¿Cuántos le pueden decir, honestamente a Dios, que les rompa las estructuras que los esclavizan porque quieren llegar a nuevos niveles? ¿Le puedes pedir eso a Dios? Porque, ¿Para qué nos sirven tantas estructuras religiosas? ¡Que desaparezcan! Dios está demandando una generación de resurrección. Y esto tiene que ver con el entendimiento. El Nuevo Testamento, empieza cuando el Espíritu Santo es derramado. No empieza en Mateo 1, cuando Jesús va a nacer. Si hablamos de dimensiones proféticas, eso tiene que ver necesariamente con el Espíritu de Dios. Porque es el Espíritu Santo de Dios quien trae lo profético del cielo a la tierra. Ven conmigo a Apocalipsis 19:10. Dice: Yo me postré a sus pies para adorarle. (Está hablando del ángel que le está dando la revelación) Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
Está claro: el testimonio de Jesús, es el espíritu de la profecía. Desgraciadamente, en los últimos tiempos, lo que llamamos profético ha sido tremendamente corrompido. Y resulta ser que Dios quiere traernos un entendimiento genuino de lo que es profético y de lo que no es profético. Entonces, aquí dice que el espíritu de la profecía es el testimonio de Jesucristo. En otras palabras; espíritu de la profecía, da testimonio de todo lo que Jesús es. El espíritu de la profecía nos revela el pensamiento y el corazón de Dios. Lamentablemente, se ha caído muchas veces en algo muy parecido a la adivinación. Entonces la gente, que todavía es muy inmadura, corre desesperada hasta el profeta y le pide que le profetice para ver que tiene que hacer con esto o con aquello en su vida. Esa no es la función del profeta. Y si conoces las escrituras, sabes muy bien que esto que te digo es así. Debes esperar en Dios, porque la Palabra de Dios es luz en tu camino. El espíritu de la profecía es enviado para dar testimonio de Jesús.
Jesús dijo que nos enviaría su Espíritu y que Él iba a terminar de enseñarnos todas las cosas. El espíritu de la profecía tiene que ver con quien es Dios. Donde está el verdadero espíritu de la profecía, te va a lleva a un conocimiento más profundo de Cristo. Va a despertar en ti hambre y sed de conocerlo más. Te va a llevar a un perfeccionamiento en Él. Es decir que, para conocer el espíritu de la profecía, primeramente, tenemos que saber como piensa Dios. Porque, debo decirte que, hoy por hoy, predicar el espíritu de la profecía es predicar destrucción. Hay grandes profetas que andan por el mundo profetizando que van a desaparecer ciudades y hasta continentes. Son profetas de la destrucción, es como si anhelaran la destrucción. A la carne le gusta la destrucción. Los niños pequeños agarran sus juguetes nuevos y lo primero que procuran es destruirlos. A la carne le gusta la destrucción, por eso todas las películas tienen toneladas de asesinatos, sangre, violaciones torturas y cuanta morbosidad parecida te puedas imaginar.
¿Nunca te preguntaste por qué tienen tanto éxito estas películas? Porque alimentan un área del ser humano a la que le gusta la violencia. Le gusta la destrucción. Dios no es un Dios de destrucción. Por eso es que quiero leerte algo que, entiendo, es sumamente importante. Vamos a Hebreos capítulo 8. Mira el verso 4: Así que, si estuviese sobre la tierra, (Hablando de Jesucristo), ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; (5) los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, O sea que, el sacerdocio y la forma de operar en el Antiguo Testamento, son figura y sombra de algo verdadero que es lo celestial. Porque luego dice, el verso 8: Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; Léanlo con sumo cuidado. (9) No como el pacto que hice con sus padres. Lo reitero: NO como el pacto que hice con sus padres.
Verso 10: Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; (11) Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. Aquí estamos viendo que este pacto nuevo es diferente al antiguo pacto. El Antiguo Pacto era un pacto de lo exterior. Todo lo importante giraba en derredor del templo, las ordenanzas del templo. Dios no vivía en el corazón de la gente. Durante el Antiguo Testamento, Dios habitó en el arca del pacto una buena cantidad de tiempo. Y después, como se les perdió el arca del pacto, Dios ya no habitó en el arca del pacto. Pero dice que el nuevo pacto, no es como el antiguo, no es exterior. No es un templo de piedra. No es días festivos. Por eso dice que el Reino de Dios no es ni comida, ni bebida, ni días festivos.
