La única condición para recibir la salvación de Dios es la fe. La fe dice que tú estás dispuesto y que tú lo deseas. ¿Cuál es la fe de la cual habla la Biblia? En primer lugar, Dios llevó a cabo la redención por medio de la muerte de Su Hijo Jesucristo en la cruz. Su obra en la cruz es completa.
¿Por qué es completa? No lo sé. Tampoco tú lo sabes. Solamente Dios sabe por qué. ¿Cómo puede la sangre del Señor Jesús redimirnos de nuestros pecados? ¿Por qué la redención del Señor es efectiva? No necesitamos hacer estas preguntas. Estos son asuntos de Dios. La obra del Señor en la cruz es llevada a cabo y el corazón de Dios es satisfecho.
La cruz del Señor Jesús no tiene la finalidad de satisfacer nuestro corazón. El propósito es satisfacer el corazón de Dios. El pago de una deuda, ¿satisface al acreedor o al deudor? Si Dios considera que algo es suficiente para Él, nosotros también debemos considerarlo así. Dios es justo.
Si Él dice que la obra del Señor puede redimirnos del pecado, indudablemente puede redimirnos. Si tú piensas que la obra es suficiente o no lo es, eso no tiene importancia. Lo que importa es que Dios considere suficiente la obra del Señor Jesús. No es simplemente un asunto de pagar el dinero o no. Lo que importa es si el acreedor considera pagada la deuda o no.
Si el dinero que tú pagas satisface al acreedor, tú no tendrás problemas. Desearía poder repetir esto cientos de veces. La obra del Señor Jesús primero satisface el corazón de Dios. Es Dios quien exige juicio sobre los pecados. Es Dios quien requiere que los pecados sean juzgados.
Es Dios quien dice que sin la sangre no hay perdón de pecados. Si Dios fuera indiferente la sangre no sería necesaria. La sangre se derramó debido a que a Dios le importa esto. Si a Dios no le interesara, no habría sido necesaria la cruz. Es necesaria la cruz debido a que Dios es justo.
El Señor realizó toda la obra en la cruz. Por consiguiente, Dios lo levantó de los muertos. La resurrección del Señor Jesús es la prueba de que Dios está satisfecho con la obra que el Señor hizo en la cruz. Aunque no entendamos cómo satisfizo la cruz el corazón de Dios, sabemos que Jesús de Nazaret se levantó de la tumba.
¿Fue la muerte de Jesús de Nazaret lo que los apóstoles predicaban por todo el mundo? ¿Has oído tú tal evangelio? Yo nunca he oído tal evangelio. Yo veo a los apóstoles salir por todo el mundo solamente para proclamar que Jesús de Nazaret resucitó. Si tú lees el libro de Hechos, verás que los apóstoles no predicaban que Jesús murió por nuestros pecados.
Lo que ellos proclamaban en todos lados era que este Hombre había resucitado. Ellos predicaron esto ya que la resurrección del Señor comprueba que Su muerte ha glorificado a Dios. El Señor Jesús resucitó debido a que Su obra fue aceptada delante de Dios. Su redención es completa y ahora podemos ser salvos. Si la obra del Señor no hubiera sido completa, El habría sido dejado en la tumba.
Por lo tanto, la resurrección no es otra cosa que la satisfacción que halló el corazón de Dios en el Señor Jesús. El Señor Jesús resucitó de entre los muertos. Los apóstoles nos predicaron esto como una evidencia para nuestra fe, instándonos a creer en el Señor Jesús. Por un lado, la salvación tiene que ver con la muerte del Señor; por otro, tiene que ver con Su resurrección.
Su muerte pagó nuestra deuda y obtuvo el perdón de nuestros pecados. Por medio de esta muerte se solucionó el problema de nuestros pecados. Su resurrección es la prueba de que Su muerte satisfizo el corazón de Dios. Dios considera Su obra correcta y apropiada.
Anteriormente he usado un ejemplo que volveré a usar. Si peco, debo ir a la cárcel. Pero supongamos que un amigo voluntariamente va en mi lugar. Debido a que él es encarcelado, yo quedo en libertad. Pero sólo cuando él es puesto en libertad yo sé que mi caso está resuelto. Sólo entonces mi corazón estará confiado.
