Una vez que una persona es salva mediante la gracia de Dios, nadie puede echarlo fuera. Sin embargo, el Señor consideró esto como insuficiente; a Él le preocupaba que dudáramos de Su obra. Por esta razón, nos dio las promesas con el propósito de mostrarnos que no nos perderemos.
Todos recordamos Juan 10. Esa porción de la Escritura nos muestra claramente cuál es nuestro destino. Nuestro destino no depende de nosotros mismos; más bien, depende del Señor y del Padre. Juan 10: 28-30 dice: Y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre. Yo y el Padre uno somos.
Aquí la palabra del Señor no puede ser más clara: Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Estas palabras por sí solas son suficientes. Aquí el Señor habla de una manera muy solemne y definida que “no pereceremos jamás”.
Es como decir que jamás seremos echados fuera, como se mencionó anteriormente. También es como decir que no seremos juzgados, sino que hemos pasado de muerte a vida, como se menciona en Juan 5: 24. Todas estas son palabras absolutas: Y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás. Dios es un Dios eterno.
Los que no conocen a Dios no saben lo que Él ha hecho. Si un hombre conoce a Dios, sabe que todo lo que Él hace es eterno. Dios no hace nada que sea temporal. No cambia a cada rato. Lo que Dios hace lo hace de una vez y para siempre.
Dios no cambia después de dos días. Una vez que Dios hace algo lo hace para siempre. Dios no te va a salvar a ti hoy y mañana te echa al lago de fuego. No te va a salvar a ti de nuevo al siguiente día y después al otro día echarte al lago de fuego otra vez.
Si así fuera, el libro de la vida no se vería muy bien, habría borrones y correcciones por todos lados. Dios es eterno. Lo que Él nos da es vida eterna. Por eso nunca podemos perecer. Necesitamos ver que todo lo que Dios hace es eterno. Dios no cambiará después de un tiempo. El hombre puede cambiar cuando quiera, pero Dios no. Una vez que Él nos salva, somos salvos eternamente. Jamás podremos estar de nuevo en peligro de perecer.
¿Qué pruebas tenemos de este asunto? Nadie las arrebatará de Mi mano. La palabra “nadie” en el texto original, significa “ninguna cosa creada”. El Señor dice que ninguna cosa creada puede arrebatarnos de Su mano. Yo soy el buen pastor; Yo les doy vida a Mis ovejas, y Mis ovejas nunca perecerán.
Puesto que el Padre le ha dado las ovejas al Señor, ninguna cosa creada puede arrebatarlas de la mano del Padre. Juan 10: 28 habla de que el Señor pastorea. El versículo 29 habla del Padre. El versículo 29 dice: Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre.
La mano que se menciona en el versículo 28 es la mano del Pastor, y la mano que se menciona en el versículo 29 es la mano del Padre. ¿Quién es el Padre? Él dice que el Padre es mayor que todos. Todas las cosas están incluidas en este “todos”.
Todas las cosas creadas, todos los ángeles, todos los espíritus malignos, todos los seres humanos, todas las cosas creadas en el mundo, incluyéndote a ti y a mí, están incluidas en este “todos”. El Señor dice que el Padre es mayor que todos.
Nadie puede arrebatarnos de Su mano. Él tiene una gran mano que guarda a Sus ovejas. ¿Cómo pueden ellos perderse? Solamente uno que fuera mayor que Aquel que es mayor que todos posiblemente pudiera arrebatarnos.
Quizás algunos digan: “Es cierto, otros no pueden arrebatarnos, pero yo mismo puedo zafarme”. Que alguien diga esto prueba que su mente es caída. El no conoce la Palabra de Dios y no se conoce a sí mismo. Después que una persona es salva, si perece, ¿será porque él mismo quiere perecer? O ¿será debido a la tentación del mundo, la seducción del enemigo y el ataque de Satanás?
Si un cristiano perece, significa que la lujuria puede arrebatar al hombre de las manos de Dios; significa que el diablo y el mundo pueden arrebatar al hombre de la mano de Dios. El hombre no se va al infierno porque él quiera irse; incluso los pecadores mismos no quieren irse al infierno, sin mencionar los cristianos. Es claro que el hombre está muerto en pecado debido a la obra atadora de los espíritus malignos.
Todas las personas del mundo están poseídas por demonios. Todos los pecadores tienen demonios que obran en ellos. Si los creyentes pueden ser arrebatados de la mano del Padre, entonces quiere decir que los espíritus malignos son mayores que el Padre de toda la creación. Aquí tenemos una oveja en la mano del Padre de todos.
Si no hay nada que sea mayor que el Padre de todos, entonces no existe la posibilidad de que esta oveja sea arrebatada. Además, es imposible que incluso nosotros escapemos, debido a que nosotros somos parte de todas las cosas. El Señor Jesús dijo: “Mi Padre es mayor que todos”. Tú no puedes apartarte de todas las cosas.
