Cuando sentí en mi interior eso que generalmente he experimentado días u horas antes de comenzar un nuevo trabajo extenso, supe que ese, justamente ese, estaba llamado a construir. Que, dicho en términos de Reino, es Edificar. Y edificar, es el paso siguiente que todo ministerio debe estar preparado para dar, una vez que lo anterior ha concluido su tiempo. Un sistema, tal como determinamos esta palabra en nuestro español contaminado con barbarismos argentos, es una serie de cosas todas juntas y separadas al mismo tiempo. Es, por ejemplo, un conjunto de reglas o principios sobre una materia, estructurados y enlazados entre sí. Asimismo, también es un conjunto de elementos que, ordenadamente relacionados entre sí, contribuyen a un determinado objeto.
Por otra parte, es un conjunto de ideas, principios que conforman una teoría muy coherente y completa. También se denomina así a un conjunto de órganos que intervienen en alguna de las principales funciones vegetativas y animales y, finalmente, un sistema es también un medio o una manera utilizados para hacer algo o lograr un objetivo. A partir de estas definiciones y con la mente, el corazón y el espíritu puestos en línea de unidad en dirección a un objetivo de máxima loable y de bendición, encaramos esta producción con la finalidad de esclarecer conceptos ya vividos y transitados, y poner las bases y los senderos para que las generaciones futuras puedan transitar en dirección a los nuevos.
En el principio de la década del setenta, siendo todavía yo bastante joven y sin mayor experiencia en comunicación masiva aún, fui conmovido como el resto de mis paisanos de Argentina, por lo que aquí dio en denominarse El Movimiento hippie. Jóvenes de ambos sexos que, según sus dichos, habían decidido salirse del sistema conservador, estructurado, machista y represor imperante, y llevar una vida de mayor libertad.
Todavía recuerdo perfectamente las abundantes barbas de aquellos muchachos, su vestir casi desarrapado y los pequeños anteojos con que la mayoría procuraba darle a sus fisonomías, un carácter absolutamente informal, alejado totalmente del peinado con fijador y sumamente ordenado con que los hombres nos presentábamos en esos tiempos. Armaban campamentos al aire libre, regalaban flores y subsistían vendiendo baratijas de corte artesanal. ¡Gente rara!, decían nuestros mayores.
Todo lo hacían en nombre del amor y la paz, en un tiempo de guerras voluminosas, (Vietnam, antes había sido Corea) y con una flor como símbolo de una libertad plagada de serenidad que, a ojos vista, sonaba como lo perfecto, lo ideal, lo ansiado por todo hombre o mujer que aterrizara por el planeta. El tiempo, claro está, se encargó de dejar en evidencia que todo eso sólo había sido una fachada promocional que escondía otras cosas de mayor peso, tales como la aparición de los estupefacientes en sus distintas facetas.
En suma, lo que se había mostrado como un movimiento capaz de terminar con la esclavitud de la juventud a un sistema opresor, represivo y castrante, terminó convirtiéndose en otro sistema, donde la droga y el alcohol, sumados o complementados con sexo promiscuo y ultra liberal, armaron un paquete que, lamentablemente, les costó mucho a mucha parte de nuestra gente joven. ¿Engaño? Seguramente, pero ¿Con qué incentivo? Salirse del sistema.
La sociedad argentina de los años de mi primera juventud, era una sociedad de neto tinte conservador. Si bien la preponderancia de gobiernos nacionales comandados por el llamado peronismo, en honor al apellido (Perón) de su fundador, hacían presuponer que, en la búsqueda de lo popular, lo estructurado o almidonado le dejara su sitio. Pero, Argentina fue y todavía lo es, absolutamente imprevisible, desesperadamente ingenua y hasta ofensivamente mediocre, en su forma de pensar, (O de no pensar; directamente).
Y, esperar algo popular e informal de un movimiento liderado por un militar de alta graduación, convengamos en que, por lo menos, resultaba un tanto inocente, además de incoherente. Las Fuerzas Armadas preparan a su gente para incursionar dentro de esquemas preestablecidos, estructuras bien delineadas y sistemas específicos. Así es que, por poco o por mucho; participando mucho, poco, o nada de lo que se podía y debía participar como protagonista, mi vida transcurrió, a veces más apaciblemente, a veces menos, formando parte de ese sistema social que, por años, a muchos de nosotros nos pareció que era el único posible y apto para dedicarle nuestras vidas. No teníamos ni la menor idea de salirnos de un sistema al que en modo alguno veíamos como malo, así que formábamos alegre e inconscientemente parte de él con entusiasmo y dedicación. Y para colmo, sumando a todos los que podíamos añadir. Ignorancia. Ceguera. Incredulidad. ¿Por juventud? En parte, pero también por cultura.
(1)-Tiempos de Primera Niñez.
Obediencia total a la madre en los primeros años y al padre en los subsiguientes, simplemente por ser varón. Escuela primaria inicial y global con absoluta obediencia a maestras, profesores, preceptores, celadores. Tiempos de juventud. Milicia obligatoria, obediencia plena a suboficiales, oficiales menores, superiores. Obediencia hasta para con soldados antiguos. Tiempos de primeros pasos supuestamente espirituales. Iglesia Católica Romana. Obediencia al dictado de curas (Así se les llama aquí a los sacerdotes del Catolicismo Romano), para “casi” todo.
Y dije Casi todo, porque el pecado, mi amigo, cuando aparece, no reconoce títulos ni jerarquías. Se consuma en cualquiera de los sistemas que te toque estar. Sistema. Jamás había leído la Biblia. Ya conté en alguno de mis trabajos anteriores, que mi abuela materna sostenía la típica teoría pueblerina del interior campestre de una rica provincia de la República Argentina, que: “Los que leen la Biblia se vuelven locos.”. Una provincia rica, es cierto, pero para los que encabezaban los sistemas, claro, no para mí ni para mi familia, los que evidentemente habíamos llegado tarde al reparto de utilidades.
Nosotros debíamos vivir en una casa sin revoque en sus paredes, ni exterior ni interior, parados sobre un piso de tierra siempre húmeda y regada con desinfectante fuerte (“Por los bichos”), pero eso sí; limpia. El sol a pleno durante el día por ventanas y huecos varios y lámpara de kerosene por la noche. Sistema. A dormir temprano. Obediencia. Eso sí, comiendo todos los días, dos veces. Muy importante. Crecí así, acostumbrado a obedecer siempre a alguien. En el marco de un sistema que, -Más tarde me enteraría-, se llamaba Democracia, pero que casi siempre, por rara paradoja, aquí estaba liderado por señores con uniforme, porque los de la Democracia eran corruptos, según decían ellos para reemplazarlos por la fuerza de sus armas.
Y yo creía y obedecía, porque a mí nadie me enseñó nunca que era un ser libre y dueño de tomar mis propias decisiones. Esa etapa llegaría luego, precisamente de la mano de la Biblia o, mejor dicho, ya en idioma de iglesia recién aprendido, “De la sagrada Palabra de Dios”. Así fue que un día leí que: si conocía la verdad, la verdad me haría libre. Y sí; yo tenía ganas de ser libre, alguna vez; así que me dispuse a conocer a esa Verdad. Y gracias a Dios la conocí.
Y cuando la conocí fue que me di cuenta que lo que en verdad te hace libre es el conocimiento de la Verdad, (Que en definitiva es Cristo mismo), y no la verdad por sí misma. ¿Sabes qué? Hay gente que se pasó toda una vida entera con esa verdad debajo de su brazo, ida y vuelta, todos los domingos, y jamás llegó a conocerla. Porque conocer, (Después me iba a enterar), en idioma bíblico, significa tener intimidad. Y cuando supe que podía tener intimidad con un Dios al que me habían pintado lejano, viejo, feroz, vengativo y cruel, y me di cuenta que en realidad era paciente, amoroso, con infinita misericordia, ahí mismo decidí abandonar el sistema en uno de sus puntos básicos: la Iglesia Católica Romana.
Y aterricé en una iglesia evangélica rodeado de gente que parecía hablar en otro idioma, una jerigonza a la cual yo todavía no estaba acostumbrado. Así es que, entre aleluyas, glorias a Dios, amenes y otras rarezas regionales, fui creciendo espiritualmente todo lo que pude. Porque disposición para crecer me sobraba. Lo que me faltaban eran puntos de referencia. Por ejemplo, que no me sentía libre. Que me predicaban muy seguido que en Cristo tenemos libertad, pero yo no la sentía, no la vivía, no la veía. Había que obedecer al pastor sí o sí y guay de cuestionarle algo.
¿Y si se equivocaba feo? Sonreír con benevolencia, decir amén, gloria a Dios, aleluya y seguir adelante. Mi formación secular de periodista gráfico, abundante en curiosidad investigativa y uso pleno de mis facultades para pensar por mí mismo, me llevaron pronto a una conclusión que me asustó: eso, donde yo estaba participando de manera entusiasta, ahora, también era un sistema. Y, otra vez, yo estaba adentro de él, luchando por traer a otros. Me preguntaba si me estaría volviendo loco, si estaría endemoniado, o si alguien me habría engañado de tal manera que estaba pensando justamente en oposición a lo que Dios quería que pensara. Hasta que un día, el pasaje que voy a compartirte, llegó a mi vida para quedarse.
(2)-Accediendo a mi Primera Verdad
(Mateo 28: 18) = Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. (19) Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; (20) enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
Y lo leí, primero con avidez, después con mucha atención y, por último, casi con milimétrica disección. (Es la técnica de desmenuzar un elemento compacto parte por parte). Lo primero que entendí, fue que Jesús dijo que toda potestad, (Averigüé que esa era la traducción de Autoridad) le había sido dada tanto en el cielo como en la tierra, y que como todos los domingos el predicador de turno nos aseguraba que nosotros éramos el Cuerpo de Cristo en la tierra, no era ni loco ni aventurado suponer que nosotros, o sea yo mismo, también tenía esa autoridad.
El asunto era saber dónde se había metido, porque te puedo asegurar que, en mi vida, no la veía por ninguna parte. Sin embargo, un bendito día se hizo la luz, en mí todavía entenebrecido entendimiento espiritual: la autoridad ya estaba otorgada desde el principio, sólo había que atreverse a ejecutarla. Después leí que había que salir a hacer discípulos. A mí me habían enseñado lo de evangelizar, lo de predicar el evangelio, lo de presentar a Jesucristo, lo del evangelismo explosivo, el de las cuatro verdades, el de las cinco puertas, el de…
Lo que no me enseñaron en ningún momento es el versículo que nos asegura que es Dios el que añade a los que van a ser salvos, mediante su Espíritu Santo, no nuestras habilidades de evangelistas. Y que no salimos a ganar almas, ni a incorporar miembros, ni mucho menos a buscar nuevos siervos. Salimos a hacer discípulos. Pero, un leve detalle: discípulos de Jesucristo, no del pastor de la iglesia. Luego venía lo del bautismo, cuestión que durante mucho tiempo la tuve como una simple ceremonia circundante, pero que con el correr de los tiempos mi Padre se tomaría el trabajo por su Gracia y Misericordia, de hacerme saber que todo lo que tuviera que ver con el agua, tenía significados muy distintos a los aprendidos.
Y, finalmente, que todo eso se iba a cumplir y llevar a cabo, hasta que un buen día, (Y no por agua, ya había sido profetizado, así que se suponía y conjeturaba que ahora sería por fuego), una enorme hecatombe, (Que muchos relacionaban con guerras nucleares), nos haría picadillo el planeta y listo. Fin de la historia. Fin del mundo, decía aquí. Pero, y siempre existe un “pero” para los que desean ir más allá de lo que ven sus narices, una noche muy tarde, en la que por distintos problemas no podía conciliar el sueño, y eso me llevó a cultivar una vez más una de mis más antiguas costumbres, como es la de escuchar radio.
Allí di con un predicador desconocido, que en una emisora desconocida y en medio de un mensaje también desconocido, dio en leer este mismo pasaje y tuvo la bendita unción de explicarme algo que que, hasta allí, yo no sabía. Me mostró que cuando la Biblia escribe Mundo, no siempre significa la misma cosa, ya que las palabras utilizadas en los originales en cada caso, son diferentes. Y que, en este caso, la palabra griega utilizada para referirse al Fin del Mundo, se traducía correctamente como… ¡¡¡Sistema!!! El caso es que, si hasta ese momento había tenido un episodio de cierto insomnio, enterarme de eso directamente me quitó el sueño por el resto de la noche.
Es más; sin hacer ruido para no molestar a mi familia que muy lejos se encontraba de estas “locuras” personales noctámbulas, corrí casi a lo atleta olímpico en dirección de mi enciclopedia Strong, que, por esos entonces, todavía era un libraco enorme de volumen y tan pesado como el peso mismo de la palabra divina. Y allí pude comprobar que, efectivamente, tal como lo había dicho este ilustre desconocido que jamás supe quién era, ni de dónde había salido, el significado de Mundo, (En realidad Siglo), en Mateo 28:20 era, en efecto, ¡¡¡Sistema!!! ¿Cómo nadie me lo había enseñado antes? ¿No lo habían visto o habían decidido que no era importante?
¿No ven que ahora el texto tiene otro significado, otro enfoque, otra dirección totalmente distinta? Claro está que cuando se trata de palabras de los originales y toda esa historia que no a todos suele convencer, se necesitan imperiosamente dos o tres testigos. De otro modo, todo no iría más allá de la ocurrencia de un hombre y su propia interpretación personal del tema. Algo que en muchas ocasiones tal vez pueda haberse hecho con la mejor de las intenciones, pero que, a la hora de darle vida a la palabra del Señor a través de la revelación de Su Espíritu, necesita ser ampliada y confirmada.
Y encontré otro texto: Mateo 13:40: De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. (Siglo, aquí, es Sistema) Y seguí leyendo este texto y cuando llegué al verso 49, ahí estaba otra vez: Así será al fin del siglo: (Sistema) saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos. Allí, conjuntamente con los verdaderos significados de Babilonia, comenzó mi persecución para con el sistema. Yo ya sabía que no estábamos hablando ni de Capitalismo, ni de Comunismo, ni de ningún “ismo” de los conocidos.
Esto era algo muy distinto y mi obligación, como creyente en Jesucristo como única Verdad, era encontrar su significado y compartirlo con todos los hermanos que, al igual que yo, todavía estarían ciegos, confundidos o, lo peor, engañados. Sólo un problema. El sistema, en lo que sea, se conduce igual a un juego que jugábamos de niños. Nos colocábamos contra una pared, unos diez o doce y, el que salía sorteado, se colocaba último y empezaba a forcejear hasta que alguno de la fila de adelante, no podía mantenerse, y salía despedido hacia fuera.
Ese tomaba el lugar del último y así sucesivamente. Era ganador el que se mantenía adelante y no era expulsado. En el sistema evangélico, ni bien comencé a hablar de Reino, sujeciones falsas y coberturas inexistentes, fui expulsado hacia afuera, como en aquel viejo juego de los recreos escolares. Sólo un detalle: esta vez no me coloqué al final. Decidí terminar con el juego y salirme también de ese sistema. Y esto, me lleva a un hoy donde todo lo que he aprendido y me ha sido revelado, tiene que ser encaminado en una dirección concreta. ¿Una nueva iglesia? ¿Una nueva denominación evangélica? ¿Una nueva forma de hacer iglesia? No; simplemente volver a las fuentes: ser de una vez por todas y para siempre, Cuerpo de Cristo en la tierra.
Con la Palabra como guía a toda verdad. (Al decir esto, queda en claro que es por revelación del Espíritu Santo, única guía a toda verdad, y no por Hermenéutica tradicional). Con los ministerios y dones que nos han sido entregados, pero con la conciencia de que, de aquí en más, ya no viviré yo, sino que Cristo vivirá en mí. Porque si no puedo llegar a eso, entonces ni siquiera puedo comenzar esto. Si lo he logrado o no, se verá en el final. Hoy, aquí y ahora, todavía no puedo saberlo. ¿Difícil? ¡Claro que es difícil navegar a ciegas! ¿Pero sabes qué? Ya hubo otros que lo intentaron antes que yo y lo lograron. Un tal Abraham, un tal Moisés, un tal Josué, un tal Jesús. ¿Será muy pretencioso tratar de imitarlos? Con intentarlo no se pierde nada y se puede ganar todo. ¡Ahí vamos!
(3)- Comisionados Para el Bien
En principio, se me ocurre que hay que individualizar de qué sistema o sistemas estamos hablando. Porque cuando mencionamos esa palabra, creo que no alcanzamos a tomar dimensión clara a qué área o áreas de nuestras vidas nos estamos refiriendo. Hay un sistema ideológico, claro y conocido. Creo que, como creyentes genuinos, ya sabemos que no podemos ni debemos adherir a ninguno de los dos extremos más difundidos y promocionados, aunque la iglesia como institución estructural, haya decidido inclinarse por uno de ellos, so pretexto de combatir el otro. No funciona.
Se olvidan que todo extremismo, en lo que sea, es simplemente una sobre exageración de una verdad, y eso desde la óptica divina, no es correcto. Jesús no hubiera hecho eso. De hecho, no lo hizo en su tiempo. Y la Biblia es clara: ni a izquierda ni a derecha. Y como a las ideologías se las implementa desde el ángulo político, también debemos reconocer que existe un sistema político. Es la derecha liberal, el centro incierto o el progresismo de izquierda, no mucho más. Tampoco veo a Jesús desde una tarima de piedra instando al pueblo que lo seguía a votar por alguien, aun siendo esa persona todo lo bien intencionada en sus actos que se desee.
Y mucho menos lo veo criticando al opositor, más cuando sabemos que ese opositor también tiene buenas intenciones que quiere poner en práctica desde un ángulo diferente al anterior. Y, aunque esto pueda dolerles a no pocos hermanos, tampoco puedo imaginarme a Jesús formando parte de una manifestación popular en defensa de algún valor digno de ser defendido, pero no por esas vías. Aprende algo de inicio: Jesús no adhirió a ningún sistema terrenal. Nunca. Luego, nos encontramos con lo que –entiendo- es el elemento prioritario en la vida de la mayor parte de los seres humanos que no viven de manera tribal o al estilo de la prehistoria, y es el llamado sistema económico.
Capitalismo, progresismo y distintas escuelas académicas que, si no fuera porque se llevan vidas humanas hacia cierto confort o hacia la pobreza miserable, hasta sería interesante examinar y analizar. Se me ocurre que una economía injusta, que pueda sostener impunes a ricos muy ricos y mantener vulnerables a pobres muy pobres, no es precisamente algo justo que agrade a Dios. Pero, cuidado con esto: tampoco me parece que pueda agradar a Dios que alguien que esté en condición de pobre, decida vivir a costas de la dádiva del que tiene más en lugar de procurar ganarse su sustento.
Recuerdas que Dios es, eminentemente Justicia, ¿Verdad? Y, por último, me encuentro con el sistema religioso, que es quizás el menos tenido en cuenta por las multitudes, pero a examinar con muchísimo cuidado y precisión por cada uno de nosotros, si es que deseamos incursionar, ingresar y servir en el Reino de Dios con, -reitero-, justicia y certeza. La gran pregunta, es: ¿Somos los creyentes genuinos, hijos de Dios por adopción y miembros activos de Su Reino, parte de ese sistema religioso? Entiendo que un porcentaje sí y otro quizás no. También sé perfectamente que el noventa y ocho por ciento de nosotros llegó al evangelio allí.
Lo que hoy todavía no puedo asegurarte con certeza, es cuál de los dos porcentajes esos, es más voluminoso y, por consecuencia, más influyente. Lo que sí sé, es que cuando Mateo habla de un fin de sistema, podrá incluir a los restantes mencionados, pero el epicentro básico, es este. Me queda, entonces, y para encarrilar correctamente lo que será este trabajo, anticipar o al menos conjeturar sobre qué bases estructurales propias habremos de trabajar para concluir con esos sistemas, y desde qué lugar en el espíritu nos ubicaremos para lograrlo.
Todo tendrá que ver con los tiempos y las sazones que vengan de aquí en más, pero entiendo que los cinco ministerios, o como se lo ha dado en llamar y me sumo: El Ministerio Quíntuple, surgidos de la propia determinación del Padre celestial, tendrán altísima responsabilidad en ese combate final. Aunque no como los estamos observando hoy, sino como el Señor mismo los pensó y los plantó en esta tierra, entre otras cosas, para que Pablo los diera a conocer en aquella ya legendaria carta a los Efesios. En lo conceptual, me quedaré con una definición que le oí hace muchísimos años a un hombre integrante de las Fuerzas Armadas de mi país.
Hombre al que, luego de una vida terrible que le tocara vivir en lo personal, encontró en Cristo un remanso de una clase de paz que no conocía, pese a que había sido entrenado para la guerra precisamente con esa finalidad: lograr la paz. Él dijo, en referencia a los cinco ministerios y partiendo de la base de su propia formación, algo que a mí me sonó, en ese momento y lugar, como el resumen más sintético y perfecto de lo que es esto en lo cual militamos hoy, y que paso a transcribirte porque estimo que en cualquier momento tendrás la posibilidad de utilizarlo como ejemplo práctico más que esclarecedor.
Él dijo que la Iglesia del Señor, (Que nada tiene que ver con instituciones que llevan ese nombre, aunque parcialmente a algunas las incluya) es un tremendo ejército marchando en combate. Con los Generales que diseñan los objetivos básicos a conseguir, (Esos son los Apóstoles); con una Plana Mayor encargada de efectuar la inteligencia previa y luego entretejer las estrategias del combate, (Esos son los Profetas); con un Servicio de Sanidad que se encarga de proteger debidamente a cada soldado, marcarles sus mejores rutas y, llegado el caso y la necesidad, sanar sus heridas de guerra, (Esos son los Pastores).
Se completa ese ejército con un grupo selecto que podemos llamar Oficina de Incorporación, que se adelanta al grueso del batallón y va, pueblo por pueblo, aldea por aldea, incorporando soldados nuevos, (Esos son los Evangelistas); y, finalmente, casi en la retaguardia del grupo, hay un grupo de eficientes cocineros que conforman la Cocina Móvil, que se encargan por todos los medios a su alcance, que la tropa marche, pelee y llegue a destino bien alimentada. (Esos son los Maestros). Excelente. Sólo un detalle a tener en cuenta en forma de pregunta: ¿Tú crees que podría conducirse ese ejército con uno solo de esos sectores, ignorando a los cuatro restantes? ¿De verdad lo crees?
(4)- ¿Tradición Por Revelación?
Es mi deseo, entonces, y ya en el comienzo pleno de este trabajo ministerial, que el Espíritu Santo nos ayude, y nos guíe a entender todo lo humano del ministerio. Si tu duda es respecto a qué ministerio me estoy refiriendo, luego, con el correr de este trabajo, lo sabrás con precisión. Mientras tanto, quédate con una respuesta concreta y puntual para ti: el ministerio para el cual has sido llamado y levantado. (Aclaro para todo lo sucesivo: mi tratamiento masculino es simplemente genérico, incluye a hombre o a mujer) De ese que falta tu conocimiento y aprobación, para que se produzca la ordenación divina necesaria.
Y oraremos para que sea desde la presencia misma del Señor de donde tomemos el diseño correcto. Nada mejor para ti que accedas al ministerio para el cual has sido puesto en este planeta. Nada peor para ti que elijas un ministerio a tu gusto personal para el cual no has sido levantado. A partir de ese pensamiento llevado al texto escrito, será preciso comenzar esto dando a conocer algunos principios que hay en la Palabra, y que rigen de alguna manera la dinámica del mundo espiritual, para poder abordar luego cualquier tipo de ministerio.
Estos principios o fundamentos, debo aclararte, se aplican perfectamente tanto a un Apóstol como a un Salmista, por elegir algunas de las funciones anexas que conocemos. A alguien que está presidiendo algo, como a una persona que simplemente tiene el don de ayudar. Es como decir: a cualquier persona que desee servir o que haya sido llamado al servicio en algunas de sus esferas. Reitero: son principios y será muy valioso que los retengas y no te los olvides nunca. La hora de ponerlos en práctica, o “por obra”, como normalmente decimos, llegará en cualquier momento. No te duermas y quédate velando.
Pero, entiende: estoy hablando de iglesia global, genuina, abarcativa, general. No me refiero a iglesias locales o congregaciones determinadas. En principio, habrá que aclarar debidamente, tanto como para que nadie se confunda, ni tome por senderos o atajos equivocados, que esto que trataremos a partir de ahora, no es en modo alguno un asunto de razonamientos, sino de revelaciones. Y lo pongo en plural por una sencilla razón: aspiro a que sean más de una esas revelaciones. Porque ese será el punto de partida ultra necesario e indispensable para derrotar todo sistema creado por la mente, el intelecto, la lógica griega infiltrada en el pueblo santo y las organizaciones religiosas de todos los colores.
Todos pueden tener buenas conclusiones y discursos, pero revelaciones, sólo los hijos genuinos, eso es más que claro y evidente. Así es que, dentro de lo que cada ministerio esté llamado a realizar, podremos partir del primer punto o campamento establecido para el caso: La Gran Comisión. De hecho, yo he armado este trabajo en base a muchos estudios, investigaciones y conclusiones que no me pertenecen, que son fruto del trabajo de otros hombres y mujeres de Dios de los cuales Él me libre y me guarde de apropiármelos como míos. Los tomo y los utilizo porque el Espíritu Santo se los entregó para perfeccionar a los santos, y como ministerialmente me manejo totalmente apartado de toda cuestión material, económica o de dinero, de ninguna manera utilizaré ese esfuerzo ajeno en mi beneficio personal.
En todo caso, sí será en beneficio de tu vida, de tu crecimiento y de tu maduración como hijo de Dios por adopción, que indudablemente ha sido la motivación del Espíritu Santo para entregar ese conocimiento. Cuando en el ínterin de este trabajo surja la necesidad de añadir algo que me ha sido revelado de manera personal, allí sí lo haré saber para qué –incluso- se lo someta a todo lo que debemos someter las revelaciones proféticas. Vamos a ver. Cuando escribo un trabajo, el movimiento circundante no tiene demasiado secreto; es teclado, monitor, archivo, disco rígido y a otra cosa. Como mucho más, impresora, pero nada más.
Me imagino, en cuanto a los audios, que detrás de ese micrófono desde el cual grabo, hay un sinfín de pasos que en definitiva llegarán a un parlante, amplificador o bafle, pequeño o grande, en aire o por audífonos o auriculares, hay alguien con sincero deseo de servir al Señor exactamente en aquello donde pueda ser más útil y más eficiente. A eso le sumo otros oyentes que, de un modo u otro, ya están sirviendo al Señor. Es como decir: presentados mutuamente, los unos a los otros, en sociedad. La gran ventaja de esta monumental iglesia cibernética, es que no me obliga a comportarme con delicadeza con aquellos que no lo ameritan.
La gran desventaja de esta clase de iglesia, es que nadie obligará a nadie a permanecer en un sitio que está simplemente a un clic de cualquier otra cosa. Vale la pena consignar entonces que, esto que estamos comenzando a recorrer y examinar, no es de ninguna manera algo que nos llega tarde. Muy por el contrario, estoy en certeza que nos llega, a todos, en el momento necesario para lo que viene, que de cualquier modo significaría avanzar a donde el Señor nos quiere llevar. Nada se puede hacer sin estas leyes o principios. Aprendí de grande a examinar y decodificar en idioma-cielo esas leyes y esos principios.
Y sólo puedo pensar, de vez en cuando: ¿Por qué no lo supe antes? Hace algunos años, yo era uno de los que, cuando escuchaba algo que me impactaba y abría mis ojos espirituales, de inmediato me preguntaba por qué razón no lo había escuchado antes. Hoy, sé que, para cada uno de nosotros, (Y cuando digo nosotros me refiero a los que elegimos caminar en el espíritu y no en la carne), Dios tiene un tiempo para cada cosa y una escenografía singular para cada historia particular. Es que hay tanta cosa torcida dentro lo que llamamos Ministerio en la iglesia, que eso nos ha llevado a revisar primero, y a descubrir más tarde, que, en la mayor parte de las cosas inherentes al servicio, la tradición ha reemplazado a la revelación.
Todo lo que vemos en estos tiempos en torno a la administración de la iglesia, cualquiera ella sea, en credo o concepto denominacional, está ligado a la tradición. Así se ha hecho siempre, así seguiremos ahora. En otras palabras, cada uno de nosotros, puestos a ministrar, lo hacemos conforme a lo que hemos aprendido, a lo que hemos visto y oído. Y los que me enseñaron a mí estos rudimentos, lo hicieron de acuerdo con lo que ellos mismos habían aprendido en su momento. Esto te deja en evidencia que, a la hora de tomar decisiones, la revelación cuenta muy poco, por no decir nada.
Para muchas, (Demasiadas para mi gusto), congregaciones y hasta denominaciones, la revelación del Espíritu Santo, lejos de ser tomada como el cumplimiento de una palabra bíblica, es asumida casi como una fantasía circense. ¡Oh, Señor! El pastor que me ministró a mí, oró con sus ojos cerrados, luego los abrió, me miró, sopló en mi rostro y yo me fui al suelo. Cuando me levanté, tenía todos los síntomas de una hermosa borrachera. Sólo un problema: no había probado en meses ni una sola gota de alcohol. ¡Bienvenido Espíritu Santo!, dije, y ni siquiera la frase era mía, ya que se la había oído a un telepredicador americano que por esas horas se había convertido en el punto de referencia para todo aquel que anhelara ser ungido.
Obvio, cuando quedé por primera vez frente a una persona para ministrar, (Un matrimonio, en realidad), hice exactamente lo que había visto y oído. Y mientras el muchacho se derrumbaba al piso lentamente, casi en cámara lenta, la esposa salió disparada hacia atrás un par de metros. Todavía no entiendo cómo no se rompió el cuello al caer. Bienvenido otra vez, Espíritu Santo. Sin embargo, y tendrás que creerme, aunque te cueste horrores, nunca fue la intención de Dios, que la tradición respecto a todas sus cosas, reemplazara a la revelación que emana, merced a Su Espíritu Santo, de Él mismo.
De hecho, el propio Jesús mostró su fastidio y disconformidad cuando les dijo a los fariseos que, por respeto a sus tradiciones, habían anulado el mandamiento. Por eso es que dije que hablaríamos en primer término, de La Comisión, ¿Es un principio, este? Parecería ser que sí. ¿De qué se trata? Para ahorrarnos malos entendidos, lo mejor es que permitamos que nuestra Biblia abra su boca santa y nos hable.
(5) – Enviados y No Enviados
(Romanos 10: 15) = ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
Mira; yo creo que la lógica de Pablo es tan sencilla, que casi resulta ingenua. Porque, veamos; la lógica simple de Pablo estima que, para que tú te pongas a hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Enviado. Punto y aparte, y a otra cosa. No se trata de querer, no se trata de buscar, no se trata de anhelar, y ni siquiera se trata de ser fiel, honesto y sincero: para hacer algo para el Señor, tienes que haber sido enviado. Por eso es que él dice: ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Ustedes recuerdan el contexto del pasaje del cual es sacado este texto, ¿Verdad? Habla del oír, del pensar, de la salvación.
Pero en el verso 15 que es el que nos interesa, él dice cómo van a predicar, ¡Cómo se atreven a predicar si no han sido enviados! ¿Sabes qué? Con mínimo discernimiento, hoy, tú puedes darte cuenta al oírlos, quién ha sido enviado y quién no. No creo ser el primero ni el único que, ante un problema por parte de un ministro que busca consejo, (Porque los ministros, a veces, salimos a buscar sabios consejos), porque no ve adelantos en su trabajo ministerial, yo suelo preguntarle si cree que verdaderamente lo ha llamado el Señor a ese ministerio.
De hecho, las respuestas son educadas, medidas, respetuosas y hasta complementadas con esa sonrisa evangélica que tanto conocemos, esa sonrisa apta e ideal para promo de pasta dental, pero el gesto me dice que mi pregunta no le cayó para nada bien. Y sin embargo es una pregunta llena de amor y buenas intenciones, no una crítica. Dios lo sabe, y eso en definitiva lo único que interesa. Pero, -reitero-, si tú te crees un ministro de aquellos y un simple hermanito sin identificación alguna viene y te pregunta si estás seguro de haber sido enviado a ese ministerio, lo mínimo que te pasa por la cabeza es enviar a ese hermanito a un exilio pago a Siberia…
He oído a hombres y mujeres de Dios hablar sobre este asunto y ellos sostienen que, según sus experiencias personales, el cincuenta por ciento de los ministros que se encuentran al comando de una iglesia, célula o grupo casero, no han sido enviados por el Señor a esa tarea. A mí, en lo personal, me parece que se quedaron cortos. O tuve mucha mala fortuna en donde me tocó observar. Porque en lo que yo he visto, no dudo de sus mejores intenciones y hasta de su honestidad, pero en el fondo, creo que ellos supusieron o les pareció que habían sido enviados.
Tuvieron algo que se llama presunción que, coincido con otros hermanos, se parece mucho a la fe, pero no es fe; es sólo presunción. Un sentir que se expresa con un: “me parece”, “yo creo”, “tengo la sensación”, “supongo” o el clásico y tradicional: “yo siento”. El problema es que mi Biblia jamás habla de sentir, sólo habla de creer y de confiar. Déjame decirte que todo eso forma parte de la presunción. Fe, en todo caso, y desde lo personal, es decirte: yo tengo certeza total que he sido enviado para enseñar. No para pastorear, no para evangelizar, no para profetizar, aunque de pronto si Dios lo necesita pueda fluir temporariamente en esas tremendas y maravillosas unciones.
Pero enseñar sí, eso es lo que el Señor puso en mi vida. Y eso es lo que trato de hacer, cada día, con la máxima excelencia posible. Pero, imagínate; preguntarle a un ministro con problemas si está seguro que Dios lo envió a ejercer ese ministerio, es lo mismo que encararse con alguien que asiste a una iglesia y preguntarle: ¿Tú eres salvo? Claro, esta pregunta también suena como ofensiva, incluso hasta desubicada si se quiere, pero es necesario saber con quién y de qué estamos hablando. ¿O tú ignorabas que en las iglesias hay gente que cree ser salva y todavía no lo es?
Entonces sale uno que te dice: ¡Pero no, hermano! ¡Si alguien se te acerca o te escribe pidiéndote ayuda ministerial, se supone que…! ¡No! En estas cosas, yo mejor nunca supongo nada. Hace ya bastante tiempo que descubrí que lo importante para mi vida no es lo que yo supongo, sino lo que yo conozco. Porque después viene la otra. La gran mayoría de los hombres o mujeres a los que me ha tocado hacerles esa pregunta, respecto a si cree que ha sido enviado a ese ministerio que hoy está ejerciendo, se me queda mirando y ahí salen las respuestas un tanto evasivas. “Y…tanto como llamado, no sé, ¿entiendes? pero a mí me gusta hacer esto”. ¡Te gusta hacer eso!
Mira, hermano; decía un sólido ministro que conocí: a mí también me gusta cantar, pero no tengo voz ni para cantar el himno nacional de mi país. No fui enviado a cantar, seguramente. Pero lo acepto y me voy por otro camino. Porque de esto también me ha tocado ver lo ridículo lindando con lo ofensivo. Hermanos que, en el mejor de los cultos, el día de mayor cantidad de asistentes a la reunión, porque son amigos del ministro o éste tiene algún compromiso con ellos, son invitados a cantar en medio del servicio. ¿Y sabes qué? ¡Te duelen los oídos! Entonces llega su disculpa: “Sepan aceptar mis defectos, hermanos; lo que interesa es que oigan la letra de lo que canto.”
¡Ah! ¿Entonces lo verdaderamente importante es la letra de eso que desafinas? De acuerdo, ¿Y por qué no pruebas contarnos esa letra, pero sin pretender cantarla, por favor? Vergüenza. De todos modos, muchos podrán decirte que, pese a no haber sido enviados específicamente a ese ministerio, igualmente Dios lo ha bendecido mucho en su trabajo. Pero resulta que Dios, a veces, no te bendice porque estás bien, te bendice porque te ama, porque tiene alta misericordia y porque, en suma, el ministerio que tú estás ocupando, es suyo. Pero lo cierto, es que no te otorgó esa Comisión para tu vida. No lo hizo.
Porque, te recuerdo por si se te olvidó, cuando hablamos de comisión, hablamos de Co-misión, que como no cuesta nada entender, es algo en conjunto con otro u otros. Y, en este caso, con Él mismo, ¿Qué te parece? Co-misión, Co-deudor, Co-partícipe. Dos, por lo menos; o más de dos. Y si es un asunto este en donde yo voy a salir a hacer algo nada menos que con el mismísimo Dios de todo poder a mi lado, entonces voy a tener que asegurarme que Él me invitó a participar, ya que de otro modo estaría en un lugar donde no se me necesita ni se me invitó a estar. Y eso, al menos en mi país, se llama entrometerse o, peor, burlarse de alguien o de algo.
(6) – Lo Importante Es el Mensaje
Y el gran problema de no haber recibido una clara Comisión por parte de Dios, es que la persona no entiende sus límites ni sus capacidades. Vamos a hacer lo que más me gusta de estas cosas, y si eres un seguidor de mis trabajos, sabes que me gusta y mucho, que es revisar meticulosamente lo qué dice la palabra a continuación. En este texto que acabamos de leer, dice cómo predicarán La palabra predicarán, en el griego es kerusso. Kerigma es predicar y kerusso es predicarán. Y luego dice que cómo predicarán si no fueron enviados.
Y la palabra enviados (Y creo que a esta te la sabes), es la palabra apostellos. De ahí viene nuestro más conocido término, apóstol. O sea que lo que allí dice, es: ¿Y cómo kerusso, sino fueren apostellos? ¿Cómo predicarán si no han sido enviados? Por eso te estoy dando la definición de Apóstol, que es Enviado. Pero desmenucemos un poco la primera palabra, kerusso. Es muy importante hacerlo, porque esa palabra significa algo así como “ser heraldo”. Quizás alguno de ustedes pueda recordar alguna de esas imágenes de la Edad Media, donde existían castillos y señores feudales que secuestraban princesas.
Cuando un rey o una autoridad querían comunicar su voluntad al pueblo, enviaba un kerusso. Mandaba un heraldo con un mensaje. Y él tocaba una trompeta y todos se reunían en la plaza principal de la aldea. Y ahí el heraldo sacaba el edicto o el documento que le había sido entregado, y lo leía. Generalmente les informaba a los súbditos que subían los impuestos y todas esas cosas tan bonitas para la gente común, que ahora tiene a los heraldos metidos en sus casas en forma de aparatos de radio, televisores y las redes. Sin embargo, en aquellos tiempos, los oyentes, no podían hacer nada en contra de la persona.
De hecho, no la podían tocar. ¿Por qué? Porque él no estaba allí por su propia voluntad. En principio, él había sido enviado. Y en segundo lugar, él fue enviado porque tenía un mensaje que comunicar. Y el mensaje, era más importante que el enviado. O sea: el mensaje, siempre es más importante que el portador del mensaje. El mensaje, siempre es más importante que el enviado. ¿Debería repetirlo otra vez? Y es por el mensaje que la persona no puede ser tocada. Porque quien toca la persona, toca a quien envió el mensaje. ¿Se va entendiendo o la estoy complicando demasiado?
La palabra kerusso, entonces, significa: primero, ser heraldo, o en general proclamar. Esta palabra aparece, por ejemplo, en Mateo 3:1, donde se traduce como predicando. En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. Aparece en Marcos 1:45, donde se traduce como publicarlo. Pero ido él, comenzó a publicarlo mucho y a divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes. En Lucas 4:18, donde se lee como pregonar.
El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; Y en el verso 19 como predicar. A predicar el año agradable del Señor. En Lucas 12:3, como se proclamará. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas. En Hechos 10:37, como predicó. Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan:
Romanos 2:21, que predicas. Tú, pues, que enseñas a otro, ¿No te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? En Apocalipsis 5:2 es que pregonaba. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y en 1 Pedro 3:19, al acto de Cristo después de su resurrección al proclamar su victoria a los ángeles caídos. En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, Jesús fue donde estaban los ángeles caídos y les kerusso, les predicó.
En segundo lugar, la palabra kerusso significa predicar el evangelio como un heraldo. Mateo 24:14, dice que será predicado. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. En Marcos 13:10 es sea predicado. Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones. Marcos 14:9, se predique. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
En Marcos 16:15 dice predicad. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. En el verso 20, dice predicaron. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén. En Lucas 8:1 dice predicando. Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, En Lucas 9:2, a predicar. Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.
En Lucas 24:47, que se predicase. Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. En Hechos 8:5, dice predicaba. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Hechos 19:13, predica. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. En Hechos 28:31, leemos predicando. Predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.
Romanos 10:14 dice quién les predique. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? 1 Corintios 1:23 habla de predicamos. Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; También en 1 Tesalonicenses 2:9: Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Y, en 1 Timoteo 3:16, dice predicado. E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.
(7) – Asunto de Vocación
Creo que no exagero nada si digo que la palabra kerusso, aunque dudo que alguien te lo haya enseñado antes, a menos que hayas asistido a un seminario o instituto teológico, es el centro del ministerio cristiano del Nuevo Testamento. Keruks, mientras tanto, otro vocablo que suena parecido, significa portavoz. O sea que el keruks, tiene un kerusso, que es mensaje. Y el mensaje, es el kerigma. Todas derivan de lo mismo. Keruks es el portador, kerusso es el hacerlo y kerigma la palabra que se predica. A primera vista, te podrá sonar como un simple juego de palabras griegas con las que, la verdad sea dicha, no tienes demasiada familiaridad ni las utilizas a diario.
Pero créeme que, si en algún momento te planteas acceder a un ministerio o hacer pesar de alguna manera los dones que hayas recibido, conocer esto que ahora casi pasaste como casualmente, te será altamente necesario y eficiente, porque te ubicará en el lugar correcto y con el mensaje exacto. Además, (Y a esto los profetas lo saben muy bien), a Dios le agrada y mucho enviarte revelación mediante los originales bíblicos, apartados de ciertas interpretaciones demasiado terrenales que los hombres inventaron. En pocas palabras, lo que aquí está diciendo Pablo, es cómo predicarán, como kerusso.
Y está hablando de proclamar, está hablando de un mensaje real, está hablando de un heraldo; está hablando de un encargo para transmitir una palabra que no nace en el hombre. O sea, no es el keruks, el valioso e importante; no es el portador, tampoco, el que crea la palabra. Él solamente la repite. Dios me libre de pretender comparaciones épicas, pero es exactamente lo mismo que sentimos aquellos que sabemos perfectamente que nada de lo que decimos o enseñamos procede de nuestras pobres sabidurías terrenales. Es decir que el rey ordenaba que se presentara ante él un keruk, un portador.
Y cuando lo tenía frente a él. Le ordenaba que llevara un kerigma a la población. Y él escuchaba atentamente esa palabra, y luego iba, se plantaba delante de la gente y decía: ¡El rey dice! Y daba la palabra encargada. Si no te suena familiar y crees que estoy hablando de una película de época medieval que nada tiene que ver con el hoy y el ahora, déjame decirte mi amado hermano, con el mayor de mis respetos, que ¡No has entendido absolutamente nada! De hecho, es lógico que si yo estoy siendo enviado a dar un mensaje, tengo que saber el mensaje.
También es lógico que, si me están enviando a entregar un mensaje, yo tengo que saber a quién entregárselo. Por eso, la segunda pregunta que se le formulará a quien pida ayuda ministerial, es: ¿Dónde fuiste enviado? Porque podría ser que las cosas no funcionaran por no estar en el lugar correcto. ¿Es posible, eso? Sí, claro que es posible. Escucha: es más que posible que una persona esté haciendo lo que Dios le dijo, de la manera en que Dios le ordenó hacerlo, pero no en el lugar donde Dios quería que fuera. Lo que estoy queriendo decirte, amado hermano ministro, es que, si tu ministerio no te funciona y tienes certeza que has sido llamado a ejercerlo, muy probablemente estás haciendo lo correcto, pero en el lugar equivocado.
¿Y cuál es la consecuencia de eso? Que jamás llegará a tener un fruto de ciento por uno. Como mucho, tendrá sesenta. Esas tres escalas: a treinta, a sesenta y a cien, están en proporción directa con esta precisión: el qué, el donde y el cómo. Si estás en el lugar donde has sido enviado, haciendo lo que Dios te ordenó y del modo en que Dios quiere que lo hagas, tu cosecha será del cien, nada menos. Y si quieres una comparación odiosa, pero comparación al fin, ahí tienes la del diezmo. Si estás diezmando (Por voluntad propia y para acceder a la promesa, ya que no hay ley que te obligue, hoy), y lo estás haciendo de la manera correcta y con las sumas correctas y no te funciona, sólo te queda examinar si lo estás haciendo en el lugar correcto. Principio de Alfolí Genuino.
Esto es muy parecido a los famosos y casi legendarios test vocacionales que solían hacerse en los últimos grados de la escuela primaria o, en su defecto, en los últimos años del nivel secundario. Se suponía que iban a descubrir qué habilidades tenías tú y en qué profesión las podías aplicar. La realidad técnica nos dice que no siempre funcionó por una sencilla causa: esos test estaban orientados más a saber qué era lo que a ti te gustaba que respecto a tus capacidades para hacerlo. A mí, recuerdo que me salió que tenía que estudiar de abogado, ¿Sabes por qué?
Porque de periodismo ni siquiera se hablaba en esos tiempos, al menos como de una profesión seria o rentable. Periodista era en esos tiempos un tipejo que deambulaba por los bares, bebiendo toneladas de café y fumándose decenas de cigarrillos fuertes, y que se ganaba apenas la vida, escribiendo tonterías. O sea que, si vamos a verlo con la óptica cristiana, ese es un trabajo absolutamente relacionado con tu alma. Ellos no entienden, ni jamás podrían entender, nada que tenga que ver con un llamado divino. Sin embargo, no se puede dentro de nuestro ambiente elegir a una persona para ejercer un ministerio, simplemente dejándome llevar por un test vocacional.
Mira; en la mayoría de las obras abiertas por las denominadas iglesias-madre están a cargo personas que aterrizaron allí por otras razones, pero que como trabajaron más o menos bien y parecen estar a gusto, las autoridades de la iglesia responsable, terminan por nombrarlos y ordenarlos. Pero, pregunto: ¿Alguno de esos ministros se detuvo a pensar por un momento si esa gente que está designando con un nombramiento jerárquico que es bíblico, ha sido llamada y enviada por el Cielo a hacer ese trabajo? Y es importante, porque cuando Dios te envía, siempre lo hace a un lugar y a una clase de ministerio que Él ya sabe que está en tu genética.
¡Huau! ¿Seguro que es así? Seguro que es así, doy fe y te lo firmo, si quieres. Yo, a la distancia con los tiempos y las formas, miro el trabajo ministerial de otros hombres, en otras esferas, y tengo la certeza que yo jamás podría haber hecho ni la mitad de correcto, ninguna otra obra espiritual que no fuera la que estoy haciendo. ¿Y qué? ¿Se lo voy a adjudicar a la casualidad o a la buena suerte? ¡Hermano! Pero, estábamos en la primera palabra del texto que leímos, así que ahora quiero que recalemos en la segunda: apostellos. Esta palabra se conforma de dos vocablos.
El primero es un prefijo, Apo, y la segunda que es la que le da movimiento, es stello. O sea que este término, simplemente es la unión de dos palabras. Ahora bien; ¿Y qué significa Apo? Significa Lejos. En varios sentidos: lejos de lugar, de tiempo, de relación. De, o desde. Como prefijo por lo general denota separación, partida, cesación, terminación, reversión. Y stello, mira lo que significa: fortificado de la base, fijar firmemente, detenido, reprimir, abstenerse de asociarse con, apartarse, evitar. ¿Cómo traduzco correctamente apostellos, entonces?
Así: Apartado para una misión. Enviado para una misión. ¿Verdad que suena más imponente que lo que vemos a nuestro alrededor? De todos modos, lo que verdaderamente impresiona, es el peso que le da la palabra stello. Fortificado. Porque generalmente a Apóstol lo traducen como enviado, y nada más. Pero no es alguien a quien quisieron sacarse de encima y lo enviaron lejos, ¡No! Es un enviado especial para una misión especial que solamente él puede llevar a cabo. Apostello. Apartado. Apartado lejos, pero firmemente. Si quieres te lo digo bíblicamente: Enviado Para una Gran Comisión.
Co-misión. Dos; el que envía y el que va. Dios y… ¿Tú? ¿Yo? ¿Quién? Estamos hablando de apartado lejos, algo que le impide asociarse con otras personas. Ha sido apartado, no se puede asociar con otras cosas. Apartado lejos para una misión. Apartado lejos, pero capacitado. Resumiendo, el ministerio no es como tener hijos. Porque el primer hijo te puede salir medio torcido por tu inexperiencia, pero el segundo te sale un poco más recto porque ya aprendiste. A la tercera ya seguramente te sale bien, casi perfecto. ¿Motivos? Uno solo: ¡Es que jamás nos enseñaron a ser padres!
(8) – Cuestión de Paternidades
De acuerdo, a ser padres, ya lo anticipé, aprendemos por experiencia. Entendido, es como decir que aprendemos comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal. Entonces, pregunto: ¿De qué te sirve tener el árbol de la vida, si vas a aprender por el legendario sistema de conocimiento y error? ¡Es que yo no sabía esto cuando me metí al ministerio! Obvio, te metiste comiendo del árbol del conocimiento, no del árbol de la vida. ¡Huau! Y, otra vez: ¡Huau! Porque es imposible que Dios te envíe para algo, sin que te diga cómo hacerlo. ¿Todavía no entendiste que es Dios y no hombre?
Estamos analizando las dos palabras que usa Pablo: predicarán y enviados. ¿Cómo predicarán si no fueren enviados? Más, aun: ¿Cómo podrán ir y abrir sus bocas, si no tienen qué decir? ¿Cómo podrán ir lejos, si no están firmes ni consolidados en sus lugares? Hay muchísimas personas que tienen claro que Dios los ha llamado para algo, pero en concreto no saben para qué. Decenas de correos semanales en ese sentido avalan lo que digo. Entonces, muchos de ellos, lo primero que hacen, es abrir una iglesia. Ese es un error muy frecuente, demasiado frecuente.
No se dan cuenta que, al abrir una iglesia, están tomando una decisión de vida. Mejor dicho: de por vida. Y es más que obvio que estoy utilizando el término iglesia del modo más difundido y conocido por el grueso de la sociedad, como lugar, templo, salón, auditorio religioso. No soy escéptico ni desconfiado de lo que un hermano me diga haber recibido del Señor. ¿Quién soy yo, después de todo, para convertirme en juez de un asunto de tamaña magnitud? Sin embargo, no puedo reprimir un gesto de duda cuando alguien me dice que Dios le ordenó comprar un terreno y edificar un templo.
No puedo evitarlo, pero no me hagas caso, debo ser yo el equivocado. De hecho, tal vez no era ese su destino en el Señor. Quizás Dios quería levantarlos en alguna clase de ministerio itinerante, nuevo, distinto y no al frente de una congregación clásica, tradicional y estructurada. Una cosa es comprobar que, al ministrar en lo que fue enviado, toda su unción queda de manifiesto. Pero a la hora de pagar los gastos fijos de esa congregación, el dinero no alcanza. ¿Qué pasó? Pasó que Dios sigue respaldando su verdadera unción, pero no respalda sus finanzas. Eso significa que algo no está bien.
¡Es que no entiendo por qué me respalda en lo central, en lo espiritual, pero no con el alquiler del salón! Perdón: Pregunta tonta: ¿Será que Dios quiere que tengas un salón? ¡Pero es que sin un salón no puedo ministrar! Sí que puedes, sólo debes tener ingenio. ¡Pero es que la mayoría de los ministerios que conozco tienen sus salones! Entonces ahí te está guiando la tradición, el sistema, no el Espíritu. ¿Y si has sido llamado, por ejemplo, para ministrar a jóvenes directamente en las calles, donde pasan la mayor parte de sus horas, y no en un salón?
Entonces, como no tenemos esta plataforma de claridad, nos guiamos por un sentido común, Dios me llama. Y sí; eso está fuera de toda discusión. Lo que te falta especificar es a qué te está llamando. Bueno, es que… ¡Dios me está llamando a predicar! ¿Ah, sí, ¿eh? ¿Y a quienes, se puede saber? ¡Bueno! ¡A los que no conocen al Señor! ¿Y qué vas a hacer, campañas masivas? ¿Vas a predicar en las plazas con riesgo que la policía te lleve preso por alterar el orden, que es como toman a uno que está con la Biblia, mientras que miran para otro lado si son hare-krishnas o esotéricos vendiendo pirámides?
Si todavía no aprendiste, sea porque no te lo enseñaron por cuestiones doctrinales denominacionales o por simple apatía o comodidad, que predicar el evangelio es guerra espiritual plena, frontal y declarada, déjame decirte que estás en la misma situación que un soldado que va al frente de combate con un manojo de armas pero que, por las razones que sea, elige no utilizarlas. ¿Cuánto puede durar con vida? Y ves a esta persona hipotética diez años después, y su situación sigue igual. Siente que tiene un llamado y responde y va. Pero supongo que va al lugar equivocado. Y no está yendo al lugar en donde Dios lo necesita.
Y cómo anda con lo justo y pasando necesidades, ahora se ha convencido de otra cosa: que su ministerio es tan potente que el enemigo le está poniendo zancadillas cada cinco minutos. Entonces, para él, estar en el ministerio pasa por sostenerse con uñas y dientes. A mí particularmente, y no soy el único, créeme, me da la sensación que eso no es un ministerio. Es más; tengo la certeza que, en algún lugar de tu camino, tú giraste a la derecha cuando la realidad dice que debías girar a la izquierda, ¿Se entiende? En alguna parte erraste el camino. ¿Sabes qué? Es como errar el blanco. ¿Sabes de qué estoy hablando, verdad? Errar el blanco.
En griego, armatías; ¿Traducción en español? Pecado. ¡Oh! Claro que, en medio de todas estas crisis, fíjate una vez más en la lógica tan sencilla de Pablo: ¿Cómo predicarán si no fueran enviados? ¿Cómo pueden llevar un mensaje si no han sido consolidados firmemente en su base, para ir más lejos? Apo: lejos. Apartado. Stello. Consolidado, firme. Será interesante, entonces, ver algunos ejemplos para detectar si Dios funciona así. Todos conocemos a Moisés. Mira este pasaje: (Éxodo 3: 15) = Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: (¿Quién le dijo a Moisés? Dios) Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.
Él, Moisés, ¿Quería hacer algo por su pueblo? ¡Sí! Se nota que siempre quiso. Trató de ayudar a un hombre esclavo que estaba siendo golpeado. Era un hombre que sabía que Moisés no era egipcio, pero, en este momento de su vida, él está viviendo allí, en medio de unos beduinos, en las dunas de arena; ahí está el amigo Moisés. Entonces es cuando Dios va a buscarlo. ¿Alguna vez escuchaste esta expresión? ¿“Necesito tomarme unos días para buscar a Dios…”? Eso es pura tradición, puro cumplimiento de sistema, no hay ni un solo ejemplo de eso; es Dios quien busca al hombre, no el hombre el que busca a Dios.
Lo otro, es una elegante manera de dar a entender que te quieres tomar unas vacaciones. ¡Y está bien, porque todos se merecen tomarse vacaciones! Pero ven y dime la verdad y te prometo que no te juzgaré ni te criticaré. ¿Es que existe eso en la iglesia? Sí, en algunos hermanos maduros, sí que existe. Cero Juicio, Cero Crítica. Y cuando Dios alcanza a Moisés, porque creo que no hará falta aclararte que Moisés no lo estaba buscando a Dios, sino que, muy por el contrario, él estaba buscando una oveja; o tal vez simplemente estaba mirando pasar a sus ovejas, el hecho ocurre.
Y esta escena, que luego tendrá como protagonista a Moisés, se repite vez tras vez en toda la palabra. No veo a hombres preguntando dónde está Dios, pero si a Dios preguntando: ¿Dónde estás tú, hombre? Empezando con Adán, ¿Dónde estás, Adán? Esa es la diferencia entre nosotros y la religión. Porque la religión enfatiza en el hecho de que el hombre debe buscar a Dios. Pero, claro, ¡El cristianismo no es una religión! Por lo menos no, en el sentido formal de la palabra religión. Porque es el único credo en el que Dios busca al hombre.
(9) – Capacitados Para Levantarse
En el caso de Moisés, era una zarza ardiente. Él tiene maneras de llamar la atención a la gente. En el caso de otras personas habrá sido el accidente de un familiar, la quiebra de una empresa, una situación difícil en la familia. Dios va a usar zarzas ardientes. No sólo Dios lo está mandando a su pueblo, sino que además le dice que vaya a su pueblo, Egipto. ¡Linda tarea para un hombre que estaba en calidad de prófugo en Egipto! Pero no sólo lo manda, sino que además le da el mensaje que debe predicarles. ¡Ve y diles! Además, dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.
¿Notan ustedes que le dice las dos cosas de las que habla Pablo? Tiene un mensaje, kerusso, y tiene una comisión, enviado, apostello. Es decir que Moisés iba a llegar a destino e iba a decir: ¡Dios me ha enviado! ¡No vine porque yo quise! ¡Él me ha enviado! Y fíjate lo que dice luego el Señor. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. Más adelante te voy a explicar por qué habla de su nombre. Concluyo con el ejemplo de Moisés. Moisés va a ser enviado para una tarea impresionante. Dios lo busca y lo comisiona. Y si tú ves más adelante, no sólo lo comisiona, sino que además también lo capacita.
Porque en contrario a lo que se sigue enseñando en nuestras iglesias, Dios no viene a levantar a gente capacitada; Dios capacita a los que va a levantar. Lo hizo conmigo. Yo jamás podría haber sido un maestro por méritos o capacidades propias. ¡Él lo hizo! Yo sólo pude o supe obedecer. Él va a hacer una tremenda manifestación del poder de Dios en Egipto. Él va a pelear contra los dioses egipcios, día tras día; plaga con plaga, y va a vencer uno tras uno de los dioses egipcios. Claro está que, en el principio, cuando todo comenzó, él todavía no sabía eso. ¡Gloria a Dios que no se lo dijo antes!
¿Te imaginas el ataque de pánico que le hubiera dado al pobre Moisés? Esto es bastante conocido en ciertos niveles de nuestros ambientes, porque forma parte de la manera en que Dios suele moverse. No es que tenga métodos fijos ni costumbres inamovibles. Él lo hace como le da la gana, pero generalmente, suele ir dándote las cosas de a poco, como para que no te indigestes. Pero te dice lo que debes hacer. ¿Recuerdas cuando le hace arrojar a Moisés la vara esa toda fea y despareja, y de pronto la vara se convierte en una serpiente? Nota cómo opera y funciona el concepto de stellos: firmemente establecido en. Apartado de otros, no puedes confiar en tus propias fuerzas. Él lo hará, no tú, aunque tengas el título.
Y lo mira y le dice: oye Moisés, no puedes hacer nada por tu cuenta. Mira donde estás parado. Sobre una serpiente, no tienes estabilidad en nada con ella allí. Mira ahora tu corazón. Mete la mano en tu costado. Ahora sácala. ¿Ves? Está leprosa. Tienes el corazón con lepra. Aprende, Moisés. Aquí no se trata de lo que tú sientas o de lo que tú creas mejor. Aquí se trata de obedecer mi voz. Nada más que eso. Además, el clásico ministerial: esfuérzate y sé valiente. El resto es mío, Moisés. Ahora escucha atentamente lo que te voy a decir y luego ve y diles exactamente eso a los hijos de Israel.
Ese es Dios. El que lo oye y obedece, bueno…cualquiera. Aquí, yo; allí, tú; más allá…cualquiera. Ahora veámoslo así: ¿Qué es lo que Dios está buscando, hoy? ¿Acaso busca un pastor? No, Dios jamás busca un pastor; Dios busca un pregonero. Tampoco busca un profeta, busca un pregonero. Ni siquiera busca a un apóstol, busca un pregonero. Ni por asomo busca un cantante, busca un pregonero. Él siempre busca a alguien que repita sus palabras a otros. ¡Ah! ¿Y cuál es la ventaja de ir con las palabras del pregonero, a la gente? La ventaja se llama: Autoridad.
¡El Dios de vuestros padres me ha enviado! ¡Y dice esto, esto y esto! ¿Me olvido de algo? Creo que no. Listo. Nos vemos y hasta otro día. Dios los bendiga. Terminé. Consumado es. No es este mi negocio, no estoy aquí porque quiero; fui enviado. Yo no busqué la zarza ardiente. No quise venir, yo pensé que a esto lo tenía que hacer mi hermano, no yo. ¡No estoy porque quiero! Realmente, en el ministerio nadie está porque quiere. Uno debe estar en el ministerio por un simple principio: obediencia. Soy un maestro del Señor y glorifico Su nombre por ello, pero; ¿Crees que yo busqué ser maestro?¡Yo quería ser cualquier cosa, menos un estudioso de la Palabra! ¡¡¡Me aburríaaa!!! ¡Qué enorme que es Dios!
La gente, por su esclavitud, sufrió una pérdida terrible. No eran las finanzas, no era su tierra. Lo que el pueblo perdió en Egipto, fue el nombre de Dios. Por eso le dice aquí el Señor: este es mi nombre. Es muy llamativo que en Juan 1:12 diga que se les da la potestad de ser hijos de Dios a los que creen en su nombre. Que en Juan 17 Jesús diga: he terminado la obra que me diste que hiciese; he manifestado tu nombre. El noventa y nueve por ciento de lo que hoy en día llamamos prédica, es dar a conocer a la iglesia. Lo que en este tiempo predica la iglesia, es a la iglesia.
La iglesia, hoy, se predica a sí misma como institución, no predica a Jesucristo. Es decir que no predica el nombre de Dios. Y mucho menos el evangelio del Reino, único que predicó Jesús. Se invita a las personas a venir a la congregación porque, se les asegura, ahí Dios las va ayudar. Eso es fomentar la religiosidad en la gente. ¡Bueno! ¿Es para tanto, hermano? Si; Es para tanto. Como que, sin desearlo, quizás, están sacando a las personas del camino correcto y los están enviando a un atajo sin salida clara. Escucha esto y presta atención: no hay ni un solo ejemplo en la palabra, ni uno solo, en el que un profeta esté buscando que la gente tenga que ir a un lugar específico para hacer o para ser algo.
El mensaje central del enviado, es revelar el nombre de Dios. Lo que llamamos inconverso, incrédulo, básicamente es una persona que no conoce el nombre de Dios. ¡Es que ellos saben todo de Jesús! No estoy hablando de Jesús, estoy hablando del nombre. Otro ejemplo que podríamos tomar, para que se vea que esto no es una cosa rara sino el lenguaje común, es el caso de David. Todos conocemos a David, tremendo rey de Israel. Dice en 1 Samuel 16:11-13: Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son estos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas.
Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. Pregunto: ¿David fue a buscar a Dios, o Dios fue a buscar a David? Y dice que Samuel tomó el cuerno de aceite. Escucha: Moisés necesitó una zarza ardiente, pero David necesitó un cuerno de aceite.
El cuerno de aceite era uno de los instrumentos que utilizaban los sacerdotes en ese tiempo. Moisés es llamado cuando no había ley, cuando no había liturgia en Israel. Tampoco había cuernos, tampoco había aceites. David es llamado cuando ya ellos habían entrado a Canaán, cuando habían sembrado sus propias vides, sus propias olivas, y donde ya estaba también el tabernáculo, había un clero, sacerdotes, una liturgia. De tal manera, que lo que Dios usa con Moisés, difiere en cuanto a símbolos de instrumentos que Dios utiliza con David, que, por sus tiempos de llamado, era diferente. ¿Pero entonces, Dios no se ha estancado en las antiguas formas? ¡Es Dios, hermano! No es el que fue, tampoco es el que será. Dios es Yo Soy. Y eso, como quiera que lo entiendas, siempre es Hoy.
(10) – Elegidos Para el Combate
Entonces, probablemente, hoy día, tú no necesites un cuerno de aceite; de hecho, no lo necesitas. Lo que si puedes necesitar, acorde a lo escrito en el Nuevo Testamento, es la imposición de manos sobre una persona. Ese sería el equivalente moderno a aquella zarza ardiente y aquel cuerno de aceite. Pablo lo dice: no te olvides de esto, Timoteo; como fuiste apartado por la imposición de manos del ministerio. ¿Por qué? Porque ahora el aceite soy yo. El aceite es el que pone las manos. En la imposición sí hay transferencia. Mucho cuidado. ¿Y dónde está el fuego? El Espíritu Santo era el fuego.
Y nota este pequeño detalle: la zarza es una planta con espinas. Obviamente, la zarza representa a la naturaleza humana. ¿O no conoces gente que, si te le acercas, te pinchan con sus espinas? De hecho, las espinas aparecen cuando el hombre peca. Las espinas aparecen en ese momento. Dios es capaz de poner su fuego sobre la zarza, y la zarza no se quema. El Espíritu de Dios habita en personas espinosas como nosotros. Entonces, cuando alguien te mire un tanto feo, no te preocupes. Debe ser que todavía se ven en ti algunas espinas o directamente la zarza entera.
Sin embargo, eso no será obstáculo para que el fuego de Dios venga sobre ti. Después de todo, la gente no se acerca a la zarza por sus espinas, sino por el fuego. Levántate, dice Samuel, y úngele; porque éste es: Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. El llamamiento de David es más que interesante, porque nadie le da ni una sola explicación a David. Y aquí quiero que te ubiques en tiempo y geografía porque es necesario enfocarlo desde ese lugar: David era un muchacho que no tenía más de catorce años. ¡Catorce años!
Lo hizo venir el profeta más importante de Israel, lo puso delante de él, lo ungió con aceite en la cabeza y después le dijo que podía irse tranquilo a seguir con lo suyo. La pregunta que nos hacemos, es: ¿Por qué no le dijo algo? Pero no; no le dijo nada. Escucha: pasan más de veinte años de ese momento para que él empiece recién a ejercer un poco de influencia positiva. No sé por qué se comportaron así. ¡Moisés fue mucho más informado que David! David no tenía ni la menor idea de lo que le acababa de pasar. Dios no permitió que Samuel hable, porque Samuel nunca fue un buen padre.
Recuerda que, a sus propios hijos, los perdió. Aunque era profeta, y no solo eso, era el más grande de los profetas de ese tiempo, y va a terminar siendo el más importante, Dios no quiere a David afectado por las palabras de Samuel. “Sólo ve y úngelo”. Y hay algo que impresiona de Samuel: que obedeció. Es muy difícil para una persona hacer algo con otra, sin explicarle nada. ¡Es tremendamente complicado! Y puedes buscar en el texto para ver si en algún momento el padre, Isaí, le pide alguna explicación a Samuel. Investiga si en algún escrito anexo se dice que David haya salido corriendo detrás de Samuel para preguntarle por qué lo había bañado con aceite sin explicarle nada.
¿Por qué todos se comportan como si no hubiera pasado nada? ¡Hacen algo impresionante en la vida de una persona y nadie dice nada! Cuando Dios se mueve de verdad, nadie entiende muy bien lo que está pasando, pero está seguro que algo muy importante está pasando. ¿Se dan cuenta, al menos de modo acercado, del temor reverente de Dios que tiene el profeta, para ir a hacer algo que le ordenan sin cuestionar absolutamente nada? ¡Por lo menos le podría haber dicho algo así como: ¡“Dios te va a usar, muchacho”! Claro que la pregunta, en este caso, sería: ¿Samuel, sabía en qué momento Dios iba a usar a David? No.
Entonces, ¿Qué podría haberle dicho? Sin embargo, la respuesta la van a dar los próximos sucesos futuros. Y no necesito llegar a la honda, las cinco piedras en la cabeza de Goliat y su derrumbe. Mucho antes, cuando todavía nadie le ha prestado atención a David, y él acude a ese lugar de enfrentamiento con la simple tarea de llevarles comida a sus hermanos, él oye los gritos y las bravuconadas del gigante, y su corazón se inflama y se llena de indignación. ¿Sabes qué? Impresión fresca: Goliat es el Sistema. ¿Un añadido sin cargo? Lo derrotan cinco piedras. Cinco. ¿Cinco ministerios? Si. Pero cinco, no uno.
Y más tarde, cuando él rey le pide una explicación respecto a por qué quiere ser él quien vaya a luchar contra Goliat, él dice algo. Le dice: Mira; yo he sido pastor toda mi corta vida, y nunca he dejado que un león o un oso se robe una de mis ovejas. Y luego añade: si Dios pudo librarme del león y del oso, en su momento, ahora este grandote no es absolutamente nada para mí, ya verán. Está más que claro: David no tenía un problema que mucha gente tiene hoy, todavía: él no vivía en futuro; no vivía condicionado a lo que Dios iba a hacer. Vivía ligado a lo que Dios estaba haciendo con él hoy, ahora, en ese preciso momento.
Pero, claro; si Samuel le hubiera dicho al ungirlo que Dios lo iba a usar, él hubiera sido prisionero de lo mismo que es prisionera tanta gente: ¿Cuándo será? Cuando te dan una palabra en ese sentido y a ti te agarra el apuro por saber si el cumplimiento será hoy, mañana o el año que viene, te estás equivocando, porque lo primero que debes hacer es comprobar si esa palabra que te dieron viene de Dios o del corazón bien intencionado, pero corazón al fin, de la persona que te la dio. A veces, estas cosas producen más derrotas que victorias. Recuerda a los ismaelitas. Porque aparecen todos los descendientes de Agar.
¿Cuál fue el problema de Abraham? No saber el tiempo en que esa promesa iba a cumplirse. Se apresuró. Me pregunto qué hubiera pasado, si Dios nunca le hubiera prometido un hijo. Simple: que él jamás hubiera buscado tener ese hijo con Agar. Entonces, ¿Cuál fue el problema de Abraham y de Sara? Hacer que una palabra profética a futuro, se cumpliera ya mismo. Y ellos reaccionaron en su carne y empezaron a mirarse a sí mismos y se vieron muy viejos ya para ser padres. Pero lo que ellos no sabían era que Dios no los veía viejos. Al contrario, Dios los veía muy aptos para ser padres del que sería el hijo de la promesa. Lo demás, carnalidad pura y resultado obvio.
Cuando a mí me dieron la palabra profética de que mi voz sería oída en todas las naciones, a mí se me oía en un radio no mayor a los veinte kilómetros, y nada más. ¿Cómo podía creer yo, eso? Analicé el mensajero, un hombre que ni siquiera hablaba mi idioma, que no me conocía, que no tenía ninguna clase de compromisos conmigo y que, como ocurrió, jamás me volvería a ver en toda su vida. Y decidí creerlo, pero dejándole a Dios el tiempo preciso del cumplimiento. Y así fue. Entonces, cuando Dios levanta a David, le dice que disfrute ese momento. No le dice cuándo, no le dice qué, no le dice cómo, no le dice para qué, no le dice dónde, ¡No le dice nada! Sólo lo unge.
Me pregunto cómo te dejaría a ti que un tremendo profeta del Señor te unja la cabeza, pero no te diga nada… ¿Recuerdas lo que hizo David? Salió de allí y siguió haciendo sus cosas. Si hay una persona, en la Biblia, que vemos que claramente confió en Dios siempre, esa persona fue David. Sus generales se enojaban y le preguntaban hasta cuándo deberían soportar esas cosas. Y él simplemente les respondía que tuvieran confianza, que sería hasta que Dios dijera basta. Mira; habría que hacer una lista de todos los profetas de la Biblia, y podría hacerse, porque no hay un solo ejemplo en la Biblia, en el que Dios haya llamado a alguien y no le haya dicho los detalles de su llamado. En el caso de David es muy singular y ya te expliqué la razón por la cual Samuel no podía hablar. Y luego Jacob. ¿Cómo vemos a Jacob?
(11) – ¿Listos Para Dejarlo Todo?
(Génesis 28: 13) = Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, (Está hablando de la piedra, ¿Recuerdas?) el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. (Noten que no es Jacob el que está buscando a Dios, es Dios el que lo busca a él) (14) Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. (15) He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.
Vamos a ver: ¿Qué le pide a cambio a Jacob? ¿Le pide algo Dios a Jacob? No, nada. ¿Se podría decir que ese es un pacto? No, no es un pacto. Porque el pacto es un acuerdo de dos partes, donde cada uno dispone poner algo. En realidad, esta es una manifestación extraordinaria de la gracia de Dios, en la que Dios comisiona a Jacob. Ahora volvamos a la escena. Él va a llegar a la casa de Labán, y no escapando, precisamente, él es enviado por su familia. Recuerden ustedes que él es enviado por su casa para que él vaya. Estando allá, durante esos veinte años que él trabaja por sus dos esposas y su riqueza, seguramente que muchas veces él se debe haber acordado de esta palabra, ¿No te parece? ¡Seguro que sí!
Sin embargo, podemos pensar que durante todas esas oportunidades, él recordaba esto: Yo estoy contigo. Te guardaré donde quiera que vayas. Te haré volver a esta tierra. ¿Podríamos, por un momento, tratar de pensar en las palabras de Jesús? Toda potestad me es dada, por tanto id y haced. Yo estoy con ustedes, hasta el final. ¿Hay una co-misión en Jacob? Sí. Tú vas a bendecir a todas las naciones de la tierra, tu simiente. ¿Depende de él? No, no depende de él. Porque le está diciendo que lo va a hacer a través de él, le guste o no, Dios lo va a hacer. Si ustedes ubican esta palabra, fue la misma promesa que Dios le da a Abraham.
A Abraham le da cinco promesas. Y esto que acaba de decirle a Jacob, es parte de lo que Dios le había prometido a Abraham. Ahora bien; con Abraham, Dios sí hace un pacto. Y el pacto de Abraham, es un pacto multi-generacional. De tal manera que Jacob, dos generaciones después, está recibiendo el beneficio de un pacto que hizo su abuelo, si tú quieres, su antepasado, con Dios, sin que él tenga que poner ni un centavo. Te voy a prosperar, te voy a bendecir, te voy a dar toda esta tierra, vas a ser bendición para todos, nunca te voy a dejar. ¿Te parece conveniente este negocio?
Y fíjate; lo hizo con una persona que tenía como apodo, Suplantador. Del nombre Jacob, viene Santiago. La palabra Santiago no existe en el hebreo, es Jacobo. Jacob, Jacobo. ¿Y de dónde viene Santiago? De Saint James. James, en inglés, es Jacobo. Ahora piensa: ¿Qué te habrán dejado tus abuelos? ¿Prosperidad o iniquidad? Revísalo, es adecuado. Le está diciendo a Jacob: haré esto, sin que tú hagas nada. ¡Oh, Jacob! ¡Es tremendo tu llamado! ¿Sí? ¿Qué llamado? ¿Cómo se hace para recibir eso? Es fácil, tienes que ser descendiente de Abraham. Ahora, si tú has entendido lo que Pablo dice de Abraham, este tema es muy sencillo. Nuevo Testamento.
(Mateo 9: 9) = Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, (Su nombre también era Leví) que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió. Pregunto: ¿Mateo va a buscar a Jesús? No. Jesús es el que va a buscar a Mateo. ¿Y qué instrucción le da? Sígueme. Tremenda instrucción, apta para consultar ampliaciones, para cuestionarla, ¿Verdad? Ahora bien; ese “sígueme”, ¿Es futuro o es una acción inmediata? Es una acción inmediata. ¿Y qué hace Mateo después de oír a Jesús? Abandona todo y se va tras él. Muy bien; eso demuestra claramente que Mateo estaba calificado para cumplir con lo que Dios necesitaba y para lo que él había sido llamado.
Hay otro discípulo, del cual ignoramos su nombre, porque Dios no permitió que apareciera, que cuando vio a Jesús le dijo que deseaba seguirlo. Y Jesús vio con buenos ojos que lo hiciera, así que le dijo lo mismo que a los demás: deja todo y sígueme. Ahí fue cuando este hombre le dijo que ahora no podía, que primero debía sepultar a su papá y que luego sí lo seguiría. ¿Recuerdas la respuesta de Jesús? Deja que los muertos entierren a sus muertos. ¿Qué quiso decirle, que su papá ya estaba muerto? No. Le dijo: mira; si yo te estoy llamando, tengo la autoridad y el poder para hacerme cargo de tu padre mejor que tú.
¿Qué vas a hacer tú, con tu padre, que sea superior a lo que yo pueda hacer? ¿Acaso puedes prolongarle un día más su vida? ¿Cómo puedes tú ayudarlo, realmente? No puedes hacer nada, los muertos no pueden ayudar a los muertos. Pero si tú me sigues, vas a ser vivo. Y este hombre sin identidad no volvió a hablar de su familia. Apareció otro y le dijo: mira; yo he guardado todos tus mandamientos desde muy joven. ¿Todos? Sí, todos. Bueno, entonces sólo haz una cosa más; deshazte de todas las cosas materiales que tienes, véndelas y luego ven y sígueme.
Y este hombre en lugar de hacer eso se puso muy triste porque tenía muchísimas cosas y le dolía perderlas. ¿Qué es lo que demuestra que una persona está calificada para lo que Dios la está llamando? La obediencia inmediata. ¿Sin dudarlo? Sin dudarlo. Pese a todo esto, y sin embargo, vez tras vez, cometemos un error que casi siempre es el mismo: Y es el de tratar de ayudar al Espíritu Santo. Vemos a alguien que parece tener amor al Señor, que es bueno con la palabra, es dedicado y, de inmediato, nuestro corazón quiere tomarlo y discipularlo.
Sin embargo, si se trata de una persona joven, no podemos saber de ninguna manera cómo será en el mañana, cuando por ejemplo, aparezca en el horizonte la joven o el muchacho que le gusta, si es que se trata de un joven o de una jovencita. Tampoco sabemos cómo será cuando tenga su primer automóvil. En suma; no sabemos cómo y en qué habrá de cambiar, porque la gente cambia. Y una vez que tú le dices que va a ser esto o aquello, eso muy difícilmente se pueda revertir. Y es donde generalmente estamos al punto de cometer una infracción, un error. Delegarle poder a una persona que no está calificada para tener poder.
Y no es porque Dios lo desprecie, sino porque a lo mejor todavía no está lo suficientemente maduro, o porque todavía no es su tiempo, o cualquier otro factor de los tantos que pueden aparecer. Escucha: ¿No te ha sido suficiente con todo lo que has tenido que ver, respecto a gente que no estaba preparada para tener cierto poder? Porque, inevitablemente, es allí donde el liderazgo promedio comete muchos errores. En primer lugar, porque se deja llevar por apariencias que se pueden estimar como frutos, pero no de los que habla la Palabra. La Palabra no habla de buena conducta ni dedicación full-time. La palabra habla de algo que es un testimonio un poco más interno. Y eso se ve expresado en lo que Samuel escucha de parte de Dios: Yo quiero a ese muchacho, le dice; porque yo no miro lo que está afuera, miro lo que está adentro, miro su corazón.
Y cuando dice “su corazón”, la palabra más asociada es: su motivación. Es decir que a la hora de levantar a un líder o ayudante de líder, (Y sigo utilizando este término, que no me agrada en absoluto, porque es el que más rápido te llevará a entender de lo que estoy hablando), lo más importante no es ni su conducta ni sus capacidades. Lo más importante es su motivación. Si yo tengo don de sanidad y lo ejerzo a favor de los enfermos para la gloria de Dios, es una cosa. Si lo hago esperando de cada uno de los sanados una ofrenda al tono, entonces la cosa es bien distinta. Pero, escúchame bien: ¡¡¡Bien distinta!!!
(12) – Coces Contra el Aguijón
Además, todos sabemos que hay gente de todos los colores. Están los que se acercan a ti y te prueban con diversas triquiñuelas, cuando lo único que buscan y les interesa, es que tú les resuelvas sus problemas. Escucha: la manipulación no tiene necesariamente que ver con Jezabel. El hombre, genéricamente hablando, es manipulador por esencia, por carácter. Si esa persona viniera a mí y me dijera: mira, tengo que hacer tal o cual cosa. Me lo han propuesto y una parte de mí quiere hacerlo y la otra no. ¿Tú qué opinas? ¿Qué me aconsejas? O, tratándose de mí, seguramente me diría: ¿Qué harías tú en mi lugar? ¿Qué sugieres?
Algo se llevaría, seguramente. Pero no, eligen pintarte un cuadro abstracto y esperar que de tu interior salga un consejo, una sugerencia o una palabra que les enseñe lo que tienen que hacer. Pregunto: ¿Tanto temor a mostrarse frágil tiene el hombre? ¡Claro, pero el ejemplo que usted está dando tiene trampa, hermano! ¡Con una zarza ardiendo como la de Moisés, cualquiera cree! ¿Ah, sí, eh? Pues yo te aseguro que si hoy se presentara una zarza ardiendo, seguramente aparecería alguno de esos miles de buscadores de perlas que andan por las páginas Web cristianas, y ya le encontraría algún error o, en su defecto, intentaría debatir teología con ella.
Mira; Moisés estaba destruido en su propia imagen, cuando la zarza aparece frente a él. Él no era capaz de oponerse a nadie. Lisa y llanamente, era un fracasado. Fue educado para ser príncipe, recuerda. Y está casado con una mujer que ni siquiera es judía, y trabaja cuidando las ovejas de su suegro. ¿Quién podría ser feliz así? ¿Y qué hacer con todo lo que él había recibido en Egipto? No sé, pero cuando aparece la zarza, él está tan destruido que no se siente capaz. Un último ejemplo: Pablo. Siempre pongo a Pablo. ¿Se nota que es mi favorito? ¿Cómo dices? ¿Qué un maestro del Señor no debe tener favoritos?
Tienes razón, anótala como mala mía. Mira Hechos 9. Y él le dijo: ¿Quién eres, Señor? ¿Recuerdas? Está yendo camino a Damasco, se le aparece una gran luz y se cae al suelo (Mi Biblia no habla de caballo, ni de camello, se supone que sobre algunos de estos dos animales viajaba Pablo, por la distancia, pero lo cierto es que lo único que dice allí es que cayó al piso, no sé qué dirá en la tuya) y el resto de la historia seguramente la conoces. Pero él le pregunta: ¿Quién eres, Señor? Este fariseo de fariseos, no sabía quién era el Señor. Eso, simplemente, es lo que la religión produce. ¿Te impactó leer esto? Te aseguro que a mí también, cuando lo recibí.
(Hechos 9: 5) = Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
Es interesante que no se presente como Yo Soy, como el Dios del Antiguo Testamento. Yo Soy, pero Jesús, nombre propio e individual. Además, fíjate que es interesante, también, que se presenta casi sin anestesia. ¡Cero protocolo! ¡Yo soy el que tú estás persiguiendo, muchacho! Y lo quebró. Otra vez uno tirado en el piso. Y después se preocupaban los conservadores a ultranza que la gente se les desparramara sin su permiso.
(6) El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿Qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.
Pregunta un tanto tontuela: ¿De verdad tú piensas que cualquiera de nosotros, si nos hubiera ocurrido más o menos lo mismo que a Pablo, nos hubiéramos puesto de pie, ciegos, y se nos hubiera ocurrido preguntar lo mismo? ¿No te parece que antes hubiéramos pretendido algo así como pedir explicaciones por el golpe que nos dimos y por la ceguera que padecíamos? No hay caso; una cosa es el que sí, y otra cosa es el que no.
(7) Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie.
¿Tú sabes que de esto que terminas de leer, jamás escuché enseñar ni predicar a nadie? Ojo: yo tampoco lo había hecho hasta este preciso momento, en que, estando en otro tema, me encuentro con este mínimo pero importante episodio. Los que rodeaban a Pablo oían la misma voz que Pablo (Todavía Saulo) estaba oyendo, pero no veían a nadie. La pregunta que se me ocurre, es: ¿Pablo sí estaba viendo a Jesús? En su espíritu, porque se había quedado ciego, dice el relato. Hay veces que no terminamos de entender las cosas de Dios, ¿Verdad? En fin; cuando no entiendes a Dios, mejor sencillamente créele.
(8) Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco,
Hoy hablábamos respecto a si se cayó de un caballo o de un camello, porque conjeturamos que dada la distancia que debía recorrer, iba a lomos de alguna de estas dos clases de bestias. La Biblia no las menciona. Dice que se cayó al suelo, nada más. Y aquí añade que luego, cuando se pone de pie, como había perdido la visión, debió ser llevado de la mano para que no tropezara y se cayera. Ahí es notorio que no iba a lomos de ningún caballo ni camello, sino a pie.
(Verso 15) = El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, (En referencia a Ananías), para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; (16) porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
(13) – La Estatura de Un Nombre
Creo que, a partir de todas estas cosas que hemos compartido, hoy vas a descubrir que, como iglesia, nosotros tenemos un solo mensaje. ¡Claro, hermano! ¡El evangelio! ¿Sabes qué no? ¿Qué? ¿Cómo dice? Que no, que el centro del mensaje de la iglesia, es dar a conocer el nombre del Señor. Esa es la razón de nuestra existencia. ¿Y por qué me atrevo a decir que no es el evangelio? Porque en estos tiempos se predica un evangelio donde no se presenta el nombre. “Para evitar ofensas”, argumentan. Claro, y la gente se convierte, y sabe muy bien que se ha convertido en algo, o a algo, pero pasará mucho tiempo antes que sepa en qué o a qué, se convirtieron.
Dice que es escogido para llevar su nombre en presencia de los gentiles. ¿Dónde va a llevar su nombre? A los gentiles. ¿Sabía Pablo lo que tenía que hacer? Sí, a eso se lo van a repetir. Esta instrucción Dios se la está dando a Ananías, no se la está diciendo a Saulo. ¿Entonces se podría decir que Pablo recibe una hoja con instrucciones? Sí. ¿Y él sabe lo que tiene que hacer más adelante? Sí. ¿Y él sabe dónde, en qué lugar geográfico? Sí. ¿Y él cumple y hace eso? Sí. A todos estos a los que Dios llamó, de los cuales yo mencioné nada más que algunos, con decirte que se me quedó afuera nada menos que Jeremías, que también recibe un tremendo llamado, y a los que habría que sumar a Jonás, a Daniel, o José.
O piensa en Bernabé, o en Esteban; Bien; todas estas personas, sin excepción, tenían un kerusso y tenían un apostello. Nadie puede cumplir con la voluntad de Dios, si no tiene estas dos cosas. Entonces, obviamente, la pregunta que surge, es: ¿Cómo puede llamarme Dios a un ministerio, en este tiempo? No lo sé, Dios es Soberano, pero te aviso que Él sigue llamando a la gente como la llamaba antes. Tal vez no utilice zarzas ardientes, pero Él hace conocer su voluntad. ¿Y cuál es el error más frecuente? Que ciertos líderes o directamente ministros, quizás por hacer más suave el evangelio o incentivar a las personas para que acepten a Jesucristo, terminan diciéndole a esa gente cosas que no son verdad.
Y esto nos muestra un principio determinante: en el fondo, el evangelismo que funciona, es el evangelismo uno a uno, el persona a persona, el directo e individual. Porque es a través de ese proceso que una persona puede recibir una dirección más precisa respecto a saber para qué Dios lo necesita. Sin embargo, la predicación masiva tiene un ejemplo en Pedro, la Biblia lo relata. ¿Hizo algo mal? No, él tenía que abrir la puerta, porque él tenía la llave. ¿Entonces, Pedro tenía la llave? Sí, la tenía. Es que nosotros pensábamos que esa llave era un invento de… ¡No! ¡Él la tenía!
Pero no se quedó con ella y mucho menos se la entregó al Vaticano. Era la llave para la primera predicación. Él uso esa llave para abrir el evangelio a los gentiles. Pedro. Y a los judíos. Pero, aún en esa prédica de Pedro, podemos notar que hay propósito y dirección. La gente que conoce a Jesús en esa prédica, sabía quién era Jesús, después de escuchar la prédica. Porque la respuesta inmediata de ellos, fue: ¿Qué debemos hacer? ¿Cómo arreglamos esto? Realmente, ellos recibieron claridad en el mensaje. Es decir que, conforme a todo lo que hemos venido compartiendo, el primer principio visible, es el que muchos han dado en llamar: Principio de La Comisión.
Pero podemos ir más lejos, todavía; ¿Podemos hablar de la Gran Comisión? ¡Claro que sí! ¿Y tiene estos mismos perfiles? Sí, tiene los mismos perfiles. Hemos empezado con una palabra específica, que es la declaración de Pablo, en Romanos 10:15, que dice: ¿Cómo predicarán, si no fueren enviados? Y hemos explicado que aquí hay dos elementos determinantes. Es lo que se va a decir, el predicar, el kerusso, y el concepto de ser enviados para cumplir una tarea; ambas son necesarias. Anteriormente pudimos explicar lo que era el predicar y lo que era el ser enviado.
Y fíjate que aparece por primera vez en este tipo de estudios, una definición muy singular de apóstol: enviado lejos. Pero no sólo es enviado lejos en distancia geográfica, sino que también tiene que ver con posicionado, con apartado y con firmemente establecido. También hemos mostrado ejemplos: Moisés, David, Jacob, Mateo y Pablo, para mostrar un simple principio: Dios siempre trabaja de esta manera: llama a la gente, es Él, el que busca a las personas, y no las personas que lo buscan a Él. Y en segundo lugar las empodera, les otorga poderes, les da dirección, les muestra a dónde las necesita y hacia dónde deben ir. Y entonces recién allí las envía.
(14) Las Diferencias Escritas 1
¿Qué son las diferencias escritas? Son las que encontramos y encontraremos, si es que seguimos buscando, entre lo que dice la palabra de Dios en la Biblia y lo que sostienen, enseñan y demandan los religiosos que se cobijan en las babilonias. Ellos eligen y prefieren seguir con sus rutinas tradicionales a cambiar conforme a lo que el Señor ordena en estos tiempos. Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesús, tenemos que asegurarnos de no tener la misma actitud.
Mateo 18:20: Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Pero los religiosos dicen que si no eres miembro de una congregación dependiente de una denominación reconocida y respetable, estás en un verdadero peligro espiritual. Y que congregarse es una obligación aunque esa congregación se limite a cantar canciones sin propósito, predicar palabras humanas huecas y sin fundamentos y omitir el nombre que está por sobre todo nombre.
Mateo 11:19, dice: Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos. Pero los religiosos dicen: ¡Jesús nunca bebió alcohol! Es un pecado hacerlo. Y a esto no me lo contó nadie ni lo leí en un libro escrito por un opositor recalcitrante. A esto he tenido ocasión de verlo y oírlo con mis propios ojos y oídos. Pactos congregacionales se han realizado en este tenor, obviando que Jesús en su momento y por imperio de las necesidades ministeriales, se avino a cosas que hoy, lo hubieran determinado como pecador.
(15) – Conceptos Básicos de Autoridad
Examinando y estudiando lo que otros hombres y mujeres del Señor han encontrado al respecto, y mientras sentamos las bases donde consolidaremos la estructura que necesitamos para encarar al sistema o a los sistemas, nos encontramos con el Segundo Principio que quien quiera que sea llamado por el Padre para servir para Su Reino, deberá tener en cuenta sin exclusión: El Principio de la Autoridad. Qué palabra, ¿Verdad? Básica, elemental para cualquier clase de intento de corte ministerial. Y, además, con base escritural apta y suficiente para los más desconfiados. Y para eso nos iremos en primer término al Libro del profeta Jeremías.
