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¿Quién Ha Visto un Ángel?

(Hechos 1: 1-3) = En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.

Lee con atención este pasaje. ¿De qué les hablaba Jesús a sus discípulos cuando se les presentó después de pasar por la cruz, morir y resucitar? Hay doce parábolas, que han dado en llamarse “las parábolas del Reino”. Que el Reino de Dios es semejante a un buscador de buenas perlas, que el Reino de Dios es como un buen padre de familia, que el Reino de Dios es como unos pescadores. ¿Recuerdas todas estas parábolas, si? Ahora bien: reúne a cinco pastores o cinco predicadores de los que más andan por allí ocupando púlpitos y plataformas y diles que vamos a hablar de la parábola de la perla de gran precio. Que el Reino de Dios es semejante a un mercader de buenas perlas, que habiendo encontrado una de gran valor, va y vende todo lo que tiene para comprar esta.

Y ahora va la pregunta: ¿Qué es el Reino de Dios? ¿La Perla? ¿El Mercader? ¿Lo que vende? Te aseguro que esos cinco predicadores no se van a poner de acuerdo. Uno dice: no, el Reino es la perla misma, la de gran precio. Y el otro dice: ¡No, no, no! ¡El Reino es el mercader! ¡Ay, Jesús! ¿Por qué no lo dijiste más claro? Nos han quedado ese tipo de huecos. Entonces Jesús, después de resucitar, se queda cuarenta días. No pudo quedarse cuarenta y uno. ¿Por qué? Los tiempos. Cuando Él se encarna, se sujeta al cronos. Cuando Él vuelve al Padre, se sujeta al Kairós. Y en el cronos, cuarenta es el máximo límite en el que Dios completa un siclo. Cuarenta años, cuarenta días, cuarenta meses. No estoy inventando nada, busca el cuarenta en tu concordancia y vas a ver de lo que estoy hablando.

¿Y de qué les habló a sus discípulos en esos cuarenta días? ¡Del Reino de Dios! Verso 12: Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios. Hechos 19: 8: Y entrando Pablo a la sinagoga, les habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del Reino de Dios. Muy bien. Tú eres un líder indiscutido. Eres pastor o como sea se llame eso en tu ambiente. ¿Quieres saber si estás haciendo lo correcto? De las cincuenta y dos prédicas del año pasado, una por domingo, ¿En cuantas hablaste del Reino de Dios? No importa qué tan difícil sea llevar adelante tu ministerio. Lo sé porque a mí tampoco me es fácil hacerlo con el que el Señor puso en mis manos. Pero lo que sí sé, es que como quiera que todo haya sido hasta hoy, de aquí en más, nuestro tema es el Reino.

Ni siquiera es la cruz. Suena medio feo dicho así, ¿No? No le hace, ¡Es así! Porque ya entendimos que el papel de la cruz es darnos la entrada. ¿De qué le sirve a una persona solamente ser salva? Es muy fácil, se queda cantando hasta que le llegue su día. ¡Jerusalén! ¡Jerusalén! ¡Que bonita eres con tu calle de oro! Y el pobre hermano se muere por llegar y ver eso. Que vaya alguien a decirle que él es esa Jerusalén, no una ciudad en un lugar remoto. Que con quien Cristo se va a casar es con él, no con la santa ciudad. O sea que cuando se describe esa santa ciudad, se está hablando de la iglesia, ¡Por favor!

Cuando entendemos que el alma de Adán queda libre del lazo del pecado, el gran papel que nosotros tenemos, ahora, es empezar a hacer que el ser espiritual que es el mismo, pero está en un lugar distinto, por decirlo de un modo práctico, empiece a transmitir todos los rasgos que él tiene, hacia su alma. Y si el alma de este hombre puede empezar a manifestar eso para afuera, nosotros vamos a tener a una persona, que aún en su nivel corporal, almático y espiritual, sea llena de esa gloria que se trasladará a todos nosotros. Hay casos comprobados de ciertos misioneros que, estando en África expuestos a todas las pestes habidas y por haber, jamás se contagiaron. ¿Vacunas? Si, una sola: la gloria de Dios trasladada de su espíritu a su alma y de su alma a su cuerpo. Eso es posible, no una fantasía mística.

