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La Condición Necesaria

 

Hoy quiero hablar del hijo de Dios que agrada a su Padre; qué es lo que espera el padre de cada uno de sus hijos. Y también puntualizar a quién o a quiénes Dios llama hijos. Quiero que vayas conmigo a la carta a los Hebreos capítulo 10, donde vamos a leer unos cuantos versículos.

Y vamos a empezar a entender lo que hay en el corazón de Dios para sus hijos. Me gustaría que tengas en cuenta antes de leer nada, que este capítulo 10 de Hebreos está relacionado con alinearse con la justicia de Dios. Es lo que le corresponde a Dios por derecho.

En este capítulo, Dios habla precisamente de lo que Él espera de su iglesia. En los primeros versículos, es interesante, Él empieza a analizar lo que la ley produjo. Estoy hablando de la ley mosaica. Si tú vas con detenimiento a revisar este pasaje, te vas a dar cuenta que la ley en sí misma, (Y es lo que concluyen estos versos), no puede quitar el pecado.

Simplemente termina siendo un tratamiento temporal, una situación que se genera para poder resolver algo coyuntural, pero que no tiene la capacidad de ser eterna, ni puede agradar completamente el corazón del Señor.

(Hebreos 10: 1) = Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, (Repite conmigo: nunca puede. La ley nunca puede), por los mismos sacrificios que se ofrecen voluntariamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

Ahí se puede ver con bastante claridad lo que Dios esperaba de sus hijos. Perfección. Y la ley nunca puede hacer perfectos a los hijos. Ahora bien; más adelante, en el versículo 5, Dios expone lo que de verdad sí puede hacer perfectos a sus hijos.

(Verso 5) = Por lo cual, entrando en el mundo (Está hablando del hijo), dice: sacrificio y ofrenda no quisiste; más me preparaste cuerpo. (Está hablando Jesús).

(6) Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.

(7) Entonces dije: he aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.

(8) Diciendo primero: sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (Las cuales cosas se ofrecen según la ley) (9) y diciendo luego: he aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero (La ley), para establecer esto último. (La obra de Cristo).

(10) En esa voluntad somos santificados (Sinónimo de perfeccionados), mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

En el capítulo 10 de Hebreos, el capítulo donde se alinea la voluntad de Dios con el hombre, Dios dice que la ley no puede hacer la obra, no puede. Entonces Dios ofrece la respuesta perfecta al hijo. ¿Qué lo hace hijo? Eso está claramente explicado en el versículo 7 y el versículo 9: He aquí, he venido para hacer tu voluntad.

¿Y a quién Dios llama hijo? Al que hace su voluntad. Ahora bien; este concepto que tú acabas de decir, de entender, de repetir, es el centro de la vida cristiana. No es el congregarnos, el cantar, el reunirnos. Si bien todo eso no es malo en absoluto y suma, en realidad la médula de la vida cristiana, es esa declaración: Dios llama hijos a los que hacen su voluntad.

Y recuerden que todo esto empieza analizando el Salmo 2, especialmente ese pasaje cumbre que dice: Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y los confines de la tierra por heredad. Y hoy podemos concluir en que, ser gobierno, es la consecuencia de ser hijos; y ser hijos es la consecuencia de ser obedientes a la voluntad del Padre.

Este proceso que es tan sencillo, la iglesia en su gran mayoría, no lo ha visto. Quieren agradar a Dios con obras, con ritos, con aparentes vidas santas, cuando lo que Dios espera de nosotros, técnicamente, es algo muy sencillo: quiere que hagamos su voluntad.

No se trata de que tú te bautices todos los domingos, tampoco tomar la Santa Cena en cada culto; tampoco se trata de predicar dos veces en una misma reunión; sólo se trata de hacer lo que Él quiere que hagas. Nada más que eso. Y eso rompe totalmente toda estructura religiosa.

Porque precisamente la religiosidad se establece, crece, se desarrolla, es fértil en las personas que buscan agradar a Dios, pero sin buscar lo que a Dios le agrada que hagan. La religiosidad le da a Dios lo que a ella le agrada, no lo que a Él le agrada.

Y eso es lo que hace que Dios me llame religioso. Eso hace que Él me aborrezca. Técnicamente, una persona religiosa no es una persona mala, es simplemente una persona que quiere agradar a Dios pero según sus propios conceptos.

Bajo esa óptica, podemos reunir diez personas diferentes, y las diez van a tener, cada una de ellas, diferente opinión. ¿Qué opinas tú? Pues a mí me parece que debemos usar la ropa así, el peinado así, pantalones no, pantalones sí, maquillaje no, maquillaje sí, etc.

De ese modo te puedo asegurar que cualquier grupo puede hablar meses sin ponerse de acuerdo respecto a qué es lo que, según sus propios juicios, agrada a Dios. Pero cuando tú te metes en la mente del hijo, te das cuenta que para el hijo sólo hay una explicación sencilla. Es obedecerle al Padre.

En este mismo capítulo 10, se habla de la manera en que Cristo quita los pecados, vuelve a hablar del pacto en el verso 16, y mira lo que dice aquí, voy a leer a partir del verso 11, sin perder de vista lo dicho respecto al Salmo 2.

(Verso 11) = Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;

Imagínate hoy día a los judíos, en el muro de los lamentos, orando. ¿Y qué es lo que Dios dice de ellos? Cada día están de pie, allí, haciendo oraciones inútiles que nunca pueden quitar los pecados. El autor de esta carta a los Hebreos está hablando aquí con una tremenda sabiduría.

(12) Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, (13) de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies.

¿Cuándo nuestros enemigos son vencidos? A ver, examina lo que estamos leyendo. He aquí, he venido a hacer tu voluntad, Señor. Consecuencia de eso: tus enemigos serán puestos por estrado de tus pies. ¿Por qué vez tras vez se levanta un enemigo que me vence? ¿Por qué hay hijos de Dios que son abofeteados por cosas con las que están peleando por tanto tiempo?

Porque la victoria contra un adversario, es la consecuencia de hacer la voluntad del Padre. Mira que tremendo. Estás sentado a la diestra de Dios, y estás esperando que todos tus enemigos sean puestos por estrado de tus pies.

¿Por qué Cristo es vencedor? ¿Él salió con espada? No, de hecho, en la escena más victoriosa que hay en su vida, él entra montando un pequeño burrito. Él no tiene la imagen del gran libertador, ¡Nunca tomó una espada!

Sin embargo, todos los enemigos que pueda tener, se tienen que poner de rodillas con solo escuchar su nombre, por una sencilla razón: no es porque él sea el hijo de Dios; tú también lo eres. No es porque él haya nacido por el Espíritu Santo, tú has nacido en el proceso de la salvación, por el Espíritu Santo.

No es porque en la naturaleza de Dios él se movía, en la tuya también se mueve. La razón de su tremenda victoria, hasta el día de hoy es que él, lo único que buscó hacer, fue la voluntad de su Padre. Cuando tú empiezas a caminar en la voluntad de Dios, automáticamente, los enemigos que se levantaban contra ti, y se enseñoreaban de ti, empiezan a caer uno tras otro.

Sin necesidad de que tú los reprendas, lo ates o hagas ningún tipo de guerra. A mi modo de entender, la guerra espiritual más poderosa que existe en esta tierra, es hacer la voluntad del Padre. Quiero que entiendas bien lo que te estoy diciendo.