Mi cuerpo es puesto en libertad debido a que el suyo es encarcelado. Pero mi corazón es liberado solamente cuando él es puesto en libertad. Hasta que el caso se resuelva, él estará encarcelado. Si él todavía está en la cárcel, no sabré si él ha llevado mi castigo o si yo todavía puedo ser encarcelado.
Cuando él salga de la prisión, sabré que el caso está resuelto. De la misma manera, tan pronto como el Señor murió, el problema de mi pecado fue resuelto. Sin embargo, el Señor Jesús tuvo que resucitar para que yo supiera que el problema del pecado había sido resuelto. Él fue entregado por nuestras transgresiones y fue resucitado para nuestra justificación.
El resucitó debido a que el problema de nuestra justificación fue resuelto. Podemos ir por todo el mundo a hablarles a todos de la obra que Dios ha llevado a cabo mediante la muerte de Su Hijo Jesucristo. Al mismo tiempo, podemos decirles a otros que a través de la resurrección del Señor, Dios nos ha dado un recibo y una prueba que nos informa que la tarea ha sido terminada. Hoy en día, no solamente creemos en la cruz. Además creemos también en la resurrección.
¿Puedes tú hallar un versículo en la Biblia que diga que el hombre debe creer en la cruz? Es muy extraño que siempre se nos diga que creamos en la resurrección. Si hoy día tú conoces a un cristiano nominal que ha sido miembro de una iglesia por diez, veinte, o treinta años y hablas un poco con él, te darás cuenta que existe una gran diferencia entre creer en la cruz y creer en la resurrección.
Una vez conocí a un miembro de una denominación, el cual había sido anciano por treinta y ocho años y “cristiano” por cincuenta o sesenta años. Cuando le pregunté si creía en el Señor Jesús, él dijo que sí. Pero cuando le pregunté si sabía que sus pecados habían sido perdonados, no se atrevió a decir que sí. Luego le pregunté si Jesús era su salvador, y él dijo: “Por supuesto”.
Pero cuando le pregunté si él era salvo, dijo que no sabía. Cuando le pregunté si creía que el Señor Jesús había sido juzgado en la cruz por nuestros pecados, él inmediatamente dijo que sí creía. No solamente la Biblia dice esto, hasta nuestro himnario lo dice.
Dice que miles de toros y machos cabríos sobre el altar judío no nos perdonarían de nuestros pecados, pero el único sacrificio del Señor nos limpia de todo pecado. Cuando le pregunté a este hombre si había sido limpio de sus pecados, él dijo que creía que el Señor había sido crucificado por sus pecados, sin embargo, él no se atrevió a decir que sus pecados ya habían sido quitados.
No puedo culparlo de no tener claridad. Es cierto que el Señor Jesús murió en la cruz. Sin embargo, ¿cómo puede uno saber que esta cruz cuenta? El cree en la cruz, pero ¿cómo puede él saber que la cruz ha solucionado todos sus problemas y resuelto su caso?
Aunque la liquidación por el pecado ya ocurrió en la cruz, lo que resuelve nuestro caso es la resurrección. Si tú le pagas de nuevo a alguien algo de dinero ¿cómo sabes que la cantidad pagada es suficiente y que los cheques son genuinos? ¿Qué tal si los cheques son falsos?
Solamente una cosa te asegurará que la cantidad ha sido completamente pagada, un recibo de tu acreedor diciendo que la cantidad ha sido completamente pagada. Cuando tú pagas el dinero, el acreedor borra tu cuenta, y tú sabes que el asunto queda liquidado.
De la misma manera, la muerte del Jesús habla de lo que Él ha hecho por Dios, mientras que Su resurrección habla de lo que Dios ha hecho por nosotros. La muerte es el convenio entre El y Dios, pero la resurrección es lo que nos notifica el convenio entre Dios y Su Hijo.
