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Sujetos a La Verdad

El capítulo cinco de esta carta de Pablo a los Efesios que estamos examinando para ver si encontramos en ella los fundamentos que han llevado a profetas respetados de este tiempo a asegurar que es la carta que revela a la iglesia genuina de este siglo veintiuno, tiene un verso que contiene una expresión de Pablo que, por una simple cuestión de traducción, no siempre ha sido bien interpretada y, como consecuencia casi natural y obvia, también mal utilizada. Se trata justamente del verso 21 que, textualmente y conforme a la traducción que nos entrega la versión tradicional Reina Valera, dice: Someteos unos a otros en el temor de Dios. En el original, ese Someteos, está inscripto como Siendo Sujetados. Técnicamente es lo mismo en su significado, pero desde allí se ha tomado el famoso asunto de la sujeción, que tantos y tantos problemas trajo y sigue trayendo por causa de una interpretación un tanto tendenciosa. Porque en todo caso, lo que Pablo dice casi con fuerza de ley, es que debemos someternos unos a otros, mientras que el evangelio que nosotros aprendimos, hacía especial hincapié en que ese sometimiento o sujeción, era de muchos a algunos.

Cien personas sujetas a un hombre, pero ese hombre no se sujeta a ninguno de esos cien y, en muchos casos, a nadie. Algo no estuvo bien y llevó al error que, en casos, hasta sacó gente no ya de una iglesia, sino directamente del Camino. Es muy cierto que Dios no tiene la culpa de lo que hacen algunos hombres usando Su nombre, pero no menos cierto es que, mientras dure este sistema eclesiástico que conocemos, lo que en esos lugares se haga, repercute fuera respecto a la credibilidad de Dios mismo en la gente. Si hombres que dicen representar a Dios son fraudulentos y aparentemente no sucede nada que modifique eso, da lugar a que muchos piensen que Dios los protege. Conclusión, ese Dios no es confiable. Así de satánico el tema. Y el final de este verso, donde leemos que debemos someternos unos a otros, dice que es en el temor de Dios. El original no dice Dios, dice Jristós, que es la palabra griega que se traduce correctamente como Ungido, Mesías, Cristo. Que obviamente sí es Dios, pero no Dios Padre como la traducción parecería dar a entender. Sólo un detalle, pero vale la pena aclararlo.

Y el próximo verso de este capítulo 5, el 22, creo que no exagero nada si te digo que ha sido factor desencadenante de no pocos problemas matrimoniales con los líderes y ministros como árbitros. De acuerdo a como ellos interpreten este texto, ese matrimonio resolverá o no sus problemas. Tampoco exagero si te digo que este punto ha sido factor de graves desavenencias que en no pocos casos han terminado en separación, escándalo, salida de la iglesia y divorcio. Porque el texto, según nuestra versión tradicional, dice: Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; Naturalmente que, leído así sin otro añadido en una sociedad que todavía es altamente patriarcal, cualquier queja masculina por falta de sujeción femenina de su esposa, será tomada por la iglesia como una desobediencia de parte de ella. Luego va a aclarar por qué dice lo que dice, pero será factor de análisis en el texto correspondiente.

Mientras tanto, debo aclararte que donde leemos “casadas”, en el original la palabra es guné y se traduce como “mujeres”. Y donde dice “maridos”, la palabra es aner, que se traduce como “hombre”. Y como cierre, una perla. Según la Biblia interlineal de griego y español, la palabra “sujetas”, sencillamente no está. Dice: Las mujeres a los propios hombres como al Señor. Es evidente que algo no está claro y no termina de cerrar como lo estuvieron haciendo cerrar por años. Lo real es que cuando se tradujo todo esto, se tuvo en cuenta que Pablo venía hablando del tema del sometimiento y la sujeción, por lo que se interpretó que aquí se refería a las mujeres con sus hombres. Eso como parte del diseño divino, (Se unirá el hombre a su mujer, y…) porque el matrimonio tal como hoy lo conocemos, apareció mucho tiempo después.