Esto es extraordinario. Ahora bien; cuando hablo de hacer la voluntad de Dios, no estoy hablando de algo místico, complicado o difícil de entender. Porque ustedes se van a dar cuenta que hacer su voluntad es algo muy sencillo.

No requiere que tú, cada mañana, te pases cuatro horas en oración para ver qué decisiones debes tomar en ese día. Es mucho más simple. La vida en el Espíritu es tan sencilla, que un niño puede entenderla.

(14) Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

Recuerda lo que te decía antes; la ley no puede hacer perfecto a nadie, ¿Recuerdas? Fíjate lo que dice en el verso 14. Catorce es el número de las generaciones. Por eso se tomaba la Pascua el día 14. En este verso 14, dice que Él ha hecho perfectos para siempre a los que han sido santificados. Y esto es extraordinario, porque Dios abarca nuestras generaciones. Abarca los hijos, los nietos, los biznietos, los que van a salir de nuestros lomos, como dice la palabra.

(15) Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: (16) este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor; pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, (17) añade: y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.

(18) Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

Eso habla de una obra terminada, perfecta, completa y justa en la mente de Dios. Entonces, a partir del versículo 19, seguimos en el capítulo de la justicia de Dios en Hebreos, empieza a exhortarnos a que perseveremos. Dado a que Cristo ha hecho todo, dado que la ley no puede cubrir lo que es la perfección, entremos en el Lugar Santísimo, que es lo que dice en el verso 19.

(19) Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, (20) por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, (21) y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, (22) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

(23) Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión (en los originales dice “la confesión”) de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

O sea: la ley no pudo, Cristo lo hizo, ¿Qué me toca a mí? Persevera. Sin embargo, y porque estamos en el capítulo de la justicia de Dios, bien vale preguntarte: ¿Qué pasa si tú pecas luego de haber conocido esto?

(Verso 26) = Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, (27) sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.

Entonces, el tema es que para el que vuelve atrás luego de haber conocido a Cristo, no hay más obra, no hay más ofrenda.

(29) ¿Cuánto mayor castigo que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia?

Escucha: conocer a Cristo puede ser lo mejor que te pasó en la vida, o puede ser lo peor. Porque te quita toda perspectiva de resolución, si es que vuelves atrás.  Para cualquier persona del mundo, por mala que esta sea,  queda siempre la esperanza de que en algún momento conozca a Dios.

¿Pero qué pasa cuando alguien, conociendo a Dios, se vuelve al mundo? No queda nada más que hacer. Tiene un lugar reservado en el infierno con los enemigos de Dios. No se puede poner otro sacrificio, la obra fue terminada.

Estamos en el capítulo de la justicia de Dios. Está la gracia, está la obra de Cristo, tú eres salvo sin haber hecho nada. ¿Desprecias a Cristo? Estás desechando lo único que puede otorgarte vida abundante ahora y eterna en el Reino después.

Al final de este tremendo capítulo, en el corazón de esta carta a los Hebreos, otra vez se nos exhorta a perseverar. Nos alientan a que tengamos paciencia. No es fácil la vida cristiana, no es sencillo caminar como hijos de Dios.

(Verso 37) = Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.

(38) Más el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma.

¿Quién es el que agrada al Padre? El que hace su voluntad. Le está diciendo al Padre: mi alma no se complace, ¿En quién? En el que retrocede. No hay vuelta atrás. No hay puerta trasera. No hay salida de emergencia. Te guste o no, si tú naciste de Dios un día, sólo hay una puerta delante.

O la pasas hoy, o la pasas mañana, o la pasarás pasado mañana, pero no hay posibilidad alguna de que puedas tener una buena vida, si retrocedes. Es más; todo lo que has construido, terminará mal. Empezarás a vivir un infierno en esta tierra.

Es el capítulo de la justicia de Dios. Es el capítulo en el que Dios nos habla claramente. Él dice: la obra de mi Hijo los puede perfeccionar. No importa lo que el hombre haga, sea lo que fuere que haga, eso jamás podrá perfeccionar al hombre.

Sólo te queda una cosa: persevera. ¿A quiénes Dios llama hijos? A los que hacen su voluntad. Si ustedes empiezan a leer los evangelios, se van a dar cuenta que Jesús hijo muchas cosas. Habló, enseñó, predicó, sanó, liberó, y todo eso es bueno.

Sin embargo, la pregunta que se nos ocurre, es: ¿Eso es lo que al Padre le agrada? O sea: ¿Deberíamos salir ya mismo a las calles hablando, enseñando, predicando, orando, sanando y liberando? ¿Es eso lo que tenemos mandato para hacer?

No. No te estoy diciendo eso. Jesucristo vino, esencialmente, a hacer la voluntad de Dios. De esa forma trajo el Reino de Dios a la tierra. La meta, el corazón del ministerio de Jesús, fue traer el Reino de Dios a la tierra. Eso fue lo que él hizo.

En eso trabajó toda su vida. Sus treinta y tres años apuntaron simplemente a este hecho. El n o contaba cuantas liberaciones, cuantos salvos. De hecho, la Escritura dice que si se anotara todo lo que él hizo, no sabemos cuántos libros podrían salir de eso, dice Juan.

¿Y por qué no se registró todo eso? Porque no era importante. ¿Pero cómo no va a ser importante un milagro o una sanidad? No era importante. ¿Y qué era importante, entonces, para Jesús? Que el Reino de Dios venga a esta tierra.

Si tú lees con detenimiento cualquiera de los evangelios, vas a llegar a esta conclusión: aparee repetidas veces la palabra o la frase “Reino de Dios”. El primer mensaje de Jesús, es: El Reino de Dios se ha acercado. La única oración que Jesús enseña a sus discípulos, habla acerca del Reino de Dios.

Dice: venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad. En una circunstancia en la que él hace un milagro tremendo, la gente quiere posicionarlo como un líder; lo quiere nombrar como una autoridad. Y Jesús se escapa, y dice: mi reino no es de este mundo.

¿Cómo es eso? ¿Tú traes tu reino, pero no es de este mundo? ¿Y cómo, si no es de este mundo, puede encajar con nuestra vida natural? No entiendo, ¿De qué se trata? Es vital que si tú vas a llegar al final de este año, con el anhelo de ser hijo, tú debes entender lo que es el Reino de Dios.

Esto es vital, no puede haber dos interpretaciones de esto. Entonces, cuando te pregunte y te diga: hermano, ¿Dios aprueba lo que haces? Tu respuesta no será ¿Qué tiene de malo? O ¿Por qué no? Las únicas respuestas posibles son Sí, o No.

¿Y en función de qué? De estar haciendo la voluntad del que te envió. ¿Y qué significa hacer su voluntad? Extender el Reino de Dios en la tierra. Cuando hablo del Reino de Dios, hay que empezar a armar una definición. No es la definición, estoy armándola.

Estoy hablando de una sumatoria de una unión de salvación, más nuevo pacto, más vida en el Espíritu. Repito: cuando estoy hablando del Reino de Dios, estoy hablando de una sumatoria, de una unión de salvación, más Nuevo Pacto; vivimos en nuevo pacto, estamos en un nuevo pacto.

Pacto es un acuerdo, es una manera de llegar a un punto de entendimiento sobre algo, con principios y obligaciones. Más vida en el espíritu. Estas tres cosas, la salvación, vida en el nuevo pacto y vivir en el espíritu, establecen algo que se llama el gobierno de Dios.

