Por esas cosas que ocurren casi sin explicación racional, en mi vida secular tuve algunos talentos que me permitieron trabajar por más de cuarenta años en una profesión de la que en lo familiar, no había antecedentes. Por las mismas cosas que no siempre tienen explicación en esta vida, una noche caí a los pies de Cristo como única salida real para mi vida. Eso, tampoco tenía ningún antecedente de familia. El cristianismo genuino no estaba en el ADN heredado en la carne. Finalmente, y en la segunda mitad de esta carrera que lleva a la meta final del ciclo vida terrenal, me encontré ungido para desarrollar el quinto ministerio bíblico, el del maestro. Obviamente, de esto tampoco había registro alguno en mi historia. ¿Por qué elegí ser conocido como ministro y no como maestro? Simple. Porque el Maestro es uno, y nadie puede arrogarse portar ese título. Ministro sí, porque mi Biblia dice que el nuestro es un pueblo de reyes y sacerdotes y de todos ministros competentes. Para mí, esto es suficiente. Todos somos ministros. Yo apenas soy uno más de esos todos.
Mi único punto de referencia, es Jesús. Mi decisión inapelable, es estar EN Cristo. Pero como humano creyente con imperfecciones y deseos de estudiar y madurar en el Señor, no puedo dejar de admirar a Pablo. Según lo dicho por él mismo, también ministro del Señor. Y autor de esta carta de la que hoy quiero extraer flores cultivadas para enriquecer tu jardín de crecimiento. Efesios 4:, versos del 1 al 6: Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. ¿Qué ocurriría hoy si un líder cualquiera, de esos de mayor renombre, fuera detenido y puesto en una cárcel? ¿Sus seguidores irían a visitarlo y consolarlo o, lo más seguro, perderían su confianza en él y lo abandonarían a su suerte? ¿Y si fue preso por predicar a Cristo? No interesa. Cuando debieron elegir a Jesús, eligieron a Barrabás. ¡Ay pueblo!
Nos recomienda, (Porque la carta es a los Efesios de ese tiempo, pero absolutamente válida para tú y yo, hoy mismo), andar con humildad y mansedumbre. ¿Tú crees que hoy es necesario que un ministro le diga a sus receptores que deben andar por la vida como creyentes llenos de humildad y mansedumbre? No, pero la realidad nos muestra que de tanto en tanto hay que hacerlo. Como prevención. Mansos, dice, no mensos. Mis hermanos mexicanos me entienden mejor que el resto, que igual supongo que saben de lo que les hablo. Y humildes. “¡Ay, hermano! ¡Mi familia es muy humilde! ¡Hay días que hacemos una sola comida porque no tenemos dinero para la otra!” Entiendo, y eres digno de respaldarte en oración y además brindarte alguna ayuda como iglesia, pero déjame decirte que eso tuyo no es humildad, eso es pobreza, carencia de dinero. Humildad es otra cosa. Créeme que no todos los muy pobres son humildes. Humilde es aquel que teniendo todo lo necesario para brillar y ser famoso, decide vivir en bajo perfil y sólo haciendo lo que debe.
Nos demanda que nos soportemos unos a otros con paciencia. Necesitamos esto para que los errores inevitables que ocurren entre las personas de la familia de Dios no vayan en contra del propósito de Dios de unir todas las cosas en Jesús-ilustrado a través de Su obra actual en la iglesia. Crisóstomo definió con precisión a la paciencia como el espíritu que tiene el poder de vengarse, pero nunca lo hace. Es la característicaa de un corazón generoso y perdonador. Luego añade que debemos guardar la unidad del Espíritu. Que quede claro. Nuestro esfuerzo no debe ni puede ser para crear una unidad, porque a esa unidad ya la creó Dios. Nuestra ocupación tiene que estar centrada en sostener y mantener esa unidad en contra de todo lo que pueda venirse. Y es más que obvio que Pablo está hablando de una unidad espiritual, ciento por ciento. Nada que ver con una unidad estructural, denominacional o interdenominacional, o con su heredera más moderna, el ecumenismo. No es una reunión de líderes un día al mes para tomar té, café o refrescos y comer galletas. Eso tiene otro nombre.
