez a una iglesia evangélica puede saber por propia experiencia. Sin embargo, ni bien el pastor comenzó a hablar del Espíritu Santo, todo mi ser se sintonizó con él y cada palabra tenía la sensación que era exclusiva para mí.
Sobre el final del mensaje, el pastor pidió que todos los que quisieran ser llenos del Espíritu Santo no tenían que hacer nada más que pedírselo al Señor, creyéndolo, y el Señor se lo enviaría. Yo obedecí sin dudar esa demanda. No recuerdo en absoluto si llegué a hacer algo parecido a una oración que todavía no sabía cómo hacer, salvo lo que le escuchaba a mis amigos y nuevos hermanos. Lo que sí sé, es que debo haberlo pedido con fe genuina, porque al instante y por primera vez desde mi conversión, caí de rodillas sin poder ni querer evitarlo.
Mi experiencia personal, que la comparto como experiencia personal, no como teología doctrinal, fue de pronto sentir un enorme calor en todo el cuerpo, ver que mis piernas se volvían débiles, aunque no para arrojarme al piso, sino para doblar mis rodillas. Y que cuando quedé en esa posición, empecé a hablarle a Dios a una velocidad que no era mi estilo, generalmente pausado y tranquilo, que era como lo hacía profesionalmente. Lo que yo creía que era un cúmulo de palabras atropelladas sin sentido, en realidad eran lenguas. Eso me informaron luego mis amigos.
Yo me daba cuenta que lo que decía tenía un sentido y me daba la certeza total y absoluta que el Señor me escuchaba y me entendía lo que le hablaba, aunque casi en el final de ese momento tan singular y raro, pude observar que estaba hablando en un idioma que no era el mío y que no podía entender en absoluto desde lo auditivo natural. Yo había recibido la llenura, el bautismo o como se le quiera llamar por parte del Espíritu Santo y, lo que estaba viviendo, era una consecuencia probatoria de eso.
De algo tengo certeza total: en ningún momento pensé en vivir eso y, mucho menos, en imitar esas lenguas. Jamás fue mi estilo la imitación y no iba a comenzar justo en una iglesia, puedes imaginarte. Así que, con este elemento mío y personal en tu conocimiento, creo que puedo comenzar a compartirte algunos principios que, si tienes la bendición de poder aceptarlos y creerlos, podrían conseguir que suceda en ti, al menos, algo similar a lo que sucedió conmigo.
Porque la pregunta que normalmente formula alguien que recién ha llegado a la fe, o en todo caso, alguien a quien no le han enseñado ninguna de estas cosas, es: ¿Y qué ocurre después de esa experiencia, como quieras que la llames? En mi caso personal, me cambió la vida en ciento ochenta grados. Un ochenta o noventa por ciento de mis flaquezas vulnerables desaparecieron de forma inmediata, y entre el diez o veinte por ciento que me quedó, el cigarrillo fue el único. Varios meses debí pelear para, finalmente, sacarlo para siempre de mi vida.
De todos modos, la sanidad que recibes del cielo cuando el Espíritu de Dios hace morada en tu vida, es notoria en cuanto a que el amor de Dios comienza a fluir de ti y hasta llega a tocar a las personas cercanas. Esto se puede manifestar de diferentes maneras. Una de ellas, ya te lo adelanté, es el hablar en lenguas, pero no es la única, aunque algunas doctrinas muy singulares hayan llegado a establecerlo así. Conocí congregaciones donde se marginaba a los que no tenían don de lenguas.
¿Fundamento? ¡Que no tenían al Espíritu Santo morando en su espíritu! Ah, ¿Sí? ¿Y quién inventó esa barbaridad? No lo sé, pero sí me imagino por quien o quienes estaban influidos. Sacaron a más gente de las iglesias que todos los demás demonios juntos. Dios tenga misericordia de ellos. De todos modos, quiero aclararte que sí, que las lenguas son parte de esa instancia sobrenatural y que es no sólo valioso sino muy importante recibir ese don.
En primer lugar, porque son esenciales para tu edificación personal y para comunicarte con el Señor de una manera casi familiar. Las lenguas también son útiles y necesarias para interceder y, especialmente, para orar por todo aquello que todavía no entiendes. De hecho, son importantes y muy por encima de todo ese bullicio que en más de un caso suele ser hasta simulado en distintos lugares. Si no lo tienes, mi sugerencia es la misma que aquel pastor dijo aquella noche: ansíalo, pídelo y créelo. Dios hará el resto.
A los que tienen dudas, reservas o sencillamente no quieren dar ese paso, nadie puede plantarles en sus mentes el temor a perder la salvación, nada que ver con eso. De todos modos, está escrito que, en el día final de la resurrección, todos comenzaremos a hablar en lenguas, sencillamente porque ese es el idioma de ese país llamado cielo, al cual pertenecemos y con el Rey que sabemos que tiene.
Pero, atención con esto que voy a decirte: las lenguas son para ahora, no para el cielo. Porque es ahora que debemos alabar al Señor y edificarnos en Él, tal como lo dice Pablo en 1 Corintios 14, hay varias maneras en que el Espíritu Santo se manifiesta. Algunas tienen que ver directamente con lo que vamos a compartir hoy. Y la razón es simple. Es mucha la gente, que se dice cristiana, obviamente, que desconoce todo o casi todo respecto a estos dones ni cuando los están experimentando.
A veces, el Señor ya te ha dado un don y tú te quedas tieso preguntándote que pasa, sin saber que lo que has recibido es un don de Dios destinado a bendecir el cuerpo de Cristo en la tierra. De hecho, al actuar así, estás perdiendo una hermosa oportunidad de servir al Reino. No a la iglesia, no al pastor, al Reino, porque de allí es que viene todo, no de las estructuras de tu denominación o de tu congregación. No está nunca demás saber esto, te evitará muchos y horribles errores.
Dios no se enoja si no lo usas, pero, que no lo hagas, discúlpame, sigue siendo ignorancia. Por eso Él espera que escuches y aprendas, para que seas activo y valioso en este cuerpo de Cristo y, al mismo tiempo, estés disponible para bendecir a otros. Y quisiera comenzar esto colocando casi en una primera línea lo que a ojos vista parece ser una batalla permanente: el Espíritu Santo versus las emociones. Ya hemos hablado de las emociones, pero nunca está de más reiterar conceptos y conocimiento.
14.- En Principio, Debo Reconocer…
…que hay mucha gente que en cualquier lugar de reunión que se encuentre, de pronto se emociona muy fuerte y llama a eso el Espíritu Santo. Es un riesgo muy fácil de vivir y ser víctima de error. Porque el Espíritu Santo, no es de ninguna manera una emoción. Él no es en absoluto emocional, aunque, en honor a la verdad, hay muchas posibilidades que sí influya en tus emociones. Así es que, cuando estés emocionado, no le eches la culpa al Espíritu Santo.
Mejor échales la culpa a tus propias emociones. Lo que sí es el Espíritu Santo, es poder. Y cuando el poder es liberado, algo debe ser influenciado. Nuestras emociones son, por lógica, lo primero que es afectado cuando el poder del Espíritu Santo actúa en nosotros. Cuando hay gozo, libertad, nuestras emociones reaccionan. Pero muchas personas, al no saber cómo liberar este poder, terminan comportándose de manera desordenada.
Corren, gritan, desparraman bancos y cuanto elemento se les cruce en su camino, sin pensar en lo que hacen o sienten. Otros incluso llegan a golpear a la gente en sus cabezas. Todas estas cosas, obvio, no edifican a nadie. De ninguna manera alguien me bendice o beneficia si me golpea en la cabeza diciéndome que es el Espíritu Santo. Tampoco beneficias a ningún grupo si te pones a gritar cuando alguien está diciendo algo valioso de parte de Dios.
No es provechoso si organizas tu pequeño espectáculo personal en medio de una reunión convocada para otra cosa. Lo único que logras es distraer y sacar del estado realmente espiritual a los que intentan adorar en espíritu y en verdad. Sin embargo, aunque no lo creas, son muchos los que atribuyen todos estos desórdenes al Espíritu Santo. La Biblia dice que el Espíritu Santo es un Espíritu de orden y decoro. Encontrarás eso en las escrituras si sabes buscarlo.
Él es de primera categoría y hace todas las cosas con decencia, con clase. Y no hace nada para crear confusión. Él no es el autor del desorden. Todo lo que hace, es ordenado, sobrio y decente. De ese mismo modo intentamos hacer los que entendimos que gozo y unción no son sinónimos de zafarranchos. Si realmente te dejas guiar por la palabra de Dios, nunca podrás caer en esa clase de cosas. Las emociones no deben reemplazar al Espíritu Santo.
Sin embargo, cierto es que el Espíritu Santo influye en nuestras emociones, pero al mismo tiempo nos brinda suficiente dominio propio para controlarlas. La escritura dice que el espíritu del profeta está sujeto al profeta, ¿Verdad? Esto significa que el Espíritu Santo puede actuar en ti, pero tú mantienes el control, siempre. Puedes cerrar la boca hasta el momento de hablar. Puedes quedarte sentado, aunque sientas ganas de correr.
La Biblia también dice que, si quieres profetizar y alguien ya está hablando, debes callar hasta que haya terminado. El que crea que el Espíritu Santo viene y lo posee, lo está viendo a la inversa. Eres tú el que lo posee a Él si es que lo quieres. Digo esto porque hay muchos que dicen que cometieron esas tonterías porque no pudieron evitarlo. Sin embargo, en el mejor de los casos, están equivocados. En el peor, mienten para cubrir sus locuras. Claro, hay una tercera opción: que sea un espíritu, si, pero no el Santo.
La obediencia vale más que los sacrificios. Dios prefiere tu obediencia a tu adoración. Algunos prefieren hacer muchas cosas para Dios, pero no le obedecen. Son aquellos que están tan activos para Dios que no se hacen un tiempo para conocerlo. El Espíritu Santo está en nosotros, y debemos obedecerle a Él, no a nuestras emociones. Jesús dijo que él es el Consolador. Y un Consolador no rompe sillas o bancos, no interrumpe a nadie ni crea confusión. Un Consolador, calma.
También mencionamos que cuando el Espíritu Santo actúa, debe ser liberado. Haciendo una mala comparación, es como la dinamita. Hechos 1:8 = pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Aquí cuando dice “poder”, usa la palabra dunamis, que significa un poder explosivo. Una capacidad sobrenatural similar a la dinamita.
Y cuando la dinamita explota, algo se mueve. La iglesia es una fuerza dinámica en la tierra. La historia nos muestra que la iglesia siempre ha sido una iglesia de acción. En la Biblia, lo que los discípulos predicaban, lo practicaban, y esto es exactamente lo que Jesús había querido para su iglesia, siendo él el mayor ejemplo. Una de las primeras expresiones del Espíritu Santo, son las lenguas. No es la única, pero suele ser la primera, porque la lengua es el órgano más disponible para Dios.
De hecho, tu lengua también suele ser tu mayor problema en la vida. Por eso, es lo primero que Dios quiere tocar. Santiago dice que la lengua puede destruir todo tu cuerpo y también a quienes te rodean. Muchos de nosotros ya lo hemos experimentado. Por eso, cuando eres lleno del Espíritu Santo, lo primero que suele darte son palabras que tú puedes pronunciar con tu boca. Hablar en lenguas no es algo que el Espíritu Santo hace por ti, sino que tú lo haces luego que Él depositó palabras en tu espíritu.
En las escrituras, cada vez que la gente hablaba en lenguas, dice que ellos hablaban según el Espíritu les daba que hablasen. El día de Pentecostés, el Espíritu les daba la inspiración, pero ellos ponían las palabras en sus bocas. Muchos se sientan y esperan que su lengua se mueva sola. Pero nada sucede en la lengua, todo sucede en el espíritu, en el interior. Y esto también requiere confianza. Si crees que Dios no miente, entonces cuando le pides algo, Él te lo concede.
Pide ser lleno del Espíritu Santo, cree que lo serás y, cuando aparezcan palabras incomprensibles en tu mente, suéltalas y verás como se convierten en un torbellino que circula más rápido que tu mente. Si Dios te llegara a fallar, tú lo sabrías al instante. Pero no tienes que preocuparte, Dios nunca te fallará. Algunos no lo hacen porque no confían en la palabra de Dios. Entonces se ponen a esperar, pasivamente, y por esa razón es que todavía no hablan en lenguas.
Tienes que actuar por fe, exactamente igual que para la salvación. Por experiencia propia y compartida de otras personas, cuando comienzas a hablar en lenguas, apenas son una o dos palabras, dichas casi con temor. Pero a medida que te relajas y dejas fluir lo que viene de tu interior, esas pocas palabras se convierten en un río tumultuoso que fluye con un caudal inimaginable. Lo que frena todo esto, a veces, es que algunos tienen temor de que, en lugar de recibir al Espíritu Santo, reciban a un demonio.
Jesús habló de esto. Dijo: Ustedes saben dar buenas cosas a sus hijos. Cuando les piden pan, no les dan una piedra. Cuando les piden pescado, no les dan una serpiente. Luego añadió. ¿Cuánto más el Padre dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? La palabra serpiente, en este pasaje, es la misma palabra usada en otros lugares, cuando Jesús habla de los demonios. En Lucas, dice: Les he dado potestad de hollar serpientes y escorpiones y sobre toda la potencia del enemigo.
En la cultura griega, la serpiente es una imagen de los demonios. Jesús, a menudo llamaba al diablo una serpiente, un escorpión o un espíritu maligno. Así que cuando Jesús dice que el Padre no da serpientes a quienes le piden pescado, te está queriendo decir: ¿Crees que Dios te daría un demonio si le pides el Espíritu Santo? Nunca. Dios no tiene demonios para dar. Si pides el Espíritu Santo, lo crees y lo amas, Él te dará el Espíritu Santo. Es el único que tiene, y es santo.
Lo único que deberías tener en cuenta a la hora de formular ese pedido, es el estar conforme a la voluntad de Dios. Si estás pecando y lo sabes, pero no quieres abandonarlo, entonces no pidas al Espíritu Santo, porque Dios no te lo enviará hasta que en tu ser interior no haya una morada digna de ser habitada por Él. En ese caso y si no te has arrepentido, podrías estar pidiéndolo para usufructuar con su poder o simplemente para lucirte.
Allí sí eres candidato a albergar un demonio, porque no notarás la diferencia. Esto ocurre mucho dentro de las iglesias cristianas, porque, así como hay hombres y mujeres de Dios que quieren servir con fidelidad, también hay cizaña que quiere abusar en lo que puedan de los hijos del Padre. Pero Dios, no. Dios da buenos dones. Todo don perfecto viene de arriba, y no me refiero a alturas geográficas, sino dimensionales.
Veamos ahora lo que Pablo tiene para decir en 1 Corintios 12: 1 = No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales. Observa bien y aprende a leer tu Biblia con inteligencia divina. Pablo los trata de hermanos, eso quiere decir que estaba dirigiéndose a cristianos. Pero luego les dice que ignoran acerca de los dones, lo cuales los haría ignorantes. No son culpables porque nadie se los había enseñado, pero eso me dice a mí y a ti, que tranquilamente se puede ser cristiano y también ser ignorante.
15.- Ahora Ponte en el Lugar de Pablo…
…Les está diciendo hermanos, pero también que son ignorantes. ¿Cómo crees que reaccionarían, hoy, esos hermanos que tan bien conoces y que, lo sabes, son ignorantes en muchas cosas de fondo, todavía? Sobre esas reacciones podemos dialogar un rato largo, tengo cierta experiencia en el tema. Seguramente alguien se dirigiría a ti y te diría: ¡Oye! ¡Tengo cincuenta años de venir a la iglesia! ¡No puedes enseñarme nada! ¡Y lo dicen con seriedad, convencidos de tener toda la razón!
Pablo no tenía miedo de decir la verdad. Él decía: son mis hermanos, pero son ignorantes. Hoy salen lustrados vejestorios a decirte que eres demasiado joven para enseñarles sobre Jesús a ellos, que hace años están en la iglesia. De todos modos, hay una realidad: sólo puedes llevar a otros al mismo lugar al que tú has ido. Si no estás allí, no puedes traer a nadie por simple verborragia. Si retienes esta verdad harás buen camino, porque te darás cuenta que siempre tienes que avanzar.
Son muchos, muchísimos los cristianos que no pueden avanzar mucho más de donde están parados sus líderes, por la sencilla razón que sus líderes no van hacia ninguna parte. Hay mucho liderazgo evangélico que no se ha tomado el tiempo ni el esfuerzo de sondear las profundidades de Dios. ¿Qué podrían darles a otros si no tienen nada para ellos? Como resultado, los creyentes dan vueltas semana tras semana y, lo más grave y triste, ¡Se aburren en los templos!
Pablo les decía: no quiero que seáis ignorantes. Y no me miren torcido, está claro que sé un poco más que ustedes. No era un mérito de Pablo, eso; era el resultado de un esfuerzo y una entrega total. Sin embargo, no son pocos los que prefieren seguir a un líder que no ha aprendido nada, simplemente porque lo aman. Se quedan con él durante cincuenta años, y nunca saben nada más que lo que él sabe. Y, a veces, lo que sabe es muy limitado. O directamente erróneo. Ha sucedido, todos lo sabemos. Y sigue pasando.
Y luego se extrañan de no crecer, de no madurar, de no prosperar en nada de lo que hacen. Sin embargo, no se trata de competencia, sólo es una cuestión de supervivencia. La Biblia dice: Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Dios nunca te preguntará durante cuánto tiempo has estado en tal o cual iglesia. Te preguntará cuanto te pareces a Jesús o cuanto de Su palabra habita en ti. Eso es lo que cuenta. Competir para ver quien tiene la iglesia más bonita no te lleva nada más que a la vanidad hueca.
No se trata de glorificar hombres; es la palabra de Dios y a Jesucristo a quien hay que exaltar. Pablo dice de nuevo: No quiero que seáis ignorantes, hermanos, acerca de los dones espirituales. Estos creyentes ignoraban estas cosas, algo que lamentablemente todavía sigue vigente en muchas de las asambleas de la iglesia evangélica, según sus doctrinas caseras. Tengo una buena noticia: Dios está remediando eso.
Él añade, verso 2: sabéis que cuando erais gentiles se os extraviaba y se os llevaba tras los ídolos mudos, según erais conducidos. (3) Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama a Jesús anatema. Y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Este versículo quiere decir simplemente esto: nadie puede declarar sinceramente que Jesús es Señor, si el Espíritu Santo no habita en él.
Lo que quiero decir es que muchas personas religiosas pueden levantarse y decir cosas hermosas, pero esas palabras no siempre vienen del Espíritu Santo. No son más que palabras vacías. Discursos sin valor. Las instituciones religiosas están llenas de hipócritas. Un hipócrita es alguien que dice: Jesús es mi Señor, pero su vida es un desastre. La Biblia dice que nadie puede proclamar esto, a menos que el Espíritu Santo lo declare en él.
Porque es el Espíritu Santo quien hace Señor a Jesús en nuestras vidas. Y dice el verso 4: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. La palabra diversidad significa simplemente diferente. El Espíritu Santo nos llena, luego libera todo esto en dones, y estos dones son variados. O sea que es muy cierto que tenemos una gran variedad de dones, pero no menos cierto es que por esa razón tenemos una unidad de propósito.
Glorificar a Dios y edificar el cuerpo. Ese es el propósito, más allá de las formas, circunstancias o hasta doctrinas diversas. De hecho, no importa cómo se manifieste el Espíritu Santo. Él sólo tiene un pensamiento: glorificar a Jesús. No es para que te jactes, diciendo: hablo en lenguas, soy mejor que tú. Lo he oído y visto a esto, nadie me lo contó. Escucha, aprende, recuerda y entiende: el propósito de un don, sea cual sea, siempre es el mismo: glorificar a Jesús.
Miremos el verso 6: Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Que se te grabe bien esto, es el mismo Dios. Esto significa que todos los dones del Espíritu, son obra de Dios. Y que Él actúa en cada uno. Pero siempre hay alguno que dice; “Hermano; ¿Por qué yo no profetizo o actúo como los demás? ¿Por qué yo no recibo del Señor como ellos?” Sin embargo, como quiera que seas, el Señor actúa en ti, por eso está escrito el primer verso de este capítulo.
Ignorancia. Puede ser que no sepas, aún, que él está obrando. Estamos aquí para ayudarte a tomar conciencia del Espíritu, para que seas sensible y reconozcas cuando Dios actúa en ti. A veces, hay que caminar simplemente con una fe bruta, por evidenciarla de alguna manera. Porque esa forma de fe, es una buena fe. En el verso 5 sobresale la palabra Operación. Asimismo, también tenemos la palabra Administración, que significa distribuir. El Espíritu Santo distribuye los dones, y son variados.
Pero en el verso siguiente, Operación quiere decir que, cuando Él distribuye estos dones, se pueden manifestar de manera diferente en cada persona. Si hay un grupo de diez personas, Dios pueda dar diez dones diferentes a cada uno de ellos, pero se van a manifestar de manera distinta en cada uno. Dios puede darle el don de profecía a tres personas. Pero una puede cantarla, otra puede darla en lenguas y la tercera en el idioma del lugar donde se encuentren. Y una cuarta, quizás sólo con su vida diaria.
Es la misma profecía, pero administrada de manera diferente. Así que no busques nunca hacer las cosas como otra persona. Actúa según la manera en que el Señor te ha formado. Y deja que Él se exprese naturalmente a través de ti. Algunos toman fuerza y adoptan una voz profética. ¡Así dice el Señor! Cuando saben que no es su verdadera voz, es inútil jugar un papel. A veces, el Señor te da solamente un versículo. Todo lo demás, corre por cuenta de tu trabajo, dedicación y esfuerzo.
No hay necesidad de hacerse el espiritual. El Espíritu Santo es tan natural, que se vuelve sobrenatural. Él actúa de modo diferente a través de cada uno, así que no busques imitar a nadie. Sé simplemente tú mismo en el Espíritu. Verso 7: Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Yo lo sintetizaría así: para provecho común. Esto significa que es para beneficio de toda la iglesia. No hablo de congregación local, hablo de iglesia.
Algo es real: todo lo que Dios hace, es para provecho de todo su pueblo, de todo el que de manera genuina es de Él y no de un templo o una denominación que a veces vive o sobrevive sin Él. Sus manifestaciones y sus dones están destinados a bendecir a todos. Pablo continúa, luego, enumerando los nueve dones. Pero quedémonos un instante en esta idea de provecho. Todo don manifestado por el Espíritu Santo, no es para ti mismo, sino para la edificación de los demás.
¿Alguna vez has oído a alguien decir: “Soy el profeta Fulano de Tal”? Eso es orgullo. La Biblia dice que el don que has recibido no es para ti, sino para los demás. Si he recibido el don de la enseñanza, como parecería ser, de algo estoy más que seguro: no es para mí. Porque no voy a sentarme a enseñarme a mí mismo. Lo mismo con el don de sanidad. Si lo tienes, no es para ti. Porque no necesitas sanarte a ti mismo. Ese don es para alguien más que está enfermo.
Todo lo que el Espíritu manifiesta, es para beneficio de los demás. Algunos suponen que, porque un día dan una buena profecía, se están volviendo más espirituales. No. Si piensas así, necesitas ayuda. Estas en peligro, porque lo que recibiste, no era para ti, sino para los demás. Y es aquí donde aparece otro problema que hemos visto mucho. Las personas que, un día, reciben una manifestación del Espíritu Santo, tienen tendencia a creerse superiores a los demás a partir de eso.
Hermana, hermano, si el Señor en su enorme misericordia decide usarte, dale gracias y alábalo. Punto. Jesús dijo: no permitan que nadie los llame maestro o rabí. Él sabía lo que decía. Gracias a Dios los pocos que comenzaron a comunicarse conmigo llamándome maestro o pastor, al sugerirles que si me decían Néstor eso sonaría a música en mis oídos, entendieron y así lo hicieron. La adulación, en cualquiera de sus manifestaciones, seducción incluida, es peligrosísima. Pero si sabes quién eres y dónde estás, vences.
16.- No Podemos Andar por los Templos…
…o las calles haciéndonos pasar por lo que no somos, porque en todo caso, si algo tenemos, es porque Él nos eligió a nosotros y no nosotros a Él. El hombre carnal ama los títulos, credenciales y posiciones. Todo eso es hojarasca en las dimensiones del Reino. Ya hay un Rey. Punto. Hijos, sólo si aceptan ser súbditos de ese Rey. Justos, santos. Todos somos santos. ¿De dónde viene todo esto?
Lee tu Biblia, en todas partes de las escrituras encuentras a los santos. Envío esta carta a los santos de Éfeso, los santos de Galacia, los santos de Roma. Ojo: aquellos, no las estatuas que estás viendo en Roma hoy. ¿Por qué todos esos eran santos? Porque el significado es el mismo. La palabra santo significa simplemente santificado, ser uno. Todos somos santificados por la sangre de Jesús. No te dejes llevar por aquellos que exaltan a las personas. Lo que tienes, es para los demás, así que debes darlo de gracia. De hecho, eso no significa que te dejes abusar mansamente por los delincuentes disfrazados de carenciados. Discierne.
Esto nos lleva a otro principio importante. Si un don es dado para la edificación de todos, entonces cada uno aquí tiene algo qué aportar. Cada uno tiene algo para darme y yo, al mismo tiempo, algo para darle a él o ella. Al decir eso me vino a la mente la palabra talentos. A veces, los dones del Espíritu Santo operan en ti cuando todavía no has llegado. El Señor sabe que vas en camino y se adelanta para que cuando llegues ya tengas algo de experiencia. Lo sé por historia propia de vida.
Hay gente, allí, del otro lado, que seguramente piensa que mis oraciones son importantes y llegan al trono de la gracia. Y tal vez sea así, pero no de manera distinta a lo que pueden ser tus oraciones. Quizás sólo te falte la fe para que así sea. Dios te ama tanto como me ama a mí, no somos diferentes. Y sus dones pueden actuar en ti como actúan en mí. Lo que debemos saber es cómo desarrollarlos. Como ponerlos en acción para tú y yo trabajar juntos, aunque no lleguemos a conocernos nunca personalmente ni formemos ninguna estructura con nombres rimbombantes. Alguien dijo que si quieres frenar algo que un par de personas vienen haciendo bien, forma una comisión. Algo exagerado, tal vez, pero no muy lejos de la verdad.
Versos 8-10 = Porque a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Ahora ya sabes. No te vanaglories. Todos estos dones operan en cada uno según el mismo Espíritu los distribuye según Su voluntad.
Las escrituras dicen: no te vanaglories. Si le impones las manos a alguien y es sanado, no te jactes. Tú no has sanado a nadie por ti mismo. La Biblia dice que es el mismo espíritu el que opera. Él es el que hizo el trabajo. No soy de esos que anda por la vida buscando sanar gente, pero tengo algunas experiencias que, les aseguro, nunca busqué, simplemente sucedieron. Una mañana salía de la emisora de radio donde tenía el programa y me encontré con un hermano de la que entonces era nuestra congregación.
Raúl era compañero mío en la escuela bíblica para adultos que compartíamos los domingos por la mañana. Lo saludé y me dijo que iba al médico porque no soportaba más el tremendo dolor de espalda que tenía. Yo también tenía prisa, así que sin siquiera pensarlo le puse mi mano en su espalda, allí, delante de no menos de doscientas personas caminando, y le ordené al dolor que lo dejara. Nos dimos un abrazo y cada uno siguió su camino. Por la noche iba a llamarlo por teléfono para ver cómo estaba y se me olvidó.
Recién lo vi el domingo siguiente. Le pregunté qué le había dicho el médico y me respondió que finalmente había decidido no asistir a consultarlo. Me dijo que el dolor se le pasó en el acto después de orar, así que cambio sus planes y se fue a hacer otras diligencias. Ni él pensó que yo era especial por haberlo sanado ni yo lo pensé como mérito mío. Los dos, ya en ese tiempo teníamos más que claro como funcionaban esas cosas. Si era del Espíritu sanar, se sanaba y punto.
La otra anécdota, fue con la misma zona del cuerpo, pero en José, el padre de un alumno de nuestra clase que venía por primera vez a la iglesia, (Era creyente pero no se estaba congregando) porque su hijo le había hablado bien de nuestras clases. Al final de la misma fui a saludarlo y, en la pequeña conversación, me dijo que estaba muy atacado de lumbalgia, que había venido haciendo un esfuerzo. Tuve la misma reacción que con Raúl y el mismo resultado. Se transformaron en sólidos alumnos de allí en más.
¿Hubo otras sanidades? No. Esas dos, nada más. Orar oré por muchas personas, pero el Espíritu Santo envió su fuego sanador sólo por esas dos. Pese a eso, sé que tengo el don, pero también sé que ese don tendrá resultados de victoria cuando al Rey de reyes le parezca oportuno sanar. Si por cualquier causa que yo no tengo por qué conocer, mi Padre determina no sanar a alguien, mi única respuesta a eso, lo entienda o no lo entienda, será amén y gloria a Dios.
Hay tres categorías de dones. Tres dones dicen algo, son los dones de palabra, de expresión. Tres dones hacen algo, son los dones de acción, dones de poder. Tres dones revelan algo, son los dones de revelación. Así Dios cubre todos los aspectos de las necesidades humanas. La primera fase se encuentra en el verso 10. Dones de expresión. Profecía, Diversos géneros de lenguas, Interpretación de lenguas. Estos hablan, estos se expresan.
Dones de acción. La fe, el don de fe, el hacer milagros, los dones de sanidades. Esto también significa que Dios distribuye distintos tipos de sanidad. Esto último, hay que decirlo, no solamente incluye dolencias físicas. Una sanidad puede ser necesaria en cualquier área de un ser humano. Física, de su alma o de su espíritu. Y no me refiero a profesionales de estas áreas, estoy hablando de Dios, que siempre es quien sana.
Algo es notorio y claro. Los dones de sanidades están en plural, porque Dios tiene varios tipos de sanidad para dar. También hay que entender que la sanidad actúa de dos maneras. El Señor deposita sobre mí un don de sanidad y yo pongo mis manos sobre un enfermo, pero este don no se queda en mí. Pasa a la persona enferma, porque es ella la que lo necesita, no yo. Por eso se habla de don de sanidad. No es el que ora quien se queda con el don.
De hecho, hay una gran diferencia entre los dones y los frutos. Luego tenemos los dones de revelación. En el verso 8 encontramos: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, palabra de conocimiento y discernimiento de espíritus. Estos son dones de revelación. Podría decirse que estos dones están numerados por orden de importancia. Primero, los dones de revelación. Palabra de sabiduría y palabra de ciencia. Tienen que entenderse en este orden.
¿Por qué? Porque es más importante conocer los caminos de Dios que, simplemente, ver sus obras. La Biblia dice que Dios dio a conocer sus caminos a Moisés y sus obras a los hijos de Israel. Moisés conocía los caminos de Dios, pero el pueblo sólo veía sus obras. Abraham también conocía los caminos de Dios, mientras que el pueblo veía únicamente sus obras. Ahora, las sanidades que vemos, son las obras de Dios. Sólo duran un tiempo. Alguien puede ser sanado hoy y volver a lesionarse mañana.
Las obras de Dios son temporales en ese sentido. Lázaro, por ejemplo. Fue resucitado, pero más adelante murió de nuevo. La diferencia es que murió dos veces. Fue un milagro extraordinario, pero temporal. Por eso Jesús decía que no lo siguieran por lo que pudieran recibir, sino por lo que Él era. Los dones de revelación, son dones de relación. Consisten en caminar en armonía con Dios hasta el punto en que Él puede susurrarte sus pensamientos.
Por eso estos dones están enumerados primero. Dios te revela lo que quiere y luego te da los dones de poder para cumplir su plan. Estos dones de revelación te muestran lo que Dios piensa, lo que siente y lo que quiere hacer. Son dones de un nivel elevado, pero esto no hace que la persona que los manifiesta sea importante. Es el don en sí mismo lo importante. Luego vienen los dones de poder, estos son los dones que actúan.
La fe, los milagros y las sanidades. Se enumeran en segundo lugar porque, una vez que Dios te revela algo, también te da el poder para cumplirlo. Finalmente, en último lugar, vienen los dones de expresión. Las lenguas, su interpretación y las profecías. Hay denominaciones enteras que han puesto a las lenguas en primer lugar, hasta el punto de cometer la barbaridad de asegurarte que, si no hablas en lenguas, no eres salvo. He visto a gente espiritualmente destruida por esa teoría que ni siquiera me atrevo a llamar doctrina.
17.- Es Un Privilegio el Poder…
…ayudar a otros, pero no aplastarlos como si fueran cucarachas. Cada uno de nosotros debería querer edificar a los demás. Estos dones, en tanto, están allí para el bien de todos, y no para que algunos se vuelvan famosos o engreídos. Algunas personas no buscan la gloria, pero Dios las hace conocidas porque las usa. Otros, en cambio, quieren hacerse famosos por sí mismos. Y uno de los ejemplos más prácticos que tenemos, es el de Simón.
Él vio a Pedro y a los demás apóstoles imponer las manos a la gente y les dijo: denme ese poder y les pagaré millones. Él quería ser famoso. Pedro, por su parte, no hizo nada para ser conocido. Simplemente decía: este hombre fue sanado por Jesús, no por mí. Cuando la gente quería adorar a los discípulos, estos respondían: levántense, somos hombres como ustedes. Es Jesús, a quienes ustedes crucificaron quien sanó a este hombre. ¿Y por qué les cuesta tanto a tantos creerme cuando digo lo mismo?
Esa era la actitud que tenían. No se sentían diferentes que los demás. Así que, nunca se dejen impresionar por lo que Dios puede hacer a través de cualquiera de los ministros que conoces que más te agradan. Escúchame, léeme, aprende y enseña lo aprendido y vivido. Luego mira mis trabajos y di: Él no es mejor que yo. Néstor no es mejor que yo. Su voz y sus producciones pueden inundar las redes, pero Él es un hombre como yo, con las mismas luchas y victorias y derrotas que yo.
Hay algo que quiero aclarar. Los dones del Espíritu Santo, son diferentes a los frutos del Espíritu Santo. Pregunto: ¿Quién de ustedes ha tenido alguna vez en su casa un árbol de Navidad? Casi todo el mundo, lo sé. ¿Recuerdan las decoraciones que se le cuelgan a ese árbol? Quedan suspendidas como si fueran frutas. Originalmente, esto representaba simbólicamente, frutas. Es un ritual pagano que ha perdurado y se ha mezclado con la tradición cristiana.
No hay nada de malo en tener un árbol de esos en casa. Sobre todo, por la alegría de los niños. Lo importante es no adorarlo. Las decoraciones representan frutos, pero no crecen en el árbol. Sólo se cuelgan allí. Esos son dones. Y debajo del árbol, ¿Qué se pone? Regalos. Mientras que un verdadero árbol frutal produce su fruto naturalmente. No necesitas colgar una banana de un bananero ni una manzana de un manzano. El árbol produce sus propios frutos.
He allí la diferencia. Los dones del Espíritu son maravillosos, pero los frutos del Espíritu son más importantes. Porque los dones son dados, mientras que los frutos tienen que ser cultivados. Muchos cristianos se parecen a árboles de Navidad. No tienen frutos, pero quieren que Dios les cuelgue cosas. ¡Señor! ¡Dame más amor! ¡Señor! ¡Dame paciencia! ¡Señor! ¡Dame dominio propio! Y Dios les responde que no, que no puede darles lo que ya tienen.
Puedes pedirle un don a Dios, no hay problema, pero no puedes pedir un fruto. ¿Alguna vez has visto a un naranjo esforzarse para producir una naranja? No. El fruto sale naturalmente. Si eres salvo, el fruto del Espíritu está en ti. Gálatas 5:22-23 = Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Noten que el fruto está escrito en singular, no en plural.
Esto significa que todas estas cualidades forman un solo fruto. Si tienes a Jesús y al Espíritu Santo, ya tienes todo esto en ti. Todo esto, a veces cuesta un poco caro, pero créeme que vale la pena de ida y de vuelta. La verdadera presencia del Espíritu Santo en una vida es la potencia de tus frutos. Tu vida debe ser controlada por lo que es beneficioso. No debemos gimotear nunca cuando nos enfrentamos a desafíos. Nos ponemos de pie, miramos a los ojos al diablo y decimos: Hagas lo que hagas, soy más que vencedor.
