En estos días hay mucha consternación en los flancos de la cristiandad por el estado de división y de desunión entre los hermanos. Muchos están dispuestos a clamar contra esta condición espantosa, aparentemente compartiendo su tristeza, preocupación y visión de que la verdadera iglesia de Dios se una. Pocos están dispuestos a dar los pasos necesarios para hacer una realidad de esta visión.
El Señor no busca una unidad externa, sino en su lugar, una unidad orgánica, caracterizada por la participación de la plenitud de la vida de Cristo. Esta es la única base de la verdadera unidad cristiana, tal y como la demostró en Su oración el Hijo de Dios mismo, “como Tú, Oh Padre en Mí, y Yo en ellos.”
Lo que ahora voy a compartir contigo, es un desafío a todos para dejar que Dios eche abajo todo lo que está en el hombre de la iglesia, y de esa forma preparar un camino para que el Señor establezca la unidad—Su camino.
Para algunos, éste será un mover muy costoso, con implicaciones de largo alcance. Sin embargo, que el Señor nos de a todos la gracia de seguirle completamente, para que Él pueda asegurarse para Sí mismo un pueblo en el que el anhelo del alma de Cristo pueda ser cumplido, “que seamos uno”.
El cristianismo de esta hora se ha reducido a un formato, a un formulismo, a sueños de construcción del ego y a visiones de grandeza, a adoración mundana emocional, a música sensual, del alma— ¡Todas estas cosas son una verdadera abominación al Señor, un espectáculo a los ángeles santos, y un deleite a los demonios!
Sin embargo, en el corazón de Dios, ninguna de estas cosas constituye la sustancia esencial, verdadera del Cristianismo. Cada asamblea local buscando desesperadamente hallar el modo de añadir a sus números, como si esto tuviera algún significado en la mente de Dios.
El liderazgo se ha apartado tanto del corazón de Dios que ha adoptado una mentalidad secular mundana, y la han revestido de terminología bíblica, es decir, los ancianos, los pastores, los diáconos, los maestros, los profetas, etc.
Esos principios gobernantes que determinan los tipos de crecimiento de los negocios y de las empresas, se han convertido en el esquema mental. La “visión” de la iglesia es edificar un reino privado en el que los santos se reúnen alrededor de una estructura de autoridad centralizada consistiendo en los pastores o ancianos, y en todo esto, supuestamente la obra de Dios es hecha y Cristo es glorificado.
Los santos se apartan, se endurecen en sus corazones, atrapados con los afanes y problemas de esta vida, llenos de envidia, conflicto, palabras ásperas unos contra otros—y sin embargo piensan que todo es correcto cuando van “a la iglesia”.
Allí son emocionalmente motivados por la música, para negar y olvidar su estado caótico ante un Dios santo, y así, comienzan (supuestamente) a adorar y a cantar. La animación carnal junto con el “ágape sensiblero” (que cubre el pecado y mima al pecador en lugar de demandar arrepentimiento y abandono al Señor).
Todo ello combinado con un sermón profesional sobre algún tópico, tema o asunto bíblico entretenido, pleno en ejemplos y entretenidas parábolas, que mata a la conciencia suficientemente y da al creyente apartado una esperanza falsa suficiente para llegar al culto.
Un culto de mitad de semana, en el que todo el ritual religioso vuelve a ser representado. ¡De hecho, una forma de religión, una cáscara de piedad, pero una completa ausencia del poder de Dios que es Cristo mismo, transformando vidas a Su imagen!
Algo es realidad insoslayable y debe ser implementado ya mismo: El Plan de Recuperación de Dios, es: ¡Cristo Mismo! Cuando la ley de la iglesia se reduce a un estado tan penoso de falta de vida, de religión muerta (teniendo “reputación de estar vivos, pero… muertos”, Según leemos en Apocalipsis. 3:1, el Señor siempre prepara un plan de recuperación.
Por supuesto, el plan de recuperación no consiste en unos pasos que un grupo de personas puede figurarse en una penosa noche de oración. Ni es tampoco un plan de recuperación que se entiende como algún principio para la renovación cristiana, ni es un método innovador de evangelismo o avivamiento.
¡La suma total del programa de recuperación completo es Cristo mismo! La acción de Dios, o quizás podríamos decir la reacción de Dios contra la creciente apostasía, es una revelación fresca, viva y vital de todas las hermosuras, cualidades y del significado eterno de Jesucristo.
De su obra consumada en el Calvario, Su muerte, su sepultura y su resurrección, y Su lugar en el trono del universo; junto con toda la importantísima revelación de lo que realmente es la iglesia, es decir, una expresión colectiva, por el poder motivador permanente del Espíritu Santo, por medio de santos redimidos, lavados en la sangre, nacidos de nuevo, ¡De lo que Cristo es en carácter, naturaleza y esplendor extremo!
Amados, es esencial que nuevas oleadas de luz del cielo alumbren de nuevo los ojos de nuestros corazones, para dejarnos ver que el cristianismo es Cristo, Su vida, Su hermosura, siendo revelada y expresada por medio de piedras vivas, el cuerpo de Cristo.
El ritual externo, la liturgia robótica, la música emocionalmente sugerente, y la retórica talentosa, no tienen absolutamente nada que ver con el significado esencial del cristianismo y de la vida del cuerpo de la verdadera iglesia.
Ni las estructuras de autoridad en la iglesia, con autoridad humana revestida de puestos de pastor, ancianos, comités, etc. nombrados y hechos por el hombre. Todo lo que no es una expresión de Cristo en una vital realidad orgánica viva, debe llegar a un fin completo si es que vamos a experimentar la recuperación completa y total que el Señor persigue.
Amados, la naturaleza del actual juicio que Dios está realizando en Su casa, la iglesia, tienen doble aspecto. Primero, el Señor pretende traer mediante un mover de Su gracia una fresca obtención, una visión vital, viviente y renovada del significado absoluto de Cristo—quien es Él, y lo que Él es para la iglesia, como su vida actual y su standard exclusivo de expresión.