Dice que somos un cuerpo y un Espíritu, porque así fuimos llamados. Un Señor, una Fe, un Bautismo, y un Dios y Padre de todos. Está claro y en algunos puntos, quizás no tanto. Un Señor, Jesucristo. Una Fe, la de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un bautismo. ¿Está refiriéndose al de Juan en las aguas? A ver; Juan tuvo mandato para hacer eso, para perdón de pecados, como antesala y arras de lo que iba a venir, el Hijo encarnado. Cuando ese Hijo va a la cruz, se lleva todos nuestros pecados con Él y nos absuelve con la única condición de aceptarlo y subir a esa misma cruz con Él. El bautismo en aguas, hoy, es un símbolo que recuerda eso, pero no es de eso de lo que se habla aquí.
Baptismo, que es la palabra original, nos habla de sumergir. Juan lo hizo en agua y estuvo bien, pero nosotros hoy tenemos otras vertientes. Sumergirnos en Él es ESTAR EN Él. Sumergirnos en Su Espíritu Santo, es sinónimo de bautismo, también. Todo esto, por donde quiera que lo mires, es algo que se hace una sola vez y para siempre. El de agua, el de relación y el de Espíritu Santo y fuego. No es un show que puedes repetir domingo por medio para entretenimiento de la membresía, ¿Estamos? Tampoco debes bautizarte en agua cada vez que pecas, ¿Entiendes? La salida está por otra puerta, la del arrepentimiento, no la de la piscina.
Versos 7 y 8 = Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.
. Dice que nos fue dada la gracia, a cada uno de nosotros. ¿Entiendes? Tú tienes una gracia que se preparó exclusivamente para ti. Y que se hizo esto conforme a la medida del don de Jesús. Esta es la base para la distribución de los dones espirituales de Dios a través de Su iglesia: la gracia, el don gratuito e inmerecido de Dios. Nadie merece ni se ha ganado dones espirituales. O sea que has recibido una gracia, que es como decir un favor divino, sin mérito alguno de tu parte, en la medida acorde al don que te fue dado. Porque todos tenemos uno o más dones. Que lo creamos o no, que nos ocupemos de discernirlo o no, ya es un problema nuestro. Dios ya hizo lo suyo.
Cuando dice luego que subió a lo alto, habla de una ofrenda que sucedió, como se describe proféticamente en el Salmo 68:18, cuando Jesús subió al cielo. Esta fue la evidencia de Su triunfo sobre cada enemigo (el llevar cautiva la cautividad. Dice el salmo: Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios. Dijo alguien con mucho acierto que uno puede imaginarse a un líder militar regresando a Jerusalén a la cabeza de sus seguidores, después de derrotar a un ejército enemigo y tomar muchos prisioneros.
Como Jesús dijo: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y añade que llevó cautiva la cautividad, Y que dio dones a los hombres: Parece simple letra, pero encierra un arma crucial para la guerra que hoy estás librando. Eras cautivo del pecado y eso te arrojaba en los brazos de Satanás, ¿Verdad? Pero Cristo, cuando fue a la cruz, al par de llevarse todas tus enfermedades y llagas, también se llevó tu cautividad. ¿Lo entiendes? No te creas más mentiras del infierno. Ya no tiene nada de donde agarrarte. Créele a Jesús.
Versos 9 y 10 = Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y por esa razón es que se pregunta: Y eso de que subió, ¿Qué es…?: En esto, Pablo demostró cómo, la palabra subiste en el Salmo 68:18 se refería a la resurrección de Jesús, hablando primero de su ascensión desde las partes más bajas de la tierra, y en segundo lugar de su ascensión por encima de todos los cielos.
