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Modelos Para Potenciar Historia

Hay algo que, si bien no debe preocuparnos, porque el creyente debe estar ocupado, no preocupado, por lo menos nos hará pensar seriamente. Y ese algo es que llegará un día donde la gente, muy afanada en adorar cosas movibles y temporales, olvidará adorar el epicentro de lo que hasta allí haya sido su fe.

Conforme a rutinas asentadas en el Antiguo Testamento, podemos decir que podrá llegar un tiempo en donde la gente ni siquiera va a procurar el arca. Decir eso en el Antiguo Testamento, es como decir hoy que durante toda esta semana ni vas a orar, ni vas a leer tu Biblia ni vas a adorar y ni siquiera acordarte de Jesucristo.

Porque, -dice- que en aquel tiempo llamarán a Jerusalén el trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella, en el nombre de Jehová, en Jerusalén, y andarán más tras las durezas de sus malvados corazones. Y en aquellos tiempos irán de la casa de Judá y de la casa de Israel.

Cuando el verdadero Dios sea el Dios de todos nosotros, y haya una verdadera unidad que no sea producida por el alma, sino producida por un propósito, entonces, la morada de Dios ya no sería una caja, sino que sería un pueblo. Y nadie estaría interesado en un culto, sino en una vida que exprese la plenitud de Cristo en la tierra.

Si mi alma se olvidare de Jerusalén, no lo puedo hacer. Si me olvido de Jerusalén, ¡Ay de mí! ¿Cuántos me están entendiendo en el inicio de este trabajo, hacia dónde debemos caminar? Mira Isaías 22. Hay un tiempo donde la unidad de dos personas, será como la unidad de David con Jonatán, en la que ellos decían que esa unidad podía producir más que la unidad con una mujer.

Estaba diciendo que el fruto, que el potencial de esas dos vidas unidas, podía producir más vida que lo que normalmente podía producir un matrimonio. Y escúchame: tremenda la comparación, porque en aquellos tiempos los matrimonios tenían quince, veinte, o treinta hijos cada uno.

(Isaías 22: 1) = Profecía sobre el valle de la visión. ¿Qué tienes ahora, que con todos los tuyos has subido sobre los terrados?

Profecía sobre el valle de la visión. Jerusalén es llamada: “el valle de la visión”. Esa palabra, allí, valle, significa el asiento de los decretos de Dios. O sea: si me olvido que los asientos de los decretos de Dios es Jerusalén, entonces en Babilonia no lo hago.

Si me olvido que toda mi instrucción viene de ahí, termino siendo instruido por las presiones de grupo. Por la moda, por las costumbres, por las tradiciones. Porque, -te recuerdo- los cristianos tenemos nuestro propio vocabulario; lo que en el mundo es moda, en la iglesia es mover.

Sin embargo, déjame decirte que sigue siendo lo mismo: una moda. A veces lo espiritualizamos un poco más, y le llamamos avivamiento. Como si a Dios le gustara la palabra avivamiento. Avivar significa que algo estaba muerto, o dormido.

Cuando Dios escucha de nosotros la palabra avivamiento, se le cae la mandíbula. Y nosotros gozosos, felices y contentos. Te dio su vida, y tú te la pasas avivándola. ¡Son terminologías que nos hacen tan pequeños delante de Dios! Pero ahora estamos creciendo. Dios quiere hijos humildes y obedientes, no pequeños.

El valle de la visión. Esa palabra, visión, significa la continua revelación del decreto de Dios. O sea: no puedes tener una verdad, estacionarte allí y creerte que la vas a hacer en Babilonia. Tienes que continuar colocando el valle del decreto de Dios continuo, como el prioritario y preferente asunto sobre tu más alta búsqueda en tu vida.

Recuerda lo que estamos haciendo: describiendo a Jerusalén. ¿Para qué? ¿Por qué? Porque hay que ponerla por encima de todo. Jerusalén es el asiento de tus instrucciones. Para ti, Jerusalén, es la voz de Dios. Y la voz de Dios te llega mediante el canal menos esperado. ¿Tú pastor? Puede. Pero también por ese hermanito anónimo, pobre y que nadie acompaña ni saluda. Inclina tu oído.

“¡Es que yo no escucho a hombre, escucho a Dios!” De acuerdo ciento por ciento contigo, pero resulta que Dios usa a hombres y mujeres para hablar lo que debe hablar, y si tú no los oyes a ellos, terminas no oyendo a Dios. Nada que ver con seguir a hombres por recompensas de hombres.

(Isaías 33: 17) = Tus ojos verán al Rey en su hermosura; verán la tierra que está lejos. (Esto es Jerusalén)

(18) Tu corazón imaginará el espanto, y dirá: ¿Qué es del escriba? ¿Qué del pesador del tributo? ¿Qué del que pone en lista las cosas más insignes?

