Los que me conocen y conocen mi tarea ministerial, saben que no soy alguien que se pasa todos los días en éxtasis y viendo visiones celestiales que luego deberé compartir con ustedes en formato mensajes. Soy obediente a lo que mi Señor me ordena enseñar y procuro no dejarme llevar por mi gusto personal. A veces yo quisiera hablar de algo y mi Padre me da palabra y dirección para ir en otra senda. Muy bien; esta vez sí tuve una visión. Una de esas que, aquellos que han tenido o tienen, conocen tan bien o mejor que yo. Ni dormido ni despierto, en un medio camino que luego te deja en un principio desorientado hasta que todo comienza a tomar forma. Vi en esa visión algo que no pude definir, un objeto como una larga varilla con una protuberancia en el extremo. Algo así como un hisopo gigante. Tarde bastante tiempo en darme cuenta que lo que había visto era una trompeta. Pero una trompeta como de las que se habla en la Biblia, no como las que vemos en las bandas de jazz. Una trompeta de las antiguas. No cientos o miles, Una.
Entonces recurrí a la oración. Le dije al Señor que, de acuerdo, que había visto una trompeta, pero que por favor ahora me dijera o me diera a entender en mi mente y en mi corazón qué significado tenía esa visión y por qué me la había dado precisamente a mí y en este tiempo. Te confieso que esperaba una mediana explicación profunda y llena de significados, así que me sorprendí bastante cuando la voz casi audible resonó en mi oído espiritual para escuchar simplemente: “Porque este es el tiempo”. Reconozco la voz del Espíritu porque no es la primera vez que la oigo, pero lo que no siempre entiendo con rapidez es lo que debo hacer a continuación. Dios no es demasiado original conmigo. Él sabe que por ahí soy un tanto duro para entender todo velozmente, así que entonces la hace y ME la hace bien sencilla: no me responde nada y eso a mí me determina a estudiar la base de lo que he recibido porque sé que en algún momento alguna forma de revelación me dará puntualmente lo que debo compartir con quienes reciben todas estas cosas.
Me acordé de Pablo. Siempre cuando quedo colgado con algo que no entiendo, no sé por qué razón, Pablo aparece en mi horizonte espiritual. En su carta a los Corintios, la primera, y por allí por el capítulo 15, que es bastante largo, al final él les dice en idioma Reina Valera, algo así: He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. Trompeta. A la final tocará la trompeta. ¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso que se oirán trompetas como veíamos en las viejas películas de los coliseos romanos? No. Trompeta, mi estimado amigo, es profecía, o si te gusta más lo concreto: palabra profética. Y en cumplimiento, no por venir.
Definitivamente, no soy apocalíptico. Jamás lo fui, ni quiero serlo. Pero es tan evidente que estos tiempos son muy especiales, que es como si todo se hubiera acelerado y, cada día que pasa, cobrar mayor velocidad. Lo que intriga de verdad es que nadie termina de entender hacia dónde y hacia qué nos dirigimos a esa velocidad. Hay señales muy claras en la tierra y en los cielos, pero son muy pocos los que deciden tomarse el tiempo para verlas, creerlas y entenderlas. Y aquí quiero ser claro: la pandemia de Covid no fue simplemente un asunto que SUSPENDIO los cultos en las iglesias por espacio de casi dos años que hoy, al parecer extinguiéndose, es como que nos autoriza a retomar lo que veníamos haciendo sin cambio alguno. Yo estoy convencido que la pandemia fue una señal con la que Dios nos advirtió que el evangelio genuino era mucho más que juntarse en un salón a cantar cuatro canciones, orar un poquito, escuchar un lindo discurso y volver a casa. A mí se me antoja que la pandemia fue una trompeta sonando fuerte. ¿Para decirnos qué cosa? Aún no lo sé, hacia allí vamos.
Casi sin saber el motivo, me encontré leyendo Apocalipsis 8. A veces leo este libro simplemente por una razón casi infantil: es el único que al principio, dice que es bendecido aquel que lo lee. ¿Quién está capacitado para rechazar una bendición del cielo? Yo no. Gran sorpresa gran. Empiezo desde el principio del capítulo porque no me gusta leer la Biblia al voleo, es decir; abrirla y leer lo que salta porque eso me suena casi a una especie de bibliomancia. Hay quien lo hace y lo toma con la validez de un horóscopo santo. No es mi caso. Ningún horóscopo es santo. Así que comienzo desde el verso 1 que te habla de los sellos. Y leo: Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. ¡Wow! Otra vez trompetas. Siete en este caso. ¿Siete? Confieso que lo primero que pensé, dejándome llevar por mi memoria bíblica pero también por la parte secular de mi mente, fue en las siete iglesias, ¿Recuerdas? Y vino a mi memoria algo que le he escuchado a más de un teólogo; asegurar que esas siete iglesias conforman de alguna manera a la iglesia genuina.