Después, simultáneamente, Él desea quitar todo lo que hay en nosotros, tanto a nivel individual como colectivo, lo que no es conforme con Cristo mismo ni de acuerdo con Él. Por tanto, todo lo que hay en la iglesia debe ser a este fin—preparar un camino para lo que es de Cristo y al mismo tiempo quitar todo lo que es de la vieja creación y todas sus muchas facetas y aspectos.
Quiero hablar ahora de la seducción del liderazgo por un demonio llamado Potencial Humano. Examinemos de cerca el tremendo engaño espiritual, la seducción y el engaño que tiene lugar abundantemente en los flancos de la Cristiandad.
Satanás, a través de un demonio llamado Potencial Humano, está haciendo un intento total de usurpar el lugar exclusivo de Cristo como el único que tiene los derechos en la iglesia como su cabeza y su vida y como el único a quién pertenecen el poder, la gloria y el honor.
La tremenda guerra espiritual sobre el asunto del lugar de Cristo como jefe en y sobre la iglesia se ha intensificado con consecuencias horribles. El plan de recuperación de Dios también incluye un discernimiento renovado con el poder de Él para exponer y expulsar de entre nosotros a este horrible demonio del potencial humano. Nada menos que esto satisfará al corazón de Dios.
Ezequiel nos dice que una terrible parodia es cometida cuando los “incircuncisos” son libres para desfilar en la casa de Dios. Los “Incircuncisos” no puede referirse sólo a la persona no regenerada que se enmascara como un verdadero miembro de Cristo (pero que de hecho está muerto en la incircuncisión de su carne), sino también al creyente que da lugar a una expresión que no es nuestra desde Cristo mismo, que está dando previsión en cuanto a como satisfacer los deseos de la carne.
Trágicamente, hoy es común que los creyentes consientan en los impulsos de su vieja naturaleza. Esto ha resultado en mucho daño al verdadero testimonio de Jesús, que Dios se ha propuesto asegurar. Por tanto, mucho de lo que hay hoy en la iglesia a propósito del liderazgo (aunque esté adornado con ropajes religiosos y tenga la apariencia de piedad) no es nada más que la presencia del potencial humano en la casa de Dios, robando y usurpando el lugar exclusivo de Cristo, que es el único que es el pastor principal y el preeminente.
En nuestro día, cualquier sistema completo de creencias religiosas y prácticas se considera aceptable por causa de nuestra aceptación sin discernimiento de ideas respecto de cosas tales como el liderazgo, la estructura de iglesia, etc.
De esta forma, la iglesia moderna está llena de ideas que no sólo no se sujetan a la Escritura, sino que son perversas y traen ruina a su vida espiritual. De hecho, el resultado de esto es el corte completo del fluir espontáneo de la vida y la estatura de Cristo, siendo manifiestas en todo Su pueblo; manteniendo el lugar de ascenso y de preeminencia abierto al demonio del potencial humano.
Amados, todos los aspectos de la vida y la actividad de la iglesia, incluidos la adoración y el liderazgo en congregaciones locales, etc. han de ser sólo expresiones de la vida de Cristo a través de santos crucificados, lavados en la sangre, cuyas vidas están escondidas con Cristo en Dios.
Las manos del hombre no tienen nada que ver con el desarrollo o la operación del liderazgo espiritual. Este es precisamente el terreno donde el demonio del potencial humano se ha atrincherado, ejerciendo su influencia anti-cristo en la iglesia.
Cuando los hombres mediante su propia fuerza, su propia sabiduría, su propia planificación, su propio razonamiento, por su propia iniciativa, intentan hacer algo en la iglesia, el potencial humano ha comenzado a expresarse con resultados desastrosos.
Finalmente, terminas con un sistema completamente externo de obras religiosas completamente vacías de la realidad que es Cristo mismo. ¡El hombre no puede crear una “iglesia del Nuevo Testamento”! Las cosas que leemos en nuestras Biblias sobre la adoración, el evangelismo, la comunión de la iglesia local y el liderazgo, etc., son sólo válidas y reales cuando son la expresión de Cristo por el poder motivador del Espíritu.
Cuando la vida de Cristo es hecha una realidad viviente de día en día, incluso momento a momento en la vida de los santos, todas las dinámicas espirituales de la adoración, la vida de iglesia, etc. abundan—no como un sistema de código externo, sino en virtud de Su vida explotando en sus vidas.
Al contrario, cuando la vida espiritual se ha rebajado tanto, se ha hecho tan terrenal, tan centrada en lo temporal, y desapareciendo esa visión diaria y fresca del Cristo viviente, que se va oscureciendo, entonces Satanás entra y empuja a los hombres a crear sustitutos por su propia fuerza.
De hecho, son los más religiosos y los que tienen una mejor apariencia externa los que lo hacen, ¡Sustitutos hechos por el hombre (pero inspirados por el diablo), en lugar las realidades que han de ser sólo encontradas en Cristo! ¡Aquí tenemos el demonio del potencial humano en la casa de Dios haciendo estragos!
Ahora bien; en vista de todas estas anormalidades, ¿Cuál es la verdadera cuestión de la Guerra Espiritual de las Tinieblas contra la Iglesia? En realidad, el verdadero motivo escondido detrás del tremendo ataque del demonio del potencial humano no es otro que frustrar el cumplimiento de la verdadera intención de Dios con la existencia de la iglesia.
La pregunta que debemos hacernos entonces, es, ¿Cuál es la intención del Señor, el pensamiento del Señor, para la existencia de la iglesia? Amados, ¡Sólo puede haber una respuesta a esta importantísima pregunta!
La intención de nuestro Señor es que la iglesia sea Su mismo Cuerpo—el lugar donde Cristo, en su plenitud de vida, pueda ser expresado y demostrado para toda la eternidad. La iglesia es completamente el producto de la poderosa fuerza de Cristo, traída a la existencia por medio de la obra consumada del Calvario.
A través del nuevo nacimiento, el creyente individual es de hecho creado en Cristo, convirtiéndose en una extensión de su vida misma. Cristo Jesús permanece distinto en Su persona y deidad, pero somos unidos a Él y nos hacemos un espíritu, creado por Dios ¡para convertirnos en una expresión de todo lo que Cristo es en Su carácter!
