( Hebreos 11: 8) = Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba.
(9) Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; (10) porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Hemos explicado que la ciudad implica que él quería inter relacionarse con otra gente, no quería una pequeña cabaña para él solo y aparte. Él no estaba buscando su propio éxito, sino que quería ser parte de una comunidad inteligente.
Parte de una ciudad, no un campo; una ciudad. No una pequeña partecita, una ciudad. El cuerpo de Cristo tiene que funcionar como una ciudad, no podemos estar aislados del resto del cuerpo. Son organismos vivos. Cada parte depende de otro. Crecemos según la actividad propia de cada miembro.
Y porque somos un cuerpo, todo el mundo tiene que ser igual. De ninguna manera podemos pretender ser miembros de un Reino divino con un orden exquisito y conducirnos como si fuéramos una secta cerrada a la cual es muy sencillo ingresar pero imposible salir.
Tenemos autonomía, tenemos individualismo, singularidad de expresión. Hay multiforme sabiduría, hay diversidad en el cuerpo, no queremos fabricar clones. Todos debemos querer que tú seas nada más que tú, no alguien que piensa por ti o en tu lugar. Ese es el rol de Dios, no de un hombre por encumbrado que ese hombre pueda ser.
El problema que mayoritariamente se presenta en la iglesia es que queremos que todo el mundo piense igual, se vista igual, se exprese igual y se conduzca igual. Pero no somos máquinas, somos gente. Y la gente es diversa y heterogénea. Cristo se quiere expresar a través de la diversidad de los recursos humanos que incorpora dentro de su cuerpo.
(11) Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
(12) Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está en la orilla del mar.
(13) Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, (Nota que esta gente no logró conseguir su objetivo) sino mirándolo de lejos, y creyéndolo y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. (Nota que su jornada estaba ligada a un parámetro dado por Dios. La tierra, en este caso, era la tierra prometida, no todo el planeta.)
(14) Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; (15) pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.
Lo mismo les pasó a los hijos de Israel saliendo de Egipto. Si hubieran pensado en Egipto, se hubieran vuelto. Todos ellos murieron en el desierto, no porque regresaron físicamente, sino porque no pudieron apretar en su mente a Canaán, sobre los valores de Egipto, mentalmente.
Eso también nos está sucediendo hoy a nosotros, estamos migrando con Dios, pero al mismo tiempo vamos llorando por las cosas que dejamos atrás. Y a veces el tiempo pasa y al final nunca migramos. Lo único que hicimos fue mover el cuerpo, pero nuestra postura espiritual quedó igual. Es una migración constante.
(16) Pero anhelaban una mejor, (El mañana, aunque sea más difícil, es mejor. Aunque sea algo que tú no entiendes, sigue siendo mejor. Cada posición nueva en Dios es mejor, y más poderosa. Aunque no sea tan espectacular.
Lo sobrenatural puede tener espectáculo, pero no tiene que ser necesariamente espectacular. Todo lo sobrenatural, es divino, pero no todo lo espectacular lo es. Si Dios te dice que sin tocarlo muevas un vaso de una punta a la otra de la mesa, esa acción, es sobrenatural. Pero si no es Dios quien te lo dice, sólo es espectacular.
O sea que lo espectacular nunca garantiza que sea Dios quien está detrás del asunto. El poder más grande de Dios se desempeña fuera de la iglesia. Las manifestaciones más grandes de Dios están a nivel nacional.
En la calle, en el gobierno, en milagros que Dios nos concede en medio de nuestra vida cotidiana. No es simplemente la imposición de manos en un altar de una iglesia. Dios es más grande que el domingo. Y gracias a Dios que es así, porque si Dios fuera solamente lo que vemos el domingo, tendríamos un Dios bien pequeño.
Y digo esto porque todavía es mucha la gente que mide a Dios de acuerdo con la calidad del culto del domingo. ¿Cuántos dan gracias que Dios es más grande que la iglesia?) esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.
Noten claramente que ellos fueron encomendados por su estilo de vida, y no por haber logrado lo que buscaban. Y Él está tan interesado en que tú logres lo que quieres, como en la calidad de vida que llevas mientras lo persigues.
Dios estaba orgulloso de llamarse su Dios. Y no porque lo lograron, porque volvieron sin obtenerlo. Ellos no lo alcanzaron, pero sí mostraron una vida impresionante al tratar de conseguirlo. ¿Recuerdas cuando hablamos de las cinco funciones de la carne?