(19) No verás a aquel pueblo orgulloso, pueblo de lengua difícil de entender, de lengua tartamuda que no comprendas.

Lenguas tartamudas que no comprendas, es la confusión de Babilonia. ¿Cuántos entenderán esto? Hay gente que te profetiza, y cuando termina de profetizarte, tú estás más bruto que antes de profetizarte. ¡Muy confundidos! Desbarataron todo el curso de tu vida, no entendiste nada, pero si la persona tiene renombre, no hay nada que hacer, el bruto eres tú. Sé que esto te causa gracia, y es probable que te estés riendo, pero; ¿Sabes el daño que causa eso?

(20) Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes;

Escucha: el principio, aquí, es el siguiente: tú y yo vamos juntos hacia un rumbo, hacia un destino que Dios nos ha revelado, como tribu. Hay varias tribus en el Reino de Dios. No todo el mundo tiene nuestro énfasis, y esta no es la plena verdad, es una parte. Pero es la que nos corresponde, porque tu espíritu ha sido traído a ella, y Dios nos ha unido.

Entonces, las fiestas solemnes, hablan de jornada y compañerismo, no son una opción. Si vamos a existir en Babilonia, tendremos que subir a las fiestas solemnes, que en el día de hoy, son ciertas conferencias donde hay alimento sólido, palabra genuina y cero entretenimientos.

Allí tenemos que estar. Porque es allí donde Dios nos dará fresca dirección para el lapso que transcurra hasta la próxima conferencia o contacto cibernético. Israel tenía que ir. ¿Por qué? Porque Jerusalén está por encima de su agenda.

Y si nosotros no ponemos a Jerusalén por encima de nuestra agenda, nuestra agenda se traga a Jerusalén, y se convierte en una agenda babilónica. Esto es matemática, dos y dos son cuatro, es cuestión de tiempo. Recuerda todas las excusas que dieron aquellos siervos cuando Cristo los invitó a la cena.

Eso no cambió que la cena ocurriera igual. Así que el principio, allí, es que estamos migrando constantemente juntos, y cuando tú te pierdes un estudio, una conferencia, un depósito espiritual, o un trabajo de todos estos, (Y no lo estoy diciendo como promoción personal, esto no tiene nada que ver conmigo) te quedas varios pasos atrás.

La velocidad que tiene la revelación que Dios nos está trayendo, determina que si no sigues todo esto a la misma velocidad, cuando escuchas algo un día cualquiera, ya no entiendes nada. Hay que subir a la fiesta solemne.

Cuando tú hablas de mirar a Babilonia, u observar a Babilonia, estas palabras de “acordaos o “mirad”, tienen que ver con intensidad, no como un simple recuerdo de meditación. Tiene que ver con escudriñar, de fijar tus ojos, de tener una visión tuya. O sea: habla de un enfoque personal, único e indivisible, pero tuyo y del Señor.

Habla de una milicia mental que produce que tus ojos, y no los naturales, obviamente, que tu impulso en tu vida, tu inercia, tu ímpetu, que toda tu energía, sea canalizada hacia un mismo lugar. Así es como se obtienen las metas en la vida: cuando toda tu energía y todo tu esfuerzo, están puestos para una sola cosa.

Hay demasiada gente que pretende hacer demasiadas cosas a la vez. Por eso es que es necesario identificar, escúchame: nadie que no haga lo siguiente, resolver internamente, entiende. Para terminar la carrera en medio de un mundo antagónico al propósito de Dios, es necesario: resolver internamente, antes de comenzar la jornada, que nada ni nadie, ni antagonismos ni hostilidades, ni soledades, ni ningún demonio que se cruce te hará mover un milímetro de tu objetivo.

Si no entras con esa mentalidad, no vas a terminar. Me habrás escuchado anteriormente, decir esto mismo con un poco más de elegancia. He dicho: si tienes un punto de doblez, allí es donde serás doblado. Si tienes un punto de compra, serás comprado.

Si es una novia o un novio, esa novia o ese novio, te sacan. Si es un hijo, se convierte en tu Isaac. Si es un matrimonio, igual. Si es una empresa, lo mismo. Porque si esa empresa no es para canalizar la bendición del Reino, te saca del propósito totalmente. Aférrate a este concepto, porque cuando llegue un determinado caso a tu vida, ese caso no será un problema, sino un simple asunto a resolver.

(Zacarías 8: 3) = Así dice Jehová: yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad.

Ciudad de la Verdad. Si yo no coloco a Jerusalén como mi más alta búsqueda en la vida, me alejaré de la verdad. Jerusalén es Ciudad de la Verdad. Lo paso en limpio: Ausencia de hipocresía en mi vida. Cero simulaciones. Ausencia de falsedad, integridad. Ser tú mismo, no una imitación de otros.