Consideremos el registro de la creación de Adán y Eva en Génesis capítulo dos como una gran lección objetiva, una sombra en la que aprendemos algo de esta verdad vital respecto de Cristo y Su iglesia. Como Eva fue sacada de Adán, igualmente la iglesia sale de Cristo para convertirse en su crecimiento completo, una manifestación colectiva de Él.
Cuando Adán miró a Eva, él estaba de hecho viendo algo de sí mismo, algo de su misma naturaleza y carácter, algo vitalmente uno en esencia y sustancia con él mismo. Por esta razón Adán dijo, “Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada.” (Verso 23).
¡De igual forma, nosotros, en virtud de nuestro origen, de los lomos espirituales de Cristo, somos un organismo vivo, compartiendo idéntica esencia, la idéntica sustancia de lo que Él es en vida de resurrección! ¿No dice la Escritura que somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos” (Efesios 5:30), y que “el que se une al Señor un espíritu es con Él” (1 Corintios 6:17)?
El cristianismo no tiene ninguna base para su existencia si no ha de ser la expresión de Cristo en nuevas criaturas, nacidas de Dios, ¡con Cristo mismo siendo su vida misma! El cristianismo es el misterio de Dios de implantar a Su Hijo un pueblo de muchos miembros llamado el hombre de la nueva creación.
Somos transformados por el nuevo nacimiento y por el poder de Su Espíritu somos hechos participantes de lo que Él es, en cuanto a Su carácter amoroso. Somos reconstituidos según la semejanza e imagen, hablando orgánicamente, de Su Hijo unigénito, nuestro Señor Jesús.
“El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo... pues como El es, así somos también nosotros en este mundo.” (1 Juan 2:6 y 1 Juan 4:17). Cristo se hizo como nosotros en todos los aspectos excepto en el pecado, para que nosotros pudiéramos convertirnos como Él, en todos los aspectos menos en su deidad.
Cuando esta verdad fundamental amanece en nuestros corazones por el poder iluminador del precioso Espíritu Santo y vemos su significado, podemos ver entonces por qué Satanás (por medio de sus demonios de potencial humano) están incansablemente tratando de robar, arrebatar y usurpar el lugar en la iglesia que le corresponde exclusivamente a la expresión de lo que Cristo es por el poder del Espíritu de Dios.
Los poderes de las tinieblas hacen unos esfuerzos tremendos a este fin—mantener a la iglesia lejos de ser simplemente una expresión de Cristo (en vida colectiva, testimonio y hechos) y contaminarla con la invasión del potencial humano, es decir, el poder humano, la comunión terrenal, la adoración del alma, mundana, las reglas hechas por hombres y los gobiernos, e iglesias controladas y organizadas humanamente. Actualmente estamos inundados con esto precisamente. ¡Sin embargo, lo cierto es que la iglesia ha sido llamada a expresar solamente a Cristo!
Es indudable que debemos considerar que cada aspecto de la iglesia siga siendo una expresión de la vida de Cristo. Anteriormente tocamos ciertas dinámicas espirituales como la vida de iglesia, el liderazgo dentro de la iglesia, la iglesia a nivel local, etc., que no tienen nada que ver con la creación ni el poder del hombre, sino que en su pureza, son prácticamente expresiones de Cristo en la iglesia por el poder del Espíritu Santo.
Ahora queremos mirar específicamente cómo el demonio del potencial humano ha rebajado dos de estas realidades espirituales desde su origen y operación puramente espirituales, haciéndolos sistemas de prácticas robóticas, terrenales, potenciados por el hombre.
No hay duda de que al mirar al Señor buscando Su luz en cuanto al tema siguiente, vamos a necesitar mucho de Su gracia para poder capacitarnos en dar lugar a ampliación en el entendimiento de estos asuntos.
No debemos aferrarnos con fuerza a ningún sistema ni práctica no sea que nos hagamos culpables de pedir al Padre que ponga el vino nuevo en los odres viejos de la tradición religiosa. Si lo hace, ¡los viejos odres se romperán en pedazos!
El hombre ha imitado de forma muy barata lo que solamente Cristo es con respecto a la adoración. Sin embargo, la adoración verdadera solamente puede suceder cuando los corazones de los hombres han sido preparados en un esplendor creciente para expresar algo de Cristo por el poder del Espíritu.
La adoración no es en su naturaleza esencial, cantar, hacer palmas, llorar, música, coros, etc. La adoración es la fragancia de Cristo que asciende desde el santuario del espíritu humano redimido. Cuando la adoración se entiende bajo otros términos distintos, se convierte en algo inaceptable para Dios, siendo de origen meramente humano.
Debemos mirar muy de cerca al completo mover de la así llamada adoración, que está barriendo a la iglesia. Todo lo que pertenece a la criatura y no a la fragancia de Cristo, está destinado al rechazo de Dios, condenado a la destrucción.
Sin embargo, la mayoría de las personas, incluido el liderazgo, están excesivamente atados a una adoración hecha por el hombre y orientada a la música, que está barriendo a la iglesia. Muchos utilizan la música como un medio para atraer a la gente. ¡Qué revelador! Qué trágico que hayamos caído en una forma de pensar tan infantil.
Además, el hombre ha imitado de forma muy barata lo que pertenece exclusivamente a Cristo con respecto al liderazgo y al gobierno en la Iglesia. El sistema completo ha caído del pensamiento de Dios para ser un desastre de estructuras de autoridad hechas por el hombre y visiones de grandeza de edificación de reinos, todo ello revestido de “hacerlo para la gloria de Dios”.
Incluso entre los así llamados grupos salientes, que han quitado los nombres externos y el protocolo para estas estructuras de autoridad hechas por el hombre, en lo más profundo sigue acechando y funcionando de forma encubierta la misma levadura de esas estructuras.
