Hay algo que muy pocos lo dicen y son los más los que se ofenden cuando lo oyen, pero es así. En primer lugar, decir que los hijos de Dios somos lo que ya sabemos, porque así lo hemos aprendido, pero de ninguna manera somos intocables. Y nuestros ministros, tampoco lo son. Estadísticamente, cerca de trescientos ministros caen por año de sus ministerios por causas morales. Y esto no lo inventé yo, es el resultado del examen de un instituto pastoral de mucho prestigio internacional. Es alarmante que trescientas personas promedio se caigan del ministerio por situaciones morales, pero entiendo que ti y yo sabemos de qué estamos hablando.
¿Y por qué se genera todo esto? Entre otras cosas, hay una serie de elementos que están girando y determina que esto suceda. Obviamente que no es algo nuevo, es una lamentable constante, ayudada consciente o inconscientemente por demasiada improvisación ministerial. Cualquier persona termina en una posición de liderazgo sin que se sepa muy bien por qué y bajo la unción de quien ha llegado allí. Es muy cierto que Dios levanta al que se le antoja y todos pueden tener su oportunidad, pero bien vale recordar a Pablo cuando nos sugiere escoger gente idónea para el trabajo que Dios nos haya pedido hacer. ¿Por qué digo esto? Y, porque si un arquitecto se equivoca, la casa se cae. Si un médico se equivoca el enfermo se muere. Si un mecánico se equivoca el auto se parte en pedazos.
Sin embargo, si es un ministro del Señor el que se equivoca, habrá muchas vidas que habrán sido dañadas para siempre. Cada uno de nosotros ha conocido a un hombre, o a una mujer, o a una familia, o a un matrimonio que fue destruido por un ministro falso. Son muchas cosas las que interactúan en esto, por eso creo que una gran mayoría de nosotros siente un santo temor al ministerio. Por eso es clave que oremos para que el Señor siempre nos dé la sabiduría, el dominio propio y la autoridad para que cosas así no vuelvan a suceder. Mantener nuestros estatutos de fe bien fuertes. Estatuto viene de estatua, y una estatua no se mueve, es imperturbable e inamovible.
Dios quiere que nosotros seamos firmes y que no nos doblemos. Este mundo maneja un sistema de corrupción tan bien diseñado por el infierno que aún los más altos danieles parecen ser tentados. Pero la iglesia que va a consolidar el Reino de Dios en esta tierra, es gente que no se deja manipular, que no se vende, que no se deja sobornar por un espacio televisivo, por cinco minutos de gloria. Es gente que sabe que está donde debe estar porque debe estar y también sabe quien lo ha puesto allí. De allí que he oído en más de una ocasión, a ancianos en edad y en servicio al Señor, decir con total seguridad y certeza a quien quisiera escucharlo, sólo dos palabras: Sé fiel.
¿Qué significa eso en nuestros ambientes? Muchas cosas, entre ellas, y te doy un ejemplo, cuando encuentres la sabiduría, no la vendas. Guárdala y úsala cuando recibas lo que Dios te envía para que ejecutes. Mira Hebreos 11. ¿Quién no ha escuchado, leído y hasta enseñado respecto al pasaje de la salida de Egipto del pueblo de Israel? No voy a repetir cosas que ya has escuchado, voy a ver si puedo ayudarte a ver algunos detalles que tal vez en ese tiempo y momento no alcanzaste a determinar. Esa tiene que ser nuestra visión hoy día. Porque la estrategia que Dios ha diseñado para vencer al sistema mundano, o como normalmente decimos, el sistema de Egipto, se llama Pascua.
La Pascua es lo que quiebra el poder de Faraón. Ahora bien: la mayoría de nosotros tenemos la interpretación clásica cuando lo tratamos así: Egipto es el mundo, Faraón es el diablo y, el día que nos convertimos, salimos de Egipto. ¿Salimos realmente? Vamos a verlo. Hebreos 11:27 y 28. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. El éxodo, fue un diseño divino de Dios, no sólo para sacarlos de Egipto, sino para quebrar el poder de esa nación y, por ende, del sistema espiritual llamado Egipto. Hay muchos detalles en esta hermosa historia que, sin dudas, debe ser la más gloriosa en la historia de Israel.
