En la carta del apóstol Santiago, en el capítulo 2 y en los versículos 21 al 25, se dan dos ejemplos muy importantes a la hora de entender muchas cosas que hemos aceptado sin llegar a entender. Los dos son de mucho significado. Nos muestran qué es verdaderamente la justificación por la fe.
El versículo 21 dice: ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? Santiago 2 menciona el caso de Abraham. Gálatas 3 y Romanos 4 también mencionan el caso de Abraham.
Pablo dice que el hombre es justificado por la fe, no por las obras, y utiliza el caso de Abraham como prueba. Romanos 4 y Gálatas 3 comprueban que el hombre es justificado por la fe en lugar de por las obras.
Santiago también menciona el caso de Abraham, pero él utiliza esto para comprobar que el hombre no es justificado solamente por la fe, sino también por las obras. Si hubiera usado otras personas no podíamos entender este asunto. Pero al mencionar el caso de Abraham, seguramente podemos entender lo que realmente es la justificación por la fe.
Al utilizar el caso de Abraham, Pablo hace referencia a Génesis 15, mientras que Santiago hace referencia a Génesis 22. En Génesis 15 Dios prometió a Abraham que su semilla sería como las estrellas en los cielos. En Gálatas 3, Pablo pone mucho énfasis acerca de la promesa de Dios para Abraham.
En el libro de Gálatas, Pablo repetidas veces habla de la promesa. La palabra promesa se utiliza muy frecuentemente en el libro de Gálatas. Pablo eleva la promesa en Gálatas. ¿Tú sabes qué cosa es una promesa? En todo el mundo, solamente existe una manera para que el hombre reciba una promesa, y eso es la fe.
No existe otra manera para que el hombre reciba una promesa. Solamente hay esta condición. Si Dios dice que debemos hacer algo y lo hacemos, esto es obrar. Pero Dios no le dijo a Abraham que le daría algo si Abraham hacía esto o aquello. Más bien, Dios dijo que Él le daría descendientes.
¿Cómo recibió Abraham la promesa? No había otra manera sino solo por fe. Suponte que un hermano le dice a su hijo que si se memoriza una lista de palabras en el vocabulario esa noche, mañana él recibirá cinco piezas de dulce.
Si el hijo quiere recibir las cinco piezas de dulce, tiene que memorizarse las palabras. Esto es obrar. Pero si el hermano simplemente promete a su hijo cinco piezas de dulce, ¿Qué tiene que hacer el hijo? El diría: “¿Tengo que hacer esto o aquello antes de que pueda tener el dulce?”
El niño no tiene que hacer nada. Todo lo que tiene que hacer es creer que su padre lo hará para él. En Génesis 15, Dios no le dio a Abraham ni una sola cosa para que lo hiciera. Es como si Dios dijo: “Lo haré por ti. Te daré tus descendientes”. Abraham creyó en Dios, y eso le fue reconocido como justicia, dice en Génesis 15: 6.
Regresando al ejemplo del hijo del hermano, el niño puede decir: “¿Verdaderamente me dará mi padre las cinco piezas de dulce? No parece posible que una cosa tan buena pudiera pasar”. Si él piensa de esta manera, no tiene fe.
Todo el que quiere entender el libro de Gálatas, debe darse cuenta de que una promesa se da sin condición y sin obra. Uno no tiene que hacer nada. El Padre ha hecho todas las cosas. Gracias al Señor que todo lo que Dios promete Él lo cumplirá.
Mientras Dios sea confiable, todo está bien. Aún si uno trata de hacer una obra, no será de provecho. En Génesis 15 Dios le prometió a Abraham que Él le daría muchos descendientes. Abraham tenía todo. Pero no tenía un hijo. Tenía ganado, ovejas y tiendas. Pero no tenía un hijo.
Sin embargo, Abraham creyó a Dios. El creyó que Dios le daría un hijo. El meramente creyó en Dios. No hizo ninguna obra. En el capítulo veintidós, después que Dios le había dado un hijo, le dijo a Abraham: Toma ahora tu hijo, tu hijo único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. (Versículo 2).
Entonces Abraham se levantó temprano en la mañana y tomó a su hijo y lo llevó al monte Moriah. Acomodó la leña para el holocausto en la espalda de su hijo Isaac, e Isaac cargó la leña para el holocausto en la misma manera que el Señor Jesús llevó la cruz.
