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¿Por qué no me oyes?

Le pregunto: En su vida de creyente, ¿Nunca abandonó, aunque más no fuera por un rato, esa religiosidad solemne con la que normalmente nos manejamos, y después de haber estado orando un largo tiempo por algo muy importante sin que ocurriera nada, un día levantó los ojos al cielo y, casi con enojo, preguntó: ¡Señor! ¿Qué pasa que no me oyes?

No se preocupe, no se sienta mal, no se cargue de culpa, no se vaya a creer que ya se va de cabeza al infierno por esa reacción. Es una de las preguntas más frecuentes relacionadas con la oración. Cientos, miles de creyentes suelen preguntarse con mucha seriedad: ¿Por qué mi oración no ha sido contestada? Convengamos, de paso, que lo que esto quiere decir, es: ¿Por qué mi oración no fue contestada como yo quería? O bien la otra pregunta un poco más genérica y mejor sustentada teológicamente: Yo sé que Dios puede, pero entonces, ¿Por qué no lo hace?

Es notorio; no tenemos ni tendremos todas las respuestas a estos y tantos interrogantes más, ni tampoco sabemos por qué hay oraciones que no son contestadas, pero la buena noticia es que sí tenemos algunas respuestas que están basadas en la Palabra de Dios. Para que esto sea lo mayoritario, vamos a repasar ahora algunas de las causas por las cuales nuestra oración podría no ser contestada. Aunque en muchas ocasiones lo que parece una respuesta negativa, puede terminar siendo una respuesta positiva, cosa que la mayor parte de las veces no alcanzamos a ver porque todavía estamos molestos porque no sucedieron las cosas tal como nosotros queríamos.

(1 Corintios 1: 9)= Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su hijo Jesucristo nuestro Señor.

Este verso le está diciendo, primero, algo que no es mínimo: que Dios es fiel, que no le falla, que jamás hará algo que le perjudique o le lastime espiritualmente. Segundo, que todos nosotros, no sólo las altas jerarquías eclesiásticas, fuimos llamados a tener comunión e intimidad con Cristo. Parecería ser que alguna vieja enseñanza, luego desautorizada por la Biblia, sigue teniendo vigencia de todos modos en nuestro sentir: creemos que hay personas que tienen mayor llegada a Dios y que es a ellas a quienes debemos acudir para que intercedan por nosotros. Por poco que usted haya leído la Palabra, ya sabe que no es así.

Nuestra cultura religiosa oficial, le llama “comunión” a un determinado acto simbólico, pero la realidad es que “comunión” significa, tal como lo decimos: “intimidad, compañerismo, comunicación”. Simplemente pasar el tiempo con alguien. Entonces, un llamado, significa una invitación o un pedido. ¿Cómo responde usted a esa invitación? No le estoy preguntando si ora, te pregunto si pasa horas, minutos o segundos a solas, en intimidad con Él, o sólo hace las llamadas “oraciones-flecha”, ya sea a la hora de comer o en el templo. ¿Quiere tener respuesta a sus oraciones? Tiene que aceptar esa invitación a la comunión que Él mismo nos hace. Jesús fue el ejemplo al ir a la montaña para orar todas las noches a raíz de la importante decisión que tenía que tomar. Primera causa por la cual una oración puede no ser contestada: Falta de Comunión.

(Juan 14: 13)= Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré. Para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

(Juan 15: 16)= No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto; y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo de.

¿Nunca, ya sea por apuro o por ansiedad, o quizás por suponer que podía estar apartándose de lo que considera que son meros formulismos, oró: “Señor, por favor dame tal cosa, amén”? ¿Le respondió Dios esa oración? Es probable que por su infinita misericordia y paciencia, en algún caso, alguien me pueda decir que sí, ya lo sé, pero yo le diré algo: Jesús le enseñó a sus discípulos como orar, y creemos que cuando Jesús dijo de hacer las cosas de cierta manera, esta es la forma en que todavía nosotros deberíamos seguir haciéndolo, no le parece? Entonces, por favor, olvídese que en la tierra nos tratamos de un modo. Usted vive en el ámbito del Espíritu y es en ese ámbito donde la oración se desarrolla. Y si Él dijo que lo que pidiéramos debíamos pedirlo en su nombre, es porque en el mundo espiritual la cosa va a funcionar de esa manera y no de otra. Segunda causa por la cual una oración puede no ser respondida: No pedir lo que se pida en el nombre de Jesús.

(Santiago 4: 2)= Codiciáis y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. (Tome nota de esto)

(3) Pedís, y no recibís, porque pedís mal (También anote esto) para gastar en vuestros deleites.