Uno de ellos, por qué escogían el día 10 para aprisionar el cordero y recién lo sacrificaban el día 14. ¿Cuál era la causa? O ¿Por qué se celebraba esto el primer mes y no el segundo o tercero? ¿Por qué tenía que ser la carne asada y no hervida en agua? ¿Por qué deberíamos compartirlo con el vecino? Mira, hay muchos detalles que nosotros no los agarramos, pero si sabemos que nunca Dios ha dejado algo suelto, sino que todo lo que hizo, fijo o hizo decir, siempre estuvo y está conectado con otra cosa. O sea que esta historia comenzó un día en el huerto del Edén, frente al árbol de la vida, y termina otra vez, muchos años después, en un lugar llamado La Nueva Jerusalén, un nuevo Edén con un nuevo Árbol de la Vida. O sea que hay una dinámica que no ha cambiado en sesenta y tantos libros, porque Dios no improvisa.
Él tiene una visión exacta de lo que quiere lograr con nosotros. Por eso, cuando vemos todas estas cosas, no podemos dejar de sentirnos en la superficie, porque todavía hay muchas cosas que no logramos entender. Puedes acudir a libros de exégesis o lo que mejor te parezca, pero siempre vas a transitar por allí hasta un punto. Es como si algo o alguien e dijera: “Es hasta aquí”. Y cuando comienzas a deprimirte porque no encuentras más, es cuando seguramente Dios envía a alguien que te diga que lo que ahora necesitas para acceder a más, es el Espíritu Santo. Él es el mejor exegeta de la Palabra. Cuando puedes combinar esas dos áreas, es cuando puedes llegar a cosas jamás imaginadas e impresionantes.
El pueblo de Israel estuvo cuatrocientos treinta años en casa de Faraón. Ahora escúchame bien: la casa de Egipto, es la casa de las ataduras. Lo cierto es que, básicamente, tenemos ataduras de amargura, ataduras de opresión, ataduras de pobreza, ataduras de hambre y ataduras de enfermedad. Son cinco ataduras. Amargura, opresión, pobreza, hambre y enfermedad. Esa es la casa de Faraón. Es una casa de ataduras, de gran opresión. No podemos discutir que Egipto representa al mundo y a todas las ataduras que el mundo quiere poner en nosotros, y la que logró ponernos, seguramente, antes que conociéramos al Señor. Y también puede darse el hecho de que una persona, estando en el Señor, vuelva atrás y caiga en algunas de estas ataduras.
Todos sabemos más que bien que la persona que hoy conoce al Señor y empieza una vida de cumplimientos, iglesia, biblia y oración, mañana esté en el mismo camino y en el mismo andar. Todos nosotros, y ustedes que están allí, del otro lado, seguramente pueden contar con los dedos de una mano, o de las dos, a gente que conocieron dentro de la iglesia y que hoy ya no está, y anda afuera haciendo cualquiera. Esto te muestra que, en este camino, lamentablemente, van cayendo muchos. Y que haber salido un día de Egipto, no significa que algún día no vamos a volver. Hay gente que tarde o temprano, vuelve. ¿Por qué vuelve? No lo sé y no quisiera hacer ninguna apología al respecto, pero por alguna razón, vuelve.
Vamos a Éxodo 1. Sabes, Egipto no tiene misericordia de las personas. Cuando alguien que sale de Egipto, un día vuelve, la ira de Faraón es aún mayor. ¿Por qué? Simple, porque si el perro se le escapó y pudo recuperarlo, para la próxima va a ponerle una cadena más grande. Para que eso no se repita. Éxodo 1:11: Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. Más adelante, en el verso 13, Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, 14.- y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor. Y aquí te sugiero que retornes a la escena de lo que te compartí respecto a Adán. Espíritu, alma y cuerpo y todo eso.
El primer día completo de Adán, fue el séptimo. Y el séptimo fue el día de reposo. Ya te lo he dicho alguna vez: Dios creó al hombre para que descanse. No lo creó para trabajar. El huerto no necesitaba ser atendido. Todo funcionaba con tecnología de punta, casi una onda Inteligencia artificial. Todo estaba controlado. El agua regaba el jardín, el césped verde creía y se fortalecía, todo estaba perfectamente diseñado por Dios de manera más precisa y perfecta que un software celestial. Dios quería que su hijo reposara. El asunto es que, cuando Adán peca, ahí comienza el tema del trabajo. Hasta antes de eso, él tenía una vida de reposo. Trata de imaginarte qué podría sentir Dios al ver a sus hijos, a los que Él había creado para reposar, haciendo ladrillos de lunes a domingo, horas y horas al día, trabajando intensamente, para edificar un imperio.