Porque el Reino de Dios tiene que ver con lo interior. Entonces, tengo que conocer el pensamiento de Dios para entender lo profético. Tengo que entender como pensó Dios todo este libro. O sea que, primero tuvo que tener un pueblo donde iba a poner el Mesías. En ese tiempo, cielos y tierra estaban separados por causa del pecado. Dios operaba con tremenda rigidez sobre Israel. Les destruía muchas cosas. Porque todo era externo. La gente, en realidad, estaba separada de Dios. Aún los sacerdotes no tenían a Jesús en su corazón. Aún los profetas. Dios venía, les hablaba y se iba de regreso. Entonces, de hecho, Jesús viene a cambiar todas las cosas. Viene a cambiar toda una era. Toda la era mosaica llega a un fin en el Nuevo Testamento. Dios ya no va a requerir que sacrifiquemos animales. Las ordenanzas del templo, ya no van a ser así. He aquí, dice el Señor, está hablando el espíritu de la profecía, yo haré un nuevo pacto, no como el antiguo. Y en este nuevo pacto, yo pondré mis leyes en sus mentes y en sus corazones. Y nadie necesitará que le enseñen, porque todos me conocerán.
Entonces, la salvación, (Y aquí me temo que deberé asesinar una antigua vaca sagrada), La salvación no es decir Señor, Señor, ven a vivir en mi corazón. La salvación es entrar en el Nuevo Pacto, con Dios. Y su Nuevo Pacto se confirma cuando su ley está en tu mente y en tu corazón. ¡Es que el diablo me lleva a ver pornografía! Necesitas a Dios. Porque si Dios no está en tu mente y en tu corazón, siempre estarás vulnerable a lo que te haga el demonio más insignificante. Quizás estás viviendo un sistema religioso y por ese motivo estás siendo indulgente con tu carne. A los que hacían milagros y profetizaban les dijo que nunca los había conocido. ¿Cómo lo conoceremos? Por medio de lo que hay en nuestra mente y en nuestro corazón. Cosas que oído no oyó ni ojo vio, son las que Él hace subir del corazón a la mente. Pero eso es sólo para aquellos que lo aman. Con el corazón se cree para justicia, en el Nuevo Pacto de salvación. ¿Qué tienes que hacer, entonces? Abrir tu corazón para que las leyes de Dios entren en él y puedas caminar en justicia.
Que ponga sus leyes en tu mente y en tu corazón. Y cuando entres en el pacto a conciencia, la simiente divina te engendra, y esa simiente, como dice Juan, no te permitirá pecar. 1 Juan 3:7 dice: Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. Aunque no lo creas, hay cristianos que te reconocen que andan en fornicación y que les gusta la pornografía, pero están tranquilos porque se sienten justos por no faltar a un solo culto de su congregación. Que nadie te engañe. Eres justo si eres obediente a Dios y caminas en rectitud y justicia. (8) El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. (9) Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. El nacer de Dios es cuando la simiente divina te engendra y no puedes practicar el pecado.
La simiente divina tiene un poder glorioso. Es la vida misma de Dios, entrando en el hombre. El corazón del evangelio, es este. Es la unión del Espíritu de Dios con el espíritu del hombre. Para que la Justicia que es de Dios, transforme el corazón y la mente del hombre. Porque cuando esa fusión sucede, tu mente no tiene lugar ni espacio para pensar como puede pecar. Porque la simiente no te deja. Y si hubiera una tentación en tu carne, la simiente está viva y te va a sacar a empujones de cualquiera de los lugares altos de tentación que tengas. No puedes pecar porque la simiente de Dios te guarda. El religioso dice que se mete en la pornografía porque el diablo lo está atacando. Necesita salvación. Porque todo el que practica el pecado, es del diablo. Esto es hablar de las cosas que son, no de las que a nosotros nos gustaría que fueran. Eso se llama voluntarismo carnal. Se parece a la fe, pero no lo es.