Cuando llegaron a la montaña, Abraham edificó un altar, acomodó a su hijo sobre el altar y estuvo a punto de matarlo. Este es el incidente que Santiago narra cuando se refiere a la justificación de Abraham. En Génesis 15 la justificación de Dios para con Abraham estaba relacionada a su hijo. Y en Génesis 22 la justificación de Dios para él fue también relacionada a su hijo.
En Génesis 15 Abraham no tenía hijo. Pero creyó en su corazón que si Dios decía que le daría un hijo, seguramente él tendría un hijo. En el capítulo veintidós él tuvo un hijo, pero Dios quiso que le ofreciera a este hijo.
Si Abraham no hubiera tenido fe, habría dicho: “Dios, Tú me dijiste que me darías muchos descendientes. Si mato a mi hijo, ¿no los perderé a todos? No es que no quiera hacer esto; solamente quiero ver Tu promesa cumplida. No es que no me atreva a hacerlo; solamente quiero preservar Tu fidelidad”.
¿Piensan que la ofrenda de Abraham, Isaac, fue una obra o un hecho de fe? ¿Qué buena obra es matar a su propio hijo? Que Abraham haya levantado su cuchillo para ofrecer a su hijo, muestra que él todavía creía en la promesa del capítulo quince.
Dios le había prometido darle muchos descendientes, y para este fin, le había dado un hijo. Ahora si Dios quería que él matara a este hijo, debería ser que Dios lo levantaría de los muertos. Esto era lo que Abraham tenía en mente cuando iba a matar a su hijo.
Su prontitud de matar a su hijo muestra que el creía que Isaac sería levantado de los muertos. La fe en Génesis 15 es una fe en Aquel que llama las cosas que no son, como existentes, mientras que la fe en Génesis 22 es una fe en El, quien levanta a la gente de entre los muertos (Romanos 4: 17).
En los dos casos, lo que Abraham hizo no fue una obra, sino fe. El acto de Abraham comprobó que tenía fe. Esto no significa que Abraham podía ser justificado por matar a su hijo. Esto significa que al sacar su cuchillo, comprobó que tenía fe. La prueba de la fe de Abraham yace en que accedió a ofrecer a su hijo.
Por lo tanto, Santiago no dice que uno no puede ser justificado por la fe. Pablo claramente dice que la justificación no es por obras, pero Santiago no podía decir fuertemente que la justificación no es por la fe. Si los dos se contradijeran, podríamos esperar que uno dijera: “La justificación es por fe, no por obras”, y que el otro dijera: “La justificación es por obras, no por fe”.
Sin embargo Santiago no dice esto. No debemos decir lo que Santiago no dijo. Santiago no dijo que no debemos tener fe; dice que debemos comprobar nuestra fe con nuestras obras. Pablo es el que habla con respecto al principio, por eso él puede declarar atrevidamente que la justificación es por fe y no por obras.
Santiago es un hombre de práctica. Por lo tanto, dice que uno no debe tener fe solamente, sino que también debe tener obras. Solamente cuando existen obras un hombre puede comprobar que su fe es genuina.
Leamos Santiago 2: 21 de nuevo: ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? El ofrecimiento de su hijo fue una obra, y fue esta obra la que comprobó que él tenía fe.
El versículo 22 dice: Ya ves que la fe actuó juntamente con sus obras. Pablo es atrevido para decir que uno puede tener solamente fe, sin obras. Pero Santiago no se atreve a decir que uno debe tener obras solamente, sin fe.
El indica que la fe en Génesis 15 y la obra en Génesis 22 van juntas. Después él agrega otra cláusula. No dice que la justificación viene por la fe más las obras. Más bien, dice: Y que la fe se perfeccionó por las obras.
En Génesis 15 vemos que debido a que Abraham tuvo fe, fue justificado delante de Dios. En Génesis 22 vemos que debido a que Abraham tuvo obras, él fue justificado delante de los hombres. La justificación de Abraham fue perfeccionada por medio de su obra en Génesis 22. La ofrenda de Isaac en Génesis 22 manifestó la fe en Génesis 15, y la fe en Génesis 15 fue perfeccionada por la obra en Génesis 22.