En el ambiente joven todavía se incurre en un antiguo error: impostar la personalidad de alguien muy admirado por las chicas con la finalidad de cautivarlas o seducirlas. Piensa: ¿Quién las está seduciendo? ¿Tú o esa persona a la cual estás imitando?

Jerusalén es una Ciudad de Verdad. No es un reflejo de la verdad; es la sustancia de la verdad. Es una vida que se vive fuera de los ámbitos de la falsedad. Algo que cuando tú lo ves en público, es exactamente lo mismo que luego podrás ver en privado.

Por eso es una ciudad como de cristal. ¿Qué significa esto? Que es transparente. Estos son los principios que fabrican en ti la expresión de Dios, en medio de un ambiente lleno de personas que muestran lo que parece ser la expresión de Dios, sin serlo.

Es una ciudad de verdad. Una vida consistente con tu decreto. Ojo, esto no es tontería. ¡Que tu vida se alinee con tu decreto! Una vida que se vive fuera del ámbito de la falsedad, tiene que ver con fidelidad, tiene que ver con firmeza, que cuando llegan los problemas, tú no te mueves.

No te tambaleas. Porque tú eres la verdad, y la verdad permanece. Se viene abajo con estrépito toda la mentira, mientras que la verdad queda paradita en el medio. Por ahí vienen un montón de acusaciones, pero dice la palabra que cuando te acusan y no es verdad, esa acusación es para la gloria de Dios.

Por eso tienes que ser firme, tienes que ser tú. Porque si lo que está parado allí no eres tú; si tú has inventado una imagen que es la que la gente conoce, pero que no tiene nada que ver con la que tu esposa ve y hasta padece todos los días, estás en problemas.

Esto no es teología, esto no son principios bíblicos profundísimos, esto ni siquiera es una enseñanza moral respecto a lo que tiene que ser tu conducta como cristiano. Esto, ni más ni menos, ¡Es tu guerra contra Babilonia! ¡Derrótala!

Somos ciudad de verdad. Firmes, inconmovibles. Porque la verdad no es algo que tú dices, es un estilo de vida que tú muestras, es tu sustancia. Tus más altos sueños tienen que ser gobernados por estos principios. Si para lograr hacer lo que tú quieres hacer en la vida, tienes que dejar de ser verdad, entonces eres Babilonia.

¿Entiendes lo que estamos haciendo? Hemos tomado a la palabra Jerusalén y la estamos describiendo. Y a partir de allí, toda tu vida tiene que someterse a lo que estamos describiendo. Esos son los principios. Y no son principios míos, obviamente, están saliendo de la Biblia.

Esto fue lo que hizo Israel para vencer. Y si funcionó para ellos, ¿Por qué no funcionará para nosotros? Porque la misma Biblia te dice que lo que le aconteció a Israel, son ejemplos para nosotros, a los cuales nos han legado los fines de los tiempos.

Ahí mismo, en ese verso, dice que somos Ciudad de Verdad. Vamos a dejar a un costado la palabra verdad, ahora, y vamos a enfatizar la palabra “ciudad”. Tenemos que ser ciudad. No valle, ni aldea, ni colonia. Somos ciudad.

O sea: nuestra vida tiene que expresar gobierno en orden. Una ciudad tiene necesariamente para funcionar bien, que poseer gobierno en orden. Si no hay gobierno y orden, no hay ciudad. Tu vida tiene que estar ordenada. No puedes ser un irresponsable.

¿Paraqué son nuestros principios? Para prevalecer en medio de una presión constante, en una difícil sociedad como es la actual. En tu trabajo, en tu escuela, en tu familia, en la iglesia. Llévalo donde quieras, trasciende la iglesia. Esto no es iglesismo, esto es principios para vivir en el planeta Tierra.

Y dice que se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad. Aquí no hay demasiado para añadir, tú ya lo sabes: sin santidad, no llegarás a nada. ¡Es que estamos en el Reino! Bien, pero eso no cancela la santidad.

Santidad no es ser una monja dentro de un templo, es adoptar una total separación para los propósitos de Dios. Tú eres su vehículo, tú eres embajador de Cristo. Hasta tu trabajo y tu propio jefe trabajan para ti.

Si tú te levantas todos los días para ir a trabajar, sólo porque tienes que pagar cuentas, déjame decirte que tu vida es altamente miserable. En cambio, si tú ves a tu trabajo como un vehículo para adelantar al Reino de Dios, entonces tú eres importantísimo.

Y cuando tú piensas así y tienes fe de que Dios está haciendo eso; cuando tú hablas con integridad, excelencia y buen vocabulario porque eres buen estudiante de la palabra, y siempre te estás actualizando, la sabiduría que emana de ti impresiona a tus jefes.