Desgraciadamente, el evangelio se diluyó. En aras de tener mega iglesias, admitieron a todos como estaban y estuvieran en lo que estuvieran. Sólo debían venir al templo y sumar número. Y para tranquilizarlos, les decían que no se preocupara, que ya Dios lo iba a tratar y todo iba a andar bien. Yo me pregunto: los que ministraban así a esa gente, ¿Sabían si esa misma noche esos equivocados no se iban al infierno? Necesitamos una iglesia de hijos de Dios. Necesitamos regresar el evangelio a la iglesia. Y no estoy hablando de estructuras, estoy hablando de ti. El evangelio es la unidad del Espíritu de Dios con el espíritu del hombre. Es el momento en que el Espíritu Santo de Dios, se fusiona con tu espíritu. Allí recién puedes poseer la santidad del Espíritu de Dios. Jesús dijo: Padre, yo oro para que ellos sean uno. Estamos hablando del pensamiento de Dios que es el espíritu de la profecía.
El espíritu de la profecía o el Espíritu de Dios, es el Espíritu de la Verdad. Entonces, cuando se manifiesta el espíritu profético, habla la verdad. Y la verdad siempre nos cae bien. Y el Reino de Dios, dijo Juan, no es de este mundo. Y por eso tiene cosas que le incomodan mucho a nuestra carne. Por eso dice que el Reino de Dios es como una perla. ¿Alguien sabe cómo se forma una perla? Es una simple ostra, a la que de improviso se le mete una piedrecita, o un mínimo grano de arena. Y la ostra está incómoda con eso en su interior. Y al estar incómoda con esa pequeña piedra, empieza a generar el nácar. Y eso se empieza a formar alrededor de esa piedrecita. Hasta que un día eso se vuelve una piedra preciosa. Cuando el Espíritu de Dios nos habla, Él es la Roca. Él es la piedra que entra a incomodar la sustancia del espíritu. Y el espíritu va a empezar a envolver esa revelación. Entonces dice: el Nuevo Pacto, es interno. Es el templo del Espíritu Santo.
Porque, veamos, ¿Cuál es el pensamiento de Dios, desde Génesis hasta el final? Que Dios venía a restaurar la relación entre Él y el hombre. El pensamiento de Dios, el cual es amor, tiene dentro de si la reconciliación de todos. Y si nos tiene que sacudir para desprendernos de falsas estructuras, lo hará. Eso es parte de su amor inefable. Porque te está quitando la escoria que está cubriendo tu luz. Para que tu luz pueda brillar más. Es una obra de amor. Pero si de todo le echo la culpa al diablo, nunca voy a ver la obra de Dios. Y es Dios el que está tratando con la iglesia, no el diablo. Y pretendemos estar echando fuera demonios todo el día y toda la noche de todos los días. Y la iglesia es experta en Belial, en Jezabel, en Belcebú y en todas las potestades promocionadas por nosotros mismos que se te ocurran. Pero si te pregunto cual es el ángel de tu ciudad, muy probablemente no lo sepas. O con qué otros ángeles se mueve el ángel de tu ciudad. Como está establecido el plan de gobierno sobre tu ciudad.