Quiero que lo entiendas claramente. Creo que todos alguna vez habremos visto a un hermano o una hermana gritando a aullido pelado que la gente se arrepienta en un súper mercado u otro centro comercial voluminoso e importante.

¿Es correcto, eso? No lo sé, pero yo personalmente creo que ese tipo de predicación ha causado un enorme daño a la iglesia. No el fondo del asunto, sino el modo de presentar las cosas. Y quiero describir a qué me estoy refiriendo cuando digo que ha causado daño.

¿Está mal, acaso, hablar del infierno o de la salvación? No, no está mal. Lo que sí está mal, es hacer ver que ese es el fin último de Dios. Lo que está mal, es transmitir a la gente que no conoce a Dios, la certeza de que lo único en lo que Dios tiene interés, allá en los cielos y sentado en su trono, es que la gente sea salva y lo adore, porque eso es falso.

Eso no es verdad. Jesucristo no vino sólo para que la gente sea salva. Podemos llevar el evangelio al 99.99 por ciento de habitantes de esta nación, y no por eso esta nación va a ser una nación nueva. No por eso, si esa nación era sub desarrollada, pasará a ser de primer nivel.

Hay una cantidad de países donde la cantidad de evangélicos y creyentes es grandísima, como lo es Guatemala, por ejemplo, y van a darse cuenta de que todas maneras su situación no es para nada buena. Porque si a esa ecuación que mencioné de las tres cosas, le quitas la de la vida en el espíritu, el concepto del nuevo pacto queda completamente inútil, pues llegamos al antiguo pacto, pues no puede, (Eso decía en Hebreos) no puede, hacer perfecta a la gente.

Dime en qué parte de las enseñanzas de Pablo, él expresa que todo lo que Dios anhela es tu salvación. Yo veo aquí en Hebreos, que el énfasis del capítulo 10 es la perfección. Nos vuelve a hablar más adelante y dice: con una ofrenda hizo perfectos a los ya santificados.

¿Se entiende, verdad? ¿Entonces está mal que alguien ande por la calle gritando que la gente se arrepienta? No, no está mal, si es que como consecuencia de ese arrepentimiento, más adelante, la persona puede entender lo que es el Nuevo Pacto y lo que es la vida en el Espíritu.

Lo que quiero que veas, es que en definitiva, lo que Dios espera de mí, es que su Reino se establezca en este lugar. Venga a nosotros tu Reino. Y si tú quitas uno de los tres elementos que te he mencionado, el Reino de Dios no se puede establecer.

Si yo dejo de predicar la salvación, ¿Cómo puedo certificar que una persona es parte de este Reino? Pero si una persona simplemente es salva, pero no conoce el Nuevo Pacto, no entiende las herramientas que Dios le ha dado, los derechos que tiene, o las limitaciones.

¿Podrá una persona que desconoce el Nuevo Pacto, ser una persona que establece el Reino, cuando el Reino se establece como consecuencia de un Nuevo Pacto? No. En pocas palabras; la predicación del evangelio, no es una predicación de salvación; es una predicación para que el hombre vuelva al lugar de donde el diablo lo sacó.

Lo que Adán perdió, no sólo fue salvación. Perdió su lugar, perdió su fertilidad, perdió su gobierno sobre todo lo que existía. Perdió el don que Dios le había dado de ser él el instrumento por el cual Dios iba a llenar la tierra con sus hijos.

No sólo se trató de salvación. No es un tema de que no pueda comer de un árbol y pueda comer de otro. No es un tema de que ahora tiene que morir, no. No es eso. El evangelio del Reino, a diferencia del evangelio de la salvación, te lleva no a la salvación, únicamente; te lleva a la posición de donde el diablo tomó al hombre.

Esta es la diferencia entre el evangelio de la salvación y el evangelio del Reino. El evangelio de salvación te dice: ven, sé salvo del pecado. Ven, acepta a Jesucristo como tu Señor. ¿Y está bien? Está perfecto. ¿Pero está bien? ¡Desde luego que está bien!

Pero el evangelio del Reino te presenta algo mejor. No te dice: ven, y escapa del infierno. Ven y sé salvo. Te dice: ven, y recupera el lugar que tú tenías antes de la fundación del mundo. Ven y vamos hasta el lugar en donde el diablo sacó a tu primer padre.

No es simplemente salvación; esto tiene que ver con posición. El evangelio del Reino involucra salvación y posición. El evangelio de salvación involucra: salvación. ¿De qué sirve salvación sin posición? ¡Es que yo soy salvo! Sí, sin duda. Eres salvo, pero constantemente limitado.

Limitado, oprimido, ubicando un lugar. Porque la salvación, de por sí, no te posiciona. Ahí tienes a un montón de salvos, en este tiempo, queriendo parecerse al mundo. Un montón de salvos que en realidad no entienden qué deben hacer.

No saben qué estudiar, no saben dónde trabajar, no saben qué hacer con esa salvación. Mañana, cuando empiece su vida natural, a primera hora de la mañana. Sí saben qué deben hacer dentro de uno de sus templos, saben usar una Biblia, pero no saben hablar con un empresario, o un industrial.

No saben cómo votar a la hora de las elecciones nacionales, provinciales o municipales, son víctimas de las operaciones mediáticas políticas, no tienen el más mínimo discernimiento. No saben qué hacer con los dones que Dios les ha dado.

No saben interpretar la ciencia y la tecnología, no están posicionados. Son salvos, entienden de asuntos espirituales, pero la vida del Reino no sólo es espiritual. Hay excelentes hermanos que todos conocemos que, sin embargo, son malos padres.

Hay, asimismo, excelentes hijos de Dios que no saben vivir como esposos. Posición. El evangelio del Reino te trae posición. Hay un ejemplo interesante, a ver si puedes entender esto. Jesús llama a los discípulos cuando ellos estaban en medio de un trabajo. Ellos estaban pescando.

Otros estaban remendando redes, como Juan, otros estaban terminando de pescar, otros, como mateo, estaban allí sentaditos cobrando sus impuestos. Entonces, Jesús aparece y, lo primero que hace, es quitarlos de la posición en la que están. Y les dice: Síganme.

¿Cuántos entienden que no puedes quedarte y seguir al mismo tiempo? O te quedas, o lo sigues. Síganme, -les dice- yo os haré pescadores de hombres. ¿Cuántos saben que pueden ser músicos, rockeros, salseros, pero que cuando Cristo entra a tu vida, te dice Sígueme?

Y hasta donde podemos ver, a él no le gusta mucho cantar salsa. Entonces, ¿Cómo haces para quedarte donde estás o seguirle? Síganme. Entonces, ellos le siguen. ¿Y a dónde lo siguen? No lo saben. ¡Eh! ¿Dónde vas con ese tipo? ¡Qué sé yo, no tengo idea! ¡Pero sé que debo seguirlo!

Así son los nacidos del Espíritu. No saben de dónde vienen, ni a dónde van. Y lo siguen. Cuando Jesús es apresado, y lo matan, lo primero que ellos hacen, es volver a su oficio. Y aparecen otra vez pescando. Jesús resucitado aparece en la orilla, y les dice: ¿Tenéis algo de comer?