Todo el mundo pensaba que la carne era simplemente algo malo, pero vimos que habla: 1) de orígenes físicos, naturales. 2) que habla de seres humanos en general. Según la carne nació Fulano. 3) Vimos que la piel que nos cubre, el tejido, es carne también. 4) Es el hombre natural, destituido de la influencia divina de Dios. 5) Finalmente vemos que caminar en la carne no tiene que ver con caminar con el cuerpo, y caminar según tu origen, sino según la sensualidad del hombre.
Hemos enseñado que mientras estamos a gusto en la esfera de la carne, estamos ausentes del Señor. Pero que cuando nos sentimos para estar adecuadamente facultados en la tierra, tiene que provenir de la otra dimensión. De ese modo es que estamos ausentes del cuerpo y presentes en el ámbito de Dios.
Por eso es que hoy, en este trabajo, quiero hablar de la iglesia invisible. ¿Y por qué la iglesia invisible? Básicamente es porque si estamos diciendo que no nos podemos guiar por lo que vemos, entonces tiene que haber una red invisible que nos lo diga.
Porque el hombre ha sido creado para ser guiado de alguna manera. Dios quiso que así fuera porque Él deseaba establecer esa guía. El hombre decidió otra cosa, y hoy el mundo entero está pagando graves consecuencias por esa decisión que Dios, en su respeto a sus propias leyes, no pudo evitar.
Vamos a Romanos 8. Y vamos a seguir con esta línea que venimos compartiendo respecto a diferenciar lo externo de lo interno. Entiende, son paralelos. No se trata de uno arriba y uno abajo; son paralelos. El mundo del Espíritu y el mundo tangible, ocupan el mismo lugar.
Tangible el vaso, espiritual el agua. Tierra, cielo. El cielo no es una nube. Lamentablemente somos bien pobres en nuestro lenguaje en español. Estamos hablando de la morada de Dios, y eso es espiritual, no atmosférico. En español tenemos una sola palabra para ambos, cielo, y por eso nos confundimos.
Eso no quiere decir que tiene que estar en este nivel, puede estar más arriba. Pero es en la otra dimensión. Escucha: si sales en la dimensión natural y tiras un cohete hacia arriba en línea recta, jamás te vas a encontrar con algo llamado cielo. Cuando se habla de morada de Dios, claro está.
(Romanos 8: 11) = Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, (Ahora imagínate: todo el infierno tratando de impedir la resurrección del Señor. ¡Todo el infierno! No un demonio, ni un principado; todo. Pero el Espíritu que mora en nosotros, hizo eso.) el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu (Con mayúscula) que mora en vosotros. (¿Qué es lo que mora en nosotros? El Espíritu de Él, eso es lo que mora en nosotros. Recuerda claramente que Él es Emanuel, Dios con nosotros.)
(12) Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne (Nuestros cinco sentidos externos), para que vivamos conforme a la carne; (13) porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
Si nos dejamos llevar por el exterior, siempre estamos reaccionando en nuestro activo. Sólo podemos reaccionar cuando vemos el problema. Cuando lo percibimos externamente. El hombre no fue creado para vivir de afuera hacia adentro. Pero así es que estamos siempre corriendo la tierra, por eso siempre tenemos problemas. Pero si vivo por la otra dimensión del Espíritu, entonces vas a hacer morir las obras de la carne.
(14) Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.
Y ahí hace una división bien clara en que no tiene nada que ver con el que es salvo, sino en la forma en que es guiado. La tierra ha sido sujeta a esclavitud en esperanza, por la manifestación de gente que se guíe por le dimensión espiritual.
(Verso 18) = Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
¿Dónde dice que va a manifestarse la gloria? En nosotros. La palabra gloria es la palabra doxsa, y lo que significa es refracta la manifestación y la sustancia de otro. A veces, cuando decimos que la tierra estará llena de su gloria, estamos pensando en una enorme nube y todo eso.
Sin embargo, la gloria de Dios llenando la tierra y manifestándose, no tiene otro camino que no sea por intermedio nuestro. La tierra tendrá que estar llena de eso, de su expresión en nosotros. Doxsa, la exacta representación de otro.