El verso 23, se entiende que aclara y elimina todas las dudas. Allí, según la Reina Valera, Pablo dice: porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Y el 24 concluye cerrando toda discusión: Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. La pregunta, dando por válida la interpretación tradicional, es: ¿Había tanta falta de sujeción por parte de esas mujeres del tiempo de Pablo, que él se vio obligado a escribir esto? No. Eran tiempos donde la mujer, en líneas generales, en algunos lugares más que en otros, era poco más que un elemento decorativo, útil para complacer y agradar a su hombre y para parir y criar sus hijos. ¿Entonces? Entonces sólo me queda pensar que Pablo jamás escribió esto pensando en los matrimonios de los efesios. Él siempre lo hizo como un símbolo representativo de Cristo y la iglesia. Cada vez que la Palabra dice Esposo, está hablando de Cristo. Cada vez que dice Mujer, está hablando de la iglesia, su esposa. Así si cabe el contenido tal como está traducido. Porque el hombre, Cristo, es cabeza de la mujer, iglesia, y está siempre hará lo que la cabeza dictamine. Sujeción y sometimiento total de esa mujer a ese hombre. ¿Por qué digo esto? Porque de otro modo estos textos estarían incompletos. Mira lo que dice el 25 hasta el 27.

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Si esto se tratara, como se h a enseñado en muchos lugares, de una serie de mandatos que Pablo les entrega a los matrimonios, aquí hay algo que no termina de cerrarme. Primero dice a modo de declaración universal, que nos sometamos unos a otros en el amor de Dios. Esto significa que yo debo someterme a ti y tú a mí, de la misma manera, por causa del amor de Dios. Pero luego le dice a las mujeres que se sujeten a sus hombres, pero no dice nada respecto a que esos hombres también deban sujetarse a esas mujeres, tal como mandaría la primera declaración. Y ahora remata el texto demandando a los hombres a que amen a sus mujeres como Cristo amó a la iglesia, pero no dice nada respecto a que esas mujeres deban amar a sus hombres como a sus propios cuerpos. ¿Hay efectivamente una desigualdad o simplemente es un ahorro de palabras y el someterse unos a otros es válido de ida y vuelta en la pareja humana y no como lo hemos entendido por años? Creo fielmente que esto siempre nos está hablando de la unidad de Cristo con la iglesia, muy por encima de lo que le quepa a una pareja humana, porque mira como lo concluye:

Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Los versos 29 y 30 nos están hablando indudablemente de la relación Cristo iglesia, y mucho más cuando en el verso 30, que es la frase final, los originales son mucho más claros que la traducción, ya que en ellos dice simplemente porque miembros estamos siendo del cuerpo de Él. Y Él, es Cristo, no un hombre marido de cierta y determinada mujer. Y aquí es donde Pablo inserta, en el verso 31, nada menos que lo escrito en Génesis 2:24. Por esto (En Génesis dice Por tanto) dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. La mojigatería supuestamente protectora de la decencia de la religión enseñó durante mucho tiempo, respecto a este ser una sola carne, que eso tenía relación con tener hijos. No es desechable, pero no alcanza como palabra contundente. Y tampoco alcanza llevarlo a la relación sexual, aunque también tiene bases ciertas, que pueden verse ostensiblemente cuando un hombre o una mujer no corta correctamente en oración con alguna relación anterior y queda ligada en carne con esa persona aunque haya dejado de verla y frecuentarla. Este unirse y ser una sola carne, es conforme a los originales, meterse uno dentro del otro de manera muy profunda y trasciende a los hijos y al sexo. Es casi como el sumergirse básico que luego dio origen al bautismo en agua. No hay nada en contra de esto, pero sumergirse también era otra cosa.

Y en el verso 32 está la clave. Pablo mismo lo establece claramente cuando usa la palabra “misterio”, que en términos bíblicos significa algo que debe revelarse vía Espíritu Santo. Y si lo que estuvo enseñando hasta ahora hubiera sido para información de los matrimonios cristianos, eso sería una enseñanza standard que no necesitaría de revelación. Él dice esto: Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Si me permitieran pasar en limpio en idioma argentino, yo diría que Pablo dice que es muy grande la revelación que ha recibido, y que él la está usando para hablar de la relación entre Cristo el esposo y la iglesia, que es la esposa. Todo lo demás sigue siendo válido para añadirlo a lo que ya conocemos sobre comportamientos y conductas, pero de ninguna manera para establecerlo como doctrina inamovible a riesgo de destruir familias por esa causa. Porque fíjate como lo concluye a este punto. Yo diría que con el conocimiento real de que aun sabiendo que Jesús el Cristo nos ama, a nosotros no nos resulta sencillo amarlo a él en la misma dimensión. Al hombre le cuesta a veces amar a lo que ve, imagínate lo que va a costarle amar a lo que no ve. Pablo entonces dice: Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido. Cristo, que es tu esposo, iglesia, te ama. Pero como a ti te resulta muy difícil amarlo en la misma intensidad porque no lo ves porque en esta dimensión te es invisible, entonces lo que debes hacer con calidad de mandamiento, es respetarlo. ¿Sabes cual es la palabra que se traduce como “respete”? fobéo. De allí derivará luego nuestra más conocida fobia, que significa temor. ¿Recuerdas aquel mandamiento de temer a Dios? Que no significa tenerle miedo, sino reverencia.