No hay jerarquías ni estructuras de autoridad en el pensamiento de Dios en la iglesia. En ningún lugar de la tierra hay un gobierno central de la iglesia donde Jesús se sienta como Señor, Maestro y Cabeza. Nuestro gobierno está en los cielos.
Solamente a Cristo pertenecen el poder, la lealtad, la alabanza y la autoridad. Los hombres no tienen autoridad sobre nadie. Una de las estrategias mas sutiles del enemigo ha sido robar al cuerpo de su característica de ser un organismo vivo, unidos a una Cabeza viviente, con comunión entre todos sus miembros, y de convertirlo en una estructura eclesial y en una organización ligada por hombres, reglas y un “gobierno espiritual” centralizado y hecho por el hombre.
Esto provee exactamente lo que se necesita para usurpar el lugar de Cristo como Aquel alrededor del cual los santos se reúnen, y en su lugar, convertir en el enfoque principal del pueblo del Señor a los hombres, los pastores, los ancianos, los programas de iglesia, etc. Amados, estas cosas no proceden de Aquel que nos llamó a la comunión con Su Hijo. Más bien, “un enemigo ha hecho esto”.
Cuando Cristo es libre de expresar Su vida en las formas del liderazgo, el pastoreo, la expresión profética, etc. por medio de los miembros de Su iglesia, ¡hay una pureza que no puede ser negada! No hay ya más necesidad de que una organización oficial, un liderazgo oficial o una persona o grupo de personas controle a la congregación.
Cuando el liderazgo puro, semejante a Cristo, esté en operación, los hombres no reclamarán propiedad sobre ningún grupo en particular de santos. Los hombres tendrán sus manos lejos del rebaño y lejos de la obra de Dios. No se elevarán a sí mismos sobre el rebaño, sino que se convertirán en un miembro, un hermano, una hermana, sirviendo en amor a su familia en Cristo.
Esta, sin ninguna duda, es una palabra fuerte para el liderazgo. La Palabra del Señor para el liderazgo es una palabra dura que desafiará muy profundamente a los que son llamados de Dios para dirigir bajo cualquier capacidad.
Hablando muy simplemente, Dios está diciéndoles que suelten al rebaño por completo, que suelten los títulos y el protocolo de ser mirados, abandonando la mentalidad de tener propiedad sobre cualquier pueblo de Dios. ¡El rebaño de Dios no es tu rebaño!
El pensamiento de Dios no es que edifiques una iglesia. Sólo Jesús esta edificando Su iglesia. ¡No compitas con Jesús! Simplemente sé lo que eres en Cristo entre el rebaño, y no uses tus dones como un medio de congregar gente debajo de ti. ¡Suelta al rebaño!
El liderazgo tiene que ser liberado de la idea de una estructura de poder centralizada a la que se sujetan los santos. ¡Los hombres deben dejar de hacer del cuerpo, que es un organismo vivo, una organización gobernada por los hombres!
Líderes con egos inflados y sin crucificar, necesitan humillarse, bajarse de sus caballos altivos para dejar de pervertir al cuerpo de Cristo por medio de sus intentos egoístas de dirigir; de otro modo, ¡será Dios mismo quien los baje!
Cada ministro ha de morir a sus vanas aspiraciones de convertirse en algo mediante la edificación de una iglesia, y venir ante Dios en quebrantamiento, pidiendo perdón. Cada líder ha de regresar a una simple comunión con otros creyentes sin aspirar a convertirse en propietario o señor sobre ningún grupo.
Simplemente sé lo que eres en Cristo en medio de los santos sin presidir estructuras hechas por el hombre. Simplemente reduce la vida de la iglesia a comunión unos con otros y a sujeción de unos a otros, con el intento de traer una medida mayor de lo que es Cristo a una expresión viviente por el poder del Espíritu Santo.
Todos los miembros del cuerpo de Cristo deben aprender a compartir y a funcionar con Jesús como la única cabeza, cada uno lleno con Su vida gloriosa, sin que ninguna persona o personas gobiernen a los hombres o traten de controlarlo. Todos los miembros del cuerpo son hermanos y hermanas iguales en Cristo, en comunión con el Hijo, andando en Su luz y en amor, compartiendo unos con otros.
Para resumirlo, digo que las estructuras de iglesia hechas por el hombre, junto con la imitación del liderazgo hecha por el hombre en la iglesia, están destinados a ser destruidos por Dios. Que todos los hombres que han sido llamados por Dios, preparados por Dios, entrenados por Dios y disciplinados por Dios, abandonen para siempre la tentación de reunir santos alrededor de ellos mismos.
Que simplemente tengamos comunión con la iglesia como hermanos con los demás creyentes. Que los dones de Dios sean libres para fluir por todas partes donde haya una reunión de santos, sin que se cree una estructura de iglesia hecha por hombres, en la que el hombre comience a gobernar en lugar de Cristo.
¡Que Dios nos sacuda de todas las formas externas y la religión que no estén fluyendo directamente de la vida del glorioso Hijo de Dios! Ahora es el tiempo de que todos abandonemos lo que es del hombre, y que, expulsando al espíritu del potencial humano, nos reunamos sólo alrededor de uno, y uno sólo, ¡Cristo Jesús nuestro Señor!
Si mi veta periodística gráfica tuviera que funcionar aquí colocando un título a esta problemática de la que estamos hablando, ese título indudablemente sería: Exponiendo la carne religiosa haciéndose pasar por la Vida de Cristo.
Quizás una de las trampas más grandes a la que nos enfrentaremos al caminar con el Salvador, creciendo en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesús, será la tentación de ofrecer al Señor el aspecto religioso de nuestra carne.
En el comienzo de nuestro caminar con Jesús, el Señor puede mostrarnos con bastante claridad los males de nuestra vieja naturaleza, los pecados de Gálatas 5, por nombre inmoralidad sexual, impureza y libertinaje, discordia, celos, arranques de ira y enojo, egoísmo, ambiciones egoístas de toda clase, borracheras, y cosas semejantes.
En general, aprendemos muy pronto por el Señor, a romper completamente con estos pecados de la carne y a no tener nada que ver con ellos, no haciendo ni siquiera provisión para su expresión en absoluto.