Dios dijo que la deuda fue pagada. Si tú crees que el Señor murió por tus pecados, entonces la resurrección del Señor declarará que la cuenta de tus pecados ha sido borrada. Muchas personas dicen que tenemos que pagar la cuenta de nuestro pecado, y que si no, no podemos ser salvos.
Gracias al Señor que la cuenta de mis pecados fue pagada aun antes de que naciera. Hasta se extendió un recibo. La muerte del Señor Jesús fue el pago de la deuda y la resurrección de Jesús fue la prueba del pago. La resurrección es la prueba de la justificación.
Somos justificados debido a que Dios nos ha concedido Su gracia y nos ha redimido del pecado. La muerte de Jesús quitó de en medio el pecado. La resurrección del Señor fue la evidencia de la justificación. Por lo tanto, nuestra fe descansa en la resurrección de Jesús.
Esto no es todo lo que llevó a cabo la resurrección. Si pensamos así, estamos equivocados. Este es solamente el aspecto objetivo de la resurrección. También tenemos el aspecto subjetivo. Desde el punto de vista objetivo, la resurrección del Señor llegó a ser la evidencia de nuestra salvación.
Si alguien me preguntara cómo sé que soy salvo, le diría que tengo la prueba de esto. Esta prueba demuestra que soy salvo. Es posible que tú me digas que fuiste salvo en cierta fecha en cierto año ya que fue en ese entonces cuando recibiste al Señor. Entonces, yo te preguntaría: ¿Cómo puedes tú saber que eso fue suficiente?
Tal vez me digas que confesaste tus pecados ese día, pero ¿cómo sabes que esa confesión es suficiente? Es posible que digas que lloraste por tus pecados en ese día, pero ¿cómo sabes que tus lágrimas lavarán tus pecados? Quizás digas que te arrepentiste, confesaste tus pecados y aceptaste a Jesús, pero ¿cómo sabes que tu arrepentimiento, confesión y recibimiento del Señor es suficiente?
Si me preguntaras, te contestaría que yo en realidad soy salvo por la muerte del Señor, pero yo sé que lo soy por la resurrección del Señor. Amigos míos, tienen que diferenciar entre las dos. Soy salvo debido a la muerte del Señor, pero tengo la certeza de que soy salvo debido a la resurrección del Señor. Cuando pago el dinero, pago mi deuda.
Yo sé que he pagado la deuda porque tengo el recibo. Gracias a Dios que Él nos ha dado una prueba y un recibo. Su Hijo pagó la deuda por todos nuestros pecados en la cruz, y Él nos informa que el asunto está plenamente resuelto mediante la resurrección de Su Hijo. Por consiguiente, toda la obra del Señor, ahora está terminada.
Si en este día hay alguien allí que todavía duda que sea salvo, sólo necesito preguntarle en qué ha creído y qué ha recibido. No es suficiente que una persona simplemente crea en la cruz y reciba la redención del Señor en la cruz. Uno también tiene que creer en Su resurrección.
La resurrección del Señor es el mensaje que Dios nos da. Nos muestra que Dios aceptó la obra del Señor. Gracias a Dios que la cruz satisfizo Su corazón. Es por eso que existe la resurrección. Así que, el fundamento de nuestra fe es la muerte de Cristo, sin embargo, nuestra fe también se basa en la evidencia de la resurrección.
La muerte es Su obra de redención para nosotros. La resurrección es la prueba de que Él nos redimió. Nótese que dije: “Nos redimió”. La muerte es Su obra de redención y la resurrección es la prueba de que Él nos redimió.
Ahora la obra del Señor es completa. Su muerte es un hecho, y también Su resurrección. ¿Qué sucede después? La Biblia nos muestra claramente que Dios puso toda la obra de Su Hijo en Su Palabra. ¿Qué es la Biblia? Y ¿qué es la Palabra de Dios?
Muchas veces considero que la Palabra de Dios es como la bolsa donde Dios pone Su obra. Dios puso toda Su obra en Su Palabra. Si Dios estuviera físicamente entre nosotros hoy día y quisiera mostrarnos la obra de Su Hijo y la prueba de esta obra ¿cómo podría hacerlo? Él puso la obra de la cruz de Su Hijo en Su Palabra.
