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El Nombre

Dije hace unos días atrás, que mi mandato más fiel y claro, fue el que recibí a través de la lectura de un pasaje del Salmo 22. Concretamente, el verso 22 de ese salmo, luego confirmado, a mi escepticismo y cierta incredulidad, con el verso 12 de Hebreos 2, decía contundentemente, como para que no me quedaran dudas:  Anunciaré tu nombre a mis hermanos; En medio de la congregación te alabaré.  Por tanto, una cosa me ha quedado más que clara: he sido enviado a anunciar Su Nombre a mis hermanos. No al mundo incrédulo, aunque nadie les prohíbe escucharme, no a los jeques de la religión para armar entretenidos debates, en los que jamás entraré; a mis hermanos, que es como decir, a los que son realmente hijos de mí mismo Padre.

Entonces comienza la senda de cumplir fielmente con el mandato. ¿Qué nombre es el que debo anunciar? Obvio que, si es para mis hermanos, el Nombre en el cual hemos sido salvos. Jesús de Nazaret. Más conocido con el amor y afecto que sentimos por Él, como Jesucristo, el que murió en la cruz por nuestros pecados. O, dicho ya en idioma un poco más teológico, Jesús el Cristo, que vendría a ser una traducción muy simple de lo que sería Jesús, el unigénito de Dios, el Mesías, que es como decir el Ungido de Dios. Y en el momento de poner en marcha este proceso de anunciar Su Nombre con periodicidad mayor a la que traía, me encuentro con un ingrediente supuesta y aparentemente moderno: Mi Jesús, para muchos hermanos genuinos, ha pasado a ser Jeshúa.

¡Pero es que así es como lo llaman los judíos! Eso escuché decir y, en mi ignorancia y cierta prisa, me sumé a ese pensamiento. ¡Es que hay una invasión de movimientos judaizantes! Esa fue la otra y también le di lugar porque, en verdad, eso estaba sucediendo. ¿Y entonces? Entonces decidí hacer lo que se me ordena hacer: escudriñar las escrituras y, conforme a mi antigua formación, investigar todo hasta lo más recóndito, sin tomar posición hasta tener total claridad. Quiero saber que estoy haciendo lo correcto. Sin embargo, hay una historia y no puedo evitarla. Y esa historia me muestra que judíos y cristianos no han alcanzado nunca a llevarse bien. Se dice que los unos provienen de los otros, pero es como si existiera una silenciosa batalla que tendría como premio, llevarse la mayor cantidad de adeptos y el consiguiente respeto de un mundo que, hoy por hoy, no respeta a ninguno de los dos.

Por ejemplo: la palabra Iglesia, le cae muy mal al judío tradicional. ¿Por qué? Porque la relaciona con lo que como pueblo le ha tocado vivir con el catolicismo romano en la antigüedad, muy especialmente en la etapa de la inquisición. Ese, fíjate, ha sido uno de los motivos principales por los que el pueblo protestante, concretamente el evangélico, prefiere referirse a congregaciones en lugar de iglesias. Cuidado que esto es historia, no teología. Se podría añadir que los términos hebreo, judío e Israel, son intercambiables, pero esto no es necesariamente correcto. En todo caso, es culturalmente intercambiable. Pero la verdad nos muestra que cada uno es algo distinto al otro. No estoy en la política internacional y tampoco me interesa estar. Pero puedo decirte que amo a Israel porque desde allí venimos. Somos algo así como un Israel espiritual. Pero no tengo nada que ver con el físico y mucho menos con el político, que es algo que es patrimonio de ellos.