Por años estuvimos viendo por la televisión y con gran trabajo publicitario, diversas campañas donde los estadios o campos de fútbol se llenaban de cristianos enfermos. Y no lo digo por mala intención, lo digo porque es verdad. El porcentaje de gente no creyente que asistía a esas campañas de milagros, no era superior a un doce o quince por ciento. La gran mayoría de los que iban a buscar sanidad o liberación, eran supuestamente cristianos miembros de distintas iglesias. Lo que procuraban era cambiar la acción de pharmakeia por un toque de sanidad del Espíritu Santo. ¿Y por qué no sucedía si esa sanidad estaba en nuestro espíritu? Porque no se implementaba el modo de transferir eso a nuestro cuerpo.

¿Sabes cual es el mayor problema? Que tu alma no sabe unificar todo esto en un solo resultado. Ese es el trabajo del liderazgo eclesiástico hoy y para los próximos cinco años: entrenar, capacitar y enseñar a la gente a ser sensibles a su espíritu. Para que todo lo que su espíritu viva, tras pasar por su alma, llegue a su cuerpo. Fíjate, Adán es el centro de la creación de Dios, ¿Verdad? Ahora escucha esto: cuando el alma de Adán es capturada, automáticamente, Satanás captura a toda la creación. Toda. ¿Y qué hace con el huerto del Edén, por ejemplo? El huerto que estaba en la tierra, ¿Recuerdas? Huerto, espíritu. Edén, alma. Tierra, cuerpo. Cuando Satanás logra pervertir eso, Dios separa ese lugar de la creación visible. Al huerto ya no se lo va a poder encontrar más

Por más que te digan que está por ahí cerca de Irán o Irak, no lo busques, no lo vas a encontrar. ¿Sabes por qué? Porque lo espiritual se separó. Así como el alma de Adán quedó capturada y el alma y el cuerpo se separaron, así también la creación se separó. Hay un texto que te va a servir de ayuda, de apoyo, de respaldo. Efesios 1:10: de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. ¿Qué hizo Cristo? Reunió las cosas que estaban en los cielos, en la tierra. ¿Dónde? En Él. ¿De qué está hablando? Si tú lees el verso anterior, verás que dice: dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir…

La pregunta, es: ¿Qué era lo que Dios se había propuesto? Re-unir en Cristo, lo que se esparció. ¿Lo estás entendiendo, ahora? Primer Adán, alma viviente. Segundo Adán, espíritu vivificante. ¿Qué hizo él? ¡Reunió! ¿Qué? Lo que se esparció a consecuencia del pecado de Adán. Todo lo que se esparció, Cristo lo reunió en Él. Entonces, cuando Cristo camina, los cielos y la tierra están en Él. Y vimos su gloria, gloria como la del unigénito del Padre. Su gloria, está uniendo lo celestial y lo terrenal. No solamente como manifestación del Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino que en Él también están los cielos y la tierra. Unidos en Él. ¡Es que…Néstor…yo no puedo entender eso! No te preocupes, yo tampoco. Pero así fue.

Si tú solamente haces un trabajo a nivel natural, solamente vas a obtener resultados naturales, carnales. Pero si tú empiezas a hacer un trabajo en el espíritu del hombre, vas a tener resultados espirituales. Un claro ejemplo es la alabanza. Se puede hacer de ella algo natural, técnico, brillante en ejecución y de excelencia en lo musical. O si no, se puede hacer algo emocional, que juegue con los sentimientos de la gente. O, finalmente, algo que nos conecte con lo espiritual. Entonces, cuando en este tiempo cada día habemos más hombres y mujeres de Dios que proponen movernos más en una dimensión espiritual, no significa que nos hayamos convertido en súper místicos ni mucho menos. Sólo proponemos vivir tal cual como Dios imaginó que debíamos vivir. ¡Estamos diseñados para ser espirituales!

Lo que ocurre es que la gran mayoría de nosotros vive en un entorno tan natural, que toda nuestra vivencia la explicamos a partir de lo que nuestra mente entiende. Pero, ¿Sabes que dice del Espíritu? Que Él intercede con gemidos indecibles. Indecibles es, literalmente, no reproducibles. La gran pregunta, es: ¿En qué momento mi espíritu puede empezar a fluir así? Un ejemplo, que alguien se ponga a tocar una melodía que no tiene letra compuesta. Cántala para el Señor con lo que tu espíritu reciba. Ahí te vas a dar cuenta de donde cantas, si de tu mente o de tu espíritu.