Él también puso la prueba de la resurrección de Su Hijo en Su Palabra. Hoy día, Dios nos comunica todas estas cosas mediante Su Palabra. Cuando recibimos Su Palabra, recibimos la prueba de Su obra. La Palabra está respaldada por los hechos. Si no hubiera hechos que respaldaran las palabras, éstas serían vanas. Sin duda, detrás de las palabras están los hechos.
En el invierno todos, tanto hombres como mujeres, usan guantes. La Palabra de Dios es el guante de Dios. Todas Sus obras están contenidas en ella. Cuenta un conocido evangelista que un día conoció a una misionera occidental. Ella no sabía qué era creer en la Palabra de Dios. Ella pensaba que todo lo que necesitaba hacer era creer en Dios, en Su Hijo Jesucristo y en la obra de Dios.
Le dijo que sin la Palabra de Dios no hay manera de creer en Dios, en Su Hijo Jesucristo y en la obra de Dios. Una vez que creemos en la Palabra de Dios, todas estas cosas llegan a ser válidas para nosotros. Después de hablar por dos horas, todavía no podía lograr que entendiera. Ella traía puestos un par de guantes de gamuza. Cuando estaba a punto de partir, se iba a quitar los guantes para despedirse.
Le dijo: “No tiene por qué quitárselos, puedo estrechar su mano con sus guantes puestos”. Para ella esto era señal de mala educación. Tal vez pensó que no sabía de buenos modales. Cuando estrechó su mano le preguntó: “Qué estoy estrechando ahora, la mano o el guante?” Inmediatamente entendió lo que él le quería decir. Le dijo que la mano estaba en el guante.
Cuando apretó el guante, estaba apretando la mano. Apretó el guante porque en él estaba la mano. Sucede lo mismo con la Palabra de Dios. Dios se ha puesto a Sí mismo y ha puesto toda la obra de la cruz de Su Hijo en Su Palabra. Cuando tú me das la Palabra de Dios, me estás dando a Dios en Su Palabra, además de toda la obra de Su Hijo. Cuando ella se fue, le dijo que todo lo demás que se había dicho había sido inútil. Este solo ejemplo le aclaró el asunto.
Hoy en día predicamos acerca del Hijo de Dios y del testimonio de Su resurrección. Sin embargo, predicamos estas cosas mediante Su Palabra. Si un hombre recibe la Palabra de Dios, él recibe la obra y la gracia de Dios. La Palabra de Dios es preciosa porque en ella hay solidez.
¿Qué provecho habría si los guantes estuvieran vacíos? Aun si los aprieta durante todo el día, sería inútil. Solamente son útiles cuando las manos están allí. Sin el Señor Jesús la Palabra del Señor es letra muerta. Si el Señor Jesús no estuviera en la Biblia, yo la quemaría.
Entonces ¿qué es la fe? No es otra cosa que recibir el testimonio de Dios en cuanto a la obra de Su Hijo. Dios puso la obra de Su Hijo en la Palabra y nos ha comunicado esta Palabra. Cuando creemos en Su Palabra, creemos en El. En 1 Juan 5: 9 dice: “Si recibimos el testimonio de los hombres, mayor es el testimonio de Dios”. ¿Cuál es la característica del Testimonio de Dios?
Porque éste es el testimonio con que Dios ha testificado acerca de Su Hijo. La Palabra de Dios habla de Su Hijo. Por favor lean el versículo 10: El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso.
Pongan atención a la siguiente cláusula: “Porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de Su Hijo”. ¿Qué es no creer en Dios? Es no creer en el testimonio que Él ha dado de Su Hijo. ¿Qué es creer en Dios? Es creer en las palabras que Dios ha hablado, el testimonio que Él ha dado acerca de Su Hijo.
Así que, creer en Dios no es otra cosa que creer en Su testimonio. En los últimos tiempos, muchos hemos visto el testimonio de Dios. Hemos visto lo que Dios ha hecho por nosotros, los problemas que Él ha solucionado mediante Su Hijo y las evidencias que Él nos ha dado. Dios nos ha hablado Su Palabra.