Desde el momento mismo en que alguien oyó o leyó un texto en el que Dios decía “¡Mía es la venganza!, ese alguien creyó que, si una persona lo perjudicaba, Dios lo iba a achicharrar para respaldarlo. Otros, que leyeron sobre castigos divinos llegaron a convencerse, y para colmo enseñarles a otros, que, ante el menor error, ese Dios tremendo que tenemos iba a descender de su trono y te iba a dar garrotazos en la cabeza. Los menos, son los que leyeron sobre las disciplinas que Dios ejecuta y los motivos que tiene para ello. Tú eliges con lo que te quedas; mi deber es ayudarte a salir de ciertas ignorancias que, aunque antiguas, todavía operan en tu cerebro, en ese del que hablábamos recién.
18.- Quiero Creer que Todos Nosotros…
…de una u otra manera, ya sea con el apoyo de teólogos, o sin más guía que la del Espíritu Santo, alguna vez hemos leído el famoso capítulo 11 de la carta a los Hebreos. Un capítulo completo que ha sido rotulado como el capítulo de la fe. Un texto que no por conocido deja de estar en cierto misterio y oscuridad en algunos de sus conceptos. Como lo es, por ejemplo, el de su primer verso, el que resume y sintetiza de alguna manera qué cosa es la fe.
Certeza de lo que se espera, convicción de lo que no se ve, nos dice. Para los defensores del literalismo bíblico y la racionalidad para con sus textos, una verdadera fiesta. Certeza, es seguridad de algo que estás esperando y absoluta convicción de lo que todavía no estás viendo. Fe. Es imposible razonar eso. Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, Sara, Esaú, José, Moisés, la ramera Rahab, Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y todos los profetas, desfilan por ese texto que deshila, contagia e inspira fe en todas sus letras.
Cada uno de ellos con su historia de fe, pero también de valentía, de batalla, de hechos. Sin embargo, a mí siempre me impactó y lo sigue haciendo, que entre esos hombres adalides de la fe, se encuentre Enoc. Fue el único humano que, se nos relata, no conoció la muerte, ya que Dios decidió traspasarlo de esta dimensión terrenal a la suya, la espiritual, sin pasar por degradación de su cuerpo. Porque mi primer pensamiento cuando leí esto, fue: ¿Y qué cosa tremenda hizo este hombre para merecer tamaño premio?
Nada. No hizo absolutamente nada que la Biblia relate como hecho crucial. Sólo tuvo alta fe y alta intimidad con Dios. Nada más. O nada menos. Algo no estamos entendiendo bien, me parece, ¿No es así? El caso es que, con todo esto en mente, me puse a leer una vez más el capítulo siguiente al 11. El 12 de Hebreos del que muy pocos hablan o predican. Porque en una primera lectura, les suena como a algo que es muy sabido y que no parecería necesario reiterar.
Sin embargo…la Palabra de Dios siempre tiene o tendrá algo para enseñarnos. Aunque tengamos doctorados o master en teología, siempre seremos ignorantes de lo que el Espíritu está revelando hoy y ahora. Porque si así no fuera, la Biblia diría que debemos andar en la carne y seguir la guía de la teología. Pero me temo que no dice eso, sino que andemos en el espíritu y sigamos la guía del Espíritu Santo. ¿Y quieres que te diga algo que quizás suene como loco o incoherente, pero que en realidad es así? Hay un caudal enorme de cristianos que rechazan esto último por considerarlo demasiado…místico. ¡Oh!
Hebreos 12. Mira el primer verso. Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, No sé tú, pero yo puedo quedarme a vivir en este texto parcial con todo lo que su contenido encierra. Porque de entrada me dice teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, y en principio, a fueros de ser sincero, no sé de qué testigos me está hablando.
Porque si el autor está refiriéndose a estos antiguos campeones de la fe del capítulo anterior, como entusiasmados espectadores desde el cielo para con nuestros devenires en Cristo, creo que estamos ante un misterio mucho más grande que la fe misma. Comencemos por aclarar que la palabra griega que se traducía como nube, indicaba necesariamente un grupo grande, y no sería incoherente interpretar que también debería incluir a todos los hombres y mujeres que, viviendo en el espíritu, cimentaron una fe sólida y sin mancha.
De todos modos, si nos detenemos un momento en lo que Pablo escribe a los Efesios en el capítulo 3 y versos 10 y 11 de su carta, vemos que expresa: para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor Y eso a mí me indica que también estamos bajo observación muy atenta de los ángeles.
Pero que, al mismo tiempo, también el mundo secular no se pierde detalle de lo que es nuestra forma y calidad de fe, y cuanto tiene que ver eso con nuestra conducta diaria. Esos también podrían ser parte de esa grande nube de testigos, del mismo modo que, en un enorme estadio de fútbol, miles y miles de espectadores presencian un cotejo entre los equipos de su simpatía. Los peritos sociológicos han hecho miles de estudios relacionados con esto, pero jamás llegaron a una conclusión seria o creíble.
Esta interpretación, que dejaría ver a esos héroes de la fe del pasado siendo privilegiados espectadores de las inclemencias que cada uno de nosotros vive para ejercitar la fe, hoy, ha determinado que no pocos lleguen a suponer que la gente, en el cielo, luego de su muerte física, puede observar tranquilamente todo lo que sucede en la tierra. Es más que obvio que este pasaje podría llegar a sugerir algo así, pero también es notorio que no alcanza de ninguna manera para dar por probado que eso sea posible.
¿Por qué digo esto último? No es ninguna revelación ni novedad, es muy simple de entender. Si el cielo es ese lugar donde todos los creyentes pensamos que se está siempre feliz y sin preocupaciones de ninguna clase, hay que pensar que es muy difícil que algunas personas pudieran ser felices en ese cielo si pasan su tiempo observando las crisis y tribulaciones que nosotros experimentamos en la tierra. Porque cuando digo nosotros, obviamente me estoy refiriendo a los familiares que dejaron aquí abajo en sus partidas.
Otros eruditos consideran que estos testigos de los que aquí se habla, no son testigos respecto a cómo nos conducimos en nuestras vidas de fe, sino que son testigos, pero a modo de testimonio. Ese testimonio debería recalar hondo en cada uno de nosotros y darnos la inspiración, la instrucción y la hoja de ruta para una vida de fe auténtica y perseverancia en ella. Lo que intento decir es que tienen un espíritu de mártires, que es la antigua palabra griega que se traducía como testigos.
Y, tanto los griegos como los latinos, a menudo usan el término nube para expresar un gran número de personas o cosas. Yo respeto todas y cada una de estas opiniones de los más afamados teólogos, pero tengo certeza interna que todo está muy por encima de lo que imaginamos. Sólo un detalle: esa palabra traducida como nube, es la misma que luego veremos cuando se nos dice que el Señor retornará en una nube… Luego dice Despojémonos de todo peso y del pecado.
Creo que no invento nada si te digo que cualquier forma de pecado será un duro obstáculo para que avancemos, eso creo que a nadie se le escapa. Sin embargo, existen otras cosas que no son precisamente pecado, y que aquí se las describe como todo peso, sino simples estorbos que pueden impedir que sigamos compitiendo con potencia en la carrera que Dios tiene para nosotros. Porque nuestras decisiones no siempre son entre lo que es correcto o incorrecto, sino más bien entre lo que puede estorbarnos o no.
De allí que cabe la pregunta que debo dejarte para tu reflexión: ¿Existe hoy algún peso en tu vida del cual necesites despojarte? Si solucionas eso, puedes pasar a lo que sigue. Porque dice que es por el pecado que nos asedia. Y fíjate que la palabra asedia, es la traducción de una palabra griega antigua muy difícil de pronunciar: eupeirstaton, que puede ser traducida nada menos que de cuatro maneras diferentes. Fácil de Evitar, Admirado, Asediar o Peligroso.
19.- El Consejo, Entonces, es Que…
…nos despojemos de todos estos vericuetos de un mismo color, el pecado. De hecho, algunos pecados podrían ser fácilmente evitados, pero no lo son. Otros, son admirados, pero en realidad deberían ser evadidos. Algunos pecados es verdad que nos asedian, y son especialmente dañinos en todo. Y, finalmente, hay pecados que son mucho más peligrosos que otros. Conclusión: Si estos pecados que nos asedian fueran el resultado de una posesión demoníaca, ¿No sería este el mejor momento para que el Espíritu Santo tratara el tema?
De todos modos, y esto no es algo menor, nunca se nos da una razón contundente por la cual podamos culpar a los demonios de nuestro pecado. El llamado, en todo caso, es simplemente para que, en el poder del Espíritu Santo, nos despojemos de todo peso y del pecado que nos asedia. Así de claro, simple y preciso. No es un curso de demonología, es un llamado a cuidarse de nuestra carnalidad. Como si alguien se asomara entre las nubes y te dijera: ¡Después no salgas a decir que nadie te avisó!
Y, por último, en ese primer renglón tan fructífero, se nos dice que corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Y esto no es un simple palabrerío para llenar un hueco literario, esto es clave. Porque si algo necesitamos para terminar victoriosamente lo que hemos comenzado en Cristo Jesús, ese algo es justamente, paciencia. A ver, que nos quede bien claro para conocer una faceta más de nuestro amado Pablo.
Él está con nosotros justo en el punto de partida de esta carrera que nosotros somos los que debemos correr. Sin embargo, con su tremendo corazón a cielo abierto, fíjate que no te dice que corras tu carrera con paciencia, sino que dice corramos. Eso habla no sólo de apoyo y respaldo, sino de empatía espiritual, algo que hoy es tremendamente difícil de encontrar. Sabemos que, con distintos matices, Dios ha puesto ante cada uno de nosotros una carrera que inexorablemente debemos correr.
Eso va a requerir no solamente esfuerzo, sino también compromiso. Ser pasivo jamás te hará ganador de nada. Dios quiere que compitas con lo mejor que tengas y que llegues a la meta si es posible, como más que vencedor. Te lo dije antes y ahora voy a confirmártelo. La paciencia es necesaria para correr esa carrera. Paciencia traduce la palabra del griego antiguo hupomone, Este término no habla de esa paciencia que se sienta y acepta las cosas, sino de la que, con serenidad y certeza, domina las cosas.
Es una determinación, que no te empuja a apresurarte en algo, sino no retrasarte y avanzar firmemente, negándote a ser desviado. De hecho, en ese capítulo 20 del libro de Hechos, Pablo se ve a sí mismo como a un corredor que tiene una carrera por terminar. Y no sólo eso, sino que es evidente que nada ni nadie podría impedir que él la termine con gozo. Pablo habla de mi carrera, lo que nos lleva a entender que mientras él tenía su propia carrera por disputar, nosotros tenemos la nuestra.
Verso 2 = puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Esto me dice a mí y te dice a ti que nos es posible correr esa carrera y tener éxito, siempre y cuando nuestros ojos estén puestos en Jesús y no en otras cosas tentadoras que el mundo secular nos ofrece. (3) Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
Esto te enseña que aun en las peores dificultades, considerando a Jesús, puedes ser animado en lugar de caer en desánimo, sabiendo que estamos siguiendo sus pasos. Así lo definió Pablo en Romanos 8:17 cuando dice: Si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. ¿Alguna vez te detuviste a pensar en el grado y nivel de hostilidad que recibió Jesús por parte de los pecadores? Cuando iba a la sinagoga, como judío que era, ¡Había gente que quería matarlo!
De hecho, los líderes de allí siempre intentaron atraparlo y avergonzarlo. Además, mintieron acerca de Él, diciendo que era un borracho y un glotón. Por si esto fuera poco, fue traicionado por uno de sus propios discípulos. Muchos se burlaron de Él y, cuando pudieron, lo golpearon. Y para completar su panorama de Hijo de Dios en la tierra, su propia gente, esa a la que Él había sanado, liberado y hasta dado de comer, en el momento de la opción, decidió quedarse con un delincuente y gritó a Pilatos que lo crucificara. Cuando lleguemos a los textos finales de este trabajo, tendrás pruebas más que sobradas de que todo esto hoy no sólo se está repitiendo, sino aumentando más y más cada día.
Dijo alguna vez Charles Spurgeon: “Si en la escuela dominical una clase parece ingobernable; si no se puede enseñar a los niños; si las niñas parecen tan alegres; si en la pequeña estación del pueblo los oyentes parecen tan aburridos, tan distraídos, tan descuidados y tan olvidadizos; si en cualquier otra esfera del trabajo no pareces ser apreciado, pero rechazado, no importa. Estas no son nada comparadas con las contradicciones que el Salvador soportó y, sin embargo, nunca se desvió y, por lo tanto, no te desvíes”
Creo que ninguno de nosotros, personas bien intencionadas y con deseos de ser útiles para el Reino y trabajar en las cosas del Señor, ha logrado percibir y entender la calidad del ministerio que Jesús tuvo en esta tierra. Siempre nos referimos a él como el ideal en lo impactante, pero sin tener en cuenta todo esto que te detallo. (4) Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; (5) y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; (6) Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.
Un gran motivo para el desánimo entre estos judíos ya cristianos era que ellos no entendían o no veían la razón por la cual Dios estaba permitiendo que se les presentaran tiempos difíciles. Tal como sigue sucediendo hoy mismo en cualquiera de los ambientes cristianos, parecían haber olvidado los principios acerca de la disciplina del Señor. Lo sabemos, porque seguramente alguien nos lo predicó o enseñó alguna vez, pero igualmente somos muy duros para aceptarlo porque, aun en contra de lo aquí escrito, seguimos teniendo en nuestras mentes esa imagen de un Dios frágil, permisivo y hasta tonto al cual se lo puede burlar fácilmente.
Muchas de las dificultades en la vida cristiana pueden remontarse a estas tres palabras: habéis ya olvidado. Tal vez sea un principio que recordamos en la mente, pero que hemos olvidado en el corazón, y debemos recordarlo nuevamente. En tiempos de prueba o estrés, muchos cristianos olvidan algunos conceptos básicos. Se preguntan si Dios todavía tiene el control o si todavía los ama. Debemos admitir que Dios sí permite todo lo que sucede; así que Él debe al menos aprobarlo pasivamente, porque definitivamente tiene el poder de detener las cosas malas que suceden.
Por supuesto, Dios nunca puede ser el autor de la maldad. Pero sí permite que otros elijan el mal, y puede usar esa mala decisión que otro hace para lograr sus buenos propósitos, aunque solo sea para demostrar Su justicia y rectitud en contraste con el mal. Lo confirma Salomón cuando en su proverbio 3:11-12 expresa: No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.
Esto nos dice que la disciplina de Dios nunca debe tomarse como una señal de rechazo, sino como una que nos trata como sus hijos. Sólo un cristiano demasiado orgulloso (Que los hay) afirmaría que nunca tiene necesidad de la disciplina de Dios. Oye; nadie está por encima de este tipo de entrenamiento. Cuando viene la disciplina, es una ofensa para Dios cuando la despreciamos. La disciplina es su amorosa herramienta de corrección y debemos recibirla con gratitud.
Este es el entrenamiento que necesitamos para correr la carrera que debemos correr con paciencia A menudo hemos escuchado a un padre decir: “Hijo, si lloras por eso, tendrás algo por lo que llorar pronto”. Entonces, es absolutamente lícito que, si murmuramos por poco, Dios nos dará algo que nos hará llorar. Si gemimos por nada, Él nos dará algo que nos hará gemir. La disciplina no debe ser tomada como la única razón por la que Dios permite tiempos difíciles, pero si es una razón importante.
20.- Por Ejemplo, Sabemos que Dios…
…permite tiempos difíciles para que podamos, más adelante, ser de apoyo para alguien más, así como Dios nos confortó a nosotros en momentos de crisis. 2 Corintios 1:3-7 lo respalda: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación.
Es por eso que Santiago nos recomienda que hagamos una oración por sabiduría en el contexto de soportar las pruebas. Necesitamos saber cómo reaccionar de diferentes formas cuando Dios hace diferentes cosas. Así lo dice Santiago 1:2-5 : Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
Atención con esto: no siempre que tenemos problemas será como parte de una disciplina divina. Es muy probable que en algunos casos puntuales sea parte de un ataque satánico, así como que, en otros momentos, se deba a imperfecciones o errores de nuestra carnalidad. Versos 7- 10 = Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Deberíamos ser más sumisos y respetuosos con la corrección de nuestro Padre celestial que con la corrección de nuestro padre terrenal.
Por lo tanto, nunca debemos despreciar a Dios por su disciplina, aunque sea desagradable por un momento. Cuando nos resentimos, nos consideramos virtualmente iguales a Dios en vez de vernos como Sus hijos. Puede ser humillante y causar amargura ser disciplinado por un igual, pero no es igual ser disciplinado por alguien que es legítimamente nuestro superior. El resentimiento contra la disciplina muestra cómo vemos a Dios y cómo nos vemos a nosotros.
Los padres humanos, incluso con la mejor intención, sólo pueden disciplinar imperfectamente porque carecen de un conocimiento perfecto. El Dios que todo lo sabe puede disciplinarnos perfectamente, con resultados mejores y más duraderos que los que pueda lograr incluso el mejor padre terrenal. La fe ve que en su peor dolor no hay nada penal; no hay ni una gota de la ira de Dios en él; todo es enviado con amor. Verso 11 = Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Las pruebas son pruebas y la disciplina es disciplina. Si no nos duele o nos pesan, entonces no sirven su propósito. A menudo queremos pruebas que no son pruebas y disciplina que no es disciplina. La tierra no parece moverse ni parece ser redonda; el sol parece ser más grande al atardecer, y así sucesivamente. Ahora bien, si hasta en las cosas naturales lo que parece ser no es la verdad, y la apariencia es muy a menudo falsa, podemos estar seguros de que, aunque la aflicción parece ser una cosa, en realidad no es lo que parecer ser.
Si la aflicción pareciera ser gozosa, ¿Sería disciplina en absoluto? Te pregunto, ¿No sería ridículo si un padre disciplinara a un niño y el niño bajara las escaleras riendo y sonriendo y regocijándose por la disciplina? ¿Jubiloso? En lugar de ser útil en absoluto, ¿no sería completamente inútil? ¿Qué bien podría haber hecho un castigo si no se hubiera sentido? ¡Seguramente ningún beneficio!) Luego habla del fruto apacible de justicia: Este fruto debe ser evidente en la vida del cristiano.
La razón por la que muchos viven una vida de crisis tras crisis es porque se ciegan a la disciplina de Dios o porque la resisten. No han sido ejercitados, por lo que el fruto apacible de justicia no es evidente. Ejercitados, en el idioma griego antiguo es una palabra del mundo del atletismo. Así como el atleta es ejercitado por algo de agonía, también lo somos nosotros como “atletas espirituales” de Dios. Dios tiene un propósito para ejercitarte a ti.
Piensa en David después de haber sido atacado por un león cuando solo era un joven que apacentaba ovejas. Él se pudo haber desesperado y preguntado: “¿Por qué permitió Dios que me sucediera algo tan terrible? ¡Apenas escapé! Pero si tan solo David pudiera ver más adelante, vería que Dios tenía un gigante llamado Goliat al que estaba destinado a enfrentarse y que la batalla con el león lo preparó con anticipación. Dios siempre tiene un propósito. Podemos confiar en Él.
La corrección de Dios es inteligente, pero debemos mirar más allá del proceso hacia el resultado. El resultado no llega inmediatamente, sino después. Muchos creyentes son afligidos porque no sienten de inmediato que se han beneficiado de sus aflicciones. Bueno, no esperes ver manzanas o ciruelas en un árbol que has plantado hace una semana. Solo los niños pequeños ponen sus semillas en el jardín de flores y esperan verlas crecer y convertirse en plantas en una hora.
Notamos que, en esta sección sobre la disciplina, el autor no mencionó a Jesús como ejemplo. Esto es porque Jesús nunca tuvo que ser disciplinado por su Padre. Jesús sufrió, pero no porque fue disciplinado. Versos 12-13 = Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Casi como un entrenador o un oficial militar, el autor les dice a sus compañeros seguidores de Jesús que se animen y se mantengan activos.
Les había dado muchas razones para ser fortalecidos en el Señor y deshacerse del desánimo, había llegado el tiempo de hacerlo. Las imágenes aquí (Manos y rodillas levantadas, pies “hacia adelante”) hablan de la disposición para trabajar y moverse por Jesús y su reino. Esta disposición es la primera en irse cuando uno se rinde ante el desánimo. Llevo treinta años desandando este ministerio, de los cuales los últimos veinticinco han sido los que hemos podido compartir a través de las distintas expresiones de las redes que hemos ido incorporando.
¿Y sabes qué? Si una mañana, (¡Una mañana, tan solo!) me levantara sin deseos de sentarme frente al monitor a escribir, a estudiar, a grabar o sencillamente a meditar sobre lo que ha sido o lo que vaya a ser, ese día marcaría el final de toda esta historia. Trabajar para el Reino no puede ser una carga, tiene que ser un privilegio. Si me encuentro con un ministro que se queja amargamente de todo lo negativo que le produce el administrar todo eso, lo primero que le preguntaré es si está seguro de haber sido llamado a hacer eso.
Versos 14-17 = Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. Esto significa que arreglarse tanto con los hombres no siempre funciona. Por eso dice: seguid la paz con todos.
Como con Dios (Y la santidad). El desánimo nos hace descuidados y despreocupados por la santidad y las relaciones personales. En cuanto a la santidad, se nos dice que sin la cual nadie verá al Señor. La falta de santidad es un obstáculo crítico para una relación íntima con Dios. Los cristianos impíos son la plaga de la iglesia. Son verdaderas manchas que lamentablemente salpican a los genuinos. Como piedras escondidas, son el terror de los navegantes.
Es difícil mantenerse alejado de ellos: y no se sabe qué accidentes pueden causar. Al mismo tiempo, Esta santidad es cosa de crecimiento. Puede estar en el alma como un grano de mostaza, no desarrollado; puede estar en el corazón como un deseo, en lugar de algo que se haya realizado plenamente, un gemido, un jadeo, un anhelo, un esfuerzo. Fueron descriptos cuatro tipos de personas que tratan de vivir sin santidad. Y quiero presentártelos para que no ignores su procedencia.
El fariseo: Confiado en ceremonias externas en vez de verdadera santidad. El moralista: No siente necesidad de santidad porque su vida es muy buena. El experimentador: Toda su vida cristiana se vive hacia adentro, nunca mirando hacia la conducta externa, sino solo hacia los sentimientos. El opinólogo: Su vida cristiana se trata de creer en las doctrinas correctas y no se preocupa por la forma en que la vive. Debemos vivir correctamente con respecto a la gracia de Dios.
Esto significa buscar diligentemente el cuidarnos tanto a nosotros mismos como a los demás de regresar al legalismo, ya sea en una forma externa o en una actitud interna que nos impida alcanzar la gracia de Dios, que, brotando alguna raíz de amargura, nos estorbe. Una raíz de amargura es una raíz que da fruto amargo… Así que es posible que una semilla de amargura sea sembrada en una comunidad y, aunque no haya fruto inmediato aparente, con el tiempo aparece.
21.- La Amargura Corrompe a Muchos…
…arraigada en un sentido de dolor personal, y muchos se aferran a esa amargura con una increíble terquedad. Lo que deben hacer es recordar la gracia que Dios les extendió y empezar a extender esa gracia a otros: amando a los que no lo merecen. Alguien alguna vez escribió que la frase deje de alcanzar la gracia de Dios también puede traducirse como quedarse atrás de la gracia de Dios.
La idea es que la gracia de Dios sigue adelante, más allá del dolor y el sufrir del pasado. Nosotros también debemos seguir adelante. En cuanto a la palabra profano: Proviene de las palabras latinas pro-fanum. Fuera de cada templo (‘Fanum’) había un área de tierra abierta a todos, donde la gente se reunía, un lugar abierto sin cercos. En contraste con esto estaba el recinto sagrado del templo. Esaú no tuvo un recinto sagrado en su vida, y en este sentido era un hombre puramente secular.
Como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura: Muchos cristianos hoy en día venden su derecho a la intimidad con Dios tan barata como Esaú vendió su primogenitura. Ustedes recuerdan la historia. La pueden leer en Génesis 25 y 27. Y no hubo oportunidad para el arrepentimiento: No es cuestión de perdón. El perdón de Dios siempre existe para el arrepentido. Esaú pudo haber regresado a Dios. Pero no pudo deshacer su acción.
Luego cuando Esaú buscó la bendición, fue desechado por su padre Isaac. La primogenitura de Esaú no fue restaurada solo porque deseó recuperarla. Nunca podría ser recuperada porque la menospreció. Versos 18-21 = Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;
Esto que dice aquí en el principio, ya fue explicado en el libro del Éxodo, capítulo 19 y verso 10, que te muestra cómo fue cuando Israel llegó al monte Sinaí. La montaña estaba cercada; no se podía pasar bajo pena de muerte. Se les ordenaba lavar sus ropas y abstenerse de tener relaciones sexuales. Hubo truenos, relámpagos y una densa nube. Hubo un sonido de trompeta, que llamaba a la nación a encontrarse con Dios. Había más humo, como un horno, y terremotos.
Entonces la trompeta hacía un sonido prolongado hasta que Moisés habló y Dios mismo respondió. Dios habló a Israel desde Sinaí, pero les advertía de todas las formas posibles que se mantuvieran lejos. La reacción de Israel fue comprensible; ellos estaban aterrorizados. Ellos querían que la experiencia terminara, no que continuara. Aun Moisés estaba asustado: Moisés dijo: Estoy espantado y temblando. Todo este temor no logró promover la santidad entre el pueblo de Israel.
No logró cambiar el corazón de Israel. 40 días después, adoraron a un becerro de oro diciendo que había sido él quien los sacó de Egipto. Versos 22-24 = sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
Estamos en un lugar diferente. Nuestra relación con Dios no se basa en la experiencia de Israel en el monte Sinaí. Nosotros llegamos al otro monte de Dios: Sion, el nombre de la colina donde se encuentra Jerusalén. La ley llegó al Sinaí; la cruz estaba en Sion. No había ciudad en el monte Sinaí; estaba en el desierto. Sinaí está asociada con Egipto; Sion se asocia con lo celestial. Varios ángeles entregaron la ley a Moisés en el monte Sinaí; pero el monte de Sion tiene la compañía de muchos millares de ángeles.
Lo que Dios dio en el monte Sinaí fue principalmente para Israel; lo que Dios dio en el monte de Sion es para todos y cubre a todos los redimidos. El monte de Sion no elimina a Dios como el Juez de todos, para nada. Más bien, la obra que hizo Jesús en el monte Sion satisface la justicia de Dios, resultando en los espíritus de los justos hechos perfectos. El monte Sinaí se trataba de un antiguo pacto basado en ganar y merecer. El monte de Sion se basa en un nuevo pacto con Jesús el Mediador basado en creer y recibir.
La sangre… de Abel no se refiere a la sangre que derramó cuando fue martirizado. Más bien habla de la sangre del sacrificio que hizo, el primer sacrificio del hombre para Dios registrado en la Biblia. La sangre de Jesús habla mejor que la sangre de los sacrificios animales, la sangre de Abel. Sin embargo, es cierto que la sangre de Jesús el Mesías habla mejor que la sangre de Abel el mártir. La sangre de Abel proclamó: la justicia debe ser satisfecha, trae venganza. La sangre de Jesús proclamó: la justicia ha sido satisfecha, trae misericordia.
La lección es clara. No deberíamos venir al monte Sion como si fuéramos al monte Sinaí. Así que ya no dudes, anímate y se valiente al acercarte a Dios. Considera los contrastes entre el monte Sinaí y el monte de Sion. El monte Sinaí fue marcado por el miedo y el terror. El monte de Sion es un lugar de amor y perdón. El monte Sinaí está en el desierto. El monte de Sion es la ciudad del Dios viviente. El monte Sinaí habló de cosas terrenales. El monte de Sion habla de cosas celestiales.
En el monte Sinaí, sólo a Moisés le era permitido acercarse a Dios. En el monte de Sion, una compañía de muchos millares, una congregación, es invitada a acercarse. El monte Sinaí fue caracterizado por hombres culpables con miedo. El monte de Sion cuenta con justos hechos perfectos. En el monte Sinaí, Moisés era el mediador. En el monte de Sion, Jesús es el mediador. El monte Sinaí trajo el Antiguo Pacto, el cual era ratificado con sangre de animales.
El monte de Sion trae un Nuevo Pacto, el cual es ratificado con la sangre del precioso Hijo de Dios. En el monte Sinaí se trataba de exclusión, manteniendo a la gente alejada de la montaña. En el monte de Sion se trata de invitación. En el monte Sinaí todo es sobre la ley. En el monte de Sion todo es sobre la gracia. Por supuesto, la idea de la superioridad del Nuevo Pacto se repite. Muestra que estos cristianos judíos ni siquiera deberían considerar regresar y preferir la religión del monte Sinaí sobre la relación del monte de Sion.
Versos 25-26 = Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.
22.- Como fue Descripto en los Versículos…
…anteriores, Dios tiene ante nosotros la bondad y la gloria del monte de Sion: la obra perfecta y completa de Jesús y el Nuevo Pacto a través de Él. Si rechazamos esto de Dios, no podemos ignorar las consecuencias. Hubo consecuencias por rebelarse en el monte Sinaí. Hay y debería haber consecuencias aún mayores por resistir la obra superior de Dios en Sion. Dios conmovió la tierra con su voz en el monte Sinaí. El Nuevo Pacto conmueve aún.
Es fácil, y peligroso, pensar que Dios era un Dios malo y severo en el Antiguo Testamento y de alguna manera se hizo bueno en el Nuevo Testamento. Esto es muy engañoso, porque hay más misericordia en el Antiguo Testamento de lo que muchos imaginan. Al igual, hay más juicio en el Nuevo Testamento de lo que muchos imaginan. Cuando todo es conmovido, la pregunta será: ¿Dónde estás parado? ¿Estás sobre algo seguro? ¿Estás protegido?
Verso 27 = Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Dios promete conmover las cosas nuevamente para quitar (Eso sería la remoción) la dependencia en lo material, como en las cosas materiales, el materialismo. Lo que intento decirte es que Dios conmueve las cosas para probarlas, y luego para remover las que no pueden soportar la prueba.
La gran pregunta que muchos al conocer esto se han formulado, es: ¿Con nosotros estaría haciendo lo mismo? No hay una respuesta contundente, sólo Él lo sabe. Pero si nos detenemos a leer lo que hemos visto respecto a la disciplina de los hijos amados, yo arriesgaría pensamiento a decirte que sí, que en los casos que Él lo estime como necesario, si es para salvar la vida espiritual de uno de sus hijos o sencillamente entrenarlo para algo fuerte y grande que deba hacer para extensión del Reino.
¿Ves a eso como algo cruel o desconsiderado? Yo no. Es como cuando la mamá águila empuja a sus pequeños polluelos para que se caigan del nido. La primera vez los aguanta con su cuerpo, y la segunda y la tercera. Para la cuarta, ya probaron sus alas y se dieron cuenta que son capaces de volar solos. ¿Se entiende lo que digo? Versos 28-29 = Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.
El Reino inconmovible. ¿Podemos con nuestras mentes finitas y llenas de programaciones griegas por intelecto, llegar a imaginarnos lo que significa ser parte de un Reino al que nada de este mundo ni de ningún otro puede conmoverlo? Eso, nada menos, es lo que se nos dice que hemos recibido. Cuidado: no te dice que vas a recibirlo un día de estos, si te comportas bien y diezmas y ofrendas, no. Dice que ya lo has recibido, aunque en tu bolsillo derecho llevas un veterinario para que te cuide al cocodrilo que tienes en el izquierdo.
O sea que en contraste con la inestabilidad del mundo que nos rodea, el Reino de Jesús es inconmovible, y lo estamos recibiendo. Tengo una buena noticia: Esta es nuestra estabilidad en un mundo tan inestable. Aún no tenemos este Reino por completo; Sin embargo, lo estamos recibiendo. Dicho en términos gramaticales: Estamos recibiendo constante y perpetuamente (original griego) un Reino que es incapaz de ser movible. Más adelante seré mucho más claro, preciso y conciso con lo del Reino. En el final no te quedarán dudas, ese es el objetivo.
Muy bien: ¿Y cuáles se supone que son las maneras en las que ya hemos recibido el Reino? Lo hemos recibido como promesa; una promesa de un hombre de confianza es igual de segura como tener la cosa en sí. Lo tenemos como principio y vemos los principios del Reino de Dios obrando en el mundo. Lo hemos recibido en poder, y vemos el poder milagroso y transformador de Dios obrando en el mundo de hoy. Hemos recibido parte de la provisión y protección del Reino, porque nuestro Rey nos provee y protege.
Lo hemos recibido en comunidad, porque cuando nos reunimos con hermanos en un mismo sentir, somos una comunidad del Reino. El Reino nunca será movible. Así que debemos aprovechar la aprobación inmerecida de Dios en Jesús, ayudándonos a servir a Dios agradándole con temor y reverencia. Alguien lo ilustró con estas palabras: ¡Gloria a Dios, nuestro Reino es inconmovible! Ni siquiera la dinamita puede tocar nuestro dominio: ningún poder del mundo, y ningún poder en el infierno, puede sacudir el Reino que el Señor ha dado a sus santos.
Con Jesús como nuestro monarca no tememos ninguna revolución ni anarquía: pues el Señor ha establecido este reino sobre una roca, y no puede ser movido ni removido. Sirvamos a Dios agradándole: Estas palabras describen cómo se puede hacer esto. Nuestro servicio agradable comienza con nuestro ser receptores. Nuestro servicio agradable es ofrecido por la obra de la gracia de Dios en nosotros. Nuestro servicio agradable está marcado por la reverencia.
Nuestro servicio agradable está marcado por un sentido profundo de santidad divina. Porque nuestro Dios es fuego consumidor. Muchos sostienen erróneamente la idea que “demasiada” gracia nos da permiso y provoca falta de respeto hacia Dios. En realidad, la gracia nos da temor y reverencia. Tal vez aquellos que piensan que la gracia les da permiso para pecar en realidad no viven en gracia. Puesto que Dios es de hecho un fuego consumidor, lo mejor es que nos acerquemos a Él en sus términos. Estos son los términos de la aprobación inmerecida en Jesús.
Él consumirá todo lo que esté fuera de este ámbito. Elías sabía que Dios era fuego consumidor; Consumió el sacrifico en el altar del monte Carmelo. Salomón sabía que Dios era fuego consumidor; Consumió el sacrificio en el altar en la dedicación del templo. El hecho de que Dios es fuego consumidor es un consuelo para el creyente. Se dan cuenta de que el Padre derramó Su fuego consumidor de juicio sobre el Hijo en nuestro lugar. Cuando lo hizo, consumió por completo la culpa del pecado en todos los que creen. La pena del pecado fue consumida en Jesús en la cruz.
Ya lo tienes. Ahora ya lo sabes y has dejado para siempre tu ignorancia respecto a esto, tal como me tocó dejarla a mí hace un tiempo atrás. Y porque tengo más edad que tú, mi ignorancia era más antigua que la tuya. Dios es fuego consumidor y, por causa de su esencia, no dudará en tomar venganza cuando la situación así lo amerite, de propinar duro castigo cuando alguna otra incidencia así lo demande y, casi como metodología de buena crianza, establecer rígidas disciplinas sobre cada uno de nosotros, cuando Él estime que las necesitamos para darle toda la gloria y la honra que se merece. ¿Necesitas más? ¿Tu ego lo soporta?
23.- Hace Más de Veinte Años…
…que vengo hablando del Reino. Y todavía hay mucha, pero muchísima gente de la que me escucha o lee, que no ha entendido lo que es el Reino y lo que significa. Yo podría hacer la más fácil y decir que eso es culpa de toda esa gente, por no escudriñar y decidir seguir siendo ignorante, pero la verdad es otra. Somos una generación nacida en un sistema de gobierno llamado Democracia. Con todos los claros y oscuros que cada democracia tiene en cada país, pero democracia al fin. Lo poco que conocemos sobre reinos, tiene que ver con los pocos que todavía existen, aunque sólo figurativamente.
Porque sus reyes son reyes, pero no gobiernan. Generalmente en estos países que te menciono, hay democracias que operan bajo el sistema de legislaturas. Con Primeros ministros que son los que gobiernan, y con los reyes que sólo están para consultas protocolares e ir a fiestas y celebraciones. Nuestro Reino no es eso, y cuando te de las pautas que lo sostienen, por momentos se te van a caer las medias del impacto. Y algunas cosas no te van a gustar, como no me gustaron a mí al principio, cuando conocí esta verdad. Pero es mi deber transferirte lo que he aprendido, aceptado, creído y puesto por obra. Es mi oración que al final de todo esto, al menos, tú vayas y hagas lo mismo.