Yo no sé cuantos de ustedes han estado en Egipto o, al menos, han visto fotos o videos documentales de su tierra. Pero esas tremendas pirámides, como es la de Keops, es básicamente una tumba. Eso se hizo para enterrar a un faraón. ¡A una persona! O sea: los hebreos se pasaron cuatrocientos treinta años haciendo tumbas. Hay un lugar que se llama el valle de los reyes, donde hay varios enterrados. Ahí encontraron a Tutankamón y otros más. Incluso encontraron allí el cuerpo momificado de la primera faraona mujer. ¿Qué pasa con eso? Pasa que allí nos va a meter el diablo si nosotros volvemos, o allí nos tiene el diablo. Pero cuando estamos en oscuridad, nos da lo mismo si construyen una tumba o un palacio. Igualmente, no es para mí, entonces no veo lo que hago. Y dice la Biblia que ellos fueron amargados con dura servidumbre.
Escucha: cuando el trabajo en el ministerio ya no me da el placer que yo tenía, aun haciendo las cosas para el Señor, puedo estar en dura amargura. ¿Estás de acuerdo con esto? Y aunque tú estés haciendo de todo para el Rey de reyes, puedes terminar construyendo una tumba para ti mismo. Por eso es muy importante que, constantemente, pensemos en disfrutar lo que hacemos. Yo estoy haciendo lo que más me gusta hacer en la vida, que es enseñar, abrir ojos cerrados y despertar espíritus dormidos. Más allá de la familia, los amigos y las responsabilidades, eso es así y cada uno de mi núcleo familiar lo sabe, lo respeta y además me apoya. ¿Qué más puedo pedirle a Dios? De eso se trata nuestra vida en Dios, estar haciendo lo que nos gusta. He visto muchas veces a ministros que se lamentan de ser ministros y, si pudiera les diría: ¡Deja eso! ¡Vete ya mismo! ¡No sufras por algo que tiene que ser un goce permanente o nada!
Dios nos creó para disfrutar de su creación. Y te digo algo más que por ahí te fastidia, pero que es así, estoy convencido. Hay gente mucho más capaz que nosotros dispuesta a hacer lo que hoy estamos haciendo nosotros. Si mañana abandonamos, seguramente Dios habrá de levantar a algunos de ellos y no será demasiado el cambio. Lo ideal es que disfrutes lo que haces, porque de otro modo, en la libertad de Dios, corres el riesgo de terminar haciendo pirámides. Creo que ya jugamos demasiado tiempo a las pirámides. De hecho, hay grandes iglesias que parecen pirámides. Por construcción de poderes y por su final convertidas en tumbas, a veces. La iglesia es un cubo. Y si no lo crees, mira la nueva Jerusalén, es un cubo perfecto.
Un sitio en donde los apóstoles están en el cimiento, no son visibles. Pablo está en el cimiento. Por eso dice que cada uno edifique como le ha sido ordenado, pero que se cuide muy bien de ver como sobreedifica. El diseño de los hombres convierte a la iglesia en una pirámide. Allí es donde el líder está en la punta. Y esto provocó un verdadero impacto, porque la gente entendió lo que se estaba diciendo. Yo solamente fui uno más de los que tuvo mandato para decirlo. Pero eso fue porque anteriormente me había sido mostrado. No iba a copiarle algo que no entendía ni creía a alguien solo porque sonaba lindo y guerrero. Aquí es donde no son pocos los que han sucumbido a la tentación de integrarse a la pléyade de estrellas evangélicas y obtener mucho prestigio y buen dinero con ello, pero con la condición de no llevar este mensaje. Gracias, paso. Vine a esta tierra a ser libre en Cristo, no esclavo a rudimentos humanos. Por algunas cosas que he visto y otras que he vivido, puedo asegurarte que Sodoma está presente en la iglesia.
