En aquel tiempo y momento, cuando Zacarías, sacerdote padre de Juan el Bautista lleva el incienso, ya Jesús está en el vientre de María. Y eso es importante, porque estamos hablando de la antigua arca, y el arca es tipología de Cristo. Y eso no puede ser la sombra de lo que habría de venir, tal como se nos enseña respecto al Antiguo Testamento, si es que la realidad que es Cristo, ya llegó. Nuestro mayor problema, hoy, es que estamos trabajando en tiempo de realidades, pero todavía con sombras. Entonces tenemos una mezcla rara y uniforme, que es el mismo sentir que tenía el escritor de la carta a los Hebreos. Allí nos habla, entre otras cosas, del reposicionamiento del altar del incienso.
Allí es donde vemos en el libro del Éxodo, capítulo 40, algunas cosas que nos resultarán más que importantes y familiares. Por ejemplo, en el verso 22, dice que puso la mesa en el tabernáculo de reunión, al lado norte de la cortina, fuera del velo. Y digo que es importante porque nos describe en qué lugar estaba la mesa, muy importante. Diez capítulos antes en el mismo libro, en el 30, se describe el altar y como se lo debe construir. En el verso 6 se nos muestra que lo pone delante del velo. Presta atención a este detalle: delante del velo. En el 9 se nos advierte respecto a no ofrecer sobre ese altar incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda. Ni tampoco derramar sobre él libación. Y luego de todo el detalle, en los versos 37 y 38 se advierte, textualmente: Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo.
Vemos que se está reposicionando el altar de incienso. El altar de incienso era el lugar en donde se encendía el incienso, y en las Escrituras eso siempre tiene que ver con las oraciones de los santos. Porque el altar de incienso, en la Escritura, siempre representa sacrificio espiritual, no físico. Aunque es externo, es espiritual. En el Salmo 141:2, nos habla de un espíritu contrito y del incienso participando en eso. Apocalipsis capítulo 8, versos 1-5, también hace referencia a todo lo que es el incienso en la vida del creyente. En suma: el incienso, en la Escritura, representa la respuesta que tú le das a la vida; tu actitud.
Oración no es algo que tú haces por tus rodillas. Ayuno no es algo que tú haces cuando no comes, y alabanza no tiene absolutamente nada que ver con canciones. Porque si las canciones no sirven como vehículo para desatar algo que se llama alabanza en tu corazón, entonces las está sustituyendo y es blasfemia. La respuesta que tu vida da cuando la hostilidad viene hacia ti; cuando las circunstancias no van a favor de tus planes. Cuando está sucediendo todo eso, ¿Qué emana de tu vida? Ese es el incienso. Cuando los hijos no se portan bien, cuando las finanzas no andan bien. O cuando todo va bien. Lo que emana; la respuesta, la actitud espiritual que tú mantienes cuando la vida surge. Cómo tú diseñas, cómo tú estableces el Reino, qué expresión traes, es lo que determina, en suma, qué tipo de adoración tienes.
Una persona que tiene todo eso bien, todo lo que hace como Cuerpo de Cristo, es ungido. Porque de ahí sale la unción. No te creas eso de que la unción viene con algo que se llama “el llamado”. Lo que te da la unción, es la forma en como tú respondes a ese llamado. Porque llamados, somos todos. Manteniendo eso en mente, recuerda que había tres cosas que el sacerdote tenía que hacer. Sacrificios diarios, encender la lámpara diariamente y mantenerla ardiendo y quemando. Por eso es que, lo primero que nos dice, es que lo que no podemos ofrecer, es incienso extraño. O sea: tu vida, no puede ser una copia. Tiene que ser algo real. Tú no puedes responder en una situación lo que aprendiste. Tienes que responder lo que fluye de ti por naturaleza. Por eso es que a veces, la memorización de escrituras, no funciona.
Yo sé que algunas de las cosas que ahora hablamos, están destruyendo algunas cosas que aprendimos. Hasta hace no demasiado tiempo, eso me preocupaba bastante. Hoy ya no. Sucede que, cuando éramos niños, sabíamos menos que cuando crecimos. Que primero veíamos como por un espejo, no veíamos claro y sólo hacíamos lo que conocíamos en parte. Pero ahora estamos creciendo, porque el día se está acercando. A la gente joven le asusta y le enoja que los más grandes digamos esto, pero déjenme decirles que cuando hablamos de últimos tiempos, hablamos de un porcentaje acorde a las edades. Ultimo tiempo en la vida de un hombre con edad promedio de 80 o 90 años, pueden ser ocho o diez años. Últimos tiempos de algo que llamamos Iglesia y que tiene más de dos mil años de vida, pueden ser ciento cincuenta o doscientos años. Entonces tranquilos, ¿Sí? Nadie está diciendo que vengan a buscarte esta noche. Aunque esto nunca se sabe, claro, pero es en lo individual, no en lo global. Así es que, entonces, por causa del día, todos sabemos un poquito más. No puede ser una copia, no puede ser un material extraño. Tienes que ser tú mismo, tú misma. Recuerda esto: tú nunca serás más ungido que cuando eres tú mismo.