Escucha. Jamás le hablo a mis receptores de manera tan directa. Lo hago, pero siempre con cierta moderación, en parte por el respeto que cada uno se merece y también por mantener ciertas formas de comunicación. Pero hoy, aquí y ahora, tengo mandato y dirección de hacerlo de modo más directo, frontal y hasta duro, si cabe. Pero es para decirte, en primera instancia, que no me sorprende que justamente hoy y justamente tú, estés allí dispuesto o dispuesta a leerme, aunque la onda venga extensa. Con una paz y una expectativa distinta a las de otras veces.
¿Sabes por qué no me sorprende? Porque lo que estoy a punto de enseñarte, según lo estoy viendo yo en lo personal y sin ninguna obligación de que nadie más lo vea así, es el mensaje más importante que existe sobre la tierra. Pero cuidado con algo que no siempre se enseña o se dice, que también es el más peligroso. ¿Por qué? Porque es el único mensaje al que Satanás le teme y le teme de verdad. Cuando él oye que alguien lo enseña, se hace presente en persona para procurar borrarlo de la mente de quien lo reciba. Toma toda tu autoridad en Cristo, ahora, y no se lo permitas. Tu oración tiene poder.
Pero, claro, a todo esto, supongo que deberemos probarlo. Así que acompáñame con tu biblia abierta a Mateo capítulo 13. Quiero explicar por qué esto está pasando ahora. En este capítulo, Jesús cuenta una historia, acerca de un agricultor, un sembrador. Mucha gente ha predicado sobre esta historia. Y lamentablemente debo decirte que, en muchos casos, lo que han predicado no ha sido verdad. No, al menos, la verdad completa. ¿Cómo se supone que yo sé esto? Porque yo mismo decía las mismas cosas que esos que te estoy mencionando, decían. Era lo que había aprendido. No los censuro, pero yo busqué verdades y las encontré, así que para evitar errores, yo quiero que tú leas lo que Jesús realmente dijo de esta historia.
Él cuenta la historia de un sembrador que sembraba semillas. Y todos ustedes conocen de esta historia. Así que ni siquiera la voy a transcribir. De todos modos, lo que sí quiero es que leas una parte de lo que acaba de suceder aquí. Son muchos los que han usado de esta parábola, resaltando la importancia del perdón. Y no son pocos los que usan este pasaje para incentivar una mayor ofrenda. Porque dicen que, si siembras dinero, cosecharás dinero. Prosperidad le llaman. ¡Y eso no es verdad! ¡Eso no es lo que Jesús dijo aquí! ¿De qué trata, entonces, esta parábola? Hay muchas parábolas que Jesús no explicó.
Pero en esta, no hace falta preguntarse qué es lo que Él quiso decir. Es una de las pocas parábolas que Él sí explicó. Observa el verso 10. Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y Él explica por qué. Alguna vez me llegará la orden de explicar lo que Él explicó, porque me llevaría una enorme cantidad de tiempo y espacio hacerlo. Pero vayamos al verso 16. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. (17) Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.
¡Wow! ¿Sabes lo que les acaba de decir? Que lo que te estoy enseñando, la mayoría no lo entendió. Amós no lo entendió. Isaías no lo entendió. Jeremías no lo entendió. Ezequiel no lo entendió. Pero ustedes, hoy, sí lo están entendiendo. ¿De qué estaba hablando, Él? Él está a punto de explicar la parábola. Verso 18. Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: O sea que a esto no hay que adivinarlo, hay que entenderlo. Te lo explicaré. Así que, leamos. Verso 19. Él dice: esto es lo que significa esta parábola. Cuando alguno oye la palabra del reino Subraya eso, por favor. Porque tú puedes oír muchos mensajes; fe, sanidad, bautismo, unción, poder, prosperidad, de todo eso que es en enorme mayoría de lo que se predica en los templos.
Pero esto no tiene nada que ver con todo eso, esto es diferente. El Reino. Cuando alguno oye el mensaje, del Reino, y a la palabra del Reino no la entiende, viene el malo. Cuando estás a punto de predicar el Reino. Cuando se toca este tema, Satanás no envía demonios. Jesús dijo: Él viene en persona. Cuando alguien oye el mensaje del Reino, el mismo Satanás viene. Muchos predicadores vendrán y predicarán buenos mensajes. De unción, prosperidad, poder, sanidad, milagros. Pero Él dice que cuando empiezas a predicar el Reino, Satanás no envía demonios para interferir, viene él mismo, en persona.
¿Y por qué viene? …y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. ¡Viene para arrebatarlo! Para volverte incrédulo. Para destruir el momento ungido que estás viviendo. Para apagarte la luz del entendimiento. Por eso es que no me sorprende que hoy estés casualmente allí, leyéndome. Porque seguramente Satanás también hoy anda por allí, rodeándote y procurando que no entiendas nada. ¿Por qué? Porque el mensaje del Reino es el único que predicó Jesús. Jesús nunca predicó sanidad. ¡Sanaba a la gente! Nunca predicó resurrección. ¡Resucitaba a la gente! Nunca predicó liberación. ¡Liberaba a la gente! ¡Sólo predicó el Reino!
Así que ahora quiero que tomes tu biblia, porque vamos a hablar del Reino, del poder y de la gloria. Es un paso tendiente a establecer el Reino, el poder y la gloria de Dios en la tierra. Porque eso es exactamente de lo que trata el Reino. Es el establecimiento de la gloria y el gobierno del Reino de Dios en la tierra. La pregunta que cabe, es: ¿Por qué necesita la tierra el Reino de Dios? En principio, porque el más grande problema en la tierra es el mundo. Es una declaración bien importante, esta. El mundo entero se está desmoronando. Las economías están colapsando. El mundo, con todo su aparente esplendor, en realidad se está desintegrando.
Las economías se están desmoronando. ¿Por qué? Porque el mundo está colapsando. Dios creó la tierra, con un mundo. Y ahora escúchame con cuidado. Porque si no logras entender esto, nunca entenderás a Dios. Dios hizo una tierra, y sobre esa tierra, puso un mundo. Y hoy tenemos dos mundos, en una sola tierra. Dios creó una tierra, con un mundo. Pero hoy, tenemos una tierra con dos mundos. Si no comprendes esto, nunca entenderás la biblia. ¿Qué es mundo? ¿Cuál es la diferencia entre el mundo y la tierra? La palabra tierra, en la biblia, es una palabra hebrea en la que tierra, significa polvo de la tierra.
Tierra física. La palabra mundo, es diferente. Así que el mundo y la tierra, son diferentes. La tierra, es el planeta físico. El polvo, los montes, los árboles, los ríos, las plantas, los animales. Esa es la tierra. Es el planeta físico. Es la mayor tierra. Pero el mundo es diferente. La palabra mundo, en la Biblia, es la palabra kosmos. Así que al leer tú la Biblia debes ser muy cuidadoso. Cuando tú lees estas dos palabras: Mundo y Tierra. Hay una diferencia. ¿Qué significa la palabra Kosmos? 1.- Significa poderes de autoridades. 2.- sistemas que controlan. 3.- Sistemas de control. 4.- Pilares o columnas de influencia.
24.- Ahora te Doy la Más Importante…
…porque es de la que de alguna manera, depende la vida de la gente. Mundo en la tierra, Kosmos en la tierra, significa influencia de gobierno. Así que la palabra Mundo, Kosmos, significa, Sistema de gobierno. La tierra, entonces, es el planeta. Pero el mundo, entonces, es el sistema que produce influencia en el planeta. No hay nada malo con la tierra. ¡La tierra es inocente! La tierra es perfecta. ¿Qué anda mal con la tierra? El mundo. No hay miseria en la tierra. ¿Dónde está la miseria, entonces? En los sistemas del hombre. No hay criminalidad en la tierra. Las plantas jamás atacarán a los animales. Los árboles, jamás atacarán a los océanos.
Entonces, ¿De dónde viene el crimen? De los sistemas del hombre. El mundo. Dios creó a la tierra para ser regida por el cielo. Nunca fue la intención de Dios que la tierra fuese regida o gobernada por la tierra. Dios creó la tierra para ser regida por el Reino de los Cielos. Dios quiso regir o gobernar lo visto, desde lo no visto. Él quiso regir lo natural, desde lo no natural. Su plan fue dominar lo visible, desde lo invisible. El Reino de Dios, es invisible. Y es más real que la tierra. ¿Por qué? Porque la tierra fue creada por el Cielo. Y la tierra necesita, el mundo del Cielo.
El Cielo necesita que la tierra funcione. Sin el Cielo, la tierra no tiene propósito. Y el primer país que existió, no fue sobre la tierra. Escucha con cuidado. El primer país que haya existido, fue un país llamado El Cielo. El Cielo es un país. Es invisible. Es sobrenatural. Pero es más real que la tierra. Y el país del cielo, produjo la tierra. Por eso es que el cielo es más real que la tierra. ¿Por qué creó los cielos a la tierra? ¿Por qué el Reino de Dios creó la tierra? Tengo la respuesta. La tierra fue creada para ser una colonia del cielo. El Reino de los Cielos, es el primer Reino que haya existido.
Pero el Reino de los Cielos, es invisible. Es espiritual. La tierra es física. Lo visible es temporal. Más lo invisible, es eterno. Lo visible fue creado por lo invisible. Lo visible fue creado y fue diseñado para ser regido por lo invisible. Lo natural fue creado para ser gobernado por lo sobrenatural. El cielo fue creado para gobernar la tierra. Esto es básico, fundamental. Nunca fue la intención de Dios que la tierra estuviese sola. Nunca fue intención de Dios que la tierra fuese gobernada por un gobierno terrenal. ¿Por qué creó Dios la Tierra? Busca en tu Biblia, en Isaías capítulo 45 y mira el verso 18. Allí nos dice Dios por qué creó la tierra.
Dice: Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro. Él no creó la tierra para que estuviese vacía. Él la formó para que estuviese habitada. ¿De qué estamos hablando? ¡Estamos hablando de gobierno! Dios dijo: Yo hice los cielos; ese es mi territorio. Ese es mi país. Ahí es donde vivo. Es invisible, es sobrenatural, es perfecto, es poderoso, todo está en orden. No hay crimen, no hay depresión, no hay pecado, no hay enfermedad, no hay dolencia, no hay temor, no hay guerra. ¡Cielo! Es donde vivo.
Los cielos. El cielo es mi país, así que yo soy el Rey del Cielo. Así que el Cielo es el Reino de Dios. Y Dios decidió: Voy a crear un planeta, y lo formaré. No para que esté vacío. La Tierra, es el único planeta, dice Dios, que sería habitado. Así que el hombre, que anda enviando cohetes y naves espaciales por todo el espacio, están buscando vida. Viajan a la Luna, a Marte, a Venus, a Júpiter buscando vida. Y siempre regresan con el mismo reporte: no hay señales de vida. ¿Por qué? Porque están invirtiendo millones de dólares tratando de probar que es Dios el que está equivocado.
La Tierra, dijo Dios, será habitada. ¿Por qué? La Tierra será mi colonia. Hoy vivimos bajo gobiernos democráticos y estamos acostumbrados a ellos. Pero tengo que advertirte que las democracias no colonizan. Ninguna democracia coloniza. Sólo los Reinos colonizan. Y el primer Reino que existió, es el Reino de los Cielos. Y el Rey del Cielo, dijo: quiero colonizar. Así que creó un planeta llamado La Tierra. Luego dijo: habitaré este planeta. Cuando quieres colonizar un país o un territorio, tienes que enviar allí a tus conciudadanos.
Por esa razón es que, años atrás, hubo un reino, en Europa, llamado España. Un reino poderoso. El entonces Rey Fernando, monarca de España, dijo: Quiero colonizar. Quiero extender mi reino. Y lo mismo, en alguna medida, aunque en distintas lenguas, dijeron los reyes de Gran Bretaña, de Portugal y de Francia. La gran pregunta que surge a partir de esto, entonces, es: ¿Por qué colonizan los reyes? Porque la gloria del rey es territorial. Mientras más territorio tenga un rey, más gloria tiene. Por eso es que todos los reinos, se expanden. Colonizan.
Así que los portugueses, un día, llegaron a ese hermoso territorio de lo que hoy día es Brasil. El reino de España, vino a diversos lugares de Sudamérica, entre los cuales estaba este territorio nuestro, llamado Argentina, que es el último antes de caerte en la Antártida polar. Además de Colombia, México y varios lugares más. El reino británico, en cambio, vino a lo que hoy son los Estados Unidos. Así que mi Argentina, es un resultado de la colonización. Ahora, la otra pregunta: ¿Cómo colonizaron? Miren; nunca se coloniza con las personas que ya viven en ese territorio. A Argentina no la fundaron argentinos, la fundaron españoles. Envías ciudadanos de tu propio reino para vivir en el territorio a colonizar. Así que Dios dijo: ¡Quiero colonizar la tierra! ¡Necesito ciudadanos de mi Reino, allí! Que sean iguales a mí.
Pero tuvo un problema. El problema de Dios fue que no había ninguno como Él en el Cielo para enviar a colonizar la tierra. Había ángeles, Serafines, Querubines, pero ninguno como Él. Y Dios dijo: para que yo pueda colonizar al planeta Tierra, necesito ciudadanos tales como yo. La vida ya había sido creada. Génesis capítulo 1. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Ahora Dios necesita ciudadanos. ¿Por qué? Quiere colonizar. No tiene ciudadanos. Así que Dios dice, en Génesis capítulo 1, verso 26: El planeta está listo, hay vida en el planeta, hay plantas, animales, oxígeno, todo está listo, ¡Pero ahora necesito ciudadanos!
¡Quiero que mi Reino se expanda! Verso 26. Entonces dijo Dios. hagamos al hombre a nuestra imagen y conforme a nuestra semejanza. Tal como nosotros. ¿Por qué? ¿Para qué? Para que señoree en la tierra. ¿Por qué creó Dios al hombre? No lo creó para que viva un tiempito, se tome un par de cervezas, se muera y se vaya al cielo. A los religiosos les fascina ir al cielo. ¡Aman irse al cielo! Pero la gente de Reino, ama sojuzgar la tierra. Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. Ningún ángel, en la Biblia, tiene la imagen de Dios ni tampoco su semejanza. Nosotros, ¡Ustedes que me están leyendo ahora! Son las únicas criaturas en existencia que tienen la imagen y la semejanza de Dios.
Ustedes son igualitos a su Padre, Dios. Tú no viniste de la tierra. Tú fuiste enviado a la tierra. Tal como aquel rey de España envió a miles de ciudadanos españoles a Sudamérica. Y ellos sojuzgaron, que es como decir que dominaron a Sudamérica. Así Dios te envía a ti a la tierra, a dominar la tierra. Porque tú existías antes de la tierra. La Biblia dice que tú estabas en Él, antes que empezara la tierra. Tú estabas en Él. Tú estabas dentro de Dios. Él estaba embarazado con la raza humana, antes que Él hiciera la Tierra. Tú existías antes que la Tierra. Porque la Tierra fue hecha para ti. Salmo 90. Versos 1 y 2, dice: Señor, tú nos has sido refugio De generación en generación. Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Ahora escúchame con mucho cuidado. Dios te produjo a ti, antes de haber creado la Tierra. Y creó la Tierra, para que tú la tengas. Para que Él pudiera colonizar la tierra. Con sus propios hijos, sus propios ciudadanos. Todos habitantes del Reino de los Cielos. ¿Por qué es esto importante? Porque tú y yo hemos estado buscando extraterrestres. Y el problema es que tienes a varios cerca de ti allí donde estás. ¡Porque tú no eres de la Tierra! Tu viniste a la tierra, desde el cielo. Tú estabas dentro de Dios y Dios te puso en la tierra para colonizarla, para dominarla. Para los cielos.
25.- Escucha, Por Favor…
…¿Cuál es el propósito de la colonización? Sencillo. Transferir tu cultura. Tu gobierno. Tu idioma. Tu comida. Tu forma de vestir. Tu estilo de vida. Todo eso a un territorio lejano. Colonización. Dios dijo: quiero colonizar la tierra con el Reino de los Cielos. Así que tendré unos cuantos hijos. Los llamaré hombres. Como especie, no como género. Y los pondré en el planeta. Eres un extraterrestre. No eres de aquí. Fuiste enviado acá. Para hacer que la tierra sea exactamente como es el Cielo. Permíteme ahora darte diez componentes de lo que es un Reino. Anótalos, porque esta es tu tarea. La mía la estoy cumpliendo ahora.
Así es como tú traes el gobierno de Dios a tu país. 1.- Todos los reinos tienen territorio. 2.- Lenguaje. 3.- Leyes. 4.- Símbolos. 5.- Constitución. 6.- Códigos morales. 7.- Valores compartidos. 8.- Costumbres. 9.- Normas sociales. 10.- Cultura. Cada país consiste en estas diez cosas. De manera que, si tú quieres definir un país, primero debes reconocerlo como un territorio. El cielo tiene territorio. Se llama el cielo. El cielo tiene un idioma, se llama lenguas. Si tengo el don de lenguas, salvo que haya alguien con el don de interpretación, no me puedes entender. ¿Por qué? Porque es el lenguaje nativo.
Cuando el hombre cayó, perdió su idioma. Perdió su tierra. Perdió sus leyes, su constitución, perdió sus valores, sus códigos morales. Perdió todos sus valores sociales. Perdió su cultura. El Reino de Dios no es una religión. Es un país. Tiene un rey, tiene territorio, tiene leyes, tiene una constitución, tiene una cultura. Dónde el Reino colonice, se habla el mismo idioma, se come la misma comida, de la misma cultura. Por eso a quien lo cree, lo acepta y se lo pide, Dios le da el don de lenguas. ¡Forma parte de la colonización, eso! Pero no todos lo creen, no todos lo aceptan y muy pocos lo piden. Ese es el hombre por fuera del Reino.
Y esto es lo mismo que nos sucede aquí en Sudamérica o incluso en Norteamérica. No necesitas decirme de dónde eres. Cuando te oiga hablar y escuche en qué idioma lo haces, sabré de qué reino eres consecuencia. Mis antepasados, puedes darte cuenta por mi apellido, vinieron de España. Yo nací hace muchos años en Argentina, igual que mis padres y abuelos, pero hablo el idioma de aquellos parientes lejanos que vinieron de lo que aquí solíamos llamar “La Madre Patria”, España. Soy un producto de aquella colonización. Así que Jesús dijo: Id por todo el mundo, predicad el evangelio del Reino y todo aquel que creyere, será salvo. Hablarán nuevas lenguas.
¿Y por qué nuevas lenguas? Porque cuando vuelves al Reino de los Cielos, recibes al Espíritu Santo, y Él te devuelve tu idioma original. Por eso es que, al hablar yo en lenguas, no necesitas preguntarme de donde soy. Cuando hablas en lenguas, tú dejas expuesto el país de donde eres. Si ahora me pusiera a hablar en lenguas, salvo que exista alguien que tenga el don de interpretarlas, ninguno de ustedes sabría lo que estoy diciendo. ¿Sabes por qué? Porque ustedes (Y yo también, obvio) hablamos normalmente en un idioma foráneo llamado español, o el que sea de acuerdo al país donde resides.
Pero si tomo como base al español, debo decir que es un idioma nuevo para el cielo. Porque tu idioma original, son las lenguas. Por eso Pablo dijo: le doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos ustedes. Porque cuando hablo en lenguas, mi mente queda sin fruto. Pero le hablo directo a Dios. Y el me entiende al toque, mucho antes que yo mismo sepa de qué estoy hablando. Y ahora déjame ir diciendo esto. La expresión más poderosa de un país, es su cultura. ¿Y qué es cultura? Jesús dijo: cuando oren, no oren para ir al cielo. La religión dice que cuando oren, oren para irse al cielo. Jesús dijo: cuando oréis, no oréis para ir al cielo.
Es por eso que, a veces, tus oraciones no tienen respuesta. ¡Señor! ¡Ya no aguanto más todo lo que está pasando aquí! ¡Por favor! ¡Sácame de aquí y llévame contigo al cielo! ¿Te suena conocida esa oración? Es la oración de todos los religiosos. Hinduismo, budismo, islam y cristianismo. ¡Esa no es la oración de Jesús! Los discípulos se acercaron a Jesús. Ellos eran religiosos. Dijeron: Maestro, enséñanos a orar. Y enséñanos por qué hay que orar. ¿Por qué cosas debemos orar? Jesús dijo: Está bien, les enseñaré. He aquí como deben orar.
Padre nuestro. ¿Padre? Nuestro padre. Primero dijo: nunca vengas a orar nada más que por ti mismo. ¿Sabes cómo ora la mayoría? ¡Padre MIO! ¡Tengo problemas! YO necesito MI sanidad y que ME arregles todos MIS desaguisados. ¡No ores así! Dijo Él. Padre Nuestro. Cuando entres a orar, trae a toda la comunidad que conoces contigo. Lo otro es tan incorrecto como los movimientos carismáticos o de la prosperidad. Oran por bendiciones privadas. Oran por prosperidad personal. En el Reino, no oras por ti mismo. Oras para que todos prosperen. Que todos crean, que todos sean bendecidos. Cuando oréis, orad así: Padre Nuestro.
Padre. Es una palabra hebrea que se pronuncia Abba. ¿Sabes lo que significa? Fuente. ¿Y quieres algo más impactante, todavía? Abba no es una persona, es una función. Dios es tu fuente. Padre Nuestro. Que estás en los cielos. No en la tierra. Él está en su país. Él está en nuestro país de origen. Santo es tu nombre. Venga a nos tu Reino. Hágase tu voluntad. Venga a nos (A nosotros) tu Reino. Él dice: oren, no para irse al cielo ustedes, sino para que venga su Reino y se haga su voluntad. ¿Dónde? En la tierra, así como se hace en los cielos. Él dijo: oren, para que lo que está sucediendo en los cielos, comience a suceder aquí también en la tierra.
Venga a nos tu Reino. Venga a nos tus leyes. Venga a nos tu idioma. Venga a nos tu constitución. Venga a nos tus valores morales. Venga a nos tus normas sociales. Venga a nos tu cultura. En la tierra, así como es en el cielo. En el cielo no hay enfermedad, no hay dolencia, no hay pecado, no hay hogares rotos, no hay depresión, no hay crisis económica, no hay miseria, no hay temor. A la tierra. Por eso es que Jesús nunca predicó sanidad. Por eso es que Jesús nunca predicó prosperidad. Por esta razón es que Jesús nunca predicó liberación. ¡Él simplemente sanó, prosperó y liberó!
Si. tú tienes hambre y yo te doy una manzana, tú te la comes, pero dentro de un rato vuelves a tener hambre. Pero si yo te doy un manzano, o sea: una planta llena de manzanas, eso es otra cosa. Pedirle a Dios sanidad, es pedirle UNA manzana. Pedirle a Dios que venga a nosotros su cultura, es salud. Pedirle a Dios dinero, es una manzana. Pedirle a Dios que venga la cultura del cielo, es riqueza. Jesús nunca sanó y luego predicó el Reino. Primero predicó el Reino, y luego sanó. Eso significa Poder. Si el Reino de Dios ha vuelto a la tierra, entonces la cultura del Reino volvió a la tierra, y en esa cultura, no hay enfermedad. Eso significa que un milagro, es una sencilla evidencia de que la cultura está presente.
Ya fue dicho y enseñado: Dios creó una especie llamada Hombre. La palabra hombre, en ese verso, es plural. Eso significa que Dios no estaba haciendo una sola persona, estaba creando toda una especie. Hombre. Y decidió crearla a Su imagen. Y la palabra imagen, no significa verse igual, sino que significa tener el mismo carácter. Características. La misma naturaleza. Eso quiere decir que todo lo que Dios posee, esta criatura creada lo poseerá. Dios tomó partes de Él mismo para crearlo. Eso significa que lo que hay en Dios, está en nosotros. Misma naturaleza, características. Y luego dijo que sería a Su semejanza. Y semejanza no quiere decir que nos parecemos a Dios. La palabra del original da a entender que funcionará como Dios.
Así que tenemos la naturaleza de Dios, el carácter de Dios, sus características y funcionamos al igual que Dios. ¿Por qué? Porque de Dios salimos. ¿Cómo funciona Dios? Él funciona por fe. ¿Y qué es fe? Fe es creer algo que no estás viendo, hasta que lo veas manifestarse. Tú fuiste diseñado para vivir por fe. Cuando tú no funcionas en fe, funcionas en temor. Y la biblia dice que en Dios no hay ningún temor. Así que, al temer, estas luchando en contra de tu propia naturaleza. Luego dijo Dios: ¿Para qué he creado esta especie llamada Hombre? Y esta es la gran pregunta. ¿Por qué Dios te creó a ti? No tienes que preguntarte el por qué. Él nos dice por qué.
26.- Aquí es Donde la Religión…
…te juega una mala pasada. Porque si le preguntas a un religioso por qué cree que fue creado, te va a responder lo que medio mundo religioso suele responder: “¡Para adorar a Dios!” ¡Eso no es lo que Dios dice! Suena bonito, pero no es verdad. ¿Por qué Dios te creó a ti? Leamos lo que dice: Y señoree, (O sea que tenga dominio) sobre los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. ¡Aquí te está diciendo por qué te creó! ¡Para tener dominio, multiplicación, procreación, autoridad y gobierno sobre la tierra!
Entonces, si tú quieres saber por qué y para qué existes, vas a tener que descubrir qué cosa es dominio. Si tú no sabes qué es dominio, no vas a poder saber por qué fuiste creado. Ahí te lo explico. En el Antiguo Testamento y en este verso, te daré la palabra original usada por Dios. Señorear, en hebreo, es Rada. O sea que lo que Dios dijo, es que el hombre tenga rada. ¿Y qué es rada? Te la daré en español. La palabra rada, es en español, la palabra Reino. Que tengan Reino, eso dijo. Que también significa, Gobierno Soberano.
Y te diré algo. El gobierno de Argentina, no es un gobierno soberano. Porque sólo un Reino tiene un gobierno soberano. ¿Dónde está la diferencia? En que una democracia, es un gobierno del pueblo, eso significa el término griego demos-cracia. Pero en un reino, no hay democracia alguna. Es el gobierno del rey. Eso quiere decir que en democracia, el pueblo es soberano. El pueblo hace las leyes. Pero en un reino, el rey es soberano. Y el rey hace las leyes. Muy diferente. Así que Dios dice que el hombre tenga rada, Reino, gobierno soberano sobre la tierra.
Ahora míralo desde esta óptica. Dios te hizo a ti, un rey. Pero, atención, porque un rey no puede ser rey sin territorio. No se puede ser un rey de la nada. Dios es llamado el Rey del Cielo, ¿Verdad? O sea que el cielo es un lugar real, de realeza. Es un territorio, es invisible, es sobrenatural, pero es real. Y Él es el Rey del Cielo, por eso es que el suyo es llamado el Reino de los Cielos. Luego, Dios tuvo hijos. Y los llamó Hombre. Y seguramente tienes alguno allí cerca para saludar como parte de tu familia real. Tengo un principio de Reino para darte. Bien importante.
Cuando leo la Biblia, trato de leerla desde la óptica de un Reino, no desde una democracia. Jesús no es un presidente ni tampoco un primer ministro. Jesús, Jesucristo, ¡Es Rey! Y Jesús no tiene democracia. Jesús tiene un Reino. Y un Reino no es una religión, es un país. Así que cuando leo la Biblia, veo que la Biblia trata acerca de un Rey. Y de un Reino. Y de una familia real. No de una democracia. No tratamos a Jesús como a un presidente. A Jesús no hay que votarlo para que acceda a gobierno y autoridad. Un Rey nace como rey.
Y algo tan importante como esto. Cuando un rey tiene hijos, se les llama príncipes o princesas. ¿Sabes por qué un rey llama príncipe o princesa a un hijo o hija? Príncipe, en hebreo, significa primero. Así que cuando un rey tiene un hijo, es llamado Primero. Suena medio extraño, ¿Verdad? ¿Y qué quiere decir esto? Que es primero o primera en línea para el trono. El primero en la línea para asumir el trono. ¿Y cuándo un príncipe llega a ser rey? Al momento en que el rey muere. Ahora tenemos un problema. Dios es rey, y tiene hijos que son príncipes. Pero no pueden llegar a ser reyes si Dios no se muere. ¡¡Y Dios no se morirá nunca porque es eterno!
Entonces nos encontramos con otro principio. He aquí como es que operan los reinos. Si un rey quiere que su hijo llegue a ser rey mientras él está con vida, tiene una sola manera: tiene que remover al hijo de su territorio y ponerlo en un territorio distante. Y al estar en el territorio distante, puede llegar a ser rey sobre ese territorio distante. Entonces ahora, el rey se encuentra con que, siendo todavía rey en su territorio, en otro territorio también tendrá un hijo que sea rey. Mientras ese hijo se mantenga alejado del territorio del rey, puede ser rey.
Y entonces Dios, que es un Dios tan bueno, dice que quiere que sus hijos sean reyes tal como lo es Él. Pero como el cielo es su territorio, tiene que sacarlos de allí. ¡Fuera del cielo! Así que ahora ha creado un planeta llamado Tierra y allí los enviará, para que sean reyes de esa tierra. Y así Dios no sólo será el rey del cielo, sino también será el Rey de reyes y Señor de señores. Él en los cielos, nosotros sus hijos reinando en la tierra. Esta es la razón por la cual Dios se llama a sí mismo Rey de reyes y Señor de señores. Y que ellos señoreen, rada, dominio, Reino. Gobierno sobre la tierra, no el cielo.
Sólo un problema. Esto pasa. Alguien dio un ejemplo muy claro respecto a esto. El rey de Portugal no permitía que ninguno de sus hijos fuera rey porque él todavía estaba con vida. Pero ellos querían ser reyes. Entonces envió a uno de sus hijos a Sudamérica, concretamente a lo que hoy es Brasil. Y allí fue rey. Y su padre, allá en Portugal, era llamado rey de reyes. El único problema que tenía ese hijo suyo era que, cuando volvía a Portugal de paseo, ni bien llegaba allí, volvía a ser príncipe, porque el Rey allí era su padre. Eso quiere decir que en Sudamérica ese joven tenía poder, autoridad, control, era rey. Pero cuando viajaba a Portugal abandonaba todo eso y estaba sometido a su padre, el único rey válido en ese lugar.
Dios dijo: que señoreen, que tengan dominio, poder, autoridad, gobierno, sobre la tierra. Así que, cuando vayas al cielo, no tienes poder. Hay dos títulos que Dios te da. Reyes y príncipes en la tierra. Eso está en Apocalipsis. ¿Y eso qué quiere decir? Que, si estás en la tierra, eres un rey, pero si estás en el cielo, eres un príncipe. ¿Qué prefieres, sumisión o poder? Jesús dijo: Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del mal. Muchos cristianos, hoy, aquí y ahora, están orando al revés. Están tan abrumados por todo lo malo que ven en derredor que piden a Dios que se los lleve de aquí.
Mi pregunta, es: ¿Cuál de estas dos oraciones será respondida por el Padre, la de Jesús o la de esos cristianos? Basta. Déjate de hacer planes para irte de esta tierra, mejor haz esos planes para cambiar esta tierra. El Reino de Dios es la entrada del gobierno de Dios en la tierra. Así que su plan fue extender el cielo a la tierra. Colonizar a la tierra con el cielo. Llenar la tierra con la gloria del cielo. Eso dice el salmo 115:16: Los cielos son los cielos de Jehová; Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres. Dios dijo: el cielo es mi territorio. La tierra, es territorio de los hombres.
¿Cuándo vino el Reino de Dios a la tierra? Jesús nos dice cuando vino. Mateo 25.:34: Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. No es una mansión. No es ropa de primeras marcas. No son autos de última generación. ¿Qué dice Jesús que has heredado desde la fundación del mundo? ¡El Reino! Y nota esto; no usó la palabra tierra. Usó la palabra mundo. Sistema. Cuando Dios puso a Adán en el jardín, el Reino estaba allí. Luego, en el tercer capítulo de Génesis, lo perdimos. ¿Cómo?
Con una declaración de Independencia. La colonia, declaró su independencia del Reino. Adán le dijo a Dios: “Quiero ser independiente”. Y eso es, exactamente, lo que todas las colonias hicieron en Sudamérica. 9 de julio de 1816, Argentina declara su independencia del reino de España. Hasta hubo enfrentamientos armados, guerras por esa causa. ¿Sabes tú como se le llama a eso en idioma real? Rebelión. ¿Sabes tú lo que significa esta palabra, rebelión, en el hebreo? Pecado. Dios, entonces dijo: Adán, has pecado contra mí. Pecado. Rebelión. La pregunta, entonces, es: ¿Qué es lo que está al revés? ¿Es el amor a la independencia en la tierra o a la dependencia en el Reino?
Cuando la colonia hace su declaración de independencia del Reino, se le llama rebelión. Eso es lo que le hizo lo que hoy es Argentina, a España en 1816. Cuando se independizó, entonces creó su propio gobierno. Reitero para que se entienda: cuando tú resuelves independizarte del Reino, creas tu propio gobierno. Adán le dijo a Dios: “Ya no te quiero más para gobernar sobre mí”. Pecado. Así que, de allí en más, la tierra desarrolló un nuevo sistema de gobierno. Creado por el hombre. Y el primer acto del nuevo gobierno, fue violencia doméstica.
El esposo atacó a su esposa. Y la culpó a ella por lo que él había hecho. Y eso mismo sigue sucediendo hoy en muchísimos lugares, incluida mi Argentina. Cuando un hombre comete adulterio, culpa a la esposa. Cuando un hombre no puede pagar las cuentas, culpa a la esposa. Cuando un hombre no puede proveer para sus hijos, culpa a la esposa. Adán; violencia doméstica. El segundo acto de aquel nuevo gobierno, crimen de hermano contra hermano. Nuevo gobierno; un hermano asesino a su propio hermano. Caín a Abel. ¿En cuantos lugares de Latinoamérica se están matando entre hermanos por causa de supuestas ideologías que, en realidad, todos sabemos, esconden otros intereses?
Cuando el hombre se gobierna a sí mismo, se destruye a sí mismo. Así que Dios dijo: todos ustedes se han ido como ovejas. Cada uno por su propio camino. Independencia. Hay camino que al hombre le parece derecho en su propia opinión, pero su fin es camino de muerte. Su fin es destrucción. Eso porque, al pecar Adán y romper su relación con el cielo, Dios hizo una promesa. En el capítulo 3 de Génesis, Dios no entró en pánico. Tenía un plan. Dios le dijo a Adán: ¿Dónde estás tú? ¿Qué pasó? ¿Por qué te independizaste del cielo? Y Adán dijo: ¡Esta mujer que me diste, fue la causante de todo!
Y la mujer dijo: ¡El diablo! ¡La serpiente! Ahí fue cuando la serpiente miró para un costado y no encontró a nadie más a quien culpar. Y luego Dios hizo una promesa. Dios le habló al diablo. Y le dijo: Satanás; te hago una promesa. La misma mujer que tú usaste para destruir mi colonia, yo la usaré para mi gloria. Entraré al vientre de ella y vendré al planeta tierra, legalmente y te pisotearé la cabeza, legalmente. Y voy a retomar la autoridad y el gobierno, y se lo voy a devolver a los hijos. Cuatro mil años después, llegó un ángel a una mujer y le dijo: María, necesito prestado tu vientre.
Necesito que incubes un cuerpo para mí. Isaías dice: Porque un hijo nos es dado, un niño nos es nacido. El niño, es el cuerpo, el hijo es el Espíritu. El niño es Jesús, pero el Hijo es el Mesías. El niño es el humano, pero el hijo es Cristo. Isaías 9:6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. No dice que viene como una religión. Tampoco que viene como UN gobierno, sino que dice que viene EL gobierno.
¿Por qué es tan importante esto último? Porque Dios siempre tiene un solo gobierno. El que perdió Adán. Y cuando el Mesías llega, trae con Él el gobierno que Adán perdió. Y concluye el verso 7: Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. De lo dilatado de su gobierno, no habrá fin. Y Él reinará, sobre el trono de David y, sobre su Reino, sosteniéndolo con justicia. ¡Es la promesa! ¡Justicia!
27.- Cuatro Mil Años Después…
…aquí viene Jesús. Su primo, Juan el Bautista, que le dice: He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, no de la tierra. Del sistema. No le dice LOS pecados, le dice EL pecado. ¿Cuál pecado? Rebelión. Él viene para destruir la rebelión y volver a unir el cielo con la tierra. Mateo 3:1-2: En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 4:17; Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
Jesús dijo: han esperado durante cuatro mil años. Antes de venir, yo envié profetas, jueces, patriarcas, y ninguno pudo hacer el trabajo. Así que he descendido a la tierra por mí mismo. Y he venido para restaurar mi colonia hacia el Reino de los Cielos. Porque la colonia ha sido salvada. El gobierno está otra vez en la tierra. Por eso es la gran pregunta que nos resta: ¿Qué fue lo que Jesús vino a restaurar? ¿Por qué Él siempre habló de Reino y no de religión? De hecho, eso te tiene que dejar como alguien que vino aquí para gobernar, no para sobrevivir. Estás aquí nada menos que como un embajador del cielo.