Siento respeto por el pueblo judío, pero eso no me hace sionista. Puedes conocer y respetar a Argentina, por Messi, por ejemplo, pero eso no te hace ni peronista ni antiperonista. Creo que vale como ejemplo. Hay algo que no siempre entendimos. Bíblicamente, el primer hebreo es Abraham. Porque la palabra original para hebreo, es Ibri, que fonéticamente suena algo así como debri. Hebreo significa “que cruza el río”. Lo mismo sucede con Israel. El primer Israel fue Jacob, que como todos saben, cambió su nombre luego de batallar con el propio Jehová. Y el primer judío, es alguien que provino de la tribu de Judá, casi que no necesito ampliarlo. Abraham, luego la historia sigue con Isaac y con Jacob, de eso siempre se habla como base. Pero ¿Y que sucede con Ismael? Todos sabemos hoy que desde su descendencia nace el pueblo árabe, ¿Verdad?

¡Que rara paradoja! Porque Ismael, al ser hijo de Abraham, genéticamente era hebreo. ¿O no? Suena más que fuerte, sin dudas. ¿Cómo va a ser hebreo Ismael si de alguna manera es fundador de los que hoy los combaten a muerte en diversos frentes? De acuerdo. Mientras Isaac era hijo del espíritu, Ismael fue hijo de la carne, eso tal vez explica el rencor y hasta el odio. Pero tengo certeza que no termina allí. Creo que otra vez la política invade lo espiritual y todo se desmorona. Tu puedes amar Argentina, pero eso no significa que ames a quien fuera presidente ayer, o a quien lo sea hoy, o quien lo será mañana. Eso es asunto nada más que nuestro. Eso es, exactamente, lo que nos ocurre a muchos cristianos con Israel.

Pero tú sigues amando Argentina y yo sigo amando a Israel. Pero nadie pudo evitar que nazca un fiero odio. ¿Nadie va a entender que donde nace el odio hay demonios trabajando duro para conseguirlo? Sí, pero igualmente cuesta mucho, muchísimo que aquellos que han sido heridos y hasta muertos por ese odio, entiendan los vericuetos de la historia y la participación satánica en la división de los creyentes, sean cuales fueren. Obviamente que esto es mucho más amplio y profundo, pero no es el tema central de este trabajo. Pero basados en hechos concretos, visibles y reales, y no con lo que difunden loa medios de comunicación que, como todos sabemos, o al menos deberíamos saberlo, siempre van a operar en dirección a los intereses que financiera o ideológicamente los sostienen.

Fui periodista, en una época en donde todavía los que amábamos esa profesión, podíamos ejercerla con cierta libertad. Hoy ya no. No existe tal cosa como un periodismo independiente. Todos dependen de distintos sectores que, nos guste o no, son los que ponen el dinero para sostener las empresas. Y nadie quiere quedarse desempleado. Y ni hablar de la mentira del periodismo objetivo. Eso no existe. El hombre siempre es subjetivo. Como mucho podrá esforzarse por ser imparcial. Esa es mi rutina, aunque soy consciente que no siempre lo logro. ¿Sabes por qué Jacob cambió su nombre por el de Israel? Porque dice la biblia que fue alguien que peleó con Dios y venció.

En realidad, significa que perseveró contra todo. Y estaba escrito que quien venciera en eso, obtendría un premio. Apocalipsis 2:7, dice que El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios. En el 11, que no sufrirá daño de la segunda muerte. En el 17, que se le dará a comer del maná escondido. En el 26, que se le dará autoridad sobre las naciones. En 3:5, será vestido de vestiduras blancas. En el 12, lo hará columna del templo. En el 21, ¡Que se  siente con Él en su trono! Y, en 21:7, El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

 Entonces, ¿Quién es Israel? El que persevera y gana. No los perdedores, no los cómodos, no los holgazanes. Y tú, sin haber nacido en Israel, si eres creyente del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que es Israel, eres injertado por el propio Dios al árbol de Israel. Ni lo dudes. Eres el Israel espiritual. Eso no te da ningún derecho a reemplazar al Israel genético, pero te iguala. ¿Hay promesas hoy para el pueblo judío? Sí, claro que las hay, y son muy claras. Tan claras como las promesas que hay para el Israel espiritual. ¿Entonces eres de la familia de Dios? Sí. Porque al creer en el Dios de Abraham, Isaac e Israel, (No me gusta decir Jacob, porque Jacob significa traicionero), pregunto: ¿Quién es tu padre? Dios, me dices. Entonces, ¿A qué familia perteneces? A la de Abraham, Isaac ¿Y? ¡Israel!