¿Qué dice Juan 4, lo recuerdas? Mi Padre busca adoradores EN espíritu y EN verdad. ¿Y qué significa adorar en espíritu? Significa que es el espíritu el que toma el control de esa adoración o de esa alabanza y, lo que fluye, ni siquiera pasa por el tamiz o el filtro de la mente. Y lo mismo sucede con la enseñanza, con la predicación. Porque una cosa es que yo me siente a enseñarte con una tonelada de papeles con notas y apuntes, y otra es que solamente tenga un par de palabras recordatorias y el resto tenga que esperar a ver qué es lo que me dice el Espíritu Santo que debo decir o no decir. Por eso, un ministerio como este, ya no es regido por alguien que se mueve con diez diccionarios o treinta concordancias, sino de alguien que tenga la habilidad de entender la ciencia de Dios y darla a conocer a la iglesia. Gente con autoridad profética para establecer diseños del cielo en nosotros.

Hay dos palabras que son de alguna manera claves en todo este mover en dirección al Reino. Visible e Invisible. Las dos son reales, te agrade o no, lo creas o no. Estamos rodeados de una sociedad materialista, entonces hay mucho énfasis en lo visible. Pero resulta ser, que lo más importante es invisible. Y si quieres un ejemplo contundente de esto, te lo doy ya mismo, el oxígeno. ¿Puedes verlo? No, pero si te falta, te mueres en pocos minutos. Lo cierto es que de todo lo que se puede observar, alcanza para darnos cuenta que Dios no se limitó a una creación material, sino que, de hecho, lo más importante que Él creó, fue inmaterial. De eso se trata, entonces, de unir cielos y tierra. Jesús nos dio las llaves para movernos en esa dimensión.

Lo único que necesitamos para poder hacer realidad efectiva eso, es que se corra el velo que todos nosotros tenemos, por causa de toda la formación que todos recibimos desde muy niños. Estamos acostumbrados a ver las cosas a partir de causa y efecto y tenemos una mentalidad que recurre a paradigmas limitados por la materialidad. Dios creó dos creaciones, distintas pero relacionadas. Mejor debería decir dimensiones, en lugar de creaciones. Esas dos dimensiones, la material, palpable y visible y la espiritual, inmaterial e invisible, trabajan armónicamente todo el tiempo. Jesús interactuó con ellas de una manera extraordinaria. Vamos a partir de la base de que Dios determinó principios básicos para poder moverse en esas dos dimensiones.

Un principio esencial y central para poder moverse en la esfera espiritual, es que quien lo haga tiene que ser un ser también espiritual. Es lo mismo que cuando queremos ingresar en un país que no es el nuestro. Necesitamos mínimo un pasaporte o, en algunos casos, una visa, una autorización de ese país para nuestro ingreso. Para un ingreso físico, necesitamos un cuerpo físico. Bueno; el pasaporte o visa que todos necesitamos para ingresar al mundo espiritual, es ser un ser espiritual. Por eso Pablo habla de cuerpos terrenales y cuerpos celestiales. O sea que Dios puso una línea fronteriza entre estas dos realidades. Para movernos en un mundo material, necesitamos un cuerpo material. Para movernos en un mundo espiritual, necesitamos un cuerpo espiritual. ¿Es correcto esto? Sí. ¿Y entonces qué pasa con el diablo?

El diablo ¿Es un ser material o un ser espiritual? Es un ser espiritual. ¿Y entonces por qué nos complica tanto la vida en el plano material? Lo primero que debemos entender es que, todo lo creado por Dios, se rige por leyes y normativas. Y el diablo no comete ninguna infracción que las leyes no lo permitan. El tema es que él, usando las leyes creadas, puede encontrar, como si fuera un abogado, la figura jurídica que le permita hacer algo. Primero: no vamos a ver al diablo actuando individualmente, eso está claro. ¿Ves a alguien con un espíritu de alcoholismo? No, lo que yo veo es a un alcohólico. ¡El diablo me robó mi auto!, me dicen. ¿Qué? Nunca vi al diablo manejando un auto. ¿Sabes qué? Satanás no tiene un cuerpo material para hacer nada de eso, a no ser que alguien se lo preste.