¿Qué debemos hacer ahora? Debemos creer en El, es decir, debemos recibir el testimonio que El da acerca de Su Hijo. Si allí, repito, hay alguien que no ha sido salvo, tal vez alguien ya le haya dicho que debe creer. Sin embargo, ¿En qué debes creer tú?
Tú no debes creer en un Cristo que está sentado en los cielos. Eso está demasiado lejos. Lo que tú debes hacer es creer en lo que dice la Biblia. Esto está tan cerca. La mano de Dios ya está en el guante. El guante es la Palabra de Dios.
Cuando tú crees en la Palabra de Dios, tú crees en el Hijo de Dios. Cuando tú recibes las palabras de la Biblia, tú recibes todo lo que está en la Palabra. En los últimos mil ochocientos años, un tal George Müller puede ser considerado como uno de los hombres con más fe.
Cuando alguien le preguntaba qué era la fe, él contestaba que la fe consiste en que cuando Dios dice algo, yo digo lo mismo sin ponerme a pensar siquiera si ese día Dios se levantó de buen humor y quiso hacerme una broma, o me habló en serio.. La fe equivale a creer en la Palabra de Dios. Es creer en Dios por medio de Su Palabra.
En la Palabra de Dios hay otro asunto relacionado con la fe. ¿Cómo puede llegar a ser nuestra la Palabra de Dios? La clave de esto es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo ha llegado. El Espíritu Santo es el guardián de la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios es viva debido a que el Espíritu Santo la está custodiando. Dios puso todas Sus obras en Su Palabra. El Espíritu Santo cuida de ella. Cada vez que el hombre recibe la Palabra de Dios por fe, el Espíritu Santo viene y le aplica todas las obras de Dios.
Aquí vemos cuán completa es la obra del Dios Tri-uno. Dios es quien nos ha amado y quien propuso la obra de la redención. El Hijo llevó a cabo la obra de redención. Fue Dios quien puso la obra del Hijo en la Palabra, y quien nos comunica, a través del Espíritu Santo, todas las obras del Hijo que contiene la Palabra. El gran problema del hombre, y también su pensamiento más necio, es la confusión que tiene acerca de su condición con respecto a la obra del Espíritu Santo.
El hombre piensa que si se arrepiente, Dios obrará, o que si se bautiza entonces Dios obrará; o que si confiesa sus pecados y hace buenas obras, Dios obrará. Pero éste no es el caso. La Biblia nos dice claramente que solamente el Espíritu Santo puede comunicarnos la obra del Señor.
La característica de la obra del Espíritu Santo es la comunión. Después de que el Señor Jesús llevó a cabo toda la obra, el Espíritu Santo vino y nos comunicó esta obra. Si solamente existiera la obra que el Señor llevó a cabo, sin la obra de comunión del Espíritu Santo, no nos serviría de nada.
Sin el Padre, el hombre no puede ser salvo, y sin el Hijo, el hombre no puede ser salvo. De la misma manera, sin el Espíritu Santo, el hombre no puede ser salvo. Aunque existe la obra del Padre y del Hijo, de todos modos necesitamos que el Espíritu Santo nos comunique estas obras para que los asuntos objetivos lleguen a ser subjetivos.
Ahora la pregunta es qué debemos hacer a fin de que el Espíritu Santo obre en nosotros. La Biblia nos muestra claramente que solamente existe una condición para que el Espíritu Santo obre: la fe. ¿Recibimos el Espíritu Santo por las obras de la ley o por la fe?
Por medio de la fe. Esto es lo que Pablo nos dijo en la Epístola a los Gálatas. Cuando creemos en la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos aplica esta Palabra. Es por eso que digo que el Espíritu Santo es el guardián de la Palabra de Dios.
Tú no tienes que preocuparte de quién sea el Jesús. Tú no tienes que preocuparte de quién sea Dios. Lo que te relaciona directamente con Él es la Palabra de Dios. Si tú tienes una relación adecuada con la Palabra de Dios, el Espíritu Santo te comunicará todas las obras de Dios y de Jesús.