Puede ser, no tengo ni autoridad ni nivel para discutir con esa gente prestigiosa, pero yo creo que de ser una iglesia, el que sale sería UN ángel, (Que como ya sabemos es un mensajero) y que la que suena, en todo caso, sería UNA trompeta, no siete. Así es que seguí leyendo, y más adelante y muy cerca, leí que Los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas. Allí me detuve y decidí abandonar toda especulación. Si hay siete mensajeros de Dios que traen siete mensajes proféticos, de la única manera que yo puedo acercarme y tomar contacto con eso, es buscando dirección y conocimiento divino. Al humano, esto lo sobrepasa largamente. Porque esos siete mensajeros portando una palabra profética cada uno, indudablemente me querían decir algo mucho más valioso que una simple referencia a tiempos definitorios o de concreción. Esto es así: cuando pescas en superficie, todo se limita al movimiento de la caña que delata el pez. Pero cuando decides hacer caza submarina, nunca sabes donde te pueden llevar las corrientes subterráneas. Y la Palabra de Dios eso y mucho más que eso.
Tú ya sabes que no soy un biblista de esos que son capaces de sacar capítulos y versículos de sus biblias casi como en los viejos comics los magos sacaban conejos de sus galeras. Me gusta estudiar y desmenuzar cada texto porque creo fielmente que cada palabra impresa en mi biblia tiene un significado alto y profundo. Dios jamás haría escribir algo para rellenar espacios, como hacemos los hombres. Y con ese sistema, hay momentos como este, que quedo colgado de la nada y sin saber para donde viajar. Ya aprendí con la experiencia a no desesperarme, porque siempre que me sucedió algo así, de algún lugar y por alguna razón apareció un algo que me direccionó otra vez en el rumbo correcto. Aquí volvió a pasar. Cuando pensaba en los siete ángeles, con las siete estrellas y tocando las siete trompetas, recordé algo que había leído en el libro de Isaías. Simplemente usando el número siete como base de búsqueda, acudí a una buena concordancia. Tan buena que me llevó al capítulo 11 de ese maravilloso libro del profeta Isaías. Comencé a leerlo sin saber qué estaba buscando, pero muy rápidamente la luz aterrizó en mi entendimiento casi antes que me diera cuenta.
Porque empieza diciendo: Saldrá una vara del tronco de Isaí (Ese es David) y un vástago retoñará de sus raíces (Ese es Jesús el Cristo) Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. ¿Has visto cuando se te pierde algo que utilizas de manera permanente, no recuerdas donde lo dejaste y te quedas obnubilado sin saber qué hacer, y de pronto te llega un rayo luminoso a la mente y recuerdas lo que habías olvidado y eso te permite encontrar rápidamente lo que habías perdido? Eso es lo que me sucedió cuando leí esto. Allí entendí por qué el Señor me mandó a este libro. Trompeta. Siete trompetas tocadas por siete ángeles con siete estrellas. Eso me hablaba de profetas, de voceros, de gente que se levantará o que ya ha sido levantada para traer una palabra rhema para estos tiempos finales tan especiales que vivimos todos en todas partes del mundo por igual. Con un detalle que no es menor. Con los siete espíritus de Dios formando parte de ese armado casi artesanal que el Padre celestial está elaborando con vistas al cierre de los tiempos y sistemas, tal la palabra profetizada en todas nuestras biblias.
Además de no ser híper místico, visionario, apocalíptico y biblista, también me esfuerzo por no caer en engaños almáticos que me lleven a enseñar o decir algo opuesto a lo que el Señor pretende de sus hijos. Esto ha sucedido y no esporádicamente, lamentablemente. El ego del hombre lo impulsó muchas veces a buscar revelaciones donde no estaban y el enemigo aprovechó eso para llevarlos a un engaño personal que luego se propagó masivamente entre los seguidores de esos hombres. Me aterroriza caer en un auto engaño de esa naturaleza, y mucho más si lo hago para buscar reconocimiento o lucimiento personal. Eso es absolutamente inadmisible para un hijo de Dios genuino. Así que si bien ahora aparentemente se me había armado un conglomerado coherente, necesitaba sí o sí encontrar en mi Biblia la palabra que lo confirmara, que evitara que alguien pudiera decir con toda legitimidad que yo estaba entregando algo traído de los cabellos y sin más base que mi propia palabra personal. ¿Cuántos saben que Dios es bueno? ¿Cuántos saben que Dios conoce el corazón del hombre y le responde o no a sus necesidades conforme a lo que ve en ese corazón más que a lo que oye de sus bocas? Mi respuesta seguía estando en amado libro del Apocalipsis, pero en este caso en el tercer capítulo.