Aprendemos desde muy pronto, o al menos así debería ser, a declarar la guerra a estas obras, y por el poder de la vida de Jesús, y al andar en el Espíritu, a matar a estas traicioneras obras de la carne mediante la inanición, escapando de esta forma a su poder.
Con todo lo maravilloso que esto pueda ser, hay otro aspecto de la vida de la carne que es igualmente corrupto y rechazado por el Señor. Trágicamente, sólo aprendemos a veces a resistir el aspecto malo abiertamente, fracasando completamente en el otro aspecto, que es su aparentemente buena naturaleza religiosa.
La carne es carne, y aunque podamos ofrecer lo mejor de nosotros mismos a Dios, completamente revestidos de piedad, devoción, fidelidad a las Escrituras, deseo ardiente de oración; teniendo todo ello una forma de piedad, una forma de vida-de-Cristo, una forma de justicia y de verdadera santidad, seguiremos ofreciendo carne, vacía de poder de Dios y de la presencia de Cristo, que da vida. Hay un ámbito completo de la carne que está listo y dispuesto a levantarse en esta clase de expresión, muy bien escondida a los que no disciernen.
La raíz que hay debajo, la misma fortaleza de este aspecto de la vida de la carne, no es otra cosa que el viejo pecado de orgullo y justicia personal que se revela por primera vez en la Escritura en la ofrenda de Caín del fruto de la tierra maldita (en lugar de confiar en los méritos de otro, como hizo el justo Abel).
Es el mismo pecado podrido en nosotros que nos hace ofrecer algo de nuestra propia mano, nuestra propia obra, nuestra propia creación a Dios, como algo que pensamos que Él debiera aceptar, bendecir y honrar.
¡Nunca así, amados! El aspecto “malo” de la carne esta lleno de obras que son obviamente malas, y consideradas claramente como pecado (al menos por los que siguen creyendo las leyes básicas de la Biblia).
Sin embargo, el aspecto “bueno” es tan malo y tan pecaminoso porque la raíz, la fuente, sigue siendo carne. No importa que lo “bueno” de la carne pueda consistir de cosas con las que nos estamos comprometiendo en el ámbito del servicio cristiano, porque ambos brotan de la misma fuente, la carne.
La característica común de ambas cosas es la de su origen. Esta es toda la cuestión y causa de preocupación Jesús dijo, “lo que es de la carne, carne es, y lo que es del espíritu, espíritu es” (Juan 3:6). Cuando cualquier cosa es el producto de la carne, de las operaciones corruptas de nuestra condición caída, es carne, no importa el aspecto que tenga, no importa lo bonito que parezca, no importa cuánta gente pueda admirarla y alabarla.
Si es de carne, es carne, y toda carne es rechazada por el Señor Jesús. Sólo lo que surge de Su Espíritu, nacido de Su corazón, imputado a y formado en nosotros por Su mano, es de Dios, y es espíritu, y es aceptable a Él. Por tanto, sólo lo que hacemos que brota realmente de lo que Él ya ha hecho en nosotros, es verdaderamente de Él, para Él y por Él.
Con frecuencia, cuando el Señor desnuda el aspecto “malo” de la carne y libra a alguien de las obras mencionadas anteriormente, esas mismas energías que se involucraron en la búsqueda y cumplimiento de esas obras, son simplemente transferidas al aspecto religioso de la carne.
Irónicamente, los que más se han involucrado en obras malas de la carne son los que una vez salvos, se vuelven tan en contra de esas obras, que entran en una vida cristiana llena de obras religiosas de celo y de devoción, de negación de la carne, y de grandes expresiones de entrega—todas ellas brotando de las energías de la carne.
Como resultado, estos individuos ofrecen una gran hueste de obras que son potenciadas por el poder la voluntad, del alma o del cuerpo, pero vacías completamente de la fragancia celestial de Cristo y de Sus méritos y Su Vida.
Es la misma corriente corrupta, con diferentes formas de expresarse a sí misma. Son los esfuerzos de la criatura, el “sudor” propio de la criatura, las propias energías de la criatura, las obras propias de la criatura, aunque revestidas tan hermosamente, siguen siendo, no obstante, hedor para el Señor.
¡Qué profundamente arraigada está la naturaleza religiosa en nosotros, siendo la fuente de mucho de nuestro servicio, mucho de nuestra devoción, mucho de nuestro celo por Dios y por las cosas de Dios! Que el Señor nos ayude a ver realmente esta naturaleza religiosa en nuestra carne, y a ver como, junto con el aspecto “malo”, ha de ser reconocida por nosotros como maldita. Cómo necesitamos ser enseñados por el Señor a discernir sus sutiles operaciones y a resistirlas por la capacitación de Su Poder.
Me parece que para poder comprender completamente la magnitud y extensión de las cosas de las que estamos hablando, nuestra necesidad extrema en este momento presente es de una revelación sin precedentes a nuestros corazones de la gloria, majestad y persona de Cristo.
Ciertamente necesitamos que el Señor tenga misericordia de nosotros y conteste la oración del precioso Espíritu Santo siendo ofrecida por pablo, “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él.
Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en lo santos…” (Efesios1:17-19).
Sólo mediante un influjo de luz del rostro de Jesús brillando hasta el mismo asiento de nuestra vista, podemos llegar a comprender el significado de Cristo y de su obra consumada, así como su posición, estando sentado a la diestra del Padre, en la presencia de Dios, como también nosotros y para nosotros.
Ver al Señor Jesús en la gloria es ver la muerte completa de la vieja creación, la plenitud del rechazo de Dios a todo lo que pertenece a lo que éramos en el Primer Adán, y un establecimiento absoluto y final del nuevo Hombre sobre el trono, ¡en gloria y honor!
Cuando Jesús bajó a las aguas del bautismo, Él estaba demostrando en tipología el hecho de que por el Calvario, Él traería a toda la raza Adámica a las aguas de la muerte, por tanto llevándola a un fin completo. Al subir, Él quería decir a todos que sólo lo que Él es, será la sustancia de la nueva creación.