Esas cosas cambiaron. Antes, cantabas más o menos bien y ahí salía la iglesia a la que asistías a hacerte un disco y a venderlo “para la gloria de Dios”. ¿Qué gloria? ¿Qué dios? Tiene que ser tu actitud, tiene que ser tu respuesta, tiene que ser tu propia vida. ¡Y qué bueno que estamos cambiando! Hace algunos años, casi no se podía hablar con nadie en algunos lugares. Encontrabas a un cristiano, le preguntabas cómo estaba y te contestaba: ¡Amén! ¿Amén? ¿Cómo que amén? ¿No tienes vocabulario para comunicarte? Mirada ingenua y… ¡Amén! Créeme, no se podía hablar con las personas una conversación adulta, seria e inteligente, sin terminar repitiendo terminologías bíblicas. ¿Ya te aumentaron el salario? ¡Todavía no, gloria a Dios, aleluya, amén Señor! Aprecio tu fe y dedicación, pero…
En segundo término, dice la palabra que no puedes tener nada de miel ni de levadura. Y fíjate que la miel es lo que más atrae a bichos raros. Y ahí andan, que parecen zombis caminando sobre nubes raras. Eso, tampoco es incienso, no te lo creas. La adoración es natural, es práctica, eres tú mismo. Pero tampoco puedes tener levadura, y la levadura siempre habla de las cuestiones de la carne y de que nos cuidemos de las actitudes de los fariseos. Es decir, de la levadura de ellos. Ninguna mentalidad religiosa. La parte más alta del altar, dice que tiene dos codos de estatura. Escucha, todos los muebles tienen más que eso. Es decir que lo más alto que tú le puedes ofrecer a Dios, es tu adoración. Es de esto que estamos hablando. El altar tiene dos codos de estatura. Dice que está hecho de madera de acacia. La madera de acacia tiene gran durabilidad. Es muy difícil que se rompa, se corroa o se pudra con el paso del tiempo. Esto evita la ciclotimia. ¿Sabes lo que es la ciclotimia? Esos cristianos que los encuentras un día y andan volando en las nubes del Espíritu, y a la media hora están sepultados en el Hades de los quintos infiernos.
Eso es adoración genuina. No importa lo que suceda alrededor, tú adoras. Cuando gente así abre su boca para adorar, se cae la casa. Luego dice que está tapada con oro puro. Santiago nos dice que eso es la fe tratada siete veces. Luego dice que tenía una coroniza, que era como una especie de canaleta que lo rodeaba, de modo que cuando se trasladaba el altar, no se cayera el incienso. Eso significa que en tiempos de transición, cuando somos nómadas, estamos incómodos porque nos estamos moviendo, de todos modos debemos seguir adorando a Dios. El incienso no debe caerse. Más adelante habla del estacte. Nataph es la palabra en hebreo. Y es la palabra que se utiliza para expresar cómo el profeta recibe la palabra de Dios. Es como cuando cae la lluvia. De repente, sabes. Nataph. Habla de una dimensión profética. De la única forma de vivir constante en medio de hostilidad en la tierra, es poseyendo una dimensión profética. Cuando la iglesia al final aceptó al ministerio profético, por muchos años fueron visitados por gente que ministró profecía, pero que no dejó una dimensión profética en la casa. La dimensión profética, es algo que te ayuda a entender cosas que jamás sabrás por tu mente.
Vamos a Hebreos. Esta carta es un verdadero manual, un manual excelente. Estoy convencido que cuando entiendes esta carta, prácticamente estás entendiendo la Biblia en toda su extensión. Porque es un contexto que te une el Antiguo y el Nuevo Testamento. En el capítulo 7 dice que si un sacerdocio fuera perfecto no habría necesidad de levantar otro. Pero resulta ser que eso fue modificado. Y que además, cambiado el sacerdocio, también hubo que cambiar la ley. O sea que, si se cambia al ministro, también se tiene que cambiar la ley. Si se cambia el liderazgo de una parte del Cuerpo de Cristo, se cambia la ley. De hecho, me estoy refiriendo a creyentes en lo global, no a la tu pequeña huerta de hortalizas. Cuando Dios se mueve y levanta hombres nuevos, la forma en que se opera cambia, porque la ley cambia. Esto, a favor de la panemia, está sucediendo hoy. Y es más lo que disgusta que lo que gusta.