Han llegado a decirme que predicar sobre el Reino, hoy, es estar a la moda, porque es lo que se usa en la iglesia. ¿Ah, sí? ¿Quién inventó esa barbaridad? Hace veintitrés años que, de una u otra manera, con menor o mayor volumen de conocimiento, estoy predicando sobre el Reino porque eso fue exactamente lo que hizo Jesús durante su ministerio en la tierra. Y si voy a imitar a alguien que admiro y amo, no será a ningún hombre por brillante que sea, será a Jesús. Y eso es lo que trato de hacer cada día, es mi trabajo, es mi visión y es mi misión. Que se entienda, no se entienda, agrade o no agrade, es problema de otros, no mío. Yo tengo claro lo que debo decir y vivir.
¿Y sabes qué? A mí nadie me predicó el Reino cuando me convertí. Me hablaban de la fe, de la sanidad, de la familia, del amor y de todo eso que la religión tiene altas credenciales para hablar, incluido liberación, ya cuando eres un poco más maduro. Pero del Reino, nadie. No te digo poco o escaso: te digo NADIE. Por mi antigua profesión pude entrevistar a famosos teólogos y ellos me confesaron que no existía seminario ni universidad teológica que enseñara sobre el Reino. Increíble. Tanto como que tampoco hay ninguna enseñanza sistemática respecto a la revelación del Espíritu Santo. ¡No puede haberla! Hasta que un día, allá por los años noventa, apareció alguien hablando del Reino. Fue novedad, impacto y guía.
Y fue revelación. Revelación es darte cuenta un día que estás en este planeta como embajador del Reino de los Cielos. Si soy embajador, solamente respondo ante mi autoridad territorial. Un rey es alguien que tiene dominio sobre un territorio. Hay que aclarar, aunque no creo que haya alguien que no lo sepa, que un Reino no tiene nada que ver con una democracia. Es más; un reino es algo opuesto a una democracia. Un reino no es una república. Y Jesús vino predicando un reino, no una república ni una democracia. En una democracia, con tu voto, eliges a tu líder. En un reino, es el líder quien elige a sus ciudadanos.
En una democracia, su constitución, (Todos los países la tienen), es el resultado de los pensamientos del pueblo. En un reino, en cambio, es la palabra del rey la que se convierte en su constitución. En una democracia, el pueblo crea la ley, por eso pueden cambiarla. En un reino, la palabra del rey define la ley, y nadie puede cambiarla. En un reino, la autoridad no está en un gabinete ministerial, está en una persona. En democracia, un referéndum puede cambiar una ley. En un reino, el rey define la ley y nadie puede cambiarlo. Por eso Dios dice en mi biblia que su palabra permanece para siempre. Puedes consensuar o disentir con todo esto. Lo que no puedes es modificarlo. Sólo el Rey lo puede hacer. Y hasta hoy, no lo ha hecho.
Hoy vemos que la religión, matices más o menos, se ha convertido en una democracia. No es esto lo que Jesús quería. De hecho, el cristianismo se ha convertido desde hace mucho tiempo en una religión. Y es más que claro y notorio, desde los propios hechos, que eso jamás estuvo pensado así. Cuando un rey dice algo, ese algo no puede ser cambiado. Si Jesús dijo que la fornicación es un pecado, tú como iglesia no puedes votar para cambiar ese decreto, no tienes autoridad alguna para hacerlo. La palabra de Dios dice que la homosexualidad es abominación. No puedes juntar a setenta líderes y votar en contra de eso. Será democrático, pero no es propio de Reino. ¿Puedes entenderlo así, a primera instancia, o necesitarás un enorme tiempo de reflexión para entenderlo, que fue lo que me sucedió a mí?
El que cambia las leyes del Reino es un cristianismo convertido en una institución religiosa. Y hasta se pueden dar el lujo de aclarar que lo hacen porque Dios no está actualizado y lo que dice en su Palabra ya quedó anticuado. Que no está al tanto de todos los cambios que están ocurriendo en la sociedad. Es como decir que, porque en nuestra sociedad tenemos problemas culturales, o problemas emocionales, u hormonales, entonces lo correcto es actualizar nuestras biblias, ya que como están escritas, desentonan con todos los cambios modernos. Y es como si un grupo de teólogos se reunieran con Dios y le dijeran que no están de acuerdo con lo que Él dijo hace dos mil años y van a proceder a modificarlo. Lo hemos sometido a votación y una mayoría decidió el cambio. Es lo que nos exige nuestra gente y a ellos nos debemos.
Dale, de acuerdo, no tengo dudas que como quiera que lo mires, esos teólogos están diciéndole a Dios una verdad, pero eso no es un Reino, eso es una absoluta manipulación ejercida por hombres que han hecho de ella, su metodología cotidiana de operaciones. Así que no tenemos que enojarnos ni atacar o injuriar a liderazgos que construyen iglesias de las más distintas modalidades. Ellas funcionan dentro de una religión llamada cristianismo, pero no tienen absolutamente nada que ver con el Reino de los Cielos. El problema más grande de los hijos de Dios en la tierra, hoy, es como se ha perdido y bastardeado el concepto de Reino.
Fíjate que toda civilización y todo reino que surgió desde la caída de Adán, nunca tuvo el prototipo del Reino de los Cielos en su interior. Todo gobierno, desde la caída de Adán, nunca tuvo el programa que Dios había planeado para el hombre. Y te doy un ejemplo. Cada vez que los Asirios, los Babilonios, los griegos o los Caldeos y todos los demás reinos que siguieron tras la caída de Adán, invadían un territorio, sometían a la gente, luego los desarraigaban y se los llevaban a sus países para convertirlos en esclavos. Ese era el estilo de guerra y el estilo de los reinos humanos. Todos los reinos hicieron esto, con excepción del Imperio Romano.
El Imperio Romano fue el primer reino que, cuando sometía a un pueblo, nunca se llevaba a la gente de su país. Los dejaban en sus tierras, pero enviaban a un gobernador desde Roma a ese lugar, para que trabajara logrando que ese país fuera como Roma. Pilatos era eso. Por eso fue que el Imperio Romano se convirtió en el imperio más exitoso de la historia. Porque su sistema de gobierno era una imitación al del Reino de Dios. Mantenían su sede en Italia, en Roma, y enviaban a sus gobernadores a todos los territorios, para hacer que esos territorios fueran como Roma. Y lo consiguieron. Entrabas a ciertos territorios dominados por los romanos, y era como si entraras en Roma. España, Inglaterra, fueron reinos que procedieron de la misma manera. Imitaciones humanas de algo divino.
Entonces nos encontramos con la escritura que dice que, en la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo. De hecho, la plenitud del tiempo, no significa un tiempo en un reloj, significa establecer. Todo está colocado en su lugar. Así que lo que Dios vio, fue un prototipo del Reino de los Cielos en la tierra, donde tienes a un rey gobernando en la tierra a través de gobernadores, no elevando al pueblo. El Imperio Romano se construyó sobre ese concepto. Lo que fuera que se manifestaba en Roma, debía manifestarse en cada lugar donde ellos gobernaban. Y así gobernaron el mundo entero por doscientos años. Era un sistema perverso, pero les funcionó porque era una imitación del sistema de Dios.
La intención de Dios no era realmente venir a la tierra. Su intención era que lo que sucediera en el cielo, sucediera en la tierra. Él quería colonizar la tierra como el cielo a través de sus hijos. Es decir que, lo que sea que sea el reino que coloniza, esa colonia se convierte en un calco del reino padre. Cuando le preguntaron a Jesús como debíamos orar, Él respondió: oren así: Padre nuestro que NO estás en la tierra, santo es tu nombre. Venga tu reino y hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo. Un reino no es una religión, un reino es la influencia de un rey sobre un territorio, interactuando con su voluntad, su intención, su propósito.
Por eso es que hoy hay tanta impotencia en la iglesia. En muchos casos, por el simple hecho de ser miembros de una religión cristiana, nos volvemos soberbios. ¿Recuerdas a quien puso como modelo de fe, Jesús, cuando estuvo en la tierra? No fue a un israelita, precisamente. Era un hombre que representaba a un reino, un romano. Porque un reino no es una religión. Este centurión que Jesús conoció, tenía un problema. Y vino a Jesús, no porque fuera un hombre religioso. Vino a Cristo, porque sabía que era un hombre de Reino.
Por eso le dijo que no era necesario que fuera a su casa, porque en los reinos, de la misma manera que su Pilato tenía el pulgar de César, podía dar la vida o podía quitarla, porque cuando representas a un reino, la autoridad de ese rey se distribuye a través de sus siervos. Así es que no necesitas ir a la sede central para que las cosas se hagan. Conque digas la palabra, conque des la orden, mi siervo estará sano. Eso dijo el centurión que impactó a Jesús, que lo colocó como modelo de una fe que sus paisanos todavía no evidenciaban poseer.
Para ser sanado o liberado, no necesitas ir al Cielo a entrevistarte con Dios. Eres un embajador del cielo en la tierra. Y un embajador no es una persona religiosa. El de embajador es un nombramiento político. Todos ustedes que me leen hoy, son embajadores de Cristo. La Biblia, que es la constitución del Reino de los Cielos, dice eso, que somos embajadores de Cristo. Eso significa que hemos sido nombrados por el gobierno del cielo, para representar al Reino de los Cielos en la tierra.
Un embajador no es una persona, un embajador es la encarnación de un país. El no lleva consigo a un país, el ES el país. Y esto es muy importante conocerlo, porque te ayuda a ver cuan grande es tu poder. Si eres un legislador o un ministro de un país, no eres tan grande. Un embajador es más grande que tú. Yo elegiría ser embajador, si se me permitiera. Porque cuando nombras a un embajador, conviertes a esa persona en un país andante. Tomas control total de sus vidas. Un embajador no paga ninguna factura. En el momento en el que un gobierno te nombra embajador, se hace responsable de tu comida, ropa, transporte, autos, casas y hasta la matrícula del colegio de tus hijos.
Dicho de otro modo, tu vida se convierte en propiedad del gobierno. ¿Recuerdas cuando Jesús dijo por qué nos preocupábamos por lo que íbamos a comer o a vestir? De eso hablaba. La última. Si soy un ciudadano de un país y alguien me da una bofetada, eso se considera como una agresión o un insulto. Pero si soy embajador de ese país y alguien me da una bofetada, eso se entiende como un incidente internacional. ¿Te das cuenta lo que es ser un embajador del Reino de los Cielos en la tierra? Eso soy. Eso eres. Eso somos. ¿Has podido entenderlo? ¿Fui lo suficientemente claro como para mostrarte que estamos queriendo enseñar cuando decimos que esto es el Reino? Ahora debo mostrarte lo que es un Rey.
28.- No Me Gusta Del Todo…
…la palabra éxito, porque está sumamente bastardeada por la cultura secular que hay allí afuera de nuestros límites espirituales. Sin embargo, no encuentro a otra que defina con más claridad, según nuestras costumbres, de lo que podría significar un trabajo ministerial de impacto: éxito. Eso. ¿Y sabes qué? Cualquier forma de éxito dentro de lo que es nuestro camino o ambiente de fe, tiene una clave. Y a eso es a lo que voy, a referirme en este trabajo que comienza ahora. La clave del éxito dentro del Reino.
Jesús habló acerca de las llaves del Reino. Y una de las claves principales para vivir en el Reino, es someterse a la autoridad. La llave más importante del Reino, es entender a someterse a la autoridad. La palabra autoridad trae un temor en los oídos de la mayoría de la gente. Pero tú no puedes vivir en un Reino, a menos que entiendas el principio de la autoridad. Y lo más importante que a la iglesia le falta hoy en día, es la sumisión a la autoridad. Por eso es que la iglesia es tan débil y hay tanto pecado en ella.
Eso es porque la mayor parte de su gente no entiende autoridad. Para vivir en un Reino, tú tienes primero que entender cómo es que los reinos funcionan. Veamos: ¿Cuál es el mensaje de la Biblia? Después de muchísimo tiempo de leerlo y estudiarlo, podríamos llegar a la conclusión de que este maravilloso libro se trata de siete cosas. 1.- El Rey. Se trata acerca de un Rey. Esto quizás te suene sencillo, pero la realidad es que es muy importante para nosotros, porque vivimos en una democracia. Y nosotros cometemos el error de imponer nuestro pensamiento democrático sobre la Biblia.
Así que aun la palabra Rey, es muy peligrosa. Porque vivimos en una democracia, y la democracia está opuesta al Reino. Es por eso que, para una gran mayoría de nosotros, ni siquiera tiene demasiado sentido serio la palabra rey. El problema que tenemos es que la Biblia se trata del problema de un Rey. Un rey no es un presidente. No es un gobernante. No es un alcalde. No es un legislador. Los reyes son únicos y la Biblia es acerca de un Rey. Y muy pocos de nosotros sabemos lo que es un rey.
Por ejemplo: un rey no necesita que nadie le dé su voto para entrar en poder. Un rey nace como rey. Así es que, cuando Jesús nació en la carne, ustedes se acuerdan que los ángeles dijeron que en esa hora había nacido un rey, un salvador. Y recuerdo que Pilatos le preguntó a Jesús: ¿Eres tú un rey? Y Jesús le contestó: Para esta razón yo nací. Así que no eres tú el que hace a Jesús un Rey, Jesús nació como y para ser Rey. Y un rey, donde quiera que sea, está en el lado opuesto a un presidente.
En la democracia, un presidente funciona a partir de una consulta. Por eso es que tiene el Senado y el Congreso. Además de su gabinete. Y hay muchos poderes dentro de una democracia. Pero en un reino, el rey es la autoridad total. Él no tiene ni necesita ninguna consulta. Él no le pide consejo a nadie. Por eso es que la Biblia dice: ¿Quién puede aconsejar al Señor? Dios no necesita tu opinión, ni tus sugerencias, ni tus consejos. Cuando un rey habla, su palabra se convierte en ley.
Un presidente, por sí mismo, no puede hacer leyes. Cuando un presidente habla, nadie tiene la obligación de obedecer. Ningún presidente está habilitado para hacer un decreto. Puede redactarlo, pero deberá ser aprobado por el otro poder, el Legislativo. Así que tú no puedes tratar a Jesús como un presidente. ¡Él es un Rey! Cuando Él habla, lo que Él dice, viene a ser ley. Por eso es que los reyes no hablan mucho. Estoy tratando que entiendas lo que es el Reino. Así que cuando un rey habla, eso es una ley. Para hacer una ley en tu país, tienes que ir por la Corte Suprema, el Congreso o el Senado.
Pero en un reino, el rey habla y eso es ley. Por eso es que Jesús dijo: escuchaste que fue dicho, pero yo les digo ahora. ¿Y por qué esto es tan importante? Si el rey dice que la fornicación es un pecado, ninguno de nosotros puede debatir eso. Me parece que a esta altura puede haber alguno que no le agrada demasiado que yo enseñe sobre el Reino, ¿Verdad? Si un rey dice que el adulterio es pecado, nadie discute eso. Ninguno de nosotros puede votar en contra o a favor de eso. ¡Es ley!
Si un rey dice que el homosexualismo es abominación, ninguna sociedad que diga estar bajo la influencia de ese Rey puede discutir eso. Por eso es que en muchos sitios se odia a los reyes y, por contrapartida, se ama a los presidentes. Sobre todo, porque con un presidente puedes estar en desacuerdo, mientras que con un rey no puedes, eres sancionado. En la democracia, tú cooperas, pero en el reino tú no cooperas, tú obedeces. Por eso es que nos gusta tanto la religión. En la religión, cooperamos.
En un lugar del mundo, setenta obispos reunidos como parte de una enorme estructura religiosa, votó como obispo principal a un hombre homosexual. Se supone que le habrán dicho a Dios que los disculpara, pero que habían decidido votar en contra de sus propias leyes. Eso es religión. ¡En la religión, tú puedes sacar a Dios afuera de tus decisiones! Hay una realidad que es al mismo tiempo una inocultable verdad: el cristiano promedio, no está viviendo en el Reino. ¿Por qué? Porque debaten. Ellos discuten. Ellos votan por la palabra de Dios.
¿Tú sabes por qué la gente odia a Jesús? Porque Él demanda obediencia completa. Porque Él es un Rey. La Biblia se trata de un Rey. La Biblia se trata acerca de un Reino. Un Reino no es una religión. Es un país, o una patria. Si un día el Espíritu Santo te trae luz a tu entendimiento y logras entender los principios básicos que hacen a un Reino algo incomparable, recién entonces la Biblia tomará un sentido claro y nítido ante tus ojos. La Biblia no es democracia, la Biblia es un Reino.
Por eso es que hay muchos de nosotros tratando de enseñar cómo son los reinos. Repito algo fundamental: un Reino no es una religión. Y algo que es clave y que no muchos saben: la iglesia no es el Reino. Jesús mencionó la palabra eklesía una sola vez. Pero mencionó al Reino todos los días. ¿Tú sabes, realmente, lo que es la iglesia? Te lo puedo explicar. La palabra eklesía, fue inventada por los griegos, no por Jesús. Fue inventada por Aristóteles, Platón, Sócrates, los filósofos.
Estos tres filósofos son muy importantes, porque ellos inventaron la idea de la democracia. La democracia es una idea griega. No viene de la Biblia. Y el Imperio Romano adoptó la filosofía griega. Y los romanos gobernaban el mundo entero. Con filosofía griega. La filosofía griega dice que controles la gente utilizando, para ello, a un ciudadano principal. Esta es la idea griega. Lo llaman demócrata. Tú pones a un jefe principal para que te gobierne.
Es, repito, una idea griega. Así es que, tal como lo podemos ver con poco esfuerzo, toda América y gran parte del mundo están controladas por ideas griegas. Por eso es que hay un espíritu del anticristo en la democracia. Los dos nunca pueden ponerse de acuerdo. Griegos, Jesús. Los griegos desarrollaron la idea de un rey escogiendo un senado. Ese senado era un grupo de gente que el rey ponía en posición. Y él les daba sus ideas, y ellos tomaban esas ideas del rey y las convertían en una legislación
. Ese grupo de gente, eran llamados la eklesía por los griegos. Los romanos, luego, adoptaron eso. Así que César era el rey y dispuso y puso a un grupo de gente diferente. Y los llamó El Senado. Si tú estudias la historia de Roma, vas a ver que el grupo de gente más poderosa que había, era la del grupo del senado. Porque ellos eran puestos allí por el Emperador Romano. El rey. Jesús llega y entra y nace dentro del Imperio Romano, así que hay dos reyes en un mismo lugar.
Y Él se mantenía diciéndole a la gente: ¡Yo también tengo un Reino! Y los que lo escuchaban le preguntaban de qué estaba hablando. ¡No tenemos otro rey que no sea el César! Pero Él les decía que también era un Rey. Y que tenía un Reino igualmente al de César. Cada rey, necesita un senado. Y el trabajo del senado es recibir la mentalidad del rey y traducirla en forma de leyes. Así que Jesús estaba predicando: ¡El Reino de Dios está aquí! Y ellos decían ¿Dónde está?
Y le hicieron una pregunta. Y Él les dijo a los discípulos: ¿Quién dicen los hombres que Yo Soy? Ellos le dijeron que algunos decían que Él era Elías. Eso es un profeta. Otros decían que era Juan el Bautista. Ese es otro profeta. Todos estaban mal. Porque un profeta no puede tener un reino, y además porque viene para hablar de parte del rey que lo envía, en este caso de parte de Dios. Y Jesús ES Dios. Así es que nunca te atrevas a poner a la par a Mahoma con Jesús. Mahoma es un profeta, Jesús es Dios.
Así que fue a los discípulos y les preguntó: ¿Quién dicen ustedes que yo soy? Y Pedro, recibió un WhatsApp de Jesús. Y el gobierno del cielo le envió otro. Y Pedro dijo: ¡Tengo la contestación! ¡Yo sé quién eres tú! ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente! Cristo. Anótalo. La palabra Cristo, significa Rey Ungido. Mesías. Mashaia. Rey Ungido. ¿Quién dicen los hombres que yo soy? ¡Tú eres el Cristo! ¡Tú eres el Rey Ungido! ¡Tú eres el Rey!
Y Él dijo: En esa declaración, que yo soy un Rey, voy a edificar mi eklesia. Le llamamos nosotros, Iglesia. Por eso es que Él dijo: Ustedes no me escogieron a mí, ¡Yo los escogí a ustedes! El trabajo de la eklesia, es recibir la mente del Rey. Y hacerla una legislación en el territorio completo. Así que la iglesia, es una agencia del Reino. La iglesia, es la administración del Reino. La iglesia es un cuerpo político, que representa al gobierno del cielo aquí, en la tierra.
Por eso es que la Biblia te llama embajador. Un embajador no es una persona religiosa. Es uno que representa un país y un Rey. Así que tú que me estás escuchando hoy, te enteras ahora que tienes un puesto político. Por eso es que el diablo ha sido exitoso, porque ha podido reducirte a un grupo de gente religiosa. Y entonces te convenció que hay una separación entre la iglesia y el Estado cuando, de hecho, tú eres el Estado. Jesús le dijo a Pilatos que era un Rey. Y yo tengo mi eklesia.
29.- Y Jesús Añadió que Las Puertas…
…del Hades no prevalecerían contra su eklesia. Ni siquiera la muerte puede pararla. Por eso es que yo, desde este humilde rincón minúsculo, me atrevo a hablarles a los gobiernos. Y puedo hacerlo con naturalidad porque desde lo espiritual, Yo Soy Gobierno. Y para gobernar como Reino que somos, debemos permanecer dentro de los sistemas mundanos. Si eres cualquier tipo de profesional, esa es la voluntad de Dios para tu vida.
No para que vivas de manera opulenta con lo que le robas a los más débiles, sino para dar testimonio de lo que puede ser un profesional enviado del cielo. Mucha gente dice que ha decidido dejar su trabajo secular para servir mejor al Señor. Jesús nunca escogió un discípulo habiéndolo sacado de una organización religiosa. Todos eran hombres de negocios. Yo mismo pude haber tomado la posibilidad de ser un empresario de medios de comunicación y ganar buen dinero con ello, pero a mi Padre le plació que utilizara los talentos o dones recibidos para hacer esto que hoy hago.
Y Él corrió con todos los gastos para que yo no pase necesidades, aunque tampoco viva de vacaciones permanentes en el Caribe, ¿Estás entendiendo? Así que el Reino, es un país o una patria. El Reino es un gobierno. La Biblia tiene que ver con una familia real. Porque este libro se trata de un Rey que tiene hijos. Tú eres una o uno de esos hijos, y quizás alguien que está cerca de ti, ahora, también lo sea. Entonces, este documento llamado Biblia, se trata de ti.
El Reino de Dios, es el más único de toda la historia. ¿Por qué? Porque en cualquier reino, los que están por fuera del núcleo real, son llamados “súbditos”. Sub, quiere decir por abajo. En un reino, entonces, los ciudadanos se llaman súbditos. ¿Por qué? Porque no son familia del rey. No están relacionados con el rey. Pero en el Reino de Dios, todo ciudadano es un hijo de Dios y por lo tanto, es parte de la familia real y divina. Los hijos no mendigan, los hijos tienen derechos.
La Biblia se trata, incluso, como ya fue dicho, de colonización. La Biblia se trata de un Rey que expande su influencia y poder a un territorio distante. La Biblia se trata de un Reino invisible que extiende su reinado a un mundo visible. Si tú no estás entendiendo todo esto, no puedes entender la Biblia. Se trata del cielo colonizando la tierra. Cuando un reino coloniza un territorio, todo en este se convierte a lo que es ese reino. Su cultura, su comida, sus costumbres, su idioma.
La Biblia se trata del cielo colonizando la tierra. ¿Por qué? Porque Dios quería que la tierra fuera justamente como es Él. Los discípulos le hicieron a Jesús una pregunta: ¿Cómo debemos orar? Y Jesús les dijo que oraran de esta manera: Nuestra Fuente, que no está en la tierra. Nuestro gobierno, que no está en la tierra. Nuestro Padre, que no está en la tierra, que está en el país que es nuestro verdadero hogar. Santo es tu nombre, dijo. Que venga tu patria. Que tu voluntad sea hecha.
¿Dónde? Así en la tierra como se hace en el cielo. Interesante, porque la religión vive orando para irse al cielo, pero el Reino ora para que el cielo venga a la tierra. Eso es colonización. La gente religiosa, quiere irse de la tierra. La gente del Reino, quiere edificar en la tierra. A la gente religiosa le gusta el rapto. A la gente del Reino, le gusta la invasión. Jesús dijo: Padre, no los quites de este mundo. La gente religiosa ora pidiéndole a Jesús que venga rápido y se los lleve pronto. Pero Jesús ora al Padre pidiéndole que no se los lleve.
Deja de orar para irte en un rapto. La Biblia dice que te ocupes en tu salvación con temor y temblor. Ojo: no dice DE tu salvación, dice EN. ¿Soy claro? ¡Muévete! ¿Hasta cuándo? ¡Hasta que yo venga, dice Jesús! Mi pregunta diaria, es: ¿Cómo tiene que verse Argentina? Como se ve el cielo. ¿Y cómo se logra eso? Con el testimonio diario de cada uno de nosotros, los que caímos desde el cielo aquí, en esta tierra que luego aprendimos a amar como nuestra.
¿Tienes claro o no lo que Dios quiere de la tierra? ¡Exactamente! Lo mismo que sucede en el cielo. Así que lo mejor que puedes hacer de ahora en más, es estudiar el cielo. Te adelanto que en el cielo no hay enfermedad, no hay miseria, no hay divorcio, no hay depresión, no hay temor. ¡Que así sea en la tierra! Esa es la oración de Reino. ¿Crees que eso puede ser posible? Sí, ya te veo o me imagino tu rostro de duda. Sin embargo, piensa en esto: si lo que te he dicho no fuera posible, entonces Jesús dijo una mentira.
Porque Él dijo: venga tu Reino, hágase tu voluntad, aquí en la tierra, así como se hace en el cielo. A ver; lo que no está en el cielo, no debería estar en tu casa. Busca en tu Biblia a Génesis capítulo 1. Este capítulo se trata de ti. Dios te creó a ti. Génesis capítulo 1, verso 26, se trata de ti. Dice: Entonces dijo Dios; hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Dios dijo. Hagamos al hombre. Y la palabra hombre, aquí, está en plural. No se trata de una persona, sino de una especie. En nuestra imagen. La palabra imagen, aquí, significa naturaleza, carácter, característica. O sea que lo que Dios dijo, fue: Hagamos una especie que tenga nuestra naturaleza. Que tenga nuestras características. Justo igual que Dios. La palabra semejanza, mientras tanto, significa “que funciona igual”. Así que esta especie, dijo Dios, debe tener nuestro carácter nuestra naturaleza, que funcione como nosotros.
Así que tú tienes la naturaleza de Dios. Naturaleza significa que tú eres, naturalmente, como Dios. ¿Qué significa eso? Que cuando tú no actúas como Dios, tú no eres natural. Por ejemplo: Dios es amor y tú saliste de Dios. Así que tú eres amor. Así que cuando odias, te destruyes a ti mismo. Porque eso no es natural. Por eso es que la amargura te destruye, no la otra persona. Porque no es natural que un hijo de Dios odie, eso te hace enfermo. Tú tienes lo que Dios tiene. Lo que está en Dios, está en ti.
Por eso eres un ser espiritual. Tu saliste de Dios. Y Dios no TIENE santidad, ¡Él ES santidad! Dios no tiene justicia, Dios ES Justicia. Dios no tiene amor, Dios ES amor. Tú tienes todas esas cualidades. Por eso la Biblia nunca te dice que hagas santidad. La Biblia dice: ¡¡Sé santo!! Como tu fuente, en el cielo, es santa. La Biblia nunca dice que tú no eres santo, o que no eres justo. Lo que la Biblia dice es que, si bien eres santo u justo, no estás actuando ni como santo ni como justo.
Porque no ser santo, significa que no tienes ningún tipo de santidad. La explicación sencilla que puedo encontrar es que no estás activo como santo, pero igualmente lo eres. Así es que, cuando tú estás viviendo en santidad, eso no impresiona a Dios. Porque, en todo caso, tú estás en tu estado natural. Que tengan dominio, dijo. Porque Dios te creó para tener dominio. ¿Qué significa dominio? Es la palabra hebrea radah. Dominio. Significa Reino. Significa gobierno. Significa poder soberano.
La palabra dominio significa poder gobernar. Significa tener autoridad sobre algo. Tú fuiste creado para dominar. Los peces del mar, los pájaros del aire, animales del campo, las plantas de la tierra, las cosas que se arrastran sobre la tierra. Pero fíjate en esa lista; que no hay ningún humano. Tú no fuiste creado para dominar a ningún otro humano. Por eso es que Dios odia la opresión. Cuando tú oprimes a un hermano, estás oprimiendo a Dios.
Deja que tengan dominio. La palabra dominio significa Reino. Y quiero compartirte uno de los secretos del Reino. Mateo 13:11: Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado. Aquí lo que puedes comprobar, es que Jesús está diciendo que el Reino tiene misterios o secretos. Creo que necesitamos predicarle los secretos del Reino a la iglesia. El problema radica en que la mayoría de los líderes no conocen el Reino.
¿Y por qué razón es que estos líderes no conocen el Reino? Mateo capítulo 23. Voy a leerte uno de los versos más peligrosos de la Biblia. Especialmente para líderes religiosos. Mateo 23:13: Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. Jesús dijo que el mayor obstáculo para el Reino de Dios, son los líderes religiosos.
¿Tu escuela bíblica, no enseña eso? Los seminarios no lo enseñan. La doctrina tradicional de tu iglesia tampoco lo enseña. La mayoría de los líderes y ministros que he conocido no lo enseñan. Y Él dice ¡Ay de vosotros! ¡Ay! Ay, es la peor palabra en el hebreo. Es una palabra de maldición. Jesús maldijo. Pero Él nunca maldijo a un pecador. Jesús nunca les dijo ¡Ay! A los pecadores. Está bien, Néstor. Lo que usted dice es correcto, tiene suficiente respaldo bíblico y de ninguna manera se podría considerar como herejía.
Pero tendrá que comprender que nuestra iglesia no puede enseñar eso, sobre el Reino. Tenemos una serie de ministerios muy valiosos e importantes y ya estamos muy bien organizados para que todo eso funcione, no podemos añadirle nada más. ¡Ay de vosotros! ¡No entran al Reino ni permiten que los que quieren entrar lo hagan! ¿No se dan cuenta que están destruyendo a mucha gente fiel y sincera? ¡Ay de ustedes, maestros! ¡Porque cierran el Reino y no dejan que la gente lo conozca y lo sepa!
30.- ¿Nunca Se Te Ocurrió…
…estudiar la palabra “¡Ay!”? Hazlo. Descubrirás que significa “maldito hasta el infierno”. ¿Ahora entiendes lo que Jesús les dijo a esos fariseos? ¡Váyanse al infierno! Eso les dijo. ¿Por qué? Porque no predican el Reino, no enseñan del Reino y aguantan a la gente que se queda fuera del Reino. Jesús dijo: Busca primeramente el Reino. Búscalo. Estúdialo. Persíguelo. Apréndelo. Has hecho de una doctrina algo más importante que su propio mensaje.
Lucas 9:11 Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados. Lucas 12:32: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Mateo 13:33: Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado. ¿Qué es la levadura? Influencia. Impacto. Cambia sociedades.
Cambia tu trabajo. Impacta tu familia. Impacta la comunidad. Impacta el gobierno. La levadura no puede afectar nada, a menos que esté dentro. Tú no puedes cambiar aquello que evitas. Si evitas al mundo, nunca lo vas a cambiar. El Reino es como la levadura, tienes que meterte para impactarlo. Mira todo el mundo, mira el sistema. Levadura. La levadura nunca tiene temor a la masa. ¿Por qué? No importa cuán grande es la masa, la levadura se ríe. Tú eres mía, voy a leudarte.
La levadura es muy pequeña. Insignificante. Pero la masa está en problemas. Porque la levadura impacta toda la masa. La levadura es interesante, trabaja muy silenciosamente. La levadura es muy tranquila. Nunca hace ruido. Jesús dijo que el Reino era como la levadura. Nunca saben que está allí, hasta que es muy tarde. Mateo 12:28: Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.
Esto Jesús se los dice a los fariseos luego de haber liberado a un endemoniado y haber oído que lo acusaban de hacerlo mediante el poder satánico. Insólito. ¿Por qué Satanás se echaría fuera a sí mismo? Eso fue una declaración del Reino. Los reinos no entregan territorio. Porque el territorio es su gloria. Él dijo: ¡Mira! Este territorio, es mi territorio. Este niño es mío. Yo creé al hombre. Este es mi templo santo. Satanás está ilegal, aquí, no yo. Entonces tengo que echarlo fuera de mi territorio.
Lee bien el verso 28. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando tú ves un milagro, eso es una evidencia que la cultura del cielo está presente. Los milagros son la evidencia de que el Reino de los Cielos anda por aquí cerca. Los milagros son la evidencia de que la cultura del cielo ha llegado a la tierra. La cultura es natural. Entonces, el ser sanado, se supone que sea natural.
Es la cultura de Dios. En la cultura de Dios no hay enfermedad. Así es que, cuando su cultura llega, los demonios se tienen que ir. Las enfermedades se tienen que ir. La depresión se tiene que ir. El temor se tiene que ir. La pobreza se tiene que ir. ¿Por qué? Porque el Reino de los Cielos ha llegado. Se supone que tengas todas tus necesidades cubiertas. ¿Por qué? ¡Porque es tu cultura! Vamos a Mateo capítulo 10, un verso muy peligroso, sobre todo para los líderes y ministros.
Verso 7. Instrucciones de Jesús. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Yendo. Eso dice. Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores, Maestros, Misioneros, Hombres de negocios, Profesionales. ¡Yendo! ¡Predica este mensaje! ¡No tu mensaje! ¡No tu doctrina! Ni movimientos de fe, ni de prosperidad, ni de sanidad, ni de señales y milagros. Y tampoco nacer de nuevo. Jesús nunca predicó nacer de nuevo. Él mencionó el nacer de nuevo, una sola vez.
Y nunca a una multitud. Se lo dijo a un anciano por ahí como por las dos de la madrugada. ¿Por qué? Porque ese no era su mensaje. Él dijo con toda claridad que todos nosotros, yendo, no esperando, yendo, prediquemos un solo evangelio, el que dice que el Reino de los Cielos se ha acercado. Ese. Le escuché contar algo a un ministro al que respeto muchísimo, que alguien lo saludó en una ocasión y le dijo: ¡Hola! ¿Tú eres el ministro que está predicando sobre el Reino?
Decía este ministro que primero se sorprendió con la pregunta, que luego se fastidió un poco y que, finalmente, le tomó un ataque de risa mientras le respondía al que le había hecho esa pregunta: ¡Sí! ¡Claro! Pero…perdón…¿Y tú que estás predicando sino predicas que el Reino de los Cielos se ha acercado? Lo entiendo. Me hubiera sucedido lo mismo. Tengo un grado de misericordia que no nace de un mérito mío personal, sino del Padre, que me permite recordar que, hasta no hace mucho tiempo atrás, yo pensaba igual que el que le hizo la pregunta a este buen hombre.
Por la gracia de Dios, hoy sé que no existe ningún otro evangelio que debamos predicar, que no sea el del Reino, porque ese es nuestro mandato por siempre y para siempre. Quiero ser claro, honesto, sincero y puntual, aunque suene duro. Si no estás predicando el evangelio del Reino, estás desobedeciendo un mandamiento de Jesús, que fue el que leímos hace un momento. Y si tu ministerio se está viniendo abajo, no crece, no impacta y hasta da la sensación de que se cae en cualquier momento para no volverse a levantar, examínate.
No vaya a ser que, por una de esas grandes casualidades, sea por causa de esa desobediencia tuya en cuanto a no predicar lo que Jesús nos ordena predicar. Vamos empezando a cerrar esto. Mateo 16:19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entiende bien. No dice que te dará LA llave, UNA llave. Dice que te dará LAS llaves del Reino de los cielos.