Allí hay un mensaje para la iglesia de Sardis, a la que se le había hallado obras que no eran perfectas. Sin embargo, nunca recibí dirección para ocuparme de eso, sino simplemente de leer el comienzo del capítulo. Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas… Punto. Lo que sigue después, ya es eminentemente Sardis. Lo que yo debía saber, es los siete ángeles con las siete estrellas enviados a tocar las siete trompetas, también tienen morando en su ser interior de seres creados, los siete espíritus de Dios. Un ángel, en el Nuevo Testamento, no necesariamente es un querubín o un arcángel, como los que Dios utilizó en el Antiguo. Sigue siendo un mensajero, pero que también puede ser humano. ¿Y como lograría un humano imperfecto ser mensajero nada menos que del Dios majestuoso de todo poder? Poseyendo, como dice aquí, sus siete espíritus.
Con total honestidad y con todo respeto por lo que otros ministros puedan encontrar, yo estoy fiel y sinceramente convencido con certeza de convicción, que aquí estamos hablando de los mensajeros requeridos para este tiempo. Y que quien acepte el reto y decida ir al frente como límpida trompeta de Dios en este siglo veintiuno, deberá al igual que aquellos antiguos mensajeros, tener morando en su ser interior a esos mismos siete espíritus de Dios. ¿Por qué digo esto? Porque me remito a que son los mismos siete espíritus que fueron dados a Jesús para fortalecer y respaldar su ministerio, y porque hasta donde yo sé, no ha sido modificada la decisión celestial de que nosotros, Su iglesia, seamos su cuerpo activo en la tierra. Y porque para serlo y hacerlo, deberemos aceptar esto tal cual se nos demanda y cumplir de comienzo a fin con nuestra tarea de extender el Reino. Puedes tomarlo o dejarlo, es tu decisión. Yo ya tomé la mía hace mucho tiempo, y no tengo ninguna duda que será para victoria del Reino. Y tampoco tengo dudas que serán muchos los que pelearán a mi lado o delante de mí en la misma sintonía, así que para ellos es que considero interesante dar un detalle simple, concreto y preciso de esos siete espíritus que deben morar en todos nosotros.
1 – Espíritu de Jehová: En realidad, debería decirte sencillamente Espíritu Santo, porque de él se trata. Porque es la base central, porque todo lo demás habita en él mismo y genera lo que genera. Es indudable y nadie puede desconocerlo. Resulta absolutamente imposible para un ser humano poder ser portavoz del Dios Altísimo si su Espíritu no habita en su ser y lo inunda de todo lo que necesita para ser más que vencedor, especialmente de su unción.
2 – Espíritu de Sabiduría: Claro; vivimos en un mundo con pensamiento secular, sustentado en la filosofía griega. Y eso nos lleva a buscar en un diccionario de la lengua española el significado de la palabra Sabiduría, y nos encontramos con dos acepciones: 1) Conocimiento profundo que se adquiere a través del estudio o la experiencia. 2) Prudencia, cuidado en el comportamiento y modo de conducirse en la vida. ¿Es erróneo esto? No, de ninguna manera, es correcto, pero según los ojos intelectuales conque los griegos plantaron nuestra enseñanza educativa. Porque si leemos una vez más el pasaje de Isaías, veremos que no se refiere a la sabiduría humana, sino a ser portador de un “Espíritu” de Sabiduría, que no es lo mismo.
Hay tres textos, además del que leí en Isaías, que hablan de este Espíritu de Sabiduría como un don de parte de Dios, algo que se recibe y no que se adquiere en un instituto, seminario o universidad. En el libro del Éxodo, en 28:3 dice: Y tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes yo he llenado de espíritu de sabiduría, para que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote. No necesita aclaración alguna. Es un espíritu que le pertenece a Dios y Él lo introduce en el hijo o hija que se lo pida hasta llenarlo con su presencia y consecuencia. Otro. En Deuteronomio 34:9 leemos: Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés.