Isra-El. Recuerda que todo lo que termina con El, es de Dios. Dani-el, el juicio de Dios, Ismae-el, el que escucha a Dios, y el más conocido de todos, Emanu-el, Dios con nosotros. Entonces, si tú eres hijo de Dios, y por lo tanto eres adoptado a la casa de Dios, tú deberás seguir todas las reglas de la casa que te ha adoptado, la de Dios. ¿Qué libro seguimos? El de Dios. Si tú vienes a vivir a mi casa y yo te adopto como familia, ¿Qué comida vas a comer? ¡La que comemos nosotros! La misma. ¿Y entonces por qué hay tanta división entre judíos y cristianos? ¡No debería haber ninguna! Si uno es el Israel genético y el otro es el Israel espiritual. ¿A quién escogió Dios? Escucha: cuando tú tienes un hijo, tú no escoges a ese hijo. ¡Tu hijo nació! Pero al adoptado sí lo escogiste.

Esto te cambia la mentalidad, conjuntamente con la de todo el pueblo al que llaman gentiles, que definitivamente no son gentiles. Ya no eres gentil, eres Israel. Y no eres ni hebreo ni judío, ¡Eres el Israel de Dios! has vencido. Tienes el premio. Ahora bien; al ser adoptado como hijo, ¿Reemplazas al otro hijo? ¡No! De ninguna manera es uno u otro, o tú o yo. O sea que no es “o”, es “y”. Tú tienes una promesa. Pregúntate: ¿Qué hubiera pasado, si el pueblo judío, el pueblo de Israel físico, el pueblo escogido de Dios, hubiera aceptado al Mesías? Nosotros no hubiéramos tenido el conocimiento del Hijo de Dios como Salvador, porque se hubiera quedado sólo en Israel. Ahora bien; si Dios es el Dios de todos, y escogió a un pueblo pequeño y además desobediente y hasta necio, ¿Será improcedente preguntarle por qué lo hizo?

Israel es un pueblo de 13 millones de personas, pero a eso hay que sumarle todos los que, como bien sabemos, andan desparramados por el planeta, además de los que llaman cripto-judíos, que son todos aquellos que nacieron como judíos, pero luego se convirtieron en cristianos por imposición de la inquisición. ¿Y por qué los escogió a ellos si eran desobedientes y hasta necios? Pablo, que era cristiano, pero venía de los judíos, les da esa respuesta a los Corintios, en su Primera Carta, en el primer capítulo y verso 27: sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; Es como decirles que los escogió a ellos para que ni se les pasara por la cabeza que ese era su plan, sino el plan de Dios. Isaías 6:8-10 dice:

Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí. Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved, por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.  Eso, aunque todavía haya millones que no lo entienden, significa que Dios hizo lo debido para que ese pueblo rechazara la salvación de su Cristo, y de ese modo Él pudiera cumplir la misión principal que era la de salvar a todo el mundo. Ese es el más grandioso plan de salvación conocido. Dios no sólo sacrificó a su Hijo en favor de toda la humanidad, también sacrificó a al que era su pueblo.

De allí que, tanto el católico romano como incluso muchos cristianos no católicos, odiaron y persiguieron a los judíos por haber matado a Cristo. Escúchame, por favor. Si Jesús no hubiera muerto, no hubiera resucitado. Y si no hubiera resucitado, no hubiera existido salvación. El plan perfecto era que tenía que ser rechazado, muerto, sepultado, ir al infierno por tres días y resucitar allí para darnos vida eterna. Ese fue el plan. Y no había plan “B”. ¿A quién escogió como pueblo elegido? A los más desobedientes, imperfectos y pequeños. No los eligió por buenos, sino por pequeños, necios, desobedientes y cuanta falta de virtud quieras añadirle. Única forma de que fuera Dios el glorificado, y no esos hombres. Pero lo cierto es que Jesús, el nombre que deberá ser anunciado porque está por sobre todo nombre, era judío.