(Jeremías 1: 8) = No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. (9) Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. (10) Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.
Vamos por partes: si Dios toma a alguien y le dice que no tenga temor de nadie porque Él vendrá a librarlo, extiende su mano sobre su boca y le dice que ha puesto sus propias palabras en ella y que es colocado sobre naciones y sobre reinos, poco menos que para hacer con ellos lo que esa persona estime necesario, es porque indefectiblemente, lo que está diciendo de manera sintética, es: Te he dado autoridad. Y a este principio tan singular, deberemos añadirlo al anterior, que era el de la comisión. Como prototipo de movimiento, aquí aparece el segundo principio, que es la autoridad.
Desde que el hombre salió de la esfera del gobierno de Dios, Él se sujetó a otra autoridad. Fue otra la autoridad a la que él obedeció. No fue al consejo de Dios, que le decía: no comas del árbol del conocimiento. Se sujetó a la autoridad de la serpiente, que dice que era más astuta que los demás animales. El Señor sabe que estamos haciendo una tarea con cierto nivel de oposición. ¡Un momento! ¿Es que hay oposición? Sí, la hay. ¿Entonces es bastante luchado, esto? ¡Claro que es luchado! Cuando Pablo recibe, más adelante, las palabras de su comisión, y en parte lo vemos cuando Dios está hablando con Ananías, le dice: él va a padecer.
Le voy a tener que mostrar que deberá sufrir por mí. MI pregunta inmediata, que seguramente también será la tuya, es: ¿Se cumplió eso? Sí, se cumplió. Sin embargo, es imposible que Dios te envíe a algo sin la autoridad necesaria. Él te va a mandar con la autoridad suficiente como para romper la oposición. Vamos a probarlo y a comprobarlo; Juan Capítulo 1. Aquí, Juan está hablando de lo que Jesús hizo al nacer entre nosotros, y dice:
(Juan 1: 12) = Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
¿Leíste bien? A todos los que le recibieron. A todos los que le recibieron, les dio potestad, que es como decir que les dio derecho o autoridad, de ser hechos hijos de Dios. Pero cuidado, añade algo muy importante y de fondo, que es: a los que creen en su nombre. La palabra Potestad, que también se puede identificar como Derecho, es la palabra exousia en el original griego. Es una palabra sumamente poderosa. Se la traduce como capacidad, privilegio, fuerza, competencia, libertad, maestría, (Concretamente magistrado, sobrehumano, potentado) influencia delegada: autoridad, derecho, dueño, jurisdicción, libertad, poder, potencia, potestad.
Es decir que: a los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio capacidad de ser hechos hijos de Dios. ¿Y entonces qué pasa cuando tú ves a una persona que nunca llega a ser hijo? ¿Qué puede haber pasado con él? No lo recibió. ¡Pero es que no, hermano! ¡Es que ese hermanito tiene muchos años de creyente! Puede ser, pero no lo recibió. La señal de que una persona recibió al Hijo, es que él tiene competencia, autoridad, potencia. ¿Para qué? Para ser hijo. Esto cambia bastante lo habitual que conocemos, ¿No es cierto? De todos modos, aquí surge un problema que, lamentablemente, es muy frecuente. Pregunto: ¿Qué es predicar el evangelio?
Es algo que en algún momento lo hemos hablado, lo hemos mencionado y hasta lo hemos juzgado. ¿Cómo podemos saber, nosotros, si la gente está recibiendo al Señor? Casi a coro sale un grupo que no es pequeño de hermanos que dice: ¡Si hace la oración de entrega, lo recibe! Ah, sí, claro; Pero… ¿Y si esa oración verdaderamente fue genuina, por qué la gente no llega a ser hijo? De hecho y por obvias razones, esta última pregunta, generalmente se queda sin respuesta. ¿Será porque no existe una respuesta segura? No. Es porque hay una respuesta, pero nos agarra una mezcla de vergüenza y temor decirla en voz alta. Y aclaro: vergüenza, porque hace años que estamos haciendo lo mismo sin cuestionarnos ni preguntarnos nada. Y temor, porque a esa misma oración la ha hecho tanta gente que amamos y deseamos sea salva y tenga la categoría de hijos…
(16) – La Validez de Un Nombre
Y es necesario que reitere este mismo pasaje, retornamos a Juan capítulo 1, dice en el verso 12: Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; (Reitero y enfatizo: a los que creen en su nombre). Y la palabra creer, en el griego es la palabra pistis. Pistis es creer, pero aquí dice que: en su nombre. Ahora bien; cuando yo te digo que lo que mayoritariamente se escucha como prédica, es hablar de lo que es o no es la iglesia, llegamos a entender que, entonces, la iglesia se está predicando a sí misma.
Porque ellos, en el fondo, no están haciendo que la gente conozca el nombre de quién es Él, tal cual se nos ha ordenado, sino el nombre de la congregación del caso. Y si quieres una prueba legítima de lo que digo, observa los tratados que se reparten en ocasión de campañas evangelísticas puerta a puerta. Lo que yo llamo “tratado”, por las dudas alguien no lo tenga en claro por cuestiones de diferencias idiomáticas latinoamericanas, es un pequeño folleto que generalmente trae en letras visibles un salmo, un versículo, una porción con su correspondiente explicación y, seguidamente, algunas palabras alusivas.
Pero al pie, en la parte inferior pero no en letra pequeña, precisamente e indefectiblemente, el nombre de la congregación que realiza el operativo. Impreso, si es de cierto prestigio y poder adquisitivo, o con un modesto sello, si es de las más carenciadas. Escúchame: ¡Tienen que conocer el nombre de Jesucristo! ¿Era necesario el otro? Es que…es para que sepan dónde ir después que se conviertan… ¡Basta! ¡Tienen que ir a Cristo! Después que Él los lleve donde estén predestinados a vencer. ¡Gloria a Su Nombre! Vamos a ver: ¿Qué se pone en la puerta de las iglesias? Iglesia Cristiana Pan y Vino, por ejemplo.
¿Qué es lo que se está exponiendo ahí afuera como eje central de tu interés ateo o incrédulo? Quiero decir: ¿Cuál es el nombre que te están presentando como realmente importante? Sencillo y a la vista: Pan y Vino, que es el nombre de los que pagan el alquiler del salón o los gastos fijos del edificio. Y eso, fíjate, a mí me lleva a recordar un pasaje que alguna vez habrás leído y que, al igual que yo en su momento, y en varios otros momentos también, no alcancé a entender del todo, pero en este momento sí lo entiendo: hagámonos un nombre por si fuéramos esparcidos.
¿Pero, hermano, le pregunto: Entonces, ¿Qué es lo que debería escribirse afuera? Jesús. ¡Bueno, de acuerdo, pero es que Jesús no es el nombre de la iglesia! ¿Ah, sí, eh? Hubiera jurado que sí lo era. ¡Es que usted no entiende, hermano! ¡En mi país se necesita tener una personería jurídica que la otorga la Secretaria de Culto de la Nación, pero eso sólo es posible si se le presenta con un nombre! No me estás contando ninguna novedad, en el mío, también; claro que lo sé. Y es correcto que se haga eso, que se organice un fichero de culto y que se presenten todos los papeles que sean necesarios, pero eso no obliga a pregonar en la puerta de tu congregación lo que para ti no es lo más importante.
¿O es que sí lo es? Decía un amado hermano que hay negocios de venta de comida, que parecen tener más discernimiento que la mayoría de las iglesias. “Venta de tortas El Shadai”, por ejemplo. Son creyentes, seguramente, pero fíjate que ellos en su pequeño negocio de venta de tortas, están pregonando un nombre que en la iglesia no se pregona. ¿Y sabes qué? Luego pasas por uno de esos lugares donde te venden aguas milagrosas, ángeles custodios, aceites energizantes o fluidos para atraer o ahuyentar parejas, y ¿Con qué te encuentras? Conque encima de la puerta de ingreso a sus fétidos salones, (Y digo fétidos no por ser ofensivo, sino porque donde hay demonios hay feo aroma), hay un letrero que dice: “¡Jesús es el Señor!
¡¡¡Ellos anuncian el nombre que nosotros deberíamos anunciar!!! Y lo hacen para vender porquerías…¿Qué crees que sucedería si todas las iglesias de tu ciudad tuvieran ese letrero sobre sus puertas? Internamente estarían un poco confundidos a la hora de pagar servicios o recibir donaciones, pero la gente seguramente se asombraría al comprobar que todas tienen y anuncian… ¡El mismo nombre! Yo personalmente adhiero a la teoría de varios hombres y mujeres de Dios, algunos de ellos muy conocidos. Creo que muchos no son hijos todavía, porque en lugar de conocer el nombre que está por sobre todo nombre, sólo conocen el nombre de su iglesia.
Bautista, Asambleas, Presbiteriana, Cuadrangular, Hermanos Libres, etc. Debemos entender que, ninguna instancia humana, por buena que sea, puede formar hijos. Porque Dios le dio los hijos a una familia, a un matrimonio. Hay un diseño para tener hijos. Y sólo habrá hijos en una congregación donde Él es la cabeza y la iglesia es el cuerpo. Y muy difícilmente una iglesia así, si la hubiera, pondría un letrerito de ese tipo en su entrada. Ese negocio de venta de tortas que te mencionaba, tiene más discernimiento. Porque están pregonando al Todopoderoso, el Shadai. Esto demuestra que en el fondo, algo se está haciendo mal.
¡Pero, hermano! ¡Usted está en contra de las denominaciones y se le nota! Muchas gracias, pero déjalo que se me note. Y es cierto, estoy en contra de las denominaciones. Estimo que lo único que han logrado es dividirnos y, hasta donde yo leí y entendí en mi Biblia, todavía ninguna casa dividida prevalece. Es más: hasta puedo asegurarte que creo que las denominaciones no existen. ¿Cómo que no existen, hermano? ¿Qué está diciendo? ¡Existen y Dios las usa! Eso es cierto, en lo natural y carnal existen y, efectivamente, Dios las usa. Pero no porque sea su voluntad usarlas.
Y no estamos hablando de esa denominación que posee miles de iglesias, muy bien puede ser una sola que sea el principio de otra denominación. Entiende: denominación. De-nominación. Nominación por nombre. Pregunto: ¿No leyeron Génesis 11? Hagámonos un nombre, por si fuéramos esparcidos. Haz una prueba simple. Cuando te encuentres con algún hermano de otro lugar, dile que tú eres un cristiano que se congrega en tal o cual ciudad, donde tú vives. Vas a ver qué va a hacer lo indecible para saber en qué iglesia, de qué denominación. ¡Necesita etiquetarte! ¡Necesita saber bajo qué nombre humano te congregas!
El nombre divino, parecería no importar demasiado. Sin embargo, lo que podemos ver es que la gente siente temor de no tener un nombre. Y cuando alguien dice que pertenece a la iglesia tal o cual, entonces ya ponen en marcha sus sistemas propios de base de datos y, en menos de tres minutos, te tienen catalogado y ubicado, y hasta se permiten aventurar supuestos errores doctrinales tuyos y de tus hermanos de ese lugar. ¿Sabes qué? Pablo enfrentó eso. Él dijo no es de Cefas ni de Pablo; somos uno. Y nosotros, aunque todos decimos gloria a Dios y gritamos aleluya en el mismo tono, encarnizadamente defendemos nuestros nombres.
Cuando alguien me pregunta qué soy, yo digo que soy un hijo de Dios y miembro de Su Reino. Entonces luego me preguntan a qué iglesia voy. A la iglesia cristiana. ¡Sí! ¿Pero a cuál? A la única, las demás son Babilonia. ¿Y dónde está esa iglesia? En Rosario. ¡Claro! ¿Pero en qué calle? En varias. Aquí es donde puede producirse el primer cortocircuito. ¡Es que a los propios líderes no les gusta que los confundan con los de la otra denominación! Deberíamos salir como los jovencitos mormones; todos con camisa blanca y pantalón marrón, y con una credencial de plástico adherida al bolsillo de la camisa, para que todos sepan de dónde venimos.
Perdón… ¿Y el Nombre que está por sobre todo nombre, para cuándo? Mira; yo era uno de los que suponía que, mientras más alta era tu posición en la iglesia, más autoridad tenías en contra de los demonios. Sin embargo, luego de algunas experiencias personales y como simple observador de compañía, pude comprobar que los demonios, cuando habitan en alguien que no desea tenerlos consigo y pide ayuda, están dispuestos a ser obedientes e irse de allí ni bien alguien con autoridad les dé la orden de hacerlo. Si tú quieres ser bíblico y al mismo tiempo novelesco, te doy como ejemplo: ¡Sal fuera!
Ahora pregunto: ¿Con eso es suficiente? Sí, pero tiene que hacerse en el Nombre que es por sobre todo nombre, ya que de otro modo ni sueñes que siquiera un mísero demonito pequeño se irá de su lugar de habitación. ¿Y ahí qué es lo que decimos? ¡En el nombre de Jesús! ¿Y es suficiente? Sí, aunque algunos evangelistas de alto poder liberador, se aseguran que ningún demonio se haga el desentendido y los echan fuera ¡En el Nombre de Jesús de Nazaret! Y, allí sí, nadie se podrá hacer el distraído.
(17) – La Hora del Poder
Es indudable que cuando hablamos de poder, tanto los hombres como las mujeres, sean creyentes o no, inmediatamente hacen un reverencial y respetuoso silencio. Es que esta palabra, se la entienda como se la entienda y se la utilice como se la utilice, siempre conlleva un aura de misterio, de luminosidad celestial, casi de magia, para los ateos consuetudinarios. El evangelio contiene poder de Dios acumulado en sus entrañas, y sólo aquellos que se han atrevido a introducirse sin pudores, han conseguido acceder, en parte o en grandes proporciones, a ello. Los que siguen poniendo en duda esta aseveración, (Y estoy hablando de cristianos practicantes), jamás lo verán manifestado. La parte de la Palabra que no puedas, no sepas o no quieras creer, jamás se te manifiesta. Hay una anécdota bíblica que lo resume y que tiene que ver con el epicentro del tema central que nos ocupa.
(Mateo 10: 1) = Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
¿Qué dice que les dio? Poder. ¿Sabes qué? Es la misma palabra anterior, exousia. Es capacidad por sobre los espíritus inmundos. ¿Pero sin ser pastor? Estoy refiriéndome al evangelio, no a un punto de vista doctrinario denominacional. Te pregunto: Jesús les dio poder a sus discípulos, capacidad para echar fuera espíritus inmundos, ¿No es así? Sí, pero… ¿Tú no eres un discípulo del Señor? Sí, pero… Pero, nada; lo tienes. ¿Cómo que lo tengo? ¡Sí, lo tienes! Ahora ¡Úsalo! Y además, también les dio exousia sobre toda enfermedad y dolencia. Perdón… ¿Sobre todas o sobre algunas? Sobre todas, dice aquí.
¿Lo crees? También sobre todos los demonios. ¿Y entonces por qué ellos no pudieron sacar algunos? Les faltó fe. ¿A los discípulos de Jesús, les faltó fe? ¡Sí! ¿Por qué? ¿Te parece extraño o irreverente? Esta misma palabra es la que está aquí como Derecho. Exousia. ¿Para quiénes reserva Dios el poder? Para los hijos. ¿Quién es el que gobierna? Es el Hijo. Tú trono, oh Dios, cetro de equidad es el cetro de tu reino. Dice el Padre al Hijo. ¿Quiénes tienen el cetro en una ciudad? Los que son hijos. ¿Y entonces qué autoridad tiene el siervo? Una autoridad restringida a una tarea específica.
¿Qué autoridad tienen los hijos? Sobre todo lo que le pertenece al Padre. Asunto clarificado. Ya no puedes argumentar que no conoces u olvidaste la diferencia entre siervos e hijos, ahora la sabes. Este segundo principio del que estamos hablando, que es el Principio de la Autoridad, está íntimamente ligado al anterior.
No puede haber Comisión, (Co-misión), sin autoridad. Ve y diles esto. De acuerdo, voy y les digo. Te tienen que escuchar, y para que ellos te escuchen, llevas este anillo, y les dirás: el Rey me ha enviado.
Hasta este momento hemos visto dos principios que tienen que ver no con un ministerio en particular, sino con la dinámica de todos los ministerios. Porque, por si se te había olvidado, la idea era hablar un poco del armado interno, íntimo, visceral de los cinco ministerios, también llamado ministerio quíntuple para, a partir de la acción violenta de cada uno de ellos, romper de una vez por todas con todos los sistemas castrantes imperantes en este mundo en el que tú y yo pretendemos servir al Padre.
(Mateo 16: 13) = Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
Yo aprendí después de mucha lectura bíblica, que cuando Jesús en el Nuevo Testamento y el mismísimo Padre en el Antiguo, le preguntan algo a uno de sus hombres o mujeres creados, no es porque ignoren lo que preguntan, sino para que ellos se entrenen respondiendo lo correcto. Esto es, a todas luces, lo que Jesús está haciendo con sus muchachos, aquí. Él sabe muy bien quién y qué es, pero lo que desea es poner blanco sobre negro y comprobar si esos doce jóvenes atrevidos y valientes, pero sumamente ignorantes de muchas verdades espirituales, todavía, alcanzan a divisar con cierta nitidez quién es verdaderamente Él, muy por encima de presentarse como el hijo de un tal José, carpintero de oficio, y una tal María, de la que poco se conoce, pero que se comenta que lo engendró en estado de virginidad. Mira la calidad de las respuestas de esos “muchachos”.
(14) Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. (15) Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Claro que es muy singular este escenario, te podría decir que, incluso, altamente interesante. Porque Jesús fue alguien que en su tiempo dio mucho que hablar, imagínate. Pensaran como pensaran los que no les interesaba seguirlo, igualmente no podían dejar pasar por alto lo que Él decía o hacía. Cualquier cosa que dijera o hiciera, creyeran o no creyeran, igualmente recibían un impacto de alto voltaje. Por eso me asombra y me seguirá asombrando, que en su momento los judíos pudieran decir que Él era Elías. Quiero que entiendas cuán familiarizados estaban los judíos, por su cultura, con lo sobrenatural.
Porque todos sabemos que Elías había vivido muchísimos años antes que apareciera Jesús. ¿Recuerdas eso, no? ¿Y recuerdas que él, Elías, fue tomado por Dios y se lo llevó; lo recuerdas, verdad? Lo que estoy queriendo mostrarte es que en la cultura hebrea, era casi normal pensar en ángeles o en Elías, y no darse cuenta quién era Jesús. El Señor les pregunta quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre. Y ellos dijeron unos Juan, otros Elías, etc. Y luego Él dice: ¿Y quién decís que soy? Ustedes, díganme: ¿Quién soy yo? No sabemos exactamente cuánto tiempo Jesús ministró a sus discípulos.
Porque no tenemos una fecha exacta y es muy difícil llegar a una conclusión seria. Hay algunos que dicen que fue sólo un año y otros, con el mismo ímpetu, que aseguran que fueron tres años. Y lo cierto es que, aunque rebusquemos exhaustivamente en los evangelios, no podemos tener una certeza respecto a cuánto tiempo Él estuvo con los discípulos. Cuando a Dios no le interesa que tú sepas o ignores algo, se lo calla y punto. Pero una cosa es cierta, a esta pregunta la hace ya en la última parte de su ministerio. O sea: no fue al principio, era cuando ya ellos habían tenido un tiempo con Él y, supuestamente, debían conocerlo más en profundidad.
(Mateo 16: 16) = Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. (17) Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. (18) Y yo también te digo, que tú eres Pedro, (En otras versiones se añade una piedra pequeña) y sobre esta roca (Una piedra grande) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.
Me gustaría que prestaras mucha atención a la primera parte del texto, puntualmente el verso 16. Pedro le dice: tú eres el Cristo. Hay muchos temas que han girado en torno a esto. Uno de ellos es el por qué Mateo escribe en griego, porque Cristo es un término griego: Christos. Realmente debería haber dicho: tú eres el Mesías. El Mesaia. Sí que es raro que este sea un evangelio escrito a los judíos, y curiosamente él esté hablando en griego. Supuestamente, ese tema se resolvió hace ya un tiempo, porque se han encontrado documentos que muestran todo el evangelio de Mateo, original, en hebreo. Lo segundo interesante para señalar, es que Jesús halaga a Pedro.
Le dice: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Parece particular que utilice el nombre de Simón, siendo que el mismo Jesús lo llamaba Pedro en pasajes anteriores a este discípulo, pero es como que aquí lo oficializa. Y entonces le dice: tú eres Pedro, petros, porque literalmente utiliza petros, que es piedra, y sobre esta roca, y la palabra que utiliza allí es diferente, roca, edificaré mi iglesia.
Y luego dice que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Es indudable que algo más que no salta a la vista en primera visión, ocurre detrás del contenido de este relato. Y ese algo, no tiene que ver con percepciones sensoriales ni nada que se parezca a un acto ocultista, sino que de una y para toda la historia, este mínimo episodio nos introduce de pleno en el tercer principio que estamos buscando. El Principio de la Revelación.
(18) – Las Diferencias Escritas 2
Mateo 6:5-6 consigna: Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Es indudable vayas donde vayas o ingreses al templo de la congregación de la denominación que se te ocurra, que la clase religiosa allí imperante coincidirá en algo muy directo: dicen que si no oras delante de los demás, es porque estás avergonzado de tu fe o tienes una conciencia débil. ¿Y qué se consigue con ello? Por un lado, lo positivo, que muchos pierdan el pudor por orar en voz alta y públicamente y eso los beneficie. Y por el otro lado, lo negativo: fabricar un montón de hombres y mujeres que arman un discurso casi espectacular en forma de oración para lucirse en público, siendo que luego en sus intimidades, no oran ni para bendecir los alimentos que van a tomar.
Mateo 6: 16-18, expresa con claridad: Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
La religión organizada no comparte para nada esta palabra, y de hecho muy difícilmente la predique en ninguna de sus tribunas o púlpitos de proclamación. Ellos dicen que si no publican el ayuno no se va a sumar más gente, y eso es malo porque se necesita que un ayuno tenga muchos seguidores. Sin embargo, esto suele tener serios contratiempos. Todos los que alguna vez ayunamos sabemos que ni bien decidimos hacerlo, el enemigo empieza a tentarnos con toda la clase de manjares de nuestra predilección que se te ocurran. La imprevisibilidad, entonces, es la mejor arma para evitar esas tentaciones, y es exactamente lo que Jesús propone aquí y la religión desobedece, así de simple.
(19) – Como Viendo lo Invisible
Quiero aclarar que, cuando hablo del Principio de la Revelación, estoy tocando un punto que es determinante para entender quiénes somos en Dios, una incógnita que no demasiados cristianos tienen resuelta satisfactoriamente. Porque si yo te pregunto quién es Cristo, tú me darás una respuesta que seguramente será similar a las que ya han dado otros hermanos maduros respecto a la misma pregunta. Sólo que ninguno de ellos acertó a definirlo como El Ungido. Y lo más curioso de todo es que, tanto la palabra Cristo, que es la traducción al griego de la palabra Mesías, lo que significa es precisamente eso: ungido.
Y resulta ser que en cierta ocasión, al comenzar su ministerio, Jesús entra a la sinagoga de Capernaúm, en un día de reposo. Y a él le corresponde leer el pasaje de la ley, en ese día. Y casualmente, él abre el rollo justamente en el pasaje en que el profeta Isaías, dice: el Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ungió el Señor. ¿Recuerdas ese pasaje, verdad? ¿Y qué está diciendo ahí, literalmente? Que el Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ungió. Me ungió. ¿Qué cosas podemos decir de Dios? Que es Todopoderoso, y es verdad; que es amor, y es verdad; que Él es vida, y es verdad.
Pero ninguno de esos títulos puede reemplazar el entendimiento que tienes, cuando comprendes lo que significa ser el ungido. Ha habido mucha gente buena en la tierra. Podemos pensar en Gandhi, Teresa de Calcuta, ¿Quién podría discutir que las cosas que ellos hicieron no fueron buenas, geniales? Sin embargo, pese a todo lo que sin ninguna duda ni discusión le brindaron a la sociedad de su tiempo, ninguno de ellos podría haber sido nominado como ungido. Entonces, cuando Jesús termina de leer ese pasaje, les profetiza y les dice: Esta palabra, hoy se ha cumplido. En realidad él lee un poco más, no lee solamente ese pasaje.
Me ha enviado a liberar a los cautivos, ¿Recuerdas? A pregonar libertad a los oprimidos, a los presos apertura de la cárcel y a declarar el año de la buena voluntad del Señor. Él, antes de empezar ese ministerio activamente, Él establece quién era, en base a la palabra, y todo lo que Dios había esperado de su manifestación. O sea: Él podía entrar por la puerta izquierda, por la derecha, pero no; entró por la principal. Y tomó el texto correcto: el Espíritu del Señor está sobre mí. Durante todo su ministerio, Jesús fue un instrumento del Espíritu Santo. Él no obró solo, con lo que se le ocurrió a él.
¿Recuerdas lo que sucede cuando Él sale del agua, después de haber estado con Juan el Bautista? Dice que “algo” como una paloma descendió, pero no solamente eso es lo importante; el Padre habló, y dijo: Este es mi Hijo, en quien me complazco. ¿Acaso se complació porque se bautizó? ¿Acaso necesitaba bautizarse para perdón de pecados, Él? No. ¿Y entonces en qué se complació el Padre? ¿Nunca te lo preguntaste? ¡Oh! ¡Cuántas cosas damos por sentadas los cristianos, sin indagar nada más ni ir más profundo! ¿Acaso se complació en su obediencia? Sí, indudablemente que sí, pero hay algo más en todo esto. En el lugar que Jesús le da al Espíritu Santo.
Es tan asombroso que nosotros queramos hacer la voluntad de Dios sin el Espíritu Santo, cuando Jesús, con todo su poder, le dio lugar al Espíritu Santo para hacerlo. Lo que quiero que entiendas es que no es algo pequeño. ¡Él dice eso! El Espíritu Santo está sobre mí, por cuanto me ungió el Señor. Y me ha enviado. Y aquí volvemos al apostellos, ¿Recuerdas? ¿Qué te parece? ¿Jesús vino porque quiso o porque fue enviado? ¡Claro que porque fue enviado! ¡Jesús fue enviado! ¿Quién pone en duda eso? Y hasta donde nosotros sabemos, ningún seminario bíblico te puede enviar a ninguna parte.
Ninguna universidad te puede enviar. ¡Sólo Dios puede enviarte! Y Jesús está diciendo: me ha enviado. Hay algo interesante en todo este proceso. Jesús está diciendo: me ha ungido y me ha enviado. Hay un orden: primero me unge, luego me envía. Pero luego me envía y me dice: a qué cosa es que me envía. ¡Ah! A predicar, a abrir puertas, a proclamar, a sanar, a liberar, a vendar. O sea que, junto con el Espíritu Santo que descendía sobre Él ungiéndolo, venía la misión. Y ahí está explicada toda la agenda de trabajo que Jesús iba a desarrollar. Lo que te estoy diciendo es que Él no tuvo que improvisar nada, ¡Él sabía lo que debía hacer, porque el Espíritu se lo reveló!
Entonces, volvemos al instante en que Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿Quién soy yo? Y la respuesta correcta, era conectar, no simplemente a Jesús como el muchacho que hacía milagros. Porque, para ese momento, ¿Cuántos milagros había hecho, ya? Muchos. Pero el punto es este: ya los discípulos se habían preguntado más de una vez: ¿Pero quién es este? ¡Había sido más que impresionante! Ahora bien; que Pedro pudiera decir: tú eres el ungido, cuando él no había estado en la sinagoga de Capernaum para escuchar lo que estaba leyendo Jesús, fue milagroso.
Si él hubiera estado allí, entonces sí hubiera sido fácil decir esto, porque Jesús ya lo había dicho allí. Pero Pedro no estuvo allí ni escuchó a Jesús decir nada al respecto, ni había todavía emisoras de radio cristianas emitiendo en directo. Al menos, no hay ninguna referencia de que Pedro haya estado allí. Por esa razón es cuando, entonces, Jesús le dice: lo que acabas de decir, te lo reveló el Espíritu Santo. Y eso, lo que acaba de decir Pedro, que es Simón hasta este momento, le acredita a Dios, le autoriza a Dios a que él pueda cambiar su nombre.
En pocas palabras: cuando tú tienes una revelación del Hijo, él te da una revelación de quién eres. Al verlo a él y entender lo que es él, al mismo tiempo, entiendes quien es. Aclaro: si yo lo veo y lo entiendo a él y sé quién es él, al mismo tiempo me es revelado quién soy yo. ¿Qué pasa, entonces, cuando la gente es enviada a hacer guerra espiritual a una ciudad o a una región, pero ellos no tienen una revelación de quién es Cristo? Pasa que encaran su tarea con un susto que ni te cuento. Dime: ¿Los ves más que vencedores? ¿Son valientes de igual modo? Sí, son valientes, pero eso es secundario. ¿Cómo que es secundario ser valiente en guerra espiritual? Sí, porque lo es. Lo que necesitas para esa guerra no es valentía, sino revelación. Porque sólo la revelación te trae autoridad y la autoridad te trae victoria segura. O sea que lo que estoy tratando de decirte es que, cuando tú entiendes quién es él, automáticamente entiendes quién eres tú.
(20) – Subiendo al Monte Alto
En la mayoría de las congregaciones se caen año tras año los intercesores por una sencilla razón: han puesto a pelear esa parte de la batalla a gente que jamás ha tenido una revelación respecto a quién es el Hijo. Obviamente, que entonces tampoco saben quiénes son ellos y hasta qué punto pueden ser imbatibles, cosa que les proporcionaría mayor seguridad y certeza de su tarea. Yo recuerdo que en la época en que el ministerio de mi compatriota Carlos Anacondia, puntal en evangelismo, milagros y liberación en mi país y el exterior, durante muchos años, desarrollaba su tarea, muchos lo veían en la enorme plataforma y anhelaban ser como él.
Sin embargo, muy pocos sabían que en cada reunión, debajo de esa enorme plataforma, había no menos de treinta hermanos intercesores peleando a brazo partido con demonios y espíritus inmundos. Y cómo ellos, muy pocos deseaban ser; ¡Qué paradoja! Que quede claro: lo que te estoy enseñando es que si tú no sabes quién es el Hijo, y tampoco quién eres tú en Cristo, ante el primer demonio minúsculo que se te aparezca, te desmayas de terror. Porque toda la teología del temor nace, por la falta de revelación de quién es el Hijo. Por eso cuando hay una visita en una iglesia, sus miembros se empujan y disputan un lugar para que la visita les ore.
¿Y por qué no oran ellos por sus problemas? No saben quiénes son en Cristo, porque no les ha sido revelado el Hijo. Entonces, teniendo en cuenta esto, debo preguntar: ¿Cuál es el problema del pecado, en esencia? Que no reconoce al Creador. Esta generación ha perdido en la maraña de la naturaleza la dirección de la Creación. Te pregunto otra vez: ¿Por qué la creación por ahí le obedece a los brujos, a los chamanes? Porque la creación es neutra, no tiene voluntad, es engañada. Entonces cuando tú vas y la liberas, la creación aguarda la manifestación gloriosa de los hijos de Dios y ella empieza a andar bien contigo, te prospera, te sana, te bendice.
¿Qué te dice el Señor? Que tú sabes que la tierra no te va a negar sus frutos. ¿Para qué necesito a la tierra si Dios me bendice? ¡Ah! ¿Y cómo crees que te va a bendecir si no te da sus frutos? Es decir, Dios usa su Creación para bendecirnos. La respuesta que da Pedro, no la podría haber dado sin la ayuda del Espíritu Santo. Y tengo una prueba: él no sabía quién era, por eso se asustó cuando la mujer esa le dijo, al lado de la fogata: ¡Tú eres uno de ellos! Y él, pálido seguramente, le dijo: ¡No! ¡Yo no soy uno de ellos! Llegó a decirle maldito a ese hombre y que él no lo conocía. Ese hombre era Jesús. ¿Por qué lo negó a Jesús? Porque tuvo temor. ¡No lo conocía! Y el tema no termina aquí, porque vamos a ver qué él pasa por otro proceso. En todo esto hay una dinámica bien interesante. Si tomas tu Biblia y vas un poco más adelante, es decir, al capítulo 17, se encontrarán con esto.
(Mateo 17: 1) = Seis días después, (Perdón; ¿Seis días después de qué? De lo que acabamos de leer) Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; (2) y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. (3) Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. (4) Entonces Pedro dijo a Jesús: (Ojo: no dice Juan, no dice Jacobo; dice: entonces Pedro dijo a Jesús) Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.
Te puedes imaginar tú; Elías vaya a saber dónde estaba viviendo, y ahora va a vivir bajo una enramada, un amontonamiento de palos y hojas, eso era una enramada. ¡De las calles de oro a una choza enclenque! A Pedro, aparentemente, se le perdió una tuerca por causa del impacto recibido. Sin embargo, hay una parte positiva de todo esto. Sólo cuando tú has tenido una revelación del Hijo, estás listo para edificar. ¿No les parece casual que, después de ver a Jesús transfigurarse, lo primero que quiere hacer, es edificar? Ponte a pensar un momento; Pedro no era constructor de ninguna manera, ¡Era pescador!
Y pretendía alojar en esas enramadas nada menos que a dos de los tres personajes más importantes del judaísmo: Moisés y Elías. Faltaba Abraham, pero él seguramente estaría muy ocupado en su trabajo principal: recibir a los que mueren. Es otro estudio, tiene bases lo suficientemente sólidas como para considerarlo verdadero: no te recibirá ni tu padre, ni tu madre, ni ninguno de tus seres queridos; te recibirá Abraham. ¿Por qué? Porque es el padre de la fe, y a ese lugar donde está Abraham, sólo se llega por fe. En síntesis: la revelación del Hijo provoca una unción de edificación.
Ya sabe lo que debe edificar, debe edificar tres enramadas. Fíjate que no pensó en hacer una sola donde pudieran acomodarse los tres, porque no me negarás que eso hubiera sido lo más lógico, ¿Verdad? Él sabía que no los podía juntar porque eran tres expresiones muy particulares y diferentes de la economía de Dios en distintos tiempos. Es dramático cuando la gente quiere edificar la casa y no tuvo una revelación del Hijo. Porque así es como se crean verdaderos monstruos y estructuras horribles.
Y no me fui del tema, sigo hablando de iglesia, no de otra cosa. Dice: es bueno estar aquí. Si quieres, haré tres enramadas. La unción de edificación siempre es consecuencia de la revelación. Los profetas de la ley estaban hablando con Jesús en ese momento, y lo que quiere hacer Pedro, es edificar. Y es correcto, esa intención no era desubicada. A lo mejor, fue desubicado hablar, pero lo que Pedro dijo fue coherente, porque muestra lo que se activó en él.
(21) – Bases Para Edificar
¿Qué le pasa a David? ¿Cuál era su mayor anhelo? Edificar. ¿Qué edifica Noé cuando ve a Dios? Un arca. Y el más grande hombre que Dios llama para establecer su Reino, Moisés; ¿Qué edifica? El tabernáculo. Y todos ellos edificaron después de haber visto. Pero es imposible edificar sin revelación. Formulo por primera vez una pregunta que seguramente repetiré a lo largo de este trabajo: ¿Cuántos lugares supuestamente cristianos, has visto procurar edificar sin la menor revelación del Espíritu Santo o, lo que es mucho más grave: sin siquiera creer demasiado en la vigencia del Espíritu Santo? No me respondas, porque no me nombraron juez de nada ni de nadie, sólo reflexiona.
(Mateo 17: 5) = Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. (6) Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. (7) Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. (8) Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.
Cuando vemos a Jesús, el cielo se alinea en una misma dirección espiritual con nosotros. Y ahora viene la pregunta complicada: ¿Por qué, durante el ministerio de Jesús, en medio de tantas palabras y enseñanzas que él nos ha dejado, bien recopiladas en los evangelios, él casi no menciona a la iglesia? Apenas hay un par de breves menciones. ¿Por qué? Porque su mensaje es el Reino, y porque el Reino es más importante que la iglesia. Esa es la razón. Tú puedes tener a la iglesia, pero no tener al Reino, pero es imposible que tengas al Reino, sino tienes a la iglesia.
El fundamento de la Gran Comisión, es ir a predicar el Reino, el evangelio del Reino. Eso es lo que el Señor espera de nosotros. La obsesión de los apóstoles, es decir, de los apostellos, de los enviados, es edificar. Pero no es edificar lo que a ellos les parece, sino reproducir la forma de lo que han visto. Por eso es tan importante ver lo que el Señor quiere que edifiquemos. La iglesia puede centrarse en el hombre. De hecho y salta a la vista: en el hombre están centradas la mayoría de las iglesias. Hacen una encuesta para ver qué es lo que le interesa o necesita la gente y ya está; eso es lo que predican después.
“Igle-Burger”, denominó a eso cierto ministro. Iglesia a pedido del consumidor. ¿Eso es Dios? O, por el contrario, la iglesia puede centrarse en Dios, que es como decir examinar qué es lo que Dios quiere de la gente. Y esos dos simples enfoques, van a crear dos iglesias completamente diferentes. La iglesia centrada en el hombre, es una iglesia que busca que el hombre encuentre en ella confort. Hay que hacer un culto de acuerdo con sus gustos, su medida, a su tiempo y a su cultura. En la que está centrada en Dios, en cambio, no es tan importante lo que el hombre necesita.
Y esto, dicho con sumo cuidado, porque Jesús vino porque necesitamos de Él. El hombre pecador no necesita la iglesia, necesita a Dios. Y la iglesia sólo es importante, si está haciendo esa tarea: manifestar el nombre del Señor. El corazón del trabajo apostólico está sintetizado en esas dos preguntas que les hace Jesús: ¿Quién dice la gente que yo soy? ¿Quién dicen ustedes que yo soy? Revelar quién es Dios a los que no lo conocían. Ese es el centro de todo esto. Por eso he dicho que, a medida que el hombre cayó, el nombre de Dios se perdió. Al punto tal, que llegaron en cierto momento de la historia, a no poder pronunciar el nombre de Dios.
Tengo un Dios obsesionado en darme a conocer Su Nombre, y la respuesta de su pueblo, es esta: no podemos ni mencionar el tuyo. ¿Qué Biblias leen? ¿Qué profetas escuchan? Desde el principio tengo un Dios que está desesperado en manifestarse. ¿Y cómo lo hace? Dando su nombre, Yo Soy él. Y su pueblo llega y dice que no, que no puede mencionar su nombre porque es demasiado santo para mencionarlo. Entonces prefirieron llamarlo Adonaí u otros nombres. Y ahí aparecen un montón de títulos, que si bien muestran características de quien es Dios, no es su nombre. Los Elohistas, Elohim. Mi Señor, Adonaí.
¿De qué me estás hablando? Ese no es mi nombre, ese es un título. Entonces, ¿Qué es lo que dice Jesús cuando ya se está yendo? Vayan y enséñenles a estas personas todo lo que les he enseñado yo. ¿Y qué es lo que el Señor les enseñó? ¿Acaso muchas clases de catecismo o doctrina? No. Él les enseñó cuál era el camino para llegar al Padre. Es eso lo que les enseñó. Les manifestó el nombre de Dios. Lee Juan 17 dice: he dado a conocer tu nombre. En ese nombre, ahora vayan y hagan que otras personas conozcan lo mismo que ustedes ahora conocen. Quién es el Padre. Y tienen autoridad y respaldo, ya lo tienen; ahora háganlo.
Nunca podremos cumplir la Gran Comisión, tan sólo proclamando a Jesús como el Señor. Necesitamos el todo del Señor. Todo. Todo lo que Él es. Todo. ¿Tan difícil, será? No lo parece. ¿Y entonces? Puro sistema. ¿Recuerdan ustedes la fiesta pascual? Jesús era el Cordero, ¿Recuerdan? Se les enseñó que los hijos de Israel deberían participar del Cordero, y deberían comerlo todo sin dejar nada para el día siguiente. Si vamos a comer a Cristo, comamos todo, comámoslo completo. ¿Por qué? Porque el propósito de ese proceso de comer, es que Él se forme en nosotros. ¡Pero es que después nos van a acusar de caníbales!
Ah, sí, esa es la otra en la que el pueblo cae con facilidad: cuando no entiendo algo que me trae un mensaje, mato al mensajero. La comida, que es Él, va a ser parte de nuestras células y vamos a ser formados a Su imagen. Esa es la meta de todo esto, que lleguemos a ser a Su imagen. Todos los ministerios apuntan a una sola cosa: que Cristo se forme en nosotros. Eso dice en Efesios 4, cuando leamos este pasaje y lo entendamos, esa es la razón. El funcionamiento de cualquier ministerio, básicamente, es la revelación de Cristo en nosotros, hacia afuera. Cuando tú enseñas, es el maestro hablando.
Cuando tú sanas, es el pastor cuidando. Cuando tú exhortas, es el profeta mismo, Cristo, hablando. No hay manera, no tenemos muchos evangelios, la verdad. No vamos a poder cumplir con la Gran Comisión, hasta que los ministerios trabajen en acuerdo y unidad. Y no me estoy refiriendo a tomarse unos cafés juntos una vez por mes. Y tampoco a que uno de ellos procure unirlos, pero a su servicio personal. Así tampoco funciona. Y si esto sirve para que mucha gente se proponga, en lugar de hacer lo que venía haciendo desde hace cien años, cambiar, reformar los rudimentos y empezar a procurar que la gente conozca el nombre de Dios, gloria a Dios por ello. Principio de Revelación. Lo que sigue, es el Principio de Responsabilidad.
(22) – Las Diferencias Escritas 3
Jesús dice en Mateo 6:2: Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
Aquí no hay ninguna obediencia al mandato de la palabra. Jesús lo dice, el pueblo lo acepta, pero… ¡No le obedece! El pueblo religioso, porque es de él del que estamos hablando, todavía tiene mayoría dominante en las congregaciones, dice que es muy importante que el mundo, que la sociedad, sepa que la iglesia da limosna abundante. ¿Y eso para qué? Para caer simpática a esa sociedad. Para que ella la acepte, la incluya en sus invitaciones para fechas patrias en los palcos de celebraciones y, de paso, para que alguien sienta deseos de contribuir y ofrendar en un lugar “que tanto bien le hace a la sociedad”.
Jesús aclara en Mateo 6:7 que: Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
No sé tú, pero a mis oídos, que por cultura musical son generalmente muy sensibles, le golpean como hierro duro esas repeticiones sistemáticas, casi monótonas, de neto corte similar al de las letanías, sin consistencia espiritual y con la idea de que, por reiterativas, esas palabras tendrán que llegar sí o sí a los oídos de Dios. Tal vez llegan, no lo sé, pero estoy seguro que no producen en Él lo que quienes las repiten suponen que produce. Dios jamás haría o diría algo que vaya en contra de su propia palabra escrita. Y siguen existiendo e insistiendo muchos religiosos que, mientras más veces decimos la frase o la oración, más poder tiene. ¿Quién les enseñó eso? ¿De dónde lo sacaron? De mi Biblia, por lo menos, te aseguro que no.
(23) – Asumiendo Nuestras Responsabilidades
Hay un ejemplo que oí que, entiendo, está perfecto y es válido repetirlo. Suponte que Dios te regala un automóvil. Entonces tú lo pones en marcha, vas a tu casa, se gozan en familia por el regalo del cielo y se suben todos a bordo para dar un paseo. Pero como el auto es grande, tú invitas a otros que tú eliges. El auto fue un regalo de Dios, es cierto, pero quien lo conduce, eres tú. Partiendo desde esa premisa y teniendo muy en cuenta las leyes globales, (En cada país podrán tener sus propios matices, pero la esencia es la misma), quien conduce el auto, que eres tú, eres responsable de lo que le suceda al auto y a todos los que son transportados por él.
Dios no es responsable de nada. Su responsabilidad terminó cuando tú recibiste el auto, lo pusiste en marcha y en movimiento. Estoy de acuerdo con que cuando sales de viaje en tu auto, a ese viaje se lo entregues al Señor. Le pides su cobertura y sales confiado. Pero, atención; Dios no va a tomar el volante del auto para conducirlo. Esa es tu responsabilidad total. Dios, lo que hará, será protegerte del entorno, pero no podrá hacerlo con tus aciertos o errores. ¡Ah, no, hermano! ¡No es así! ¡Yo le entrego el viaje y él conduce el auto, me lleva y me trae! ¿Ah, sí? ¿Y tú donde viajas, en la butaca del acompañante o en la del conductor?
Porque si viajas en la del acompañante y el auto se conduce solo, por dos manos invisibles, amén. Pero si viajas en la butaca del conductor, me temo que eres tú quien conduce. ¿Se puede bajar la intensidad pragmática de esto? Sí; han existido casos en los que extraña y misteriosamente, hay gente que se salvó de morir en un accidente de un modo y por circunstancias que racionalmente no pueden explicar. ¿Ángeles? Puede ser, Dios lo sabe. Él está en control de todo. Cuidado: yo entiendo perfectamente el sentido que se le da a estas formas de expresión.
Confiamos en que el Señor nos protege, nos cuida, nos guía y está ahí para que no padezcamos problemas serios. Gloria a Dios por ello y, ciertamente, es así. Pero reitero que en lo conceptual: tú eres quien conduce el auto. Porque si me dices que es Dios el que conduce el auto, eso significa que no te lo dio. ¿Cuál es, entonces, ese principio de responsabilidad? Cuando Dios te pone en control de algo, tú tienes responsabilidad sobre eso. ¿Esto es fácil de entender, no crees? Fíjate que Jesús se hizo responsable de su misión, hasta la muerte. No dejó nada suelto ni librado al azar. Cumplió todo.
Lo que ocurre es que hay una tendencia en Adán, que es como decir: en el hombre, y es a no hacerse responsable. Es mucho más fácil decir que el bus te dejó a pie que reconocer que llegaste tarde a la terminal. A eso lo vemos mucho en nuestros ambientes. ¿Quién no ha oído muchas veces a un líder echarle la culpa de su fornicación o su adulterio, al diablo que lo tentó y lo hizo caer? ¿Es que él o ella no tuvieron ninguna responsabilidad? Cuando Adán peca, lo primero que dice, es: “La mujer que tú me diste”. No la pidió, no la eligió. “La mujer que tú me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí”.
O sea, que en realidad, el problema lo causaste tú, Dios, no yo. Ese es el principio de la irresponsabilidad: no asumir la consecuencia de lo que nosotros mismos estamos haciendo. ¡Es que el hermanito cayó en pecado! El hermanito fue tentado, vio al pecado y le gustó; lo pensó, se lo imaginó, lo fantaseó, lo diagramó, lo planificó y, finalmente, lo consumó, Pregunto: ¿Podemos seguir diciendo que el diablo tentó al hermanito y este “cayó” en pecado? Dios no puede tratar con sus hijos, mientras ellos le demuestran que no aceptan asumir el grado de responsabilidad que tienen.
Puede ser gente con muy buenas intenciones, pero resulta que para la gente de Reino, la gente con buenas intenciones no le termina de inspirar confianza, ¿Sabes por qué? Porque las buenas intenciones, nunca han salvado a nadie. Tú tienes un sueño, por ejemplo, en el que ves a un hermano que amas, a punto de caerse a un precipicio lleno de animales salvajes que se lo comerán. Tú te espantas por ese sueño y corres a contárselo, con la mejor de tus intenciones. Entonces el hermano, tranquilamente, te pregunta: ¿Te dijo el Señor que me cuentes ese sueño? ¡No! ¡Pero es que estabas tú, ahí!
¿Pero Dios te dijo o no te dijo que me lo cuentes? ¡Dios no me ha dicho nada, pero yo pensé…! Yo pensé. Si Dios no te dice que hagas algo, no lo hagas, así parezca excelente o así te mueras de ganas por hacerlo. Ahora, la duda de muchos, en situaciones como esta, es: ¿Por qué no debo escuchar lo que un hermano fiel, que me conoce y me ama, ha soñado y quiere compartirme por la simple razón que en ese sueño estaba yo? Porque Dios no le dijo que me lo contara, y a mí no me da la gana de oír algo que no viene del Padre, sólo porque el diablo está usando a un buen cristiano.
¿Sabes qué? Eso se llama irresponsabilidad, en este caso, del buen hermano que por exceso de confianza, podría estar jugando para el equipo contrario. Además, ya has leído y oído que la palabra de Dios nunca regresa vacía, ¿Verdad? Y eso es muy cierto. Tan cierto como que las palabras, ya no las espirituales sino cualquiera de ellas, no es que no retornan vacías, directamente no retornan. Ninguna palabra soltada vuelve igual a como fue soltada. Así que, a la hora de soltar una palabra, de lo que sea, cuídate muy bien que no sea dañina, porque va a cumplir con lo que tiene reservado.
Esto te deja en evidencia, una vez más, que si hay algo que debemos cuidar tanto como a nuestras vidas, es lo que decimos. Todo el mundo espiritual se mueve por las palabras que tú dices. No es poca cosa, créeme. Fíjate que no son pocos los ministerios que comienzan una obra determinada en plena dependencia al Señor y a Su Palabra, y la terminan con muchísima menos dependencia a los mismos valores. Supongo que tiene que ser porque, a medida que pasan los años, el hombre presenta una clara tendencia a volverse más confiado en aquello que antes desconfiaba.
Conclusión: ¿Quieres tener profetas en tu ministerio, en tu iglesia, en tu familia o en tu vida? Tenlos, gloria a Dios por ellos, pero por favor, que se hagan total y absolutamente responsables de lo que dicen y hacen. De otro modo, ya no será para bendición. Y si un ministerio no es para bendición, explícame por favor, entonces, ¿Para qué es?
(24) – A la Hora de la Disciplina
(1 Samuel 15: 22) = Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.
De acuerdo; no estamos en un templo, ni en medio de un culto de los que a diario se cumplimentan en nuestras congregaciones, pero igualmente tomaré prestada una muletilla cultista clásica y tradicional. Quiero que repitas conmigo, (Aunque yo no te oiga con mis oídos naturales, Dios te oye) “La obediencia, es mejor que los sacrificios”. Escucha: lo que ocurre, es que si nos analizamos con cierta profundidad, descubriremos que el sacrificio en sí mismo ejerce una atracción muy potente sobre los hombres. Muchos hombres y mujeres se sienten de maravillas después de un tremendo esfuerzo y sacrificio para lograr un objetivo supuestamente espiritual.
Pero, en el fondo de sus acciones, la satisfacción es por el acto sacrificial que eleva sus auto-estimas, y no por el supuesto objetivo espiritual cumplimentado. Curioso, ¿Verdad? Pero muy cierto. Y si en lugar de eso se apareciera un ángel para decirles que no se necesita eso que ellos están haciendo, sino solamente que crean que Dios lo hará, te aseguro que habría muchos decepcionados. Lo que sucede, es que la religión se fortalece en la acción y el sacrificio. Es una tendencia innata. ¡Nos gusta sacrificarnos! Lo que sucede es que mayoritariamente, y preferentemente los cristianos, y especialmente los ministros, no estamos demasiado acostumbrados a disfrutar.
Con decirte que nos cuesta aceptar una ofrenda sin ponernos algo incómodos y colorados de vergüenza. ¡Pero si es bíblico! Sí, pero nos sentimos mucho mejor dando que recibiendo. De ministros del Señor, estoy hablando. Creo que la aclaración es válida y necesaria. Y eso no es nada. ¿Has visto las iglesias legalistas, esas que realmente maltratan a la gente? Las presionan a las mujeres con el cabello, el maquillaje, los pantalones y, encima, ni siquiera les permiten hablar. ¿Y sabes qué? ¡Están repletas de mujeres! ¿A qué van? ¿Por qué? Trabajo para un psicólogo.
Te diría, seguramente, algo que ya sabíamos: porque nos sentimos gratificados por el sufrimiento. ¡Señor! ¿Qué quieres que haga hoy? – Quiero que hagas una obra – ¿Una obra? ¡Dime cual, señor, y saldré volando para hacerla! – No, no tienes que moverte de donde estás; sólo quiero que creas en el que te ha enviado. – Ehhh… ¿Esa es la obra? – Sí. – ¿Y nada más? ¿No hay que pelearse a cimitarra con un musulmán para convertir a alguien? – No…sólo deseo que disfrutes de creer en el que te envió… Obedecer, es mejor que un sacrificio.
Lo interesante es que, ese ministro, que es capaz de padecer sufrimientos impresionantes, que es capaz de dejar a toda su familia sin vacaciones porque quiere levantar una nueva construcción para los niños, recibe una orden de Dios de disfrutar de algo, y no sabe por dónde empezar. Es capaz de darlo todo por un servicio, pero le sugieres que le pregunte al Señor qué debe hacer y te mira como si estuvieras hablándole en chino. Si quieres agradar al Padre, haz algo: obedece. No hay cosa que al Padre le alegre y le emocione más, que sus hijos le obedezcan. ¿Sabes? Él es feliz con eso. Estuve años conversando a diario con el pastor de una gran iglesia a la que asistíamos, y nunca pudimos sintonizar el mismo idioma: yo le hablaba del Señor, él me respondía hablando de su iglesia. De la de él, no de la del Señor del que yo le hablaba.
(Romanos 15: 19) = Con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo. (Verso 23) = Pero ahora, no teniendo más campo en estas regiones, y deseando desde hace muchos años ir a vosotros,
Les está hablando a unos hermanos a los cuales no ha podido ir a visitar, y les dice que ya no le quedan lugares para ir. ¡Se había recorrido medio mundo! ¿Qué es eso? Responsabilidad. Todos conocemos las cartas que él escribió pero, más allá de su sabiduría, que a nadie puede asombrar porque es evidente que su perfil era altísimo, lo que verdaderamente impresiona de Pablo, es su disciplina. Nos ponemos en examen a la luz de su personalidad y nos damos cuenta que nos falta muchísimo de esa disciplina que él tenía. Creo que ninguno de nosotros podría hoy, en épocas de aviones y trenes súper rápidos, decir que ya no nos quedan lugares donde ir.
¡Y en un tiempo donde un viaje duraba, por lo menos, un año y medio o dos! Es evidente que le faltó vivir más tiempo, y así y todo le quedó chico el mundo a Pablo. Principio de Responsabilidad. Resumiendo: nunca le pidas a Dios algo que luego no vas a poder administrar. ¡Oh, Señor! ¡Dame la ciudad! Escucha, hermano: ¿Qué vas a hacer con ella! ¡Mira tu casa como está! Administra y adminístrate. Sé responsable con lo que Dios te dio y sé responsable con las palabras que dices. Sé responsable para enseñar aquello en lo que crees. Nunca enseñes algo en lo que no crees.
Que las personas sepan que estás hablando de lo que has recibido, no de algo que suena lindo y punto. Responsabilidad. Conducir un vehículo a excesiva velocidad no es un simple riesgo deportivo, en algunos casos concretos, es irresponsabilidad. David dijo que era un simple pastor de ovejas, sólo podía gozarse de que cuando venían los lobos él sabía proteger a sus ovejas y nunca había perdido ninguna. Esa responsabilidad en lo menor, lo llevó a ser respaldado por Dios en lo mayor, cuando enfrentó a Goliat. De hecho y como ejemplo práctico, voy a decirte que será mucho más fácil que tus padres te crean que Dios te ha llamado a un ministerio, si terminas tus estudios completos, antes.
Tu palabra, ministro, va a tener mucha mayor autoridad, si provees como corresponde para tu casa. Entonces te escribe alguien que te dice: hermano, yo quiero ser profeta. ¡Muy bien! ¡Me gozo por ello! Pero… ¿Sabes cuán responsable debes ser para tomar ese ministerio? ¡Sí, hermano! ¡Sé que hay que estar muy seguro de lo que se dice como palabra profética! Sí, claro, pero eso es en lo específico, ¿Y qué me cuentas de tu trabajo secular? ¿Y de tu relación con tu esposa? ¿Y del comportamiento público de tus hijos? – Bueno, hermano… ¿Pero eso será más importante que una palabra profética que viene del Cielo? No, pero de tu calidad de mensajero, o de ese heraldo que se puede perder del que habla Pablo, sí que lo es.
(25) – Las Diferencias Escritas 4
Jesús aclara en Mateo 23: 8-10: Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
¡Oh, Señor! Eres tan claro en tus mandamientos que produce santa indignación unida a no poca vergüenza ver cómo tantos y tantos supuestos servidores fieles desoyen tu voz para encasillarse en la propia. El mundillo religioso asegura que significa una verdadera falta de respeto no usar esas palabras para sus líderes más ilustres. De acuerdo, apruebo su amor incondicional y su intención de sujetarse a esos líderes, pero…¿Me quieres decir qué hago con esta palabra de Jesús?
En Mateo 5:34, hay otro clásico de la contraposición: Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;
Los religiosos dicen que, si las leyes humanas te obligan a hacerlo, tienes que jurar. En mi país se aprobó hace algún tiempo el matrimonio homosexual. ¿Eso quiere decir que si yo soy pastor de una iglesia y un juez secular me ordena autorizar una ceremonia en mi congregación a una pareja de dos hombres o dos mujeres, yo por respeto y obediencia a las leyes de mi país, estaré obligado a hacerlo? Puede ser, no conozco jurisprudencia tanto como para debatir esto, pero puedo garantizarte que, si así fuera, dejaría de ser pastor de inmediato. Supongo que todo creyente bien nacido de arriba haría lo mismo, ¿Verdad?
(26) – La Excelencia Por Sobre el Éxito
Quiero hablar ahora del último de los principios necesarios para edificar una casa celestial que no tenga adherencia alguna con los sistemas que la religión ha implementado como obligatorios: el Principio de la Excelencia. Partamos de una base concreta: nadie puede ser excelente en algo a lo cual no está plenamente dedicado, ¿No crees? ¿Y qué significa esto? Significa que, si vas a liderar un ministerio, tendrás que dedicarte a tiempo completo a él, más allá de si es rentado o no. Ya estudiarás de qué manera ejercerlo con mayor eficiencia, y qué lugar ocuparán tus tareas seculares si las tienes.
¡Bueno, hermano! ¡Pero si las condiciones no dan para ser sostenido por salario, la gente tendrá que aceptar que divida mi tiempo entre el ministerio y mis obligaciones particulares! Sí, la gente lo va a aceptar, tal como lo ha hecho siempre. El problema es que el que me parece que no lo va a aceptar, es el Señor. Hay toda una teología que en este tiempo está siendo armada, para probar que Pablo se auto-sustentaba. Entonces imaginamos a Pablo vendiendo sus tiendas y todo eso que sabía fabricar, en base a una referencia que él hace. Qué, curiosamente, está relacionada con un tema de Jerusalén y no de realidades cotidianas.
Lo que se dice un “fuera de contexto”, clásico y habitual en estos tiempos de trampas comunicacionales a raudales. Vale aclarar que, cada vez que aparecía Jerusalén en escena, Pablo se ponía muy nervioso. Sus buenas razones tendría. Entonces, resulta que yo tengo una empresa, pero al mismo tiempo, por ejemplo, también soy pastor. El punto, aquí, es excelencia ministerial a partir de la plena dedicación. Lo que te estoy diciendo, es que nadie va a poder ser excelente si no tiene dedicación. De hecho que si es necesario, pueden llevarse ambas cosas, ¡Claro que se puede!
Y que alguien no quiera ser un peso extra, y muy pesado, para su congregación, también es respetable, pero te olvidas de algo: no es una congregación la que sustenta a un ministro; ¡Es el Señor! O, de otro modo, te lo aseguro y hasta te lo firmo: no tiene sustento alguno. Fíjate que este ministerio, aun siendo de nivel medio en su importancia, cuenta con mi dedicación total. Fui tocado por la mano del Señor, en su momento, y tal como lo relato en mi primer libro, retirándome de mi trabajo secular por una ley que salió, se aplicó conmigo y luego desapareció, que determinaba a los empleados de ese nivel retirarse cinco años antes de su edad jubilatoria, percibiendo ambos salarios ( ! ) Impensable.
El Señor lo hizo y ayudó a mi dedicación plena. Y no creo estar descubriendo nada nuevo. Es exactamente lo que en el plano secular se vive en torno a las disciplinas deportivas o artísticas denominadas como profesionales. Un músico famoso no tiene menos de siete u ocho horas diarias de ensayo, todos los días. Lo mismo un deportista de alta competencia, un mínimo de cuatro horas de entrenamiento diario. Si no, no juega. Profesionales. Pero, atención con esto: profesionales a la hora de la disciplina, pero no en cuanto a la ética y la responsabilidad.
Allí es amateur porque es puro corazón, alma y, naturalmente, espíritu. Y en lo nuestro, el problema radica en que, mientras no le demos total excelencia a lo que hacemos, muy difícilmente Dios nos pueda hacer llegar toda la profundidad que tienen todas sus cosas. Para el modelo de iglesia que hoy día vemos, no hay demasiada dedicación. Tampoco se requiere mucho esfuerzo. ¿Cuántas horas a la semana se enseña? Quizás muchas, pero nunca equiparadas a una jornada laboral de cualquier clase de empleo. ¿Cuarenta horas semanales? No hay ministro que las complete.
Podrá ir de aquí para allá y a lo mejor invertir ese tiempo, pero no en dedicación plena a lo que realmente sea su ministerio. En mi caso personal, estudiar para aprender y aprender para enseñar. Orar para recibir y recibir para compartir. Trato que sea con la máxima excelencia, pero no creo llegar a las cuarenta horas semanales. Fíjate el modelo Jesús. Él salió a buscar discípulos que estaban haciendo ¿Qué cosa? Trabajando, la mayoría de ellos. ¡Todos trabajaban! ¿Por qué crees que Jesús no los invitó a una reunión por la noche, después de sus jornadas laborales? ¡Vengan cuando tengan tiempo, muchachos!
No hizo eso, ya lo sabes. Pregunto: ¿Podrían los discípulos haber seguido a Jesús sin dedicación completa? No, ¿Verdad? ¿Y entonces por qué todavía hay gente que cree que podemos hacerlo nosotros? Dedicación exclusiva. ¡Deja todas esas redes y esos peces y ven y sígueme, Simón! ¿Quieres ser un miembro del Reino excelente? Deja todo y sígueme… (Y aquí pondríamos tu nombre y apellido). Después, claro está, sólo faltaría que tú lo aceptes. ¿Lo aceptarías? Hay gente muy capaz, que ama al Señor, y realmente trabajan durísimo. Y aun con su tiempo dividido, han hecho muchas cosas para el Señor, de eso no tengo dudas.
Pero no puedo imaginarme lo que llegarían a hacer si dispusieran de tiempo exclusivo para las cosas de Dios. El ministerio, para poder marcar a una generación, para poder encontrar las inconmensurables riquezas de Cristo, no va a hacer la iglesia como la hemos visto hasta estos días, ¿Sabes? Creo que casi no hay mucho que hacer para eso. Es casi intuición. Pero si quisiéramos volver al diseño, se van a consumir nuestras neuronas. Nadie podrá ser excelente si no tiene dedicación plena. Cualquiera que desee profundizar en las verdades de Jesucristo, tarde o temprano deberá abandonar sus otras tareas, es inevitable.
A lo mejor no es lo que más agrada, pero es así, no tengan dudas. Por eso, yo como muchos otros hombres y mujeres de Dios, estoy en certeza de asegurarte que el ministerio no es para todos, sólo para los llamados. Motivo simple: los llamados ya traen ese querer y hacer que sólo el Espíritu Santo produce. Los demás, es a puro esfuerzo humano. No existe tal cosa como ser responsable de un tremendo ministerio y andar por la vida quejándote del esfuerzo, del trabajo, de la mala calidad de la gente o de las carencias materiales. El ministro de orden divina, jamás se queja. Sólo mira al invisible y avanza.
(27) – Como Obreros Aprobados
(2 Timoteo 2: 15) = Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.
Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado. Fíjate, no dice bendecido, dice aprobado. Recuerdo una sentencia sintética lanzada desde un púlpito que me impactó como ninguna otra: No interesa que Dios te use, lo que importa es que Dios te apruebe. Y quien lo dijo, lo fundamento luego con personajes de la talla de Saúl y Salomón, incluso Judas Iscariote. Como obrero que no tiene de qué avergonzarse, dice, que usa bien la palabra de verdad, añade. No conozco un solo hombre que esté aportando a un cambio profundo en su ciudad, región o país, que no haya tenido que dejar su profesión, su negocio. Es que el nivel de exigencia es muy alto. Por eso quiero que ahora me acompañes al libro de Génesis, en el capítulo 1. En este capítulo hay un versículo que hemos usado en muchas ocasiones, pero que es importante reiterar porque es el que da la pauta o el pie para el tema con el que quiero continuar este trabajo.
(Génesis 1: 26) = Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Hagamos al hombre a nuestra imagen. Ese principio que está aquí en Génesis 26, es lo que ha movido toda la acción de Dios en la historia. Aclaración: el anhelo del Señor cuando creó a Adán, fue que Adán manifestara la imagen de Dios. Él fue hecho a su imagen. Esto ha sido explicado por diversos maestros en muchas ocasiones y, seguramente, lo conoces. Ahora bien; el pecado, lo que hace, es destruir esa imagen. Y a medida que el hombre cae y vuelve a caer hasta que se desata el diluvio en Génesis 6, Dios se ve obligado a destruir toda la creación porque, literalmente, la imagen de Dios que se había copiado en el hombre se había deteriorado tanto, que no era digna de ser salvada.
Del grupo que queda, esa familia, esas ocho personas, se levanta otra nueva generación. Pero, aun ellos tenían esta imagen distorsionada, ellos no nacieron de nuevo. La fe de Noé salvó a sus hijos, a sus familias, pero ellos ya tenían un gen defectuoso. Todos ellos descendían de Adán. Entonces, fue cuestión de tiempo que se manifestara, otra vez, este problema de adulteración de imagen. Ese proceso no se detuvo. Cuando Jesús viene, lo que el Señor trae con Él, es la imagen perfecta. Jesús es la imagen, por eso le llama Pablo “el postrer Adán”, “el segundo Adán”. Porque Él trae la imagen corregida. Es Adán sin el gen defectuoso. Es Adán perfecto. Es Jesús, la imagen misma de Dios. Eso es explicado, precisamente, en la carta a los Hebreos, cuando ustedes leen los primeros versículos.
(Hebreos 1: 3) = el cual, (Está hablando de Jesús), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
Él es el resplandor de la gloria de Dios. Y la imagen misma de su sustancia, o sea: de su naturaleza. En la versión de la Biblia Textual, el mismo versículo, dice: Quien siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su ser. ¿Qué trae Jesús? Él trae de regreso la imagen. Entonces, pensemos por un momento: Dios crea al hombre a su imagen. El diablo hace pecar al hombre, y la imagen se corrompe. No hay manera en todo el Antiguo Testamento, de reparar la imagen. No puede haber proceso regenerativo. Re, es volver. Gen, es generación, genética. No puede regenerar al hombre todo el Antiguo Testamento.
Cuando Nicodemo va a hablar con Jesús, esa noche, y le dice: ¿Qué debo hacer para entrar al Reino? ¿De qué se trata todo esto? Jesús le responde que es necesario nacer de nuevo. Lo que le está diciendo es que debe pasar por un proceso de regeneración, re-genética. O sea: tiene que haber un proceso genético en ti. Y luego dice: debes nacer del agua y del espíritu. Ese es un punto interesante para meditar. ¿Qué significa nacer del agua y el espíritu? Tendremos que estudiarlo. Ahora; ¿Entendió algo Nicodemo? No, no entendió nada. Durante el ministerio de Jesús, Él manifiesta toda esa imagen en lo que Él hace.
La mejor prueba es cuando los discípulos caen de rodillas al ver cómo calma la tempestad en esa barca. Eso tiene que ver con lo que dice Hebreos: el resplandor de Su gloria y la imagen misma de su sustancia, su naturaleza, su ser. Él trae la imagen dentro del Reino. Él dice: arrepiéntanse, que el Reino de los cielos se ha acercado. El medio por el que vuelve la imagen, es el Reino, y lo que se destruye o desplaza, es (¡Oh, sorpresa!) el sistema. Escucha: cada palabra es importante, ¿Sí?
(28) – Introduciéndonos al Reino
Jesús trae la imagen del hombre perfecto. Pero no la trae suelta. ¿Por qué? Porque en el sistema en el que Jesús aparece, y estoy hablando de la cultura, estoy hablando de ese momento, más o menos allá por el año cero, o en el año seis, o en el año tres, era un sistema corrupto, caído. Aún el sacerdocio de ese tiempo era corrupto. Jesús no tenía dónde poner un pie sin ensuciárselo. Todo lo que estaba en ese momento era sucio, era corrupto. La palabra dice: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. ¿Recuerdas? Jesús es introducido en el mundo como si fuera dentro de una cápsula dentro del Reino.
El Reino es lo que viene, es esa atmósfera impresionante que desciende del cielo, porque dice: el Reino de los cielos se ha acercado, y Jesús está en medio. Me pregunto, ya que estamos, cuánto habrá cambiado ese sistema en el día de hoy… ¿Qué crees? Imagínate un círculo invisible, más o menos de dos metros, alrededor tuyo, y donde tú te mueves, ese círculo se mueve contigo. Ese es el Reino, entonces la gente te escucha, pero para que la gente pueda creer en ti, tiene que introducirse dentro de ese círculo, dentro de esa atmósfera. Alguien entra y entonces sus ojos se abren de la sorpresa y el asombro porque ve y cree inmediatamente.
Y, por favor, no lo tomes como una licencia poética apropiada. ¡Yo lo viví y te aseguro que es así! Entonces luego sale de ese lugar y queda como medio atontado, anonadado, shockeado todavía por la experiencia, queda inmovilizado. Por esa razón fue que toda esa gente que fue sanada y liberada por Jesús, no apareció cuando a Él lo tomaron prisionero, e incluso cuando fue llevado a la cruz. ¿Dónde estaban? ¿Dónde está Jairo? ¿Dónde están Lázaro y sus hermanas? ¿Dónde está toda esa gente? ¿Los cinco mil que comieron los panes y los peces multiplicados? Imagínate a eso hoy, un ministro que llegue y ore por tu hijo y le sane una tremenda enfermedad, ¿No estarías agradecido de por vida con él? ¿Dónde estaban todos?
La atmósfera del Reino era lo que provocaba que la gente se sostenga. El círculo de Jesús no era de dos metros cuadrados, era una cosa inmensa. Esa gente no tuvo hambre, no tuvo sueño, se olvidó del trabajo, se olvidó de la familia, ¡No quería moverse! ¡Quería seguir ahí! ¿Y dónde estaban? Estaban en el Reino. Jesús sólo operaba en el Reino, y el Reino podía ir a un lugar, siempre y cuando hubiera fe. En el caso de Samaria, dice que no pudo entrar porque la gente no tenía fe. Jesús no era alguien que pudiera hacer algo fuera de la atmósfera del Reino. Es necesario que entiendas bien esto.
No era el Súperman que podía hacer lo que quería y se iba volando, no. ¿Sabes por qué? Cuidado porque a lo mejor te choca esto que digo: Pero Él estaba sujeto al Reino. ¿Entiendes ahora la distancia entre ese Reino y ese del que tantos hablan ligeramente, hoy? Era el Reino el que determinaba dónde Él podía ir y dónde Él no podía ir. Había lugares donde Él no podía ir. Aunque era el Hijo. No podía. Era necesario que Él se mueva simplemente donde el Reino podía obrar. Cuando los discípulos son comisionados, como leemos en Mateo 10, Vayan de dos en dos, ¿Recuerdas?
Ellos son parte de esa burbuja, de esa cosa invisible que es el Reino. Entonces van y hacen, y aunque viajaron un par de días, eso se extendió. El Reino se extendió. ¿Y por qué se extendió? Porque la fe de ellos era lo que provocaba su permanencia dentro del Reino. Alguien dio un muy buen ejemplo que vale la pena compartir. Filmado en cámara lenta, alguien introduce su mano en una burbuja de jabón sin romperla. ¡Pero eso es imposible! ¡Al menor contacto la burbuja estalla! Sí, salvo que te mojes la mano antes de introducirla. La mano mojada penetra la burbuja sin romperla.
Venimos de un ejemplo sobre el Reino con relación a una gran burbuja. La mano hidratada, en este caso, es la fe. Solamente puedes introducirte al Reino sin problemas, estando hidratado con la fe. Y con esa misma hidratación, puedes moverte dentro de esa burbuja con total libertad y éxito en todo lo que hagas. Si no tienes una mínima fe, ni lo intentes. Es decir que ellos, todos ellos los que además de Jesús pudieron hacer grandes milagros y los hicieron, fue mientras estuvieron funcionando y operando dentro del Reino, porque fuera del Reino no les funcionaba nada.
¡Señor, no pudimos sacar este demonio! ¡Hombres de poca fe! ¿Lo recuerdas, verdad? Entonces, la habilidad de Jesús consistía en saber mantenerse dentro del Reino. ¿Y saben qué es lo que Él enseña todo el tiempo que está con sus discípulos? Les enseña a sus discípulos, cómo vivir en el Reino. ¡No les enseña ninguna doctrina, por buena que parezca! Ellos ya estaban repletos de doctrina. Miren ustedes a la samaritana. Toda su vida era un desastre y quiere saber dónde debe adorar. ¡Necesitaba ver a un psicólogo, primero! Bueno, eso es la doctrina. Tú ya lo sabes, pero es menester que alguien te lo repita una vez más: la doctrina, cuando no está acompañada de fe, no sirve para nada.
Por eso Jesús no les enseñó doctrina, les enseñó cómo moverse en la atmósfera del Reino. Cuáles eran las leyes del Reino: cuando Dios recibe una ofrenda, cuando recibe una oración, cuando no. Cómo debemos movernos como personas, unos con otros, con el mundo, con los de la casa de Dios. En pocas palabras, Él habló de las dinámicas que rigen la permanencia de un creyente en el Reino. En eso consiste toda su enseñanza. Él traía la imagen. Quien siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su ser.
Y fíjate que la palabra imagen, en griego, aquí, no es icono, como podría suponerse, sino caracter. Y caracter, así, sin acento en la segunda “a”, significa sello grabado, figura estampada, copia, representación exacta, imagen misma. ¡Jesús trajo eso! Era el caracter de Dios, Él trajo la imagen de Dios. Entonces, cuando nos encontramos con Felipe que le dice: muéstranos al Padre, la respuesta de Jesús es obvia: ¿Me viste a mí? ¡Ya viste al Padre! Claro que ellos estaban viendo a Jesús, pero Jesús les dice que es el Padre. Ellos se lo aceptaron porque Él se los decía, pero créeme que no quedaron muy convencidos.
(29) – Las Diferencias Escritas 5
Jesús dice en Mateo 23:13-14: Mas ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación.
En primer lugar dime si esto que Jesús les dice en su tiempo a los que de una u otra manera representaban la iglesia oficial y estructurada de la época, no podría ser repetido hoy, casi textualmente, en dirección a ciertos y determinados sectores que seguramente conoces tan bien o mejor que yo. ¿Qué crees que sucedería si alguien con cierto peso ministerial saliera a la luz pública a expresar conceptos como estos, en referencia a lo que conocemos como la iglesia tradicional? Que cientos o miles de religiosos responderían a esto, asegurando que palabras fuertes como estás no pueden ser ninguna manera cristianas, ni tampoco dignas de cristianos, por lo que indudablemente, entonces, provienen del diablo.
(30) – Las Cinco Piedras de David
En la carta a los Efesios, nos encontramos con los ministerios, y quisiera decirte antes que hablemos de ellos, por qué razón los ministerios son importantes. No tiene lógica (No me gusta esta palabra, porque es infiltración griega y está en contraposición con la fe sencilla, pero aquí cabe), tratar de exponer algo, si no sabemos la utilidad de lo que exponemos. Es mucho lo que se ha dicho de los ministerios, pero mucha también ha sido la confusión al respecto, sólo por no haber sido definitivamente claros y concisos a la hora de mostrarlos. En primer lugar, para evitar ingresar nosotros también en el mismo nivel de confusiones, vamos a leer el texto donde se los menciona, pero en contexto, como se debe hacer siempre.
(Efesios 4: 7) = Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. (8) Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. (9) Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (10) El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. (11) Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, (13) hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Resumiendo: los ministerios son enviados de parte de Dios, para que nosotros podamos completar la imagen de Dios en nosotros. Esa es la razón. Este es un tema de recuperar la imagen. Volvamos al ejemplo. Sigo con el relato. Cuando Jesús se va, Él había anticipado que su partida no era el final de todo. Incluso les llega a decir que es conveniente que Él se vaya, porque cuando Él se vaya vendrá el Espíritu Santo y después, todo lo que ustedes conocen. Entonces, la pregunta cabe: ¿Cuál es la utilidad de que el Espíritu Santo venga? En ese momento, los discípulos no vieron ninguna utilidad, por eso le dijeron que no, que preferían que Él se quedara, que no se fuera. Y allí es donde Jesús les dice que no, que si Él no se va, el Espíritu no puede venir.
Y los discípulos, a decir verdad, no terminan de entender del todo por qué razón tendría que venir el Espíritu Santo. Jesús les dice que Él les guiará a toda verdad y les va a recordar todas las cosas que Él les habló. En suma; Jesús les dice a sus discípulos que necesitan que venga el Espíritu Santo, para que Él les haga entender todas las cosas que todavía no han entendido. Considera que apenas un par de parábolas se les explicó a los discípulos. A la gran mayoría de las parábolas, Jesús no las explicó. Y no creo que ellos mismos las entendieran. Algo tan importante como su muerte y su resurrección, no lo habían entendido. Y eso que Jesús lo había hablado.
Entonces Jesús se va, muere, asciende, y el Espíritu Santo, en Hechos 2, desciende sobre los discípulos. ¿Y qué es lo que el Espíritu Santo trae? Antes que pienses una respuesta, te formulo una pregunta: Cuando Jesús se fue, ¿Se llevó el Reino o lo dejó? Piénsalo. Volvamos hacia atrás. ¿Qué hicieron después que Jesús se fue, los discípulos? Se llenaron de temor, se dispersaron, se escondieron, sus ojos se cegaron, tanto que ni siquiera lo pudieron reconocer, o sea: ¿El Reino se quedó o se fue? Se fue, ¿No es cierto? Sí señor, se fue. El Reino sólo estaba presente porque Jesús estaba presente.
Y no tenía una imagen, no tenía un equivalente, ni siquiera Juan tenía la imagen de Jesús, nadie podía soportarlo, nadie podía anclar el Reino a la tierra. ¡No podían! Entonces, cuando Jesús se va, se va el Reino también. Y ahí quedamos otra vez como estábamos antes que Él llegara. Por eso la reacción de todos los discípulos. El único que pasa la prueba, fíjate, es Juan. Él no tuvo temor de estar junto a la cruz. ¿Podía Juan haber sentido temor? ¡Pero claro que sí! Podrían haberlo vinculado con Él, tranquilamente, y haberlo detenido primero, metido en la cárcel después y ejecutado finalmente. Pero a él no le importó. ¿Y saben qué? Esa es la única razón por la cual, Juan, es el único de todos los discípulos que muere de muerte natural. El premio de su valentía, fue que no tuvo que pasar por martirio para morir.
Y esto se cumple en Apocalipsis. Estos son los que han vencido, aquellos que negaron sus vidas hasta la muerte. ¿Por qué él pudo morir de muerte natural? Porque mientras estuvo siguiendo a Jesús, él mismo decide no tenerle temor a la muerte. ¡Si me tienen que matar, pues que me maten! Aquí estoy yo y no me muevo. ¿Y cuál fue el premio de eso? Que la muerte, a él, no lo podía tocar. Por eso termina muriendo de muerte natural, como cualquier buen anciano de buena cantidad de días encima. Es el único. Pero todos los demás discípulos, tuvieron temor. Y la consecuencia de ello, fue que todos ellos tuvieron que vencer ese temor. ¿Y cómo lo vencerían? Sufriendo el martirio.
Nadie puede pasar al otro lado si no vence el temor a la muerte. Estos son los que han salido, los que han escapado de la gran tribulación, los que negaron su vida hasta la muerte. Son tres requisitos, pero ese es uno. Entonces, ¿Qué sucede? Se quedan sin el Reino, desconsolados, atribulados, tristes, y ¡Ni siquiera se creen entre ellos! ¿Recuerdan ustedes cuando las mujeres dicen que el Señor resucitó? ¡Nadie les cree! Ni siquiera la capacidad de confiar en sus palabras, quedó. Todo se fue. ¿De qué le hubiera servido al Señor dejar doctrina?
Lo que Él esperaba en ellos, era fe. Pero la fe que ellos tenían, era una fe de Reino. ¿Qué quiere decir una fe de Reino? Que cuando tú entras a la atmósfera que Jesús generaba, automáticamente sentías fe, manifestabas fe. Pero en el momento en que salías de la burbuja, esa fe no era tuya. Se iba. Cuando el Espíritu Santo desciende, desciende al Reino. Y genera una atmósfera, genera fe, es decir: genera lo mismo que Jesús generaba. Lo mismo; lo milagros, la fuerza, la convicción, la fe, la tenacidad. ¡Todo lo que Jesús generaba, luego lo generaba el Espíritu Santo!
(31) – La Hora de Los Testigos
Por eso es que Jesús les dice que cuando venga el Espíritu Santo, mayores cosas harán, de acuerdo con las que yo hice. Jesús les dice, en Hechos 1:8: Esperen; después de recibir el Espíritu Santo, me serán testigos, en Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra. La palabra testigo, es mártir. Son muchos los que todavía no terminan de entender cuál es la función del Espíritu Santo. No es una sola, pero te digo la primera: llenar el espacio que tu fe no puede llenar. Eso nos llevaría a decir que estamos firmes, por Su Espíritu. Y fue el Espíritu también el que llenó el espacio que el temor a morir inundaba a todos ellos.
Está más que claro que en Pentecostés, lo que vino nuevamente fue el Reino. En este caso, representado por el Espíritu Santo. Por eso sucedieron todas esas cosas que sucedieron, pudieron oír el mensaje del Reino cada uno en su propio idioma, hubo diversidad de dones desparramados entre todos los asistentes. Fue el Reino el que vino otra vez. O sea: no es que vinieron dones, ¡Vino el Reino! El Reino vino a la tierra, y su primera tarea fue insertarse en las áreas débiles que tenían todos los creyentes. Entonces tú puedes ver, ya en el final del capítulo 2 y comenzando el 3, a Pedro levantarse y predicar la palabra con valentía frente a mucha gente.
Más de cinco mil personas lo escucharon. ¿Y cómo sabemos eso? Porque ese fue el número de personas que se convirtió. ¡Lo dice allí! ¿Pero entonces pudieron ser más los que estaban allí? Sí, pero eso ya sería conjeturar, y no me gusta hacerlo. La pregunta, es: ¿De dónde Pedro sacó coraje para hacerlo? ¿Pero es que era Pedro? No, era el Espíritu. Era el Reino viviente. Y cómo será el impacto que, si lo recuerdas, Jesús no pudo llenar de valor a Pedro cuando queriendo caminar sobre las aguas, comenzó a hundirse, y empezó a los gritos a clamar para que Jesús lo salvara.
Pero el Espíritu Santo vino y en un segundo, Pedro se convirtió en un león. Es necesario que yo me vaya… ¿Recuerdas? ¿Cuál es la acción directa del Espíritu Santo? De que lo que a Pedro le tomaría veinte años, lo hace en un instante. Y la buena noticia es que eso mismo que hizo con Pedro, y más, puede hacerlo contigo hoy mismo. ¿Y qué necesitas para que lo haga? Lo mismo que necesitaste para caminar junto a Jesús: fe. Entonces sí la iglesia puede empezar a operar de inmediato. No necesitas veinte años de ministerio, no necesitas cuarenta años de seminario.
En un instante la iglesia se transforma si es inundada por el Espíritu Santo. ¿Nunca te preguntaste por qué razón la gente comenzó a vender todas sus propiedades y traer lo recaudado a los pies de los apóstoles? ¡Ellos ni abrieron la boca para pedir nada! ¡Lejos de hacer como hoy, que se invierten dos horas de sermón para poder levantar una ofrenda interesante! ¡No fue manipulación, fue el Espíritu! La pregunta, es: ¿Qué se soltó con el Espíritu, en ellos, generosidad? No. Se soltó fe. La gente decide dar, dar y dar, porque tiene fe. Si no, no le sacas una miserable moneda.
Ese anillo, esa burbuja que Jesús formaba con el Espíritu Santo, ¡Llegó hasta España! Y fue algo que los discípulos no pudieron ver cuando estuvieron con Jesús, sin dudas. Sin embargo, hay algo que el Espíritu no hace, y es cambiar tu carácter. Esa es una acción de voluntad personal. Por eso se puede ver que aquel hombre llamado Ananías y su esposa Safira, aún dentro de la atmósfera de Reino que había, ellos colapsan. El pecado fue mentir, ¿Si? ¿Y alguien sabe por qué mintieron? Porque quisieron retener el dinero. Porque tuvieron miedo de quedarse sin nada. En suma, mintieron por falta de fe.
Cuidado, porque nadie los había obligado a dar nada. En un principio ellos decidieron donar el dinero recaudado por la venta de su casa, pero luego, por miedo, decidieron quedarse con algo. Lo único que hizo el apóstol, fue preguntarles si esa era la cantidad correcta. ¡Ahí fue donde mintieron! Porque si ellos le hubieran respondido que no, que estaban guardando algo para ellos por si las moscas, nadie les hubiera reprochado nada y mucho menos hubiera bajado ningún rayo del cielo para calcinarlos. ¡No fue un problema de suma de dinero, fue una innecesaria mentira! Porque fue una mentira guiada por la falta de fe.
Que terrible es cuando se comienza algo en fe, por ejemplo: ¡Vamos a tomar la ciudad! Y al segundo siguiente alguien dice: oye…mejor no, ok? Si empezaste algo en fe, termínalo en fe. Los cristianos no podemos ser de esa clase de personas que retroceden ante lo mínimo. El Espíritu Santo viene y nos sostiene a todos. Hace a Pedro un tremendo predicador, a Juan súper amoroso. Entonces resulta que el Espíritu Santo desciende, trae el Reino y la iglesia, la recién constituida iglesia, es el elemento que puede anclar el Reino en la tierra. Siempre y cuando la iglesia manifieste fe y dependencia al Espíritu Santo.
Cuando alguien contrista al Espíritu Santo, tira por la borda cualquier posibilidad de salvación, de ayuda, de recuperación. Por eso es que Jesús dice que al que peca contra el Espíritu Santo no se le perdonará nunca, ni en este siglo ni en el venidero. Parece demasiado duro, ¿Verdad? ¡Pero así lo dice! Lo que sucede es que una persona que niega al Espíritu Santo, ya es imposible que pueda ser alcanzada. Ese es un suicidio teológico terrible. No hay nada más que hacer. Volviendo al texto de Efesios 4, ¿Cómo encaja todo esto?
(32) – Ministerios y Ministros
(Efesios 4: 11) = Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Veamos. Tómate unos minutos en el verso 12. Mira; lo primero que deberemos hacer, es empezar a cambiar el vocabulario que la iglesia tradicionalmente maneja. En realidad, existe un solo ministerio. ¡Perdón, hermano! ¡Yo no veo eso, aquí! Déjame explicártelo mejor. Si llegáramos a reunir toda la lista de ministerios y probables ministerios, encontraríamos algo así como veinte o veinticinco, de acuerdo con el conteo que han realizado probos maestros y estudiosos de las escrituras. Estoy refiriéndome a dones, ministerios y operaciones. Pero resulta ser que aquí, Pablo, habla del ministerio. Y lo hace en singular. Plural, muchos, singular, uno. Punto.
Él dice, lo leíste conmigo: a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio. Entonces la pregunta, es: ¿Qué diferencia hay entre el ministerio y los ministerios? El ministerio, la razón de todo lo que existe, es la edificación del Cuerpo de Cristo. Ese es el ministerio. La edificación del Cuerpo de Cristo. Los ministerios existen sólo para cumplir con esto, El ministerio. ¿Está claro o se me enredó? Empecemos por ver que la palabra Ministerio, significa Servicio. Entonces dice: a fin de perfeccionar a los santos. ¿Quiénes son los santos? Mira; en este momento, yo a la distancia, estoy haciendo un trabajo maravilloso porque cumplimenta un mandamiento: los estoy perfeccionando, que en realidad es decir madurando, capacitando a ustedes.
¿Y para qué se supone que me toca hacer todo eso? Para que después ustedes hagan algo que es vital: edificar el Cuerpo de Cristo en la tierra. Cuando cualquiera de ustedes se maravilla de algo que aprendió y va y se lo enseña a otro hermano, tienes dos alternativas: o eres tú el que directamente edifica el Cuerpo de Cristo, o enseñas a otros hermanos para que ellos vayan y lo hagan. Hay una diferencia. Opción uno: yo edifico el Cuerpo de Cristo. Opción dos: yo enseño a otros a edificar el Cuerpo de Cristo. En la iglesia, entiende, siempre ha habido dos tipos de personas.
Las personas que edifican el Cuerpo de Cristo y las personas que edifican a los que van a edificar el Cuerpo de Cristo. No existe nadie más. Cualquier otra cosa no es iglesia, es visita. O lo peor: infiltrado. Puede haber un grupo que tenga la suficiente unción como para edificar el Cuerpo de Cristo. Pero lo harán solos. ¿Qué pasa si ese grupo se pone a capacitar a otros para hacer lo que ellos hacen y, con el correr de los días, todos los que oyeron esas enseñanzas ya están en condiciones de edificar el Cuerpo de Cristo? Será muy bueno y Dios se agradará mucho de ellos.
La gran pregunta, entonces, es: ¿Cuál de estas tareas es la más importante, edificar el Cuerpo de Cristo o capacitar a otros para edificar el Cuerpo de Cristo? La segunda. Sólo un detalle: para la primera, no necesitas ser llamado. Para la segunda tarea, sí necesitas ser llamado y, además, también enviado. Esa es la diferencia entre aquel que es ministro y aquel que no lo es. Pero ahora nos encontramos con la otra disyuntiva. ¿Todo cristiano, aún aquel que lleva apenas un día de convertido, puede ser un ministro del Señor? Absolutamente. Nadie podría discutir eso. ¿Y él puede edificar al Señor? ¡Por supuesto!
Edifica con su fe, con su amor, con su testimonio, con su evangelismo, con todo lo que él haga, edifica el Cuerpo de Cristo. Todos ustedes que están allí, del otro lado, están porque alguien les habló del Señor, un día lo aceptaron y ahí mismo fueron insertados en Su Cuerpo. Pero, y atención con esto: no todos los que están reunidos en los distintos grupos o congregaciones, tienen el llamado para capacitar a los edificadores. Y esa es la gran diferencia existente entre los que hemos sido llamados a capacitar y los que van a edificar.
Una simple familia que un día y a partir de alguno de sus miembros llega a convertirse por completo y, el primer día que retornan de un culto, se sientan a la mesa para comer y el padre dice: “Bueno, ahora somos cristianos y debemos orar por la comida. Nunca lo hicimos, pero ahora debemos hacerlo”. ¿Está este buen hombre edificando el Cuerpo de Cristo? ¡Claro que sí! ¿Con esa cosa tan simple? Sí, porque de muchas simplezas se conforma un todo de profundidad extrema. Y todo esto le va a traer, a ese buen hombre, muy buen fruto y gran bendición, pero; ¿Podemos llamar a este simple hombre un líder o ministro?