En el versículo 23 nuestro hermano Santiago también cita parte de Génesis 15. En Romanos 4 Pablo cita de Génesis 15 para comprobar que uno necesita solamente fe, no obras. Ahora nuestro hermano Santiago menciona la misma palabra que mencionó Pablo: Y se cumplió la Escritura que dice: ‘Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
En Santiago la palabra le se refiere al hecho sobre el monte en Génesis 22. La ofrenda de Abraham, Isaac, en Génesis 22 fue una ofrenda de fe. Fue una obra que manifestó su fe. Fue el cumplimiento de las palabras en Génesis 15 que dicen que Abraham creyó a Dios y esto le fue contado por justicia.
En Génesis 15 Dios justificó a Abraham debido a su fe. La obra de Abraham en Génesis 22 cumplió la promesa de Dios en Génesis 15. Por lo tanto, no podemos decir que la fe sola no salva y que también hay necesidad de obras. La condición para la salvación es la fe, no las obras. Pero si hay fe, entonces, espontáneamente habrá un cambio en las obras.
Suponte que hay un hombre cuya ocupación es hacer billetes para que sean quemados para los ídolos. Un día el escucha el evangelio y cree. Pero después de que cree, continúa haciendo billetes. ¿Está esto equivocado?
Él sabe en su interior que los billetes se usan para la adoración de los ídolos y que un cristiano no puede hacer tal trabajo. Si tú le preguntas si cree o no en el Señor Jesús, él te responderá que sí. Pero si él abandona su negocio de los billetes, ¿cómo se sostendrá?
Él puede decir que es cristiano, pero no podemos decir con certeza que él es salvo. No sabemos si él ha sido salvo delante de Dios, si tiene fe o no. Si vemos a una persona que cree que el Señor Jesús es el Hijo de Dios y que Él fue crucificado por él, y cree plenamente en el evangelio de Dios, sin embargo, no abandona tales negocios por temor a perder su sustento, no tenemos manera de decir si él es verdaderamente salvo.
Quizás él tenga fe delante de Dios. Aunque la semilla ha sido sembrada, el brote aún no ha salido. Solamente podemos saber con certeza al salir las hojas. No digo que él no es salvo. Solamente digo que no estamos seguros si es salvo o no.
Aquí yace la diferencia. No hay duda acerca de ser salvo por medio de la fe. Pero si las obras no resultan de la fe, otros no sabrán acerca de esa fe. Este no es absolutamente un asunto de buena o mala conducta. Por favor, nota esto cuidadosamente.
Santiago 2 no se trata en absoluto de la buena o mala conducta. El énfasis en Santiago 2 es las obras que prueban la fe de uno. Santiago 2 no nos dice que pongamos nuestra atención sobre las buenas obras o las malas obras. Lo que recalca son las obras que resultan de la fe. Muchas personas son muy buenas en sus obras. Pero esas obras no manifiestan su fe. Estas son obras sin fe; eso no es lo que le preocupaba a Santiago.
El versículo 24 es muy bueno: “El hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. ¿Pueden ver cuán cuidadoso es Santiago? Él dice que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe. Pablo puede decir que el hombre es justificado por la fe y de ninguna manera por las obras.
Sin embargo, Santiago nunca dice que el hombre es justificado solamente por las obras y de ninguna manera por la fe. Si él hubiera dicho eso, tuviéramos que concluir que los dos apóstoles divergen en sus puntos de vista sobre la doctrina. Santiago dice que el hombre es justificado por las obras.
Pero siguiendo eso agrega otra palabra, esto es, que no es solamente por fe. Cuando uno tiene obras, eso prueba que tiene fe. Esto no significa que uno debe tener buenas obras solamente, sino que uno debe tener obras de fe.
Santiago temía que no entenderíamos claramente con respecto al caso de Abraham; por eso en el versículo 25 vemos otra ilustración. El menciona el caso de una prostituta. Rahab no era una mujer honorable. No había mérito en sus obras.
Por lo tanto, vemos que la justificación no es un asunto de buenas obras, sino de obras de fe. Ya he repetido esto varias veces. Se trata de obras de fe, no obras de moralidad. “Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras por recibir a los mensajeros y enviarlos por otro camino?” ¿Qué clase de buena obra es ésta?