Y ellos responden: ¡No! Hemos tirado la red toda la noche y no hemos pescado ni un resfrío. Lo primero que hicieron, fue volver a la posición anterior. Seguían siendo buenas personas. ¿Ustedes creen que ellos volvieron y trataron mal a sus esposas, Pedro, o los otros, o fueron corruptos?

¡No! Simplemente, que al dejar de seguir a Jesús, automáticamente vuelves a la posición anterior. Por eso es que el Reino es dinámico. En el momento en que te quedas quieto, vuelves a tu posición anterior. ¿Y cuál es la posición anterior? Esterilidad.

¿Tenéis algo que comer? No. ¿Y sabes qué? Hemos tratado de pescar toda la noche. ¿Tú crees que nunca me he encontrado con ex creyentes? Sí. ¿Cómo andan? Arruinados. Nada nos sale bien. Mira; nunca he conocido un ex creyente exitoso. Y no hablo de gente que se va de una iglesia, hablo de gente que abandona su fe en Dios.

¿Sabes por qué están así? Porque volvieron a su posición inicial. El gran problema entre la primera gran posición que tuvieron, cuando ellos estaban remendando las redes y estaban pescando, y la posición final, donde pasaron toda la noche sin sacar nada, es que en el tiempo que estuvieron siguiendo a Jesús, ellos tuvieron una visión de la eternidad que antes no tenían.

Antes, la meta de estos ciudadanos era solamente tener un buen trabajo, tener para vivir, y poder heredarles algo a los hijos, y punto. Esa era la meta de sus vidas. Pero una vez que siguieron apenas unos días a Jesús, tu perspectiva del tiempo cambia por completo, tu perspectiva de la eternidad, tu perspectiva de tu llamado, ya no es simplemente dejarles la casa, tener una profesión; tiene que ver con algo mucho más grueso, más profundo, más pesado; tiene que ver con el hecho de trascender en un propósito.

Entonces, yo puedo volver a mí mismo trabajo anterior, pero ¿Sabes qué? Me sentiré un rotundo fracasado. Tengo treinta doctorados colgados en la pared de mi oficina, pero me siento frustrado cada mañana, y levantarme a trabajar es una agonía, el peor día de la semana es el lunes, sencillamente por una razón: porque un día Dios me mostró la vida preciosa que él tenía, y yo la desprecié.

Y nada en este mundo puede compararse con seguirlo a él. Dios te llamó a seguirlo. No sabes adónde, pero sabes que debes seguirlo. ¿Y sabes qué es lo más hermoso de ello? Que cada día es distinto, hay diferentes expectativas, porque no sabes dónde va a hacer que lo sigas.

Él sabe, pero tú no. Pero mientras él sepa, estarás bien. Y eso es algo que la vida religiosa no te da. ¿Por qué? Porque la vida religiosa es todo lo contrario a eso. Tú sabes con precisión casi matemática a qué hora empieza el culto, a qué hora termina el culto, quien canta, quien no canta; tú sabes.

Alguien puede tener una vida plena de iglesia, pero no por eso tener una vida en el Espíritu. Creo que ya se entiende la diferencia entre el evangelio del Reino al evangelio de salvación. El objetivo del evangelio del Reino es introducirnos al Reino.

¿Y qué es el Reino de Dios? Es la experiencia de la salvación, más entender un nuevo pacto. He aquí, haré un nuevo pacto con la casa de Israel, escribiré mis leyes en su corazón, las pondré en su mente. Ellos no tendrán necesidad de que nadie les enseñe, porque la unción misma les enseñará todas las cosas.

O sea: el Nuevo pacto es extraordinario. En el Antiguo Pacto tenías que ir donde el sacerdote para que te orara, para que te ungiera, para que te ayude. Pero en el Nuevo Pacto yo me muevo en una dimensión completamente diferente, porque he sido habilitado, he sido activado, he sido posesionado en un lugar en el cual yo puedo empezar a tirar líneas de influencia, y puedo empezar a alcanzar gente.

Y no hacia la salvación simplemente, sino traerlos al gobierno de Dios. La vida en el Espíritu, me hace libre. Porque es en la vida en el Espíritu en que yo veo cara a cara a Dios, puedo entender su bondad para mi vida. ¡Es que yo no sé lo que Dios quiere para mí! Es que no estás caminando en el Espíritu.

Tú no necesitas un profeta para eso. ¿Y por qué no camino en el Espíritu? Porque no has entendido cómo funciona el pacto. Un ejemplo: se debe tomar la Santa Cena como símbolo de haber entendido el pacto de Dios. No porque eso te haga algo a ti.

Si tú tienes la idea de que eres un porcentaje más santo por tomar la Santa Cena cada día, te has vuelto religioso. Has corrompido el sentido de la Santa Cena. “¡Tenemos que orar por eso, urgente! ¡Ah, no! ¡Primero tenemos que tomar la Santa Cena, es la costumbre! ¿Y por qué crees que deberíamos tomar primero la Santa Cena y luego orar?

Porque es un rito. ¿No podemos orar sin tomar la Santa Cena primero? Quiero creer que estás entendiendo lo que verdaderamente significa la comunión. Escucha: todos somos propensos a empezar a poner “A”, “B”, “C”, “D”. Y lo hacen pasar como bíblico.

Tú llegas como siempre, media hora después de haber comenzado el culto en tu iglesia, y te encuentras con que el pastor está predicando. ¿Cuál es la primera pregunta que se te cruza en mente? ¿Pero cómo, es que hoy no ha habido alabanza?

Evidentemente, tú no debes saber que declarar la verdad es alabar a Dios. No necesitamos tener dos horas de adoración con banda de música para poder decir que adoramos. También es adoración a Dios la reverencia, la obediencia, la ofrenda, el ayuno.

Entonces, tú concepto de adoración no tiene ya que estar asociado con cantar o saber tocar un instrumento, sino que debe comenzar a expandirse en otros niveles. Eso viene como consecuencia de entender el Nuevo Pacto.

He aquí, tengo un nuevo pacto para mis hijos. Por eso tú tienes un antiguo pacto, Antiguo Testamento, y un nuevo pacto, Nuevo Testamento en tu Biblia. No quiero decir que el Antiguo no sirve; definitivamente, Dios mismo en el Nuevo Testamento, dice que todo lo que ha sido escrito en el Antiguo, ha sido escrito para nuestra enseñanza.

O sea: al leer el Antiguo Pacto, yo aprendo; al entender el Nuevo Pacto, yo vivo. Y créeme que hay una diferencia tremendamente grande entre conocer y vivir. ¿Qué es una playa? Es un lugar al borde del mar, que tiene palmeras, arena. Ah, y el silicio, y el agua salada, y el porcentaje de agua.

¿Y tú qué sabes de la playa? No sé nada, pero sólo sé que cuando tú visitas una y te echas sobre la arena, quizás a la sombra fresca de alguna de esas palmeras, bebiendo un riquísimo refresco de frutas en el cenit de tus vacaciones, puede que no sepas nada del silicio, pero te encanta estar en la playa.

En el Antiguo Testamento todo está asociado a esto. El Espíritu Santo es “cómo” una paloma. Es “cómo” el arca del pacto. Es cómo “la zarza ardiente”. En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo, está en mí. Me guía en cada paso que doy; me despierta, me aconseja en la mañana, pone su consejo en mi vida.