¡No! Simplemente está ejerciendo su autoridad como jefe de un hogar, eso es todo. De esto es de lo que habla Pablo en Corintios 14. Hermanos, cuando ustedes se reúnen, cada uno de ustedes tiene salmo, tiene lenguas, tiene palabra, profecía. Hágase todo para edificación. Lo ideal es que, cuando la iglesia se reúne, todos tengan algo para edificar. Por eso es que no se deberá procurar ni incentivar a que la música que se ejecuta en los templos sea solamente música, que tengan un espectáculo de luz y sonido muy bueno, pero convertido en un show para lucimiento personal de los músicos, mientras la gente se limita a mirar sin participar en nada.
La idea es que todos, músicos y gente, edifiquen el Cuerpo con cánticos, palabras, oraciones, alabanzas y adoración en espíritu y verdad. Esto ha sido, partiendo de algo bueno, una lisa y llana tergiversación de una tremenda palabra, como es: adoración. Porque la adoración, y también la alabanza pueden, si cabe y están dadas las condiciones, recibir la apoyatura de la música, pero no significa esto que decir alabanza y adoración deba interpretarse directamente como música, ¿Se entiende? En suma: ¿Qué es lo que Dios quiere de su iglesia? Que capacitemos a los santos.
¿Y con qué objetivo? La palabra dice que para llegar a la unidad de la fe. ¿Y qué pasa cuando llegamos a la unidad de la fe? El Reino se establece. Y lo hace a la imagen de un Adán maduro, no de un Adán inmaduro. No llegó a madurar. ¿Por qué? Porque no tomó del árbol de la vida. Adán fue un fruto que se cortó cuando estaba verde. Y fíjate que las propias frutas te dan la pista. Mientras que lo maduro siempre es dulce y apetecible, lo verde o inmaduro siempre es agrio y además produce serios problemas. Y este pasaje concluye diciendo que todo es a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
(33) – Alegrando El Corazón Del Padre
(Efesios 4: 14) = para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, (15) sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo,
Eso sólo se logra cuando la gente se dedica al ministerio. ¿Quieres alegrar al corazón del Padre? Capacita la iglesia. Enséñale a hacer las cosas. No las hagas tú por ellos, (Por favor, hacer copy-paste con esta frase, ampliarla y pegarla en las paredes de todos los templos, salones o lo que sea que se utilice como asamblea, iglesia) que sean ellos las que las hagan. Si eres pastor, (Después hablaremos con mayor relieve de esto), no resuelvas sus problemas, enséñales a resolverlos por sí mismos. La primera vez, ora por su enfermedad; la segunda vez, enséñale a orar. La tercera vez, déjalo solo. ¿Suena cruel? Sólo es Justo. Tú puedes ayudar a tu hijo a comer mientras es niño, pero cuando ya es adulto tendrás que dejar que coma solo.
Hay gente que lleva veinte años en una congregación y todavía no sabe diferenciar su mano derecha de su mano izquierda. No sabe por qué le pasan las cosas, no sabe su llamado, no sabe cuáles son sus dones, no sabe para dónde va, no sabe cómo orar. No sabe hacer negocios, siempre se asocia con sinvergüenzas. No sabe con quién sale su hija que termina casándose con un tipejo que la maltrata. ¿De qué le sirvió su salvación? Nadie podrá negar que no fue pastoreado, tal vez sí lo fue, pero déjame decirte que jamás fue capacitado. Fue permanentemente conducido. Por eso es que la Biblia, en el Nuevo Testamento, desde el libro de los Hechos en adelante, solamente menciona la palabra pastor, una vez. Es más; si algún ministerio debería desaparecer, ese es el ministerio del pastor. Gracias a sus asistencialismos tenemos una iglesia débil, sin fuerzas propias. ¿A alguien le duele leer esto? Lo siento, es la verdad y el dolorido también lo sabe.
(Efesios 4: 16) = de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, (Las coyunturas son los ancianos) según la actividad propia de cada miembro, (¿Leíste bien? Die de cada miembro) recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (Todo cuerpo está llamado a crecer armónicamente. Imagínate a una mano creciendo más que la otra.) (17) Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, (18) teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;
La pregunta, es: ¿Cómo andan los gentiles? En la vanidad de su mente. ¿Cuántos gentiles conoces o has visto en estos últimos tiempos? Yo, algunos. Los que andan en la vanidad de su mente y en la sabiduría de su propio pensamiento. Y en el final dice que es por causa de la ignorancia que en ellos hay. Quisiera recordarte que está hablando de cristianos, ¿Entiendes? Está hablando de creyentes, pero que no han alcanzado a saltar al otro lado. Personas que nunca renovaron su entendimiento. Y dice: por la dureza de su corazón; Imagínate la escena, que por otra parte no es ni nueva ni demasiado imaginaria.
Personas que tienen una experiencia tremenda en el espíritu, van a contárselo a sus líderes y estos no tienen mejor idea que reprenderlos porque lo que están viviendo, dicen, es contrario a los postulados de su doctrina denominacional. Puedes llamarlo extrema severidad, puedes llamarlo excesivo celo, o puedes llamarlo legalismo, si es que quieres confrontarlos. Yo me quedo con lo que dice aquí: dureza de corazón. Veamos: ¿Cómo se puede operar en el Reino? Por fe. Ah, ¿Y de dónde nace la fe? Del corazón. No nace del espíritu, nace del corazón. Por eso, la persona que es dura de corazón, tampoco va a expresar fe.
Esto, pues, digo y requiero en el Señor. ¡Me impresiona Pablo cuando dice eso! Escucha: la gente más dura que yo he conocido, (Y no creo ser el único), no ha sido gente incrédula, ha sido gente supuestamente creyente. Lo que sucede, y ahora creo que vas a entenderlo con claridad, es que cuando llega alguien que ha vivido alguna experiencia diferente a todo lo acostumbrado en el marco del o de los grupos que conformamos, la gran mayoría se sobresalta y entra en desconfianza, ¿Sabes por qué? Por la vanidad de su mente. ¿Cómo? ¡Claro! No aceptan eso que está viviendo ese hermano por la simple razón de que no lo entienden con su mente, y no están preparados para aceptar nada que no procesen y entiendan con su mente.
Y luego fíjate lo que dice: teniendo el entendimiento entenebrecido. ¡Esto es muy feo, hermano! Porque quiere decir que las tinieblas han ganado terreno en esa vida. Porque no encuentro forma de que tu entendimiento no esté entenebrecido, sino ha sido contaminado con las tinieblas. Y no sólo eso, sino que es notorio que esas tinieblas han tomado control y poder sobre ese pensamiento. ¿Y has visto lo que dice a continuación? ajenos de la vida de Dios. Esto significa, literalmente, fuera del Reino. ¿Y a causa de qué? De la ignorancia de ellos. Entonces ahora pregunto: ¿Y por qué son ignorantes? Por la dureza de su corazón. Dios jamás condenará a una persona por su ignorancia, la condenará por la dureza de su corazón, que fue lo que lo llevó a la ignorancia.
(34) – Entendimiento Entenebrecido
(Verso 19) = los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
¡Ey! ¿Me está diciendo que un creyente puede entregarse a la lascivia? ¡Claro! Porque lascivia no tiene necesariamente que ver con sexualidad desenfrenada, aunque naturalmente la incluya, sino que significa que esa persona se ha dejado gobernar por sus sentidos. Lo que yo veo, lo que yo oigo, lo que yo siento, lo que yo proceso a nivel sensorial, nada más. Y dice que estas personas cometieron con avidez toda clase de impurezas. No piensen solamente en desviaciones sexuales y todo eso, porque cuando una persona tiene como voz divina a sus sentidos, esa persona es una persona sensual.
Esa es una persona natural, terrenal. En conclusión: ¿Qué hemos aprendido de nuevo, si es que podemos llamarlo así? Principalmente, la diferencia entre los ministerios y el ministerio. Hemos entendido que hay dos tipos de personas en el Cuerpo de Cristo, ambos son necesarios e importantes. Hemos entendido cómo operaba el Reino en Cristo, como operaba el Reino en la iglesia, y vamos a entender por qué vinieron los ministerios. Hemos entendido que lo que Dios espera de nosotros, si nosotros buscamos los opuestos de estas definiciones, qué es lo que Dios quiere de nosotros. Número uno, que tengamos nuestro entendimiento iluminado.
Dios quiere que tu entendimiento siempre tenga de Su luz. Número dos, que siempre participes de la vida de Dios. Número tres, que no tengas ignorancia, que tú corazón sea sencillo y sensible a Dios. Son los opuestos a lo que hemos visto. En lugar de un entendimiento entenebrecido, un entendimiento iluminado. En vez de excluidos de la vida de Dios por la ignorancia, partícipes de la vida de Dios por un corazón sensible. Eso quiere Dios de nosotros. Si hay algo que en este tiempo es vital y clave, eso es capacitar a la iglesia, para que sea ella la que edifique el Cuerpo de Cristo.
Y por eso es que tú estás hoy, allí, del otro lado, leyendo esto. No para aprender cómo se mueve un profeta o un apóstol, sino para poner tú parte en todo esto, y edificar el Cuerpo de Cristo. Recuerda: algunos fueron llamados a edificar y otros a capacitar a los que luego edificarán. Y si estamos hablando de edificar, deberíamos comenzar por algo que no sólo es un punto débil en el ministro, sino también, me atrevo a decir, en toda la creación: el carácter. Creo que no descubro nada si digo que la mayor parte de los seres humanos tienen, como problema fundamental, su carácter.
Creo que quien quiera que dijera que con una simple charla puede llevar a alguien a cambiar su carácter, sería poco menos que ridículo. El tema es de tanta profundidad que nadie podría consignar que sea factible cambiar algo de manera tan simplista. Tú carácter no vino así como es de la nada, sino que responde a una historia vivida, a una genética humana recibida por herencia y hasta a una genética espiritual. Carácter, en alguna de sus traducciones más amplias, llega a rotularse con una palabra que nos resulta muy conocida: Ágape, y que siempre traducimos como Amor, aunque dista mucho de ser algo romántico y sensible. De todos modos, si queremos avanzar algo al respecto, deberíamos comenzar, primeramente, sabiendo por qué razón es que Dios nos da los ministerios.
En primer lugar, déjame decirte que hay un grupo denominado secesionista que está trabajando muy duro para procurar demostrar que los ministerios ya no existen como tales. Sin embargo, curiosamente, los únicos ministerios que ellos atacan casi vorazmente, son los apostólicos y proféticos. No parecerían tener problemas con los restantes. Por lo menos, es muy curioso, ¿Verdad? Convengamos que, pese a que todo lo que nos llegue siempre nos debe merecer el mayor respeto porque en este tema nadie tiene, -hasta donde yo sé-, la verdad absoluta, esa postura de esta gente no tiene demasiada solidez, ya que su mayor sustento o fundamento es el que emana de sus propias deducciones. Quiero añadir algo al respecto, pero deseo reiterar el texto que ya leímos anteriormente.
(35) – En Tiempos de Madurez
(Efesios 4: 12) = a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, (13) hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Se nota claramente que, cuando aquí se habla de madurez, (Que eso y no otra cosa es lo que leemos como perfeccionar) se está hablando de carácter. Nosotros debemos madurar, eso es lo que el Señor espera de nosotros. La mayoría de los inconvenientes que hoy por hoy sufre la iglesia, es por causa de la inmadurez de sus miembros, y aún de una gran parte de su liderazgo. De hecho es que si yo, ministro, no te permito ni te incentivo a que ores por tus problemas, con el argumento de tu ignorancia, y mi propuesta es que me llames por teléfono o vengas personalmente para que yo lo haga, serán mis intenciones las mejores, pero lo que consigo es que sigas siendo un cristiano dependiente, pero no del Señor, como sería lo coherente, sino de otro hombre tan imperfecto, ignorante y falible como tú.
(14) para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, (15) sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, (16) de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (17) Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
(18) teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; (19) los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20 Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, (21) si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.(22) En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
Lo primero que destruye el pecado es la justicia y la santidad. Lo destruye en Adán. Y aquí dice que tenemos que ser vestidos en la justicia y la santidad de la verdad. Es largo el texto, pero no puede faltar ninguno de estos versículos, porque muestran el proceso que Dios nos está efectuando. Y no terminamos, todavía. Según este pasaje, el propósito del Espíritu Santo es: que se perfeccione, se madure, se capacite a los santos, para promover la obra del ministerio. No de los ministerios, sino del ministerio, tú ya sabes cuál es.
Y, finalmente, edificar a Cristo en la iglesia. Edificarlo. Ese es el propósito del Espíritu Santo, por eso vino. El Espíritu Santo es el que también otorga los dones. Y los objetivos o metas de los dones espirituales son para que nosotros, en primer lugar, seamos uno en la fe, que desarrollemos nuestro conocimiento de Cristo, nos desarrollemos en la perfección, con Cristo como nuestro modelo, que conservemos la estabilidad, no siendo engañados por las falsas doctrinas, y que seamos maduros en Cristo.
¿Por qué Dios nos da los dones? ¿Por qué nos da los ministerios? Nos los da para que seamos uno en la fe. Y eso quiere decir que, humanamente, nunca vamos a poder ser uno en la fe. El Señor lo sabía. Por si no te habías dado cuenta, te lo cuento: a Dios no lo sorprendimos con nuestras divisiones, Él ya lo sabía. Él sabía que nosotros no íbamos a poder hacerlo jamás con nuestras fuerzas. Por eso nos dejó escrito que ninguna casa dividida, prevalece. Y no vas a negarme que es exactamente eso lo que están viendo tus ojos hoy, ¿Verdad?
(36) – En la Unidad de Los Dones
Por lo tanto, envía los dones del Espíritu, para que sean los dones los que nos lleven a la unidad de la fe. Míralo así. Suponte que una persona es activada en el don profético. Entonces empieza a ver, a oír, pero nadie más en su comunidad lo hace. Un día, y por una de esas casualidades que Dios sabe, esta persona llega a una reunión donde se encuentra un grupo de personas, y quedándose en silencio, escucha como hablan las otras personas, y nota que se refieren a lo que el Señor les muestra en el espíritu. Automáticamente, esta persona que acaba de llegar y por lógica no conoce a estas personas que ya estaban reunidas, se identifica con ellos.
Y se une al grupo. No los conoce, no sabe de dónde vienen, no sabe cuánto tiempo tienen allí, no sabe nada, pero se une a ellos. Y participa y se siente integrado a ese grupo. ¿Por qué sucede esto? Porque el don une a la gente. Y no pasa por la mente, pasa por el corazón. Actúa como actúan los niños pequeños. No se conocen, pero a los pocos minutos de haberse conocido, ya están jugando juntos como si fueran amigos de años. ¿Por qué crees que ocurre esto? Simple, porque eso es lo natural. Los dones vienen a provocar un nivel de unidad. Ahora claro, en una comunidad en donde los dones son extraños, son escasos, una persona se une con otra u otras que tienen el don.
Pero ahí se genera una división entre los que tienen el don y los que no tienen el don. Pero, si todos funcionáramos en los dones, ¿Qué creen que tendríamos? Simple respuesta: tendríamos un nivel de unidad extraordinario. ¿Por qué? Porque todos tendríamos los dones y todos los usaríamos para unirnos. Escucha: los dones no es algo que ni tú ni yo podamos procesar mentalmente. ¿Tratar de entender mentalmente una lengua extraña? ¿O una palabra de ciencia que te muestra que en una persona opera un determinado espíritu maligno? ¡Imposible! ¡Eso no pasa por la cabeza!
¡Esa es la razón por la que todavía es tanta la gente que viaja decenas de kilómetros para ir en búsqueda de alguien “que le ore” por algo que necesita oración! De todos modos, es suficiente con que un don se manifieste en toda su plenitud, para que tú reacciones de la única forma en que se reaccionará en estos casos, uniéndote. Llega una persona en una silla de ruedas y luego de orar esa persona se levanta de su silla y empieza a caminar, tú sales disparado a unirte a los dones que propiciaron ese milagro. ¡No pasa por tu intelecto! Los dones unen a la gente. Seamos uno en la fe.
Uno de los grandes problemas del pentecostalismo tradicional, es que se ha quedado en el fuego pentecostal. Y no se han dado cuenta todavía de algo muy importante: los dones no vinieron para entretenernos, sino para llevarnos a Cristo. Y te doy un ejemplo con algo muy caro a ese sector: las lenguas. La Biblia dice que aquel que habla en lenguas, busque a alguien que las interprete. A eso lo vemos en Corintios, ¿Verdad? ¿Y por qué se supone que habría dicho eso? Simple: porque la iglesia no puede ser edificada por lenguas que nadie entiende.
Entonces dice: si no hay quien interprete, entonces es mejor que el hermano se calle. Porque lo que queremos, es que la iglesia sea edificada. Claro está que esto no significa que se prohíba hablar u orar en lenguas, que es lo que han hecho los grupos más conservadores. Y esta aseveración mía tiene un argumento irrebatible, cómo vas a ver. Porque, pregunto: si tú no permites que los hermanos que dicen poseer el don de lenguas lo ejerciten, ¿Cómo sabrás que no hay quien lo interprete? Si tú prohíbes las lenguas porque no hay quien interprete, estás haciendo censura previa.
¿Cómo adivinaste que no hay quien interprete si nadie oró en lenguas? No lo adivinaste nada, sólo te fastidia tu doctrina. Ahora supongamos que esa persona que habla en lenguas sí es interpretada. ¿Qué crees que saldrá cuando esa persona repita en idioma entendible lo que el que ora en lenguas está diciendo en idioma no entendible? Va a salir algo que dé a conocer más a Cristo. Si es de Dios, seguro será así. Porque el enfoque central del que provienen los dones, siempre nos lleva a conocer a Cristo de forma más profunda y exquisita. De eso se habla cuando se nos dice que debemos desarrollarnos en la perfección, con Cristo como nuestro modelo.
Sólo de esa manera podremos mantenernos estables y no caer engañados por falsas doctrinas. Sin embargo, mi duda permanente y legendaria, es: si lo que sale respecto a Cristo de esa interpretación de lenguas, no coincide del todo con los postulados doctrinarios de ese lugar, ¿Tú crees que lo van a aceptar como legítimo? Recuerda que es imposible que venga un funcionario del gobierno de tu país a tu iglesia y pretenda darte una nueva doctrina. No le creerás, porque será muy funcionario importante, pero tú sabes que no es creyente. Ahora; si el que viene con un cambio raro en la doctrina es el pastor de la iglesia, o el ministro invitado a predicar, entonces sí es probable que seas engañado y te la creas.
¿Entiendes ahora de dónde vendrán las falsas doctrinas? Una de las cosas que los dones del Espíritu producen, (Y aquí entran también los ministerios), es el testimonio interno de que esto es de Dios. Por eso es que Dios les dice, por medio del profeta, que al rechazarlos a ellos, no los están rechazando a ellos, sino a Mí. No es el problema el que trae el don, el que trae el ministerio. El problema es el ministerio. Yo no tengo nada contra ti, pero lo que estás enseñando no me parece correcto. Eso es lo que genera el problema. No somos nosotros. Entonces, cuando el Espíritu Santo empieza a soltar su riqueza, nosotros nos establecemos. No somos engañados por vientos raros, nos mantenemos.
Y por último, maduramos. Es bueno que digamos que maduramos en Cristo. ¿Por qué? ¿Cuál es el perfil adonde apuntamos? ¿Cuál es la definición de un hombre maduro? Por ejemplo, una persona que enfrenta sus problemas y los resuelve. Sin duda, eso es algo que tiene que ver con el carácter. Una persona que superó algo así como los celos, el miedo, el temor, etc. Es cierto, pero tengo la sensación que la vida es más que eso.
Los cristianos promedio hemos cometido en masa el error de circunscribir nuestras vidas a la actividad de la congregación a la que pertenecemos, pero ¿Sabes qué? ¡Allá afuera hay una vida para vivir! Nuestro modelo es Cristo, pero no un Cristo elaborado a la medida de una doctrina, sino el Cristo único y visible que salta de la propia Palabra. No me alcanza con ser alguien que no padece de ansiedad. Deseo ser como Cristo, quiero tener ese modelo en mi vida. Sabemos que no se puede. Hay algunos fundamentos importantes que debemos conocer, para saber cómo opera todo esto.
(37) – Las Diferencias Escritas 6
En Mateo 5:44 Él dice: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;
En principio, el primer obstáculo que como seres humanos se nos presente con este texto, es: ¿Cómo hago para amar a alguien que se ha constituido por alguna razón, en mi enemigo? Simple: impidiendo de antemano que alguien entre en tu vida en esa categoría. Satanás es mi enemigo. Y todo lo que él influya y use, está enfrentado temporalmente a mí. Sólo que cuando alguien se desprenda de su influencia, ese alguien deja de ser mi enemigo, entonces puedo amarlo. Lo que no implica amar a Satanás, la Palabra jamás dijo eso. De todos modos y con respecto a este pasaje, los religiosos aseguran que debemos luchar en contra de ellos para defender a nuestro país.
Lo mismo en cuanto a Mateo 5:39, que dice: Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra;
Aquí los religiosos van más lejos, todavía: aseguran que solamente un idiota o un cobarde se dejaría golpear sin defenderse. Es un tremendo duelo entre la paz del creyente al machismo casi violento de los que han malinterpretado estas escrituras. Dar la otra mejilla siempre es otorgar una oportunidad más a quien la necesita, pero de ninguna manera a quien la rechaza. ¿Entonces eso significa que no deberé dejarme abofetear por estos últimos? No, eso significa que si a ti te protege quien te protege, estos últimos jamás llegarán a tocarte.
(38) – En el Tiempo de la Distribución
Todo lo que supuestamente poseemos los creyentes, no nos pertenece. No interesa que yo hable de Mi ministerio y tú me respondas hablando de Tus dones. Lo cierto es que la Biblia tiene suficiente texto y contexto para que tú y yo sepamos que ninguno de los dos somos propietarios de nada de eso que curiosa y casi arrogantemente consideramos como nuestro. Es casi una manía del hombre apropiarse de cosas que de ninguna manera controla. De hecho, más que una simple manía, es parte de su naturaleza humana, carnal y, obviamente, también egocéntrica. Ese es el punto a examinar, ahora.
(1 Corintios 12: 1) = No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.
Dice que no ignoremos. Ignorar es ser ignorante. Se usa a veces como insulto u ofensa de tono despectivo, ya lo sé, pero la palabra en sí misma significa puntualmente eso que lees. Ignorante es alguien que ignora algo. E ignorar, el verbo, es desconocer, no tener información o estudio respecto a una determinada cuestión o asunto. Y habíamos visto que, de acuerdo a lo que se nos dice en la Palabra, la consecuencia de ser ignorante es tener el corazón endurecido, ¿Verdad? Un buen diccionario, -reitero-, te dirá que la ignorancia es, simplemente, el desconocimiento de algo que existe como información.
O sea: una vez que tú accedes a esa información, automáticamente dejas de ser ignorante, ¿Está claro? Ahora bien; cuando dice que no quiere que seamos ignorantes, Pablo también se está refiriendo a que nuestro corazón tendría que estar expectante de lo que Dios va a hacer. Porque una de las cosas hermosas que se producen cuando la iglesia se abre a lo profético, es que automáticamente, la iglesia se predispone a que Dios pueda sorprenderlos en cualquier momento. Cada reunión, como quiera que ella se realice, es la posibilidad de ser sorprendidos por Dios.
En lo personal, yo recuerdo que pasamos tiempos maravillosos con mi familia a continuación de nuestro despertar. Estábamos en una congregación conservadora e intelectual, es cierto, pero igualmente creíamos que en cualquier momento pasaría algo grande. Gracias a Dios pudimos entender que los que nos decepcionaron y sumieron en cierta frustración, fueron los hombres creyentes incrédulos, no el Señor. Sin embargo, esa expectativa logró algo en nuestros corazones: que no se endurecieran. Por qué, veamos: ¿Qué otra cosa endurece el corazón? ¡La rutina! Por eso es que digo que lo bueno de una iglesia profética es que acepte que puede ser sorprendida por Dios a cada momento.
¡Claro que eso produce temor! Obviamente, todo aquello que no podemos controlar, nos despierta temor. Pero, ¡Animo! Hasta donde yo sé, ningún espíritu de control llevó a ninguna iglesia a la victoria. ¡Y eso que hay varios trabajando en varias! De todos modos, hay un problema que, en el mejor de los casos, es un error. En el peor, algo hecho a sabiendas. El liderazgo evangélico pretende controlar todo lo que ocurre en una congregación. “¡Es que yo soy el pastor y debo saber qué pasa!”, te dicen. Sí, pero estás puesto, en todo caso, para administrar, no para controlar. Dice Pablo que no quiere que seamos ignorantes respecto a los dones.
(Verso 4) = Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. (5) Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. (6) Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. (7) Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
Diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y diversidad de operaciones, pero el mismo Dios es el que hace todas las cosas. En resumen, vemos que el Espíritu Santo es el que genera los dones. Muchos dones, diversidad de dones. Hay una hermosa lista de dones. Vemos luego que es el Señor, y está hablando de Jesús, de donde salen diversidad de ministerios. Y, finalmente, vemos que de Dios el Padre salen diversidad de operaciones. Maneras diferentes de usarlos. El Espíritu Santo trabaja con los dones, los ministerios y las operaciones. Las palabras para cada una de esas, son bien interesantes.
La palabra Ministerio viene del griego diakonia, que significa servicio, como de sirviente. ¡Eso es un diácono! Figurativamente ayuda, servicio oficial. La palabra dones, viene del griego karismas, que es dádiva, liberación, concesión, calificación, facultad milagrosa, regalo. A la vista de esto, me pregunto si existirá una razón por la cual alguien con uno o más dones tremendos, tiene derecho a verse como fuera de serie o iluminado. Operaciones, en tanto, es en griego energeo. De ahí viene energía. Ser activo, eficiente, obrar, operar. Entonces vemos que hay dones, hay ministerios y hay operaciones vinculadas en todo esto.
Están los carismas, están las diakonias y están los energeos. Todo esto es parte de lo que estamos hablando. Hay una hermosa tarea que puede hacerse a partir de esto, que se las dejo para cuando quieran estudiar un poco más. Verifiquen cuáles dones vienen del Espíritu, cuáles del Hijo y cuáles del Padre. Yo voy a hablar de la parte más fácil, ahora: los dones que vienen del Hijo. A ustedes les quedan para estudiar, si quieren, los otros dos, los del Padre y los del Espíritu. Como ayuda, puedo decirles que los del Espíritu son aquellos que tienen que ver con el hablar.
Por eso no es raro que la primera manifestación del Espíritu en Pentecostés, haya sido relacionada con el hablar en nuevas lenguas. Al Espíritu Santo le gusta manifestarse haciendo hablar a la gente. ¿Por qué? Porque el lenguaje es la conexión entre lo natural y lo espiritual. Cuando tú no tienes una palabra para describir algo, no puedes hacerlo real. Por ejemplo, estamos quebrando mitos, ¿Verdad? Hoy día se escucha mucho hablar de cobertura. Muchos dicen que están bajo la cobertura del pastor Fulano o del apóstol Mengano. Pero, resulta que la palabra cobertura no aparece en toda la Biblia.
Y menos en el contexto al que nos estamos refiriendo. ¿La inventaron? No me atrevería a decir tanto. Pero, por lo menos, la adaptaron a su gusto y conveniencia. De hecho, cobertura es un término romano, para extender un manto de oscuridad sobre la ciudad. La cobertura de César. Obviamente que no estamos hablando de eso. Entonces, ¿Cómo deberíamos decir correctamente nosotros? Que estamos bajo la autoridad de tal o cual persona. Y no hablo de lo espiritual, hablo de lo institucional.
Pero no bajo la cobertura, porque mi única cobertura es Dios. De hecho, cuando he dicho esto en público, siempre ha surgido el hermanito que me replica: ¡Ah, claro! ¡Pero eso es muy fácil! ¡Cualquiera puede decir eso y después hacer lo se le da la gana! ¿Ah, sí? ¿De verdad creen eso? ¿Me estás diciendo que hay cristianos que suponen que uno puede mentir, estafar, abusar y diez corrupciones más mencionando a Dios, y luego hacer lo que se le ocurra, sin pagar ningún costo por ello? ¿De verdad creen eso? ¿Quién los convenció de esa barbaridad diabólica?
(39) – Invocando al Espíritu Santo
Yo creo que bien vale la pena hablar de los dones, porque los ministerios son dones ministeriales. Y esta vendría a ser la parte donde debemos colocar un fundamento de doctrina. Cuando hablamos de los dones, estamos hablando de los principios de uso que tienen los dones, debemos entender algunas cosas. Primero: Jesús deja a sus seguidores, a sus discípulos con la responsabilidad de extender el mensaje del evangelio hasta lo último de la tierra, ¿No es cierto?. Ahora bien; pregunto: ¿Ellos podrían haber hecho bien eso, solos? Indudablemente que no. El poder del Espíritu Santo les ayudaría a cumplir esta tarea.
Lo dice claramente Hechos 1:8: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. ¿Sabes qué es lo más interesante? Que revisando un poco la historia de la iglesia, vemos que los dones se fueron extinguiendo, en la medida en que la iglesia dejó de crecer. Y es lógico que así fuera, ya que los dones vinieron por una finalidad decididamente práctica. Porque Dios le dice a la iglesia que llene la tierra. Es decir, el trabajo tremendo de evangelizar y llenar la tierra de Su Presencia, es para la iglesia.
Pero la iglesia es como una débil mujer frente a una tarea bien fuerte y ruda. Allí es donde aparece el Espíritu Santo, que en realidad es el que hará la parte más dura del trabajo. ¡Qué bueno! ¿Verdad? Ahora bien; ¿Qué pasa cuando la iglesia de todos modos se queda inmóvil? ¿Qué necesidad tendría Dios de mandar un ayudador, cuando la iglesia no necesita ayuda para lo que no está haciendo? Si todo lo que tienes que hacer como iglesia, es preparar un par de prédicas a la semana, algunas entrevistas con la gente y ciertas entrevistas de negocios con fines de refaccionar o renovar el templo, ¿Para qué necesitas al Espíritu Santo?
Sin embargo, el Espíritu Santo te ayudaría notablemente a cumplir la tarea. ¿Y cuál tarea? La de ir hasta lo último de la tierra. ¡Lo hizo conmigo! Se me profetizó que mi voz sería escuchada en todas las naciones, en una época en donde yo lo único que hacía era calentar un banco de un templo. ¿De dónde iba a salir a las naciones a hacer oír mi voz? ¡Ni apoyo pastoral tenía! Durante esos ocho años de lapso entre la profecía y su cumplimiento, apareció internet. El Espíritu Santo lo sabía, siempre lo supo. El que no lo sabía, era yo. Y ni siquiera era necesario que lo supiera.
El único mérito mío fue creerlo. Escucha: nunca Dios te va a enviar a hacer algo sin la necesaria autoridad para ello. En esos días que relata Hechos 2, cuando la iglesia recibe al Espíritu Santo, sabemos por lo que cita el texto, que recibieron idiomas, lenguas, glosa. ¿Y cómo sabemos esto? Porque la gente que había llegado de todas partes empezaron a entender lo que estos hombres y mujeres estaban hablando, ¡Cada uno en su propio idioma! Es decir que no fueron ruidos ni sonidos guturales sueltos. ¡Ellos entendieron! Frases concretas, oraciones armadas y entendibles.
Entendieron el mensaje del evangelio del Reino y se convirtieron. ¿Ustedes recuerdan lo que pasó en la calle Azuza, por allá por principios del siglo veinte? Entre el tremendo avivamiento que conmovió el tiempo y el lugar, aparecieron dones que llevaron a entender que siempre que aparece un don, es para confirmar una misión. Porque a partir de ese avivamiento es cuando nacen las misiones como tales. Era suficiente con que una persona participante de esas reuniones recibiera un don de lenguas que lo hacía hablar en un idioma desconocido para ella, para que inmediatamente fuera elegido y designado para ir como misionero al país donde se hablaba ese idioma que había recibido.
Claro está que la teología pentecostal, que aparece allí por los años treinta, (Mil novecientos treinta estoy hablando), surge cuando ya no estaba sucediendo nada de esto. Es como si nos sedujera tallar esculturas en el carbón del fuego ya extinguido. Aquellos hermanos de Azuza, no hicieron ninguna teología, sólo obedecieron. Y lo más importante de todo esto, es que eso que he mencionado con mucha liviandad y superficialidad, no fue la última vez que ocurrió. La historia de otros avivamientos nos deja en evidencia que, cada vez que hubo un avivamiento, el hablar de la gente cambió. Y la gente entendía en un minuto cuál era la voluntad de Dios, y entonces la hacía.
Es coherente lo que me dice este texto, entonces: el poder del Espíritu Santo les ayudaría a cumplir la comisión. Jesús no dejó a sus seguidores con tan grande responsabilidad, sin darles la habilidad de cumplir. Dios nos da la habilidad. Es muy claro aunque muchísimos todavía no puedan o no quieran verlo. Cuando tú haces algo para lo cual no fuiste llamado ni levantado, tú trabajas a destajo, sufres penurias, no ves resultados y hasta puedes terminar en una bancarrota espiritual y financiera. Cuando tú haces algo para lo que sí has sido llamado y levantado, el único esfuerzo es el físico por las horas que inviertes, pero en todo lo demás, las puertas se abren casi de manera misteriosa y oportuna.
(40) – Entre Dones y Talentos
Vamos a verlo en lo más habitual en la iglesia del sistema tradicional, que es el pastorado. ¿Qué cristiano evangélico, miembro de una iglesia, no sueña alguna vez con ser pastor? Me atrevo a decir que, si no tiene esta información que ahora estamos compartiendo, el noventa y cinco por ciento. Pero, ¿Sabes qué? Si tú verdaderamente tuvieras un llamado al ministerio pastoral, no tendrías que salir ni a buscar ni a captar ovejas, ya que estas vendrían solas en tu búsqueda. ¿Y si pasa un tiempo y no vienen? Simple: es porque no eres pastor.
Soy consciente de las enormes dudas que decir algo así puede producir en muchas mentes de sinceros y fieles hombres de Dios metidos al pastorado y sin tener demasiado fruto. Sólo te invito a formularte a ti mismo una pregunta: ¿Cómo sé que he sido llamado a ser pastor? ¿Cómo lo sé? La palabra dice que las ovejas siguen al pastor, no dice que el pastor tenga que seguir a las ovejas. Los dones espirituales, son habilidades sobrenaturales, dadas por el Espíritu Santo para autorizar a los creyentes, para ser eficaces testigos del evangelio. Dentro de la cultura evangélica, el paquete que sale de la iglesia, es iglesia local.
Esto quiere decir: un pastor, un templo, un culto. Eso es. Y es muy probable que muchos de ustedes sigan pensando de esa manera, sencillamente porque esa es la cultura que has recibido. Ese es el sistema. Nadie podría poner en duda que Dios haya llamado a alguien, pero sí alguien podría poner en duda que esa persona haya sido llamada para hacer lo que está haciendo. Una de las alternativas que posee este tipo de trabajos, es que sea útil para que uno o más de uno pueda cuestionarse su propio llamado, y decida preguntarle al Señor si verdaderamente lo llamó para ser o hacer lo que está siendo o haciendo.
Yo conozco a mucha gente de la cual no tengo ninguna duda que Dios los haya llamado para servirlo, pero sí se me presentan esas dudas, y muchas, respecto a para qué los ha llamado. Y quiero que a esto lo entiendan bien todos los líderes que tengan la suficiente humildad y deseos genuinos de servir como para prestar atención a lo que dice o escribe un anónimo desconocido. Si quieres, haz lo que has decidido hacer, pero no te enojes si luego de muchos años te sientes frustrado y llevando a la frustración a otros.
A mí no me entra en la cabeza de ninguna manera, que el Dios de todo poder que te creó, que te formó y te eligió desde antes de la fundación del mundo y desde antes que estuvieras en el vientre de tu madre, te ponga hoy a realizar una tarea en la cual tú te sientas mal y no disfrutes de hacer. Un don es algo dado libremente de una persona a otra. Un don espiritual es una habilidad sobrenatural dada por el Espíritu Santo a un creyente, para administrar y ministrar como parte del Cuerpo de Cristo, para que pueda desarrollarlo. Hay un término parecido, que es talento, pero esa es una habilidad natural.
Tú tienes un talento por genética. Es algo heredado, es algo natural. No necesitas ser creyente para tener un talento. Un don espiritual, en cambio, es una habilidad sobrenatural que no vino de ninguna herencia o entrenamiento. Yo sé que tengo el don de la enseñanza, a mí nadie me enseñó a enseñar. Vino a mí como un don. Ahora claro; si yo quisiera enseñar pero nadie quisiera escucharme, entonces pondría en tela de juicio que tenga el don. Yo no tengo que aferrarme a la tremenda excelencia de un gigantesco buscador para promocionar mi Web; yo sé que el Señor traerá a ella a todos aquellos que Él ha dispuesto que la conozcan y extraigan algo nutritivo de ella.
Lo que te estoy intentando explicar, es que tú te das cuenta del don, por el resultado que produce. Si yo grabo una hora de estudio sobre un tema y luego me entero que nadie ha entendido nada, deberé de inmediato cuestionar si tengo o no tengo el don. Porque probablemente haya gente que no entienda, pero será la minoría, jamás la mayoría si es que eres maestro del Señor. Un don es una habilidad sobrenatural dada por el Espíritu Santo para ser utilizado en propósitos espirituales específicos. Ahora atención con esto: es posible que un talento natural pueda ser validado por el Espíritu Santo.
Normalmente decimos que cuando nos convertimos, debemos pasar todo, absolutamente todo por la cruz del Calvario. Y una de las cosas que sí o sí deberemos colgar en esa cruz, serán los talentos naturales heredados, porque es la única forma que, una vez que el Espíritu Santo los homologue, esos talentos pasarán a ser dones. Los dones espirituales proporcionan capacidades espirituales mayores que los talentos naturales más finos. Aunque nosotros debemos usar todos nuestros talentos naturales en la obra del Señor, nosotros todavía necesitamos de los dones espirituales.
Yo tengo, desde la genética, una voz aceptable, una correcta dicción y una especial habilidad para investigar, armar conceptos y explicarlos. Pero déjame decirte que hasta que no me humillé y pasé por la cruz todo ese bagaje, no había logrado pasar al frente de una iglesia ni siquiera para orar, y ni siquiera se me daba el boletín interno de la congregación. ¿Necesitaría algo más para creerlo? Uno de los dones que aparece en la lista es el Don de Administración. Es un don del Padre, Él es un excelente administrador. La pregunta que surge de inmediato, entonces, es: ¿Y por qué razón, en tantos y tantos lugares, ponen a administrar asuntos de la congregación a personas que no tienen el don?
¿Estoy significando que una persona que administra, debería tener el don? Claro que sí, ¡Para eso existe el don! Pero resulta que no, que generalmente el que hace ese trabajo, tiene una sola cualidad: es de confianza del pastor. Sucede exactamente lo mismo que en las esferas de los gobiernos terrenales. ¿Soy electo presidente y necesito nombrar a un ministro de salud? Pues pongo allí a un íntimo amigo mío que sé que es incapaz de quedarse con un centavo que no le pertenezca. ¡Muy bien! ¡Diez puntos en honestidad! Pero cero punto en eficiencia, porque mi amigo es ingeniero en sistemas de informática, no médico…
Pero mucho cuidado con esto: al don de administración, en muchas ocasiones se lo confunde con el don pastoral, porque el administrador es tremendamente hábil para organizar la congregación. Y la gente suele confundir a eso con el don pastoral. Pero lo cierto es que hay muchas diferencias entre el don de la administración y el don pastoral. Los que saben más que yo de esto, aseguran que el pastor puede administrar, pero que el administrador no puede pastorear. La diversidad de tesis a ese respecto ha ocasionado no pocos inconvenientes. Confieso que no tengo la suficiente autoridad ni conocimiento interno de conducción de congregaciones evangélicas como para emitir una opinión digna de ser tenida en cuenta. Y cuando hablemos directamente del ministerio del Pastor, podré explicarte algunas diferencias que hoy vemos y no entendemos.
(41) – Ministrando Para Provecho Mutuo
(1 Pedro 4: 10) = Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
Aquí queda implícito un punto neurálgico que no siempre ha sido visto con claridad. Si se nos dice que debemos ministrar a los demás el don que hemos recibido, conforme a la multiforme gracia de Dios, eso significa que debemos proceder a dar de gracia lo que de gracia hemos recibido. ¡Pero, hermano! ¿Y de qué voy a vivir mientras hago eso? ¿Cómo voy a sostener a mi familia? Con lo que el Señor te reconozca al cubrir tus necesidades por la simple razón de que tú estás obedeciendo un mandato suyo. ¿Puedes creer eso? ¿Puedes confiar en fe que así será? Mira; en el puedo o no puedo qué pasó por tu cabeza en este instante, está tu respuesta.
Y en la respuesta que tú ya conoces, está tu futuro ministerial o no ministerial. El mejor ejemplo que tengo a mano, es el mío. Jamás pedí un centavo a nadie por mi trabajo ministerial. Jamás publiqué números de cuenta bancaria ni formas de enviar donaciones en mi Web. Y no soy un millonario excéntrico haciendo beneficencia, soy un jubilado que debe comer todos los días y además sostener una vivienda y su familia actual. En veintidos años de ministerio ejecutivo, jamás debí poner un centavo propio para sostener todo esto. Esa es mi única garantía de haber sido: 1) Llamado 2) Enviado 3) Respaldado.
(1 Corintios 12: 7) = Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
Alguien que escuché alguna vez predicar sobre este texto dijo, como al pasar, que en los originales no dice simplemente para provecho, sino que en verdad lo que se lee allí es: para provecho mutuo. Y si bien esto no cambia el eje central de la cuestión, creo que sí le otorga una mirada diferente a todo el andamiaje ministerial. Porque si yo recibo una manifestación del Espíritu, cierto es que en primera medida será para provecho de ustedes, los que de uno u otro modo se benefician, se alimentan o maduran a partir de nuestros trabajos. Pero aquí nos encontramos con que también eso, me habrá de beneficiar a mí mismo, aunque no necesariamente en lo que la mayor parte de los ministros ha supuesto: su provecho material y económico. Es probable que algo de esto esté incluido, ya que el obrero siempre seguirá siendo digno de su salario, pero el provecho del cual habla el Señor, es obvio que está bastante por encima de un billete más o un billete menos.
(Verso 11) = Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
Las últimas tres palabras deberán quedar repicando como si fueran campanas de alerta para todos nosotros: cómo Él quiere. A esta altura nosotros sabemos que no podemos gobernar sobre los dones. Los dones van a venir de parte de Dios. Y aquí hay un pequeño secreto. Si hemos sido claros, ustedes ya entendieron que un don viene porque Dios necesita que tú hagas algo, para lo cual de forma natural no tienes capacidad. Ahora, dice que el Espíritu da como quiere, ¿Verdad? Y eso es correcto. Pero, ¿Qué pasa si tú, en tu corazón, te propones hacer algo para lo cual no estás capacitado?
Yo creo que Dios va a aceptar esa acción, si es que ve en tu corazón que responde a una intención sana y no a una conveniencia personal. Y entonces va a darte un don que no tenía reservado para darte, pero que ahora lo hace como consecuencia de tu firme decisión de hacerlo. Alguna vez flui como profeta, otras como pastor, otras como evangelista y en algunas hasta como apóstol. ¡Gloria al Señor por su misericordia! O sea: aunque el trabajo del Espíritu Santo sigue siendo administrar los dones conforme a su multiforme sabiduría, si tú encaras un proyecto que está conforme al propósito y la voluntad de Dios.
Y, esencialmente, si lo haces buscando su glorificación y no la tuya, Dios te va a dar un don que te sea de utilidad para llevar adelante ese proyecto. Con eso te quiero decir que, la única persona que no debe tener dones, es la que ha decidido no hacer nada. ¿Y por qué motivo lo haría? Por la probabilidad del mal uso de esos dones. ¿Es que una persona puede, entonces, llegar a abusar de los dones? ¡Por supuesto que sí! ¿Sabes cuál es el mayor abuso? No usarlos. Por eso Pablo dice:
(1 Timoteo 4: 14) = No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.
(2 Timoteo 1: 6) = Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.
Pablo está diciendo algo importante, le está pidiendo que cuide lo que Dios le ha dado, que lo siga usando. Menciona algo que no siempre se enseña con claridad y que por esa razón ha llevado a muchos a la confusión y, lo peor, al engaño: Tú puedes recibir un don de Dios mediante la imposición de manos de alguien enviado por Dios para hacerlo. Pero, mucho cuidado, porque si no pesas los espíritus, también te pueden transferir demonios por la misma vía, si los hombres en cuestión no vienen de parte de Dios. Y lo segundo que hace notar, es que si debemos avivar un fuego, es porque el fuego en cuestión puede extinguirse y el don quedar neutralizado. En la Primera carta a los Corintios, en el capítulo 13, Pablo da la pista para utilizar correctamente los dones. El introdujo el tema en el capítulo 12 y verso 31. Pablo hace una larga lista de esos dones, y luego se expresa en el verso siguiente:
(1 Corintios 12: 31) = Procurad, pues, los dones mejores. Más yo os muestro un camino aún más excelente.
Y allí empieza el relato del capítulo 13. ¿Y cuál es el camino más excelente del que habla antes? El del amor. Sin embargo, la meta final de todos los dones, es que nos van a ayudar a desarrollar el carácter, ¿Recuerdas? Recuerda que estamos hablando de la imagen. Y recuerda que el Espíritu Santo viene a capacitarnos para hacer con excelencia algo que, de otro modo, haríamos defectuosamente. Esta tarea del Espíritu Santo, me va a llevar, no sé por qué caminos, no sé por qué rutas, a desarrollar el amor en mi vida. Vamos a vivir en algún momento la realidad de Corintios 13 si somos sensibles al Espíritu Santo. Y no porque lo busquemos, sino que es el derrotero, es el canal, es el camino. Porque no hay forma en que tú puedas experimentar los dones y el ministerio del Señor, sin que termines amando más.
(42) – Orar, Declarar, Decretar
Además de esto, también existe la falsificación. ¿Es que Satanás puede falsificar los dones? Sí, Satanás puede y de hecho lo hace, falsificar los dones. ¡Satanás es hábil! Que ya esté vencido no significa que haya que subestimarlo. Tú vas a ver a mucha gente que utiliza dones, pero que no manifiesta amor en su vida. ¡Esa es una falsificación! Mientras más desarrollado tenga una persona el ministerio, más desarrollado el amor en su vida podremos ver. Es parte de un solo paquete. Ahora bien; dentro de los dones, tenemos los dones del habla, los dones de servicio, los dones de señales y los dones de oficio.
Claro que esta clasificación va a variar de acuerdo con el libro que tú leas. Convengamos que esta misma clasificación que quizás ayuda a especificar, pero al mismo tiempo creo que restringe, no es del todo apropiada. ¿Por qué? Por varias razones. Una de ellas, por ejemplo, es que dice que hay dones del habla. Supongo que estamos hablando de la palabra de ciencia, pero por lo menos resulta mezquino su análisis. Porque el don es muy cierto que se manifiesta hablando, pero todos sabemos que la persona que tiene el don, percibe el don de diferentes maneras.
Es tu espíritu entero el que percibe lo que está dentro de una persona. ¡No es sólo el hablar! Si yo tengo una palabra de conocimiento es porque el Señor me ha mostrado que entre quienes me escuchan hay una persona que esa viviendo un cierto problema grave. Y cuando yo lo diga, será un don del hablar, pero lo que sentí previamente, integra en mayor volumen lo que generalmente denominamos como palabra de conocimiento. No es tan así. Mira por ejemplo las señales, (Ahí entran los milagros). Cuando tú oras, declaras, decretas o reprendes y alguien es liberado o sanado, ¿Acaso no hablas? Esto significa que ese don que está dentro del rubro de dones de señales, si se quiere también podría ser incorporado al don de hablar.
Porque no veo a nadie expresando sanidad sin declararlo en voz alta. O sea que esta clasificación que te mencioné tiene un alto grado de teología sistemática, que tal vez no sea algo malo en sí mismo, pero que sí comienza a serlo cuando entra en reemplazo de la guía del Espíritu Santo. Y ese es un error por engaño en el que ha caído un altísimo porcentaje de la iglesia. Lo podemos utilizar de manera didáctica a la hora de enseñar y será positivo, pero yo preferiría quedarme con aspectos más concretos. Por ejemplo, hay dones que vienen del Padre, hay dones que vienen del Hijo y hay dones que vienen del Espíritu Santo. Nosotros, hoy, aquí, estamos hablando de los dones que vienen del Hijo, no de los del Padre ni de los del Espíritu.
(43) – Las Diferencias Escritas 7
Jesús dice en Mateo 5:11: Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Aquí el sistema religioso siempre asegura que, si la gente habla mal de ti, es porque seguramente algo malo deberás haber hecho. Cuidado, eso también puede ser verdad, pero hay formas de interpretarlo sin cometer errores habituales. Primero, dice que esto es para cuando somos vituperados o perseguidos por SU causa, no por elucubraciones religiosas o el uso de los privilegios de la religión para hacer política, negocios o abusos varios. Y, además, si te fijas bien en el final del verso, dice que seremos bienaventurados siempre y cuando lo que digan en nuestra contra, sean mentiras. De otro modo, otra será la interpretación del mismo texto.
Jesús asegura en Marcos 16:15: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Sin embargo, aquí el modelo eclesiástico del sistema religioso te asegura que no todos son llamados a predicar, sino que la mayoría de las personas son llamadas a trabajar en el sistema por el dinero, y de esa forma poder financiar a los pocos que predican. No negaré que en parte, esto que dice la religión es cierto y factible, pero solamente en parte y no como ellos lo lanzan, casi con alcance global e íntegro. No existe tal cosa como predicadores enviados por organizaciones. Lo que sí existe, son enviados por el Padre, tal como Él lo hiciera en la antigüedad. Son los apostellos, que no necesariamente serán apóstoles en cuanto a la función, sino apostellos aptos para cualquiera de los otros cuatro ministerios.
(44) Pasos Para La Iniciación
Cuando hablamos de los dones de oficio, estamos hablando de dones que entran como posiciones de oficio en la iglesia. Esto es: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros. Entre estos cinco ministerios habrán de distribuirse esos dones que mencionamos con las características específicas. Este es el detalle: Dones de Habla: Profecía, enseñanza, exhortación, palabra de conocimiento, palabra de sabiduría. Dones de Servicio: Discernimiento de espíritus, liderazgo, administración, fe, contribución, ayuda, servicio, misericordia, hospitalidad. Dones de Señales: Milagros, sanidad, lenguas, interpretación de lenguas.
Dones de Oficio: lo dicho: Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Sin embargo, yo creo, (Y no soy el único, te lo aseguro), que lo más importante alrededor de los dones, es conocer sus motivos de existencia. Esto es: cuál es la razón de los dones. ¿Te digo la más importante para mí y para muchos otros que he escuchado hablar de esto? Recuperar la imagen del Hijo. ¿Te digo más? Si tú recibes un don, lo ejerces con todo éxito, pero eso no aporta nada para recuperar la imagen del Hijo, ese don está en tierra inútil, no tiene caso su existencia.
Si en el grupo donde te congregas o te reúnes a dialogar de estas cosas, hay gente que tiene buenos dones pero que eso no les ha modificado su carácter, entonces tengo la sensación que algo no está como Dios había dispuesto que esté. Si un don sólo va a servir para que un montón de gente se entretenga y la pase bonito, me temo que alguien está burlándose de quien es herejía burlarse. Seré honesto cómo te mereces. Si algo aborrece Dios es todo ese almidonado de apariencia conque durante años y años se ha rodeado la iglesia en casi todas sus estructuras.
Los temblequeos de personas nunca salvaron a nadie, pero el carácter de una persona recta y que sabe enfrentar su vida con fuerza y valentía, eso sí que impacta en la gente incrédula. Sin embargo, y utilizando un idioma que me es familiar, he observado que el temblequeo tiene más prensa que la rectitud. Oye: no estoy hablando de simulación, ¿Está claro? Conocí gente que cuando le orabas, le venía ese temblequeo y era buena gente, sentían de verdad eso y no lo frenaban ni disimulaban y estaba bueno; esto es, nada en contra de ellos, absolutamente.
Lo que sí sostengo, (Y ha sido comprobado), que esa experiencia no modificaba en nada a esa persona que, en la próxima reunión, venía exactamente igual a la anterior, vivía otra vez lo mismo, se iba y así de manera permanente. Todas las personas que se han convertido por causa de mi participación en una u otra escala, llegaron a los pies de Cristo por impacto de algo testimonial que vieron en mi vida. Nunca nadie llegó a convertirse al Señor, (Al menos desde mi protagonismo), mediante recursos de teología. Se ha escrito un libro por allí que ha tenido bastante éxito en cuanto a su lectura, y que constituye casi una sátira de las formas en que la iglesia predica el evangelio en este tiempo.
“Igle-Burger” creo que se titula, o algo parecido y hace especial énfasis en una iglesia casi a pedido del miembro asistente. No es mi intención sumarme a esa sátira crítica, pero sí recalar hondo y profundo en nuestros antiguos y tradicionales errores, con la finalidad de devolverle a la iglesia el rol precioso que debía tener y perdió hace un tiempo: extender el Reino. El Reino. ¿Quién tiene en cuenta al Reino? Porque eso fue lo que predicó Jesús. Y sólo el Reino y su justicia pueden mover al sistema.
Porque mientras una gran parte de lo que llamamos la iglesia anda buscando a ver cómo puede hacer para ganar almas, cosa que de ninguna manera está mal, ni mucho menos, otra parte que tal vez sea un tanto menor, anda buscando ver cómo hace para recuperar la imagen perdida. Eso, automáticamente hace mutar a una iglesia evangelística en una iglesia transformadora. Pero, cuidado con esto: sigue haciendo evangelismo y lo sigue haciendo con el mismo énfasis, pero lo que va a cambiar será la visión global. Que en algún momento cierto liderazgo deje de prestar máxima atención al número de personas convertidas o al número creciente o decreciente de una congregación, y que se vuelque a examinar el número de gente transformada.
Es obvio que, a medida que cualquiera de nosotros, los que de una u otra manera andamos mezclados y al mismo tiempo unidos en este objetivo, hablamos, hay mucha gente que va modificando su cultura. La mentalidad evangelística que hoy por hoy es la que prevalece en la mayoría abrumadora de las iglesias cristianas, y que es buena en su esencia, sin embargo no va a cumplir con el propósito de Dios. Yo creo que ninguna nación va a ser transformada, tal como lo profetizan las escrituras más antiguas, si no es a través de vidas transformadas.
Si en mi ciudad de un millón y medio de habitantes, hay doscientos mil cristianos evangélicos distribuidos en las iglesias locales, es evidente que ellos no han alcanzado, al menos hasta este preciso momento, para transformar mi ciudad para Cristo. Me atrevería a decir que los que sí lo están intentando, son los que aun siendo muchos menos en número, por el momento no están en iglesia convencional alguna. Es decir: no tienen un templo al que asistir, pero tienen un objetivo claro para cumplir. Porque si en lugar de esos doscientos mil, yo tuviera diez mil, pero con vidas totalmente transformadas y sirviendo de ejemplo y modelo de vida santa, recta, honesta y transparente, entonces tengo la certeza que mi ciudad sería impactada y transformada en muy poco tiempo.
¿Por qué pasaría eso? Porque cada hombre o mujer sólo puede dar de lo que tiene. Y sólo si tiene una vida transformada ese creyente podrá llevar a otros a la transformación. Lo digo ahora de una forma global y, si quieres, hasta informativa. La cultura del evangelismo de nuestras iglesias, ha llenado a nuestros templos de personas, pero no ha transformado a ninguna ciudad que sirva de plataforma, ejemplo o patrón a seguir. Y eso nos lleva a seguir siendo una mayoría en población, pero una minoría en influencia. Algo está mal, es evidente. ¿Qué es? Sin dudas: El énfasis.
(45) – La Razón de Los Ataques
Esto es un proceso, y en ese marco, cometemos nuestro primer error. Hacemos un denodado esfuerzo en el evento. Tenemos que ganar, decimos. Entonces ¿Qué hacemos? Abrimos una obra y allí está la conclusión final de nuestros mejores esfuerzos. Sin embargo, cuando tenemos una mentalidad de proceso, nos damos cuenta que con ese acto nada ha terminado, sino que deberemos continuar porque lo que viene es mucho más importante. Para entender mejor esto, podríamos hacer algo de teología natural. Teología natural es adoptar una imagen de las cosas espirituales y de Dios mismo, a partir de las cosas naturales.
Veamos: cuando alguien tiene un hijo, el nacimiento del hijo es un evento. La crianza del hijo es un proceso. Ahora tengo que preguntarte: ¿En qué momento crees que termina la crianza de un hijo? Yo, particularmente, creo que nunca. Todo haría presuponer que termina cuando se casan y se van, pero ¿Sabes qué? Cuando tengan su primer hijo, seguramente van a venir a preguntarte a ti o a tu esposa aspectos relacionados con el bebé. Y luego será por la escuela, y luego por la vida. O sea que en el fondo, la crianza no termina nunca. Es un proceso. Todo en la vida natural, es un proceso.
Y ahora lo nuestro: también el crecimiento en Dios es un proceso. ¿Cómo llegan las personas a las iglesias? Mayoritariamente, con cargas. Y hay cargas que son buenas y cargas que son malas. Aportan cosas buenas, tales como sus habilidades personales, sueños, talentos, creatividad, propósitos, entusiasmo. Esa es la parte buena. La parte no tan agradable es que también traen otras cosas, tales como iniquidad, heridas, amargura, ataduras, en suma: traen un carácter. Claro que aquí es donde la iglesia en cuestión, y hablo de las congregaciones locales, tienen que saber perfectamente qué hacer con todo eso que ellos traen.
La simple experiencia de encontrar personas con graves problemas en posiciones de liderazgo nos lleva a pensar que mayoritariamente no sabemos discernir lo que trae la gente que llega. Y que todavía se asciende por carisma personal, a la manera de la política, que como todos sabemos, no siempre es limpia. El mayor problema es que en muy pocas congregaciones, o ninguna, hay grupos que yo llamaría de contención inicial, que es el que debería moverse como hábiles pescadores distribuyendo la pesca en distintas canastas. No hay eso, no interesa eso.
Entonces, ¿Qué sucede? Suceden cosas, por ejemplo, como las que muchos hemos visto: incorporar como líder de jóvenes a un muchacho que luego resulta ser un mujeriego, o un homosexual. O como líderes de niños a pedófilos. Claro, no es algo nuevo. Pablo, sin ir muy lejos, se fastidia y bastante con la iglesia de Corinto. Le escribe tres cartas, de las cuales sólo se han conservado dos, una tercera se perdió, y en ellas les habla de cosas muy fuertes. Y estamos hablando de una iglesia aparentemente sólida, que tenía los dones, que era muy avivada en el espíritu, a una iglesia que profetizaba, pero que no veía otro tipo de cosas.
Y por ahí se nos presenta Josué capítulo 6, en la derrota de Josué, por un hombre. ¡Por un hombre! Un hombre que decidió tomar un manto babilónico, un siclo de plata, un lingote de oro. Y le dijo el Señor: Israel no podrá hacer frente a sus enemigos. Entonces, cuando generalmente pasa un tiempo, y se genera un problema serio en una iglesia, la impresión central es que alguien del liderazgo ha abierto una puerta. Hay una reacción que se produce como producto de haber examinado durante mucho tiempo hechos y situaciones diversas. Lo cierto es que cuando se da en una iglesia una situación muy cercana a una hecatombe, sea lo que sea, el primer pensamiento de la gente que está madura en esto, no es dónde anda Satanás o sus demonios.
El primer pensamiento, es: ¿Dónde está Judas? Porque sabemos perfectamente que el diablo jamás podrá entrar a una casa, ya sea de una familia o una iglesia como grupo humano, donde sus cabezas espirituales estén firmes. Las veces que he estado bajo ataque, mi pregunta no ha sido como pelear o cómo responder. Mi pregunta ha sido ¿Por qué me llegó ese ataque? ¿Dónde está la puerta abierta por la cual se filtró? Hay una premisa que tiene que ver ya no con sencillos miembros de sencillas congregaciones, sino con sus personajes más importantes. Y esto nos incluye a todos por igual.
Mientras más autoridad tengas, menos espacio para equivocarte tienes. Si estás en una posición espiritual de eminencia, no puedes darte el lujo de equivocarte. Hay muchas cosas que pasan de largo en muchas personas, pero que a ti ya no te están permitidas. ¿Alguien cree que yo vivo como me da la gana, sabiendo que muchos de ustedes esperan que diga o haga algo que les enseñe algo, cada día? Claro está que esto no es algo nuevo. En el grupo de Jesús también hubo uno que estaba fallado y fue usado por el enemigo. Sin embargo, Él jamás lo discriminó.
Muy por el contrario, trató de ayudarlo. ¡Incluso le lavó los pies! ¿Te detuviste a pensar alguna vez que Jesús también le lavó los pies a Judas Iscariote? Sin embargo, a Judas nada de eso le importó. Él lo entregó a Jesús, de todos modos, después de eso. ¡Fue desechado! Mira; yo aprendí que las personas que llegan a una congregación, generalmente responden a tres categorías. Son personas recién convertidas, son hermanos que llegan de otras congregaciones o, en casos, son hermanos que por alguna razón no se estaban congregando. De todo esto, y me pongo en el lugar del liderazgo convencional, me quedo con los recién convertidos.
Con ellos puedes pelear mano a mano con cien gigantes como Goliat todos juntos. Los van a voltear de a uno. Los que llegan de otras iglesias ya son más complicados. Porque tienen una parte buena, se dan cuenta que necesitan algo. Y se puede asumir que no vinieron porque fueron expulsados, sino porque entienden que aquí hay el alimento que ellos creen necesitar. Sin embargo, también creemos que viene porque donde estaba juzgó, y juzgó que algo debería cambiar, así que no sería ilógico que venga con una alta predisposición a juzgar, cosa que el recién convertido no realiza.
El tercer grupo, tal como lo anticipé, lo constituyen hermanos que no se congregan, pero que por alguna razón ahora han decidido volver a congregarse, en este caso, contigo. Eso es considerado como muy bueno porque se lo toma como que el hijo pródigo vuelve a casa. Sin embargo, esto también tiene una contraparte. Porque recuerda que cuando retorna el hijo pródigo, mientras el padre celebra y se emociona, el otro hermano se pone bien malo y se ofende. Además, hay razones y razones para no congregarse de la manera convencional, es decir; concurrir a un tiemplo o salón. De esa es que estoy hablando aquí, porque de los que no se congregan de este modo porque entendieron que el diseño divino pretende otra cosa, no tiene caso hablar por una simple razón: jamás volverán a un templo, se llame como se llame. Será otro su camino.
(46) – Introduciéndote al Camino
Muchos me preguntan si yo creo que el diablo le puede hacer mucho mal a la gente. ¡Por supuesto que sí! Pero lo que no siempre me preguntan por vergüenza, pero seguramente lo piensan, te lo respondo de igual manera: también la religión puede dañar a las personas. Esas estructuras religiosas que no tienen a Dios, son terriblemente dañinas. Perdón, hermano; ¿Usted me está queriendo decir que existen estructuras religiosas que no tienen a Dios? No te lo estoy queriendo decir, ¡Te lo estoy diciendo! Por eso es que insisto en que todo esto tiene que ver con un proceso. ¿Y cómo lo comenzamos?
El primer paso de este proceso se llama Conversión. Y lo más curioso del asunto, es que esta palabra, Conversión, es una palabra que dice mucho y no dice nada, todo junto y al mismo tiempo. Y si no lo crees, puedes hacer un ejercicio muy simple. Hoy mismo, o en el fin de semana, cuando te encuentres con algún cristiano, pregúntale si sabe lo que significa convertirse. ¿Cuál es el objetivo de la conversión? Entrar al Reino. Porque cuando Jesús vino no les dijo que debían convertirse, les dijo que se arrepintieran porque el Reino de los Cielos se había acercado y solamente arrepintiéndose se podía entrar a él. ¿Y qué cosa era arrepentirse?
Cambiar la mentalidad. Él dice algo muy sencillo: tú no puedes entrar al Reino de los Cielos con esa mente que tienes. Claro está que, los que venimos de ascendencia católica, tenemos un problema que no tienen los demás. Nosotros estamos programados para entender que arrepentimiento, está ligado a remordimiento. Está ligado a tirarse al piso y llorar ante la imagen de San Antonio pidiéndole un marido. Pero como generalmente no le dice al santo qué clase de marido quiere, así le sale el negocio después.
Y la gente está allí, pone sus velas, hace rogativas, hace promesas, va de rodillas para cumplirlas, va de la Difunta Correa, el Gauchito Gil, (Estas dos son expresiones de idolatría muy proliferantes en la zona rural de Argentina y países limítrofes) la virgen de tal o cual. ¿Pero y eso que podría tener que ver con nosotros, que no estamos en ninguna de estas cosas? Tiene que ver con que, a pesar de no hacer absolutamente ninguna de estas cosas, es cierto, la verdad es que todavía mantenemos la mentalidad con que las hacíamos cuando todavía estábamos con ellos. Entonces, a esa gente, tú les dices que se arrepientan, y te hacen caso.
Vienen adelante, se caen de bruces, lloran, gritan, patalean, tiemblan y prometen esto, aquello y lo otro. Pero cuando termina la reunión, se van exactamente iguales a cómo llegaron. Eso porque no ha habido en realidad un proceso de arrepentimiento, sino de remordimiento. Toda la iglesia aplaudió su arrepentimiento público, glorificó a Dios por ello y, a la semana siguiente, se enteran que lo encontraron borracho en un prostíbulo. ¡Fue todo un show! Si nosotros no nos tomamos el trabajo de enseñarle a la gente a hacer lo que debe hacer para incorporarse a este proceso, no podemos quejarnos luego de los errores que ellos cometen.
Si no le pones condiciones a alguien a la hora de entrar, ese alguien pondrá sus propias condiciones cuando se sienta seguro adentro. Veámoslo así: Si yo soy evangelista y llega el momento de formular el tradicional llamado, yo digo: “Si usted hoy toma la decisión de aceptar al Señor, usted debe estar dispuesto a obedecerle en todo, desde este preciso momento. Y si no piensa hacerlo, le pido por favor que se abstenga de pasar al frente.” ¿Jesús hizo eso? ¡Claro! ¡Lo hizo! Él ganó a sus discípulos de esa forma. ¡Sígueme! Listo, no hay más. Y al instante, dejando las redes, lo siguieron. Es decir entonces que, el objetivo central de la conversión, es que la gente pueda entrar al Reino. Cuando de verdad la gente se ha convertido, el trabajo es más sencillo. No hay peor engaño que el que la gente piense que es salva, y trate de actuar como salvo y no lo sea.
(Mateo 16: 24) = Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Yo, y no soy el único, creo que no hay manera de diluir esto. Lo primero que Él te pregunta, es si quieres seguirlo. Eso significa que Jesús está en movimiento. Él no está parado o detenido. Eso significa que este es un camino constante. Luego dice: niéguese a sí mismo. En el original dice: niegue su psuche, niegue su alma. Niega tus sentimientos, niega tu voluntad. Y luego dice: tome su cruz. ¿Cuál cruz? La cruz que vas a recibir por seguir al Señor. ¡Ah! ¿Cuándo la trompeta suene en aquel día final? ¡No! ¡En este momento! Ehhh, ¡Pero yo ya tengo una cruz! Sí, claro, lo que tú ya tienes es la cruz de tus pecados.
Y a esa la vas a dejar acá. Pero el Señor te va a dar la cruz de su obediencia. La cruz de tus pecados, es pesada. Pero la cruz de su obediencia es ligera en su carga. Pero sigue siendo cruz, claro. Te va a obligar a hacer cosas que no quieres hacer. Te va a poner en situaciones en las que no quieres estar. ¿Realmente estás dispuesto a esto? ¿Verdaderamente quieres salvarte, de veras? – Perdón, ¿Está mal que me tome unos minutos para pensarlo? ¡No! ¡Qué va a estar mal! Al contrario, creo que tienes que tomarte tu tiempo para pensarlo.
¡No es un juego! De otro modo, entrarán a una iglesia llenos de simulaciones e hipocresías. ¿Y cómo se supone que con esa clase de protagonistas esa iglesia resultará más que vencedora? ¿Cómo saber, hoy, un líder, por ejemplo si sus jóvenes no son iguales a los tantos jóvenes que aún están en el mundo? ¿Qué pasaría con tantos y tantos cristianos, y no sólo jóvenes, si de pronto se dieran cuenta que nadie los está controlando ni observando? ¿Actuarían santamente, de todos modos? ¡Oh! ¡Oh!
(47) – El Primero y El Más Grande
Dentro de las iglesias tradicionales del sistema, generalmente hay una visión bastante romántica de sus miembros, especialmente de los más jóvenes. Parecen buenos, serviciales, dedicados y hasta ungidos. Pero el día que los juntas con otros jóvenes más maduros y oyen una calidad de mensaje y palabra que no es lo que están acostumbrados a escuchar, ¡Resulta que ni siquiera parecen convertidos! Han existido casos en los que un líder casi pone las manos en el fuego para defender a uno de sus jóvenes. Pero como para Dios nada queda oculto, en un momento dado se descubrió que ese joven estaba atado a la pornografía, que había abusado de su hermano menor y que en sus ratos de ocio bebía alcohol sin frenos.
¿Y ese líder pretendía defender a ese personaje porque era eficiente para todo lo que él le mandaba a hacer? Puede ser, pero en ese caso creo que estaríamos hablando de dos evangelios diferentes. A mí, modestamente, no me parece que eso sea un cristiano modelo o punto de referencia para los más nuevos. Seguramente, lo que él hizo en algún momento fue un acto de presunción de salvación, pero no de salvación legítima. Esa persona nunca entró porque nunca se arrepintió. Nunca sintió peso alguno por sus pecados. En el fondo, nunca nació de lo alto. Nunca nació del espíritu y del agua.
Este, en suma, es el primer punto básico, la conversión. Y una conversión tiene que partir de un arrepentimiento genuino, metanoeo. Como sabemos que la gente no puede cambiar su mente en dos minutos, sino que va a hacer un proceso, lo que se le pide en la conversión, es una decisión. Una decisión de no volver a vivir en su antigua manera de vivir. Eso es conversión. Lo que importa de aquí en adelante, es lo que Dios quiere para ti, no lo que a ti te parece que es correcto. Tú ya no eres dueño de nada, no te pertenece nada. Ni siquiera tus hijos, ni tu trabajo, ni tu dinero.
Todo eso le pertenece al Señor, simplemente porque Él te lo dio. Y si Él te lo dio, Él te lo puede quitar si es necesario. Ahora te vuelvo a preguntar: ¿Quieres entrar por ese camino? Es una decisión de fe, sin dudas, porque le estás prometiendo al Señor cosas sobre las cuales no gobiernas. Sí, Señor, nunca voy a volver atrás. ¡No puedes gobernar ni un milímetro, eso! Pero, al menos, sabes en qué te estás metiendo, y tu intención es la de obedecer y ser fiel. Tu corazón te salva de ser eliminado. Cuando la gente llega a una iglesia, llega con cargas totales, te diría que desalineada en sus estructuras básicas. Alguien lo ejemplificó como un vehículo con rodados de distinta medida.
(Mateo 22: 37) = Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. (38) Este es el primero y grande mandamiento.
Fíjate en este texto, porque aquí tienes con claridad el alineamiento básico que Dios quiere. Alma, corazón y mente. Y Él le dice que debe amar a Dios con su corazón, con su alma y con su mente. ¿Entre nosotros? ¡Le dijo que tiene que amar a Dios con todo lo que él es! Ama a Dios con todo lo que tú eres. En otra parte dice: con todas tus fuerzas. El alineamiento que Dios espera, no se trata necesariamente de desprenderte de tu música secular rockera, o de las imágenes de los simpáticos santitos que te regaló la fallecida abuelita. Lo que Dios pretende, es que tu alma se alinee con amor en la voluntad de Dios.
Lo que me pidas, haré, donde tú me mandes, iré, lo que tú quieras, yo recibiré. ¡Es eso! ¿Y por qué? Porque te amo, Señor. Y luego Jesús dice que ese el primero y grande mandamiento. Pero eso apareció en Israel con la ley, ¿Recuerdas eso? Era el gran mandamiento. El primero, era: oye Israel, el Señor uno es. Y el segundo era este: ama al Señor con todo tu corazón. Y es muy singular que Jesús nunca eliminó ese mandamiento. De hecho, él no eliminó la ley. Eliminó sólo una parte, que era una parte muy pequeña, la parte ritual. Esta parte sigue vigente hasta el día de hoy. ¡Y Jesús la valida ese día! Y dice.
¡Este es el primero y grande mandamiento! Entonces volvemos con todos esos casos de perversión, pecado y otras cosas que existen dentro de las congregaciones. ¿Amas a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente? ¡No! ¡Entonces déjame decirte que estás desalineado! ¿Qué pasa cuando una persona alineada, peca? ¿Es que puede pecar una persona alineada? Sí. ¿Y qué pasa cuando él peca? Le pasa lo que le pasó a Pedro, llora amargamente. Se siente mal, se llena de vergüenza, de culpa. Se le rompe el interior, se le rompe su alma, ofendió a su Señor, se siente dolido.
¿Nunca te ha tocado confrontar o tratar de ayudar, desde la verdad genuina, a alguien que se sabe perfectamente que está en pecado grave? La respuesta es seca, como negando su responsabilidad. Cuando una persona que estuvo alineada en algún momento, peca, y no se arrepiente, esa persona se llena de orgullo. Se vuelve soberbia. ¿Y cómo ayudarla? La palabra dice que Dios resiste a los soberbios. Así que parecería ser como que Dios no la quiere, ¿Verdad? ¿Y tú la quieres? Y te aclaro que cuando dice que Dios resiste a los soberbios, esa palabra utilizada como resiste, es muy suave y elegante.
(48) – ¿De Dónde Eres Nacido?
(Juan 3: 6) = Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
A propósito de este versículo, tengo una pregunta que, en un principio, puede sonar como tonta, ya que lo que voy a preguntar se ha expresado, predicado, enseñado y vociferado no una, sino diez, cien, mil veces. Sin embargo, créeme que la pregunta va a caber perfectamente: ¿Qué cosa es nacer de nuevo? Porque en esa medianoche, Jesús le responde algo a Nicodemo que, en honor a la verdad, a Nicodemo no le da ninguna respuesta. ¿Sabes qué? Jesús no tenía ninguna intención de que él entienda. Porque Nicodemo va a Jesús por curiosidad, no va por convicción o hambre y sed de saber más de Dios.
Él sabía quién era Jesús, y de hecho él mismo lo dice: sabemos que vienes de Dios, porque nadie puede hacer las cosas que tú haces si no viene de Dios. Jesús no le hace fácil el trabajo, no le aclara nada. Si yo te pido que me resumas, o me definas en pocas palabras lo que es nacer de nuevo, ¿Qué dirías? Porque la realidad es que hablamos mucho de ello, ¿No? Bueno; ahora te invito a que me expliques lo que significa nacer de nuevo, de una forma en que lo pueda entender cualquier persona. A diferencia del cambio de la mente, que es un proceso, el nuevo nacimiento es un evento. Es un acontecimiento único.
Uno no nace de nuevo en tres meses, nace en un instante. Por eso es que Jesús utiliza la palabra correcta, nuevo nacimiento. Podría haber dicho Nueva Gestación. La gestación dura nueve meses, pero el nacimiento dura unos minutos. No estoy hablando de todo un proceso de parto, eso puede ser más extenso. Pero cuando el proceso previo termina y comienza el alumbramiento, ese proceso es rápido. ¿Cómo definirías el nuevo nacimiento? Es interesante examinarlo sin influencias tradicionales o religiosas de cartón. ¿Es un evento? Sí, es un evento. ¿Pasa una sola vez? Sí, porque un evento es eso, algo eventual, único, irrepetible. Además, empieza y termina. Sería muy valioso poder encontrar respuesta clara a esto. El error surge que nosotros le llamamos evento a lo que no lo es, por ejemplo un espectáculo, que es algo organizado, no eventual.
¿Por qué digo todo esto? Porque nosotros manejamos un vocabulario, pero no sé hasta qué punto nosotros mismos llegamos a entender ese vocabulario. Y podría ir más lejos, todavía. Me bastaría repetirte una pregunta que un creyente me hace vía correo: ¿Qué significa nacer del agua y del Espíritu? Pude responderle algo porque me encontró justo haciendo un estudio sobre el agua, pero no puedo evitar ni simular que es una pregunta que, si no estás agarrado de algo, te mete en un problema. Ahora recapitulemos. Yo, y obviamente no soy el único ni mucho menos, puedo entender lo que es eso, pero mi duda es: ¿Cómo lo explico? ¿Cómo lo defino?
Porque resulta casi divertido escuchar al evangelista desgañitarse diciendo que debemos nacer de nuevo del agua y del espíritu, un montón de gente que va a una iglesia vociferando ruidosamente ¡Amén! pero uniéndose a los incrédulos presentes a la hora de no entender nada de lo que este buen hombre está diciendo. Tenemos el “amén” demasiado fácil…Debo decirte que, a partir de esto, hay algo más que aparentemente el Espíritu Santo ha puesto por carga en muchos corazones fieles, justos y sinceros.
Ahondar sobre este tema. Porque las cosas más básicas y fundamento de la vida cristiana, esto es el nuevo nacimiento, el bautismo del Espíritu Santo, el nacimiento del agua y el espíritu, son repetidos de manera sostenida y permanente en todas las iglesias cristianas del planeta, pero si sacudes la estructura personal de cada hermano o hermana, incluido líderes y hasta los propios predicadores, te darás cuenta que nadie entiende ninguna de estas cosas. Decimos que creemos todo eso, y nadie podría dudarlo, pero: ¿Cómo podrías creer lo que no entiendes? Llévalo a una forma práctica y vivencial, ¿Cómo lo haces?
Jesús dijo: Lo que es nacido de carne, carne es; lo que es nacido de espíritu, espíritu es. Punto. Recapitulemos: Punto uno, conversión. Entiendo por conversión al proceso de que una persona entra al Reino por la puerta correcta, es decir, a través del arrepentimiento. Se alinea. Esto quiere decir que se predispone para amar a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente, y nace de nuevo. Aquí hay un proceso regenerativo. Nacer de nuevo. Regeneración. La persona cambia su genética en el nuevo nacimiento. Es una acción instantánea, en la que su naturaleza anterior queda destruida por completo. Por eso Pablo dice que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo. Por eso dice que el cuerpo del pecado fue destruido.
¿Qué es el nuevo nacimiento, entonces? Es el proceso en el espíritu en el que yo nazco de nuevo, de tal manera que mi genética completa, cambia. Vuelvo a tener una genética en donde el pecado ya no está presente. El gen del pecado, es extraído. De acuerdo, pero haré una pregunta que no te sonará descolgada, seguramente. ¿Por qué se supone que siga pecando una persona que nació de nuevo? Respuesta simple: por costumbre. Porque en los vericuetos de su mente, no acepta que pueda vivir sin pecar. Porque ha adoptado un patrón de pensamiento. El nuevo nacimiento, no cambia la mentalidad, cambia la naturaleza. No cambia tus pensamientos, cambia en esencia lo que tú eres. Por eso es que se puede entrar de inmediato al segundo punto. Y nadie podría entrar al segundo punto si no ha pasado el primer punto.
(49) – ¡Cisternas Sin Agua!
¿De qué estoy hablando? De la Sanidad Interior. Porque, entendamos esto sí o sí: nadie puede hacerle sanidad interior a alguien que no fue salvo. Y que conste que cuando hablamos de sanidad interior, no estamos hablando de ninguna manera de liberación. Sí se puede incluir, pero no es el centro de todo esto. Lo que llamamos sanidad interior, está asociado a quitar de tu mente las señales de derrota. Los puntos de quiebre, los puntos falsos de apoyo. Aquello que el nuevo nacimiento no trabaja. El nuevo nacimiento no procesa esto, es una acción de fe, es una acción en la cual la persona cambia su genética.
Pero sigue pensando igual, le siguen doliendo las mismas cosas, se acuerda de las mismas cosas, no le viene ninguna clase de amnesia. Se acuerda de la gente que la ha herido, se acuerda de lo que ha hecho, de lo que no le han hecho, se acuerda de todo. Entonces, esa persona que nació de nuevo, es expuesta a un proceso paulatino, lento, en el cual puede examinarse a sí mismo, y empieza a quitar, usando su propia voluntad y el poder de la nueva naturaleza que está dentro de él, para retirar aquello que era un motivo de quiebre. Lo que no se puede hacer es sanidad interior si no se ha nacido de nuevo.
¿No has visto a hermanos que han pasado por un curso completo y han salido igual a como estaban antes de empezar? ¿Se hizo mal el curso? ¡No! ¡Ellos no eran nacidos de nuevo! ¿Te lo digo más claro? ¡No estaban convertidos, todavía! Cuando el Espíritu Santo baja, en Hechos 2, empieza un proceso en los discípulos. En ese proceso, ellos son sanados de muchas cosas. Eso se ve, se lee, se puede entender. Es la reacción que tiene Pablo con Juan Marcos, al principio, ¿Recuerdas? Y cómo luego, al pasar el tiempo, dice: ¡Tráiganme a Juan Marcos! Algo pasó, se resolvió, lo trabajó.
Pregunto: ¿Cómo podemos predicar un evangelio perfecto, siendo imperfectos? ¡Qué desafío! ¿Verdad? La sanidad interior, que en algunos lugares fue utilizada como campo de experimentos de la llamada psicología cristiana, en la realidad fue el producto de una necesidad real. Había gente genuinamente convertida que, sin embargo, no podía resolver cosas que, teóricamente, deberían haber quedado resueltas con su conversión. ¡Debe ser un demonio!, gritaban los más impetuosos ante casos así. De acuerdo, respondían los más calmos: saquemos a ese demonio, entonces. Pelea espiritual de alto nivel y listo, el demonio salía.
Sin embargo, tiempo después la misma persona seguía con el mismo problema. Pero, en realidad, ¿Estaba convertida esa persona? Sí, estaba convertida. ¿El trabajo de liberación, fue exitoso? Sí, fue exitoso. ¿Y entonces por qué no resuelve su problema? Allí fue donde muchos líderes se dieron cuenta que había algo en algún recóndito interior de ese ser, llámese el alma, la mente, la voluntad, nadie lo sabía, porque nadie tenía ni la menor idea sobre esto hace algunos años. Había un bosquejo muy simple, o simplista, que evidentemente no alcanzaba. Debía haber algún derecho legal dentro de esa persona que determinaba que algo se estancara allí y no se lo pudiera expulsar.
(Jeremías 2: 13) = Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
¿Primero dice qué cosa? Me dejaron a mí, fuente de aguas vivas. ¿Y después? Cavaron para sí, cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. Ahora, yo sé que soy una cisterna de agua. ¿Y cómo lo sabes? ¿Por el modelo? No, para nada, sino por lo que Jesús les dijo. Jesús les dijo: si tú creyeres, de tu interior correrán ríos de agua viva. Esa conversación de Juan 4 con la samaritana. Jesús en el templo. Entiendo que Él es agua, entiendo que yo soy quien recibe el agua, pero aquí dice ¿Qué pasa si la cisterna está rota? Significa que no puede retener el agua. Y todos los maestros tenemos experiencias en esto más o menos similares.
Enseñamos una y otra cosa para que, al mes, nadie se acuerde de lo que hemos enseñado. Es como vaciar agua y que el agua se pierda. ¿Y por qué se supone que pasa eso? Simple, porque hay una grieta, una rajadura. Entonces, de inmediato, la pregunta, es: ¿La conversión fue capaz de arreglar esa grieta, esa rajadura? No. ¿Y dónde está? Y no lo sabemos. Ahí es, entonces, donde empezamos a desarrollar el tema del rechazo y todo lo que lo sigue. Porque todos creemos que tiene que haber una lógica en esto.
(Isaías 55: 8) = Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.
¿Por qué dice eso? Ahí tienes; gente que ha nacido de nuevo, pero que no piensa como Dios. Tiene sus propios pensamientos. Dios le está hablando a su pueblo, no está hablando con mundanos incrédulos. Mis pensamientos no son vuestros pensamientos. ¡Se lo está diciendo a su pueblo! Un pueblo que tenía la ley. ¿Sabes lo que era la ley? ¡El resumen de los pensamientos de Dios! ¿Por qué no vivían eso? Tiene que ver con el alma, tiene que ver con la sanidad interna, que, si es realizada por un profesional, ya sea psicólogo o psiquiatra, obviamente registrados como cristianos, se va a dar cuenta en el acto si la persona entrevistada está mintiendo, pero no podrá ir más allá de eso. Me miente, punto. Pero si quien hace esa sanidad es un profeta, no sólo se dará cuenta de que la persona está mintiendo, sino que además se dará cuenta de quién le está hablando en cada momento de la entrevista. ¡Los ministerios siguen originándose en el Cielo, no en la Universidad!
(50) – A la Hora de las Ciencias
No tengo absolutamente nada en contra de las ciencias de la mente, sea la psicología o la psiquiatría. De hecho, he compartido hermosos momentos con unos y otros de estas disciplinas y hasta he podido trabajar codo a codo con ellos. Lo que estoy diciendo es que la llamada sanidad interior, tiene vinculación directa con la liberación, y a esto no lo puede hacer ningún profesional de nada. O lo hace un hombre o una mujer de Dios, o no lo hace nadie. De todos modos, lo importante de esta disciplina, que algunos insisten en catalogar como nueva, pero que no lo es tanto, es que la gente no sólo puede abrir su corazón y hablar de todo lo que la abruma, sino que de alguna manera y desde algún lugar de su estructura, es feliz haciéndolo.
¿Por qué va la gente a sanidad interior? Porque le pasa algo que no puede solucionar. ¿Y se da cuenta lo que le pasa? Sí, lo que le pasa siempre está dentro de su conocimiento. Lo que generalmente no sabe es por qué razón le pasa lo que le pasa. Y es por eso que muchas profesiones han alcanzado niveles extraordinarios de aceptación y recurrencia. ¿O no hay miles y miles de personas que pagan una buena suma por una hora, que en realidad son cuarenta y cinco minutos, que alguien le destina simplemente a oír todo lo que tenga ganas y necesidad de decir?
Y que, mayoritariamente, esas terapias resuelven algunos pequeños conflictos visibles, pero se chocan contra un techo de granito para con los problemas de fondo. Tienes que perdonar. ¡Ah, sí, ya lo sé, pero no puedo! Tendrás que poder. Y además tienes que olvidar. ¡Y eso es lo que quiero desde que me pasó eso, pero tampoco lo consigo! Es curioso y hasta ridículo que la gente pague y pague muy buenas sumas, para que alguien le diga lo que ya sabe, le dé soluciones que ya conoce pero no puede ejercitar y, finalmente, que le diga que lo mejor será que deje por un tiempo la terapia, ponga en orden sus ideas y luego regrese.
Mucho de lo que tiene que ver con la sanidad de una persona, está relacionado con el proceso que Dios sigue en una vida. Ejemplo: una persona que pasa por liberación y es liberada de un demonio de los grosos, que luego pasa por sanidad interior y es sanada de sus problemas más potentes, es una persona que se recompone y comienza, casi como respuesta lógica, a ejercer un ministerio de alcance. Sin embargo, ocurre que cuando empieza a conocer más de Dios y a meterse dentro del pensamiento de Dios, se da cuenta que hay un área puntual, específica y concreta en su vida que jamás fue tratada ni sanada.
La gran pregunta que se hacen muchos líderes y ministros, aquí, es: ¿Y por qué no salió a la luz eso cuando fue liberada o sanada interiormente? Porque nadie hubiera sabido qué hacer con ese asunto. Es como cuando se ministra un niño con un problema de rechazo y se descubre que su papá es masón. ¿Podrá un niño pequeño entender cómo romper la masonería en su vida? ¡No! Lo cierto es que la única forma de salir de esto mediante aquel elemento que está presente a lo largo y a lo ancho del evangelio: la fe. Te vas a dar cuenta que la fe puede crecer o puede menguar.
Se sobreentiende que alguien que se convierte, crece, madura y se pone a ministrar, va adquiriendo mayor cantidad y calidad de fe. Y cuanta más fe tenga, mayor será la posibilidad de descubrir, tratar y sanar el problema mayor. De todos modos, la sanidad interior es algo que se promociona mucho y, con seriedad y conocimiento espiritual del tema, se realiza muy poco. La mayor parte de las congregaciones andan de curso en curso y de clínica en clínica, pero la realidad es que todo no va más allá de la promoción, la celebración y los invitados de nivel.
Luego, cuando quieren encarar obras importantes, no les da la cantidad de hermanos aptos por causa de que la gran mayoría todavía está herida por cuestiones de su infancia. Y esto tiene que ver con algo que decíamos antes. Nuestra obligación, la que verdaderamente agrada a Dios, es la de capacitar a la gente para que sea la gente la que edifique el cuerpo. Hoy eso no está ocurriendo. Y yo pienso exactamente igual que tú respecto al individualismo y egocentrismo que hay en los pastores y los líderes, pero tengo que reconocer que, si en cada congregación les sacas los pastores y los líderes, la iglesia se paraliza y nadie más hace nada.
¿Por qué? Porque la gente no sabe edificar el cuerpo. ¿Será quizás porque nadie se los enseñó? Tal vez, pero tampoco nadie hizo demasiada fuerza para aprenderlo, reconozcamos. Así como el mundo secular encara la mayor parte de sus asuntos con cierta liviandad, alta exposición y no poca frivolidad, cuando alguien se convierte, conserva por mucho tiempo su programación anterior y, como no podría ser de otro modo, también toma al evangelio con las mismas pautas. El resultado es lo que hoy vemos como iglesia. Puede ser que algunas hayan podido borrar sus manchas, pero arrugas tienen todas las que quieras.
(51) – La Generación de Una Cultura
Ahora veamos: ¿Por qué Jesús no tocó todos estos temas con los discípulos? Porque todo el ministerio de Jesús giró en torno a un punto central: desarrollar la fe en los discípulos. La fe necesaria para que, cuando viniera el Espíritu Santo, fuera el Espíritu Santo el que hiciera todo lo demás. Por eso es que no les dio diseños de edificación. Les habló de tres elementos básicos: el amor a Dios y a la gente, la justicia y la fe. Y esas tres cosas, nacen del corazón. ¡Y Jesús les cambió el corazón! Pero cuidado, no tocó su mente. Por eso es que ellos no entendieron ni que iba a morir, ni que iba a resucitar, es decir: ¡No entendieron nada!
¿Y sabes qué? A Jesús no le afectó que ellos no le entendieran. Él ya sabía que no lo entendían. Él mismo cuando explicaba algo, decía: ¡Yo sé que me escuchan, pero no me entienden! Pero cuando venga el Espíritu, Él los hará conocer todas las cosas. ¡Oh! ¿Cuándo vamos a creer el evangelio completo? Sí, claro, todo esto está muy bonito, pero el Espíritu no podía venir si no había una plataforma de fe. Cuando el Espíritu viene se mete hasta las coyunturas, y ese es el que empieza a manifestar los cambios. Por eso es que soy tan cáustico con los cientos de modelos que andan girando por las iglesias, por allí.