Fue llevado por sus padres, a los doce años a la sinagoga, a esa especie de ceremonia de iniciación que ellos ejecutaban cuando los niños varones cumplían sus doce. Hoy, y esto es muy interesante, esa misma ceremonia los judíos la realizan a los trece años, por la simple razón de que no quieren tener nada que ver con Jesús. Para ellos Jesús es una palabra nefasta, porque en su nombre decapitaron, mataron, quemaron y asesinaron a millones de personas. Y todo en el nombre de Jesús. De hecho, no fue Jesús de ninguna manera quien hizo esto, pero sí hombres que decían ser seguidores suyos, que jamás entendieron que la salvación vino por los judíos. Ojo que todavía hay cada “seguidores” que…bueh. A esto lo dice claramente Juan, hay que leerlo con atención. Por otra parte, hay algo en las tres religiones formales, que coinciden casi de modo increíble.

Tanto los judíos de verdadera fe, como los católicos pensantes y buscando ser espirituales y los evangélicos sinceros, no sólo desconfían de sus rabinos, sacerdotes y pastores, sino que, en muchos casos, los tienen directamente por mentirosos, aunque se cuiden muy bien de decirlo en voz alta. Dicen muchos judíos serios y responsables, que la religión judía de este tiempo, no la del tiempo de Jesús, sino esta de hoy, es una religión inventada que no está correcta. Hay mucha vigencia de las llamadas leyes orales, que no son leyes de Dios, sino unas inventadas por los rabinos. Curiosamente, las mayores críticas de muchos católicos para con su iglesia, es la misma. Y ni hablar de la cantidad de cristianos que descreen de más de la mitad de las predicaciones de sus propios liderazgos. Eso me dice a mí y te dice a ti que, pese a todo el marketing que se ha armado en derredor de los principales jerarcas de dichas religiones, la palabra de Dios genuina todavía sigue siendo guía para mucha gente que realmente ama a Dios y detesta ser engañada.

Es muy particular la existencia de los llamados judíos mesiánicos. Hay muchos, pero son muchos más que los que se conocen, porque lo esconden. Porque siguen prisioneros de lo que les enseñaron de pequeños, en razón de que, si llegas a creer que Jesús es el Mesías, automáticamente dejas de ser judío. Y no es así. Pero cuidado, porque a esto también lo creen muchos cristianos. Sin embargo, para muchos judíos que desean creer en nuestro Mesías, es toda una revelación impactante el día que se enteran de que el nombre que está por sobre todo nombre, en realidad es el de Jeshúa, mientras que el de su madre, comúnmente conocida en ambientes cristianos como María, en realidad es Miriam. El evangelio de Mateo fue escrito para los judíos que deseaban creer y aceptar a Jesús como Mesías.

El mejor modo de guiar a un judío tradicional a nuestra fe, es decirle que no se les guarda ningún rencor por haber matado a Jesús, que es de lo que se los acusa en el cristianismo tradicional. Por el contrario, es una bendición que así haya sido, ya que esa fue la única manera de acceder a la salvación. El mayor problema que existe es que Jesús causa mucho ruido. Uno de los más grandes teólogos e iniciadores del protestantismo, fue Martín Lutero. De hecho, como cristiano o creyente en Jesús, Martín Lutero fue un gran teólogo, o un gran reformador, sin duda. Si ellos no lo hubieran hecho, él y Calvino, no tendríamos hoy las biblias en nuestro idioma. De todos modos, los dos eran bastante antisemitas, porque en el fondo de sus corazones, pese a todo, no habían dejado de sentirse católicos romanos.