No necesito de palomas blancas, no necesito de un arca de madera. El Espíritu Santo susurra su voluntad, cada día, conmigo: Ahora bien; ¿Qué prefieres tú? ¿Conocer las múltiples manifestaciones del Espíritu Santo, o conocerlo a Él?

Entonces, cuando habla de “haré un nuevo pacto”, no es para despreciar. Todo esto es conjunto a este nuevo tipo de herramientas. ¿Quieres que se mueva la cosa gravemente? Te puede meter en un problema terrible, pero en fin; ahí vamos.

Mateo 6. Ven conmigo a Mateo 6. Para que veas que en todo lo que hacemos, hay dos niveles. Está la manera de la salvación, léase evangélica. Y está la manera del Reino, léase del Espíritu. Mateo 5,6 y 7, es un pasaje tremendo, porque Jesús habla acerca del Reino.

Yo te invito a leerlo vez, tras vez, tras vez. Es un pasaje que una persona, por lo menos, debería leer cada seis meses. Porque es muy sencillo, pero a la vez es muy complejo, tiene mucha profundidad. Yo voy a ser referencia a una sola cosa, para darse cuenta de cuánta profundidad estoy hablando. Sólo voy a pedir que los que entiendan esto y hagan un “clic” interno, digan un tremendo “amén”. Yo no los oiré, pero mi Padre que está en los cielos, seguramente que sí.

(Mateo 6: 25) = Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

(27) ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

(28) Y por el vestido, ¿Por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; (29) pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

(30) Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿No hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

(31) No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

(33) Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Nota lo que dice en el versículo 26. Dice que las aves no siembran, ni siegan, ni almacenan.  Pesar de eso, el padre las alimenta. Estoy en certeza que en este día, vamos a sembrar, ¿Amén? Tienes que sembrar para que luego puedas cosechar.

Indudablemente que eso es así, pero cuando estás en el Reino, cosechas aún sin sembrar. En el Reino tú siembras cuando quieres. No siembras por obligación. Cuando no estás en el Reino, si tú no siembras, tienes un problema: no comes.

Ahí es donde debes ofrendar, diezmar, dar primicias, debes hacer pactos. Pero cuando un día entras en el Reino, todo se resume en esto: busca primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todo os será añadido. Hay gente muy ocupada y preocupada por sembrar para poder tener, pero hay otros que son el simple hecho de ser justos, tienen mayor efectividad.

Porque en el Reino la justicia es mucho más efectiva que la siembra. Entonces, cuando tú oyes o ves por la televisión a alguien que te dice que debes sembrar para que Dios haga tal o cual cosa, está siendo correcto para su plano particular de vida, que es el religioso.

En el plano de vida sin revelación, eso funciona, porque Dios siempre honra la fe. Pero cuando yo camino en la dimensión del Espíritu, yo no necesito sembrar. Y tengo más que ellos. Las aves no siembran; y no les falta nada.

¿Usted me está diciendo, hermano, que dar está mal? No, para nada. La cosa es por qué das, la razón por la cual estás dando. ¿Das porque debes sembrar, o das porque eres justo? Y hay gente que puede sembrar mucho, pero no es justa.

Y llega a fin de año, y está igual, como estaba al principio. Y hay gente que apenas si pudo sembrar, pero camina en justicia, y está constantemente recibiendo las bendiciones de Dios. Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas las cosas serán añadidas.

¿Cuántos creen que todas, tiene que ver con alimento? ¿Cuántos creen que tiene que ver con ropa, y con educación, y con salud? Todas las cosas. Yo no me atrevo a retirar ningún ítem de esta ecuación. Dice que todas las cosas. Todas, son añadidas para aquellos que caminan buscando el Reino de Dios.

¿Te das cuenta que Dios garantiza provisión a los que buscan al Reino? ¿Cuán cierto es esto? La palabra clave de Mateo 6, es JUSTICIA. Si tú eres justo, no te preocupes. Dios te va a dar todo. Por eso en el Antiguo Testamento, dice: no he visto justo desamparado.

No dice “no he visto creyente”, “no he visto judío”, no. Dice: no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan. ¡Pero hermano! ¿Quién es justo en esta vida? ¿Quién no peca siquiera con el pensamiento? ¿Sabes quién es justo? ¿Quién? El que hace la voluntad del Padre.

No se trata de que tú practiques yoga para no pensar mal; no se trata de que no te enojes; no se trata de que tú no puedas decir que esa comida no te gusta; no se trata de que te sientas mal un día, porque las cosas no funcionaron, no tiene nada que ver con las impresiones del alma.

Tiene que ver con el hecho de que él me llame justo. Y él llama justo, no a los que llegan temprano al culto, no a los que tienen los mejores hijos; llama justos a los que hacen Su soberana voluntad. Nada más. Entonces, llegamos por aquí o por allá. Una vez más al Salmo 2.

Él les va a dar las naciones, les va a dar los confines de la tierra, les va a dar el Reino, les va a dar riquezas, les va a dar salud, les va a dar autoridad. ¿A quiénes, a los creyentes? ¡No! A los hijos, porque para ser hijos tuvieron que ser hechos justos.

Porque Dios no tiene hijos injustos. Y si llegara a encontrar uno que es injusto, ten por seguro y ponle la firma que no es hijo. “En la casa de mi Padre, -no en la casa de Dios, en la casa de mi Padre-, muchas moradas hay. Para que donde yo estoy, vosotros estéis.”

¿Y cómo puedes estar donde él está? Sólo por hacer la voluntad del que te eligió. Ahora bien; bajo esa óptica, tú empiezas ahora que hay una diferencia entre lo que yo considero bueno hacer, y lo que Dios me pide hacer. Y no tiene que ver con memorizar mandamientos; es algo mucho más profundo que eso.

Quiero que entiendas bien; es algo mucho más profundo que lo superficial, que lo exterior. Si tú eres salvo y tienes dieciocho años, te corresponde entrar en la Universidad; si tú de verdad has conocido lo que es el Reino de Dios y estás siguiendo a Jesús, tú primera impresión será: ¿Qué es lo que Dios tiene para mí?

No es que carrera te gusta más, no es donde mejor te pagan, no es donde te va a ir mejor, no es que si tu papá es médico tú también debes serlo; es, ¿Qué quiere el Espíritu que tú hagas? Qué decisión más tremenda tiene que tomar un muchacho o una jovencita de diecisiete o dieciocho años.

Absolutamente cierto. Entonces, puede estar cantando, domingo tras domingo, y tener una voz como los mismos ángeles, pero estar estudiando una carrera que Dios nunca pensó para él. Y él, automáticamente, por haber hecho eso, sale de la atmósfera del Reino de Dios.

Por eso, no se trata de que no puedas, ¡Sí puedes hacerlo! El tema es si debes hacerlo. Por eso Pablo dice que todas las cosas le son lícitas, legales, pero que no todas le convienen. Tú puedes estudiar la carrera que te dé la gana, la que tú quieras; o puedes no estudiar.

¿Y sabes qué? No estás pecando. Pero si tú estás siguiendo a Jesús, o dices estar siguiendo a Jesús, y no consideras consejo, estás en problemas. En pocas palabras: no pienses nunca que lo que Dios espera de tu vida es que seas pastor. ¡Eso ni siquiera es bíblico, tal como lo hacemos hoy!