Porque creo que en algún momento la gente se desconecta del Espíritu Santo y se abraza al modelo. Es como cuando decidieron crear estructuras para adorar mejor a Dios. Terminaron adorando la estructura que ellos mismos habían creado. Y eso, te guste o no te guste, se sigue llamando: Idolatría. Sin embargo, y aún en contraposición con lo que acabo de decir, entiendo y reconozco que algún modelo deberíamos adoptar, al menos para saber para dónde vamos. Porque que existan miles de iglesias no es algo que haga feliz a Dios. A Dios lo hará feliz saber que hay gente que se conecta con su destino y es capaz de establecer su propósito en el lugar en el que le tocó nacer.
Todo esto, va generando una cultura. Si tú reúnes a un grupo de varias congregaciones, y se formulan entre sí preguntas que tienen que ver con la calidad, cantidad y cualidad de la ministración que han recibido o están recibiendo, se van a dar cuenta que la gran mayoría, no tiene ni la menor idea de lo que se le está hablando. Ejemplo: ya sabes que no tengo absolutamente nada con el don de lenguas, de hecho yo lo tengo, gracias a Dios. Pero no entiendo ni admito que domingo tras domingo haya congregaciones enteras que se reúnen sin otra finalidad que hablar en lenguas, todos a la vez, sin nadie que interprete y que con eso se sientan felices y cumplidos.
¿Para qué lo hicieron? ¿Cuál fue el fruto, el resultado? Y todo esto es principalmente porque Dios está cambiando nuestra cultura. Y eso es bueno. Pero claro, estamos enfrentados a otro tipo de desafíos. La persona que ha sido sanada, está esperando también que su vida sea diferente. ¿Y qué pasa cuando no es diferente? Me parece que algo deberemos haber hecho mal. En algún momento se nos escapó la tortuga. Ya lo sabemos, pero bien vale la pena repetirlo. Lograr o llegar a lograr la identidad o la imagen del hijo de Dios por adopción que es cada creyente, pasa por un proceso. Ese proceso comienza con la conversión.
Y la frase que mejor expresa lo que significa Conversión, es entrar al Reino. Y este entrar al Reino involucra necesariamente el arrepentimiento, el alineamiento y el nuevo nacimiento. En una segunda etapa, la persona que de verdad nació de lo alto, empieza un proceso de sanidad a fondo, cuyo objetivo de máxima, es limpieza; limpieza en profundidad. ¿Por qué? Porque la gente viene quebrada, porque sus pensamientos no están alineados con Dios, así que se deberá desarrollar algún tipo de estrategia. Y tiene que haber una ministración, necesariamente, que no tiene que enfocarse solamente en una liberación, sino también de ser necesario, en una restauración.
Y allí es donde llegamos a la tercera etapa que se podrá mostrar seguidamente. Voy a darte la palabra central de esta etapa: discipulado. Creo que cuando digo discipulado, la mayor parte de los que me leen o escuchan allí del otro lado, tienen alguna idea, al menos vaga, de lo que es. Entendemos como discipulado, al proceso por el cual una persona se conecta con su destino. Con lo que Dios tiene para ella. Si tú dices que discipulado es formar el carácter de Cristo, es correcto. Si en cambio dices que es equipar a una persona para la obra del ministerio, también es correcto. Todo es depende desde dónde estés mirando al discipulado.
Ahora bien; entonces ¿Por qué no pongo esa definición? Porque estoy rompiendo una estructura. Esa visión monocromática, que sólo puedo servir al Señor en una congregación local. Ya se van a dar cuenta, muchos de ustedes, que hay mucha gente que tiene un llamado para trabajar con los ministerios, pero no dentro de una congregación, sino fuera de ella. Entonces, cuando se habla de discipular, como el conjunto de herramientas que preparan un ministro, la mayoría de la gente asocia a eso a un servidor de la congregación, un servidor interno. Por eso es que estamos hablando de destino.
Todos tenemos un destino en Dios. De hecho, no todo destino de estos, mira para adentro de la iglesia. Para una enorme cantidad de gente, su destino mira para afuera. Entonces, el discipulado es la herramienta, es el recurso de Dios a través del cual la iglesia ayuda a una persona para que se conecte con su llamado. ¿Cómo se produce esto? El objetivo inicial, de los varios que va a tener el discipulado, es un cambio de mentalidad.
Es menester que en esta etapa, la persona se predisponga a dejar de pensar como pensaba, y empiece a pensar tal como piensa el cielo. De hecho, es un proceso que involucra tiempo, esfuerzo y también una estrategia. Ejemplo: cuando decimos que enviamos a un niño al colegio para que aprenda y se eduque, quizás sea verdad, pero no solamente se espera que aprenda a leer, escribir, sumar y restar, sino que en realidad esperamos que se esté capacitando para la vida.
(52) – La Renovación del Entendimiento
Creo fielmente que algo tiene que modificarse en nuestra cultura. Y no me estoy refiriendo a la cultura argentina, ni a la colombiana, ni a la mexicana ni a ninguna de las representadas en este espacio. Lo que estoy queriendo decir es que yo no puedo pretender vivir el evangelio que está escrito en mi Biblia, con la mente que tengo. Con toda honestidad, tendrás que asumir que en cualquier momento te quiebras. Por otra parte, estoy convencido que mientras no afectemos la mente de esta generación, no podremos saber si nuestra presencia como iglesia ha sido positiva o no. Dicho de otro modo, si tú tienes una congregación local instalada en un lugar de la ciudad desde hace veinte años y no ha podido cambiar absolutamente nada de lo que la rodea, me temo que en ese lugar se está hablando de cualquier cosa, menos del evangelio de Jesucristo.
(Efesios 4: 23) = y renovaos en el espíritu de vuestra mente, Hay otra versión que lo dice así: Esto pues, digo, y atestiguo en el Señor: que ya no caminéis, según también las gentes caminan en vanidad de su inteligencia.
(Romanos12: 2) = No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Se nota, por lo que dice en este último pasaje, que no hay manera de conocer la voluntad de Dios para la vida de alguien, sino involucra un cambio de mentalidad. Entonces, lo que llamamos discipulado tiene, como primer objetivo, cambiar la mentalidad de la gente. De hecho, nadie podrá estar seguro de si se puede cambiar la mentalidad a toda la gente. Claro está que, si tu metes a doscientas personas en un mismo salón para recibir discipulado, algún tiempo largo después, vas a darte cuenta que los que lograron cambiar su mentalidad, fueron no más de treinta. ¿Y qué pasó con los otros ciento setenta? No pudieron hacerlo.
¿Fallamos, entonces? No, porque en ese caso, Dios también habría fallado cuando sacó al pueblo de Israel de Egipto. Porque lo que Dios quería, era que todo ese pueblo que salía de Egipto, (Aseguran que como un millón de personas), llegara y entrara a la Tierra Prometida de Canaán. Sin embargo no fue así. Solamente entraron los jóvenes menores de veinte años, más dos personas mayores, nada más. El resto se quedó en el desierto. ¿Tenemos que suponer que Dios sacó a ese pueblo al desierto para que se muriera allí? ¡No! ¡Dios lo sacó para llevarlo a la Tierra Prometida!
¿Y por qué no pudieron entrar, ellos? Porque nunca cambiaron su manera de pensar. Entonces podemos ver que, el punto débil de este asunto, es el hombre. Si a Dios hubo de fallarle eso, es posible que a ti, a mí y a cualquiera que pretenda discipular, también le falle. No será posible que toda la gente que ingresa a mi Web cambie su mente. Habrá un porcentaje que sí, gloria a Dios; pero habrá otro porcentaje que no, gloria a Dios. Eso de ninguna manera nos tiene que hacer sentir mal.
Fíjate que tenemos treinta y nueve libros en el Antiguo Testamento que están dando testimonio de que no todos son todos. La idea es que todos pasen, pero si algunos no pasaran, para ellos hay una segunda opción. No es un plan “B”, es una segunda opción que podemos llamar equipamiento de vida. Teniendo en cuenta, obviamente, que la vida no es algo, es alguien. Es Cristo mismo nuestra vida. Ese es el equipamiento de Dios en nosotros. ¿Eso es equipamiento de vida? No lo sé, mira:
(Lucas 11: 52) = ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis. (Durante el despertar espiritual que hubo en mi país en los años 90, fueron muchos los que, tocados por la unción del Espíritu Santo, deseaban darle un golpe de timón a la iglesia esgrimiendo alto poder de Dios. ¿Sabes contra quienes chocaron? Contra la mayoría de los líderes que, por no haber aceptado ese mover como proveniente del Espíritu de Dios, no lo habían recibido, y por lo tanto consideraban a todo lo que sentían y movían personas de menor rango, como “fantasías” que debían ser neutralizadas. Lo fueron. Y salvo algunos “sobrevivientes”, lograron frenarlo. De eso mismo es, puntualmente, que habla este texto).
(Mateo 16: 19) = Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. (Es más que valioso e importante saber la cualidad de tu palabra, de lo que sale de tu boca. ¿Atas para victoria? Habrá victoria. ¿Atas para duda y derrota? Habrá duda y derrota. ¿Por qué? Porque todo lo que digas con tu boca, creyendo, te será hecho. ¿Simple, verdad?)
(Lucas 8: 10) = Y él dijo: A vosotros os es dado conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. (El que suponga que esto tiene que ver con cristianos y ateos, se está equivocando feo. Esto tiene que ver con creyentes y religiosos. Porque cuando Dios da a conocer sus misterios por medio de una revelación de Su Espíritu Santo, los únicos que accederán a esas revelaciones, serán los creyentes. Para los religiosos, sólo será algo que oirán y verán, pero no entenderán).
Escucha esto: de la gente que estaba con Jesús ese precioso y tremendo día cuando comen los peces y los panes, esos que llenaron su barriga de tal modo que sobraron canastos enteros y nadie les prestaba atención. De todos esos, ¿Cuántos crees tú que entendieron lo que Jesús estaba hablando? A mí, si tengo que decirte la verdad pura, se me cae y se me nota el pesimismo, me dan ganas de decir que nadie lo entendió. Pero voy a asumir que hubo un grupo de doce hombres a los cuales Él se toma el trabajo de explicarles las parábolas, que son sus discípulos, Asumamos que ellos, los doce, sí le entendieron.
A lo mejor algunos más, Marta, Lázaro, qué sé yo. Pocos, en relación, de todos modos. Sin embargo, algo es realidad: ¡Todos comieron! Lo pongo así: aunque no todos entendieron, todos disfrutaron. Lo que te estoy queriendo mostrar, y al mismo tiempo enseñar como principio válido, es que no tuvieron que entender para poder comerse el pescado y el pan. O sea que vemos que Jesús les permite comer a todos, entiendan o no. Pero, entonces, ¿Jesús no es selectivo? Sí, lo es; pero lo que no hace es cerrar la puerta. Elige con quien quiere estar, pero no cierra la puerta.
Si eran cinco mil personas las que había allí, ¿Cuántas pudieron ver lo que estaba sucediendo allí? ¿Cuántos pudieron ver que los peces y los panes fueron provistos por un niño? Muy pocos, quizás los que estaban bien adelante, los que estaban más cerca, los que escucharon la oración, los que vieron reproducirse todo. Pero ¿Y los otros? ¿Los que estaban alejados y tal vez hasta entretenidos hablando entre ellos? Por haberme movido en el ámbito de la comunicación masiva, siempre me pregunté: ¿Cómo hizo Jesús para hablar y ser escuchado por cinco mil personas sin un micrófono o amplificador?
Cuéntamela como quieras, pero así fue y no hay explicación…lógica… Para mí, ellos vieron aparecer canastas y canastas de pan y de peces y hasta se deben haber preguntado quiénes habrían pagado todo eso. Yo tengo mis dudas si se llegó a difundir totalmente cómo fue que apareció todo eso. Sin embargo, lo hayan sabido o no lo hayan sabido, ¡Todos comieron! Hoy, más quisiera yo estar en una iglesia donde todos coman, aunque luego todos no entiendan.
Y cuando hablo de los que no entienden, que se sepa bien que no estoy ni discriminando por intelecto o estudios de teología, ni tampoco juzgando. Creo que todo pasa por lo eminentemente espiritual. Porque los que no entendieron ni están entendiendo, no son personas que no quieren entender porque no les da la gana. Más bien son gente que por alguna razón que no hemos visto, ¡No pueden entender lo que otros sí entienden!
(53) – Mentalidades Monocromáticas Vigentes
Mi madre aceptó al Señor minutos antes de su muerte. Y no me dio tiempo para enseñarle nada, mucho menos para cambiarle su mentalidad que por años estuvo culturalmente prisionera del catolicismo romano. ¿Y voy a dudar de su salvación por eso? Es como si dudáramos de la salvación del ladrón arrepentido porque no pudo bautizarse. Hay mandamientos que pueden y deben respetarse, de acuerdo, pero la ley del amor es mucho más grande que cualquier mandamiento. Por eso siempre vamos a pensar con cierto criterio coherente, que Dios no va a tratarnos a todos de la misma manera.
Hay algunos que llegaron muy tarde al Señor, pero no tan tarde como para no salvarse. Dios tiene cuidado de las personas muy por encima de lo que nosotros podemos imaginarnos. Hay gente a la cual quisiéramos llevar a la salvación y no podemos. O no nos atrevemos. Y ni siquiera podemos imaginarlos convertidos. Sin embargo, Dios sabe cómo hacer ciertas cosas que nosotros no sabemos. Las personas que no van a poder cambiar su mentalidad por culturas muy fuertes, por ejemplo, o porque vienen con vidas muy destruidas y se tarda tanto en recomponerlos, deben ser atendidas de la misma manera y con la misma abnegación y entrega que a las otras.
En este caso, lo mejor que podemos hacer es equiparlos de la mejor manera para lo que les queda de vida. Hay personas que vienen a la vida con un rol que, luego de ser cumplido, retornan a la casa del Padre, cosa que por allí les parece tremenda e injusta a los que quedan en esta tierra, pero que en los ámbitos espirituales es totalmente justa y sujeta al diseño divino. ¿Quieres un caso testigo? José. José, el padre carnal de Jesús. José vino a esta tierra casi con exclusividad para cuidar y proteger a María y al Jesús niño. Pasó las suyas para casarse con María y luego de casado para andar a lomo de asno para huir y salvar al niño de la persecución de Herodes.
Una vez que cumplió su tarea, se fue. José murió cuando Jesús era muy joven, todavía. ¿Cómo sé esto? Hay historiadores que lo mencionan, pero la mejor prueba es que, cuando Jesús comienza su ministerio, a la edad de treinta años, la que aparece de vez en cuando compartiendo y observando, es María. Pero José jamás se menciona dentro del tiempo ministerial de Jesús. De hecho, la última mención de José, al menos implícita, es cuando Jesús tiene doce años y se les pierde en el templo. Entonces, ninguno de nosotros puede saber para qué ha sido llamado cada uno, jóvenes, adultos y adultos mayores, como ahora se les dice, usando el eufemismo, a los ancianos.
Yo no sé por qué tu madre es como es, vivió lo que vivió o no vivió lo que no vivió. Pero sí sé que una de las cosas más importantes que hizo tu mamá, fue traerte al mundo a ti. De hecho, en la mentalidad monocromática que tenemos, parecería ser que la gente sólo vale si se convierte. Perdóname, pero ese es un pensamiento altamente sectario. La primera cosa buena que hicieron tus padres, fue traerte a este mundo. ¡Pero hermano! ¡Es que ellos no conocen al Señor! Puede ser, pero Dios los usó a ellos para que tú estés hoy, en este día, invirtiendo tu tiempo en esto.
Creo que cuando la ley se convierte en algo tan obtuso, que no permite adaptarse al corazón del hombre, ya no sirve. Porque, veamos: ¿Qué es más importante para el Señor, el rito o el corazón? Y no estoy diluyendo ningún mandamiento, lo que es santo, es santo, y lo que es profano, es profano. De todos modos, los resultados del discipulado son inmensamente mensurables. De hecho, no existe un modelo de discipulado del que se pueda decir: ¡Aleluya! ¡Este es! El mayor problema en esto es que no existen indicadores que determinen cuándo una persona está lista y cuándo todavía le falta un golpe de horno.
La duda, entonces, es: ¿Hay resultados concretos del discipulado que puedan determinarse? Sí, los hay. Uno de ellos, mejorar las relaciones con las personas. Hebreos 12:14 tiene, de alguna manera, la llave bíblica de eso: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. O sea, a través del discipulado, van a aprender a llevarse bien. Ahora pregunto: ¿Muestran paz entre ellos, todos los cristianos que conoces? Y la otra: ¿Están todos ellos en santidad, esto es, en consagración plena al Señor? No me respondas, sólo piensa. En segundo lugar, victoria sobre las finanzas.
3 Juan 1: 2: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. Gran parte de los problemas financieros que tienen las personas, y estoy hablando de escasez, de endeudamiento, obedecen a mala administración, e ignorancia de las leyes espirituales. Fíjate que en esto, está comprobado fehacientemente que sólo un uno por ciento es culpa del diablo. En el resto, ya leíste el verso. Si tú tienes hoy problemas financieros, es porque tu alma algún problema tiene. Y ese es el problema que debes resolver primero. Luego vendrá el otro.
Convengamos algo: la gente, cuando llega al Señor, sea como sea, llega estéril, árida, gris, cerúlea, cadavérica, casi. Es nuestra obligación como iglesia, y no estoy hablando de lo institucional sino de lo global, de lo humano, de lo corporal, convertirla en fértil, verde, aromática, llena de vida. En tercer lugar, viene la victoria sobre las emociones. O en las emociones. Tito 2:12, dice: enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, Normalmente la gente viene al Señor con muchísimas heridas en el corazón.
Cosas que les pasaron, cosas que les hicieron, cosas. Entonces, la pregunta que haré y que aunque parezca descolgada tú y yo sabemos que no lo es, es: ¿Qué pasará con ese líder que un buen día se escapa con la hermanita de la alabanza como si fueran dos fugitivos de la justicia? Independientemente de lo que tú pienses al respecto, es notorio que hay un tema en sus emociones y sus sentimientos que jamás trabajaron. ¡Eran tus hermanos! Y ahora son dos fugitivos de la justicia. ¿De la justicia de Dios? ¡No! ¡Dios los conoce y tiene muy claro lo que ellos padecen! Es la justicia de los hombres la que los persigue.
Y lo peor, casi en el nivel de venganza. Entonces, ¿Esto sería una defensa para con esos hermanitos fornicarios o adúlteros? ¡Ni lo sueñes! Sólo procura ser justicia genuina, algo que el hombre conoce muy poco, porque se deja influir por la suya propia. Claro está, y convengamos, en que estos hermanitos jamás pudieron filtrar sus sentimientos. Qué podían permitirse sentir y qué no podían permitirse sentir. Cuando una persona rompe sus compromisos, ya sean estos matrimoniales o previos al matrimonio, lo que está mostrando es que no es una persona confiable para nadie.
Y cuidado, porque no es un tema que tenga que ver necesariamente con una mujer. Si tú eres creyente fiel y tal como lo diseña el Señor, y tienes una empresa que necesita alianzas y sociedades, jamás podrías asociarte con alguien que haya pasado por un adulterio, sea hombre o mujer y tenga el dinero que tenga para aportar. Si no pudo ser fiel con la mujer o con el hombre con el cual dormía todas las noches, ¿Quién te asegura a ti que lo será con el dinero o las situaciones que tú pongas bajo su responsabilidad?
(54) – El Asunto de la Salud Física
¿Por qué? Porque en la dimensión del Espíritu, vas a darte cuenta que hay una relación directa entre lo espiritual y lo natural. ¿Qué quiero decir con esto? Que no vas a tener nunca a alguien lleno del Espíritu, viviendo mal. Jesús lo dijo bien claro: no sale agua dulce de una fuente amarga. Entonces, cuando la persona comienza a trabajar sus emociones, no puede ni debe tolerarse pensamientos que incluya a personas que ya están comprometidas. Allí sí es cierta aquella vieja premisa de: soldado que huye sirve para otra guerra. Aquí sí. Yo realicé un trabajo en mis producciones especiales que trata de demostrarte que en todo lo demás, no es así.
Y no lo es en aquel punto que tocamos allí, pero en este, tengo que asumir que sí. Es necesario que una persona asuma tomar toda la responsabilidad por lo que se permite sentir. Esa es tu oración cotidiana, sea quien seas, tengas la edad y la condición civil y social que tengas. Yo soy responsable por lo que siento. ¿Te das cuenta que después de declarar en voz alta esto, nunca más vas a poder excusarte diciendo que te enamoraste sin darte cuenta? ¿Y cómo se llama esto? Se llama disciplina, se llama amor a Dios, se llama obediencia, se llama pacto, se llama compromiso, se llama muchas cosas, aunque en esencia es simplemente carácter.
¿Y entonces por qué estamos hablando de cambiar la mentalidad y no de cambiar el carácter? Porque hasta el día de hoy, nadie ha podido separar esas dos cosas con claridad. Donde está la mentalidad, está el carácter, donde está el carácter está la mentalidad. Entonces, para no meterme en los vericuetos de carácter y toda la terminología psicológica, prefiero hablar de mentalidad, porque ahí está asociada la mente y el corazón. Luego tenemos la victoria en la salud. Es imperativo que el creyente aprenda, de alguna manera y mediante alguna forma, a cuidar su cuerpo.
Porque dice la palabra que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, y no es coherente que por seguir los dictados del sistema perverso en el cual vivimos, los creyentes descuiden ese templo y lo dejen derrumbarse. Quiero decir algo que no sé si todos saben. La salud es un área de guerra espiritual tremenda. Es un área de guerra. En este tiempo hay una batalla muy fuerte en esa atmósfera. ¿No te parece que así como se enseña que la iniquidad es tal o cual cosa, se debería enseñar cómo borrar las señales de la iniquidad que vienen a través de las enfermedades?
De allí que todo ministerio profético que tenga peso, o que se está proyectando en una dimensión de Reino, va a darse cuenta que necesariamente tendrá que tocar todo este tipo de temas. Es algo que no se puede evitar. Antes que ninguna otra cosa y como para que nadie se confunda y confunda a otros, hay que aclarar que el Reino es mucho más que guerra, guerra y guerra, o que adoración, adoración y adoración. Hay algo que es muy claro, y de tan claro, resulta casi ofensivo. La iglesia no quiere hablar de la salud ni de la sanidad física.
Hay libros que son verdaderas confrontaciones para quienes los leen, porque desnudan todo el andamiaje satánico que rodea a los laboratorios de medicamentos. El problema subyace en que los hermanos y hermanas que leen esos libros y los dan como válidos, después no saben qué hacer con lo que se les dice allí. ¡La iglesia no habla y mucho menos enseña sobre esto! ¡¡¡Nada!!! ¿Motivos? Yo no quisiera ofender a nadie, pero no son pocos los que aseguran que sólo se trata de incredulidad. Desde las plataformas del Reino se habla mucho sobre el sistema de la religión, y está bueno que así sea porque se evita que tanta gente caiga prisionera de ritos, ordenanzas y estatutos insostenibles.
Pero no se habla para nada de la salud, y la salud se lleva para “el otro lado” a tantos cristianos como la religión. Y tampoco se habla del entretenimiento cristiano, que desperdicia vidas con banalidades por encima de todo lo otro. Y cuando hablo de entretenimiento, me estoy refiriendo a todas las cosas que tú y yo hemos visto hacer en los templos, sin otra finalidad que la de cubrir un tiempo determinado para que el culto o reunión tenga una duración seria y no concluya, por poco, antes de comenzar. Entretener es todo eso que a ti te fastidia, pero que por respeto o sujeción mal entendida, te aguantas sin protestar y, mucho menos, sin confrontar a los encargados del entretenimiento religioso.
De hecho, todo lo que crece, cambia. Y todo lo que cambia, confunde y se desconoce. Toma un libro de matemáticas de tu hijo menor y fíjate si entiendes algo de lo que hoy ellos están dando en clase. Yo no soy precisamente un modelo en las matemáticas como para servir de ejemplo en esto, pero sí en lo que se da como Humanidades. Estuve en eso, dediqué gran parte de mi vida laboral a eso. Y sin embargo, en muchos de sus argumentos modernos, eso que yo manejaba y dominaba, hoy casi es chino básico. Y yo no hablo chino, obvio…
Y respecto a la salud, las iglesias son de alguna manera un modelo que puede servir de ejemplo. Hace algunos años, estaba muy mal mirado por la gente que el pastor se tomara un vaso de vino. Hoy, el vino ya no tiene importancia porque todos saben que el pastor no se emborrachará, pero sí es muy mal visto que el pastor tome medicamentos. En iglesias proféticas, eso es vital. Clave, central. Sin embargo: ¿Qué es mucho, y qué es poco? Gran duda existencial. No es que nos regodeemos hablando de la antigüedad, tal como parecería ser el común denominador de la gente mayor; pero hace cincuenta años, por dar una cifra, ningún pastor de ninguna iglesia tocaba ni de paso el tema de la enfermedad y su consecuente espiritual: la sanidad física.
No se hablaba del tema. Ni bien ni mal; ¡No se hablaba! Hoy día sí se habla y se encuentran puntos muy problemáticos que han sido mal enseñados o, directamente, no enseñados. En iglesias tradicionales se oraba por la salud de alguien y se ponía en las manos de Dios la sabiduría del médico que lo atendía. Hoy, en iglesias proféticas, la onda es más que clara: ¡No médicos! Fanatismo, dicen algunos. Fe, lo llama mi Biblia. Decisión, se me ocurre añadir, como elemento de unificación y no división. ¿Y yo que debo hacer, entonces? Seguramente esta será tu pregunta silenciosa. Respuesta: lo que tengas garantía íntima para hacer, no lo que queda bien o se supone que debes hacer. Por mucho menos, ha partido mucha gente antes de tiempo.
(55) – Umbrales de la Adoración Profética
Aquí es donde entra un tema que podríamos llamar como la mente de Dios. Y habrá que decirlo con sumo cuidado, esperando que ustedes lo reciban en la plena confianza, pero sin intentar entenderlo. Creo que por un proceso de administración de Dios Él, en algún momento, y por alguna muy buena razón o causa, decide no sanar completamente a alguna persona, porque así la puede cuidar mejor. Entonces, convengamos en que no es la salud un indicador de que todo está bien. El indicador que nosotros esperamos, es que la gente vea que esto es importante.
De allí que los padres de niños que asisten a iglesias proféticas, están en un problema casi social: ¿Permitirán que sus hijos sean vacunados? No tengo una respuesta ahora, pero, pregunto: ¿La iglesia, como tal, debería tener alguna palabra al respecto o no? ¡Claro que sí! ¡Debería tenerla! Ahora claro: ¿Cómo vas a responder a eso sin tener una mente apostólica? No podrás, vas a caer en el monocromatismo. Porque hay solamente dos respuestas a esa pregunta: o es sí o es no. No hay nada más. Porque en el tema salud, el Espíritu Santo actúa como una barrera elástica de contención, nunca como un guarda-rail de acero.
En el primero, te acomodas, te vuelves a tu senda y te encauzas. En el segundo, si le pegas bien fuerte, te matas. Y seguidamente nos llegan las victorias en las decisiones. ¿Tiene que ver con el discipulado, esto? Sí. ¿Y cómo podría yo, entonces, saber si esta decisión que voy a tomar sobre este asunto, es la correcta? Vamos por partes: un solo ministerio actuando en la iglesia, no puede responder esto. Míralo así, desde lo espiritual, netamente. Un pastor podrá ver las cualidades que tiene una persona, pero no puede discernir su futuro. El profeta, en cambio, podría intuir su futuro.
Porque parte de su unción es prever lo que viene. De allí que cuando un consejo sale de un pastor y un profeta, en conjunto, el consejo es más completo. El siguiente punto es saber o poder reconocer los tiempos. Esto, indudablemente, está asociado a saber tomar decisiones. Y una característica evidente de una buena decisión, es que sea oportuna. Si es una buena decisión, pero tardía, en el fondo será una mala decisión. El punto siguiente es desarrollar el carácter de adorador. Esto, en cada persona. Y cuidado que esta no es una alternativa, no es una opción.
Una persona que no es una adoradora, es una persona que no califica para las cosas de Dios. Y no estoy hablando del que canta, la palabra dice adorador. Lo que sucede es que realmente no hay una cultura de adoración en la iglesia. Hay una cultura musical y de cánticos. Y esto también está relacionado con el desarrollo del guerrero, que en este caso, vendría a ser: el intercesor. La idea central es que cada creyente sea un guerrero. Que sepa pelear sus luchas, sus propias batallas. No pueden pedirme a mí ni a nadie a distancia que les pelee una batalla por ellos. Es hasta absurdo.
Tres mil visitas diarias. Mil quinientos están bien, otros mil quinientos con problemas. ¿Mil quinientas batallas una sola persona? Imposible. Eso se pretende en la mayoría de las iglesias. Eso mismo, claro está, han incentivado algunos líderes. Dios espera que nos ayudemos entre todos. ¿Nos estamos ayudando? ¡No! ¡En la mayor parte de los casos, (Y hablo de la iglesia estructural), nos estamos estorbando porque competimos! El pueblo cristiano tiene que ser una comunidad, de otro modo es apenas un calificativo hueco de día domingo. Y eso hasta que termina el culto.
Allí es: adiós, que te vaya muy bien, y si tienes dinero para comer, comes y si no tienes dinero y no comes joróbate y hasta el domingo que viene. ¡Ese es el modelo siglo veintiuno del pueblo cristiano! ¿Es ese el diseño de Dios? No me parece. No me cierra. Y cuando algo no te cierra, podrá tu mente estar afiebrada de mundanalidad o circunstancias, pero si algo espiritualmente no termina de cerrarte, no viene de Dios, Lo que viene de Dios, siempre cierra y encaja perfecto, como la piedra del ángulo. Lo otro que se debe desarrollar es el sacerdocio familiar. Que cada persona que mañana va a formar una familia, tenga la responsabilidad de su casa.
Hay muchos padres que piensan que porque llevan a sus hijos a la iglesia, los pastores los van a salvar. ¡Eso es un absurdo! Puede que una congregación les ayude a conocer un poco más del Señor, pero o traen su figura central desde la casa o no irán a ninguna parte. El desarrollo del servicio personal, individual La diferencia entre esto y la colaboración, es que la persona cuando colabora, se suma a algo que se está haciendo. Pero cuando se habla de servicio, uno es capaz de hacer algo que nadie está haciendo.
O sea: no dependo de los otros para hacer algo. Normalmente, los servidores son personas solas, porque siempre están con tiempo para mirar más allá. Tiene algo de profeta su servicio. Lo concreto es que todo ministerio, o todos los ministerios, si quieres tomar el plural, dependen pura y exclusivamente del nivel de mentalidad de cada hombre y de cada mujer que lo piense llevar adelante. No se gana nada capacitando a gente que jamás va a poder hacer nada porque no está dispuesta a cambiar lo más sustancial de sus errores cotidianos.
(56) – Las Diferencias Escritas 8
Lucas 6:20 expresa cuando Jesús dice: Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Aquí la religión enseña que no se refiere a los que son pobres materialmente, sino a los que son humildes. Y añaden que incluso las personas ricas pueden ser humildes. Y concluye con que en realidad, todos somos pobres delante de Dios, así que el Reino de los Cielos nos pertenece a todos. Respetuosamente, eso es un error. Primero, porque humildad y pobreza no necesariamente van de la mano. He conocido, (Y seguramente tú también) a gente en el extremo más oscuro de la pobreza, lindando con la miseria, que no ha perdido su orgullo ni su soberbia en absoluto. Y segundo, porque nada de esto te garantiza ingreso al Reino
Sin embargo, en Lucas 6:24 Jesús dice: Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo.
Los religiosos aseguran que eso es una verdadera tontería, ya que las riquezas son, indudablemente, una bendición de Dios. No me opongo a eso porque estaría adhiriendo a la famosa y antigua Teología de la Pobreza, instaurada por el Catolicismo Romano en muchos lugares de Latinoamérica, simplemente como forma asociada de sostener gobiernos abusadores y plenos en fabricación de miseria. Sin embargo, antes de irme derecho al otro extremo, que es la riqueza, elegiría quedarme con un más prudente y equitativo resultado de tener satisfechas todas nuestras necesidades, que es en suma lo que el evangelio te promete en la boca del propio Jesús.
Esto tiene que ver con lo que Jesús dice en Mateo 6:19: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; La religión no coincide con esto, y expresa que no debemos ser tontos, ya que cuanto más riquezas materiales tengamos, más podremos hacer en beneficio del Reino de Dios. Tampoco pongo en duda esta enseñanza, pero creo que es peligrosa porque, si no se tiene absoluto control sobre nuestras almas, esto te lleva directamente a la avaricia, que como todos sabemos, es uno de los factores extremos por los cuales no se puede ingresar al Reino.
(57) – Aquellos que Huelen a Ovejas
Vamos a examinar las bases sustanciales de los cinco ministerios más conocidos y difundidos, partiendo de los que se mencionan en Efesios 4. Son los que dan origen al llamado Ministerio Quíntuple y se supone o se entiende que conforman el andamiaje sobre el cual la iglesia en su conjunto debería transitar de manera fluida y sin contratiempos. No veo, en principio, ningún error por parte de Dios al crearlos, aunque sí pueden verse luego, diferentes matices plagados de errores por parte de los hombres que supuestamente hayan sido llamados y levantados para cumplimentarlos.
Por eso es que quiero ahora referirme, en este tramo, al más conocido de todos los ministerios que vemos en la Biblia y, en este caso, reproducidos en lo que conocemos como iglesia: el Ministerio Pastoral. Y como es un ministerio del cual casi todos nos sentimos demasiado cerca, creo que no les resultará difícil a ninguno de ustedes, antes que hablemos nada, tomar nota de cinco características que más recuerdan o tienen presente sobre el Ministerio Pastoral. Y voy a decirles algo que les va a sonar irónico, pero aspiro a que no será lo único. El Ministerio Pastoral, es el ministerio del cual hay menor cantidad de información.
Y eso, a pesar que es al mismo tiempo, el ministerio con el cual estamos más familiarizados. ¿Cómo hago para entender ese contrasentido? Es el ministerio del que menos encontramos en la palabra y el que más conocido nos resulta. ¿Qué pasó? Sin extenderme mucho más allá en esto, confieso que creo fielmente que lo que pasó tiene que ver estrictamente con los intereses y el egocentrismo humano. Pasó, en principio, que no solamente en esto, sino en muchísimas cosas más, la iglesia parecería en ocasiones estar directamente en contramano con lo que Dios piensa.
Porque en casos, en la iglesia se le otorga alta importancia a cosas que Dios prácticamente ignora y, por el contrario, cosas que para Dios son tremendas y vitales, en la iglesia ni siquiera parecen registrarlas. A mí, personalmente, me da la sensación clara que en alguna parte de toda esta historia, es como que nos perdimos. Y elijo decir nos perdimos porque insisto en hablar en forma corporal. Pero sé que debería haber dicho: se perdieron. Y no sé con certeza quiénes fueron los que se perdieron y cuáles fueron las causas o los motivos que determinaron que eso les ocurriera.
Pero, lo cierto es que seríamos más que hipócritas si cerráramos nuestros ojos a esa realidad y prefiriéramos no hablar del tema. Cuando una planta tiene espinas, lo mejor es tomarla del tallo, aún a riesgo de lastimarse. Quiero decir algo que quizás luego, y por imperio de las tradiciones y las costumbres, puede quedar en el olvido, pero que no por ello deja de ser cierto: todos los ministerios son importantes. Todos. Por esa causa estoy convencido que en Dios, es imposible salir a decir que un ministerio es más importante que otro. No acepto eso. No me importa lo que se use, la costumbre ni la tradición, no lo acepto.
Obviamente que, por no aceptarlo es que estoy aquí entregándote esto, y no acompañando al pastor a tomar el té con la hermana Luisa que cumple noventa años. Porque, de hecho, decir que un ministerio es superior a otro, al margen de no decir lo mismo que Dios ha dicho, nos empieza a armar una especie de categorización en la cabeza. Y lo peor es que eso no se va a quedar ahí, sino que a partir de esa categorización, por lógica consecuencia, dentro de la iglesia, se le va a dar mayor importancia a unas personas que a otras. Y allí exactamente es en donde entramos en directa colisión con el pensamiento de Dios.
Por consiguiente, me pregunto qué hacemos con tanta gente que cuando llega un apóstol, por ejemplo, tira su casa por la ventana para atenderlo a cuerpo de rey, mientras que si el que llega es un evangelista o un maestro, la atención y la dedicación indefectiblemente no será la misma. ¿Podemos juzgar o evaluar a alguien conforme al ministerio que ejerce? Para mi gusto, no; no podemos. Lo que no significa que no se esté haciendo y en gran cantidad. Claro está que, por todo lo aprendido y del modo en que lo hemos aprendido, es muy probable que a lo largo de una enseñanza extensa, yo mismo y sin proponérmelo, desde luego, transmita esa idea de que un ministerio es más importante que otro.
No me lo creas si así te llega, simplemente porque no es así. ¿Y sabes por qué no es así? Respuesta simple: Porque Dios mismo dijo que no era así. Y no hay nadie por encima de Dios para decir otra cosa y que esa otra cosa sea válida. Hay una sola excepción y la muestra Pablo, cuando en un determinado pasaje que luego veremos, él de alguna manera cita algunos ministerios, colocándolos en un orden que podría presumirse como de categorización. Cuidado; no está explicitado que así sea, dije que podría presumirse, nada más. De todos modos, vamos a ser buenos con nosotros mismos y vamos a suponer que fue así. Esa fue la única. Después no hay otra cosa en la Biblia que nos permita pensar en categorías o jerarquías. Estos cinco ministerios, los que llamamos ministerios del Hijo, están en muchos lugares, pero decimos que son del Hijo por un pasaje que está en la carta a los Efesios.
(Efesios 4: 7) = Pero a cada uno (Repítelo conmigo: a cada uno. Y eso te incluye también a ti, ¿Amén? A cada uno) de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
Esto es muy profundo. Deberíamos leer varias versiones para ajustarnos. Está hablando de la gracia y aquí hay toda una dinámica girando para que algunos teólogos digan que aquí se está hablando de las gracias, que son los ministerios, mientras que otros dicen que no, que está hablando de la gracia de la salvación. Otros se inclinan a que es una acción de Dios, que es dador, en fin; es mucho más profundo esto que lo que se ve entre líneas, Y fíjate que aparece dos veces la palabra gracia, porque primero dice que a cada uno de nosotros se nos dio la gracia, y luego habla del don de Cristo, que también es gracia. Porque don es regalo. Y presta atención porque un solo versículo ya nos obliga a sumergirnos más profundo, aunque todavía queden unos cuantos que se resisten a creer que el evangelio es más profundo que lo elemental que conocen.
(58) – Cambios en Su Naturaleza
(8) Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, (¿Quién subió a lo alto? Jesús.) llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. (Y luego Pablo dice algo que si fuéramos a escribirlo nosotros, hoy, seguramente lo encerraríamos entre paréntesis) (9) Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? (Jesús desciende a las partes más bajas de la tierra, a sus profundidades, cuando él muere.) (10) El que descendió, (Otra vez, Jesús), es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
¿Cuándo hizo eso? En el libro de los Hechos, capítulo 1, vemos que él ascendió. Estuvo cuarenta días con sus discípulos, después de resucitado, y luego ascendió. Y dice que el que descendió, es el mismo que ascendió. Y esto es interesante, porque a mí y a muchos más nos parece que no es el mismo, porque el que descendió, fue un hombre que pasa por el proceso de la muerte, pero que el que asciende, es alguien que ya no puede morir. Quiero decir que el que desciende, es alguien que no tiene toda la medida de gloria que tiene Dios. Jesús mismo dijo, cuando está orando esa noche en el huerto, glorifícame, con la gloria que tuve antes de la fundación del mundo contigo, Padre.
Entonces, el que desciende, en realidad no es el mismo que asciende, porque cuando asciende, él recupera mucha de la gloria que él se había despojado. Por ahí está el pasaje que dice que Jesús se despojó a sí mismo haciéndose hombre, haciéndose siervo, siendo obediente hasta la muerte. Entonces, déjame decirte que no entiendo lo que Pablo me está diciendo aquí. Yo me inclino por pensar que él está diciendo de una forma muy general que es el mismo, porque a todas luces salta ¡Que no es el mismo! Ha habido un tremendo y dramático cambio de naturaleza en Él.
Tú eres libre de pensar y creer como sientas de hacerlo, pero yo particularmente, creo que hay un gran cambio entre el Jesús que muere y el Jesús que resucita. Pero Pablo aquí dice que es el mismo, así que yo creo que no está queriendo hablar de su naturaleza, sino de que es el que conocimos, que no es otra persona en identidad humana. Es como decir que es el mismo que vimos, que el que resucitó no es un fantasma. Yo me quedo con algunas preguntas guardadas. Cuando Juan está en Patmos, él escucha al Señor, se da la vuelta y lo mira, y ¡Zácate! Cae al piso.
Y dice que cae como muerto. ¿Por qué? Porque él pensaba encontrar al hombre menudo, moreno, que había sido su amigo, pero es sólo verlo y caer como muerto. Entonces, reitero, no sé hasta qué punto podemos decir que es el mismo. El que descendió, dice que es el mismo que también subió por encima de todos los cielos. ¿De todos los cielos? Sí. Eso significa que hay varios cielos, ¿Verdad? Es evidente que sí. Y dice que lo hizo para poder llenarlo todo.
(11) Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
Aquí me quedo. A fin de perfeccionar, dice aquí, aunque en realidad la traducción viene de una palabra que se ajustaría mucho más a madurar o capacitar que a perfeccionar, sobre todo como se usa el término perfección en occidente. Los cinco ministerios que aquí aparecen, se llaman Los Ministerios de la Ascensión, o Los Ministerios de Cristo. También se habla de ellos como de Los Dones Ministeriales. Todos estos nombres, son correctos.
Imagínate por qué se llaman Los Dones de la Ascensión. Porque vienen cuando Cristo asciende. Pero también se llaman Los Dones de Cristo, ¿Por qué? Vas a darte cuenta, si eres capaz de hacer un estudio minucioso entre los dones, los ministerios y las operaciones, que el Espíritu Santo puede hacer que una persona enseñe. Pero no hace que una persona sea maestra. O sea que así como podemos encontrar el don de enseñanza, también podemos hallar el ministerio de la enseñanza.
(59) Dones, Ministerios, Operaciones
El don de enseñanza viene del Espíritu Santo, el ministerio de enseñanza viene de Cristo. Si ustedes examinan las diferencias entre los dones, los ministerios y las operaciones, eso aparece en Corintios, Efesios, Romanos, se van a dar cuenta que allí está el don de enseñar. El don de enseñar o el don de profetizar, que también está. Dice que a unos fue dado el don de enseñar, y a otros el de profetizar. Eso significa que el Espíritu Santo puede hacer que una persona enseñe o una persona profetice. Pero no los hace ministros. Hay una diferencia entre el don de enseñar y el ser maestro. Hay una diferencia entre el don de profetizar y ser profeta.
¿Cuál es la diferencia? El don viene del Espíritu Santo, el ministerio viene de Cristo. Claro, lo que a primera vista de lo que se lee en el verso 8, y no termina de entenderse, es la razón por la cual Jesús tuvo que descender, y que como consecuencia de eso, o a continuación de eso, él pueda liberar, pueda soltar los ministerios. La gran duda es si una cosa tenía que ver con la otra. La primera impresión de algunos fue de causa y efecto, o sea, que él tuvo que bajar para que luego se soltaran los ministerios, pero había otros que sostenían que los ministerios ya estaban presentes antes de esto.
Desde el punto de vista técnico, mediante el cual hasta podríamos decir que Moisés fue un apóstol porque fue enviado, equipado y cumplió una tarea apostólica, o mediante el cual, asimismo, podríamos llamar a David profeta, catalogación que encajaría perfectamente. Pero si nos circunscribimos al Nuevo Testamento por una simple finalidad de estudio, resultaría que el Señor, podríamos hablar de que establece los ministerios, sólo a partir de Hechos 2. Y de que, antes de eso, lo que se ve es una acción del Espíritu Santo que está en él, obrando a través de la fe de la gente.
Entonces, cuando los discípulos, por ejemplo, van a sanar o a liberar, cuando Jesús los comisiona, técnicamente es la gracia de Cristo, es Cristo obrando en ellos, no son ellos. Por eso se entendería cuando Jesús les dice que tienen que ser revestidos. Todavía no estaban revestidos. Jesús se iba a ir, y cuando se fuera, se iba a llevar lo que obraba en los discípulos. Para explicar esto con más detalle, podría dar un ejemplo más gráfico. Cuando la iglesia donde tú te congregas, invitó a un evangelista de gran prestigio y unción, lo más seguro es que cuando su visita concluya, más de la mitad de la iglesia se imagine y sueñe con ser evangelista.
¿Por qué? Porque el que tiene el ministerio, suelta fe ministerial para ese ministerio. Es algo así como derramar de su unción de manera tal que la gente que es cubierta con ese manto, se siente motivada. Claro está que, cuando ese hombre ungido como evangelista se va, cuando termina su trabajo y retorna a su lugar de residencia, ese simbólico y no tan simbólico manto de su unción, se va con él. No lo deja en la iglesia que visitó, se lo lleva. ¿Y qué crees que pasa? Que esa motivación evangelística que tantos hermanos demostraron tener, comienza a mermar, a mermar y a mermar, hasta pasado un determinado tiempo, extinguirse de ese lugar como si nunca hubiera estado.
¿Y sabes cuales quedan? Los tres o cuatro que, como ya los líderes locales sabían, tenían una motivación evangelística interna, no incentivada por terceros. Porque el don, es a eso a lo que me estaba refiriendo, es como una especie de prótesis que funciona solamente un tiempo. Por eso dice que el Espíritu Santo da como quiere, que en este caso puntual es como decir que lo da por un momento muy breve. Lo mismo pasaría si en lugar de ser un evangelista, como el ejemplo citado, el que viene a predicar es un profeta de oficio. Cuando se va el profeta, media iglesia anda dando palabra a la otra media.
Es una especie de empatía ministerial divina por unción. Y pasa con los cinco ministerios. Lo sé, porque la mayoría de los que acompañan este ministerio, quieren ser maestros. ¡Gloria a Dios por ellos! Pero, no todos lo serán. Quizás algunos, los que sean enviados. Ahora bien: la acción permanente del ministerio, sólo se da a partir de Hechos 2. Inclusive, cuando hablamos del Antiguo Testamento, van a darse cuenta que hay un fenómeno bien interesante en todos los profetas del Antiguo Testamento. En casi todos sus libros, (Jeremías, Isaías, etc.) empiezan diciendo algo así como: Y vino sobre mí palabra de Jehová, y me dijo: di a mi pueblo.
Terminaba la palabra del Señor, ¿Y qué crees que pasaba? La palabra del Señor se iba. Entonces, si somos técnicamente correctos, ni siquiera nos animaríamos a llamar profetas a los profetas del Antiguo Testamento, porque no profetizaban todo el tiempo, porque no había un ejercicio absoluto del ministerio, sino más que era una acción del Espíritu Santo de Dios, que obraba en un intervalo de tiempo y que luego se iba. ¿Pero, está seguro de eso, hermano? No; por eso dije que esto es si estamos “técnicamente” correctos. Sólo un problema: esto no es técnico, es espiritual.
(60) Un Derramamiento Global
Por eso es que Hechos 2, tiene dos características: es el inicio de nuestra historia. El Espíritu Santo entre nosotros. Y por consiguiente y como consecuencia de esto, es la finalización de todo el tiempo de espera. Todos los profetas del Antiguo Pacto, en algún momento de su ministerio, dijeron esto: en los postreros días. ¿Lo vieron, no? Muy bien, ahora: ¿Sabes cuándo empiezan los postreros días? Justamente, en Hechos 2. Por ejemplo, Joel dijo: en los postreros días, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. ¿Y cuándo pasó eso? En Hechos 2. Hechos 2, entonces, nos guste o no, coincida con la doctrina de nuestra denominación o no, es nuestro epicentro espiritual, para marcar los tiempos del antes y el después.
Y por una finalidad absolutamente pedagógica y técnica, podemos analizar a los cinco ministerios, precisamente a partir de Hechos 2. De otro modo, por mejor buena voluntad que tengamos, se vuelve complicado. Cuando dice que Jesús descendió y luego ascendió y dio dones, la explicación que encuentro, es una explicación muy polémica, muy compleja. Ciertamente, algo había que hacer en las regiones bajas de la tierra, por lo cual Jesús tuvo que ir. Sabemos que él descendió, en las cartas de Pedro dice que él les fue a predicar a los espíritus que habían sido encarcelados.
También sabemos que él, como hombre, de alguna manera tenía que morir, y como todo hombre estaba vendido al pecado, tenía que descender hasta lo más profundo. La explicación hasta la que llegamos, tratando de armar una especie de criterio de comprensión de este pasaje, nos llevó a revisar todo el proceso de formación y de creación que hubo en la tierra. Por eso es que no es sencillo. Y esta fue una conclusión al respecto. No la única, quizás, sí la que veremos aquí. Obvio que si de esto Hollywood te hiciera una película, seguramente te la llena de monstruos. ¿Y sabes qué? A lo mejor no andaría tan alejado de lo que debe haber sido la realidad…
Cuando hubo la caída de Lucero con sus ángeles, esto es, cuando cae la tercera parte de los ángeles a la tierra, ellos roban los ministerios y se los llevan como un trofeo. Entonces no había manera de poder establecer de manera permanente en los hombres, ese ministerio. Ahí empiezan a armonizar muchas cosas, porque en el Antiguo Testamento no tenemos ministros en el sentido absoluto, esto es, gente que funcione en el ministerio las veinticuatro horas. No hay. ¿No sería extraño que Lucero haya hecho eso con los ángeles? No, de ninguna manera es extraño.
Él es ladrón, porque la palabra lo llama ladrón, y sabemos que los que cayeron, no fueron pocos. Ahora bien; ¿Qué pretendía Satanás? Hay un tema interesante que es necesario compartir, independientemente de lo que produzca en quien lee o escucha. Suponte que un ministerio, es un manto. ¿Sabes lo que es un manto, verdad? Bueno; el ministerio es un manto, y todo el que es envuelto por ese manto, está capacitado para desarrollar ese ministerio. Esto significa que si el manto es un manto profético, aquel que esté envuelto por ese manto, puede funcionar como profeta competente.
Ahora resulta ser que estos mantos, estaban sobre los ángeles antes de caer. Lucero tenía algunos de estos mantos, porque si no, no podía ejercer. Entonces vemos a Lucero, y hay muchas características de él escritas en Jeremías, en Isaías, en Zacarías, muchas, Jesús mismo habló mucho. Y todos esos mantos lo acreditaban para desarrollar todas esas características. Por ejemplo, a Lucero se le llama El Querubín Protector, que significa después de todos los dilemas de traducción, algo así como “alguien que envuelve desde arriba”. Claro está que hasta el día de hoy, nadie sabe a quién estaba protegiendo Lucero.
Porque no sé si entendiste que estamos hablando de un momento en que el hombre todavía no había aparecido en el gran escenario. ¿A quién cubría? Se ha revisado con mucho cuidado, incluso examinando puntillosamente la traducción o las traducciones, para ver si no nos llevaron a algún error, porque yo y muchos más hemos aprendido que nada de lo que está escrito en la Biblia está aleatoriamente o porque sí. Todo lo escrito tiene un significado y tiene que ver con algo que Dios considera importante que nosotros sepamos. ¡Tiene que haber una razón! Entonces Lucero se rebela, los ángeles se rebelan, y ellos no sueltan el manto.
Literalmente, ellos se bajan con esos mantos de la presencia de Dios. Y se los llevan al depósito donde están. Entonces, si Dios quería trabajar con el hombre o con la mujer, pero no había ese manto, lo único que le tocaba era darle temporalmente una habilidad para poder ministrar. Porque no había un derecho para que esa persona pudiera retener esa investidura. Había sido descalificada por el pecado. Entonces Jesús hace algo muy sencillo, baja a lo profundo, retira ese manto y se lo coloca a la iglesia. Y la iglesia, entonces, automáticamente, puede ejercer todos los dones, todas las funciones, que aún los ángeles podían hacer antes.
No me digas nada; ¡De esto seguramente nadie te había hablado en tu vida! No te preocupes ni te deprimas; a mi tampoco. Por eso no nos puede parecer raro que Felipe esté en un lugar y de pronto aparezca en otro. El que hace a sus ministros llama de fuego, dice la palabra. Entonces, Jesús tiene que venir a resolver algo en el hombre, para que él pueda sostener de manera permanente el ministerio del manto. Como el problema para que no haya esa permanencia era el pecado, ¿Qué hace Jesús? Resuelve el problema del pecado.
Entonces allí es donde el hombre queda acreditado de poder sostener el ministerio de manera indefinida. Por eso dice que los dones son irrevocables. Pero, claro; el Señor no te va a retirar del ministerio, pero sí te va a retirar la autoridad si no lo ejercitas tal como es su diseño y eliges hacerlo para con el tuyo. Porque eso sigue siendo pecado, y el pecado siempre va a anular sino las bendiciones, al menos sí los frutos de esas bendiciones. Pero, reitero algo que es muy importante:
los dones siguen siendo irrevocables, de eso nadie tuvo, tiene ni tendrá dudas. Sin embargo, algo que hay que añadir aquí para que no quede descolgado de información. Los dones siguen siendo irrevocables, pero la autoridad sí que es revocable. Lo único que se puede asegurar, entonces, es que Pablo no está jugando de ninguna manera con términos raros. Él está describiendo algo muy poderoso. Cuando dice que ascendiendo llevó cautiva la cautividad, ahí habla de la muerte.
(61) – Un Examen Polémico
Y esto es de comprensión a cada momento, porque en el versículo 7, si tú recuerdas, decía a cada uno, ¿Verdad? A cada uno se le ha concedido la gracia. O sea: todos tenemos la gracia, ¿De acuerdo? Y si te quedaste en silencio cuando te pregunté si estabas de acuerdo, no te preocupes, tú también la tienes. Pero mira lo que dice de los ministerios. Y los dio a algunos. Escúchame, ¿Ya no es a cada uno, entonces? No. Cuando habla de los ministerios, ya no es a cada uno, es a algunos. A unos, (Que es como decir a algunos) constituyó apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.
Reitero, esto ya no es a cada uno, es a unos, o a algunos. Entonces ya no es posible que todos sean apóstoles, tal como parecería ser la onda, ¿No crees? Lo dice Pablo y yo lo creo. No todos pueden ser profetas, ni evangelistas, ni pastores, ni maestros. Unos y otros. Algunos. Este pasaje que termino de leer, es el corazón de lo que generalmente llamamos Los Cinco Ministerios, mientras que algunos lo denominan como El Ministerio Quíntuple. Primero, porque es uno de los pocos pasajes en donde aparecen mencionados los cinco. Segundo, porque está expresado el origen y la función de los mismos, porque luego dice: A fin de.
¿Se vuelven a mencionar estos ministerios en otros lugares? Sí, pero no exactamente los mismos. Y se los menciona como que la gente ya los entendía. Por lo tanto, este capítulo 4, podríamos considerarlo como el más magisterial, o más claro, respecto al tema de los ministerios. ¿Está claro hasta aquí? Muy bien, entonces empecemos a ver el primero de los ministerios a examinar, el Ministerio Pastoral. Resulta que en el Nuevo Testamento, no hay una sola persona a la que se le llame pastor. Ni una sola. Estoy hablando, obviamente, del Libro de los Hechos, para adelante.
Recuerda que dijimos que encarábamos esto desde Hechos 2 hacia adelante. ¿Y por qué no hacerlo desde los evangelios? Simple: porque Jesús no habló tanto de la iglesia en los evangelios; habló del Reino. Pero sí la historia de la iglesia, abierta y expresamente dedicada, aparece a partir de Hechos 2. Entonces, cuando digo que no aparece ni una sola vez alguien al que se le llame pastor en el Nuevo Testamento, estoy hablando desde Hechos 2 en adelante, y hasta Apocalipsis. Sin embargo, sí por lo menos a veinte personas se las llama apóstoles, a unas cuatro o cinco personas se las llama profetas, a una sola persona se la llama evangelista, Felipe.
Y este versículo, el versículo 11, viene a ser el único en el que se menciona al ministerio del pastor como ministerio. Y claro, esto nos lleva a una pregunta importante: ¿Cómo pudo, este ministerio, mencionado una sola vez y sin definiciones, sin un solo ejemplo en el Nuevo Testamento, llegar a ser el ministerio dominante en la iglesia? ¿Cómo sucedió? Y a esta altura tengo que aclarar, por si hiciera falta, que de ninguna manera estamos atacando al ministerio pastoral. Soy muy respetuoso de cómo están las cosas y no pienso armar ninguna revolución ni golpe de estado en contra de eso.
Pero alguien tiene que enseñar esto tal como es y sin eufemismos ni oscurantismos dudosos. La pregunta sigue siendo la misma: ¿Por qué pasó eso? Porque se creó un sistema religioso con el argumento de adorar mejor a Dios, y se terminó adorando al sistema, ¿Está claro? Y no sólo eso, porque todavía hay más situaciones. El ejemplo más claro de pastor que tenemos, me lleva a tener que recorrer nuestra línea de estudio, Hechos 2, y poder ver a Jesús como pastor. Sólo allí podríamos tener cierto material para enseñar algo sobre el ministerio pastoral. Porque Jesús, a sí mismo se denomina como El Buen Pastor.
O sea que lo que quiero decirte, es que nadie podría enseñarte demasiado respeto al ministerio pastoral, si no se hace uso de los evangelios. Además, siempre queda la posibilidad de que si Jesús se auto-denomina a sí mismo como El Buen Pastor, es porque por fuera de él, no habrá demasiados que sean buenos, ¿No te parece? Obviamente, de Hechos para adelante, no hay herramientas. Ahora bien; para distendernos un poco, vamos a partir de una deducción. Nadie está muy seguro que sea la mejor, pero equivocada, aparentemente, no está. Creo que tiene coherencia.
Es muy posible que lo que en este tiempo conocemos sobre el ministerio pastoral, se pueda asociar con el trabajo que hacían los ancianos en la iglesia. Entonces, como no tenemos mucha tela para cortar del ministerio pastoral, esa tela en parte aparece, cuando se habla de los ancianos. ¿Pero es posible verlo así? Yo creo que sí, que es posible, porque si existiera como tal el ministerio pastoral, él tendría que ser parte del equipo de ancianos. Entonces, lo que los ancianos están facultados de hacer, también lo podría hacer el pastor. ¿Entonces estaría más correcta esa denominación que titula a sus líderes como ancianos, en lugar de hacerlo como pastores? Sí y no, porque en la vía de los hechos concretos, supongo que se comportan del mismo modo. Y lo discutible y polémico, aquí, es el comportamiento, no el título.
(62) – Los Fundamentos del Amor
La palabra pastor, viene de la palabra griega, en el Nuevo Testamento, que es poimen. ¿Qué significa? Uno que apacienta, que protege, que cuida, que atiende, que alimenta a un rebaño de ovejas. Un pastor es el que está al frente de un rebaño de ovejas, pero que las deja en libertad cuando retornan al redil. Te recuerdo: un rebaño es un grupo de ovejas en libertad de movimientos, buscando los mejores pastos. Un redil es un corral, una especie de prisión en donde la oveja está obligada y destinada a pasar la noche. El tema de mayor importancia para la iglesia, entonces, es conocer si la calificación de ovejas que se les otorga a los cristianos, tiene que ver con un rebaño más o menos libre, o con un redil acotado y estrecho.
Con relación al ministerio pastoral tal como lo conocemos, aunque difiera de su estructura inicial que se comparte en el pasaje de Efesios 4:11, su característica principal independientemente de la cualidad o calidad del hombre que lo ejerza, es su capacidad de renuncia. En una palabra: un pastor que desee cumplimentar su ministerio de la manera más aproximada a cómo fuera ideado y creado desde el cielo, deberá estar preparado para renunciar a casi todo ¿Motivos? El amor a las ovejas. Dice la Biblia que el pastor da su vida por las ovejas. Y cuidado, no dice sus ovejas, dice Las ovejas, lo que significa que un pastor generalmente está apacentando ovejas de otra persona.
Es más, como profesión literal, el pastor casi en su gran mayoría cuidaba ovejas que pertenecían a otra persona. El dueño de las ovejas las dejaba a su cargo, pero no eran suyas. No es posible y no se puede aceptar, por ejemplo, a un pastor que no tenga espíritu de renuncia. No es parte del manto de la unción ministerial. La especialidad del ministerio pastoral, es el entendimiento del alma. Entiende profundamente el alma del hombre, o de la mujer, es indistinto. Porque también lo hace con los niños y los ancianos. ¿Por qué? Porque él tiene la capacidad de sanarlos, de aconsejarlos, de guiarlos, y no puedes hacer eso si no eres un graduado en el entendimiento del alma.
De hecho, la gente llega a la iglesia como almas. No son seres espirituales funcionales, son almas. Sienten, pueden, no pueden, quieren, piensan, recuerdan, en suma: ¡Todo es alma! Cuando comparemos esto con el ministerio profético, van a comprobar por qué son dos idiomas completamente distintos. Porque el profeta no trabaja en el alma, sino en el plano del espíritu. Por eso es que nunca se entienden. La especialidad que tiene este ministro, entonces, es el profundo conocimiento del alma humana. Eso le permite a él cocinar el alimento necesario para trabajar con el alma.
Entonces, cuando escuchamos a un pastor predicar, pero a un pastor, pastor, predicar, no podemos esperar grandes revelaciones en el espíritu, pero siempre la gente va a salir con su alma confortada, animados, desafiados, queriendo perdonar, queriendo resolver su vida, queriendo enfrentar su vida con nuevas fuerzas, porque es un mensaje que siempre va a ser un bálsamo, para que sus almas puedan ser usadas por Dios. Esa es la idea del ministerio pastoral. Y ese es el motivo mayor por el que, en estos tiempos, las iglesias en su inmensa mayoría, son ministradoras de almas, y de allí no pasan.
¿Y el espíritu? Bien, gracias; pero huérfano de sustento. ¿Motivos? El error por ignorancia o ambición humana: suponer que un ministerio puede ejercer autoridad sobre los cuatro restantes. Eso no es bíblico ni es correcto. Los resultados están a la vista. Y no son peores porque Dios es bueno. Si hay un rasgo lineal que de alguna manera domina este ministerio, es el del espíritu de consejo. Por eso suena como algo absurdo que se reúnan pastores en un seminario sobre consejería. ¿Cómo enseñarán ciertos pastores a otros pastores algo que naturalmente ya tendría que estar en su genética ministerial?
Hay muchos pastores que sostienen que si uno de ellos necesita asistir a un curso para saber cómo aconsejar, genéticamente, no es pastor. Porque dicen que es una acción del espíritu. Si ustedes leen en el libro de Isaías, cuando se habla de Jesús, dice espíritu de consejo. ¿Recuerdas respecto a los siete espíritus de Dios? El espíritu de consejo, es uno de los espíritus de Dios. Sin embargo, esto también debe ser tomado con sumo cuidado y hasta con delicadas pinzas, porque no vemos en todo el transcurso de los evangelios, a Jesús haciendo consejería.
Siempre lo vemos dando palabra, pero no consejos personales. Nadie, entonces, podría conseguir con un título lo que no le ha dado el Espíritu. Y a eso lo saben muy bien aquellos que, con sólo mirar a los ojos a alguien, tienen más que en claro lo que deben decirle, les agrade a ellos o no. Sabiendo, obviamente, que lo que se les está diciendo es la absoluta verdad y que, si realmente desean solucionar sus cosas, tendrán que obedecer. Porque lo que sale de esa boca no es una recomendación conforme a una sabiduría humana, sino un viento fresco de un espíritu de consejo.
De todos modos, se ha sobre-enfatizado tanto esta característica, que se ha pasado de largo en cuanto a las permisividades. ¿Puede un pastor aconsejar respecto a una decisión personal o de familia de una persona? Si recibe palabra de Dios clara y contundente, sí que puede. ¿Debe un pastor recomendar a un joven o a una jovencita, con cuál de los hermanos o hermanas de la iglesia puede ponerse de novio? ¡Ni por asomo! Eso no es consejería, puede llegar a ser manipulación. Consciente o inconsciente, da lo mismo para el fondo del tema. He visto horrores por esto.
(63) – Una Cuestión de Gobiernos
Hay una confusión en los últimos tiempos respecto al significado del verdadero consejo divino. No se trata de alguien que le dice a alguien lo que entiende que debe hacer para solucionar su problema, pero que después le deja en libertad para que lo decida por sí mismo y haga lo que mejor le parece. No, ese no es el consejo del cual se está hablando aquí. El consejo divino es decirle a alguien que si quiere vivir, tiene que caminar por la derecha, que si se inclina a la izquierda no vivirá. Y punto. ¿Le quedará a esa persona alguna duda que ese consejo vino del cielo? ¿Pero a eso no está en condiciones de hacerlo un profeta, también?
Sí, pero no por un espíritu de consejo, sino por un espíritu de revelación. ¿Y cuál es la diferencia entre un espíritu de consejo y uno de revelación? Que uno viene al alma, y el otro va al espíritu. Pero el espíritu no necesita consejo, necesita revelación. Pero el alma sí necesita consejo. Porque, el espíritu es plenamente obediente, mientras que el alma te lo cuestiona todo. Y eso, fíjate, fue lo que hizo el pecado; le quitó al alma la capacidad de gobernar. Convirtió a alguien en un muñeco maleable. Entonces hoy tienes a una persona adulta que no puede dejar de ver pornografía, o concurrir a prostíbulos, o beber alcohol hasta la borrachera, o consumir drogas.
Eso es lo más patético que hay. ¿Por qué? Porque se está viendo con claridad como el pecado manipula la vida de una persona que ni siquiera está en condiciones de controlar sus esfínteres. ¿Y cuál sería la función correcta del espíritu de consejo? Insinuarle al alma cuál es la dirección correcta para que vuelva a recuperar el gobierno de sí misma. En cambio la revelación, no; eso es otra cosa. Sabes que tienes que modificar algo, pero ni siquiera sabes la razón. Fuera del alma no hay razón. Lo que trabaja el espíritu de consejo es, justamente, la autonomía que el alma debe tener para funcionar bien. Lo que trabaja el espíritu de revelación, es la fe.
¿Notan la diferencia, verdad? Para que tengas una idea respecto a lo que es el espíritu de consejo, es lo que tienen las madres respecto a las personas que conocen sus hijos. Ahora bien; el don más eficiente que tiene el ministerio del pastor, es la palabra de reconciliación. El verdadero ministerio pastoral, genuino, llega a ser obsesivo con que la gente se reconcilie. Se reconcilie con Dios, se reconcilie con su familia, se reconcilie con su pasado, se reconcilie con sus hijos. En la comparación que venimos haciendo con el ministerio profético, éste te dirá que tienes que cortar con eso y a otra cosa.
¡Oye! ¡Si tu mamá no saca de ese altar a esa virgen, tú no le pises la casa hasta que no lo haga! Eso dirá un profeta, pero el pastor seguramente procurará conciliar. Y qué tremendo resulta ver cómo, cuándo por cualquier causa, justificada o no, dos pastores se pelean, están atacando de manera directa el don especial que tiene el otro. Lo voy a decir así: cuando un pastor le retira el saludo a otro pastor, él mismo se está produciendo un daño importante y terrible, porque está perdiendo autoridad sobre el don de la reconciliación. ¿Sabes cuántos pastores están enemistados entre sí, por causas que no tienen nada de espiritual?
Dicha sea la verdad con todas sus letras. No sé cuántos de ustedes saben de dos profetas que estén enemistados o sencillamente peleados entre sí, yo no conozco a ninguno. Pero sí sé, y supongo que algunos de ustedes también sabrán, de pastores que están tremendamente enemistados y peleados al punto de no soportarse en nada. Y es lo mismo para los demás ministerios. Sólo los pastores. ¿No es llamativo? ¿No parece el resultado de una bonita estrategia satánica? Quédate tranquilo, lo es. Porque no resulta demasiado complicado darse cuenta que el diablo ataca aquello que es, precisamente, lo que le da cierta fuerza al ministerio pastoral, que es su capacidad de ser reconciliador.
Cuando se organiza un trabajo evangelístico, por ejemplo, y cada iglesia envía evangelistas para armar un equipo de trabajo conjunto, no hay problemas, pero cuando la visita de un ministro importante reclama la unidad en equipo de los pastores, ¡Ahí sí que hay problemas y muchos! Y allí es donde cada pastor, como quiera que haya sido erigido, tiene que tener muy presente esto. Cada disputa que tiene un pastor y que no puede reconciliarla, le hace perder un trozo de la tela de ese manto de unción del cual hablábamos anteriormente. ¿Usted me quiere decir que cada vez que se pelea con alguien, un pastor pierde un pedazo de su unción ministerial?
No te lo quiero decir, ¡Te lo estoy diciendo como verdad plena! ¿Y cuál sería el recurso recurrente? ¿A qué se estaría volviendo de manera automática, para cargar sus baterías? El recurso que más utiliza el pastor, es la sanidad. Por eso no es extraño que, cuando Jesús habló del buen pastor, y de la oveja que se va, siempre está asociado a ir y sanar. La toma en sus brazos y la sana. Y fíjate que, de las parábolas que Jesús relata, hay varias que tienen que ver con sanidad. ¿Un ejemplo? La del samaritano. Está hablando como pastor, justamente. Pero, reitero para que no se te olvide. Estoy hablando del pastor bíblico, no del que vemos a diario. A veces coinciden entre sí, a veces, no. La cuenta que te mostrará el estado real de la iglesia, es la que te dirá cuántos de un lado y cuántos del otro hay.
(64) – No a La Unipersonalidad
Y tiene directa coincidencia y relación, este recurso recurrente, con el don principal. Porque si mi don es la reconciliación, para que haya reconciliación, constantemente estoy sanando de algo, a alguien o a algo. Ahora, claro; cuando se empieza a entender esto, es cuando nos empezamos a preguntar cómo es que se puede aceptar un ministerio pastoral sin sanidad. Entonces tú vas a ver una congregación, y vas a ver ovejas todas heridas, sin capacidad para sanarse a sí mismas, y que tampoco tienen la capacidad de sanar a otros. ¿Es una iglesia pastoral? Ni por asomo.
Y eso te lleva a otra conclusión no menos triste: la gran mayoría no son ni siquiera iglesias pastorales. Ni siquiera llegaron a ser pastorales en todo el sentido de la palabra. Y en muchos casos, (Y esto es más triste, todavía), la causa radica en que los pastores de esas congregaciones, ni siquiera son pastores levantados por el Señor como tales. En el mejor de los casos, buenos hermanos con buenas intenciones. No le hace, no alcanza con eso. Aunque la junta de las re contra juntas reunidas de viejos cabezones de la denominación, jure y perjure que sí. Hay en algunos lugares, pequeños modelos de iglesias pastorales.
En grandes naciones, por ejemplo. Y si nos apartamos de las motivaciones centrales de sus formas de trabajo, podemos extraer algo que resulte positivo. Entra una persona destruida a esa clase de congregaciones, y le realizan un trabajo tan personalizado y un seguimiento tan estricto, que al tiempo sale de allí un evangelista con todas las de la ley. Claro está que no van mucho más allá de convertir en un ser destruido en un evangelista, porque financieramente eso es lo que les interesa, pero aquí es donde podemos disimular esto para rescatar lo anterior: ¡Salvaron a una persona de autodestruirse! ¿Será poca cosa, eso? No, no lo es.
Sin embargo, yo he aprendido en esto a tener muy en cuenta la motivación o las motivaciones que impulsan las acciones. Porque eso es lo que Dios observa con mayor atención, no el supuesto «éxito” social o religioso del intento. ¡Excelente lo que haces! Y ahí sale Dios y te dice: “Para mí está muy lejos de ser excelente, porque él lo hace por conveniencias propias y no por amor”. Listo. Se acabó la discusión. Como siempre, Dios tiene razón. ¿Qué significa esto? Que si una iglesia está bajo la autoridad de un ministro pastor, pleno, genuino, esa iglesia de por sí ya logró su techo y es tremendamente efectiva.
De hecho, no es eso lo que en mayoría se observa. Muy por el contrario, la mayor parte de las iglesias funcionan con ministros que también muestran poseer sus propios intereses personales, pero procuran llevarlos adelante sin perder su tiempo en cuidar o proteger de verdad a alguien. ¡Es muy pobre, eso! Lo que quiero significar con esto es que ni yo ni nadie que ame al evangelio, puede estar en desacuerdo con una congregación liderada por un pastor que solamente funciona con recursos e influencias pastorales. De acuerdo, no conocen nada más, ni pueden llegar mucho más lejos, pero en ese único ministerio que profesan, funcionan de manera excelente.
Y eso, créeme, en este tiempo, ya es algo para celebrar. Ahora bien; ¿Cuál es la carga que tiene por la iglesia el ministerio pastoral? La restauración. Esta, en grandes rasgos, es lo que podríamos denominar, imitando rotulaciones de otros hermanos, como la ficha técnica del ministerio pastoral. Claro está que se llega a la elaboración de esta ficha, después de un extenso análisis. Comencemos por el principio más elemental de todos los que conocemos. ¿Qué es un pastor, realmente? Un pastor es alguien que cuida un rebaño. La palabra griega para pastor, ya lo dije antes, es poimen, cuya definición es pastor, alguien que cuida de los rebaños o de las manadas.
Pero, y mucho cuidado con esto, no me estoy refiriendo simplemente a alguien que les da de comer, sino que es alguien que las cuida, les saca los parásitos, las lleva a buenos pastos, les corta la lana, las atiende cuando se accidentan, las busca cuando se pierden, las ayuda a tener sus crías, las defiende de los depredadores. ¿Hace falta más? Todo eso está encerrado en la palabra pastor. Poimen. Que representa una función, jamás un título ni una jerarquía.
No existe ese invento tan humano de auto-titularse como pastor y no contar con un rebaño para cuidar. Y cuidar, como dice aquí, es proteger. Pero proteger de verdad, no limitarse a decir: ¡Que Dios te acompañe, hermano! Y estos cuidados, que nosotros vemos tan naturales en el pastor, era más o menos lo que hacían los ancianos. Lo vemos así en el Libro de los Hechos, en la iglesia del Nuevo Testamento. Son algunos, no son todos, obviamente. ¿Entonces podemos decir que los ancianos cuidan y pastorean a las ovejas? Sí, claro que sí, es correcto. Dice en el Libro de los Hechos, capítulo 20. Pablo está hablando:
(Hechos 20: 28) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, (Hay una versión que aquí, dice pastores, en lugar de obispos. Confieso: no he visto yo a esa versión, se la he escuchado mencionar a otro ministro. Y no tengo por qué dudarlo. Si no fuera así o hubiera algún error, consciente o inconsciente, es asunto de ese ministro, no mío.) para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. (30) Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.
(65) – Los Verdaderos Guardianes
Pablo es el que está hablando, y está diciendo que se tenga un cuidado especial sobre todo el rebaño. Él dice que el Espíritu Santo los ha puesto como obispos. Y fíjate que esa recomendación gira en torno a la ficha técnica, en el cuidado. Pablo sabía que cuando él ya no esté presente, iban a aparecer otras personas que iban a querer destruir la iglesia. Es impresionante cómo una persona, puede constituirse en un guardián del proceso de Dios. Lo que quiero mostrarte es que nadie pudo tocar la iglesia mientras tanto Pablo estuvo de pie. ¿Sabes cuándo comienzan los problemas plenos y graves en la iglesia?
Cuando el último apóstol, Juan, muere. Cuando Juan muere, se levantan muchas cosas. Ahí es donde te das cuenta de la cualidad y la calidad de ese manto que tenía Pablo. ¡Era tremendo! Para muchos, y me incluyo, Pablo fue el David del Nuevo Testamento. Es el que más lejos llega. Tú ya sabes que bajo el gobierno de David, es donde Israel logra su mayor extensión territorial, le pone límites a todos los enemigos, levanta un templo para el Señor, organiza toda la liturgia, organiza todo lo que eran las celebraciones, él hace que la gente venga a celebrar a Jerusalén tres veces al año.
Tú no sé si sabes que en aquellos tiempos, ya había delincuencia notable. Y era mucha la gente que deseando venir a celebrar a Jerusalén, no podía hacerlo porque vivía retirado y hacer el viaje redundaba muchas veces en que algunos de los muchos ladrones que esperaban en los caminos les robaran todo. David creó un sistema de lo que hoy se llamaría seguridad ciudadana, y eso hizo que no sólo esa gente pudiera venir sin problemas, sino que incluso luego se permitiera el lujo de salir a pasear a cualquier hora y por cualquier lugar. Por eso digo que Pablo es como un David del Nuevo Testamento.
Edifica el templo, tenía un diseño muy claro del templo de Dios, y él era eso. De hecho, resulta muy poco posible referirse a un solo ministerio sin mencionar a otros. Sobre todo cuando aquel del que estamos hablando, bíblicamente no tiene demasiada base. Y sobre todo cuando ese ministerio que no tiene suficiente base bíblica, hoy es el que domina la iglesia. Las razones de esto, en realidad, no existen. Es como si en una puja de poderes, los pastores hubieran hecho más fuerza y mejor. No le hace, esto tiene que ver con el ámbito espiritual, no con el sistema eclesiástico o religioso. En estos últimos, el pastor tiene incidencia y trascendencia.
En el otro, en el espiritual, sólo si ha sido llamado para ello, de otro modo, no existe. De hecho, ha llegado el tiempo donde los que son genuinos, deberán dar el paso que los falsos aún no han dado. Por eso te cuento que, una de las características de los ministerios apostólicos, de los que son apóstoles, es que son ellos los que sostienen la seguridad de una región. O sea: el diablo no puede tomar control de esa región en tanto esa persona esté allí. ¿De dónde sacamos eso? De que los apóstoles, en esencia, son territoriales. ¿Y si se diera el caso en que el diablo sí tome control de una región?
Hay que re-evaluar ese apóstol, su presencia no tiene la autoridad correcta. ¿Recuerdan uno de los títulos que sus guardias le otorgan a David? Le dicen: Rey, tú eres la lámpara de Dios. Eso le dijeron sus generales cuando casi lo matan en una guerra. Le pidieron que no fuera más a combatir, le dijeron que a él no le podía pasar nada porque…era la lámpara de Dios. ¡Qué tremendo! ¡Qué tremendo sería hoy, que la presencia de sólo un hombre, impidiera la labor satánica en una región! Esa es la mayor autoridad apostólica. Nada que ver con tener mil iglesias bajo tu cobertura.
La mayor autoridad es que el diablo no pueda tocar tu ciudad ni la región a la que has sido enviado. Enviado, apostellos. No es enviado a dónde le parezca mejor, es enviado donde Dios decide. ¡Así es como sí funciona! Estoy de acuerdo en que en estos tiempos, y por imposición de intereses personales y sectoriales, cualquier líder de cierto predicamento ha sido erigido como apóstol, pero no menos cierto es que algunas denominaciones siguen enseñando que los apóstoles ya dejaron de ser y que hoy no tienen razón de existir. Allí es donde Satanás se ha levantado tranquilo y sin impedimentos para destruir todo lo que tenga color y olor a Dios.
¿Será que no es eso lo que ven tus ojos, habites donde habites en este tiempo? Ahora, antes de seguir con esto, reflexiona un momento y ponte en oración por tu país, sea cual fuere. ¿Lo has podido ver? ¿Sí? ¡Muy bien! ¡Ahora ya sabes cuántos apóstoles hay en tu patria! O no hay, depende… Aquí está hablando Pablo, y noten sus palabras. Dice: Sé que cuando me vaya, vendrán otros. Ahora; ¿A quiénes les pide que cuiden el rebaño? A los obispos, no a los apóstoles. Y no digo pastores como he oído enseñar, porque la mayor parte de las versiones confiables de la Biblia dicen “obispos”, mientras que “pastores” sólo una versión de la que alguien se tomó para defender ese ministerio conforme a como hoy se lleva adelante.
Lo lamento, sigue siendo indefendible. Lo cierto es que los apóstoles cuidan territorios, no rebaños. Y los obispos, ancianos o pastores, si tú quieres, cuidan rebaños, no territorios. ¿No es lo mismo? Aparentemente, no, aunque en el final los resultados de esa división de responsabilidades coincidan en una: porque quien cuida un territorio, finalmente está cuidando también un rebaño que habita ese territorio. A la inversa no es así, porque quien está cuidando un rebaño, de ninguna manera tendrá ni tiempo ni perspectiva para cuidar un territorio.
(66) – Un Modelo Inexistente
Ahora, escucha esto: en el Nuevo Testamento, no vemos que se le llame pastor a ningún individuo. Parece obvio, que esto siempre tuvo que haber sido un trabajo en equipo, lo cual no significa que los ancianos y pastores deban poseer la misma autoridad ni liderazgo. De hecho, el patrón de liderazgo del Nuevo Testamento suele ser que normalmente alguien dirija un equipo, como Pedro, y más tarde como Santiago en Jerusalén. Aun así, en cada caso sigue habiendo un equipo de ancianos y apóstoles. No vemos ni un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento, de una iglesia que esté liderada por una sola persona.
No existe ese modelo. Y mucho menos que lo que diga esa persona resulte inapelable “por orden divina”. Siempre se habla de un equipo. Cuando uno entiende lo que es atender al rebaño, simplemente por un tema de humildad, uno se da cuenta que no lo puede hacer todo una sola persona. Es imposible. No se puede, no es posible. Se requiere más colaboradores. A mí particularmente me impresiona cómo Jesús, el pastor de nuestras almas, el buen pastor, hace una oración con sus discípulos. De hecho, les pide que oren, para que el Señor envíe segadores, obreros a la mies. ¿Por qué? Porque él mismo, solo, no puede hacerlo.
Él vino para algo específico y los discípulos van a ser enviados, pero aún ellos no pueden hacerlo todo. No hay ningún individuo que pueda hacer todo lo que se requiere para pastorear el rebaño de Dios. Aquellos quienes están bajo una sola persona que lo intente ser todo para todos, terminan inevitablemente siendo ovejas descuidadas. Ahora reflexiona por espacio de un segundo, no mucho más: ¿Estás viendo ovejas descuidadas a tu alrededor? Listo, ya tienes tu respuesta. Ese sistema podrá ser de prestigio y beneficio para unos pocos, pero es negativo para la mayoría.
Y lo más grave, está en oposición al propósito de Dios. Es imposible, no nos da, no nos alcanza, y a medida que envejecemos, peor. No se puede. Necesitamos un equipo. No se puede entender este ministerio sin la comprensión de una metáfora que el mismo Señor nos dio: pastor de las ovejas. De hecho, ante la carencia de explicación bíblica respecto a este ministerio, un pastor haría muy bien de tomar esta metáfora y hacerla suya. Un pastor es pastor si tiene ovejas para cuidar. No existe ni existirá tal cosa como un señor con título de pastor que no esté al cuidado de un rebaño de ovejas.
De todos modos, si lo está haciendo, la metáfora será útil para entender de una vez por todas, todo lo que este ministerio está facultado y hasta obligado a hacer. Un buen pastor, al igual que el Señor, no es simplemente alguien a quien se le ha contratado para hacer un trabajo, sino que es alguien que ama a las ovejas tanto que daría su vida por ellas. Y, de hecho, Jesús distinguió a los asalariados. Y no dijo maestros asalariados, dijo pastores asalariados, como un elemento peligroso, porque ellos no ponen sus vidas por las ovejas.
El pastor quiere que sus ovejas tengan los mejores pastos, la mejor agua, y está atento para asegurarse que ellas estén bien protegidas. Y si quieren ver lo que es una imitación, vamos a ver algo en el evangelio de Juan, capítulo 21. ¿Sabes? El corazón del hombre es muy engañoso. Nuestro corazón es tramposo, jamás juega limpio. Obviamente, se necesita que se explique a qué nos referimos. Uno de los rasgos distintivos más fuertes del ministerio pastoral, es el amor. He visto muchos choques entre pastores y profetas, cuando deben enfrentarse con un problema bien doméstico de las iglesias locales, como es por ejemplo el pecado de alguien.
Ahí sale el pastor a hacer todo lo desesperadamente posible por ayudar a restaurar a la, o a las personas involucradas, mientras que si hay un profeta activo, su inevitable postura será la de cortar de la congregación a esa persona y punto. Debo decirte que los dos argumentos son válidos. Sin embargo, uno de ellos tiene más razón que el otro. Normalmente, lo que el pastor usa para argumentar que esta persona debe ser restaurada, es el amor. Pero el punto, es este: un eje motor dentro del ministerio pastoral, aunque debo consignar que, por su postura transversal, es o debería ser afín a los cinco ministerios, es el amor.
Estoy diciendo que el amor es transversal porque, a menos que algo lo pueda obstaculizar, los cinco ministerios se mueven o deben moverse en amor. Sin embargo, cuando se habla del amor se relaciona con el ministerio pastoral porque este, quizás, es el ministerio más afectuoso, más cálido, más paternal, más cercano a la gente. Y a eso lo podemos ver con claridad en cualquier lugar en donde los cinco ministerios estén presentes y representados por personas. Al pastor seguramente habrá quien vaya y lo abrace, mientras que el resto lo rodeará. Al profeta, sabes, más bien lo van a saludar de lejos. Sin embargo, aquí hay una imitación muy sutil, que hace que el diablo engañe al pastor en este tema: en lo que para el pastor, es verdadero amor. El diablo le tiende una trampa.
(67) – Apacienta Mis Ovejas
(Juan 21: 15) = Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿Me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. (16) Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. (17) Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
¿Prestaste atención a esta lectura? ¿La leíste bien en tu Biblia? ¿Sí? Entonces, dime: ¿Dónde está el engaño? Que el amor del pastor, no debe ser a las ovejas, debe ser al Señor. Y es ahí donde el pastor es engañado. ¿Cómo vas a ser pastor si no amas a las ovejas? Eso es lo que te dice no sólo la multitud, sino también los profesores de los seminarios. ¿Sabes? Aquí lo que leímos, no dice que ames a las ovejas, dice que ames al Señor. Porque, mira; cuando Pedro le responde que sí, que lo ama a Jesús, Él le responde en las tres ocasiones más o menos de manera similar: apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas y apacienta mis ovejas.
Es decir que, lo que faculta al pastor es el amar al Señor, y como consecuencia de ese amor al Señor, no a las ovejas, recién allí se le avala y habilita para pastorearlas. Parece una verdad de Perogrullo, pero no lo es: ¿Sabes la cantidad de veces que he tratado de hablar del Señor con un pastor, y él me ha respondido hablando de sus ovejas? Engaño. Y allí es donde el diablo le pone la zancadilla y lo hace caer en la trampa al pastor. Porque de allí en más, ese pastor empieza a cuestionarse su escaso amor a sus ovejas, el qué pensarán ellas de él y todo eso que ha llevado, y sigue llevando, a lo que algunos humoristas del evangelio han dado en llamar, la aparición de las igle-burger, esto es: iglesias a pedido del consumidor.
Y ese suele ser un motivo de quiebre entre un pastor y un profeta, porque el profeta se rasca la nuca, sabe perfectamente que el pastor es un fiel y sincero hombre de Dios, pero no puede entender por qué, todavía, está permitiendo o tolerando el pecado. No le da al profeta para entender que no está tolerando ni permitiendo el pecado, sólo le está dando a ese pecador una oportunidad más para sanarlo y restaurarlo. ¡Pero pastor! ¡Ya cayó diez veces en un año en lo mismo! ¡Tiene que ser cortado para que no contamine a los demás! – Pero no, siervo…démosle una oportunidad más, ¿Sí? No.
El pastor está equivocado, porque verdaderamente deberían cortar a esa oveja, porque no es oveja. En todo caso está disfrazada con una piel de oveja, pero no lo es. Es decir que el engaño le hace cometer al pastor el más frecuente de los errores pastorales: hacerle pensar que la constante aceptación de los errores de las ovejas, es un sinónimo de su amor por ellas. Cuando verdaderamente existe una unción pastoral, eso atraerá el amor de Dios para con la gente. La gente, cuando está con un pastor que tiene legitimidad sobrada y es absolutamente genuino, se levanta en amor y, si amaba a Dios antes de ello, ahora lo amará mucho más, todavía.
La unción pastoral genuina, es una fuente de amor. Por eso es esta unción, la pastoral, la que mejor ministra la sanidad interior. Asimismo, aporta liderazgo a los creyentes, les ayuda a tomar decisiones, los respalda en sus proyectos. En otro orden, más allá de la unción y como consecuencia directa de esta, se encuentra la autoridad. Y la autoridad pastoral genuina, desata edificación en la vida de los creyentes, la gente avanza. Y volviendo a la metáfora de las ovejas, que es la que da origen incluso al ministerio, Jesús dijo que el buen pastor, conoce a las ovejas.
Las conoce de cerca, las conoce por su nombre. Eso implica una relación directa entre pastor y oveja, no es ni puede ser jamás alguien intocable. No solo conoce al hombre o a la mujer de ese matrimonio, sino que conoce también a sus hijos, sabe sus nombres, sabe los problemas que tienen. Por eso es que resulta absolutamente imposible para un pastor pastorear una congregación de quinientas personas él solo. ¡Es imposible! Y eso sin dejar de lado un rasgo casi central en la vida pastoral: la paternidad. Y fíjate que un ministro, cuando sabe perfectamente que lo es, suele tener mucho respeto por otro ministro.
No quiere ser en absoluto invasivo. Sin embargo, cuando tiene una visita en su congregación, puede sonar casi hasta manipulador, ya que incide en todo o casi todo lo que la visita dirá. Aseguran los que estudian a fondo estas características, que eso se trata solamente de cuidado paternal para con las ovejas, y temor a que estas se confundan. Puede ser, yo todavía tengo algunas dudas. Y las tengo por lo siguiente: yo, personalmente, no tengo ningún problema para sujetarme a un ministerio, cualquiera sea este. Si toca que sea un apóstol, o un evangelista, otro maestro, un pastor o un profeta.
Llego donde se encuentran y ya: me sujeto a todo lo que digan o hagan. Sin embargo, a lo que no me podré sujetar nunca, es a alguien que no tenga para nada definido qué clase de ministerio tiene, hace, pretende o imagina. ¿Y sabes qué? Está repleto de esto último. Y te digo por qué no me sujetaría a esto. Porque al no tener un ministerio definido, esta persona nunca desarrolló su habilidad, nunca ejerció una autoridad competente plena. De allí que entonces, no va a poder saber dónde poner límites, no va a poder desatar en la gente lo que ellos necesitan.
¿Y sabes por qué? Porque ni él mismo sabe lo que tiene, así que no podría saber jamás lo que tiene otro. Entonces, volvemos atrás y vemos que, cuando esa clase de persona se acerca a la visita y le señala todo lo que conviene que diga o que no diga, no está en realidad velando por la seguridad de las ovejas, está ejerciendo un alto espíritu de control. Muy abundante en los lugares en los que me ha tocado estar. Y ahí entramos a una recomendación que Jesús dio con meridiana claridad. Él dijo que un ciego no puede guiar a otro ciego, Y no hablo de la persona en sí, en este caso.