Tú tomas un cristiano y te dice que cree y ama a Jesús porque Jesús le ha dado la vida. Pero luego te encuentras con un judío y te dice que no puede creer y mucho menos amar a Jesús porque en su nombre le mataron parte de su familia. ¡Fíjate el horrible mal que pueden producir los falsos! Y mucho más terrible ha sido el llamado movimiento judaizante, supongo que, promulgado por sectores políticos ideológicos muy fuertes en Israel, que lo único que ha logrado es dividirnos aún más. Ni siquiera son judíos genuinos los que encabezan esos movimientos. Puedes amar a Israel como pueblo elegido por Dios y, en lo espiritual, como símbolo de nuestra fe. Pero eso no te obliga a avalar crímenes ni excesos de poderío que se hagan supuestamente en defensa de una tierra que, si bien está amenazada de manera permanente, debería contar con el respaldo de la defensa del Dios en el que creen. Pero eso, obvio, si es que lo creen.

De la única manera que habrá paz entre Israel y Palestina, es si ambos deciden creer en Jesús. De otro modo, lo disfracen como lo disfracen, no habrá paz. De los dos lados hay líderes religiosos que engañan a su gente y las empujan a la muerte y la destrucción. Eso no es Dios, como quiera que le llames. Es tan simple que estremece. Si tú eres un cristiano que sólo lees y crees el Nuevo Testamento, pero no aceptas leer ni creer en el Antiguo, es como si ves solamente el final de una película, sin saber como fue su principio. Podrás entretenerte y hasta disfrutar ese final, pero el contexto total, el argumento total de esa película, nunca se te va a mostrar y lo ignorarás para siempre. Ahora, si tu eres un judío que solo acepta leer la Torá y descree del Nuevo Testamento, es la misma historia pero a la inversa. Comienzas a ver la película, te emocionas y te encanta lo que es ella, pero lamentablemente te quedas sin ver el final porque decides irte ante de la sala. ¿A eso le podrán llamar inteligencia? Que lo llamen, yo no lo veo así.

Muy bien. Hasta aquí, la información histórica que he investigado, seguramente te habrá mostrado algunos elementos que, estoy seguro, ya habías observado, pero que para no meterte en camisa de once varas preferiste no preguntar ni cuestionar a nadie ni a nada. Con eso en mente, quiero cerrar esto con el epicentro de lo que significa para mí este trabajo. Quiero referirme al nombre Jesús. Quiero recalar en la historia para dejar eso en claro, sin fanatismos de uno u otro lado. El evangelio y Dios mismo son demasiado grandes como para que pequeños hombrecillos de pies pegados al piso pretendamos presuntuosamente adueñarnos de él. El idioma que se hablaba en la época que estaba Jesús, era el griego, ¿Estamos de acuerdo? Entonces, su verdadero nombre es Jeshúa.

Te guste o no te guste, te quede cómodo o incómodo, así se llamaba nuestro Jesús: Jeshúa. Así lo llamaba su mamá, la famosa Miriam. Imagínala en su casa, cuando él era pequeño, pidiéndole que hiciera esto o aquello, siempre llamándolo Jeshúa, no Jesús. Cuando el evangelio pasa al griego, traducen Jeshúa en Iesu. Y le dicen Iesu, ¿Por qué? En primer lugar, porque los griegos no usan la “sh”. Y luego, porque los judíos tienen un acrónimo, que es una palabra formada por las iniciales, y a veces por más letras, de otras palabras. Mediante ese acrónimo, los judíos le dicen a Jesús, Ieshu. Y ese nombre, Ieshu, significa “que su nombre sea borrado de la eternidad”. Es un acrónimo bien feo. Que su nombre sea borrado. Que sea desechado. Y entonces oyen que los rabinos no le dicen Jeshúa, le dicen Ieshu. Por ser el nombre por el cual sufrieron demasiadas lastimaduras, luchas y muchas revueltas.