Es por eso que, cuando Dios escoge un nuevo punto referencial, no lo hace heredar el Reino del Padre. Por eso no escogió a Jonatán y tomó a David. Jonatán tenía las mismas características que David, por si no lo sabías. Habían hecho las mismas proezas. Y era más fácil poner a Jonatán, porque ya le tocaba el trono. Pero no lo hizo, porque sabía que iba a heredar todos los errores del sistema. Me temo que soy demasiado claro, ¿Verdad? Entonces, cuando Dios ha terminado con un sistema, saca a alguien del sistema, lo entrena fuera del sistema, y lo coloca en posición fuera del sistema. Entonces, la ley que opera en este sistema, nada tiene que ver con lo que está pasando ahora. Eso, está en toda la Biblia, y ¿Sabes qué? ¡Jamás ha dejado de ser! El problema es que, la peor historia de aprender, es la de uno. Nosotros nacimos en un tiempo de ese tipo de transición. Y por eso nos encontramos con algunos que se fueron al otro lado, y otros que se quedaron de este, y hay una tensión mal disimulada que, incluso, trae confrontaciones virulentas y hasta enfrentamientos. Pero sigue siendo Dios, porque es Dios quien está haciendo esa transición. ¿Qué es el cambio de ley? Cambiado el sacerdocio, dice, es necesidad que la ley cambie.
Y el verso 15 de Hebreos 7, dice que: esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley Fíjate que no solamente se levanta un sacerdote que es distinto, sino que además de ser distinto, tampoco trabaja conforme a la ley de la cual salió. ¿Te estás dando cuenta cómo funciona esto? Ahora por favor olvídate que esto fue en aquel tiempo. El principio es actual, vigente y sigue siendo cierto. Tú extraes el principio, y te funciona en cualquier transición. Funciona en las empresas. Funciona cuando tú sales de la vida de soltero y pasas a la vida de casado. Es un principio, trasciende. No estamos hablando de teología, estamos hablando de vida. Allí es donde la gente a veces se pierde con esta clase de mensajes, de enseñanza. Porque no estamos creando doctrina, estamos aprendiendo a vivir en la tierra. Si tú quieres eso que se llama doctrina y que antes se enseñaba a raudales, te vas a una escuela bíblica y te aprendes las doctrinas que quieras. Yo contigo no estoy hablando, entonces.
Aquí estamos aprendiendo a vivir bien para que Cristo venga. Entonces alguien dice: ¡Pero es que eso no me cierra! Es que no te tiene que cerrar, porque no ha sido constituido, conforme a. Nada que ver.) El verso 16 de Hebreos 7 dice: no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. O sea que en una mano tenemos algo que fue abrogado porque era débil e ineficaz, y en la otra mano tenemos una nueva esperanza. Podemos decirlo así: en una mano, algo que ya no funciona, pero en la otra mano, algo que es una mejor esperanza. Y eso no será ni mañana ni dentro de muchos años. Mira a tu alrededor; eso es hoy.
¿Qué es la ley? En primer término, qué es lo que tiene que cambiar, porque cuando uno dice la ley, la gente piensa en los diez mandamientos. Y nada que ver. La ley está conformada por las normas de vida, divinamente instituidas, y diseñadas para gobernar al pueblo de Dios en la tierra de Canaán. Recuerden que Canaán es Cristo. O sea que, lo que quiero que entiendas, es que estas leyes de las que te estoy hablando, no nacieron por la decisión de una junta de diáconos. No fue que Moisés y Aarón se sentaron y dijeron: “Bueno, vamos a ordenarnos, no sé cómo vamos a gobernar a esta manada de locos, son como tres millones. Vamos a ponerles algunas reglas para que se porten bien”, no. No fue así. No estamos hablando tampoco de unas reglas que instauró la iglesia tal o cual o la denominación cual o tal. Tampoco de cierta constitución que escribió alguien hace como doscientos años y que hoy ya está obsoleta y no sirve para nada.