Gracias a Dios que el versículo 28 nos muestra la mano del Señor Jesús, y el versículo 29 nos muestra la mano del Padre. El versículo 28 nos habla acerca de la mano del Pastor. Esto no es un asunto de la ley, ni un asunto de maldición, ni un asunto de misericordia, sino un asunto de ser guardados por la mano del Señor. El versículo 29 dice que la mano del Padre es mayor y más poderosa que todo. Debemos considerarnos firmemente sostenidos por las dos manos: la mano del Padre y la mano del Pastor.
En una ocasión, un encendido predicador dijo que los cristianos debemos ser fervientes. Debemos predicar el evangelio y servir al Señor; de otra manera seremos soltados. Después del mensaje, alguien fue y le preguntó al predicador: “Cuándo piensa usted que será soltado?” Él dijo: “Me temo que seré soltado en esta noche”.
Entonces le dijeron: “Sí, nosotros también tememos que esta noche seremos soltados. Y si nos sueltan, iremos al infierno”. Ahora bien: “Si podemos ser soltados, ¿cuál es la ventaja de exhortar a las personas a que crean en Jesús?”
Él estuvo de acuerdo y dijo: “Ni siquiera puedo comer esta noche, me siento horrible por lo que dije”. La gente le dijo que no solamente no podrían comer esa noche, sino que tampoco podrían dormir. Los del mundo no conocen el peligro de la muerte eterna; ellos aún pueden comer y dormir.
Nosotros sí conocemos el peligro de la muerte eterna; sabemos que somos como paja en el viento. ¿Cómo podemos no preocuparnos? Esta fue una historia antes de que conociera este aspecto de la verdad, pero seguramente hay muchas otras.
Gracias a Dios que mi Padre es quien guarda mi salvación. Mi Señor es quien guarda mi salvación por mí. Por lo tanto, yo sé que estoy muy seguro. En una ocasión alguien iba manejando una bicicleta en un gran bosque, en camino para predicar el evangelio.
En el bosque vio a una mona que llevaba en su espalda a muchos monos pequeños encimados el uno sobre el otro. Parecían como las pirámides humanas que se ven en los espectáculos acrobáticos. La madre que llevaba a los pequeños corría entre los árboles.
A menudo, ella tenía que brincar de un árbol a otro, habiendo gran distancia entre ellos. La madre mona brincaba y se asía de la rama de otro árbol. Después de columpiarse un poco, los pequeños monos se caían de la espalda de la madre al suelo. La madre se bajaba al suelo y permitía que los pequeños monos se subieran y se apilaran de nuevo en su espalda. Ese día los observé por cerca de dos o tres horas.
Hay otro ejemplo, pero en este caso alrededor de gatos. Había un hombre que tenía una gata en su casa. La gata, un día, dio a luz tres gatitos. Alguien llegó a la casa un día que los dueños no estaban, y decidió irse a ver los gatitos.
Se puso a jugar con ellos y los acarició. La gata tomó a los gatitos con su boca y salió corriendo. No soltó a ninguno de ellos. La salvación de Dios con respecto a nosotros no es como la mona que llevaba a sus monitos; no tenemos que asirnos a Él como los pequeños monos que se sostenían de su madre en sus fuerzas.
Si así fuera y si las ramas fueran un poco suaves, unas cuantas columpiadas y nos caeríamos. La salvación de Dios con respecto a nosotros es como la gata que sostiene a sus gatitos con su boca. No importa cuánto corra El, no nos soltaremos. Así es como Dios nos guarda.
Si tú quieres asirte de Dios, te cansarás. En tres o cinco años o incluso en menos tiempo, serás soltado. Agradecemos a Dios porque nos sostiene. Finalmente, leamos Romanos 8. En el versículo 30, vemos cinco eslabones.
No hay diferencia en importancia entre estos cinco eslabones. Vemos que todos los que fueron justificados, serán glorificados. Aquí glorificación, en el idioma original, está en tiempo pasado. Dios es un Dios eterno. Desde la perspectiva de Dios, todos los que son justificados ya han sido glorificados.
Quizás, desde tu perspectiva, todavía tengas que esperar mil años para tu glorificación, pero desde la perspectiva de Dios, en Su propósito y en Su plan, eso ya es historia. Por lo tanto, Él dice: Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.
Dios ya los ha glorificado y ellos ya han sido glorificados. ¡Aleluya! La historia ya se ha escrito. ¿Cómo puede estar equivocada? Su historia futura ya ha sido escrita y no hay manera de que tú la cambies. Puesto que Dios ha completado el escrito de su historia futura y los eventos futuros, Él ha determinado llevarla a cabo por ti.