Fue cuando se levantó de las aguas que descendió el Espíritu Santo y Le ungió. Aquí vemos un cuadro muy vívido de cómo el Padre en el Cielo se confió a Sí mismo por Su Espíritu a Su Hijo, sólo después de que Él, en representación y en sustitución, enterrado en la muerte como el hombre completo que es en Adán, y levantado como el Hombre del Cielo—en quién el Padre “se complace”—aquel de quién todos tendrían que obtener una nueva y flamante vida, ¡si es que habían de agradar a Dios!
Es aquí, amados, en este crítico asunto, en esta importantísima transición de una clase de hombre a otro, desde uno que es terrenal y en enemistad contra Dios hasta una clase completamente nueva de hombre, un hombre celestial, con la naturaleza de Dios y su carácter—dónde la guerra se desencadena en los lugares celestiales.
En el Nuevo Hombre, Cristo y los de Su naturaleza, Satanás pierde todos sus derechos, todo su poder, todo su dominio. Satanás no tiene nada en Él. La misma presencia del Nuevo Hombre en gloria, es un testimonio siempre presente para todos los poderes derrotados de la oscuridad, de la victoria completa que tenemos en Cristo “sobre todo principado, y poder, y autoridad y dominio, y sobre todo nombre que se nombra…” (Efe. 1:21).
Sin embargo, esta victoria sólo puede mantenerse siempre que vivamos en todo lo bueno que es Cristo, y siempre que lleguemos a una completa renuncia de todo aquello que perseguimos en la carne, no siendo ya eso por más tiempo, sino una nueva creación.
Ésta es nuestra batalla, porque es precisamente en este punto que el espíritu del potencial humano pretende ejercer todos sus poderes malignos contra nosotros, esperando de alguna manera velarnos la completa suficiencia de Cristo y nuestra plenitud en Él.
¡El enemigo sabe que si vivimos bajo lo que somos en la carne, no importa lo santos o sagrados que aparentemos ser, tal vida es una burla completa del Hombre de gloria y de lo que Él representa para Dios y para nosotros!
Amados, algunas de las maquinaciones más malignas, sutiles y engañosas del enemigo, se están ejerciendo en contra de la iglesia en estas mismas líneas. A través de las “obras de la carne” comunes, los pecados obvios de la mentira, el robo, la maledicencia, la inmoralidad, el odio, la contienda, la brujería, las borracheras, etc. son en sí bastante espantosas y se hallan de hecho bajo maldición, no obstante no es aquí donde la iglesia esta siendo engañada hoy, al menos no la sección del cuerpo que está persiguiendo los fines del Señor y que es extrema en consagración ante Él.
En su lugar, la guerra que se está desarrollando en el frente de la batalla es contra este espíritu diabólico que se llama potencial humano, que siempre está pretendiendo infectarnos con el veneno de añadir algo de origen humano a la obra de Cristo, aunque lo vistamos con toda clase de ropajes religiosos y con el perfume de la pompa.
Amados, la forma de operar de este espíritu del potencial humano es mediante la imitación de las operaciones del Espíritu Santo. Las operaciones particulares que este espíritu del potencial humano detesta más son las obras benditas del Espíritu Santo de ofrecer para Dios todo lo bueno que es Cristo, y todo lo que Él ha hecho para el creyente, y su constante buen obrar, en el santuario de nuestro espíritu, nuestra continúa transformación a la semejanza misma de Cristo, en todas las cosas, excepto en su deidad.
Muchos piensan hoy que la obra principal del diablo hoy es imitar al Espíritu Santo inspirando falsas visiones, falsas profecías, falsas señales y prodigios, etc. Aunque el diablo sí que hace esto, ésta no es su obra principal.
Y muchos de los que no caen presa de esta área de falsedad, están siendo engañados en ésta otra área, de imitación mucho más sutil. Porque es aquí, en el ministerio más sagrado del Espíritu Santo y de Su ofrenda a Dios de lo que es de Cristo, donde se hallan el mayor engaño y batalla espiritual. Mirando más de cerca de esta batalla, veremos algo de la naturaleza de la gran burla, la gran obra falsificadora del espíritu del potencial humano.
De la misma forma que el Espíritu Santo ofrece lo que es de Cristo al Padre, y siempre está ocupado en formar a Cristo en nosotros, como la única vida que puede ser complaciente, fragancia dulce a nuestro Dios, igualmente, el espíritu del potencial humano enmascarado como el Espíritu Santo, siempre esta queriendo ofrecer las “buenas” obras de la carne como falsificaciones de la vida de Cristo, como una burla a su obra consumada.
Enviado por el diablo a todos los que están dependiendo absolutamente de Dios, el espíritu del potencial humano espera engañarnos para hacernos creer que es la vida de Cristo que asciende hasta Dios, cuando en realidad es la ofrenda de Caín, el fruto de nuestra “tierra”, que es maldito y rechazado por Dios.
De la misma forma que uno de los propósitos principales del Espíritu Santo es obrar en nosotros por reproducción espiritual el propio carácter de Cristo, el Hombre de gloria, y después ofrecer esta vida a Dios como la vida por la que vivimos momento a momento, de la misma forma el espíritu del potencial humano pretende imitar este proceso avivando el fuego de todas las “buenas” obras latentes de nuestra carne.
Pretende ofrecer estas obras a Dios y hacernos confiar en sus méritos, ¡Incluso pensando que son los frutos de Cristo, cuando en realidad son de la carne, burlándose de Cristo y de todo lo que Él representa! Aunque puede que no veamos esto tan horroroso como es en realidad, es de hecho una burla, un sustituto blasfemo de Cristo, que es la única vida de la nueva creación.
La bestia de Apocalipsis 13:1-7 es descrita como alguien con nombres blasfemos, y que habla blasfemias contra Dios, Su Templo, y todos los que habitan en los cielos. ¡Qué revelador! ¿Podría ser que el asiento de esta bestia se encontrara en el mismo corazón del pedestal que este espíritu del potencial humano tiene en la iglesia, y que lo ha tenido desde su nacimiento en Pentecostés? ¿Podría ser que para llegar al asiento de la bestia en esta hora, tuviéramos que expulsar a este espíritu del potencial humano, y orar que Cristo tuviera Su lugar como la Cabeza absoluta de Su cuerpo?