¡Es que el pastor hace la voluntad de Dios! Mira, no sé tú, pero lo que yo puedo decirte, es que una gran mayoría de pastores convencionales que he conocido a lo largo de mi vida, puedo garantizarte que no están haciendo en absoluto la voluntad de Dios. ¡Están haciendo su propia voluntad!

Es que no tiene nada que ver un título con lo que Dios aprueba. Si estuviéramos haciendo la voluntad de Dios, no habría iglesias divididas, no habría competencia, no habría celos. ¡No es así! Tiene que ver con el hecho de que tú involucres al Espíritu Santo en tus decisiones.

¡Es que no sé qué debo estudiar, hermano! Mira; Dios te va a bendecir en cualquier decisión que tomes porque te ama, eres hijo fiel y sincero, pero si te tomas un tiempo de ayuno y oración, Y clamas por una respuesta esclarecedora, ¡Esa respuesta va a llegar, siempre lo hizo!

Porque hay algo que Él ha preparado para ti desde antes de la fundación del mundo. ¿Y sabes qué? Por este camino de tu propia elección, te puede ir bien, pero vas a tener que trabajar duro. Porque en este mundo tienes que trabajar duro y constantemente superarte.

Pero si vas por lo que Él preparó, sin darte cuenta ya terminaste la carrera. Sin darte cuenta, ya tienes maestrías y doctorados. Sin darte cuenta, eres el profesional más joven que tiene su casa propia. Sin darte cuenta, sin sacrificar a tus hijos, sin sacrificar la vida de hogar.

Estas cosas siempre vienen así. ¿Por qué? Porque es como el tren. Tú pones al tren en las vías, y lo duro es hacer arrancar al tren, porque es pesado, porque metal con metal, resbala. Pero una vez que el tren tomó velocidad, lo difícil no es empujarlo, es detenerlo.

Ahora; si tú tomas un tren y lo pones en una autopista asfaltada, ¿Crees que podrá ir por allí? ¡Claro que podría ir por allí! Pero le va a costar mucho trabajo avanzar. Entonces, ¿Qué pasa cuando se entra a la voluntad de Dios?  Es como empezar a mover un tren. ¿Recuerdas cuando tenían locomotoras a vapor? Empezaban a resoplar cuando se movían y ese soplido se volvía más y más rápido hasta que tomaba un ritmo casi vertiginoso.

Mover el tren es un proceso. Al principio te cuesta, y te pregunta muchas veces qué es lo que estás haciendo allí. Dudas si estás estudiando lo correcto, si vives como te gustaría vivir, si estás de novio con la persona adecuada, si crees en lo que debes creer.

Y es una lucha moverte cada mañana. Pero de repente, un día cobras velocidad y, cuando te descuidas, has terminado una brillante carrera, tienes un excelente trabajo y has formado una familia espectacular. ¡Sí que funciona!

¿Y cómo se dieron todas las cosas con tanta facilidad y a otros, lo mismo, les cuesta horrores si son más inteligentes? Es que estás haciendo la voluntad de Dios, y Dios había preparado todo eso para ti desde antes de la fundación del mundo, ¡Por eso no te cuesta!

Entonces te encuentras con la muchachita dulce y hermosa que te dice que quiere ser misionera. ¡Muy bien! Pero… ¿Y qué pasa si Dios no quiere que ella sea misionera? Ni quieras imaginarte los testimonios que cuentan misioneros que se fueron contra la voluntad de Dios a misionar.

¡Claro que Dios va a bendecir ese esfuerzo y va a valorar las virtudes de ese corazón! Pero créeme que todo sería mucho más fácil y sencillo si esa persona hubiera seguido y obedecido el auténtico llamado de Dios para su vida, con una serie de cosas que Él había preparado desde antes de la fundación del mundo.

Nunca te metas en una carrera universitaria sin saber si es la voluntad de Dios. Dios no te creó para trabajar. El trabajo es una maldición que vino como consecuencia del pecado. Dios te trajo para disfrutar esta tierra. Los incrédulos no tienen idea lo tremendo que es vivir en la voluntad de Dios.

¿Necesitas comprarte una casa? Tienes dos maneras. ¿Confías en mamón? Entonces ve al banco y pide un préstamo. ¿Y te lo pueden dar? ¡Sí, claro que te lo pueden dar! Claro, te van a desplumar con los altos intereses, pero bueno; darte por ahí te lo dan.

¡Es que no tengo otra forma! ¡¡¡Sí que la tienes!!! ¿Cuál? Sé justo. ¿Quién sabe si mañana alguien siente en su corazón el mandato de regalarte una casa? ¿Tú crees que Dios te va a hacer difícil vivir? ¿Todavía no te diste cuenta que el que elige el camino más duro, es aquel que no entiende?

En cambio, cuando tú camina en justicia, todas las puertas se abren de manera automática. Por el contrario, cuando ves que las puertas insisten en mantenerse cerradas para ti, es porque quizás todavía estás caminando en el Antiguo Pacto.

Cuando tú entras al Reino de Dios, automáticamente cambia tu calidad de vida. Supongo que estás entendiendo bien el concepto de calidad de vida, ¿Verdad? Tienes que agradecer a Dios porque un día te llevó a la cruz y te hizo salvo. Pero más debes agradecerle por haberte introducido al Reino.

Porque si no, serías un creyente cansado, ¿Entiendes? Porque no se trata de saber ni de ser master en teología, se trata apenas de ser sensible a la voz del Espíritu Santo. Bajo esa óptica, te das cuenta que, al entrar al Reino de Dios, empieza a desarrollarse alrededor de ti, una nueva cultura.

Ya te diste cuenta que muchas de las personas que te conocen suelen juzgarte porque pareces bien raro. No te gustan las fiestas que a los demás enloquecen. No consumes bebidas ni cigarros, No juegas ruleta o caballos ni te paseas con diferentes mujeres cada semana.

Sin embargo, todo eso no es así porque tú hayas hecho algo especial. Tampoco es porque Dios tenga un amor especial por ti. Sólo tiene que ver con gente que, como tú, ha sabido ver lo que el Padre en su momento le mostró como cosas que le agradan y cosas que no le agradan.

Se trata de ser justo, ¿No es cierto? Bien; justicia es lo que en muchos casos, algunos denominan como fundamentalismo o extremismo. Recuerda el asunto de comer o no comer. Come lo que sea, salvo que sepas que fue sacrificado a los ídolos. ¿Llamarías fundamentalista o extremista a quien así lo haga?

Dios valora cuando sus hijos no se enganchan con cualquier cosa y cuando saben filtrar los temas. Porque lo que nos tiene que interesar no es que se respete a la iglesia evangélica; lo que debemos buscar es que el nombre del Señor sea exaltado.

No podemos, conscientemente, incentivar actitudes que van en contra de lo que nosotros mismos decimos. El tema de la medicina, sin ir más lejos, es un tema de conciencia, muy complicado. Porque se supone que debemos caminar en un nivel de sanidad. Y a eso vamos.

Hay cristianos que un día contraen una enfermedad determinada que les impone tomar antibióticos. Consumen la mitad de la caja y lo que sobra lo guardan por si se vuelven a  enfermar. Pregunto: ¿Nadie pensó que si piensan y hasta declaran que van a  volver a usarlos, así será?

Es determinante que los creyentes entiendan que, cuando salen de la fe común y entran a vivir conforme a las riquezas del Reino de Dios, éste se encarga verdaderamente de suplir sus necesidades al punto de darles incluso lo que todavía ni han llegado a pedir.