Puede que sea alguien de gran fe, pero de por sí, la fe no me va a dirigir a tomar decisiones correctas ni a hacer las cosas bien. Entiende esto. La iglesia está en un proceso clarísimo de transición hacia una reforma, ¿Verdad? Esto está fuera de toda discusión y es el punto de partida para cualquier cosa que se diga aquí. Sin embargo, nadie, y mucho menos nosotros, podría empujar a Dios en ese proceso. ¡Es Dios quien tiene que mecanizarlo y lo hará en su tiempo, no en el nuestro! Además, Dios dejó cinco ministerios básicos, esto es, un equipo de personas. Entonces, ¡Necesitamos el equipo!
No permitir que el equipo se forme, no es ni puede ser una estrategia pastoral, directamente es una maniobra satánica a partir del engaño de gente sincera y honesta, pero ingenua. Fíjate que se habla de unidad, pero no hay unidad en el pueblo de Dios. Y esta vez no me refiero a sus líderes, que a partir de sus tremendos intereses personales, tanto materiales como de prestigios o simples egocentrismos, prácticamente la han tornado empresa imposible, sino de la gente, de las ovejas más comunes. Algo tiene base biológica. A medida que la oveja de un rebaño no se cruza con ovejas de otros rebaños, se va aislando y, por consecuencia, deteriorando.
La endogamia, destruye la genética. Endogamia, te recuerdo: es la fecundación entre individuos de la misma especie. Práctica u obligación de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de una misma zona. Ahí es donde se ve el verdadero y genuino oficio de pastor. Porque un pastor de oficio, de ministerio pleno, no tiene ningún problema que sus ovejas se mezclen con ovejas de otros rebaños. De hecho, esto es altamente saludable. Pero, claro, todos sabemos que existen muchos pastores que evitan esta clase de mezclas, tanto las más duraderas como las eventuales, como realizar congresos con profetas, apóstoles, etc.
Cuando una persona evita estas mezclas, lo hace influenciado por el temor. Y ese temor, obviamente tiene una razón. Y la razón central es que él mismo, no tiene un ministerio de oficio. Una unción muy singular que es patrimonio casi exclusivo del verdadero pastor, es la de tener la habilidad de encontrar los dones escondidos que tiene la gente. Es de suma ayuda para que cada uno pueda fluir en cada uno de los dones que haya recibido. Ministra todo el tiempo enseñanza práctica. A un pastor-pastor, le interesa bien poco que la gente vea ángeles de a millares cantando a coro.
A él le interesa mucho más que cada uno tenga una hermosa familia, que sus hijos crezcan sanos, en obediencia y que sus finanzas se desarrollen. Obviamente, esto no tiene discusión en cuanto a su conveniencia, pero… ¡La iglesia espera algo más de sus miembros! Decía alguien que el pastor es el típico maratonista, porque quizás no sea muy bueno para competencias de velocidad, (Ese, en todo caso, es el profeta), pero en los cuarenta y dos kilómetros que dura una maratón ahí lo tienes, lento, firme, perseverante y sin cansarse. Al atardecer de una competencia que se largó al mediodía, quizás está llegando a la meta.
Pero siempre llega. Finalmente, habrá que decir que el ministerio pastoral, es un ministerio que apunta mucho a la prevención. Su corazón está muy ligado y comprometido a evitar que pase esto. Y esto, puede ser un problema, una contingencia, una tentación masiva en los jóvenes. Todo, en función de una buena calidad de vida. Sin embargo, y toca reiterarlo, es un error clave enquistar al pastor por encima de los otros ministerios. Nunca fue diseñado así. Fíjate, este es un ministerio con unción magisterial, aunque llegado el momento y la necesidad, pueda fluir en cualquiera de las otras cuatro unciones. Sin embargo, para el trabajo de la iglesia conjunta, yo tengo clara cuál es mi ubicación: prepararla para funcionar sin necesidad de incorporar “porristas cristianos”, que son los que te obligan a estudiar, cantar y predicar.
(68) – Las Diferencias Escritas 9
Lucas 18:22. Jesús dice: Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
La religión dice: ¡Cuidado! ¡Miren que a eso solamente se lo dijo al joven rico, no es una enseñanza para todos! Claro, es comprensible. Ocurre que la religión generalmente se compone en sus estratos superiores, de gente que ha hecho una buena base económica. Y no estoy sugiriendo que lo haya hecho con malas artes u otro tipo de abuso; lo ha hecho y punto. Y esta sentencia de Jesús los pone no solamente en evidencia, sino en un alto compromiso. ¿Estarían ellos en condiciones de vender todo lo que tienen, dárselos a los pobres y con la garantía de hacer tesoros en el cielo, seguir a Cristo?
Es casi lo mismo que en Lucas 11:41, donde Jesús dice: Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo os será limpio.
Y aquí la religión dice que eso Jesús se lo dijo a los fariseos, que tampoco esta es una enseñanza para todos. Veamos: si se los dice a los fariseos, se lo está diciendo a la que en ese tiempo era la representación del liderazgo de la iglesia estructural más importante e influyente. Supongamos que eso fuera como la religión lo sugiere: ¡Veríamos hoy a líderes religiosos dar limosnas importantes a esa tanta y tanta gente que en los pueblos latinoamericanos están oscilando entre la pobreza y la miseria? Daría un enorme ¡Gloria a Dios!, sí así fuera, porque no puedo negarte que tengo mis serias dudas al respecto del cumplimiento de esa palabra.
(69) – El Chef Siempre Tiene la Receta
Ahora voy a referirme a lo que más cerca tengo, el Ministerio del Maestro. Tiene una característica específica y puntual en el caso de ser un maestro genuino, y no uno formado a golpes de necesidad y urgencia por dudosas escuelas teológicas. Esa característica es El Amor por la Verdad. Amo la verdad, jamás podría enseñar algo que una denominación me obligara a enseñar, pero que yo sé, que sé, que sé, que no es una verdad bíblica. (Eso fue lo que hice, por eso estoy donde estoy y no de donde salí.) Y de eso hay mucho. Como hay muchos que tienen el don de enseñar, pero no necesariamente tienen el ministerio de la enseñanza.
Y la enorme distancia y diferencia que existe entre ambos, aunque a muchos les pueda parecer que son la misma cosa, es que el que no tiene el ministerio, sino el don, sale a enseñar con alegría, pero no tiene el compromiso con la verdad que tiene el ministro magisterial. De allí que, mientras los que tienen el don de la enseñanza, son utilizados grandemente y con excelencia, muchas veces, en los lugares donde se le da preeminencia a la doctrina denominacional que corresponda, por encima de la verdad bíblica, a veces al ministro se lo posterga, se lo obstaculiza o, sencillamente, se lo desactiva.
El que tiene el ministerio del maestro, jamás aceptaría eso. Él tiene un estricto e irreductible compromiso con la verdad y necesita estar plenamente convencido que lo que está enseñando es puntualmente eso, la verdad. Muchas veces nosotros tenemos la tendencia de juzgar a un determinado trabajo, pero no la motivación que está detrás de ese trabajo. Y las iglesias, convengamos que a la hora de armar grupos de enseñanza, echan mano a lo que se supone que podrán ser buenos maestros, por ejemplo, tomando maestros de la escuela secular que se congreguen allí.
¿Y sabes qué? El maestro del Señor, no es un pedagogo, es un difusor de las verdades que Dios quiere que sus hijos conozcan. Alguien que tiene el carácter para enseñar la verdad, amarla y transmitirla.Y esto, muestra una característica muy interesante del que yo llamaría maestro de oficio: el primero en poner en práctica lo que está enseñando, es él mismo. Ese es un rasgo muy distintivo del maestro. Tan fuerte es su compromiso con la verdad, que muchas veces, no se anima a enseñar algo que sabe que es lo correcto, porque todavía no lo puede vivir. Así de fuerte es su compromiso.
Mientras, la especialidad que tiene el Ministerio Magisterial, es el entendimiento de diseños. Tiene una habilidad para poder comprender la dinámica con la que funcionan las cosas. Ocurre algo imprevisto y, mientras las personas en lo global acercan posibles soluciones o mecanismos, el maestro se queda en silencio y parece estudiar el problema para ver si le encuentra el diseño. Y no está figurando ni actuando, ¡Él es así en todo! No somos buenos en lo más mínimo para hacer las cosas rápido. Te lo advierto: si deseas que algo salga rápido, vertiginoso, entregárselo a un maestro, no me parece que sea una decisión inteligente.
Porque es muy difícil que un maestro encare algo si no lo ha entendido bien. Si se pone a cocinar algo, puede desatar una hecatombe de ansiedad en los comensales, porque parecería ser que la comida no va a estar lista jamás. Sin embargo, que no te extrañe que, aun no siendo un cocinero ni mucho menos, si un maestro cocina, esa comida sale perfecta. Porque con anterioridad, se tomó el trabajo de estudiarse todos los detalles. Jamás viajo a un lugar sin pasar antes por el “maps”. Cuando salgo, me conozco hasta los arbolitos plantados allí. Eso causa mucha gracia en mi familia, porque la mayoría elegiría salir y “ver qué pasa” después.
Yo acepto que la normalidad de las personas, eso sería lo que harían, y está muy bien; pero yo jamás ando perdido por allí preguntando qué ruta o que calle debo tomar para llegar a un lugar determinado. Yo ya lo sé, si no, no salgo. Este entendimiento de diseños, es muy valioso cuando se trata de la iglesia. Porque todo lo que nosotros vivimos como personas naturales, como seres espirituales, nuestro caminar antes de Cristo, nuestro caminar en Cristo, responde a diseños. Entonces, los maestros no sólo ayudan a hacer un diagnóstico muy preciso respecto a por qué le pasa algo a alguien, sino que también tienen una mecánica para poder prever que esto no se repita.
El rasgo más notorio que tiene el maestro, llama mucho la atención, ya que es el aprendizaje constante. No es maestro de verdad, si no está permanentemente aprendiendo. Constantemente el maestro está aprendiendo. Lee, escucha, ora, recibe, tiene revelación, tiene conocimiento, tiene ciencia, saca de aquí, extrae de allá, pero no lo utiliza para armar campañas, conferencias ni congresos para demostración y lucimiento. Lo utiliza simplemente para enseñar a todo aquel que no sabe lo que él sí ya sabe. Yo declaro, confieso y lo digo permanentemente: esto no es mío, esto es de otro ministro, a esto lo saqué de aquí y de allá y, en un momento dado, cuando toca, esto me ha sido revelado a mí.
Y, -reitero-, no me avergüenza tomar de otros y compartirlo, porque yo no uso eso para mí beneficio, sino para el tuyo, eso está más que claro. Sin embargo, a lo mejor no son los maestros los mejores invitados a una cena de simple diversión o pasatiempo. Porque él tiene una dinámica en su ADN y es la recibir y transmitir, así que todo, absolutamente todo lo que escuche, pasará por un tamiz de estudio, ordenamiento y preparación de libreto, por si acaso debe repetirlo ante otros. Tiene un lado bueno, jamás te va a decir que está todo bien si no entendió absolutamente todo lo que le has pedido, ordenado, solicitado o enseñado.
Amor a la verdad. Todo esto, le otorga al maestro genuino, un carácter que no siempre le brinda multitud de amigos: es confrontador. Soy consciente de que un maestro no busca ser confrontador, lo sé por mí mismo, pero parecería ser que es inevitable que no termine siéndolo. Porque por el proceso de amar la verdad, entender el diseño y el aprendizaje constante, el maestro siempre exige que todos sean precisos con él, como él lo es con todos.
(70) – Bases del Conocimiento
Creo que a esta altura ya te diste cuenta que un ministerio, no es algo que tú te pones o te sacas conforme al momento. El ministerio es algo que te acompaña siempre, desde que saliste del vientre de tu mamá hasta que saludas y te metes en un ataúd. Y durante todo el día, estés donde estés y hagas lo que hagas. Es tan inseparable como la piel. Incluso en lo secular el maestro actúa como maestro, si es que alguien no parece entender algo que él ya sabe. Y, generalmente no sólo se preocupa por saber lo respectivo a su trabajo específico, sino que se toma el tiempo para conocer el de sus compañeros, también.
Y no tiene nada que ver ni con Dios ni con la Biblia, sino conque su amor por eso lo lleva a desear que toda la gente haga lo que tiene que hacer, correctamente. Además, el maestro es una persona que enseña permanentemente y sobre todo lo que conoce más que los demás. No necesita ni pizarra ni bolígrafo ni celular ni computadora, enseñar es su vida. Y si te pasa una receta de cocina y tú te pones a copiarla, te va a corregir hasta la ortografía de la receta. Puede llegar a resultar un tanto pesado para la gente común, ¿Para la gente normal? Pasemos a lo que es su don más importante, aunque todos lo sean por igual.
En este caso es el fundamental que adorna y respalda su ministerio: la palabra de conocimiento. Es el don que más usa. Y créeme que es un recurso extraordinario. Este don pertenece a la famosa y conocida lista del Espíritu Santo, ¿Recuerdas? Es también ubicado o agrupado como don de habla. En cuanto lo que más recurre durante su tarea, es a la precisión. La diferencia está en que, mientras el don viene del Espíritu, el recurso es una disciplina. Prueba a tu gente con un trabajo de investigación sobre lo que sea, y luego diles que te hagan un informe.
Los informes más detallados, puntillosos, meticulosos y al milímetro en detalles, pertenecerán a los que tienen el don de maestros. Por eso, estoy convencido que es uno de los ministerios más fáciles de reconocer en la gente. Y aunque parezca increíble, no es tan fácil encontrar maestros de oficio, de ministerio, dentro de las congregaciones. La mayor parte del liderazgo establecido y tradicional, no sabe encontrar ni valorar a estas personas. Referente a la carga por la iglesia que tiene el maestro, esta tiene que ver ineludiblemente con el crecimiento. Obviamente que no me refiero al crecimiento numérico ni financiero.
Hablo de crecimiento en conocimiento. Su versículo favorito, es el pueblo perece por falta de conocimiento, aunque luego va a explicarte que no se trata de teología, sino de intimidad. Lo sé porque lo repito dos o tres veces cada día. Con diferentes personas, claro…Al igual que con el ministerio del pastor, no tenemos ningún ejemplo en el Nuevo Testamento de alguien que fuera solamente maestro. De allí que, al igual que el pastor, maestro es siempre una función, jamás un título. Fíjate que cuando le dijeron “maestro bueno”, a Jesús no le gustó. A mí tampoco. Si me llaman Néstor, eso es suave música a mis oídos.
Lo que sucede, es que se toma al Libro de los Hechos como base sustancial ministerial, pero resulta ser que cuando Lucas escribe ese libro, no pretende de ninguna manera contar toda la historia de la iglesia. Él sigue un hilo muy delgado, que abarca la vida de Pedro, un poco, y la vida de Pablo, otro tanto. No pretende en modo alguno hacer una enciclopedia de la historia de la iglesia. Nunca lo quiso hacer y no hay esa intención en la Biblia. Y cuando no existen referencias, muchos se preguntan el por qué. Pasa que en ese tiempo esa iglesia no escribía sus historias porque ellos estaban convencidos que Jesús iba a retornar muy pronto, casi ya mismo, y por lo tanto no valía la pena, -según ese pensamiento- registrar historia alguna.
¿Quién la iba a leer? Y ahí está la diferencia entre 1 Tesalonicenses y 2 Tesalonicenses. Cuando Pablo mismo, en 1 Tesalonicenses, parecería estar diciendo: “¡Ya nos vamos! ¡Ya nos vamos!”, mientras que en la segunda carta al mismo destinatario, cambia totalmente su postura y aconseja no dejar de hacer todas las cosas que se deben hacer para subsistir, porque nadie sabe ni el día ni la hora de ese retorno. De hecho, ellos no sabían qué cosa significaba ese Vengo en breve de Jesús. Por ese motivo, no había ninguna razón para escribir un libro de historia. Me pregunto si en este tiempo alguien podrá definir qué significa esa expresión de Jesús y a cuándo se refiere. De allí que lo que digo, que no hay nadie a quien se le llame maestro luego de Hechos 2, es muy cierto, pero tan cierto como que evidentemente hubieron muchos. En el Libro de los Hechos, capítulo 13 y verso 1, hay un texto bien bonito e ilustrativo.
(71) – Te Anunciaré a Mis Hermanos
(Hechos 13: 1) = Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Níger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.
No sabemos si aquí se nos está diciendo que estas personas, eran profetas y maestros, todo junto en uno solo, los dos ministerios en uno, o bien está diciendo que algunos eran profetas y otros eran maestros, con ministerios separados. Fíjate que nos deja la misma duda que nos deja Efesios 4:11, cuando habla de pastores y maestros. No sabemos, en ninguno de los dos casos, si es alguien que tiene las dos cosas, o son dos personas distintas. La palabra “Y”, en griego es kai, y no nos ayuda mucho porque involucra las dos cosas. Con, esto y esto, adición. Pluralidad, singularidad. ¿Entonces, en qué me ayuda el verso?
En que es evidente que se reconocía el oficio magisterial. De allí que coincidimos en que este ministerio, es un ministerio de equipamiento y capacitación. ¿Y qué cosa significaría eso? Que dentro de la cantidad de ministerios que podemos tener, están los ministerios de alcance, por ejemplo, el ministerio evangelístico, que es el brazo largo y de alcance. El ministerio apostólico también es un ministerio de alcance, territorial en este caso. El evangelístico, en cambio, va por personas, mientras que el apostólico va por regiones. El ministerio del maestro, en cambio, no es un ministerio de alcance.
Cuidado, esto no quiere decir que un maestro no pueda evangelizar. Puede hacerlo, pero va a ser largo. Pero está bien, porque eso nos permite entender cuando ellos hacen énfasis en el equipamiento. Está dirigido hacia adentro de la iglesia. Cuando yo dudaba de mí ministerio oré, y el Señor me llevó al Salmo 22:22: Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré. A mis hermanos, no a los mundanos. Listo. ¿Listo? No, listo nada; tuve dudas, entonces puse un innecesario vellón y volví a orar esperando palabra.
El Señor, con justicia, debería haberse quedado en silencio, pero: ¿Cuántos saben que nuestro Dios es infinitamente misericordioso y tiene tremenda paciencia hasta con los incrédulos como fui yo? Él simplemente me mandó a Hebreos capítulo 2, sin especificar nada más. ¿Un capítulo completo? En realidad, no; porque el corazón me dio un brinco cuando llegué al verso 11 y 12: Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré.
¡Ahora sí, incrédulo! ¿Necesitas algo más para salir a enseñar a tus hermanos? Punto. Porque por lógica simple, no tiene demasiado caso ponerte a equipar a los que están fuera de la iglesia. No tiene sentido. Obviamente que el equipamiento es dentro de la iglesia. Es la acción más usada en el ministerio de Jesús. Se lo llama Raboni, Rabí, más veces que con otro título. Los maestros tienden a ser muy prácticos. Es lógico. Por lo tanto, si en algo son breves, es cuando dan consejos. Yo me niego a dar consejos, apenas algunas sugerencias como para que la persona que me consulta, luego, decida por sí mismo lo que hará o no hará con mis sugerencias.
Nadie, -a mi juicio-, está ni autorizado ni capacitado para decirle a otro con valor de orden a cumplir, como debe o no debe vivir aspectos de su vida personal. Aquello de que en la multitud de consejos está la sabiduría, tiene que ver más con el consejo de planos espirituales que con los asuntos del alma humana. A veces me han escrito un correo contándome que cuando en su iglesia se ponen a saltar y a danzar, a él o a ella, eso, la ponen muy mal. ¿Sabes qué he respondido? De acuerdo, entonces no lo hagas. Déjalos danzar todo lo que se les dé la gana, pero tú quédate a un costado o sencillamente vete fuera del templo.
Nadie podrá obligarte a hacer lo que no quieres hacer. Nadie puede manipular tu vida. Mientras tanto, ponte a orar y pídele al Espíritu Santo que te muestre la guía a toda verdad respecto a ese asunto. Allí tendrás la respuesta de si el equivocado eres tú o los otros. Punto. Porque nadie ha dicho que quien va a una iglesia deba ir con los zapatos bien preparados porque danzar será su trabajo principal. Pero tampoco nadie ha dicho que quien va a una iglesia y ve danzar a los demás, deba salir a reprender demonios bailarines, como alguna vez le oí a alguien…
(72) – Es Complemento, No Competencia
Los profetas tratan más con la visión, que es como decir el lugar en donde debemos estar. Pero el profeta no se ocupa de la, o las formas existentes para llegar allá. Es el maestro el especialista en enseñarnos cómo llegamos allá. De nuevo: el profeta viene y te dice que en dos años, deberemos estar allá. Cuando tú le preguntas cómo lo hacemos, te responde: No sé, Dios lo sabe. Yo, lo único que sé es que es así porque Dios me lo ha dicho. Ahí es cuando aparece el maestro y pregunta: ¿Dónde debemos estar? Allá. Muy bien. Y a partir de allí ese maestro se pone a trabajar para encontrar, rápidamente, la forma de armar un plan para llegar allá en el lapso de dos años.
Y esa es la razón por la cual, el infierno, ha realizado un especial trabajo en cambiar la fuente de información que el maestro tiene. Porque, ciertamente, el profeta no es bueno para guiar. ¿Sabes qué hace el profeta? Se calza su mochila y se va. ¿Y sabes cómo es su manera de guiar? ¡Sal corriendo y persíguelo! Él va a llegar allá, donde hay que ir, y jamás va a fijarse si alguno venía atrás. El pastor es el que va empujando y ordenando el andar de las ovejas procurando que nadie se quede. Pero el especialista en la ruta, es el maestro. Él tiene el GPS espiritual.
Cuando estos dos ministerios, el de profeta y el de maestro, cooperan el uno con el otro, se forma un equipo que es altísimamente poderoso. Tienen una impresionante capacidad ministerial de complemento. En soledad, cada uno, por el contrario, se les genera algunos problemas muy singulares. Cuando un profeta o un maestro están solos, no solamente son inofensivos, sino que incluso hasta se pueden tornar destructivos. ¿Por qué? Sin la influencia de los profetas, los maestros suelen ser tan prácticos que, el pueblo puede, por ellos, tener una buena doctrina, pero sin el fuego ni la visión que siempre hacen falta para progresar.
Hay cierto carácter de cinismo que se va generando con los años en el maestro, cuando no tiene profetas cerca. Porque es muy práctico. Y esa, créeme, fue una de las razones por las que se fueron anulando los dones dentro de la teología. ¡Ah! ¡Hoy he visto un ángel! – ¿Ah, sí? ¿Y qué significa eso? – ¡Ah, no lo sé! – ¿Y entonces para qué lo dices? ¡Déjalo para ti solo! Porque lo importante no es que tú veas un ángel o dos, lo importante es que tú seas un buen papá. Ahora; todas estas expresiones muy prácticas y hasta efectivas, con el correr de los tiempos, fueron cortando esa espontaneidad que es típica del ministerio profético.
Claro está que por el otro lado, el error fue que ante cada circunstancia, el proceso se realizaba dentro de los conocimientos que se poseían, sin detenerse a pensar ni por un instante, que absolutamente nadie puede suponer que se lo sabe todo. Y quiero aportar una sentencia que, por venir de quien viene, deberías tener en cuenta. Depender solamente de lo que se conoce, nos convierte con el tiempo en una persona cínicamente práctica. Claro está que, así como en iglesias donde lo magisterial y teológico domina a lo espiritual, el espíritu griego se infiltra y llega un momento en que la frialdad provoca congelamientos y neumonías espirituales mortales.
¿Y en las otras, donde todo el mover es profético? Allí las cosas parecen ser mucho más espirituales, por lo que puedes ver a la gente en general, desde los líderes hasta el último de los ujieres, prácticamente levitando en el tercer cielo. Pero claro, al mismo tiempo, hay una mayoría de padres que no tienen ni la menor idea respecto a qué hacer para tener con qué pagarles el colegio a los niños. Esta dualidad es como si examináramos un automóvil. Mientras que su volante representa al maestro, su transmisión representa al profeta. Es más que obvio que se necesitan las dos cosas.
¿Dónde crees que llegarías en un auto que tiene tracción para moverse pero no tiene volante para dirigirlo? A colisionar con lo primer que se cruce. ¿Y dónde se supone que llegarás con uno que tiene un volante que anda perfecto, pero no tiene tracción y no se mueve? ¿Te das cuenta que necesitamos ambas cosas para funcionar? Porque si un profeta se deja llevar por su ministerio a pleno, llega un momento en que todo parece volar por los aires, pero la realidad nos muestra que no estamos yendo hacia ningún lado, y que en lugar de ser espirituales, como suponíamos, en verdad apenas estamos resultando místicos.
Y créeme que hay una gran diferencia entre ser espirituales y ser místicos, ¿Entiendes? El espiritual, por ejemplo, tiene una lógica espiritual y sabe perfectamente por qué hace eso, mientras que el místico, no. ¿Ejemplo de misticismo? He sabido de personas que llegan a tomar entre tres y cuatro veces por día la Santa Cena. Navegan en las turbias aguas del absurdo. Además, sin la influencia de un maestro, un profeta puede activar a todo el mundo, pero sin saber lo que hay que hacer.
El corazón y el alma del ministerio del maestro, es el amor a la verdad. ¿Y de dónde nace este amor? Del mismo modo que decíamos que el amor a Dios está por encima del amor a las ovejas, vale la pena aclarar esto también. Este amor es la motivación que lo hace escudriñar las Escrituras, que son la base de toda verdad. Un maestro genuino puede cometer cualquier error porque es un ser humano falible; pero enseñar algo que sabe que no es verdad, si es genuino, jamás. Aunque le cueste su expulsión de la sinagoga de turno. Porque su compromiso es con la verdad, no con el líder.
(73) – Un Asunto de Sensibilidad
(1 Corintios 2: 10) = Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. (11) Porque ¿Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
Este amor por la verdad, nace del acto de escudriñar la Palabra. Difícilmente un maestro va a estar sin leer la Biblia constantemente, difícilmente. De acuerdo, no me imaginen Biblia en mano sentado en el jardín. Tengo todas las versiones existentes en mi ordenador y ahí acudo cada vez que necesito ahondar en un texto. De otro modo, siempre adelante con la versión clásica y tradicional. En algunas de las demás, no termino de confiar. Y lo peor es que no tengo motivos, así que o: es el Espíritu Santo o estoy espiritualmente paranoico. El Espíritu Santo es quien hace que escudriñemos las profundidades de Dios y es también el Espíritu quien nos las debe revelar.
Por esta razón el maestro debe ser tan sensible al Espíritu Santo como cualquier otro ministerio. Porque no es solamente la capacidad de entender que tiene el maestro, ya que de ese modo no sería un ministerio, sino una simple habilidad, un talento, No hay manera en que el hombre pueda entender las cosas de Dios, sin el auxilio del Espíritu Santo. Ustedes podrán ver todos los días a gente muy inteligente del mundo secular, asegurando que no hay Dios. ¿Por qué? Porque para poder verlo, no se necesita únicamente inteligencia, se necesita al Espíritu Santo.
Y cuidado con lo que voy a decir: ellos no mienten cuando dicen que no hay Dios por una sencilla razón: ni lo pueden ver, ni sentir, ni creer, ni encontrar por revelación. ¿Cómo se supone que van a creer? No es un talento humano, es un recurso del cielo. La hermenéutica y otros sistemas de estudio anulan esta sensibilidad y hacen que el maestro dependa de métodos, en lugar de la revelación del Espíritu. A la verdad de Dios, no se la puede hallar científicamente, sino que debe ser revelada por el Espíritu de Verdad. Y esto es lo que hace del maestro un personaje bien interesante.
Porque él le tiene un respeto especial a la Escritura. Puede haber, en alguna ocasión o circunstancia, un choque o un roce entre el ministerio profético y el del maestro. Si hay algo que, aseguran, molesta mucho al maestro del profeta novato, es que no use la Biblia. Lo peor que se le puede hacer a un maestro es comenzar a predicar a partir de una visión personal. Es tanto su amor a la verdad que no concibe que alguien pueda predicar sin mencionar siquiera un versículo bíblico. Y no lo es por simple mecánica teológica; es porque si algo jamás se escribió en la Biblia de parte de Dios, Dios lo ignora.
Y nadie puede enseñar algo que Dios ignora. ¿Está claro? Sin embargo, cuando estos dos ministerios, el magisterial y el profético, logran unirse en el propósito, sencillamente son poderosos. Porque lo que uno ve, el otro lo explica. Ahora bien; para que el maestro capacite a los santos, se requiere más que sólo impartir conocimiento. Podríamos aclarar esto. El ministerio profético siempre está muy asociado con la acción. Una iglesia que tiene un dominante de maestros, es una iglesia que sabe mucho, pero que está detenida. Entonces, la gente entra, aprende, pero no sabe qué hacer con lo que aprende.
¿Es de ayuda? ¡Claro que es de ayuda! Te enseña cómo vivir, cómo manejar tal o cual asunto. Pero, ¿Sabes qué? La vida en Dios, no consiste sólo en lo que a ti te pasa. Se trata también de lo que tú, luego de pasar por ese proceso, puedes hacer. Por eso, una tendencia que a veces rodea a los maestros de oficio, es que pueden llegar a pensar que siempre falta algo en la gente para avanzar. Alguien llega a una iglesia así y se encuentra con que todos saben mucho, pero no hacen nada. Si ustedes analizan el ministerio de Jesús, van a notar que él intercalaba la enseñanza con la acción.
Les dio las bienaventuranzas, sanó enfermos, liberó endemoniados, pero luego por la noche caminó sobre las aguas. Y esto no fue una enseñanza, sino una demostración activa del poder de Dios. ¿Qué pasaba con los fariseos? ¿Alguien podría decir que no eran maestros extraordinarios? ¡Se sabían toda la ley de memoria sin errar una línea! Pero mientras ellos se sentaban y sus discípulos los rodeaban para oírlos hablar y enseñar, cientos de enfermos, paralíticos y otros similares estaban allí muy cerca, sin nadie que los sacara de sus miserias. La iglesia necesita el conocimiento.
Por eso se hacen conferencias y existen esta clase de ministerios. Pregunto: ¿Alguien sabe cómo transmiten información los profetas? Sabemos que un maestro la transmite a través de la enseñanza, pero ¿Cómo lo hace un profeta? Mediante la acción. Los profetas enseñan haciendo. Lo tienen ustedes muy claro con Elías. Está con Eliseo, van caminando, están subiendo a Bet-el, van para Jericó, está el agua. Arroja el manto y pasan por sobre él. ¿Está aprendiendo, Eliseo? ¡Claro! ¡Y sobre la marcha! Porque cuando vuelve, ¿Qué crees que hace Eliseo? ¡Lo mismo! Arroja el manto y pasa.
Aprendió. Elías no lo llevó a un auditórium, lo sentó y le proyecto diez videos respecto a cómo cruzar los ríos. ¡Los cruzó! ¿Y cómo enseña el maestro? Con impartición de conocimiento, hablando, naturalmente. Por eso, creo que el maestro debe salir de este engaño mental. No se trata sólo de impartir conocimiento. Y allí es donde la herramienta de la confrontación ayuda mucho. ¿Qué estás haciendo con lo que sabes? ¿Entiendes ahora por qué lo estoy preguntando permanentemente a cada uno que toma contacto conmigo?
(74) – La Habilidad de Entenderlo
El trabajo principal del maestro, es impartir el amor a la verdad. No es enseñar, como muchos suponen, no es el conocimiento en sí mismo; es el amor a la verdad. ¿Qué provoca esto en la gente? Esto motiva a los santos a cavar sus propios pozos, lo cual es esencial para una fe sostenible. Porque cada uno deberá conocer la verdad por su propio esfuerzo. El verdadero maestro, (Porque también hay falsos, obviamente), imparte tal amor al conocimiento de los caminos de Dios, que aquellos que lo oigan serán atraídos ellos mismos hacia la Palabra.
Quieren más, más y más de la Palabra, cada día. Además, es capaz de encontrarle sentido a una palabra que normalmente no se puede ver. Y puede darte una explicación de un versículo por más de dos horas, diciéndote cosas que están allí y tú, que lo leíste diez veces, no lo habías visto. ¿Por qué pasa esto? Porque el maestro se mueve, permanentemente, bajo un espíritu de conocimiento divino. Entonces: está lo que lee, está lo que sabe y está lo que Dios le está revelando en ese momento. Son tres factores que provocan este mecanismo. Lo que lee, lo que ya conoce y lo que Dios le está revelando.
Son esos tres factores los que generan la rueda de su movimiento. ¿Sabes cuál es la prueba más gratificante que tengo a diario en mi trabajo? Que alguien me cuente que estuvo escudriñando, que estuvo orando y que cree haber recibido una determinada revelación que me comparte. ¿Sabes qué? A veces, por prisa carnal o inexperiencia, tal revelación es sólo imaginación. Pero a veces, Dios es capaz de darle a un hijito casi recién nacido, una palabra que jamás le daría a un ministro de altísimo prestigio internacional. ¿Sabes por qué? Porque el hijito es inmaduro y puede equivocarse, pero es íntegro y fiel.
(1 Corintios 12: 8) = Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
¿Qué diferencia hay entre palabra de sabiduría y palabra de ciencia o conocimiento? En principio, digamos que los dos son dones del Espíritu Santo; los dos son dones de revelación; los dos son dones del habla. ¿Qué diferencia hay? En el griego, por ejemplo, cuando se habla de palabra de sabiduría, dice logosofía. Y cuando se habla de palabra de ciencia o conocimiento, dice logo gnosis. ¿No te está resolviendo el problema ni respondiendo la pregunta, verdad? No. Veamos: la palabra de conocimiento o ciencia, es la habilidad para entender las cosas que otros no conocen y no pueden comprender y compartir este conocimiento con ellos bajo la inspiración del Espíritu.
O sea: es el conocimiento preciso de un asunto que está escondido humanamente. Ya lo conté en uno de mis libros, pero aquí encaja perfectamente reiterarlo. Yo era muy nuevo, todavía, y fui invitado a predicar (Porque estaba en los medios de comunicación y eso me hacía conocido), a una iglesia que era un apéndice de una mayor. En el pequeño salón, había veinte personas, todas asistentes habituales, ninguna visita. Cuando empecé a orar en la previa, cerré mis ojos y, sobre el fondo negro de mis ojos cerrados, se me recortó muy nítida, en color dorado, el perfil de una virgen católica muy popular en mi país, la Virgen de Luján.
Me quedé sin saber qué hacer, pero sentí el impulso de decir en voz alta que había alguien presente que tenía un pacto con esa virgen y que el Señor quería que lo rompiera ya mismo. Y que para hacerlo, se pusiera de pie. Sólo me atreví a abrir mis ojos cuando escuché un murmullo creciente que terminó en aullido de glorificación a Dios. Ahí estaba una jovencita, quebrantada y temblando. Yo fui el más sorprendido de todos, aunque nadie me lo quisiera creer.
Y fíjate que, así como te dije anteriormente que en muchas cosas el profeta y el maestro chocan y se sacan chispas por determinados espacios, en este don, tengo que decirte que en muchísimas ocasiones llegan a compartirlo y utilizarlo ambos en beneficio de alguien o de la iglesia conjunta. La palabra de conocimiento es un conocimiento preciso de un asunto que está escondido humanamente. El don de la palabra de ciencia o conocimiento, tiene que ver con la revelación. Y esto significa que es conocimiento revelado por Dios, no es conocimiento obtenido a través de educación o estudios.
Un ejemplo: Jesús les pregunta a sus discípulos: ¿Quién soy yo? Pedro le responde: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. ¿Qué dice Jesús? ¡Esto no te lo reveló ni carne ni sangre! Eso es palabra de conocimiento. Y entonces, ¿Cuál es la diferencia con una palabra de sabiduría? Si tú le preguntabas en ese momento a Pedro, por qué había dicho que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente, él no te lo habría sabido explicar. Porque sólo recibió la palabra de conocimiento, pero no la entendió. Ahora, si él hubiera podido explicarla, además de darla, entonces se hubiera convertido en palabra de sabiduría.
La palabra de sabiduría es la habilidad de recibir la comprensión acerca de cómo puede aplicarse el conocimiento a las necesidades específicas. Dado los hechos sobre cualquier situación, una persona con este don encuentra la manera de desarrollar un proceso para traer una solución. La palabra de sabiduría puede ser una visión divina, puede ser una impresión en el espíritu, o puede ser algo recibido de alguna forma, sobre una persona o una situación, que no son obvias para una persona promedio, y se combina con una comprensión de qué hacer y qué no hacer.
Es decir: cuando la suma de conocimiento se articula y conforma un gigantesco rompecabezas, o puzle armado, allí es donde comienza a gestarse la sabiduría. Cuando un profeta comienza a enseñar la mente de Dios, normalmente está haciendo uso del don de sabiduría. Y la gente le entiende, de hecho. Porque si la gente no entendiera, esa sería la señal de que no está utilizando el don. Lo cierto es que el trabajo del maestro, hace que la iglesia madure más pronto. Él trae instrucción práctica y trae revelación del cielo para tomar decisiones correctas. Y en ese amor a la verdad, y tal como lo expresa Juan en el capítulo 8 y verso 32: Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres, hay un principio vigente y activo. La verdad, de por sí, tiene la capacidad de desarticular a las tinieblas. Porque el diablo es un estratega de mentiras.
(75) – Comprometidos con la Verdad
Entonces, ¿Qué sucede cuando un maestro se levanta como punta de lanza en una congregación? Es tremendo. Porque algo que la iglesia todavía no ha entendido, es que el conocimiento es un arma de guerra. Sucede en lugares con religiones basadas en mentiras que un maestro puede desarmar en segundos. Al comenzar a hablar, sin reprender, sin poner sus manos sobre nadie y sin siquiera orar, los demonios se manifiestan. Porque la enseñanza y el conocimiento, es un arma de guerra. La maduración que la iglesia necesita, ciertamente depende de dos cosas. Una de estas dos cosas, es el carácter.
La persona más idónea en la organización de la iglesia para trabajar con el carácter, debería ser el pastor, porque él conoce a las ovejas. De ahí que no se concibe la verdad de que pueda haber un pastor que no sea también un maestro. En la parte práctica, sin embargo, tengo que decir que sí hay. Eso me lleva a una conclusión bien interesante: la persona que es pastor pero que no es maestro, entraría a funcionar bajo una unción pastoral, pero no bajo un ministerio pastoral. Porque es muy difícil que un pastor de oficio, no tenga que enseñar. ¿Cómo podría establecer verdades en la gente?
Por la misma razón, un maestro de oficio, que tiene un compromiso por la verdad, va a estar permanentemente preocupado por saber lo que la gente está haciendo con lo que él está enseñando. Y eso, inevitablemente lo va a llevar a él, a hacer un trabajo pastoral indirecto. De acuerdo, no es algo que él busque, pero hay que entender que él no está arrojando semillas al aire, simplemente. Está viendo dónde caen, está viendo qué hace con eso, la gente. ¿Y por qué? Por el amor que tiene. Pero no a la gente, sino a la verdad. Es muy difícil soltar, desprender, separar, el ministerio pastoral de oficio, del ministerio magisterial de oficio.
¿Qué es lo más normal de encontrar? Que existe un pastor ministerial de oficio, con un don magisterial. ¿Y cuál sería el equivalente? Una persona con el ministerio del maestro, con un don pastoral. ¿Y estas dos semblanzas, funcionan bien? Funcionan bien. ¿Y cuál es la diferencia entre ambos? Casi mínima, porque en esencia va a salir una sola fuente de ambos ministros. Va a salir una misma cosa. Lo peligroso: tener un maestro como líder de la iglesia, que no tenga nada de pastor. Será una iglesia casi sin perspectiva de desarrollo. Apenas llegará a constituirse en una biblioteca espiritual con piernas.
Otro peligro. Ser pastor, pero no ser maestro. No se le da sentido a lo que pasa. La gente es atendida, la gente es restaurada, pero la gente no logra articular lo que sabe en su propia vida, con un sentido de utilidad. Bajo esta imagen, si bien consideramos que Dios nunca quiso que los ministerios habitaran individualmente, sino colectivamente, él diseñó esta cooperación en los ministerios, cuando cualquiera de ellos se desenvuelve solo, van a darse cuenta ustedes que carecen de muchas cosas. Y cuando digo cualquiera de ellos, no dejo fuera al apostólico. Cualquiera de ellos, aún el apostólico. No abastece para todo lo que es una iglesia sana, una iglesia con propósito, una iglesia establecida en una plataforma de estabilidad. No se da, porque Dios los diseñó juntos. Por eso no es correcto referirse a LOS ministerios quíntuples, sino AL ministerio quíntuple. Es un solo racimo de esta vid con cinco uvas.
(76) – Las Diferencias Escritas 10
Sin embargo, en Lucas 12: 32-33 se vuelve a repetir el tema que anteriormente mencionábamos, cuando Jesús dice: No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.
Lo primero que podemos ver es que dice “manada pequeña”. ¿Por qué utiliza esa expresión si luego veremos que los cristianos no conforman, precisamente, una manada pequeña, sino bastante voluminosa? Porque no se refiere a todos los cristianos, sino al remanente santo. Un remanente que es el producto de la zaranda, del filtro que la propia palabra ejecuta sobre el pueblo, extirpando todo foco de religiosidad e incrementando la tarea del Espíritu Santo. Es indudable que aquí, en este texto, un religioso te dirá que antes de hacer algo así, tendrá que preguntarle a su pastor si es lo correcto, ya que no sabía que existieran esos versículos.
(77) – El Largo Brazo de La Salvación
Muy bien: todas las recomendaciones que hemos hecho con respecto a los dos ministerios desarrollados hasta aquí, deberán aplicarse al que sigue: El Ministerio Evangelístico. Tiene que quedar más que claro que ni estamos priorizándolos a unos sobre otros, ni dándoles una jerarquía superior a uno sobre los demás, aunque miles y miles nos digan que se está haciendo así. Simplemente, la idea es hablar un poco de cada uno de ellos, como parte integral de lo que en suma, será un equipo, ese ejército que anteriormente te mencionaba antes de dedicarme al primero, única manera que veo para derrumbar al sistema religioso.
Quiero, antes de compartirte algunas características del evangelista, considerar que creo que este es uno de los ministerios más amados. Habrás advertido que los dos de los que estuvimos hablando, tienen algunas connotaciones que determinan que por allí tengan roces con otros. El evangelista es amado y, prácticamente, no tiene oposición alguna dentro de las estructuras eclesiásticas. Su guerra, aparentemente, es con el afuera, con el mundo secular, con los impíos. Y con los demonios, obviamente. Sin embargo, y pese a todo lo que termino de decirte, ahora debo añadir que es uno de los ministerios que más ha perdido su forma.
Es uno de los ministerios más prostituidos, si es que me permites una expresión que no es para nada agradable, tanto que en estos tiempos, muy difícilmente podamos hallar ministerios evangelísticos genuinos. Porque la gran mayoría de ellos se han comercializado, se han vulgarizado. Además, han sido usados para revitalizar ese sentimiento que nos lleva a suponer que en verdad, estamos ganando las naciones, pero sin fruto ni consistencia a largo plazo. Asimismo, es un ministerio para con el cual todos creen sentirse con derecho a modelarlo. Por esa causa es muy difícil observar a dos ministerios evangelísticos que trabajen iguales.
Porque todos se sienten con derecho y libertad de poner sus manos en ese ministerio y cambiar, poner y sacar como mejor les parece. Tanto es así que, en la práctica, hoy día, y si bien es uno de los ministerios más amados, es uno de los que ha estado vigente muchísimo tiempo. Pero, pese a ello, hoy es uno de los menos eficaces. Porque, si tomamos dos perfiles del evangelismo, que son el evangelismo masivo y el evangelismo personal, cualquiera de ustedes puede darse cuenta que el que menos resultado ha dado es el evangelismo masivo. ¿Por qué causa? Básicamente, entiendo que por la consolidación de los creyentes.
Esa es, a mi entender, la crítica constante. Porque es mucha la gente que critica y censura el hecho de que no se puede mantener, consolidar y sostener a los que se han ganado en una campaña, que hace perder de vista algo mucho más profundo que esto, y es que por ser tan diluido el mensaje evangelístico de las campañas masivas, nadie puede asegurar que como resultado, verdaderamente se haya ganado algo. Yo estaba recordando, por ejemplo, que cuando Pedro predica, es una verdadera explosión de evangelismo masivo. Sin embargo, cuando estuvieron con Jesús, era más bien un evangelismo personal.
Lo del Libro de los Hechos, a todas luces, evidencia ser evangelismo masivo, pero estuvo tan delineado, tan potente, que la gente que entró por esas puertas maravillosas, indudablemente se quedó. Y eso nos lleva a este análisis. Cuando el evangelismo está bien hecho, aunque luego no exista un buen proceso de consolidación, la gente que nace de nuevo, ¡Nace de nuevo! Cuando el evangelismo llega demasiado diluido, en cambio, la gente va a necesitar de muchísimas prótesis para poder sostenerse y perdurar. Y allí empiezan los cruces de culpabilidades. ¡Es que no los seguimos! ¡Es que no los atendimos!
Mira, cuando alguien nace realmente de lo alto, va a buscar la vida por el camino que sea. Claro que cuando la persona no nació genuinamente de nuevo, entonces sí necesita un seguimiento, una atención personalizada y, hasta una actitud de promoción. Lleva dos por el precio de uno, compre ahora y pague el mes que viene. Más o menos ese es el estilo. Y partiendo de esta clase de base, ahí sí te puedo decir, que el ministerio del evangelista, si no es el más devaluado de los cinco, está compitiendo cabeza a cabeza con algún otro para serlo.
De allí que quiero mostrarte algunos rasgos que encontramos en la Palabra en referencia al ministerio evangelístico. Por ejemplo: una característica que prevalece en este ministerio, es la fe. Porque no nos engañemos, lo que hace evangelista a un evangelista, es el don de fe que tiene. A todas luces es lo que más utiliza para poder proyectar su trabajo ministerial. Además, tiene una especialidad visible: el entendimiento de los tiempos. Él sabe perfectamente que no puede cosechar, a menos que el trigo esté maduro. Y esto nos toca a todos.
Probablemente tengamos algunos huecos, todavía, como por ejemplo con el ministerio apostólico. Porque si venimos de una iglesia tradicional, es más que obvio que no hemos estado rodeado de apóstoles, precisamente. Pero díganme en qué iglesia no se ha hablado de evangelismo. En qué iglesia no hemos llevado a cabo actividades evangelísticas. ¿En qué región o ciudad del planeta no se han reunido los pastores del lugar a diagramar una campaña de varios días con la presencia de un evangelista? Esto es algo que lo hemos visto desde siempre.
(78) – Con Los Campos Listos
Tomando como base esas visitas e invitaciones, ¿Alguno de ustedes pudo conocer, alguna vez, a un evangelista que venía con una comprensión de tiempos? O sea: ¿Qué se debía hacer eso en ese lugar porque ese era el tiempo por tal y por cuál razón? ¡No! La mayoría incluyó lugares que le quedaban de paso a partir de una visita a un sitio en el que sí había sido invitado con antelación. Mira; cuando un evangelista entra a un lugar antes del tiempo indicado, lo único que hace es quemar el campo. Por poco o por mucho que conozcas de agricultura, ¿Qué pasa si cualquiera de ustedes quiere cosechar algo antes del tiempo?
Todos sabemos los sinnúmeros de factores contraproducentes para la salud que pueden producirse por el simple hecho de consumir algo verde, que le falta tiempo de maduración. En lo evangelístico es igual. Es imposible tener una buena cosecha, si no se sabe entender respecto a los tiempos en que Dios ha madurado o no a esa gente a evangelizar. Saber el cuándo, es vital para tener una cosecha de primer nivel. Duda: ¿Eso no se contrapone con esa palabra que nos envía a predicar en tiempo y fuera de tiempo? No, porque esa palabra se refiere a nuestra disposición para hacerlo, no a la organización.
Y una cosa es el hablar persona a persona, y otra diagramar una campaña para miles. Cuando revisamos el ministerio de Jesús, nos damos cuenta que él no recorrió erráticamente las regiones por las cuales transitó, sino que se tomó el tiempo necesario para elaborar una ruta conforme a visiones o discernimiento singular. Él esperaba dirección clara antes de visitar un lugar. Entonces, ¿Cuál es la especialidad del evangelista? Ser entendido en los tiempos. Algo así como lo que dijo Jesús: Los campos están listos para la siega. Lo más visible y dominante, lo que va a estar detrás de toda esta acción que tiene el evangelista, es el espíritu de misericordia.
Es una persona sumamente sensible. Bajo esa óptica, un evangelista de oficio no va a ser solamente el que toma un megáfono y se va a la plaza. Va a ser esa persona que recolecta cosas en la semana para que en el fin de semana poder ir a regalárselas a la gente pobre. Va a ser el que arma un vestidor para dar ropa a la gente que no la tiene, va a ser parte de la gente que está mirando para ver cómo puede ayudar a los niños de la zona. O sea: no es una persona que identifica su ministerio con repartir folletos o en hablar. Es una persona que tiene una dinámica de vida en la cual, lo haga o no la iglesia, él lo va a hacer.
Él no depende de la iglesia para hacerlo. Si alguien me dice que no puede hacer nada porque en su iglesia no le dan permiso, permíteme que le diga que entonces es cualquier cosa, menos evangelista. ¿Tú crees que un verdadero hombre de Dios va a depender de si le dan permiso o no para hacer lo que tiene que hacer? ¡La vida de Dios no se puede encapsular en una doctrina denominacional, hermano! La vida de Dios no depende de las autoridades de la iglesia. ¡Y gloria a Dios que es así! Cuando una persona tiene un ministerio, no va a poder reprimir lo que el ministerio le impulsa a hacer.
Yo tenía una clase de escuela dominical en una iglesia bautista y jamás pude dar en la clase el programa oficial que la escuela me entregaba. ¡Era perder soberanamente el tiempo en teologías huecas y livianas! Eso me costó bastante, sobre todo en reputación interna. Y mucho más cuando en una mañana de domingo, en mi salón había casi doscientas personas y, luego, en el culto, apenas setenta. Mosca en la nariz…
Si alguien necesita que la iglesia le organice un par de campañas por año para ejercer su ministerio y luego se pasa el resto del tiempo sin hacer nada, podrá ser alguien con habilidades para evangelizar, pero de ninguna manera es un ministro de evangelismo.
El evangelista vive en esto, se mueve en esto, trabaja en esto, está constantemente predicando el evangelio. Y, además, el evangelista puede tener todos los defectos que se te ocurran, pero ni por asomo puedes acusarlo de mojigato o cobarde. Te va a predicar el evangelio tal como su unción le demanda sin poner cuidado en las consecuencias que eso tengan para él. Y es lo mismo que lo haga aquí, en USA, en China o en un mismísimo país de mayoría musulmana. Y créeme que no estoy hablando tonterías al decir esto, precisamente.
Eso, conjuntamente con la misericordia que posee el evangelista, es lo que lo lleva en casos a orar por gente sin que nadie a su alrededor entienda porque lo hizo. Pero él lo sabe y es suficiente. ¿Y cuál es el epicentro de un evangelista? Hacer señales. Se mueven con una unción de señales muy fuerte. En mi país, el ministerio del evangelista Carlos Anacondia fue durante muchos años la prueba concreta y palpable de esto que te digo. Todos los cristianos argentinos dan fe de lo que hablo, y muchos de otros países que lo han conocido, también. Y cuando hablo de señales, estoy hablando de sanidades, liberaciones y todo eso que tanto impacto produce. ¡Oh, sí! ¡Eso acompaña siempre a los evangelistas! Eso es lo que se dice siempre en la iglesia.
Y tanto es así, que nadie lo duda, porque para eso fueron enviados los evangelistas por el Señor. ¿O no lo tuvo también el ministerio de Jesús? Alguien a mí alrededor me dijo una vez: evangelista que no sana, no es evangelista. ¿Tan así? Pregunté yo. Tan así, respondió él. En cuanto al recurso máximo en este ministerio, es la autoridad. Tiene mucha autoridad. La gente, aun cuando se ve ruda, rústica y fuerte, se derrite y desploma ante la autoridad de un evangelista que les diga lo justo y preciso en el momento justo y preciso. Ellos les predican, aún, a esas personas a las que si tú las ves, te produce un poco de temor enfrentarlos o confrontarlos con el evangelio. ¿Y su carga por la iglesia? La acción. Viene del verbo hacer. ¡Ya! ¡Hagamos!
(79) – Las Obras Son Para Dios
(Hechos 21: 8) = Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él.
¿Recuerdan ustedes cuando la iglesia levanta siete diáconos, donde conjuntamente con ellos es levantado Esteban? Este Felipe, era uno de los siete. Y fíjate que en el marco del Nuevo Testamento, vemos a más de veinte personas a las que se les llama apóstoles, sólo unos pocos que son llamados profetas y sólo a uno a quien se le llama evangelista: Felipe.
(2 Timoteo 4: 5) = Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.
Esto que lees aquí, nos lleva a reflexionar algo muy puntual. La palabra griega traducida en estos versículos como evangelista, significa literalmente buen mensajero, mensajero de bien, o mensajero de buenas nuevas. Y en este sentido, todos los apóstoles también eran evangelistas, ¿Se entiende? No obstante, hay que consignar que, en este caso, el evangelismo era solamente una de sus muchas obligaciones. Y una vez más, el ministerio del evangelismo siempre está acompañado de señales y milagros. Siempre. Jesús lo explicó así: Si no creen por mis palabras, crean por mis obras.
Porque ese es el punto: las obras que acompañan al evangelista, están destinadas a que la gente crea. Y un rasgo distintivo del evangelista, es que no hace obras para que crean en él, sino para que la gente crea en Dios. Por eso es bastante raro cuando el evangelista se vuelve pomposo, se vuelve excéntrico, vanidoso, por los milagros y señales. Porque no es esa la idea. Dios no viene para hacer lucir al hombre, Dios viene para mostrarse a sí mismo. Jesús ni siquiera decía quién era cuando sanaba a alguien. Asimismo, los evangelistas tienen una profunda autoridad para traer liberación a los cautivos.
Porque ellos saben que, para liberar a los cautivos, se requiere autoridad en el nombre de Jesús, y se requiere arrebatar el botín con violencia. Por eso, ustedes no van a conocer a un solo evangelista, de ministerio, que no crea en la guerra espiritual. Sería poco menos que anti-natural. Los evangelistas, esencialmente, manifiestan la cruz de manera muy visible. ¿Recuerdas cuando Jesús dijo que sería levantado y nos atraería a Él? Lo que hace que la gente corra tras los evangelistas, no es el mensaje. Porque hay casos en donde el evangelista predica en un idioma, un traductor que lo traduce a otro idioma para que la audiencia de ese lugar pueda entender.
Si partiéramos del hecho de que es la voz la que tiene la autoridad, la voz que está invitando a esa gente y tendría la autoridad como para llevarlos a la cruz, sería la voz del traductor y no la del evangelista, porque ellos no entienden la voz del evangelista, habla otro idioma. Pero, a pesar de eso, multitudes de gentes corren hacia él. ¿Cómo puede ser eso? Muy simple, o no tanto. Porque ellos, los evangelistas, por el ministerio que Dios les ha dado, pueden exhibir la cruz. Y aunque la gente no entienda una sola palabra de lo que está diciendo, igualmente corren hacia él. Hacia la cruz.
Este es un fenómeno muy interesante. A mí me ha tocado observar, en campañas de ministerios reconocidos, cómo la gente, antes que alguien diga la primera palabra, ya está quebrada, dispuesta a dar ese paso crucial. Sólo falta que alguien les diga: ¡Vengan! Están viendo la cruz, y la cruz es la que los invita. Tienen un nivel de intimidad con el Espíritu Santo que les permite encontrar el lugar donde él, el Espíritu Santo, quiere obrar. (Juan 16: 8) = Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Queda absolutamente claro: es el Espíritu Santo el que provoca esto, no el hombre en sí o por sí mismo.
Él es quien decide el cuándo y el dónde. Un ministerio evangelístico serio, no es el que acepta la invitación de una comunidad para hacer evangelismo. El ministerio genuino es el que sabe dónde tiene que ir, lo inviten o no, le permitan la entrada, o no. Por lo dicho: entiende el cuándo y entiende el dónde. Dónde Dios quiere obrar. Obviamente, aunque Dios desea que pase en toda la tierra, no en todos los lugares se está dispuesto a creer. No todos los lugares están abiertos para que el Espíritu Santo los convenza de pecado, de justicia y de juicio. Escucha esto: es imposible que una persona nazca del Espíritu, si es que no es convencida de pecado, justicia y juicio.
Una conversión genuina, es la consecuencia de que la persona ha sido expuesta al Espíritu Santo, y el Espíritu Santo ha provocado en la persona conciencia de pecado, de justicia y de juicio. Te dije que hablaríamos de nacer del agua y el espíritu, ¿No es cierto? Bueno, esto que acabas de oír, es nacer del espíritu. Por lo tanto, la predicación del evangelista es muy básica, muy sencilla. ¿Qué es lo que provoca? Convicción de pecado. No va a ser una persona que va a hablarle de la ciencia de Dios. Su mensaje, simplemente provoca convicción de pecados. ¡Nada menos! Además, su unción es la que mantiene a la iglesia, con fina sensibilidad por la gente todavía no alcanzada.
(80) – Con Miradas Distintas
Un evangelista en un equipo de liderazgo, es no solamente recomendable, sino total y absolutamente necesario. ¿Quieres dos ministerios que difícilmente trabajan juntos? Maestros y evangelistas. De hecho, tampoco se llevan lo que se dice muy bien. ¿Causa? ¡Qué los campos de acción de uno y otro son totalmente distintos! Mientras el evangelista mira hacia afuera, el maestro mira hacia adentro. La unción del evangelista es la que acerca la “naturalidad” y “normalidad” de las señales y prodigios a la iglesia, y es una de las que la mantiene abierta y receptiva a la operación del Espíritu.
Ahora supongamos a un evangelista al frente de una iglesia como su pastor. ¿Cómo será? Él no va a cerrar jamás un culto sin una sanidad, sin alguien que se caiga al piso. Considerará a la reunión un fracaso si no ocurre algo de esto. Su iglesia se mantiene siempre abierta a las operaciones sobrenaturales del Señor. Eso es típico en los evangelistas. Si el pastor es evangelista, tendrá una iglesia permanentemente con gente nueva. Aunque, lamentablemente, casi siempre será gente que no tiene profundidad. Y allí es donde se genera una crisis, porque ellos no logran crecer, no logran establecerse en diseños de conocimientos más profundos, más pesados.
Y algo que a menudo sucede, es que son buenos lugares para que la gente entre a conocer al Señor, pero malos a la hora de ser esos mismos, discipulados. Tarde o temprano, esa gente va a moverse a otra iglesia. Sueltan la habilidad de la oración y el ayuno. Para ellos, ese tema es pan comido. Imparten fe de milagros y alcance en el cuerpo de Cristo. Como su acción tiene que ver mucho con la fe, ellos siempre están impartiendo esto en la gente. Si tú pones a un evangelista como líder de célula o al frente de un grupo de casa de familia, probablemente crezca muy rápido, pero sufrirá en conjunto el anterior problema citado, no madurará.
Son reconciliadores natos. Ellos no tienen ningún problema en trabajar con la iglesia que salga hacia adelante, sea la que sea de la denominación que sea. Buscan acciones constantes para restaurar a los caídos. Ahí se exponen, a veces, a situaciones complicadas. Han llevado gente a hospedarse en sus casas porque las iglesias no querían recibirlos, y algunas veces algunas de esas personas les robaron y huyeron. En otro orden, tienen una unción especial y natural para la guerra espiritual territorial. ¿Qué significa esto? Que poseer una unción natural, es manejarse en muchas ocasiones, casi instintivamente.
Ese, evidentemente, es un punto débil en ellos. Ellos detectan que la gente tiene que ser liberada por Dios para venir a Cristo y que hay una acción manifiesta de las tinieblas para retener a la gente. Y cuando ven esto lo encaran sin más ni más. Ahora veamos algo obvio: ¿Qué es lo que puede unir a la iglesia en todo su espectro ante la visita de un evangelista? Sin dudas, la cosecha. De allí que el evangelista es muy buen administrador y sumamente activo en la resolución de problemas. De hecho, lo que más mueve sus ministerios, es la acción. Es gente que siempre está avanzando.
El discernimiento de espíritus, en este caso no es una opción, tiene que estar presente en los evangelistas. Y fíjate que ocurre algo muy singular. Los que tienen el don de evangelismo, generalmente no tienen el don de discernimiento de espíritus, y ahí es donde el diablo los engaña. ¿Y cómo nos damos cuenta de quién tiene o no el don? Mira; el que tiene el don, tiene carga por evangelizar, pero no tiene el equipamiento completo. Sin embargo, por la capacidad pro activa que generalmente los evangelistas tienen, solucionan todos sus problemas. Los dones de liderazgo y administración que poseen algunos evangelistas, involucran habilidades organizacionales que resultan en lograr metas espirituales.
A menudo un evangelista tendrá ambos dones. ¿Pero es necesario ese don de liderazgo? Voy a opinar que sí, que he visto campañas organizadas por evangelistas con tremendo don de liderazgo para ordenarlo todo al dedillo. Los evangelistas tienen especial celo por los nuevos creyentes. Y es el momento de repasar otra idea distorsionada que la iglesia ha tomado como cierta. Y es que muchos ven al evangelista como que es alguien que viene con un camión recolectando inconversos que acaban de aceptar a Cristo, lo estaciona frente a la congregación y con una rampa especial los descarga a todos adentro y se los delega al pastor. ¿Sabes qué? ¡Ese no es evangelista! ¿Por qué lo digo?
Porque un evangelista genuino, con unción divina, siempre, pero absolutamente siempre va a estar pendiente del crecimiento o la maduración de la gente a la que ayudó a venir a Jesús. ¡Ese es el ministerio evangelístico! Cualquier otra cosa similar pero no como esta que describo, es una imitación de feria que generalmente suele terminar mal para alguien. El evangelista genuino, no concluye su tarea cuando decenas, cientos o miles de persona pasan al frente y reciben a Cristo en sus corazones. Un verdadero evangelista se siente tremendamente responsable por todos los que ha ganado. Y hará lo posible para que continúen en el camino, sea lo que sea que lo rodee donde está al día siguiente de su conversión.
(81) – Con Espíritu de Misericordia
Volviendo a ese texto en el que Pablo le habla a Timoteo y le dice: haz tu obra de evangelista, ese texto ha llevado a cierto grado de confusión y error a muchos. Porque se entiende que ya que Pablo le indicó a Timoteo que hiciera la obra de evangelista, se entendió que eso significa que todos hemos sido llamados a hacer eso. Y fíjate que esto también podría aplicarse al tema de los profetas. Lo que estamos tratando de proyectar en todos los ministerios, es el hecho de que el ministerio tiene dos facetas. Tiene la faceta de don, y tiene la faceta de ministerio.
¿Todos podemos acceder a ese don? Casi siempre sí, siempre y cuando el Espíritu Santo nos lo quiera dar, y nosotros estemos abiertos y dispuestos a recibir lo que el Espíritu Santo quiera darnos. Porque el motor que está detrás no sólo de este, sino de todos los ministerios, es el hambre por Dios. De hecho, tenemos que tener la claridad para discernir qué es qué, de esto se trata. ¿Todos pueden hacer la obra de evangelista? ¡Sí! Yo creo que el único que no podría hacer esa obra, es el que no es convertido. Un rasgo muy marcado en el evangelista, es la obediencia.
En pleno apogeo de un avivamiento en toda una ciudad, Felipe fue guiado a irse para predicarle el evangelio a un solo hombre en el desierto. Esto requería de una gran sensibilidad y obediencia al Espíritu. Algunos sostienen que un buen evangelista tiene algo de profeta, esa capacidad para escuchar al Señor. Yo creo que sí. Sin embargo, su oído no está abierto a la sabiduría de Dios revelada, sino a la voluntad del Padre por alcanzar a alguien. Revisemos una vez más la ficha técnica del evangelista. Su característica más dominante, es la fe. Y de eso no tenemos la menor duda.
El evangelista genuino es una persona que le va a creer a Dios, cualquier cosa. Su especialidad, es entender los tiempos correctos de Dios para hacer algo. Su rasgo dominante, es ese espíritu de misericordia. Es un rasgo que podemos ver en Cristo, apenas Él viene; tenía mucha misericordia por la gente. El don central que manifiesta, son las señales. El recurso recurrente, es la autoridad y la carga por la iglesia que él tiene, es la acción. Siempre está esperando que la iglesia actúe. Lo pongo así: cuando una iglesia no se mueve, tarde o temprano pierde a sus evangelistas.
De hecho, toda la iglesia del Señor en todas sus estructuras, está llamada a ganar almas. Tanto es así que, pese a todo lo que se haya dicho o enseñado, es coherente que como creyentes, tengamos una permanente intención de alcanzar a los perdidos. Eso, está fuera de toda discusión. Pero, obviamente, esto se llama voluntad general. La voluntad general de Dios para la iglesia, es que ganemos gente nueva. Sin embargo, conjuntamente con esta voluntad general, está la voluntad específica. La voluntad específica de Dios, es lo que Dios quiere para cada sitio en especial.
Lugar, geografía, región, iglesia local, si quieres. Congregación. Entoncs, aparte de ganar almas nuevas, hay algo que Dios desea de parte de un grupo o persona establecida en un lugar puntual y específico. Entonces, ¿Cuál se supone que es el máximo desafío que afronta la iglesia en su conjunto? Saber equilibrar las cosas entre la voluntad general y la voluntad específica. Ninguno de nosotros puede, por estar haciendo estricta y puntualmente lo que Dios le ha pedido, dejar de evangelizar.
Ninguno de nosotros puede necesitar que Dios le diga que tiene que ganar gente. ¡Siempre debemos tener esa actitud! La gran revelación para tu vida, hoy es que, en ese equilibro en el cual te mueves, entre la voluntad general de Dios que te ordena hablar de Él a quienes no le conocen, y la voluntad específica que tienes para una tarea concreta y precisa que tú ya conoces, está la realidad de algo que quizás nunca se te ocurrió pensar: por ese motivo y para eso específico es que naciste en ese lugar y vives en esa región, ciudad, provincia, aldea o municipio.
(82) – Las Diferencias Escritas 11
No obstante todo lo que se diga o enseñe, el de la generosidad plena parece ser el tema más remanido, ya que en Lucas 14:33 Él señala: Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Pero, aquí los religiosos dicen: Bueno, está muy bien eso, pero no hay que llevarlo a un extremo, no está hablando de renunciar a todas tus posesiones, literalmente, sino de hacerlo sólo en tu corazón. Nadie podría discutir esa interpretación, pero convengamos que de ninguna manera es excluyente. No, al menos, si lo que se desea es ir para adelante con todo lo que el Señor te exija o demande, y sin poner condiciones.
Se insiste en Lucas 16:13 con esto cuando Jesús expresa: Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Aquí la religión te asegura que sí, que puedes hacerlo tranquilamente, siempre que no te pongas a orarle al dinero o a rendirle alguna especie de culto, puedes dedicar la mayor parte de tu vida a trabajar por las cosas materiales. No dudo de las buenas intenciones de aquellos hombres que dispusieron enseñar esto, pero déjame decirte que, haciendo honor a un viejo refrán de mi país que dice: “Dale dinero y poder a un hombre y lo conocerás de verdad”, cuando Mamón sienta sus reales en una persona, muy difícilmente se le escape. Y nadie nos especifica si esa persona es cristiana o no. El diablo es un enemigo derrotado y su poder es inferior al de Dios. Pero, aun así y todo, sigue dando pelea y, lo peor, cosechando demasiadas victorias.
(83) – Esgrimiendo el Dedo del Juicio
Muy bien; para comenzar ahora a hablar del Ministerio Profético, déjame decirte que de los cinco ministerios que ves en Efesios 4:11, este es el único que no se le cambió el nombre en toda la Biblia. Sin embargo, y a pesar de eso, vemos una enorme y considerable diferencia entre el ministerio del Antiguo Testamento y el ministerio del Nuevo Testamento. En principio, puedo decirte que el ministerio profético del Antiguo Testamento, no terminó bien. El último profeta del Antiguo Testamento, fue Juan el Bautista, y no terminó bien. La forma en que Juan termina, muestra cómo, de alguna manera, el ministerio profético del Antiguo Pacto termina. Termina sin visión. Fíjate que Juan envía a preguntar si Jesús era el que había de venir o tenían que esperar a otro.
¿Qué puede ser lo peor que le pase a un profeta? Perder la visión. Entonces, cuando Dios manda a Jesús, Jesús viene como un nuevo tipo, como un nuevo modelo de profeta. Es un profeta diferente. Es muy distinto. Jesús es el primer profeta del Nuevo Pacto. Cuando yo digo que el Antiguo Testamento termina, verdaderamente, en el evangelio de Juan, estoy siendo bastante realista. El Nuevo Testamento, en realidad, empieza en Hechos. Ojo: no es necesario que cambies nada de lo que piensas y haces, esto sólo es una comprensión nuestra de lo que estamos hablando.
Cuando Jesús viene, la gran diferencia entre el ministro del Antiguo y Nuevo Pacto, está en dónde reside el poder y la unción. En el Antiguo Testamento, el poder y la unción del profeta, residía en esa acción del Espíritu Santo, que venía cuando él quería, sobre él. En el Nuevo Testamento, la fuente del poder y de la unción está en la mente y el corazón del profeta. Y eso marca una diferencia completa, absoluta. El nivel de responsabilidad que tiene el profeta del Nuevo Pacto es mayor que el del Antiguo Pacto. Porque para la tarea del Antiguo Pacto, lo único que se requería, era obediencia. Pero para el Nuevo Pacto se requiere un nivel de pureza extraordinarios, porque la mente y el corazón, ahora, son la plataforma de donde nace toda la revelación.
Cuando se habla de profeta, en este tiempo, no se puede evitar observar que es mucha la gente que todavía tiene la idea de los profetas del Antiguo Testamento. Hemos estudiado tanto a los antiguos profetas, que aún pese todo lo que recibimos del Padre, todavía nuestros modelos proféticos son aquellos pioneros del Antiguo Testamento. ¿Cuál es la ficha técnica del profeta? Característica dominante, Justicia. Ese elemento es distintivo, es único, es infaltable en el profeta. No hay profeta si no hay justicia. Es una persona que tiene un compromiso con la justicia, asombroso. Te diría que prefiere morir, a ser injusto.
Ahora veamos: cuando decimos que la fuente del ministerio profético en el Nuevo Testamento, nace de la mente y el corazón, y decimos al mismo tiempo que la característica dominante es la Justicia, ¿Cómo puede ser que haya un profeta, en el Nuevo Testamento, injusto? Si hubiera alguien así, seguramente que su corazón no ha sido transformado. Por esa misma razón, ese no es profeta. Los profetas genuinos necesitan tener un cuidado especial de su mente y su corazón, constantemente. Porque el parámetro de justicia que ellos tienen, depende de su corazón, no de su mente.
¿Has visto esa pequeña balanza que en todo el mundo simboliza a la justicia? Bien; los profetas tienen esa balanza en sus corazones. Pueden pelear encarnizadamente contra un hecho determinado que a su juicio es injusto. Y cuando alguien les pregunta el por qué, o cuáles son sus argumentos para batallar, ¡No lo saben! Pero lo sienten… ¿Y qué se supone que hará el diablo para destruir esa fuente? Trata de destruir sus vidas. ¿Y sabes qué? Satanás sabía cuál sería tu ministerio, antes que tú nacieras. Y habrá levantado una verdadera fortaleza para impedirlo, antes que tú tengas uso de razón.
Conozco más de un caso de profetas, cuyas vidas incluso anteriores a convertirse y mucho antes de imaginar un ministerio, fueron verdaderos calvarios que los convirtieron poco menos que en sobrevivientes. Allí aprenden que, lo que Satanás quiere dañar en un profeta durante su formación, es su balance de Justicia. Si la balanza de un profeta está inclinada a derecha o a izquierda, nunca podrá emitir decretos justos y equilibrados. Serán decretos emitidos desde la plataforma, no desde la balanza.
¿Y cuál es la razón de un corazón sano? Está nivelado. Así que allí es donde trabaja Satanás, así como trabaja para destruir la fe de los evangelistas desde que son niños. Un evangelista sin fe, no es evangelista. ¡No es nada! No te olvides que así como la fe viene por el oír, a esto lo sabemos, lo que no siempre sabemos es que la destrucción de la fe, también viene por el oír. Y si no, fíjate el tema familiar. Nada peor para un evangelista que Satanás se aferre a la incredulidad de su propia familia. ¿Sabes? Es terrible para un hombre levantarse por la mañana y ponerse a desayunar con personas que viven con él, que son su familia, pero que no creen en lo mismo que él cree. ¿Y sabes más? Eso, en el momento de plantarse en una plataforma y proclamar que Cristo vive y vence, sale la voz del diablo que le dice; ¿Ah, sí? ¿Y qué tal tu familia?
Entonces, una iglesia que quiere ser apostólica, es una iglesia que tiene que saber cuidar a los ministros. La mayoría de los profetas que hoy en día son conocidos en el mundo, han tenido infancias y juventudes bien feas. ¿Se imaginan cómo van a ser los profetas que hoy tienen quince o veinte años, si los cuidamos convenientemente? ¿Se imaginan lo que podrán hacer usando corazones que nunca fueron dañados? ¡Valdría la pena ver eso! ¡Si tanto poder sale de gente que ha sido tan dañada! ¿Te imaginas lo que puede lograr alguien que creció en paz? Porque, tengo que recordártelo una vez más, por si se te había olvidado. Dios no necesita de cien o doscientos profetas para cambiar una nación, necesita a uno. ¡Sólo uno! Hoy se habla y mucho de re evangelizar lo evangelizado, pero si debemos volver a evangelizar a niños o adolescentes que ya estaban supuestamente convertidos, algo mal se ha hecho, ¿No lo crees?
(84) – Sobre Toda Carne…
La justicia, es el sello del profeta. No es el poder que emana de su trabajo, no es que levante muertos. Su característica más dominante, es la Justicia. Su especialidad, mientras tanto, es el entendimiento de las leyes espirituales. Y eso les abre todo el panorama del mundo espiritual, su entendimiento que tienen del mundo espiritual. ¿Y cuál es el rasgo dominante en ellos? El espíritu de valentía, son gente muy valiente. Créeme, no hay profeta miedoso. Si hay algo peligroso y nadie quiere ir, el que se va a levantar y ofrecer, seguramente es profeta. Él va. El don central que él tiene, es el equilibrio, muy equivalente con la justicia.
El recurso recurrente, es un corazón sano. Es tan raro encontrar un profeta, ya mayor, que haya tenido un buen matrimonio, que haya sido una mujer con un solo esposo toda su vida. Porque donde el diablo más le pega, es en el corazón. Está claro que todo eso es a favor de una falta grave de sabiduría por no saber cuidarlo. No podemos cargarle toda la culpa al diablo. Tal vez no haya sido correctamente pastoreada, o quizás por mirar tan lejos, no pudo ver lo cercano. Carga por la iglesia. ¿Qué es lo que el profeta demanda de la iglesia? Dependencia. Que la iglesia dependa del Espíritu Santo. Ahora bien: el hecho de que en 1 Corintios14:31 diga que todos pueden profetizar, no convierte a cada uno de nosotros, necesariamente, en profeta. Puede que por allí estemos acostumbrados a profetizar, pero eso, -reitero-, no nos convierte en profetas.
(Hechos 2: 17) = Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños; (18) Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
Nota que no dice que vuestros hijos y vuestras hijas serán profetas, dice que profetizarán. Y profetizar es una acción, es la acción de hablar por el Espíritu Santo. Es hablar por la dirección de Dios. Vuestros hijos van a hablar por la dirección de Dios. Vuestros hijos van a decir lo que el cielo está diciendo. Sí, pero eso no los hace profetas. ¿Qué hace un profeta, profeta? ¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde está la diferencia entre el don y el ministerio? Es como en mi profesión de periodista gráfico.
Cualquier persona está en condiciones de escribir algo valioso y que sea leído y reconocido por muchos. Pero no muchos son los que pueden hacerlo diariamente y contra un espacio determinado. Lo primero es el don, lo segundo el ministerio. En lo que dice a continuación: los profetas oyen a nivel estratégico. Es decir, no sólo oyen, sino que oyen a nivel estratégico. Es decir, reciben la revelación de la voluntad del Señor en ciertos asuntos. Esto puede referirse a individuos, iglesias, e incluso gobiernos, empresas u otras entidades a las cuales el Señor quiere hablar.
Esa es la gran diferencia entre el don profético y el ministerio profético. Ellos oyen en un nivel estratégico. Profundo, no sólo oyen. En la Escritura, vemos que los profetas reciben la revelación de diversas maneras. Estoy hablando tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, los dos parámetros proféticos. Puede tratarse a través de impresiones, sueños, visiones, palabras del Señor, visitaciones de ángeles, o aún estar inmóviles en el espíritu. No hay una manera de hacer una lista completa de todas las formas que Dios les habla a sus profetas. Ellos reciben revelación de Dios de una serie muy extensa de formas y maneras. Pese a que esto puede verse bonito, habrá que recordar que, como todo ministerio, el ministerio profético también tiene un límite. La Biblia dice: porque en parte vemos y en parte profetizamos.
¿Y qué significa esto? Significa que, por muy espectacular que haya sido nuestra revelación, es sólo una parte del todo. Para poder ver la imagen completa, debemos aprender a unir nuestra parte, con lo que los demás están viendo. Por esa razón este ministerio, casi siempre se refiere a personas, en plural. Explico: Dime que te ha mostrado a ti, a ti y luego a ti. Y luego te diré lo que me ha mostrado a mí. Recién entonces podremos unir todo y ver la figura completa. Pablo nos dice que en parte vemos. Entonces, bajo esa perspectiva, ¿Cuál sería el mayor riesgo de un profeta inexperto? Querer trabajar solo.
(85) – Huyendo de Ciudad en Ciudad
(Mateo 23: 34) = Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad;
Fíjate que interesante. Utiliza aquí, tres nombres: profetas, sabios y escribas. Estos son tres tipos diferentes de enviados de parte de Dios, profetas, sabios y escribas. Los profetas son enviados con palabras y revelación del Señor. Los sabios tienen palabra de sabiduría que edifica el ministerio, y los escribas son escritores, esto es, maestros. Un tema frecuente en los profetas, es que ellos pueden moverse muy bien en el escuchar al Señor, pero no llegan a desarrollar el espíritu de revelación, el espíritu de sabiduría, a uno es dada palabra de conocimiento, también llamada ciencia, a otra palabra de sabiduría, por el mismo Espíritu.
Cuando Dios le muestra un cuadro, una imagen a un profeta, ese profeta necesita depender del Señor para saber qué es lo que le está mostrando. Pero además necesita entenderlo, si es que luego desea transmitirlo. Hay un fenómeno muy frecuente. La gran mayoría de los profetas del Antiguo Testamento, podían ver al Señor. Y cuando digo ver, me refiero a oír, a percibir o recibir, pero no siempre podían entender. Hay un profeta en el Antiguo Testamento, que parecería ser el prototipo del profeta del Nuevo Testamento, y es Daniel.
Daniel tiene una característica muy singular: es una persona que no solamente se queda en la actitud pasiva de recibir una revelación, sino que él inquiere, pregunta, investiga, hasta saber qué es lo que significa lo que el Señor le está mostrando. No es ningún esfuerzo para un profeta, recibir. Dicen los que saben mucho de esto, que hasta en la ducha el profeta está recibiendo. En todo momento está recibiendo. Sin embargo, ¿Sabes qué es lo difícil para él? Entender. Cuando Daniel recibe las visiones, las fieras, los tiempos, no tiene problemas, pero cuando se dispone a investigar, cae y mal.
Tiene fiebre, termina en cama, dice que queda varios días sin poder comer. ¿Dónde estaba la dificultad de Daniel? Literalmente, lo que Daniel hace, es romper la carcasa del profeta típico, que es sólo escuchar y repetir. Literalmente, él logra unir los tiempos hasta el tiempo futuro que no le correspondía, y él logra ser el único profeta de todo el Antiguo Testamento, que podía explicarte lo que había visto. ¿Y sabes cuál es la consecuencia de eso? Que Dios lo pone a regir naciones. Él es una persona que va a terminar en cargos de autoridad pública.
Y eso, por una sencilla razón: no solamente sabe lo que va a venir, porque Dios se lo dijo, sino que también sabe entender todo el proceso. Los otros profetas, y estoy hablando de Jeremías, estoy hablando de Isaías, estoy hablando de todos ellos, no tenían esa ventaja. Veo algo en especial en Daniel. Él no se limitó a ver una visión, sino que durante la misma, dice que preguntó a la figura que veía en visión, qué era lo que estaba viendo. Le preguntó a Dios qué era lo que le estaba mostrando. Y dijo: cuando el Señor me lo explicó, yo caí como muerto. ¿Qué podemos entender con esto? Hagamos el ejercicio. Que dependía de Daniel el querer conseguir también, la interpretación de lo que él estaba viendo.
(Jeremías 1: 10) = Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.
Le está dando autoridad para hacer seis cosas. De esas seis cosas, cuatro tienen que ver con destruir lo anterior y sólo dos cosas con establecer lo nuevo. Por causa de su apego a la justicia, los profetas tienen autoridad para derribar reinos demoníacos con gran efectividad. Es eso lo que les da habilidad. No es que ellos son tremendos porque oran y la gente se cae. Es un tema de justicia. Están ungidos para destruir las obras del maligno, sin dudas. Su autoridad confronta lo carnal, lo pecaminoso y lo demoníaco en la iglesia. Son personas muy duras con la carnalidad.
Son muy confrontadores. Por eso es que la gente cree que ellos son personas sin misericordia, demasiado dura, muy radical y hasta cruelmente presuntuoso. Creen que se hace el perfecto. Lo juzgan mal. ¿Por qué? Por este apego que él tiene, justamente a la justicia. Por ello, saben soltar y traen pureza y santificación al pueblo del Señor. Son vasos útiles para santificar. Por los dones que manifiesta el ministerio, ellos expresan la revelación de la palabra y los propósitos de Dios. Decíamos que en el Antiguo Testamento, y sólo podemos rescatar a Daniel como un profeta que no solamente ve, sino también como con un profeta del Nuevo Testamento, ya que él explica las cosas.
Eso lo vemos en Pablo. Por ejemplo, cuando su barco se hunde, ¿Recuerdas? Cuando él está viajando, ¿Qué es lo que él dice? ¡Tranquilos! ¡El Señor ya me mostró que esto iba a pasar! Pero no se preocupen, nadie va a morir. O sea que él tiene las herramientas para poder leer el suceso con tremenda claridad. No da ninguna posibilidad para que alguien suponga que el diablo quiere hundir el barco. Dios tiene un propósito con esto. ¿Sabes? La mayor parte de los profetas del Antiguo Pacto, no llegaban a ese espacio. ¿Por qué? ¿Cuál era la razón? Porque su corazón y su mente no habían sido purificados.
Lo que Dios purificaba, era su boca. ¿Pero, qué era lo que Dios decía en el Antiguo Testamento? En los postreros días cambiaré tu mente y tu corazón y escribiré. Esa es la gran diferencia entre los dos tipos de profetas. Hay una inclinación marcada en el ministerio profético a confrontar estructuras babilónicas y a desarraigarlas. Esto, obviamente, va a desencadenar muchísimos problemas. Los profetas son enviados para entregar mensajes de Dios, no para dar buenos consejos. Un profeta genuino jamás te va a dar un consejo. Sólo te dará una palabra si es que la ha recibido, pero hay casos en que es preferible que no te la de.
(86) – ¿Quién Activará a Quién?
(Hechos 11: 28) = Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.
Agabo era un profeta de la iglesia del primer siglo. Él vio que venía una gran hambre a toda la región, cosa que después pasó. Del mismo profeta, se lee en el capítulo 21 y verso 10: Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo. ¿Recuerdas cuando Pablo está pasando por ese lugar? Y este profeta hace algo bien interesante. Él va a venir y le va a dar una palabra a Pablo. ¿Recuerdan ustedes su cinto? Él no tiene ningún problema en darle una palabra a Pablo o a quien sea por, justamente, esta autoridad que hay en él.
Este ministerio es una excelente herramienta de apoyo a cualquiera de los otros ministerios, por su gran versatilidad. Si quieres ponerlos con los evangelistas, ellos serán de mucha ayuda para entender los tiempos y los lugares, lo que se opone al evangelio en ese lugar. Si los pones con los maestros, son excelentes, porque lo que los maestros ven a través de las revelaciones de la palabra, los profetas lo entienden de inmediato. Y ellos activan a los maestros en una nueva manera de escuchar al Señor. Si quieres hacerlos trabajar con los pastores, son muy eficientes juntos en la sanidad interior, porque los profetas tienen la habilidad de ver lo que hay en el corazón de la gente.
También son eficaces en la preparación de las sendas apostólicas. Y aquí quiero detenerme un momento porque entiendo que lo hemos vivido. Por poco o por mucho, cada uno de nosotros, los que componemos la iglesia del siglo veintiuno, lo hemos vivido. Antes de que se empiece a hablar de apóstoles, en el siglo veinte, cosa que más o menos aparece en los años setenta, no es que no había apóstoles antes, sin dudas los había. Sólo que por imperio de las circunstancias, fueron nominados como misioneros. Es decir que, con títulos aprobados o no, apóstoles ya existían.
Sin embargo, en los años setenta, la palabra apóstoles empieza a incursionar cada vez más. El asunto es este: antes que Dios pueda activar y restaurar el ministerio apostólico en la iglesia actual, tuvo que restaurar el ministerio profético. Porque a diferencia de lo que la mayoría de la gente cree, son los profetas los que activan a los apóstoles, y no al revés. Y voy a dar dos ejemplos bien bíblicos para que se entienda bien lo que termino de decir. Es la de Juan el Bautista, y Jesús. Juan el Bautista es un profeta, Jesús viene como el apóstol de nuestra fe. ¿Y qué es lo que hace Juan el Bautista? Voz que clama en el desierto, preparad camino al Señor.
Un rasgo típico del profeta, es que su ministerio despierta a los apóstoles dormidos. Él prepara la senda que luego los apóstoles van a caminar. ¿Y qué recurso utilizan, para esto? Escuchar al Señor. Ya les dije que lo que ellos más expresan como carga para la iglesia, es que la iglesia dependa del Señor. Primero con lentitud, pero luego con clara firmeza, diversos sectores que anteriormente estaban como dormidos o simplemente aburguesados, ahora empiezan a buscar de verdad relacionarse con el Señor en el cual aseguran creer. Claro que todo dependerá, luego, del sistema de mando que haya en cada lugar.
Donde el mando se ejercita de un modo rígido lindando con lo autoritario, siempre será mucho más complicado. Siempre me ha impresionado la palabra que dice que donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Y luego dice: para ver el rostro de Dios a cara descubierta. Y eso me lleva inexorablemente a pensar: ¿Será por eso que hay tan poca libertad en el cuerpo de Cristo? El argumento más repetido respecto a la falta de libertad para ejercitar dones y ministerios, es la falta de confianza en ciertas personas. El punto está en que nosotros no debemos confiar jamás en la gente, debemos confiar ciegamente en el Espíritu Santo.
Nuestro legendario error ha sido confiar en la gente. El segundo ejemplo que quiero contarte es el de Pablo y Ananías. Dios llama a Pablo, pero él necesita que un profeta lo active. Cuando él cae al piso en la entrada a Damasco, él no es activado, él se queda ciego. Se desactiva, en todo caso. Él se convierte, la verdad es esa. Ahora: de momento que la Biblia dice: Y Dios le habló a Ananías, ¿Se supone que Ananías era, qué? ¡Profeta! ¡Él escuchó la voz de Dios! Dios le da instrucciones a Ananías. Y todavía él se atreve a discutírselas con el argumento de que él sabe que ese hombre es un gran perseguidor de los cristianos y tiene temor de ello.
Pero Dios le dice que no tema, y que vaya, porque Él le va a enseñar a Saulo, (Ya ordenado como Pablo), cuánto tiene que sufrir para servirle. Y le dice que quiere que ponga sus manos sobre él. Y Ananías va y le dice al hermano Saulo, que el Señor lo ha enviado para que recupere la visión. Y dice que oró por él, y eso fue todo. Ahí desaparece de la escena Ananías. Y también desaparece Pablo, porque no se sabrá nada de él hasta tres años después. La pregunta que cabe para nosotros, es: ¿Por qué lo convoca a Ananías? Porque se necesitaba un apóstol, un gran apóstol, yo diría que el apóstol de todos los apóstoles, cuyo nombre era Pablo, y que se necesitaba que fuera activado por un profeta.
Entonces, definitivamente, no se puede tratar con menosprecio al ministerio profético. Lo que quiero decir es que ni un apóstol, ni un pastor, ni nadie pueden mirar con menosprecio a un profeta, porque hay y debe haber una relación muy estrecha entre ellos. Los profetas tienen una marcada unción para destruir la oposición satánica, por lo que son excelentes candidatos a abrir obras nuevas en lugares cerrados para el evangelio. Lo que quiero decir es que, allá donde nadie quiera ir, manden un profeta. Los profetas motivan a la iglesia el buscar oír la palabra de Dios.
Cuando desarrollan capacidades magisteriales, son eficaces en el establecimiento de plataformas culturales. Un profeta fluyendo como maestro es de contenido y resultado de altísima excelencia. Tienen la habilidad de quitar lo viejo para poner lo nuevo, estableciendo de ese modo una nueva plataforma cultural. Los profetas, asimismo, son adoradores consumados. Es gente que disfruta la adoración. Y yo sé que para muchos de los que acceden a esto, eso es el mejor argumento y prueba de que esa gente tiene, efectivamente, una unción diferente. A muchos cristianos sinceros, fieles y buenos, les pesa adorar.
Activan los dones de fe; esto desarrolla a la iglesia en milagros y sanidades diversas. Liberan dones y operaciones del Espíritu Santo, tienen mucha capacidad de hacerlo. Y no porque estén ellos, son transmisores. Ellos pueden ver que Dios está dando palabra de sabiduría y que nadie la está usando. Son excelentes instrumentos de aliento y fortaleza a los creyentes. Consuela, exhorta y libera a la iglesia. Un rasgo muy distintivo del ministerio profético, es el financiero.
La prosperidad financiera es desatada por Dios a través de sus profetas. La palabra dice en Crónicas que, si creemos en sus profetas, seremos prosperados. Son buenos motivadores para llevar a la iglesia a la guerra espiritual. Después que ha predicado un profeta, todos quieren salir corriendo a tumbar los altares de Baal. En ese proceso podrían llegar a perder algunos de sus soldados, pero te dirán que no te preocupes, que en toda guerra hay bajas. En las iglesias agotadas y sin fuerzas, son capaces de liberar el poder de la resurrección.
Cuando digo iglesias agotadas, me refiero a iglesias que se quemaron, se agotaron, se partieron. Además, los profetas son personas que traen consigo la enseñanza al temor de Dios y a la reverencia ante Su Presencia. En esta ficha profética, se han cuidado muy bien de poner todo lo bueno. No hay elementos negativos. De hecho, cada ministerio los tiene. Y en este punto en particular, ellos se exponen demasiado. En el tema de querer corregir, estoy hablando. Punto final con el profeta.