Debido a esto, el principio del versículo 31 dice: “¿Qué, pues, diremos a esto?” Si todos los que han sido justificados serán glorificados, ¿qué pues, diremos a esto? No debemos decir nada. “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Dios ya lo ha decidido. ¿Cómo puede el hombre oponerse a esto?
“El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con El todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena?
Cristo Jesús es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?”
Aquí Dios está preguntando, gritándole a todo el mundo: “¿Quién lo hará?” Pablo hace la pregunta “¿quién…” cuatro veces. “¿Quién estará en contra de nosotros?” “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?” “¿Quién es el que condenará?” y “¿quién nos separará del amor de Cristo?” Pablo sabía que no existe posibilidad para ninguna de estas cosas.
Pablo no dijo: “¿Quién hará que no amemos a Cristo?” A menudo no amamos a Cristo. Muchas veces nuestro amor a Cristo es débil debido a que es distraído por el mundo. Tal vez no amemos a Cristo, pero ¿quién hará que Cristo no nos ame? Ya sea tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada, ninguna de estas cosas puede separarnos del amor de Cristo.
El versículo 37 dice: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. No es por medio de nuestro amor hacia el Señor, sino por medio del amor del Señor hacia nosotros. Si es por medio de nuestro amor hacia Él, no tenemos esperanza. Si es por medio de que Dios nos ame, entonces “en todas estas cosas somos más que vencedores…
Por lo cual estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni potestades, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro”.
Esto clara y definitivamente nos muestra que una vez que Dios nos ha dado Su salvación, es nuestra eternamente. Nadie puede anular este hecho. Estas palabras son demasiado altas, amplias y profundas. Que Dios nos muestre que todo lo que Él hace, lo hace de manera completa. Dios es el Alfa y la Omega. Él nunca se detiene hasta que la obra se termine.
Hemos visto por el lado positivo que toda la obra que Dios ha hecho y toda la gracia que Él nos ha dado en el momento en que fuimos salvos no pueden ser anuladas por el paso del tiempo. Podemos decir con valentía que una vez que somos salvos, somos salvos eternamente.
Una vez que Dios ha mostrado misericordia para con nosotros, estamos eternamente bajo Su misericordia. Una vez que tenemos la vida eterna del Hijo de Dios, nunca la perderemos. Aunque soy muy atrevido al decir esto, nosotros los seres humanos somos todavía seres humanos.
Aun hoy día muchos obreros cristianos no ven este asunto. Debido a que el corazón del hombre está lleno de la carne y de la ley, él no puede entender cómo la gracia de Dios puede ser tan grande. Esto es demasiado increíble para él.
Es natural que el hombre piense de esta manera. El hombre es de la carne, y la carne es de la ley. La carne conoce solamente la ley; no conoce la gracia. Todo lo que se origina de la carne humana es de la ley. Sin embargo, todo lo que se origina de Dios, del Espíritu Santo y de la gracia, es de la fe.
En el mundo no sabemos nada con respecto a la gracia y el don. Todo lo que sabemos es comerciar. Durante todo el día, nuestras mentes están llenas de cuánto tenemos que trabajar y cuánto debemos obtener por nuestro trabajo. Pensamos que a fin de ganar algo, tenemos que trabajar por ello.
Esta es nuestra vida. Por años, hemos comercializado con nuestras vidas, nuestro tiempo y nuestra energía. Pensamos que si uno va a pagar cierto precio, a él primero se le tiene que pagar una cantidad igual. Si él ha aceptado cierta cantidad, entonces tiene que ofrecer ciertas cosas a cambio.
Nuestra vida es una vida de negocio. Debido a que ésta es la manera en que vivimos, también pensamos que la gracia de Dios y la vida eterna hacia nosotros están en el mismo principio de negociar. Cuando escuchamos el evangelio puro, quizás vimos la luz por un momento. En ese momento, tal vez nos dimos cuenta de que la gracia es gratuita y que no es un asunto de negociar.
Sin embargo, parece que esta comprensión sucede solamente cuando somos salvos. Muchas personas todavía no han sido liberadas del pensamiento de que la gracia de Dios es como un préstamo para nosotros. Piensan que si ellos no hacen el bien, Dios les quitará la gracia que les ha dado.
Pero si un hombre conoce la Biblia y está claro con respecto a los diez puntos de la verdad mencionados en los mensajes anteriores, por lo menos tiene que admitir que no puede existir tal cosa. Todo el que conoce la Palabra de Dios nunca debe dudar de lo que conoce por causa de lo que no sabe.
Puesto que él ha visto claramente el sellar y la garantía del Espíritu Santo, la vida eterna, la mano del Señor, el Cuerpo de Cristo, el templo de Dios y las promesas del Señor, no puede derribar lo que sabe con los problemas con respecto a cosas que él no sabe o no entiende.