Ahora bien, podemos considerar estas verdades respecto de la gran batalla a la que la iglesia se enfrenta en esta hora a la luz de los propósitos eternos de Dios para Su Hijo, el Señor Jesús. Es evidente que todos los “vientos de doctrina” que están siendo actualmente soplados por chubascos tormentosos en los flancos de la Cristiandad, son un intento, a veces demasiado obvio y en otros casos, mucho más sutil, de apartar el enfoque del bendito Hijo de Dios y la eterna pasión del Padre.
¿Su pasión? Formar una ayuda “idónea”, una amada mujer en quien el Hijo encontrara una compañía adecuada por toda la eternidad. ¿La estrategia del enemigo? Hacer que la amada de Su Hijo, la iglesia, ofrezca algo de la tierra, algo del polvo de esta vieja humanidad caída, como una descarada burla del bendito Hijo de Dios y de su sacrificio expiatorio. ¡Una burla del hecho de que lo que Él es como la vida de resurrección es lo que la iglesia ha de ser! ¡De qué forma tan profunda ha afectado esta estrategia satánica a las vidas del pueblo del Señor!
En el principio, cuando Dios creó a Adán, Él nos estaba dando una figura, un cuadro de Aquel que había de venir. Entonces Dios habló a Adán algo de profunda importancia, particularmente a la luz de la eterna verdad que entonces solo estaba siendo prefigurada.
Leemos en las Escrituras: “el Señor Jehová dijo: No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea.” (Gén. 2.18). He aquí una profunda visión del propósito eterno y del plan del Padre respecto de Su Hijo. ¡Dios mismo dice que no es bueno que el hombre Cristo Jesús esté solo! ¡Qué penetrante! ¡Qué profundo!
Dios dice entonces, “¡Le haré una ayuda idónea!” Fíjate que Dios dice que Él haría una para Su Hijo. El hombre no tiene parte ni en la formación ni en la madurez de la ayuda idónea que está siendo preparada para el bendito Hijo de Dios.
Las manos del hombre no jugarán ningún papel en toda esta obra. Lo mejor sería que nosotros estuviéramos tan fuera del cuadro, tan apartados de la esfera de la obra de Dios para asegurarnos de no tocar la obra de Dios en la formación de la compañera para Su Hijo.
Con tanta frecuencia nos entrometemos en el camino, tanto en nuestra propia vida como en las vidas de los demás, y tenemos que sufrir alguna disciplina muy dura de Dios para apartarnos de en medio, puesto que la obra completa de nuestra transformación en una compañera apropiada para el Rey de Gloria, ¡Es absoluta y exclusivamente Su obra, desde el principio hasta el fin, y pasando por en medio de todo ello!
Después de decretar Dios su intención de que el hombre tenga una ayuda, la Escritura atrae nuestra atención hacia todas las cosas que fueron formadas de la tierra, y leemos en los versículos 19 y 20 que las muchas criaturas vivientes que Dios formó, todas pasaron junto a Adán y a cada uno les dio un nombre.
Sin embargo, el versículo 20 dice, “pero para Adán no se encontró una ayuda idónea”. Amados, aquí vemos la verdad más importante: todo lo que procede de la tierra, y era del polvo de la tierra, ¡Nada de eso era adecuado como compañera, ni de ayuda para Adán!
En todo esto vemos una gran verdad, que Dios no encontrará ni podrá usar nada para Él mismo, o para el deleite de Su Hijo—en lo que se refiere a las cualidades de una verdadera compañera, una ayuda idónea, una amada esposa por toda la eternidad—que se origine de todo aquello terrenal que somos en nuestra vida natural, o cualquier cosa que proceda de nuestra naturaleza, ¡No importa lo religioso o hermoso que aparente ser!
La naturaleza esencial y el carácter de la amada compañera del Señor Jesús será completamente libre de cualquier cosa que se origine en el hombre, sea o no religioso— ¡una clase de vida completamente distinta!
Recuerda, Dios tomó algo de Adán para formar a Eva, y de la misma forma, la iglesia ha de ser formada enteramente de lo que Cristo ha plantado en ella. Ha de ser una réplica exacta de SU misma naturaleza y carácter.
La vida natural tiene una clase de fuerza vital tras de sí, mientras que la vida espiritual del Señor Jesús es completamente distinta. Pablo dijo, “Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.” (1ª Cor. 15:49).
De la misma manera que en nuestra carne somos exactamente iguales que Adán, un día, mediante el proceso de transformación para la transfiguración, seremos como el último Adán… “Porque le veremos tal y como es Él.” (1ª Juan 3:2b). Toda la creación espera este día la revelación de los hijos de Dios, ¡La eterna “ayuda idónea” del Señor para Su Hijo amado!
Como ya hemos discutido detenidamente, la vida natural que recibimos de Adán, tiene el poder para crear toda clase de obras y hechos religiosos junto con algunos sistemas de religión con muy buen aspecto (sólo en lo externo).
Sin embargo, todas estas obras altruistas y estos hechos religiosos, se originan de lo terrenal de la vida carnal, y son todos ellos sin excepción, destinados a ser rechazados por el Señor como no aptos para ser parte de Su amado, e incapaces de contribuir de ninguna manera a la preparación de las bodas.
Esta es el significado del fracaso en encontrar una ayuda idónea para Adán de entre todas las cosas que fueron formadas de la tierra. Dios nunca encontrará algo adecuado para Su Hijo en esas cosas que se han formado del polvo de nuestra propia calidad terrenal, del fruto de nuestras mentes carnales, o de las obras de nuestras manos carnales, creando nuestras pequeñas iglesias religiosas, y nuestros programas carnales y del alma.