El capítulo 6 se inicia con una recomendación para los hijos y los padres por igual. Quien crea que esto es sólo una advertencia a los hijos respecto a la obediencia a sus padres, están equivocados. Tiene el mismo principio que muestra aquello de someterse unos a otros. Fíjate que balanceado y equitativo es lo que Pablo dice: Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Es como si les estuviera diciendo: ¡Eh! ¡Muchachos! Ustedes son de Cristo y lo más justo para ser testimonio viviente de eso para otros jóvenes que los miran vivir, es ser obedientes a vuestros padres.

Además, hay un mandamiento legendario, incrustado en aquellos diez que Moisés recibió grabados en piedra, que Pablo se encarga de recodar a los jóvenes: Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Yo me pregunto cuántos jóvenes que son hijos prestaron atención a como cierra ese mandato y cuanto valdría, para sus vidas, tenerlo muy en cuenta. Honrar a padre y madre significa ser obedientes, cariñosos, consecuentes y fraternales con ellos. Eso, que no debería costarle absolutamente ningún esfuerzo a ningún buen hijo de dos buenos padres, determinará que, en sus vidas, todo (Estoy diciendo TODO), les vaya bien y tengan LARGA VIDA sobre la tierra. Nada menos.

Pero los mandatos no terminan allí, como muchos padres han querido creer y pensar. Es la base del principio de someterse unos a otros, lo mismo que sujetarse y amar para los matrimonios. Ahora en el verso 4 el tema apunta a los padres cuando dice: Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. Esto implica algo que los padres no siempre han tenido en cuenta. Ellos se han quedado con el mandato de recibir obediencia por parte de sus hijos, pero en más de una ocasión, se han olvidado de respetarlos como se merecen y corresponde. No provocándolos con temas o asuntos que pueden llevar a que esos muchachos se enojen mal y fuerte con sus padres.

Eso no es sinónimo de ejercer autoridad, como muchos piensan, sino es simple y llano autoritarismo, que es una expresión de despotismo, tiranía e injusticia. La ejecución de disciplina y amonestación cuando así se lo requiere, no es una expresión de matonismo ni prepotencia, sino la más clara y brillante actitud de verdadero amor para con los hijos, porque les está mostrando a ellos que tienen dos padres que son capaces de dejarse matar antes de permitir que ellos tengan problemas en el futuro. Y para que eso no suceda, los miles y miles de testimonios que seguramente surgirán, nos demuestran que una disciplina correcta y sana y ciertas amonestaciones en tiempo y forma, no son convenientes, sino directamente necesarias.

Y luego alude al servicio. Utiliza una palabra que nosotros hoy seguimos vinculando con el servicio, pero que en aquellos tiempos tenía más relación con la esclavitud. Sucede que no eran aquellos tiempos de trabajo por salario, sino de amos y señores que usaban como mano de obra casi gratuita, (La excepción era la casi basura que les permitían consumir como comida) a sus esclavos, generalmente seres pertenecientes a regiones o naciones que habían sido invadidas y derrotadas en combate, o a etnias que por toda una vida parecerían haber sido maldecidas y destinadas a ese rol. Y Pablo se refiere a esa gente y dice: Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.

Olvidémonos de la época en que esto fue escrito y como era la sociedad en aquellos tiempos. Necesariamente, si esta carta va a ser la gestora de la revelación diáfana de la iglesia del siglo veintiuno, entonces tendremos sí o sí que sacar los ojos de la historia y llevarlos proféticamente a nuestros días, aunque algunos términos o símbolos no parezcan los adecuados. Cuando Pablo dice Siervos, a mí me gustaría, en primera instancia, llamarlo obrero, peón, empleado, como quiera que sea el rol de alguien que está trabajando para una empresa que, también indefectiblemente, tendrá un dueño, patrón o rostro visible en calidad de director general o gerente. ¿Qué les está diciendo a esos hombres y mujeres que hoy se cuentan por millones en todo el planeta. Que cumplan con las órdenes que en sus tareas se les da, (Siempre y cuando no sean contrarias a nuestra fe) y lo hagan con sencillez, sin aspavientos, con alto respeto a los superiores y ganándose ese mismo respeto en base a responsabilidad y cumplimiento. Si el patrón cumple con lo pactado y paga el salario convenido en tiempo y forma, no está cumpliendo con una obligación como se da a entender desde algunas opiniones gremiales, sino como el legítimo derecho a recibir un servicio eficiente acorde con el salario pagado.