No estamos hablando de eso. Estamos hablando de algo instituido divinamente, por Dios mismo. Dios dio la ley. Esta no fue ninguna sabiduría de Aarón ni Moisés. No es que el hermanito rubio, ese, se juntó con aquel hermanito moreno de bigotes y, juntos, armaron una serie de reglas y estatutos. No estamos hablando de eso, Dios dio la ley. Escucha esto: la ley regula todo lo que tiene que ver con el área civil, social y moral del hombre. Nada que ver con separación de iglesia y estado, eso es parte de las leyes americanas. Civil, social y moral. Nada que ver con ir a la iglesia, o tener una visión en la iglesia, o un plan o un deseo familiar. Es una sola cosa. La ley de Dios controla lo civil, lo social y lo moral del hombre. Es una sola vida. Creyente es algo que uno es, no es algo que uno hace un domingo personalmente o por video. Sacerdocio es algo que uno es, no es algo que uno hace cuando alguien te ordena.
Cuando tú estás con tu esposa en tu dormitorio, también eres sacerdote. Por eso es que una cierta vestimenta no tiene nada que ver con sacerdocio real. Nadie está con su esposa con saco y corbata o cuello clerical. Mucho menos con túnica, claro está. Esa ley estará ratificada por obras. Aquella. Y todo el mundo tenía que hacer algo para obtener alguna posición espiritual o religiosa, que le diera alguna estatura de varón perfecto, que la misma ley le prometía y era incapaz de conseguir. La ley te ponía a trabajar para conseguir algo, que la misma ley te prometía no poder obtener. Era imposible por la ley conseguir la perfección. Dios no dio la ley para que fueras perfeccionado. La ley fue para traerte a Cristo. Cristo es tu perfección. Es igual hoy, ya estás en Cristo. Y trabajas porque estás en Cristo, no para ser perfeccionado. Ahí huye toda la competencia. Mira Gálatas 2. Son cosas que hemos visto por años, pero resulta ser que ahora las estamos viendo con una mentalidad diferente.
El verso 16 dice que somos perfeccionados por la fe de Jesucristo, no por nuestra fe. Por la de Jesucristo. O sea que queda claro que nadie será justificado jamás por otra cosa que no sea la fe de Cristo. No la fe EN Cristo, dice que la fe DE Cristo. En el capítulo siguiente de Gálatas, el 3, versos 1 al 8, vemos que Abraham es al primero que se le predica el evangelio, así que el evangelio no empieza en Mateo, como te enseñaron. Y además, le añade que en él serían benditas todas las naciones, con lo cual vemos que las naciones serán benditas mediante el evangelio a través de lo que tú hagas como resultado de haber creído y puesto por obra en tu vida ese evangelio, no por tu calidad de oratoria o de expositor bíblico. Y dice que es por fe. O sea que la fe es una tecnología para alcanzar a Dios. Es como el interruptor de la luz. Tú querías saber cómo era que esa lámpara se encendía y diste vueltas y vueltas, hasta que encontraste el interruptor, y accionándolo, encontraste la luz.
No fue producto de tu creación, sino que la encontraste. Desde entonces, obviamente, cada vez que quieres o necesitas luz, accionas el interruptor y la luz se enciende. Abraham, en medio de gente sacrificando animales, encontró el interruptor, lo accionó, e iluminó todo. Salió de Ur de los caldeos, tuvo que separarse mil veces de mucha gente, y llegó a una posición con Dios en donde él supo relacionarse con Dios de una forma que lo justifica, tanto como tú mismo eres justificado hoy. Y lo hizo por fe. No limpió altares, no hizo vigilias. Todo eso es una necesidad nuestra, hoy. Para alcanzar a Dios. Para sentirnos bien, para decir Dios me quiere, para decir Estoy bien con Él. Abraham no hizo nada de eso. Y fue justificado. Hay algo que se llama fe, que va más allá de la fe. Esto es fe antes de la salvación. La fe siempre es. Por eso en el verso 5 te dice estas dos cosas: Por las obras de la ley, o por el oír con fe. Aquí tienes dos tecnologías, otra vez.
Puedes hacer las cosas por las obras de la ley, o por el oír con fe. A eso supongo que lo sabes. Dos tecnologías de acercamiento a Dios. ¿Cómo opera la iglesia? ¿Qué es la ley? ¿Qué es lo que tiene que cambiar? Es la ministración divina y temporal, que requiere perfección externa y obediencia constante. O sea que el que trabajaba así, tenía que hacerla toda. No podía hacerla un rato sí y un rato no. Tú, por ejemplo, no podías decir que eras piadoso porque observabas el sábado. Y andar de santurrón porque tú tienes ciertas características que quizá otro no tenga. Pero que tu hijo se acostó con la hija de Fulano, y tú no lo llevaste a la puerta para que lo apedrearan. O sea que, si vas a operar según la ley y quieres mantener tu santidad, vas a tener que ser tú mismo el que le arroje la primera piedra a tu hijo.