Para sacarnos de esta casa de servidumbre, Dios tiene un plan que incluye: Liberación, Purificación, Sanidad y Restauración. Esto en su conjunto, es lo que nos ayuda a sanar de esa atadura que hemos tenido en esa casa de Faraón. ¿Cómo creen ustedes que es, un pueblo que ha estado cuatrocientos treinta años haciendo ladrillos? ¿Serán muy sanos? ¿Serán muy fuertes? Personas que hacen ladrillos siete días a la semana, dieciséis o dieciocho horas al día, pregunto: ¿Tú crees que es gente fuerte y sana? ¿Qué consume una dieta excelente y balanceada en proteínas y vitaminas? No, ¿Verdad? Yo estoy seguro que el pueblo de Israel padecía gran dolor. De hecho, ellos clamaron. Lo que no me explico es por qué tardaron cuatrocientos treinta años en empezar a clamar. Ese es otro asunto, pero lo cierto es que ellos clamaron y Dios les respondió.
Y así fue como diseñó la Pascua para quebrar eso definitivamente. De todos modos, sería bueno empezar a entrar en lo sobrenatural. Mira el salmo 105. Soy uno de los que cree que gente que estuvo trabajando por espacio de más de cuatrocientos años en esclavitud como esa gente, no pudo haber estado sana. Escucha: si los faraones, que lo tenían todo a su disposición, se morían entre los treinta y los cuarenta años. A eso lo investigaron y descubrieron en las momias, que además presentan rastros de artrosis y ataques reumáticos. Si eso lo vivían y sufrían los faraones, ¡Imagínate qué menos sufrirían los esclavos! Sin embargo, algo sobrenatural ocurrió la noche en que ellos celebraron el Pesaj, la Pascua. Algo extraordinario pasó. Mira esto.
Salmo 105:37: Los sacó con plata y oro; Y no hubo en sus tribus enfermo. Escucha; esa noche, en Egipto, tres millones de personas recibieron alguna clase o forma de sanidad. Porque aquí la Palabra dice que salieron sin enfermedad de casa de Egipto. Esta gente salió caminando erguidos, es decir, como una persona absolutamente sana. Porque la noche anterior, ellos participaron de un Pesaj, de una Pascua. Y algo sobrenatural pasó en esa Pascua. Dios los alineó con el Reino, y el Reino es un Reino de salud. Ellos no salieron ni rengueando ni llenos de dolores. Y ten en cuenta que les esperaba un prolongado tiempo de caminata en el desierto. Pero ellos salieron fuertes, y no sólo eso: salieron con mucha riqueza. Cobraron sus utilidades por cuatrocientos treinta años. Iban a construir un tabernáculo que, si le diéramos un valor actualizado a estos tiempos, oscilaría en los veinte millones de dólares. ¿Estás entendiendo lo que digo, tú que se creyó sincera pero ingenuamente la teología del pobre hermanito pobre y miserable?
Es decir que, la participación del cordero pascual, les dio a ellos sanidad. Y no hubo entre ellos, enfermos. No sé que piensas tú en este exacto momento. Yo, sencillamente le creo a la Palabra. Lo material no se desgastó. Ni sus sandalias, ni sus vestidos. No necesitaron médicos. La única vez que ellos requieren atención médica es por causa de las serpientes, que venían por causa de, tú sabes más que bien qué. Y también la solución vino de parte del Señor. De hecho, lo que espiritualmente llamamos como la casa de Egipto, es una casa de enfermedad. Y también de hecho, hay toda una teología respecto a la sanidad divina. No me voy a meter en eso porque respeto profundamente a las personas que de alguna manera hacen de eso su especialidad, su ciencia. El árbol siempre se conoce por sus frutos.
En todo caso, a mí en lo personal me sucede lo que quizás también te ocurre a ti. No sé responder con conocimiento real el por que algunas veces la gente se sana y otras veces no. Pero si creo y estoy sinceramente convencido, que, como hijo de Dios, tengo legítimo derecho a vivir sin enfermedades. Creo que lo que como iglesia debemos aprender, es a ver a la salud como una consecuencia de su vida en Dios. Que no es nada extraordinario ser sanos, todo lo contrario. Lo raro en todo caso, sería la enfermedad. Vamos al libro del Éxodo, capítulo 12. La palabra Pascua, tiene dos significados. Teológicamente, significa Pasar de largo. Pesaj. Pero también significa protección. En el capítulo 12 y verso 11, dice: Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la pascua de Jehová.