Eso me muestra a mí y te muestra a ti, que no hay una sola llave para el Reino de los Cielos. Hay muchas llaves del Reino de los Cielos. El dilema es saber qué cosa son estas llaves. La respuesta es tan simple que te acuesta. Llaves son leyes, principios, conceptos. Todos los países funcionan con leyes. Él dijo: mi patria, tiene leyes. Si se rompen las leyes, hay penalidades. Si respetan y cumplen las leyes, hay beneficios. A ti te daré las llaves de tu patria, el cielo.
Así que, lo que cierras en la tierra, será cerrado en el cielo. Te daré leyes, que cuando las desatas en la tierra, el cielo las va a soltar. Te voy a dar una influencia directa en la tierra, desde el cielo. Tú no tienes que ir al cielo a recibir las cosas. Te daré leyes, llaves, principios en la tierra, que traerán el cielo a la tierra. En tu casa, en tu barrio, en tus negocios. Te daré los secretos, las leyes, de cómo traer el cielo a la tierra. Él no estaba hablando acerca de demonios.
Digo porque solemos usar este verso para atar o desatar demonios. Lee el capítulo completo, por favor. Nada del contexto te está hablando de demonios. No soy ningún ultra conservador, ni cerca, por eso creo en los demonios y en la guerra espiritual. Pero no me voy de mambo y meto demonios hasta debajo del plato de sopa que voy a beber. De lo que Él está hablando, es acerca de acceso al cielo, este país, en la tierra. Y te daré las llaves, las leyes. Y te daré una ley antes de cerrar todo esto. Aprende: todos los reinos tienen tres símbolos.
1.- La Corona. La corona representa poder. 2.- El Bastón. El bastón representa algo que el rey esgrime de manera permanente y que da evidencia de su poder. 3.- El Cetro. El cetro representa autoridad. Y esto es importante, porque Jesús dijo que era un Rey. Así que Él tiene una corona, eso representa su poder. El tiene este ornamento, ese bastón, y es su influencia. Y todo rey tiene un cetro, que evidencia su autoridad. Por eso es que la parte más importante del rey, es el cetro.
La mayoría de nosotros, vamos detrás del poder, la corona. Oramos, clamamos y nos desesperamos pidiendo al Señor que nos de poder. Amamos el poder. Entonces vamos y buscamos influencia. Queremos ser famosos, conocidos. Queremos ser grandes. Pero no buscamos autoridad. Oramos por poder y por influencia, pero no oramos por autoridad. ¿Sabes por qué? Porque la autoridad controla el poder. Por esa razón es que la gente muy poderosa siempre es muy peligrosa.
31.- La Gente Con Influencia…
…también es peligrosa. Porque no tienen autoridad, sólo tienen poder. Por eso, aunque me miren torcido, yo siempre digo que a mí no me impresiona la gente poderosa, con alta influencia o famosa. Porque todos, aunque no lo sepan, están sometidos a la que es mi única autoridad. Eso iguala todas las cosas. Queremos a los poderosos, a los influyentes, incluso hasta adoramos a los famosos, pero rechazamos a la autoridad de Dios. ¿Tú crees que es así por casualidad?
Génesis 49:10 dice que
0 no se apartará de Judá. Es curioso, pero Dios nunca menciona la corona ni la influencia. Él dijo que el cetro no se debe ir. Cuando Ester fue a ver al rey, a ella no le preocupaba la corona, ese es el poder. No le preocupaba la influencia. A ella lo que le preocupaba, era el cetro, la autoridad. Y la Biblia dice que, si alguien entra a la presencia de un rey, si no extiende su cetro hacia ti, serás muerto. No es el poder de Dios el que te destruye. Tampoco es la gloria de Dios la que lo hace.
Ester sabía que si ella no recibía su cetro, estaba muerta. Vamos a leerlo, Ester 4:11, por favor: Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días.
Ahí está el problema. A los cristianos les gusta demasiado el poder de Dios, les gusta la unción. ¡Oh, Dios! ¡Dame poder! ¡Necesito de tu poder! El pedido incorrecto. ¡Oh, Señor! ¡Dame un cetro! ¿Cuál es la diferencia? El poder es habilidad, energías, fuerzas, fortaleza. Eso es poder. Autoridad es diferente. Autoridad es el derecho y el permiso para usar el poder. Por eso es que mucha gente tiene poder, si, pero no tiene autoridad. El lugar más importante en el que puedes estar, es bajo autoridad. Suena raro, ¿Verdad? Te comprendo, por eso estamos como estamos.
El lugar más seguro en el que tú puedes estar, es bajo autoridad. Obviamente, me refiero a autoridad delegada del cielo, no de la junta de viejos cabezones de la denominación. Eso tiene otro nombre y otros resultados. Amamos el poder, pero odiamos la sumisión. Es tanto lo que se nos ha defraudado que hoy no podemos llegar a confiar en ningún ser humano, por ungido que nos parezca. Pero lo único que te da cobertura para ejercer el poder divino, es estar bajo autoridad sujeta a autoridad. Porque de no ser así, es esclavitud a hombre.
Sin embargo, algo hay que aclarar. Dios diseñó todo lo que vemos, para que esté sometido a algo. Los peces, por ejemplo, fueron diseñados para someterse el agua. Las plantas fueron diseñadas para someterse al suelo. Así que la autoridad del pez, es el agua. El pez tiene mucho poder. El pez puede nadar todo lo que quiera. El árbol puede crecer todo lo alto que quiera. El mar tiene poder. Pero si sacas al pez fuera del agua, vas a ver que no tiene ningún poder.
Saca la planta del suelo y no tendrá poder. Porque la realidad nos muestra que nunca podemos crecer más que la autoridad. Los peces nunca pueden decir que están cansados del agua. Un árbol nunca puede decir que la tierra lo está aprisionando y no le permite crecer, o que está cansado de ese suelo y quiere salirse de él. Conclusión: tú no puedes salirte del diseño de Dios porque no vas a sobrevivir por fuera. En lo humano, nunca confundas el poder con la autoridad.
No todo poder tiene autoridad, y eso me consta personalmente. He conocido a mucha gente con mucho poder, pero sin un mínimo de autoridad. Huye de allí. Eso no es Dios. No permitas que te atraiga el poder, sino la autoridad. Puede haber alguien en la calle haciendo cosas sobrenaturales, milagros. ¿Vas a seguirlo por eso, solamente? Nunca persigas el poder a expensas de la autoridad. Pero, cuidado: autoridad no es estar dominando u oprimiendo a otra gente. O abusando de ella mediante sutiles manipulaciones de contenido satánico.
La verdadera autoridad, desata a la gente en el momento correcto. Quiero cerrar esto dándote pistas de lo que es una genuina autoridad. Pero déjame primeramente decirte qué cosa es lo que una verdadera autoridad no hace. La verdadera autoridad, no busca el beneficio de tu propio éxito. La verdadera autoridad no te usa a ti para promoverse él mismo. La verdadera autoridad lo único que espera de ti, es tu éxito. Y esto es muy importante, porque la iglesia está llena de parásitos que se hacen llamar autoridad.
32.- He Conocido Gente…
…que dice ser autoridad, y andan por la vida recolectando iglesias. Sométete a mí, yo te daré cobertura. Tú sólo deberás enviarme 500 dólares cada mes. Eso es un parásito. Escucha: una verdadera autoridad, debe tener la habilidad de reprenderte, de corregirte, instruirte, y aun sentarte, que no hagas absolutamente nada mientras no seas confiable. Sólo que aquí está el problema. Si tú me envías todos esos dólares cada mes, ¿Cómo haría yo para reprenderte?
Si tú estás pagando la mitad de mis gastos, ¿Cómo te voy a corregir? La verdadera autoridad, no demanda nada de ti, excepto tu éxito. Si tú quieres bendecir tu autoridad, esa es tu decisión. Pero de ninguna manera eso debe ser un requisito. El apóstol Pablo lo dijo: tienen muchos maestros, pero pocos padres. No es tarea de los hijos cuidar a los padres, (Sí honrarlos y asistirlos si lo necesitan),sino la de los padres cuidar a los hijos. Eso significa que sería tu cobertura la que debería estar enviándote los 500 dólares al mes a ti, no tú a ella. Por eso es que no pueden ser reprendidos. Porque ellos apoyan aquello. La autoridad verdadera no espera nada de ti, excepto tu éxito.
Por esa razón es que tremendos líderes en la iglesia, han caído. Y no pueden ser restaurados. ¿Por qué? ¡Porque no se someten a una autoridad! La verdadera autoridad, desea que tú logres más que lo que ellos han logrado. Eso te deja en evidencia clara que la verdadera autoridad, jamás tendrá celos de tu éxito. La verdadera autoridad, está dispuesta a disminuir para que tú puedas aumentar. Si en tu vida de fe hay una persona a la cual tú hoy te estás sometiendo, por favor, estúdiala. Y observa si ellos o él está llenando este criterio. El poder necesita autoridad para poder ser desatado. La sumisión a la autoridad, le da poder legítimo.
Quiero cerrar con una escritura del evangelio de Mateo, capítulo 8. Especialmente para líderes, ministros y pastores, por favor, lean esto. Es la historia de un pagano. De un ciudadano romano. El verso 5: Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, (6) y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. (7) Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. (8) Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. (9) Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
Yo también soy hombre bajo autoridad. ¿Qué quiere decir? Yo he estado observándote durante estos últimos tres meses. Y he descubierto algo, que tú eres como yo, un hombre bajo autoridad. ¿Qué le quiso decir? Le quiso decir; yo conozco tu secreto, y tu secreto no es tu poder, sino que estás bajo autoridad, y eso te proporciona ese poder. Cuando tú tienes autoridad, no tienes que moverte. Yo tengo soldados bajo mi autoridad, pero tú tienes palabra bajo tu autoridad.
Mi arma son mis soldados, pero tus armas son las palabras. Yo le digo a ese soldado ve allá, y ese soldado va donde lo mando. ¿Por qué? Porque cuando mis soldados escuchan mi voz, no me están escuchando a mí, están escuchando a César. ¡Eso es autoridad! Nada que ver con doctorados o master en teología, aunque se ser necesario los incluya. Los soldados no me obedecen a mí, sino a la autoridad bajo la cual yo estoy. Ese es tu secreto, Jesús, dijo el centurión. Tu autoridad es más importante que tu poder.
Solamente di la palabra y mi criado será sano. Y Jesús dijo, verso 10: Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. ¿A ti te gustaría sorprender y hasta maravillar a Jesús? Si, ¿Verdad? ¿Y qué fue lo que sorprendió a Jesús? ¡El se lo dijo con absoluta sinceridad, de esa misma que tanta falta hace en nuestros ambientes! La verdad es que no he encontrado en todo Israel tamaña calidad de fe como la que tú tienes.
Eso le dijo. Jesús creó la fe con autoridad. Él estaba sorprendido. Este hombre entendió autoridad, dijo. Reino. Dominio. Autoridad. Vamos con el broche de oro. Mateo 10:1 = Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. A ver; los demonios no los estaban escuchando a ellos, estaban escuchándolo a Él.
Porque fíjate que en ningún momento dice que les dará poder para echarlos fuera, sino autoridad para hacerlo. En una época yo era supervisor en un sector de una empresa siderúrgica. Y tenía un familiar directo al cual un hijo mío había ayudado a ingresar en esa empresa, que era un obrero raso, como todos los que comenzaban a trabajar. Y había días que yo tenía que supervisar su trabajo y él respetarme como su supervisor. Luego, cuando regresábamos a casa, nos tratábamos como los parientes que éramos, pero en la empresa no.
Y no porque yo fuera quien era, sino porque representaba a los directores. Mi pariente no me obedecía a mí por mí, sino a quienes eran sus patrones y le ordenaban trabajos por mi intermedio. ¿Se entiende? Mateo 3:13 = Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. ¡Era su primo! Pero se sometió a su autoridad. A ver. Jesús vivía en un lugar pequeño, en la casa de sus padres. Y durante treinta años de su vida, hizo o no hizo lo que las autoridades del lugar disponían que se podría hacer o no hacer.
O sea que lo que estoy queriendo mostrarte es que Dios, durante todo ese tiempo, se sometió nada menos que a un montón de gente a la cual había creado. Y recién a los doce años se atrevió a decirle a su madre: Mujer, en los negocios de mi Padre debo estar. En otras palabras: ¡Mamá, yo sé a lo que fui llamado a hacer! ¡Yo fui ungido! ¡Yo soy un hombre de Dios! ¡Yo conozco mi propósito! Conozco mi vida, mi asignación, soy un hombre de destino.
Pero el próximo verso de ese texto dice que se volvió a su casa y se sometió a sus padres. Cuando su reloj biológico le mostró que había cumplido sus treinta años, dijo que el momento de iniciar su ministerio había llegado. ¿Y por qué esperó hasta tener treinta años? Porque ningún hombre podía ser nombrado Rabí, si no tenía treinta años de edad cumplidos. Para ser más claro: nadie podía hablar en público de lo que fuera, si no era un rabino.
Y nadie podía ser un rabino si no tenía treinta años de edad cumplidos. Esto te está diciendo que Jesús comenzó su ministerio cuando supo que estaba cualificado y con suficiente autoridad divina como para hacerlo. Hoy, todavía, aparecen hombres o mujeres que se lanzan a hablar del evangelio sin estar cualificados y, por consiguiente, sin autoridad divina que los respalde para hacerlo. A los resultados de eso, todos los hemos podido ver.
¿Qué hubiera hecho cualquier hombre como nosotros con la directiva por parte de Dios de comenzar un ministerio? Imprimir tarjetas, folletos, letreros, comprar espacios en la televisión, en las emisoras radiales, comenzar un período de alto marketing mediante las redes sociales y todo eso que tantas veces hemos visto en tantos hombres y mujeres a punto de comenzar algo. Jesús no hizo nada de eso. Él, lo primero que decidió hacer, fue ir a ver a su primo Juan.
¿Por qué? Porque Juan, independientemente de ser su pariente, en ese momento era la autoridad más contundente de Dios en la tierra. Imagínate la reacción de Juan. Él sabía quién era Jesús y a qué había venido a la tierra. Su madre se lo había contado. ¡Se quería matar al verlo de rodillas ante él esperando ser bautizado por algo que el mismo Juan sabía que no necesitaba! Jesús nunca necesitó ser bautizado para perdón de pecados simplemente porque no los tenía. ¿Qué le respondió Jesús?
Deja, es necesario que cumplamos con toda justicia. La palabra justicia significa “la posición correcta”. Juan, dijo. Tú tienes el poder, pero yo tengo la autoridad. El problema más grave de la iglesia, hoy, es que tiene un montón de gente poderosa, pero que evita la autoridad. Ni bien Jesús se arrodilló, los cielos se abrieron. Si tú, hoy, no puedes arrodillarte ante nadie como autoridad, es probable que los cielos se mantengan cerrados. Y no estoy hablando de las nimiedades a veces infantiles que vemos en las congregaciones.
33.- La Biblia Hace una Distinción…
…muy fuerte entre el Reino de Dios como realidad viva, transformadora y gobernada por Dios, y una religión vacía, externa o meramente tradicional. Lo que voy a compartirte ahora es la causa, o por lo menos una de ellas, tal vez la más notoria de esa diferencia y del por qué hemos llegado a ella. Hay textos bíblicos que siempre hemos leído y que nos lo muestran con claridad, pero por la misma razón que ahora voy a comentarte, pocos o muy pocos han llegado a tener una revelación clara y contundente del significado de cada uno de ellos.
Imagínate por un momento, que el mayor tesoro de la humanidad hubiera sido robado hace más de dos mil años y que, desde entonces, generaciones enteras hemos vivido en pobreza espiritual sin siquiera saber que fuimos despojados. Imagínate que este robo no fue ejecutado por bandidos en las sombras, sino por instituciones muy respetadas y en plena luz del día. Y todo acompañado y respaldado por el aplauso de multitudes ignorantes de lo que realmente estaba ocurriendo.
Cuidado, esta no es una fantasía. Según las investigaciones revolucionarias de algunos genuinos hombres de Dios, esto fue lo que ocurrió con el concepto más poderoso que Jesús trajo a la tierra: El Reino de Dios. Como venimos alertando y desenmascarando algunas cosas, no podemos limitarnos a determinar diferencias sustanciales entre Reino y religión. Hay algo mucho más siniestro detrás de todo esto, una suerte de conspiración sistemática que ha operado durante dos milenios, despojando a la humanidad de su herencia más preciada y reemplazándola con una imitación que mantiene a las personas espiritualmente empobrecidas, mientras enriquece a instituciones no diseñadas por Dios.
Romanos 14: 17 = Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. El Reino, queda más que claro aquí por boca de Pablo, no es ritual ni práctica externa, sino vida interior producida por el Espíritu. La religión sin sustancia, en tanto, se centra en formas estéticas, relacionadas con las modas urbanas y con una conexión inevitable con todo lo que la humanidad secular ha incorporado como bueno. El Reino, muchos ya lo sabemos muy bien, se manifiesta en transformación real.
Jesús nunca vino a traer una religión y mucho menos una que se llamara cristianismo. Ha quedado en evidencia que lo que hoy llamamos cristianismo, en realidad es el resultado de una operación de encubrimiento considerada como la más sofisticada de la historia. No fue un accidente, no fue una evolución natural. Fue un secuestro deliberado, planificado y ejecutado casi con precisión militar, por aquellos que tenían más que perder si el verdadero Reino se establecía en la tierra. Tal como Jesús proponía.
¿Estás listo para descubrir cómo te robaron tu herencia real sin que te dieras cuenta? Para entender la magnitud de la operación, primero debemos comprender qué fue exactamente lo que se robó. Cuando Jesús hablaba del Reino de los Cielos o Reino de Dios, no estaba introduciendo un concepto religioso, sino un sistema gubernamental literal. Cada parábola, cada enseñanza, cada demostración de poder de Jesús, estaba diseñada para mostrar cómo opera un Reino celestial en territorio terrestre.
Mateo 15: 8–9 = Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Aquí Jesús denuncia una religión con palabras correctas, pero corazones ausentes. Te lo repito y observa a tu alrededor: palabras muy correctas y hasta bonitas, pero corazones ausentes, almas indiferentes, espíritus alejados del Santo genuino y guía a toda verdad. El Reino, muchos lo sabemos más que bien, exige rendición auténtica, no solo discurso religioso.
Jesús nunca usó terminología religiosa. Él siempre hablaba como un Rey, anunciando la expansión de su territorio. Usaba palabras como Ciudadano, Embajador, Territorio, Autoridad, Gobierno. La religión convirtió estas realidades gubernamentales en conceptos místicos para quitarles potencia espiritual a las personas. En el diseño original del Reino, los seguidores de Jesús no eran feligreses o miembros de iglesia. Eran ciudadanos de una nación celestial con derechos, responsabilidades y autoridad delegada para representar los intereses del Rey en este territorio terrestre.
Cada cristiano, y lo llamo así porque encaja con el conocimiento mayoritario, pero no me gusta porque fue un calificativo despectivo inventado por los griegos, era un embajador con inmunidad diplomática y acceso directo a los recursos del Reino. Los primeros discípulos operaban con esta mentalidad de Reino. Ellos no construían templos donde la gente fuera a recibir bendiciones. Ellos establecían embajadas del Reino donde los ciudadanos celestiales se equipaban para transformar territorios completos. El Reino original no se enfocaba en salvar almas para el cielo.
Su misión era traer el cielo a la tierra, transformando sistemas políticos, económicos, educativos y sociales hasta que reflejaran los valores y principios del gobierno divino. Donde quiera que se establecía una embajada del Reino auténtico, las naciones se transformaban. La pobreza desaparecía, la corrupción se eliminaba y la justicia se establecía. El Reino no era una experiencia de domingo por la mañana o por la tarde, era un gobierno alternativo que operaba las veinticuatro siete. Pablo creo que se los explica con meridiana claridad a los Corintios.
1 Corintios 4: 20 = Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. La religión insípida habla mucho, demasiado, y lo sé más que bien, porque yo mismo hice eso durante gran parte de mi vida de creyente. Hasta que un día a mi Padre celestial le agradó enviarme a su Espíritu Santo a que abriera mis ojos espirituales lo necesario y suficiente como para ver y entender definitivamente que el Reino de los cielos opera, libera, transforma. Y a eso no lo consigue ninguna religión, por sobria y solemne que parezca a nuestros ojos y oídos naturales.
Cada ciudadano del Reino de aquellos tiempos primarios, recibía autoridad delegada directa del Rey para operar en Su nombre. No necesitaban intermediarios humanos, jerarquías religiosas o rituales especiales para acceder al poder del Reino. La conexión era directa, personal e inmediata. Esta autoridad no era teórica, era práctica, verificable y producía resultados tangibles, enfermos sanados, sistemas corruptos expuestos, naciones transformadas, recursos multiplicados, justicia establecida.
34.- Ahora Bien; Para Entender…
…cómo fue posible esta devastación sistemática, debemos examinar el momento exacto del secuestro del Reino. No fue un proceso gradual, sino una operación estratégica ejecutada en momentos clave de la historia. El primer gran secuestro ocurrió cuando el emperador Constantino decidió que el cristianismo podía serle muy útil para controlar su imperio. Pero había un problema. El Reino auténtico no podía ser controlado por gobiernos humanos por una sencilla razón: es EL gobierno.
Entonces, necesitaban una versión domesticada. La solución fue brillante y a la vez, diabólica: convertir el Reino en religión. En lugar de ciudadanos con autoridad delegada, crear feligreses dependientes. En lugar de embajadas que transformaran territorios, construir templos donde la gente fuera a adorar. En lugar de gobierno alternativo, crear una organización que colaborara con los poderes existentes. Y que conste, para evitar ser tomado por un operador político actual. Estoy hablando de Constantino, de historia antigua. De allí en más y durante toda una generación, el concepto de Reino fue reemplazado por el concepto de iglesia.
Los ciudadanos se convirtieron en miembros. Los embajadores se volvieron sacerdotes. La autoridad delegada se transformó en rituales religiosos. Una vez establecida la estructura institucional, el siguiente paso fue concentrar toda la autoridad en una jerarquía humana. El acceso directo al rey que cada ciudadano tenía originalmente, fue declarado peligroso y necesario de mediación. Crearon un sistema donde las personas necesitaban intermediarios humanos para todo. Jesús mismo fue muy claro cuando lo dio a entender a quienes todavía se dejaban llevar por sus visiones externas y naturales.
Mateo 7: 21–23 = No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Confesión verbal es igual a obediencia real, de eso está hablando. El Reino se evidencia en sumisión a la voluntad del Rey, no en títulos, dones o lenguaje cristiano. Las palabras sumisión y sujeción fueron tomadas por la religión, pero direccionándolas hacia sus hombres y sus jerarquías, cuando desde el diseño divino se había establecido claramente que no debía ser así. El hombre fue creado para señorear y dominar todo, excepto a otros hombres iguales a él.
Entonces ellos, las organizaciones religiosas, crearon un sistema aparentemente apto para interpretar las Escrituras, para acceder a Dios, para recibir perdón, para operar en poder espiritual. Sin embargo, esto era, exactamente, lo opuesto al Reino original, donde cada ciudadano tenía acceso directo e inmediato. El golpe final fue convertir las operaciones prácticas del Reino en misterios religiosos que sólo los especialistas podían entender. Lo que originalmente era tan simple que un niño podía operar en autoridad del Reino, se volvió tan complicado que requería años de educación teológica. Hoy todavía sigue así en lo global, en lo masivo.
Es decir que la simplicidad del Reino fue deliberadamente complicada para crear dependencia. La oración directa, algo casi automático en aquellos primeros hombres de Dios, se volvió liturgia compleja, incluso acompañada de gestualidades y rutinas de neto corte solemne rozando lo actoral La autoridad personal se transformó en rituales sacerdotales que una enorme mayoría no podía entender como parte de su fe. La transformación territorial se redujo a ceremonias religiosas mayoritariamente respetadas, pero en absoluta ignorancia. El gobierno del Reino se domesticó en actividades de iglesia.
Pero veamos ahora el aspecto más siniestro que contiene esta operación. Lo más brillante de esa conspiración, porque muy bien podemos denominarla así, fue crear un sistema que indudablemente se protegía a sí mismo ante cualquier intención de restaurar el Reino original. Entonces convirtieron sus innovaciones religiosas en tradiciones sagradas. Cualquier intento de restaurar el Reino original, era y todavía es automáticamente etiquetado como peligroso, herético o rebelde contra la autoridad. La conspiración fue tan efectiva que las propias víctimas se convirtieron en los defensores más feroces del sistema que los mantiene esclavizados. Generaciones enteras han sido condicionadas a creer que cuestionar la religión institucional es cuestionar a Dios mismo.
El sistema educativo religioso fue diseñado para perpetuar la confusión entre Reino y religión. Los seminarios, aun los más prestigiosos, enseñaron y siguen enseñando historia de la iglesia, pero no historia del Reino. Teología religiosa, no gobierno del Reino. Administración eclesiástica, no autoridad delegada del Reino. Entrenan pastores y ministros para mantener feligreses, no embajadores para transformar territorios. Gradúan administradores de organizaciones religiosas, no representantes de un gobierno celestial.
2 Timoteo 3: 5 = Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Esto describe con precisión una cristiandad sin poder, sin fruto, sin transformación. El Reino auténtico tiene eficacia, cambia vidas, rompe cadenas. Una de las cadenas más proliferantes y visibles, es el miedo. Miedo a que si dices algo de un ministro que a todas luces todo el planeta sabe que es corrupto y usa la religión en beneficio propio, exista un Dios que lo defienda y te achicharre por exponerlo, es el miedo más fuerte de todos y evita, entre otras cosas, que se digan verdades conocidas por años y por todos.
Pero, quizás el aspecto más siniestro de la conspiración, fue el de crear un sistema económico que hizo y hace que las personas dependan, financieramente, de mantener esa confusión. Millones de empleos, industrias enteras, imperios económicos completos dependen de que las personas nunca descubran la diferencia entre Reino y religión. Es un negocio de millones de dólares. Y todos sabemos lo que cuesta encararse contra el reino de Mammón. Cuando tienes ciudadanos del Reino operando en la autoridad delegada, no necesitas complejas organizaciones religiosas.
Cuando las personas entienden que son embajadores, no construyen catedrales para que otros hagan como que adoran. Hay una diferencia sintetizada que suena fuerte y de pronto hasta puede doler y mucho a gente inocente y sincera, pero es una verdad y a las verdades no hay que callarlas, porque eso equivale a disimular mentiras. Mientras la religión mayoritariamente es un negocio, el Reino en su totalidad es un gobierno. Esa es la diferencia y no creo que existan muchos creyentes sinceros que no lo hayan percibido, aunque se lo callen por los motivos que sean.
El mecanismo de control más sofisticado que se instauró fue el de convertir el poder del Reino en culpa religiosa. Porque en el Reino original, los ciudadanos operaban en autoridad porque era su derecho y responsabilidad. Pero en el sistema religioso, las personas se sienten culpables por querer autoridad, porque se les enseña que eso es orgullo espiritual. Y que la autoridad solamente es patrimonio de aquellos hombres que han sido “ordenados”, (No sé quién inventó este término) por las autoridades superiores, (Tampoco sé cómo fue que estos llegaron allí) de la denominación, grupo u organización que sea. Pablo lo dijo con claridad.
1 Corintios 14: 29-30 = Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen. Y si algo le fuere revelado a otro que estuviere sentado, calle el primero. Yo no sé cuántas veces ustedes habrán leído este pasaje. Tampoco sé cuántas veces alguien les habrá enseñado o predicado sobre él. Yo lo debo haber leído no menos de doscientas veces, y te puedo asegurar que no hace demasiado tiempo que caí en cuenta que, si eso hoy no se cumple, no es para mantener el orden, como se nos enseñara, sino porque al hacerlo, se estaría dando ingreso a una palabra genuina que viene del cielo que puede llegar a destrozar la hojarasca que se está entregando abajo.
Lo cierto es que esta inversión psicológica mantiene a las personas voluntariamente empobrecidas. Porque, entre otras cosas, les enseñaron que la pobreza espiritual es humildad, que la dependencia de intermediarios es fe, y que la pasividad territorial es santidad. Convirtieron cada virtud del Reino en un vicio religioso. Y aquí llegamos a la parte más controversial de todo esto. Porque no sólo se ha determinado como fue esa conspiración, sino quienes fueron los perpetradores y quienes siguen ejecutándola hoy.
No fue casualidad que el secuestro del Reino coincidiera con la necesidad de los imperios humanos de controlar poblaciones masivas. Un Reino auténtico es ingobernable por sistemas humanos porque reconoce sólo la autoridad divina. Pero una religión puede ser una herramienta perfecta de control social. Quedó documentado que líderes políticos y religiosos conspiraron deliberadamente para crear una versión del cristianismo que fortaleciera sus posiciones de poder en un lugar de establecer el gobierno alternativo del Reino.
35.- La Conspiración No Terminó…
…en la historia antigua. Instituciones religiosas modernas continúan perpetrando y perpetuando activamente la confusión porque su supervivencia económica e influencia social dependen de mantener a las personas ignorantes sobre el Reino auténtico. Cuando pastores predican que su trabajo es pastorear ovejas en lugar de equipar embajadores, están perpetuando la conspiración. Cuando denominaciones se enfocan en mantener miembros en lugar de liberar ciudadanos del Reino, están colaborando con el secuestro.
La tragedia más grande de esta conspiración es que millones de personas sinceras, sin saberlo, están protegiendo con uñas y dientes al sistema que les está robando su herencia. Estas personas, educadas en la confusión, atacan ferozmente cualquier intento de restaurar el Reino original, porque han sido condicionadas a creer que la religión es el cristianismo. Es como si se repitiera el viejo Síndrome de Estocolmo, aunque en este caso totalmente espiritual.
Las víctimas se enamoran de sus captores y atacan a cualquiera que intente liberarlas. Hay elementos muy concretos que se benefician social y económicamente si se mantiene la confusión. Hay, evidentemente, una élite religiosa que vive en lujo mientras predica pobreza, que acumula poder mientras enseña sumisión, que construye imperios mientras predica humildad. No es coincidencia que aquellos que más se oponen a la restauración del Reino auténtico, son precisamente aquellos que más han prosperado bajo el sistema religioso falso.
Soy un ministro del Señor y tengo, conforme a su promesa, todas mis necesidades cubiertas. Pero eso no tiene nada que ver con mansiones ostentosas, automóviles impactantes o, lo más reciente, aviones privados para mayor y mejor capacidad de movimiento, aseguran. ¿Soy un resentido que está en contra de todo eso? No, hay muchos siervos del Señor en mí misma condición. Pero lo que no puedo evitar es que, mientras esos ministros viven vidas de lujos y ostentaciones casi ofensivas. Infinidad de hermanos fieles comen todos los días, con sus familias, sólo por la misericordia de Dios.
Y esto de ninguna manera es ideología de capitalismo o anticapitalismo, esto es amor de Dios brotando por heridas de personas. Sin embargo, hay un aspecto esperanzador en todo esto. A pesar de la magnitud de la conspiración, esto no va a terminar en desesperanza. Y esto radica en que la restauración del Reino no sólo es posible, sino proféticamente inevitable. Hay señales muy puntuales que nos muestran que esta antigua conspiración está comenzando a colapsar. Hay un hambre generalizada por algo más que la religión tradicional.
Lo digo más adelante, hablando de ese remanente que está despertando. Exposición masiva de corrupción general en instituciones religiosas, levantamiento de maestros que distinguen claramente Reino de religión, movimientos espontáneos hacia la simplicidad y la autoridad directa. Manifestaciones sobrenaturales que obvian estructuras religiosas. Cuando las personas comienzan a operar en la autoridad directa del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias. Por eso, hay que añadir a todo esto que existe una estrategia específica tendiente a esa restauración.
En primer lugar, educación masiva. Hay que enseñar a las personas las diferencias entre Reino y religión hasta que la confusión se vuelva imposible. En segundo lugar, mostrar los resultados superiores desde el Reino auténtico, versus la religión institucional. Tercero, establecimiento de embajadas. Crear centros de entrenamiento para ciudadanos del Reino, no congregaciones religiosas. Cuarto, transformación territorial. Aplicar principios del Reino para transformar a comunidades completas. Quinto, multiplicación exponencial. Entrenar embajadores que establezcan más embajadas.
Lucas 17: 20–21 = El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. El Reino no es un espectáculo previamente armado ni una pomposa estructura visible, sino presencia activa de Dios gobernando vidas. A esto lo podemos corroborar muchos de nosotros cuando tomamos conocimiento de testimonios reales, aunque apartados de todo festival ofensivo de prensa internacional. La religión vacía, en tanto, busca señales externas; pero el Reino se encarna en personas, no en instituciones. Dios bendice hombres y mujeres, o sea, organismos vivos, no organizaciones. No hay registro bíblico de eso.
Las estructuras religiosas que perpetúan la conspiración, eventualmente colapsarán bajo el peso de su propia irrelevancia. Cuando suficientes personas operen el Reino auténtico, la demanda por servicios religiosos simplemente desaparecerá. No tendrás que destruir la religión institucional. Simplemente se volverá obsoleta cuando las personas experimenten la realidad del Reino. De allí que haya pasos específicos que las personas pueden y deben dar para liberarse de ese sistema conspirador que los tiene esclavizados.
Primero: renunciar a la calidad de miembro y adoptar la identidad de ciudadano. Y estoy hablando de mentalidad, no de literalidad. Abandonar un templo y seguir atado a sus rituales, es lo mismo que quedarse en él. Cesar de buscar intermediarios humanos y establecer relación directa con el Rey, esto es clave. Dejar de ir a la iglesia y comenzar a ser embajada. Abandonar los rituales religiosos y abrazar autoridad práctica del Reino. Transformar territorio personal como evidencia de ciudadanía del Reino. Cada hogar debería ser una embajada del Reino y no un satélite de una organización religiosa.
Esto significa entrenar a familias completas para operar en autoridad delegada, transformar sus comunidades y producir ciudadanos del Reino. Está demostrado que cuando una buena cantidad de ciudadanos del Reino operan en un área geográfica, territorios completos se transforman automáticamente. Los sistemas corruptos son expuestos, los recursos se multiplican, la justicia se establece y la prosperidad genuina emerge. Es la única forma de batalla que tenemos autorizada desde la superioridad divina. Cualquier otra que se quiera incorporar, es sólo copia de un recurso humano que sólo da buenos resultados en lo humano.
Las naciones enteras deberán redescubrir los principios del Reino, como alternativa superior a sistemas políticos humanos corruptos. No como religión de estado, sino como principios de operación del Reino en territorios nacionales. Llegamos ahora a las conclusiones finales de todas estas revelaciones perturbadoras. Tengo en cuenta que hoy has enfrentado una de las revelaciones más perturbadoras en el marco de todas estas batallas épicas que estamos librando. Has descubierto que fuiste víctima del secuestro más sofisticado de la historia.
Durante dos mil años, una conspiración sistemática te ha robado tu herencia como ciudadano del Reino y te ha ofrecido, a cambio, una imitación religiosa que te mantiene espiritualmente empobrecido, mientras esas instituciones se enriquecen. El coraje que has demostrado al leerme y no descartarme, y enfrentar esta verdad perturbadora es extraordinario. La mayoría de las personas, cuando descubren que han sido engañadas durante toda su vida, reaccionan con negación o lo más abundante: atacan al mensajero.
Pero tú has tenido la valentía de considerar la evidencia, examinar los hechos y reconocer que todo lo que aquí se ha expuesto no es mera teoría, sino una documentación histórica de una operación de encubrimiento masiva. Este desenmascaramiento se suma, devastadoramente, a las batallas que ya hemos ganado. Ahora comprendes que Jesús nunca vino a fundar una religión, sino el motivo real por el cual se creó esa religión, para reemplazar y ocultar al Reino autentico. Ahora entiendes que no sólo existen versículos bíblicos que la religión mantiene ocultos, sino el motivo real del por qué los mantienen ocultos, porque exponen la conspiración.
La guerra entre Reino y la religión no es una diferencia de opiniones teológicas. Es una batalla entre un sistema que te empodera como ciudadano con autoridad delegada, versus un sistema que te mantiene dependiente como feligrés, necesitado de intermediarios. Es la diferencia entre recuperar la herencia robada o continuar viviendo como refugiado espiritual en tu propio territorio. Declara tu independencia del sistema conspirador. Hoy mismo, deja de verte como miembro de iglesia y comienza a verte como ciudadano del Reino con autoridad delegada. No necesitas permiso de ninguna institución religiosa para operar en el poder que te corresponde por derecho de nacimiento espiritual.