Entiende: no vas a conseguir las cosas simplemente porque eres cristiano, sino porque eres un ejemplo dentro de Babilonia. Porque llegaste a tu trabajo temprano, y saliste tarde. Y porque no andas leyendo la Biblia en tu trabajo. Y tampoco haciéndote el Billy Graham o el Carlos Anacondia en tu trabajo.

Tú debes ir camino a ser imprescindible allí. Que si un día la empresa tiene que reducir personal, a nadie ni siquiera se le cruce por la cabeza la idea de poder hacerlo sin ti. Que entre el retiro y un ascenso, lo que inspires con tu conducta y tu calidad laboral responsable, sea el ascenso.

Pero solamente orando y luego llegando tarde y andando de vago por las oficinas, vas a ver dónde vas a ir a parar con tu evangelio personal y privado. Porque la fe, sin obras, es muerte. Vamos a transicionar al Nuevo Testamento, para que veas que Babilonia es una cosa constante a través de todos los tiempos.

(Lucas 1: 26) = Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret (Subraya eso), (27) a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, (Desposada significa que legalmente estaba casada, pero que el matrimonio aún no se había consumado como normalmente se consuma un matrimonio), y el nombre de la virgen era María.

(28) Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres.

(29 Más ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Nota que dice que María se turbó por sus palabras y por esa rara forma de saludarla, pero no se turbó por la manifestación, por la aparición, como quiera que esta haya sido, de un tremendo arcángel. Esta era una señorita muy madura.

Ella no estaba impresionada por la visión, sino por el contenido de las palabras. Hay mucha gente así. Gente que se impresiona por la palabra revelada, mucho más que por alguna sanidad milagrosa o por alguna dramática liberación. 

Y casi que esto sería más que obvio, porque la palabra viene de un ser que se llama Dios. Y ese es un milagro, que Dios nos hable. Pero sin ir demasiado lejos, manifestaciones suelen hacer hasta los magos, los hechiceros, los curanderos.

Y fíjate que cuando María se pregunta qué clase de salutación sería esa, ella estaba escudriñando en su mente, desde los textos del Antiguo Testamento, (El Nuevo todavía no existía) a qué mujer en toda la historia de Israel, Dios la había hecho saludar de esa manera.

Ella andaba discerniendo las palabras de un ser divino. En lugar de desmayarse de alegría, ponerse a llorar de la emoción o aferrarse a la mano de la aparición de puro Cholula, ella reflexiona y se pregunta y pregunta casi en voz alta: ¿Por qué yo? Esa era María. ¡Diecisiete años!

(30) Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

(31) Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

(32) Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; (33) y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

(34) Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón. (No era una pregunta surgida de la incredulidad de María, sino de sus dudas en cuanto al embarazo sin haber conocido varón)

(35) Respondiendo el ángel, Le dijo: el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

(36) Y he aquí tu parienta Elizabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; (37) porque nada hay imposible para Dios. (Nota que esta frase está escrita dentro del contexto que estamos leyendo.)

(38) Entonces María dijo: he aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.

(39 En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; (40) y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elizabet.

(41) Y aconteció que cuando oyó Elizabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elizabet fue llena del Espíritu Santo, (42) y exclamó a gran voz, y dijo: bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

(43) ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

(44) Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

(45) Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor. (Entonces a partir de allí, María profetiza salmísticamente, y dice:)

(46) Engrandece mi alma al Señor; (47) y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.

(48) Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

(49) Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, (50) y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.

(51) Hizo proezas con su brazo: esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

(52) Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.

Pregunto: ¿De dónde podría sacar esta chiquilla todas estas conclusiones respecto a la salutación? Sólo hay una explicación coherente, aunque a muchos todavía les suene a fantasía: tiene una profunda revelación profética. ¿De dónde asume ella que Dios hizo todo esto? ¡Si sólo fue una salutación! Nosotros solamente vimos una salutación, ella ha visto quince versículos de profecía que cubren toda la Biblia.

(53) A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos. (¿Cuándo hizo todo eso? ¡Si lo único que Él hizo, fue saludarla!)

(54) Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia (55) de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre.

Escucha: ella está comparando todo lo que a ella le está sucediendo, con la promesa que Dios le hizo a Abraham. Esta mujer es muy inteligente. No es una diosa, no es una deidad, no es apta para adorar ni tiene calidad superlativa en lo espiritual. Sólo es una niña elegida por Dios para ser vehículo santo, por cualidades espirituales, morales e intelectuales impresionantes.

¡María no es digna de adoración! Pero sí de admiración humana con connotaciones espirituales. Como podrías admirar a un bendecido ministro, hoy. Hoy no cumple ningún rol, está muerta como tu abuelita. Cumplió un altísimo rol en su momento, como tu abuelito cuando fundó la iglesia a la cual asistes.