Los israelitas cruzaron el río Jordán para atacar Jericó. Si Rahab hubiera sido ligeramente patriota, hubiera entregado a los dos espías. Pero cuando el rey de Jericó envió hombres a buscarlos, Rahab los escondió en la azotea. Después los dejó ir. Santiago nos dice que la obra de esta mujer la justificó.
¿Qué obra tuvo ella? Su obra fue mentir. Obviamente los hombres estaban allí, sin embargo ella dijo que no estaban. ¿Mentir es una buena obra? Todos los cristianos saben que mentir no es bueno. Sin embargo, Rahab fue justificada por su obra de mentir. Si alguien dice que ésta es la justificación por las obras, es algo que ellos mismos están diciendo; no es lo que Santiago está diciendo.
Ellos meramente están diciendo en el nombre de Santiago lo que ellos quieren decir. Pero, ¿qué es lo que Santiago mismo dice? Él dice que cuando Rahab dejó ir a los dos hombres que espiaban Jericó, eso le fue contado a ella como justicia.
¿Qué quiere decir Santiago? Cuando los israelitas abandonaron Egipto y fueron al desierto, no podían establecerse en cualquier lugar, sino que tuvieron que vagar por cuarenta años. ¿Para qué sirve una nación así? Por lo menos en Jericó la ciudad de Rahab había una muralla alrededor.
Todo lo que los israelitas tenían era arena bajo sus pies. Por lo menos en Jericó había casas. Todo lo que los israelitas tenían era tiendas. Aun su Dios tenía que morar en una tienda. ¿Qué había de especial en tal nación?
Sin embargo, cuando los dos espías vinieron y le dijeron cómo Dios había cuidado de ellos, cómo hizo milagros para ellos, y que había prometido que Jericó, y aun toda la tierra de Canaán, sería entregada a ellos, sus palabras causaron que Rahab creyera.
Ella puso su propio futuro, su vida y aun a toda su familia en sus manos. Incluso estuvo dispuesta a hacer algo en contra de su propio país. Dios no dice que ésta fue una buena obra; Él dice que esta obra fue la expresión de su fe.
Si los muros de Jericó hubieran sido hechos de paja o plumas de gallina, pudiéramos pensar que ciertamente los muros hubieran podido caer. Pero los muros de Jericó eran tan altos como los cielos. Sus puertas estaban fortificadas con barras de bronce.
¿Cómo pudo ser tomado tan fácilmente? ¿Cómo pudo Rahab haberse confiado ella misma en dos espías? Esta fue la obra de la fe, y Dios dice que lo que justifica a una persona es esta clase de obra; no es un asunto de bueno o malo.
Tener buenas obras no es el tema. Tener malas obras tampoco es el tema. La carne es absolutamente inútil delante de Dios. No tiene lugar para nada. Cada obra en Adán, ya sea buena o mala, es rechazada por Dios.
Si un hombre le dice a otro que solamente las buenas obras salvan, tal persona no conoce lo que es la carne. Por lo tanto, no es un asunto de obras. Las buenas obras no pueden justificar. Ni tampoco las malas obras.
Por lo tanto, Santiago 2 habla acerca de las obras de fe. No está relacionado con nada más. Rahab arriesgó su vida. Si los hombres enviados por el rey de Jericó hubieran encontrado a los espías en su casa, inmediatamente ella hubiera perdido su vida.
Pero ella esperaba ser salva por medio de los espías de Israel. Ella confió su propia vida y futuro en sus manos. Por lo tanto, el tema no es buenas obras o malas obras, sino tener fe o no tenerla. Es la fe la que justifica.
Aunque Santiago dice que Rahab fue justificada por obras, sus obras no fueron sino una manifestación de su fe. Finalmente, el versículo 26 dice: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”.
Nuestro espíritu reside dentro de nuestro cuerpo. Por lo tanto, podemos decir que nuestro espíritu es el espíritu de nuestro cuerpo. Decimos que los malos espíritus son los espíritus que han dejado su cuerpo, porque ellos están sin un cuerpo.
Hay una clase de obra que requiere fe y que debe estar unida a la fe. Hay una clase de obra que resulta de la fe y que proviene de la fe. Si la fe es sin obras, está muerta de la misma manera que un cuerpo sin un espíritu está muerto.