Identifica las áreas específicas donde has sido mantenido dependiente del sistema religioso y establece conexión directa con el Rey. Ya sabes que tienes acceso directo a recursos del Reino sin pasar por intermediarios humanos. A partir de ello, podrás comenzar a transformar tu territorio personal como evidencia de tu ciudadanía. Convierte tu hogar en una embajada del Reino, donde otros puedan descubrir la diferencia entre una religión que los mantiene cautivos y el Reino que los libera. ¿Quieres respaldo bíblico a todo esto? Aquí lo tienes.
Gálatas 5: 1 = Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Este versículo afirma que Cristo nos liberó, no para volver a vivir bajo sistemas que esclavizan (incluida una religiosidad legalista). Colosenses 2: 20–23 = Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos… conforme a mandamientos y doctrinas de hombres? Pablo confronta directamente la dependencia de reglas externas que aparentan espiritualidad, pero no transforman el corazón. 2 Corintios 3: 17 = Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. La verdadera libertad no proviene de ritos o estructuras religiosas, sino de la vida del Espíritu en nosotros.
Cada embajada auténtica del Reino se convierte en un verdadero centro de formación territorial que expone, automáticamente, la irrelevancia de las estructuras religiosas conspiradoras. Conecta esta recuperación con todas las revelaciones que hemos desenmascarado. Cada verdad expuesta entre Reino y religión es parte de una misión tendiente a recuperar lo que nos fue robado hace dos mil años. En todo el mundo, millones de personas están despertando al hecho de que han sido víctimas de la operación de encubrimiento más exitosa de la historia.
La conspiración que durante dos mil años mantuvo a la humanidad ignorante sobre su herencia real, está empezando a colapsar ante el peso de su propia irrelevancia. Cuando las personas descubren que pueden operar directamente en autoridad del Reino, las estructuras intermedias religiosas se vuelven obviamente innecesarias. El Reino no necesita ser defendido, sólo necesita ser demostrado. Cuando las personas vean la diferencia entre la pobreza espiritual de la religión y la abundancia del Reino auténtico, la elección se vuelve obvia. Tu generación está presenciando el desenmascaramiento final de la conspiración más sofisticada de la historia.
Eres parte de la generación que recuperará lo que fue robado, que restaurará lo que fue secuestrado, que establecerá lo que fue reemplazado. Pero esta guerra épica que estamos librando, está lejos de terminar. El desenmascaramiento de la conspiración histórica es solo el principio de revelaciones aún más devastadoras. ¿Crees que descubrir el secuestro de dos mil años es lo más perturbador que conocerás? Espera enfrentar los siete errores específicos que destruyeron al cristianismo. Desde ellos y su análisis se desprende la razón y el motivo por el cual un Reino poderoso fue convertido de improviso en una religión casi impotente. Eso será lo próximo.
36.- Hay Una Parábola que Jesús…
…contó siete veces en los evangelios. No dos ni tres, ¡Siete veces repitió la misma revelación sobre el Reino de Dios! Y aquí está lo asombroso: la iglesia tradicional la transformó en un cuento moral bonito para los niños de la Escuela Dominical. Pero alguien vio algo en esa revelación que cambió absolutamente su propia visión del cristianismo. Algo tan radical que, cuando lo entiendes, tu vida religiosa cómoda nunca vuelve a ser la misma.
¿Sabes cuál es esa parábola? En realidad, son varias, y es el descubrimiento que se ha hecho y vamos a compartir hoy. La realidad es que Jesús no contó una parábola siete veces. Lo que Él contó fueron siete variaciones del mismo principio transformador del Reino. Levadura o fermento, Semilla de Mostaza, Tesoro escondido, Perla de gran precio. Cada una revelando la misma verdad explosiva desde ángulos diferentes. Y la iglesia moderna las lee como historias separadas, entonces pierde el patrón y termina predicando religión dominical en lugar de Reino transformador.
Lo cierto es que la iglesia ha estado enseñando las parábolas de Jesús por espacio de dos mil años, pero ignorando completamente lo que Jesús realmente estaba revelando. O sea, el diseño original del Reino que, obviamente, amenaza a todo el sistema religioso establecido. Hoy te voy a mostrar esas parábolas con ojos completamente nuevos y vas a poder verlas tal como son y no como las deformaron. Y te advierto que lo que descubrirás te perturbará, porque te revelará por qué tu vida cristiana se siente como actividad religiosa en lugar de una asignación divina y transformadora del Reino.
Si llegas a la iglesia fielmente, sirves en ministerios, lees tu biblia, pero en lo profundo sabes que algo no cuadra, no encaja, es como que te falta algo o te sobra algo; si sientes que hay más de Dios que lo que has experimentado en estructuras religiosas tradicionales, no estás loco, estás sintiendo exactamente lo que esas siete parábolas revelan. Hay un patrón que Jesús repitió siete veces y quiero mostrarte con claridad en los próximos minutos. Es el diseño del Reino que la religión enterró. Y cuando lo veas, tu propósito dormido despertará, porque estas parábolas no son sobre la moral, son sobre tu mandato divino, que es el de infiltrar sistemas para transformarlos desde adentro.
Suena como ilegal o delictivo, pero créeme que no lo es, todo lo contrario. Jesús hizo eso. Si quieres descubrir más verdades del Reino que la religión tradicional no enseña y liberar el potencial que Dios diseñó en ti, presta mucha atención a lo que viene. Lo primero, y muy importante para mucha gente que toma estas cosas con demasiada ligereza, es aclarar que Jesús no decía nada de lo que decía diariamente, al azar. Lo que Él hacía de manera permanente, puedes comprobarlo, era revelar sistemáticamente el diseño original del Reino de Dios, algo completamente opuesto a cómo funciona la religión que conocemos.
Mira estas siete parábolas que Jesús enseñó. La Levadura. También se conoce como El Fermento. Está en Mateo 13:33. Una mujer toma un poco de levadura y la esconde en tres medidas de harina hasta que toda la masa fermenta. Así es como lo relata: Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.
La Semilla de Mostaza. Mateo 13: 31.32. La semilla más pequeña se convierte en el árbol más grande donde las aves hacen nidos. Dice textualmente: Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.
El Tesoro Escondido. Mateo 13:44. Un hombre encuentra un tesoro, lo esconde, vende todo y compra el campo. El texto: Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.
La Perla de Gran Precio. Mateo 13:45-46. Un comerciante encuentra de valor supremo, vende todo y la compra. Dice así: También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
La Red. Mateo 13:47-50. Una red atrapa todo tipo de peces, y después viene la separación. El pasaje expresa: Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
El Grano de Trigo. Juan 12:24. El grano debe morir y ser enterrado para producir mucho fruto. Dice: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
La Semilla que Crece Sola. Marcos 4:26-29. Un hombre siembra y la semilla crece por sí misma, no sabe cómo. El texto completo consigna: Decía, además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado.
Ahora, lo que la iglesia tradicional hizo con estas parábolas, fue convertirlas en lecciones morales. La levadura era sobre influencia cristiana, la mostaza era sobre fe pequeña que crece, el tesoro era sobre valorar el evangelio. Todo muy bonito y edificante, pero completamente superficial. Pero resulta ser que lo que lo que tenemos que ver es lo que generalmente hemos pasado por alto. Jesús repitió el mismo patrón siete veces, porque estaba revelando como opera el Reino en contraste total con la religión.
37.- Y Ese Patrón Tiene Cuatro…
…características devastadoras que la religión tradicional no quiere que descubras. Primera característica, comienza pequeño e invisible. Levadura, mostaza, grano enterrado, nadie lo ve al principio. La religión, en cambio, construye catedrales visibles, ostentosas, impactantes, mientras el Reino planta semillas invisibles. ¿Sabes por qué esto es revolucionario? Porque destruye toda la mentalidad de ministerio grande y de iglesia numerosa como medida de Reino. El impacto de Reino se mide por transformación interna, no por asistencia dominical o imponencias ministeriales.
Segunda característica, Es la que infiltra desde adentro. La levadura no se queda fuera de la masa, sino que entra y transforma desde el interior. Tu mandato en el Reino no es construir templos separados del mundo, sino infiltrar sistemas existentes. Familia, trabajo, política, economía, lo que se te muestre y transformarlos con principios del Reino. Imagina por un momento qué pasaría, si en lugar de esperar que la gente venga a la iglesia, los creyentes verdaderos del Reino infiltraran cada sector de la sociedad como levadura invisible pero irresistible. Eso es exactamente lo que Jesús repitió siete veces. Pero la religión prefiere mantenerte en el edificio dominical porque allí es más fácil controlarte.
Tercera característica, Una transformación total e irresistible. La levadura no leuda parte de la masa, lo hace con toda la masa. La mostaza no se queda pequeña, se convierte en el árbol más grande. El grano no produce un poquito, produce mucho fruto. Algo sumamente radical se desprende de todo esto. El Reino no viene de ninguna manera a coexistir con sistemas caídos. Viene a transformarlos completamente o, directamente a reemplazarlos. ¿Sabes por qué la iglesia no predica esto? Porque una transformación total representa una fuerte amenaza a una serie de estructuras muy cómodas y en ciertos casos muy rentables. Es más sencillo predicar ser una buena persona, que transformar toda una empresa entera con principios del Reino. Pero lo más importante, es que es factible lograrlo.
Cuarta característica. Requiere sacrificio total. Tesoro escondido y perla preciosa, ambos requieren vender todo para poseerlos. Solamente dar tu diez por ciento cada domingo no sirve, no alcanza. El Reino no es añadir actividad adicional a tu vida normal. El Reino es intercambio total, es cambiar tu agenda por la agenda de Dios. Tu carrera por tu mandato. Tu comodidad por tu destino. ¿Estás viendo el patrón original, ahora? Siete veces, el mismo principio. El Reino opera exactamente opuesto a la religión. Y, obviamente, ésta lo detesta, lo niega, lo oculta y hasta lo combate.
La religión se ve grande, visible y en muchos casos impresionante desde afuera. El Reino es pequeño y está escondido, pero transforma desde adentro. La religión te dice que te mantengas separado del mundo dentro de un edificio santo. El Reino infiltra el mundo como agente de transformación. La religión dice que hagas tu parte, que des tu porcentaje y que cumplas con tu horario. El Reino te pide que entregues todo y que transformes todo. De otro modo, evidentemente no has entendido nada.
¿Ahora entiendes por qué Jesús repitió esto siete veces y por qué la iglesia tradicional lo ignoró sistemáticamente? Aquí está la pregunta clave. Si Jesús repitió estas revelaciones del Reino siete veces, ¿Por qué la iglesia moderna casi nunca las enseña de esta manera? La respuesta te va a incomodar, pero necesitas escucharla. Se ha descubierto, estudiando la historia de la iglesia, trescientos años después de Cristo, que cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano, el mensaje del Reino fue sistemáticamente reemplazado por un mensaje de religión institucional acomodada a los intereses del Imperio.
¿Por qué? Porque el Reino que Jesús predicó era y es peligroso para las estructuras de control. Déjame explicarte, con ejemplo concreto. Cuando Jesús predicó sobre la levadura, estaba diciendo que el Reino opera como agente invisible que infiltra y transforma sistemas desde adentro. Esto significa que un verdadero creyente del Reino no necesita permiso de la institución religiosa para cumplir su asignación. Él es el Reino, donde quiera que esté.
¿Estás viendo el problema? Si las personas descubren que ellas mismas son el Reino, que su trabajo secular es su púlpito, que su hogar es su templo, que su trabajo o su empresa es su campo misionero, ¿Para que necesitarían esas tremendas estructuras religiosas tradicionales? Hay que decirlo sin rodeos. La religión quiere que vengas al edificio los domingos, mientras que el Reino te envía al mundo los lunes. La religión te da actividades, mientras que el Reino te da asignación y mandatos.
La religión mide tu asistencia, pero el Reino mide tu transformación. Imagínate una iglesia tradicional donde el pastor diga: “Hermano, tu asignación del Reino no está aquí sirviendo en la limpieza del templo”. Dios te diseñó como ingeniero para cambiar la industria que sea con los principios de Reino. Ve allí e infíltrate en ese sistema como si fueras levadura. ¿Cuántos pastores estarán predicando eso? Hasta donde yo sé, muy pocos.
Porque es más fácil mantener ocupadas a las personas en actividades religiosas que empoderarlas para infiltrar y transformar sistemas seculares. Ahora mira la parábola de la semilla de mostaza con esta lente. Jesús dice que el Reino comienza como la semilla más pequeña, pero se convierte en árbol donde las aves hacen nidos. ¿Y por qué dijo aves? Porque en lenguaje profético del Antiguo Testamento, aves representan naciones.
El Reino crece hasta que las naciones encuentran refugio en él. ¿Eso suena como ser buena persona e ir al cielo? No, suena como transformación de naciones enteras. Pero la religión redujo el mensaje a salvación personal para escape futuro, porque transformación de naciones requiere creyentes del Reino que piensen como reyes, no como súbditos religiosos. Jesús no vino a fundar una religión, vino a restablecer el Reino, el gobierno de Dios en la tierra como en el cielo. ¡Él lo dijo y lo predicó! No estamos inventando ninguna doctrina ni movimiento nuevo, estamos sosteniendo el único evangelio predicado desde siempre.
Pero la religión institucional enterró ese mensaje porque un Reino empoderado amenaza feo a las jerarquías religiosas establecidas. Fíjate en la parábola del grano de trigo. Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo. Pero si muere, produce mucho fruto. La religión interpreta esto como ser humilde y sufrir en silencio. El Reino te enseña que la muerte del grano equivale a la muerte de tu agenda propia, a ese camino seguro que es ir a ese templo cada semana, pero también a expectativas familiares, para que tu propósito original diseñado por Dios produzca fruto multiplicado que transforme naciones.
¿Ves la diferencia devastadora? Religión es muérete a ti mismo igual a conviértete en nada. Reino, muere a ti mismo igual a tu diseño original que produce fruto exponencial. Al igual que otros hombres de Dios que hoy también enseñan esto, nací pobre en recursos, y recibí de mis padres la idea directiva de capacitarme lo suficiente como para conseguir un trabajo medianamente estable y sobrevivir. Algo de adentro, aun no siendo creyente todavía, me hizo rebelarme contra eso y buscar horizontes que supuestamente para mí estaban cerrados. Tuve que pelear duro y firme, pero logré mucho más de lo que se me había dado como futuro “normal”.
Cuando me convertí, busqué desesperadamente de parte de Dios una dirección más acorde a lo que había en mi ser interior. Eso me llevó a la religión, donde si bien aprendí algunos rudimentos bíblicos que ignoraba, también pasé años infructuosos sin pena ni gloria y prosiguiendo con necesidades de todos los colores. Cuando escuché a un tremendo hombre de Dios predicar por primera vez sobre el Reino, todo dentro de mí se dio vueltas patas para arriba y allí, recién allí, empecé a transitar por donde verdaderamente estaba llamado a transitar. Fui libre.
Me pregunto cuántos de ustedes que hoy me están leyendo, están viviendo la vida que sus padres le diseñaron, en lugar de estar haciéndolo con la que Dios les diseñó desde antes de la fundación del mundo y desde antes que estuvieran en el vientre de sus madres. De acuerdo, puedes estar en un trabajo medianamente seguro, pero si tu alma está espiritualmente muerta, no tienes vida, sólo respiras. Incluso hasta puedes tener un título universitario, muy respetable y recomendable, pero tu verdadero propósito está enterrado. Religión es lo que te felicita por tu conformismo. Reino es lo que te confronta con tu mandato.
Aquí está la verdad incómoda. La iglesia tradicional prefiere a las parábolas como lecciones morales bonitas, porque la moral es controlable. Pero el Reino transformador es incontrolable, porque empodera individuos para infiltrar sistemas y cambiarlos desde adentro sin pedir permiso a jerarquías religiosas. Por eso Jesús lo repitió siete veces. Y por eso la religión lo enterró por mil setecientos años. Hasta que algunos hombres, verdaderos pioneros de todo esto, lo desenterraron y aquí lo tienes.
Ahora viene la parte que cambiará tu forma de ver tu propia vida. Hay un patrón central que conecta estas siete parábolas. Él lo llamaba el principio del diseño original del Reino y, cuando lo entiendes, tu mentalidad religiosa, colapsa. Aquí está el patrón en tres palabras. Pequeño, Escondido, Irresistible. Déjame mostrarte como todo esto destruye todo lo que la religión te enseñó sobre el éxito cristiano. Es pequeño, porque el Reino comienza donde nadie lo ve. El que piense que el Reino viene con pompa, trompeta y espectáculo, no leyó la Biblia ni entendió a Jesús.
Levadura, es invisible en la masa. Mostaza, la semilla más pequeña. Tesoro, enterrado en el campo. Grano, muerto en tierra oscura. ¿Dónde está tu tesoro más grande, ahora mismo? No en lo que todos ven, sino en lo que nadie ve. Tus dones enterrados, tus ideas descartadas. Tus sueños, que consideraste demasiado pequeños como para importarle a alguien. ¿Sabes cuál es el mayor impacto de estas parábolas? Que Jesús valoraba lo pequeño que nadie celebra.
La religión celebra al predicador en la enorme plataforma, el ministerio grande y el milagro público. El Reino celebra al padre que ora por sus hijos en secreto, a la mujer que les enseña Biblia a las vecinas, el hombre que transforma su empresa con una integridad que nadie aplaude. Creo que, si buscamos subirnos a la plataforma para que todos nos vean y nos aplaudan, estamos perdiendo el Reino. Porque el Reino opera en lo pequeño, en lo oscuro en cuanto a exposición, en lo ignorado. Porque allí no hay egos compitiendo con el propósito de Dios.
¿Cuántas veces descartaste una idea porque te pareció que era algo demasiado pequeño como para cambiar algo? Ese pensamiento es religioso, no es Reino. En el Reino, pequeño es el diseño, no el defecto. Porque pequeño es donde Dios puede trabajar sin que tu ego le robe gloria. Es escondido, porque el Reino infiltra sin anunciarse. Aquí está lo revolucionario. En todas estas parábolas, el agente del Reino está escondido en la masa. Levadura, escondida en la masa. Pero leudando todo con el correr de los días.
Tesoro, escondido en el campo. Semilla, escondida en tierra. Perla, dentro de ostra cerrada. El Reino no necesita anunciarse, se demuestra por transformación, no por promoción. ¿Alguien puede creer, de verdad, que nuestro Dios necesita de un trabajo de marketing para que se lo conozca? Imagínate que eres un gerente en una empresa secular. La religión te dice: predica el evangelio verbalmente, pon versículos en tu escritorio, invita a tus compañeros a la iglesia, pero en tus negocios, no hagas cosas raras, sigue la ruta de las demás empresas exitosas.
Estrategia del Reino. Infiltra a esa empresa con excelencia tan irresistible, integridad tan rara, liderazgo tan transformador que el sistema entero cambia y, cuando te preguntan por qué eres diferente, ahí es donde respondes que vives conforme a los principios del Reino de Dios. ¿Estás viendo la diferencia? La religión anuncia primero y tal vez transforma después. El Reino transforma primero y responde preguntas después. El punto no está en predicar Reino para líderes y pastores, sino para empresarios y hombres de negocios, hambrientos de sinceridad, honestidad, lealtad e integridad. Cuando descubren que todo lo que les dices viene de la Biblia, les agarra un hambre feroz por devorársela. Eso es levadura, infiltración. Transformación desde adentro, irresistible. El Reino transforma totalmente.
38.- Ahora Viene lo Más Poderoso…
…fíjate en el resultado de las parábolas. La levadura leuda toda la masa, no una parte, toda. La mostaza se convierte en el árbol más grande, no en uno mediano. El tesoro o la perla, vale todo lo que posees, no un porcentaje. El grano, produce mucho fruto, no poco. ¿Qué está diciendo Jesús? Que cuando el Reino opera correctamente, la transformación es total e irresistible. El Reino no viene a mejorar un poquito tu vida, viene a transformarla completamente.
Tampoco viene a añadirse a tu agenda, viene a reemplazarla con la agenda de Dios. Esto ofende a la mentalidad religiosa que quiere a Dios como complemento. Un poquito de Dios los domingos y mi vida normal el resto de la semana. Pero mira las parábolas. El hombre que encontró el tesoro, vendió todo. El comerciante que halló la perla, vendió todo. No dice que dio su diezmo y ofrenda, dice que vendió todo. ¿Nunca te preguntaste por qué tu vida cristiana es tibia? La respuesta es tan simple que estorba si no se la dice: porque estás jugando a la religión y no viviendo el Reino.
Reino requiere todo, o no funciona. No puede ser levadura de medio tiempo. Cuando leudas masa para pan, no puedes poner un poquito de levadura y esperar un poquito de leudado. O se leuda toda la masa, o no funciona. No existe un pan medio leudado. Lo mismo es con tu vida. O el Reino te transforma todo, tu matrimonio, tu carrera, tus finanzas, tus relaciones, tus decisiones o estás jugando a la religión. El cementerio está lleno de potencial enterrado de personas que quisieron un poquito de Reino sin entrega total. Murieron cómodos, es verdad, pero vacíos. Pequeño, escondido, irresistible. Ese es el diseño del Reino que Jesús repitió siete veces y que la religión no puede procesar porque requiere muerte total al control religioso.
Muy bien; ahora te tengo que preguntar casi obligadamente. Si entendiste con claridad el patrón de las siete parábolas, ¿Qué vas a hacer mañana? Porque aquí está el problema, puedes entender todo esto intelectualmente y seguir viviendo religiosamente. Es malo el conocimiento sin aplicación, así que será oportuno que tiremos algunas líneas al respecto. Lo primero que debes hacer, es identificar tu semilla pequeña que Dios plantó. Dios jamás te enviaría al mundo sin semilla. El problema es que la religión te enseñó a buscar un ministerio grande en lugar de descubrir tu semilla específica. Tu semilla es ese don que tienes, y que consideraste muy ordinario para importar. Esa habilidad que te sale natural mientras que otros luchan para tenerla. Esa carga en tu corazón por un problema específico que nadie más ve.
Ejemplo concreto. Tal vez tienes facilidad para organizar sistemas. La religión dice que eso no es un don espiritual. Pero el Reino dice que ese es tu diseño original para infiltrar empresas caóticas y transformarlas con orden divino. O tal vez tienes pasión por enseñarles a los niños. La religión te dirá que sirvas en la Escuela Dominical. El Reino te dice que infiltres el sistema educativo público como levadura que leuda y verás como toda una generación entera aprende y termina cambiando todo.
¿Ves cómo cambia todo cuando dejas de buscar ministerios religiosos y empiezas a descubrir asignación o mandato del Reino? La gran pregunta, es: ¿Por qué esperas un llamado al ministerio cuando Dios ya te diseñó con un propósito específico visible en tus dones naturales? Tu trabajo secular es tu ministerio, si lo haces con mentalidad de Reino. Hazte tu propio examen, honesto y fiel. ¿Qué es lo que haces mejor que otras personas con muy poco esfuerzo? Esa facilidad no es casualidad, es diseño. Ahí está tu semilla.
Segunda aplicación: planta tu semilla en campo correcto, no en un templo. Aquí está el error fatal. La mayoría de los creyentes intentan servir a Dios trayendo su semilla al edificio religioso, cuando Jesús dijo que el tesoro está escondido en el campo. ¿Y que es el campo? ¿Lo recuerdas? ¡El mundo! Tu empresa, tu vecindario, tu familia, sistemas seculares que necesitan transformación. Si tienes don de liderazgo y estás sirviendo en el estacionamiento de la iglesia, estás desperdiciando tu asignación.
Dios te diseñó para infiltrar gobiernos, empresas, instituciones, no para acomodar butacas en un templo. Esto ofende, porque la religión valora el servicio en la iglesia por sobre cualquier forma de impacto en el mundo. Pero mira las parábolas, la levadura entra en la masa, la semilla se planta en el campo, el tesoro está escondido en territorio secular. ¿Un ejemplo concreto? José nunca pastoreó una iglesia en Egipto, sólo infiltró lo suyo en el palacio del faraón y eso transformó la nación entera salvándola de la hambruna.
Daniel no predicó en las esquinas de Babilonia, infiltró la administración del rey y cambió decretos que iban a destruir al pueblo de Dios. Eso es Reino, infiltración estratégica. Transformación desde posiciones de influencia. Una buena pregunta: ¿Dónde pasas más de cuarenta horas semanales? Ahí es tu campo de infiltración. No es trabajo secular que toleras hasta poder hacer ministerio real. Ese es tu ministerio.
Tercera aplicación. Acepta que una transformación requiere una muerte al camino seguro. Aquí viene la parte que duele. Si quieres que tu semilla produzca fruto multiplicado, tiene que morir primero. Y esa clase de muerte, duele. ¿En qué duele? Duele porque es muerte a la aprobación familiar, por ejemplo. Porque tal vez tu familia espera que seas médico, abogado o ingeniero, porque estima que eso es respetable. Pero Dios te diseñó como artista emprendedor y maestro. Si sigues el camino familiar, tendrás seguridad, pero tu semilla morirá sin tener fruto.
39.- El Reino a Veces Requiere…
…que dejes lugares de seguridad para apostarlo todo a tu mandato riesgoso. Eso es tal cual el comerciante que vendió todo por la perla. La otra gran pregunta que surge, es: ¿Por qué sigues martirizándote en ese trabajo que odias? Respuesta. Porque es un salario seguro. Claro, entiendo, pero tener seguridad sin propósito, es igual a vivir en una cárcel cómoda. Y cuando mueras, tu semilla muere contigo, enterrada en un cementerio como el libro que nunca escribiste, la empresa que nunca fundaste, y la generación que nunca impactaste.
Algo es imperativo, la muerte a la comodidad religiosa. Tal vez llevas años y años en la misma iglesia, siempre con las mismas rutinas, las mismas actividades. Totalmente cómodo y además, conocido, tranquilo, apático incluso. Pero Dios te está llamando a infiltrar nuevo territorio y eso requiere dejar la seguridad de tu banca familiar en el templo. ¿Qué crees que deberías vender, o dejar, o soltar, o arriesgar, para perseguir plenamente el propósito que Dios plantó en ti? Esa, si tienes alguna respuesta, es la prueba de si entendiste el Reino o no.
Cuarta aplicación. Confía en el proceso invisible de crecimiento. La última parábola, la semilla que crece sola, revela algo que alivia la presión religiosa. El hombre siembra la semilla y duerme, y la semilla crece sin que él lo sepa cómo lo hizo. Tu responsabilidad es plantar tu semilla en el campo correcto y regarla con fidelidad. El crecimiento es responsabilidad de Dios, no tuyo. Esto te libera de esa responsabilidad religiosa que te demanda tener resultados.
Si plantaste tu semilla, identificaste tu propósito y la pusiste en el campo correcto, ya sea tu empresa, familia o lo que sea. Y si además la estás regando con excelencia e integridad y sabiduría de Reino, confía en que el crecimiento vendrá, aunque no veas resultados inmediatos. La pregunta, ahora, es: ¿Estás plantando con mentalidad de Reino pequeño, escondido, fiel o con mentalidad religiosa, grande, visible? ¿Resultados inmediatos? Volvamos a la pregunta original: ¿Por qué Jesús repitió este mensaje del Reino siete veces en diferentes parábolas?
Hay una respuesta que lo resume todo. Porque Jesús sabía que la religión institucional iba a enterrar el mensaje del Reino. Entonces lo repitió en múltiples formas para que cuando alguien finalmente lo desenterrara, el patrón fuera inconfundible. Y tenía razón. Pasaron mil setecientos años de religión dominando el cristianismo, antes de que movimientos de Reino empezaran a resurgir. Pero ahora que ves el patrón, ahora que conectaste las siete variaciones de la misma verdad transformadora, no puedes volver a leer estas parábolas como cuentos morales bonitos para niños.
Has visto el diseño, y el diseño te confronta. Déjame mostrarte por qué el número siete importa bíblicamente y qué significa para tu vida específicamente. En la Escritura, el siete representa lo completo, la protección divina, la totalidad. Cuando Dios hace algo siete veces, está diciendo que eso es completo. Esto es todo lo que necesitas saber sobre este tema. Jesús dio siete variaciones de la revelación del Reino para cubrir todas las dimensiones de cómo opera.
Fermento, levadura, método de infiltración invisible. Mostaza, proceso de crecimiento exponencial. Tesoro, valor supremo que justifica sacrificio total. Perla, singularidad de lo que buscas, un propósito. Red, alcance universal del Reino atrapa todo tipo de presas. Grano, muerte necesaria para multiplicación. Semilla que crece sola, soberanía de Dios en crecimiento. ¿Te das cuenta ahora que no son parábolas repetitivas? Son facetas de un diamante perfecto, el diseño completo del Reino revelado desde todos los ángulos.
O sea que Jesús no repitió el mensaje porque fuera mal maestro. Lo repitió porque sabía que la mentalidad religiosa está tan arraigada que necesitas ver la verdad del Reino desde siete ángulos diferentes para que finalmente penetre tu resistencia a la transformación total. Ahora tienes una aplicación personal devastadora. Si entendiste las siete revelaciones, tienes una decisión binaria para tomar, no hay zona gris. Opción uno, volver a la religión cómoda.
Puedes olvidarte de esto que estás escuchando y volver a tu rutina religiosa dominical. Seguir haciendo cosas cristianas sin transformación real. Serás buen cristiano según estándares religiosos, pero tu semilla morirá contigo en el cementerio, junto con el libro no escrito, la empresa no fundada y la generación no impactada. Opción dos. Abrazar el Reino transformador. Puedes tomar la decisión que cambia todo, identificar tu semilla y el propósito específico que Dios plantó en ella.
Plantarla en tu campo, familia, comunidad donde tienes influencia. Aceptar la muerte al camino seguro y confiar en Dios para el crecimiento que transforma sistemas enteros. Esta opción asusta, porque requiere salir de estructuras religiosas cómodas hacia territorio desconocido, donde sólo tienes una semilla pequeña y una promesa de Dios. Pero mira lo que Jesús prometió en las siete parábolas. Tu levadura pequeña leudará toda la masa.
Tu semilla diminuta se convertirá en árbol gigante. Tu tesoro escondido vale más que todo lo demás. Tu grano muerto producirá mucho fruto. Tu semilla crecerá, aunque no sepas cómo. ¿Qué necesitas para creer esto? Fe en el diseño de Dios, no en tu capacidad. La religión dice que te capacites y luego Dios te usará. El Reino dice que Dios te capacitará antes de usarte. ¿Qué harías mañana, si creyeras que tu semilla pequeña puede transformar a un sistema entero?
Si tu respuesta es que no harías nada diferente, entonces no entendiste nada del Reino. En todo caso, sólo acumulaste un poco más de información religiosa. Pero si tu respuesta incluye algo de estas acciones concretas, podrás identificar tu semilla, pasión, cargas únicas e infiltrar lo que puedas con principios de Reino. Y hacerlo desde adentro y de forma absolutamente legal, aunque por fuera de toda actitud religiosa, algo será diferente. Y si también te atreves a soltarte de todo compromiso social, familiar o religioso que te lo impida, entonces captaste el mensaje y ya eres uno más en la lucha.
Y algo más que importante. Dios no creó duplicados. Él plantó en ti una semilla que solamente tú puedes germinar. El mundo está esperando desesperadamente el fruto que sólo tu semilla puede aportarle. No la entierres en cementerios de conformidad religiosa. Tu vida no es un accidente, es asignación y mandato. Tu trabajo no es secular, es campo de infiltración. Tu semilla no es pequeña, es diseño perfecto, para transformación específica. ¿Y como sigue esto? No lo sé, no tengo por qué saberlo. Sólo me limito a observar lo que veo en mis entornos…
40.- Es Indudable Que Existe…
…un silencio muy raro en el corazón de muchos creyentes. Un silencio que grita preguntas que nadie se atreve a formular en voz alta. ¿Por qué aquellos que más buscan a Dios, parecen alejarse cada vez más de los lugares en donde se supone que deberían encontrarlo? ¿Por qué los que arden con fe genuina, terminan apartándose de las estructuras que prometían acercarlos al Padre? Si alguna vez has sentido este conflicto interno, si has experimentado esa tensión entre tu hambre espiritual y la realidad de lo que encuentras entre cuatro paredes religiosas, entonces necesitas leer lo que está a punto de revelarse aquí.
La Escritura nos advierte, en 2 Corintios 11:14: Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Esto te deja muy en claro que hay un adversario (Eso significa el nombre Satanás), que sabe disfrazarse como mensajero de luz. O sea que no todo lo que resplandece con apariencia sagrada, proviene verdaderamente del trono celestial. Y que es precisamente aquí donde comienza el despertar de unos pocos a los que podríamos llamar de mil maneras distintas, pero que a mí se me ocurre rotular como Remanente, no sé si tan santo, pero si apartado de toda religiosidad inocua.
En suma; gente como tú o yo que vive hoy ese momento doloroso pero necesario, donde los ojos del espíritu se abren y comienzan a distinguir entre la tradición humana y la verdad divina. Hay un pasaje que raramente se predica desde los púlpitos modernos. En el evangelio según Juan 4:23 el Maestro de todos los maestros declara algo revolucionario: Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores les rendirán culto al Padre en Espíritu y en verdad. Porque ciertamente a los tales, el Padre busca que le adoren. Observa con atención estas palabras: no dice que los verdaderos adoradores se congregarán en un edificio específico. No menciona estructuras organizacionales ni jerarquías religiosas.
Habla de Espíritu, habla de la verdad, habla de una dimensión de adoración que trasciende completamente lo institucional. Este Remanente vendrían a ser aquellos a los que Pedro se refiere en 1 Pedro 2:9 cuando dice: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; Gente que, en función y razón de esto, comienzan a experimentar un fenómeno inquietante. Mientras más profundizan en las escrituras, mientras más tiempo pasan en intimidad genuina con el Espíritu Santo, más evidente se vuelve la brecha entre lo que el Mesías enseñó y lo que la religiosidad contemporánea lleva a la práctica.
Y quiero ser concreto y preciso. Esta no es en absoluto una crítica nacida desde la amargura, el resentimiento o la rebeldía. Es un discernimiento espiritual que emerge cuando la palabra viva comienza a iluminar la sombra de lo meramente tradicional. Piensa en esto por un momento. El Cordero de Dios, durante su ministerio terrenal, pasó la mayor parte de su tiempo fuera de las sinagogas. Caminó por las colinas de Galilea, enseñó junto al mar, compartió el pan en hogares humildes, tocó a los marginados en las calles polvorientas. Sus confrontaciones más intensas no fueron con los pecadores declarados, sino con los líderes religiosos de su época.
Con los escribas, los fariseos, aquellos que ocupaban las primeras sillas en las sinagogas y se envolvían en largas túnicas de piedad aparente. ¿Por qué? Porque habían convertido la fe viva en un sistema de control, habían transformado la gracia en una carga, habían hecho del templo una cueva de mercaderes, cuando debía ser casa de oración para todas las naciones. La realidad incómoda, es esta. Muchos de este Remanente se alejan, precisamente porque han encontrado algo más auténtico. Han descubierto que la relación con el Padre no requiere intermediarios humanos más allá del único mediador, Cristo Jesús.
Esto es lo que afirma Pablo en 1 Timoteo 2:5,: Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, Y a partir de esto, ellos han experimentado el poder transformador de sentarse a solas con las escrituras, permitiendo que el mismo Espíritu que inspiró esas palabras las ilumine en sus corazones. Y en ese encuentro personal, algo irreversible sucede, la dependencia se transfiere de lo visible a lo invisible, de lo temporal a lo eterno, de la institución al Rey de Reyes. Escucha con el oído del espíritu esta verdad penetrante.
En 1 Juan 2:27, encontramos una promesa extraordinaria: Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe. Ahora bien; esto no significa que debamos despreciar a los maestros verdaderos, ni rechazar toda forma de instrucción que se nos ofrezca. Lo que sí significa, es que nuestra dependencia última no debe descansar sobre la sabiduría humana, sino sobre la revelación directa del Espíritu Santo que mora en nosotros.
El Remanente entiende esto no como una teoría, sino como una sólida experiencia vivida. Han probado y han visto que el Señor es bueno, tal como clama el salmista David en el salmo 34:8, donde dice: Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él. Pero justamente aquí viene la parte que incomoda a muchos. Cuando un creyente genuino comienza a crecer en discernimiento espiritual, inevitablemente comenzará a notar ciertas cosas.
Notará como, en muchos lugares, la predicación se ha convertido en simple entretenimiento con barniz religioso. Notará como la adoración auténtica, ha sido reemplazada por espectáculos emocionales cuidadosamente orquestados. Notará como la doctrina sólida ha dado paso a mensajes motivacionales que cosquillean los oídos, pero no transforman corazones. Notará, con dolor en el alma, como la prosperidad material se predica más que la cruz o el mismísimo Reino
Notará, asimismo, cómo el éxito temporal se exalta más que la santidad y como la cantidad de asistentes a un templo o salón, importa más que la calidad de discípulos formados. Y entonces aquí está la gran encrucijada. ¿Qué hace un creyente fiel y genuino cuando reconoce estas realidades? Algunos las intentan reformar desde adentro, con esperanza y con paciencia. Otros, después de años de esfuerzo infructuoso, deciden que es hora de escuchar un llamado diferente.