Si tú abres tu corazón y lo invocas, tal como el publicano que oró pidiendo que Dios tuviera misericordia de él, o más exactamente traducido, para que le fuera propicio, tú serás justificado. Una vez que tú abras tu corazón y le invoques, el Espíritu Santo te comunicará la obra de Dios. Esta es la obra del Espíritu Santo.
En esta ocasión solamente estoy hablando acerca de los rudimentos de la salvación. En realidad toda obra del Espíritu Santo sigue este principio. Cada vez que acudas a Dios a recibir Su Palabra, el Espíritu Santo hará que esta palabra sea viviente.
Tal vez parezca que lo que recibes son cosas muertas, sin embargo, cuando el Espíritu Santo interviene, El las hace reales en ti. No trates de llevar a cabo algo por tu propia cuenta. No pienses que el Espíritu Santo ignora que tú tienes fe en la Palabra de Dios.
No, tan pronto como tú crees, El empieza a obrar. No hay nada que Él no sepa. Esta es la obra que el Espíritu Santo hace en la redención. El Dios Tri-uno ha llevado a cabo toda la obra de la salvación por nosotros a fin de que seamos salvos.
Nuestra lengua puede identificar un sabor dulce o salado. Todo esto es dar sustantividad. Todos los órganos del cuerpo humano tienen como función dar sustantividad. ¿Qué es la fe? La fe no puede crear algo de la nada. La fe le da sustantividad a lo que ya existe.
La fe no es soñar despierto o hablar de un sueño. La fe pone de manifiesto lo que ya existe. Es por eso que Hebreos dice que fe es lo que da sustantividad a las cosas que se esperan. La palabra cosas debe ser traducida sustancia. Aunque no puedan verse, no significa que no existan.
El gran problema del hombre hoy en día es que no tiene la habilidad de dar sustantividad. Como resultado, él duda de la realidad de las cosas. Si tú le dices a una persona que ha perdido sus papilas gustativas que tome una bebida dulce, él dirá que sabe igual que la salsa de soja que acaba de probar. Esto es tener la sustancia sin darle sustantividad. Todas las cosas espirituales existen. Dios ha puesto todas Sus obras en Su Palabra. Si usted tiene fe, usted les podrá dar sustantividad.
Nosotros los que predicamos el evangelio no estamos predicando cosas que no existen. Hoy en día el problema radica en que muchos no le dan sustantividad a lo que oyen. En Cristo, estoy lleno de solidez. Sin embargo, muchos no pueden dar sustantividad a ciertas cosas.
Imagínate que estás ante hermanos no videntes. Tú puedes decir que este libro es negro y que ese libro es marrón. Cuando ellos tocan estos libros, los dos les parecen iguales. Tú puedes saber que uno es negro y que el otro es marrón porque tú puedes ver, sin embargo para ellos no existe diferencia entre el negro y el marrón.
Si ellos te preguntan qué es negro, sólo puedes decirles que negro es negro. No puedes explicarles. No hay manera de explicarles. ¿Cuál es el problema? El problema está en su falta de habilidad para dar sustantividad.
Sucede lo mismo con nosotros delante de Dios. Muchos son como las personas sordas o ciegas. Cuando tú hablas con ellas acerca de cosas espirituales, dicen que no sienten esto o aquello. Ellos no tienen manera de dar sustantividad a esas cosas.
Entonces, ¿Qué es la fe? El apóstol nos dijo claramente que la función de la fe es dar sustantividad a las cosas espirituales. Antes no había nada en ti. Ahora hay algo. Hoy en día vivimos en un mundo físico, sin embargo, Dios ha puesto todas las cosas espirituales en Su Palabra.
La Palabra de Dios está llena de las cosas de Él. No tome la Palabra de Dios como algo superficial. Incluso la eternidad está en la Palabra de Dios. ¿Cuál es la función de la fe? La función de la fe es poner de manifiesto las cosas espirituales, de la misma manera que los ojos perciben las formas y los colores, que los oídos se percatan de los sonidos y que la nariz capta los olores. La fe pone de manifiesto las cosas espirituales. Es por eso que Dios quiere que tengamos fe.