¡Ninguna cosa perteneciente a este ámbito es acepta para Dios! Las vacas sagradas que hemos creado con nuestras propias manos deben ser destruidas si vamos a ver claramente el placer exclusivo del Señor, Aquella que es Su deleite, y que es únicamente la fuente de la que Él se asegurará una amada ayuda idónea.
Que el Señor abra nuestros ojos para ver todas las cosas que estamos todavía haciendo en un intento por nuestra parte de ganar mérito o incremento espiritual, y que podamos ser librados de nuestra excesiva afición por las obras de nuestras propias manos, viéndolas por lo que son realmente—porquería, basura y nada menos que obras sin fruto a las que hay que renunciar absolutamente, con gran contienda derramada sobre las mismas.
Hasta que esto suceda, estaremos muy limitados para ver aquello que el Señor persigue verdaderamente en una esposa para Su Hijo, y seguiremos echando a perder Su obra y estorbando Su intención, obligándole a seguir trayendo fuertes medidas disciplinarias hasta que abandonemos todos los esfuerzos, no importa cuál sea su expresión, ¡de ofrecer a Él lo que procede de lo terrenal en nuestras vidas naturales!
Amados, recordad que la carne se forma con mil obras capaces de imitar, falsificar y enmascararse como la vida de Cristo que se nos da en el nuevo nacimiento, y que se forma en nosotros por la operación del precioso Espíritu de Jesús.
El hombre en su “mejor o máxima capacidad” es con frecuencia mucho peor que el hombre en “su peor capacidad”. No sólo son las obras malignas de la carne, esas obras repulsivas de pecado que mencionamos antes, que son malditas.
Las obras “buenas”, “bonitas”, de la carne, son igualmente malditas y rechazadas por Cristo. Es la totalidad de la carne, cualquier cosa que sea de la tierra, que es el área de trabajo de espíritu del potencial humano, y lo que él pretende traer a la casa de Dios, sean los pecados obvios o las cosas bonitas de la carne. “Cualquier cosa” dice el diablo, “¡siempre que se de la carne y no una manifestación de Cristo y de Su vida!”.
Ahora bien, ¿Qué hay de la operación de estas verdades al afectar a nuestras vidas diarias como cristianos? Amados, creo que es inevitable que cada uno de nosotros individualmente seamos llevados a una penetrante y severa crisis.
Esta crisis no es una experiencia de una vez para siempre, sino más bien una entrada a una vida de crisis continuas. Creo sin embargo, que debe haber una crisis inicial en cuyo momento nos demos cuenta que el Señor no aceptará absolutamente nada menos que la expresión de Cristo y todo lo que es de Él y por Él, en todo lo que decimos y hacemos.
Con frecuencia, esta crisis inicial no sucede cuando nos hacemos cristianos por primera vez. Pero sin embargo, el fiel Buen Pastor llevará a cada uno cuyo corazón tenga verdadero anhelo por Él, a esta experiencia precisamente. Entonces, por medio de Dios la revelación ha de ser guardada, resultando en una crisis continua de ver la demanda sin responder de Dios de la preeminencia de Cristo en todas las cosas.
¿Cómo afecta esta crisis a nuestras vidas en términos de la “enseñanza” y la “verdad” que recibimos? Amados, muchos son ricos en verdades objetivas, sentados bajo grandes enseñanzas y habiendo leído a grandes autores, pero muy poco familiarizados con la realidad de esta crisis.
Mucho, sino una gran parte de la vida cristiana completa, sigue bajo el gobierno del hombre natural, siendo potenciados por los impulsos de la criatura y siendo ordenados por la sabiduría de la mente carnal. Sin embargo, al mismo tiempo, la mente es extremadamente ejercitada y llenada de gran verdad objetiva.
Aquí mismo yace el gran problema—el problema que tanto preocupa al Señor. La verdad objetiva no significa nada para el Señor y no le da gloria a Cristo si el administrador de la verdad sigue siendo la criatura, vía el hombre natural y todas sus inclinaciones—a saber, la naturaleza religiosa, la atracción por “hacer” algo para Dios, etc.
Mucho de la obra que hay hoy es esto de hecho—pero es difícil de reconocer porque está escondido bajo la verdad objetiva que a primera vista parece ser tan correcta. Así, el Señor, a Su propio modo y soberanamente, va a encender los focos y a “buscar a Jerusalén con lámparas” para descubrir donde esta condición está presente.
Muchos se ofenderán ante el trato de Dios porque sólo verán la verdad objetiva que está presente, que en sí misma y por sí misma no es incorrecta, pero fallarán en ver que la vida potenciadora detrás de la verdad, es rechazada por Dios.
A través de duros tratamientos, el Señor va a distinguir claramente entre lo que es limpio y lo que es impuro. Cuando lo que sea impuro (la vida de la carne) lleve el testimonio de la verdad objetiva, el Señor está en contra de ello, aunque pueda usarlo para extender Su propio Reino.
Jesús dijo, haced lo que dicen los Fariseos, porque se sientan a enseñar las Escrituras. Pero no participéis de lo que son, porque causa de su hipocresía. Tenían verdad objetiva, pero la Verdad no los tenía, y consecuentemente, aunque proclamaban la “verdad”, estaban siendo motivados por el mismo espíritu del potencial humano.
En nuestro día, el Señor va a exponer una gran fortaleza de Satanás, acechando en medio incluso de aquellos que están firmes en cuanto a las “verdades” más sagradas y profundas, es decir, donde la verdad objetiva se enseña, pero al mismo tiempo el espíritu del potencial humano está controlando y motivando desde el interior.
Cómo necesitamos que el Señor nos conceda continuamente Su gracia para que podamos ser capacitados para estar firmes con Él y para ser continuamente influenciables en Sus manos, para que la operación de Sus propósitos pueda tener una expresión completa en nuestras vidas.
Sólo al recibir del Señor Jesús la gracia necesaria, podremos vivir diariamente en todo lo bueno de esa crisis—que en verdad, todo lo que digamos y hagamos brote de esa bendita Vida celestial que nos fue impartida por el nuevo nacimiento, y que la preeminencia de Cristo pueda ser establecida en nuestras vidas para la gloria de Dios.