(Verso 19) = Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
Nota que no es que se manifiesten los hijos, sino DE los hijos. ¿Y esta manifestación, qué es? Cristo en nosotros. Pero fíjate bien en lo que dice. Dice que la creación aguarda la manifestación de los hijos de Dios. ¿Y quiénes son los hijos de Dios? Aquellos que no son guiados conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
(20) Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; (21) porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
La libertad gloriosa de los hijos de Dios. ¿Qué libertad? La que tienen por ser y sentirse libres de todas las presiones de la carne y sus añadidos. Acuérdate cuando Jesús dijo: Aquí viene el príncipe de este mundo, él nada tiene en mí.
O sea que Satanás no podía reinar en Jesús en nada, simplemente porque no existía ningún principio que fuera común a los dos. Jesús no operaba en ninguno de los principios de este mundo. De manera que Satanás no tenía como juzgar, o calumniar. Él no operaba con su sistema.
Él no podía agarrarlo porque Jesús era libre. Libertad, en la Biblia, siempre es expresada por Jesús. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Y si Él es la verdad y nos dice que sólo el conocer esa verdad nos hará libre, pues ahí lo tienes.
Jesús era ciento por ciento libre. Sin embargo era un hombre que a pesar de tener alto dominio propio, no tenía voluntad propia. Es totalmente contrario a todo lo que nosotros entendemos como libertad. Libertad, para nosotros, es “no me digas qué hacer, yo soy libre”.
Es decir que, libertad, no es echar fuera gobiernos. Libertad es total sumisión al gobierno. Jesús no tenía su propia voluntad. Ni hacía ni decía nada que se le ocurriera, o que le pareciera bonito, o que contara con alta calidad homilética. Él decía y hacía sólo lo que veía hacer y oía decir al Padre.
Él no hacía lo que él quería; estaba totalmente escondido en el Padre. Las obras que yo hago no son mías, son de Él. Si me has visto a mí, no es a mí que me viste, es a Él. Lo que yo digo no es mío, fue Él quien lo dijo.
Y por último sacó la voz una sola vez, y dijo: si fuese posible pasar de mí esta copa. Pero al ratito lo pensó otra vez y dijo: mejor no. Un hombre totalmente sin voluntad propia, o la voluntad propia sometida al Padre, es la expresión de libertad en la Biblia.
¿Libre de qué, entonces? De las vanidades humanas. Nada en este mundo que buscara enseñorearse, lo podía agarrar. Porque Él no operaba en ese sistema. Él operaba por un sistema de valores diferente.
Entonces vemos claramente que, los que son considerados hijos de Dios, en la Biblia, es la gente que camina en esa dimensión que estamos hablando ahora. Vamos a verlo un poco más en detalle. Romanos 8 una vez más.
(Romanos 8: 13) = Porque si vivís conforme a la carne, (Esto es: de acuerdo con tus cinco sentidos) moriréis.
Y esto es muy importante, al tiempo que también es muy singular. Porque si nosotros no hacemos las cosas como las hace la mayoría humana, no terminamos de estar tranquilos ni nos sentimos demasiado seguros, pero aquí dice que el que las hace así, según Dios, muere.
Recuerda una vez más que muerte, no necesariamente es dejar de existir. No te me confundas, esto viene desde el principio. El concepto de muerte para Dios y para el hombre no es diferente, ¡Es opuesto! Para el hombre, muerte es la nada y la incertidumbre, mientras que para Dios es la vida plena.
Muerte no es dejar de existir, sino un estado ante Dios. Por causa del pecado, que es armatía, que no tiene que ser tan exagerado o grosero0 como meterse drogas, sino violar el principio básico que nos garantiza llegar al éxito.
Pecado, armatías, errar en los principios que controlan toda transición para que no se produzcan en caos. Entonces dice aquí que, si vivimos en ese sistema, vamos a morir. En Génesis 2:15, Dios puso al hombre en el huerto para que lo guardase, y le dijo que comiera de todo árbol, conocen la historia.
Aquí, el huerto representa la posición estratégica que el hombre recibió como mandato para cultivar y mantener lo que le había sido entregado. ¿Y qué pasó cuando el hombre desobedece? Fue la causa por la que el hombre pierde esa posición. Por eso es que Dios le pregunta ¿A dónde estás?
Estaba parado en el mismo lugar, físicamente hablando. Pero su postura espiritual cambió. ¿Dónde estás, hombre? Dijo Dios. Andabas en la misma dimensión, conmigo, y ahora andas en la otra. Cuando adán se cayó, no se cayó del planeta ni fue a parar a la Luna o a Plutón. Fue un violento cambio de dimensión.