(Apocalipsis 3: 20)= He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Primero se nos dice que nuestras codicias, nuestras envidias y nuestras luchas cotidianas en búsqueda de una mejor calidad de vida son inútiles, estériles, si no pedimos. Pero luego se nos alerta en cuanto a cómo y a qué pedir, porque si pedimos aquellas cosas que no son prioritarias o que no forman parte de la voluntad de Dios, es bastante obvio que no vamos a recibir nada. Las personas, en su gran mayoría, y tengan la jerarquía eclesiástica que tengan, seleccionan la calidad de los problemas que les llegan y van atendiendo en orden a esa importancia que ellos mismos han evaluado.

Dios no hace tal cosa. Jesús dice que TODO lo que usted pidiere, Él escucha y, si usted lo cree, Él lo hace. Dios también quiere oír su oración por la compra que va a hacer en el supermercado. ¡Ah! ¿Cómo voy a molestar a Dios por algo así? Basta. Termine ya con su falsa modestia y entienda que su vida entera depende de Él y que, cuando un día declaró que se la entregaba, Él lo creyó. Dios, entienda por favor, desea tener comunión permanente con usted, no interesa el o los motivos. Tercera causa por la cual puede no ser contestada una oración: No pedir concretamente o pedir mal, en contra de la Palabra o la voluntad de Dios.-

(Éxodo 32: 11)= Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿Por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tu sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte?
(12) ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo.
(13) Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre.
(14) Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.

(1 Juan 5: 14)= Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
(15) Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

Uno de los motivos más proliferantes de oraciones no respondidas, es el de no pedir de acuerdo con la voluntad de Dios. Claro, bien, correcto; pero: ¿Cómo tener certeza de la voluntad de Dios? En primer término, leyendo su Palabra, no simplemente en el marco de eso que inventamos los hombres religiosos y que denominamos “devocional diario” (No hay una Biblia donde figure eso) sino buscando en lo más profundo de las revelaciones, que es como decir: escudriñando. Oyendo su voz, que nadie dice que no pueda ser audible en algún momento, pero que no siempre lo es. Dios no tiene métodos fijos. Puede ser a través de un mensaje o simplemente de un pensamiento imposible de elaborar por nosotros mismos. De lo que hemos dicho antes, pasar tiempo con Él a solas. Estos dos textos leídos, demuestran que aquellos hombres cuando oraban, sí conocían la voluntad de Dios.

Los creyentes debemos tener confianza en el libre acceso y en el poder de las palabras al presentar sus peticiones ante Dios. Sin embargo, existe una limitante a la certidumbre de que nuestras oraciones serán contestadas. El Nuevo Testamento basa esa seguridad si pedimos y oramos en el nombre de Jesús, si permanecemos en Cristo y permitimos que sus palabras permanezcan en nosotros, si tenemos fe, y si somos justos en la vida, y fervientes en la oración. Uno que permanece en Cristo y que sus palabras permanecen en él, que ora en nombre de Jesús, esto es, de acuerdo con su carácter y su naturaleza; y que está lleno de fe y justicia, no se va a inclinar a pedir nada que esté en contra de la voluntad divina. Pero más que como oramos, Dios quiere y le preocupa que oremos. La oración genuina no es un intento de que Dios satisfaga nuestros deseos a través de medios precisos; sino, al contrario, al subordinar nuestra voluntad a la del Señor, abrimos las puertas para recibir la plenitud de sus bendiciones en nuestras vidas. Cuarto motivo, entonces, de una oración no contestada puede ser: Pedir algo en contra de la voluntad de Dios. No necesidad sino capricho o deseo personal.

(Juan 15: 5)= Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
(6) El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
(7) Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

Este, indudablemente, también es un respetable escollo para la oración. No tener la palabra de Dios en usted. No hay mucho que agregarle a esto y al texto que hemos leído, sólo que el creyente promedio, tiene peligrosa tendencia a preferir que otros le traigan la Palabra estudiada, masticada y, en muchos casos, hasta semi digerida, en lugar de hacerlo, como Dios manda, escudriñando por sí mismos. Por eso es que sobreabundan las falsas doctrinas, las confusiones y, esencialmente, por eso mismo es que existen tantas doctrinas diferentes que han dado origen también a denominaciones diferentes.

Si hay un solo Espíritu Santo y este mora en el interior del corazón de todos los creyentes guiándolos a toda verdad, no se entiende como se puede aceptar que para una misma cosa, haya tantas interpretaciones diferentes. Carne pura. Es verdad que tiene sus ventajas oír a otros: recibir revelaciones que significan grandes bendiciones. Pero tiene su riesgo también: ser engañados en lo espiritual por lenguas habilidosas y altamente manipuladoras. Eso ha tenido un resultado notorio: la división de la iglesia en cientos de denominaciones olvidando que el principio de que todo reino dividido no prevalece, también encaja aquí y en esto. Y para peor, cada denominación arrogándose tener la más absoluta de las verdades. Quinta causa de oraciones no contestadas: No orar con conocimiento de la Palabra sino por un “sentir” que generalmente tiene origen en la carnalidad.