Y eso es lo que dice Mateo 6. Ni Salomón con toda su gloria se visitó como uno de estos lirios. ¿Cuánto más vuestro Padre? ¿Eso me garantiza que voy a tener la ropa) ¡Claro que me lo garantiza! ¡Me está comparando con Salomón! ¿Y a Dios, le importa eso? Sí.

Le importa que lo representes bien. De hecho, tú no puedes meterte en un ministerio esperando tener casa, ropa y cauto nuevo. ¡No! ¿Tú crees que puedes engañar a Dios? ¿Tú crees que Él no sabe lo que hay en nuestro corazón, antes que salga una sola palabra?

¿Cuál es nuestra meta en la vida? Hacer su voluntad. No importa ya todas las cosas negativas que te gustan, las dejas. Justicia. ¿Dios te dice que abandones todas esas cosas? No, pero en tu espíritu sientes que no debes, no puedes.

Porque lo que Dios nos lleva a confrontar, es nuestro nivel de tolerancia o aceptación a algo. Dios te juzga por eso, ya no es por los quinientos o seiscientos mandamientos de la ley. Eso es en el Antiguo Pacto. En el Nuevo Pacto, Él te juzga por tu nivel de luz.

Ese es el punto. Entonces, cuando tú empiezas a entender una dimensión del espíritu que antes no entendías, (Por ejemplo, la adoración profética), tú ya no te sientes satisfecho cantando un corito de dos estrofas que no dicen nada.

Es lo que les pasa a muchos salmistas jóvenes, hoy. Se bajan de la plataforma frustrados y no porque hayan cantado mal, no porque a Dios no le haya agradado, sino porque un día, el Espíritu te dio esta perla: adoración profética.

Entonces, a la luz de seguir trabajando en algo, esa perla está allí, está metida entre ceja y ceja; la estás viendo. Y cuando no alcanzas eso, te sientes frustrado. Por eso Él dice que no todo el que le dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad del Padre que está en los cielos.

No se trata que tú confieses, no se trata de un rito; se trata de hacer la voluntad. Por eso es que, la pregunta más importante que tú deberás hacer cada día, es: ¿Cuál es tu voluntad para mí, hoy? Nada más. ¿Y sabes qué? En esa dirección, al principio, hay un silencio atronador; te sientes un tonto porque no hay respuesta. Pero si perseveras días tras día, lentamente, tu espíritu comienza a hacerse sensible a su voz.

Entonces ya no necesitas escuchar una frase, sino que, en el transcurso del día, tú vas a saber que algo dentro de ti te inclina  la derecha o te inclina hacia la izquierda, te inclinan a hablarle a alguien o a no hablarle a alguien, te inclina a no hacer un negocio o a hacerlo, te inclina a no ir a ver cierta película.

¿Y de dónde nace eso? ¡No lo sé! El que es nacido del Espíritu, no entiende esas cosas. Sólo sé que algo dentro de mí no da testimonio de qué yo haga o no haga todo eso. Punto. Entonces, la mayoría de las veces mis negativas no tienen una lógica.

No quiero subirme a ese taxi. No quiero entrar a comer en ese restaurant. ¡Y no sé por qué, pero lo que sí sé con certeza es que no quiero! Porque el Reino de Dios comienza a moverse en otra dimensión. Y te empieza a mover a ti. Te empieza a conducir.

La voluntad de Dios, revelada por Jesucristo, era que nosotros los creyentes fuéramos gobernados no por las leyes del Antiguo Testamento, sino por las leyes del Reino. ¿Por qué digo que en el Reino no hay esterilidad? Mateo capítulo 21, búscalo por favor.

Este es el año en que toda esterilidad tiene que ser rota. Es que yo quiero sembrar. ¡No siembres! ¡Entiende primero lo que Dios te está hablando! Camina en niveles de justicia. Sube tu nivel de justicia, sube la vara. No toleres comentarios que ofenden a otras personas, aunque ellas no te escuchen. No toleres la murmuración, no toleres el chisme. No toleres la injusticia. Dios es testigo de eso, Él sabe lo que hacemos en secreto.

(Mateo 21: 43) = Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.

Si tú estás viviendo en el Reino de Dios, el fruto constante, ¿Sabes qué? Es el sello de tu vida. Constantemente estás rodeado de fruto. Sin ir más lejos, muchos se preocupan por dar o no dar el diezmo. Eso es en la iglesia convencional. En el Reino de Dios las cosas funcionan de otro modo porque las leyes de ese Reino, son al revés que las otras. Aquí no das el diez, aquí das el noventa y vives con el diez.

Las leyes son al revés. Al que no tiene nada, aún lo poco que tiene se le quita. Y se le da al que más tiene, ¿Cómo entiendes eso? Porque lo que Dios aprueba no es la cantidad, es el corazón que está detrás de eso. El vivir en el Reino te hace a ti manifestar otras cosas.

Tú eres un trabajador normal, en una oficina. Y de repente eres testigos de una extorsión. ¿Qué harás? Te das cuenta de la corrupción que hay. ¿Qué haría Jesús? Te hago una pregunta. En la época de Jesús estaba el templo, y el templo tenía su propia moneda.

Porque el concepto de los judíos era que el dinero, la moneda, la plata de los gentiles, o la del pueblo en su globalidad, no podía ser la misma que había en el templo. Tú y yo sabemos que dinero es dinero, punto. Pero ellos le habían puesto una categoría.

Entonces, la gente que traía su ofrenda al alfolí, tenía que ir a unas ventanillas, que en realidad eran mesas, como si fuera un banco, donde cambiaba su dinero judío, por dinero del templo. Quienes administraban eso y sacaban sus ganancias, los cambistas, eran miembros de la propia familia del sumo sacerdote.

Para que hagas cuentas. ¿A Dios, le importaba qué moneda entraba al alfolí? No. ¿Quién estableció eso? La religión judía. Los judíos, ¿Sabían que eso pasaba? ¡Claro! Si ellos eran los que cada año traían su ofrenda anual, subían y tenían que ir con el cambista.

Y cuando ellos traían, por ejemplo, cien dólares de afuera, los cambistas se lo cambiaban por sesenta dracmas de adentro, ¿Se entiende? Y como el cambio en realidad era de uno a uno, esos cuarenta que recibían beneficiaban a la familia del sumo sacerdote.

Ahora bien; Jesús entra al templo y, muy lejos de asumir una costumbre, una tradición y hasta un supuesto derecho establecido de corrupción, Él denuncia eso. Las desparrama las mesas a los cambistas, los llama ladrones y les revoleó delante de sus narices un azote.

¿Se calló? No. Los llamó como lo que eran: ladrones. Tú estás trabajando en tu escritorio anónimo, y ves que tu jefe está recibiendo un sobre con cien mil dólares, para que apruebe un proyecto. ¿Qué harás? La respuesta es esta: ¿Qué haría Jesús?

Mejor no hago nada, en definitiva en todas partes es así y lo único que voy a ganar es que me despidan de mi trabajo. Está bien, pero entonces no sirve de nada que tú hayas conocido lo que ellos todavía no conocen. Hay miles de personas caminando las calles reclamando ayuda. Y ni siquiera son creyentes.