(87) – Las Diferencias Escritas 12
Jesús dice en Lucas 12:29: Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.
Esto, indudablemente tiene que ver con un ataque directo al más acérrimo enemigo de la fe, la ansiedad. Pero los religiosos dicen que tienes que trabajar duro en el sistema, si es que quieres conseguir lo que necesitas, para comer y vestir. Nadie en su sano juicio y raciocinio, podría estar en oposición a esta expresión, pero si la misma emanara de gente secular sin participación alguna en asuntos espirituales. Pero si a esto se lo dice en una iglesia y desde un púlpito…
Con relación a esto, Jesús dice en Juan 6:27: Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
Claro, esta es una sentencia muy conocida y clara dentro de nuestros ambientes, pero absolutamente descreída y hasta ridiculizada en los de la gente incrédula. Pero, fíjate que los religiosos dicen que a esto no hay que tomarlo literalmente y que tampoco se lo podemos aplicar a todas las personas. Simple: es una manera de desautorizar a la mismísima Palabra de Dios y de colocarla dentro de un panel de asuntos racionales disfrazados de espirituales.
(88) – Hasta lo Último de la Tierra
Vamos ahora al Ministerio Apostólico. Es interesante que, después que Pedro comparte la primera gran prédica que abre la puerta de la iglesia para las naciones, nos encontramos con que en el capítulo 3 del Libro de los Hechos, hay un incidente notable y de sumo interés. En este capítulo se relata un episodio en el cual un hombre minusválido de nacimiento, estaba sentado en la puerta del templo. En ese templo, durante el día, en algunos horarios, se realizaban reuniones masivas. En este momento están hablando de la hora novena con respecto a la primera reunión.
(Hechos 3: 1) = Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. (2) Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
Veamos: Pedro y Juan están yendo al templo. ¿Por qué iban al templo, todavía, estos dos que habían sido discípulos de Jesús? Es evidente que ellos todavía no tenían una comprensión perfecta respecto a cuál era su lugar. Digámoslo con cuidado: Dios va a usar esta subida al templo como algo muy profético y revelador, sin dudas, pero Dios no les dijo que se quedaran yendo al templo. Es evidente que eso venía siendo así desde siempre, por eso ellos siguieron con una tradición que, en su momento, hasta Jesús cumplimentó, ya que estuvo en el templo enseñando. Sin embargo, luego eso comenzó a modificarse lentamente. Primero, pasó de templo a ser también en las casas. Templo y casas. Y luego, finalmente, se fue dejando de lado el templo y quedaron solamente las casas. O sea que hay una migración que en algunos pocos capítulos, se completa. En este capítulo, ellos están yendo al templo, ven a este cojo, e inmediatamente, en el versículo 6 sale la tremenda declaración de Pedro.
(Verso 6) = Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
(Verso 9) = Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. (10) Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.
En principio, lo que vemos es que este hombre, era un mendigo profesional, por así denominarlo. Quiero decir que no se trataba de alguien que, por una necesidad eventual, del día, había ido a ese lugar para ver si recibía algo que se la cubriera. No, ese hombre tenía a la mendicidad, como medio de vida cotidiano y casi –como dije- profesional. Y que la iglesia está empezando a caminar y está empezando a influir. Aquí Pedro está usando un don muy típico del evangelista, que es el dar una señal, hacer un milagro sanando al hombre, pero fíjate que no se queda en la sanidad.
(11) Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.
Qué interesante, porque si recuerdas bien, Salomón tiene como elemento principal en el marco global de la Biblia, su sabiduría. Y más interesante resulta aún, recordar que cada una de las doce puertas de Jerusalén, tenían un nombre en particular. De hecho, algunos nombres cambiaron. En la época de David tenían un nombre y en la época de Jesús tenían otro nombre. Pero, estas doce puertas expresan doce funciones de la iglesia. Y en este caso, los apóstoles son conducidos a la puerta que expresa la sabiduría. El pórtico de Salomón. No es casual. Y allí Pedro empieza a predicar, salen sus dones de maestro. Mira:
(Verso 19) = Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, (20) y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; (21) a quien dé cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.
Y Luego, desde el verso 22, empieza a hablar de Moisés, que es el prototipo del apóstol en el Antiguo Testamento. Lo que tenemos en este pasaje, entonces, es una afirmación que es el eje de todo lo que hoy día es el proceso de reforma. ¿Cuál es el pasaje? Que en el verso 21 dice que el Señor va a ser enviado cuando todas las cosas sean restauradas. Por eso, es momento de advertir que el ministerio quíntuple, es una de las cosas que deberán ser restauradas. Si no la más importante, por lo menos una de las más importantes. Porque no es posible encontrar ni llevar a la iglesia a una estatura de madurez, sin la acción de todo el ministerio.
Siempre hemos dicho, y hasta cantado, que Dios va a venir a buscar a una novia sin mancha ni arruga. Hemos enseñado que él no puede venir a casarse con una niña inmadura, viene a casarse con una mujer, con una dama formada. ¿Nadie ya piensa en eso? ¿Tanto se les ha olvidado esta palabra? Hemos enseñado que en tanto que la iglesia es niña, que es como decir que el heredero es niño, aunque es por derecho legítimo dueño de todo, sin embargo en nada difiere del esclavo. En eso, todos estamos de acuerdo, incluso la gente más obcecada que no acepta los ministerios como tales y sostienen que solamente existe el ministerio pastoral.
Todos sabemos perfectamente que, aunque no sepamos el cómo y el cuándo, sí tenemos certeza que el retorno de Cristo no podrá darse hasta que no exista una iglesia madura. Donde tenemos el mayor problema es en definir cómo es que vamos a hacerla madurar. ¿Haciendo campañas? ¿Haciendo culto tras culto? ¿Conferencias? ¿Congresos? ¿Clínicas? Recuerdo que una vez le pregunté desde el púlpito al cual se me había invitado a una congregación, cuál era su objetivo conjunto durante los próximos cinco años. Ver sus rostros fue entender de inmediato, así que añadí el golpe de gracia: ¡No me digan –dije- que ese objetivo no va más allá de venir sin falta a cada culto! Sí, lo era.
(89) – Restauración de Todas las Cosas
Estimado líder, ¿Cuánto hace que está usted en el ministerio? Cuarenta años. ¿Y ha podido hacer madurar a su congregación? La verdad, que no como lo hubiera deseado. Ah, sí; ¿Y qué le hace pensar que sí podrá hacerlo en los próximos cinco años, si es que no cambia nada de lo que ha venido haciendo en estos últimos cuarenta? Entonces, donde se genera el primer punto de quiebre esencial, no es tanto en el objetivo. Al objetivo lo entendemos todos y creo que existe un acuerdo global en ello. Dios necesita una iglesia madura. El punto esencial, principal y clave de todo eso, es definir cómo es que logramos ese objetivo.
Y es aquí donde la iglesia tradicional, que se ha llenado de las costumbres de las naciones y ha anulado el ministerio completo, no tiene respuesta. No hay una sola respuesta seria. Siguen con sus ideas intactas, las traen desde los últimos doscientos años, y la verdad sea dicha, nadie ve que estemos mejor que hace doscientos años. Aquí es donde, entonces, caemos en el síndrome de los fariseos, ese que decía que ni entraban ni dejaban entrar. Ni abrimos la puerta ni tampoco pasamos. ¡Es que yo no estoy de acuerdo con profetas y apóstoles!
De acuerdo, ¿Y qué propones, entonces? ¡Ah, no lo sé, pero no estoy de acuerdo! Infantilismo. Y allí salen a decir que debemos crear nuevos mecanismos. Es mucho más fácil inventar términos nuevos que hacer cosas nuevas. Pastor asociado, pastor sénior, líderes y qué se yo cuántas más, en lugar de utilizar la nomenclatura que el Reino nos ha dejado. En síntesis: se prefiere inventar cosas raras, en lugar de utilizar el diseño que Dios mismo nos dejó. En esto hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, pero más que todo, con lo que se hace o no se hace.
No conozco a demasiada gente que se esté moviendo con fuerza hacia adelante conforme a los diseños de Dios. Sí conozco a bastante gente que critica lo que estos están haciendo. Sin embargo, hasta hoy he podido comprobar que, la gente más crítica, es la que menos avanza. Entonces, hermano, no me digas qué debo o no debo hacer, dime qué hago para conseguir lo que Dios dijo que debíamos conseguir. Lo genuino, entonces, parte de lo leído en Hechos 3:21: hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas. ¿Y por qué se supone que deberíamos restaurar todas las cosas que antes fueron creadas y luego se tergiversaron o modificaron?
Porque es la única manera de comenzar de una vez por todas a llevar a la iglesia a un grado de madurez estrictamente necesario para obtener victoria genuina, y no declamada. Y para eso, el paso inicial deberá ser retrotraer las cosas a la época en que las personas buscaban a Dios. Hoy, eso está reemplazado por personas que buscan a personas que dicen representar a ese Dios. Y eso conlleva fracasos, fraudes, abusos. Sobre todo a nivel de familia. Está en juego un problema de generaciones. ¿Cuál es nuestra máxima pretensión, entonces? Que se restaure el modelo que Dios dejó, nada más que eso.
Y no estoy hablando de restaurar el sacerdocio Aarónico, porque eso fue juzgado y terminó. Tampoco estoy hablando de que volvamos a levantar levitas, porque los levitas terminaron bajo maldición. Además, no tiene sentido hablar de eso en este tiempo, ya no hay levitas en el Nuevo Pacto. Tiene que ver con recuperar el diseño que Jesús dejó para la que iba a ser su iglesia, y que fuera activada en el Libro de Hechos. El Libro, observa esto, no se llama Hechos de los Profetas, ni de los Maestros, ni de los Evangelistas ni de los Pastores, se llama Libro de los Hechos de los Apóstoles, aunque espiritualmente, para mi gusto tendría que haberse llamado Hechos del Espíritu Santo o, si quieres globalizarlo sin definiciones, Hechos de los Enviados.
Y, atención con esto, como no ha aparecido nada que lo supere, tengo que advertirte que estamos viviendo ese libro hasta el día de hoy. Por eso, en esto que es un delineamiento del ministerio Apostólico, quiero recordarte que estamos hablando de una parte de un todo. Y será necesario ver a este ministerio desde la óptica de Dios mismo, y no desde la óptica pastoral a la cual estamos acostumbrados por cultura religiosa tradicional. Cuando alguien no ha cambiado su cultura, y pongo como ejemplo a la gente de mi país, Argentina, un líder valioso e importante que ha crecido con la cultura del tango, y nunca pudo despegarse mental y espiritualmente de ella, seguramente que en su iglesia va a usar al tango como elemento de alabanza.
¿Y es un error? ¡Claro que lo es! Porque está escrito que no alabarás a Dios conforme a la cultura de las naciones, a las costumbres de los pueblos, dice. Y eso, mal que les pese a muchos que creen estar por encima de todo el mundo en materia musical, incluye al clásico, que en la mayor parte de sus partituras, ha sido compuesto por pecadores, espiritistas y ocultistas. Y que además también implica una cultura, la europea. Y resulta ser que un día va un apóstol a esa iglesia y le dice a ese pastor que le gusta el tango, que ahora es apóstol. ¡Genial! Sí, genial, pero ahora tenemos a un apóstol que le gusta el tango.
Es un problema, pero no el mayor. El mayor problema es que, como ese hombre jamás cambió su cultura pastoral, ya no nacional, él va a tratar de vivir un ministerio nuevo a partir de una cultura vieja. Entonces, si antes era un pastor que se dividía, ahora es un apóstol que se divide. Si antes era un pastor que era manipulador, ahora es un apóstol manipulador. Con esto quiero decirte que un ministerio no cambia el carácter de una persona. Entonces, aquí surge una recomendación que cualquiera de ustedes le daría a quien quiera que encuentren o conozcan.
La diferencia no está en que alguien decida ser cristiano, sino en que empiece a tener una nueva estructura de hábitos, una nueva forma de pensamiento, en suma: una vida nueva. Así que si alguien hoy viene y te dice que eres un apóstol, lo primero que deberás averiguar es cuál es la cultura de un apóstol. Es exactamente lo mismo cuando dejas de ser una persona del común y te conviertes a Jesucristo. ¿Vas a seguir viviendo como venías viviendo o vas a ir abandonando todas aquellas cosas que no condicen con tu nueva cultura de fe? Indudablemente, cambiarás tu cultura. Yo lo hice. Pero lo tuve que hacer dos veces, porque cuando comencé a oficiar de ministro en la enseñanza, nuevamente tuve que modificar muchas de mis costumbres. Y allí tuve un nuevo cambio cultural, acorde con lo que ahora representaba. “Hay cosas que a ti ya no te son permitidas”, me dijo un amado consiervo, alguna vez.
(90) – Con un Espíritu Pionero
El apóstol, primordialmente, es un constructor, un edificador. La característica dominante de su unción, es la visión. Es mucha la gente que dice que esa es la característica de los profetas, pero no terminan de entender que el profeta, más que visión, tiene audición. El profeta es agudo en sus oídos, no tanto en su vista. Esto, obviamente, también significa que así como son tremendamente eficaces para escuchar el consejo de Dios, así también tienen suficiente falta de visión como para no llegar a ver sus propios errores. La especialidad del ministerio, en tanto, es el entendimiento de fundamentos.
Tú no llegas a reconocer a un apóstol por la cantidad de iglesias que tiene por debajo de su autoridad, sino por la profundidad de su enseñanza. Un apóstol siempre te llevará a lo medular. Es gente que entra hasta el hueso. ¿Se entiende eso? Te llega bien adentro, al tuétano, a lo interno. Nunca van a encontrarse con un apóstol light. ¿Por qué? Porque ellos tienen un alto entendimiento de los fundamentos. ¿Y cuál es su rasgo dominante? Su espíritu pionero. Eso significa que ellos pueden hoy mismo estar haciendo cosas que nadie más ha hecho, porque es gente muy comprometida con la visión de Dios. Obvio que estoy hablando de los genuinos…
Ser pionero es tener un equipamiento especial que hace que una persona vaya en una dirección a la que nadie está yendo. ¿Y cuál es el don esencial de un apóstol? La palabra de sabiduría. Muy de acuerdo con su especialidad. Los fundamentos se abren, el entendimiento del fundamento se abre, precisamente porque la persona tiene acceso a este don: palabra de sabiduría. ¿Y qué en cuanto al recurso más recurrente? Respuesta simple: autoridad. Es un ministerio de gran autoridad. Todos los ministerios tienen autoridad, de eso nadie tiene dudas.
Pero tampoco la tienen respecto a que el del apóstol es, indudablemente, el ministerio de mayor autoridad. No existe tal cosa como un apóstol subordinándose a un pastor de iglesia. ¿Hará falta que lo repita en este tratado pionero o habrá sido suficiente para que todo el que tenga oído para oír, haya oído? ¿Y cuál es su carga por la iglesia? Paternidad. Y esto tiene que ver puntualmente con los otros ministerios. Tienes el caso de los profetas, ellos son obsesivos en cuanto a la exactitud, a la precisión. Y eso ayuda mucho, porque los apóstoles, de hecho, lo son.
Una de las formas normales de ver funcionar un apóstol, es corrigiendo. Es gente que corrige, constantemente. Y puede corregir, porque conoce el diseño original. Porque si no conoces el diseño, es más que obvio que no podrías corregir nada. Ahí es donde entra el tema de la exactitud. Ellos son obsesionados de que las cosas se hagan cómo deben hacerse. Pero ese es un rasgo que lo comparte con los profetas. Los profetas también tienen esa característica. Son gente muy exacta. Y allí es donde dejamos de lado la carga de la exactitud para el profeta, y tomamos para el apóstol, como carga de la iglesia, algo que el profeta no tiene: paternidad.
Es muy difícil que un profeta sea paternal. ¡Pero los pastores sí son paternales! Sí, pero desde otra óptica. Tú no puedes ser papá de una oveja, tienes que tener la misma genética para serlo. Son dos especies distintas. Escucha: para poder conducir a alguien, tú tienes que ser superior a esa persona. Si un pastor debe conducir a ovejas que no saben dónde van, ese pastor no puede ser uno con esas ovejas, tiene que estar fuera de ellas. Por eso es que un pastor, en este nivel, no puede tener paternidad. Pero en el tema del apostolado, sí; porque él no está con ovejas, está con ministros.
Sin embargo, hay algo que debemos puntualizar. Cuando se habla de autoridad, de ninguna manera se está hablando de abuso. De hecho, el profeta parecería que tiene más autoridad. Su manera de hablar recurriendo permanentemente a los absolutos, es lo que se la otorga. Los apóstoles, por el contrario, tienen un nivel de resistencia y de tolerancia mayor a la que tienen los profetas. Y lo tienen porque son más paternales, más padres. En cambio el profeta, si sigo con las comparaciones, vendría a ser el hermano mayor.
(91) – ¿Existe La Infalibilidad?
Ahora bien; ¿Por qué el padre debería ser más tolerante? Simple, porque entiende a los hijos. El profeta parecería olvidarse de cuando todavía no lo era. Y se enoja con la jovencita que no puede terminar con una relación pecaminosa que la ensucia y perjudica. Y no hace memoria que cuando era joven, a él le pasó una cosa totalmente similar. Y si no hubiera sido por Dios que le sacó a esa mujer, todavía andaba en problemas. Pero, el apóstol tiene un grado de autoridad que no necesariamente se expresa en su hablar, sino en su influencia. Hay un antiguo dicho que dice: “Cuando te imitan, tú gobiernas”.
El profeta irá y te preguntará si estás con él o no, y te exigirá que te decidas ahí mismo. El apóstol muy difícilmente te diga algo así. El apóstol gana terreno en las mentes y los corazones, por influencia. Y es cuando en un momento dado, y sin saber cómo, cuándo o por qué, te das cuenta que ya no quieres separarte de esa persona. Y, reitero, te termina ganando la voluntad por influencia, no por imposición. Porque si te imponen que hagas algo, quizás lo hagas, pero no será con el corazón. En cambio sí es por influencia, sí lo harás a gusto y a corazón. Eso, porque estimo que hay que terminar de una buena vez con los papados evangélicos.
¿Papados? ¿De qué está hablando, hermano? De una palabra que los Papas católicos han usado mucho: infalibilidad. El Papa dice algo y nadie puede discutirlo, tiene razón porque el Papa nunca se equivoca. ¿Te parece ridículo, verdad? Bueno, déjame decirte que en algunas denominaciones que conozco, los que tienen la jerarquía de apóstoles, e incluso muchos de sus más insignificantes pastorcitos, gozan de la misma infalibilidad que el Papa. ¡Bueno! –me dicen- ¡Pero es la autoridad y hay que obedecerla! Un momento, estamos hablando de autoridad, no de dominio. La autoridad no es dominio.
Ningún ministro está para dominar a la iglesia, está para caminar con ella en función y razón de aquello para lo que haya sido enviado, porque es para eso y no para otra cosa que trae la autoridad del cielo. El ministerio apostólico es básicamente un compuesto de todos los demás ministerios. Los apóstoles principales de la Escritura eran todos también grandes maestros, pastores, profetas y evangelistas. No obstante, esto no significa que alguien que muestre tendencia a ser todas estas cosas, sea efectivamente un apóstol. El ministerio apostólico se establece especialmente sobre la autoridad, no sólo en la función.
Ahí está el rol de la autoridad como algo muy importante, Mucha de esta autoridad tiene que ver con un balance que existe entre los talentos con los que tú has nacido, el equipamiento que Dios te ha dado y entre el llamado y el ministerio como tal. Esta combinación, de por sí es muy poderosa. Un ejemplo: cuando leemos los evangelios sinópticos, Mateo, Marcos, Lucas, van a darse cuenta que ellos relatan incidentes comunes. ¿Qué quiero decir con esto? Que hay un incidente que lo relata Mateo y también lo relata Lucas, o un incidente que lo relata Marcos y también lo relata Mateo. Se repiten los incidentes.
La óptica varía, entre un evangelio y otro, en el autor. Porque de acuerdo con la especialidad de ellos, es que hacían su observación. Si tú estás en África y comes carne vacuna, te sabrá más o menos sabrosa. Pero un día llegas a Australia, y la carne vacuna que comes allí, al lado de la africana, te parece maravillosa. Sin embargo, el día que vienes a Argentina y comes nuestra carne, allí te quedas preguntándote qué comiste anteriormente con el nombre de carne. ¿Qué quiero decir con esto? Que es inevitable la comparación, como una herramienta de conocimiento.
Lucas, era médico, mientras que Mateo, era cobrador de impuestos, es decir, funcionario público. Ahora; cuando entra un hombre que no puede mover la mano, la lectura de Mateo, ese día, es: Y entró en la sinagoga un hombre con la mano seca. Pero Lucas, dice: Entró en la sinagoga un hombre con la mano paralizada. ¿Qué estaba queriendo decir? Su lectura de este problema, de la mano de este hombre, es más precisa en el médico, que en Mateo.
La autoridad de la que estoy hablando, en el ministerio apostólico, en esencia, es una autoridad espiritual, o sea: uno no se la ganó, vino de parte de Dios con la función. Ir, obedecer el mandato, es lo que activa en quien lo hace, esa autoridad. ¿Cuándo una persona pierde autoridad? Cuando no obedece y no va. ¿Por qué el Señor les dijo: vayan y sanen y liberen? Eh, Señor… ¿No me puedo quedar y liberar por aquí? No, no funciona así. La autoridad espiritual, siempre es una comisión. Dos principios que ya vimos anteriormente: Principio de Comisión, Principio de Autoridad.
(92) – Tema de Medicamentos
Pero, hay otro tipo de autoridad, que viene por la tarea natural que se desarrolla. Si tú eres médico, o docente, o abogado, u otra experiencia en el proceso, tu función se enriquece. Imagínate que debemos elaborar un decreto sobre un tema puntual. ¿Todos estamos en condiciones de redactarlo? Por supuesto, todos conocemos el tema. Pero si se lo damos a ese profeta que además es abogado, te puedo asegurar que va a quedar impecable. Cuando elaboramos un estudio o un trabajo en ese sentido en esta Web, es muy probable que el nivel de revelación o de riqueza espiritual sea menor a la que puede recibir otro hombre o mujer de Dios en el mismo sentido.
¿Sabes qué le otorga mayor autoridad, a veces? Que fue redactado por alguien como yo que, en sus talentos naturales, engrosado luego por una sólida experiencia laboral y profesional, recibió el de poder expresar escribiendo exactamente lo que piensa y conoce, cosa que no todos pueden lograr. Unción + Oficio = Autoridad. He allí la importancia de capacitarnos permanentemente. Porque, seguramente, a lo largo de tu carrera en el evangelio, y a manera de ejemplo ministerial, tú podrás encontrar profetas y profetas, maestros y maestros, pastores y pastores, apóstoles y apóstoles, evangelistas y evangelistas.
¿Dónde está la diferencia? Todos recibieron la misma autoridad espiritual, pero hay una autoridad natural que le añade el aderezo a la comida. Pero, hay algo que deberemos dejar muy en claro para que nadie se confunda nunca más, y se muestre con arrogancia o soberbia, que es mucho peor que la indiferencia o la incredulidad. Si tú tienes un talento, convertido a don ungido por el poder de Dios y lo estás utilizando para tu servicio al Reino, glorificamos a Dios por ello. Pero ten en cuenta siempre que la que necesita de ese talento tuyo es la iglesia en su conjunto, y no Dios.
Tú no puedes ayudar a Dios, apenas puedes ayudar a la iglesia. Y tanto como para equilibrar esto y que no suene a soberbia intelectual, puedo concluir recordando que el pastor que ofició en mi bautismo, y que era un tremendo hombre de Dios refulgente en santidad y bondad, era casi analfabeto. ¿Necesitas más? Y al decir que tiene el apóstol un espíritu pionero, lo que quiero significar es que en la mayoría de los casos que encaran en lugares o situaciones desconocidas, no tienen referentes. Si tú eres médico y Dios te levanta como apóstol, te vas a dar cuenta que es muy difícil encontrar a un médico apóstol.
O, si lo prefieres, un apóstol que haya estudiado Medicina. Ahora veamos, ¿En qué puede enriquecer eso a la iglesia? En principio, en un punto que necesitamos ampliar y enseñar correctamente a todos los que todavía no lo conocen, Pharmakeia. No vas a comparar la idea de pharmakeia que pueda darte un apóstol que es médico, a la que podamos tener cualquiera de nosotros, que generalmente andamos encaramados en el péndulo. No tomo más esta pastilla. Bueno, si la tomo una sola vez más. No la tomo, sí la tomo, etc. Y luego el naturismo disfrazado de cristianismo.
¡Hierbas! ¡Sólo hierbas! Eso es homeopatía. ¡Pero es que yo no tomo drogas, no es pharmakeia! Sí, lo es. Porque pharmakeia no es el consumo o no consumo de medicamentos, es el lugar en donde pones tu fe. Lo que alguien que haya estudiado puede hacer, no es reconciliar a la iglesia con la medicina, sino darte elementos que te permitan un mayor conocimiento biológico de ti mismo. Dios conoce cómo funcionan nuestros cuerpos, ¡Él nos hizo! Además, Dios es coherente y hace lo que debe hacer con quien debe hacerlo. A los discípulos de Jesús que eran pescadores, los hizo pescadores de hombres.
Al que era maestro de todos los maestros y fariseo entre los fariseos, lo hizo el referente máximo de doctrina. De alguna manera, Pablo tenía una autoridad mayor para la iglesia por la finalidad de la iglesia, no delante de Dios. Porque delante de Dios, te informo por si te olvidaste, todos somos iguales. Sin embargo, el pueblo de Dios tenía un común denominador en esos tiempos: esclavitud. Pese a ello, hay que recordar que Moisés tenía una formación de príncipe. De alguna manera, entonces, Dios demanda un mayor equipamiento para que cada uno de nosotros pueda, llegado el momento, ejercer un mayor peso de autoridad.
(93) – Madurar No es Opción
Y allí puede salir alguien a decir que, después de todo, sin son todos apóstoles, todos tienen la misma autoridad, ¿Verdad? Pues no es así, de ninguna manera. No hay dos personas que tengan la misma autoridad en toda la tierra, no las hay. Y por el otro lado, está todo aquello por lo cual tú has sido diligente. Por eso es tan bueno que se cierren ciclos y que se terminen procesos. Cuando tú terminas un proceso, ganas autoridad. Ojo, no te estoy diciendo que ganes más consideración de parte de Dios, no. Dios no te quiere por tus obras. Estoy diciendo que ganas mayor autoridad ante lo que es la iglesia en su conjunto genuino.
Aunque la imitación paupérrima que existe, te segregue. De ahí que sea tan importante establecer una cultura que nos incentive y acostumbre a no dejar las cosas a medias. Que cada uno que tenga un llamado de parte de Dios se meta a hacer lo que le han ordenado hacer, y que termine las cosas. Y eso me lleva a algo que, de tan frecuente y habitual, casi se nos ha convertido en un símbolo. Pero que es un símbolo tan negativo que no podemos permitir que siga desarrollándose. Tanto europeos como americanos del norte, consideran al pueblo latinoamericano, como gente poco confiable.
Porque, -dicen ellos-, si bien somos muy inteligentes y habilidosos, no tienen ninguna garantía que de pronto y de un momento para el otro, nos cansemos y los abandonemos. Por eso les cuesta tanto a los latinos conseguir buenos trabajos en Europa o donde quieran irse a residir. ¿Está mal que nos metan a todos dentro de una misma bolsa y generalicen de ese modo? ¡Claro que está mal! Pero convengamos en que hemos hecho, como pueblo, muchísimos méritos para que ellos piensen así de todos nosotros. La autoridad es una señal de madurez en todos los ministerios.
¿Quieres ver a un padre sin autoridad? Toma un momento cualquiera y haz la pregunta: ¿Dónde está tu hijo, ahora? Respuesta: No sé, debería estar aquí, pero no sé dónde puede estar. ¿Sabes que se nota en esa respuesta? Falta de autoridad. Claro, seguramente lo llamará por celular y el joven le dirá dónde está, pero eso es algo menor, ¿No debía saberlo antes? Los apóstoles son los peritos constructores del templo del Señor. Expertos, quiere decir peritos, aquí. El templo del Señor que aquí es la iglesia. Al contemplar su gloria y la majestad uno recibe el entendimiento, el enfoque y la resolución que son esenciales para tener verdadera autoridad apostólica.
Partimos del hecho que los apóstoles tienen un diseño de edificación. O sea: ellos saben cómo se edifica la casa. Y no estoy hablando de mampostería, ni acero ni estructuras metálicas, queda claro. ¿Qué quiero decir con esto? Que el apóstol usa de la visión para poder ver algo terminado, donde todavía recién se está comenzando. Pero, hay algo interesante en forma de pregunta: ¿De dónde nace la revelación del diseño terminado de la iglesia? Del corazón del Padre. ¿Cómo quieres tu casa? No hay ni literatura, ni sermones, ni estudios, ni enseñanzas respecto a ello.
¡Sólo está en el corazón del Padre! Y allí hay que irlo a buscar. Y allí es donde aparece el apóstol, que normalmente, es una persona que sabe entender el corazón de Dios. Mira la casa, y tiene una mente que lo predispone a ver qué toda ella sea funcional. Si tú pones un profeta para hacer eso, lo resuelve abriendo un hueco en la pared donde no hay puerta y listo, se acabó el problema. Pero el apóstol tiene una visión más integral de lo que es la casa. Porque un apóstol siempre piensa en casa, mientras que un profeta sólo piensa en puerta.
El apóstol, mejor dicho la unción apostólica, desata en la gente la necesidad de que todos edifiquemos. La carga apostólica, queda resumida en Gálatas 4:19: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. Esa es la carga apostólica. ¿Cuál es la obsesión de los apóstoles? Que Cristo se forme en su iglesia. En muy pocas palabras, esto es lo que nosotros llamamos: El Ministerio. El apóstol tiene carga por El Ministerio, no por Los Ministerios. Cristo formándose en la iglesia. Hay que diferenciar el ministerio apostólico de las actividades que se concentran en lo que son más bien dones administrativos. El conseguir que las iglesias formen parte de una organización, o el enseñar acerca del gobierno de las iglesias, son cosas que pueden hacer personas que no tengan ninguno de los dones de capacitación que aquí se han enumerado.
(94) – ¿Dios Tiene una Lógica?
Alguien que tiene dones administrativos, que son bíblicos y otorgados por el Espíritu Santo, puede organizar un grupo eclesiástico y llevarlo con cierta excelencia. ¿Pero puede un administrador, ser nominado como apóstol? No, no ha sido apostello, no ha sido enviado a eso. Sí puede, en cambio, un apóstol, acceder a esos dones de administración y enriquecer o solidificar su trabajo. Lo que ocurre es que la lógica, la lógica en muchas ocasiones es enemiga de la revelación. ¿Para qué voy a hacer esto de ese modo, si puedo hacerlo más fácil así? Eso es lógica.
La revelación por ahí te manda hacer algo por el camino más complicado que la lógica jamás aceptaría. Lógica, este concepto griego que nos fuera introducido a través de la educación, no siempre expresa lo que está en la mente de Dios. Te doy el ejemplo del etíope que está volviendo de Jerusalén. No tiene sentido ni lógica enviar a una persona miles de kilómetros para encontrar a un hombre. Más bien oremos para que ese hombre pueda llegarse hasta la iglesia más cercana a su domicilio. O sea: oremos para que el etíope llegue hasta una congregación local.
Oremos para que se acerque a los apóstoles. Sin embargo, ¿Cuál fue la lógica de Dios? No, no es el hombre el que se tiene que acercar a la iglesia, es la iglesia la que tiene que ir a buscar a ese hombre. Allí es donde Felipe, entonces, tomado por el Espíritu, va a buscar a un hombre. ¡Oh! ¡Qué mala administración de los recursos humanos! Sí, pésima. Pero el Espíritu lo quería hacer así. O sea que entonces, no siempre la lógica expresa la sabiduría de Dios. La unción apostólica le inspira a la iglesia a acercarse al Señor, a contemplarle y a ser transformado según Su imagen, no a simplemente crecer dentro de un sistema.
Si ustedes leen las cartas de Pablo, van a darse cuenta que él tiene constantemente dos énfasis. Uno, él es enemigo de la ignorancia, y constantemente él está trayendo información. Pero, ¿Qué tipo de información? Él no quiere que ignoremos cuál es la voluntad de Dios. La información que viene, constantemente, por Pablo, es qué hay en la mente de Dios para su iglesia. La principal carga y tarea de un apóstol, es la de que todos nosotros nos podamos alinear con la imagen. Y una de las principales causas por las cuales aún no nos hemos alineado con la imagen, es por ignorancia.
Entonces ellos sacan de nosotros los velos de ignorancia, y es como que te permite abrir decididamente tus ojos a una visión clara. Cuando tú confrontas el Nuevo Testamento, te vas a dar cuenta que todos estos hermanos, que la gran mayoría de ellos eran de origen hebreo, si bien conocían las Escrituras, tenían otro tipo de ignorancias. ¿Qué tipo de ignorancias? Conocían la ley, pero no conocían la voluntad específica de Dios para un tiempo. Y de hecho, Jesús mismo los censuró. Les decía a ellos: ustedes, fariseos insensatos, un hombre sale al campo y sabe discernir los tiempos que llegan, y ustedes no. Me han visto llegar y no se han dado cuenta lo que ha pasado.
(95) – En Los Dilemas Culturales
Entonces resulta ser que, todo lo que sabían de Dios, no les servía para poder saber lo que Dios, en un momento específico, estaba haciendo. Había un nivel de ignorancia. Otro tema de ignorancia, muy fuerte en ellos, era la cultura. La cultura que ellos mantenían, como pueblo hebreo, quizás los había apartado del resto, que en todo caso sí era un objetivo de Dios, que ellos no se mezclen, pero por el otro lado, no entendieron que, cuando vino el Espíritu Santo, Dios ya no veía a la gente no creyente como gente inalcanzable. O sea: Él quería acercarse a los que no eran judíos, pero por su cultura, sus discípulos no.
Dios tuvo que hacer todo un proceso en ellos para que cayeran sus paradigmas, y que ellos pudieran acercarse a los gentiles, sin condenación. Es famoso el encuentro de Pedro, ahí en Jope, cuando tiene la visión en la casa de Simón, para poder ir luego a la casa de Cornelio. ¿Y qué es lo que se ve allí? Un nivel visible de ignorancia. ¿Ignorancia en qué sentido? En la voluntad de Dios, en lo que Dios quería en un momento. Lo que en este tiempo tú sabes de Dios, por lo que has aprendido en los últimos veinte años, puede ser tu ignorancia mañana, con respecto a lo nuevo que Dios desee darte.
O sea: todo lo que yo sé de Dios, siempre tiene que estar sujeto a ser revisado por el Espíritu Santo. Yo no pienso mover las cosas hasta que Él no las cambie. Pero debo estar dispuesto a cambiarlas. Pablo, por un lado, es enemigo de la ignorancia. En segundo lugar, una carga que podemos ver constantemente en él, es el constante anhelo que él tiene de que nosotros veamos a Dios como Él realmente es. Y esto, nace de un hecho puntual y concreto: la ley desfiguró a Dios. Es bastante feo decir eso, pero es cierto. La ley desfiguró a Dios. Desfiguró tanto a Dios, que en un momento dado era más importante la ofrenda que Dios.
Que en un momento de la historia, trescientos años antes de Cristo, por allí, el Padre dice: ¿Saben qué? Ya no quiero que me traigan ofrendas, se acabó. Él mismo, que había instaurado el sistema sacrificial, como una forma de trabajar con las faltas y pecados del hombre, los holocaustos y todo eso, en un momento determinado, dice: ¡Ya me harté! ¡Basta! Porque todo lo que hacemos sin revelación, al pasar el tiempo, termina ofendiendo a Dios. Aunque lo que hayamos hecho, sea para Él. Por ejemplo: todos sabemos que trabajar duro para que gente muy pobre pueda llevarse un plato de comida a la boca, es bueno y agrada a Dios.
Pero mucho más lo agradará si la mercadería que se utiliza para elaborar esas comidas, es de primera calidad y no sobras que nadie quiere. Por eso, Pablo es muy duro con aquellas personas que hacen las cosas de Dios, pero sin considerar el corazón de Dios. Van a ver ustedes que Pablo es muy misericordioso con los no creyentes, aún con los más pecadores; pero con los religiosos, ni la menor ventaja. Él, es sumamente estricto, muy duro. Él es muy condenatorio. Ese, mi amado hermano, es el espíritu de Reforma. Ya en los tiempos de Pablo, en la época en que él vive, la iglesia estaba sufriendo el manoseo del conocimiento humano.
Se empezaron a querer conjeturar o teorizar cosas. Ningún hombre de Dios genuino necesita del consejo de la gente cuando acaba de escuchar al Señor. La gente se aferra de ese versículo que dice que en la multitud de consejos está la sabiduría, y no se da cuenta que lo está diciendo un hombre que tuvo más de mil mujeres. Nadie necesita mil consejeros cuando tiene morando en su interior al Espíritu Santo. ¡Vaya impacto! ¿No crees? El peso del consejo, o el espíritu de consejo, sí es uno de los siete espíritus de Dios. El espíritu de consejo, es parte de los cinco ministerios.
Cada uno de esos cinco ministerios, tiene acceso a ese espíritu de consejo. Pero, a veces es apabullado por la presión de la iglesia. Veamos este ejemplo que escuché. Un ministro que lidera una gran congregación, decide no hacer absolutamente nada sin orden expresa del Espíritu Santo. Pero, resulta ser que se aproxima el aniversario de la iglesia, y los diferentes sectores que lo ayudan, empiezan a presionarlo con “hacer algo”, porque siempre se hizo algo para esta fecha. Cierto es, la gente prefiere hacer algo por tradición o costumbre, a no hacer nada por orden del Espíritu Santo.
Lo que vemos como iglesia, es el resultado de esa costumbre. Se supone que la misión de la iglesia, que es asamblea, es complacer al corazón del Padre, no al de la gente. Y ni quieras negarte, porque el infierno mismo se desata en tu contra en modo-planeta-tierra. Y todo porque un hombre dijo que no iba a hacer nada hasta que Dios no lo diga. ¡Qué peso tiene la cultura! Porque de última, somos gente que de la boca para afuera decimos que vamos a hacer lo que Dios nos diga, pero que en el fondo, ya hemos decidido lo que queremos y lo que no queremos hacer. Lo he visto centenares de veces. Lo hemos visto centenares de veces. Es mucho más fácil decir: “Señor, bendice lo que vamos a hacer”, que decir: “Señor, ¿Quieres tú que hagamos?” Porque, créeme, ¡Es muy difícil no hacer nada! ¡Claro! ¡No somos unos vagos! De hecho que no son vagos, pero: ¿No deben esperar en silencio que Dios hable, y mientras tanto no hacer nada? Ah, sí, veremos…
(96) – ¿A Quién Debe Parecerse la Iglesia?
Lo que ocurre es que por años y años, la iglesia ha hecho un verdadero culto superior del activismo. ¿Y sabes lo que dice la Palabra?, que nosotros somos fuertes, si meditamos en Él. Y meditar, hasta donde yo sé, es escuchar quieta y atentamente. Y que no te quepan dudas, la gente, al menos en su gran mayoría, ama más a la iglesia que a Dios. Pero, a ver: ¿Es una ofensa hacer algo en homenaje a la iglesia? No. Lo que sí puede ser una ofensa, es hacer una fiesta en una casa, sin pedirle permiso o preguntarle si está de acuerdo al dueño de la casa. Así lo hacemos permanentemente como iglesia.
Lo hacemos todo en su casa, pero no le pedimos permiso. Decimos que todo lo que hacemos es para Él, pero ni siquiera le preguntamos si le gusta o no lo que estamos haciendo. Decimos que dependemos de Él, pero normalmente ya tenemos nuestros propios planes. De allí que no es ni aventurado ni mucho menos malintencionado decir que hoy no se depende de la voluntad de Dios, sino de las costumbres y las tradiciones. Pregunto: ¿Hay un novio que esté feliz de casarse con una novia que piensa así? No lo sé, todos nosotros seguimos pensando que sí…
Hay gente que ha sido echada de una iglesia, sólo porque se atrevió a ir y decirle al pastor que Dios le había hablado y le había dicho algo opuesto a lo que el pastor pensaba. ¿Sabes qué? El mayor enfrentamiento, hoy, que tienen los auténticos creyentes de Reino, es contra una cultura enraizada en la iglesia. Una cultura que habla y sigue hablando de Dios, pero que lo ha sacado de sus agendas diarias hace mucho tiempo. Ese es el cambio más violento: ¿Vamos a seguir haciendo lo que ya sabemos que no está bien? Aquí hay uno que decidió no hacerlo, y ni por asomo presumo de ser el único, Dios me libre de serlo.
Una iglesia, por exitosa que sea, jamás puede parecerse a su líder; tiene que parecerse al Señor. ¡Es que yo ahora ya no pertenezco más a una denominación! ¡Me salí de ella hace tiempo! ¡Ahora formo parte de una red apostólica! Mira, hermano: si te saliste de un sistema antiguo, para caer en otro un poco más moderno, me temo la cosa no ha cambiado demasiado, sigue siendo sistema por sistema. No es ese el tema. El tema es que nosotros dependamos, de una vez por todas, del Espíritu Santo conforme a lo que Él nos está diciendo. Para que quede claro, de lo que estamos hablando es de ser sensibles a la voz del Espíritu.
Porque Él tiene soberanía como para hablarnos de la manera que sea, en el momento que sea y mediante la manera que sea. Está en nuestra sensibilidad y discernimiento saber cuándo es Él y cuando es nuestra carne o el enemigo. Lo cierto es que es tarea apostólica salir a la palestra a decir que las cosas que se venían haciendo así y así, ya no se hacen más de esa manera y que ahora se tienen que hacer así y asá. Sin ir demasiado lejos, y sé que esto va a ser de identificación por no pocos, precisamente. ¿En cuántos lugares se sigue celebrando, una vez al año y vaya uno a saber partiendo de qué argumento, El Día del Pastor?
Y con fiesta, homenaje a toda la familia pastoral, obsequios, música dedicada y etc. ¿Día del Pastor? Perdón por mi pregunta tontuela, pero: ¿De dónde sacaron eso? Y digo más: ¿Cuáles son, entonces, los días del Evangelista, del Profeta, del Apóstol y del Maestro? ¡Ah, no! ¡Ellos no tienen su día! ¿Ah, no, eh? ¿Y pueden decirme por qué motivo? Ya, basta; mejor no me lo digas. Y eso no es todo: las personas que todavía insisten con celebrar estos días dedicados de homenaje, son las que luego, fuera de la iglesia, celebran los quince años de sus hijas exactamente como los celebra el ambiente mundano.
Y arman las ceremonias de casamiento con los mismos rudimentos que vemos en las iglesias del catolicismo romano. Y hasta organizan las despedidas de soltero con las mismas atracciones anexas que acostumbra el mundo. Mira, hermano: el que acepta seguir cumpliendo con las tradiciones del sistema del mundo, termina siendo esclavo de ellas al punto de no poder tomar contacto con el Reino. Es mucho más simple de lo que lo hemos hecho.
Conoceréis la verdad, y la verdad os hará… ¡Libres! Eso es todo. Yo no termino de entender hasta qué punto nosotros, somos capaces de proyectar un verdadero cambio, si por un lado decimos una cosa, pero por el otro vivimos casi de acuerdo con lo opuesto a lo que dijimos. Reitero algo dicho hasta el cansancio: no tenemos un bonito mensaje; ¡Somos o no somos el mensaje viviente! Y no se trata de legalismos o gustos personales, se trata simplemente de integridad.
(97) – Patrones de Conducta
La iglesia viene desde hace mucho tiempo con una cultura mezclada. Cree, por ejemplo, que adoptando ciertos ritmos muy pegadizos y con bastante percusión afro-americana, eleva la calidad de la alabanza, pero no se da cuenta que está haciendo exactamente lo que le parece bien a la gente, sin tomarse el trabajo de preguntarle al Señor si a Él también le parece bien o no. Yo conozco su respuesta, pero creo que una gran mayoría, todavía no se ha tomado el trabajo de ir a buscarla, nada más que eso; no se necesita ser ni especial ni maravilloso para conocerla. Percusión. Tam-tam. África. Vudú. Punto.
¡Ay, hermano! ¿Pero eso no es demasiado discriminador? ¿No nos estamos alejando del mundo al que deseamos llegar para salvarlo? No. Lo que estoy haciendo es trazar una línea divisoria clara, exactamente en el lugar en donde Dios dice que hay que trazarla. Porque si la iglesia genuina no traza esa línea divisoria, los hombres religiosos van a hacerlo, y entonces mucho me temo que seguiremos entremezclados como estamos ahora. Nadie tiene muy en claro qué cosa es santa y que cosa es profana. Entonces, la pregunta que ahora viene a cuento, es la siguiente: ¿Para qué estaría hoy levantando apóstoles, el Señor?
Mira, entre otras cosas, para que nos sienten a todos y nos digan algo así, como: “Hermanos, ¿Ustedes estaban hasta hoy haciendo negocios de tal y cual manera, verdad? Lamento comunicarles que no pueden continuar haciendo negocios así. Ya no pueden facturar en negro. Yo sé que se gana un dinero haciéndolo, y que evitan que se enriquezcan más los impíos, pero nuestro Dios es un Dios que ama lo legal, y eso no lo es.” Otra: ¿Dónde están los hermanos que son médicos? Vengan acá. Hasta hoy ustedes recetaban medicamentos por toneladas porque los laboratorios reconocen muy bien eso.
Lamento decirles que, a partir de hoy, sólo deberán extender recetas a quienes verdaderamente lo necesiten y en la cantidad que lo necesitan. Y que, si los pacientes son creyentes, sólo les recetarán medicamentos si después de orar y esperar, no hay resultados a la vista. En suma, lo que carga el espíritu apostólico es esa capacidad de pesar la sustancia de las cosas. ¿De dónde nace esto? Recuerden que cuando decimos que ellos tienen una especial unción para los recursos fundacionales y de edificación, no es solamente en la iglesia. ¡Es válido para cualquier parte! ¿Qué hay detrás de estas comidas nuevas que han salido ahora?
¿Comida? ¿Y qué nos importa una comida más o menos? Nos importa, porque detrás de cada comida hay un espíritu, así que definitivamente, una comida es cultura. Y la ropa también es cultura. Y lo que lees, también lo es. Y la música es cultura. Entonces, lo que hacemos es quebrar esas estructuras de caminar, domo dice el viejo dicho, “Caminar como Vicente” ¿Y cómo camina Vicente? Para el lado que va la gente. Ahora, serás una persona que empezará a caminar, por fin, como viendo al invisible. Ese es el patrón de conducta que sí o sí está asociado al Reino de Dios.
Por eso es importante el trabajo apostólico. Son grandes maestros, pero su enfoque siempre es fundacional. ¿De dónde vino esto? Parecen tonterías, pero créeme, todo aquello que hoy hacemos por ignorancia, mañana va a terminar encadenándonos. Ojo: aun lo que es bueno. Un evangelista de los modernos, por ejemplo, no va a dudar de poner un grupo de música pesada en una plaza si eso le trae gente. Un apóstol genuino, nunca te va a aceptar eso. Por esa razón, no puede extrañarle a nadie que sea uno de los ministerios que más enemigos cosecha.
Porque resulta ser que, pese a todo lo dicho y dejado en evidencia, la gente en su mayoría va a defender la cultura asumida. Y el argumento teológico más utilizado, será: ¿Y qué tiene de malo? Yo no creo en ningún sistema político en el cual Dios no sea el centro. Tampoco creo en el capitalismo. El que piense que la iglesia debe estar enrolada con el capitalismo por la simple razón que es la obvia oposición a la izquierda socialista, se equivoca de medio a medio. Todo sistema que el hombre crea, es injusto. Todo sistema, no se escapa ni uno por bonito que parezca desde lejos.
¡Pero, hermano! ¿Y qué propone usted, algo así como una teocracia? De ninguna manera. Yo, lo único que creo fiel y fervientemente, es que Dios busca gente con principios. Gente con ética genuina y con altísimo sentido de Justicia para guiar una nación, sin que necesariamente sea cristiano. A mí no me parece que un país, cualquiera sea él, esté necesitando un presidente cristiano. Yo creo que alcanza y basta con que sea un presidente justo.
Un presidente que tenga ética, que tenga moral genuina, no declamada ni promocionada desde los medios de comunicación afines. Y no afines por ideología o justicia, sino por la mera pauta publicitaria obligatoria, mínimamente. Yo creo en esa clase de gobiernos, los que por lo menos están en condiciones de mostrar al menos una de las características de Dios. Su justicia, su perdón, su paz, su misericordia. Es más que obvio que todos, absolutamente todos los sistemas políticos humanos, van a fallar. La verdad cruda es que no sabemos gobernarnos solos. Si no dependemos de Dios, estamos huérfanos y a la deriva. ¡Así está el mundo, hoy!
(98) – El Año de la Buena Voluntad
La gran pregunta que ahora surgirá en forma masiva al leer o escuchar esto, es: ¿Pero y quién les va a enseñar a esa gente todos esos valores? ¡¡¡La iglesia!!! ¡Para eso fue plantada la iglesia en las naciones, no para hacer alianzas promiscuas y corruptas por conveniencia privada! Esa es la tarea del ministerio apostólico, tarea de reconstrucción, de restauración, de revitalización. ¿Fácil? ¡Qué va a ser fácil! ¿Cuándo fue fácil y en qué remoto lugar del mundo, erradicar la corrupción en cualquiera de sus expresiones, así sea de expresión religiosa?
Sin embargo, lo que resulta complicado en lo natural, para la iglesia genuina, dista mucho de ser un desafío casi deportivo. ¡La iglesia tiene el poder más grande de todo el universo! ¿Cómo va a ser un desafío, eso? ¡Debería ser simplemente un trámite! ¿Cómo dices? ¿Qué está lejos de ser ese trámite que digo? De acuerdo, lo acepto, pero en ese caso, entonces, abandonemos los discursos «pulpísticos» voluntaristas ganadores y reconozcamos que todavía no terminamos de creer en la calidad del poder de Aquel en quien decimos creer
(Isaías 61: 1) = El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; (2) a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;(3) a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya. (Aquí, hasta ahora, hay cuatro ministerios que se han manifestado por sus acciones. Ahora va a aparecer el quinto ministerio).
(Verso 4) = Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.
Esa es la unción apostólica. Estamos hablando de lugares devastados, lugares en el espíritu que han sido asolados por la religiosidad. Ciudades enteras que han sido destruidas, por falta de conocimiento, por falta de temor de Dios. Si tú lees de corrido desde el verso 1 al verso 4, vas a encontrar que están los cinco ministerios expresados. Está el evangelista, está el profeta, está el maestro, está el pastor. Y concluye con el apóstol, a los que llama: los restauradores de ciudades. ¿Y dónde me lleva este enfoque? A que prestemos debida atención a lo que realmente es el peso específico del ministerio apostólico: la reedificación.
¿Pero, con qué fundamento? No con fundamentos extraños, desde luego. En un lugar nuevo, donde se pueda aceptar que todo lo que se dijo no es cierto y que hay una nueva cultura que puede implantarse. Es complicado, porque cuando la gente aceptó la fe con una cultura que no es la correcta, el proceso de reprogramación humana, es mucho más complejo. Hay un papel muy importante en el ministerio apostólico, ligado con la justicia. Se dice de ellos que pueden acercar la justicia de Dios a la iglesia y también a las naciones. Sin embargo, termino de decirte que ningún programa humano podrá darle solución a un problema humano.
En ese sentido, cualquier ideología o diagrama político, está condenado a un frustrante fracaso. En principio, porque para encontrar la solución a un problema, es obligatorio estar por encima del problema. Y eso se convierte en crisis, porque el hombre nunca va a poder estar por encima de su propia humanidad. Por lo tanto, es de esperar que de ninguna manera él esté capacitado para solucionar sus propios problemas. El Señor amplifica en la Palabra esto, cuando vemos que Él envía la solución. Y esa solución viene en el paquete del Hijo. El Hijo es la solución de todo, pero el Hijo es la expresión visible del Reino de Dios.
A todo eso lo compartimos, y a esta altura ya no representa ningún problema poder amalgamar todos estos conceptos. Y dicen que acerca la justicia de Dios a la iglesia. Claro está que, decir esto, no nos puede ni alegrar ni tranquilizar para nada, porque nos está dejando en evidencia que la iglesia, hoy, no anda ni cerca de la justicia. Nadie te va acercar algo que ya está en el lugar determinado y correcto. Además, y siendo como debemos ser, claros, transparentes y honestos, todos sabemos perfectamente que la justicia no está tan cerca de la iglesia como todos quisiéramos que esté.
Y esto se ve por el hecho de que la iglesia tolera la mezcla. Es imposible que haya justicia si sigue habiendo mezcla. La mezcla pervierte la justicia. De allí que el ministerio apostólico genuino, se caracteriza por ser muy determinante con todo aquello que es mezcla. ¿Recuerdan? Hay una acción directa en contra de la mezcla, que es muy fuerte. Y eso nace, esencialmente, de dos fuentes: del diseño fundacional que tiene el ministerio apostólico, que Dios le revela y de su apego por la justicia. Tomen como ejemplo a Moisés, como el apóstol del Antiguo Testamento. Van a ver que en él, hay una inclinación muy fuerte hacia la justicia.
Aun antes que Dios lo llame. Él es una persona que no tolera la injusticia. Tanto es así que tiene que escapar de Egipto por esa causa. Luego lo vemos otra vez en la escena, defendiendo a la que luego sería su esposa, de un grupo de malandrines. Otra vez aparece Moisés defendiendo la justicia. En su tercera participación, él está ya confrontando al Faraón. Y esta vez ya no es con su propia justicia, sino con la justicia de Dios.
Pero hay un hecho en la vida de Moisés, se nota que ha tenido un apego muy grande por la justicia. Ahora bien; eso es algo que nosotros podemos desarrollar, por la formación que tuvimos en casa. La gente cultiva un apego a la justicia, por lo que aprendió en su casa. Por eso es tan importante el tema de la educación en la familia, no en la iglesia; en la familia. Y por eso es tan importante que los padres exhiban un claro sentido de la justicia delante de sus hijos, ya que ellos van a aprender esos principios por lo que ven y reciben, y no por bonitos discursos vacíos.
(99) – Tradición: La Gran Batalla
La segunda característica que vemos en Moisés, es que de ninguna manera él se inventa el tabernáculo. Fíjate que, en todos los pueblos más conocidos y pioneros, ellos supieron edificarles una morada a sus dioses. Sin embargo, cada una de esas moradas y conforme a sus culturas, eran edificadas de acuerdo a como ellos imaginaban a esos dioses en los que creían. Pero, el único Dios que hace el camino inverso, es nuestro Dios, es el Señor, cuando Él se acerca a Moisés y le dice: “Ven, quiero mostrarte la casa que tú me vas a edificar”. O sea que Moisés, no era un artesano entrenado para hacer eso.
Ninguno de ellos tenía la habilidad de hacer semejante cosa si no veían el diseño original. Entonces, ese diseño fundacional que tiene el apóstol, no nace de su propia idea; él no sabe cómo edificar la casa. Dios mismo es quien le imparte la sabiduría fundacional. Ahora bien: si juntas estas dos cosas, vas a ver algunas cosas muy singulares. Dos en grado sumo: la justicia en primera medida, y la revelación del diseño en segunda. Cuando se juntan esas dos cosas, el resultado no puede ser nada más que valioso y de primer nivel.
Cuando Moisés está haciendo edificar el tabernáculo, se van a dar cuenta que la gente es llamada de acuerdo a la habilidad y talento, y con el Espíritu Santo que ahí mismo descendía sobre ellos y los equipaba, de tal manera que los carpinteros y los orfebres, todos pudieron poner de su capacidad, pero todos tenían un patrón: el diseño que Moisés había traído. Quiero consignar, asimismo, que en Moisés funcionaron todos los ministerios. Fue maestro porque enseñó, fue apóstol porque lideró y pudo traer el diseño. Además, también evangelista, porque le trajo las buenas nuevas de liberación al pueblo, fue pastor porque se ocupó de sostenerlos, de alimentarlos y darles todo lo que ellos necesitaban.
Por eso es la máxima tipología de Cristo del Antiguo Testamento. Y lo curioso y llamativo es que, como apóstol, el cumplía con las reglas apostólicas pre-establecidas: tenía autoridad territorial. Por eso no pudo entrar a Canaán, porque él tenía autoridad en el desierto, pero no en Canaán. Allí Dios tuvo que levantar a otro apóstol emergente. Porque en Canaán ya no se necesitaba un apóstol maestro, sino un apóstol profeta. Y ese fue Josué. Josué no era bueno edificando, pero era muy bueno en estrategias. Entonces hay una transmisión, una impartición.
Los dos son apóstoles, los dos van a guiar al pueblo, pero nota cómo es que Moisés tiene que respetar sí o sí el territorio que Dios le asignó. Junto con la autoridad de construir, hay además otros temas relacionados al ministerio apostólico, tales como el derribar y tratar con el error, la herejía y la apostasía. Ellos son muy fuertes para confrontar lo que está equivocado. Te puedes dar cuenta de eso en los reformadores. En Lutero, en Calvino. Todos ellos fueron personas que fueron levantadas por Dios, para recuperar verdades que estaban olvidadas, dormidas, escondidas.
Y todo esto en un tiempo en que la tradición gobernaba todo. Todo era tradición. La gente era analfabeta, no sabía leer, la Biblia estaba escrita en latín y muy poca gente sabía el latín. Sólo la gente adinerada, aquellos que estudiaban una profesión. En la mayoría de los casos, los sacerdotes que iban a celebrar misa a los pueblos, eran tan analfabetos como los campesinos. No sabían nada de la Biblia ni de la liturgia. Entonces se ponían a improvisar historias, cuentos y todo lo que pudiera entretener y mantener en sus bancas a los feligreses. Cuando Lutero recupera la verdad de la salvación, esto es, recupera el ministerio del evangelismo como tal, inmediatamente empieza a funcionar como maestro.
Y él va a hacer varias cosas, siendo la primera de ellas levantar un colegio. El levanta un colegio para todos los niños de la comunidad. Y así con muchas cosas más, tendientes a recuperar lo perdido, que era nada menos que la salvación. La gente pensaba que era salva por sacrificios, por hacer grandes esfuerzos. Por eso, cuando este hombre sale y dice que la salvación es por fe, el impacto es tremendo, porque él estaba diciendo algo que nadie reconocía. Está más que claro que la iglesia tenía que salir de la ignorancia.
Por eso los primeros apóstoles, eran personas con muchísima unción magisterial. Era enseñar, enseñar y enseñar. La voz de la enseñanza había estado callada tanto tiempo. Por eso esa etapa se llama la del Oscurantismo. La oscuridad era completa y casi tangible. Y en la medida en que ellos liberan al pueblo, la tecnología de Dios se desata. Y entonces inventan la imprenta. Y la imprenta permite que el primer libro impreso sea la Biblia en alemán. Porque el alemán era el idioma dominante en esa región. La gente recibe la Escritura en su propio idioma, y eso cambia la era del hombre y pueden salirse del oscurantismo. Y todo por un hombre.
(100) – Puestos en el Monte Alto
Los apóstoles son muy enfáticos para tratar con el error. Lo que es error, debe ser corregido. Lo que es herejía, debe ser confrontado, expuesto públicamente. Y lo que es apostasía, debe ser juzgado. Son confrontadores muy firmes de los legalismos y los sistemas religiosos.
(Proverbios 24: 3) = Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará; (4) Y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable.
Es ineludible: el conocimiento de lo edificado será lo que atraiga multitudes. Lo que sucede es que la mayor parte de las veces hemos intentado atraer a las multitudes sin siquiera tener la casa enteramente construida. Por lo tanto, no tenemos todavía verdaderas iglesias, sino simplemente multitudes que se reúnen al aire libre. Es como que se edifica la casa a medida que vamos avanzando. Ahora bien; llegamos al punto en que vamos a tener que confrontarnos con un tema que verbalmente se agita demasiado, pero que no son muchos los que pueden dar una respuesta concreta y puntual.
Si yo te pregunto qué cosa es Babilonia, ¿Qué me responderías? Yo ya tengo la respuesta desde hace mucho tiempo, pero me parece que una gran mayoría todavía no. Y supone que decir Babilonia es referirse a la congregación de la que salió o de la denominación a la que esa congregación pertenecía. Y Babilonia, mi estimado hermano, no es un lugar ni un sector, es una mentalidad. Para ser más claro, te lo digo así: Babilonia es un sistema espiritual. Mira esto:
(Ezequiel 28: 14) = Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.
¿De qué monte está hablando aquí? De un monte que era, nada menos, que el asiento de la gloria de Dios, donde también se encontraba este hermoso querubín llamado Lucero. Entonces tú me dices: de acuerdo, es un monte con la gloria de Dios y con Lucero. ¿Y qué tiene que ver con Babilonia, o se olvidó que estábamos hablando de ella? No, no me olvidé.
(15) Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. (16) A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.
Dice: a causa de la multitud de tus contrataciones, de tus contratos, de tu venta como minorista, de tus transacciones con otros. ¡Muy bien! ¡Transacciones con otros! ¿Con otros? ¿Cómo que con otros, si el hombre no había sido creado, todavía? Misterio. Lo que no es ningún misterio es que Dios echa fuera a Lucero en este episodio, eso está más que claro. Y cómo habrá sido su caída de tremenda e impactante, que Jesús mismo se va a referir a esto y va a decir en un momento dado: Yo veía a Satanás caer del cielo, como un rayo, por allí por Lucas 10:18. ¿Y cuándo fue que cayó? Respuesta a la vista: cuando Dios lo expulsó de ese monte. Mira Jeremías capítulo 51. En mi Biblia, en los subtítulos de estos capítulos de Jeremías, el 50 y el 51, dice: Juicios Contra Babilonia. Escucha esto:
(Jeremías 51: 25) = He aquí yo estoy contra ti, oh monte destruidor, dice Jehová, que destruiste toda la tierra; y extenderé mi mano contra ti, y te haré rodar de las peñas, y te reduciré a monte quemado.
Monte destruidor. Destructor, dice en otras versiones. ¿Qué es Babilonia, espiritualmente hablando, entonces? Es un monte. Eso, si tu imaginación necesita darle una forma a Babilonia. Si lo necesitas, ahí lo tienes, es un monte. Es un monte que quiere llenar toda la tierra. Pero, ¿Qué monte es este? Es el mismo que veíamos en Ezequiel, pero no el que Dios hizo. Porque aquel monte era el monte de la Presencia de Dios. Ese monte también se llama Sion. Es el monte de donde Daniel extrae un pedazo que arroja a los pies de la imagen del sueño de Nabucodonosor.
Y cuando la piedra pequeña, que es Cristo, golpea los pies, toda la imagen se destruye. Cuando Lucero cae, el roba y copia el diseño del monte de Dios. Las pirámides, Babel, la Torre de Babel, es un prototipo del monte. ¿Por qué todos los pueblos de la tierra hicieron pirámides escalonadas? Porque todos tienen el diseño del monte. Toda estructura piramidal, es un monte. Toda estructura piramidal, es Babilonia. Toda. Es el diseño que Lucero copió. Babilonia, entonces, es un diseño espiritual que copia el monte de Dios en la tierra. Y un hombre, cualquiera, al que otros hombres deciden elevarlo a la categoría de ministro, puede respaldar ese sistema construyendo su pequeño monte.
Por lo tanto, todos aquellos que han salido de una congregación grande para armar otra más pequeña y llevarla adelante mediante los rudimentos y sistemas con que se manejan las demás, jamás abandonó Babilonia, sólo la ha cambiado de lugar y de nombre. Babilonia es un sistema espiritual, que también cuenta con áreas de economía y política para hacerse fuerte en la tierra. Y no te olvides que es una estructura piramidal, como todas las que adjudicamos a las redes satánicas enraizadas en religiones ocultistas.
¿Sabes qué? Si en un lugar hay un hombre en la punta de la pirámide y todos los demás, absolutamente todos, dependen de él, esa también es una estructura piramidal y, por lo tanto, también es Babilonia. ¡Aunque se derrita de buenas intenciones! Son cinco los ministerios puestos para gobernar la iglesia, no uno solo. La mayoría lo sabe, lo predica, lo enseña y lo declama. Pero no lo abandona porque, en su interior, hay un espíritu babilónico influyendo en grande. En ese lugar se realizaban contrataciones, intercambios.
De hecho, hoy, si un apóstol ordenado le otorga una posición de evangelista o profeta a alguien por causa de su esfuerzo, está haciendo una contratación. Lo que quiero decir es que, cualquier posición que se otorgue en la iglesia por una causa que no sea el genuino llamado de Dios para ello, es una contratación. Es como una especie de intercambio de unción por salario. ¡Eso es Babilonia! Es duro lo que digo, pero lamentablemente es así. La iglesia en mayoría, hoy, está haciendo lo mismo que hizo Lucero y le costó su expulsión y su caída.
(101) – Proliferación de Los Sistemas
La gran pregunta, es: ¿Cómo rompemos eso? Quisiera tener una respuesta más concreta y contundente que esta, pero no la encuentro. El sistema del monte se basa en siervos. El sistema del Reino se basa en hijos. Tú, que me estás leyendo o escuchando hoy, ¿Tienes hijos? ¿Sí? Entonces pregunto: ¿Tienen algún escalafón de importancia tus hijos en tu familia? No. ¿Uno es más valioso que el otro por la causa que sea? No, ninguno. ¿Y entonces por qué en lo que llamamos la iglesia, sí? En lo espiritual, cualquier apóstol sacará a la luz de inmediato todo esto.
¿Y si no lo hace y lo deja circular? ¡No es apóstol! Hay redes apostólicas por centenares que funcionan con mecanismos babilónicos. De acuerdo, ya no está presente la odiosa palabra Denominación, pero Babilonia sigue presente, viva y muy activa. Y a veces peor que en las denominaciones, porque en estas, a veces, había más humildad. Lo cierto es que este diseño de Lucero, es el que ha forjado, nos guste o no aceptarlo, toda la identidad del hombre caído. Es perverso lo que él ha hecho, porque él sabe que el problema del hombre es el rechazo. Tuvo que dejar el huerto por el pecado, fue rechazado por Dios.
Y él pasa a ser el protector, el que se levanta para decirle: mira, yo estoy dispuesto a darte todo lo que perdiste, ¡Ven conmigo! Y ahí, cuando el hombre es puesto en un sistema de competencias, el monte pasa a ser genial, brillante, espectacular. Porque todo se trata de escalarlo lo más rápido que se pueda y, el que llega primero, gana. Ahí nace la palabra Líder. Oye: el Reino no funciona de esa manera. Jesús lo enseñó muy claramente. Contó que un hombre contrató a obreros por la mañana, a otros al mediodía y a otros por la tarde, pero que a todos les dio un denario como salario.
¿Qué está rompiendo Jesús, allí? El diseño del esfuerzo. ¡Ah, no! ¿Cómo ese que llegó a la tarde va a ganar lo mismo que yo, que vine por la mañana? ¡Me voy ya mismo al sindicato! ¡Vamos a hacer una huelga! Pero llega el patrón y le dice: ¿No te prometí que si trabajabas te iba a pagar un denario? Sí. ¿Y cumplí o no cumplí? Sí, pero… ¡Pero, nada! Lo que yo haga con mi dinero, con tal que a ti te cumpla lo pactado, es asunto mío. De allí que Babilonia toma mucho del diseño de lo que está escondido, de lo ruin. Y un sello indeleble del apóstol, es que él aborrece Babilonia.
Y con argumentos muy fuertes contra ella. En algún momento, y cuando todavía no había Iglesia Evangélica, la Iglesia Católica era la representación visible de Babilonia. Lutero termina con eso casi sin proponérselo. Él sólo los confrontó por causa de la corrupción en las indulgencias. Más tarde, cuando aparece la Iglesia Evangélica, (Y el término “evangélica” nadie sabe muy bien cuándo y dónde apareció, porque el término correcto era Protestantes), y se establece, de hecho, construye otra Babilonia. Sin la figura de un Papa, al menos rotulado como tal, pero Babilonia al fin.
Ahora; ¿Por qué es tan fácil que el hombre se meta con Babilonia? Porque en su anhelo está el llegar a la cima de esa montaña, de ese monte. Porque un día él fue tomado de allí y quiere retornar. Pero no por gracia, sino por esfuerzo. El tema de Babilonia es muy interesante y hasta electrizante, te diría. La parte financiera, la parte emocional, el corazón y Babilonia. Es real, existe, pero mucho cuidado, porque no siempre donde la hemos ubicado. No todo lo que se mueve y respira dentro de un templo es hermano, de acuerdo. Pero tampoco no todo lo que no adelanta y reforma en dirección al Reino es Babilonia, tampoco.
Puede ser simplemente ceguera. La misma que tú y yo teníamos hace algunos años cuando militábamos alegremente en babilonias de todos los colores, sin saberlo. Babilonia tiene que ver con esa acción del espíritu del hombre, por querer tener las cosas de Dios por esfuerzo. Con sus propias herramientas. Propio de esa creación imperfecta, de la que Lucero fue juzgado y de la que cayó. Por eso es que podemos decir con total seguridad que los apóstoles son confrontadores muy firmes del legalismo, de los sistemas religiosos y de Babilonia. Por lo tanto, un verdadero apóstol, genuino del Señor, jamás construiría un modelo donde ellos hicieran las veces de un moderno Papa. Ellos aborrecen ese modelo.
(103) – Siguiendo Otro Evangelio
¿Podrá ser así en este momento? Se están levantando cientos, miles de apóstoles emergentes. Y les hacen creer que son muy importantes y que hasta Dios mismo debería solicitarles su permiso para hacer lo que Él desee hacer. Parecerían haber olvidado, como lo hacen los hombres carnales cuando acceden a cualquier clase de poder terrenal, que la cabeza sigue siendo Cristo, no nosotros. Y que por allí lleguemos a ser necesarios y hasta valorables, eso no nos convierte de ninguna manera en imprescindibles. Dios sigue estando en Su Trono.
No podemos seguir perdidos en esta maraña infernal en la que el sistema religioso ha convertido a lo que todavía llamamos La Iglesia. Jesús mismo fue un prototipo del apóstol, humillándose a sí mismo, hasta lo sumo. Pablo, que pudo decir lo que muchos quisieran y no se atreven: imítenme a mí. Y sólo porque tenía una conducta frente a la iglesia, por la cual nadie lo podía acusar. Jamás usó a la gente, todo lo contrario. Juzgó al judaísmo, juzgó al cristianismo, que por entonces era naciente, es cierto, pero lo juzgó. Pablo puso en orden las cosas. Hay una síntesis casi perfecta de todo esto en mi Biblia.
(Gálatas 1: 6) = Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
Pregunto: ¿Cuál era el evangelio diferente? El que les estaban predicando a los Gálatas, ahora, era un evangelio por esfuerzo. Los que habían llegado de Jerusalén, dice que intentaron circuncidar a los que ya eran salvos. Y no lo hacían de mala fe. Es probable que su pensamiento más lógico haya sido que si Jesús, que aparentemente era Dios mismo, se había tenido que circuncidar para poder ministrar durante su estadía en la tierra, lo más justo sería que sus discípulos, también lo hicieran.
(Verso 7) = No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. (8) Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. (Ese es el apóstol. Y más adelante, él les explica cómo es que llegó a recibir este evangelio.)
(Verso 11) Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; (12) pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. (13) Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; (14) y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. (Está más que claro: ¿Qué era el judaísmo en ese tiempo? Tradiciones.)
(15) Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, (16) revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, (17) ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. (Mira cuánta confianza tenían en el Espíritu Santo) (18) Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días; (19) pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor.
(20) En esto que os escribo, he aquí delante de Dios que no miento. (21) Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, (22) y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo; (23) solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. (24) Y glorificaban a Dios en mí.
(Gálatas 2: 1) = Después, pasados catorce años, (Perdón; ¿Cuánto tiempo, dijo? ¡Catorce años!) subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. (2) Pero subí según una revelación, (¿Qué lo guiaba a Pablo? Revelación, tras revelación, tras revelación. Nota que todo lo que él hacía, era porque lo veía al Señor hacerlo) y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles.
¡Qué tremendo! Se reúne a solas con ellos y les pregunta si están jugando para el mismo equipo. Les presenta el evangelio que él está predicando y quiere saber si ellos están o no de acuerdo con eso. Sólo quería saberlo, porque nunca le enseñaron. ¿Qué posibilidades de error había en Pablo? Muchas. Porque él no abandonó muchas de las costumbres que había aprendido de sus padres. ¡Qué tremendo! ¿No te parece? Ahora, pregunto: ¿Por qué no fue directo a la iglesia?
¿Por qué debió esperar catorce años? Es muy probable que la iglesia estructural y organizada, le hubiera dicho a Pablo que todavía tenía mucho que aprender, que mejor se sentara y esperara que llegara su tiempo, cosa que ellos se encargarían de comunicarle. ¡Es que Dios me mostró! Sí…está bien…pero tranquilo, siéntate y cálmate. Ahora siéntate y cállate. Vamos a poner las cosas en orden, primeramente. Dime Pablito, ¿A quién te sujetas, tú?
(3) Más ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; (Toma nota de esto, que no es poca cosa: Tito era griego. No fue obligado a circuncidarse) (4) y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, (5) a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. (6) Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron.
(7) Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (8) (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), (9) y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. (10) Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.
Algunas de estas cosas, cuando las sacamos fuera del contexto casi sagrado que todas las historias bíblicas traen, nos resultan imposibles de entender. Esta gente, que después de catorce años se vuelven a encontrar con un personaje de esta estatura espiritual, de lo único que se acuerdan es de, cuando está por irse, pedirle que si le llega a sobrar alguna moneda de lo que recaude, se los envíe a ellos, con el argumento de que tienen muchos pobres para atender. Cosa que, pese a lo insólito y hasta ofensivo del asunto, Pablo hace más adelante, cuando hay hambre en el lugar y él recoge una ofrenda y se las envía. Ahora, yo me pregunto, y seguramente ustedes también: ¿Esa era la conversación importante que esta gente importante tenía que tener? ¿Ese era el tema de fondo?
(11) Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. (12) Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. (13) Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aún Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. (14) Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? (Escucha: ¡Delante de todos se lo dijo! ¿Te das cuenta lo que eso significaba en ese lugar y en ese momento?)
(104) – La Iglesia va Cara a Cara
Podría haber sacado a Pedro y hablar las cosas con él en privado. ¿En privado? Pablo no conocía lo que era hacer cosas al margen de la gente a la cual representaba, y mucho menos de un modo en que Jesús, en vida, jamás lo hubiera hecho. ¿Se dan cuenta ustedes el compromiso de este hombre con la justicia? ¿Pueden ver ustedes su claridad? Yo no lo debo nada ni a este señor ni a este otro señor, tampoco. Lo que he dicho es esto, y si a alguien no le gusta, lo lamento mucho, se las tendrán que ver conmigo. ¡Ese es Pablo! ¿O te habías creído, sinceramente, que ir siempre de atrás y jamás dar la cara y decir las cosas de frente, formaba parte de la doctrina evangélica? ¡Eso es un apóstol!
Y esto, de ninguna manera habrá que tomarlo como un juicio de valor de nuestra parte para con los hombres que grandemente caminaron con Dios. Fíjate que bueno y que justo será Dios, que nos ha permitido que, a través de lo escrito en el Libro que Él nos dejó como manual de vida, estén escritas estas debilidades. ¿Por qué crees que lo hizo, para burlarse de Pedro y los demás? ¡¡¡No!!! ¡Para que tú, yo y todos los que quieran seguirle y servirle, aprendamos! Obvio, no eran ángeles infalibles ninguno de ellos, sino personas imperfectas, a las que Pablo no dudó ni un instante en confrontar. ¿Qué crees que le hubiera ocurrido si lo hacía en una de nuestras iglesias, hoy?
Pero, observa: ¿Cuándo él se mete tan frontalmente en algo así? Cuando alguien se mete con lo que Dios le había encargado a él. Muy celoso en lo que Dios le entregó. Y no por soberbia, arrogancia o exceso de omnipotencia, sino simplemente porque él sabía que de eso, él iba a tener que rendir cuentas directamente a Dios. No estoy justificando en absoluto que alguien salga con una Biblia a dársela por la cabeza a los que están equivocándose. Lo que pretendo mostrar es que, en aras de un amor que es genuino, pero no permisivo, estamos demasiado tolerantes con cosas que no son tolerables de ninguna manera. Sistema.
Y ten en cuenta un detalle que hoy, estoy diciendo que hoy, tiene que servir de modelo. Pablo no le mandó cartas a nadie desprestigiando a Pedro por ese error, sino que simple y sencillamente fue y lo enfrentó cara a cara. ¿Sabes cómo se llama, todavía, esto, en mi pueblo? Hombría. Y una vez más, a la vista de tantas y tantas alternativas oscuras vividas dentro de nuestras iglesias, la antigua pregunta y auto-pregunta retorna con mayor fuerza: ¿Dónde están los hombres del evangelio, hoy? Yo conocí muy pocos. En los ambientes eclesiásticos tradicionales que integré, casi me atrevo a decirte que ninguno. No, si tomo como prueba el hecho de que alguno de ellos viniera a decirme personalmente, en mi cara, que yo estaba equivocado, si era eso lo que creían y desparramaban por detrás de mí. Hombría. Sistema.
Para ir concluyendo con el examen de los apóstoles, déjame decirte que ellos, se dice, desatan prosperidad financiera en la iglesia. Por eso es muy raro que los apóstoles anden por allí pidiendo dinero. Si ellos desatan mucha unción financiera, ¿Para qué deberían andar mendigando ofrendas? ¡Deja que Dios se mueva a su gusto! Pero… ¿Y si no se mueve, como pago mis deudas? Primero pregúntale a Dios si te levantó verdaderamente como apóstol, o sólo se trató de un acto de pago de deudas de parte de tus amigos ministros. Y no es un cuento chino, con perdón de los chinos.
¿No viste que cuando viene el Espíritu Santo, una de las cosas que suceden, es que la gente se desespera por vender todo lo que tiene y traerlo a los pies de los apóstoles, sin que ellos le pidieran absolutamente nada? Un hombre de Reino no pide ofrendas, ni contribuciones, ni diezmos ni contribuciones disfrazadas de donaciones. Un hombre de Reino espera en Dios. Porque leyó y creyó que Dios suple todas las necesidades de los que Él envía a servirle. ¿Y si se olvida y no lo hace? Tranquilo, es porque no eres lo que suponías que eres. Relájate.
Cuando Pablo empieza su viaje para Asia Central, lo está esperando Lidia, ¿Recuerdas? Lidia era una tremenda empresaria en telas, con una enorme cantidad de contactos de fuste, que inmediatamente de su conversión, pasan a ser contactos del mismísimo Pablo. Escucha: ¿Leíste en alguna parte que Pablo haya tenido que salir a vender baratijas, armar festivales a beneficio o hacer rifas de Biblias, para financiarse sus viajes misioneros? ¿De verdad todavía hay gente que piensa que, si Dios envía a alguien al último confín de la tierra a llevar su palabra, va a decirle que se arregle como pueda para llegar allá?
Además de lo financiero, los apóstoles son portadores de visión y comprensión del Cuerpo de Cristo y de su papel, de su rol, en cada período de tiempo. Son recuperadores de la doctrina pura, de lo esencial, de la fuente directa, del diseño correcto. ¿Es que usted me está diciendo que hay doctrina que no es pura, que no depende de una fuente directa y que se aparta del diseño original? No necesitas que yo te diga eso, sólo mira a tu alrededor, donde quiera que vivas y te congregues. Y son portadores de palabra madura.
Y créeme, recibir una palabra madura, no siempre es fácil. Pablo dice que a algunos les daban leche, y a otros viandas y comida sólida. Esa es una virtud que tiene el apostolado. Hay una motivación en el ministerio de llegar más lejos, más alto y más profundo, lo cual les impulsa a los demás a hacer lo mismo. En este mundo no hay nada más contagioso que alguien que se está acercando más al Señor. Esta es la principal motivación del ministerio apostólico. Es bien difícil seguirle el paso a un apóstol genuino.
Lo más impactante del ministerio apostólico radica en que, cuando tú escuchas un apóstol, indefectiblemente tú quieres lo que él quiere. Es decir: tú quieres llegar al lugar a dónde él dice que va. Es el único ministerio que, si tú eres impulsivo y te dejas llevar por tu amor al Señor, eres capaz de vender todo lo que tienes y salir con él para donde quiera que vaya. Porque no sólo se necesita la pasión para hacer algo así, sino también dirección. Y el apóstol tiene dirección. Y si tenemos en cuenta que lo que más falta en este mundo es, precisamente eso, dirección; el combo está completo.
Y si tenemos en cuenta que, traducciones completas mediante, lo que se nos dice es que el Reino de Dios, en este tiempo, se está estableciendo a la fuerza, ya que no es algo demasiado querido, aunque de pronto ni tú ni yo podamos entender eso. Y no es ni casual ni inventada esta traducción. ¿Te cabe alguna duda que donde se imponen los recursos y modismos del Reino, eso allí ha sido implementado en contra de un mar de opiniones adversas, contrarias y hasta feroces en sus expresiones?
Somos hijos de Dios, somos cuerpo de Cristo, somos amantes de la paz y contrarios a todo tipo de violencia, pero ¿Sabes qué? Somos los encargados de implantar el Reino de Dios, aquí y ahora, y no tendremos otro remedio que hacerlo de una manera violenta. ¡Está escrito! De hecho, se habla de una violencia en el ámbito espiritual, no físico. No es con espada, ¡Es con tu espíritu! Está sucediendo con la propagación de estos materiales.
Y tiene muy en claro la verdadera esencia de lo que nosotros llamamos liderazgo. Veamos: ¿Qué hace un líder, cualquiera, de los muchos que tú conoces, respecto a un trabajo conjunto? Se planta en un lugar y toma un grupo y lo envía hacia el norte, toma a otro grupo y lo manda al sur y a un tercero lo encamina al oeste y otro restante el este. ¿Y él? Se queda allí a esperar los resultados y los informes que cada uno le presente más adelante. ¿Y cómo se comporta un apóstol en esa misma situación? Ordena a todos los grupos de la misma forma, pero él se pone al frente del primero que parte hacia el lugar más peligroso o comprometido. Eso es ser líder, no pensar bonito o tener imaginación productiva. +++++++++++++++
(105) – Las Diferencias Escritas 13
En Mateo 6:31-33 Jesús dice: No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Y aquí los religiosos dicen que busques primeramente lo material por medio del trabajo duro y obtiene todo el dinero que puedas del sistema. Luego, si es que tienes tiempo y no estás demasiado cansado, en el fin de semana, por ejemplo, puedes servir a Dios, Él te entenderá. Sí; que te entenderá, no me caben dudas porque el nuestro es un Dios de infinita misericordia y paciencia, pero tú deber es saber que la vida de un hijo de Dios es en el poder de Dios, y no en su misericordia o su paciencia.
(106) – El Despertar de Una Cultura
Estoy plenamente convencido que, en estos tiempos, el pueblo cristiano que desea encontrar los verdaderos valores del evangelio, está en una etapa de proceso. Y en el marco de ese proceso, examinamos y nos examinamos para poder ver, en lo externo y en lo interno, cuál es el verdadero rol del Espíritu Santo en la vida de una persona. De hecho, por poco o por mucho, los que llevamos algunos años en este camino, hemos aprendido que así como hay gente que camina hacia un objetivo falso, hay otros que lo hacen hacia un objetivo divino y genuino.
Sin embargo, yo estoy en certeza que lo peor que se puede hallar, es aquel que no avanza hacia ninguna parte. Alguien que está en un lugar por años y años y jamás cambia absolutamente en nada su vida. Y lo más triste y grave: ni siquiera se da cuenta de ello. Dentro del pueblo, además de estos inmovilizados que a corto o mediano plazo serán de obstáculo para los que avanzan, también co-existen los ultra espirituales, que son aquellos que lo espiritualizan absolutamente todo, ven ángeles, demonios y espíritus a cada momento y los antagónicos, que además de burlarse de estos que termino de mencionar, viven una vida previsible, en un marco racional y decididamente físico.
Esta gente, en lo espiritual, ni siquiera está en condiciones de tomar conciencia de su propio pecado. Creo que debemos ser conscientes de nuestros problemas. Tengo la sensación que el Espíritu Santo no va a venir a decirme cuál es mi problema, porque examinándome, yo ya sé cuál es mi problema. Y creo que debería existir alguna plataforma que ayude a responder eso. De hecho, no siempre manejamos las cosas de la manera más eficiente. Pero en el fondo, debería haber la voluntad de ser mejores personas mañana. Y eso, en todos nosotros. Más allá de que en nuestras vidas exista un pastor o no exista.
Más allá que estemos abiertos al mover del Espíritu Santo, o no. Creo fielmente que cada uno debería ser honesto en cuanto a su condición, en cuanto a lo que es difícil. Por eso siempre decimos que, conforme al sistema con que se mueve la iglesia evangélica tradicional hoy, los pastores y pastoras existentes, se encuentran en una alta condición de vulnerabilidad, porque muy difícilmente tengan ellos a quienes contarles sus cosas. De hecho, y en esto pongo mi breve pero muy observadora experiencia dentro de la organización eclesiástica en una de sus denominaciones consideradas como más serias y sobrias.
Según lo he podido ver yo, la persona más sola y desvalida que existe dentro de una iglesia de cualquier cantidad de miembros que se te ocurran, es la esposa del pastor. ¿Te imaginas si llega a tener un problema de alcoba con su marido, como tantos cristianos lo han tenido alguna vez? ¡Su marido es el pastor! ¡Y del pastor nadie debe hablar nada malo! Pregunto: ¿Qué hemos hecho, por Dios? De hecho, el mayor motivo de asombro que tengo, pese a que no soy ningún joven inexperto que no haya vivido nada en esta vida, es procurar entender a mi Padre, a Dios mismo, de Él estoy hablando, y saber cómo es que puede trabajar con la clase de personas que somos nosotros y lograr algún éxito en ello.
¡Cuesta entenderlo, de verdad! Somos bien complicados, mira. Yo creo fervientemente que cuando alguien se convierte, el Espíritu Santo comienza a trabajar en esa vida y consigue de ella resultados lindantes con el milagro, pero ¿Sabes qué? Modificar estructuras mentales en una persona, puede llevarle al Espíritu toda la vida de esa persona. Y me temo que Dios lo necesita mucho tiempo antes, ¿Entiendes? ¿Quién de ustedes no desea que sus hijos, si los tienen, no tengan que batallar con esos tremendos defectos que sus mentes les dictaban en otros tiempos?
Defectos que a lo mejor ya sanaron y quedaron olvidados, pero que seguramente les han dejado cicatrices que, al verlas, los hacen retroceder violentamente en el tiempo. Y no para gozar o disfrutar, precisamente. El modelo, en casi todo lo que debemos encarar de aquí en más, está en la Biblia podría decirte que desde siempre. El Libro de los Hechos. El modelo de iglesia que vemos en Hechos, es más que interesante, sobre todo si tenemos en cuenta y no perdemos de vista el cómo Dios puede llegar a trabajar en el corazón de la gente.
(107) – Un Pueblo Muy Particular…
Es obvio que no voy a encarar un estudio completo del Libro de los Hechos, (Alguien ya lo habrá hecho o lo estará haciendo hoy mismo, tal vez), sino simplemente dedicar mi atención a un par de sucesos que –entiendo- podrán ayudarnos bastante en esto de romper con los sistemas y rescatar a la iglesia oculta dentro de los sistemas. El primer asunto, tiene que ver con la mentalidad que tenía Israel cuando llega al tiempo del Libro de los Hechos, un libro que dice que son los hechos de los apóstoles, aunque no son pocos los que prefieren verlo como los hechos de la iglesia primitiva.
Y si me dejas titularlo a mí, como buen periodista que alguna vez tituló tapas de periódicos, yo le pondría directamente: Hechos del Espíritu Santo. Y en primer lugar, tendré que recordarte algo que quizás tú también ya has percibido con sólo leer las escrituras: hoy somos muy idealistas respecto al tiempo en que Jesús aparece por esta tierra, aunque no soy el único que podría asegurarte que ese fue uno de los tiempos más difíciles de la historia. En primer lugar, porque Israel venía de estar bajo el dominio de diferentes naciones por espacio de muchos años.
Y todos sabemos por profusas experiencias antiguas y contemporáneas, que ninguna nación que ha sido conquistada puede alguna vez vivir feliz. En primer lugar, hay una profunda raíz de amargura que no se va de ninguna manera con una oracioncita de circunstancias, porque detrás de ella hay una sensación de odio innato que, en casos, hasta puede avergonzar al que lo experimenta. Por eso puedo asegurarte con total y absoluta libertad y certeza, que los judíos de ninguna manera querían a nadie que no fuera judío. Por el otro lado, y como para quedar en paridad absoluta, nadie quería a los judíos.
¿Causa? Una entre muchas: sólo se ayudaban entre ellos. Además, estaban repletos de prejuicios. ¿Y tenían motivos para encerrarse casi como una secta y sólo movilizarse para ayudarse entre sí? Estoy convencido que sí, que los tenían y sobrados. Sin ir muy lejos, todas las naciones que estuvieron cerca de ellos buscaron conquistarlos, y de hecho, algunos de ellos lo hicieron. Por eso creo que la situación no tiene que haber sido muy sencilla para un judío, en ese momento. Eran, claramente, ciudadanos de segunda categoría, de segunda clase.
Cuando Roma establece toda su extensión y su perímetro de gobierno, y ahí estaba también Judea, el territorio que más conflictos les daba, era el territorio de Israel. Tanto es así que tenían una guarnición completa allí, todo el tiempo. Porque los judíos, te explico, eran muy revoltosos. ¡No eran en absoluto un pueblo pacífico! Es suficiente con recordar lo que el episodio de Masada, cuando ocurre esta gran revuelta con toda esta gente, con Judas Macabeo, con todo lo que fue eso. Ese suicidio masivo de cientos de judíos. Eran un pueblo difícil de llevar.
Tanto que en el año 70, los romanos, hartos ya de Israel, van y pasan la aplanadora sobre Jerusalén y no queda piedra sobre piedra. Tito, el general, va y destruye todo rastro de resistencia. Los judíos, internamente, estaban muy divididos. Había por lo menos, adentro, siete grupos muy fuertes. Los saduceos, los fariseos, los escribas, los zelotes, los escenios, eran grupos muy diversos, que aunque compartían todos la misma fe por la Torá, por la Ley, tenían tremendas divergencias en su interpretación y en su manera de vivir esa Ley. Entonces, entre ellos mismos había muchísimas discrepancias y había cosas casi inaceptables.
Y para colmo de males, en la mitad de la nación estaban incrustados los samaritanos, que eran una mezcla de judíos y asirios que aparecen en cierto proceso de la historia, hablando un lenguaje medio raro, el arameo, un idioma que lo único que trajo fue mayor confusión, todavía. Ahora; si puedes imaginarte todo ese escenario, vas a darte cuenta que Jesús no podía haber nacido en un peor momento y lugar. Cuando Jesús llama a sus discípulos, hay todo un tema sobre por qué elige a esas personas, que fue lo que vio en ellos y una serie de exámenes más.