La Pascua, queda claro, no fue un invento humano. Es la Pascua del Señor, no de la iglesia. Porque cuando dice “pasar de largo”, es porque esa noche se iba a liberar el ángel de la muerte y sólo aquellos dinteles que tuvieran la sangre del cordero pintada, no verían muerte de sus primogénitos. Esa sangre, entiende, era la diferencia entre la vida y la muerte. Hoy estamos bombardeados por malas noticias. Te dicen que ha aparecido una nueva enfermedad altamente mortal. Te dan los síntomas que la preceden y a ti ya te empieza a doler todo lo que allí te dicen que debe doler para que te mueras rápido. ¡Pero es que esas son las noticias de todos los días! Sí, no te lo negaré porque fui periodista y hasta hace muy poco tiempo yo desayunaba, almorzaba, merendaba y cenaba viendo las noticias. Para estar informado, me excusaba. Dios dice “¡Basta! Si quieres ver las noticias míralas, pero están armadas para atenuar tu fe.
El tema es que, muchas de las cosas que nosotros recibimos, no aportan en nosotros, fe, sino más bien lo contrario. Y es que hablando de eso, precisamente, que Jesús dice: Cuando vuelva el hijo del hombre, ¿Hallará fe en la tierra? Dos cosas están siendo destruidas: la fe y el amor. El amor de muchos se enfriará, ¿Recuerdas? Cuando llegó el Covid los hijos de Dios genuinos, (No me estoy refiriendo a la masa global que va a iglesias) quedó en la gran duda: ¿A quien debía obedecer? ¿Vacuna? ¿No vacuna? Hubo de ambas posturas. A mí me entrenaron para mirar las cosas desde un costado imparcial, así que me pregunté: Si existe un solo Espíritu Santo y jamás se contradice, ¿Cómo puede haber cristianos que se vacunan y cristianos que hasta militan en las calles con pancartas anti vacuna? ¿Solución? Salmo 91.
Lo cierto es que los creyentes deberían poder vivir sanos. Pero para muchos de los que me escuchan o me leen, esto que digo les está llegando tarde. Sucede que todos tenemos, casi desde la adolescencia hacia adelante, un montón de estructuras adheridas a nuestra mente. De acuerdo, pero nada te impide hoy, aun que te haya tocado estar enfermo, formar en tus hijos la mentalidad de ser poseedores de sanidad divina. Si ahora mismo estuviera ante un micrófono en algún lugar, con ustedes allí, oyéndome, seguramente les preguntaría a cuantos de ustedes alguna vez el Señor los sanó de algo. A mí me selló una hernia inguinal sin más bisturí que la oración de un hermano, que no era precisamente un sanador itinerante, sino un simple ayudante en una iglesia. Sería muy bueno que nuestros hijos crezcan em una dimensión de salud.
Pero te habrás dado cuenta que todo el sistema de Egipto en el que vivimos, somos vecinos. Y ya hemos visto que nos bombardea enfermedad y anti fe. Y eso por algún lado se nos va a adherir. Es como cuando estás en algún lugar en el que está permitido fumar. Tú no fumas, obviamente, pero sales de allí oliendo a tabaco y con algunas partículas dentro de tus pulmones como si lo hubieras hecho. “Fumador pasivo”, llaman a eso, aunque de pasivo no tiene nada. Eso me recuerda a aquel dicho que dice que el que desea ser sabio, que camine con los sabios, porque el que camina con necios…bueno. Si te juntas con fumadores, terminarás fumado, aunque nunca lleves un cigarro a tu boca. ¿Qué quiero decir con esto? Que siempre debes buscar reunirte con personas que vivan en un estándar de fe superior al tuyo.
Sabemos que hay profetas que hablan diversos idiomas acordes al país en el que estén. Y eso sin haberlos aprendido nunca. ¿Sabes por qué? Porque los idiomas son un asunto espiritual, no intelectual. Y sio no alcanzas a verlo así, mira donde comienzan los idiomas. Y luego mira Hechos 2. Y ahora dime si son o no son algo espiritual. Personalmente detesto esas conversaciones donde todo gira en derredor al clima o la política del lugar. ¡No! Yo quiero hablar del Dios sobrenatural que tenemos y recibir de esas conversaciones una ministración y una unción especial. Ese es el mejor antídoto a todo lo malo que recibimos del sistema Egipto. ¿Quieres saber algo? ¡Egipto no puede con lo sobrenatural! De pronto se abrió el mar y el pueblo comenzó a pasar. ¿Sabes qué? ¡Hasta allí llegó Faraón! ¡Cristo es nuestra Pascua.