Míralo desde esta óptica. Lo que ocurre, es que ellos pensaban que era un falso Mesías. Y fíjate que el mismo Gamaliel profetizó que si era quien decía ser, su nombre jamás iba a ser olvidado. ¡Gamaliel era fariseo! Así es que, de Ieshu, que significa que su nombre sea borrado, viene el griego Iesu, y de ese Iesu, viene Jesús. Entonces, la pregunta que se impone, es: ¿Podemos seguir llamándolo Jesús? ¡Pero claro que sí! ¿Acaso puedes pensar que Èl no conoce las intenciones de tu corazón y que no sabe que lo dices con amor, con fidelidad, con respeto y hasta con unción? Ahora; Jesús, ¿Viene o no de un acrónimo que significa que su nombre sea borrado? Históricamente, la respuesta es sí. Pero no hay drama con esto. ¡No podemos fabricar de un hecho histórico cierto, una doctrina de discriminación o, lo peor, de sectarismo!

Yo he escuchado a judíos mesiánicos predicar y llamarlo Jesús o Jeshúa por igual. Lo único que te hacen saber, aseguran ellos, es que, si bien cuando nombras a Jesús queda claro que es el nombre sobre todo nombre, en el ámbito espiritual, cuando nombras Jeshúa se siente algo en el aire que es diferente. Eso dicen ellos y no soy quién para enfatizarlo ni soslayarlo. Reitero: el que quiera seguir llamándolo Jesús que lo haga sin culpas ni dudas. Él te ama y, lo llames como lo llames, Él sabe que tu corazón es conforme al suyo. Y eso es lo que vale. Pero, histórica y puntualmente, su verdadero nombre era Jeshúa. ¿Sabes qué? Es el momento ideal para, cuando esta noche te pongas a orar dando gracias por el día vivido y entregando el de mañana, aprovecha para pedirle al Espíritu Santo que te guíe a no caer en banalidades sectoriales y hasta sectarias y a dirigirte a Él como a Él le agrada que lo hagas.

No interesa cómo lo hayas hecho hasta hoy. Y mucho menos si eso te ha funcionado y más que bien. Lo que sí importa, es seguir aprendiendo, confirmando y reafirmando lo que está correcto y, llegado el caso, si el Espíritu Santo así te lo hace saber, cambiar lo que haya que cambiar, por más que sea algo que hace cincuenta años que lo vienes haciendo de otro modo. Y, atención con esto. No te lo está diciendo un jovencito impertinente que todavía no aprendió a atarse los cordones de las zapatillas. Te lo está diciendo alguien que, dentro del sistema tradicional eclesiástico en el que crecimos y todavía vivimos, tiene años suficientes como para ser nominado como anciano. Cuidado. No te estoy hablando de modas, ni de cambios de costumbres y mucho menos de tradiciones. Es muy claro el Señor cuando nos habla de no vivir por tradiciones, sino por Su Palabra. Te estoy hablando de estar alerta, vigilante y aguardando que, desde la eternidad celestial, la voz del amado Espíritu Santo de Dios, te de una dirección que sea la correcta para tu vida.

El nombre que está por sobre todo nombre, y ante el cual se dobla toda rodilla en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, que es como decir el infierno, es el nombre al cual le debemos nuestra condición de hijos de Dios, parte integrante y activa de Su Reino y en viaje sideral en el espíritu hacia una Vida Eterna prometida y seguramente cumplimentada cuando llegue el momento de cada uno de los que hoy está compartiendo todo esto. Como yo lo llame en mi vida privada, es un asunto entre Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo conmigo, con Néstor. Seguramente que lo que haga lo haré con su guía, o no haré nada. Pero no te lo diré, porque no acepto que nadie me imite a mí, sino que al que debe imitar es a Cristo. Si tú haces lo mismo que yo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tendrán morada y comunión contigo y, en cada ocasión que sea necesario, harás prevalecer el poder y la gloria del nombre que está por sobre todo nombre. Listo. Hoy, desde esta óptica, ha sido anunciado su nombre, tal como es mi mandato.

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abril 22, 2025 Néstor Martínez