Sin embargo, ellos expresan esas divisiones internas varias veces, y se puede ver algo en los evangelios respecto a esas faltas de acuerdo que había entre ellos. Había discriminación, había marginación y un sinfín de actitudes negativas más. Por eso, es asombroso lo que Jesús hizo, aunque supongo que le quedó pendiente el trabajo de carácter que podía hacer con los que eran sus seguidores. Y eso queda en evidencia cuando a Jesús lo detienen y lo ponen preso. ¿Qué es lo primero que hacen sus discípulos? ¡Huyen! ¡Se esparcen en todas direcciones!
Eso te deja pensando algo que es una realidad: la única cosa que nucleaba a todos esos hombres tan distintos entre sí, era el propio Jesús. A él se lo llevan preso y a nadie se le ocurre orar, hacer guerra espiritual o reprender demonios. ¡Nadie atina a nada! Yo me pregunto si, con todos estos hechos a la vista, alguien se atrevería a dejarles un grupo de cristianos a cargo a esos discípulos, hoy. ¡No eran confiables! Sin embargo y pese a todo eso, vemos que Jesús no sólo les dejó a un grupo de cristianos a su cargo, ¡Les dejó el mundo entero!
Claro está que Jesús tenía en cuenta algo que ninguno de nosotros pensó: el papel, el rol que iría a desempeñar el Espíritu Santo. Y esa es la enorme diferencia que se vislumbra entre los evangelios y el Libro de los Hechos. Los evangelios son el relato de Jesús, en quien está el Espíritu Santo. El Libro de los Hechos es el relato de los apóstoles, en donde el protagonista principal es el Espíritu Santo. ¿Y hay un modelo para tomar modelo, allí? Yo creo que sí, veamos.
(108) – Modelo Más Que Vigente
(Hechos 2: 42) = Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
Aparecen cuatro elementos muy importantes, aquí. La palabra clave, sin ninguna duda, es perseveraban. ¿Y en qué perseveraban? En primer lugar, en la doctrina. Esto es enseñanza. ¿Pero, qué enseñanza? La enseñanza de los apóstoles, no la enseñanza de la Torá, que se entienda y quede claro. En segundo lugar, perseveraban en la comunión, una palabra que en griego se escribe koinonia. Que habla de estar juntos. En tercer término, dice que en el partimiento del pan, y es obvio que está hablando del pan y del vino y, finalmente, en las oraciones. Y dice que ellos perseveraban. ¿Saben cuánto perseveraban? Lo hacían cada día. Y su lógica era muy sencilla: Jesús lo hizo así, entonces nosotros lo hacemos igual. Y por si no lo habías visto antes cuando te tocó leer esto mismo, la consecuencia de toda esa perseverancia, está en el verso siguiente, el 43.
(43) Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
Si ustedes leen la historia de los avivamientos, podrán comprobar que no hay avivamiento que haya aparecido en la tierra, que no haya tenido, por lo menos tres de estos cuatro componentes que se mencionan en el versículo 42. Cuando alguien venga y te pregunte o quiera saber qué debe o no debe hacer para tener un avivamiento hoy, no hagas sabiduría humana, envíalo a leerse el verso 42. Es eso, no hay otra cosa. De hecho, cuando dice que sobrevino temor, el temor que se habla aquí es el temor de Dios, no miedo a secas. A toda la gente que estaba alrededor. No se refiere únicamente a los protagonistas centrales del asunto, sino a todos los que los rodeaban, estuvieran participando o simplemente de curiosos.
(44) Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
Dice que todos los que habían creído, estaban juntos. Noten que la primera acción que llevó a cabo aquí el Espíritu Santo, fue unirlos. Claro que, si lees antes, cuando diez días atrás ellos estaban orando siguiendo las instrucciones de Jesús, que les había dicho que no se fueran de Jerusalén, vas a notar que el texto dice que estaban juntos y unánimes. Es obvio que había un claro esfuerzo por parte de ellos para estar unánimes y juntos. Unánime, te recuerdo, viene de un-ánima, esto es: Un alma. ¿Qué significa esto? Que estaban en un alma, en una sola voluntad.
Y además estaban juntos. Porque ya hemos visto hasta el cansancio que podemos estar juntos, pero divididos. Juntos se refiere a lo físico, unánimes a lo anímico y espiritual. Ahora, mira; de los más de quinientos que ven y reciben la instrucción de Jesús de que esperen, solamente quedan ciento veinte. Y si Jesús se hubiera demorado más días, esa cifra seguramente hubiera ido bajando mucho más. El lapso máximo que el Señor les dio para esperar, fueron diez días. Porque fue en el día cincuenta después de la resurrección. Pentecostés, en el que el Espíritu Santo desciende.
Y la primera cosa que el Espíritu Santo hace, es reafirmar aquello que ellos estaban haciendo: unirlos. Porque este último verso que leímos, dice también al final que tenían en común todas las cosas. Esto es algo muy pero muy pesado. Porque no era algo propio. Pónganse a pensar en los discípulos antes de todo esto. Ellos eran muy celosos entre ellos. Y dice que ellos tenían todas las cosas en común. Eso es algo muy fuerte. Algo se había roto en ellos: la individualidad.
Escucha: muchas veces hay gente que se enoja y muy feo, simplemente porque en un espectáculo alguien se sentó la butaca que le correspondía. Y doy este ejemplo porque no hay iglesia donde no existan hermanos que ya tienen un lugar del templo casi como asignado. Ahora imagínate decirles a estas personas que a partir de este momento, tiene que tener todas sus cosas en común con los demás hermanos. Y es precisamente en el verso siguiente, el 45, en donde se especifica con meridiana claridad cómo era eso de tener todas las cosas en común.
(109) – Según Cada Necesidad
(45) y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. (46) Y perseverando unánimes (Fíjate; aquí aparece otra vez el término perseverando y, a renglón seguido, el otro que es clave: unánimes.) cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, (47) alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
Esto último te está dejando algo muy en claro: no era necesario que ellos se esforzaran demasiado en evangelizar, porque dice que era el Señor el que añadía a los que iban a ser salvos. De hecho, en todos estos versículos que hemos leído, saltan a la vista varios puntos que, a mi entender, y obviamente no soy el único, no son ni pueden ser una simple opción. A mí me da la sensación que, aún en contraposición con lo que se ha enseñado durante mucho tiempo y en no pocos lugares, lo que vemos aquí no es sencillamente una serie de recomendaciones formales.
A mí me da toda la certeza que estamos frente a un verdadero y claro diseño divino. Para ver esto con mayor claridad, vamos a ordenarnos en los ítems que ellos tenían como válidos. El primero, era que compartían la doctrina apostólica. Muy bonito, pero permíteme preguntarte casi con ingenuidad: ¿Qué cosa será para ti, la doctrina apostólica? Yo creo que la doctrina apostólica, está íntima y directamente relacionada y hasta asociada con lo que podríamos denominar como “el encargo apostólico”. No sé si lo recuerdas del principio de este trabajo, pero ese encargo era: comisión, autoridad y revelación. Y está asociado al ministerio.
La doctrina apostólica gira en el equipamiento de la gente, para que ellos puedan llegar a la estatura de Cristo, que es el llamado varón perfecto. Pueden existir anexos interesantes que aporten, pero esencialmente es eso. Porque el centro básico de la doctrina apostólica, es Cristo. De hecho, Jesús está de una punta a la otra de la palabra, pero convengamos que no toda la palabra tiene el mismo peso de importancia. Porque, para formar la imagen de Cristo, esto es: la imagen perdida, la imagen de Cristo en la gente, definitivamente necesitamos elegir y seleccionar algunas partes de la palabra, con mayor empeño que en otras.
Porque hacen un trabajo mucho más profundo. De hecho, la enseñanza apostólica provee los fundamentos, y debe, inexorablemente, estar presente en la vida de cada creyente. ¿Y por qué debemos recalcar todo esto? Simple, porque hay mucha, muchísima te diría, enseñanza en la iglesia que no es basada en la doctrina apostólica y que, por lógica consecuencia, no te lleva a ninguna parte. Porque la doctrina apostólica, siempre se apoya en la revelación del Espíritu Santo y en el rol que este cumple para poder llevar a la gente a la estatura de Cristo.
La gran diferencia entre aquellas predicaciones, a la mayoría de las actuales, estaba en que ellos no informaban con lo que decían: ¡Transformaban! Y transformaban a través de la enseñanza profunda, no de pases mágicos ni vociferaciones voluntaristas y propias de shows mediáticos. Vamos a ver: ¿Cómo supones que era una iglesia, una reunión tipo de una congregación de ese tiempo? Han quedado algunos registros, aunque muy lamentablemente, no en la Palabra. No tenemos ni un solo ejemplo en el Libro de los Hechos, que describa al menos aproximadamente, cómo era una reunión de esa gente.
Sin embargo, aparentemente, (Y por costumbre profesional cuando no examino algo personalmente siempre añado “aparentemente”), habrían quedado algunos documentos antiguos que se habrían rescatado, y en los que se asegura, se muestran hasta cánticos que se cantaban en esa época. A ver; cuando ya el cristianismo es perseguido, más o menos una reunión, pongámosle en Roma, conforme al relato de uno de esos documentos, podía comenzar alrededor de la una de la madrugada. Eran en la noche, muy tarde, y en lugares absolutamente escondidos, subterráneos se asegura. Las famosas catacumbas.
Porque no podían hacerse a la luz del día, claro. Un detalle: no tenían Biblias. Tampoco tenían alguna clase de documentos que pudieran conseguir. Recuerda que estoy hablando de la iglesia en Roma. No tenían los libros del Antiguo Testamento. Tampoco tenían los manuscritos, apenas quedaban algunos rollos que estaban en Jerusalén. La pregunta, es: ¿Cómo hacían ellos? Es cierto que los apóstoles habían comisionado a algunos ancianos en las iglesias y, es obvio, que ellos eran los que se encargaban de recibir a esas personas. Reitero: la reunión comenzaba cerca de la una de la mañana, cantaban algunos cánticos, ningún instrumento era usado, solamente las voces.
Después de eso, alguno de los tres o cuatro responsables que había en cada lugar, esperaba que el Espíritu Santo les entregue una palabra. Y el que tenía una palabra, se ponía de pie y la empezaba a compartir. Nadie sabía con antelación quién iba a hacer eso. Y quiero que tengas presente que aquel que se ponía de pie para hablar, no podía pedirles que abrieran sus Biblias en tal o cual capítulo y versículo. Lo único que tenía para decirles, era lo que recibiera a partir de ese momento del Espíritu Santo, nada más.
Y era habitual, fíjate, que al concluir esa persona de decir todo lo que el Espíritu le había dado para que dijera, los restantes, uno por uno, casi por turnos, comenzaban a ponerse de pie y confesar todos sus pecados cometidos durante el lapso que habían pasado sin encontrarse. Y, al finalizar eso, compartían el pan y el vino, todos juntos, mientras declaraban que todos esos pecados estaban siendo borrados, en ese mismo momento, del trono de Dios. Después solían orar por los enfermos, o por cuestiones personales, por todo aquello que para ellos resultaba ser importante. Tenían un par de cánticos más, y luego se despedían.
¿Hora? Y, no antes de las cinco de la madrugada. Es obvio que, independientemente en qué anduviera en su vida diaria cada uno de ellos, de ese lugar salían directamente a ocuparse de esas cosas. Eso hacían cada noche. Pero… ¿Cuándo dormía esa gente, entonces? Aparentemente, (Otra vez: aparentemente) entre las siete de la tarde y las once o doce de la noche. ¿Cómo pudieron soportar ese ritmo? Una sola respuesta: sólo el Espíritu Santo pudo haberlos ayudado y respaldado. Cuando llegaba alguna carta de los hermanos de Jerusalén u otro lugar, era impresionante el gozo y la alegría que los embargaba.
Tanto, que llegaban a memorizar las cartas que Pablo les enviaba. Eran sus textos de referencia. Todo el que haya examinado algo de lo mucho que la Teología sistemática pone a disposición del alumnado sabe, o al menos acepta, que las cartas que hoy poseemos son apenas un puñado de las muchísimas que Pablo escribió. Quiero entender que al Señor sólo le interesó que conociéramos las actuales. El Espíritu Santo sigue estando en control de todo esto y nada se escapa a su cuidado.
(110) – Conciencia de un Final
Toda la gente que se convertía en ese tiempo, era llevada al bautismo. Se bautizaban en la madrugada, en algún río cercano. Al pasar los años, eso se va convirtiendo en algo más formal y comienzan a realizarse los bautismos para la fecha del domingo de resurrección, recordando precisamente la resurrección de Cristo. Y los que se bautizaban, se llamaban catecúmenos. Ellos debían conocer la didake, perfectamente. La didake era el resumen doctrinal que en ese tiempo había. Les pedían que hicieran un ayuno de tres días y al cuarto lo bautizaban.
Hasta allí son algunos de los registros de lo que en apariencia, era la iglesia de aquel tiempo. La doctrina apostólica, era una doctrina muy sencilla. Veamos: ¿Todo lo que Pablo escribe, podría meterse dentro del contexto de la doctrina apostólica? Sin dudas. ¿Y sobre qué tema gira el tema central de lo que escribe Pablo? Sobre la edificación del cuerpo de Cristo. Ese era el énfasis. La segunda cosa en la que ellos perseveraban, dice, era la comunión, esto es koinonía, que es asociación, participación y comunión. La dimensión apostólica produce participación de los creyentes cuando están juntos y tienen comunión unos con otros. Es fácil compartir con alguien, cuando tú te has unido en el espíritu con esa persona. No sé si podrías creer que, dadas estas condiciones espirituales, se puede llegar a producir sin inconvenientes aquello de compartirlo todo.
Algo que unía mucho a la iglesia del primer siglo, era el sufrimiento. Todos estaban sufriendo lo mismo. De tal manera, que ellos compartían algo que es vital cuando una persona sufre: la consolación. Muchas de las cartas que Pablo escribe, giran en torno a eso, a dar ánimo para que la gente pueda soportar el sufrimiento. Quiero que entiendas esto; la gente que se convertía en la época de Hechos, daba por sentado que iba a morir. Pablo dice: somos contados como ovejas al matadero. O sea: estaba en la mente de ellos, que su muerte era cuestión de tiempo. Días, meses, algunos años, no lo sabían. Pero de lo que sí estaban seguros, era que no iban a envejecer.
Ellos sabían que al convertirse, ya se habían jugado su vida entera, ya no había más. Y ese pensamiento, fíjate, lograba algo muy particular. Porque, si hay un instrumento que divide a la iglesia grandemente, ese es el temor. Cuando la gente es capaz de vencer el temor a la muerte, automáticamente todos los demás temores quedan sujetados. Por eso es que cuando leemos los testimonios de la iglesia en China, por ejemplo, o en Arabia Saudita o en otros países estrictos en su oposición, vas a ver una iglesia unida. Porque todos ellos, al convertirse e ir avanzando en su fe, están exponiendo sus vidas. Y al vencer el temor a la muerte, ellos automáticamente están capacitados para unirse en cualquier plano.
Ahora recuerda esto: Jesús habló de este asunto, ¿Recuerdas? Él dijo que para seguirle a Él, era necesario negar nuestra vida. ¿Te das cuenta? ¡No era una sugerencia! Él mostró que de manera definitiva, la única forma de ser uno con Él, era que tú negaras tu vida. Que sepultes todos tus parámetros de seguridad. Esto es muy pesado. Pero no es descabellado. Las iglesias más fuertes en el mundo, en este tiempo, son aquellas que soportan persecución. La pregunta, es: ¿Por qué serían tan fuertes si no tienen libertad para nada? Porque han vencido el temor a la muerte. Y, ciertamente, ese temor es el que rige al mundo entero. Entonces, la comunión entre aquellos que han vencido el temor a la muerte, es una comunión mucho más cercana, más genuina, más intensa.
La tercera cosa, es que ellos partían el pan todos los días. Eso es a lo que todavía hoy, en muchos lugares, se lo sigue llamando Santa Cena. Sin embargo, no es correcto llamarlo así, sino como se lo menciona aquí; partimiento del pan. Ellos, literalmente, estaban poniendo en práctica pequeñas enseñanzas que Jesús les había dejado. Jesús les dijo que era necesario tomar su sangre para ser uno con Él, ¿Verdad? Esa última noche, cuando parte el pan y bebe el vino, les dice a sus discípulos que cada vez que se reúnan, hagan eso en memoria suya. De hecho, yo no puedo saber, y no sé si existe alguien que lo sepa, si ellos realmente lograron entender lo que producía partir el pan y beber el vino. Sin embargo, lo importante es que obedecieron. Y cuando se obedece algo que viene de Dios, más allá de si lo has entendido o no, recibes bendición.
(111) – Contra el Concepto de Autoayuda
La cuarta cosa, son las oraciones. Las reuniones de oración también fueron una parte vital de esta iglesia. Yo me pregunto, ya, a esta altura de este examen, si una iglesia moderna, que desee considerarse y ser considerada como tal y no como una Babilonia más, no debería tener como patrones inamovibles, por lo menos, a algunas de estas cuatro cosas que hemos mencionado. El problema más grave de nuestros tiempos es que, en lugar de estar enseñando doctrina apostólica, seguimos insistiendo con programas de auto-ayuda. Esos que te insisten a cada momento en que, para poder salir de tus problemas, tienes que ser más sabio.
Mientras tanto, la doctrina apostólica que te mira desde arriba, desde los lugares celestiales en Cristo Jesús, te dice que ya tienes toda la sabiduría de Dios contigo, y que sólo te falta creerlo. Por eso es que la gran mayoría de libros que hoy inundan nuestras bibliotecas, son de auto-ayuda. Si yo grabara todas las semanas estudios relacionados con el alma y sus problemas, aumentaría las visitas a mi Web por lo menos en un setenta por ciento, pero ¿Sabes qué? ¡No me interesa eso! ¡Me interesa enseñar lo que edifica, no lo que acaricia el alma! Además, aplicar auto-ayuda es seguir viendo las cosas desde aquí abajo, en tanto que la Palabra de Dios nos dice que ya estamos sentados en lugares celestiales con Cristo.
Lo que todavía no terminamos de entender y muchos de creer, es que ya nos fue dado todo. Que ya Jesús no nos puede dar nada más. Que ya tenemos todo lo que necesitamos para ser más que vencedores. Por eso es que Pablo dice que oremos para que nuestros ojos sean abiertos y podamos ver la supereminente grandeza. En suma: lo único que puede limitar el poder de Dios en tu vida, eres tú mismo. La enseñanza apostólica gira tremendamente en la revelación de Cristo en nosotros la esperanza de gloria. Cuanto más tenemos de Cristo, menos tenemos que escribir.
Nunca vamos a ver a Dios como asistencialista. Él es un reformador. Sí es nuestro ayudador, ciertamente, pero no bajo la mentalidad de asistencia. ¿Qué sería asistencialismo? Alguien que te quiere ayudar por el resto de tu vida. Él quiere que tú camines o corras por ti mismo, sin ayuda. ¿Y si me caigo? Si te caes, te va a levantar. Pero sólo si te caes, no si te arrojas al piso como los niños consentidos. Estar plantados sobre bases apostólicas te permite saber quién eres en Cristo. Entonces un día te arrojan una bolsa negra con tierra de cementerio en la puerta de la iglesia y la mitad de la gente se aterroriza porque cree que se les va a morir el pastor.
Y ese pastor, si es sabio y sabe dónde está plantado, lo único que hará será reírse, porque él sabe que cuando el infierno recurre a esas pantomimas del curanderismo, es porque los verdaderos dardos de fuego se le han acabado y ya no tiene con qué atacar. Los que se asustan de las cosas que hacen los brujos y los hechiceros, son los que no entienden todavía quiénes son en Cristo.
(Hechos 5: 11) = Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
Esto quiere decir, en primera medida, que se lo está diciendo a una iglesia que, evidentemente, hasta allí no tenía temor. ¿El temor? Sí, el temor. Y, una vez más, habrá que aclararlo. Cuando hablamos de este temor, hablamos del temor reverente del Señor. Hay una antigua versión bíblica que, en este texto, dice: Un profundo sentido de reverencia estaba sobre ellos. Este tipo de temor es otra de las marcas indelebles de un auténtico ministerio apostólico. Escucha: es suficiente con que el Espíritu de Dios se haga presente en un lugar para que ese tipo de temor innato se manifieste en la mayoría de los presentes. Y hay dos factores por los cuales alguien no podría experimentar ese temor. O no hay autoridad apostólica en ese lugar, o la gente se ha endurecido en sus pecados. Esto último es lo que pasó con Judas Iscariote, cuando Jesús le dio la posibilidad de arrepentirse.
(112) – En el Reino de las Maravillas
Y fíjate que, en otros textos y relatos, vemos cómo gente que no conocía a Cristo y ni siquiera creía en Él, cae de rodillas cuando se manifiesta esa misma presencia. Por eso pienso y digo: ¿Por qué, cada cierto tiempo, los ministros tienen que recordarles a las damas de sus congregaciones, por ejemplo, cómo deben estar vestidas para no ofender a Dios con su exhibicionismo? ¿No es lo primero que el Espíritu Santo hará en alguien que ha nacido de lo alto? Sí, pero siempre y cuando ese alguien escuche a Dios. ¡Pero, hermano! ¡Eso es represión y estamos cansados de los males que la represión ha causado!
Sí, de acuerdo, pero cuando es una simple ocurrencia humana por temor a sentir vergüenza ministerial. Cuando viene del cielo, la pregunta para esa persona vestida de ese modo, es: ¿Te presentarías vestida como lo estás ahora delante de Jesucristo, si Él se hiciera presente aquí y ahora, en este momento? El temor no es subjetivo, es muy objetivo. Y se nota, créeme. La gente comienza a comportarse de una manera bien diferente cuando se da cuenta que Dios está allí. Y no estoy hablando de un determinado lugar, estoy hablando del Espíritu Santo, que cuando se manifiesta, llena el lugar que sea con su presencia divina y el impacto es imparable.
Tú no puedes tener vestimentas o comportamientos acorde a ciertos manuales denominacionales. Tú tienes o no tienes temor de Dios y te comportas o te vistes conforme a como sabes, como sabes, que sabes, que sabes, que a Dios le agrada. Y que no te digan en ninguna parte que algo que tú sabes no puede agradar a Dios en un cierto lugar puede hacerse porque conforme a la cultura regional eso está permitido. No, eso es falso. En primer lugar; si eso que estás diciendo es verdad, es tu cultura la que está equivocada, y tienes que tener otra cultura en Dios.
Las consecuencias del temor de Dios, era que muchas señales eran hechas por mano de los apóstoles, tal como lo lees en el verso 12. Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. Porque dicen que se producían señales, milagros y maravillas. De acuerdo, señales todos entendemos lo que significan. Milagros, ya es una palabra mayor y creo que no podría haber absolutamente nada que lo supere. Nada podría superar un milagro de Dios, ¿No es cierto? Entonces explícame qué es lo que quiere decir cuando habla de maravillas.
¿Qué puede haber pasado en ese lugar para que se lo rotule como una maravilla por encima de un milagro? En otros textos dice que con sólo quedar bajo la sombra de los apóstoles, muchos enfermos sanaban de sus dolencias. Yo pregunto y me pregunto, por qué tantos y tantos buenos y sinceros ministros que andan por esas calles de Dios, no sienten una fuerza interna que los catapulte por encontrar estas cosas para sus iglesias. ¡Es que en una libertad total puede existir descontrol! Es cierto, pero eso en todo caso sucedería si lo que se hace o deja de hacer es una idea humana.
Si el que toma el control de una reunión, culto, servicio o como se le llame, es el Espíritu Santo de Dios, todo, pero absolutamente todo lo que de allí en más ocurra, estará bajo el ojo de Dios y fuera de los demonios satánicos, si eso es lo que temes. Dice que todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas. ¿De qué me habla eso? Me habla de un nivel de unidad muy fuerte. Dice que los creyentes estuvieron juntos y tuvieron todas las cosas en común. Sin embargo, no era simplemente un tema de administración de bienes; ellos estaban unidos en propósito y en mente.
Ellos querían ayudar a la gente, y podemos darnos cuenta muy fácilmente por las escrituras, que ellos alimentaban a los pobres. Los siete primeros diáconos que la iglesia levanta, básicamente eran meseros. Dice que atendían las mesas. La gente vendía sus posesiones y lo obtenido lo repartían conforme a las necesidades de cada uno. Eso muestra que había un espíritu de generosidad, de otro modo hubiera sido imposible. Este, se asegura, fue el resultado evidente de la gracia que había entre todos ellos.
(113) La Cultura Cristiana
(Hechos 4: 33) = Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.(34) Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, (35) y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.
Ahora bien; ¿Cuál sería el fruto de todo esto? Que había contentamiento en la iglesia, es lo que dice. El gozo era constante. ¿Sabes el valor que tiene eso en estos tiempos de angustias diversas? Aunque ellos sabían que podían morir por causa de su fe, ellos vivían gozosos. Y, tú que como yo y muchos más, nos hemos criado espiritualmente en iglesias conservadoras, aprende: El gozo de Dios, es un síntoma de salud. Además, por si no lo sabías, te cuento que el gozo es, también, una tremenda muestra de guerra espiritual. ¿Tienes una idea lo que le provocas al infierno cuando te le ríes en su cara?
Imagínate a una legión de demonios fieros, gelatinosos, babeantes y asquerosos viniéndote encima para aplastarte en su inmundicia, y tú riéndote a carcajadas en sus narices. ¡Te aseguro que no necesitas reprender nada! Además, dice que la gente amaba a los cristianos. Dice que la ciudad hablaba bien de ellos. En el griego, la palabra favor es el vocablo charis, que significa divina influencia sobre el corazón. El resultado en el final del Libro de los Hechos, es el gran crecimiento que experimentó la iglesia, ya que dice que el Señor añadía a los que iban a ser salvos.
Dios los añadía, no los evangelistas estrategas y avispados. ¿Por qué hemos comprado cualquier receta hueca? Ahora bien; para ser una iglesia conforme al corazón de Dios, se deben romper algunos paradigmas. Uno: que las canciones lentas, son más espirituales que las movidas o rítmicas. Escucha: lo que hace espiritual o no a una canción, no es su ritmo, es la razón e inspiración de su nacimiento. Dos: la sonrisa es buena, no sinónimo de irrespetuosidad. ¿Quién dijo eso? Tres: es buena cualquier clase de organización, pero el pueblo de Dios puede gozarse en lo espontáneo, que por no ser ni calculado ni previsto, pasa a ser más genuino.
Ahora bien, esto que hemos estado viendo, describe más o menos los primeros ochenta años de la iglesia, que es, también aproximadamente, lo que abarca el Libro de los Hechos de los apóstoles. Muy bueno, pero: ¿Qué fue lo que pasó después? En principio, pasó algo que a todos los que nunca nos conformamos con un grisáceo culto semanal, nos agrada mucho mostrar: el cambio cultural que la iglesia produjo en su marco social. Y cuando digo marco social, en esa época, me estoy refiriendo nada menos que al imperio más tremendo que hubo por esos tiempos: Roma.
¿Qué quiero decir? Que la cultura cristiana, cambió la cultura pagana. Y además, la venció. ¿Y cómo lo consiguió? Para allí vamos. Hay una investigación histórica y documental respecto a qué fue lo que ganó al imperio romano. ¿Por qué razón o causa, la iglesia tuvo gran influencia en la transformación social del Imperio Romano, cuando sólo aproximadamente un diez por ciento seguía a Cristo? ¿Cómo pudo ser posible que apenas un diez por ciento de la población pudiera cambiar a todo un imperio? ¿Cómo lo hicieron? Hay algunas premisas.
Primero: el mundo está seriamente herido y la sabiduría humana y los recursos naturales, no pueden sanarlo. ¿Has entendido lo que termino de decir? ¡El mundo está herido! Y toda la sabiduría humana y todos los recursos que el hombre tiene hoy día, no pueden sanarlo. Mientras más ayuda levantamos para la gente pobre, más pobreza hay. Mientras más tratamos de frenar la violencia, más violencia hay. Mientras más naciones entran en acuerdos mutuos, más problemas internos padecen. O sea: todo lo que el hombre pueda hacer, en el fondo, no puede resolver este problema.
En segundo lugar: la sanidad para una nación o sociedad llega en la medida que Dios interviene sobrenaturalmente en la historia, y su pueblo responde en obediencia, viviendo como Él indica. Son dos puntos vitales. El hombre no puede solucionar su problema. Y, en segundo término, sólo Dios trae sanidad. Sólo Dios puede cambiar la historia de tu país, pero su pueblo, en tu país, tiene que responder en obediencia, viviendo como Él indica. La perspectiva bíblica, sin embargo sostiene que una nación o sociedad no es sanada por la sabiduría o la creatividad humana, o clamando a los espíritus, sino por medio de la intervención de Dios y la obediencia del hombre.
Dios se lo reveló a Salomón: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Tercero: La Biblia, es la revelación de Dios para nuestra sanidad. Cuarto: La iglesia es la principal entidad de Dios para lograr su propósito de sanar todo lo que se dañó en la caída. Dios no tiene otro plan. ¿Quién va a resolver la situación de tu país, de tu economía, de tu familia, de tu vida? La iglesia genuina plantada en ese lugar.
No la imitación, no un paralelo. ¡Su iglesia! Dios no tiene otro plan. Ahora, después de haberte relatado todas estas cosas, la pregunta es: ¿Cómo cambio la iglesia a la antigua Roma? ¿Cómo lo hizo? Una iglesia de gente perseguida, de una minoría. Después de muchas investigaciones diversas, también diversos historiadores, pudieron sacar, coherentemente, diversas conclusiones. Ellos, en el conjunto, parten de un hecho que no es menor: que la iglesia cristiana ganó a Roma. Lo primero que consignan es que los cristianos tienen a un Dios que ama los que le aman a Él.
Esa era la lectura que los romanos tenían de los cristianos. Tengan en cuenta a Júpiter o al dios Marte, el dios de la guerra. ¿Qué amor podían tener esos dioses por la gente? Ninguno. La gente adoraba, respetaba y servía a esos dioses, ¡Por miedo! De hecho, los romanos tenían una religión. Quien diga lo contrario no ha investigado nada. El asunto es saber qué era lo que regía esa religión romana: el miedo. Si no ofrendas a Minerva, ella no te dará hijos. Si no ofrendas a Apolos, él no te dará buena cosecha. Amenazas, inhibiciones.
(114) – El Estandarte del Amor
¿Qué regía la fe de los cristianos? El amor. Por primera vez, en el mundo pagano, la gente escuchaba de un Dios que ama a aquellos que lo aman. El Dios de los cristianos amaba a toda la humanidad, y demostró su amor por medio de su propio sacrificio. Y es más; incentivaba a aquellos que lo amaban, a que también amasen y sirviesen a los otros. De hecho, los romanos paganos, amaban sólo a su familia, o a los de su de su clase social, o a aquellos que les era conveniente tener como amigos. Los cristianos amaban a todos. Ellos no entendían este amor. Yo me pregunto en cuantas ocasiones nosotros, como iglesia, defendemos bravamente los derechos de Dios, pero no por amor a la gente, sino a la organización a la que pertenecemos. Toda intercesión es por amor a la gente, es para que la gente con velos de oscuridad pueda venir a la luz y conozca a Dios.
La motivación correcta para el evangelio, es el amor, no es la competencia. Te lo digo más ajustado, todavía: el centro de los cinco ministerios, es el amor. El cristiano tiene una cultura libre de diferencias étnicas y de clases. Los cristianos no se separaban de acuerdo al rango social o al grupo étnico. Pablo dice: Ya no hay esclavo ni libre. De paso me preguntaría si eso es exactamente lo que sucede en cualquier punto del mundo cristiano, hoy. No me respondas. Los romanos se preguntaban por qué un hombre noble permitía que su esclavo se refiriese a él como “hermano”. No les entraba en la cabeza, eso.
La iglesia creó un patrón de relaciones humanas que no existía en la Roma anterior al cristianismo. ¡Fue un shock! Y fíjate que cuando leemos los textos de Pablo, nos damos cuenta de una serie de cosas. Por ejemplo, él no viene a anular la esclavitud. De hecho dice que, si tú eres esclavo, sirvas a tu amo con amor. Eso nos muestra que él no pretende hacer un cambio en el sistema en el que estaban inmersos. Pero sí el evangelio logra cambiar la relación entre las personas. Aquí es donde los historiadores sostienen que el Dios de los cristianos es un Dios de misericordia, que demanda de los cristianos, misericordia.
Es que los cristianos verdaderamente creían en un Dios misericordioso y este Dios misericordioso requería que aquellos que los seguían también practicasen la misericordia con los demás. La misericordia no era parte de la vida en la Roma pagana, la cual era bien conocida por su crueldad. ¡De esto no tengo ninguna duda! Nosotros vemos partidos de fútbol y nos escandalizamos cuando alguna forma de violencia penetra en el desarrollo de un juego.
¡Ellos veían a hombres matándose con otros hombres como parte de un espectáculo semanal para el pueblo! Imagínate lo que se podía pensar de la palabra misericordia en un tiempo como ese y en un ambiente como ese. ¿Culturalmente, era conocida la misericordia? ¡En absoluto! Hubo un emperador que, dentro de la organización del cumpleaños número catorce de su hijo, hizo montar un espectáculo con gladiadores que se mataban entre sí. Yo me pregunto dónde se supone que podría entrar la misericordia en una cultura como esa. En ninguna parte. ¿Y el cristianismo fue capaz de cambiar eso? No sólo fue capaz de cambiarlo, ¡Lo venció!
(115) – Principios de Familia
Otra de las vertientes que los historiadores rescataron porque los asombró y mucho, fue que en el cristianismo los hombres debían amar a sus esposas como a sí mismos. ¡Eso era casi increíble para esa cultura! Mira hoy mismo el Islam, ciertas tribus sin acceso a la civilización, u otros pueblos antiguos. ¡Las mujeres eran poco menos que objetos! Los romanos, obviamente que se reían de esa perspectiva cristiana tan curiosa e inadmisible, de que los hombres debían amar a sus esposas e hijos. Los hijos estaban considerados como una propiedad, y cada padre podía hacer lo que quisiera con su propiedad.
Incluso, y si lo estimaban conveniente o necesario, podían llegar a matar a sus hijos sin que eso les trajera ninguna consecuencia legal. Entonces, cuando ellos empezaron a ver gente que amaba a sus esposas como a sí mismos, a sus hijos con un amor impresionante, imagínate cuántas estructuras comienzan a desmoronarse. En una sociedad en la que el matrimonio cada vez está siendo más minimizado y hasta destruido, ¡Qué buena propaganda harán parejas que se aman, que se respetan, que siempre están juntos! Además, los cristianos –sostienen estos historiadores- rechazaban la práctica del aborto y del infanticidio, los cuales eran prácticas comunes en Roma.
Se cuenta que un soldado le escribió a su esposa embarazada desde el campo de batalla: “Si das a luz antes que yo regrese a casa, si es varón, quédate con él; si es una niña, deséchala.” Desechar-quiere decir-matar. Para quienes todavía no terminen de entenderlo, sea en lo que sea, tengo que decirle que los cristianos tenemos mucho respeto por la vida humana, porque partimos del criterio de que Dios es el Padre de todos los espíritus. Que es Él quien nos suelta un niño, o una niña. Pero hay algo más: Dios nos creó para ser fértiles. Aquellos que se casan y deciden no tener hijos para poder servir mejor al Señor, podrán estar muy bien intencionados, pero no tienen un pensamiento alineado con el pensamiento de Dios.
Entonces, ¿Dios quiere que tengamos hijos? Sí, Dios quiere extender Su nombre en la tierra. Además, los cristianos aman a otros a pesar de los riesgos personales que eso pueda acarrearles. Incluso, deberían amar del mismo modo a los que están por el momento, fuera de su fe. La vida diaria, en Roma, era dura. Cuando las enfermedades severas llegaban a estos barrios sucios y repletos de gente, se esparcían rápidamente. ¡Oh! ¡Cuánto desearía que esto hubiera cambiado para siempre en el mundo! ¡Ese sería un claro síntoma de crecimiento! Pero ellos mostraban misericordia y caridad en tiempos de violentas epidemias.
¿Y cómo lo hacían? ¡Cuidando a los enfermos! Aún a riesgo de contagiarse. Y a eso no lo podían entender los romanos. ¡Ellos jamás harían eso! ¿Cómo cambió la iglesia a la antigua Roma? De ser un porcentaje tan ínfimo en el año 40, para el año 300 habían crecido hasta ser cerca de siete millones de cristianos. Perseguidos. Después de diez persecuciones tremendas. Lutero enseñó que había dos reinos, el Reino de Dios y el reino de este mundo. Juan Calvino visualizaba la iglesia como una pequeña sociedad dentro de una sociedad más grande, como un embrión de lo que representaba un orden nuevo y total del mundo.
Cuando a comienzos de 1550 sesenta mil refugiados inundaron Ginebra, desde Francia, Calvino fundó un ministerio privado, con bases en la iglesia, que se convirtió en un modelo a través de toda Europa. Este ministerio atendía un amplio rango de necesidades, sirviendo al enfermo, al huérfano, al anciano, los incapacitados, los viajeros, los discapacitados y los enfermos terminales. Dios lo hizo por medio de Calvino. Calvino administró Ginebra por más de veinte años.
Se dice que en Ginebra el porcentaje de no creyentes no pasaba del tres por ciento. ¿Y sabes cuál es la ciudad base o asiento de las organizaciones mundiales más importantes en todas las áreas en este momento? En Suiza. ¡Es Ginebra! Dios utilizó a Calvino para poner una plataforma en ese lugar que, hasta el día de hoy, la gente reconoce que hay algo allí que es señal de seguridad, de estabilidad, de compromiso, de imparcialidad, de justicia. Fíjate todas las organizaciones importantísimas a nivel mundial que tienen su cabecera allí.
(116) – Fragmentos de Historia Real
Dios también utilizó, en su momento, al estadista William Wilberforce para hacer avanzar la abolición de la esclavitud en Inglaterra. Wilberforce consideraba a Juan Wesley como su padre espiritual, y tomó esta posición debido a sus creencias. El primer año que Wilberforce introdujo la ley de la abolición en el parlamento, estaba virtualmente solo. Continuó introduciendo esta ley contra la esclavitud por más de treinta años, y cada año más parlamentarios votaban a favor de ella. Durante este mismo período el avivamiento wesleyano se esparcía por toda Inglaterra y eventualmente la ley fue aprobada.
La iglesia moderna también ha experimentado esto. Los misioneros del siglo 19 llevaban en sus viajes bolsas de medicinas y semillas junto con sus Biblias. Por ejemplo, llevaron el café y el cacao a Ghana. Asimismo y ya en el terreno de la salud, erradicaron el sarampión, la malaria y la lepra en Tailandia. En lo concerniente a leyes, supieron responder a la problemática de trabajos forzados en el Congo. En otro orden, en China se atrevieron a confrontar el comercio del opio, las prácticas de atar los pies y la exposición de niñas bebé a la muerte.
En la India lucharon contra la quema de viudas, el infanticidio, la prostitución en los templos y el sistema de castas. Edificaron pozos y escuelas. Virtualmente, todos los movimientos misioneros estaban involucrados en lo que hoy llamamos “desarrollo comunitario” y, como parte de la comunicación del evangelio, cuidaban de la educación, la salud, la agricultura, y mejoras sociales para el menospreciado y el oprimido. Los misioneros de Hawái evangelizaron y protegieron a los habitantes de las islas de la explotación económica y sexual de los mercaderes, marineros y comerciantes.
David Livingstone deseaba evangelizar África y mostró un gran interés por la economía y el desarrollo de las aldeas apartadas. Mujeres coreanas y chinas sirvieron como “mujeres Biblia” en sus países, teniendo un gran impacto en el crecimiento de la iglesia y en el status de las mujeres en su sociedad. Un antropólogo comparó dos aldeas remotas en Brasil: una que se benefició del evangelismo y el liderazgo de desarrollo comunitario de los misioneros. La otra aldea vivió de acuerdo con su religión tradicional. La primera aldea estaba avanzando en casi todas las áreas, en tanto que la segunda aldea estaba decayendo en casi todas sus áreas.
El rasgo más prominente en el siglo 19 en Kerala, india, fue el avivamiento en la educación, la cual transformó una sociedad medieval al modernismo. La Sociedad Misionera de Londres fue pionera de un trabajo de enseñanza para las niñas, no tan solo para educarlas, sino también para elevar a la mujer de su bajo status en esa sociedad. En suma, lo que he pretendido reiterando estas antiguas informaciones, es dejar en evidencia que la iglesia, como tal, si es genuina, tiene la plena capacidad para generar una cultura nueva. El mejor ejemplo de ese cambio cultural está en el propio cristianismo y retazos de su historia.
Trescientos años después de ese socavamiento cultural, ese enorme monstruo llamado Roma, cayó. Surgieron otros problemas, sin dudas. Y eso determinó que en un momento dado, la iglesia bajara la guardia. Pero, es evidente que de todos modos, el objetivo primario de logró. ¿Cuál es la mayor muestra de que la iglesia venció? Que estamos hablando y enseñando esto, veinte y tantos siglos después, siendo parte de esa misma iglesia, aunque no de alguna organización tradicional. Y de aquella Roma sólo quedan ruinas turísticas. Que la iglesia está ligada al desarrollo de los pueblos, puede comprobarse observando las dos Corea. Hace cuarenta años, eran una sola.
Han cambiado muchas cosas, pero entiendo que todavía la iglesia más grande del mundo en cantidad de miembros está en Corea del Sur. Entonces, la pregunta es: ¿Podemos, como iglesia, producir un cambio en nuestro país de residencia? ¡Claro que sí! Pero deberemos abandonar pequeños y grandes egoísmos, tanto externos como internos. La iglesia de Dios tiene un código genético, para destruir toda la estructura que el enemigo ha levantado, haciéndonos caer en el engaño de que es inamovible lo que el diablo ha edificado. Cierto es que como porcentaje respecto a las poblaciones de los distintos países, todavía somos muy pequeños, pero no te olvides que esta historia empieza con doce personas, no con millones.
De hecho, nosotros hoy y donde quiera que nos encontremos, estamos en condiciones de mayor ventaja que aquellos primeros apóstoles. No somos esclavos, no somos una nación ocupada, somos libres. O, si lo prefieres, relativamente libres, pero por causa de nuestras incredulidades. ¿Por qué crees que cada cierto tiempo se levanta alguna clase de tiranía en Latinoamérica? Simple. Te va a doler y mucho, pero es cierto. Eso ocurre para que la iglesia recuerde cuál es su papel. Para que nos volquemos al Señor y veamos qué estamos haciendo mal. ¿Por qué permite la iglesia que el mal se enseñoree de un país? ¿Cuál es el antídoto contra el mal?
La iglesia. La cultura que en este tiempo tienen nuestros países, no es buena. Sucede en una gran proporción del mundo cristiano, aunque yo me estoy refiriendo a América Latina en particular. Escucha esto: si dentro de veinte años la iglesia sigue con sus mismas manías y vicios, entonces cuando hablamos de reforma estamos solamente haciendo un proselitismo egoísta, oportunista y abusivo. Quiero que quede claro y nadie se confunda. La guerra espiritual es necesaria para cambiar una nación, pero desde el punto de partida de erradicar potestades antiguas que se han adueñado de las mentes de la población.
Sin embargo, con eso solo no alcanza. Luego deberemos aplicar alta intercesión para derrumbar las fortalezas negativas y estructuras nefastas que por años han dominado nuestros pueblos. Claro está que, una vez consumadas estas dos victorias, deberemos tener una estrategia clara y definida con respecto a qué cosa plantar en lugar de lo derrumbado. Si no se hace esto último, lo anterior habrá sido inútil. De lo que estamos hablando, es de un objetivo que, con las lógicas diferencias del caso, fue el mismo que tuvieron aquellos hombres probos que hemos mencionado.
Ellos lograron cambiar parte importante de sus generaciones. Nosotros hoy estamos trabajando con total humildad y perfil absolutamente bajo, para poder obtener los mismos resultados con nuestra generación. De eso se trata hablar de Reino, no de pintar de colores raros los más raros templos. Pero, para que eso sea factible, la iglesia toda y no sólo algunos hombre osados, tiene que saber que el hecho de ser auténtico gobierno desde los ámbitos espirituales, no es un discurso religioso de moda, es una absoluta verdad posible y cierta. ¿Y se han producido cambios positivos en América Latina a partir de ese gobierno divino?
Algunos, aunque no demasiados, como quisiéramos. Además, los cambios logrados por la iglesia no tienen espacio en la prensa informativa como sí lo tienen los cambios obtenidos por el infierno, como la legitimidad del aborto o del matrimonio homosexual. Entonces, y para disipar dudas, te informo. Necesitamos más apóstoles no porque se haya puesto de moda, sino para lograr cambios culturales profundos. Necesitamos más profetas para pelear ejecutivamente esas batallas.
Porque, si todo se trata de modas o conveniencias personales, muy probablemente se levantarían tres o cuatro ministerios de gran éxito, pero el pueblo de Dios en su conjunto, estaría en derrota permanente. Ah, y si me permites el egoísmo, también necesitamos más maestros. Porque una cosa es perecer en una batalla de la guerra que estamos peleando, y otra muy distinta en la comodidad de nuestros templos, sólo por nuestra falta de conocimiento.
(117) – Las Diferencias Escritas 14
Hay dos textos con dos expresiones de Jesús. El primero, en Mateo 6:11: El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. El segundo, en Mateo 6:34: Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Aquí los religiosos dicen que es absolutamente irresponsable no ahorrar y hacer planes para el futuro. Sin embargo, cuando en mi país casi quebraron los bancos y sólo pudieron evadir sus ruinas quedándose con los ahorros de la gente, que luego devolvieron minimizados, acotados en su valor y tomándose varios años, una gran cantidad de congregaciones y/o denominaciones cayeron en esa pequeña gran estafa financiera, simplemente por una razón: guardaron en lugar de invertir.
Jesús dice en Juan 14:26: Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Pero cuando leen esto, los religiosos se rascan sus nucas y, con total muestra de superioridad aun sobre lo que dice en sus Biblias, dicen: necesitas estudiar en un seminario para entender lo que Jesús enseñó. No estoy en contra de los seminarios, ni por asomo. Pero de ninguna manera me voy tragar el sapo de que aquel que no pasa por uno de ellos no puede recibir conocimiento espiritual divino. ¡No! ¡Absolutamente no! Todavía es el Espíritu Santo nuestra guía a toda verdad, no un profesor de teología.
(118) – Caída y Retorno a Las Fuentes
Dentro de nuestros ambientes hay muchos hermanos que gustan de la historia. La recorren, la visitan y la consultan para tomar bases para muchas de sus decisiones importantes, incluidas las espirituales, que no parecerían necesitarla. Y no es malo recurrir a la historia. Sin embargo, convengamos algo que hasta los propios especialistas, los historiadores, reconocen como cierto: toda historia de todo asunto, siempre es incompleta. Apenas un punto de vista, una opinión subjetiva desde un ángulo específico. Y, aunque pretenda ser muy descriptiva y muy apegada a los hechos, siempre está presente, -reitero-, la subjetividad del que lo relata, del que lo observa.
Por eso no es conveniente ni necesario, si vamos a referirnos al declinar de una iglesia con mirada apostólica para convertirla en una iglesia de contenido pastoral, incursionar demasiado en sus orígenes históricos. Simplemente recurriremos a ellos para establecer una especie de lógica para esa declinación. En realidad, lo que nos interesa saber es cómo fue que una iglesia tan efectiva, que es como la vemos en el Libro de los Hechos, llegó a mutar y convertirse en lo que terminó y es en estos tiempos. Sería muy interesante y necesario poder conocer a ciencia cierta dónde se presentó el problema. El carácter.
¿El carácter? Sí, el carácter, pero resulta ser que el carácter fue solamente una parte, pero no todo el problema. Existieron otros factores. En la palabra, se puede encontrar un modelo original. De hecho, es todo lo preciso que se puede ser en algo tan singular y espinoso, pero igualmente creo que nos permite examinar lo que muchos de nosotros estamos convencidos que fue el modelo original que Jesucristo dejó de lo que hoy llamamos iglesia. En el capítulo 2 de la carta a los Efesios, Pablo creo que resume bastante claramente el estado en que quedó la iglesia cuando Cristo se fue.
(Efesios 2: 20) = edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
Este pasaje muestra, de manera bastante resumida, cuál fue el diseño que Jesús dejó. Jesucristo, la piedra fundacional, la piedra del ángulo, el fundamento perfecto. Y, sobre ese fundamento, dos ministerios que son esenciales, porque son parte activa de lo que se denominan como ministerios de edificación: Apóstoles y Profetas. De hecho, cuando hablamos de apóstoles y profetas, estamos hablando directamente de compañías apostólicas. Estamos hablando de la dupla ganadora, la más fuerte, la que tiene la capacidad de quebrar toda oposición y de poder ser pioneros en un territorio no alcanzado. En 1 Corintios 12:28, esto se amplía un poco más, se abre un poco más el abanico, y eso nos permite tener una idea más precisa de lo que se está hablando en Efesios 2.
(1 Corintios 12: 28) = Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
Menciona ocho funciones. Vamos a revisarlas con cuidado. Y lo primero que deberemos conocer, es cómo piensa Pablo. Porque es él mismo el que escribió los dos textos. El anterior de Efesios y este a los Corintios. La pregunta que yo me hago y es probable que tú también, es: ¿Por qué en esta lista, Pablo no menciona algunos ministerios que él mismo ha citado en otros textos? Déjame decirte que este es un verso muy complicado, porque se trata de un versículo en el que se nota que hubo una intención de remarcar un orden de importancia y un orden de autoridad.
Es evidente que no podemos volver a caer en el antiguo error de tratar de analizar la mente de Pablo. Será mucho mejor que creamos que recibió órdenes del Cielo. ¿De dónde se supone que sacamos esa conclusión? De lo que dice este pasaje, pero en el lenguaje original. ¿Qué dice en griego? Dice: Y puso Dios primeramente, (Y la palabra, allí, es protón. Y protón es primero. Y cuando decimos primero, segundo, tercero, es obvio que este último va a tener menos importancia que el primero) apóstoles; luego profetas, (Donde dice Luego, la palabra es deutrón.
Y deutrón es: segundo. Luego viene tritón, imagínate lo que es tritón. Tercero) Lo tercero, maestros. (Allí aparece otra palabra que se traduce como Luego, y es la palabra epeitas) luego, los que hacen milagros, después (Eitas) los que sanan (Eitas es los que por gracia, sanan) los que ayudan (Antilepsis, es quiere decir “los que dan alivio”, se traduce como Ayuda) los que administran, (Esa es kubérnesis, que es administración) los que tienen don de lenguas. (Genosglosas, diversas lenguas). La palabra Primeramente, para Pablo no es una elección.
Cuando él dice: puso Dios primeramente, él está hablando de algo que es, primero en importancia y primero en secuencia. Y si consultas una buena versión, vas a encontrar lo siguiente: que en la traducción del texto, tuvieron que reacomodar algunas cosas. Dice una versión: Y en la iglesia, Dios ha designado primeramente apóstoles, en segundo lugar, (Y la palabra lugar, aquí, está en cursivas, porque el griego no utiliza la palabra Lugar, sólo dice: segundo), profetas; en tercer lugar (Y Lugar está otra vez en cursivas, porque esa palabra no está en el original), maestros; luego, milagros; (Fíjate que no dice “los que hacen milagros”, sólo dice: luego, milagros, tal cual está en el texto) después, dones de sanidades, ayudas, administraciones, diversas (Está en letra itálica) clases de lenguas.
Por eso esta versión suele ser muy consultada, porque te muestra las palabras que no están en los originales, pero que fueron añadidas para darle sentido a lo que se estaba diciendo. Esta lista de ocho funciones, a las que también se las podría denominar como ocho administraciones, u ocho ministerios, que también sería correcto, pero no necesariamente ocho títulos, no sé si soy claro. Allí hay un error de interpretación o una interpretación afín con pretensiones humanas. Los primeros tres, convengamos, ciertamente podrían entrar en títulos: apóstoles, profetas, maestros. Pero luego, los demás, no tienen un título. ¿Cómo denominamos a los que hacen milagros, o a los que sanan? No resisten un título. Pablo podría utilizar alguna, pero no lo hace porque lo que él está mostrando es función, no título ni jerarquía.
(119) – Capacidad de Los Milagros
Ahora presta atención; de alguna manera yo te estoy mostrando una iglesia con tres títulos y cinco funciones. Si tú lees con mucho detenimiento Hechos 2, Hechos 3 y hasta Hechos 7, vas a notar lo siguiente: que estas ocho funciones, las detalladas en ese texto que leímos, estaban presentes en esa iglesia. Lo primero que Jesús llama, cuando empieza su ministerio, es a los apóstoles; y ya quedó claro las motivaciones y razones para las que son útiles los apóstoles. Cuando viene el Espíritu Santo, te vas a dar cuenta que se activa lo profético, cosa que todavía no estaba activada.
¿Y cómo sé yo que no estaba activada? ¡Fácil! ¿Qué es lo primero que hacen los discípulos para ocupar el espacio de Judas, antes de que el Espíritu Santo descendiera? Echan suertes. Pregunto: ¿Tú crees que sería necesario echar suertes cuando hay un profeta? ¡No! Entonces, el ministerio profético se activa justo con el envío del Espíritu Santo. Entonces, sobre ese diseño, que son apóstoles y profetas, se inicia la iglesia. Luego dice que los hermanos perseveraban en la doctrina de los apóstoles. Vamos a ver: ¿Qué es lo tercero que se activa para perseverar en la doctrina de los apóstoles?
¡Los maestros! Había que enseñarles a estas personas que acababan de recibir a Cristo. Así fue como la gente comenzó a ser instruida. A veces en las casas, a veces en el templo y en las casas, y al final sólo en las casas. Dice que allí revisaban la doctrina de los apóstoles, partían el pan con sencillez de corazón y estaban unánimes juntos. Lo que sucede a continuación, es que los apóstoles siguen haciendo milagros. Ellos habían sido entrenados en esto durante la compañía de Jesús. Y es interesante como arranca esto con Pedro y Juan con el cojo, con el inválido que estaba en la puerta del templo, pero dice que luego los milagros eran cada vez más tremendos.
Dicen que eran maravillosos. Tanto que ya ni siquiera tenían que traerles los enfermos, porque dice que sólo la sombra de los apóstoles sanaba la gente. Los milagros no eran atributo sólo de un ministerio. Muchos hermanos hacían milagros. Por eso es que no entra ni puede entrar como título. No existe tal cosa como especialista en milagros. Porque, en realidad, a esa función Dios se la ha distribuido a todos los que creen en Su nombre. Y hubo diferentes calidades de milagros. Sin ir muy lejos, yo estimo como un milagro tremendo el hecho de que la gente vendiera todas sus cosas y les trajera lo recaudado a los pies de los apóstoles.
¡Nadie procede así por conciencia humana! Milagros inexplicables. Felipe anda casi como paseando y de pronto aparece junto a un robusto moreno en un carro, le predica un mini-evangelio sintético, detienen el carro, se bajan los dos, lo sumerge en el río bautizándolo y luego se esfuma en el aire otra vez. ¿No es eso un milagro casi inigualable? Pero, también estaban los que sanan y los que ayudan. Y ahí es donde ellos, empiezan a atender a la gente pobre. Y allí también es donde ellos eligen a siete ayudadores, diáconos, servidores, para que ayuden en la alimentación de la gente.
Y, obviamente, también, cuando hay todo ese movimiento de gente, y cuando hay esa cantidad de funciones, necesitas que alguien ponga orden, entonces ahí aparecen los que administran. Por ejemplo Jacobo, el hermano de Jesús, realmente es un excelente administrador. Él va a ser levantado como un administrador en la iglesia de Jerusalén. Y entonces es cuando aparecen las lenguas, aquí mencionadas, y uno las mira y parecería ser como que no encajan en este grupo. ¿Para qué sirven las lenguas! Sólo tiene lógica eso cuando tú lees Corintios, donde se explica el protocolo con el que funcionan operativamente las lenguas.
En el capítulo 12 de Corintios, Pablo explica que las lenguas sirven para traer convicción a los impíos de sus pecados, cuando ellos llegaban a la reunión. Les asombraba mucho a los creyentes entrar a una reunión y escuchar a alguien hablando en lenguas, alguien obviamente que las interpretara, y que en esa acción se revelara el corazón de esa persona. Entonces es probable que a ese don lo hayan mantenido por eso, o sencillamente porque fue la primera manifestación del Espíritu Santo, (Y no la única, como enseñan ciertos grupos). Yo creo que fue por alguna de estas dos cosas, o por las dos a la vez.
Sin embargo, había una tercera razón de utilidad. Ellos tenían que ir a predicar el evangelio a muchos lugares donde se hablaban idiomas diferentes al hebreo. Porque la palabra que se utiliza allí es glosa, y glosa es idioma. Eso quiere decir que ellos cultivaron de manera especial esta función, las lenguas, porque los habilitaba en sus viajes misioneros. Todo ese paquete de ocho funciones, es lo que desató la iglesia en el Libro de Hechos y la hizo conquistar toda Europa. De todos modos, esta de la que estamos hablando, es lo que podríamos denominar como Etapa Inicial, la etapa del Poder. Esa era la iglesia a la que Dios añadía, cada día, a los que habían de ser salvos.
(120) – Separando Títulos
Noten ustedes que los apóstoles no son los que administran. Noten ustedes que los profetas no son necesariamente los que sanan. Noten ustedes que no aparece el ministerio evangelístico. ¿Sabes por qué, verdad? ¡Claro! ¡A esa función la cumplía todo el cuerpo! No había necesidad de este ministerio exclusivo, si es un ministerio inclusivo. Entonces, en la mente de Pablo y en la mente de Jesús, la única manera que se establezca una iglesia, es que sea edificada sobre el fundamento de apóstoles y profetas. Si ustedes se dan cuenta, cuando Jesús se está yendo, Él da una recomendación.
Él dice: Hermanos; ustedes van a serme testigos. Y habla de lugares específicos. Lugares que, si tú te sirves de un mapa, están todos ubicados en esa zona. Entonces la pregunta que surge, es: ¿Los apóstoles, sabían dónde ir? Sí, claro que lo sabían. En esta etapa primaria de una iglesia en formación, los apóstoles sabían dónde tenían que ir. Y no es extraño, recuerden que un apostellos, que es un enviado lejos, está direccionado a una región. Y ese punto, la territorialidad, es esencial para la consolidación o no de un ministerio.
Ahora, tú; ¿Sabes dónde vas? Ve. ¿No sabes dónde ir? Quédate. Y que conste, en esta primera etapa, esos apóstoles no fueron gente que pudiera decidir a dónde querían ir. Ellos fueron comisionados a lugares específicos. La pregunta que tengo, es: ¿Tú te crees que ese comisionamiento fue para toda la iglesia o fue solamente para ese puñado de gente que lo estaba escuchando? Veamos; mira lo que dice 1 Corintios capítulo 12 a continuación del anterior.
(1 Corintios 12: 29) = ¿Son todos apóstoles? (¿Cuál supones que sería la respuesta?) ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? (30) ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
Observa que coloca todo en el mismo orden que lo detalló en el versículo anterior que leímos. Claro está que, conforme a muchas enseñanzas recibidas, todos podríamos decir que éramos apóstoles, porque quizás todos hemos sido enviados, pero gracias a este versículo, ahora entendemos que no. Porque no todos son apóstoles. Todos son enviados, es cierto, pero no todos tienen el ministerio apostólico. Y aquí, Pablo, está separando el título de la función. Porque un maestro ha sido enviado, un profeta también ha recibido comisión. Todos han sido enviados, pero no todos son apóstoles.
La definición de apostellos, que es enviado lejos, nos cubre hasta este punto, pero ya no nos cubre en lo que viene, porque aquí aparece un título de autoridad. Lo que Pablo está mostrando, en realidad, es que no todos pueden establecer la base de la iglesia, que no tiene nada que ver con donar dólares para comprar materiales de construcción, ni lo sueñes. No todos. Porque no todos pueden ser apóstoles, porque son los apóstoles los que primeramente puso Dios en la iglesia. Y es aquí donde entra un tema que nos ha causado muchísimo daño como iglesia.
Hay una doctrina que trajo mucha confusión, se llama dispensacionalismo. Esta es una posición teológica, es una enseñanza que lo que muestra, esencialmente, es que Dios obró en la historia del hombre bajo ciertos criterios en ciertos tiempos. Entonces se va a llamar, qué te digo: la era de la inocencia, la era de la ley, o lo que sea, dividiendo la línea del tiempo. Y esa teología que no es muy antigua, ya que data de finales del siglo 19, se fortalece en el siglo 20 a través de una persona, de una médium.
Gracias a esa teología, se determina que hubo una era exclusiva en la que los apóstoles obraron y que esa era terminó. El dispensacionalismo, llevó al cesacionismo. Porque en la mente del hombre natural, porque esa es teología de una mente natural, es como si tú trataras de organizar la manera en que Dios obró. Entonces dices, por ejemplo, que Moisés es la ley, de que ese período se llama La Ley, de que la Gracia vino con Cristo, pero sin esforzarse demasiado ustedes se van a dar cuenta que David, por ejemplo, aunque vivió en el tiempo de la ley, vivió bajo la gracia.
(121) – Exponiendo Más Teorías
Entonces, resulta que, a lo largo de toda la historia, no se puede cortar como quien rebana un fiambre o un queso, dándole a cada rodaja un nombre. Porque la voluntad de Dios se expresó, cierto es, de diferentes maneras en diferentes tiempos, pero eso no acredita que su administración terminó para pasar a otra etapa. La Gracia, la salvación, vino con Cristo, pero van a darse cuenta ustedes que Abraham, literalmente vivió la Gracia. Vivió la fe. Entonces, es fácil decir que, considerando esa teología, que los apóstoles terminaron, que terminaron cuando el apóstol Juan murió. Punto, se acabó y ya no hay más apóstoles.
Yo me pregunto y te pregunto ¿Qué crees que sucede, si los apóstoles que representan la autoridad territorial, desaparecen? ¿Qué pasa con ese territorio? Aquí es donde aparecen una serie de consecuencias, fruto de ese pensamiento teológico, que no necesariamente era un pensamiento tradicional o antiguo. Lo que estoy mostrándote con documentación suficiente, es que la iglesia no creyó eso en toda su historia, ya que eso apareció mucho más tarde. Y eso fue lo que también preparó el terreno y llevó al pensamiento del rapto. Porque el tema del rapto aparece muy pegado a todo el pensamiento dispensacionalista.
La teoría del rapto aparece a finales del siglo 19, y se fortalece en los primeros veinte años del siglo 20. No hay ningún testimonio genuino que nos diga que, hasta allí, esa haya sido alguna teoría o forma de fe en aquella iglesia. De hecho, es más que lógico que cuando no existen apóstoles, lo que uno desea fervientemente es salir lo antes posible de este lugar ingobernable a inhabitable. Porque no hay ninguna posibilidad de orden. En estos dos versículos, el 29 y el 30, vemos a Pablo hablando con toda claridad del título Ministerio. Luego la iglesia se expandió, hubo una tremenda expansión, sin dudas.
También se cumplió lo que el Señor dijo, los discípulos fueron fieles. Todos hicieron lo que se les ordenó en los lugares en que se les ordenó. Incluido Pablo, que, si bien no había recibido esa instrucción de manera tan directa como sus antecesores, igualmente cumple con esa comisión como si hubiera estado allí cuando Jesús los envió. Vamos ahora a Hechos 20. En el capítulo 20 del Libro de los Hechos, tenemos a Pablo en un viaje tremendo hacia Jerusalén y de Jerusalén hacia Roma, ¿Recuerdas eso? Y él está allí por última vez. Ya apareció Agabo, ya apareció la palabra de que lo van a arrestar y todo ese asunto, y él dice algo bien interesante. Fíjate bien en este versículo, porque va a explicar lo que viene a continuación.
(Hechos 20: 28) = Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. (29) Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.
Es indudable que Pablo veía con absoluta claridad lo que iba a pasar. Y él utiliza aquí una palabra bien particular: obispo. Jesús no comisionó obispos, comisionó apóstoles, profetas, y toda la secuencia que ya vimos en Hechos anteriormente. Pero ahora estamos en Hechos 20, la iglesia ya se expandió. Han pasado más de treinta y cinco años de aquel capítulo 2 de Hechos. Y Pablo dice: Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.
Noten ustedes qué atributo le da Pablo al obispo: apacentar dice en la versión clásica y tradicional Reina Valera, pero en otras versiones directamente dice pastorear. Y de hecho, todo el relato en estos dos versículos, gira en torno a ovejas y a lobos. Porque él mismo dice que después de su partida vendrán lobos. Así que lo que está haciendo ahora es dejar a gente entendida en ovejas, obispos, gente que sabe apacentar, que es pastorear. La palabra obispo, en griego es epískopos. Y viene de un prefijo Epi, que significa Sobre, y Skopeo, que es mirar, vigilar. Sobre-veedor. Vigilante.
¿Qué es un epískopo? Es un sobre-veedor, un vigilante. Aparece un nuevo título y aparece una nueva función. Por las características que Pablo muestra en este nuevo título, parecería ser que estuviera hablando de pastores. Parecería. ¿Y por qué no usó simplemente la palabra pastor? No lo sabemos, aunque podríamos suponer que como todo era una metáfora, de ninguna manera se lo debía tomar como un título. Porque esto va a generar muchísimos problemas. Ahora bien; el sentido del obispo, que es lo que verdaderamente me interesa que se entienda, simplemente revisando lo que la palabra significa, es un vigilante. Es un sobre-veedor. ¿Tú crees que un apóstol tiene más autoridad que un obispo? Absolutamente. Aparecen los obispos. En Hechos 20:17, aparece otro título: Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.
(122) – No es Asunto de Años
Quiero consignar algo que ya dije, pero que bien vale la pena reiterar. Debemos considerar que el libro de los Hechos no pretende ser un relato preciso y conciso de los sucesos de aquel tiempo. La mitad de Hechos es la vida de Pedro y la otra mitad la vida de Pablo. ¿Y qué de los otros? Entonces, obviamente, Lucas no pretendió jamás escribir un libro de historia de la iglesia. Nunca quiso hacer eso. Sin embargo, ¿Aparecen aquí los ancianos, realmente? No, aparecen un poco más atrás de este libro de los Hechos, en el capítulo 14.
(Hechos 14: 23) = Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
Tenemos muy claro que, el título de anciano, que parecería ser otorgado a una persona que cuenta con muchos años de edad, la función y las características para elegir uno, no tenían nada que ver con el calendario. Hay una razón para eso. En el capítulo que menciono, el 14, vemos que se levantan ancianos al año de que la iglesia comenzó. Lógico resulta suponer, entones, que de ninguna manera podía haber gente muy experimentada que pudiera ser considerada anciano. ¿Y cuál es la idea que tiene Pablo de los ancianos? Que son gente que tiene un fundamento más desarrollado y más maduro que los que están liderando.
O sea: si tengo gente que todos ellos tienen menos de un año de creyentes, pero me encuentro con uno que tiene dos años en el camino de la fe, él puede ser un muy buen candidato a anciano para este grupo. La palabra anciano, viene del término griego presbútero. De allí deriva luego presbítero. La palabra presbus, más anciano, como sustantivo, anciano; específicamente miembro del sanedrín israelita, (También figurativamente miembro del concilio celestial), o presbítero, que es viejo, antiguo, anciano o mayor. Entonces, sobre el modelo anterior que teníamos, vemos que aparecen dos nuevas funciones: la de obispo y la de anciano.
Me quedo con la sensación que cuando se habla de los obispos, parecería haber mucha similitud con lo que hoy asumimos como el ministerio pastoral. Pero sólo podemos mencionarlo en potencial y en hipótesis, no hay sustento. Obviamente, que hay requisitos para los obispos que también se les aplican a los ancianos. Y todo eso conforma una literatura sumamente amplia y variada. Unos dicen que anciano y obispo es lo mismo, que en realidad lo que cambia es muy poco en cuanto a la función, porque ambos enseñan, ambos pastorean, ambos tienen cierto grado de autoridad frente al rebaño.
Otros dicen que no, que son muy diferentes. Otros más sostienen que los ancianos están asociados a una congregación local, mientras que los obispos a varias congregaciones regionales. Pero, lo cierto es que no hay mucha tinta escrita en la Biblia, para aclararnos completamente esto. ¿Será porque a Dios no le interesó hacerlo? Sí podemos notar, en cambio, que el término presbítero, anciano y obispo, que es supervisor, en el Nuevo Testamento, aparentemente denota el mismo oficio con alguna diferencia. Ya que el primer término, presbítero, se origina en la sinagoga.
Y el segundo término, en la comunidad griega. Supervisor. La primera habla de la dignidad del oficio, mientras que la otra habla de la práctica de este ministerio. En esta segunda etapa de la iglesia, sobre la plataforma de ocho funciones que había, se incluyeron dos más: obispos y ancianos. ¿Se entiende que hasta aquí la iglesia está funcionando correctamente? Se cree que sí, que todo hace suponer que está funcionando muy bien. ¿Pero no tuvo ningún problema hasta este momento? En realidad, tuvo uno solo doctrinalmente hablando: no había claridad respecto a cuál era el papel de los gentiles.
¿Eran gente de segunda categoría? ¿Era gente que eran iguales que los judíos? Se podría decir que, más que un problema, esa era una confrontación cultural. ¿Y dónde se acomoda? Más o menos en el año 45 hay un concilio en Jerusalén, que es presidido por Santiago, el hermano de Jesús, conocido como Jacobo, se acuerda que sí, que los gentiles tienen los mismos derechos que los judíos, y que el Espíritu Santo se estaba derramando tanto sobre judíos como sobre no judíos. Y el tema se cerró. Ahí es donde termina la segunda etapa.
(123) – Los Que Cuidaban La Grey
Luego las cosas van a cambiar casi dramáticamente, y una vez más los griegos, tienen altísima responsabilidad en todo este tema. Es impresionante la forma en que Daniel pudo ver esto. Daniel vio que ese cuerno pequeño, que era Grecia, iba a traer problemas. Aparece, ya en la época de Jesús, un puñado de creyentes griegos, que son el indicador para que Jesús se vaya a Jerusalén a morir. Los griegos, de hecho, introducen un problema más que complicado. La igualdad y el intercambio entre el término anciano y obispo continuó hasta que terminó el primer siglo, así quedó evidenciado en la epístola escrita por Clemente de Roma en el 95 DC.
La Didake, este documento donde está resumida la doctrina de la iglesia, revela que este equivalente, anciano y obispo, queda evidenciado aún hasta el final del segundo siglo. Sin embargo, durante el segundo siglo, el término correcto de obispo, empezó a perder su significado. Durante este tiempo el término obispo empezó a tener un nuevo significado: Jefe de una congregación rodeado de un grupo de presbíteros. O sea que empieza a aparecer el obispo, rodeado de ancianos. Es importante que no se olviden que, dentro del ministerio quíntuple, no hay lugar para el obispo.
Está el apóstol, el profeta, el evangelista, el pastor y el maestro. ¿Qué hace el obispo? ¡Era un supervisor! No tenía una función precisa o concisa delegada. Cuidaba la grey. Décadas más tarde este significado cambió a Jefe de una diócesis y sucesor de los apóstoles, y los obispos se multiplicaron sin control y la autoridad del presbiterio se fue diluyendo. ¿Qué era un presbiterio? Era un conjunto de ministerios. Durante el segundo siglo, la iglesia estuvo bajo la amenaza de la falsa enseñanza y, especialmente, de la enseñanza del gnosticismo. ¿Qué era el gnosticismo?
Era ese pensamiento que nace de la mezcla de la filosofía griega y el cristianismo. Los hermanos llevan el evangelio hasta Grecia. Mucha gente se convierte en Grecia. No le va muy bien a Pablo en Éfeso, ¿Recuerdan? Cuando él hace su primera incursión en Grecia y todo el tema. Pero luego, se levanta una comunidad muy interesante de hermanos. El punto está en que esta iglesia empieza a mezclar lo que ellos sabían de su filosofía griega, con el cristianismo. Y ahí genera algo que se llama gnosticismo cristiano.
Es una mezcla fea donde, simplemente, mezclaron ingredientes de todo tipo para sacar al final un producto que nadie pudo comer, donde sacaron de cuajo, uno, la humanidad de Cristo; dos, el papel del Espíritu Santo, tres la divinidad de Cristo. Cristo es una cosa informe, y el dios que aparece, entonces, se llama Gnosis, el conocimiento. Y hay algo muy particular. Juan, el último de los apóstoles, que termina las últimas cartas del Nuevo Testamento, combatió el gnosticismo con fiereza. Ý él dice eso: Si alguno dice que Cristo no vino en la carne, el tal sea anatema.
¿Y qué decía el gnosticismo? Precisamente eso, que Cristo no vino en la carne. Ellos decían que era imposible que Dios pueda tomar una forma humana, porque la carne es corrupta. Esa afirmación desdibujaba todo lo que Jesús había traído, todo lo que era el portar la imagen, la imagen de Dios se pierde. Dios no puede habitar en un cuerpo de hombre, pero el conocimiento, gnosis, sí. Porque el conocimiento lo ilumina, lo equipa. Pero cuando muere, ese conocimiento debe salir. Y salió de Jesús, y entonces fue cuando Él gritó: ¿Por qué me abandonas? Lo que salió, se fue de Él. Ese pensamiento, golpeó tremendamente a la iglesia. Muy fuerte.
Entonces, para esos tantos hermanos que estaban bajo ataque de este pensamiento, les aparecieron evangelios de. Evangelio de Fulano, evangelio de Bernabé. Cientos de documentos. Todos ellos habían muerto, pero empezaron a aparecer documentos que se llaman pseudo-epigráficos, es decir, con la firma de alguien, pero ¿Quién podía asegurar si lo había hecho esa persona o no? Sí sabemos que lo que se enseñó, era contrario a lo que habían enseñado los apóstoles, así es que entonces sabemos que eran apócrifos. ¿Y qué hace la iglesia, entonces, para poder sobrevivir ante este ataque? Y no era Roma.
Escucha: ¡Roma nunca fue un problema! Grecia fue el problema. Estas herejías pusieron una amenaza tan fuerte a la iglesia, que Irineo, un padre apostólico, propuso el concepto de que las verdaderas iglesias deberían conectar sus líderes hasta los primeros apóstoles. Su lógica era muy buena; empezaron a aparecer congregaciones en todas partes. Noten ustedes que ellos no tenían un templo. Los cristianos se reunían en las casas. Entonces ¿Qué pasó?
Pasó que los cristianos gnósticos griegos, se reunían también en las casas. Y la gente que no sabía iba allí y recibía a Cristo, a la Gnosis. ¡Te vamos a iluminar!, les decían. Jesús dijo: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Pero se estaba refiriendo a Él mismo, que es el Camino, la Verdad y la Vida. Pero no el conocimiento por el conocimiento mismo. Intelectual, mental. Es el conocimiento espiritual de la verdad lo que te hace libre, no la verdad en sí misma. Pero esta gente en realidad no era ni siquiera salva, era todo una mezcla muy rara.
(124) – La Doctrina de La Sucesión
Entonces Irineo, un hombre de Dios, dice: Si se nos permite, sólo vamos a certificar las iglesias que tenemos certeza que fueron fundadas por apóstoles. Indirectamente, se prepara el camino a lo que sería la sucesión apostólica que utilizaría luego el Vaticano, para afirmar que Pedro fue el primer Papa y que hubo una línea de mando que nunca se rompió hasta hoy. El buscó que la sucesión inquebrantable de los obispos de las diócesis establecido por los primeros apóstoles, garantizara la autenticidad de una iglesia. De esta manera se podría diferenciar la iglesia verdadera, de la falsa guiada por herejías.
Veamos: una diócesis, es un territorio que ha sido asignado a una iglesia. Su lógica era buena. La pregunta básica: ¿Bajo qué autoridad? ¿Quién te puso acá? Escúchame: ¡Nunca hubo en ellos el deseo o la idea de crear una institución! Ellos sabían que eran un organismo, no una organización. Pero, como aparece el cáncer por dentro, tratan de ver qué células forman ese grupo, para ver si es original o no. Entonces, las iglesias eran consideradas apostólicas si lograban hacer una conexión de su liderazgo llegando hasta los primeros apóstoles.
Después de la muerte de los primeros apóstoles, la iglesia empezó a enseñar que los obispos, (Aquellos que habían sido ordenados y puestos por los apóstoles), reemplazaron a los apóstoles como los responsables gobernantes de la iglesia. Y ese es el inicio del fin. Pablo nunca anula a los apóstoles. Los apóstoles tenían íntimamente la carga de cumplir con la orden que el Señor les había dado. Sabían que debían llevar eso hasta lo último de la tierra. No podían quedarse a jugar al pastor allí. ¿Qué hacía Pablo? Llegaba a un lugar, se quedaba uno o dos años y luego seguía. Iba a otro lugar y, de vuelta, se quedaba uno o dos años y luego se iba. Eso era lo que ellos querían hacer.
¡Eso era lo que Dios les había encomendado! ¿Y qué hacían en el lugar que abandonaban? Dejaban encargados ancianos, maestros. Y pedían que se levantaran a varias personas para supervisar las iglesias que estaban allí, esto es: ¡Varias casas! Cada casa, cada grupo de reunión era autónomo con relación al otro. Eran muchos. Y los supervisores, obispos, eran los que se encargaban de planificar que todos estuvieran bien. Eso era todo. Y el modelo funcionó hasta que esa primera generación de apóstoles, muere. La doctrina de sucesión apostólica, fue adoptada por Clemente de Roma.
Él intervino de parte de los presbíteros de Corinto, quienes fueron expulsados de la iglesia. ¿Recuerdas a la iglesia de Corinto? Es lamentable hoy tener que decir que esa iglesia no llegó a cambiar nunca. Entonces, llega un momento en que ellos son expulsados del cuerpo de Cristo. ¿Y qué hace este hombre, Clemente de Roma? Él ordena que estos presbíteros que eran los encargados de la iglesia en Corinto, fueran reinstalados, insistiendo que una sucesión ordenada de obispos fue establecida por los apóstoles. Esto se puede encontrar en la carta escrita por la iglesia romana a los Corintios, escrita por Clemente.
¿Te das cuenta en lo que derivó todo el pecado que había en Corinto? Ellos nunca imaginaron que la tolerancia al pecado que estaban teniendo, pecados morales, iba a provocar una división tan tremenda en la iglesia, doscientos años después. ¡No tenían idea! Pero pasó. Y recuerda que Pablo los amenaza en la carta y les dice que si ellos no arreglan eso, el problema va a ser muy serio. Al final de la era apostólica, las iglesias se independizaron una de la otra, pastoreadas por obispos y ancianos. El líder principal pasó a ser llamado obispo. Las otras autoridades comenzaron a ser llamadas presbíteros.
Y gradualmente, la jurisdicción del obispo vino a incluir a los otros pueblos vecinos. Por ejemplo, el obispo Calixto, fue el primero en establecer su reclamo basándose en Mateo16:18: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Tertuliano de Cartago llamó a Calixto un usurpador, como si él fuera el obispo de obispos. Allí, fíjate, aparece el concepto de obispo de obispos, que a la larga va a ser Papa. Para fines del siglo cuarto, los obispos empezaron a ser llamados patriarcas, cada uno teniendo completo control de su propia provincia, esto es: diócesis.
Los cinco patriarcas que dominaron el territorio de la iglesia establecieron su cuartel general en Roma, Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría. Después de la división del Imperio Romano, entre el este y el oeste, la lucha por el liderazgo de la cristiandad fue entre Roma y Constantinopla. Y al final, termina venciendo Roma. En esta tercera etapa, todas las funciones son anuladas, y el obispo se enseñorea de toda la iglesia. Un apóstol, ¿Cumple las funciones de un obispo?
Sí; supervisa. Un obispo, ¿Puede cumplir las funciones de un apóstol? No. Son dos delegaciones diferentes. Es muy triste como se genera toda esta situación. El término obispo, no tiene ningún sentido de oficio, de posición, de autoridad, o grado de rango en la iglesia. Habla solamente de una función ministerial que cualquier miembro de los cinco ministerios puede hacer.
(125) – Cuestión de Generaciones
(1 Timoteo 3: 1) = Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. (Dice que si alguno aspira obispado. Si yo soy un buen maestro y aspiro a ser obispo, con las obras que estoy haciendo como maestro, tengo un reaseguro logrado.) (2) Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; (Escucha: ¡Muy pocos Papas hasta donde sabemos, guardaron esta palabra!)
(Tito 1: 7) = Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas,
El suplantar de la autoridad apostólica y el gobierno establecido por Jesús fue el factor primario, precipitando a la iglesia a un descenso gradual y una lucha de decepción y apostasía que traspasó en la edad oscura. La anulación de la autoridad apostólica a favor de la jerarquía política-eclesiástica llevó a la iglesia al debacle como un instrumento para implementación del propósito divino, reduciéndolo y convirtiéndolo en un agente demoníaco inspirado con propósito humano. Ningún otro elemento ha sido de mayor causa para el deterioro de la iglesia durante su apostasía corporal que la de suplantar la autoridad apostólica.
¿Y quién usurpa la autoridad apostólica? El obispo. Es evidente que fue un viaje sin retorno cuando Constantino el Grande adopta la religión cristiana, porque allí es donde entra el factor político. Entra el elemento político a la estructura de la iglesia. Porque ahí ya se había dejado de preocupar por saber qué opina Dios, sino que se tenía muy en cuenta qué opinión tenían los gobernantes. Ahí es donde empiezan las contrataciones, que fueron el inicio de la corrupción del corazón de Lucero.
Las contrataciones. Las negociaciones. De hecho, es más que notorio y evidente que el pueblo cristiano, esto es, las ovejas, no tuvieron culpa alguna. En realidad, ellos lo que hicieron fue sujetarse a lo que se estaba imponiendo. Cómo el liderazgo se torció y cómo dejó de seguir las instrucciones precisas que el Señor les había entregado. ¿Es que habrá que suponer que se equivocaron los discípulos? A mí me parece que ellos se comportaron con excelencia en su trabajo. Pero, hay un factor que van a ver que siempre es determinante: hubo una siguiente generación de discípulos que ellos levantaron, y ellos fueron tremendamente eficaces.
Hubo una tercera generación que fue la que generó el problema. Abraham, Isaac, Jacob. Es ahí donde aparece la suplantación. En la generación de Jacob. Sólo traten de imaginar lo que era la iglesia en ese tiempo, con tantas culturas metidas bajo el paraguas de Roma. Sólo trata de imaginar la cantidad de lenguajes o idiomas que ellos hablaban y la dificultad que esto significaba. No era nada fácil, no se tenía material escrito. Las cartas de Pablo eran la única herramienta, y no siempre llegaban a todas partes, y no siempre estaban al alcance de todas las iglesias.
El Espíritu Santo guio a aquellos que estaban atentos a ser guiados. Y fue fiel, como siempre. Pero, entra también el elemento carácter, esa búsqueda de posición de poder y esa tendencia innata en el hombre, a vivir sin que nadie lo controle. Hacer lo que le da la gana, sin tener que darle explicaciones a nadie. No tiene otra lógica la búsqueda del poder, sino es a través del control y la manipulación. Y, por el otro lado, la rebeldía innata.
Entiendo que hay un modelo, que tiene todas las características para ser exitoso y eficiente. Todo lo que no sea compatible con ese modelo, va a seguir haciendo lo que se ha hecho hasta ahora, con altas probabilidades de fallar, y desde allí nos surge un interrogante: ¿Cómo volvemos? Es muy difícil hacer una lista como quien sigue una receta de cocina. Pero, el corazón de todo este declinamiento apostólico, toda esa pérdida de visión, de identidad, de poder, básicamente se genera en un único factor, que es el de separarte de la dependencia del Espíritu Santo.
Ese es el mal mayor, todo nació de eso. El hombre, aún caído, es tan tremendamente equipado por Dios que es eso, tu incapacidad, la que en muchos momentos se convierte en tu peor enemigo. ¿Quién es alguien que depende? Alguien que se da cuenta que no puede. Alguien que vive con la idea de que no sabe cómo hacerlo. Pero, cuando vas ganando confianza y comienzas a hacerlo, paulatinamente tu confianza te va separando de tu dependencia. El inicio del retorno, inevitablemente será volver a depender del Espíritu Santo. De otro modo ocurriría lo mismo que con la tan promocionada reforma; cambiar un par de instrumentos de alabanza no es reforma. Reforma es depender del Espíritu Santo, no de nuestra sabiduría humana o nuestras teologías técnicas.
(126) – Sanas Dependencias
En esencia, lo que Dios anhela de nosotros, es que dependamos de Él. Que podamos decir como Jesús decía: lo que veo hacer al Padre, eso hago. Lo que sucede es que no es algo fácil de lograr, porque de alguna manera va en contra de la naturaleza del hombre. Imaginemos que tu esposa te pregunta si vas a ir a comprar esos elementos que se necesitan o no, y tú le respondes que no sabes. ¿Cómo que no sabes? ¿Me estás tomando el pelo? No, mi amor, estoy esperando que el Padre me habilite para hacerlo. Tu esposa te ama y te respeta, pero: ¿Te entenderá?
A la mayoría de las personas les encanta un evangelio sobre rieles, calculado y estimado en todos sus movimientos. Pero, claro, ese no es el evangelio conforme a los dictados del Espíritu, porque ya sabemos que con ese dictado, no sabes para dónde vas, cuando vas y ni siquiera sabes si vas o no vas, porque todo te lo revelará el Señor en el momento adecuado que Él disponga. La forma de construir en el genuino evangelio es hablando, declarándolo por fe. Y así es como todo se mueve. Déjame decirte que, particular y personalmente, yo no soy capaz de ver ninguna esperanza en la iglesia como tal, si esta no está dispuesta a permanecer en estricta dependencia al Espíritu Santo.
Fíjate que cuando los discípulos comenzaron a darle de comer a la gente, no sabían que esa tarea les iba a insumir tanto tiempo y esfuerzo. Sólo cuando se dieron cuenta que ese esfuerzo y ese tiempo era quitado a lo que verdaderamente ellos habían venido a hacer, fue cuando decidieron habilitar a otros para servir las mesas y dedicarse ellos a lo que era medular y de fondo. No existe tal cosa como planes a largo plazo en la iglesia. ¿Quién podría saber qué cosa dirá el Espíritu Santo, no ya mañana ni pasado, sino hoy mismo? ¡Ahora! Y no se trata de habilitar u ordenar más apóstoles.
Podemos llenar la ciudad de apóstoles y la misión seguirá sin cumplirse. Porque todos sabemos que nuestros ambientes están llenos de apóstoles, (Léase enviados), que ni siquiera dependen del Espíritu Santo, sino de sus propias ideas o de lo que les ordena la central de la denominación. Lo que sucede es que el Espíritu Santo está soplando una sola cosa, no hay forma ni manera de que haya dos o tres versiones de lo mismo. Si a alguien Dios lo envió a sembrar una palabra de esperanza a un lugar, no puede haber llamado a otro para que vaya a ese mismo lugar con una idea totalmente opuesta.
¿Usted me está queriendo decir que todos deberíamos oír una misma voz? Estoy absolutamente convencido que sí. Reitero: el Espíritu Santo es uno. ¡Pero puede enviar a muchos a un mismo lugar con misiones diferentes! Sí, pero en unidad con un solo objetivo, no unos en oposición con los otros. ¡Eso no es Dios! Yo creo que el Espíritu Santo es el que conduce esta nave en la que todos estamos navegando. Y también creo que es el que ha sido enviado a guiarnos a toda verdad. Y la verdad es una sola, no pueden existir diez verdades distintas y opuestas entre sí.
Ninguna casa dividida prevalece. Toda la formación teológica y doctrinal que tenemos en acceso, ayuda y mucho. Pero de ninguna manera alguien podrá suponer que eso reemplaza al Espíritu Santo. Por eso, lo primero que deberíamos hacer para retornar al diseño correcto y salirnos fuera del sistema, es ver si estamos escuchando al Espíritu Santo. Ahora vamos a lo crucial. Si yo pregunto de manera masiva a todos los que me están leyendo o escuchando, si se guían por lo que oyen del Espíritu Santo, seguramente de manera casi mayoritaria me dirán que sí, que seguramente, que sin dudas.
Entonces déjame que te formule la pregunta clave: ¿Qué mecanismos pones en marcha para escuchar la voz del Espíritu Santo? ¿Cómo te aseguras que es el Espíritu Santo quien te está hablando? Te lo digo de otro modo: ¿Qué herramientas tienes para escuchar las voces del Espíritu? El principio básico, aquí, es: ¿Puede hablarles Dios, por ejemplo, a cualquiera de las cincuenta personas que están en un pequeño templo un domingo por la tarde? ¡Por supuesto que sí! Entonces debo preguntar: ¿Tú crees que esas cincuenta personas están todas aptas y preparadas para escuchar la voz del Espíritu Santo?
Eso ya no es tan sencillo, muy probablemente no, no lo estén. ¿Cómo sabrán que es el Espíritu Santo el que les habla y no sus propios pensamientos, su carne? ¿Cuál es el problema con la percepción del rechazo? ¿Cuál es el problema con el temor y la inseguridad? Que distorsionan nuestras voces internas. ¿Cómo puedes esperar que esas cincuenta personas escuchen lo que el Espíritu Santo tiene para decir, si hay una cantidad no menor que no van a escuchar nada porque su corazón no está limpio? Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán. Ese “verán”, proféticamente, también es escuchar.
Es notorio que cuando el Espíritu hable a ese grupo, habrá personas que oirán su voz. Porque cuando alguien está al frente de un grupo o es punto de referencia espiritual para otros, es simplemente porque está en condiciones de escuchar la voz de Dios de un modo que los otros no tienen. Claro está que es esto lo que de alguna manera ha justificado la presencia de un líder en un grupo. Si tamaña cantidad de gente a la cual Dios le habla, a todos por igual, no es capaz de escucharlo para de ese modo recibir alguna instrucción o saber qué hacer, ahí tendrá que aparecer alguno que sí lo escucha y luego, será el encargado de comunicárselo a los demás. ¿Eso es un ministro? Sí, básicamente eso es un ministro: alguien que oye lo que Dios dice y viene y se lo transmite a sus congregados. ¿Y si se le antoja de mandar que se haga algo que Dios no dijo? Seguramente será fiel y ciegamente obedecido, pero el problema lo tendrá en cualquier momento con el Señor.
(127) – Necesitas Escuchar Su Voz
¿Te imaginas si tuvieras un grupo de, digamos, cien personas, que todos recibieran directivas precisas del Espíritu Santo, todos a una y todos por igual? ¿Tú crees que algunas de esas cien personas irían en búsqueda de una que le ponga una mano en la cabeza y ore por sus problemas sentimentales? Aprende esto: a nadie que está en la carne, le agrada ignorar lo que va a pasar dentro de un rato. En la carne es imposible confiar en un Dios que es Espíritu.