¿A dónde estás? Le pregunta Dios en Génesis 9. Adán estaba en el mismo huerto, pero no en la misma posición. Es la misma diferencia entre Cristo y los apóstoles en Juan 14 y en Juan 17. Él dijo: “Yo no estoy en el mundo, pero éste que está aquí paradito al lado mío, sí”.
La pregunta, entonces, era: ¿Cómo que no estás en el mundo si estás parado en el mismo lugar? Es una distinta posición. Y esa es la posición donde Dios pone su nombre, y solamente es desde ahí desde donde podemos peregrinar hacia Él.
No estamos hablando de cambios de iglesia, estamos hablando de posición espiritual. Dios, desde la caída, se convierte en puente de intimidación al hombre. Y desde entonces, cada vez que Dios se le aparece al hombre, se introduce diciendo: no temas.
Porque Él sabe que como estamos tan acostumbrados a esta dimensión, cuando se nos aparece algo de la otra dimensión, nuestra reacción es de temor. O susto. O terror. Por eso es que nos gusta tanto la ministración. Porque nos permite entrar y salir de esa dimensión, con menor riesgo.
Si fuera por la mayoría de los cristianos, andarían pasando a la otra dimensión por un ratito, curiosear un poquito y volver a esta donde se sienten seguros y pueden controlarlo todo. En la dimensión de Dios el único que tiene control es Dios; el hombre es nada allí.
Adán fue desactivado, espiritualmente hablando. Fue destituido de la presencia. La esfera que no era demasiado apetitosa para él, de repente se convirtió en la esfera normal. Y la esfera normal se convirtió en algo que él desconocía.
Desde la caída del Edén, hasta el tiempo de Cristo, los hombres tuvieron que enterarse de qué estaba haciendo Dios, a través de profecías, visiones, o apariciones. Pequeños trocitos de revelación. “¡Me parece que veo algo!” Y todos salían corriendo a ver qué había visto el profeta.
Eso, hasta Cristo. Cristo rompió el velo, y ahora esa dimensión está accesible. Pero como estamos tan acostumbrados a caminar por los cinco sentidos, la usamos en el altar. Ese fue el motivo de su venida. Porque todo el mundo sabe por qué murió Jesús, pero muy pocos para qué nació.
Aprende esto: Dios prefiere hablar contigo directamente en lugar de mandártelo a decir con otro. Es lo mismo que, -se supone- harías tú con tus hijos. Entonces, lo que tú debes hacer, es estar más interesado en escucharlo a Él que a uno de sus profetas, apóstoles o predicadores. Pero claro, no podemos oír su voz si no entendemos lo que está diciendo.
(Romanos 8: 1) = Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Dan ganas de decir: ¡ Qué bueno!, ¿No es cierto? Claro, siempre y cuando también sea conforme a los cinco sentidos. Porque si no coinciden, alguien va a pasar un poco de calor. Y no por fuego espiritual, precisamente. El mundo jamás podrá entender intelectualmente a esa dimensión espiritual. Porque si tú vas a comenzar por Cristo y a terminar en tus cinco sentidos, entonces no están hablando de ti en este versículo.
(2) Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
Hay dos leyes aquí en la tierra: una que produce vida y otra que produce muerte. ¡Es que no entiendo! No importa, son leyes como la de la ley de gravedad; funcionan aunque tú no las entiendas. Que tú no entiendas o no creas en la ley de gravedad no le hace. Pisas donde no debes, allá arriba, y te vienes como bala para acá abajo y te estrellas.
Igual es por ignorancia, ya sea por transgresión, o por pecado, o por iniquidad. Hay diferentes tipos. Uno es voluntario, otro es que hace caso omiso, pero todo es ignorancia. No importa qué tipo de pecado sea; funciona.
¡Es que yo no sabía que la luz roja significaba que debía detenerme! ¿Ah, sí, eh? Pues no interesa, lo supieras o no lo supieras, estás de cualquier manera en infracción. Hay gente que piensa que puede quebrar la ley, pero no; ¡Es la ley la que te quiebra a ti!
Hay una ley, la del espíritu y hay otra ley, la de la carne, la de muerte. Son dos leyes operativas. Hay quien se guía por una simplemente porque estamos acostumbrados a ella. ¿Te sientes bien? ¡Adelante! Perdemos porque nos dejamos llevar mucho por lo que sentimos.