Por lo tanto, somos salvos por medio de la fe, somos justificados por medio de la fe, y también recibimos vida por medio de la fe. Aunque hay diferentes maneras de expresar la fe, la fuente todavía es fe. Algunos la expresan por medio de abandonar su profesión.
Otros la expresan por medio de no seguir los pasos de sus padres. Aun otros la expresan por medio de no ser uno con su esposo en ciertas cosas o por medio de abandonar su posición. Hay toda clase de expresiones de la fe. El asunto no es buenas o malas obras, sino fe. Lo que Santiago está diciendo es que cuando la oportunidad se presenta, nuestra fe debe ser expresada.
Por lo tanto, no podemos decir que la salvación es por las obras, Hebreos 6: 1 menciona la palabra de los rudimentos de Cristo. El fundamento de la palabra de Cristo es el arrepentimiento de las obras muertas. ¿Qué es arrepentirse de obras muertas?
Es el arrepentimiento de lo que hemos hecho cuando estábamos muertos. En la Biblia, hay dos cosas de las que tenemos que arrepentirnos. Una es el pecado. La otra es las obras muertas. Todo lo que está moralmente equivocado es un pecado y una transgresión.
Si un hombre cree en el Señor, seguramente que debe arrepentirse y tratar con esos pecados. Además, debemos también odiar y arrepentirnos por lo que hicimos como personas muertas. ¿Cuáles son las obras muertas?
Ellas son todas las buenas obras que fuimos capaces de hacer por nosotros mismos antes de que fuéramos salvos, antes de que viniéramos a ser hijos de Dios, antes de que recibiéramos la vida nueva, y antes de que llegáramos a ser una nueva raza.
Uno ve sus pecados y transgresiones por lo que ellos son. Pero no ve las cosas que él considera moral y noble como cosas de las que tiene que arrepentirse. Dios dice que esas son obras muertas. Ellas fueron llevadas a cabo cuando estábamos muertos. Debemos arrepentirnos de todas esas obras, no depender de ellas para la salvación.
Cuando somos salvos, hay dos grandes arrepentimientos. Uno es el arrepentimiento por todas las cosas que no debíamos de haber hecho. Pero cuando alguien entiende el evangelio y ve la obra completa de la cruz del Hijo de Dios, él también se arrepiente por otras cosas, que son todas las buenas obras que anteriormente él ha hecho.
Anteriormente, tratamos lo mejor de hacer el bien, como si Dios solamente nos salvara si El fuera impresionado de una manera suficiente por nuestras buenas obras. Sin embargo, hoy día, llegamos a ser cristianos.
Debemos arrepentirnos no solamente por nuestros pecados; tenemos que arrepentirnos también por nuestras obras muertas. Por lo tanto, las obras muertas no pueden ayudarnos a ser salvos. Puede decir que uno debe creer en el Señor Jesús, sin embargo, uno también debe tener buenas obras.
Pero Dios lo ve como un trapo de inmundicia. La justicia que Dios nos da excede a la justicia de la ley. Por lo tanto, si queremos venir a Dios, no solamente debemos no traer nuestros pecados junto con nosotros, también no debemos traer nuestras obras con nosotros. Si queremos hablar con respecto a las obras, entonces nuestras obras, antes de que puedan ser aceptadas, deben ser tan perfectas delante de Dios como las de Cristo.
Mis amigos, deben ver que la salvación no es de ustedes mismos. Ustedes deben comprender en su corazón que todo es del Señor Jesús. La fe no es una virtud. La fe es solo recibir. Uno de nuestros himnos del evangelio dice: “Obrar no me salvará” y “Llorar no me salvará” (#1000 en Hymns, publicados por Living Stream Ministry).
La última estrofa dice: “La fe en Cristo me salvará”. Cuando vi por vez primera esta línea, inmediatamente la rechacé y la reemplacé con “Solamente Jesús me salvará”. La fe no es una virtud. La fe es solamente permitir que el Señor nos salve.
Es como una persona que cae en el mar. Cuando alguien viene a salvarlo tirándole una red, él no tiene que hacer nada. Mientras él no se salga de la red, estará bien. Todo es hecho por el Señor Jesús. ¡Aleluya! Digo de nuevo, nunca malentienda a Santiago 2. Las obras en Santiago 2 no son un asunto de ser bueno o malo, sino de tener o no tener fe.