No podemos derribar los hechos que sabemos. Sin embargo, todavía hay cosas que ignoramos. Lo que haremos ahora es ver algunas cosas que no conocemos. Tomaremos unos pocos de los argumentos que supuestamente son contradictorios —especialmente los más convincentes— y los consideraremos uno por uno.
Antes de considerar algunos de los problemas de las Escrituras, tenemos que considerar una objeción fuerte y una duda que algunos hombres levantan. Algunos piensan que si una persona es “salva una vez y para siempre”, tal persona seguramente pecará más libremente.
Esto puede ser considerado como el punto de objeción más común y fuerte. Si un hombre sabe que él es eternamente salvo y que nunca será condenado, ¿no se volverá suelto, y comenzará a cometer toda clase de pecados, y se atreverá a hacer cualquier cosa? Puesto que éste puede ser el caso, ¿no es esta clase de enseñanza muy peligrosa?
Recuerdo que en una ocasión un hombre escribió una carta a un prestigioso ministro, el que escribió un comentario acerca del Pentateuco. En esa carta él le dijo a ese ministro que había oído a un predicador una semana antes que predicaba sobre el asunto de ser hijo de Dios eternamente.
Un joven de la audiencia dijo que si ese era el caso, ahora él podía hacer cualquier cosa. Dentro de pocos días, el joven cometió toda clase de pecados. El escritor de la carta se quejaba de que debido a la enseñanza de que “una vez hijo, eternamente hijo”, la gente joven había sido dañada.
El ministro respondió a su carta y escribió: “Es verdad que una vez que una persona es hijo de Dios, es eternamente hijo de Dios. Sin embargo, en primer lugar dudo si ese joven que mencionó usted sea un hijo de Dios. Yo tengo un hijo. Supongamos que le dijera a mi hijo que ya que él es mi hijo, él será mi hijo eternamente.
Al oír esto, ¿se gozaría tanto mi hijo que inmediatamente destrozaría la ventana con una piedra, quebraría los platos sobre el piso, tomaría el mantel y tiraría los platos en el piso, y haría toda clase de cosas desagradables delante de mí?
¿Puede haber tal clase de persona? Es verdad que cuando una persona llega a ser un hijo, es un hijo eternamente. Pero él no actuará desenfrenadamente solamente debido a que es un hijo. Si él actúa desenfrenadamente, dudo que tal persona sea realmente un hijo”.
Según la Biblia, no hay nada equivocado con la palabra del predicador. Sin embargo, la acción del joven es totalmente equivocada. Para determinar si una enseñanza está correcta, podemos solamente juzgarla por medio de la verdad de la Biblia; no podemos determinarla por la conducta del hombre.
Como maestros de la Biblia, podemos solamente ser responsables por decirle a otros lo que la Biblia dice. No podemos ser responsables por decirle a otros lo que la Biblia debería decir. No tenemos esta autoridad. Sabemos que la Palabra de Dios dice que una vez que somos un hijo, somos un hijo eternamente.
No sabemos a qué resultado nos guiará este conocimiento. El problema de hoy es que el hombre no juzga la Palabra de Dios con la Palabra de Dios. Al hombre le gusta tomar a alguien de la esquina y decir que por la clase de persona que es el hombre, ¿cómo puede alguien decir que el hombre que es “una vez salvo, es eternamente salvo”? Es verdad que algunos creyentes han fracasado y son débiles.
También es verdad que algunas personas son falsas. Es verdad que hay millones de creyentes que tienen diferentes experiencias. Solamente los podemos juzgar mediante la verdad de la Biblia. No podemos juzgar la verdad de la Biblia por lo que otros han hecho. Solamente podemos probar que están equivocados mediante la verdad de la Biblia. No podemos condenar la verdad de la Biblia como equivocada por lo que ellos han hecho.
El punto de partida de un cristiano es la Palabra de Dios, no la conducta del hombre. Hoy día, tú quizás me preguntes si eres todavía salvo, ya que mentiste ayer. No puedo asegurar si tú eres salvo o no basado en si tu mentira fue una mentira buena o una mentira mala, una mentira brillante o una mentira oscura.
Solamente puedo decirte la verdad que dice la Biblia. Si éste no es el caso, no hay necesidad del tribunal ni del gran trono blanco. Solamente podemos ver lo que la Palabra de Dios dice. Solamente podemos juzgar los hechos del hombre mediante la Palabra de Dios.
Nunca podemos juzgar la Palabra de Dios mediante los hechos del hombre. La Palabra de Dios nos dice que una vez que un hombre es salvo él es salvo eternamente. No hay nada equivocado en esto. Aunque es equivocado que el hombre actúe de manera irresponsable debido a esta palabra, no obstante debemos juzgar todas las cosas por la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es nuestra constitución completa y nuestra corte más alta.