Y por eso es que se formaba un rollo en el Antiguo Testamento. Porque parece que dos o tres eran bien religiosos y sí se atrevieron a matar a sus hijos. Entonces cuando Fulanito no lo mató, allí mismo comenzó la gran pelea. Por eso en aquellos tiempos, la gente te ayudaba a cumplir la ley. Te sacaba de la cama y te llevaba a los ancianos. ¡Yo lo vi! ¿Por qué, porque has perdido a tu hijo y a tu nieto? En la iglesia, igual. Mira; vamos a orar por Fulano que anda en…bueno…no es por hablar mal, es para orar… La ley es un ministerio de muerte, lo dice Pablo en Corintios, cuando habla de Moisés y la gloria que cubría su rostro. La ley revela el pecado. La ley te trae convicción. La ley es el conjunto de principios que le da parámetros a la vida.
Cuando ellos salen de Egipto, ellos no tienen nada de eso. Ellos salen al desierto sin forma. No son nación, no tienen gobierno, no tienen bandera, no tienen nada. No tienen ni esperanza. El que ellos hayan salido no significa nada; Dios ya sabía que no iban a entrar. Porque hay que sacar gente para producir gente. Así se vive en la transición. Se saca gente, y los que terminan no son los mismos que empezaron. Y salen al desierto. En el desierto todo parece ir muy bien porque Dios está allí y te cubre, ¿No es cierto? Pero es un ministerio de muerte. ¿Y qué pasa? Que la persona, ahora, que cayó en la posición de Adán, él cree que eso es normal. Y ni entiende por qué Dios lo tiene en la iglesia haciendo ritos todos los domingos. Él se halla lo más bien. Pero después aparecen por aquí y se abren y sueltan todo la angustia retenida por años.
Se anda acostando con la hija del padre, y con la hermana y con la hija del suegro y cree que todo anda bien. ¿Por qué? Porque si no hay una ley que dice que eso es incesto, pues entonces no lo es. Mientras robar sólo sea tomar lo que tú quieres, no es hurtar. Pero si hay un papel que dice que si tomas lo que no es tuyo, eso es enfermizo, pues entonces sí que lo es. Entonces, cuando Dios da la ley, comienza a mostrarle al hombre que el hombre no es quien se cree que es. Entonces, él añade la ley. Y la ley comienza a darle al hombre, parámetros. Muchos que creían que eran buenísimos, descubren que, no sólo no lo eran, sino que por el contrario, eran malísimos. Según ese papel que te han dado, tú no sirves. Y eso hace la Biblia. Porque por si no lo sabías, la Biblia no es para predicar, es para que te mires en ella. Mirándonos en ese espejo es cómo podemos empezar a cambiar, según el nivel de obediencia, según el grado de Reino que tengamos por dentro. Porque nada que te digan desde afuera, te perfecciona.
Ahora, la forma de crecer, es otra. La forma de ministrar también es otra. Lo que antes se hacía por imposición de manos, se está haciendo de la manera que hemos estado hablando. Así que no esperes que nadie salga corriendo a orar por ti. Lo que se te daba por la transferencia de la imposición, se te está dando por la transferencia de revelación. El método de ministrar cambió. Entonces ahora, cuando uno se evalúa, se mide, llega a la conclusión que necesita a Cristo, sí o sí. Entonces, la idea es que la ley te traiga a Cristo. Si te revela la ley, te mata. Y eso es lo que está ocurriendo hoy con los mensajes. Antes, el mensaje era la proclamación de Cristo, todo lo que Dios tiene para ti. Ahora es: mira quién es Dios, y mídete con Él. Según cambió del Antiguo al Nuevo, ahora en la reforma, cambió el mensaje. Ahora, lo que el mensaje te trae es una ley espiritual. Las leyes del Reino. Desde años atrás y de boca de tremendos hombres, a eso lo estamos llamando principios gubernamentales del Reino.
Se te muestran según la palabra, y ellos comienzan a ajustar tu vida, porque no te dejan escapar. Porque al que sabe hacer el bien y no lo hace, a ese se le considera eso como pecado. Por eso yo digo siempre que es mejor no saber, que saber y no hacer. Por eso es mucha la gente que todavía prefiere no escuchar estas cosas, porque si las escuchas tiene que empezar a ser y a hacer. Hay un costo importante en esto. Hay demasiadas amistades muy importantes e influyentes que perder. Cuando el barco comienza a bambolearse, la cosa se pone peligrosa. Porque esto es individual, Dios no te perdona de manera corporal. Dios perdona organismos vivos, no organizaciones. No te podrá perdonar si le dices que no avanzaste porque había tres hermanitos queridos que no quisieron saber nada. Ya es demasiado tarde, ya lo viste.