Este es un modelo de una persona dentro de un mundo antagónico, estableciendo el Reino de Dios. Claro, ella establece el nacimiento de Jesús. Hoy, nosotros, tenemos el mismo llamado que ella: la manifestación de Jesús entre los hombres.

Tenemos el mismo llamado que María. Así que mí amado hermano congregado en altas catedrales y pompas ornamentales, admiremos a María, imitemos su abnegación, fe y valentía, si quieres. ¡Pero no la adores, no es Dios! Es una mujer fallecida, como quizás lo es tu mamá o tu abuelita.

Nosotros, hoy, tenemos que dar a luz la manifestación de los hijos de Dios, que es la plenitud del varón perfecto. Tenemos la misma palabra del ángel para nosotros. Las mismas presiones que ella. O sea: la profecía, decía lo siguiente:

Iglesia de: (Y aquí ponle el nombre de tu ciudad, de tu población, de tu aldea, de tu región), vas a estar involucrada en los propósitos de Dios de una manera muy íntima; prepárate. Esa fue la profecía. La profecía dijo lo siguiente:

Tendrás que impactar tu generación. Vas a traer cambio a las naciones, y vas a afectar a todas las naciones venideras. Esa es la misma palabra que tenemos nosotros. Queremos impactar nuestra nación, queremos dejar la huella de Dios en nuestra generación y afectar generaciones venideras.

¿Por qué? Porque tenemos la visión de un Dios multi-generacional, y no de una generación que se la pasa pensando que nos vamos nosotros y el resto que se jorobe. Si verdaderamente nos vamos, está todo bien; pero si no nos vamos, debemos prepararnos para que los demás empiecen donde terminamos y no tengan que volver a empezar todo desde cero.

Si me interrumpen, gloria a Dios; pero si no me interrumpen, entonces tiene que haber una inercia para que se termine lo empezado. Ella es un modelo. Ella consideró la palabra del ángel, como una palabra que no había tenido precedentes.

A ninguna de las mujeres que tuvieron algo que ver con el propósito de Dios, se le habló así. ¿Sabes qué? A ninguna generación de la iglesia le ha llegado la responsabilidad de consumar los tiempos. Nadie tiene experiencia. Nadie ha pasado por aquí, antes.

Lo estamos haciendo por primera vez. Y en ese sentido es que podemos estudiar a María. Estamos leyendo el capítulo 1 de Lucas, para extraer de la vida de María los principios que necesitamos para prevalecer en la sociedad actual.

¿Por qué María? Porque María establece el Reino de Dios. ¿Quién es el Reino de Dios? El Reino de Dios es la persona de Jesús expresando la verdad del Padre. Y expresada a imagen, no a reflejo. Por eso Él dice y la palabra lo resume: “Si me has visto a mí, has visto al Padre”.

Y ella da a luz un hijo. Y vemos en el decreto o declaración que lanza el ángel, que nosotros somos identificados porque también somos una generación pionera que está edificando y programando progresivamente el fin de todos los tiempos.

A nosotros también se nos ha encomendado impactar a nuestra generación y las generaciones venideras. Estamos involucrados en el propósito de Dios de una manera muy íntima. ¿Qué es lo que se puede ver en la vida de María?

Número uno: el asunto de pureza. Dos veces en el primer verso que leímos, el verso 27, dice que ella era una virgen. Y es importante, porque para dar a luz en un ambiente babilónico, tenemos que tener bien en claro este asunto de pureza.

Pureza mental. Claro está que ni siquiera queremos llegar a mencionar la pureza moral o sexual. De lo que quiero hablar es de algo un poco más profundo, como por ejemplo es la pureza doctrinal. Necesitamos conducirnos con una verdad pura.

¿Por qué digo esto? Porque lo que nosotros creemos, eso es lo que gobierna nuestras acciones. Aquello que entendemos del futuro determina el ministerio presente. Por eso digo que necesitamos pureza doctrinal. Necesitamos pureza mental.

Necesitamos no estar corrompidos con las filosofías propuestas por el espíritu de Grecia o, incluso, con las nacidas de nuestras propias muletillas religiosas eclesiásticas. La palabra dice que la cruz es el verdadero poder de Dios, así que nuestro mensaje de Reino siempre tendrá que ser Cristo céntrico.

Recuerden que sin santidad nadie verá al Señor. Y el hecho de que hayamos arrojado fuera muchas antiguas tradiciones, no nos da permiso para erradicar principios básicos y fundamentos determinantes que el evangelio ha enseñado y sigue enseñando.

Cuando te digo que tenemos que apropiar ciertas verdades más allá de la oración, de ninguna manera estoy negando o cancelando la oración. Hay que orar, hay que ayunar y todo eso que hemos aprendido. Pero recuerda que esas cosas sólo nos mejoran a nosotros, de ninguna manera nos consiguen favor con Dios.