Cuál es el objetivo prioritario a nivel ministerial, entonces: ¿Qué yo debo conseguir, como quiera que sea, que todos los que entran a mi Web o escuchan mis audios o me conocen personalmente, accedan a alguna forma específica y puntual que les permita escuchar la voz del Espíritu? Y fíjate que ahí es donde entra, de alguna manera con cierto permiso divino, la Sanidad Interior. Porque vendría a convertirse en un recurso de Dios para con esa gente que, por causa de uno y cien problemas emocionales y almáticos, es incapaz de oír su voz. ¡Cuán importante es para ti, escuchar lo que Dios quiere!
Y si todavía eso no es una realidad en tu vida, sí puede serlo, por ejemplo, el examinar cuidadosamente y ver qué personas de las que andan cerca de ti, tienen mejores perspectivas de escuchar la voz del Espíritu. Y, como natural consecuencia de ese examen, rodearte de esas personas y no de las negativas, tóxicas y contraproducentes. Vivo en Argentina y, paulatinamente, desde lo político, desde lo social y hasta de lo deportivo, mi país, (Y no es el único), camina en dirección a un grado de violencia preocupante. Y en una instancia así, es necesario que la iglesia como tal, agudice su oído para oír lo que el Espíritu Santo quiere decir.
La iglesia necesita mensajeros, no mártires innecesarios. Porque cualquiera de nosotros, que sea enviado para realizar un trabajo específico, en un lugar determinado y en un tiempo concreto, tendrá conocimiento previo, seguramente, de las condiciones generales con las que se va a encontrar en ese lugar, en ese tiempo y para esa tarea. Y es obligación del enviado tomar todas las precauciones y recaudos con la finalidad de prevenir cualquier contingencia desfavorable que pueda aparecer. Eso, lo que nos corresponde a nosotros en lo humano.
Pero, no obstante, será indispensable e insustituible que nos mantengamos en sintonía permanente con la revelación divina, porque solamente Dios sabe con certeza lo que nos esperará en esa tarea, en ese lugar y en ese tiempo, y sólo con revelación precisa podremos cumplir con la misión de manera eficiente. Ahora bien: si yo he sido el enviado a ese lugar, en ese tiempo y para ese trabajo, pero mi oído espiritual no se encuentra lo suficientemente atento o aceitado como para oír clara y limpiamente la voz del Espíritu, ¿Qué haré? Simple: ¡Me rodearé de personas con sus oídos más afinados que los míos!
Y ellos serán, en franca conjunción y con unidad casi perfecta de criterio, los que me ayuden a llevar adelante mi trabajo desde sitiales anexos y colaboracionistas. ¡Ahí y así es donde nacen los ministerios! ¿Se entiende? Y, entonces, ¿Qué necesitaría hoy un pastor para poner en marcha un proceso que permita que su iglesia abandone su concepto pastoral para retornar al apostólico y profético? Si ese pastor es el que lo hace todo, desde abrir el templo, ordenar los bancos, acomodar los instrumentos de la alabanza, recibir la ofrenda, contarla, predicar, ministrar, aconsejar, lo que tiene que hacer es dejar de lado por un momento todo ese cúmulo casi obsceno de obligaciones y empezar a prestar debida atención para ver quiénes de los que lo rodean, parecen tener sus oídos espirituales más afinados para escuchar la voz del Espíritu.
No sería extraño que, si logra hacerlo, en muy corto lapso esa iglesia produzca un cambio radical por el simple hecho de abandonar sus proyectos y planificaciones humanas y pasar a moverse conforme a los dictados del Espíritu Santo, que son recibidos por los eficaces oídos de esos nuevos ayudantes ministeriales. Pero, en vista de todo esto, ¿Es válido que ese pastor siga al comando de esa congregación? La Biblia no lo avala, pero las tradiciones, costumbres y hasta leyes internas denominacionales, sí. Y la idea es darle eficiencia a la iglesia del Señor, aunque para conseguirla debamos sostener por algún tiempo situaciones que no son correctas.
Porque no sólo es demasiada responsabilidad que una sola persona tenga la obligación de decidirlo todo en una iglesia, sino que, en corto o mediano plazo, eso se transforma en un serio obstáculo que frenará cualquier avance de un evangelio de poder. La pregunta que surge, conforme a las costumbres, es: ¿Por qué la gente acude a su pastor en búsqueda de un consejo para una instancia clave en su vida? Podría darte cualquier respuesta de circunstancias, pero tengo sólo una muy cercana: ¡Porque cree que ese pastor oye la voz de Dios que él (O ella) no están oyendo! ¿Y qué pasa si ese pastor no está oyendo tampoco la voz de Dios? Habrá una gran decepción y hasta una probable huida.
Lo que distinguió la tarea que aquellos apóstoles hicieron con la incipiente iglesia y que hoy parece haber quedado en el olvido y nadie está repitiendo, fue que ellos fueron perfectamente guiados por la voz del Espíritu Santo. Si estamos escuchando al Señor, siempre cabe la posibilidad de un error a partir de la falencia de la naturaleza humana, pero por lo menos estaremos de pie en una plataforma de fe que impedirá que el temor al error o al fracaso nos anule. Entiendo que escuchar a Dios, es tanto una habilidad que viene como consecuencia de ser seres espirituales, llevándonos de la premisa que cualquier ser espiritual puede escuchar a otro ser espiritual, como un riesgo a correr a partir de lo que el pecado pudiera, en alguien, estar desvirtuando esa habilidad.
(128) – Edificando La Iglesia Apostólica
Por otro lado, tiene que haber una nueva cultura frente a todo lo que haces. Es válido para todos los creyentes. Si alguien dice que desea casarse, hacer un viaje o tomar un nuevo trabajo, cualquier hermano que se encuentre cerca deberá hacer la pregunta clave y básica: ¿Qué te ha dicho el Señor al respecto? De todos modos, él o ella harán lo que hayan decidido. Algo he aprendido en estos años de militancia espiritual: cuando el hombre ha tomado una decisión en lo más profundo de su corazón, ni Dios le hará cambiar de idea. Va a hacer lo que quiera. Puedes ir con toda tu autoridad apostólica y profética que el infierno va a detenerse, pero ese hombre o esa mujer, no.
Si tú no sabes los dones que tienes, muy difícilmente vas a poder pedir lo que te falta. Dicen los que han estudiado esto a fondo, que hay veintitrés dones ministeriales, ¿Cuál es supone que es el que te falta? Sólo puedes pedirle a Dios lo que necesitas, una vez que sabes lo que ya tienes. ¿Y a qué te ayudan esos veintitrés dones? Además de perfeccionar a los santos, como dice la palabra, me ayudan a escuchar la voz del Espíritu Santo. Ahora; si tú no estás usando los dones, muy probablemente tampoco estás escuchando claramente. Si sueltas los dones, pero no hay quien administre los dones correctamente y en orden, vas a generar un caos.
Se puede considerar una iglesia apostólica, cuando allí operan aquellas ocho funciones de las cuales hablamos. Y si falta una o dos, también. Porque, veamos: ¿Qué es lo que hace a una iglesia apostólica? Que tenga gente que escucha a Dios y, en razón de eso, pueda ejercer la autoridad de Jesucristo en un territorio. Porque, ¿Qué pasa si alguien escucha y no ejerce autoridad? Simple, no es parte de una iglesia apostólica. ¿Y por qué lo apostólico siempre está relacionado con un terreno? Porque los apóstoles lo están. Una de las grandes obligaciones de los apóstoles, es tomar absoluta autoridad territorial donde están ubicados.
¿Y qué se supone que ocurrirá si no están presentes esas funciones necesarias? Habrá que activarlas. ¿Y cómo las activo? Como Dios activó Su Creación: hablando. Es tu palabra la que mueve el mundo espiritual, nunca lo olvides. De pronto te das cuenta que en tu grupo nadie tiene inclinación por ayudar. Nadie ayuda a la gente necesitada. ¿Qué podré hacer? Lo primero, cambiar el mensaje. Empezar a predicar sobre la importancia en Dios de ayudar al que lo necesita. Explicando el significado de Justicia, en hebreo, se adelanta mucho. Porque Justicia en hebreo está asociado con dar al que no tiene.
Luego, al finalizar cada una de estas predicaciones, suelta simplemente un llamado dirigido a la gente a la que Dios ha puesto en su corazón allí y ahora, el deseo firme de ayudar. Y no te engañes. Si alguien tiene la idea de ir mañana a un poblado muy pobre a llevar comida y otras cosas que son de necesidad allí, el grupo completo se va anotar y asistirá de buen grado. Pero si a eso se lo debe hacer semana tras semana y a cualquier hora del día, entonces sí que ya se necesita contar con gente que tenga un llamado puntual para hacer eso. El error más grave que se ha cometido en las congregaciones, es darle algo a alguien en quien todavía el Espíritu Santo no se lo puso primero. Y eso se produce hablando. Cuando yo hablo, comienzo a crear.
Adán fue un co-creador con Dios. Porque Dios lo estaba haciendo solo, hasta que Adán empezó a ponerles nombres a todos los animales. Cuando se plantó frente a ese bicho feo, alto y de cogote inmenso, y declaró en voz alta: ¡Tú eres Jirafa!”, Adán habló. Y por consecuencia, creó un nombre que todavía hoy está vigente y activo. Dios los creó, Adán los identificó.
Y a la hora de ponerse en marcha, asume una función, jamás busques un título. Porque los títulos, a corto o mediano plazo, suelen torcer al corazón.
(129) – Las Diferencias Escritas 15
Juan 14:6: Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
Pero, ¿Sabes qué? Los religiosos dicen que no puedes basarte sólo en lo que dice Jesús. Que de alguna manera tienes que equilibrar a Jesús con las demás escrituras en la Biblia. ¿Es que verdaderamente ellos creen de verdad que así tiene que ser? ¿Suponen que todo un evangelio de poder está afirmado solamente en lo que dicen cuatro líneas de un libro que apenas ha sido escrito como manual de ruta, pero de ninguna manera como máxima autoridad de la iglesia?
Jesús dice en Marcos 9:43: Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado.
Sin embargo y pese a todo lo que se ha visto, leído y enseñado, la religión te dirá que no hay que tomar a Jesús literalmente. Y añaden algo más que social y culturalmente podrá sonar muy bonito, pero que espiritualmente es un verdadero sacrilegio herético. Te dicen que sólo un fanático lo tomaría en serio.
(130) – Delineando Rasgos Ministeriales
Es notorio que cuando comenzó el declive de la iglesia en cuanto al poderío de sus áreas, que las tinieblas no llevaron adelante un ataque global o masivo en contra de la iglesia conjunta, sino que fueron minando de a uno y paulatinamente a ministerio por ministerio. Aprende esto: el ataque del diablo, siempre es por suplantación. No es por eliminación. O sea: si tú te dieras cuenta de que algo ya no está contigo, lo buscarías. Alguien dio un ejemplo muy gráfico. Dijo que si tú un día pierdes tu billetera y sospechas que el diablo te la robó, de inmediato saldrás a buscarla y doble contra sencillo que la encontrarás y se la arrebatarás al diablo.
Y serás más que vencedor. Pero, ¿Qué pasa si en lugar de robarte la billetera completa, el diablo te roba solamente uno de los billetes que tenías en ella? Pasa que no pasa nada sencillamente porque tú todavía piensas que en tu billetera tienes lo que tenías. Claro, pero eso es porque tú no has verificado el contenido de tu billetera, porque si lo hicieras, descubrirías que te falta un jugoso y respetable billete. La diferencia, entonces, radica en que todavía no te diste cuenta, que estás convencido que tienes lo que en realidad ya no tienes. Eso es, a grandes rasgos y con un ejemplo un tanto rústico, una suplantación.
El diablo roba, mantiene la forma como tal. Pero, saca algo y luego introduce una imitación sin valor, que va a posibilitar que la persona siga pensando que tiene lo que tenía y que en verdad ya no tiene. Entonces, si alguien hubiera dicho en el siglo segundo, que ya no iban a haber más apóstoles, yo creo que ahí mismo se levantaba en armas espirituales potentes la iglesia entera. Pero, resulta ser que no hubo eso, sino que sencillamente lo que hubo, fue una suplantación. Apareció una función, la función empezó a crecer y, automáticamente, declinó la otra.
Y, al pasar el tiempo, resulta que habíamos perdido el diseño de los apóstoles. Remedando aquella antigua y humorística película titulada “¿Y dónde está el Piloto?”, nosotros ahora estaríamos poniendo en cartelera su imitación eclesiástica: “¿Y dónde están los Apóstoles?” Entonces, la recuperación y el trabajo del ministerio quíntuple, todavía tiene que obedecer ese diseño en el que todos nosotros vamos interactuando como equipo. La palabra clave, aquí, es Equipo en este tema. Hay algo que, pese a ser dicho, enseñado, predicado y hasta publicitados centenares de veces, todavía no parece haber sido asumido por la mayoría de las congregaciones y/o denominaciones: ningún ministerio tiene capacidad para realizar solo la tarea.
Es de los cinco más ayudas emergentes, o no es. Por esa razón, cuando alguien te pregunta cuántos o cuáles ministerios necesita en su iglesia, tu respuesta tendrá que ser: Todos. ¿Todos? Sí, todos, aunque el primero inevitablemente tendrá que ser el Profeta. ¿Por qué? Porque el ministerio profético es el único capaz de romper con la oposición a todo lo nuevo. Para que una comunidad se afirme en determinado lugar, ellos tienen que establecer algunos patrones de convivencia, de permanencia. Bien; el que rompe con todo eso, es el ministerio profético. Siempre, él viene primero.
(131) – Dos Historias; Un Comienzo
En 1370, en una pequeña comunidad de lo que hoy es la República Checa, nacía un hombre llamado John Huss. Este hombre venía de una familia muy pobre, de hecho, su padre muere cuando él era niño. De tal forma que es educado a duras penas por su madre, entra casi por compasión a una universidad, en Praga y termina graduándose de teólogo, de filósofo, de educador. Este hombre va a morir cuando cumplía exactamente cuarenta y cinco años, en 1415, y él es el primer ejemplo efectivo de levantar una voz en contra de los abusos de la Iglesia Católica. En ese momento, la Iglesia Católica estaba sufriendo lo que era el gran sisma de occidente y se había dividido en dos.
Había dos Papas, y entre ellos se estaban peleando mal y feo. Había un problema muy grande, y cada uno sacaba el dinero que podía con las indulgencias. Y este hombre se levanta y dice: ¡El Papa es el anticristo! Y lo dice públicamente siendo él, un sacerdote católico. Poco tiempo después, el rey Segismundo, de Hungría, lo manda a la hoguera, y él es ejecutado en la hoguera, el 6 de Julio de 1415. Y allí, antes de ser quemado, dice: “¡Vas a asar un ganso!” Porque su apellido, Huss, estaba asociado a gansos. Y luego, este hombre condenado a morir, añade: “¡Pero dentro de un siglo, te encontrarás con un cisne que no podrás asar!” Y, justamente cien años después, se levanta Martín Lutero, en cuyo escudo de armas, estaba un cisne.
Veamos: ¿Qué ministerio te parece que desarrolló John Huss? Profeta. Cien años antes, él da una palabra. Cuando se levanta Martín Lutero, ¿Qué ministerio desarrolla él? Apóstol. Y no se olviden que los dos eran sacerdotes. Ambos celebraban la misa. Los dos profesaban una teología católica. Es más; ellos nunca abandonaron el catolicismo, pero desarrollaron una función mucho más importante que el título. Esto te deja claramente en evidencia algo que no les agrada a muchos de los nuestros: a la hora de los hechos concretos y contundentes conforme al diseño de Dios, Él no va a tener demasiado en cuenta las doctrinas. Dios siempre va a mirar tu corazón, no tu formación teológica.
Pueden darse cuenta que esa dinámica, que primero va el profeta y luego va el apóstol, Dios la ha usado en infinidad de veces. Samuel, David; Juan, Jesús. Vez tras vez. Ananías, Pablo. Vez tras vez, ustedes van a darse cuenta que Dios hace interactuar ambos ministerios, para que de esa forma se consolide un territorio. La victoria siempre va a venir, a través de los ministerios del Cuerpo de Cristo. Siempre va a haber una acción coordinada del Cuerpo de Cristo, para poder hacerlo. Y si nosotros, hoy, queremos recuperar el diseño de Dios, indefectiblemente deberemos comenzar por el profeta. ¿O es que todavía saldrá alguien simulando santa indignación a asegurar que a todo eso lo podrá ejecutar un grupo de pastores ungidos?
¿Y por qué será que Dios comienza con los profetas? Técnicamente, ¿Cuál es la razón? La razón es simple: los profetas son las personas que están permanentemente buscando de manera atenta, lo que Dios está hablando. Por eso es que Dios necesita del profeta, para que haya alguien que abra una brecha. Tenemos una iglesia pastoral. Todos están sumergidos en una atmósfera pastoral. Nada que discutir, eso es lo que mal o bien nos trajo hasta aquí, pero convengamos en que tal cual como está, no tenemos ninguna perspectiva de que mañana aparezca un conjunto en forma de equipo que podamos denominar como ministerio quíntuple.
Y todo comienza con un grupo de personas, grande, mediano, reducido, quien sabe, que de buenas a primeras y sin mediar planificaciones, se pone a orar. A orar y a orar. Cuando alguien se acerca y les pregunta por qué oran, no saben responderle. ¡Esperamos más de Dios! ¡Sabemos que hay más! – ¡Ah!, decimos, ¿Hay más? ¿Y qué es ese “más” al que te refieres? – No lo sé, sólo sé que hay más y debemos pedirlo. Un día, esa palabra le hace un clic en el corazón a alguien que andaba por allí y que, en apariencia, estaba muy lejos de todo lo que se estaba haciendo. Alguien que no es un profeta, nadie lo llamó profeta, es una persona. Una persona en la que aquellas oraciones han encontrado tierra fértil.
Entonces, esa persona recibe una palabra que le muestra que cierto grupo está en el lugar equivocado y que por esa razón es que no crece. Ahora; resulta ser que ese grupo está allí desde hace más de veinte años, mientras que esta persona llegó hace no más de dos o tres. Es decir que no tiene ni la menor idea de lo que está hablando. Un día se entrevista con el líder de ese grupo y le pregunta por qué motivo instaló a ese grupo en ese lugar. Las evasivas que recibe como respuesta, dan a entender algo muy claro: ese líder no sabe por qué razón están en ese lugar. ¿Cómo le dirá lo que Dios le ha mostrado? El líder está radiante por todo lo que se ha hecho allí, y aunque ahora esté muy pobre, ese es su lugar. No es el único que ignora que la fe puede obrar milagros aunque Dios no esté involucrado en ellos.
(132) – ¿Hay Un Ministerio Predominante?
La gente suele confundir resultados con bendición divina. También suele confundir bendición con aprobación. Ya lo he enseñado a eso: una cosa es que Dios te bendiga y otra es que Dios te apruebe. Una cosa es que Dios te use y otra es que Dios te apruebe. Y eso tiene que ver con lugares geográficos, también. Tú solamente vas a rendir fruto al ciento por uno en lo que sea tu ministerio, si estás en el lugar designado por Dios para que funciones y operes. De otro modo, será puro esfuerzo humano. Bien intencionado, fiel, leal, sincero y noble, pero no ungido, porque habrá sido sin orden superior.
Porque no es tampoco tan simple como parece. Tú puedes utilizar toda la artillería espiritual que dispones mediante la labor del ministerio quíntuple, pero lamentablemente no sucederá nada por un simple y feo motivo: estás en desobediencia, Dios nunca te envió a ese lugar. Es más: probablemente en más de un caso, Dios ni siquiera te envió. No importa las ganas que tú tengas de ser algo. El Reino de Dios se mueve por fe, por diseños y por disposiciones superiores, no por ganas. Porque no sé si recuerdas lo que anteriormente ya te dije: cuando el Señor comisiona a alguien para hacer un cierto y determinado trabajo, conjuntamente con el qué y el cuándo, aparece el dónde.
Ahora pregunto: ¿Es que hay lugares geográficos que son más fértiles para el evangelio que otros? Sí que los hay. ¿Motivos? Pueden ser varios, pero uno de ellos es que Dios esté trabajando en cierto lugar y lo tenga bajo juicio, por ejemplo. Dios juzgó algo y, hasta que no se limpie y purifique, no se moverá nada. Pero hay otros lugares en donde Dios ya preparó la tierra para que esa tierra diga: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! De todos modos, en cuanto lugar encuentres, siempre habrá un ministerio predominante, que podrá coincidir o no con tus propios intereses o gustos.
Veamos: cuando tú te convertiste al Señor y apareciste en una congregación cristiana determinada, ¿Recuerdas cuál fue la primera actividad que sentiste interés en involucrarte y participar? Oye, no me respondas alabanza y adoración, porque eso no es un ministerio, ¿Entiendes? Fíjate el texto de Corintios que leímos: ¿Son todos apóstoles? ¡No! ¿Son todos profetas? ¡No! Mira; los ministerios tienen una característica que los distingue de una función. Los ministerios son exclusivos de un grupo de gente. Entonces, pregunto: ¿La alabanza es un ámbito exclusivo de algunos, o pertenece a todo el cuerpo? Listo. No es un ministerio, ¿Está claro?
Volvamos atrás, entonces. Esa actividad que fue la primera que te gustó desarrollar en la que fuera tu primera congregación, muy probablemente es la que termine siendo tu ministerio vertical. Lo que estamos llamando como ministerio dominante o predominante. Ahora bien; como todo en la vida, ese ministerio necesita crecer por la práctica, necesita crecer por la impartición, alguien lo activa y necesita crecer por la revelación. Son las tres cosas que desarrollan a cualquier ministerio: la práctica, la impartición y la revelación.
Veámoslo desde este ángulo: cuando Dios llama a una persona, no lo llama para ser salvo; la llama para que cumpla una función. Para que pueda cumplir su función y pueda ser obediente al Señor, esa persona necesariamente deberá pasar por la salvación. Con esto, lo que quiero enseñarte es que nadie en absoluto puede decir que su ministerio fue ser salvo; eso sería casi absurdo. Ahora bien; esa función, a veces es muy sencilla. Dios llama a Pedro, y le dice: ¡Te haré pescador de hombres! Cuando está terminando su ministerio, Jesús, le dice a Pedro: ¿Me amas? ¡Sí! Pastorea mis ovejas. ¿Su primera tarea, cuál fue? Ser pescador de hombres. ¿Y cuál es el ministerio pescador de hombres? ¡Evangelista!
Ahora, cuando el Señor se está yendo, le dice que pastoree a sus ovejas. ¿Le está volviendo a decir que sea evangelista o lo está mandando a pastorear? En el lapso en el que Pedro está con Jesús, (algunos dicen tres años, otros dos años, otros dicen que más), el ministerio de Pedro migra de evangelista a pastor. En ese lapso. Entonces, pregunto: ¿Cómo pastor, puede evangelizar? Sí. ¿Cómo evangelista, podía pastorear? No. Cuando él empieza como evangelista, ¿Qué pastoreo podía hacer? El primer ministerio, la primera función, generalmente es la que abre los espacios para las otras. De hecho, es imposible que alguien migre hacia otro ministerio, sin que antes no haya desarrollado el primero. De hecho, este es en su inicio un ministerio de enseñanza, aunque hoy ya desandamos rutas apostólicas. De todos modos, si es una migración, es progresiva, seguimos enseñando y plantando diseños.
(133) – Hacia Estamentos Diferentes
Ahora; Pedro, ¿Desarrolló su ministerio evangelístico? Sí, sin dudas. Punto importante: migrar, no significa que ya no es evangelista. Significa que, estando en la plataforma evangelística, ahora está yendo hacia otra plataforma, que incluye la anterior, añadiéndole una nueva. Porque todo, en Dios, es acumulativo, no sustitutivo. No es que te voy a dar esto si me devuelves esto, porque al que más tiene, más se le dará. Exacto, es acumulativo. Pedro sigue siendo evangelista y se nota, porque después cuando él predica, habla como evangelista.
Pero no solamente les dice que vengan corriendo a Cristo, sino que también predica como profeta. ¡Ustedes mataron al autor de la vida!, les espeta en la cara a los fariseos. Ahora bien, pregunto: ¿En qué momento lo estás viendo migrar hacia una plataforma profética? Cuando el Espíritu Santo descendió. Cuando él empezó a hablar en lenguas. En el lapso de no más de unos pocos meses, Pedro empieza como evangelista, termina en una primera etapa como pastor de ovejas, actúa como profeta y va a terminar su trabajo como apóstol. El ministerio que menos desarrolló Pedro, ¿Cuál era? El de maestro.
Por eso es que tenemos tan pocas cartas de él. ¡Un momento! ¿Todo esto me estaría diciendo que cada uno define qué ministerio quiere? No. Cada uno va a ir asimilando el ministerio de acuerdo con la tarea que Dios le da. Yo no puedo elegir ser profeta, pero sí puedo elegir escuchar Su voz. No puedo elegir ser pastor, pero puedo pedir carga por sanar enfermos. No puedo elegir ser maestro, pero puedo pedir sabiduría, entendimiento y conocimiento. Porque sabiduría, entendimiento y conocimiento, entre otras cosas, es tener una respuesta para todo y para todos.
Y, que yo sepa, no hay un solo creyente que esté en ese nivel si es que no recibe revelación específica y puntual. Y el que no me crea esto, tomaré algo dicho por un hombre de Dios al que respeto, como modelo de lo que para él fue el inicio de su ministerio magisterial con niños. Niños que le hacían preguntas como esta: ¿Por qué si la oración es tan poderosa, el diablo no se convierte? ¿Tienen sangre los ángeles? Todo parecería apuntar a que no, a que son seres espirituales creados. Entonces, la simple lógica infantil determinará que, si la sangre es el sinónimo de la vida, los ángeles no tienen vida.
¿Por qué en el juicio total que Dios ejecutó contra toda su Creación en el diluvio, los peces se salvaron? Sabiduría. Además, este tipo de actitudes, que todos los que han trabajado con niños en la iglesia saben que es así y pueden dar fe de ello, conllevan otro punto a tener en cuenta. Los espíritus puros, tienen un nivel de entendimiento que les permite efectuar preguntas con mayor relieve y profundidad que las que pueden realizar los espíritus impuros. Dicho de otro modo: los niños, por su poco nivel de contaminación, eran capaces de formular preguntas en un nivel de sabiduría espiritual que no tenía la gente adulta.
Por eso es que, las funciones que ejercemos, pueden ser desarrolladas de dos maneras: conforme a lo que ya sabemos, o desafiándonos permanentemente a indagar más, más y más. Si tú sigues haciendo las cosas tal cual las aprendiste hace diez años y no deseas modificar nada, es muy difícil que Dios decida darte algo nuevo. ¿Para qué lo haría? En general, como iglesia somos como un vehículo que tiene un baúl de equipaje muy reducido, muy pequeño. No podemos cargar mucho. Y, en el proceso de cargar cosas, debemos implementar la actitud lógica necesaria, que es empezar a desechar lo que no nos sirve. De allí que resultaría poco menos que insólito ponerse a buscar un don que luego no vayas a utilizar. ¿Para qué lo harías? Y todos los dones que recibas, deberás exigirlos al máximo sin otro propósito que cumplir el plan que Dios tenía cuando te los dio.
(134) – Factor Valioso; La Credibilidad
Cuando hablamos del ministerio quíntuple y hablamos del apostolado, siempre, por la manera en que se presentó el ministerio, necesariamente solemos asociarlo con cobertura. Y cuando pronunciamos esta palabra que no es ni siquiera bíblicamente correcta y que yo relevaría de inmediato por otra palabra más contundente y genuina, como es Autoridad, surgen muchas posturas, tesis, teorías y tradiciones. Lo cierto es que si vamos a trabajar en un nuevo despertar de la iglesia, tendremos que hacerlo desde la pureza de lo incontaminado con los intereses humanos que no siempre son tan santos como debería ser algo que procura meterse dentro de un grupo de santos.
Lo que sucede es que se ha estado enseñando lo relativo a la supuesta cobertura, como quien lo hace con un área de administración de empresas. Además, y esto queda más que en evidencia, con una visión muy humana, muy mediocre, muy pobre, hasta muy barata podría decirse. Yo ya he enseñado respecto a esto sobradamente, así que no voy a reiterarlo de manera innecesaria, pero sí quiero compartir lo que estimo como un principio básico e importante. Nadie le puso un nombre específico porque quizás no lo tiene, pero alguien lo nominó como el principio de la credibilidad y a mí me pareció excelente esa definición.
Hay un texto bíblico que nos muestra que en una ocasión Jesús decidió no entrar a una población, y como argumento dijo que no pudo hacer muchos milagros allí por la simple razón de que la gente no creía mucho en él. El Reino espiritual se basa en la credibilidad. Tengo un ejemplo simple y concreto: cada uno de ustedes está allí, leyendo o escuchando esto, porque creen que lo que les digo y les enseño es la verdad. O, en todo caso, pueden ser conscientes que puedo cometer errores y equivocarme no una, sino varias veces, pero esa credibilidad creo que radica en el hecho de tener la certeza de que mis intenciones son claras, puras y despojadas de intereses oscuros o personales.
Eso se llama credibilidad. Y por eso digo casi con valor doctrinal, que la credibilidad es un factor determinante en el reino espiritual. ¿Cómo opera? En principio quiero que vean cuán destructiva es la falta de credibilidad y cómo puede estancar definitivamente un ministerio. Y te doy un ejemplo personal. La palabra profética respecto a que mi voz sería escuchada en todas las naciones, me la dio un miembro de un coro de la ciudad americana de Sacramento, hace ya más de veinte años. Era el pastor de ese grupo compuesto en su totalidad por hermanos de raza negra.
¿Y qué tal si yo hubiera resultado ser un cristiano racista o clasista que los hay y demasiados? No le hubiera creído su declaración simplemente porque provenía de un hombre de un color de piel que muchos desprecian. Y me hubiera perdido todas estas bendiciones que hoy disfruto por haberle creído y activado lo que me dijo. ¿Entiendes de lo que estoy hablando, verdad? Credibilidad. Claro está que esto de la discriminación, es algo que viene casi implícito en la raza humana. Lo que quiero decirte es que resulta imposible juzgar una palabra profética, sin juzgar al mensajero que trae esa palabra.
Es algo a nivel inconsciente que está metido dentro de nosotros. A veces, para llegar a lo bueno, tenemos que romper algunos prejuicios. ¿Qué tal si Jesús, en lugar de aparecerse en el tiempo en que se apareció, lo hiciera hoy? Olvida las películas de Hollywood y a ese Jesús rubio de ojos celestes que cautivó a medio planeta de cristianos. Piensa en un Jesús físico acorde a su raza física y a su lugar de origen. ¿Tú crees que el mundo “occidental y cristiano” se hubiera ido detrás de Él sin dudarlo? Yo creo que no. Es más; hasta puedo suponer que lo hubieran marginado. ¿Cómo iba a pretender “ese” ser el Hijo de Dios?
(135) – No Creer es Neutralizar
Entonces resulta que nuestro amado Señor Jesús, con todo su tremendo poder, entendiendo nosotros que Él sabía quién era. Él siempre supo quién era. ¡A los doce años provocó una tremenda conmoción en el templo! Ese Jesús, con todo el poder y la unción, no pudo hacer todos los milagros que hubiera querido en ese lugar, porque la gente no creía en Él. ¿Qué hace Jesús, cuando encuentra a gente que no cree en Él? Se aparta de ellos. Porque esa actitud que tienen ellos para no creer en Él, aunque es el Hijo y lo sabemos, le afecta. Hay rasgos muy singulares en Jesús.
Fíjate, cuando va a la casa de esa niña, para resucitarla, se toma el trabajo de sacar a toda la gente, simplemente porque, de acuerdo a lo que se lee en el texto, esa gente se estaba burlando de Él. Y después va y se encierra en la habitación con la niña muerta, acompañado de un par de sus discípulos y de los padres de la niña, nada más. Cero exposición. Cero show. Aprendamos. Porque, indudablemente, lo que mueve todo en el ámbito espiritual, es la credibilidad. Yo creo en lo que enseño, y eso le da fe a mis palabras. Cualquiera de ustedes que está allí, del otro lado, reciben una palabra en la cual creen; la ponen por obra y eso les da resultados.
Luego, como ustedes creen en esa palabra, van y la comparten con otras personas. Y de todas esas personas, los que aceptan y creen esa palabra, repiten la rutina. Y así sucesivamente. Todo lo que tiene que ver con el mundo espiritual, se mueve en base a la credibilidad. El gran problema del denominacionalismo, es que le pone a la gente más fe en la institución, que en las personas. Y eso, además de ser duro, es opuesto al diseño de Dios. Porque Dios no le tiene ninguna fe a las instituciones, pero sí se las tiene a las personas. Y por allí pasa el respaldo.
Dios no unge organizaciones religiosas, Dios unge organismos vivos; personas. Yo no podría respaldar ni siquiera en simple oración a alguien en el cual no creo, ni tampoco creo en lo que hace o cómo lo hace. Para poder ser yo un referente de alguien en el plano ministerial, lo primero que debo mostrar, es que creo en lo que hace y en cómo lo hace y que al mismo tiempo, esa persona también cree lo mismo de mí y de mi trabajo. Y si no te convence esto, fíjate: ¿Por qué supones que los profetas tienen tantos problemas de aceptación en este tiempo? Simple: ¡Porque la iglesia, mayoritariamente, no cree en ellos!
Apréndelo: la credibilidad es la fuerza que mueve la vida. Lo cierto es que a la hora de movernos, deberemos ajustar esos movimientos con todos los que se encuentran en nuestra misma plataforma, ya que de otro modo, cualquier movimiento en falso o a destiempo, afectará al resto aunque ninguno de estos tenga nada que ver con ese falso movimiento, ¿Se entiende? ¡Eso es andar conjuntamente con autoridad. Está más utilizada la expresión de decir que alguien está “bajo autoridad”. No es “bajo” autoridad porque no está por debajo de nadie, sino en un mismo nivel, en un mismo plano.
¡No existen jerarquías en esto! Es como una de esas embarcaciones de competencia a remo. El llamado timonel, es el que va sentado al revés, de espaldas a la meta y de frente a sus compañeros. Tiene un megáfono y ordena los movimientos de los remos en mayor o menor velocidad para lograr efectividad. Ese vendría a ser el apóstol, el que da la orden de movimiento para que todo el resto opere y funcione. A mi modo de ver, yo me quedo con aquel que está escuchando la voz del Espíritu, aunque más no sea de a retazos y de un modo incompleto. No es lo mejor, de acuerdo, pero sí es muchísimo mejor que ponerte al lado de aquel que no tiene ni el menor interés en escuchar esa voz.
Por eso es que, aunque suene humorístico y despierte una sonrisa, no hay nada para sonreírse cuando entendemos que la mayoría de los cristianos están muy de acuerdo en que exista la unidad, pero siempre y cuando todos los demás hagan lo que él está haciendo. Ocurre lo mismo con ciertos políticos y la democracia. Ellos dicen: ¡Viva la democracia, siempre y cuando todos piensen como yo! Ahora bien; ¿Ese desajuste afecta cualquier ministerio? Sí, señor; cualquier ministerio. Yo no sé cuántas personas elijan vivir bajo una sombra de desconfianza, pero tampoco es bueno ni mucho menos sano, empezar a cuidarnos de la gente que tenemos más cerca.
¿Y qué tiene que ver esto con el famoso mandato de la cobertura? Mucho, porque cualquier clase de cualquier cosa parecida a un respeto por autoridad o cobertura, necesariamente, indispensablemente, indefectiblemente, comienza con la credibilidad. Y si no te parece cierto, esto, te pregunto: cuando tú descubres pecado en tus líderes o autoridades, ¿No pierden de inmediato un alto porcentaje de credibilidad de tu parte? Por más manso y obediente que seas, no dudo que sí, que la pierden. Cuando profetas y apóstoles se unen, ellos tienen un vínculo muy particular.
Son dos idiomas diferentes, son dos estrategias diferentes, son dos perspectivas diferentes. Entonces, la pregunta es: ¿Qué cosa es lo que los hace uno? Sí, de acuerdo; la sangre de Cristo, el evangelio, la Biblia, el Espíritu Santo, todo bien, pero; al margen de todo eso. Lo que los hace uno, es la fe que ellos tienen. Son distintas formas de fe la del apóstol o la del profeta, pero difieren en el énfasis que ellos le otorgan. Ejemplo: el profeta tiene una fe ciega e inamovible a lo que dice. Cree mucho en lo que él mismo habla. El apóstol, en cambio, cree mucho en quién es él.
Es un comisionado, él sabe por qué está ahí. El profeta, normalmente, tiene crisis de identidad. Sabe que tiene una palabra que viene de Dios, pero se decepciona cuando observa que nadie quiere escucharlo. El apóstol, en cambio, muestra un grado de seguridad muy superior al del profeta, pero no siempre tiene palabra. Sin embargo, de ninguna manera un ministerio excluye al otro. Hoy, tal como opera la iglesia, la autoridad está ejercida en exclusividad por el pastor. Entonces, ¿Puede un pastor tener bajo su autoridad a un apóstol? De ninguna manera. Sólo que todavía esté capacitándose. Pero si ya ha recibido el llamado para el envío, por eso será apostellos, ese pastor no puede retener a ese apóstol en su congregación. Si lo hiciera, le estaría cercenando el ministerio. Y no quisiera ni imaginarme el rostro de Dios ante ese supuesto pastor suyo.
(136) – Las Diferencias Escritas 16
Hay tres escrituras que dicen algo que Jesús asegura: Mateo 7:21: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Verso 24: Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Y, finalmente, Lucas 6:46: ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
Pero los religiosos, curiosamente, dicen que no es necesario obedecer a Jesús si lo has aceptado como tu Salvador. Que simplemente bastará con que “te dejes llevar” por lo que sientes, y ese sentir seguramente no va a ser contraproducente con el evangelio, ya que al haber aceptado a Jesús, ese sentir prácticamente será una emulación del sentir de Él.
En Mateo 21:42 Jesús dice: Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
Aquí los religiosos dicen que la parte más importante es el nombre de Jesús, la sangre de Jesús, la divinidad de Jesús: cualquier cosa, pero no sus enseñanzas. Es una mini-verdad disfrazada de obediencia que en el fondo se vislumbra como mera soberbia o auto dominio. Las enseñanzas de Jesús provienen de la cabeza del ángulo, la pieza que encaja perfecta en dimensión, peso y medida en el extremo superior de este gran monte divino que es Dios mismo. Ignorarla es comenzar a operar en conocimiento humano y, cuando llegamos a esa instancia, caemos inexorablemente en Grecia y sus rudimentos. Esto es lo que mayoritariamente hoy vemos.
A lo largo de este trabajo y en el final de cada fase, te he ido dejando algunos ejemplos de cómo los religiosos argumentan en contra de las enseñanzas de Jesús. En el próximo y último capítulo no lo haré, porque el tema allí tratado es de tanta profundidad que hasta el propio sistema puede rechazarlo. La pregunta entonces nos que quedaría a cada uno de los creyentes genuinos, fieles y sinceros con la figura de Jesucristo, es: Si ellos no están siguiendo a Jesús, tal como dejan en evidencia en casi todas estas respuestas que has observado, ¿A quién estarán siguiendo? Porque todavía sigue siendo vigente aquello de que: El que conmigo no recoge, desparrama.
(137) – Cruzando la Frontera del Sistema
Escuché hace algunos días a alguien hacer una pregunta pública, de esas que surgen de alguien singular, pero dirigida a una pluralidad de personas. Esa pregunta era: ¿Cómo puedes hacer tú que me escuchas, para conseguir que alguien se enamore de Dios? Y yo sé que al repetirla, algunos de mis consecuentes hermanos que siguen estos trabajos, quizás formados como yo en escuelas conservadoras y racionales, se estarán preguntando a sí mismos:
¿Es necesario eso? En otra época más conciliadora mía, te hubiera dicho que no sé, que cada uno lo hará a su modo, como le salga o pueda. Pero hoy tengo que decirte que sí, que los hijos de Dios necesitan, desesperadamente, enamorarse del Padre Celestial. Eso, si verdaderamente quieren escapar del sistema religioso que los asfixia. Yo no seré quien instale este pensamiento como un apéndice de la doctrina que se nos olvidó de estudiar, no; de ningún modo.
Sólo haré especial hincapié en esa enorme cantidad de hermanos que tú y yo conocemos, por separado claro, tú allí donde estás y yo aquí, donde resido, y que sin embargo están unificados por una misma sintomatología espiritual: es como que les falta algo para estar completos. Yo no sé cuál es tu visión del asunto, pero para mí, la mayor asignatura pendiente dentro del cristianismo eclesiástico tradicional, es la pasión. Un creyente sin pasión, es un creyente mustio e inactivo. Les falta enamorarse de Dios. Y aquí habrá que retornar a la pregunta inicial: ¿Cómo es que se enamora uno de Dios?
Lo único que sé es que hay dimensiones en las profundidades de la Palabra de Dios que, al entenderlas, llevará inexorablemente a quien la escuche a un ámbito diferente al que normalmente accede. Y si eso se diera, lo más probable que ocurra, es que tú te enamores del Señor.
(Hebreos 12: 9) = Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
Dios es el Padre de los espíritus. Sólo ese verso da para que nos sentemos y empecemos a meditar. El Padre de los espíritus. De hecho, cuando se nos pide por cualquier razón que definamos a Dios, si alguien te dice qué es Dios, nos metemos en un tremendo problema, porque no tenemos la capacidad intelectual para poder explicar lo que Dios es.
Y fíjate que no es porque Él sea muy difícil de explicar, sino porque Él pertenece a una dimensión diferente de la nuestra. Eso es tan obvio que nadie o casi nadie lo tiene en cuenta y mucho menos lo enseña. Y la razón por la que no podemos explicar eso, es porque no estamos en esa misma dimensión. Para que cualquiera de nosotros pueda hablar con claridad con alguien que nunca conoció al Señor, inexorablemente deberemos utilizar metáforas.
Podemos decirles, por ejemplo, que Dios es como el amor, que se lo siente pero no se lo ve. O sea que tenemos que recurrir a analogías, a comparaciones para tratar de explicar a Dios a alguien que no lo conoce. Ahora bien: en el libro del Éxodo, encontramos en un pasaje, la primera definición de Dios, dada por Él mismo. Este verso que voy a leer y no voy a alcanzar a explicar en este trabajo porque no es tan fácil como parece, dice lo siguiente:
(138) – Entendiendo a Dios
(Éxodo 3: 14) = Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.
Estas palabras Yo Soy, bien podrían ser el modo verbal inglés tho-be. Ser. El nombre de Dios escrito en la Biblia, es un nombre que no se puede pronunciar por la sencilla razón de que carece de vocales. El nombre de Dios no es Jehová, ya vas a ver de dónde derivó eso; tampoco es Yahveh. El nombre de Dios revelado a los hombres en la Escritura, es este. El nombre Jehová vino por un invento de un Papa, en la Edad Media, que dijo: lo vamos a llamar Jehová. Y entonces agarró y le puso dos vocales.
Y aunque muchos cristianos, hoy, podrían llegar a matar a alguien para convencerlo de que el nombre de Dios es Jehová, tengo que decirles que no, que no es Jehová. Este nombre nunca fue mencionado. Cuando en la Escritura, los rabinos judíos estaban leyendo y llegaban a este nombre, lo que hacían era no leerlo, sino que le ponían un nombre sustituto, que era Adonaí. O sea: el Señor. Entonces, ellos omitían decir este grupo de cuatro letras, al que teológicamente se le llama tetragrama ton.
Ahora bien; antes de desarrollar toda la parte intrínseca que implica el nombre de Dios, yo quiero comenzar con algunos versos en la palabra, donde se nos explica, -y lo diré con mucho cuidado- respecto a qué es Dios. – ¿Perdón? ¿Dijo qué es Dios? – Sí, dije qué es Dios. – ¿Y no debió decir quién? – No, y ahora te voy a mostrar por qué. Vamos a leer unos cuantos versículos. Te recuerdo: para poder entender qué es Dios, necesitamos el auxilio de alguien.
(Juan 16: 13) = Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (¿Quién debe venir a ayudarnos? El Espíritu de Verdad)
(1 Corintios 2: 10) = Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. (O sea: ¿Yo puedo entender qué es Dios? ¡Sí! ¿Y cómo? ¡Solamente y mediante el Espíritu Santo! No hay otra forma. Ahora; es tremendo, porque dice que el Espíritu lo escudriña todo, aún lo profundo de Dios. Eso quiere decir que si el Espíritu Santo o el Espíritu de Verdad, empieza a operar en mí, yo puedo empezar a entender aún lo profundo de Dios)
(1 Juan 2: 27) = Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. (Aquí no hay mucho más para agregar, sólo la leí para fundamentar el concepto por si hubiera algún que otro incrédulo cristiano por allí).
(Juan 1: 18) = A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
(139) – ¿Nadie le Vio Jamás?
Muy bien; el primer punto que quiero que empecemos a entender, es que cuando aquí dice que a Dios nadie le vio jamás, no quiere decir que lo vio con los ojos naturales. La primera definición de lo que es Dios, también está claramente en la palabra. Dice: Dios es Espíritu. Esto quiere decir que, técnicamente, una persona no puede ver con sus ojos naturales a un ser espiritual. Claro que aquí dice: A Dios nadie le vio jamás. Pero resulta ser que, cuando tú recorres el Antiguo Testamento, te vas a dar cuenta que mucha gente no sólo lo vio, sino que también habló con él, tuvo comunión con él.
Entonces, ¿Qué estará diciendo aquí Juan, respecto a que a Dios nadie le vio jamás? El nivel de ver que dice en Juan 1:18, tiene que ver con haber penetrado al ámbito privado de Dios, y verlo tal como es. ¿Es que tiene Dios un ámbito privado? Claro que lo tiene, mayoritariamente, lo llamamos Dimensión. Hay mucha gente que ha estudiado esto. Hay poca gente que lo ha compartido. Hay otros que lo hemos aprendido de ellos. Y hasta donde yo sé, a eso, cruzar a otra dimensión, nadie lo ha hecho. Y te doy un ejemplo: Abraham no solamente habló con Dios, sino que además también comió con él.
Pero, para que Abraham pudiera tener esa experiencia sobrenatural, Dios tuvo que adquirir una forma humana. Es decir que entonces no fue Abraham el que se introdujo en el ámbito privado de Dios, sino que fue Dios el que vino al ámbito privado de Abraham. Entonces, cuando dice aquí que a Dios nadie le vio jamás, el unigénito Hijo, ¿Quién es? Jesús, que está en el seno del Padre… ¡Un momento! ¿Cómo que está en el seno del Padre? Para este momento, ya, en el capítulo 1, se está introduciendo ya al Cristo encarnado, al que se dice que hizo tabernáculo entre nosotros.
Y fíjate que en muchas partes del Nuevo Testamento, se habla de Jesús como que está en dos lugares al mismo tiempo. Es como que está en dos ámbitos, en dos dimensiones al mismo tiempo. Ahora; dice que Jesús vino a dar a conocer al Padre. Eso quiere decir que todos los libros del Antiguo Testamento, no fueron suficientes para poder dar a conocer a Dios. De tal forma, que tuvo que venir Jesús para dar un conocimiento perfecto del Padre. Lo que quiero decir es que, si tú quieres entender a Dios según el Antiguo Testamento, vas a tener un problema. Porque no fue la intención de Dios revelarse como él es, en el Antiguo Testamento, sino mostrarse a través de un velo. Pero, en el Nuevo Testamento, nosotros podemos tener una nueva experiencia de conocimiento de Dios, como nunca antes ha habido.
(1 Juan 4: 12) = Nadie ha visto jamás a Dios. (¡Y lo vuelve a decir! ¿Te das cuenta?) Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. (Pero mira como empieza el versículo, ¿Verdad? Nadie ha visto jamás a Dios. Pero, ¿Qué me está diciendo Juan? ¿Sabes qué edad tenía Juan cuando escribe esto? Superaba los noventa años. ¿Sabes qué escribió antes de esto? El Apocalipsis. ¿Y sabes qué dice allí? Que a Dios, nadie le vio jamás. El mismo Juan que escribe el libro del Apocalipsis, hace esta tremenda declaración)
El problema de por qué no podemos entender qué es Dios, y nota que no digo quién, sino qué, es porque nosotros somos parte de lo que se llama la naturaleza creada. Nosotros somos parte de algo que fue creado. Adán fue creado. Tú fuiste creado por Dios. Hay una sola cosa que existe, que nunca fue creada, y es Dios. Y es muy difícil, que la naturaleza creada, pueda entender algo que es increado, es decir: no creado. La única forma de poder conocer, es a través de. Justamente, para eso vino Jesús. Para que a través de él, pudiéramos conocerlo.
(140) – Definiendo lo Indefinido
Existe una palabra hebrea que yo no sé si alguna vez alguien te dijo o te enseñó, que esta palabra fue utilizada muchísimo durante los primeros trescientos años de la iglesia. Es una palabra que no es necesario reproducir, pero que significa, precisamente, lo que más nos cuenta entender: lo no creado, lo infinito, si quieres estirarlo más. En ese lugar que implica esa palabra, no existe cielo, no existe abismo, no existe tiempo, no existe espacio. Porque todos esos términos, son parte de la naturaleza creada, y podrás darte una idea de que le cuesta mucho a esa naturaleza creada, poner términos que identifiquen o definan a una naturaleza no creada. Mucho más cuando, te reitero porque es básico y vital, en la naturaleza no creada, solamente está Dios.
El famoso concepto de la anti-materia se deriva precisamente de esa palabra. Es un lugar en donde todo lo que existe, nunca fue creado. Sólo existe. Y, si quieres, hasta podemos nominarlo con un rótulo para nada fantasioso: la dimensión de lo no creado, que es como decir: la dimensión de Dios. Y vamos a poner la dimensión de lo creado, y para rotularla, se utiliza otra palabra. ¿Sabes qué significa? La dimensión de lo creado. Se puede decir, entonces, que esta dimensión de las cosas no creadas, de ninguna manera podrá ser comprendida por la mente humana, pero la dimensión de las cosas creadas, sí puede ser comprendido por la mente humana, porque la mente, fíjate, es parte de esta dimensión.
Y es interesante, que la primera auto-descripción de Dios, la de Éxodo, simplemente es una declaración verbal. En un tiempo verbal muy específico: Yo Soy. Pero, por ejemplo, cuando se describe a Jesús en Apocalipsis, se utiliza el que era, el que es, el que habrá de venir. Es decir que hay una clara referencia al tiempo, pasado, presente y futuro. Mientras que en Éxodo 3:14, no. Simplemente dice el tiempo Yo Soy. Como un activo presente permanente. En la dimensión de las cosas no creadas, no hay pasado, no hay presente, no existe el concepto de tiempo; aún la eternidad es, apenas, un elemento pequeño, dentro de lo que es lo no creado. Para esto, tengo que empezar a diferenciar lo que es el Padre, de lo que es el Hijo. Y esta diferencia, nos va a ayudar.
Y será bueno advertir, que la Biblia nunca habla de un Padre en términos de inicio. Te lo aclaro: se dice de Jesús, el Alfa y la Omega. Pero cuando se habla del Padre, se dice: Padre eterno. Notas la diferencia, ¿Verdad? Es decir que el Hijo, está en función del tiempo, pero el Padre siempre está en función su dimensión original, la de las cosas no creadas, de la eternidad. Veamos algunos textos. Quiero comenzar con un texto muy interesante, el de Juan 14:8. Es el intento del hombre de tratar de entender esa dimensión divina.
(141) – Un Salto Dimensional
(Juan 14: 8) = Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. (No te habla del Padre. Le ha pedido que diferencie entre el Padre y el Hijo. Mira la respuesta de Jesús) (9) Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
¿Qué se supone que sucede, acá? Felipe no entendió esto. Felipe trataba de conocer al Padre de forma directa, pero la respuesta de Jesús, es esta, dicho de otra manera: Mira Felipillo, la única forma de conocer al Padre, es conocerme a mí. ¡Soy yo quien revela al Padre! ¡Al verme a mí, ya has visto al Padre! ¿Por qué? Porque el único que ha venido de la misma dimensión de las cosas no creadas donde habita Dios, es Jesús. Hubo uno que hizo este salto dimensional.
(1 Samuel 16: 7) = Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.
Esto quiere decir que Dios, en el ámbito eterno, mira de una forma diferente, oye de una forma diferente, se expresa de una forma diferente a la forma o manera a la que nosotros estamos acostumbrados a recibir información en el ámbito natural y terrenal. En el texto de Juan que estuvimos viendo, dice que nadie ha visto jamás a Dios, pero nota lo que dice después con relación a Jesús, el Hijo. Dice que él lo ha dado a conocer. También hemos leído el pasaje que dice que el Espíritu de Verdad es el que nos va a guiar. O sea que hay una relación muy estrecha entre el Hijo, que viene a darnos a conocer al Padre, y el Espíritu de Verdad.
Te digo más: el Espíritu Santo es el que hace el puente entre el Hijo y el Padre. Porque el Espíritu Santo, tiene la habilidad de moverse entre las dos dimensiones. Por ejemplo: ¡Nadie vio al Espíritu Santo! Pero sí a Jesús. Entonces, Jesús ha dado a conocer al Padre. Pero es el Espíritu Santo el que establece y profundiza ese conocimiento en el hombre. ¿Qué es lo que hay en la dimensión eterna? Sólo Dios. Y muchas veces se habla, en términos teológicos, de la soledad de Dios en esa dimensión eterna. Porque allí, reitero, sólo está Dios. Claro está que el concepto de soledad, de ninguna manera en este caso implicará depresión. Dios no es hombre para que se deprima. Además, será inteligente separar el concepto de soledad tradicional, del de soledad como único.
(142) – Motor que Mueve a Dios
A partir de eso, Dios empieza a hacer algo diferente, algo distinto. Juan 3:16, tú te sabes el verso, dilo: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Muy bien. Porque de tal manera, ¿Qué cosa? Porque en la soledad de Dios, hubo algo dentro de él, que empezó a provocar que él empiece a pensar, si se puede usar el término, hacer algo que lo saque de esa situación de soledad. El motor de la voluntad de Dios, es el amor. O sea: lo que mueve la mano de Dios en una dirección, es el amor. Siempre.
Si tú no tienes proteínas o carbohidratos en tu cuerpo, no puedes tener energías. Si no tienes azúcar, no hay energía. Lo que mueve a Dios, es el amor. Entonces, estando en una situación de soledad, el Señor va a hacer algo tan tremendo y tan arrojado, que verdaderamente no hay mente que pueda entenderlo. Dios tiene necesidades. ¡Un momento, hermano! ¿Qué me está diciendo? ¿Cómo puede tener Dios necesidades? Te doy un ejemplo, en Mateo 21:3, Jesús dice algo: Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. Entonces, resulta ser que Dios necesita algunas cosas.
Es natural que tú ahora puedas decir con total certeza: Dios me necesita, porque indudablemente es así. Así es que Dios decide hacer cosas conforme a su identidad de amor. ¿Qué dice Juan 4:23, un versículo más que famoso, si los hay? Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca (Tranquilamente podemos entender este “busca”, como necesita) que le adoren. Se han elaborado decenas, centenares y hasta miles de estudios respecto a la adoración, pero muy pocos de ellos dicen algo que es absoluta y estrictamente verdadero: una persona que adora, necesita adorar.
De otro modo, y llevándolo a nuestras costumbres tradicionales, si esa persona no necesita adorar, sólo es una persona que canta. Es alguien que tiene algo tan fuerte dentro, que necesita sacar eso a través de la adoración. Literalmente, y a esto creo ya haberlo enseñado alguna vez, adorar, significa en lo concreto: lamer la mano como un perro. Es decir que hay implícito un inocultable concepto de humillación. Y también un concepto de posición y otro concepto de servicio. Vas a encontrar en tu Biblia pasajes maravillosos, donde Jesús, por ejemplo, halaga a una persona porque hizo algo.
Ahí va un ejemplo: está reunido Jesús en una casa, cuando entra una mujer. Llega y rompe el perfume y lo unge con él, ¿Recuerdas ese pasaje, verdad? Y cuando Jesús habla de ella, porque los presentes tratan de evitar que ella siga haciendo eso, dice: cuando yo entré aquí, nadie hizo lo que esta está haciendo ahora. Nota que Él buscaba algo. Necesitaba algo. Pero ella, desde que ha entrado, no ha parado de hacerlo. Entonces puedo ver que Dios, definitivamente, necesita adoración, necesita amor.
Y te digo algo más: en la primera carta de Pedro, capítulo 4 y verso 8, dice que el amor cubre multitud de pecados. ¿Sabes por qué Dios te perdona? Porque te ama. No es porque te lo merezcas o porque seas muy importante para la iglesia, es simplemente porque te ama. Así que, una vez más, vemos que lo que mueve a Dios, es el amor. Y eso es maravilloso, porque piensa por un momento, lo que mueve al dios del Islam. Piensa lo que mueve al dios de otros grupos muy difundidos y conocidos. Lo que mueve a nuestro Dios, es el amor.
(143) – Conociendo al Padre Eterno
Vamos al libro del profeta Isaías. A este verso lo tenemos que leer en detalle, porque nos va a dar una visión más clara de lo que estamos hablando. Isaías capítulo 9 y verso 6: Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Cuando tú lees esto de manera simple y casi a la carrera, no alcanzas a darte cuenta que esta, probablemente, es la descripción más completa de Jesucristo. Porque, veamos, empezamos por esto: ¿A quién está describiendo en este pasaje? ¡A Jesús!
Si tú te lees todo el capítulo 9, te vas a dar cuenta que es una profecía, que habla acerca del nacimiento de Jesús. Y así como en Éxodo 3:14 Dios mismo se identifica y casi muestra su documento de identidad cuando dice Yo Soy el que Soy, el documento de identidad de Jesús está aquí, en Isaías 9:6. Quiero que ahora que sabes que está describiendo a Jesús, lo vuelvas a leer con este entendimiento. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
Muy bien; ahora, por favor, trata de entender lo que te voy a decir. Padre Eterno, como dice aquí, es diferente a Padre No Creado. ¿Por qué digo esto? Porque el concepto de Padre Eterno, está ligado al concepto de tiempo. En cambio Padre No creado, o increado, que es lo que enseñamos como dimensión de las cosas no creadas, es un concepto en donde el tiempo no existe, ni siquiera como eternidad. Según este pasaje de Isaías, la descripción que se hace de Jesús, no sólo implica rasgos de él, sino que describe la esencia de su propia existencia. El concepto más fuerte es, precisamente, el de Padre Eterno.
Imagínate que estás describiendo a un niño pequeñito, a un bebé, y lo estás llamando Padre Eterno. Si no puedes entenderlo, es porque nuestra mente no tiene, precisamente, la capacidad para entenderlo y moverse en los planos de la dimensión eterna de Dios, ¡No puedes! Así es que, deberíamos buscar elementos que nos ayuden a comprender esto. Nuestro principal enemigo para dar este paso, es que nosotros estamos sujetos al tiempo. Toda nuestra vida está encadenada al concepto de Cronos.
¡Pero Dios, no! Por ejemplo: Jesús se mueve en el concepto de Kairos. Pero Dios, en su dimensión de lo no creado, ni siquiera en el concepto de Kairos. Él, es. Es decir que el concepto de Kairos y de Cronos, implica también la esfera de la dimensión de las cosas creadas. ¿Por qué? Porque una de las cosas que Dios creó, fue el tiempo. A tal punto, que en el libro del Génesis, dice claramente que puso las lumbreras, para que marquen las estaciones. Los tiempos. Tiempo de sembrar, tiempo de cosechar, etc.
(144) – Todo Fue Creado para Él
En esa dimensión de lo no creado, no hay ni siquiera luz. No hay oscuridad, no hay materia, no hay espacio, no hay tiempo. Sólo está Dios. Todos los otros elementos, pertenecen al concepto del mundo creado. Parece una novedad pero no lo es de ninguna manera: ¡El tiempo es algo creado! Por eso, cuando alguien te dice que estaremos con el Señor para siempre, literalmente, nosotros inmediatamente tratamos de pensar eso en función del tiempo. Cuando lo que Dios está hablando, es de otro tipo de relación, nos encontramos en una dimensión diferente. Para el Señor, ciertamente, mil años son como un día y un día como mil años. ¿Por qué?
Porque todo eso fue hecho para nosotros, pero él no se rige por eso. Y aquí tenemos que volver sí o sí al concepto ya mencionado de Padre Eterno. Será necesario, aunque no puedas entenderlo, que logres establecer la diferencia entre el padre No Creado, al Padre Eterno. Dios nos ha puesto en la tierra, para que nos movamos por intervalos. Por ejemplo: es tiempo de nacer, es tiempo de morir. Ahí hay un intervalo. Es tiempo de iniciar, es tiempo de terminar. Ahí hay otro intervalo. Lo primero, lo último. Ese es otro intervalo. El Padre No creado, no se mueve en esos intervalos. Pero el Padre Eterno, sí. Jesús es el Alfa y la Omega. ¡Pero Jesús es eterno! Sí, pero está sujeto a un intervalo.
(Juan 1: 1) = En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. (2) Este era en el principio con Dios. (¡Pero aquí habla de principio! Quiere decir que está hablándonos desde un plano diferente. Puede, pero también puede que sea el mismo principio del que se habla en Génesis 1:1, que es un principio equivalente a modelo, a diseño, a patrón, y no ha comienzo o inicio de algo) (3) Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
Eso va de la mano con Colosenses 1:16: Porque en él (¿En quién? En Jesús. Está describiendo a Jesús) fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
¡Wow! Dice que todo fue creado por medio de él y para él. Tronos, dominios, potestades, todo. ¿Está hablando de Satanás, también? ¡Sí! ¿Y en qué rango está Satanás? ¿Dónde está Satanás? ¡Dentro de las cosas creadas! ¿Te digo algo? Es imposible que Satanás penetre a estos lugares. Él es un ser creado. Y fíjate que en Colosenses dice que aun en el ámbito de las cosas creadas, hay cosas creadas que son invisibles. Lo que quiero decirte es que de ninguna manera pienses que la dimensión de las cosas creadas, es un lugar de materia, únicamente. Porque, por ejemplo, los ángeles están aquí, también. Entonces, el concepto de ver a Dios rodeado de sus ángeles, no es tan real. Porque sus ángeles, son parte de otra dimensión. Por eso es que se habla de la soledad de Dios, porque ni siquiera los querubines o los serafines están en esta parte. En esta parte sólo está lo que nunca fue creado.
145) – Cruzando En Nombre del Amor
Y tú y yo sabemos que todo el ejército celestial, fue creado. Los tronos, los imperios espirituales. Lo visible y lo invisible. Todo eso fue creado. Por eso, cuando yo estoy orando y digo Padre Eterno, podría cambiar esa palabra y decir: Padre de la Eternidad. O, en todo caso, Padre del Tiempo. Para la mente profana, parecería ser lo mismo decir Padre No creado, que Padre Eterno, pero después que hemos entendido esto, creo que hay una diferencia. Vayamos por un momento, ahora, a la dimensión de las cosas creadas. Dios creó todas las cosas por amor. Y Colosenses 1:16, que ya leímos, dice que Dios creó todas las cosas.
Hebreos 11:3 dice: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Dice que de manera que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía. Eso quiere decir que aún los abismos, las regiones celestes, el mundo espiritual, todo eso fue creado. Debemos sacarnos de la cabeza, el hecho de que lo espiritual es eterno. ¡No! Sólo Dios tiene ese rasgo. Tengo una figura, que vi en un trabajo de otro hombre de Dios, que puede graficar esto. La región de las cosas creadas y la región de las cosas no creadas, son dos regiones diferentes, que sin embargo conviven en una dulce y serena armonía.
De hecho, hay una línea que divide una región espiritual de la otra. Una línea divisoria entre lo no creado a lo que ha sido creado. Una especie de frontera. Un límite casi geográfico entre una dimensión y la otra. Ahora bien; si Dios cruzara esa frontera, automáticamente dejaría de ser Dios. Porque si Dios cruza a este lugar nuestro, se convierte en algo creado. Ahora bien; si Dios necesitara por algún motivo cruzar esta línea divisoria, necesariamente va a tener que perder mucho. Y la única forma de poder recuperar eso, va a tener que ser a través de la muerte, del sufrimiento.
No es posible, por simple voluntad, que alguien del ámbito creado, pase a la dimensión de lo no creado, y viceversa, quedó dicho. Dios se propuso crear. Escribió en una tapa de una gran carpeta: Proyecto Creación. Y luego se preguntó a sí mismo: ¿Cómo puedo crear? No es tan fácil, porque siempre hay una enorme diferencia y distancia entre el creador y la creación. Escucha: ¿De dónde salió Eva? ¿Alguien de ustedes conoce la Biblia lo suficiente como para decirme de donde salió Eva? No. En ninguna parte de mi Biblia dice que salió de una costilla. Sólo dice, y no significa lo mismo, que salió del costado.
Si alguna versión bíblica dice costilla, es una mala traducción. Dice del costado. ¿De dónde sacó Dios todas las cosas? De su costado. ¿De dónde salió la iglesia? Del costado de Jesús. Todo lo que fue creado, salió de Dios. De hecho, este proyecto creación, ponía a Dios en una encrucijada. Porque él tenía que crear un espacio donde pudiera poner las cosas creadas. Pero él no podía cruzarla, porque si la cruzaba, él pasaba a formar parte de las cosas creadas. Entonces él hace algo extraordinario: utiliza su voz. Porque su voz no vuelve vacía, sino que cumple aquello para lo cual fue enviada.
O sea que lo que Dios utiliza para crear, no son las manos, es su voz. Y dijo Dios. Por eso, cuando tú agarras Colosenses, que hemos leído anteriormente, dice que Jesús creó todas las cosas. Y en Juan 1, dice que él es el Verbo. ¿Quién creó todas las cosas, entonces? ¡Jesús! ¿Pero cómo? Como la expresión verbal, como la expresión fonética. Cuando yo saco aire de mi diafragma, y ese aire cruza por unos músculos llamados cuerdas vocales, estas vibran, y se escuchan sonidos. Esa es mi voz. El Padre habló, y se expresó el Hijo. Y el Hijo pudo penetrar como creador la frontera divisoria, sin cruzarla físicamente. Fue su voz la que salió y no volvió vacía, e hizo lo que tenía que hacer.
(146) – Heme Aquí; Envíame a Mí
Si examinamos la carta a los Efesios, veremos que en el capítulo 1, se describe a Jesús. En varios de estos versos se describe a Jesús. Y en el verso 22, está hablando de la iglesia, de que sometió todas las cosas a sus pies, lo dio por cabeza por sobre todas las cosas, a la iglesia…
(Efesios 1: 23) = la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.
¿Te lo digo de otra forma? Todo salió de Dios. Todo, aún Jesús. Entonces Dios tenía que ubicarse en la dimensión de las cosas no creadas, poner un mundo nuevo, y colocar en ese espacio a todo lo creado, visible o invisible. Pero no tenía que cruzarlo. Ya sabes lo que pasaba si lo cruzaba. Entonces él utiliza la voz. Su voz es Cristo mismo, y esa voz es la que ejecuta la creación. El punto está en que, así como era armónica esa frontera entre las dos dimensiones, se convierte en un problema cuando el hombre peca. Cuando Adán peca, Adán queda aislado de Dios. Es como si tú debieras tratar de levantar a alguien que se ha caído, pero por alguna razón grave, no puedes tocarlo.
Entonces, el Señor queda en una encrucijada de nuevo. ¿Cómo puedo yo restaurar y ayudar a mi creación que está en la esfera de las cosas creadas, sin cruzar la línea divisoria, la frontera? A diferencia de antes de la caída de Adán, Adán y Dios eran un solo espíritu que fluían en un solo sentir. Pero la línea divisoria, después que él peca, se convierte en un paso fronterizo, que Dios ya no puede atravesar. ¿A causa de qué? De que el centro de la creación, que era el hombre, cuando él peca, contamina a todo el mundo creado. Lo digo más claro: toda esta esfera es contaminada por el pecado de Adán. Entonces Dios, en la soledad de su dimensión unitaria, escucha una voz. Vente conmigo al libro de Isaías.
(Isaías 6: 8) = Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
¿Sabes que el primero que dijo eso, fue Jesús? Imagínate la escena. Jesús se acerca y le dice al Padre: “Padre…envíame a mí; permite que yo vaya y cruce la línea divisoria, la frontera, y entre a la dimensión de las cosas creadas.” Dios lo mira y le dice: “Hijo; ¿Tú sabes lo que estás diciendo, no? Si tú cruzas eso, perderás todo lo que te hace ser parte de esto. ¿Sabes qué dice en Miqueas 5:2? Que: sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. ¿Te das cuenta? Vamos a ver algunos versos, ahora, que quizás te van a dar a entender qué es lo que Jesús iba a hacer al atravesar esa línea divisoria y fronteriza entre lo creado y lo no creado.
(147) – Conociendo al Padre
(Colosenses 1: 15) = Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
Hay algo para añadir aquí que quizás pueda sonar como un concepto demasiado fuerte, pero será necesario que se lo entienda correctamente. Cuando dice imagen, eso significa que no es la realidad. Por ejemplo; la ley, era la imagen de cosas invisibles. Ahora: ¿A quién describe, si dice que él es la imagen del Dios invisible? Porque después dice que es el primero. El primero engendrado, primogénito, de toda creación. De alguna forma, Jesús tenía que salir de donde salió toda la creación. Tenía que salir del costado del Padre. Es decir que Jesús no caminó entre los hombres como un espíritu, ¡El caminó como un hombre! Tenía cuerpo, tenía alma y tenía un espíritu. Él traía la imagen de Dios.
(Hebreos 1: 3) = el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, (¿Sabes qué dice aquí? Siendo la representación exacta de su naturaleza. Está describiendo a Jesús.)
(2 Corintios 4: 4) = en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. (Es la tercera vez que se habla de Cristo como la imagen de Dios.)
(1 Corintios 13: 12) = Ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
Te doy un dato: Jesús, mientras estuvo en su carne, con sus discípulos, sólo pudo dar un conocimiento parcial de su Padre. Sólo cuando Él vuelve y puede venir el Espíritu Santo, es cuando podemos recibir un conocimiento completo de Dios. O sea: Jesús, en los días de su carne, no pudo transmitir un conocimiento completo del Padre, porque él era la imagen de Dios. Y el problema de la imagen, es que ves borrosamente, como en un espejo. A tal punto era eso, que Felipe no dudó en pedirle que le mostrara al Padre. Y dijo que si hacía eso, a él le bastaba.
Y Jesús le diría algo así, como: ¿Es que no lo ves, Felipe? ¡No! ¡No lo veo! ¡Te veo a ti! Borrosamente, como en un espejo. ¿Por qué? Porque la dimensión de las cosas creadas, no tiene la capacidad de ver. Aún Jesús, en los días de su carne, al entrar y cruzar la frontera entre una y otra dimensión, pierde toda la capacidad de mostrar toda la plenitud del Padre y de Dios. Entonces les dice: ¡Tranquilos! Volveré. Y el Espíritu Santo vendrá, les enseñará, les recordará nuevas cosas, pero ahora, todavía no las pueden soportar. Las cosas que yo quisiera decirles, ustedes todavía no las pueden soportar.
(148) – Conceptos de Sacrificio
(Colosenses 1: 15) = Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
Vamos a ver: cuando Jesús estaba en la dimensión de las cosas no creadas, con el Padre, no era el primogénito. Porque primogénito, es un concepto que tiene relación con el tiempo, porque implica que es el primero. No puede haber primero, si no hay segundo. Entonces, en esta descripción tan tremenda de Colosenses 1:15, está diciendo algo: para que Jesús cruce esta dimensión tuvo que convertirse de ser, el Yo Soy a ser el Primogénito. Y eso va de la mano de esto:
(Apocalipsis 1: 8) = Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
¿Se entiende? Ahora voy a hacerte una pregunta: ¿Qué es mayor, la dimensión de las cosas no creadas, o el Alfa y la Omega? La dimensión de lo no creado. Entonces, aunque es un título maravilloso decirle a Jesús eres el Alfa y la Omega, ese término es de categoría inferior a decirle simplemente, Tú Eres. ¿Qué fue lo que él perdió? El punto es este: para que Jesús atravesara la línea divisoria, tuvo que hacer un gran, pero gran sacrificio, que no hay mente humana que pueda entenderlo.
(Apocalipsis 13: 8) = Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.
A ver; déjame que te pregunte: ¿Desde cuándo fue inmolado Jesús? Desde el principio del mundo. ¿Sabes qué dice en el original? Desde antes de la fundación del cosmos. Escucha esto: el concepto de sacrificio que nosotros tenemos de Jesús, es el de su sacrificio en la cruz. Pero resulta ser que ese sacrificio, fue aquí, en la dimensión de las cosas creadas. ¿Y sabes qué? Ese no fue el mayor sacrificio de Jesús. El mayor sacrificio de Jesús, fue dejar de ser Dios absoluto, para pasar a ser el primogénito.
Entonces tú, cuando analizas el evangelio, lo ves a Jesús sufriendo a tal punto, que en su agonía le dice al Padre: “Padre…devuélveme la gloria que tuve contigo, antes que el mundo fuera”. Y siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios, como cosa a qué aferrarse. Sino que se despojó, ¿De qué? De toda la gloria divina. El Jesús que caminó por treinta y tres años en la tierra, es un borrador en blanco y negro de lo que realmente es en la dimensión de lo no creado.
Dios glorioso. Él perdió esa magnificencia que tenía al traspasar la frontera dimensional. Eso se llama encarnación. En la carta a los Filipenses, dice que se despojó. Esa palabra se traduce así, pero en realidad lo que dice conforme al original, es que se vació. Imagínate un gran botellón de agua fresca. Y le sacas la tapa y lo empiezas a derramar. Y lo vacías, y lo vacías hasta que queda apenas un dedo de agua dentro de él. ¡Eso es lo que vimos de Dios en Jesús! Sí, vimos gloria en él, gloria como del unigénito. Pero ¿Sabes qué? Jesús sabía que no se comparaba lo que él tenía, con lo que él tuvo. El más grande sacrificio de Cristo, no fue la cruz, sino cruzar la línea divisoria entre ambas dimensiones.
(1 Pedro 1: 18) = sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, (19) sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, (20) ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, (¿Qué movía a Dios? El amor. ¿Y cuándo fue sacrificado Jesús? Antes de la fundación del mundo.)
(Filipenses 2: 5) = Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, (6) el cual, siendo en forma de Dios, (Nota que el concepto de forma, está ligado a imagen) no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, (7) sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; (O sea: él solo, él solo tener forma de hombre, lo hacía siervo. ¿Por qué? Porque pasaba al mundo de las cosas creadas) (8) y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Presta atención al detalle: primero dice muerte, y luego añade: muerte de cruz. Está hablando de dos cosas. Dice muerte, y eso fue trasponer la línea divisoria entre ambas dimensiones. Y luego muerte de cruz. Esto es: Jesús murió dos veces. Escúchame: si esto no te provoca algo como me lo provocó a mí, no quiero decir que estés muerto, pero por lo menos estás dormido. Porque estamos hablando de un Jesús como nadie citó o enseñó antes, de un Jesús en debilidad espiritual. Porque Jesús llega a nosotros con no mucho más de un diez por ciento de divinidad.
Entonces, él anhelaba, su espíritu gemía cada día, porque él no era de esta creación. Y está demás decir que su propia creación no lo aceptó. Si no miren lo que hizo con él. Lo que ocurre es que a eso ni siquiera lo tocamos. Sin embargo, como ese es un tema que tú conoces, no me interesa ahora hablarte de la cruz, sino de esa primera muerte. Cruzar la frontera dimensional. ¡Qué terrible fue cruzar esa línea divisoria, para él! De hecho, Jesús habló varias veces de esto, pero ¿Puedes creer que los discípulos jamás le entendieron? Nadie quita mi vida, -dijo- sino que soy yo el que la pongo. Un día me conocerán, un día me verán, como yo realmente soy. ¡Ahora no soy nada! ¡Un día me verán!
Y así y todo, los discípulos no agarraban una sola palabra de lo que Él les decía. ¿Por qué? Porque una dimensión no puede entender a la otra. Ahora me gustaría volver al libro de Éxodo, capítulo 3. De hecho, creo que ya te diste cuenta que esta no es una palabra para entretenerte o, como vulgarmente se dice: distraer el estómago. Porque si hemos de salir del sistema religioso, nuestro alimento espiritual ya no podrá ser cocinado en sus hornos. Pero presta atención, porque creo que recién ahora vas a entender por qué Éxodo capítulo 3 dice lo que dice.
(149) – Origen de Palabras
(Éxodo 3: 14) = Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.
Siempre me intrigó lo siguiente: ¿Por qué no dice así? Y respondió Dios a Moisés y dijo: Yo Soy el que Soy; así que dirás a los hijos de Israel: Yo Soy el que Soy me envió a vosotros. ¿Has entendido la diferencia? Vamos de nuevo. Él dice: Yo Soy el que Soy me envió a vosotros, así que dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros. Pero hace un momento ha dicho que su nombre es Yo Soy el que Soy. ¿No debería ir y decir: Yo soy el que Soy, me envió? ¿Por qué se olvida esa parte? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.
Escucha: en el nombre de Dios, cuando dice “mi nombre es”, da el nombre que tiene en la dimensión de las cosas no creadas, y luego en el de las cosas creadas. Pero cuando dice: “así dirás”, sólo da su nombre de la dimensión de las cosas creadas. Yo sé que esto es difícil de entender porque a mí mismo me costó mucho trabajo incorporarlo al conocimiento cuando lo escuché enseñar. Así te lo voy a aclarar con los mismos rudimentos que me lo aclararon a mí. El nombre, en la Biblia, representa tres cosas. Primero, representa el origen de algo. Segundo, representa su naturaleza, Y tercero, representa su propósito.
Entonces, cuando tú ves que Dios le pone el nombre a alguien. Por ejemplo dice: Abraham. El nombre Abraham, está ligado a Ur de los Caldeos. Y no sólo eso, está ligada a su naturaleza. El Abram sin la hache al medio, y el Abraham con la hache al medio. De Padre Enaltecido, a Padre de Multitudes, ¿Recuerdas? Y está ligado a su propósito. Y es por eso que Dios cambia el nombre. Y eso también tiene que ver con Saulo y Pablo, con Simón y con Pedro. Es decir que el nombre, significa algo muy poderoso. Muy bien; volvamos entonces al concepto del nombre de Dios. ¿Cuál es el nombre de Dios?
Yo Soy el Que Soy. Ahora; eso está tomado de esas cuatro letras que no tenían sentido, ¿Verdad? Así es que; ¿Estamos claros con que el nombre de Dios no es Jehová? Y te puedo dar un dato más: la persona que le puso como nombre Jehová a Dios, fue en el año 1520, un obispo llamado Pedro Galatino. Él, lo que hizo fue añadirle las vocales al tetragramaton, que así se denominaba esa serie de letras impronunciables. Yo he utilizado durante muchos años la concordancia Strong. Me regalaron unos hermanos argentinos que viven en Barcelona, una muy completa, un libraco que lo que tiene de pesado lo tiene de bueno.
Y, respecto a Yo Soy el que Soy, esa concordancia dice: El nombre de Dios, en ese pasaje, revela: Su gloria, Su honor, Su posición, Su poder y Su sustancia. Yo Soy, es el nombre de Dios en la dimensión de las cosas no creadas. Si tú llamas a alguien que está en medio de un grupo, seguramente alguno de los que está en ese grupo te dirá: ¿A Cuál de nosotros llamas? Y tú le responderás: ¡A él! ¡Al que tiene la corbata con claveles rojos! En cambio, si hay una sola persona y yo la llamo, nadie tendrá ninguna duda que estoy llamando a esa persona y no a otra.
Y ese prefijo que yo utilizo cuando en medio de un grupo grande llamo a una determinada persona, es “él”. Quiero que se acerque, él. Y ese prefijo, es el que Dios utiliza para rotularse a sí mismo cuando dice: Yo Soy ÉL que Soy, que es su nombre para el ámbito de las cosas creadas, donde tú y yo moramos ahora. Pero, cuando hablas del nombre completo y absoluto de Dios, entonces es simplemente, solamente, definitivamente: Yo Soy. ¿Por qué? Simple: ¡Porque no hay nadie que esté a su lado! Cuando dices “el que” soy, es porque Él está en otro plano. ¿Ahora lo estás entendiendo, verdad?
Por eso le dice a Moisés: Mira Moisés, mi nombre es Yo Soy El Que Soy para ti. Pero cuando vayas a ellos, les dirás que vienes de parte de: Yo Soy. Una noche, un grupo de discípulos están a punto de zozobrar en una de esas cáscaras de nueces que eran las embarcaciones de esos tiempos, y ahí aparece caminando sobre las aguas, una breve muestra de la dimensión de las cosas no creadas, al que cuando le preguntan aterrorizados quién es, porque se suponen que se trata de un fantasma, él les responde con absoluta tranquilidad: No temáis, Yo Soy.
En ese momento, fíjate, él les está hablando desde la dimensión de las cosas no creadas, y expresa visiblemente, que él está por encima de toda creación. Porque las leyes de la física no operan en él. ¡El camina sobre el agua! Yo camino sobre el agua, ¡Porque Yo Soy! Y no solamente es el caminar lo asombroso de ese pasaje, sino la declaración de Jesús. Porque esa declaración, Yo Soy, está expresando el hecho que le permite caminar sobre al agua. ¡Él puede caminar sobre el agua, porque Él Es!
A lo mejor un día de estos aparece un oriental o asiático que merced a sus rudimentos pueda caminar sobre el agua, pero será en base a un tremendo esfuerzo mental o a la tarea conjunta de una multitud de demonios congregados para que él pueda hacerlo. Porque él es parte de lo creado, no importa cuánto poder tenga en su mente, no interesa que haga volar una casa. ¡Él sigue siendo creado! Pero cuando Jesús caminó en esa noche, Él no estaba haciendo ningún esfuerzo. ¡Porque Él, ES! No es necesario decir que Él es Dios. Simplemente, ¡Él Es! Así que ahora, para despejar el desbarajuste que muchos tienen en sus cabezas, habrá que hablar de la Trinidad. Porque créeme que no son pocos los que creen ver tres dioses, cuando en realidad hay uno solo.
(150) – Procedencia Extraordinaria
El día que nosotros entendamos lo que significó para Jesús tener que cruzar esa línea divisoria, esa frontera entre las dos dimensiones básicas, quedaremos cautivos de amor por Él por siempre. No hay más. Aún si la cruz no hubiera estado allí, el verdadero sacrificio para Jesús, no fue la cruz. El verdadero sacrificio de Jesús fue salir de la dimensión de las cosas no creadas en la que estaba, y rebajarse en todos los terrenos para venir a la dimensión natural, la de las cosas sí creadas. Aún las descripciones más complejas, como Juan 1:1, donde dice “en el principio”, ya es incompleta. Porque utiliza un intervalo. Principio.
Aunque para nosotros es una representación de la eternidad, ya Juan 1:1 empieza en la frontera que separa ambas dimensiones. No hay en la palabra ninguna descripción de la dimensión de las cosas no creadas, que resulte completa para entenderlo. ¿Sabes por qué? Porque Dios ya sabe que no podemos entenderla, en tanto que estemos en esta esfera, y ponernos en la misma estatura que la Creación. El único ejemplo que podrías entender como comparación de ese sacrificio hecho por Jesús, sería el que siendo propietario de una hermosa casa, comprada con el tremendo esfuerzo, sacrificio y ahorro de años, un día por imperio de ciertas obligaciones que no te tienen como responsable, aceptes abandonarla para ir a habitar a una de muchísimo menor calidad.
Lo harás si esa es tu responsabilidad, pero que va a dolerte, va a dolerte. Muy traído de los cabellos este ejemplo, pero es el único que encontré más o menos representativo de lo que hizo Jesús al abandonar la dimensión de las cosas no creadas, para venir a atormentarse en esta. Alguien, con mucha imaginación pero preciso acierto, dijo alguna vez que una de las cosas que más sacudieron la anatomía espiritual de Jesús, fue la de crecer, volverse adulto, envejecer, si es que quieres remitirlo a su etapa de nacimiento. ¡Él venía de una dimensión donde la palabra cumpleaños, no se conocía! ¡Nadie cumple años en el ámbito del espíritu!
¿Será por eso que la Biblia nos relata todo tipo de celebraciones llevadas a cabo en los tiempos anteriores a Jesús, en sus tiempos y en los posteriores, pero jamás nos cuenta de una celebración de cumpleaños? Hay bodas, presentaciones de niños en la sinagoga y hasta bautismos, pero jamás un solo cumpleaños de alguien. Fíjate que nosotros, los seres humanos creados, al concepto de vejez lo tenemos desde niños. Sabemos que el abuelo es viejo y nosotros muy jóvenes. Pero luego sabemos que un día, a no ser que nos muramos antes, llegaremos a ser viejos como ellos. ¡Lo tenemos incorporado como parte de nuestras vidas!
Vemos cómo se vuelven blancos los cabellos de seres que amamos, y los nuestros mismos, luego de una etapa considerable de vida. Ahora, ¿Alguien ha visto envejecer a Dios? Por eso me causa mucha tristeza cuando alguien lo dibuja como un anciano de largo cabello y barba blanca. ¿Nadie le avisó al dibujante, que en la dimensión de lo no creado en la que habita Dios, el tiempo no existe? Y cómo será el precio de esa gloria, que cuando está clavado en la cruz, cumpliendo con el mayor sacrificio que a un ser de carne y hueso se le podría pedir, Él, el dueño de toda la fuente de agua viva que colmará nuestras vidas, en el cenit del despojo que aceptó para asemejarse a uno de nosotros, dice: ¡Tengo sed…!
¡El dueño de la mayor fuente de agua del universo, tiene sed! La tremenda humillación de tener que pasar por una sencilla necesidad biológica básica: beber. Empezamos este capítulo diciendo que Dios no tiene necesidades, ¿Recuerdas? Y ahora estamos observando que ese hombre, que es Dios mismo, encarnado, tiene sed. ¿Puedes concebir a Dios en ese estado? Ni lo intentes, es imposible para una mente finita y sucia como la nuestra. Cómo podrías entender que el mismo que dijo un día: El que tenga sed venga a mí y beba”, ¿Ahora clame por un sorbo de agua?
El puente que permitió que Jesús pudiera cruzar desde la dimensión de las cosas no creadas, a esta de las que sí están creadas, fue el Espíritu Santo, en el momento en que entró en María. ¿Y sabes qué? Todavía lo es para cualquiera de nosotros. ¿Lo crees? Qué terrible tiene que ser para Dios el verte a ti, que le costaste tan alto precio, sintiéndote un gusano, sintiéndote desafortunado, sintiéndote desprovisto, pobre o abandonado. Gran parte de la iglesia se siente aún inferior que el resto de la gente. Yo me pregunto: ¿Cómo puedo yo sentirme menos, cuando costó tanto a Dios llegar a esto? Por eso es que el diablo nos satura de fracasos, nos hace ver que cuando tenemos una crisis en la pareja, o en la familia, o en lo que sea, tendrá más poder que entender el precio que por cada uno de nosotros fue pagado.
(151) – Conclusiones Finales
En principio, estaremos de acuerdo en algo: todo lo que hemos compartido y examinado, seguramente no será suficiente para terminar con el sistema religioso que nos asfixia, nos esclaviza, nos perturba y hasta nos saca del Camino Real. Pero, al menos, te habrá dado acceso a una serie de elementos que en algún momento, serán de infinita ayuda y potencial para combatirlo con éxito.
El mayor obstáculo que se nos presenta, curiosamente no viene de parte de un mundo incrédulo, impío, secular y pecador, sino de adentro mismo de nuestro denominado “ambiente cristiano”. Existen miles y miles de hermanos fieles, sinceros, honestos y altamente confiados en las estructuras de la iglesia convencional que han conocido y en la cual se congregan, que de ninguna manera entienden ni aceptan que algo de ese andamiaje histórico, quizás heredado de padres y abuelos, sea modificado en nada. Lo estiman y consideran con nivel de herejía.
Pero también hay miles y miles de cristianos nominales, que de uno u otro modo están ligados a los sistemas religiosos tradicionales a partir de cargos, posiciones y puestos laborales dentro de ellos. Las iglesias en principio y las estructuras denominacionales luego, contienen y sostienen a muchísima gente con salarios acorde a sus trabajos, incluso, ligados a diferentes convenios colectivos, como si se tratara de cualquier mediana o pequeña empresa. De hecho, a toda esa gente es directamente imposible hacerles entender que ese sistema del cual viven individual y familiarmente, deje de existir. Sería como firmar una especie de suicidio colectivo.
Creo que se ha podido demostrar en este trabajo, que la vigencia activa de los cinco ministerios, aquí denominados como el Ministerio Quíntuple, es el único reaseguro cierto con relación a la destrucción y eliminación del sistema religioso actual. Con el añadido de poder ver al Dios en el que creemos, en su estado absoluto y natural, que no es el que nos han presentado como válido todos los sistemas religiosos conocidos. De hecho, no veo que existan demasiados hombres de Dios ordenados como pastores, que se encuentren dispuestos a dar un paso al costado para permitir el ingreso, a su mismo nivel, de representantes de las restantes cuatro unciones ministeriales. Sin embargo, sólo un acto de obediencia y generosidad de esa altura podrá ser factor clave para la genuina restauración de la iglesia.
De ninguna manera admitiré formar parte de aquellos que prácticamente, y a través de todas las redes sociales conocidas y por conocerse, parecerían haber encarado una guerra sin cuartel en contra de los pastores. No, no pasa por allí ni la solución ni la salida a este dilema. Recuerda que en cada ocasión que hemos cometido el error de generalizar y establecer parámetros abarcativos globales, lo único que hemos conseguido ha sido sumarle una injusticia más a las tantas ya experimentadas.
El problema no es la existencia de un pastor al frente de cada iglesia evangélica tradicional conocida. Porque fíjate que hay denominaciones que seguramente sabrás definir muy bien, que no tienen hombres titulados como pastores al frente de sus membresías, pero que el resultado final de esos trabajos es exactamente similar al supuestamente pastoral que estamos cuestionando. No es el hombre de manera individual y personalizada el responsable de la declinación de la iglesia en este tiempo, no. Es el sistema que los ha encaramado en la cúspide de esa pirámide y los ha llevado a equivocarse bien feo en muchas cosas y, además, caer en abusos propios de gente incrédula e impía.
A mí particularmente no me ha sido revelado todavía qué cosa hay que hacer de manera práctica y contundente, para terminar definitivamente con este sistema religioso que, como todo lo de ese orden, termina siendo aprovechado por las huestes del infierno. Yo tengo una revelación parcial para un trabajo parcial que forma parte de un todo que solamente Dios conoce. En medio de esa revelación, está el inocultable mandato de predicar el evangelio del Reino de los Cielos, el único que predicó primeramente Juan el Bautista y luego el propio Jesús de Nazaret, nuestro Señor.
Lo que sí sé, hoy, aquí y ahora, es que todavía estamos de este lado del sistema, formando parte de él aunque no estemos metidos dentro de un salón o un templo, y que la única salida posible para que definitivamente el Reino de los Cielos recupere lo que le pertenece, y el hombre también logre recuperar lo que perdió en la caída, es cruzar esta frontera tan compleja e introducirnos, definitivamente, en lo que sea que Dios determine que haya Del Otro Lado del Sistema. Que así sea, que es como decir: AMÉN.