Algunos piensan que la frase las partes más bajas de la tierra, se refiere a la predicación de Jesús a los espíritus encarcelados que se describe en 1 Pedro 3:19 y 4:6. Si bien este aspecto del ministerio de Jesús en el Hades después de Su obra en la cruz es verdadero, y así está profetizado en Isaías 61:1-2 y Lucas 4:18, Pablo no necesariamente se refería a él aquí, sino a la increíble y para nosotros todavía desconocida batalla que Jesús libró después de morir en la cruz en esas partes bajas de la tierra con todo el caudal demoníaco que pretendía impedir su resurrección.
Versos 11 al 16 = Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
Aquí están, prácticamente por única vez en la Biblia, los cinco ministerios vigentes para el devenir de la iglesia y la extensión del Reino. Me resultó muy ilustrativa la comparación de ellos con una mano humana. Comenzando por el dedo pulgar, que representa al apóstol. Es el único que puede tocar, que equivale a relacionarse, a los cuatro dedos restantes. El índice simboliza al profeta, ya que es el dedo el juicio, con el que apuntamos a alguien para acusarlo de algo o exhortarlo. El dedo mayor, es el evangelista, ya que es el más largo porque equivale a llegar más lejos que los otros. El dedo anular, es el llamado dedo gentil, ya que es en el que normalmente se usa el anillo de bodas, y por sus características, representa al pastor. Y, finalmente, el dedo meñique, que es el más pequeño, simboliza al maestro, ya que es el único que puede introducirse en el más mínimo orificio del cuerpo y ser de utilidad allí. Cinco dedos, una mano, parte de un cuerpo.
Ya en lo conceptual y alejado de comparaciones superficiales, los apóstoles son los responsables de los fundamentos y la expansión de todo lo que Dios desee realizar en un lugar. Son los enviados desde la oficina celestial. Imposible concebir un apóstol que no haya sido enviado por Dios, así haya sido ordenado por otros prestigiosos hombres. Son los pilares de la Iglesia, los que fueron llamados por Jesús mismo para ser testigos de su resurrección y para llevar el mensaje del Evangelio a las naciones. Ellos fueron los primeros en establecer la Iglesia y sentar las bases para su crecimiento. Un apóstol, según el Nuevo Testamento, es alguien que ha visto y ha sido testigo de Jesús resucitado Hechos 1:22: Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección. Su función principal es la de fundar iglesias y establecer nuevos ministerios. Cuidado: nada que ver con un gerente de estructuras o denominaciones raras, o abridor de salones o templos de mampostería. Estamos hablando de otra cosa.
En cuanto a los profetas, indudablemente son los mensajeros genuinos de la Palabra de Dios. NO es profeta alguien a quien un grupo de hermanos amigos ordenan como tal, sino al que Cristo el Hijo le otorgado ese don y esa unción. Los profetas son los voceros de Dios, aquellos que reciben y transmiten su mensaje a la Iglesia y al entorno. Son llamados a hablar la verdad, a denunciar el pecado y a proclamar la justicia de Dios. En el contexto del Nuevo Testamento, los profetas no solo predicen el futuro, sino que también interpretan la voluntad de Dios para la Iglesia, revelando su propósito y guiando a la comunidad en su camino. Confundir a un profeta con una especie de armador de horóscopos cristianos es de tal barbarie que conlleva un juicio por pecado mayor al que consideremos mayor.