Porque el favor que tienes con Dios, lo tienes en Cristo Jesús, y ya está consumado. Muchachos: ya no ayunen más para conseguir novios, no es así como funciona. En segundo término, podemos ver en María el asunto de vencer a la oscuridad.

El verso 26 dice que ella proviene de una ciudad llamada Nazaret. En casi todos los países anda dando vueltas una broma que se hace con relación a cierto lugar de ellas que tiene mala fama. Cuando alguien no da el perfil, normalmente se suele decir: “Oh, este parece que viene de…”

Es como decir que de allí no sale nada bueno. Para producir el propósito de Dios en medio de una generación opuesta o antagónica a ese propósito, tienes que vencer el dilema de tu oscuridad, tu pasado. A nadie le interesa si vienes de la extrema pobreza, si ha sido delincuente, si tu madre fue prostituta.

Si Dios te ha hablado para producir en este tiempo, tus circunstancias, tu historial familiar, tu pasado, el lugar de donde provienes o la calidad de escuela que tienes, no tiene nada que ver con tu potencial de dar a luz el propósito de Dios.

Tienes que vencer el asunto de la oscuridad de tu pasado. Dios está buscando a un pueblo que entienda que no tiene nada que ver su pasado con dar a luz su propósito. El tercer asunto tiene que ver con la soberanía de Dios.

Verso 34: Entonces María le dijo al ángel: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? Es lo mismo que quizás hoy te preguntas tú: ¿Cómo podría yo, desde este remoto lugar en el mundo, pretender dar a luz el propósito de Dios?

No tenemos influencia con nadie, no conocemos a grandes ministerios. ¡No tiene nada que ver, Dios es soberano! – Es que no tengo conexiones…- La vara de Aarón no tenía ninguna conexión terrenal, y sin embargo produjo. No tiene nada que ver con la tierra, tiene que ver con tu deseo de dar a luz el propósito de Dios.

Tú puedes anular toda la validez de tu pasado, simplemente con la existencia de tu presente. O sea: si tú sumas lo que tu pasado debe producir, igualas a otra persona que no eres tú. Tanto así que, cuando regresas a ver gente que todavía está enterrada en su pasado, (Quizás familiares), ellos ya no saben quién eres.

Y esto no es hacer exaltación de nada, esto es hablar del producto básico de nacer de nuevo. Tú no eres de la nacionalidad legal que eres, porque esto no es algo cultural. Esto es, simplemente, que tú has nacido de una nación superior a la tuya. Esto es del Reino, nos hace a todos un pueblo.

Y no es ofensa a ninguna de las naciones que participan en este espacio, todas las naciones son hermosas a los ojos de Dios. Pero resulta ser que hay un Reino superior, que es de todo linaje y de toda lengua. Que tienen una cultura en común, que es la cultura de Dios y no la de tu país.

Dios es soberano. En cuarto lugar, vemos la actitud de cederle su agenda a Dios. Ella dijo: Hágase conmigo, conforme a tu palabra. ¿Cómo? ¡Te estoy dando licencia para que mi reputación en Israel, cambie. Te estoy dando permiso para que me apedreen a la puerta de la ciudad. Te estoy dando permiso para que mi marido me repudie y me divorcie.

Te estoy dando permiso para que mi figura cambie y me la dañes. Te estoy dando permiso para que cambies mi dieta, porque ahora estoy embarazada. Te estoy dando permiso para que todo mi futuro cambie. Hágase conmigo conforme a tu palabra.

¡Y no lo consultó con su marido! Esa es la gente que produce al Hijo de Dios. La gente que tiene que consultar antes de decir que sí, no termina. Hay un principio básico: antes de comenzar algo, por dentro di que sí. Luego, si quieres, ve a hablar con quién quieras.

Porque de ese modo, con quien sea que hables, no te va a cambiar. Es un principio, es un fundamento de la gente que termina. Primero: ¡Voy a hacer esto! Ahora lo comparto. ¿Qué crees tú? Ya no interesa demasiado lo que creas, pero ¿Qué crees?

Es para ver si sacas alguna sabiduría de lo que te dice, pero a ti no te va a cambiar de lugar ni de decisión. Deja que acontezca conmigo, lo que tu palabra ha dicho, con todas sus implicaciones y sus consecuencias. Te estoy invitando a que traigas cambios literales a mi vida.

Yo entiendo que mi cuerpo va a cambiar, yo entiendo que mi reputación va a cambiar, yo entiendo que mi círculo de amistades ya no va a ser el mismo. Yo entiendo que la popularidad que podría tener, ya la perdí. Yo entiendo que van a cuestionar la integridad con el propósito de Dios.