¡Ah! ¡A eso no lo sé, pero sí sé cómo opera Jezabel! ¿Me estás entendiendo el grado de confusión el que andamos? Seguimos siendo gente versada en cultitos. En vez de entender la gloria y las cosas que nos han sido dadas. El pensamiento de Dios no es destructivo. Hoy hay profetas que están diciendo que todo esto se destruye y que viene el juicio, tribulación y qué sé yo cuanto y como. Escucha: eso no está viniendo de Dios. Porque Dios no necesita destruir a nadie para salvarnos. Puede tratar con tu orgullo, pero Dios no es un Dios de destrucción, es un Dios de redención. Cristo no padeció la cruz del calvario para destruir el mundo, sino para salvarlo. ¡No! ¡Es que ya viene la gran tribulación y la tierra se va a quemar! Y toda la gente grita “¡Aleluya!” ¿Puedes entender eso? Porque la Biblia dice, en Efesios 1, que los cielos y la tierra se hicieron uno en Jesús. Si esto es así y ES así, ¿Me vas a decir que se va a quemar Jesús? Hay gente que tiene que replantearse en la doctrina que cree y quien la construyó y con qué guía…
En el temor está el castigo. Pero el perfecto amor, echa fuera el temor. Ágape. Carácter de miembro del Reino. Jesús es el perfecto amor. El espíritu de la profecía es el perfecto amor. ¿El amor, corrige? Sí. Tengo que reconocerlo y entenderlo. Pero, el espíritu de la profecía es el perfecto amor. No esas profecías que tienen a la gente llena de temor. Porque el que ciertamente teme, no ha sido perfeccionado en el amor, dice la Palabra. Entonces, todas estas profecías de destrucción mandando la gente al infierno no es Dios. ¡ES que Cristo viene! ¡Ya viene! Al alma le gusta todo lo que puede ver y tocar. En Juan 17, cuando le preguntaron cuando vendría Su Reino, Él les pudo haber dicho que iba a venir dentro de 21 siglos, que iba a venir a sentarse como rey en Jerusalén. Pregunto: ¿Por qué nunca dijo eso? ¿Por qué no hay una sola escritura en la que Jesús diga eso? Porque, repito, a la carne le gusta lo que puede ver y tocar. Pero Él les dijo que Su Reino no era de este mundo. Y que no iban a decir helo allí o helo aquí. Porque el Reino de Dios, está en medio de vosotros. ¡Eso dijo!
Jesús nunca dijo que Su Reino vendría en Jerusalén físicamente. Pero creemos más las fábulas judías, que lo que realmente dice la Biblia. Y no estoy censurando no condenando a nadie, porque en definitiva todos venimos de eso. Todos nosotros hemos predicado eso alguna vez. Hasta que se nos hizo la luz. Dirán helo allí o helo aquí. Y lo dijo parado en Jerusalén. Y a la samaritana, si lo recuerdas, le dijo que llegaría el momento en que no adorarían ni en ese monte ni en Jerusalén. Y allí les puntualizó que Su Padre, lo que estaba buscando era adoradores en espíritu y en verdad. El Reino de Dios está en medio de nosotros. La gloria de Dios está en medio de nosotros. Todo el poder de la resurrección está en medio de nosotros. Si Jesús viniera físicamente a Jerusalén, tú dejarías de ser el cuerpo de Cristo. Porque Él no puede tener dos cuerpos. Pero nosotros seguimos creyendo en lo que podemos tocar, porque continuamos en el pensamiento carnal. “¡Ay” ¡Cuando esté con Jesús lo podré tocar y Él me sacará toda enfermedad!
La simiente de Dios, es la vida. La simiente de Dios destruye toda enfermedad. La simiente de Dios destruyó toda la obra del diablo. Y no hay diablo, ni poder, ni en lo alto, ni en lo profundo, ni nada que te pueda separar del amor de Dios. No hay bacteria, no hay demonio, no hay virus, no hay nada que pueda tocar a un hijo de la resurrección. Dios está llamando hijos, no simplemente almas. Mira lo que dice Pedro en su primera carta, 1:10: Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación. (11) Escudriñando qué persona, y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, Nota que el Espíritu de Cristo, es lo que el Antiguo Testamento llamaba el Espíritu de Dios, que venía sobre el profeta. Pero aquí dice que el Espíritu de Cristo estaba en ellos. Y la gloria que venía tras los sufrimientos. No dice que eran los sufrimientos que seguirían sufriendo en todo el mundo. Profetizaban de las glorias que vendrían tras estos sufrimientos.
Y estas glorias que venían a ellos, tienen que ver con la esencia misma del evangelio. (12) A estos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles. Por demasiado tiempo se predicó un evangelio mental. Una fórmula hecha por el hombre. Paso uno, paso dos, paso tres. Ahora pase al frente, repita conmigo y listo, usted eres salvo, nacido de nuevo. Digo: ¿De donde esa persona ha sido nacida del agua y el Espíritu? ¡Nunca! Dice que el que es nacido de Dios, -le dice Jesús a Nicodemo-, Los que han nacido de nuevo, pueden ver el Reino de Dios. Van a ver. ¡Pueden ver! Aquellos que son nacidos del agua y el Espíritu son los que ven y entran al Reino de Dios. Hay una diferencia muy grande entre predicar el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo, a dejarse llevar por teologías tradicionales inútiles por años.