Después nos encontramos con los evangelistas, que son los reales anunciadores del Evangelio. Si bien ese mandamiento lo tenemos todos los creyentes, la unción del evangelista le permite ser un canal por el cual dispone y agrega a los que van a ser salvos. Nada que ver con shows, métodos o monumentales puestas en escena. Los evangelistas son, como anunciadores del Evangelio, aquellos que comparten las buenas nuevas de la salvación con unción, pasión y fervor. Su llamado es llevar el mensaje de la gracia de Dios a aquellos que aún no lo conocen. Los evangelistas se enfocan en la proclamación del mensaje de salvación, buscando ganar almas para Cristo. Lo que luego hagan las congregaciones con esas almas, ya no es su responsabilidad, pero sí su carga personal. Absolutamente nada que ver con captadores de miembros para congregaciones en base a manipulaciones o temores. Eso no es Dios. `
Tengo absoluta certeza que cuando Pablo escribió esto, de ninguna manera imaginó el ministerio de los pastores tal como hoy se ejerce. Son, en efecto, cuidadores del rebaño. De acuerdo, no es obligación haber nacido en zonas rurales o con conocimiento de la cría de ovejas, pero por si acaso debería aclararte que un rebaño, en este caso de ovejas, es un hato de animales que, en libertad total, sólo supervisada por sus cuidadores, tanto humanos como caninos, anda por lugares amplios buscando los mejores pastos para alimentarse. El redil, en cambio, es el nombre del lugar donde todos estos animales son llevados a pasar a noche. Es un sitio cercado del que no pueden salir, y se hace en el caso de las ovejas, para que no escapen y sean víctimas de algún depredador. Si el tiempo es malo y deben permanecer en el redil, su alimento en lugar de pastos verdes, frescos y nutritivos, será de una mezcla de elementos guardados a los que suelen llamarlo hojarasca. Quiero recordar, por si a alguien se le olvida, que una de las responsabilidades del pastor, es procurar alimento para las ovejas. Pero alimento nutritivo, no hojarasca.
Obviamente, en el caso de los así llamados en el plano de la iglesia, tienen como singular y principal función la de alimentar a la comunidad con la Palabra de Dios, brindar dirección espiritual, y atender las necesidades de los miembros. Los pastores, en casos, también son llamados a enseñar, animar, consolar y equipar a la Iglesia, creando un ambiente de crecimiento espiritual y unidad. Lo que de ninguna manera son, porque no hay un mínimo texto bíblico que así al menos lo de a entender, es propietarios o dueños de la vida de sus pastoreados. Ejemplo tipo, pero con una enorme experiencia negativa, realizar consejería pre nupcial. Si un o una joven le pide consejo respecto a su novio o novia, y la posibilidad de concluir en matrimonio, le dirá lo que piensa, ve, discierne o se le revela. Pero de ninguna manera está en esa función para decidir con quien se casará tal o cual jovencita o tal o cual muchacho. Esto, por experiencia a la vista, ha sido la mayor causal del odioso divorcio en la iglesia. Eso tampoco es Dios.
Respecto al ministerio del maestro, no voy a ser demasiado extenso porque, al estar ejerciéndolo, me resulta muy complejo ser absolutamente imparcial. Corro el riesgo de sobredimensionarlo o, por pudor, hacer lo contrario. Y ambas posiciones son negativas. El caso es que este ministerio se diseña y nace como forjador de discípulos. Porque son los instructores de la fe, aquellos que explican la Palabra de Dios de manera clara y profunda, ayudando a los creyentes a comprender la verdad bíblica y a aplicarla a sus vidas. Los maestros son llamados a equipar a la Iglesia para el servicio, a desarrollar líderes y a fortalecer la fe de los creyentes. El único aporte personal que haré, es el de considerar que es un ministerio que puede, llegado el caso y la necesidad, y con la proverbial guía del Espíritu Santo, llegar a fluir en la unción de cualquiera de los otros cuatro. Aunque esto sin desmedro a no abandonar lo principal que es el amor y celo por la Palabra.
Los cinco ministerios, aunque distintos en su enfoque, comparten ciertas características y cualidades que los identifican. Estas características son esenciales para el buen desempeño de su ministerio y para la edificación de la Iglesia. Llamado Divino: Todos los ministerios son un llamado directo de Dios, no una elección personal. Es Dios quien elige a las personas y las capacita para servir. Dones Espirituales: Cada ministerio se caracteriza por la manifestación de dones espirituales específicos que permiten a la persona cumplir su llamado. Servicio Desinteresado: Los ministerios se basan en el servicio desinteresado, buscando el bienestar de la Iglesia y el avance del Reino de Dios. ¿Te lo repito? Díselo a quien corresponda. Fruto del Espíritu: Los frutos del Espíritu Santo, como el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y el dominio propio, son evidentes en la vida de aquellos que cumplen con su llamado.