Yo entiendo que por esta vía no voy a ser un referente en la iglesia, pero aun así, hágase conmigo conforme a tu palabra y tu voluntad. Yo someto mi agenda a tu voluntad y a los principios de Jerusalén, para que se haga lo que tú dices, y no lo que a mí me gusta o me conviene.

Claro que algunos no podrán, tienen sus agendas demasiado ocupadas. Por supuesto, está Israel, pero también está Sion, así que la única duda que se transformará en pregunta, es: ¿A qué tribu perteneces tú?

Te estoy dando permiso para que hagas conmigo lo que no es común en Israel. Escucha: nadie había oído nada de ningún Espíritu Santo. Y mucho menos embarazando a mujeres. Hoy, claro, estamos mirando hacia atrás y decimos: ¡Qué bien, María1 ¡Le dio permiso al Espíritu Santo! Sí, pero recuerda que eso, para ellos, en ese tiempo, era sólo un fantasma.

Y ni hablar de cómo se lo iba a explicar a José. En aquel tiempo, cuando estaban desposados, el hombre se iba por un año a ganar dinero para poner casa. Y durante todo ese año, él dejaba a su mejor amigo observando a la novia para asegurarse que ella le fuera fiel.

Al año llega José con todo el dinero para comprar una casa, y el amigo dice: ¡No sé qué pasó, José! ¡Te juro que no la vi nunca con nadie! Y al ver la cara de José, seguramente le agregó: ¡No me mires así! ¡Te juro que yo no tuve nada que ver!

La palabra dice que José la iba a matar. Te estoy dando permiso para que hagas de mi vida, una vida diferente a todas las demás. Te estoy dando permiso para que hagas de mí, lo que nunca se ha hecho antes. Te estoy dando permiso para que yo sea identificado como un resentido, un descabellado o un hereje. Ella fue una hereje toda su vida.

Yo me someto a esto. Es una decisión individual, no matrimonial. Si vamos a traer cambios a nuestra nación, vamos a tener que dejar que Dios cambie nuestra agenda. ¿Por qué? Simple: porque la agenda que hemos traído hasta aquí, todavía no ha cambiado nada.

En quinto lugar, nos encontramos con el mentor. Verso 39: En aquellos días, levantándose María, fue de prisa. No se tomó su tiempo, no esperó cuatro años, fue de prisa. Y no fue al llano. ¿Dónde fue? A la montaña, a la ciudad de Judá.

¿Y entró en casa de quién? De Zacarías. ¿Y saludó a quién? A Elizabet. ¡Oh, María tenía lazos del alma con su prima! No, en absoluto. Elizabet tenía ya seis meses de experiencia en algo que ella estaba comenzando a vivir.

Era la única mujer que le podía servir de mentor en su tiempo, porque ella también, con un fantasma, aunque en este caso con la ayuda de su marido, siendo estéril, ahora se encontraba embarazada. Por eso, lo único que se le ocurre decir a María, es que ella necesita un mentor en esa línea de ministerio.

Ella necesitaba conectarse con una fuente de algo que ella ya había identificado en su espíritu. Ella ya no puede seguir con sus relaciones habituales, tiene que salirse de su campamento e ir a buscar un mentor, y eso le va a costar, porque ellos no andan en el llano. Hay que ir de prisa a la montaña, y buscar a alguien que lleve la delantera en lo mismo que estás llamado a ser.

¿Y ahora qué hago, Elizabet? ¿Cómo hiciste tú para explicar que siendo estéril ahora te embarazaste? ¿Cómo lo explico yo? ¿Qué debo estudiar, Señor? ¿Cómo hago para salirme de las rutinas eclesiásticas frías y desnutridas? ¿Qué materiales busco? ¿Dónde los busco? ¿Dónde están tus verdaderos mentores, Señor?

Si ese, hoy, no es tu estilo de vida, dentro de diez años, vas a estar sentado en el mismo banco que todavía estás sentado ahora, cada domingo. Oyendo otro de esos mensajes que olvidas ni bien sales. Escuchando estas cosas que sacuden tu espíritu, pero sin atreverte a dar el paso. Como simple espectador de lo que Dios está haciendo, y no como portador de ello. Queremos ser portadores.

El siguiente punto, lo encontramos en el verso 46: Entonces María dijo: ¡Engrandece mi alma el Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador! Ella tuvo visión. Nota que la palabra de Dios, engrandeció al Dios que ella conocía.

¡Engrandece a Dios, alma mía! O sea: Dios es más grande de lo que yo creía. Toda verdadera relación con la palabra, debe engrandecer las posibilidades de Dios en tu vida.  Todo para un Dios más grande; ¡Sí, se puede! Con Dios en ese contexto, todo se puede. Ahora; si tú visitas una iglesia sólo los domingos, entonces sí que puede ser imposible.