El escaso nivel de justicia que hay, los hace denunciar que cierta clase de negocios oficiales no son justos, y que los impuestos que se deben pagar, tampoco son justos. Y tú estás viendo ese sobre qué pasa delante de tu nariz, siendo creyente, y miras al techo y te haces el distraído.

Como consecuencia, días después, ni tienes ganas de orar, ni de leer la Biblia, sientes frustración, desánimo, depresión. ¿Sabes qué está pasando? Que la mano del Señor se está apartando de ti. Al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace…

Es una pelea constante, de hecho. ¿Por qué no tomamos la actitud de leer el periódico o ver las noticias por la televisión e ignorarlas? Por un tema de justicia. Ese es el problema mayor en Latinoamérica. Tenemos una iglesia cristiana altamente silenciosa.

¡Nosotros no, hermano! ¡Tenemos una tremenda alabanza en nuestros cultos! Sí, seguramente, Cuando cantan se sacuden las paredes y hasta los ángeles se mueren de envidia, pero hacen total y absoluto silencio ante los temas más candentes.

¿Has oído la voz de la iglesia cristiana respecto al matrimonio homosexual en los países donde se ha autorizado? ¿Has escuchado alguna opinión oficial de la iglesia cristiana respecto a  las probables leyes para el aborto que muchas legislaturas están dispuestas a votar?

¿Hay alguna reacción de los hermanos cuando toman conocimiento que en las calles de las ciudades donde viven, se vende droga? ¿O has visto alguna reacción de hermanos que saben que en las oficinas donde trabajan se prostituyen a las mujeres?

¿Cómo reaccionaría Daniel? ¿Cómo reaccionaría José? ¡Es que pueden perder su trabajo! Sí, es probable, pero seguramente van a ganar el Reino. De allí en más la lucha será tuya, íntima personal, dura y hasta cruel contra tu propia calidad de incredulidad.

Porque lo que Dios le ha pedido a su iglesia es que sea la columna de justicia en la tierra. Que el mundo sepa que no puede hacer lo que le da la gana. Que Dios está mirando esto. Nuestros pasos juzgan a esta creación, juzgan a los impíos.

Por un justo Dios se mueve. Lo hizo con Lot en Sodoma, lo hizo con Noé. ¡Lo hizo con los animales que salvó Noé! Porque Dios ama a los animales. ¿Sabes algo? Hay animales en el cielo. ¿Cómo lo sabe? ¡Tienen alma! Dios los preserva y evita que se extingan, pese a los hombres crueles. ¿Y entonces los dinosaurios por qué se extinguieron? Porque no habían sido creados por Dios.

Ya deja de reírte y burlarte de los que aman y defienden a los animales; están cumpliendo un rol que también es espiritual. De hecho, no le están predicando a nadie ni repartiendo tratados, pero están rescatando y salvando a esos seres a los que Dios también ama.

Esas personas, lo veas o no, te agrade o no, lo compartas o no, están siendo justas. Dice la Palabra: No pondrás bozal al buey que trilla. Eso te demuestra que Dios tiene cuidado del buey que trilla. Justicia. Y Dios te dice: te apruebo a ti. Y a lo mejor no aprueba a otro que, si bien anda predicando por allí, también sigue siendo permisivo con el pecado; propio y ajeno.

¿Te das cuenta? Estamos aquí para establecer una cultura distinta. Ese es el tema. LA cultura del Reino de Dios. Una cultura donde no debe haber competencias, sino cooperación. Hay misericordia, hay radicalización. A la iglesia están invitados todos a venir, pero al Reino, no.

Al Reino sólo entran los que califican. Nadie puede negarle el ingreso a una persona a una congregación, pero sí se pueden cerrar las puertas del Reino. Cuando la Biblia dice que Jesús vino a hacer la voluntad del Padre, no se trata de que él se pasó predicando todos los días.

Cualquiera de ustedes puede darse cuenta fácilmente que él no hacía eso todo el tiempo. Eso sí; ayudaba todo el tiempo. Es más; hablaba con una clase de personas con las que nadie se atrevía a hablar en esos tiempos. Iba a comer a casas donde ninguna persona que se respete entraría.

¿Y por qué lo hacia él? Porque su Padre lo dirigía a hacerlo. No era porque fuera un buen samaritano, era por su Padre lo enviaba a hacerlo. ¿Debes predicar? Sí. ¿A todos? No. Predícale a quien Dios te dice que le prediques.

¡Bueno! ¡Eso es diferente! Claro que lo es. Enseña a tus hijos justicia. No sólo debes enseñarles a lavarse los dientes, también debes enseñarles justicia. Créeme que esa es la enseñanza más difícil. ¿Y sabes qué? Dios te va a rodear de cosas.

Yo no veo ningún sentido a congregarse en un lugar en donde no se enseña del Reino. Para eso tengo la Biblia, ya puedo pasar muy bien en casa. En ella se aprende mucho de Dios. Pero la idea de congregarnos es que hoy día se puedan dejar en evidencia cosas del Reino de Dios que, a veces al leerlas, ni cuenta nos damos.

Es mi oración permanente para con ustedes que Dios, que hasta aquí te regaló la salvación sin mérito tuyo alguno, te permita ahora dar el siguiente paso. Entender el pacto que él ha hecho contigo. Y que eso te lleve a una vida en el Espíritu, en la que tú puedas cosechar donde nunca has sembrado.

Y que también puedas almacenar aquello que nunca has buscado. Ese es el Dios que tenemos. A nadie le paga como se merece, siempre nos da más de lo que podemos entender. Por eso decimos: Justo. Eres justo. Pero por otro lado, él nos pide cosas, porque las hemos recibido.

Y él espera que el que tenga un denario, dé el fruto de ese denario. Y el que tiene tres, de tres; y el que tiene cinco, de cinco. Él no te pide que des cinco teniendo uno. Él te da el primero. Que el Espíritu de Dios permita que tus ojos se abran a una vida del Espíritu.

No a la típica vida de la iglesia, programada, cerrada, obtusa, limitada. Sino a la vida de una iglesia en la que el Espíritu Santo está presente, y ejecuta, y habla, y dispone, y podemos ver su voluntad en las decisiones que se toman cada día.

Que puedas tener la paciencia y la perseverancia para preguntarle al Señor qué es lo que él quiere hacer contigo. Que no camines alocadamente, tomando decisiones a ciegas, cuando el Espíritu Santo está a tu lado, muy cerca de ti, para guiarte a toda verdad.

Que no te canses de preguntarle: Señor, ¿Qué esperas de mí? Que te des cuenta que es difícil empezar, poner en marcha el tren, pero que luego, por pura inercia del Espíritu, serás imparable. Que puedas reconocer los tiempos que Dios ha puesto para que vivas.

Hay tiempos para aprender mucho, tiempos para estar atentos, tiempos para cerrar los oídos y avanzar. Hay tiempos para estar yendo despacio, pero hay tiempos para correr. Que reconozcas el tiempo que Dios te ha dado. Que te des cuenta que el dar frutos no es el beneficio de unos pocos, sino el derecho que Dios ha puesto para sus hijos.

Que en tu corazón se despierte el deseo de agradar a Dios en todo lo que haces. Y te conviertas en un pregonero de justicia, que donde veas el mal, tu voz se levante. Que no te quedes impasible para con lo que Dios está condenando.

 

 

 

 

 

 

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febrero 4, 2016 Néstor Martínez