Por eso es que él tiene legalidad, porque hay gente dispuesta a prestarle su cuerpo para que él pueda operar dentro de la legalidad. Por eso es que no vemos a ese espíritu de alcoholismo, porque vemos a un alcohólico. Ahora bien; ¿Qué dice la palabra? Que Dios es espíritu. ¡Entonces él no puede entrar en la esfera terrenal! Claro que no, no sería legal. Dios no tiene cuerpo. A menos que alguien se lo preste o directamente se lo entregue. Mira lo que dice Hebreos 10:5: Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. ¡Jesús está hablando! Y dice que al Padre ya no le satisfizo sacrificio ni ofrenda y que por eso le preparó un cuerpo. ¿Por qué dice eso, Cristo? Respuesta más que sencilla: ¡Porque no lo tenía!

Y para poder entrar a la historia del hombre, él requería un cuerpo físico. Eso te muestra cómo Dios, el Creador, se sujeta a sus leyes. Cristo recibe cuerpo y puede interactuar en nuestra historia. Entonces dice que cuando vino el cumplimiento del tiempo Dios envió a su Hijo. ¿Qué está diciendo? Que Él respetó la normativa, recibió naturaleza humana de una mujer llamada María, y nació. Este principio es fundamental. ¿Por qué? Porque nos muestra como funciona la dinámica de la Creación, la relación entre lo espiritual y lo natural. Moisés tuvo que ver un tabernáculo en los cielos para luego poder construir uno igual en la tierra. Y Jesús entró a ese tabernáculo, pero no al que construyó Moisés, terrenal, literal, sino al que estaba en los cielos.

Ahora; a través de las siete celebraciones judías, de las siete fiestas que había, ellos, los hebreos, representaban el mundo espiritual. Ellos tenían, a través de esas fiestas, los recursos para plasmar lo espiritual en el terreno natural. Hay muchísimas cosas que dice la ley que no las entendemos, pero que en Dios tenían un propósito. Lo que sucede es que nosotros, los occidentales, tenemos dos problemas. Uno es el materialismo que nos rodea desde niños, y otro es la mentalidad con la que nacemos los occidentales. Te guste o no, la Biblia tiene elementos de mentalidad oriental. Por ejemplo, a la hora de poner un nombre. Para un oriental, sea de donde sea, poner un nombre es algo muy especial, porque el nombre debe expresar principios.

Hubo alguien que se llamaba Abram, que significa padre enaltecido. Cuando Dios lo llama, le cambia el nombre por Abraham, padre de multitudes. ¿Por qué el cambio? ¿Por qué Simón tuvo que ser Pedro o Saulo tuvo que ser Pablo? Porque el nombre expresa identidad y propósito. No sé qué pueda expresar tu nombre, pero quizás es distinto a Saulo, que significaba enaltecido, a Pablo, que quería decir Pequeño. Simón, vara mecida por el viento, a piedra, roca. Es distinto. Entonces, el sentido del nombre adquiere valor si tú eres oriental. Hay culturas en África que no le ponen nombres a sus hijos hasta que no cumplen los dos años de edad. Porque lo hacen cuando ya ven determinados rasgos en ellos.

Lo cierto es que estos dos elementos, nos preocupan un poco a la hora de entender la palabra. Dios no le dio nada a Israel que no tenga un sentido espiritual. Y eso tiene que ver con lo vengo diciéndote. Todo, pero todo, todo, es espiritual en Dios. De hecho, para entender esto en plenitud, necesitamos imaginar cómo estableció Dios el proceso creativo de su hijo. En primer lugar, Adán no aparece circunstancialmente, él es parte de un proceso de una dinámica extraordinariamente organizada por parte de Dios. Él no fue sorprendido. ¿Puedes entender si te digo que el pecado de Adán no sorprendió a Dios? Fíjate lo que dice la palabra: el cordero que fue sacrificado antes de la fundación del mundo.