(Santiago 1: 5)= Y si alguno de nosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.
(6) Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a la otra.
(7) No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.
(8) El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

¡Hermano! ¡Se supone que cuando un cristiano ora o pide algo a Dios, de hecho que lo va a hacer creyendo! ¿No es así? ¿Sí? ¡No me diga! ¿Y entonces por qué Santiago escribiría esto? ¿Por los de las otras religiones quizás? Mire: Nos dicen las estadísticas, que si bien no son cien por cien confiables, al menos marcan claras tendencias, que uno de los factores que más inciden en la falta de respuesta de Dios a nuestras oraciones es, precisamente, nuestra propia falta de fe o lisa y llanamente, incredulidad. Jesús, entiende esto, no sólo les enseñó que debían orar a sus discípulos, sino que también les enseñó cómo hacerlo. Y uno de esos “como”, es orar creyendo que va a suceder aquello por lo que se está pidiendo. Tal como podemos ver en el primer libro de los Reyes, en el capítulo 18, el profeta Elías, un hombre con una naturaleza como la nuestra, logró grandes victorias cuando oró, pero, sin embargo, no vaciló en huir de una mujer cuando le entró la duda.

Hombre de doble ánimo, tal como dice aquí, es una persona arrastrada en dos direcciones opuestas. Sus lealtades están divididas, y a causa de su falta de sinceridad, vacila entre la fe y la incredulidad pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza. Esa persona, dice, es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser. Doble ánimo es, necesariamente, doble mensaje. Digo blanco, oro blanco, predico blanco; pero creo, vivo y hago negro, entiende? Sexto motivo por el cual una oración puede no ser contestada: Orar no creyendo en lo que se ora o, peor, creyendo lo contrario a lo que se ora.

(Lucas 18: 1)= También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.

Atención: muchas oraciones no son respondidas porque quien las hizo, de pronto, se desanima o simplemente abandona la pelea. Porque orar es una batalla en el ámbito espiritual. Ese “no desmayar” que se lee aquí, es equivalente a no desanimarse, a no abandonar. Si sigue leyendo este capítulo 18 de Lucas, va a ver que al final la viuda recibe lo que esperaba, simplemente por causa de su perseverancia e insistencia. KOPOS es la palabra utilizada allí y tiene una connotación de “golpear repetidamente una mejilla”. Aquí, entonces, la conclusión es sencilla y exime de mayores comentarios. La séptima causa de la no respuesta a una oración que encontramos, es la de Abandonar la oración sólo por desánimo, desaliento que, en el fondo, es falta de fe.

(Mateo 18: 19)= Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidiereis, les será hecho por mi padre que está en los cielos.

La promesa que hace Jesús puede aplicarse a la oración en general, pero tiene que ver más específicamente con la guía divina que debe buscarse y recibirse en cuestiones de disciplina. En esos casos la oración nos protege contra el espíritu de venganza. Porque dice que debemos ponernos de acuerdo. ¿Y qué significa “ponerse de acuerdo”? La palabra usada allí es SUMPHONEO. Que viene de SUM, que quiere decir JUNTO, y de PHONEO, que se traduce como SONAR. SUMPHONEO, entonces, es “Sonar juntos”, o “sonar simultáneamente”, o estar en armonía. Precisamente nuestra conocida palabra SINFONÍA, viene de esa misma raíz.

Metafóricamente, significa “al unísono”. Ponerse de acuerdo en el matrimonio, por ejemplo, es la fuerza más poderosa que hay. Pelea y contienda es lo contrario a estar de acuerdo y esto frena cualquier oración. Si yo, creyente, hijo de Dios, estoy orando por más sabiduría para llevar adelante el ministerio del maestro y usted, creyente también, hijo de Dios también, está orando para que yo sea pastor de su congregación, Dios va a escuchar ambas oraciones, pero como no estamos de acuerdo y ambos somos sus hijos, lo más lógico de su parte será: No hacer nada. La octava causa de oraciones no contestadas será, entonces, No ponernos de acuerdo, no estar unánimes en los motivos de oración.

(Mateo 6: 14)= Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro padre celestial; (15) más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro padre os perdonará vuestras ofensas.