¿Qué cosa es, sin palabrerío, religioso que perturbe, una visión? Es concretamente poder tener una lectura visual del futuro tal como si estuviera siendo presente. Ver un futuro próspero, para ti mismo. Porque si tú ves otra cosa, otra cosa será. Porque tal el hombre piensa, el hombre es.

Si no te ves en un mejor mañana, tu mañana será igual al de hoy. ¡Engrandece mi alma al Señor! Engrandécelo, mi imagen de Él es demasiado pequeña. Tenemos que ver a Dios más grande que nuestras circunstancias.

La promesa a Abraham, fue que Dios iba a ser el Dios de su descendencia, no sólo de él. Un Dios más grande que su vida. Y eso se llama humildad, y créeme que este es un principio que a poco de andar tiene que convertirse en puntal de tu vida.

En el verso 51 y 52: Hizo proezas con su brazo, esparció a los soberbios en el pensamiento de su corazón, y quitó de los tronos a los poderosos. La humildad, si tengo que definírtela de la manera más sencilla, es tener una perspectiva correcta respecto a quién Dios dice que tú eres.

La humildad no tiene nada que ver con tu posición económica, tampoco con la falta de adornos en tu casa. Humildad significa que si Dios dice que tú eres lo mismo que Dios, tú dices que está bien, aunque la gente te llame hereje.

Que si Dios te dice que tú eres uno con Él, que así te sientas; que haya este mismo sentir en vosotros. Eso es humildad. Aceptar lo que Dios dice de ti. María fue humilde. “Sí Señor, si tú lo dices, yo lo haré”. Que así sea. ¿La verdad? No entiendo cómo será, pero que así sea. Por eso fue a buscar a Elizabet, para que le explicara cómo podría ser.

María. Y no te vayas a pensar que la estoy exaltando hasta lo imposible, ni lo pienses. ¡Madre de Dios, no es! Es la madre de Jesús, aunque decir eso todavía te confunda un poco. Isaías dijo: Un niño es nacido; pero el hijo, es dado. No nace, se encarna.

Ella sólo proveyó un vaso, que luego fue lleno por la esencia de Dios. Ella produjo el arca, Dios trajo la esencia. Y entonces el arca, exhibió la esencia interna, la que abrió en el monte de la Transfiguración.

Allá adentro estaba el Hijo de Dios. Acá adentro, era todo hombre. ¡Tú mismo! Cristo Jesús, en vosotros, la esperanza de la expresión de gloria. Tenemos que someter toda nuestra vida a estos principios. Y no cancela tus aspiraciones, sino que las utiliza para dar salida al propósito de Dios.

Eso te garantiza guerra. Primeramente mental, contigo mismo. Luego, en tu círculo de amistades. Luego, en el mundo eclesiástico. Y en el mundo secular, ni hablar. Pero sí terminas. Y no te estoy diciendo que sea más fácil, te estoy diciendo que es mejor.

Jesús nació, y por resultado de un sueño, fue llevado a Egipto. ¿A la casa del enemigo? Sí, tal cual. ¿Pero es confiable un sueño? Puede que sí, puede que no, quien sabe. ¿Tú confiarías tu propia vida o la de tu hijo simplemente a lo que veas en un sueño que, para colmo, te manda a la casa del enemigo?

Cristo fue obediente hasta la muerte, ¿No es así? ¿Y cuántos creen que es fácil darse para muerte? ¡Claro que no lo es! Dice la palabra que Él sudó sangre por ello. Test rápido de madurez: Si en una iglesia cercana a tu casa va un ministro con esta clase de palabra, y en la otra iglesia de la otra calle hay un ministerio evangelístico con señales y milagros, ¿A cuál asistes tú?

No me respondas nada, sólo piensa. Si en tu interior no se enciende una llama vigorosa que te empuja a ir a escuchar palabra en lugar de las señales y prodigios, estos principios básicos todavía no están gobernando tu vida. Nadie te quita la salvación, sólo te queda lejos el Reino, por ahora.

Verso 54, dice: Socorrió Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la que le habló a nuestros padres, para Abraham y su descendencia para siempre.

Esto habla de caminar por caminos antiguos. Ella relacionó su propio llamado con el llamado que recibió Abraham, no como algo aparte. Ella fue llamada a terminar algo que otro comenzó, y no a algo que empieza y termina en el mismo hombre.

El grave problema que tenemos hoy, es que cada ministerio entiende que tiene una visión aparte de las demás visiones. ¿No entienden que sólo existe una visión, y es la de Dios? Los diferentes ministerios, sólo son expresiones de una misma y sola visión.

 

 

 

 

 

 

 

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septiembre 9, 2015 Néstor Martínez