¿Pero Adán no pecó después? Sí, pecó después. ¿Y cómo el cordero fue sacrificado antes? Porque el tiempo es algo creado. Porque Dios no tiene esto al azar, Él lo tiene en su mano. Dios crea al hombre para que ellos, básicamente ejerzan tres propósitos. Número uno, gobierno. Dios crea al hombre para que él gobierne. Eso es enseñorearse, gobernar. Que literalmente significa pisar. Cuando Jesús agarra a los discípulos y les dice que les da autoridad para hollar serpientes y escorpiones, Él está volviendo a la imagen de Génesis 1:26. Enseñoréate. ¿De qué? De todo lo creado. O sea que, la primera cosa es Gobierno. La segunda cosa es Fertilidad. Porque Él le dice: multiplícate, llena la tierra. Es como decirle que ocupe cada espacio que tenga.

Génesis 2:8: Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. Esto me recuerda a Génesis 1:1: En el principio creó Dios los cielos y la tierra. ¿Sabes por qué Dios dice “los cielos” y no el cielo, como lo llamamos nosotros? No te lo diré ahora, pero te aviso que no es un asunto lingüístico, sino que está expresando un tremendo principio. Los cielos, y LA tierra. Y en la tierra eligió un lugar llamado Edén. Y en el Edén escogió un lugar llamado Huerto. Son tres lugares distintos: tierra, Edén y huerto. Y pone al hombre ¿Dónde? En el huerto. El huerto era el corazón del Edén y el Edén era el corazón de la tierra. No dudes de la diferencia que te muestro, ¡Está escrita! Mira el verso 10: Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

¿Ahora sí te quedó claro que no es lo mismo Huerto que Edén? Entonces Dios lo pone a Adán en el huerto. Y dice la palabra que era para que lo labrase y lo cuidase. Y ahí es donde entra la tercera cosa. La primera era Gobierno, la segunda Fertilidad y la tercera es Expansión. Entiéndeme. Expansión no tiene nada que ver conque tu iglesia hoy es de cien y mañana de doscientos. Eso, en todo caso, es un tipo de expansión, pero en un plano muy limitado. La expansión que Dios nos quiere dar, es multidimensional. Y esta expansión es algo muy singular, porque dice que lo puso en el huerto para que lo labrase y lo cuidase, y la palabra usada allí es xamar, que en su traducción significa vigía.

Sácate de la cabeza que Dios lo puso a Adán en el huerto para que fuera jardinero. Ese dibujito con Adán con un rastrillo y una regadera es una mentira destinada a divertir a los niños. La palabra dice que cada día brotaba una humedad que regaba todo y que todo fluía por sí mismo. ¿Para qué iba a poner a un hombre a trabajar con pala, azada y rastrillo si todo funcionaba solo? ¿Y entonces? Es el huerto de Dios. El hombre fue creado para descansar, no para trabajar. ¿Cómo lo pruebo? El hombre fue formado en el sexto día, ¿Verdad? O sea que su primer día de vida, fue el día de reposo. La tarea de él era vigilar, no ser agricultor. ¿Recuerdas lo que pasó cuando él dejó de vigilar? La serpiente se metió. La serpiente estaba en la tierra, de la tierra pasó al Edén, del Edén pasó al huerto. En síntesis, lo que Dios le encarga a Adán, es vigilar y cuidar de que la serpiente no se meta en el huerto.

Y vas a darte cuenta que la serpiente espera que Adán no esté con Eva para acercarse. La gran pregunta, es: ¿Qué estaba haciendo él en ese momento en particular? Ya, déjalo. Lo cierto es que Dios arma todo de primera calidad para que Adán pudiera ejercer tranquilamente en esas tres áreas que había recibido. Gobierno, Fertilidad, Expansión. Entonces llegamos al punto clave, que es que Satanás quiere lo que Adán es. Porque él es bien distinto a todo lo creado. ¿Por qué? Porque le es soplado en su nariz aliento de vida, o sea: espíritu. ¿Qué espíritu le es soplado a Adán? El de Dios. Por eso pasa a ser su semejanza e imagen. Es un espíritu al que le han dado un alma y mientras ande por aquí habita un cuerpo. Igual a ti.