Pero debemos aprender algo de una vez por todas: la mayoría de las cosas que Dios nos envía a hacer, no se sienten muy bonitas que digamos. Te podría decir que en una gran mayoría de las veces, se sienten exactamente lo contrario. Y también contrarias a lo que a nosotros nos gustaría hacer.
Escucha: ¿Se siente como algo hermoso y placentero aquello de que: “El que no deja atrás a padre y madre no me puede seguir?” ¿Crees que eso se siente bonito? Sin embargo son sus palabras, ¿Qué te parece? Yo no vine a traer paz, vine a traer una espada y dividirte. Y tus primeros enemigos serán los de tu propia casa. ¿Qué tal se siente eso?
Dios sólo puede elegir de la dimensión que conoce. De la que desconoce, no puede elegir absolutamente nada. Dios no da clases sobre sí mismo, Dios es Dios y punto. Ni el mismo Satanás es enemigo de Dios, se le sujeta.
Hay muchos que creen que Satanás es enemigo de Dios, pero no lo es. ¡No puede serlo! Satanás es una creación de Dios y él sabe que si Dios parpadea él se cae. Porque Dios no es un ser creado, es desde siempre y por sí solo. Todo el resto emana de Él y Él decide qué hacer o no hacer con cada uno.
Está Dios y después está Satanás y todo lo demás. Lo que sucede es que en nuestras mente sujetas al sistema babilónico o mundano, solemos ver a Satanás allá arriba, casi en el mismo nivel que Dios, y por eso es que nos cuesta tanto vencer nuestros problemas más personales e íntimos.
Dice que creó al destructor para destruir, y eso es lo que nos muestra claramente que él es un ser creado. Y toda la creación está sujeta a Dios. Toda. Estas cosas no son muy populares, pero nos ayudan a entender que Dios tiene unos parámetros y unos principios que, una vez que los descubrimos, nos garantizan llegar al objetivo.
Y que por más que te sientas mal, por más que algo no siempre coincida con nuestras viejas doctrinas religiosas, si nos dejamos llevar por los cinco sentidos externos, no llegamos. Dos leyes: la ley del espíritu, la ley de muerte.
Son dos principios operacionales. Establecidos como reglas u órdenes. Con condiciones específicas que nosotros no podemos cambiar, nos ajustamos a unas o a otras. Una, es en Cristo; la otra en el pecado y la muerte.
Por eso es que dice en el verso 3 que, lo que es imposible por la ley, lo consigue el Espíritu. La Escritura tiene que dejar de dictarnos cómo vivir, y convertirse en el libro que confirma la expresión de nuestra vida.
Porque mientras nos dicte lo que haya que hacer, todavía necesitaremos ley, ya sea escrita o verbal, para funcionar. Y la ley produce muerte. ¡Es que no lo entiendo, hermano! Y bueno; yo tampoco a veces lo termino de entender del todo, pero tengo mandato de enseñarlo y obedezco.
La ley es imposible cumplir. Pero lo que es imposible cumplir por la ley, Dios lo hizo enviando a su Hijo en semejanza a carne de pecado, a causa del pecado, condenó al pecado en la carne. ¿Qué era lo que la ley tenía que producir? Justicia y vida.
Pero no lo pudo producir, porque toda la ley está enfatizada en actividad física. Esta dimensión, carne y sangre, no hereda el Reino. Esta dimensión no puede producir la justicia. Sí viene del mundo del espíritu. El verso 4 de Romanos 8 lo dice claramente: para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros. O sea que la Gracia no es ausencia de ley, es su cumplimiento.
Muchos creen todavía que la Gracia es viva la parranda y hago lo que me da la gana porque ya no tengo ley. No, todo lo contrario. Sí se cumple. La Biblia te dice claramente que si tú no excedes la actividad de un fariseo, no entras.
Y todo eso es porque si bien por fuera todavía andamos como se pueda, por dentro ya hemos sido perfeccionados. La mejor cobertura para andar bien fuertes por dentro, es un ministerio bien bueno por fuera.
¿Qué es lo que caracteriza a la gente que vive por la dimensión de la carne? En principio, toman sus decisiones por lo que sus experiencias personales le dicen, y no necesariamente por lo que Dios dice. Además, su fe está apoyada en lo que han visto y han oído.