Aquí vemos otra llenura similar a la anterior, aunque en este caso se produce como consecuencia de una imposición de manos por parte de Moisés. Finalmente y ya en el Nuevo Testamento, en el primer capítulo de su carta a los Efesios, Pablo lo presenta así: Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, Si te quedaba alguna duda que al Espíritu de Sabiduría Dios lo da como quiere y a quien quiere, esto te lo esclarece.
3 – Espíritu de Inteligencia: Este es un espíritu que, si bien proviene y emana de Dios como los anteriores, en este caso es como consecuencia de ser perseverante en acudir a su Palabra. La mayoría de los cristianos que conozco, supone que la inteligencia tiene que ver con la formación intelectual de la persona y no con algo que viene de Dios. Cree que es la facultad de conocer, analizar y comprender, así como la habilidad, destreza y experiencia para con algo. Si se trata de algo secular, no está equivocado, pero yo prefiero quedarme con lo que se lee en el libro de Proverbios 2:6: Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Fíjate; Jehová da la sabiduría, a esto ya lo vimos, pero la inteligencia es algo que nos viene a partir de lo que sale de la boca de Dios, es decir, de Su Palabra.
4 – Espíritu de Consejo: Aquí sí es muy útil consultar con un buen diccionario, porque esta palabra, tal cual la conocemos en nuestro idioma español, tiene más de una connotación. Tiene que ver con consejo del verbo aconsejar, de donde sacamos nuestros ministerios de aconsejamiento y tiene que ver también con cuerpos administrativos, consultivos o de gobierno. Etsá, que es el vocablo hebreo que de los originales ha sido traducido como consejo, tiene que ver con lo primero. El Proverbio 13:1 creo que da en la tecla. Allí Salomón dice: El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones. Sabemos quien es el Padre, y también quien es el burlador que toma ligeramente todo esto. Las congregaciones tienen una muestra de ambos, aunque lamentablemente con cierta mayoría de los últimos.
5- Espíritu de Poder: No creo exagerar nada si te digo que, de los siete espíritus de Dios, este es el más buscado por sus hijos. Con las mejores intenciones, con intenciones más difusas y también con las otras. Cuidado, que, del lado contrario, el de las tinieblas, también se hace cualquier cosa para conseguir poder. Es de alto contenido sobrenatural y seduce a una enorme mayoría. El hijo de Dios genuino, si bien también quiere manifestar el poder de Dios en su vida, sabe que lo único que en realidad funciona, es lo dicho en Hechos 1:8: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
6 – Espíritu de Conocimiento: Una vez más, muy poco tienen en común el conocimiento del mundo secular con este espíritu que Dios te brinda. El primero, se basa en estudios, carreras, universidades, materias, doctorados, etc. El segundo, en una cadena que Pedro resume muy bien cuando lo detalla en su segunda carta: vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Esta cadena que Pedro comparte tiene que ver con los frutos que el Espíritu Santo produce en aquel que le entrega su vida, su mente, su todo.
7 – Espíritu de Temor de Jehová: ¿Es que tenerle miedo a Dios es uno de sus siete espíritus? En absoluto. Esto no tiene nada que ver con lo que conocemos como miedo. Temor a Dios es, en realidad, sentir reverencia por todo su Ser. Y no es casual que se encuentre en último lugar, ya que, si leemos algunos de los 24 versos en los que el temor de Jehová está en la Biblia, veremos que tiene directa comunicación con los otros seis. Es muy contundente 2 Crónicas 19:7: Sea, pues, con vosotros el temor de Jehová; mirad lo que hacéis, porque con Jehová nuestro Dios no hay injusticia, ni acepción de personas, ni admisión de cohecho. Por si no lo tienes presente, Cohecho es soborno. Corrupción. ¿Te suena? El Salmo 34 dice que el temor de Jehová se enseña, el 111, que es el principio de la sabiduría. El Proverbio 1 que se elige, el 2 dice que se entiende. El 8:13 para mí es el más contundente: El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco.
Creo que es suficiente. Eres una trompeta que deberá tocar en este tiempo, pero deberás tener todas estas condiciones evidenciadas en los siete espíritus de Dios. Sólo eso, que es testimonio visible puro y santo te habilitará para ser un Vocero, que es como decir Mensajero, enviado a implantar el Reino de Dios en medio de esta tiniebla ambiente.