41.- No un Llamado a La Apostasía…
…ni al aislamiento orgulloso, sino un llamado a regresar a lo esencial, a volver a las raíces de la fe apostólica, donde la comunión sucedía en los hogares, como describe el Libro de los Hechos 2:46. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, Cada día, no una vez por semana. Y un templo que no se parecía en nada a los actuales. Un sitio muy especial donde no había plataformas ni reflectores, sólo hermanos y hermanas compartiendo la vida bajo el señorío del resucitado.
Déjame llevarte más profundo aún. En el evangelio según Mateo 27:51, ocurre algo de significado cósmico en el momento de la muerte de Jesús. Dice: Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. De arriba abajo, dice. No de abajo hacia arriba, como si fuera obra humana, sino descendiendo desde el cielo mismo. ¿Comprendes la magnitud de este símbolo? Durante siglos, ese velo había separado al pueblo del Lugar Santísimo, donde habitaba la presencia de Dios. Sólo el Sumo Sacerdote podía entrar, una vez al año, con sangre de animales.
Pero, cuando el Cordero perfecto derramó su sangre, ese velo fue destruido para siempre. El acceso quedó abierto, sin guardias, sin requisitos religiosos, sin membresías ni credenciales eclesiásticas. Simplemente fe en la obra consumada del calvario. El Remanente del Siglo XXI del que venimos hablando, comprende esto en lo más profundo de su ser. Ellos entienden que ahora todos podemos acercarnos con confianza al trono de la gracia, como declara la carta a los Hebreos 4:16: Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. ¿Los ministros? ¿Los líderes? No parece decir eso. Parece decir: TODOS.
No necesitamos pasar por ningún sistema humano, no necesitamos obtener permiso de ninguna jerarquía terrenal. El camino está abierto, y este entendimiento, lejos de producir orgullo, genera una humildad tremenda. Porque reconocer que tenemos acceso directo al Padre, significa también asumir la responsabilidad completa de nuestra vida espiritual. No podemos culpar a ningún pastor si fallamos en lo más obvio o, incluso, hasta grosero. No podemos escondernos detrás de ninguna organización si nos desviamos. Estamos desnudos y expuestos ante aquel cuyos ojos son fuego consumidor.
Ahora bien, es importante aclarar algo fundamental para evitar malos entendidos. Alejarse de las estructuras religiosas problemáticas, no significa rechazar toda forma de comunión. No, de ninguna manera. El escritor de la carta los Hebreos nos exhorta, en 10:24 cuando expresa: Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; A ver; La fe cristiana nunca fue diseñada para vivirse en aislamiento total. Fuimos creados para la comunidad, para el cuerpo, pero hay una diferencia abismal entre la comunión genuina y la mera asistencia religiosa.
La comunión verdadera puede ocurrir con dos o tres reunidos en una sala modesta, con corazones y biblias abiertas, buscando juntos como suele decirse a veces pomposamente, el rostro del Altísimo. Jesús mismo lo prometió en Mateo 18:20 cuando dijo: Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. ¿Tu biblia dice lo mismo que la mía? Reunidos en Su Nombre, no en el de un credo, un líder o una denominación. Y no es necesario aclararlo, pero es evidente que no especificó que debía ser en un edificio consagrado ni bajo la supervisión de una autoridad religiosa oficial. Sólo dijo ¡En su nombre!
Con su autoridad, para su gloria. El Remanente del cual estamos hablando, está redescubriendo esta verdad libertadora. Ellos, de alguna manera, están volviendo a sus hogares y transformándolos en santuarios. La mesa del comedor se convierte en altar de comunión. La sala se transforma en aulas donde se estudian las profundidades de la escritura. La cocina se vuelve lugar de servicio, donde se prepara alimento tanto físico como espiritual para bendecir a otros. Y en estos espacios sencillos, despojados de toda pretensión religiosa, el Espíritu Santo se mueve con una libertad y un poder que a veces supera lo que ocurre en servicios elaborados y costosos.
Permíteme ahora compartirte algo que los teólogos reformados entendieron claramente hace siglos. La doctrina del sacerdocio universal de los creyentes, basada 1 Pedro 2:9, donde nuevamente leemos: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; Esto significa que cada hijo o hija de Dios, regenerado por el Espíritu mediante la fe en Cristo, tiene autoridad espiritual. No una autoridad para dominar sobre otros, sino una autoridad para ministrar, para orar, para enseñar lo que han aprendido, para ejercer los dones que el Espíritu distribuye según su voluntad soberana.
No existe una clase clerical superior en el Nuevo Pacto, todos somos hermanos. Como Jesús enfatiza en Mateo 23:8: Pero vosotros no os dejéis llamar Rabí, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Sin embargo, el sistema religioso institucionalizado, a menudo contradice esto. Crea jerarquías, establece niveles de acceso a Dios, genera dependencia psicológica y espiritual, donde los laicos se sienten incompetentes para leer la biblia por sí mismos. Incapaces de orar sin un mediador humano, desautorizados para compartir el evangelio sin un título oficial.
Y cuando este Remanente comienza a cuestionar estas estructuras a la luz de las escrituras, frecuentemente son etiquetados como rebeldes, orgullosos o engañados. Pero la historia demuestra que los verdaderos reformadores, aquellos que llamaron a la iglesia de regreso a la palabra, siempre fueron inicialmente rechazados por el establishment religioso de su tiempo. Considera la oración, ese diálogo sagrado entre el alma y su creador. En el evangelio según Mateo 6:6, el Señor enseña algo radical para su contexto cultural. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto.
42.- Secreto, Intimidad…
…sin audiencia humana, sin performance religiosa, sólo tú y Él. Los fariseos oraban en las esquinas, para ser vistos. El Remanente ora en lo oculto para ser transformados. Y esta diferencia no es superficial, es fundamental, porque revela donde realmente está puesta la confianza, si en la aprobación de los hombres o en la comunión con Dios. La oración genuina no necesita vocabulario religioso sofisticado. David, el salmista conforme al corazón de Dios, derramaba su alma con palabras crudas y honestas, lágrimas, gritos, confesiones, preguntas, dudas expresadas con transparencia brutal.
Puedes leer los salmos 22 o el 88 si es que quieres ver qué tipo de oración agrada al Padre. No son palabras pulidas para impresionar, son el clamor visceral que confía lo suficiente como para ser completamente vulnerable. Ese Remanente del que venimos hablando está recuperando esta autenticidad en su vida de oración. Ya no necesitan que alguien ore por ellos como si no tuvieran acceso directo. Saben que tienen un Sumo Sacerdote que intercede continuamente, como afirma Hebreos 7:24-25, Mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
Y saben que el Espíritu mismo intercede por ellos con gemidos indecibles cuando ni siquiera encuentran las palabras. Según Romanos 8:26: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Ahora bien; hablemos de algo que genera controversia, pero que debe ser abordado con honestidad escritural. La cuestión de la autoridad espiritual. ¿Quién tiene autoridad para enseñar? ¿Quién puede arrogarse interpretar las escrituras de manera correcta?
Las estructuras institucionales, generalmente responden que están habilitados para hacerlo sólo aquellos con una educación formal, una ordenación oficial y un reconocimiento denominacional. Pero la escritura lo que cuenta, es una historia diferente. Los apóstoles originales eran pescadores, recaudadores de impuestos, zelotes, hombres sin preparación teológica formal. Esto se confirma en Hechos 4:13; Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Se maravillaban. Me pregunto cuántos, hoy, podrían maravillarse con alguno de nosotros.
¿Qué los hacía diferentes? Sólo un punto clave: habían estado con Jesús. Esa era su credencial. No un diploma, no una ordenación humana, simplemente el haber pasado tiempo precioso en la presencia del Señor. Y esto de modo literal, no simbólico, ni como parte de nuestra fraseología religiosa. El Remanente de este siglo está redescubriendo que la verdadera autoridad espiritual, fluye de la intimidad con Cristo y del conocimiento profundo de su palabra. Sí, los maestros dotados por el Espíritu son valiosos. Si, aquellos con entrenamiento teológico sólido, pueden ser de gran bendición. Nadie osaría poner en duda eso.
Pero cuidado, el don de la enseñanza no es monopolio de una clase profesional. El Espíritu sopla donde quiere. Como le dijo Jesús a Nicodemo en Juan 3:8, El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. A lo largo de la historia del pueblo de Dios, Él ha levantado voces proféticas desde los lugares más inesperados. Pastores de ovejas, como David y Amós. Una reina como Ester. Un copero como Nehemías. Mujeres como Débora y Priscila. El Reino de Dios opera bajo principios que desafían constantemente las jerarquías y las expectativas humanas.
Déjame llevarte ahora a una verdad que tal vez sea la más liberadora de todas. El evangelio, la buena noticia de salvación por gracia mediante la fe, no necesita ser empaquetado en programas institucionales para ser efectivo. Rn Romanos 1:16, Pablo declara que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Poder de Dios, no poder de una institución, no poder de un sistema. Ni siquiera poder de un determinado y único credo. Poder inherente en el mensaje mismo, cuando es proclamado con fe y en la unción del Espíritu.
Allí es donde el Remanente comprende que pueden ser portadores de este evangelio, donde quiera que vayan. Sin crear una nueva religión, ni un nuevo grupo selecto. Pueden hacerlo en sus trabajos, en sus vecindarios, en sus barrios, como decimos aquí, en conversaciones casuales con gente casual, porque siempre es aquello que el Espíritu dirige sobrenaturalmente. La evangelización más efectiva, históricamente, no ha ocurrido a través de campañas masivas organizadas desde arriba, sino a través de creyentes comunes, compartiendo su testimonio con otros en el contexto de relaciones auténticas.
La expansión explosiva de la fe en el primer siglo, ocurrió sin edificios dedicados, sin presupuestos multimillonarios, sin tecnología moderna. ¿Y qué era lo que tenían? ¡Tenían el poder del Espíritu Santo! Tenían un mensaje que transformaba vidas, tenían amor genuino los unos por los otros, que hacía que el mundo observador dijera: ¡Miren como se aman! Y ese amor no era actuado en servicios dominicales, era vivido diariamente en la comunidad. Que se entienda de una vez y para siempre. La iglesia nació para ser vista cotidianamente por el mundo incrédulo, no para encerrarse semanalmente entre cuatro paredes.
Ahora permíteme abordar algo delicado, pero crucial. Estoy refiriéndome a la cuestión de la generosidad y las ofrendas. ¿Cuántos que hoy constituyen ese Remanente del que estamos hablando, han sido manipulados por enseñanzas distorsionadas sobre la prosperidad? O con amenazas de maldición si no diezman, con promesas de retorno financiero garantizado si siembran una semilla de fe. Pero escucha la claridad de 2 Corintios 9:7: Cada uno dé como propuso en su corazón. No con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.
Propuso en su corazón, dice. No bajo coacción, no bajo manipulación emocional, no bajo amenaza espiritual, desde el corazón, guiado por el Espíritu, con gozo. El Remanente está aprendiendo que la verdadera generosidad, trasciende directamente el acto de depositar dinero en una ofrenda institucional. Es el plato de comida preparado para un vecino necesitado. Es el tiempo invertido escuchando a alguien en crisis. Es la hospitalidad que abre puertas y corazones. Es el dar sin esperar nada a cambio. Siguiendo el ejemplo del Señor que dijo en Mateo 10:8: De gracia recibisteis, dad de gracia.
43.- Y Cuando Esta Generosidad…
…fluye naturalmente del amor de Cristo derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, según Romanos 5:5 no hay carga, sólo hay alegría. Pablo dice: y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Esto es la alegría de participar en la obra redentora de Dios en el mundo. Ahora bien; llegamos a un punto que requiere sabiduría y equilibrio. No todo alejamiento de estructuras institucionales es saludable. ¿Por qué?
Porque hay quienes se apartan impulsados por heridas no sanadas, por amarguras no resueltas, o por orgullos disfrazados de espiritualidad. Hay quienes rechazan toda forma de contenidos y leyes congregacionales y terminan en desvíos serios, porque rechazaron toda voz que pudiera corregirlos. Esto no es lo que estamos describiendo. Este Remanente del que te estoy hablando no se aleja hacia el aislamiento orgulloso ni hacia la autosuficiencia arrogante. Se aleja hacia una dependencia más profunda de Cristo y hacia formas de comunión más auténticas y escriturales.
Proverbios 18:1, advierte que quien se aísla busca su propio deseo y, contra todo consejo, se encoleriza, monta en santa ira. Puntualmente, dice: Su deseo busca el que se desvía, Y se entremete en todo negocio. La soledad espiritual elegida por rebeldía, es peligrosa, pero hay otro tipo de soledad. Es la del profeta en el desierto, la del apóstol exiliado en Patmos, la del reformador que debe pararse solo porque la verdad así lo exige. Esta soledad no es buscada por preferencia, sino aceptada por obediencia. Y, aún en esa soledad, nunca estamos verdaderamente solos.
Porque el Emanuel, Dios con nosotros, ha prometido que jamás nos dejará ni nos abandonará, como declara Hebreos 13:5. El Remanente también está redescubriendo el poder de las escrituras, sin filtros interpretativos controlados. Por siglos, la antigua iglesia institucional y tradicional mantuvo la biblia fuera del alcance de la gente común. Se decía que era peligroso que personas no educadas leyeran la palabra por sí mismas, que necesitaban que el clero les dijera qué significaba lo que estaban leyendo. Pero cuando la reforma protestante puso las escrituras en manos del pueblo, una explosión de fe genuina sacudió al mundo.
¿Por qué? Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, como dice en Hebreos 4:12. No necesita que la religión la haga relevante, ya lo es. Es más cortante que toda espada de dos filos y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Cuando un creyente se sienta regularmente con las escrituras, permitiendo que el Espíritu Santo ilumine su comprensión, algo transformador comienza a ocurrir. Eso, si no se entra en lo que podría verse como una nueva iglesia institucional y tradicional que, al igual que la antigua, se ve a sí misma como propietaria de Dios y de sus mandatos.
Lo cierto es que, cuando comienzas a permitirle al Espíritu revelarte lo que tiene para ti, las escamas religiosas se te caen de los ojos, las tradiciones humanas se distinguen claramente de los mandamientos divinos, la voz del buen pastor se vuelve inconfundible en medio del ruido religioso y esta persona ya no puede ser fácilmente manipulada por enseñanzas que suenan piadosas pero que contradicen la revelación escrita. Como lo podemos ver en Hechos 17:11, Examina todo a la luz de las escrituras para ver si estas cosas son así. O sea que si yo me ofendo si tú buscas confirmar con tu biblia lo que te estoy diciendo, yo estoy en desobediencia, aunque me muestre como una enorme autoridad fuera de serie.
Permíteme ahora preguntarte algo directamente. ¿Alguna vez has experimentado ese momento en el que un versículo que habías leído cientos de veces de repente cobra vida y te habla con una claridad que atraviesa toda tu situación actual? Ese instante en el que sabes, con certeza absoluta, que el Espíritu Santo te está comunicando algo específicamente a través de la palabra. Seguramente que si te pudiera dar un espacio podrías escribir no menos de tres o cuatro cosas en donde el Espíritu te habló directamente de modo tal que no te quedaron dudas. Recuerda que estos testimonios edifican a toda una comunidad. Y recuerda también que servimos a un Dios vivo que todavía habla, y habla mucho y bien.
Volviendo a nuestro tema central, hay otra razón profunda por la cual este Remanente se aleja de ciertos espacios religiosos. Han comenzado a entender la naturaleza del Reino de Dios de manera diferente. El Señor enseñó que el Reino de Dios no viene con advertencia. En Lucas 17:20, dice: No dirán helo aquí o helo allí, porque he aquí el Reino de Dios está entre vosotros. Entre vosotros, no en edificios, no en organizaciones, no en sistemas, sino dentro de aquellos que han nacido de nuevo por el Espíritu. El Reino es una realidad espiritual invisible que se manifiesta visiblemente a través de vidas transformadas.
Entre otras particularidades, el Remanente está compuesto por gente que está cansada de jugar a la iglesia. Cansada de la apariencia de piedad que niega su eficacia. Como advierte Pablo en 2 Timoteo 3:5: anhelan sustancia, no sombra. Quieren la cruz con su llamado al sacrificio, no un evangelio diluido que promete nada más que comodidad. Desean el fuego purificador del Espíritu, no el calor emocional de experiencias manufacturadas. Y cuando no encuentran esto en las estructuras, buscan en otro lugar. O, mejor dicho, más que en otro lugar, que difícilmente lo hay, lo buscan de otra manera.
Regresan a lo esencial, a lo fundamental, a lo apostólico. Considera también cómo el Remanente está redescubriendo, asimismo, la suficiencia de Cristo. En Colosenses 2:10, Pablo declara que, en Él, estáis completos. Completos. No necesitados de sistemas humanos para alcanzar madurez espiritual. No dependientes de programas para crecer en santidad. Cristo es suficiente. Su obra es completa. Su provisión es total. Esta comprensión libera a los creyentes de la esclavitud sutil de pensar que necesitan estar conectados a una organización religiosa específica para para tener favor con Dios o para ser espiritualmente efectivos.
Pero mucho cuidado con entender esto de manera torcida, porque esto no significa rechazar toda forma de orden o estructura. Pablo mismo establece que todo se haga decentemente y en orden, como lo dice en 1 Corintios 14:40. Pero hay una gran diferencia entre el orden orgánico que facilita la edificación mutua y un sistema burocrático que sofoca al Espíritu. El Remanente está aprendiendo a discernir esta diferencia. Está creando o uniéndose a comunidades más pequeñas, más flexibles, más relacionales, donde el énfasis está en conocerse profundamente unos a otros y no en mantener a una institución funcionando.
44.- Hay También Una Dimensión…
…profética en este movimiento de alejamiento. A lo largo de la historia bíblica, Dios repetidamente ha llamado a un Remanente por fuera de sistemas religiosos corrompidos. Llamó a Abraham fuera de Ur de Caldea. Llamó a Israel fuera de Egipto. Los profetas constantemente llamaron al pueblo de regreso a la pureza de su pacto, cuando la religión se había vuelto vacía de contenido real. Juan el Bautista preparó el camino del Señor desde el desierto, por fuera del establishment religioso de Jerusalén.
El Mesías mismo fue rechazado por el sistema religioso de su tiempo. Y la iglesia primitiva nació en hogares y catacumbas, no en catedrales. Entonces, cuando vemos a este Remanente contemporáneo alejándose de estructuras institucionales, podría ser que el Espíritu esté orquestando algo profético, podría ser un llamado al regreso a la simplicidad y pureza del primer amor. Efesios 2:4-5, contiene una advertencia que resuena poderosamente. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de donde has caído y arrepiéntete.
El primer amor era apasionado, sin cálculos, totalmente entregado, ¿Verdad? ¿Cuánta de la actividad religiosa moderna está impulsada por ese primer amor, en contraposición con la obligación, la tradición o, incluso, el interés propio? Los hombres y mujeres de ese Remanente están haciendo preguntas difíciles. ¿Para qué existe esta estructura? ¿A quién sirve, realmente? ¿Está produciendo discípulos genuinos de Cristo o simplemente consumidores de servicios religiosos? ¿Se está predicando el evangelio del Reino o un evangelio reducido a técnicas para una vida mejor?
Y cuando las respuestas honestas a estas preguntas revelan desviación del patrón del Nuevo Testamento, este Remanente despierto enfrenta una decisión. ¿Permanecemos intentando reformar algo que tal vez el Espíritu ya no está respaldando? ¿O respondemos el llamado a salir, como en 2 Corintios 6:17? Salid en medio de ellos y apartaos, dice el Señor. Este versículo no es un llamado al sectarismo ni al legalismo farisaico, es un llamado a la santidad, a la separación del mundo y de la mundanalidad que puede infiltrarse, incluso, en contextos religiosos.
Y aquí está la paradoja hermosa. Los que se alejan de la religión organizada, a menudo se acercan más a Dios. Los que sueltan la seguridad de las estructuras humanas, descubren la suficiencia de la Gracia divina. Los que pierden su lugar en el sistema, encuentran su identidad en Cristo de maneras más profundas que nunca antes. Es importante también reconocer que este proceso de alejamiento, frecuentemente viene acompañado de dolor genuino. No es fácil dejar comunidades donde has invertido años. No es simple alejarte de relaciones significativas.
No es cómodo ni agradable ser malentendido, criticado o incluso demonizado por aquellos que no comprenden tu trayectoria espiritual. Muchos de estos miembros de ese Remanente atraviesan lo que podríamos llamar un desierto, un tiempo de soledad y prueba similar a la que el Señor experimentó después de su bautismo. Pero es precisamente en el desierto donde Dios, a menudo, hace su obra más profunda. Es allí donde quitamos las distracciones y escuchamos su voz con mayor claridad. Es allí donde nuestra fe es refinada como oro en el fuego.
Según 1 Pedro 1:7, durante este tiempo de transición, aprendemos verdades fundamentales sobre la naturaleza de la fe. Aprendemos que la adoración no requiere música profesional ni tecnología de punta. Un corazón quebrantado cantando un himno a capella, puede ser más agradable al Padre que la producción más elaborada, si en ella falta la sinceridad. Aprendemos que la enseñanza más renovadora puede provenir de una conversación honesta sobre un pasaje de la escritura con un hermano alrededor de una mesa y no necesariamente de un sermón pulido desde un púlpito.
Aprendemos que el ministerio más efectivo, a menudo, es el acto más silencioso de servicio que nadie ve, excepto aquel cuyos ojos lo ven todo. Hay también una dimensión de esto relacionada con la autoridad espiritual mal entendida. Mucha gente ha sido enseñada que deben someterse incuestionablemente a líderes religiosos citando Hebreos 13:17 cuyo texto dice: Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.
Pero este versículo debe entenderse en el contexto completo del Nuevo Testamento. Porque los líderes descriptos en el Nuevo Pacto son siervos, no señores. El mismo Jesús lavó los pies de los discípulos y declaró en Mateo 20:26: Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor. La autoridad legítima en el Reino de Dios, se reconoce por su fruto, no por sus títulos. Se valida por el carácter semejante a Cristo, no por credenciales institucionales. Y cuando alguien en posición de liderazgo comienza a ejercer control manipulador, a demandar lealtad personal en lugar de fidelidad a Cristo, a enriquecerse del rebaño en lugar de alimentarlo, este Remanente reconoce estas señales como advertencias.
No son rebeldes por alejarse de esa forma de liderazgo, son obedientes al mandato de probar los espíritus, como instruye 1 Juan 4:1. El Remanente también está redescubriendo la belleza de la sencillez en la práctica de su fe, en un mundo donde los servicios religiosos se han vuelto cada vez más elaborados, con producciones que rivalizan con conciertos seculares y mensajes diseñados para viralizar en redes sociales. Hay algo profundamente contracultural en reunirse simplemente para orar, leer la palabra juntos, compartir testimonios de la fidelidad de Dios y partir el pan en memoria del sacrificio del Cordero.
Esta sencillez no es pobreza espiritual, es riqueza concentrada, es volver a lo que realmente importa. Considera las palabras del salmista en el salmo 42:1: Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Esta es la sed que caracteriza al Remanente que está despertando. No sed de entretenimiento religioso, no sed de experiencias emocionales pasajeras. Sed de Dios mismo. Y esta sed no se sacia con más programas, más actividades o más eventos, se sacia únicamente con su presencia.
45.- Y su Presencia no Está…
…limitada a ningún edificio ni controlada por ninguna organización humana. Está disponible para todo aquel que lo busca con todo su corazón. Ahora bien; hablemos sobre algo que frecuentemente genera confusión. Algunos me preguntarán: Pero Néstor, ¿Acaso la escritura no nos manda a no dejar de congregarnos como algunos tienen por costumbre? Si, eso es lo que dice, efectivamente, en Hebreos 10:25. Absolutamente sí, pero aquí está la clave: congregarse no es sinónimo de asistir a servicios institucionales. Congregarse significa reunirse, juntarse, tener comunión unos con otros.
Y esto puede ocurrir. De hecho, ya ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la iglesia en contextos muy diversos. En hogares, en campos abiertos, en prisiones, en catacumbas. Lo que importa no es el lugar ni la estructura, sino la realidad espiritual de creyentes reunidos en Cristo, edificándose mutuamente en amor. O sea que este Remanente no está abandonando la comunión, está abandonando la falsificación de la comunión. Está dejando atrás los espacios donde se los trataba como espectadores pasivos en lugar de hacerlo como lo que eran: sacerdotes activos.
Están saliendo de entornos donde su valor se medía conforme a su contribución financiera o a su disponibilidad para servir en programas, no por su identidad como hijos amados de Dios. Y también están buscando o creando espacios donde puedan ser conocidos verdaderamente, no superficialmente. Donde puedan confesar sus luchas, sin temor a ser juzgados. Donde puedan crecer en santidad rodeados de hermanos que los aman lo suficiente como para hablar verdad en sus vidas. Hay una profundidad de comunión que sólo es posible en grupos más pequeños e íntimos.
El Señor mismo modeló esto, no es un invento nuestro. Porque Él tenía las multitudes, si, pero su inversión principal no fue con toda esa muchedumbre, sino que fue en doce hombres. Y fíjate que, aún dentro de ese círculo, tenía aún otro círculo más íntimo de tres personas: Pedro, Santiago y Juan. No porque amara a algunos más que a otros, sino porque la intimidad genuina tiene límites prácticos. No puedes conocer profundamente a centenares de personas, pero puedes conocer profundamente a unos pocos. Y cuando esos pocos están unidos en Cristo, caminando juntos en fe, rindiendo cuentas unos a otros, llorando juntos, celebrando juntos, orando juntos, estudiando juntos, sirviendo juntos, esto es la iglesia en su expresión más pura y poderosa.
Déjame llevarte ahora a algo que tal vez sea el corazón, la base, el fundamento central de todo este asunto. El Remanente que está despertando, está experimentando un cambio de paradigmas en su comprensión de lo que significa ser la iglesia. Durante siglos, el modelo dominante ha sido: la iglesia es un lugar al que vas. Pero el Nuevo Testamento revela algo diferente: la iglesia es lo que eres. Eres templo del Espíritu Santo, como declara 1 Corintios 6:19. Junto con otros creyentes, eres edificio de Dios, como afirma 1 Corintios 3:9. No vas a la iglesia, ERES la iglesia.
Y esta simple pero profunda corrección de entendimiento, lo cambia todo. Si eres la iglesia, entonces donde quiera que vas, la iglesia va contigo. Tu lugar de trabajo se convierte en campo misionero. Tu vecindario, el “rioba” como dice nuestro lunfardo que ama hablar al “vesre”, es decir al revés, eso se convierte en tu lugar clave. Tus conversaciones cotidianas se transforman en oportunidades para testificar. Tu hogar se convierte en centro de ministerio. Ya no estás esperando que la institución haga el trabajo del Reino. Tú eres el agente del Reino. Eres embajador de Cristo, como dice 2 Corintios 5:20.
Y esta embajada no requiere aprobación institucional. Fue comisionada directamente por el Rey de reyes, cuando dijo: toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos en todas las naciones. Eso es lo que se lee en Mateo 28:18-19. O sea que este Remanente se está tomando muy en serio esta gran comisión. No están esperando que alguien organice un evento evangelístico. Están compartiendo el evangelio naturalmente en el flujo de sus vidas. No están esperando que la institución desarrolle un programa de discipulado. Están invirtiendo en las vidas de otros. Cuántos son, no lo sé. Pero sí me consta que son, y muchos.
Modelando, de alguna manera, lo que significa seguir a Cristo, tal como Pablo instruyó a Timoteo en 2 Timoteo 2:2: Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Ahora bien; es crucial enfatizar que este movimiento de alejamiento de estructuras institucionales, no es uniforme ni monolítico. Algunos hombres y mujeres permanecen en iglesias institucionales y trabajan como si fueran levadura, desde adentro, siendo sal y luz, llamando a la reforma y al arrepentimiento cuando es necesario.
Otros encuentran iglesias más pequeñas que, aunque organizadas, mantienen su enfoque en lo esencial y no han caído en los excesos que caracterizan a muchas mega estructuras. Y otros más están planeando nuevas expresiones de comunidad cristiana que son más orgánicas, relacionales y descentralizadas. Lo que une a todos estos componentes de ese Remanente, no es su respuesta específica al sistema, sino su compromiso inquebrantable con Cristo y con su palabra. Están determinados a seguir al Cordero donde quiera que vaya, como describe Apocalipsis 14:4.
Y si esto significa nadar contra la corriente de la religiosidad popular; si significa ser malentendidos incluso por otros creyentes, si significa caminar un sendero más solitario y difícil, están dispuestos a pagar ese precio. Porque han probado algo auténtico y ya no pueden conformarse con imitaciones. Hay también un elemento escatológico en todo esto que no podemos ignorar. Las escrituras profetizan que en los últimos tiempos habrá apostasía, como advierte 2 Tesalonicenses 2:3. Habrá falsos maestros que introducirán herejías destructoras, según 2 Pedro 2:1. Habrá un tiempo en donde no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones.
Como predice 2 Timoteo 4:3-4. ¿Podría ser que estamos viendo el cumplimiento de estas profecías en nuestros días? El Remanente está observando como doctrinas extrañas se han infiltrado en lugares que antes eran sólidos. Como el evangelio de la prosperidad ha reemplazado el evangelio de la cruz en incontables púlpitos. Como la teología del dominio y el triunfalismo, han desplazado la teología del sufrimiento redentor y la perseverancia. Como el sincretismo con la cultura secular ha diluido la distintividad del llamado cristiano.
46.- Y en Respuesta a Estas…
…desviaciones, el espíritu está llamando a un Remanente a mantenerse firme en la fe una vez dada a los santos, como exhorta Judas 3. Este Remanente no se caracteriza por su visibilidad ni por su influencia institucional. De hecho, pueden ser completamente desconocidos en los círculos religiosos prominentes, pero son conocidos en el cielo. Sus nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero y están cumpliendo el propósito para el cual fueron llamados. Ser testigos fieles en medio de una generación torcida y perversa, como describe Filipenses 2:15, entre la cual resplandecen como luminares en el mundo.
Permíteme también abordar el tema del sufrimiento, porque esto es parte integral de la experiencia de muchos miembros de ese Remanente mencionado, que se han alejado de estructuras religiosas. No sólo enfrentan la incomprensión y el rechazo de la comunidad religiosa que dejaron atrás, sino que también pueden experimentar un sentido de duelo por lo que perdieron, incluso si lo que dejaron no era saludable. Este duelo es legítimo. Es normal extrañar la familiaridad, la comodidad, el sentido de pertenencia, incluso cuando sabemos que dejarlo atrás fue lo correcto.
Pero en medio de este sufrimiento, hay una promesa preciosa. En Mateo 5:10-11, el Señor dice: Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os insulten y os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande. El sufrimiento por causa de la verdad, no es señal de que te has equivocado. A menudo es una confirmación de que estás en el camino correcto. Quienes constituyen ese Remanente también están redescubriendo algo que la iglesia primitiva sabía bien.
El verdadero poder espiritual no viene a través de estructuras humanas impresionantes, sino a través de la debilidad humana donde la fuerza de Dios se perfecciona. Pablo aprendió esta lección cuando el Señor le dijo, en 2 Corintios 12:9: Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Cuando soltamos nuestra dependencia a sistemas humanos. Cuando renunciamos a la seguridad de las estructuras institucionales. Cuando nos encontramos nada más que con nuestra fe desnuda en Cristo, es precisamente allí cuando su poder puede manifestarse más plenamente.
Esto no es triunfalismo, esto es realismo bíblico. La historia de la redención está llena de momentos en donde Dios actuó poderosamente a través de los débiles, de los despreciados, de los que no tenían nada a su favor, excepto su promesa. Recuerda a Gedeón, con sólo trescientos hombres. David con una honda. Los discípulos, en el aposento alto, atemorizados y confundidos, hasta que el Espíritu descendió. No tengo ninguna duda: Dios se especializa en utilizar lo que el mundo y la religión consideran insignificante, para avergonzar a los sabios y a los poderosos, como declara 1 Corintios 1: 27-28.
Este Remanente que está despertando, está aprendiendo a confiar en esta dinámica del Reino. Está descubriendo que no necesitan las plataformas, los presupuestos, las estructuras organizacionales masivas para hacer una diferencia eterna. Necesitan obediencia. Necesitan fe. Necesitan amor. Necesitan el poder del Espíritu Santo. Y estas cosas están disponibles para cualquiera que se humille ante el Padre y busque su rostro con sinceridad. El tamaño de tu congregación, el prestigio de tu credo o tu denominación, el reconocimiento de los líderes religiosos, nada de esto impresiona al Altísimo. Lo que Él busca es un corazón contrito y humillado. Tal como lo declara el salmista en el salmo 51:17.
Ahora hablemos sobre la libertad que viene con este alejamiento de sistemas religiosos opresivos. Es una libertad gloriosa, pero también aterradora al principio. Porque cuando ya no tienes un sistema que te diga exactamente en qué creer, en cómo comportarte, en que hacer, en cuando hacerlo, tienes que aprender a caminar en dependencia directa del Espíritu Santo. Y esto requiere madurez espiritual, requiere conocimiento profundo de las escrituras, requiere discernimiento afinado a través de la práctica constante. Como describe Hebreos 5:14: El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
Esta libertad también viene con responsabilidad. Ya no puedes culpar al pastor si tu vida espiritual se estanca. Ya no puedes esconderte detrás de la institución si fallas en vivir el evangelio. Estás cara a cara con tu propia condición espiritual, sin los adornos religiosos para disfrazarla. Y esto puede ser brutalmente honesto, pero es precisamente esta honestidad brutal la que permite un crecimiento genuino. Porque sólo cuando reconocemos nuestra verdadera condición, podemos experimentar la gracia transformadora de Dios de manera profunda. Este Remanente está también recuperando un entendimiento más profundo de la santidad.
47.- En Muchos Círculos Religiosos…
…la santidad se ha reducido a comportamientos externos. No hagas esto, no digas aquello, no vayas allá. Pero, la santidad bíblica es mucho más profunda, es ser apartado para Dios. Es ser transformado de gloria en gloria por el Espíritu del Señor. Como describe 2 Corintios 3:18, es Cristo formándose en nosotros. Como anhelaba Pablo en Gálatas 4:19. Esta santidad no se logra siguiendo reglas religiosas externas, sino mediante la obra interna del Espíritu en un corazón rendido. Y aquí está la belleza de todo esto. Cuando la santidad es genuina, producida por el Espíritu, tiene un atractivo magnético.
La gente que vive cerca de ti, lo nota. Hay algo diferente. No es perfección, porque todos seguimos siendo obras en progreso, pero hay una autenticidad, una integridad, una paz que el mundo no puede dar ni quitar. Y esto abre puertas para conversaciones sobre la esperanza que hay en nosotros, tal como instruyó Pedro en 1 Pedro 3:15. Estad siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. El Remanente está descubriendo que este tipo de vida, atrae a otros que también están cansados de la religión vacía y hambrientos de realidad espiritual.
Sin anuncios, sin campañas de marketing, sin estrategias de crecimiento eclesiástico, simplemente la vida de Cristo manifestada en vasos de barro y otros siendo atraídos a la luz que ven brillando. Esto es evangelismo orgánico. Esto es expansión del Reino de la manera que siempre fue diseñada. También es importante hablar de la adoración en este contexto, la adoración verdadera, como Jesús le enseñó a la mujer samaritana. No se trata de ubicación geográfica ni de metodología específica. En espíritu y en verdad. Esto significa adoración que surge del espíritu regenerado del creyente, guiada por el Espíritu de Dios y fundamentada en la verdad revelada de las escrituras.
Esta adoración puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento. Puede ser el canto espontáneo de alabanza mientras conduces tu vehículo. Puede ser el llanto silencioso de gratitud en tu habitación. Puede ser el servicio humilde a un necesitado. Puede ser la obediencia costosa a un mandato divino. El Remanente está aprendiendo que la adoración es un estilo de vida, no un evento semanal. Como Pablo exhorta en Romanos 12:1: Os ruego, por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional. Tu vida entera se convierte en un acto de adoración cuando es vivida conscientemente para la gloria de Dios.