Asimismo, evalúan sus encuentros con Dios a través de sus experiencias emocionales. No saben discernir un encuentro con Dios, fuera de sus emociones. Si las sillas no andan volando, alguien se arrastra temblando u otro anda a las carcajadas, Dios no llegó.
Hay más poder sobrenatural en una ministración que le cambia el corazón a un pueblo en toda la verdad, que cualquiera ministración personal, por espectacular que sea, y así se trate de aquellas que sacan a una o varias personas de sus sillas de ruedas.
Cambiarle el corazón a un pueblo es más fuerte que una sanidad física. Por eso se dice que Juan el Bautista fue el más grande de todos los nacidos de mujer, sin sanar siquiera un dolor de cabeza. ¿Qué hizo? Preparar a un pueblo mucho tiempo antes del cumplimiento de las profecías.
Hay más poder de Dios en una reforma doctrinal, que en veinte sillas de ruedas vacías. Pero como no estamos acostumbrados a entender esto, nos creemos que Dios no está ministrando. También coloca valores sentimentales a sus experiencias pasadas. Y como no están haciendo nada hoy, siempre están hablando de lo que hicieron ayer.
Viven de la gloria pasada porque la presente no la entienden, no se ubican. Es como cuando tiraron el fundamento de la casa, para el tiempo de Zorobabel. Había una mitad cantando y la otra llorando. Los que habían visto el primer fundamento estaban llorando porque querían el vino añejo, pero Dios dice que cada vez que te mueves para el frente, es mejor. Aunque no lo entendamos.
Prosiguiendo con la caracterización de gente que vive por sus sentidos, o por su carne, nos encontramos con aquellos en los que la Palabra de Dios tiene menos autoridad que la experiencia de alguien. Tú le dices lo que dice la Palabra y ellos te responden y cuestionan con lo que le pasó a un Fulano o un Mengano amigo de ellos.
Si tu problema es más alto que el nivel de revelación de la Palabra, entiérrate, porque nadie te puede ayudar. Nunca eleves tu problema por encima de la Palabra de Dios, mantente por debajo de ella. La Palabra, siempre tiene la respuesta.
Ese es un principio que tiene que estar tan arraigado en nosotros que, sin siquiera pensarlo, deberíamos estar obedeciéndolo. La respuesta está ahí, aunque no la encuentres o no la entiendas si la encontraste, no interesa; está ahí. Mantén a Dios siempre más grande que tu problema.
También es gente que siempre está buscando manifestaciones. Porque si no está manifestado, no lo ven. Y hay otros que usualmente son inestables en el fundamento de la fe. Un día andan por allá arriba, como decimos en Argentina, cebándole mates a Dios; y al día siguiente andan por allá abajo, compartiendo una cerveza con los demonios.
Es gente a la cual si sus cosas seculares les funcionan bien, espiritualmente parecen andar bien. Pero si sus negocios comienzan a fallar, se vienen abajo espiritualmente y hay momentos en que ni siquiera actúan como gente convertida. Esta gente junta su espiritualidad con cuestiones naturales, en lugar de dejar que esas cuestiones naturales sean una consecuencia de su estado espiritual.
Vamos a ver en el final, realidades de gente que vive de acuerdo a la carne, y que conducen sus vidas enteramente por los sentidos. En primer lugar, aquellos que tienen su mente programada o entrenada por las cosas de la carne.
(Romanos 8: 5) = Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.
Dice que los que son de la carne piensan en las cosas de la carne. Se trata de personas que tienen sus mentes programadas por cosas del mundo externo. Tienen todo su caudal mental puesto ahí, no pueden encarar nada por fuera de ese pensamiento.
Su conversación, (Recuerda que la conversación relata qué es lo que anda adentro de la persona) siempre está relacionada con las cosas naturales. O sea que son bien superficiales en su conversación. Su mente está estancada en el mundo natural. Porque los que son de la carne, piensan en las cosas de la carne, dice la palabra.
En segundo lugar, vemos que la Biblia compara al inmaduro con el que vive en la carne. Es tal vez una comparación un tanto singular, pero no está exenta de una verdad que nos salta a la evidencia en el siguiente texto.
(6) Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
Me gustaría que compares este pasaje con el que está en 1 Corintios capítulo 3. Mira el verso 1: De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Puedes notar con claridad que carnales y niños, son sinónimos en la Biblia. Los niños se dejan llevar por lo que ven.