Además de las características comunes, cada ministerio requiere cualidades específicas que le permiten desempeñar su función de manera efectiva. Estas cualidades se desarrollan a través de la formación espiritual, la experiencia práctica y la obediencia a la voluntad de Dios. Las cualidades esenciales para cada ministerio son: Apóstoles: Visión Profética: Capacidad para percibir la voluntad de Dios para la Iglesia y para el entorno. Liderazgo Visionario: Habilidad para establecer nuevas iglesias y para guiar a la Iglesia en su crecimiento. Autoridad Apostólica: Poder espiritual para establecer doctrina y para ejercer autoridad en la Iglesia. Profetas: Sensibilidad Espiritual: Capacidad para discernir la voz de Dios y para recibir mensajes proféticos. Comunicación Efectiva: Habilidad para comunicar la palabra de Dios de manera clara, precisa y convincente. Integridad Moral: Compromiso con la verdad y con la justicia, reflejando la santidad de Dios.
Evangelistas: Pasión por el Evangelio: Entusiasmo por compartir las buenas nuevas de la salvación con todos. Habilidad para Comunicar: Capacidad para presentar el Evangelio de manera clara, concisa y atractiva. Corazón Compasivo: Sensibilidad a las necesidades espirituales de las personas y deseo de ayudarlas. Pastores: Amor por el Rebaño: Dedicación al bienestar espiritual y emocional de los miembros de la Iglesia. Liderazgo Servicial: Disposición a servir a la Iglesia y a sus miembros, guiándolos con amor y sabiduría. Habilidad para Enseñar: Capacidad para comunicar la verdad bíblica de manera clara, práctica y comprensible. Maestros: Profundo Conocimiento Bíblico: Dominio de las Escrituras y capacidad para interpretarlas con precisión. Habilidad para Enseñar: Capacidad para comunicar la verdad bíblica de manera clara, precisa y atractiva. Disposición a Equipar: Deseo de ayudar a los creyentes a crecer en su conocimiento y en madurez. Si bien los cinco ministerios son llamados especiales, es importante destacar que todos los creyentes están llamados a servir en la Iglesia. Cada persona tiene dones y talentos únicos que Dios le ha dado para edificar el cuerpo de Cristo.
El ministerio no se limita a los cinco dones ministeriales, sino que se extiende a todas las áreas de la vida cristiana. Cada creyente puede servir a Dios y a su Iglesia de manera significativa, utilizando sus dones para el bien común. La duda más frecuente en mucha gente, es: ¿Cómo sé si tengo un llamado a uno de los cinco ministerios? El llamado de Dios es un proceso personal que involucra oración, reflexión y discernimiento. Es importante buscar la tutoría de Dios a través de la oración, la lectura de la Biblia y la conversación con gente espiritualmente confiable. Si Dios te está llamando a un ministerio, te dará la convicción, la pasión y las oportunidades para servir. Conmigo lo hizo cuando todavía no había memorizado ni siquiera Juan 3:16. Es posible, asimismo, tener más de un llamado ministerial. Dios puede equipar a una persona para servir en diferentes áreas, combinando los dones y talentos para un impacto mayor.
Ahora bien; no tener un llamado a uno de los cinco ministerios no significa que no puedas servir a Dios. Todos los creyentes tienen un llamado a servir, y Dios te ha dado dones y talentos específicos para que puedas contribuir al crecimiento de la Iglesia. Puedes desarrollar tus dones a través de la oración, la lectura de la Biblia, la participación en grupos pequeños, la capacitación en tu área de interés, y la búsqueda de oportunidades para servir en la Iglesia. La identificación de tu llamado a servir se basa en la introspección, la oración y la búsqueda de la voluntad de Dios. Pregunta a Dios qué te ha dado para servir y cómo puedes usar tus dones para edificar la Iglesia. Los cinco ministerios bíblicos son un regalo de Dios para la Iglesia. Son llamados especiales que Dios otorga a personas específicas para equipar a la Iglesia y para expandir el Reino de Dios en la tierra.