El Espíritu Santo le trae cosas a esos inconversos, que aún los ángeles quieren ver. Las fórmulas no atraen a los ángeles. El Espíritu Santo es la parte más importante del evangelio. Es lo que hace real el Cristo resucitado. Es probable que pienses que algunas de las cosas que te digo no las entiendes, pero yo tengo la necesidad de decirlas porque en un momento puntual la luz inundará tu espíritu y entenderás todo. Y si te sientes incómoda o incómodo, quizás sea porque Dios está insertando una piedrecilla en tu espíritu. Que se convertirá en una perla que debes digerir. Es tu decisión: o te sacas las piedras, o creas una perla. En la mayoría de las revelaciones, la gente arroja afuera las piedras. Porque no las entiende. Y la perla toma tiempo. La revelación toma tiempo. Hay que aceptarla, masticarla, tragarla, digerirla. Hacerla carne. Entender todos los ángulos. Toma tiempo. Pero somos muy reacios a darle tiempo a Dios. Porque somos una generación acelerada. Y estamos perdiendo una vida y el propósito.
¿Cuántas veces Dios te da un sueño o una visión, y no la entiendes? Entonces corre donde el pastor o el profeta. ¡Por favor! ¡Tengo este sueño! ¡Interprétemelo! Tienes un problema; Dios no le dio el sueño o la visión ni al profeta ni al pastor. Te lo dio a ti, y eras tú el que tenía que arreglar eso con Dios, no el pastor ni el profeta. Es algo que tiene que ver con tu destino. Y te lo mandó en algo que él sabe que tú vas a entender. Porque Dios no es tonto. Y no te va a mandar un sueño que jamás vas a entender. Él sabe que, si lo masticas, lo vas a entender. Por eso te lo mandó a ti. Nunca olvides que la revelación de los sueños es dada por Dios. A cada uno. Pero como no lo entiendes y no tienes ganas de invertir tiempo en oración y meditación, arrojas ese sueño a la basura sin darte cuenta que quizás en él estaba encerrado todo tu destino y todo lo que Dios esperaba de ti. Los hijos de Dios le dan valor a las perlas. Le dan valor a los sueños. Le dan valor a las visiones. Tratan de entenderlas.
Porque el Reino de Dios no es de este mundo. No es tridimensional. El Reino de Dios es multidimensional. Mira Juan 7:37: En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: si alguno tiene sed, venga a mí y beba. (38) y el que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. (39) Y esto dijo del Espíritu Santo que habrían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. Quiero que veas que hay una relación entre el Espíritu Santo y la glorificación de Cristo. La gloria de Jesús es algo que lo antecede, no como lo ha tomado mucha iglesia, con relación a que “¡Uy! ¡Ahora vamos a entrar en la gloria de Cristo!” Creo que, en el fondo, no hemos entendido quien es el Espíritu Santo. Por eso resultará interesante leer lo que Pablo dice en Romanos 8: 28. Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
(29) Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, Pregunto: ¿Cuándo nos conoció? Pablo dice en Efesios que nos ha conocido desde antes de la fundación del mundo. Y nos hizo sentar con Cristo en lugares celestiales. O sea que, antes que vinieses al mundo; antes que el mundo fuese creado, tú estabas en Dios, fuiste creado, tuviste nombre, tuviste personalidad, tuviste todo un destino, y estabas sentado, junto con Cristo, en los lugares celestiales. Es decir que, antes que nacieras, ya tenías una posición celestial. Ahí tenías tremenda comunión con Dios, sentado en lugares celestiales. Eso significa una sola cosa, la creas o no, te parezca natural o una fantasía o locura: tú estás aquí, pero también estás allá. Como le dijo Jesús a Nicodemo. Juan 3:13: Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. ¡Pero ahora Él estaba en la tierra! Pero también estaba en el cielo. Tú tienes un yo, que está en el cielo. Que es tu persona creada por Dios.