Esto indudablemente fue bastardeado por los tiempos supuestamente modernos y por hombres de naturaleza corrupta. Y habrá que decirlo con todas las letras aunque duela: de ambos lados. Porque es tan corrupto el empleador que habiéndose comprometido a pagar un salario y brindar una serie de elementos, luego se hace el distraído, mira hacia otro lado ignorando las vicisitudes de sus obreros, peones o empleados, y se aprovecha de esas actitudes para aumentar sus ganancias, aunque a costa del hambre y la pobreza de quienes lo están sirviendo. Eso, que normalmente se denomina como abuso, es moneda corriente y, entre otras cosas, fue lo que hace mucho tiempo, dio origen y nacimiento a los sindicatos. Era obvio y lógico que el obrero, peón o empleado, tenía que contar con alguna forma de organización que lo protegiera y le ayudara a hacer valer sus derechos, aunque sin perder de vista sus obligaciones.

No obstante, aunque en el principio esas organizaciones conformadas por gente que era designada por el resto de los trabajadores, cumplió con su rol de manera eficiente y ayudó grandemente a traer justicia e igualdad para los derechos y las obligaciones, con el correr de los años, y partiendo de la base que la naturaleza del hombre es de origen corrupto sin mirar la clase social a la que pertenezca, esas organizaciones comenzaron a tener negociados a espaldas de sus afiliados algunas, o sencillamente se convirtieron en una fábrica de holgazanes, ya que a favor de algunas leyes de algunos gobiernos, hubo un momento en que el empleador no era dueño de hacer absolutamente nada con su empresa sin solicitarle permiso a sus obreros. Unos y otros se encargaron de pervertir algo tan sagrado como es el trabajo y su legítima remuneración por el esfuerzo, la dedicación y la eficiencia profesional que quien lo realiza posea. El mensaje final de Pablo, es que si cualquiera de los dos sectores en juego, cumple con hacer lo que hace como para el Señor y no para el ojo del hombre, todo debería funcionar acuitadamente y sin problemas. Los cristianos, tanto como obreros, peones o empleados o como empresarios, han dado testimonio que esto todavía no se está cumpliendo.

Por esa razón es que Pablo cierra este punto en los versos 9 y 10 con una expresión que contiene a todas luces la guía que se necesita para hacerlo todo transparente y eficiente. Él dice: Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas. Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Dejando las amenazas, dice Pablo. ¿Qué clase de amenazas? ¿Quiénes amenazan a quienes? Se los dice a los amos, lo que a mí me muestra que hoy se lo diría a los empresarios o responsables de las fuentes laborales.

Ya les fue dicho a los trabajadores con toda claridad y delante del Señor, cuales son sus obligaciones, si es que aspiran a hacer respetar sus derechos. Ahora les está diciendo a los empresarios que ellos pueden hacer lo que mejor les parezca con sus empresas, pero que con relación a sus empleados, hay límites que el mismo Dios ha dejado explícitos con claridad. Dios no hace acepción de personas. Para Él es exactamente lo mismo un exitoso empresario dueño de diez empresas, poseedor de una enorme fortuna en bienes y dador de empleo a miles de obreros, que uno de esos obreros, el más carenciado y elemental de todos. Nosotros hacemos esa clase de distinciones o discriminaciones, Dios jamás. Ambas criaturas son parte igualitaria de Su Creación. ¿Tanto nos cuesta entender esto? Y no me estoy refiriendo a los hombres y mujeres que no conocen a Dios, obviamente, sino a los que dicen ser sus hijos y parte de su Reino.

Yo sé que esto a ustedes les parece una verdadera utopía, porque años y años de historia, cualquiera sea el país donde viven, les está mostrando que el sector que tiene mucho dinero es el que tiene también el poder, y que la suma de dinero y poder, en cierta forma da origen a un sentimiento de superioridad, posterior desprecio y finalmente opresión y abuso. Yo puedo comprender esto en gente sin Dios, pero nunca jamás en personas que han conocido la Verdad y dicen respetarla, amarla y ser parte de ella. Si esto no se pone en vigencia con absoluta y meridiana claridad, la iglesia del siglo veintiuno no irá mucho más allá de la que fue la del siglo veinte. Y ese no es nuestro mandato porque nuestro diseño era para otra cosa.

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febrero 26, 2023 Néstor Martínez