Es tremendo, pero esta debe ser la otra gran causa de falta de respuesta a la oración. ¡Pero hermano! ¡Es que yo ya perdoné! ¿Ah, sí? ¿Y cómo lo sabe? ¡Es que se lo dije! ¡Fui y se lo dije! Sí, pero del lado de afuera. Ahora pregunto: ¿Su corazón realmente perdonó? ¡Eh…bueno…no es fácil! Entienda mi hermano; Dios no se va a dejar llevar por su discurso. Dios ve con total claridad su corazón. Eso es, precisamente, lo que una gran cantidad de creyentes no ha podido entender todavía. Cuando vivimos en una constante actitud de perdón, nos es fácil perdonar en cualquier situación. Cuando usted haya pedido perdón o perdonado todas las veces que sean necesarias, (Eso es lo que significa “setenta veces siete”, no cuatrocientas noventa), Dios dejará de recordar nuestros propios pecados y la paz del perdón global inundará su corazón. Novena causa de oraciones no respondidas: Falta de perdón. De pedir ser perdonados y de perdonar a otros.

(Deuteronomio 1: 42)= Y Jehová Dios me dijo: Diles: No subáis, ni peleéis, pues no estoy entre vosotros; para que no seáis derrotados por vuestros enemigos.
(43) Y os hablé, y no disteis oído; antes fuisteis rebeldes al mandato de Jehová, persistiendo con altivez subisteis al monte.
(44) Pero salió a vuestro encuentro el amorreo, que habitaba en aquel monte, y os persiguieron como hacen las avispas, y os derrotaron en Seir, hasta Horma.
(45) Y volvisteis y llorásteis delante de Jehová, pero Jehová no escuchó vuestra voz, ni os prestó oído.

(Isaías 1: 19)= Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; (20) si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.

(Hebreos 4: 6)= Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia.

Es peligrosísimo, en estos tiempos, hablar de desobediencia, porque no son pocos los que han interpretado todos estos textos con incidencia en lo interno de cada congregación. La lección que salta a la vista de estos pasajes, se fundamenta en que otra de las causas por las cuales nuestra oración puede no tener respuesta, es precisamente caminar en alguna desobediencia. Pero atención: desobediencia a la Palabra, a ciertos principios absolutos de Dios, no necesariamente a hombres que, es verdad, en muchos casos han sido levantados por el Señor, pero que en otros se adjudican una representación divina que no tienen.

¡Pero hermano! ¡Es muy fácil decir: “Yo obedezco al Señor y no a hombres” para poder hacer lo que se nos da la gana! Eso es probable, sí señor, ha ocurrido. Pero nos olvidamos de algo: Dios da gracia a los humildes y resiste a los soberbios. Entonces, si usted me dice eso y tiene razón, no se preocupe porque voy a durar muy poco antes que el Señor me tumbe; pero si usted se ha equivocado, dice eso y yo realmente estoy obedeciendo al Señor, usted acaba de atacar a un ungido. Y usted sabe muy bien que Dios siempre va a proteger a sus ungidos, caiga quien caiga. Décima causa de no respuesta a la oración: Estar en alguna clase de desobediencia a Él.

(Salmo 19: 12)= ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.
(13) Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión.

Es notorio, dice aquí, que el acercarnos a la Palabra de Dios, es una forma adecuada de enfrentarse con el pecado y es inteligente que cada uno busque su modo ideal de mantenerse alejado de él.

(Salmo 66: 18)= Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

Este también le habla de pecado y lo que le dice es que, para enfrentarse con él, lo primero que debe ocurrir es que reconozca que ese pecado tiene origen en su corazón. Evite que sus oraciones se anulen permitiendo que el pecado o las debilidades se alojen en su corazón.

(Isaías 59: 1)= He aquí no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; (2) pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.

Creo que no se necesita agregarle mucho más a la Palabra para que se entienda que otra de las causas de oración no respondidas, en este caso la undécima, es Tener en nuestro corazón pecados sin confesar.
(Deuteronomio 7: 25)= Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; No codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; (26) y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo las aborrecerás y la abominarás, porque es anatema.

(Ezequiel 14: 3)= Hijo de hombre, estos hombres han puesto sus ídolos en su corazón, y han establecido el tropiezo de su maldad delante de su rostro. ¿Acaso he de ser yo en modo alguno consultado por ellos?

Es indudable que estos versos aluden de un modo directo una de las trabas principales para que una oración no sea escuchada y, fundamentalmente, respondida: la idolatría. No es necesario aquí tampoco agregar nada a esto, sólo que idolatría es el acto de colocar cualquier cosa por delante de Dios en nuestras vidas. Y esa cualquier cosa, masivamente pueden ser: imágenes, figuras emblemáticas, el dinero, el sexo, pero también están representados por: el trabajo, la propia familia, la iglesia como organización, una doctrina denominacional y hasta un ministerio. Duodécima y última causa de oraciones no respondidas: Incursionar en algún tipo de idolatrías, aunque parezcan “santas”.

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enero 1, 2015 Néstor Martínez