Es poco lo que se habla del alma, como no sea para censurarla por sus errores. Nadie te dice que el alma fue lo más extraordinario que recibió el hombre, ya que es la única que puede entender al cuerpo y también al espíritu. Pero el cuerpo no entiende al espíritu ni el espíritu entiende al cuerpo. Hablan distintos idiomas. Pablo lo dice con claridad: ¡Lo que quiero hacer no lo hago y justo hago lo que no quiero hacer! Cuando el cuerpo dice que está enfermo, el alma le cuenta al espíritu eso, y el espíritu le dice que él tiene el poder de sanar. Así es como funciona. Si te lo crees, obvio, de otro modo ni lo sueñes. Por eso el hombre es una maquinaria extraordinaria. ¡Dios hasta allí no había creado nada parecido! ¿Un ejemplo? Miguel. Es un ángel extraordinario. En algunos lugares se lo llama arcángel. ¡Es formidable, inmenso, glorioso! Pero es sólo espíritu…

Y ahí está Adán, la cosa rara creada. Que como tiene las dos naturalezas avaladas, la natural y la espiritual, tiene legítimo derecho a incursionar en las dos. En los dos reinos, si quieres llamarlo así. Además, no hay dudas que el huerto era un lugar extraordinario. No te olvides que más adelante vas a leer que dice que Dios bajó como cada tarde al huerto, y le dijo a Adán ¿Dónde estás? ¿Y por qué bajaba Dios hasta ese lugar? Porque era un lugar muy hermoso por todo lo físico plantado, pero también lo era desde lo espiritual. Estaba el árbol de la vida, allí. ¿Puedes imaginarte eso? Era un pequeño espacio donde se codeaban todo lo creado conjuntamente con ángeles y Adán. La clave de Adán no era ni el cuerpo ni el espíritu, era el alma. Por eso es que a Adán se lo llama Alma Viviente.

Ahora imagínate con qué envidia y al mismo tiempo intriga y malicia miraba Satanás a esa alma que le permitía ingresar al mundo natural y espiritual por igual. Hay un principio espiritual que Pablo lo dice: tú. Te sujetas a quien obedeces. En el momento en que Adán cede al engaño del diablo, él se sujeta a. Y automáticamente, queda bajo el control de. Cuando Adán peca y cae, sin embargo, no pierde la capacidad de interactuar con el mundo espiritual. Recuerda que tuvo una conversación con Dios mismo, después de caer. Y eso se mantiene a través de varias generaciones. Jacob fue un ejemplo de esto. Se sorprende al ver a un ángel. ¡Lo agarra a golpes al ángel! Le hace lo que en lucha se denomina como una llave. Eso significa la palabra Lucha em hebreo, llave. Y el ángel también le hace otra y lo descoyunta.

Otro caso es el de Enoc, se iba todas las tardes a tomar mates con Dios. (Un Enoc argentino era ese) Hasta que un día Dios le dice: ¿Oye, ¿Para que vas y vienes todos los días? ¡Mejor te quedas acá y listo! O Abraham. ¡Abraham era un pagano! Era caldeo y su trabajo era de comerciante. Se convierte en el primer hebreo. La palabra hebreo significa “del más allá”. ¡Estaban acostumbrados a incursionar en las dos dimensiones! Pedro. Preso y encadenado. ¿Se sorprendió o se desmayó del susto cuando un ángel vino y lo liberó? ¡No! Lo siguió atravesando puertas y paredes como la cosa más natural del mundo. Y a la joven que le abre la puerta le sorprende mucho más reconocer que es Pedro, liberado, que suponer que es un ángel.

¿Cuándo será la última vez que tu hayas visto un ángel? Porque la gente de la cual estamos hablando que vieron y se pelearon con ángeles, era gente tan caída como nosotros, ¿Entiendes? Ni siquiera habían recibido el bautismo del Espíritu Santo. Sólo tenían la capacidad para interactuar con los dos reinos. Y de la manera que se las rebuscó para salir siempre ganador ante su pariente, llevándose las ovejas que le daba y multiplicándolas conforme a las leyes de la genética. Mi pregunta es: ¿Qué hubiera hecho Jacob con el Espíritu Santo, de haberlo tenido a disposición? Él en su momento se la jugó. No esperó que le abrieran la puerta, la encaró y la tumbó.

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enero 2, 2024 Néstor Martínez