Y esta adoración continua, esta práctica de la presencia de Dios, transforma tu perspectiva, sobre todo. El trabajo secular se vuelve sagrado, las tareas mundanas se convierten en actos de devoción. Cada interacción es una oportunidad para honrar al Rey. Ahora bien; sé que algunos que están recibiendo todo esto, pueden estar sintiendo una mezcla de emociones, tal vez alivio en darse cuenta que no están solos en su experiencia. Tal vez confirmación de que lo que han estado sintiendo no es locura ni rebeldía, sino una obra del Espíritu. Pero tal vez también confusión sobre qué hacer prácticamente.
¿Cómo se ve esto en la vida diaria? Permíteme ofrecer algunas reflexiones prácticas, no como mandatos rígidos, sino como sugerencias nacidas de la experiencia de muchos que han caminado y hoy siguen caminando este sendero. Primero, profundiza radicalmente en las escrituras, haz de la palabra tu compañera diaria, tu consejera, tu correctora. Léela, estúdiala, medita en ella, memorízala, permite que sature tu mente y tu corazón. Esto te ancla cuando las tormentas vienen. Esto te guía cuando las decisiones son confusas. Como el salmista declara en el salmo 119:105: Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino.
Segundo: cultiva una vida de oración constante, no sólo en momentos dedicados, aunque eso puedan ser vitales, sino una conversación continua con el Padre a lo largo del día. Como lo dice Pablo en 1 Tesalonicenses 5:17, orad sin cesar. Esto significa vivir en una conciencia permanente de su presencia hablando con Él, sobre todo, y escuchando su voz suave en medio del ruido de la vida.
Tercero: busca comunión auténtica con otros creyentes que comparten tu hambre por realidad espiritual. Esto puede requerir intencionalidad. Tal vez necesites iniciar una reunión en tu hogar. Tal vez necesites invitar a algunos hermanos para estudiar la biblia juntos. Tal vez necesites ser vulnerable y compartir tu trayectoria con otros que hoy puedan estar sintiendo lo mismo. La comunión verdadera, a menudo requiere riesgo relacional, pero la recompensa vale la pena.
Cuarto: vive el evangelio prácticamente en tu esfera de influencia. No esperes oportunidades perfectas. Ama a tu vecino, sirve en tu comunidad, bendice a los que te rodean, sé sal y luz donde Dios te ha plantado. La credibilidad del evangelio en nuestro tiempo, no vendrá principalmente a través de argumentos apologéticos, sino a través de vidas transformadas que demuestran el poder de Cristo.
Quinto: mantén un espíritu humilde y enseñable. Es fácil, al reconocer los problemas en los sistemas religiosos volverse orgulloso o crítico. Resiste esa tentación, recuerda que todos, de alguna manera, sin convertirlo en doctrina, somos pecadores salvos por gracia. Mantén tu corazón tierno hacia aquellos que todavía están en los lugares que dejaste. Ora por ellos, ámalos, sé paciente. El mismo Espíritu que te guio a ti puede guiarlos a ellos en su tiempo perfecto.
Sexto: acepta que este camino puede incluir temporadas de soledad. Habrá momentos en que te sientas como Elías bajo el enebro, pensando que eres el único que queda. Pero recuerda la respuesta de Dios; me he reservado siete mil varones que no han doblado la rodilla ante Baal, como aparece en 1 Reyes 19:18. No estás solo, hay un Remanente, aunque no siempre visible, pero que está despertando cada día con mayor fuerza y volumen.
Séptimo: y quizás lo más importante: mantén tus ojos fijos en Jesús, el autor y consumador de la fe, como lo dice Hebreos 12:2. No en sistemas, no en líderes humanos, no en tu propia experiencia espiritual, En Él. Porque Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Cuando todo lo demás se sacude, Él permanece firme. Cuando todas las estructuras fallan, Él sostiene. Cuando toda voz humana confunde, su voz trae claridad.
48.- Al Llegar a Este Punto de Nuestra…
…reflexión, es esencial reiterar algo fundamental. Este mensaje no es un llamado a la división ni al juicio hacia aquellos que permanecen felices y bien alimentados en estructuras institucionales saludables. Hay iglesias que, aunque organizadas, mantienen su fidelidad a Cristo y a su palabra. Hay ministros que pastorean con integridad, que sirven con humildad, que protegen al rebaño en lugar de explotarlo. Si estás en un lugar así, da gracias a Dios y sirve fielmente allí.
Pero si estás en un lugar en donde tu espíritu se ahoga y la verdad está comprometida, donde la religión ha reemplazado a la relación, donde las tradiciones humanas han anulado los mandamientos de Dios como Jesús advirtió en Marcos 7:13, entonces ten el valor de escuchar la voz del Espíritu, ten el valor de ser como Abraham, que salió sin saber adónde iba, confiando en la promesa de Dios, como lo vemos en Hebreos 11:8. Muchos somos los que lo hicimos y no estamos arrepentidos en absoluto.
Los miembros de este Remanente, del cual gracias a Dios formamos parte con mi familia, no somos mejores que otros creyentes, simplemente estamos respondiendo a un llamado específico en su tiempo y contexto. Estamos siendo reformadores en su propia medida, llamando de regreso a la simplicidad del evangelio en medio de la complejidad religiosa. Y la historia nos enseña que los reformadores siempre pagan un precio: enfrentan oposición, son malentendidos, a veces son perseguidos, pero también son usados por Dios para mantener viva la llama de la fe verdadera en tiempos de oscuridad espiritual.
Entonces, si después de leer todo esto, te reconoces como uno de los componentes de ese Remanente que está despertando, si el Espíritu ha confirmado en tu corazón que este mensaje es para ti, permite que te anime con estas palabras: ¡No estás loco! ¡No estás loca! No estás en rebeldía, no estás equivocado ni equivocada, estás respondiendo al llamado del Buen Pastor, ese al que le que conoces su voz. Eso es promesa en Juan 10:4.
Estás siendo guiado a pastos más verdes y aguas de reposo, como profetiza el salmo 23. Y aunque el camino pueda ser solitario por temporadas, Él camina contigo. Aunque la jornada sea difícil, su Gracia es suficiente. El Padre está levantando en estos tiempos un pueblo que no será definido por afiliaciones denominacionales, ni por membresías institucionales, sino por su lealtad inquebrantable a Cristo y su palabra. Un pueblo que no busca su propia gloria, sino la gloria del Rey. Un pueblo dispuesto a perder su vida para encontrarla.
Como el propio Jesús enseña según lo relata Mateo 10:39. Un pueblo que entiende que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia paz y gozo en el Espíritu Santo, según Romanos 14:17. Este pueblo, este Remanente, (Luego se verá si puede considerarse santo), está esparcido por todo el mundo, en diferentes culturas, hablando diferentes idiomas, viviendo en diferentes circunstancias, pero unidos por el mismo Espíritu, la misma fe, el mismo Señor.
Y aunque quizás nunca se conozcan personalmente en esta tierra, están conectados en el Reino invisible del Espíritu. Son la iglesia verdadera, la eklessia, que significa los llamados fuera, no de lugares geográficos, sino de sistemas mundanos y religiosos que oprimen en lugar de liberar. Y la promesa es esta: lo que Dios ha comenzado en ustedes, lo completará hasta el día de Cristo Jesús, como asegura Filipenses 1:6. El que los llamó es fiel, el que comenzó la buena obra la perfeccionará.
No por fuerza ni por poder humano, sino por su Espíritu, como proclama Zacarías 4:6. Confía en ese proceso abraza la jornada y camina con valentía en la libertad conque Cristo nos hizo libres, sin someterte nuevamente a yugo de esclavitud, como se lee en Gálatas 5:1. Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
Como te bendice 1 Pedro 5:10 cuando dice: Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. Ahora ya lo sabes. No tienes que salirte de ninguna parte de la que no quieras salir, ni discutir ni pelearte con nadie con quien no quieras discutir. Sólo tienes que orar, entregar tu vida entera a Cristo y decir “amén” a todo lo que Su Espíritu Santo te mande y te demande. Eso es ser Hijo. Eso es vivir EN la libertad de Cristo y en Su profundidad y Justicia de Reino.
De alguna manera, la pintura eclesiástica que me he permitido bocetar, tiene que ver en mucho con un nombre que venimos agitando desde hace tres décadas: Babilonia. Que no se limita a una iglesia falsa, imitadora y paralela a la genuina, sino una mentalidad que unifica política, economía y religión en un conjunto corrupto y satánico. En palabras más simples y ciento por ciento bíblicas: Un Sistema. Que no puede ni debe ser combatido con armas ni violencia, sino con amor y, esencialmente, con oración que es poder divino.
Un sistema del que ahora voy a darte algunas pinturas antiguas, para cerrarte todo esto con el máximo panorama que puedas. No se trata de convertirnos en gente “anti sistemas”, porque eso tiene otro nombre y no se identifica en nada con nuestra fe y nuestra misión en esta tierra. Un sistema que no es nuevo y que debe ser primeramente conocido, luego evaluado a la luz de la palabra y, finalmente, si es necesario, resistido desde el único armamento que el pueblo de Dios, ese Remanente posee: sus Rodillas.
49.- En el Momento de Cerrar…
…todo esto, se acercan algunos recuerdos. Hace muchos años, estando en la emisora de radio en la cual tenía un programa semanal donde compartía estudios como los que hoy todavía me escuchas, llegó a mis manos un papel. Era una época en donde todavía no pululaban ni los teléfonos ni mucho menos las hoy llamadas redes sociales, así es que, si deseabas escribir algo que trascendiera o se extendiera a mucha gente, (Lo que hoy llamamos “viralizar”), debías escribirlo en una hoja, hacer varias copias y repartirlas a cuánta persona pudieras.
Quiero que tengas en cuenta que, cuando digo “muchos años”, estoy hablándote de no menos de cuarenta. Me agradaría mucho decirte que en esos tiempos el mundo era muy diferente a lo que estás viendo hoy, pero sería mentirte. Era distinto en lo técnico, en lo científico, en lo social y hasta en lo emocional, si quieres. Pero en lo espiritual, no había demasiadas distancias con lo que estás observando en tu entorno. Ese papel tenía origen cristiano, pero estaba escrito con un estilo casi popular, “de mundo”, si quieres. Pero tenía base bíblica. Te la comparto.
2 Corintios 4:3-4 = Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
Mateo 28: 19-20 = Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
¿Qué estás viendo de similitud en estos dos textos? Una palabra que está en ambos: Siglo o Mundo. De hecho, en ninguna de las dos tiene que ver con ese período de cien años que hemos aprendido con ese nombre. No habla de eso, en ninguno de los dos. En ambos se refiere a lo que la genuina traducción de los originales nos muestra: Sistema. En el de Pablo, referido a Satanás, como pequeño dios de este sistema en el que vivimos. En labios de Jesús, como lo mismo, pero en referencia al día en que concluya.
Lo cierto es que el papel ese que me hicieron llegar, hablaba justamente de eso, del Sistema, y decía tantas, pero tantas de lo que en ese momento eran verdades, que no pude menos que impactarme. ¿Sabes qué? Todavía esas verdades están tan vigentes y activas, donde quiera que resida quien lo lee, que decidí cerrar este trabajo destinado a terminar con antiguas ignorancias, reflotando aquellos conceptos vertidos en ese papel del cual desconozco su autor, aunque no puedo menos que sentir admiración por su ingenio y revelación.
50.- El Título, Era “Despierten”…
…debajo del cual simplemente había una bienvenida al mundo terrenal para alguien que estaba a punto de nacer. Es decir que ese documento, porque así es como hoy lo considero, estaba dirigido a alguien que todavía no había nacido, pero que estaba en ese trámite. ¿Motivos? Presentarse, Y así lo expresaba: “Me presento, soy El Sistema. No soy el dueño del mundo, -añadía-, pero me he tomado el atrevimiento de manejarlo a mi antojo, simplemente porque tú me has regalado su poder, o me lo regalará.
Si tú no te haces cargo de ti mismo, yo me haré cargo de ti, pero a mi manera. Si tú no te reconoces o no te recuerdas, yo, el Sistema, te daré una identidad. Permíteme mostrarte algunas reglas antes que nazcas, para que te vayas entusiasmando, (Es que me encanta contar todo, no me resisto). Luego, al finalizar de leer esto, se borrarán de tu memoria y no recordarás nada. Claro que eso a veces puede fallar y recordarás algo a medida que crezcas.
En ese caso, nos tomaremos el atrevimiento de volverte un cadáver, o en caso de que se complique esa tarea, te publicitaremos a través de los medios como un demente paranoico. Quiero que entiendas que esto no es personal, así que sería muy interesante que no te ofendas, pero como podrás imaginarte, no pienso ni quiero dejar de ser el Líder.” Estas que te transcribí, fueron las consideraciones previas, la presentación formal de este personaje ficticio, (O no tanto) llamado El Sistema. Lo que sigue, son sus conceptos, obsérvalos con mucho cuidado y atención.
“1 – Una vez al año, al menos, te comprarás la nueva vestimenta de última moda y te creerás “original” y único por hacerlo.
2 – En algunos lugares te fumigaremos desde aviones enviados a tal efecto, con elementos que te mantendrán tonto y hasta enfermo.
3 – En otros lugares, modificaremos todos los vegetales y frutas para quitarles sus propiedades benéficas y volverlos tóxicos y venenosos al mediano o largo plazo.
4 – Votarás a nuestros candidatos presidenciales o a primeros ministros, según el lugar y creerás ciegamente en ellos y sus promesas. Y Nosotros nos reiremos de ti por eso, y por ver cómo hasta te peleas con tus hermanos por defender esa supuesta “causa”.
5 – Lucharás a muerte por un papel sin valor llamado dinero. (No te pueblo explicar lo cómico que nos resulta verlos pelearse y hasta asesinarse por eso).
6 – Llenaremos tu cabeza con información negativa, para que te mantengas atemorizado y paranoico. Te aclaramos que esto no es personal, entiéndenos, pero no podemos permitirte que seas feliz. Si lo fueras, se nos terminaría el negocio y el entretenimiento.
7 – Consumirás todo lo que te ofrezcamos sin cuestionar ni regatear nada.
8 – Bailarás a full la canción de moda, aunque esté cargada de mensajes subliminales satánicos que te denigrarán y se reirán de ti sin que lo notes.
9 – Impregnaremos tu cerebro con pornografía y sensualidad, para que tengas una idea distorsionada de la sexualidad. Hemos descubierto que la energía sexual es poderosísima y no podemos permitirte que seas consciente de ello y la utilices en algo contrario a nuestros planes.
10 – Desperdiciarás tu vida en cosas que crees valiosas sólo porque nosotros te lo hemos promocionado y dado como verdad absoluta y no verás jamás las cosas que tienen un valor real.
11 – Tendrás ídolos por todas partes. Los glorificarás y te olvidarás de ti mismo.
12 – Cada diez años tendrás una crisis económico-social en tu país, que te obligará a trabajar más horas por menos dinero. Será muy divertido ver cómo te las arreglas para llegar a fin de mes con eso, a partir de un juego que nosotros hemos inventado sólo para nuestra diversión.
13 – Creerás ciegamente en nuestro sistema educativo, aunque sea totalmente antinatural.
14 – Creerás ciegamente en nuestro sistema médico, aunque también sea totalmente antinatural.
15 – Defenderás “tu patria”, “tu” pedazo de territorio, aun a pesar de que cuando viajes en avión veas que las fronteras no existen y que somos nosotros las que las hemos inventado. Esto tampoco es personal, pero tienes que entender que sentimos cierto gusto por verlos pelear hasta matarse los unos a los otros.
16 – Creerás a muerte que tú eres el dueño de tu vida. Nosotros te diremos subliminalmente cómo argumentar en contra de quienes tratan de decirte que eres un esclavo. Y ni hablar de los que te presentan un supuesto “dios” inexistente.
17 – Creerás en la historia del mundo que yo te cuente y que, naturalmente, será la que más me convenga a mí, el sistema. Lo que jamás vamos a contarte, es que tú no eres nada más que nuestro juguete.
18 – Te insertaremos ideales que tú sentirás como naturales y desearás cumplirlos cada cierto tiempo. De hecho, si no puedes llegar a estas metas, te deprimirás.
19 – Creerás ciegamente que eres feliz con todo lo que te ofrecemos, porque te implantaremos una idea de la felicidad absolutamente incoherente. Ejemplo: ¿Es feliz un adicto?
20 – Te matarás, literalmente, con tu prójimo por las más ridículas interpretaciones del mundo y nunca, nunca, nunca, descubrirás quien soy yo. El Sistema. Si tu intuición y espíritu comienzan a acercarte a nuestro secreto, podremos ofrecerte unirte a nuestras filas, adornarte con fortunas y, si tú no pretendes nada de esto, simplemente “te suicidarás”. Te repito que esto no es personal, pero…
En los días sucesivos de leer y conocer esto, tú te olvidarás de todo lo que aquí has leído y volverás indefectiblemente a jugar mi juego. Muy divertido, ¿No te parece? Estas por nacer, no te olvides, en eso andabas cuando tomé contacto contigo. Allí veo al obstetra esperándote a que salgas del “túnel”. Esto quiere decir que tu madre está a punto de parirte. Tú vas a comenzar este juego planteado, a partir de una hermosa, sonora y dolorosa palmada en tus pequeños glúteos…”
51.- Hasta Aquí lo Que se Leía…
…en ese papel que dejaron sobre mi mesa de trabajo hace…más de cuarenta años. Y que además de no conocer su autor, tampoco tengo precisión sobre el momento en que fue ideado y escrito, por quien o quienes y con qué motivación. Durante mucho tiempo me quedé pensando si realmente lo había hecho llegar alguna persona de carne y hueso. Nadie vio a nadie en un lugar en el que todos solíamos ver a todos. Lo que sí puedo asegurarte, a tantos años transcurridos, que lo conservé porque jamás perdió vigencia. Eso, más allá de si lo produjo alguna forma de ideología.
Y yo aprendí que las cosas que nunca pierden vigencia, son las que merecen ser incorporadas al sentido de eternidad. El Dios en el que creo y proclamo, es eterno. A su inspiración y guía pertenecen los dos textos que te reproduje al principio, el de Pablo a los Corintios y el de Jesús según Mateo. Pero, mal que me pese y nos pese, sabemos que nuestro Dios y sus ángeles, no son los únicos seres eternos con los que deberemos interactuar en esta vida. También están, en el mismo plano, Satanás y sus demonios.
Te invito, entonces, a volver a leer lo escrito y ver si, por una gran casualidad, ese ser invisible y hasta irreal que aquí se hace llamar Sistema, no tiene parentesco cercano con Satanás y sus demonios. ¿No dice Pablo que es el dios de todo eso? Suponte que sí, que lo es; ¿Qué se supone que deberíamos estar haciendo, con eso, hoy, nosotros, los hijos de Dios en Cristo y miembros de Su Reino? Mostrándolo, dejándoselo ver a tanta y tanta gente quizás buena y honesta que, por falta de otra palabra, sigue creyendo a muerte la de este sistema.
De todos modos, y a la manera de las antiguas películas que siempre tenían final feliz, yo quiero concluir esto trayendo a colación las palabras que Mateo recoge y difunde, y que tienen que ver con la derrota, la caída y la extinción de todo diablo o demonio que hoy todavía perturba y obstaculiza la instauración del Reino de Dios: He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Sistema) Amén. No tengo la presuntuosidad de hablar por ti, pero tengo certeza que no necesitas nada más.
A lo largo de todo este compendio que he compartido, has tomado conocimiento y hasta aprendizaje, de ciertas y determinadas coyunturas relacionadas con el Evangelio de las cuales, tal vez, hayas estado en ignorancia. Espero que todo te haya ilustrado, informado y, esencialmente, bendecido. Todas las áreas que tocamos han sido importantes e interesantes. Pero si me dejas elegir, me quedo con esta última.
Porque si sigues en esa antigua ignorancia y crees que Satanás no existe, y que sólo es una novela inventada para que nos comportemos mejor, entonces lamento decirte que, como hijo de Dios por Jesucristo, pese a todos tus esfuerzos, jamás serás más que vencedor en Cristo Jesús. Porque para vencer en una guerra, cualquiera sea ella, lo primero que debemos tener más que en claro, es que existe un enemigo contra el cual combatir.
Y como estoy convencido que ya caíste en cuenta que estás en medio de una guerra, creí que era mi deber presentarte, como pintura final de este trabajo, al enemigo a vencer. El dios del Sistema. Que así sea. Supongo que, pese a mi mejor intención, todavía deben quedar algunas cosas sin develar, pero ese seguramente será tema de algún próximo trabajo, si es que mi Señor así me lo ordena. Este, concluye aquí. Te bendigo en el Señor Jesucristo y bendigo tu vida y la de todos los seres que amas, donde quiera que vivas y tengas por Padre a mí mismo Padre. ¡Salud, hermana o hermano! ¡Cristo Vive!
52.- Cuando Una Obra Llega a su Final…
…cuando las últimas líneas se escriben y el eco de las páginas parece buscar reposo, no significa que la historia se detenga. Muy por el contrario, es precisamente en ese instante cuando el propósito se revela con mayor claridad, como si cada palabra escrita hubiera estado aguardando pacientemente el momento de unirse a la siguiente para formar un testimonio vivo que continuará caminando más allá de su autor.
Este trabajo, Herencia, Legado y Huella, no nació para ser una conclusión, sino para abrir un camino. No pretende cargarse de solemnidad literaria, sino de responsabilidad espiritual. Y si algo he aprendido en los años que el Señor me ha concedido servirle, es que las palabras que nacen de una convicción profunda y del fuego del Espíritu no se quedan quietas; buscan destino, encuentran tierra, germinan en otros corazones.
Esto no es un cierre; es una entrega. Es mi forma de poner en tus manos, amigo o hermano lector, no solo las ideas y reflexiones que llenaron las páginas anteriores, sino un pedazo de mi propio caminar con Dios. Consciente de mis limitaciones y a la vez agradecido por Su gracia, lo dejo aquí como quien coloca una antorcha encendida en las manos de los que vienen detrás, confiado en que la luz que arde no por causa del hombre sino del Espíritu, seguirá alumbrando a quienes decidan continuar la senda trazada.
He escrito sobre el Reino de los Cielos, sobre el Remanente que se levanta silenciosamente, sobre aquellos que han comprendido que la verdadera adoración no necesita templos de piedra sino corazones quebrantados; he expuesto errores doctrinales que han sido torcidos para acomodar el pecado; he hablado sobre la identidad del Anticristo y sobre las sombras que se proyectan sobre este tiempo decisivo. Pero más que exponer ideas, he procurado sembrar discernimiento. Más que describir eventos, he querido dejar una huella espiritual que invite a despertar.
Hoy, al cerrar estas páginas, me permito reflexionar contigo sobre lo que significa haber caminado juntos a través de estos episodios, y sobre lo que representa esta herencia que no termina en mí, sino que apenas comienza a florecer en ti. Heredar no es recibir algo antiguo, sino recibir algo vivo. Es, en todo caso una primicia, un adelanto, una suerte de entrenamiento previo al día en que nuestra herencia conjunta como hijos de Dios contenga una validez superlativa imposible de describir en letras.
Cuando pensamos en la palabra herencia, con frecuencia la asociamos a un legado material, a bienes que se traspasan tras la partida de quien los poseía. Pero en el Reino de los Cielos la herencia funciona de manera distinta. Lo que se hereda no es algo que deja de tener vida, sino algo que comienza a respirar en otras manos. La herencia del Espíritu no es una estatua inmóvil sino un río en movimiento. Y quien lo recibe no lo guarda en un cofre: lo vive, lo experimenta, lo hace crecer.
Este trabajo es una herencia en ese sentido. No pretende ofrecerte un conjunto de doctrinas congeladas ni una visión rígida del mundo espiritual. Ofrece, más bien, la posibilidad de encender una llama donde antes había duda, tibieza o silencio; ofrece la oportunidad de ver con claridad aquello que estaba cubierto por la niebla de la tradición o de la comodidad; ofrece, finalmente, la oportunidad de que tú mismo te conviertas en portador de esta revelación.
Porque la herencia no se deposita en un archivo: se deposita en corazones dispuestos. Y si algo he pedido al Señor mientras escribía estas líneas fue que tú, quienquiera que seas, puedas recibir algo más que información, algo más que una reflexión teológica, algo más que un relato espiritual. Que recibas una porción de revelación viva. Que, al cerrar los textos, algo dentro de ti permanezca inquieto, encendido, transformado. Que en tu interior palpite un corazón que despierta a una dimensión hasta hoy desconocida.
El Legado, en tanto, es la responsabilidad de seguir avanzando El legado es distinto a la herencia. Mientras la herencia se recibe, el legado se prolonga. Podemos recibir una herencia y enterrarla; podemos heredarlo todo y no hacer nada con ello. Pero el legado implica movimiento, implica multiplicación, implica la firme decisión de continuar lo que otros comenzaron o de profundizar lo que apenas se insinuó. Contiene el elemento central para que todo eso sea posible: obediencia y humildad.
53.- ¿Cuál es Entonces el Legado…
…que deseo dejarte? No es un sistema de ideas ni un molde al cual debas ajustarte. No es una estructura rígida ni un esquema cerrado. El legado que te entrego es una invitación profética: la invitación a ser parte del remanente. Ese remanente que no se define por su número, sino por su fidelidad. Ese remanente que, como en los días de Elías, Dios reserva para sí aun cuando la mayoría se haya doblegado ante la cultura, la tradición o la comodidad religiosa.
Ese remanente que entiende que el verdadero templo es el interior, donde el Espíritu Santo desea gobernar sin intermediarios humanos corruptos, sin liturgias vacías, sin espectáculos disfrazados de adoración. Ser parte del remanente es aceptar vivir para la verdad, aunque cueste; es caminar contracorriente, aunque el mundo entero vaya hacia otro rumbo; es amar a Dios por encima de los aplausos y por encima del rechazo; es discernir entre lo que parece espiritual y lo que realmente proviene del Espíritu. Ese es el legado que deseo depositar en tus manos: el llamado a ser auténticamente de Cristo, sin mezclas, sin dobleces, sin negociaciones.
Y la Huella, mientras tanto, es lo que permanece cuando nosotros ya no estemos. Muchos buscan dejar huella en la tierra, pero una huella humana desaparece con el tiempo. La lluvia la borra, el viento la arrastra, la historia la olvida. La huella del Espíritu, en cambio, no se desgasta porque no está tallada en piedra ni escrita en arena; está inscrita en vidas transformadas. Si este trabajo logra dejar una huella espiritual en ti, entonces su propósito se habrá cumplido.
Y ¿Qué significa que una huella espiritual haya sido marcada? Significa que algo en ti cambió, que tu mirada se volvió más clara, que tus prioridades se realinearon con el Reino, que tu espíritu quedó marcado por una verdad que no podrás ignorar. Significa que lo que aquí leíste ya no podrás des leerlo; que la semilla ya fue plantada; que ahora eres responsable de lo que sabes. Una huella espiritual permanece porque no depende del tiempo sino de la obediencia.
Mi oración es que esta huella te dirija hacia una vida de intimidad con Dios, lejos de los ruidos religiosos, lejos de las manipulaciones doctrinales, lejos de los templos levantados con intereses humanos. Que te lleve a entender que la mayor revelación ocurre en lo secreto, que el mayor poder se manifiesta en lo íntimo, que las respuestas más profundas no están en las multitudes sino en la presencia del Padre. Para seguir una huella ya marcada, lo primordial es lo que ya te dije: humildad.
El Remanente. Así sentí en el espíritu de definir a aquellos que dejan los templos, pero no abandonan a Dios. Uno de los temas fuertes de esto que hemos compartido, es el despertar de un remanente que abandona templos físicos no por rebeldía, no por comodidad, no por desprecio, sino por obediencia. Porque percibe la contaminación que se ha infiltrado en muchos altares; porque reconoce la manipulación del mensaje; porque ve la sustitución de la gloria por entretenimiento; porque comprende que en este tiempo final Dios está llamando a Sus hijos a volver a lo esencial.
Quien no entienda esta transición pensará que se trata de desertores; quien observe desde afuera creerá que se trata de rebeldes; quien carezca de discernimiento hablará de división. Pero quienes escuchan al Espíritu comprenden que se trata de una reconfiguración divina. Dios siempre preserva un remanente. Siempre ha tenido un grupo de fieles que deciden permanecer en Él cuando la estructura cae, cuando la religión se corrompe, cuando los líderes se desvían, cuando el mundo presiona, cuando la mayoría adopta lo fácil antes que lo verdadero.
¿Serás tú uno de ellos? Esto que hoy te entrego no responde esa pregunta: solo tú puedes hacerlo. Pero sí puedo decir que, si en algún momento mientras leías estas páginas algo dentro de ti ardió, si tu espíritu se estremeció, si sentiste que esto no era solo teoría sino confirmación, entonces ya sabes que perteneces a ese grupo pequeño y poderoso que Dios está levantando para estos tiempos. Ser hijo, no te olvides, es ser dependientes del Padre, pero de ninguna manera esclavo de hermanos. Ahora ten calma, porque no tienes que salir huyendo de ninguna parte. Sólo debes aguardar directivas para ver dónde y en qué serás usado.
54.- Las Doctrinas Sin Vida…
…son el veneno que se disfrazó de verdad. Uno de los peligros más grandes de la era actual es la doctrina adulterada. No necesariamente es falsa en su totalidad; ese no es el modo en que opera el enemigo. Lo que el adversario sabe hacer bien es introducir pequeñas distorsiones en verdades grandes; pequeñas concesiones en principios santos; pequeñas interpretaciones que, aunque suenan razonables, desvían el corazón del propósito.
Por eso hablé de las doctrinas torcidas que permiten el pecado, no porque la Gracia sea débil, sino porque ha sido mal utilizada para justificar la tibieza. La Gracia es poder para vencer, no permiso para pecar. La Gracia restaura, no acomoda. La Gracia transforma, no tolera lo que destruye la comunión con Dios. En este punto deseo reafirmar algo: no aceptes ninguna doctrina que haga más pequeño a Dios, más tolerable al pecado o más cómodo el camino.
La verdad de Cristo no se negocia; la doctrina del Reino no se adapta a la cultura ni se ajusta para evitar confrontaciones. La verdad no teme molestar; teme ser diluida. Si algo de lo que leíste te confrontó, bendito sea Dios. Si algo expuso áreas que debían ser corregidas, no permitas que esa revelación se enfríe. La doctrina verdadera no solo informa; transforma. Porque ser confrontativo, lejos de una falta de respeto o de cortesía, es la validez de alguien que elige despertar a un dormido, en lugar de esperar resucitar a un muerto.
No escribí sobre diablos y demonios para generar temor, sino para incentivar discernimiento. Porque el temor paraliza, pero el discernimiento despierta. Vivimos tiempos en los que las estructuras del mundo se alinean cada vez más con aquello que la Escritura anunció. Tiempos en los que la presión para renunciar a la verdad será cada vez más sutil. Tiempos en los que el sistema anticristo no se presentará como enemigo de Dios, sino como sustituto de Dios. Y es ahí donde radica el verdadero peligro: en la imitación.
El reino de las tinieblas siempre ha imitado elementos del Reino de Dios, pero sin esencia, sin vida, sin santidad. Y solo los que viven en intimidad con el Señor podrán discernir la diferencia. Este momento desea recordarte esto: no temas al futuro, pero tampoco lo ignores. No temas al Anticristo, pero tampoco lo subestimes. No temas al tiempo final, pero tampoco vivas como si no existiera. El discernimiento es la luz que el remanente necesita para no confundirse.
Indudablemente, al menos para mí, tú eres libre de adherir o no, Tiempo de Victoria es el llamado ministerial que sostiene esta obra. Fundamentalmente porque no es una institución más ni un nombre atractivo. Es la proclamación de una verdad: estamos viviendo un tiempo de definición donde quienes permanezcan en Cristo experimentarán victoria, no porque el mundo mejore, sino porque el Dios al que servimos sigue siendo Rey en medio de la oscuridad.
Tiempo de Victoria nació para despertar conciencias, para encender el fuego del Espíritu en aquellos que estaban dormidos en bancos de iglesias, para llamar a la santidad a quienes habían sido adormecidos por mensajes diluidos, para levantar un ejército que no se conforme con sobrevivir, sino que viva en la autoridad del Reino. Esto que he compartido hoy es parte de esa misión. Y esta reflexión final es un sello que reafirma el compromiso: continuaré hablando la verdad, continuaré exponiendo la luz, continuaré alertando, edificando, confrontando y consolando mientras el Señor me dé aliento.
55.- La Pregunta Final…
…que se me ocurre, (Ya te hice varias en el contexto) es: ¿Y qué de tu parte en esta historia? Porque ahora esto llega a su final, pero es indudable que la historia continúa. Y que, en esa historia, hay un capítulo que no puedo escribir yo: el tuyo. ¿Qué harás con esta herencia? ¿Permitirás que se convierta en legado? ¿Dejarás que marque una huella en ti? ¿Serás parte del remanente? ¿Vivirás en discernimiento? ¿Tomarás tu lugar en este tiempo decisivo?
Este epílogo quiere invitarte a tomar una decisión consciente: no vuelvas a dormir espiritualmente. No vuelvas a la comodidad. No vuelvas al silencio. No entregues tu oído a voces que no provienen del Espíritu. No permitas que la tibieza vuelva a tocar tu puerta. Lo que has recibido aquí es un llamado. Un llamado fuerte, claro, ineludible. Y ese llamado es para ti. No para otros. No para líderes. No para ministros. Para ti.
Si algo no he sido jamás, no lo soy ni lo seré nunca, es fatalista o, lo peor, profeta de los malos augurios. Sin embargo, hay algo que sí debemos ser, y es realistas y conscientes de todo lo que somos y del entorno que nos rodea. Si hay algo que me ha conmovido mientras escribía estas líneas finales es la conciencia de que un día mi voz se apagará, mi cuerpo descansará, mis pasos se detendrán. Pero la obra de Dios seguirá. El Reino seguirá avanzando. La verdad seguirá brillando.
Y quiera nuestro Dios, —es mi oración más íntima—. Que algo de lo que dejé en estas páginas pueda seguir caminando incluso cuando yo haya partido. Ojalá esta herencia se convierta en un legado vivo en tus manos. Ojalá esta huella provoque en ti nuevas huellas, nuevas voces, nuevos llamados, nuevos despertares. Adhiero a lo que alguna vez le oí a alguien que hoy ya no está, pero que sigue vigente: Cuando ya no estemos, quedará el Espíritu. Cuando ya no estemos, quedará la Palabra. Cuando ya no estemos, quedará la verdad que jamás podrá ser silenciada. Y quedará también lo que el Espíritu haya marcado en ti a través de este trabajo.
Ninguno de mis trabajos anteriores, concluyó con lo que deberían concluir todas las cosas que hagamos, con una oración de agradecimiento, de decreto y de impulso profético. Hoy te dejo esta muy especialmente dedicada a ti:
Padre amado, en el nombre de Jesús, oro por cada persona que ha llegado hasta estas líneas. Oro para que esta herencia espiritual germine en un terreno fértil. Para que este legado continúe multiplicándose en cada generación que siga. Para que esta huella se convierta en señal viva de Tu presencia en medio de los que luchan, buscan, preguntan y perseveran. Te pido, Señor, que despiertes al remanente que estaba dormido; que ilumines al que estaba confundido; que fortalezcas al que estaba débil; que restaures al que estaba herido; que confrontes al que estaba tibio; que levantes al que estaba caído.
Que ninguno salga indiferente. Que ninguno vuelva a la oscuridad. Que ninguno pierda la visión del Reino. Que este Tiempo de Victoria sea para ellos más que un ministerio: que sea una experiencia con Tu gloria, una invitación a caminar en santidad, una confirmación de que los tiempos finales no son tiempos de derrota sino de manifestación de Tu poder. Amado Dios, recibe este trabajo como ofrenda. Recibe al lector como discípulo. Recibe esta huella como testimonio. Y recibe toda la gloria, porque nada de esto tendría sentido si no fuera por Ti. En Cristo Jesús, Amén:
Y así y aquí concluye esta obra……pero no tu jornada. Tú eres ahora depositaria o depositario de esta herencia. Tú eres responsable de este legado. Y tú eres portador o portadora de esta huella. Que el Espíritu te guíe. Que la verdad te sostenga. Que la santidad te cubra. Que el discernimiento te acompañe. Que la victoria te corone. Y que cuando tu propia historia llegue a su epílogo, puedas mirar hacia atrás y saber que también dejaste herencia, que también fuiste legado, que también marcaste huella.
Porque ese es el propósito final de todo lo que has leído: Que tu vida misma se convierta en un testimonio vivo del Reino de los Cielos.
Néstor
2026